Capitanes

El Campeonato Intercolegial estaba a punto de terminar, pero el partido final que disputábamos terminó en empate. Mientras los integrantes de los equipos iban a los vestidores a ducharse y cambiarse para volver a casa los debíamos quedarnos con los organizadores y árbitros para acordar la fecha del nuevo partido.

Yo era capitán de mi equipo por elección de los jugadores y acuerdo del entrenador. Estaba por cumplir los 18 años y practicaba deportes desde mi infancia. Me llevaba muy bien con el equipo. Y me sentía muy bien conmigo mismo. Mido casi 1,80 m. y la naturaleza fue generosa conmigo: mi pelo rubio de rulos pequeños, ojos celestes y rostro agraciado me aseguraron un temprano debut sexual y una demanda de compañía por parte de las chicas todos los fines de semana. Y por si fuera poco el deporte me había desarrollado muy bien: me gustaba la imágen que el espejo me devolvía.

Terminados los detalles referentes al siguiente partido el otro capitán y yo tomamos nuestros bolsos y nos dirigimos a los vestidores. Ramiro, que así era su nombre, iba a la misma escuela que yo pero por estar en especialidades diferentes nuestros horarios casi nunca coincidían. De hecho lo había visto muy pocas veces. Tenía ya cumplidos los 18 años y estaba un poco retrasado en sus estudios porque había reprobado un curso. Era muy buen deportista y simpático y prácticamente teníamos la misma estatura. Fuimos hasta los vestidores de charla comentando los incidentes del partido que acabábamos de jugar y riéndonos al recordar las bromas de los que alentaban a ambos equipos.

Cuando llegamos a los vestidores caimos en la cuenta de que estábamos solos. Los demás miembros de los equipos ya se habían duchado, vestido y marchado sin dudas para aprovechar desde temprano el fin de semana que acababa de comenzar. Colgamos nuestros bolsos en las perchas y nos dispusimos a darnos una buena ducha.

Cuando ya me había quitado casi toda la ropa me di la vuelta para buscar una ducha en buenas condiciones y frente a mi encontré a Ramiro también casi totalmente desnudo. "Hey" -dije- "...que buen cuerpo que tienes...." Fue una expresión de mi asombro al ver sus abdominales perfectamente marcados, al igual que sus piermas, hombros y una ancha espalda. Sin darme cuenta me había acercado a él para admirar más de cerca su cuerpo tan bien moldeado.

"Eh.....mira eso...qué bien marcados..." y mi mano estaba señalando y casi tocando sus abdominales.

"Ah si...voy al gimnasio varias veces en la semana al salir de la escuela..." me respondió Ramiro..."...me gusta estar en forma..."

Para mi gran sorpresa mi verga se estaba empezando a poner dura y era imposible ocultarlo. Y cuando miré a Ramiro a la cara me di cuenta de lo bien parecido que era y que esos ojos color miel ya se habían percatado de lo que me ocurría.

Una sonrisa pícara asomaba en su cara y sentí que sus brazos me atraían y sus labios se acercaban a los míos. No tuve tiempo de reaccionar ni se me ocurrió hacerlo...nos fundimos en un beso muy caliente, abracé su cuerpo, respiré su aroma y sentí que su verga también se estaba poniendo al tope. Sentí sus grandes manos entrar bajo mi splip y acariciarme el trasero mientras yo hacía lo mismo con el suyo. Y en pocos instantes allí estábamos dos lindos machitos totalmente desnudos besándonos apasionadamente y con nuestras vergas bien paradas.

Nos separamos un instante para contemplarnos. Ramiro se veía hermoso así desnudo y con su verga al tope.

"Hey" me dijo "...qué hacemos ahora con esto...lo dejamos así....o seguimos??"

No supe, no pude ni quise negarme a lo que irresistiblemente deseaba en ese momento. Tomé a Ramiro de la mano y lo invité a meternos en una de las duchas.

Bajo un torrente de agua tibia nuestros cuerpos volvieron a juntarse y nuestos besos eran un juego frenético de lenguas entrando, explorando y saliendo de nuestras bocas para volver a comenzar. Ramiro se metió un dedo en la boca y muy pronto sentí cómo ese gran dedo ensalivado me hurgaba el culo y se introducía en mi ano.

La sensación era muy placentera. Me retorcía de placer y mientras lo seguía besando sentí como su dedo iba entrando, saliendo y rondando mi culo llenandome de más y más placer. Cuando me metió un segundo dedo y continuó su masaje en mi culo un calor intenso me invadió desde los huevos hasta todo el vientre y todo mi cuerpo tembló. No lo podía resistir más. Deseaba ardientemente sentirlo dentro mío.

Ramiro acercó una de sus manos a mi boca, me hizo llenar su hueco con mi propia saliva y la derramó sobre su verga. Me apoyó la espalda contra la pared, levantó una de mis piernas con la que me sostuve rodeando su cintura y me apoyo la verga en la entrada del culo. Mi calentura en esos momentos era tal que sólo sentí como mi ano se terminaba de dilatar y la verga de Ramiro entraba en mi y se abría camino en mis entrañas.

Me entregué totalmente a ese nuevo placer que se apoderaba de cada parte de mi ser, a ese cuerpo que se fundía de tal manera con el mío y a esos fuertes brazos que me estrujaban mientras su verga entraba y salía de mi culo hasta que se puso muy tenso y estalló en enormes chorros de semen dentro mío.

Ramiro se fue distendiendo, me besuqueaba, me acariciaba los rulos y me decía cosas muy calientes. Lo veía cachondo, feliz y radiante. Su verga fue saliendo poco a poco de mi culo y me dio unas palmaditas en el trasero.

"Ahora es tu turno" dijo Ramiro, mientras acercaba un pequeño banco ponía uno de sus pies sobre el y apoyando sus manos en la pared me ofredía su culo.

Mi exitación era tan fuerte que apunté directamente mi verga a su culo tomándolo de las caderas. Ramiro gemía y pujaba por ayudarme a penetrarlo pero su ano estaba muy cerrado. Entonces extendí una mano y saqué el tubo de gel hidratante que siempre llevo en un bolsillo de mi bolsa y me volqué una generosa porción en las manos. Me lubriqué bien la verga con el gel, pasé mis manos por aquel hermoso trasero y mis dedos se deslizaron ahora limpiamente dentro del culo de Ramiro. Enfilé nuevamente mi verga hacia ese agujero y fui sintiendo como esta vez poco a poco resbalaba sin mayor esfuerzo hasta que mi glande quedó atrapado en el culo de Ramiro.

Así como lo tenía tomado de las caderas lo fui acercando hacia mi y yo empujando hacia él hasta que cada centímetro de mi verga se enterró en su cuerpo. Mientras lo cogía acaricié todo su cuerpo: sus pectorales, su abdómen, sus huevos y su verga. En dos ocasiones su verga se puso muy dura, sentí que su culo se contraía sobre mi verga y su cuerpo temblaba en cortos espasmos pero ya había derramado todo su semen dentro mío. Esos orgasmos sólo hacían aumentar mi placer porque sentía como si sus entrañas me ordeñaban mi verga.

Cuando sentimos que mi orgasmo llegaba me pequé más aún a su cuerpo y Ramiro giró su cabeza y su boca buscó la mía una vez más. Acabé a litros, como nunca hasta entonces mientras le mordisqueaba los labios, me prendía fuertemente a sus pezones, le decía obscenidades al oído y mis huevos golpeaban sus nalgas.

Quedé exhausto, con mi cabeza apoyada en su espalda, jadeando, sus huevos en una de mis manos y la otra acariciándole el pecho.

Nos duchamos juntos allí mismo, llenándonos de besos, de caricias y de gestos complices. Para ambos había sido la primera vez con otro del mismo sexo y la habíamos pasado muy bien.

"Esto queda entre nosotros compañero..." me dijo Ramiro y lo sellamos con un beso y un abrazo mientras terminábamos de vestirnos.

Fue mi primera y hasta ahora la única experiencia sexual con otro varón...pero hace pocos días vi a Ramiro salir del entrenamiento tomado de los hombros con otro chico de su equipo y partir en el automóvil de sus padres.

Lo que hicimos fue hermoso, Ramiro...y espero que seas feliz!
100% (7/0)
 
Posted by jmbig
3 years ago    Views: 443
Comments (1)
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11 months ago
La historia es una fantasía...nacida de circunstancias y personajes reales. Los chicos, el campeonato y la escuela realmente existen. Lo que ocurrió en los vestuarios...pasó por mi mente y surgió este relato.