Gemelos

Gus y yo, Fer, somos idénticos....bueno, casi idénticos. Hoy tenemos 18 años. Nuestras insignificantes diferencias no están a la vista de todos, las descubrimos más tarde. Gus tiene un pequeño lunar en la espalda que yo no tengo y yo tengo uno similar cerca de la cadera izquierda.

Para el común de la gente siempre fuimos “dos gotas de agua”. Nacimos en una familia acomodada, rubios, de cabello ensortijado, ojos de un azul celeste acerado y con unos rasgos muy lindos a los ojos de todos.

De pequeños a nuestros padres les agradaba vestirnos de manera idéntica, como es común con los o bien alternando los colores de nuestras prendas. Éramos el punto de atención de muchas personas. Era cosa habitual que les solicitaran a nuestros padres que participáramos en desfiles de modas benéficos en la escuela privada a la que concurríamos.

Desde que tenemos memoria compartimos con Gus nuestra habitación, que tiene su propio sanitario, ya que la de nuestros padres tiene el suyo en suite.

Es así que desde el principio nos acostumbramos a vernos totalmente desnudos como cosa habitual.

Nuestros padres son socios de un club náutico y poseen un velero con el que desde pequeños nos llevan a pasear por el lago que está en las cercanías. En medio del lago hay un islote que visitamos asiduamente. Es el lugar del picnic familiar los días en que salimos a navegar. Lo consideramos “nuestra isla”, ya que casi nadie lo visita.

Cuando cumplimos los 14 años nuestro padre nos inscribió en una de las disciplinas del club para que practicáramos kayak. Nos compró uno a cada uno y comenzamos a asistir a las prácticas.

La actividad física, sumada a la escolaridad hacía que llegáramos a la noche totalmente rendidos y nos fuéramos a dormir sin reparos.

La práctica del deporte desarrolló muy bien nuestros cuerpos. A los 16 años todos nos daban al menos dos años más de edad a lo que tal vez ayudaba nuestra estatura y nuestro buen desarrollo.

Nuestra rutina era salir los fines de semana a cenar y a bailar con un grupo de amigos para despejarnos de tanto estudio y deporte. Teníamos muy buena aceptación en el grupo y con las chicas que nos acompañaban, pero por una razón u otra a los 17 aún éramos vírgenes.

Ocurrió que un viernes se desató una tormenta al regresar de nuestra práctica náutica y llegamos a casa muy mojados. Este hecho desarmó nuestros planes de salida para esa noche, de modo que tomando las cosas como venían, nos duchamos, cenamos en casa, vimos la tele y nos dispusimos a descansar.

Al rato de estar dormitando recobré totalmente la conciencia y me encontré despierto a la mad**gada. En la otra cama Gus dormitaba totalmente relajado. En la semipenumbra de la habitación comencé a observarlo como nunca lo había hecho. Era hermoso. Su piel estaba bronceada por la vida al aire libre, sus músculos marcados por el deporte, pero sin la exageración de los gimnasios, sus rasgos se me asemejaron a los de un dios griego.

Tuve un súbito impulso y me dejé llevar por él. Salí de mi cama y me introduje en la de Gus. Lo observé largamente y comencé a acariciarlo. No puedo describir exactamente lo que sentía, pero la sensación más similar es como estar tocándome a mi mismo....era como estar frente a un espejo y verme gozar. Pero yo estaba tocando su cuerpo, estaba rozando su piel...y comenzó a gruñir de placer.

Me quité la última prenda, el slip que aún llevaba puesto y así totalmente desnudo me abracé a su cuerpo. Suspiró profundamente y me rodeó con sus brazos. Así dormimos toda aquella noche.

Al despertar nos cruzamos una sonrisa cómplice llena de placer....pero para mi sorpresa Gus también estaba totalmente desnudo. Abrió su boca y me invitó a un beso muy tibio y tierno mientras nuestras manos se dedicaban a una serie de caricias increíblemente eróticas que nos debíamos desde hacía mucho tiempo.

Separamos nuestros labios para saber que nos deseábamos ardientemente. Sus dedos recorrían mi espalda como regueros de fuego.

En ese amanecer sellamos un pacto de hermanos: seríamos los primeros en poseernos totalmente.

Aunque parezca extraño, ni nos masturbamos mutuamente ni nada esa vez....reservamos inteligentemente todas nuestras energías para el momento ideal. Ya sabíamos lo que queríamos. Para qué desperdiciar energías?

Dos semanas más tarde informamos a nuestros padres que unos amigos saldrían a navegar y nos invitaban a compartir con ellos el viaje. Llevaríamos nuestros kayaks para practicar nuestro deporte favorito, acamparíamos en nuestro islote y nos recogerían al regreso. No pusieron obstáculos.

Preparamos todo en nuestra habitación en medio de muchas caricias muy tiernas.

A primera hora del sábado estábamos en el muelle con nuestro equipo y nuestros kayaks que fijamos en la popa del velero de nuestros amigos.

Cuando ellos llegaron ya estaba todo listo. Embarcamos y partimos. Era una mañana espectacular, la primavera terminaba y el sol pronto comenzó a dorar todo el entorno. Especial.

Transcurrió un tiempo en el que escuchamos música mientras navegábamos y observábamos el paisaje. Y luego, al acercarnos al islote nos lanzamos al agua, separamos nuestros kayaks, nos despedimos de los amigos y emprendimos el viaje a remo hasta la isla.

Retiramos los kayaks del agua y los dejamos entre la vegetación. Y entonces nos encontramos totalmente solos. Nos acercamos y nos fundimos en un beso de film. Besándonos nos revolcamos por la arena y nos desnudamos totalmente. No puedo asegurar cuanto tiempo demoramos observándonos y deseándonos. El tiempo era nuestro.

Sobre la arena tibia por los rayos del sol hicimos un hermoso 69. Sin prisa ninguna fuimos descubriendo nuestros cuerpos.

Tuve cerca de mi cara la verga de Gus y él la mía. Retiré su prepucio lentamente y con gran placer me metí ese trozo rosado en la boca mientras sentía como él hacía lo mismo conmigo.

Estuvimos así un largo rato. Pero a pesar de nuestro gran deseo estábamos muy relajados, así que pudimos evitar eyacular al primer intento. Cuando sentimos que ese momento se aproximaba separamos nuestras bocas de nuestras vergas y nos quedamos tendidos unos minutos. Nos pusimos de rodillas uno frente al otro, nos abrazamos y volvimos a besarnos ardientemente.

Solo la imaginación podía ponerle límites a lo que podíamos hacer....así que nos levantamos y nos dedicamos a corrernos por la arena, a practicar una especie de lucha grecorromana y a sumergirnos abrazados en el agua del lago para quitarnos la arena y refrescarnos.

Cerca del mediodía preparamos un lugar que sería nuestro campamento por el resto del día hasta que nuestros amigos pasaran a buscarnos al caer la tarde.

Nuestra excitación era total. Hacía rato que nuestras vergas estaban totalmente paradas y duras. Bajo uno de los árboles tendimos una loneta de la tienda de campaña y nos acomodamos sobre ella. Teníamos hambre...pero de uno por el otro. Me tumbé sobre el pecho bronceado de Gus buscando su boca con la mía. Fundimos una vez más nuestras bocas y comencé con mis dedos a explorar un territorio nuevo: su ano. Se estremeció al sentirme llegar allí, un temblor recorrió todo su cuerpo. Entreabrió los ojos para mirarme y asegurarme que lo estaba disfrutando. Me dejé llevar por los impulsos y el deseo. Mientras nos besábamos había introducido tres de mis dedos en su ano y lo había dilatado a gusto. “Entra” me dijo Gus, y yo apoyé mi verga en su ano tan abierto y viajé a su interior sin problemas y me abracé a su cuerpo con pasión.

Sentí como me rodeaba la cintura con sus piernas y me atraía más hacia él. Comenzamos una danza hermosa en la que sentí mi miembro crecer dentro de mi hermano y su culo cerrarse alrededor de mi miembro como si quisiera arrancármelo. Y acabé dentro de Gus por primera vez en mi vida y lo llené de mi esperma abundante y caliente. Caí rendido sobre su cuerpo mientras él me abrazaba y llenaba de caricias.

Cuando me recuperé invertimos los lugares. Mi hermoso Gus estaba sobre mi. Sentí sus dedos dilatando mi culo mientras me besaba el cuello. En algunos momentos la sensación era tan placentera que creí que volvería a eyacular. Estaba tan relajado y deseoso de que me poseyera que no dudé en pedirle que lo hiciera de una vez. Sentí el miembro de Gus entrar en mis entrañas duro y caliente hasta los huevos y le rodeé la cintura con las piernas para que ni un milímetro de esa verga escapara de mi interior. La sensación era única. Cuando después lo comentamos ambos tuvimos la misma sensación: la de estar poseyéndonos a nosotros mismos.

El orgasmo de Gus me sacudió hasta la raíz de los pelos. Mi culo se cerró alrededor de su verga como para extraer hasta la última gota de semen.

Estuvimos un tiempo interminable tendidos uno junto al otro mimándonos, besándonos, acariciándonos, mirando cada uno el rostro del otro tan plácido, tan hermoso.

Nuestro almuerzo fue muy tardío. El sexo nos abrió el apetito y comimos muy juntos y desnudos. Descansamos, tomamos el sol y volvimos a hacerlo una vez más como para saber que no había sido un sueño. Me dediqué a jugar con el cabello de Gus mientras lo poseía lenta y profundamente y disfruté a pleno sus caricias en mi espalda mientras me sentaba sobre su verga para sentirla una vez más en mi.

El sol comenzaba a caer cuando vimos a la distancia acercarse el velero que venía por nosotros. Juntamos nuestras pertenencias, las pusimos en los kayaks y fuimos a su encuentro.

Ese día perdimos nuestra virginidad y comenzamos a ser uno para el otro.


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Categories: AnalFetishGay Male
Posted by jmbig
3 years ago    Views: 348
Comments (5)
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11 months ago
Quien quiera conocer la isla de estos placeres...sólo tiene que avisar...
1 year ago
Gracias por sus comentarios amigos!!!
1 year ago
Amo los gemelos!
2 years ago
de acuerdo - muy cachondo
Ksenaird
retired
3 years ago
MAgnifica historia!!!!