El gimnasio...y Ramiro

Mi nombre es Diego. Hoy tengo 18 años, pero la historia que les voy a contar comenzó cuando tenía 16.

En ese entonces varios de mis amigos y miembros de mi familia me insistían en que debía concurrir a un gimnasio para desarrollar mi cuerpo.

La idea no me desagradaba, ya que era consciente de que la naturaleza había sido generosa conmigo y además me agradaba tener un cuerpo bien formado ya que notaba que todos prestaban atención a los que lucían bien.

Me resultaba difícil coordinar mis horarios de estudio con el gimnasio, pero me decidí a intentarlo.

Me inscribí en el gimnasio que me pareció más apropiado y me preparé para mi primer día.

Mi sorpresa fue grande al encontrarme con varios conocidos. Yo estaba cursando cuarto año de la secundaria, pero allí me encontré con varios compañeros de la Escuela que hacía tiempo concurrían al gimnasio.

Mi mayor sorpresa fue encontrarme allí con Ramiro. Nunca me había imaginado que el desarrollo de su cuerpo, tan notable en los últimos tiempos, pudiera deberse a su asistencia al gimnasio.

Concurría a un curso paralelo en ese entonces y me saludó levantando su mano.

Decidí usar mi cabello como melena corta y adopté una postura algo distante del resto a partir de mi concurrencia al gimnasio.

Al comenzar quinto año ya era consciente de los efectos de mi asistencia constante al gimnasio. Mi pecho se había desarrollado muy bien. Tenía grandes pectorales y por si ello fuera poco un abdomen bien plano y bien musculado. Mirándome al espejo me sentía muy orgulloso de mi figura.

Mi actitud respecto al resto de mi curso no varió, pero noté que varios de mis compañeros rumoreaban a mis espaldas respecto a mi apariencia.

Ramiro continuó concurriendo al gimnasio como antes y no era extraño que terminadas nuestras rutinas llegáramos juntos a clase desde el gimnasio.

No estoy muy seguro de cómo comenzó todo, pero sé que un buen día me encontré tendido en la cama comparando mentalmente su cuerpo y el mío.

Intenté sin suerte alejar esta imagen de mi mente hasta que comprendí que hacía mucho tiempo que lo venía haciendo sin darme cuenta de ello.

Qué hermoso era su trasero ¡!!! Qué bien formadas sus piernas!! Qué amplio y bien torneado su pecho!!

No comprendía nada. Cómo podía ser que estuviera admirando a otro joven cuando mi objetivo al ir al gimnasio era estar más en forma para deslumbrar a las chicas?????????

Pero eso era real, no lo podía negar.

Seguramente, si llegaba a insinuarle a Ramiro alguno de mis sentimientos o a comentarle lo que me ocurría recibiría una paliza, un rechazo y la calificación clásica de “puto” en el grupo de la clase.

Pero cuanto más tiempo transcurría peor se ponían las cosas para mí.

Con el tiempo ya había perdido bastantes escrúpulos y frecuentemente me masturbaba pensando en Ramiro.

Me llamaba mucho la atención que a ambos se nos daba por ir contra la corriente en cuanto a la indumentaria y usar ropa ajustada cuando todos estaban en la moda de las prendas holgadas. Sería que deseábamos mostrar nuestros progresos?

Ramiro con ropas ajustadas se me antojaba un bombón. Estaba perfecto. Prefería ropas oscuras y su cabello es rubio poco ondulado. Era imposible para mi (y se muy bien que para otros también), alejar mis ojos de ese trasero y esas piernas cuando llegaba a la clase con un jean negro muy apretado y un buzo muy pegado a su pecho.

No tenía ni la más recóndita idea de qué haría si tuviera la oportunidad de estar con él, pero lo deseaba cada vez más.

La oportunidad se dio sin buscarla. Ya hacía casi dos años que concurría al gimnasio, estaba por cumplir los 18 y todos me conocían allí. El encargado del último turno tenía un compromiso y vino a preguntarme si tenía algún inconveniente en apagar las luces, cerrar el local y devolverle las llaves al día siguiente. Le respondí que no había problema alguno, ,me entregó el llavero, me saludó y se fue.

Continué haciendo mi rutina, hasta que de pronto caí en la cuenta de que Ramiro se encontraba también allí y de que yo estaba en poder de las llaves del gimnasio. Mi pulso se aceleró un poco, pero decidí utilizar esa oportunidad a fondo y me tranquilicé.

El resto de los usuarios fueron abandonando las instalaciones según sus horarios y los despedí en nombre del encargado dejándoles en claro que yo me hacía cargo de cerrar al final.

Ramiro continuaba en las máquinas. Esperó que fuera cerrando las puertas, bajando el nivel de las luces ,dejando todo el local a oscuras y solo una pequeña puerta para salir.

“Qué estás esperando para cerrar esa puerta...” fue lo que escuché a mis espaldas mientras disimulaba controlar que todo estuviera en orden.

Cerré la puerta con llave y al darme vuelta Ramiro estaba junto a mi....totalmente desnudo. En la penumbra se lo veía hermoso. Su cuerpo transpirado brillaba, sus ojos claros parecían buscar los míos, sus manos me encontraron muy pronto, me acercaron a él y sentí el calor de su boca buscando desesperadamente la mía.

Aún hoy me cuesta recordar si fui yo o él quien me desnudó, cómo terminamos chupando nuestras vergas, cómo lo cogí y cómo me cogió, cómo acabamos por última vez esa noche en las duchas y salimos juntos del gimnasio después de darnos un largo y profundo beso en la oscuridad.

Pronto cumpliré los 19 y terminaremos la secundaria.

Nuestro encuentro de esa noche fue sólo el comienzo. Seguimos concurriendo al mismo gimnasio y nuestros cuerpos se han desarrollado aún más. Nos deseamos mutuamente con pasión y no perdemos oportunidad de entregarnos al placer de estar juntos y poseernos.
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Posted by jmbig
3 years ago    Views: 210
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