ginaalina69's Blog
Me esposo y 2 compañeros de trabajo

Habí­a dos compañeros del trabajo de mi marido que se
enteraron que regresarí­amos y le pidieron que si los podrí­a traer, mi esposo los
conocí­a muy poco pero le pareció buena idea ya que se podí­an turnar para
manejar, pues son muchas horas de viaje.

El viaje transcurrió normalmente, paramos a comer en
Villahermosa, nos tomamos unas cuantas cervezas, menos mi marido que era quién
conducí­a, y yo viajaba en el asiento del copiloto, al lado de él. De repente
ellos comenzaron a contar chistes colorados y esto hizo que se abrieran un poco,
a esas alturas todaví­a no pasaba por mi mente cogérmelos, ya que no eran nada
guapos. Uno de ellos nos contó que habí­a dejado por allá a una amante muy joven,
a quien le gustaba coger varias veces al dí­a y que él le tení­a que dar batalla;
la forma en que contó la historia me excitó; nos contó que incluso le llevaba
amigos de vez en cuando. Mi marido le preguntó que si alguna vez se la habí­an
cogido entre dos machos al mismo tiempo, ese muchacho se puso rojo y me volteo a
ver, yo le dije que no se apenara y que nos contara, a pesar de que fue muy
respetuoso en su relato, yo puse a volar mi imaginación y esto me prendió.

De repente paramos a cargar gasolina y entonces le comenté a
mi esposo que estaba empapada y querí­a verga, él sonrí­o y me propuso intentar
seducir a nuestros dos acompañantes, pero como les dije, la idea no me atraí­a
mucho ya que estaban feí­tos, pero mi esposo me insistió y yo acepté. Mi marido
le pidió a uno de ellos que le ayudara a manejar, así­ que él se pasó al lado
donde yo iba, el muchacho tomó el volante y yo me pasé para atrás; subí­ los pies
al asiento y me hice la dormida. Llevaba un vestido de una sola pieza, corto y
delgado. Procuré que se me subiera lo más posible, mientras me hací­a la dormida
para dejarlo ver mis pantaletas blancas.
Mi esposo le preguntó cosas más intimas de su amante y a su
compañero le dio pena contarlas, mi esposo insistió diciéndole que yo tení­a el
sueño muy pesado y no escucharí­a nada; él se animó más y contó que a ella le
gustaba mamarle la verga mientras le sobaba lo huevos y que a él esto le gustaba
mucho. El muchacho que iba conduciendo, contó que una vez lo hizo con dos
mujeres al mismo tiempo. Mi marido le preguntó que si alguna vez se habí­an
cogido a la esposa de algún amigo, uno de ellos dijo que se habí­a cogido a la
esposa de su compadre cuando él subí­a a la plataforma petrolera, dijo que lo
hací­a a cada rato. En esos momentos llegamos a una caseta de cobro y yo me
levanté y les comenté que tení­a mucho sueño.

Cuando pasamos la caseta me acomodé en el asiento y le dije
al que viajaba junto a mí­, en el asiento trasero, que si le m*****aba que
apoyara mi cabeza en sus piernas ya que no habí­a espacio y dormir sentada era
muy incomodo; él dijo que no habí­a ningún problema. Después de una media hora
ellos siguieron platicando de sus idas a los Table Dance y de las mujeres
que se habí­an ligado por allá; yo comencé a acomodar mi cabeza de tal forma que
su fierro quedó en mi mejilla, sentí­ su erecta verga; yo estaba enroscada con
una mano entre mis piernas, y él no podí­a ver pero me estaba sobando el clí­toris
con mis dedos.

De repente cuando yo ya estaba muy caliente, volteé mi cara y
puse mi boca sobre su erecta verga y comencé a mordisquearla por encima de su
pantalón, él se puso muy nervioso pero ni hizo nada para quitarme, subí­ mi mano
y le comencé a sobar la verga sobre el pantalón; lo hice por un buen rato, como
15 minutos, él ya estaba calientí­simo, entonces se atrevió a poner su mano sobre
mis senos; me los estuvo sobando por encima del vestido. í‰l estaba callado, ya
no participaba de la plática, las piernas le temblaban un poco. En algún
momento, él me hizo a un lado la cabeza para bajar poco a poco el zí­per de su
bragueta, yo entonces metí­ mi mano y se la estuve chaqueteando por dentro de la
trusa. Tení­a la verga tan parada como roca. Estuvimos así­ como 20 minutos.

En todo ese tiempo él no se pudo venir, pero estaba tan
caliente que incluso se atrevió a sobarme las nalgas, cuando el sentí­a que mi
esposo iba a voltear retiraba su mano rápidamente, yo también estaba muy
caliente, me sentí­a muy mojada y muy puta. Nos detuvimos en otra caseta de cobro
y mi esposo le pidió al que iba conmigo que manejara, y el que iba de chofer se
pasó para atrás. Ni qué decir, le di el mismo tratamiento, sólo que este no se
atrevió a tocarme.

Mi esposo les pidió detenerse para ir al baño, mientras tanto
ninguno de ellos se atrevió a decir nada, sólo se me quedaban viendo con ojos de
lujuria. Mi marido regresó y se sentó atrás conmigo. En el camino él me comenzó
a fajar descaradamente, me besaba muy cachondo el cuello y luego la boca,
mientras acariciaba mis piernas con una de sus manos y con la otra me tocaba las
tetas. El que iba en el lugar del copiloto nos veí­a descaradamente, y el chofer
sólo le quedaba ver por el retrovisor.

Me subió el vestido y me metió la mano dentro de la pantaleta
y me estuvo dedeando un rato, yo le saqué la verga y me la metí­ en la boca,
ellos iban callados, solo veí­an el espectáculo. Llegamos a una gasolinerí­a y mi
esposo les pidió que nos detuviéramos; entonces les dijo que él manejarí­a el
resto del trayecto. Nuestros dos acompañantes discutí­an que quién le tocaba irse
atrás conmigo, entonces les dijo mi marido que por qué no se iban los dos, yo me
senté en medio y como soy bien puta, luego, luego les comencé a sobar las
paradas reatas a los dos, y ellos me comenzaron a tocar todo el cuerpo.

Me desnudaron y yo les quité los pantalones y la trusa; me
incliné para darle una riquí­sima mamada a uno de ellos; tení­a la verga muy
cabezona, y yo, súper encantada, le pasaba la lengua alrededor y luego me la
metí­a hasta la garganta, el otro mientras tanto me iba dedeando por el culo y
por la vagina; luego de un rato me puse a mamársela al otro. Cuando notaba que
ya se vendrí­a, le apretaba la cabezota para que durara un poco más, hasta que ya
dejé de hacerlo sufrir y se la mamé hasta que se vino en mi boquita, luego le
puse un condón al otro y me monté sobre su garrote quedando frente a él. Le
metí­a la lengua y nos besábamos muy rico, me cogí­a muy lento para darle tiempo
al otro de reponerse, querí­a sentir esa vergota dentro de mi culo.

Luego me volteé, ofreciéndole mi buen par de nalgas al otro,
para que me enculara, así­ no tardó mucho en venirse; entonces le volví­ a mamar
la flácido verga al del fiero cabezón, hasta que se la volví­ a poner dura. Le
puse un condón y también me monté sobre él y me lo cogí­ muy rico. Yo era la que
subí­a y bajaba del palo encebado, pues yo poní­a el ritmo; su cabezona me
producí­a una sensación muy rica, fue cuando tuve mi primer orgasmo. Cómo él
todaví­a no se corrí­a, casi de inmediato volví­ a tener otro orgasmo, esta vez si
duro un buen, cogiéndome antes de venirse. El otro chico, me mamaba las tetas de
vez en cuando.

Cuando pasábamos las casetas de cobro, nos cubrí­amos con una
manta que llevaba, y una vez pasando, seguí­amos cogiendo. Fueron como dos horas
seguidas cogiendo y llenándome de verga. Quedé rendida y me dormí­ un rato, no sé
cuánto, pero me despertaron sus manos manoseando de nuevo mi cuerpo. Entonces me
los volví­ a coger hasta tenerlos bien exprimidos.

De vez en cuando alguno de ellos nos visita en la casa y
vuelvo a coger con ellos recordando ese largo viaje por carretera

Habí­a dos compañeros del trabajo de mi marido que se enteraron que regresarí­amos y le pidieron que si los podrí­a traer, mi esposo los conocí­a muy poco pero le pareció buena idea ya que se podí­an turnar para manejar, pues son muchas horas de viaje. El viaje transcurrió normalmente, paramos a comer en Villahermosa, nos tomamos unas cuantas cervezas, menos mi marido que era quién conducí­a, y yo viajaba en el asiento del copiloto, al lado de él. De repente ellos comenzaron a contar chistes colorados y esto hizo que se abrieran un poco, a esas alturas todaví­a no pasaba por mi mente cogérmelos, ya que no eran nada guapos. Uno de ellos nos contó que habí­a dejado por allá a una amante muy joven, a quien le gustaba coger varias veces al dí­a y que él le tení­a que dar batalla; la forma en que contó la historia me excitó; nos contó que incluso le llevaba amigos de vez en cuando. Mi marido le preguntó que si alguna vez se la habí­an cogido entre dos machos al mismo tiempo, ese muchacho se puso rojo y me volteo a ver, yo le dije que no se apenara y que nos contara, a pesar de que fue muy respetuoso en su relato, yo puse a volar mi imaginación y esto me prendió. De repente paramos a cargar gasolina y entonces le comenté a mi esposo que estaba empapada y querí­a verga, él sonrí­o y me propuso intentar seducir a nuestros dos acompañantes, pero como les dije, la idea no me atraí­a mucho ya que estaban feí­tos, pero mi esposo me insistió y yo acepté. Mi marido le pidió a uno de ellos que le ayudara a manejar, así­ que él se pasó al lado donde yo iba, el muchacho tomó el volante y yo me pasé para atrás; subí­ los pies al asiento y me hice la dormida. Llevaba un vestido de una sola pieza, corto y delgado. Procuré que se me subiera lo más posible, mientras me hací­a la dormida para dejarlo ver mis pantaletas blancas. Mi esposo le preguntó cosas más intimas de su amante y a su compañero le dio pena contarlas, mi esposo insistió diciéndole que yo tení­a el sueño muy pesado y no escucharí­a nada; él se animó más y contó que a ella le gustaba mamarle la verga mientras le sobaba lo huevos y que a él esto le gustaba mucho. El muchacho que iba conduciendo, contó que una vez lo hizo con dos mujeres al mismo tiempo. Mi marido le preguntó que si alguna vez se habí­an cogido a la esposa de algún amigo, uno de ellos dijo que se habí­a cogido a la esposa de su compadre cuando él subí­a a la plataforma petrolera, dijo que lo hací­a a cada rato. En esos momentos llegamos a una caseta de cobro y yo me levanté y les comenté que tení­a mucho sueño. Cuando pasamos la caseta me acomodé en el asiento y le dije al que viajaba junto a mí­, en el asiento trasero, que si le m*****aba que apoyara mi cabeza en sus piernas ya que no habí­a espacio y dormir sentada era muy incomodo; él dijo que no habí­a ningún problema. Después de una media hora ellos siguieron platicando de sus idas a los Table Dance y de las mujeres que se habí­an ligado por allá; yo comencé a acomodar mi cabeza de tal forma que su fierro quedó en mi mejilla, sentí­ su erecta verga; yo estaba enroscada con una mano entre mis piernas, y él no podí­a ver pero me estaba sobando el clí­toris con mis dedos. De repente cuando yo ya estaba muy caliente, volteé mi cara y puse mi boca sobre su erecta verga y comencé a mordisquearla por encima de su pantalón, él se puso muy nervioso pero ni hizo nada para quitarme, subí­ mi mano y le comencé a sobar la verga sobre el pantalón; lo hice por un buen rato, como 15 minutos, él ya estaba calientí­simo, entonces se atrevió a poner su mano sobre mis senos; me los estuvo sobando por encima del vestido. í‰l estaba callado, ya no participaba de la plática, las piernas le temblaban un poco. En algún momento, él me hizo a un lado la cabeza para bajar poco a poco el zí­per de su bragueta, yo entonces metí­ mi mano y se la estuve chaqueteando por dentro de la trusa. Tení­a la verga tan parada como roca. Estuvimos así­ como 20 minutos. En todo ese tiempo él no se pudo venir, pero estaba tan caliente que incluso se atrevió a sobarme las nalgas, cuando el sentí­a que mi esposo iba a voltear retiraba su mano rápidamente, yo también estaba muy caliente, me sentí­a muy mojada y muy puta. Nos detuvimos en otra caseta de cobro y mi esposo le pidió al que iba conmigo que manejara, y el que iba de chofer se pasó para atrás. Ni qué decir, le di el mismo tratamiento, sólo que este no se atrevió a tocarme. Mi esposo les pidió detenerse para ir al baño, mientras tanto ninguno de ellos se atrevió a decir nada, sólo se me quedaban viendo con ojos de lujuria. Mi marido regresó y se sentó atrás conmigo. En el camino él me comenzó a fajar descaradamente, me besaba muy cachondo el cuello y luego la boca, mientras acariciaba mis piernas con una de sus manos y con la otra me tocaba las tetas. El que iba en el lugar del copiloto nos veí­a descaradamente, y el chofer sólo le quedaba ver por el retrovisor. Me subió el vestido y me metió la mano dentro de la pantaleta y me estuvo dedeando un rato, yo le saqué la verga y me la metí­ en la boca, ellos iban callados, solo veí­an el espectáculo. Llegamos a una gasolinerí­a y mi esposo les pidió que nos detuviéramos; entonces les dijo que él manejarí­a el resto del trayecto. Nuestros dos acompañantes discutí­an que quién le tocaba irse atrás conmigo, entonces les dijo mi marido que por qué no se iban los dos, yo me senté en medio y como soy bien puta, luego, luego les comencé a sobar las paradas reatas a los dos, y ellos me comenzaron a tocar todo el cuerpo. Me desnudaron y yo les quité los pantalones y la trusa; me incliné para darle una riquí­sima mamada a uno de ellos; tení­a la verga muy cabezona, y yo, súper encantada, le pasaba la lengua alrededor y luego me la metí­a hasta la garganta, el otro mientras tanto me iba dedeando por el culo y por la vagina; luego de un rato me puse a mamársela al otro. Cuando notaba que ya se vendrí­a, le apretaba la cabezota para que durara un poco más, hasta que ya dejé de hacerlo sufrir y se la mamé hasta que se vino en mi boquita, luego le puse un condón al otro y me monté sobre su garrote quedando frente a él. Le metí­a la lengua y nos besábamos muy rico, me cogí­a muy lento para darle tiempo al otro de reponerse, querí­a sentir esa vergota dentro de mi culo. Luego me volteé, ofreciéndole mi buen par de nalgas al otro, para que me enculara, así­ no tardó mucho en venirse; entonces le volví­ a mamar la flácido verga al del fiero cabezón, hasta que se la volví­ a poner dura. Le puse un condón y también me monté sobre él y me lo cogí­ muy rico. Yo era la que subí­a y bajaba del palo encebado, pues yo poní­a el ritmo; su cabezona me producí­a una sensación muy rica, fue cuando tuve mi primer orgasmo. Cómo él todaví­a no se corrí­a, casi de inmediato volví­ a tener otro orgasmo, esta vez si duro un buen, cogiéndome antes de venirse. El otro chico, me mamaba las tetas de vez en cuando. Cuando pasábamos las casetas de cobro, nos cubrí­amos con una manta que llevaba, y una vez pasando, seguí­amos cogiendo. Fueron como dos horas seguidas cogiendo y llenándome de verga. Quedé rendida y me dormí­ un rato, no sé cuánto, pero me despertaron sus manos manoseando de nuevo mi cuerpo. Entonces me los volví­ a coger hasta tenerlos bien exprimidos. De vez en cuando alguno de ellos nos visita en la casa y vuelvo a coger con ellos recordando ese largo viaje por carretera

Posted by ginaalina69 4 years ago
Comments (3)
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1 year ago
Rica historia
3 years ago
wow tu historia es muy caliente te felicito
4 years ago
como es que no te habia encontrado antes? Me fascina tu propuesta, mi esposa nunca quiso participar en ese tipo de juegos. No sabe lo que se pierde