Recuerdos de carnaval


Una noche de Carnaval. Me tocaba currar en un pafeto para sacarme un dinerillo extra. A las diez de la noche ya estábamos abiertos, oyendo Blues, oliendo a ambientador y cenando unas pizzas para no quedarnos sin fuerzas antes de que llegara el mogollón y se pusiera el local a tope. Y ocurrió de repente… una hora y media después. No sé como podia caber tanta gente en un espacio tan pequeño. A partir de ese momento, todo era servir copas a destajo a un ritmo frenético y cobrar… servir y cobrar… servir y cobrar. Sin mirar siquiera a las caras de los clientes más que los segundos necesarios para esbozar una ligera sonrisa.
De vez en cuando, subía al almacén, en el segundo piso… un chupito, un cigarrillo y otra vez a la barra. Parecía que iba a ser así toda la noche. Sin descanso. Hasta que entró un grupito de cuatro chicos con una chica. Ninguno iba disfrazado. La ví acercarse a la barra, hacia donde yo estaba como a cámara lenta. Botas negras, minifalda negra, camiseta de tirantes amarilla y ajustada, pelo largo y liso, negro como el carbón, brillante y unos ojazos oscuros a juego con su piel morena… demasiado morena para estar en febrero… no debía ser de la ciudad
Con una sonrisa inocente y un poco perdida se acercó a la barra…
-Hola cariño… sírvenos unas copas… algo especial.
-¿Como qué?.
-Sorpréndeme.
-¿Qué sueles beber?… ¿Qué te gusta?.
-Da igual… me apetece algo diferente, algo que no haya probado nunca. Algo que me hagas tú.
Me quedé un momento mirándola a los ojos intentando averiguar si hablaba en serio o me estaba vacilando. Desde luego, tenía ovarios. Seís camareros detrás de la barra sirviendo a cubos y me pedía que le hiciera un cocktail.
Al final, no llegué a ninguna conclusión; así que solo podía mandarla educadamente a la mierda… pero me quedé pillada con sus preciosas, grandes y redondas tetas y sus ricos pezones que se hacían de notar detrás de la camiseta. Joder… que buena que estaba la cabrona y que guapa.
Decidí arriesgar y seguirle el juego. Los cuatro chicos, detrás de ella. miraban a todas partes investigando el local y a la gente, indiferentes totalmente a nuestra conversación. Evidentemente, no eran de la ciudad, estaban de paso… y se me encendió la bombilla.
No es que sea una especialista en cóckteles. Conozco los básicos; pero siempre jugábamos a mezclar ingredientes buscando el chupito ideal y diferente y entonces… me acordé… Almendra amarga, con su color caoba, su toquecito dulce, un poquito de fuego para suavizarle el alcohol y un toquecillo irreconocible pero presente de angostura… era como ella misma… seguro que ese sería su sabor y su olor.
-Ya lo tengo- grité sin darme ni cuenta.
-¿Muy especial?.
-Va a ser que sí…
-¿Solo para mí?.
-Solo para tí.
Cogí la cocktelera, mezcle los ingredientes y puse los vasos de chupito encima de la barra.
-Falta uno- dijo ella.
-No… soís cinco.
-Falta el tuyo.
Y se me quedó mirando fijamente sin dejar de sonreir mientras servía los chupitos y tercios al mismo tiempo, a diestro y siniestro.
Los seís vasos chocaron entre sí y bebimos. Me quedé mirándola esperando su reacción. Se relamió, se lanzó sobre la barra y me soltó un morreo increíble. Me pilló de sorpresa su lengua caliente y húmeda dentro de mi boca. Fué una sensación tremendamente sensual volver a sentir el sabor de la bebida en su boca en lugar de en la mia… sabía infinitamente mejor. Cuando dejó de besarme, sus ojos brillaban de otra forma… me miraba diferente.
-Cariño… me encanta… acertaste.
-¿Te gustó?.
-Si!!
-¿Te sorprendí?.
-Más de lo que te imaginas… cuando tengas un ratito preparas otro y bebes conmigo.
La noche, que fué larga, pasaba entre el ritmo frenético de las copas a destajo y furtivas miradas a aquella preciosidad charlando con sus amigos, riéndose, bailando, mirándome, lanzándome perversas sonrisas, relamiéndose. De vez en cuando, un momentito para otra tanda de chupitos, un brindis, otro beso, cada uno más sensual, más íntimo, más salvaje, más largo… y llegó la hora de cerrar. Fuera música, luces encendidas, no se sirven más copas y a comenzar a recoger. Ella se acercó a la barra… los cuatro chicos ya habían salido fuera.
-Cariño… ¿ya cerraís?.
-Sí…
-¿Nos hacemos el último tu y yo?.
-Claro…
Preparé solo dos chupitos. Dentro del pub apenas quedaban las últimas diez personas y mis compañeros… Brindamos mirándonos a los ojos… sin palabras… su mirada lánguida y a la vez amenazante… directa. Bebímos, dejámos el vaso sobre la barra al mismo tiempo… ahora vendría el beso… pero no… se me quedó mirando fijamente… daba miedo…
-¿Puedo pasar ahí detrás contigo?
-Si… claro…
Le abrí la puerta de la barra y entró… la tenía delante… entera… sudada… Comenzó a acercarse despacio. Sin darme cuenta, yo iba caminando hacia atrás, hacia el rinconcito oscuro del DJ hasta que me topé con el mueble de los giradiscos… y me acorraló.
Se enredó en mí. Llegó el beso definitivo… bocas, lenguas, cuerpo con cuerpo, sus pechos contra mis pechos, sus piernas enredadas en las mias, mis manos repasando su espaldas y las de ella apretando mi culo. No sé cuanto tiempo estuvimos así, besándonos y magreándonos ignorando todo lo de alrededor hasta que la situación ya era insoprtablemente caliente.
Pasé de mis compañeros y de los pocos clientes que quedaban dentro y que se habían convertido en risueños expectadores. La aparté con cariñosa brusquedad, la cogí de la mano y me la llevé escaleras arriba al segundo piso, las dos con las tetas fuera y los pezones hinchados, atravesando todo el pub.
No me paré ni pensé siquiera en nada hasta llegar al pequeño almacén y entonces… me desnudé completamente… con rápidez y ansía, de forma compulsiva… y me tumbé sobre el congelador donde guardábamos las bolsas de hielo… con las piernas lo más abiertas que podía… regalándole mi coñito… entero… a aquella preciosidad de la que no sabía ni su nombre.
Fué seguramente el polvazo más salvaje de mi vida. No recuerdo en que momento, ni como, ella se quedó también completamente desnuda. Solo recuerdo que en algun momento de ese espacio y tiempo propio, alguién aparecio y solo alcanzó a decir… uyyy… perdón… y desapareció. Estábamos las dos en el suelo con las piernas entrelazadas rozando nuestros coñitos… fué un pequeño paréntesis durante el cual mientras no dejábamos de mirarnos fijamente con las bocas entreabiertas y babeando, una de las dos preguntó… ¿qué hora será?… Pero no hubo más respuesta que una subida de intensidad en el roce de nuestros sexos y un intercambio de lenguas y saliva.
Terminamos agotadas. El local cerrado. Salimos por la puerta de servicio y la luz del día hizo que nos doliera la frente y los ojos. Justo en ese momento, pasó un taxi (a veces esas cosas pasan) y ella lo paró… entró en el sin soltarme la mano… me miró y me dijo… nos veremos… no he vuelto a verla más.

63% (3/1)
 
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Posted by eviann
1 year ago    Views: 310
Comments (4)
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22 days ago
carnaval loko y liberador!!!mmmm
1 year ago
increible historia
muy muy buenaaaaaa
1 year ago
"Desde luego, tenía ovarios" Jajajaja. Muy buen relato
1 year ago
Uff !!que buena !!