Que se quema el sofrito (2). Mirando para Cuenca.

Milagrosamente el sofrito no se había quemado, apagué el fuego y cuando me di la vuelta Edelmiro, que se quitaba el slip, me agarró del brazo y me acercó hacia él. Me puso el slip en la nariz y me dijo.
-¿Te gusta cómo huele?.- Me lo restregó en la cara, podía oler la mezcla de sus aromas. El masculino sudor acre, su ácida orina, su amargo semen. Aspire profundamente ebrio de placer, intentando retener para siempre en mi memoria su personal fragancia. Me lo puso en la cabeza de manera que su parte más olorosa estuviera en contacto con la nariz. De esta guisa me llevó a la habitación, dándome azotes por el pasillo y narrándome lo que me esperaba: -te voy a poner mirando para Cuenca, te la voy a meter hasta las pelotas-…
… y una vez en la habitación de un empujón me tiró sobre la cama. Caí boca abajo y antes de que me pudiera dar la vuelta se sentó sobre mi espalda a horcajadas. Podía notar sus huevos y su polla, ahora flácida tras la mamada de la cocina, sobre mi espalda. Se agachó sobre mi espalda, sus pezones estaban duros y se clavaban en mis paletillas.
-Eres mi putita- me susurró y tras la a su lengua lamió mi oreja. Entre la opresión de su cuerpo sobre mi espalda, la excitación y sus gayumbos puestos en mi cabeza tapándome la nariz y la boca, mi respiración comenzó a agitarse. Me dio la vuelta con firmeza y me quitó la máscara. Respiré profundamente y con la bocanada de aire las esencias de Edelmiro entraron en mis pulmones y pasaron a habitar mis bronquios. Cerré los ojos para concentrarme en la sensación y le escuché su voz.
-Toma aire, que te va a hacer falta-.
Al abrir los ojos vi como su culo se aproximaba a mi cara. A la primera acertó a dar con su culo en la nariz, como si hubiera entrenado. Empezó a restregarse contra ella. Apenas podía respirar, mi corazón latía desbordado por la falta de oxígeno y la excitación, bombeando sangre a mi polla que empezó a dolerme, aprisionada en el tanga. Como si se hubiera dado cuenta, Edelmiro la liberó de la presión bajándome lo suficiente la tela de encaje que la cubría y empezó a pajearme. Aproveché el momento en que, para conseguirlo, levantó ligeramente sus posaderas de mi cara, para coger una bocanada de aire. Apenas tuve el tiempo justo para hacerlo. Nuevamente, por todo horizonte, no tenía sino sus nalgas; por todo aire el poco que podía discurrir entre ellas y sus pedazo de huevos; por todo aroma el de su culo y su entrepierna; por todo sonido el de el roce de sus carnes en mi rostro; por todo sabor la mezcla de sus diferentes fluidos concentrados; por todo destino ser enculado por Edelmiro.
Levantó su culo y acercó sus huevos a mi cara mientras seguía pajeándome. Los lamí, besé y chupé. Se acostó sobre mí y se tragó mi polla. Suspiré. Yo hice lo propio con la suya, volví a sentir los latidos en sus venas y sus sonrosado glande restregarse contra mi lengua y mi paladar impregnado mi boca de sabores salados y acres. Me corrí rápida y abundantemente, fuera de su boca, sobre mi tripa, mientras seguía comiendo su verga, ese tótem sagrado para mi.
Repentinamente de se despegó de mi cuerpo. Mi boca, como si de un molde de su polla se tratara, había quedado abierta intentado recuperar todo el aire que no había recibido en los últimos minutos entre lo que el embolo que la tapaba y la urgencia del orgasmo le habían robado. Untó su dedo con mi semen y lo llevó a mi boca metiéndomelo dentro. Lo aprisioné entre mis labios y saboreé mis propios jugos. Edelmiro se sonreía, satisfecho, triunfante.
Volvió a untar bien su dedo, pero esta vez no me lo llevó a la boca. Buscó por debajo de mis pelotas y me lo metió, así sin más, en el culo. Sentí un pequeño dolor, una quemazón y al mismo tiempo placer. Me quitó el tanga. Y definitivamente me rendí.
Aprovechó los restos de mi corrida con un segundo dedo que siguió el rumbo del primero hasta el agujero de mi culo. No dio para un tercero, pero entonces fue su saliva la que contribuyó a hacer más fácil el camino. A mi polla no le dio apenas tiempo a descansar, como me sucedía mí mismo. Ella volvía a estar dura y tiesa como nunca lo había estado, yo volvía a estar excitado como una perra en celo.
Necesitaba sentir de una vez por todas su cipote en mi culo.
-Fóllame de una puta vez, cabrón- Él se río.
-Ya no te aguantas, ¿eh?- Contestó mirándome a los ojos. Mordiéndose los labios profundizó un poco más en mis entrañas con sus dedos índice, corazón y anular unidos en una placentera trinidad.
Me dio la vuelta y me puso a cuatro patas. Bastó un empujón seguro y firme para que penetrara el glande. Paró, como si este necesitara acostumbrase al nuevo traje que lo envolvía. Volví a sentir esa quemazón seguida de placer, poco a poco, lentamente su rabo fue entrando. Poco a poco, lentamente la quemazón fue aumentando. Apenas podía moverme, una feliz debilidad me invadió.
Sus manos se agarraban a mis caderas. Entró hasta el final. Grité. Paró. Se quedó quieto, inmóvil, como una leona a punto de empezar la carrera para cazar una cebra. Se oía su respiración y la mía descompasadas. La quemazón desapareció, y ahora solo sentía el placer de tener su polla dentro de mí y el placer de ser poseído por él, la dulce rendición, sentirme totalmente a su merced.
Muy despacio comenzó a moverse, pequeños empujones de riñones al principio, y con cada uno un pequeño golpe de placer. Mi respiración y sus empujones comenzaron a acompasarse en un continuo melódico que bien podía ser un Andante moderato.
Y como en una sinfonía el tempo fue haciéndose más rápido de andante pasó a allegro y de allegro a vivace y de vivace a presto. Ya los empujones no eran de riñones. Su rabo se deslizaba por mi culo, como un pistón bien engrasado en su cilindro. De vez en cuando la sacaba entera y me la volvía a meter de golpe, recreándose en la faena. Desapareció toda quemazón anestesiado de placer como estaba.
Así fue hasta que sentí su explosión dentro de mí, hasta que note toda su carga llenando mis entrañas, hasta que percibí un chorro de calor en mis intestinos. Gruñó, yo me corrí y nos arrojamos sobre la cama, el encima de mí y con su polla aún dentro de mi culo. Abrí los ojos y busqué la luz de que entraba por la ventana abierta.
Fue entonces cuando le vi. En el edificio de enfrente, completamente desnudo, en el mirador, de su casa un tipo de unos setenta años se masturbaba mientras nos miraba. Justo en ese momento él tipo también se corrió.

100% (8/0)
 
Categories: AnalGay MaleVoyeur
Posted by erudino
1 year ago    Views: 469
Comments (6)
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1 year ago
Me encanta leer que has disfrutado así.
1 year ago
Me hiciste acabar en forma abundante...
1 year ago
Espero que lo hayas disfrutado
shamembala
retired
1 year ago
Buenisimo, delicioso y candente
1 year ago
Gracias, encantado de que te guste y de que lo disfrutes.
1 year ago
Te vas superando, necesito la continuación, no te demores...