ESPERO QUE SE REPITA

Y allí estaba yo, haciendo malabares y acrobacias entre los metalheads, que no paraban de gritar con los cuernos en alto, como está mandado, cuando un tipo de dos metros semejante a un armario chocó contra mí. Esto provocó que el contenido de los cuatro minis que portaba se derramara, salpicando a una pobre muchacha que estaba al lado. Entonces la VÍ. Con mayúsculas y luces de neón. Era la mujer más hermosa y sensual que estos ojos rojos y cansados habían contemplado en toda su existencia. El alcohol había empapado su ya de por si ajustada camiseta de Amon Amarth, pegándola contra las perfectas formas de su cuerpo. El líquido bajaba por su generoso escote, y hacía brillar sus pechos bajo la luz de los focos.

--Lo siento. No era mi intención –dije saliendo de mi ensimismamiento, solo para perderme inmediatamente después en aquella mirada caramelizada, que me hizo derretirme por dentro.

--No te preocupes, no ha sido culpa tuya –Contestó sonriente. Su voz era tan jodidamente sensual como su cuerpo, y me hizo olvidar donde me encontraba, y que estaba haciendo.

--Si quieres, te invito a una copa para compensar --¿Qué cojones? No había forma de compensar el mancillar a un ángel --. No es gran cosa, pero poco más puedo ofrecerte.

Su mirada me recorrió durante unos segundos que se hicieron eternos.

--Mmm… de acuerdo. ¿Por qué no? –Dijo (juraría) ronroneando. Dio media vuelta y les dijo a sus acompañantes que ahora volvía. ¿Eran tíos, tías? ¿A quién le importa?

Caballerosamente, la cedí el paso para que fuera delante, y ya que estaba la miré el culo. Joder, la minifalda que llevaba no dejaba ver a la perfección la forma de su trasero, pero por lo poco que presentí, daban ganas de sentir sus nalgas rebotando contra mi pelvis. Ya me entendéis. Lo que si vi fue sus piernas, desprovistas de cualquier recubrimiento. Eran largas y atléticas. Como una carretera hacia el paraíso, que parece no tener fin.

Cuando llegamos a la barra, se sentó en una banqueta, pidió un par de minis de cerveza y esperamos.

--En serio, siento de veras haberte empapado –Y vaya si lo sentía. En aquel momento mis pantalones eran una jaula demasiado pequeña para lo que guardaban.

--Ya te he dicho que no pasa nada. Ocurre a menudo –Y su sonrisa volvió a causarme una laguna mental de quien sabe cuanto tiempo.

--Oye, yo… --¿Qué coño estaba haciendo? –joder, eres preciosa. Y que cuerpo…
Para mi sorpresa, no me miró con desprecio y volvió con su gente. Se mordió el labio inferior mientras me miraba y dijo: “Tú tampoco estás nada mal”. Entonces la besé. No sé que clase de poder superior estaba tirando de mis hilos, pero lo hice. Y a ella pareció gustarle.

Mi lengua buscó a la suya, y se fundieron en una danza desesperada, que solo era el preludió de lo que vendría después. Me cogió por la nuca, y apretó aún más mi boca contra la suya. Estaba sedienta, y yo era su oasis en el desierto.
Yo ya no sabía donde estábamos. En la realidad, en una sala Heavy escuchando un concierto de Arch Enemy. En mi cabeza: en mi cama a punto de follar.

La metí la mano bajo la minifalda y la acaricié el coño por encima de las bragas. Estaba caliente y, Oh-Joder-No-Puede-Ser, tremendamente húmeda. Asique, ni corto ni perezoso, retire un poco las bragas e introduje mi dedo corazón en el paraíso carnal que se me ofrecía –o que al menos no se me negaba--.

Ella gimió contra mi boca y me mordió la lengua con lascivia. Mi dedo entraba y salía a un ritmo constante, aunque pronto fueron dos los dedos que la exploraban. Notaba el índice y el corazón cubiertos de ella, y eso me excitaba aún más.

La chica apretó la mano que tenía libre (puesto que la otra seguía en mi nuca) contra mi erección, y la acarició con fuerza en movimientos ascendentes y descendentes. Yo estaba que me iba.

Y así transcurrieron un par de minutos más, hasta que de repente ella me agarró la polla con fuerza a través del pantalón, me mordió el labio inferior, y soltó el gemido más sexy que he oído en toda la vida.

Saqué mis dedos de su interior, la coloqué las bragas, y luego me llevé esos dos dedos a la boca delante suya, para saborearla. Joder, que cachondo estaba. Los dos queríamos más. Asique quedamos en avisar a nuestros colegas de que “desapareceríamos un rato más”, y vernos en cinco minutos en el baño.
Pero eso, os lo contaré otro día.
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Posted by duende09
8 months ago    Views: 315
Comments (1)
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2 months ago
Con la miel en los labios... La historia estaba rica ;)