Estrenando el gimnasio.

Después de varios años entrenando como una bestia en un gimnasio en el sótano de mi amigo Carlos, tuve que dejarlo para poder terminar la universidad. Sin embargo, seguía entrenando en otro gimnasio para no perder el progreso que había alcanzado. Cuando terminé los cursos, me tocó, como era lógico, buscar mi primer empleo. Un día llegando al gimnasio, dejé una copia de mi CV en el escritorio de la recepcionista, por no dejar. Mi sorpresa fue cuando dos semanas más tarde, recibí una llamada para concertar una entrevista en el mismo gimnasio donde entrenaba. Me pareció inusual, porque era en el horario en que estaba cerrado, pero la acepté. Llegué puntual a la entrevista, vestido correctamente y recién bañado. Toqué la puerta, y me abrió desde adentro una mujer que no había visto. Era alta, piel blanca y ojos y cabello negros, y aunque llevaba ropa holgada de la cintura para arriba, se podían ver un par de piernas musculadas y voluminosas encima de sus zapatillas. La saludé, y me invitó a pasar a la oficina:

- Hola, soy Sandra. No me habrás visto por aquí. Pero soy la dueña del gimnasio.
- Hola Sandra. Me llamo Juan. Encantado.
- Encantada Juan.
- Bien Sandra. tú dirás.
- Me he interesado en tí, por esa combinación de recién graduado en empresariales y tío musculado. No es usual. Cómo empezaste en la musculación?
- Efectivamente. Yo empecé a entrenar en un gimnasio cuando estaba en el instituto y fui acosado salvajemente por unos gamberros que en aquel momento estaban en el mismo curso conmigo. Tuve la suerte que había un compañero que tenía un gimnasio en el sótano de su casa, donde había entrenado su padre y que lo había conservado para entrenamientos ocasionales. Nos tocó limpiarlo, restaurar algunos equipos y luego, incluso entrenamos con el padre de mi amigo.
- Interesante. Y viniste aquí por...?
- Porque tuve que mudarme de ciudad para poder culminar la universidad. Y luego encontré este gimnasio que queda cerca de donde vivo.
- Vale. Acompañame.

Salimos de su oficina y los dos nos fuimos al gimnasio.

- Has traído ropa de entrenamiento?
- No. Como se trata de una entrevista, me vestí para la ocasión.
- Vale. Entonces cambiate, ponte esta ropa y vuelve aquí.

Me entregó un paquete con ropa de entrenamiento nueva. Incluso me dio unas zapatillas que me quedaron algo ajustadas, pero podían funcionar si se trataba de un entrenamiento. El chándal me quedaba ajustado, así que cualquier roce que me pusiera dura la polla se iba a notar de inmediato. Me cambié en los vestidores y salí.

- Listo Sandra. Tú dirás.
- Vale Juan. Vamos a empezar por probar tu carga máxima.
- En qué aparato?
- Vamos a los bancos de mancuernas. Bíceps.
- Vale.

Procedí a hacer un calentamiento previo. Cuando estuve listo agarré una mancuerna para empezar a mostrarle a Sandra la carga máxima que podía levantar. Para no impresionarla, empecé con una de 20 Kgs. Empecé a flexionar hasta que la sangre empezó a inundar mis bíceps.

- Está bien, pero todavía no me impresionas, Juan.

Agarré otra de 30 Kgs. Varias series con ambos brazos.

- Mejoras ligeramente tu carga, pero no cubres lo que espero de tí.

Otro par nuevo de mancuernas. Las de 50 kilogramos.

- Todavía no me impresionas.

Decidí agarrar las de mayor peso, 60 Kgs. Ya mis brazos empezaban a flaquear. Dos series cortas de 5 repeticiones.

- Estoy exhausto Sandra. Llevo 11 series progresivas hasta el peso límite. Qué más quieres de mí?

- Te mostraré Juan.

Lo que sucedió a continuación no lo puedo explicar. Se volteó y se quitó el chándal. Debajo del chándal tenía un sostén que se veía que estaba siendo demandado por aquella voluminosa musculatura en el cuerpo de una mujer. Cuando Sandra se volteó, pude ver sus enormes pechos respaldados por un par de pectorales que honestamente, eran mi envidia. Sus hombros eran más anchos que los míos, un tío de 1,90 de alto y 100 kilos de puro músculo. Su espalda tenía unos deltoides que le hubiesen permitido volar. Todo quedaba rematado por unos abdominales de ensueño que se ensanchaban en la cadera para dar entrada a unas piernas sólidas como dos troncos de árbol. Me quedé absorto viendo aquella imagen.

- Juan... Juan... Me oyes?
- Sí Sandra, perdona.
- Me permites usar este banco?
- Por supuesto.

Me levanté en el acto. Ella se acostó en el banco, flexionó sus brazos y me dijo:

- Ahora echate sobre mí.
- Estas segura?
- Claro que sí.

Hice lo que me pidió. Me puso una mano en mi rodilla izquierda y dejándome caer, me puso la otra mano en mi axila. Me agarró con fuerza, e inmediatamente empezó a levantarme y a hacer una serie de flexiones... ¡Con todo mi cuerpo!... Yo miraba atónito el espejo mientras veía que ella subía y bajaba mi cuerpo con sus brazos. Después de 15 flexiones, me puso de pie y me dijo:

- Vamos a hacer piernas.
- Vamos.

Empezó a colocar discos de 25 Kgs de peso, hasta que no hubo más espacio en la máquina. Yo traté de hacer una repetición con todo aquel peso. Pero me fue imposible. Ella no sólo hizo 3 series de 12 repeticiones sino que además también me incluyó a mí en su última serie. 18 discos de 25 Kgs de peso más yo totalizábamos 550 kilos.
Cuando me pidió que entrenáramos espalda, yo me armé de valor y le dije:

- Qué pretendes con esto?
- Solo quiero mostrarte cómo entreno yo y para qué quiero que entres a trabajar conmigo.
- Vale. Pero esto que estás haciendo es humillante para cualquier hombre. Incluso para mí.
- Yo lo sé. El problema con los hombres es que se creen muy superiores a nosotras físicamente, pero yo he logrado darle una vuelta a esa “idea” y he logrado construir mi cuerpo, justo como yo lo quiero tener.
- Yo también he construido mi cuerpo como lo quiero tener! Pero no soy capaz de llegar a tus límites ni en sueños Sandra!

Y para mostrarle cómo estaba, en ese momento rompí la ropa que tenía puesta con mis manos. Se rasgaron como si fueran de papel. Sólo me quedé con mi boxer y las zapatillas. Ella se dedicó a palpar mi cuerpo.

- Tus hombros no están mal, pero podrían estar mejor de lo que están. Tus bíceps y tus tríceps requieren de trabajo de verdad. Tus pectorales podrían tener más volumen. Tus piernas requieren más volumen y definición. Te voy a mostrar algo.

Agarró toda su ropa y la rompió y la tiró al piso. No tenía ropa interior. Se quedó desnuda frente a mí. Volví a recordar aquellos días con Carlos, y todo el frenesí con que nos follábamos los dos. Mi polla se quedó flácida, aún con ella delante de mí. Ella me la tocó y lo notó.

- Tú no has tenido una erección viéndome?
- Por lo visto no, Sandra.
- Me has hecho enfurecer Juan.

La expresión de su cara cambió completamente. Con la mano que tenía libre me apretaba el cuello y con la otra me apretaba los guebos. Me cargó hasta que llegamos a las duchas.

- Ahora nos vamos a bañar.
- Sandra respetame!

Quise darle un golpe en el abdomen. Pero agarró mi mano y la abrió igual que si estuviera hecha de papel. Y luego la apretó haciéndome chillar de dolor. Me tiró al suelo y me dijo:

- Aquí, cuando golpeo a alguien lo hago así

Con una mano abrió un boquete en la pared de la ducha. Quedaron expuestas las tuberías del agua, las que agarró y luego haló por toda la pared. Yo deseaba que tuviera clemencia conmigo. Me dijo:

- Levántate. Chúpame el coño.

Me acerqué a su coño. Lo tenía depilado totalmente. Era rosado. Casi no se podía apreciar por el volumen de sus piernas. Abrió sus piernas y puso mi cara en su coño. Empecé a chupar y cuando Sandra se excitó montó sus piernas sobre mis hombros para que pudiera chupar mejor. Con ella así, me puse de pie y me apoyé contra la pared. Ella había agarrado una tubería de agua y mientras le chupaba su clítoris, la tubería servía de desahogo de su excitación. La doblaba como si estuviera hecha de plástico. Me pidió que me detuviera, que parara ya de chuparle su clítoris. Cuando estaba ya de pie, me empezó a chupar la polla que seguía flácida. Pero no contaba con un elemento sorpresa: Sandra empezó a introducir uno de sus dedos en mi culo. Al principio opuse resistencia, pero su dedo entró igual en mi ano. Aquel recuerdo físico de Carlos me empezó a poner dura la polla y mientras más dura se ponía, más dedos me metía Sandra por el culo, hasta que mi ano se dilató en su totalidad. Mi polla ya estaba dura y erecta, y en ese momento Sandra se abrió de piernas para que folláramos de pie. La penetré hasta el fondo. Y ella hundió mi cara entre sus senos, los primeros senos de una mujer que tocaba en mi vida. Mordí sus pezones, firmes, duros, rosados. Ella metió un puñetazo a la pared y le abrió otro boquete. Con otra mano dio otro puñetazo y cuando tuvo dos boquetes abiertos, metió sus manos para apoyarse en ellos. Sus piernas abrazaron mi cintura y todo su inmenso coño quedó pegado de mi cuerpo. Cuando ella se detuvo, no podía creer lo que estaba haciendo: ¡Sus manos en esos boquetes las estaba utilizando como anclajes y nos estaba levantando a los dos en el aire! Me dijo:

- No aflojes tu polla. Y a partir de ahora, seré tu Ama y Señora.
- Si mi Ama. Como tú ordenes, le dije.

Yo pasé mis brazos por encima de los suyos que habían horadado la pared y estaban firmes y duros como el acero. Agarré su culo y empezamos otra vez a follar, con una intensidad que no sabía que pudiera existir. Sus piernas también horadaron la pared y servían de apoyo para nosotros dos. Cuando llegó al orgasmo, gritó de una manera irracional, primitiva, y me vio con sus ojos enrojecidos directamente a los míos y sentí miedo como nunca. También sentía como su coño chupaba de mí todo el semen que cargaban mis guebos. Tenía tanta fuerza, que solo con su coño y mi polla dura nos manteníamos juntos. Bajamos al piso y ella me besó. Sentí que me ahogaba. Sus brazos me habían agarrado en un abrazo que pensé que sería mortal para mí. La golpeé varias veces en sus brazos, espalda, abdomen para que me dejara respirar, pero todo fue en vano. Me desmayé. Me echó sobre sus hombros y me acostó en una camilla en la enfermería del gimnasio. Cuando desperté, estaba intubado y había una sustancia viscosa que inyectaba en el suero que estaba recibiendo en ese momento. Se había puesto el uniforme de enfermera. Me dijo:

- Con este elemento que te estoy inyectando en tu sangre, verás como empiezas a cambiar en poco tiempo, Juan... Y de paso, quedas contratado.

¿Qué sustancia me inyectaba?...
100% (4/0)
 
Posted by bi_gym_40
11 months ago    Views: 422
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