Su coño negro

Tenía claro cómo le gustaban a él, pero uno puede saltarse sus propios gustos si una mujer sabe usar sus escasos encantos. Se había sentado frente a él solo cinco minutos antes, y durante ese tiempo, sin explicarse porque, no consiguió apartar la mirada de ella. No era fea, tampoco estaba exenta de una cierta figura, pero carecía de cualquier atributo que a él le llamara la atención. Era delgada, mucho, pero no del tipo que hace mucha dieta, sino que por constitución no engordaba ni un gramo, por ello, carecía por completo de pecho, y bajo la camiseta ajustada, se marcaba más la forma del sujetador que los propios pechos. Tenía el rostro anguloso, bonito, pero de expresión seria. Las gafas de pasta no le ayudaban en nada. Llevaba una falda de volantes excesivamente corta, tan corta que sabía que de un momento a otro se le verían las bragas, además añadía el riesgo de sentarse con las piernas ligeramente abiertas. Pero no se había pasado esos últimos cinco minutos mirándola para ver esos escasos 10cm de pierna que le quedaban por ver, si la miraba es por un detalle curioso y que le quitaba cualquier tipo de provocación sexual. Sus piernas estaban cubiertas de pelos, pelo fino y relativamente corto, el pelo fino típico de una chica con exceso de bello que no se ha depilado.
Contra eso no tenía nada en contra, pero le impacto, que una chica que había decidido ponerse una falda tan provocadora, fuese con las piernas decididamente sin depilar.
No pudo evitar seguir mirándola, para su asombro algo le atraía, y era incapaz de adivinar que era. Se fijó en su cara. Ella miraba hacia otro lado como si fuese plenamente consciente de que la observaban con atención. Él se fijó en que sobre el labio superior, se dibujaba la suave pelusa de un bigote.

Llego a la conclusión de que no era posible que tuviera novio, y posiblemente no lo había echo nunca. No sabía cómo había llegado a esa conclusión, pero estaba convencido. Y por la expresión de su cara, era un hecho que le resultaba desagradable que se la quedaran mirando. Dejo de mirarla.
El local fue vaciándose, parecía esperar a alguien que no llegaba. Volvió a fijar su mirada en ella, simplemente para confirmar su sospecha que aquella chica acabaría enseñando las bragas sin ningún tipo de miramiento. Estaba en lo cierto, aunque no se le veían aun, había separado algo más las piernas y solo el pliegue accidental de la falda evitaba por milímetros que se le viera todo el asunto.

No pudo volver a retirar la mirada. Ella seguía con esa expresión de indiferencia, rígida y seria. A él le comenzó a excitar de una forma extraña. Era como si supiera que la miraban y no le importara lo más mínimo nada referente a su atractivo y de un momento a otro enseñaría todo lo que escondía sin pudor ninguno. Él seguía fascinado consigo mismo, mirándose las piernas peludas de ella y pensando que tendría esa chica tan poco atractiva que hacía que no dejase de pensar en que le gustaría hablar con ella y si podía, follarsela.

El local siguió vaciándose, y en la mesa de ella no se sentó nadie, tampoco pidió nada. Solo esperaba. Él se cansó de mirar, era tentador, sí, pero no lo suficiente, miro la hora y decidió que era momento de marcharse.

Cuando estaba en la puerta, sintió que ella lo miraba, giro la cabeza en el último momento y ella se giró a su vez. Continuo con la misma mirada dura, pero algo había cambiado. Con un rápido movimiento levanto las piernas y las cruzo sobre el asiento. Cualquier otra chica haciendo ese gesto sabía que era imposible no enseñar todo lo que escondía bajo la falda, pero esa chica además, lo hizo con total indiferencia, así que él, confirmando su primera impresión, pudo ver una bragas negras por las que salían numerosos pelos negros.

No sabía por qué lo hizo, pero no resistió el impulso de la curiosidad. Cerro la puerta tras él, se dirigió hacia ella. Solo le dijo un hola y se sentó en su misma mesa. Ella abandono aquella expresión y lo miro fijamente. Su mano derecha parecía estar acariciándose entre las piernas, o eso pensó él que hacía.

- Te apetece follar?

Parecía que todo era fácil con aquella chica. Sí, claro que le apetecía follar, pero al mismo tiempo tenía un montón de preguntas. Sin pensarlo, con la polla pidiendo salir y con la cara de bobo ante la sorpresa, solo hizo una leve inclinación de cabeza para confirmar que si quería.
Ella saco la mano debajo de la mesa y se dirigió al lavabo sin decir nada. Él sin saber que hacer la siguió con la mirada.
Solo algunos segundos después de que ella traspasara la puerta de los servicios, pensó que era mejor acompañarla.

Cuando entro, dos puertas dividían su atención, los servicios masculinos y los femeninos, pensó que había entrado en los femeninos, pero la puerta batiente de los masculinos aún se movía, así que por allí entro. Una vez dentro, vio que una de las puertas de los lavabos estaba cerrada, y llamo golpeando con los nudillos. Le abrió la chica que le esperaba completamente desnuda, únicamente con el calzado puesto.

- Pensé que me dejarías aquí desnuda esperando. – Le dijo mientras le bajaba la cremallera y sea agachaba para comérsela.

Mientras disfrutaba de la comida, se dedicó a observar su cuerpo. Los pechos no eran más que dos pequeñas montañitas acabados en unos pezones pequeños y muy rosados. Su vientre era liso y casi musculoso, y acababa en una mata de pelo entre las piernas. Era casi como un chico. Si no fuera por las facciones de su cara y el pelo largo, podría pasar perfectamente por un adolescente.

Ella, ajena a estos pensamientos de él, continuo comiendo con intensidad como si estuviera decidida a extraer todo su semen antes de empezar. Él, en dos ocasiones, tuvo que hacer grandes esfuerzos por retener su ímpetu y evitar correrse tan pronto.

- Si sigues así me voy a correr muy rápido y no voy a poder follarte.
- Me da igual mientras me des tu semen dijo ella mientras volvía a comérsela.

Decidió tomar cartas en el asunto y la levanto decidido a metérsela. Le cogió una pierna e hizo que lo rodeara con esta, estaba apuntando su polla cuando ella se lo saco de encima.

- Asi no.

Le dio la espalda y le puso a su disposición el trasero. Un trasero también algo peludo, pero bien formado y perfecto para agarrarse mientras la follaba. Comenzó a acariciarle el coño y noto que estaba chorreando, pero cuando fue a introducirle el primer dedo, ella se retorció y se apartó.

- No, por ahí no. Quiero que mi coño siga siendo virgen. Yo solo lo hago por el culo.

Aquello le sorprendió y le decepciono, pues aquel coño peludo y húmedo le excitaba mucho, y más sabiendo que podía estrenarlo. Pero intento complacerla y de un rápido movimiento, se la coloco en el agujero negro trasero.

- Está muy cerrado
- Es que de ahí también soy virgen. – Le confeso mientras gemía y se contorsionaba.

Pero para ser virgen, el culo rápidamente se adaptó y la chica comenzó a gemir con tal intensidad que temió que los descubrieran. Era un torbellino, parecía tener mucha prisa en correrse y en que él se corriera. Antes de que se diera cuenta, y después de dos largos gritos intensos, ella se había retirado se había vuelto agachar para comérsela, y su cara y su boca chorreaban semen.
Mientras le temblaban las piernas por la intensa corrida, no pudo dejar de apreciar que algunos de los coágulos de semen se le habían quedado adheridos a los pelos en diferentes sitios, y ella intentaba quitárselos con los dedos, o directamente chupándolos.

- Es que me encanta el semen. – Y le sonrió, el único momento que la había visto sonreír.- pero hoy ha sido especial, aún no había follado.
- Y eso de que solo follas por el culo?

No le respondió. Cuando se le acabó el semen, volvió a poner la misma expresión seria e indiferente. Se vistió decidida a marcharse. Él pudo observar mientras su cuerpo. Le recordó aquel personaje de murakami, ese que siendo mujer tenía cuerpo de hombre y solo podía tener sexo anal. Estaba claro que no solo en la ficción habían mujeres extrañas.

100% (2/0)
 
Posted by armandojaleo
6 months ago    Views: 326
Comments
Reply for:
Reply text
Please login or register to post comments.
No comments