Entregando a Lorena 18

Entregando a Lorena 18

Me preparé una vez más para ver lo peor: a mi dulce mujercita usada al antojo de mi amigo y sus invitados.
Carlos se había reservado el derecho de ser el primero, por tratarse del anfitrión. Levantó el vestido de Lorena hasta la cintura y se regodeó mirando ese redondo y hermoso culo que tanto me calienta. Se dirigió a sus amigos diciendo complacido:
“No les había dicho que mi putita es la mejor, vean este lindo culito sin tanguita”.
Los demás comenzaron a sonreír, incluso a Lorena le hizo gracia, pero de golpe el hijo de puta se la metió de un solo saque, haciendo que mi delicada mujercita gritara de dolor ante tan violenta penetración. Luego se quedó allí unos segundos, para volver a salir y a entrar varias veces seguidas, siempre con fuerza, arrancándole gritos lastimeros a Lorena. Finalmente tomó ritmo y comenzó a bombearla. Mientras tanto, el tipo con cara de rata se abrió la bragueta y se ubicó del otro lado de la mesa, frente a mi esposa inclinada, ofreciéndole la pija a la altura de sus labios. Ella pareció negarse, pero entonces Carlos la sujetó por los cabellos, la abofeteó y le gritó que complaciera a su amigo con la boca.
Ella no tuvo más remedio, comenzó a chuparle la verga a ese idiota, mientras Carlos incrementaba esas tremendas embestidas en su concha. Casi enseguida el tipo gritó como si alguien estuviera matándolo y acabó entre los labios de Lorena. Luego se fue corriendo a encerrarse en el baño y ya no apareció por el resto de la noche.
Carlos seguía incansable como siempre, luego de bombear durante un rato, finalmente gritó también y acabó dentro de la dulce concha de mi mujercita.
Se movió a un costado, aclarando a sus amigos que el culo de Lorena era de su exclusiva propiedad y por lo tanto ellos podrían entretenerse solamente con su concha o su boca. Enseguida ocupó su lugar el hombre mayor, que ya tenía su verga endurecida fuera del pantalón y sin darle tiempo a mi mujercita, la penetró por esa concha ya dilatada por Carlos. Esta vez ella no se sobresaltó, casi no parecía sentirla, evidentemente mi amigo la había dejado bien abierta. El tipo le dio a Lorena por un buen rato, sin tener demasiada reacción, hasta que se quedó quieto mientras elevaba la mirada al techo. Otra nueva carga de semen dentro de mi delicada esposa.
Ahora le tocaba al negro gigantesco. Temblé de solamente pensar el pedazo de verga que tendría y que iba a destrozar a Lorena. El negro le sonrió a mi esposa diciendo “turn around”. Ella no entendió y entonces el negro se inclinó tomándola por los tobillos y la hizo girar, dejándola acostada boca arriba sobre la mesa. Puso las torneadas pantorrillas de Lorena sobre sus anchos hombros y se abrió la bragueta. No pude ver el tamaño de su pija, pero enseguida se inclinó hacia adelante y Lorena abrió la boca sin poder gritar, luego apretó los dientes con fuerza y se preparó a aguantar esa tremenda serpiente negra que seguía abriéndose paso a través de su concha. Cuando la sintió llegar hasta el fondo pudo exhalar un suave suspiro y así quedó laxa, casi desmayada. El negrazo bruto inició entonces un vaivén cada vez más fuerte, embistiendo sin piedad el pubis de mi mujercita. Ella ni siquiera se quejaba, en un momento giró la cabeza y nuestras miradas se encontraron, tenía una expresión triste y de sorpresa en su bello rostro, me pareció entender que me estaba pidiendo perdón.
El negro aulló repentinamente y se salió, tomando a Lorena por los cabellos, bajándola de la mesa y obligándola a arrodillarse frente a él. Entonces acabó en su bonita cara, esparciendo semen por sus cabellos y labios. Luego la soltó, quedando Lorena tendida en el piso, sucia de semen por donde se la mirara.
Carlos se acercó a decirme que al negro le gustaba sodomizar hombres. “Un culito blanco y redondo como el tuyo le encantaría, qué te parece?’”. Lo mandé al carajo, naturalmente y me acerqué a Lorena, que seguí tendida en el suelo.
Pero todavía faltaba Jorge, el carnicero. Me hizo a un lado de un empujón y le inclinó sobre mi esposa, que continuaba desparramada en el suelo, sin poder moverse. La tomó por la cintura y la acostó boca arriba en un gran sillón.
“Esa conchita hermosa ya quedó llena de leche y demasiado abierta para mi pija”. Comentó mientras se abría la bragueta y sacaba su verga todavía algo fláccida.
Hizo que Lorena abriera la boca y entonces se la metió muy despacio, comenzando a bombear después, disfrutando cómo mi mujercita se comía esa cosa enorme. Acabó muy rápido, dejó escapar un suspiro fuerte y desparramó todo su semen en la cara y los cabellos de Lorena, que quedó casi exhausta después de semejante sesión de sexo brutal y salvaje.
Me acerqué para ver cómo estaba. Ella abrió los ojos, sonrió con ternura y me pidió que nos fuéramos de ese lugar. La ayudé a incorporarse, a limpiarse un poco y a vestirse. Luego muy despacio, ya que le costaba caminar, nos dirigimos hacia la calle, sin despedirnos de esos hijos de puta que ahora fumaban y bebían tragos Abracé a Lorena, que parecía una muñeca rota, mientras pensaba si alguna vez terminaría esta pesadilla…


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Posted by aristurman
9 months ago    Views: 217
Comments (1)
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9 months ago
Cada vez mejor! Una de las más morbosas sagas que he leido.