Entregando a Lorena 8

Entregando a Lorena 8
Después de la brutal violación callejera de Lorena organizada por Carlos, las cosas continuaron a un ritmo más o menos normal, o eso era lo que yo quería creer.

Una tarde terminé mis tareas antes de lo previsto y regresé a casa temprano.

Me extrañó el hecho de no encontrar a Lorena en la sala o la cocina a esa hora, así que subí a nuestra habitación a cambiarme de ropa.

Ya desde la escalera pude oír los inconfundibles gemidos y jadeos de mi mujercita cuando alcanza un orgasmo. Me preparé para lo peor, otra vez encontraría al hijo de puta de Carlos rompiéndole el culo a mi esposa en cuatro patas, pero no fue así.

Lorena estaba sobre la cama, boca arriba con sus hermosas piernas bien abiertas, los ojos cerrados, vestida solamente con una liviana camiseta de algodón, que dejaba adivinar sus hermosos pezones bien erectos por la excitación.

Estaba metiéndose un enorme consolador negro de látex en su delicada concha, mientras gemía suavemente de placer.

Me quedé observando la escena desde la puerta, mientras sentía que mi verga iba despertando ante tan espectacular visión. Lorena abrió sus ojos y me vio, pero continuó dedicándose de lleno a su placer.

Unos instantes después su escultural cuerpito se arqueó hacia arriba y dejó escapar un fuerte gemido, denotando que su nuevo juguete había cumplido muy bien su función.

Me acerqué a besarla, mientras le acariciaba el clítoris, sintiendo la humedad de sus fluidos, que ya se deslizaban sobre las sábanas. Le pregunté por ese nuevo aparato, para mi hasta hoy desconocido y entonces me respondió que se lo había traído Carlos.

- Cuándo? Inquirí con cara de sorpresa y preocupación.

- Hace un rato, vino a hacerme la cola otra vez y me trajo este regalito para mi conchita.

No le creí, diciéndole que era una broma, pero por toda respuesta se puso boca abajo y tomó una de mis manos, haciendo que metiera mis dedos dentro de su firme culito.

Era verdad, tenía el ano totalmente dilatado, donde mis dedos entraban con toda facilidad, pudiendo sentir el semen todavía fresco, desparramándose por esa hermosa raja.

Me puse totalmente loco, otra vez ese hijo de puta le había roto el culo a mi esposa sin mi presencia, eso me m*****aba demasiado, sentía que era una traición de los dos.

Lorena me dijo que se sentía muy caliente y no tenía paciencia para esperarme, por lo tanto, había llamado a Carlos para que viniera a cogerla antes de mi regreso.

Mi dulce mujercita se preocupó al verme tan furioso, así que se acercó a mi bragueta para liberar mi endurecida pija y me dijo ronroneando que su cuerpito ya estaba lleno de leche, pero Carlos la había cogido directamente sin sexo oral, por lo tanto su boquita estaba sedienta, lista para recibir algo grande. Mientras me susurraba esto, me chupó la verga hasta que me hizo acabar. Ya no me quedaron fuerzas ni para protestar.

Un rato después, mientras Lorena seguía masturbándose bajo la ducha, llamó Carlos, preguntándome si ya había visto como le había dejado la cola bien abierta.

Lo insulté con todo lo que se ocurrió, recordándole nuestro trato de estar siempre presente cuando se cogiera a Lorena. Pero lo único que logré fue hacerlo reír a carcajadas.

- No te enojes Flaco, si te quedaste calentito, esta noche llevo a otro amigo para que disfrute esa linda conchita que duerme con vos, así que ni la toques, reservala para más tarde.

Quedamos entonces que vendría a la noche a enfiestar a Lorena con otro de sus amigos.

Ella quedó enloquecida con la novedad y pude escuchar a través de la puerta del baño como alcanzaba otro de sus increíbles orgasmos mientras seguía dentro de la ducha.

Después de cenar subió a vestirse para la ocasión. Cuando volvió a la sala sentí otra vez que mi verga comenzaba a despertar en una nueva y dolorosa erección. Llevaba nuevamente ese diminuto vestido color dorado, bajo el cual parecía ir completamente desnuda, unos altos zapatos de taco con tiras que rodeaban sus perfectas piernas, enfundadas en medias de nylon que resaltaban su firmeza. Estaba increíblemente bella, casi me provocaba m*****ia y bronca que fuera a disfrutarla un desconocido.

Finalmente aparecieron Carlos y su amigo. Esta vez se trataba de un macizo hombre de raza negra, brasileño, que casi no cabía por la puerta. Sonrió mostrando todo el esplendor de su blanca dentadura cuando vio de cerca a Lorena, ya desnudándola con la mirada y calculando la forma en que iba a cogerla. Creo que mi esposa debe haberse mojado encima cuando vio el tamaño de negro que tenía adelante. Por mi parte, ni quería imaginarme el pedazo de verga negra que calzaría semejante gigante. Realmente la iba a destrozar a Lorena.

Carlos adivinó mi preocupación y se acercó a decirme:

- Flaco no te asustes, el negro dice que es de putos darle por el culo a una mujer, así que esta vez va a quedarle la colita intacta a mi putita, pero si este boludo se la pierde, yo la voy a disfrutar después, qué te parece? Por supuesto, continuaba riéndose a carcajadas.

Serginho, que así se llamaba este monumento de ébano, no quería perder tiempo en preliminares, simplemente se quitó su remera, dejándonos envidiar su musculoso torso y luego se desprendió los pantalones, liberando una gigantesca serpiente mamba negra que parecía una pija... o era al revés? De todas maneras, era terriblemente enorme.

Lorena se acercó y se arrodilló frente a él, lista para practicarle una buena fellatio.

Carlos y yo también nos acercamos con un buen vaso de whisky en la mano, no queríamos perder detalle de esta sesión de sexo oral.

Mi esposa comenzó a recorrer con su delicada lengua ese tremendo pedazo de carne de color negro. Todavía estaba en reposo, pero ya medía casi como mi brazo, bastante grueso, con una cabeza enorme. Lorena intentó meterse esa pija dentro de la boca pero no lo logró, así que el amigo Serginho debió conformarse con una buena lamida, la mejor que debe haber recibido en toda su vida. Luego de un buen rato de frustrados intentos de rodearla con los labios de Lorena, el negro dijo que estaba listo, con su verga durísima, dispuesto a disfrutar de la vagina de mi mujercita.

Ella entonces se puso de pie y felinamente caminó hasta el sillón principal, balanceando sus caderas, provocando que Carlos se tomara la entrepierna y comenzara a tocarse.

Se inclinó sobre el respaldo, levantando el corto vestidito dorado y sacando la cola, mostrando que estaba lista para gozar. Sus labios vaginales se veían bien estrechos, pero totalmente humedecidos por la excitación que le había producido chupar esa gigantesca verga negra.

El brasileño se aproximó lentamente, sosteniendo su increíble herramienta con ambas manos y muy suavemente la apoyó sobre la vagina que se le ofrecía descaradamente.

La penetró muy suavemente, solamente el enorme glande al principio, para ver la reacción de Lorena ante semejante invasión. Ella no se quejó, simplemente dejó escapar un suave gemido, dando a entender que no le dolía ni m*****aba. El negro entonces empujó un poco más adelante sus poderosas caderas, haciendo que Lorena esta vez abriera la boca sin emitir ningún sonido. Enseguida se retiró por completo, pero mi esposa le dijo que volviera a penetrarla, no le importaba si la desgarraba, quería que la cogiera bien duro y no se preocupara por sus gritos.

Serginho entonces se impulsó hacia adelante otra vez, llegando hasta el fondo de esa delicada vagina en una sola embestida. Lorena comenzó a jadear y gemir fuertemente, gritando que siguiera así, mientras empujaba sus suaves caderas hacia atrás, al encuentro de esa gigantesca serpiente negra que ahora brillaba cubierta con los flujos vaginales.

El negro era incansable. La cogió durante un largo sin cambiar de posición ni decaer en el ritmo, mientras Lorena alcanzaba al menos cuatro orgasmos, algunos temblando en silencio y otros aullando a todo pulmón.

De repente Serginho sujetó a mi esposa firmemente por las caderas y lanzó un fuerte grito, dejando saber que había acabado en el fondo de esa hermosa concha. Luego se quedó unos instantes muy quieto, disfrutando como su semen inundaba el interior de Lorena.

Finalmente se la sacó muy lentamente, mientras ella gemía suavemente. Mi esposa descansó unos instantes recuperando el aliento y luego desapareció dentro del baño.

Carlos volvió a sonreír, mientras comentaba jocosamente:

- Flaco, parece que ahora tu dulce mujercita es adicta a las grandes vergas negras!!.

No pude reírme, pensando en ese pedazo de pija negra que había disfrutado de Lorena.

El negro me agradeció que le hubiera permitido cogerse a mi esposa y se despidió muy alegremente, llevándose del brazo al hijo de puta de Carlos antes de que pudiera articular palabra. Yo cerré la puerta detrás de ellos, y respiré aliviado, pensando que iba a poder disfrutar de la cola de Lorena, imaginando que su conchita castigada por esa enorme verga negra estaría imposible de tocar por varios días.

Lorena salió del baño un poco decepcionada al ver la ausencia de Carlos, pero enseguida su bello rostro se iluminó cuando me desnudé y vio lo que tenía para darle, mi verga totalmente endurecida y lista para disfrutarla como ella quisiera. Me mostró como le había dejado la concha ese tremendo pedazo de negro: los labios externos más enrojecidos e inflamados que nunca y la entrada totalmente dilatada. Realmente estaba bien abierta.

Fuimos a la cama y le hice la cola con mucha suavidad, pero mientras la oía gemir de placer con mi pija enterrada en el fondo, seguía todavía pensando hasta cuando íbamos a soportar este nuevo estilo de vida, que evidentemente, estaba por completo fuera de control.

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Posted by aristurman
1 year ago    Views: 181
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