Entregando a Lorena 7


Entregando a Lorena 7
Pasaron un par de semanas desde la última visita de Carlos a casa, durante los cuales ni siquiera dio señales de vida.

Lorena se había calmado bastante después de haber sido casi violada analmente en mi arranque de calentura y desde esa noche habíamos retomado nuestra vida sexual en forma bastante normal.

Una mañana recibí un llamado de Carlos mientras estaba en mi trabajo, para decirme que seguía cabreado por la conducta de mi esposa, pero que ya tenía planeado un buen escarmiento para ella. Me pasó una dirección en un barrio un poco alejado del nuestro, diciendo que esa misma noche debía llevar a Lorena para que recibiera su castigo y que, por supuesto, podría quedarme a presenciar todo, ya que esa era mi fantasía.

Le respondí que debía consultarlo con mi mujercita y que no sabía si íbamos a continuar con toda esta relación, porque ya me estaba m*****ando un poco el maltrato que me daba.

- Flaco, me vas a entregar a esa putita esta noche y terminada la discusión, entendido?

Colgué el tubo sin contestarle y enseguida llamé a Lorena para contarle la propuesta.

Por supuesto estaba encantada, siempre la idea de ser humillada y sometida la excitaba sobremanera y después de tantos días de silencio de Carlos, ya estaba dispuesta otra vez para ser maltratada por ese hijo de puta, de quien yo no podía terminar de comprender la terrible atracción morbosa que ejercía sobre nosotros.

Regresé temprano a casa, encontrándome con una agradable sorpresa: Lorena me estaba esperando en el living vestida solamente con unos minúsculos pañuelos de tul color negro transparente que dejaban adivinar sus esculturales curvas y unos zapatos de taco aguja que realzaban sus increíbles piernas. Era una visión realmente espectacular.

- Tendrías que aprovechar ahora, porque esta noche me van a arruinar seguramente. Me dijo.

Esta vez ni siquiera llegamos a nuestra habitación. Me fui sacando la ropa a tirones mientras la perseguía por la escalera, pero antes de llegar arriba la alcancé y comencé a arrancarle las pequeñas piezas de tela de su cuerpo con mis dientes, al tiempo que ocupaba mis manos para terminar de desvestirme. Lorena mientras me lamía el cuello con su increíble lengua.

Sus labios vaginales ya estaban bien lubricados, así que la penetré en una sola embestida que casi me hizo acabar antes de llegar al fondo de su cálida y humedecida concha. Comencé a bombearla salvajemente, disfrutando de como gritaba y jadeaba bajo el peso de mi cuerpo.

Lorena me regaló tres increíbles orgasmos antes de que yo mismo acabara, fue algo único.

Nos quedamos allí en la escalera recuperando el aliento y luego Lorena me tomó de la mano y me llevó al dormitorio, ubicándose boca abajo en la cama, ronroneando felinamente mientras me pedía que le hiciera la cola. Mi verga se levantó automáticamente, lista para cumplir semejante solicitud. Me acerqué a la cama para que Lorena la lubricara con un gel especial. Ella también untó la entrada de su estrecho ano, porque facilitaba la dilatación.

Muy despacio la fui sodomizando, sintiendo mi verga que se deslizaba bien apretada dentro de su hermoso culito, era algo glorioso.

Esta vez le hice la cola muy suavemente y con mucha delicadeza, disfrutando cada movimiento y los gemidos y suspiros de Lorena. Con mis dedos le acariciaba también el clítoris, así que en pocos minutos sus suaves jadeos se transformaron en temblores y aullidos al alcanzar un nuevo orgasmo. Finalmente llegué yo también al mío, descargando todo mi semen dentro de esa cola magnífica de mi mujercita.

Dormimos una siesta para reponer fuerzas y luego de cenar Lorena se vistió para ir al encuentro de Carlos. Esta vez no eligió nada sexy ni provocativo. Simplemente un jogging suelto que no estilizaba su figura de ninguna forma y por supuesto, sin ropa interior.

A la hora prevista llegamos a la dirección que había indicado Carlos, un lugar absolutamente oscuro y desolado, donde no se veía ni un alma en las calles.

La zona era realmente tenebrosa, aunque justo en ese lugar funcionaba un foco que daba cierta luz tenue al lugar.

Apenas habíamos descendido del auto, cuando tres sombras se abalanzaron sobre nosotros.

Dos hombres fornidos inmovilizaron a Lorena, mientras el tercero f***ejeaba conmigo, apuntándome con un arma a la cabeza y ordenándome que me quedara quieto o las cosas serían todavía mucho peor. Enseguida me aferró las manos a mi espalda y sentí que me colocaba esposas en mis muñecas. Podía ver a Lorena totalmente indefensa a merced de esos dos tipos, que ya la habían amordazado y comenzaban a manosear su cuerpo. Uno de ellos le bajó el jogging hasta las rodillas y le metió bruscamente un manotazo en la vagina, provocándole un intenso aullido de dolor a través de la mordaza. Se tocó los dedos riendo:

- Pero que linda puta resultaste, ni empezamos todavía y ya estás chorreando a mares!!.

El otro dijo entonces que aprovecharía esa humedad en primer lugar. Tomó a Lorena por la cintura y la subió al capot de nuestro auto, sacándole el jogging y las zapatillas casi en el mismo movimiento.

Tuve entonces casi un desmayo, ya que nunca había presenciado una violación y menos la de mi propia esposa, a pesar que en otras oportunidades Carlos y Jorge la habían dejado bastante maltrecha a la pobre. Pero esta vez era algo real, Lorena sería forzada sin piedad por tres brutos desconocidos y yo no podría hacer nada para socorrerla.

El que me cuidaba adivinó mi pensamiento al ver mi cara desencajada de desesperación:

- No te preocupes pibe, yo no la pienso tocar, a mi no me interesan las mujeres.

El primer violador ya tenía su garrote bastante erecto, grande y durísimo, listo para penetrar a Lorena. Lo pude ver mientras se acomodaba entre las piernas abiertas de mi esposa y enseguida de un solo empujón se la metió hasta el fondo. Lorena dejó escapar un lastimero grito de dolor, ya que esa verga era bastante grande y la embestida había sido muy violenta. El tipo se dedicó a su propio placer, sonriendo mientras mi mujercita gemía bajo la mordaza y lo miraba con ojos aterrorizados. Quiso atacarlo con sus puños cerrados, pero el segundo atacante entonces se ubicó detrás de ella y le sujetó ambas muñecas, dejándola totalmente inmóvil. La tortura duró varios minutos, durante los cuales Lorena solamente parecía mostrar desagrado por la situación, aunque en algunos momentos sus quejidos se convertían en suaves gemidos. Repentinamente el hombre se tensó mientras aullaba de placer y supe entonces que había descargado su semen dentro de esa delicada vagina.

Todavía faltaba el segundo. Los dos hijos de puta rieron e intercambiaron posiciones.

El primero sostendría ahora a Lorena mientras reponía sus fuerzas.

El otro se ubicó frente a mi ya entregada esposa y se bajó los pantalones, pero estando de espaldas no pude ver el tamaño de lo que iba a recibir Lorena, aunque juzgando su corpulencia, supuse que sería algo bastante grande también.

De repente tomó a mi delicada mujercita por los tobillos y la hizo girar sobre el capot, ubicándola boca abajo. Me imaginé que venía lo peor. Le susurró al oído:

- Qué hermoso culo hay aquí... seguro el boludo de tu marido no te lo rompió nunca.

Lorena comenzó a llorar y a patalear, tratando de zafar del abrazo de su primer violador, que la sostenía boca abajo, mientras le pasaba la lengua por la cara y el cuello.

Me preparé para lo peor, ver a ese a****l sodomizando a Lorena.

La situación me estaba produciendo una intensa calentura, a pesar de notar que mi esposa estaba sufriendo mientras estos a****les la violaban salvajemente. Sentía que mi verga estaba a punto de estallar, cuando el tercer hombre que me mantenía esposado se dio cuenta de ello. Con una sonrisa me abrió el pantalón y se inclinó para chuparme mi pija erecta.

Jamás había experimentado eso, nunca otro hombre me había practicado sexo oral, pero me sentía en la gloria, sintiendo su lengua recorrer todo el largo de mi miembro. Cerré los ojos y traté de pensar que no me lo estaba haciendo un hombre, hasta que no pude aguantar y terminé explotando dentro de su boca. El tipo se tragó todo mi semen y me dejó tranquilo, justo para ver como el segundo atacante comenzaba a sodomizar a Lorena.

Sus gritos de dolor fueron desgarradores, ya que este a****l se la metió de una sola vez hasta el fondo, sin siquiera haber tratado de abrirle un poco la entrada del estrecho ano con sus dedos. Así la sometió a ese castigo durante un buen rato, mientras mi esposa lloraba y aullaba de dolor, pero el bruto siguió penetrándola cada vez con más fuerza, sin importarle nada sus desgarradores gemidos. Finalmente le acabó adentro y se retiró muy despacio, refregándole su todavía endurecida verga entre los inflamados labios vaginales, dejándola totalmente abatida sobre el auto, como si fuera una muñeca rota.

Repentinamente los tres desconocidos desaparecieron y entonces pude ponerme de pie, y acercarme a Lorena. Su cuerpo estaba todo magullado, tenía marcas de zarpazos en las caderas, sus redondeadas nalgas sucias de semen y sus dos orificios dilatados e inflamados.

La habían dejado destrozada. Mientras trataba de consolarla, sentí que me tomaban de las muñecas y me liberaban de las esposas.

Era Carlos, sonriente como siempre y con una filmadora en la mano. Había grabado todo lo sucedido, para su colección personal, me dijo.

Se acercó a Lorena, que seguía doblada sobre el auto y le metió bruscamente un par de dedos en el culo, sacándolos llenos del semen del violador.

- Viste mi putita que te pueden pasar cosas feas cuando te comportas mal??

Entonces entendí que todo lo había organizado este hijo de mil putas, para demostrarnos que podía hacer con nosotros lo que se le antojara.

Hizo arrodillar a Lorena delante de él y mientras se desabrochaba la bragueta le dijo:

- Estos idiotas olvidaron usar tu boquita, que es la mejor del mundo, ahora es mi turno...

Mi esposa abrió sus deliciosos labios y se tragó esa endurecida verga. La chupó durante un buen rato hasta que Carlos le acabó en la boca, ordenándole que no desperdiciara ni una gota.

Luego se acomodó las ropas y se alejó en dirección a su auto, aconsejando que nos fuéramos de allí sin perder más tiempo, antes de que aparecieran violadores auténticos.

Regresamos a casa en silencio y apenas llegamos nos metimos juntos a darnos una ducha. Recién entonces Lorena admitió que la concha le ardía y sentía que le habían destrozado el culo como nunca, pero ella había disfrutado cada instante de la violación. Eso le preocupaba un poco, porque no terminaba de entenderlo ni siquiera ella misma.

Por mi parte, no quise decirle que, mientras la sodomizaban, otro hombre me había hecho acabar chupándome la pija como nunca, de una manera realmente increíble.

Esa noche dormimos abrazados, aunque yo estuve largo rato en vela, pensando si alguna vez encontraríamos el camino de retorno desde toda esta pesadilla.

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Categories: AnalVoyeur
Posted by aristurman
1 year ago    Views: 493
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