Un aniversario diferente

La otra noche, Shana y yo hacíamos 3 años de casados y como viene siendo habitual, salimos a cenar a un restaurante diferente a los que ya conocemos. Este año nos decidimos por un restaurante recomendado por unos amigos, situado en una ciudad a 30 minutos de la nuestra.
Desde que entras por la puerta, realmente desconectas del estrés diario del trabajo, las monotonías del día a día o los ruidos de la ciudad. Todo ello conseguido tanto por el ambiente cálido y relajado, como por el personal de servicio, totalmente agradables, respetuosos y cercanos, y que seguramente han hecho un casting de belleza para poder entrar a trabajar en el lugar, guapísimos tanto ellos como ellas.

La cena transcurría con normalidad, sentados en una espléndida mesa junto a una de las ventanas del salón desde la que podíamos contemplar la belleza de la ciudad en una noche inmejorable. Pedimos algunos de los platos más exóticos de entrada, otros un poquito más consistentes como principales para acompañarlos con una buena botella de vino tinto y terminamos con unos majestuosos postres con los que poder terminar chupándonos los dedos.

Realmente inmejorable, disfrutar de mi mujer en una noche tan relajada, contemplarla sonreír con mis tonterías, tan bella con alisado cabello cayéndole sobre el hombro desnudo que le deja el majestuoso vestido negro que le hace parecer una Diosa seductora y que dibuja tan bien las bellas curvas de su cuerpo latino. Jugar con su pícara mirada a medida que el vino va haciendo efecto... no se podía pedir más a aquella noche.

Cuando pedimos la cuenta, a uno de los chicos que nos atendieron aquella noche, y que pillé haciéndole ojitos a mi mujer, nos invitaron a pasar a tomar una copa obsequio de la casa en la sala de bar que tienen justo al lado, la cual aceptamos sin pensar, aunque yo ya comenzaba a pensar en que el alcohol y el coche no son buenos amigos.

La sala tenía poca luz, lo típico de cualquier pub nocturnos de copas, ambientado con buena música y esta vez sólo con chicas guapas dentro de la barra. Había bastante gente, tanto clientes que habían cenado con nosotros, como personas que sólo venían al pub. No había mucha libertad de movimiento para bailar.

La pareja que estaba a nuestro lado había cenado a un par de mesas de la nuestra. Una pareja bastante jovial de entre unos 39-42 años. Él, un seductor hombre canoso, vestido con pantalones beige chinos que le quedaban como un guante y dibujaban bien la figura desde su cintura hacia abajo, y camisa blanca ceñida al cuerpo de la misma marca a la mía. Ella, espectacular pelirroja de tez blanca, vestía un top de diferentes tonalidades granates enlazados con finas tiras a su desnuda espalda, dibujaba bien la sensual figura de sus pechos generosos, lo cual, añadido a su pantalón blanco de hilo la hacía ver una mujer bastante interesante para todo aquel que se percataba de su presencia.

Nos saludamos amigablemente, mientras pedíamos nuestras respectivas copas a una de las agradables chicas del servicio. Un par de copas de champagne para las chicas, y unos combinados de ron para nosotros. Allí mismo nos instalamos a conversar sobre la excelencia del lugar y la comida, nuestras profesiones, nuestras vidas,… Samuel y Marta resultaron ser de asas personas con las que te encuentras a veces y parecen como si fueran tus almas gemelas.

Se iban terminando las consumiciones gratuitas y yo prefería irnos hacia nuestra ciudad para tomarnos algunas copas más y terminar la noche sin necesidad de tener que conducir para regresar a casa. Pero Shana parecía muy animada y cómoda en compañía de Marta, las dos igual se instalaban en la barra para conversar entre ellas que se separaban un poco para bailar los diferentes ritmos latinos que iban sonando. La mayoría de los hombres del local las devoraban con la mirada, tan bellas ellas.

Shana se acercó a mí con un contoneo sensual al son de la música invitándome a bailar con ella, me agarró la mano, solté mi copa y los dos nos dejamos seducir por la salsa que sonaba en el momento. Siempre es agradable bailar con ella, verla moverse de esa manera, sintiendo su cuerpo a ritmo de la música y poder pasar mis manos por su cintura y espalda, de manera pícara con la que poder sentir la ropa interior que lleva puesta. Marta y Samuel también se animaron a bailar y se defendían bastante bien con esos ritmos, a pesar de que ninguno de ellos era latino.
Shana me pidió ir a por una copa más, yo acepté pero le dije que bebería refresco. Samuel nos escuchó y se arrimó con su mujer a nosotros negando con la cabeza. Se negó a que me pidiera un refresco, esa noche había que seguir bebiendo, decía. Shana me propuso pedir un taxi si nos pasábamos y yo no me negué. No quería fastidiar todo lo bien que nos estaba saliendo la noche.
Samuel y Shana siguieron hablando, mientras Marta y yo nos acercamos a la barra a pedir otra ronda más. Intentamos buscar un hueco dónde pedir, cada vez había más gente en el pub y costaba más trabajo conseguir sitio en la barra. Marta apoyó sus brazos en la barra y yo me coloqué detrás de ella. Discutíamos por quien iba a pagar esas copas, ya que yo quería invitarles y ellos también a nosotros. Esos ojos verdes estarán muy acostumbrados a conseguir lo que quieran, pero me negué rotundamente, yo pagaba aquella ronda.

Fue inevitable sentir su cuerpo pegado al mío en aquellas ocasiones en las que nos empujaba la demás gente. Me ruborizaba pensar que ella pudiera sentir mi pene pegado a sus nalgas, apenas acabábamos de conocernos y no quería que ella pensara que yo era un pervertido o algo así. Pero fue inevitable refregarlo por su redondo, prieto y bien formado trasero en varias ocasiones y parecía que a ella no le importaba, aceptando la estrechez de la situación, ya que se limitaba a gastarme bromas sobre cómo se ligarían los camareros y cameras entre sí, sin prestar atención a nada más.

Al final de su cuello comenzaba un entramado de letras árabes que recorrían toda su columna vertebral y desaparecían en su pantalón. No pude evitar observar como mi paquete descansaba entre sus nalgas. Apoyé mi mano en la barra, mostrándole a la camarera mi tarjeta de crédito, rodeaba prácticamente a Marta con mi cuerpo, en una situación en la que podía oler su delicioso perfume y contemplar la figura de sus desnudos pechos bajo aquel fino trozo de tela. Algo en mi pantalón comenzaba a espabilarse, al mismo tiempo que mi cabeza rechazaba cualquier acto de infidelidad.

Nos servimos las copas y fuimos en busca de nuestras parejas. Con la luz morada de la disco, se podía ver el triángulo del tanga de Marta, perdido entre sus glúteos. Shana y Samuel también estaban bastante arrimados. Ella le tenía puesta la mano el hombro y él la mano en la cintura, dónde seguro percibía el hilo del tanga de mi mujer con sus dedos, mientras hablaban de algo y se rozaban con las cinturas. Algo similar a lo que yo acababa de experimentar en la barra. Les repartimos las bebidas, cruzamos un par de palabras entre todos, besé a mi mujer y la apreté contra mí, y con un movimiento sutil y discreto me pasó su mano por mi polla, sorprendida de ver que venía algo excitado y nos reímos los dos. Marta me buscó para bailar. Shana parecía disfrutar de su conversación, así que no puse impedimentos para moverme con Marta.

Sus pechos vibraban en cada movimiento, me miraba fijamente a los ojos y su cuerpo se deshacía en movimientos bien acompasados, mientras se acercaba con sus labios y me hablaba sobre lo buena pareja que hacíamos mi mujer y yo y lo bellos que nos veíamos. Yo pasé a piropearlos también y me recreé un poco más en destacar la hermosa figura que ella tenía. Con las mismas, ella me guiñó un ojo y me apretó el culo, diciendo “tú no estás nada mal”.

Rápidamente, giré mi cabeza en busca de mi mujer, para percatarme de que ella hubiera visto el gesto de Marta. Y así fue, no lo había visto, porque estaba con los ojos cerrados bailando de espaldas a Samuel, pero con los cuerpos totalmente pegados. La mano de Samuel en el muslo derecho de Shana, hacía que su corto vestido se subiera levemente y dejara intuir el comienzo de su trasero.

¡Dios mío! Estabamos siendo ligados por otra pareja. Algo dentro de mí se puso celoso al ver como otro hombre había seducido a mi mujer, pero por otro lado, estaba disfrutando de aquella noche y me sentía bastante atraído por aquella mujer.

El ritmo de la música hizo que Marta y yo entrelazáramos las piernas para bailar, soltamos las copas en una mesa cercana. Su piel era suave a la altura de su cadera. Se movía sensualmente y su mirada era pícara y juguetona. Cuando se mordía el labio, me provocaba aún más. Si mi mujer había sentido la excitación en mi pantalón, cómo podría estar ahora sintiéndola esta mujer, ahora que mi polla se ponía cada vez más dura justo a la altura de su entrepierna. Sus pechos eran firmes y ahora se podía ver como sus pezones también estaban totalmente duros.

Mis dedos en su cintura hicieron un intento de buscar la goma de su tanga escondido bajo su pantalón. Con un dedo conseguí su hilo fino y discreto, que seguí hasta llegar al triángulo de su trasero. Sus pechos se apretaban contra mi pecho y nuestras cinturas comenzaban a dibujar un movimiento ondulatorio muy estimulante. No pude evitar pasar mi mano por una de sus nalgas.

Ella agarró una de mis manos y se giró, de forma que ahora mi polla estaba contra su culo. Una de mis manos quedó a la altura de su obligo, la otra la pasaba por su costado acariciándola con la yema de mis dedos. Ella pasó su otra mano por detrás de su trasero y agarró con fuerza mi dura polla. Esta mujer no se andaba con tonterías. Mi mano en el costado comenzó a subir hasta la altura de sus pechos, los cuales ya empezaba a notar con mis dedos, intentando que la gente no se diera cuenta, mientras mi otra mano ya había llegado a la parte delantera de su tanga.

Nunca me había ocurrido algo igual de soltero y ahora, como casado, estaba experimentado una de las situaciones más excitantes, morbosas y sexuales de mi vida. Tampoco había visto antes a Shana así. Ella estaba delante de Samuel, regalándole a su polla todo su espectacular culo latino, con su cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, provocando que su vestido colgara un poco mostrando parte de sus pechos. Nuestras miradas se cruzaron, nuestras risas cómplices aparecieron y ella parecía retorcerse de placer, como si él se la estuviera metiendo. Apartó las manos de Samuel de su cintura y decidida se dirigió hacia nosotros, se colocó tras de mí y ahora podía sentir perfectamente dos cuerpos femeninos pegados al mío.

Su mano buscó mi polla y chocó con la mano de Marta, la cual me la estaba agarrando. Pareció no importarle. Marta se dio la vuelta, al ver que Shana había llegado, y los tres nos movimos al mismo son. Las dos me tocaban la polla y se tocaban las cinturas la una a la otra.


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Categories: First TimeGroup Sex
Posted by alguienmas
1 year ago    Views: 141
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