Mi regalo.

Una deliciosa amiga me ha regalado el siguiente relato y como me ha excitado muchísimo lo quiero compartir (con su permiso).

Gracias Ph.
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Hola Cielo


Ya sé que éste no era el lugar convenido pero te agradezco que hayas acudido. Verás cómo te gusta. Es como una segunda vivienda para mí. Y además tiene todas las comodidades.


Nada más llegar te beso en los labios, apreciando tu olor personal en el contacto.


Te ofrezco algo de beber. “Sólo agua” me dices. Te invito a acompañarme y entramos a una sala espaciosa con multitud de aparatos de gimnasia, bancos de pesas, abdominales, etc.


Miras a tu alrededor con una sonrisa en tus labios, de aprobación.


“¿Quieres desnudarte?”.


Yo visto una bata de estilo chino, roja, muy corta y con aberturas en los lados. Las mangas son amplias. Voy descalza.


No te haces de rogar y te desvistes por completo sin ningún pudor.


Una de las camillas está preparada con suaves sábanas. Con un ademán te ofrezco tumbarte. Atenúo un poco la luz. No es lo que esperabas pero no dices nada.


Me acerco conduciendo un carrito con diversos frascos y algunas cosas más. Abro un bote de aceite para masaje. Lo vierto en mi mano y froto con la otra para comenzar un masaje en tu cuerpo. Un masaje relajante desde tu espalda, con movimientos firmes pero lentos, del centro hacia afuera, de arriba hacia abajo.


Paso de los hombros a los brazos. Primero uno, luego el otro hasta llegar a las manos y los dedos. Vuelvo a la columna y el cuello. Froto tus nalgas suavemente subiendo por tu hendidura, pero sin profundizar, haciendo círculos cada vez más grandes y llevando mis manos a tus muslos. Masajeo tu pierna firmemente hasta la rodilla, gemelos, tobillos, pies y dedos, delicadamente ahora. Lo mismo con la otra.


Te hago girar y comienzo el mismo masaje desde los hombros hasta los brazos, pero ya no voy hasta tus manos. Continúo por el pecho, del centro a los costados, bajando por tu vientre, rodeando tu ingle, frotando tu polla, tan suavemente que noto cómo levantas ligeramente tus caderas, pero este masaje no tiene un fin excitante, así que continúo con mis pulgares acariciando tus bolas en la base, tenuemente, para finalizar de nuevo en tus piernas. Hago el mismo trabajo que antes, pero ya no me detengo en tus pies.


Te coloco una fina sábana por encima y desaparezco para volver con más agua. Te has incorporado de costado y aceptas el vaso.


Levantas la sábana y preguntas: “¿Y esto?”


De pronto, se oye la puerta, y dejas caer la sábana otra vez sobre tu cuerpo. Te tranquilizo, diciéndote que es el dueño de la casa quien llega. Es un amigo de total confianza y sabe que estamos aquí. Me gustaría que lo conocieras, si no te importa.


Lo piensas un segundo. Me preguntas si esto estaba preparado. Asiento, y asientes.


Te explico que él es mi amigo desde la adolescencia. Que es gay. Que es médico, aunque nunca ha ejercido. Que es rico, aunque nunca hace ostentación. Que es extremadamente inteligente, divertido, ameno y algo tímido con los extraños. Que conoce nuestra relación. Es el único. Y que, como él dice, no le gustan los coños, pero adora mis tetas .No pierde la ocasión de sobarse contra mí cada vez que nos abrazamos y, en una ocasión, estuvo rozando sus nudillos en mis pezones durante varios minutos, mientras me abrazaba por la cintura y me sonreía mirándome a los ojos.


Después de esta presentación (sin su presencia), te dejo solo un momento y vuelvo, al cabo de pocos minutos, con él.


Olvidé decirte, que es casi un gigante, con un cuerpo de gimnasio que no necesita trabajar. De piel dorada, pelo corto y arrubiado. Ojos ámbar y una sonrisa encantadora de puro tímida.


Viste unos pantalones de algodón blancos muy grandes, y una camiseta también blanca algo ajustada. También va descalzo.


Tu cara es de aprobación cuando os dais la mano y os decís vuestros nombres. A él le gustas, está claro, pero no dice nada.


Te pregunta si le permitirás participar en nuestro juego, y tú me miras. Yo ya lo he decidido, y te digo que yo quiero. Tú levantas los hombros y dices: “será un placer”.


“Anda, cielo, túmbate”, te digo. Pero ambos entendéis que os hablo a uno de los otros. Tú lo haces en la posición en la que estabas, todavía mirándome. Él lo hace en un banco próximo, mirándonos a ambos, poniendo sus brazos bajo su mentón, para observar cómodamente.


Me acerco a ti y retiro tu sábana: “quiero más bien tu culito, mi amor”. Sin dudar, giras tu cuerpo y adoptas la misma posición que él.


Lo ideal de esta camilla es que, en la parte de las piernas, tiene una abertura que permite cierta extensión. Separo las partes, y tus piernas quedan abiertas, lo suficiente para que yo me coloque en medio frente a tu culo. Aún está brillante del masaje, y no puedo resistirme a tocarte, esta vez amasando tus nalgas, hundiendo mis dedos en cada pasada. Con los pulgares, abro tus cachetes cada vez, y expongo tu ano. Acerco mi boca y muerdo tu nalga izquierda, muy cerca de tu agujero. Es muy tierna esta carne y soy cuidadosa pero me demoro en el mordisco, chupando y mordiendo a continuación. La punta de mi lengua rodea tu culo una, dos, tres veces, hasta que poso mis labios juntos en tu ano. Dejo que la saliva resbale y meto la lengua fácilmente. Succiono y ensalivo una y otra vez. Chupando y estimulando todo alrededor con mi nariz y mi barbilla.


Has comenzado a mover tus caderas al ritmo de mis lamidas y yo te dejo hacer. No estás atado, puedes expresarte como quieras.


Aparto mi boca un momento y, sosteniendo tu nalga izquierda aparte, meto mi dedo índice ensalivado hasta dentro… fácil.


Estás abierto y relajado. Tu culo parece una boca hambrienta.


Estoy muy excitada y los únicos ruidos que se oyen en la habitación, son los de mi fuerte respiración. Siento mi coño mojado. Mi bata se ha abierto en el escote pero me siento caliente. Me gusta así.


Empiezo a meter un segundo dedo pero he olvidado lamerlo y escupo en tu culo antes de continuar. Reparto la saliva y los deslizo juntos hacia dentro, forzando tu entrada y estimulando tu próstata.


Percibo tu placer en el gesto de tu cabeza, inclinada ahora y tu cuello, estirado de inmediato. Es increíble cómo aceptas mis dedos sin problema. Empinas tu culo un poco haciéndome saber que estás dispuesto a más.


Sujeto tu cadera, metiendo y sacando ambos dedos varias veces. Los abro en tijera.


Tu anillo de músculos no me ofrece resistencia.


No sé si deseo follarte o ser follada yo, pero estoy ardiendo en deseo. Respiro profundo. Tomo un frasco de lubricante y lo vierto a lo largo de tu raja. Lo extiendo alrededor y dentro con mis dedos. Te empapo. Mi tercer dedo entra solo y el cuarto va detrás un minuto después. Los muevo dentro extendiendo tus paredes.


Ahora tu movimiento de cadera es explícito. Yo no dejo de pellizcar tus nalgas alternativamente mientras escondo el pulgar en mi palma y lo hago entrar también. Mi mano te está follando hasta los nudillos. Y es delicioso. Lo estás disfrutando, lo noto.


Con la mano en esta posición, hago que te levantes y te coloques a gatas. Yo subo a un escalón. No estás del todo erguido pero eso facilita que empujes cuando intento introducir mi mano más profundamente. Reparto el lubricante por tu esfínter exterior y entra finalmente, deslizándose, casi succionada. Empujo hacia dentro y te follo. Estás gimiendo.


Yo ya no respiro agitada. Ahora estoy centrada en tu placer. Tanto, que ni había reparado en que mi amigo se había levantado.


Por lo abultado de sus pantalones, él está tan excitado como tú. Su camiseta ha desaparecido y su torso luce brillante ahora.


Se acerca a mí, me besa y rodea la camilla para situarse frente a ti. Acaricia tu cara sudorosa, tus hombros… Roza su pulgar en tus labios y tú abres la boca. Lames su dedo, lo chupas… Él sonríe y baja su pantalón.


He de confesar que he visto muchas veces su polla deliciosa, incluso erecta como ahora. Y que la he deseado. Pero nunca lo he visto haciendo lo que hace ahora. Cómo acaricia su polla y la inclina sobre tu boca. Cómo te anima a que la pruebes.


Lames su glande con la lengua ancha, como degustando su sabor. Inmediatamente lo devoras.


Él te toma de la mandíbula e impone su ritmo, con su mano sosteniendo la polla en la base.


El espectáculo es tan excitante y erótico para mí que mi mano se ha detenido, pero ahora reinicio los movimientos al ritmo de tu mamada.


Desde mi posición se diría que estás empalado, penetrado desde la boca hasta el culo. Y lo gozas. Tu cuerpo se mantiene quieto pero vibrante, mientras yo empujo mi muñeca hacia tu intestino, abriéndome paso por tu interior. Mi puño avanza centímetro a centímetro en cada embestida. Cada momento lo siento más presionado, apretado, estrangulado… Noto cada una de las rugosidades de tu intestino.


No quiero forzarte pero me siento tranquila. Tú estás bien despierto y tu cuerpo pide más.


Mi antebrazo está dentro casi hasta el codo cuando abres tu boca y gimes en voz alta. Me detengo.


Mi amigo saca la polla de tu boca y te besa en los labios acariciando tu cara. Se inclina para pellizcar tus pezones y pasa su mano por tu espalda con suaves caricias, animándote a relajar tu cabeza de nuevo en la camilla.


Él viene hacia mí. Toma el frasco de lubricante y deja caer un chorro sobre mi brazo, extendiéndolo hasta la muñeca con presteza. Ahora baña tu culo y tus nalgas con más lubricante y lo reparte masajeando mientras tú gimes ahora de placer.


Intento retirar mi brazo y gimes más fuerte, pero ahora detecto una nota distinta. Lentamente he sacado mi brazo hasta la muñeca y ahora vuelvo a empujar despacio. Lo repito, saliendo y entrando de seguido ahora. Y una vez más.


Las manos de este hombre han obrado maravillas. Ahora estás completamente erguido sobre tus piernas y brazos. Tu polla también está erecta. Lo sé porque es lo que él está mirando. Y hemos tenido la misma idea porque inmediatamente me mira y me sonríe con una sonrisa muy ancha.


Apoyando su mano en tu cadera mete la mano entre tus piernas, rozando tus muslos a propósito, cosa que te hace temblar y agarra tu polla firmemente. Te tensas y aprovecho para ir retirando mi brazo poco a poco de tu culo. Respiras agitado ahora. Él te sostiene mientras mi puño atraviesa tu anillo de músculos al salir. Tu gemido es casi un gruñido. Acaricio tu ano ahora con toda la palma muy suavemente. Y él aprovecha el momento para empezar a ordeñar tu polla. Acerco mi boca a tus bolas y las succiono una por una. Con su mano masturbándote y mi boca chupándote, ya no puedes contener tus movimientos y contoneas tus caderas frenético. Él te está frotando la polla con movimientos expertos, rápidos y decididos. Te estira en cada movimiento hasta que de repente cambia la técnica y cierra el puño sobre tu glande para frotarlo con ligereza. No aguantas más que unos pocos segundos.


De repente te yergues un poco y disparas tu semen en varias sacudidas que salpican tus piernas, vientre, pecho, su mano y mi cara… Te relajas.


Él acaricia nuevamente tu espalda, tu culo, tus muslos, mientras tú vas adoptando de nuevo la posición de tumbado. Te cubre con la sábana y desaparece.


Me acerco a ti y te acaricio el cabello. Te beso la frente. “¿Cómo te sientes?”


Tienes los ojos cerrados, los abres, me miras… “Feliz”.


Lo mejor es un baño relajante antes de que te quedes frío. Te lo digo y te ofrezco un albornoz. Vamos juntos y llegamos al recinto equipado con ducha de hidromasaje y jacuzzi. Este último está preparado. Nos desvestimos y nos sumergimos en el agua caliente y burbujeante.


En ése momento empieza a sonar una música procedente de no se sabe dónde.



http://www.youtube.com/watch?v=2IdLCS-nd8U&feature=related


Y al cabo de dos minutos aparece nuestro amigo con una jarra y tres vasos de un cóctel que ya he probado. “Morir soñando” se llama.
100% (11/0)
 
Categories: AnalGroup SexTaboo
Posted by Sinseble
3 years ago    Views: 1,216
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3 years ago
Tú eres un regalo para mis sentidos.