de maestra a aprendiz

Empezamos a salir con una amiga que trabaja en la misma dependencia que yo y la describo brevemente, ella es blanca, mide 1.58 m de estatura, de tetas medianas y nalgas paraditas; por el tipo de trabajo, es alegre y platicadora pero seria en algunas cosas, por lo que es difícil platicar de otros temas en el trabajo. Cierto día, ella fue a preguntar con respecto a unos datos que se estaban solicitando y que dependían de mi área, por lo que me preguntó y en tono de broma, le indiqué que si quería, se los capturaba en persona pero mínimo, me acompañara al cine y a tomar un café.

Ella aceptó y en esa ocasión, del cine nos fuimos a tomar unos cafés a Coyoacán y dentro de la plática, ella me comentó que ya estaba separada y que hacía mucho tiempo no se sentía bien con alguien pero que yo le había caído bien. Como respuesta, le pregunté si solo bien, me contestó que sí, que muy bien, que como amigos; en eso, me acerqué, diciéndole “me gustan tus labios” y la empecé a besar pero ella se quedó sacada de onda, aunque me correspondió y empezamos un gran faje en plena calle, así que le pregunté “y si te invitó a un hotel a pasar la tarde, ¿te gustaría?”.

Después de pensarlo un rato y de platicar al respecto, accedió pero me confesó que tenía muchos nervios, que hacía como ocho meses que no tenía relaciones y a partir que se enteró que su esposo la engañó, decidió no tenerlas y le contesté que no había problema, que las cosas serían poco a poco hasta donde ella pudiera, o si quería solo hasta ahí. Un poco más tarde, estábamos entrando a un hotel sobre la calzada de Tlalpan y al llegar, nos indicaron el número de la habitación pero antes que entráramos, ya estaba con el pantalón a la mitad de las piernas y su blusa abierta completamente, además de estar súper mojada, cosa que pocas veces es tan notorio como con ella.

Al estar bajando del carro, le empezaron a dar unos calambres de nervios, cosa que la verdad, me causó un poco de extrañeza y un poco de risa, así que le ayudé a acomodarse la ropa y subimos a la habitación, para que ella se calmara. Ya en el cuarto y después de un poco más de faje, le fui quitando nuevamente la ropa, su ropa interior estaba súper empapada, lo que al mismo tiempo, contrastaba con sus nervios. Lentamente, entre abrazos, besos y caricias, la fui despojando de su ropa, primero su blusa primero, después su pantalón hasta dejarla en ropa interior, luego le pregunté si ya estaba más tranquila y me respondió que sí.

En ese momento, ella se transformó y dijo “quédate acostado” mientras se terminaba de bajar su ropa y se me subió, colocándose mi pene en la entrada de su vagina y deslizándolo sobre su clítoris, la forma en que su cara de niña buena se empezó a transformar en una mirada caliente, sexy, atrevida y deseosa de hacer el amor, fue impresionante. Entonces, se empezó a restregar mi verga hasta que de pronto, comenzó a gemir y a mojarse de una manera deliciosa, comenzaba a venirse y a restregarse con más fuerza, diciéndome “métemelo, papi”.

A continuación, la penetré y empezó a venirse nuevamente, aunque ella seguía llevando el ritmo por la posición, luego se enderezó y me soltó mis brazos, pudiéndole ahora acariciar y lamer sus pechos hasta que de pronto, ella apretó las piernas y las nalgas en señal de otro orgasmo, mientras exclamaba “¡qué rico!”. Después de un rato, me dijo “ya me cansé” y se dejó caer encima de mí, diciéndole “oye, si apenas vamos empezando”, enseguida se me quedó viendo y exclamó “¿cómo?, no inventes, ¿cómo crees?”; en ese momento, me pareció un poco extraño y le contesté “sí, chiquita, ¿crees que me la vas a dejar así nada más?”.

Luego, la recosté de lado, acomodándome en tijera y la empecé a penetrar y me dijo nuevamente “no inventes, me vengo otra vez” y empezó a gemir y a echar un grito muy característico, que a mí en lo particular me encanta oír. Cuando empecé a bombearla con más fuerza, sólo me decía “¡qué rico, papi!, así, aaahhh” y otra vez, ese orgasmo generó un torrente de líquido; el sentir como se mojaba era una experiencia deliciosa y seguimos un rato en esa posición, después la acomode boca abajo, usando unas almohadas para que se acomodara mejor. Ya que la empecé a penetrar, ella sólo gemía y gritaba “aaahhh, sssííí, yyyaaa, no, sigue, ¡aaayyy, qué ricooo!” mientras la embestía más fuerte hasta que nuevamente se vino y de pronto, me dijo “espera, me va a dar un calambre”.

Al instante, me detuve y le pregunté “¿qué pasa?”, me contestó “es que nunca lo había hecho con alguien más que no fuera mi esposo y me gusto lo que sentí pero tengo nervios”; obvio, me saqué un poco de balance y la cuestioné “¿nunca lo has hecho con nadie más?”, me respondió “no, nunca, cómo crees”. Luego, le insistí “¿y te gusta o te gustó?” y me comentó “es que nunca había sentido así de rico y tantas veces”, reiterándole “¿cómo si estuviste casada 15 años, no?, ¿qué nunca lo hacían?”, me contestó “sí lo hacíamos pero mi esposo nunca duró más de cinco o 10 minutos y nunca me mojó tanto”.

Para mí, escuchar eso fue un detonante para volver a penetrarla, colocándola otra vez boca abajo y en cada embestida, la dejaba con mi verga hasta al fondo, ella sólo paraba sus nalguitas y me decía “¡qué rico, papi!, sigue, ¡qué rico!, así, aaahhh”. Estaba tan caliente que quise que me hiciera sexo oral en algún momento pero nunca lo había hecho y en ese momento, no quiso y para que no amainara la cosa, no insistí pero seguimos cogiendo como una hora, más o menos. Una vez que nos cansamos y que por fin me vine, me dijo “haz de mí lo que quieras pero hazme venir así de rico”, naturalmente le tomé la palabra y poco a poco la hice aprender más de lo que no sabía pero eso lo relataré en otro momento.
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Categories: MatureVoyeur
Posted by RoOSs
8 months ago    Views: 659
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