EL DÍA QUE ME ORDEÑARON

Sobre gustos no hay nada escrito. Lo que a nosotros nos deja fríos, a otra persona le puede parecer lo más excitante del mundo, y a la inversa. De hecho, en una ocasión tuve una relación con una chica que, si bien disfrutaba del sexo convencional, lo que realmente la excitaba era masturbarme y contemplar cómo me corría. La muchacha sentía, al mismo tiempo, una gran fascinación por mi esperma, que siempre empleaba en algún juego. Una vez acababa de jugar, se encontraba increíblemente receptiva y excitada, y si acto seguido la masturbaba, la muchacha obtenía un orgasmo increíblemente intenso que, apenas un par de minutos después de acabar, la mandaba directamente al país de los sueños. En ocasiones pensaba que los chicos con los que salía, o al menos yo, éramos para ella poco más que juguetes sexuales. La verdad es que no era una sensación muy agradable (¡a mí me gustaba esa chica y quería ser algo más que un sex toy!), aunque el sexo era increíble.

En una ocasión, su perverso juego comenzó de manera muy inocente. Yo había estado quince días de exámenes en la universidad, tiempo durante el cual no había tenido más vida que hincar los codos. Acababa de quitarme de encima la última prueba, “Resistencia de Materiales”, y solo entonces se me vino encima el calentón acumulado por aquellas dos semanas de encierro. Ella, por su parte, aún no había terminado los exámenes y se encontraba un poco estresada. Vamos, que no tenía mucho deseo sexual en aquellos momentos, pero yo le insistí (medio en broma, medio en serio) diciéndole: “Si no follamos, me van a explotar los huevos. ¡Llevan dos semanas cargados!”. Al oír eso, levantó la mirada como activada por un resorte, y puede distinguir el brillo del deseo en sus ojos. “Entonces, tendremos que ordeñar a la vaquita”, me dijo en un tono irónico.

Debo reconocer que me encontraba tan excitado tras todos aquellos días de abstinencia que me dio completamente igual convertirme en su juguete una vez más. Sin duda me habría encantado que hiciéramos el amor con ritmo pausado, disfrutando de nuestros cuerpos y vaciándome dentro de ella, para luego dormir abrazados y olvidar los agobios de la universidad, al menos hasta que el calor o el ruido de la calle nos despertaran. Pero mi cuerpo y mi mente estaban demasiado ansiosas de placer como para afrontar una discusión.

La muchacha ni siquiera se m*****ó en excitarme con besos o caricias. Me ayudó a desnudarme (ella permaneció vestida con su pijama veraniego) y me colocó sobre el sofá, a cuatro patas. “A las vaquitas que van a reventar hay que ordeñarlas al instante, para que suelten la leche rápido, ¿no te parece?”. Al sentir su mano sobre mi pene, me limité a emitir un gemido que ella debió de interpretar como un sí. No sé si realmente movía la mano como si me estuviera ordeñando, pues no tenía ángulo para observarla, pero sus movimientos bruscos despertaron en mí sentimientos encontrados: por un lado una cierta incomodidad fruto de sus firmes jalones, pero al mismo tiempo sentía el placer que me proporcionaba su ágil ritmo y la sensación de dominio que estaba ejerciendo sobre mí. Podría haberme hecho lo que quisiera y yo, tan excitado como estaba, le habría consentido todo.

En algún punto creo que gemí en voz alta, porque ella me susurró, sin parar de tocarme, algo así como: “Ya, vaquita, calla que ya mismo te vacío la leche”. Aquello no hacía más que aumentar mi excitación y, a la par, mi sensación de incomodidad. Como resultado de ello, aunque sin duda estaba disfrutando, no lograba correrme.

Su respuesta fue jugar con mis testículos, que acarició con la mano que tenía libre, pero al ver que aquello tampoco funcionaba escupió sobre su mano y, usando su saliva como lubricante, pasó uno de sus dedos alrededor de mi ano, aunque sin penetrarlo. Aquello me excitó de sobremanera, y al notarlo comenzó a acariciarme por la zona, provocando que mi receptibilidad a su juego fuese mayor y que mis brazos comenzasen a temblar ante la excitación. A pesar de todo, aún no eyaculaba, así que deslizó uno de sus dedos, muy lentamente, dentro de mí. Y aunque no era la primera vez que una chica me lo hacía, ella era la primera vez que se introducía en mí, por lo que la suavidad de su caricia me sorprendió gratamente. Poco a poco siguió introduciendo el dedo, y yo la sentía agitándolo con calmada entrega, mientras notaba esa sensación de incontrolable placer que sientes sobre el pene cuando te acarician la próstata. Sin duda, mis gemidos le indicaron que mi orgasmo era inminente.

Justo antes de correrme, salió de mi interior y dirigió su mano justo debajo de mi pene, recogiendo prácticamente toda la leche que solté. Luego, me la enseñó como si fuera un preciado botín de guerra. Yo me sentía como en una nube, e intentaba calmar mi respiración tumbado sobre el sofá. Pero ello no había terminado conmigo: mojó sus dedos en su trofeo y poco a poco me la fue dando en pequeñas dosis, primero pasándola por mis labios, luego introduciéndola directamernte en mi boca, ciertamente con gentileza pero también con decisión. Ese tipo de juegos nunca me han excitado, pero no me sentía con fuerzas para oponerme a su capricho, de tal modo que me sometí con la placidez que da todo aquello que resulta excitante y prohibido.

Cuando terminó de alimentarme, su humor era estupendo. Jugamos un poco, recibió mis besos con auténtica ansia y, apenas la toqué un minuto, su cuerpo se estremeció como si estuviera sufriendo un ataque de algún tipo; de hecho, llegué a asustarme durante un instante. Su cuerpo pareció desmadejarse, y aquellas manos que se habían movido con tal firmeza y decisión se derramaron sobre las mías, tiernas y débiles. Nos quedamos adormilados allí mismo, en el sofá, con el sabor de sus labios y de mi mismo inundando mi boca.

100% (6/0)
 
Categories: FetishMasturbation
Posted by MelkartXXI
1 year ago    Views: 831
Comments (3)
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1 year ago
Muy buena historia MelkartXXI. Espero que nos cuentes si alguna vez tu amiguita te hizo el beso negro, mientras te masturbaba. Es super excitante.
1 year ago
una excelente experiencia...preciosa.
equisciente
retired
1 year ago
¡Excelente! Gracias por compartir este relato... Leeré los demás con mucho interés.