Intrusos

Había decidido que ese verano iba a ser inigualable. Estaba decidió a pasarlo bien, pero jamás me imagine que nada de que ocurrió podría haber llegado a suceder cuando planee todo.

No es que necesite a alguien con quien hacer las cosas, pero la vida me regalo una amigo, que mas que amigo es un hermano, con el que no solo comparto la forma de de pensar, sino que también los gusto y los deseos en la vida. Ya estábamos grandes para vacacionar solos, así ahorramos dinero durante todo el año para que durante las vacaciones de verano podernos ir. Ya habíamos organizado todo, teníamos los pasajes en micro, las mochilas armadas, la carpa en mano. La idea era llegar a nuestro destino y luego y con la carpa de ciudad en ciudad según nuestro antojo.

Toda venia de maravilla, los lugares que habíamos visitado, lago, montanas, bosques, nada podía ser más perfecto. El clima acompañaba, no había llovido ni un día y hacia más calor que de costumbre en esa zona, de modo que podíamos disfrutar del agua de los lagos y del aire libre.

Esa mañana nos despertamos, la carpa estaba a la sombra, pero aun así, el calor que hacia allí adentro ya adelantaba lo que nos esperaría en el día. Ya habíamos planeado la noche anterior que nos iríamos a otro lugar, así que desayunamos algo, armamos los bolsos, desarmamos la carpa y partimos. Caminamos durante horas por caminos marcados en bosque, atravesamos rutas y otros caminos y ni un rastro de algún automóvil que nos pudiera alcanzar. Al idea había sido caminar de modo de acercarnos lo más posible hasta nuestro próximo campamente destino junto a los caminos de modo de pedir que nos llevaran si alguna auto con espacio aparecía. Pero ya eran las 14 y el sol a pleno esplendor nos irradiaba un calor terrible y ni rastro de algún automóvil. La sombra había ido fluyendo, algunas parte caminamos bajo el refugio de arboles y otras a pleno rayo del sol. Estábamos transitado unas partes arboladas, sedientas, hambrientas y muy cansadas de ya caminar.

-Eyyyyy Juan, mira allá, parece que hay una casa- Me dijo Esteban señalándome un lejano punto en medio del bosque que parecía ser un asentamiento.

Ya nos habíamos tomado toda el agua, así que nos dirigimos hasta allí, sin pensarlo con la esperanza de que su habitante nos permitiera abastecernos y descansar un poco. Tuvimos que pasar un alambrado para poder entrar. La casa parecía confortable por fuera y si bien no había señales de que en esos momentos hubiera alguien allí, mostraba signos de que su dueño no se había ido hace mucho.

Tocamos la puerta y nadie contesto. Rodeamos la casa para ver la situación. Resulto que del otro lado de por el cual veníamos, la casa contaba con una pileta, con agua pura y cristalina. Se veía muy tentadora. Gritamos y volvimos a golpear la puerta, pero no había señales de que nadie estuviera allí.

Debe ser la edad que teníamos en ese entonces, 22 anos, pero nada de ello nos infundía miedo. Nos miramos y no dudamos en dejar las cosas allí y zambullirnos en al agua refrescante. Estaba can hermoso allí adentro. Nadamos un rato hasta que mi amigo dijo:

-Tebe (ese era el apodo que todo el mundo usaba), y si nos metemos y sacamos algo de comer? - me dijo Juan.

-La casa está cerrada y me da que eso es como robar- le contesté

-Que, acaso ahora le temes miedo- me respondió riéndome

-Claro que no- le respondió. No era la primera vez que nos metíamos en casas ajenas, pero siempre había sido por descuido de su dueño, nunca forzábamos la entrada, y algo allí era diferente.

Salimos de la piscina, dejamos los bolsos y la carpa junto a esa y mojado como estábamos entramos en la casa. Juan arrojo una piedra a unos de los vidrios, una vez roto, metió el brazo para abrir el cerrojo y así abrir la ventana. No nos costos ni 5 minutos poder entrar. Por dentro la casa era amplia y se notaba que quien viví allí le gustaba el orden. Nos pusimos a recorrer la casa y luego nos dirigimos a la cocina, para tomar comida y algo de beber e irnos de allí. La adrenalina de lo que estábamos haciendo nos nublo por unos minutos. No escuchamos llega a nadie. Pero el dueño de casa no tarde en darse cuenta de los intrusos que tenia dentro de su vivienda.

Al tiempo que recogíamos la comida de la heladera, escuchamos un golpe como si algo se hubiera caído, muy, muy cerca nuestro. Rápidamente nos dimos vuelta. Allí estaba en la puerta de la cocina, un hombre, el dueño. El golpe habían sido nuestras cosas al dejarlas caer sobre el piso.

-Que mierda están haciendo!- No dijo gritando, mientras nos apuntaba con un arma.

Estaba aterrado, realmente aterrado. Toda la valentía y las ganas de pasarla bien se había esfumado. Me encontraba casi desnudo, solo tenía un traje de baños puesto, todo mojado, recién salido de la piscina, en la cocina de un extraño que me estaba apuntando con un arma. Juan parecía estar paralizado.

-Voy a repetir la pregunta, que carajo hacen mojado en mi cocina?!- Nos dijo.
No solo tenía un arma que parecía saber usar y sostener, sino que media mucho más que nosotros y por más que fuéramos dos, se veía que su cuerpo podía resistir a 5 de nosotros juntos. Tenía la imagen de ese típico leñador que unos se imagina de chico. Alto, musculoso, los botones desprendidos de su camisa dejaban ver una abundante mata de bello negro en su pecho. Barba negra crecida, cejas bien pobladas, una mirada fuerte, profunda. Sus brazos también eran peludos y estaba fortalecidos, cada rindan de piel que se le veía, parecía mostrar algún musculo desarrollado. Sin duda alguna nos vencería, con si arma, con ojos abiertos o cerrados. No éramos un desafío para él.

-Mi piscina y mi comida los dejaron sin voz? Hablen carajo!- Volvió a gritar
Juan estaba definitivamente paralizado. El era un joven mucho más valiente que yo y habíamos vivido muchas cosas, muchas, más de la que te puedas imaginar. Pero aquella situación era realmente escalofriante.

Fui yo quien hablo. Le conté la situación. Como es que estábamos allí, porque habíamos entrado, las vacaciones todo, creo que le di más detalle que a mis padreas antes de partir.

-Bien, muy bien….Así que están ustedes dos solos. Nadie sabe donde están ni donde deberían estar. Dos jóvenes aventureros, mira con lo que me vine a encontrar, yo que estaba tan solo y aburrido- dijo el hombre.
La manera en la que hablo fue repulsiva, como si estuvieran pensando en hacernos algo.

-Bien, hacen lo que les digo o le rajo un tiro a cada uno, los entierro por el bosque y nadie nunca jamás va a enterarse de que estuvieron acá- nos amenazo.

-Pepepe…perdón señor, le pagamos la ventana y le dejamos dinero, pero déjenos ir, no hemos hecho nada malo- Le dijo Juan, lleno de temor.

-Tenes miedo amigo?- Le pregunto.

-Déjenos ir, nos vamos y no aparecemos nunca más. Le pagamos la ventana, le secamos lo que me mojamos de la casa, pero déjenos ir- le pedí.

Pareciera como si pensara en esa opción.

-Las manos en la nuca, los dos, se mueven despacio y hacen lo que digo, me entendieron?- No dijo

Asentimos con la cabeza. Nos pusimos las manos en la nuca y caminamos por la casa mientras el hombre nos guiaba. Estaba esperando el momento para atacar sacarle el arma y poder huir, pero el hombre parecía estar alerta en todo momento.

Se detuvo frente a escritorio, de cuyo cajón saco algo metálico. No entendía bien que era. Me lo arrojo. Eran esposas, la que usan los policías, esas misma. Brillaban a mis pies.

-Bien amigo, agarrarlas y esposa a tu amigo a la tubería que ves allí- me dijo señalando un caño que atravesaba la pared. No sabía qué hacer. Mira al objeto a mis pies y luego a Juan. Estaba aterrado y me decía no con los labios.
-No me escuchaste? Podemos hacer esto por las buenas o por las malas, ustedes eligen-
Hice lo que me pidió.

Luego me condujo por la casa hasta una puerta, la abrió encendió una luz y me hizo descender a un sótano, frio y oscuro, mientras Juan estaba esposado arriba. Hábilmente y sin que pudiera ofrecer resistencia, me esposo de la misma manera a otro caño. Al rato, vino con Juan y lo esposo junto a mí. Por lo menos estábamos juntos y nos podíamos hacer compañía.

Nos dejos solos en aquel sótano, frio y húmedo, no sin antes atarnos dos tiras de en la boca para que no podamos hablar ni gritar. Se fue. Lo único que daba luz era una pequeña ventaba, en la pared opuesta a la que estábamos. El tiempo empezó a pasar. No podíamos gritar y por más que lo hiciéramos estábamos en medio de la nada. Por más que intentamos zafarnos tampoco podíamos. No se escuchaba actividad en la casa y el día comenzaba a terminar.

Se había hecho de noche. Se oyó un ruido, era la puerta. Pasos que descendían. Allí estaba, frente a nosotros.

-Juan y Esteban, es así no? Tengo sus documentos- Nos dijo. Hablaba tan naturalmente que parecía que fuera lo más normal del mundo.

Se nos acerco, libero a Juan y lo volvió a esposar para llevárselo arriba. Fue inútil hacer algo para oponerme. Volvió a bajar, hiso lo mismo conmigo. Me llevo hasta la sala.

Allí estaba Juan, sentado en una silla, amarrado a ella y completamente desnudo. Aun tenía la boca tapada. He hizo sentarme, me ato a la silla contigua y una vez que hubo comprobado que estaba bien amarrado, con una tijera corto mi ropa. No le costó mucho trabajos, solo llevábamos el traje de baño, habíamos estado bañándonos en la piscina hacia pocas horas.

-No saben lo que extraño una buena pija. Ya casi me olvido como sabe, lo que es chuparla y que te la chupen. Pero hoy me encontré dos jovencitos. Vinieron a mí por arte de magia.- nos dijo.

O por dios, que tenía pensado. Estábamos desnudos frente a él. Poco a poco comenzó a sacarse la ropa. Totalmente desnudo mi teoría se confirmaba. Realmente parecía haber estado hecho por los dioses. Un pecho increíblemente marcado, musculoso, peludo. Su miembro era enorme, aun flácido y colgando, era mucho más grande que el mío erecto. Qué pensaría mi novia si supiera que algo de aquella imagen me estaba excitando, un hombre desnudo me estaba atrayendo. Esa excitación se hizo exterior, mi pija se movió, respondiendo a la calentura que tenía.

-Que tenemos acá- me dijo acercándose a mi - Se ve que te gusta lo que está viendo. Me acaricio el pecho.

Luego se fue a donde Juan, se arrodillo y sin mas preámbulos, comenzó a chuparle la pija. Al principio Juan quería resistirse, se movía de un lado para otro y balbuceaba oponiéndose a lo que el extraño estaba haciendo, pero al parecer, poco a poco se tranquilizo y comenzó a gozar de la chupada de pija.

-Bien, te tranquilizaste, se ve que ya te está gustando- le dijo en un momento mientras le pellizcaba una de las tetillas. Luego continúo. Parecía que sabía lo que hacía, no era la primera pija que chupaba. Siempre pensé que se sentiría que un hombre te la chupe, después de todo si cierras lo ojos, es lo mismo que sea una mujer o un hombre, eso no te hace gay o acaso si lo hace?

El extraño se metía la pija de Juan entera en la boca y la sacaba, una y otra vez, una veces más rápido y otras más lento. Cuando al parecer se cansaba y necesitaba respirar, usaba su lengua la lamia como si fuera una barra de caramelo, desde la base hasta la cabeza. Al parecer se aburrió de la pija y se puso a jugar con sus huevos, los lamio, olio y se los metió en la boca mientras jugaba con su lengua.
Juan se había olvidado de donde estaba y de la situación, estaba gozando de aquello. Con los ojos cerrados, con la cabeza inclinada hacia arriba, gemía debajo del trapo que tapaba su boca.

Yo era un espectador, que ante tal show, no podía más que excitarme. La situación, el cuerpo desnudo, tan perfecto del extraño, su pija enorme que ahora estaba erecta y dura y que cada tanto se manoseaba y Juan que no paraba de gemir, habían puesto bien dura a mi pija.

Volví a la escena, el extraño estaba masturbando furiosamente a Juan, este gritaba, parecía que iba a explotar de placer, hasta que acabo, soltando un torrente de leche blanca que se derramo sobre el pecho del acosador. El hombre chupo los resto de líquido que había en la pija de Juan y se masajeo todo el pecho, lentamente, gozando de cada instante, esparciéndose aquel fluido por todo su pecho, dejándolo brillo y húmedo.

Juan apenas tenía aliento, su respiración estaba acelerada y estaba todo sudado a causa del placer y la excitación que había recibido del extraño.

Se puso de pie. Se acercaba a mí. Estaba sudado, su pecho tenía el semen de Juan, se lo veo brillando bajo las luces. Su pija dura me apuntaba como indicándome que era el siguiente. A cada paso esta rebotaba.

-Bien, veo que te gusto lo que viste- Me dijo palpándome suavemente la pija dura -Ahora lo vas a gozar en carne propia-

Se arrodillo frente a mi y me la chupo. Fue maravilloso, sin comparación a como lo hacia mi novia. Jamás había recibido tal placer. Hizo todo lo que había hecho con Juan y no puse ni controlar el gemir. Ahora entendía lo que estaba sintiendo Juan.
En un momento tomo mis huevo, fuertemente y comenzó a tirar de ellos mientras me chupaba la pija. Dolor, placer, ya no se que era, pero me gustaba y no quería que acabara. Pero la erección ya se había mantenido por mucho tiempo y mucho antes de que el me empezara a chupar la pija, al solo ver como lo hacía con Juan, había empezado a largar liquido preseminal. No aguante mucho antes de correr y como no tenia forma de avisarle lo hice dentro de su boca, mientras me la chupaba.

Pense que no le iba a gustar, no solo que haya durado tan poco, sino que te hubiera tenía que tragar mi semen.

-Mmmmm lechita, hace cuanto que no probaba una leche tan rica- me dijo mientras se pasaba la lengua por los labios, como si realmente la hubiera saboreado.

Estaba algo decepcionado conmigo mismo, aquel placer no había durado mucho. Se levanto y comenzó a caminar hacia el otro lado de la habitación. Mientras lo hacía nos daba la espalda…o que culo, peludo y perfecto que tenia, como se movía al caminar.

Regreso con nuestros bolsos, y nuestras cosas, que arrojo a nuestros pies.
-Bien, ya me han pagado con sus pijas y esta buena noche de sexo oral, que por lo que me pareció ustedes también han disfrutado. Mi nombre es Alfredo- nos dijo -Tomen sus cosas y váyanse, espero que esto quede entre nosotros.

En perspectiva, aquel hombre nos había retenido en contra de nuestra voluntad, apunto con un arma, desnudado y abusado sexualmente de nosotros, todo eso confería a la experiencia un matiz un tanto aterrador. Pero no me quería ir de allí, no quería que esto terminara así. Lo tenía frente a mí y su pija parecía llamarse, quería probarla, quería saber cómo se sentiría en la boca, su sabor, el sabor de su sudor, como olía su axila, de alguna forma olvide que me gustaban las mujeres, aquel hombre era mi dios.

Primero vino por mi, me saco la mordaza de la boca y luego de desato. Luego por Juan. Salió del cuarto no si antes decirnos:

-Gracias la pase muy bien, pueden volver. Ya sabe dónde está la puerta, esta vez está abierta- y salió.

Nos quedamos en silencio, mirándonos el uno al otro, tratando de comprender que es lo que había pasado y que es lo que ambos queríamos. Estaba claro que ninguno de los dos se quería ir, ambos lo queríamos a él, ambos queríamos a Alfredo.

Solo los gestos fueron necesarios, nos levantamos, desnudos como estábamos y salimos en su búsqueda. Se oía la ducha, no lo dudamos y entramos. Por supuesto allí estaba. Enjabonándose el pecho peludo, para limpiarse el sudor y el semen de Juan.

Se extraño de vernos ahí, desnudos, mirándolo. No me pude contener y me empecé a tocar, cuando me di cuenta Juan también lo estaba haciendo. Alfredo no tarde en sacarse el jabón, cerrar la ducha y salir. Tomo una tolla y se la coloco en la cintura. Su pija aun estaba erecta, la toalla marcaba una montaña.

-Creo que le dije que ya se podían ir, que hacen acá?- nos dijo extrañado.
Silencio. Ninguno de los dos tenía palabras en aquella situación. El instinto se apodero de mi, tome impulso y encamine hacia él, me arrodille frente a él, tome la toalla, se la saque y sin pensarlo metí su pija en mi boca. Juan me siguió y sin saber como había ocurrido, estábamos los dos arrodillados frente a s pija turnándonos para chupársela. Todo mientras Alfredo gemina y nos tomaba de la cabeza cada tanto.

-Esperen- nos dijo deteniéndonos -vamos a un lugar más cómodo.
Nos dirigimos hasta otro cuarto, su habitación. La cama era amplia y suave. Se recostó y nos dijo -Ahora si, soy todo suyo-

No puedo describir lo que sentí ni todo lo que hicimos. Tampoco puedo decirles que fue lo que Juan hizo por su cuenta, estaba muy concentrado en el cuerpo que tenía delante. Chupe sus tetillas y se las pellizqué. Lamí su axila y todo su pecho peludo. Chupe si pija, tratando de imitarlo a el y lo que había hecho con Juan. En un momento lo mire a los ojos. Ojos marrones, oscuros, mirada profunda, me acerque y lo bese, nuestras bocas se sumergieron en un beso de intensa pasión. Nuestras lenguas bailaban dentro de nuestras bocas.

Sentí que se movía, pero no me importaba que estuviera haciendo, hasta que me alejo y me enseno en su mano dos paquetes de preservativos. Eso significaba una sola cosa…penetración.

-Se animan a ponérmela- nos dijo -los dos, al mismo tiempo, mismo agujero- y nos guiñó un ojo.

No miramos con Juan y asentimos. Tome un paquete él, el otro.nos lo pusimos. Alfredo nos ubico yo estaba recostado, espaldas contra la cama. Alfredo se ubico mirándome hacia mi y luego iría Juan. Sin duda alguna me había tocado la mejor parte. Allí la vista era mejor. Veía su pecho, su pija, su cara, podía ver sus gestos de placer mientras recibía nuestras dos pijas juntas.

Escupió sobre mi pija y sobre la de Juan para humectarlas y luego las introdujo, sin mayor preámbulo, primero la mía, y luego entro la de Juan. No tarde de gritar de placer, cada vez que movía su cuerpo y cada vez que Juan se la metía y sacaba. Alfredo me dijo que yo me quedara quiero, yo solo disfrutaría del paisaje, y así lo hice y fue magnífico. El se encargaba de moverse para que yo gozara. Sentí la pija de Juan haciendo presión dentro del culo de Alfredo.

La escena se prolongo, la estábamos pasando bien. Alfredo comenzó a pajease, fuertemente hasta que termino sobre mi cuerpo. Podía sentir su leche caliente. No tarde en pasar su legua para limpiarse de su propio semen. Juan acabo, chorreando su semen sobre su espalda y yo acabe sobre si mismo.

Terminamos los tres agitados acostados sobre la cama, el en medio de nosotros, abrasados, acariciándonos hasta recobrar el aliento. Luego nos vanamos, por separado, Juan y yo nos vestimos y partimos del allí. Claro está que ya era estaba amaneciendo.

Nunca más volvimos a saber de Alfredo, nunca comentamos lo sucedido con nadie. Esa fue mi única experiencia homosexual, la cual mi novia jamás se entero ni se enterara. Pero cuando estoy solo, busco en internet imágenes de hombre, fuertes y peludos deseando alguna vez encontrarme con una fotos suya y me masturbo frente al monitor, pensando que el hombre frente a mi es él y recordándolo, cada rincón de su cuerpo, su olor, como sabia su cuerpo, su pija.

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Categories: Gay Male
Posted by MartiJ
1 year ago    Views: 400
Comments (3)
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5 months ago
Que delicioso cuento! Las mamadas son tan ricas! Se me agua la boca de pensar el mamar una toronja deliciosa!
1 year ago
WHAT A HOT STORY...
ALFREDO SOUNDS GREAT.
1 year ago
Alfredo suena como un dios!