El director

El comienzo de la semana siempre es duro, pero lo importante para que el tiempo pase pronto es asumir el secreto y, se lo digo continuamente a mi cabroncito liber1, el secreto es vivir día a día, hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo.

Dejé en su oficina a Liber1 y, yo continué para cumplir con mi trabajo, ser gerente puede ser duro, por la gran responsabilidad, pero también es gratificante y hasta divertido si le sabes ver las ventajas que tiene.

Me gusta vestir femenina, ropa ajustada, faldas cortas, escotes insinuantes, y por supuesto, todo para poner cardíaco a mi cabron, objeto de mis deseos, sueños e ilusiones. Debajo de esa ropa ajustada, elegante y femenina, la única ropa interior que gasto son medias de ligueros, y algún corpiño o sujetador insinuante. ¿Braguitas? ¿tangas? Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que las usé.... es que, saberme deseada por mi maridito y, saber que siempre tiene su miembro bien a punto para desearme, taladrarme y partirme en dos, me pone húmeda y caliente y, me incita a hacerle un auténtico cabrón.

Llegué a mi lugar de trabajo, dispuse todo lo que había que hacer y, volví a irme. Esta vez tenía que visitar a un cliente, acudí al Hotel que dirige y, me condujeron a su amplio despacho, con vistas a la zona de la piscina, jardines. Ufff, una maravilla. No le conocía personalmente.

Me senté en uno de los amplios sofás que hay en el despacho, dejando bien a la vista mis torneadas piernas enfundadas en sus medias negras de cristal transparentes, mi falda siempre corta las dejaba bien a la vista y, mi blusa con su amplio escote en forma de uve, dejaba marcado un canal, entre los dos pechos, insinuante y apetecible. Al menos eso me había dicho esa mañana Liber1.

Cuando entró aquel espécimen me puse aún más caliente, era atractivo, bien vestido, buen porte y aires de importancia que le daban un toque prepotente.

Cerró tras de si la puerta del despacho, me crucé de piernas ampliamente, sabiendo que por mis muslos y la postura no alcanzaría a ver mi raja, depilada completamente con sus abultados labios vaginales y, completamente húmeda, pero sabía que se pondría tan caliente y con ganas de ver que, desde ese momento estaría más pendiente de mi entrepierna que de la conversación que mantuviésemos.

Se acercó a mi, me levanté y le tendí la mano, mientras le miraba con una amplia sonrisa seductora, me la cogió más que un apretón me la acarició, su mirada se depositó esta vez en mi generoso escote que, al inclinarme, dejaba ver el comienzo de mis pechos, con sus pezones duros y erectos por el roce del tipo de sujetador que llevaba puesto, que era una simple copa, que sujetaba, pero que dejaba al aire libre y a la vista los dos pezones.

Nos sentamos y comenzamos la conversación que me había llevado allí, cruzaba y me acariciaba los muslos, de tal forma que estaba nervioso y, excitado, miraba mis piernas siguiendo cada movimiento con la esperanza de poder ver mi ropa interior tapando mi vulva.

En un momento de la conversación, me levanté, él permanecía sentado, en un mullido sofá, bajito, de piel blanca, al levantarme procuré que mi falda quedase aún algo más corta, como si se hubiese cogido arriba en una mala postura y, tiré al suelo disimuladamente la libreta que llevaba para hacer anotaciones, con la respuesta que esperaba.

Mi corazón latía fuertemente, mi vagina emanaba jugos de excitación, yo abrí ligeramente mis piernas y, él galantemente se agachó para recoger la libreta, no hacía falta arrodillarse en el suelo, pero como estaba deseando verme se agachó intentando disimular mirar hacia arriba.

Me abrí aún más de piernas y, él lo notó, se dio cuenta que estaba jugando a seducirle abiertamente, se relajó y se tomó su tiempo, con mis altos tacones quedaba a una altura suficientemente alta como para que al mirar hacia arriba comprobase que debajo de la falda, llevaba puesta las medias con ligueros y que mis labios vaginales, mi vulva no estaba tapada con ninguna telita que le cubriese, mostrándose tal cual es, totalmente rasurado. Y además, por la cercanía pudo oler mis olores vaginales de hembra caliente.

Al irse levantando lo hizo tan cerca que con sus manos me rozó las pantorrillas, consiguiendo que me estremeciese de placer. Al comprobar mi reacción y no poder aguantar más su excitación, se decidió a jugársela y, su mano se depositó directamente en mi pierna, subiéndola por toda ella, hasta entrar debajo de mi falda y alcanzar mi vulva, a medida que él se incorporaba y se ponía de pie.

Su lengua alcanzó la mía, y levantó mi falda, sus dedos se impregnaron de mi humedad y comenzó a acariciar mi vulva, mis labios vaginales, y me penetraban ligeramente, entrando y saliendo de mi vagina.

Mi mano se dirigió a su entrepierna, le desabroché el pantalón y pude comprobar el grosor de su verga, bien abultada y gruesa por la excitación, la saqué y comencé a acariciarla de forma suave, pero hacia arriba y abajo, apretándola sobretodo en su parte inferior.

Me tumbó boca arriba en el sofá, metió su cabeza en mi sexo, oliéndome y lamiendo mi monte de venus, su lengua me recorría entera, volviéndome loca, me retorcía de gusto y placer, su lengua acariciaba mis labios vaginales y se introducía en mi vagina, sorbiendo mis jugos y degustándolos.

Durante un rato jugó con mis labios vaginales y mi clítoris, cada vez más abultado y excitado, lo que me producía continuas oleadas de calor y espasmos de placer, hasta que estallé en un fuerte orgasmo, justo cuando estaba emanando más jugos por la corrida, me levantó las piernas y me clavó su polla hasta el fondo.

Yo gocé de gusto, pero le dije que tenía que ponerse protección y, me dijo que estuviese tranquila, y .... disfruta, no tengo enfermedades, mi mujer me mataría comentó, y no pienso soltar mi leche dentro de tu vagina.

Comenzó a embestirme fuertemente una y otra vez, mis piernas le rodeaban y recibía bien sus embestidas, sus testículos contraídos golpeaban mi vulva, una y otra vez, con ritmo y profundidad, y consiguió arrancarme otro fuerte orgasmo. Todo mi cuerpo se convulsionaba, tenía fuertes espasmos que hacía que le apretase mucho más fuerte dentro de mi; él gemía de gusto.

Cuando mis espasmos fueron disminuyendo, sacó su erecta y gruesa polla, se colocó de rodillas en el sofá, y me dijo, ahora puta, veo que te gusta mucho este trozo de carne, así que ya puedes limpiarle tus jugos.

Gustosa me incorporé, me puse de rodillas en el sofá y, me engullí en la boca ese pedazo de miembro, comencé a succionarle, le apretaba con mi boca, la metía hasta la garganta y lamía una y otra vez, le escuchaba gemir.

Me agarró del pelo y ahora me dirigía él, me provocaba muchas veces hasta fatiga de lo profunda que me introducía su verga dentro de mi boca, y me decía, eso es fulana, trágatela, seguro que tu marido está feliz y tranquilo, sin saber lo zorra que es su mujer y, que provoca y se tira al primero que se le cruza en el camino.

Yo sonreía en mi interior, mientras mamaba esa polla como si fuese un helado derritiéndose y me castigarían si dejase caer una sola gota.

Los testículos los tenía bien contraídos por el placer y la excitación y, se los acariciaba, una y otra vez, mientras le introduje un dedo en su trasero, alcanzando lentamente su próstata. La estimulación le daba mucho placer y me agarraba más fuertemente por el pelo con una mano y, me pellizcaba las tetas con la otra mano. Mis pezones estaban duros y erectos y él los trataba como si los quisiese arrancar.

Menuda puta estás hecha, ahora me soltó y, me agarró por las caderas, me giró fuertemente sin que yo pudiese ni si quiera oponerme, me colocó a cuatro patitas pero dándole mis nalgas a él.

Levantó mi falda del todo y, me cacheteó las nalgas hasta hacerlas enrojecer, menuda hembra estás hecha. Uffff.

Sin estimularme acercó la punta de su miembro a mi agujerito que estaba tranquilo, comenzó a apretar y a entrar dentro, al principio estaba cerrado y apretado, dolía un poco.

Pero como buena zorra que soy, me la fui tragando entera, hasta sentir sus testículos golpear mis nalgas. Gemía de gusto.

Con una mano volvió a agarrarme del pelo, y con la otra mano me pellizcaba los pezones y me masajeaba las tetas. Comenzó a embestirme fuertemente.

Entraba y salía una y otra vez, sin llegar a sacar la punta de mi culito, y me la volvía a clavar hasta el fondo, sus bombeos me movían casi sin poder aguantar con mis rodillas tanta fuerza.

Pronto noté cómo le temblaban las piernas, me agarró fuertemente del pelo y su otra mano comenzó a darme cachetazos hasta hacerme enrojecer. Pronto noté cómo soltaba todo su esperma dentro de mi, iba notando cómo se iba vaciando, porque sentía lo caliente y espeso de su líquido.

Tenía tanta cantidad que los pliegues comenzaron a soltar hilitos de semen, cuando su miembro se fue relajando, él la fue sacando y, se separó, sonriendo dijo, ufff, puta cómo te he dejado el culito, bien dilatado y llenito, si tu marido te pilla te va a matar.

Volví a sonreír en mi interior. Me coloqué un pañuelo de papel para evitar que todo se saliese, saqué unas braguitas del bolso de tal forma que sujetase el pañuelito todo el tiempo.

Acabamos la reunión y, cuando salí de allí, me dirigí a la oficina de mi cabrón. Entré, le besé, me quité las bragas, le di el pañuelo de papel todo lleno de semen de otro y me despedí y le dije que al final del día le vendría a buscar.

90% (5/1)
 
Categories: Anal
Posted by MartaMo
2 years ago    Views: 412
Comments (1)
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2 years ago
Excitante al maximo
Mi enhorabuena de nuevo
Eres la mejor escribiendo relatos tórridos