Calles, sombras y unos pocos billetes sobre la mes

Aunque llevaba toda la noche trabajando, el cansancio todavía no se
había hecho notar en mi cuerpo.
Pero también antes era mas joven y las noches se me hacían demasiado
cortas, cuando ahora parece que el reloj no avanza.
Esa noche recuerdo que hacia calor, aunque era raro para su época, lo
normal es que fuera una primavera lluviosa, por el sitio en el que me
encontraba.
En aquella ciudad siempre parecía que llovía, menos cuando nevaba.
Pero en aquel momento era calurosa, si mirabas las casas del barrio
podías ver las ventanas abiertas para dejar pasar el poco de aire que
pudiera correr.

Así que decidí dejar el coche estacionado en el aparcamiento de la
empresa, me despedí de los compañeros y me dirigí a mi casa con la
intención de pararme de camino en algún bar a desayunar.

Demasiado temprano para los bares que daban desayunos y tarde para los
bares que despachaban copas durante la noche.
A mi paso iba encontrado todos y cada uno de ellos cerrados. Ya estaba
pensando en despedirme de mi desayuno cuando recaí en unas tenues
luces que salían de un local en la otra acera.
Aunque su letrero de fuera estaba apagado se veía luz en su interior.

Atravesando la calle, en la oscuridad de la noche, llegue a la puerta
que se abrió sin ningún impedimento.
En su interior tras la barra se encontraba un tipo corpulento, más aun
que yo. Parecía puesto a propósito, como si te dijeran cierra los ojos
y piensa en el dueño de un bar de moteros.
El bar tenía una decoración un tanto extraña, lo primero que me llamó
la atención fue el color de sus paredes, un blanco roto. Que no sabría
distinguir si ese era el color original o había cogido esa tonalidad
con el paso del tiempo, el humo y la suciedad.
Lo segundo que me llamó la atención eran unos reservados al fondo del
local divididos entre si por unas especies de cortinas de terciopelo
rojo y encaje negro que ahora se encontraban completamente descorridas
y dejaban ver unos sillones de piel negra en cada uno de ellos.

No había ni ventanas, ni mesas, ni sillas, solo taburetes dispuestos a
lo largo de la barra, la cual discurría desde practícamele la entrada
por toda la pared de la izquierda hasta rebasar un poco la mitad del
local.
Otra de las cosas que me llamo la atención y que reconocí
inmediatamente, fue un cornetín de órdenes perteneciente al ejército y
que se encontraba colgado en la pared tras el mostrador y sobre la
cabeza del camarero.

En aquel momento había unos pocos clientes aun en el interior, unos
jugando en una maquina de dardos y otro par de ellos sentado en los
taburetes junto a la barra manteniendo algún tipo de conversación
sobre deporte.

Me hacer que al mostrador bajo la atenta y única mirada del camarero?
Y antes de que pudiera decir nada me dijo?
- Solo tienes tiempo para una antes de que cierre.
- De desayuno no hablamos, ¿verdad?.- Respondí yo.
-¿Tu me has visto a mi con pintas de hacer tortitas?, si quieres un
batido y un paquete de patatas, es lo mas parecido que te puedo servir
ahora.
- Vale cojo la indirecta, una cerveza pero al menos que este bien
fría.- Pedí a aquel tipo que no se si quería ser mi amigo o partirme la
geta de un solo puñetazo.

Mientras me tomaba la cerveza abstraído de todo lo que me rodeaba, no
había reparado en la marcha de los dos tipos que se encontraban al
final de la barra hablando.
Y me sorprendí al ver sentada en su lugar a una chica, delgada con el
pelo moreno y largo k le cubría medio rostro. Vestía top cortito y una
faldita con vuelo que le caía por encima de las rodillas ambos de
color blanco y que ahora hacían que las paredes del local resultaran
todavía más oscuras.
También calzaba unos tacones que cualquier armería vendería como armas
de guerra.
Estaba de perfil sentada frente a la barra, por lo que no tuve
impedimento alguno para ver sus abultados pechos. Aquello debió ser el
detonante de todo lo que sucedió posteriormente en el local.
Porque no paso desapercibida tampoco para el resto de clientes que
quedaban en el local, que no eran otros que los que estaban jugando en
la maquina recreativa.
En seguida empezaron a agasajarla con halagos, así como a invitarla a
un par de copas.
Por el acento de la chica descubrí que era extranjera, quizás venezolana.
La cosa parecía que cada vez se estaba poniendo cada vez mas caliente,
algún que otro atrevido empezaba a sobarla y a toquetearla.
Aunque a ella no parecía desagradarle toda aquella atención.
Así que no le di más importancia.
Y terminé mi cerveza que ya había abonado, así que me levante de mi
asiento y cuando me disponía a salir del local, oí que alguien
intentaba captar mi atención.
Por lo que me gire y observe que todos me miraban a mí.
-¿Perdonad queréis algo?,- pregunte.
-¿Que si te apuntas o no?,- me respondió lo que bien podría haber sido
un ser humano tres o cuatro horas antes.
-¿Qué si me apunto a que?.- Si saber si me estaban gastando algún tipo
de broma.
-Pues veras hemos intentado ligar con esta señorita y ella dice que
para no partirnos el corazón a ninguno, dice que prefiere que no
hacerlo, pero que además en el estado que estamos no seriamos capaz ni
de satisfacerla entre todos los que están en el local. Así que le
hemos hecho una apuesta.- Contesto el mismo tipo.
-¿Qué tipo de apuesta? y ¿Qué tengo yo que ver en eso?,- pregunte mas
por educación que por curiosidad.
-Si no somos capaces de satisfacerla entre todos o alguno se retira
sin terminar de correrse, le tenemos que pagar las copas que se ha
tomado y 50 euros por cabeza.
-Pues lo siento pero no contéis conmigo, no es el sitio, ni la hora
mas indicada para hacerlo.- Dando por finalizada la conversación.
Me disponía a marcharme nuevamente, cuando escuche a la chica que se
dirigia a mi.
-Espera. Podrías hacerme un favor entonces. Me dijo.
-¿Qué tipo de favor?, quise saber.
-Que guardes tú el dinero, no me fió de que estos hombres paguen
luego su deuda. Además no te preocupes por el sitio el dueño dice que
cierra el local para nosotros. Me harías ese favor.
La verdad es que no tenía ganas de follar con cinco o seis tíos más,
y encima en medio de aquel local que no había conocido desinféctate
alguno.
Pero me atraía la idea de ver aquellas enormes tetas. Como seguro le
pasaría a más de alguno de los presentes en aquel momento.

Así que acepte quedarme y coger el dinero. Como garantía. El trato era
sencillo
Los cinco tíos deberían complacer a la chica hasta que ella tuviera un
orgasmo, o hasta que los cinco tíos se corrieran con la única
salvedad de que uno de ellos debería hacerlo dentro de ella, con sus
correspondiente protección claro esta.
Si alguno de ellos no se corría, ella ganaba.
Si alguno de ellos se retiraba, ella ganaba.
Si ella no se corría, ella ganaba.

Ni el dueño del establecimiento, ni yo participaríamos, por decisión
propia, aunque nunca supe porque no participo el propietario.

Se cerró la puerta del local, el dueño corrió la cortina de la puerta
y todo comenzó.

La chica se retiró el top por la cabeza dejando sus pechos al descubierto.
Aquello de por si ya merecía pagar los 50 euros por cabeza. Eran una
maravilla de tetas parecían así aun mas grandes que con el top ajustado.

-Que pasa no me vais a tocar las tetas, tan feas son. Mira que me han
costado un buen dinero tenerlas así. Dijo la muchacha riéndose.
Dos de los hombres se acercaron a ella y empezaron a tocarles las
tetas lamiéndoselas y acariciando con sus manos aquellas proezas que
bien merecerían un monumento al cirujano que las hizo.
En seguida la chica les saco sus pollas a esto dos muchachos y empezó
a pajearlos delante de todo el mundo.
Se arrodillo delante de ellos y empezó a lamerles la polla, que no
tardaron en ponerse erectas.
Mientras los otros tres ya se habían desnudado y se acercaban a ella.
La chica arrodillada en el suelo metió su mano por debajo de la falda
y se bajo las bragas, hasta los tobillos.
Y empezó a chupar una tras otra las pollas de los cinco tíos que se
habían puesto a su alrededor.
Cuando llevaban así un rato, uno de ellos cogió a la chica y la
levanto del suelo, sentándola en uno de los taburetes. Retirándole las
bragas que aun tenía enrolladas en sus zapatos de aguja y
depositándolas sobre la barra del bar.
Posteriormente este se arrodilló delante de ella y le levanto la
falda con la intención de comerle el coño.
Pero para sorpresa de todos, lo que allí se encontró fue una enorme
polla, que aun sin estar erecta era más grande que la de alguno de los
que allí la exhibían con tanto entusiasmo.

No pude mantener mucho tiempo mi compostura y comencé a reírme, al
tiempo que los cinco hombres se apartaban de allí rápidamente y se
comenzaban a vestir.

Pasado un minuto y después de que todos se hubieran vestido, la chica
se acerco a mi y riendo extendió la mano con la palma hacia arriba.
-Me das mi dinero por favor.
Claro que entonces fue cuando los hombres se alteraron, diciendo que
no. Que ni se me ocurriera que eso no había sido justo. Que los habían
timado y que no iban a pagar nada.
La chica les dijo, que ella en ningún momento dijera que fuera mujer o
que tuviera coño, que eso lo supusieron ellos.
Así que como vi que era cierto lo que ella decía, decidí entregarle el dinero.
Aunque en ese momento varios de ellos se acercaron a mi y me
increparon, diciendo que si le entregaba el dinero, me iban a dar una
paliza.
A sabiendas de que seguramente así fuera y que me darían la ofertada paliza.
Había dado mi palabra así que entregue el dinero a la chica.
-Ahora vas a pagarlo tu en sangre, capullo. Me dijo uno de ellos.
Y acercando se a mi dos de ellos, se escucho un fuerte golpe detrás de mí
Al girarme vi lo más aterrador, que he visto en mi vida.
El camarero se había quitado la camiseta y mostraba su torso lleno de
cicatrices por cualquier parte donde le miraras. En la mano derecha
portaba un bate de aluminio, con el que había golpeado en la barra de
madera, dejando una marca sobre ella.

Nos miro a todos muy fijamente y solo dijo estas palabras:
-Aquí la única sangre que va a haber, será la de vuestras cabezas
machacadas por mí. Así que si no queréis vestir un traje de madera,
vosotros cinco ya os estáis largando de aquí inmediatamente.

Nunca antes había visto a nadie, antes salir tan rápido de un sitio
como a aquellos cinco tipos.

El camarero nos sirvió unos chupitos para hacer tiempo, dentro del local.
Y pasado unos minutos decidí irme despidiéndome de la chica y de aquel
grandullón.

Semanas mas tarde, y ya con aquella historia aun dándole vueltas en
mi cabeza,
Viajaba en el bus de camino al centro de la ciudad, cuando en una de
las paradas
Subió una chica que no tarde en reconocer. Ni ella a mi tampoco.
En seguida cuando me vio se acerco a mí y me dio las gracias, por lo
de la pasada noche.
Le dije que no tenía importancia alguna. Pero lo que nunca olvidaré
fueron las palabras que me dijo cuando le pregunte como había
terminado la noche.
-Pues la noche, genial. Bebí gratis toda la noche, cobre un buen
dinero y cuando te fuiste me harte de follar hasta la tarde del día
siguiente.
No hizo falta preguntar más, me quedo muy claro a quien se refería.

100% (2/0)
 
Categories: Shemales
Posted by Kraff30
1 year ago    Views: 249
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