Obteniendo Un Aumento: De La Esposa De Mi Jefe

Uno de los beneficios de obtener un divorcio después de casi veinte años de matrimonio era mi nueva libertad. Yo siempre había querido vivir en la ciudad, pero mi esposa era una chica de campo. Durante nuestro matrimonio decidimos vivir en los suburbios. Ahora que estaba soltero de nuevo, tuve la oportunidad de mudarme a la ciudad en la que podría beneficiarme de los bares para solteros y la infinita cantidad de mujeres disponibles. Mi hija se quedó viviendo con mi ex, por lo que no era un problema para mí rentar un piso de soltero de un dormitorio que encontré fácilmente. Yo estaba en mi elemento, otra vez. Y me encantaba cada segundo.

Ya que yo era una persona bastante atlética y estaba en forma a los 45 años de edad, no tenía problemas conociendo y teniendo citas con mujeres más jóvenes. Esto me hizo sentir más vivo de lo que estaba acostumbrado después de años en un matrimonio aburrido. Mi experiencia y contactos en el mundo de los negocios hicieron que fuera fácil para mí conseguir un puesto decente como directivo en una empresa joven y con un prometedor inicio. El propietario era un socio de un viejo amigo mío y me dijo que solo cosas buenas podrían resultar de este trabajo. Todo parecía perfecto y mi vida estaba en el camino correcto.

El trabajo implicaba largas horas laborales al principio. Era en una industria que yo no estaba familiarizado, aunque el trabajo en sí era parecido a lo que yo hacía antes. Mi jefe era el mayor adicto al trabajo que he conocido. Juan parecía que nunca dejaba su oficina. Esta empresa era su bebé y estaba completamente decidido a que funcionara sin importar lo que fuera necesario. Yo era de los que sentía la necesidad de equilibrar entre el trabajo y el juego, una necesidad que él no parecía tener. Por lo que fue un poco sorpresivo cuando un día me propuso que nos reuniéramos una noche para salir en la ciudad. Juan y su esposa, mi nueva novia Joyce y yo.

Nunca me había imaginado que él tenía tiempo para una esposa. Juan era del tipo de persona que ni siquiera se tomaba el tiempo para un almuerzo adecuado, prefería correr alrededor de la oficina con un sándwich colgado en su boca. Juan sugirió que nos encontráramos en la tarde en un bar para un par de tragos y luego nos fuéramos a un encantador Restaurant Italiano que él conocía. Sonaba perfecto. Llame a Joyce y a ella le pareció bien. Le dije que se vistiera casual y que nos veríamos en el bar a las seis.

Juan y yo atamos los últimos cabos sueltos del día y nos dirigimos al bar como estaba previsto. Juan, como de costumbre estaba con su chaqueta y corbata. No recuerdo haberlo visto alguna vez aflojarse su corbata. Yo estaba con mi ropa de trabajo con las mangas de mi camisa arremangadas exponiendo mis antebrazos. A Joyce le gustaba tocar mis antebrazos, me recordaba que todos esos años de ejercicio no fueron en vano.

Juan y yo fuimos los primeros en llegar al bar. Fue un poco antes de las seis. Yo estaba parado en el bar con mi jarra de Guinness, cuando Joyce entró unos minutos más tarde.

- “Veo que no tuviste problemas para encontrar el lugar," le dije mientras ella se acercaba.

- “Oh, he estado aquí antes."

Joyce se veía sexy en su camisa y sus jeans ajustados. La forma en cómo le quedaban los Jeans hacia que resaltara cada una de las curvas de su joven trasero y hermosas piernas. Yo se la presente a Juan. Él me guiño un ojo en aprobación.

- "¿Jugamos una partida de billar mientras esperamos a la esposa de Juan?" Le pregunté.

Realmente sólo quería ver a Joyce inclinándose sobre la mesa de billar en esos jeans ajustados, aunque en verdad si me gustaba el juego. Empezamos a jugar y fácilmente tome la delantera, aunque realmente no me importaba. Yo ganaba más viendo a Joyce inclinándose sobre la mesa de billar mientras yo bebía mi cerveza. Ella casualmente me tocaba el antebrazo después de cada turno.

Después de unos minutos Juan hizo un comentario: "¡Ah, mira quién está aquí."

Sin tener que darme vuelta asumí que la esposa de Juan había llegado. Yo no estaba esperando mucho de ella, me di la vuelta y casi derramo mi cerveza en mis pantalones. Fui recibido por la visión más celestial que había visto en un buen tiempo y había visto unas cuantas en mis años. Al frente de mí se encontraba una belleza de un metro setenta, ojos azules y cabellos rojizos oscuros. Llevaba una camiseta y una falda ajustada. Su lápiz labial hacían juego con sus uñas y sus tacones de punta abierta.

Se presentó como Debbie. Una cantidad de pensamientos inmediatamente corrieron por mi cabeza, ninguno de ellos hubieran ayudado a continuar con mi carrera profesional.

- "¿Puedo jugar contra el ganador?" Preguntó ella.

Su pregunta me hizo feliz de que hubiera pasado una parte importante de mi juventud pasando el tiempo jugando al billar en bares, ya que me encontraba en la delantera en el juego.

- “Claro,” dije sin poder decir mucho más al sentir que la sangre de mi cabeza se iba hacia el sur de mi cuerpo.

Pude sentir una protuberancia suave en mis pantalones mientras mi miembro empezaba a presionar en contra de mi cremallera. Debbie tenía un encanto y un sexto sentido para el estilo, que era demasiado bueno para ser de forma natural. No tenía duda de que practicaba sus movimientos frente al espejo en su casa. Ella era tan buena. Dios sabe que ella tenía suficiente tiempo con Juan ausente en el trabajo por catorce horas al día. Me preguntaba que le pudo haber visto una chica tan maravillosa a alguien como Juan.

Él era un tipo decente, pero parecía que la única vez que levantaba algo era para coger el teléfono en el trabajo. Sin duda, Debbie merecía algo mejor, me dije a mí mismo. No tuve problemas para ganar mi juego con Joyce. Debbie agarró su taco cuando empecé a romper las bolas. Hice un primer tiro impresionante pero no logre introducir ninguna de las bolas. Pensé en algo más que me gustaría introducir. Debbie se inclinó hacia delante para hacer su tiro.

Mientras se doblaba hacia adelante su camisa se deslizo hasta su espalda, dejando ver la parte baja de su espalda. Yo tenía una visión perfecta. Era celestial. Mientras ella se inclinaba hacia adelante sentí ganas de frotar mi palo de billar a lo largo de su trasero perfecto. En realidad, ese no era el único palo que yo quería deslizar a lo largo de su trasero. Cuando terminó su disparo pasó casualmente al frente de mí y me acarició el antebrazo. Yo estaba encantado. Me surgió una erección tan rápida que pensé que era un adolescente viendo el equipo femenino de baloncesto en la secundaria.

Me dije a mí mismo que después de dos meses en el trabajo por fin estaba consiguiendo un aumento. Pero no del jefe, de la esposa del jefe.

Después de beber un par de tragos más, todos tomamos un taxi y nos dirigimos hacia el restaurante. El encanto implacable de Debbie y nuestras miradas casuales no dejaron ninguna duda en mi mente de que ambos estábamos pensando lo mismo. Esta chica era lo suficientemente caliente como para derretir el sol y tenía una sensualidad natural que sin duda estaba reluciendo, después de años de relativo abandono y estar sola durante gran parte de su día. Sólo podía imaginar la cantidad de energía sexual reprimida que esta mujer contenía.

Mi mente pensaba a mil por hora y mi entrepierna palpitaba. Fue difícil para mí resistir a la idea de decirle al taxista que parara en el hotel más cercano para que Debbie y yo pudiéramos acabar con esto. Me gustaría acabar toda la noche. Mi piel sentía como el deseo se iba acumulado en mí. Me sentía como un león a la hora de comer. Dios, mi mente no paraba de pensar.

Finalmente llegamos al restaurante y todos entramos. Debbie me sonreía de vez en cuando. Ella tenía una sonrisa hermosa y perfecta dentadura blanca. Nos sentaron rápidamente en una mesa acogedora para cuatro personas. Yo estaba frente a Debbie. Joyce estaba a mi izquierda, Juan estaba sentado a mi derecha. El camarero se presentó cuando nos entregó nuestros menús. Pedimos una botella de vino tinto y continuamos nuestra conversación. Juan estaba especialmente locuaz. Probablemente no había estado en un ambiente social en bastante tiempo. Joyce era relativamente tranquila y Debbie siguió siendo su sexy y juguetona persona.

Después de un par de copas de un muy buen vino tinto seco, no pude más con mis ganas. Debbie me lanzaba miradas a escondidas mientras jugaba con su cabellera castaño rojizo dejándome claro que ella quería que yo hiciera el primer acercamiento. Realmente me sentía con ganas de tirar las copas de la mesa y tomar a Debbie allí mismo, mientras su marido y Joyce veían. ¿Qué era lo peor que podía pasar, pensé? Siempre me podía mudar a otra ciudad y obtener un trabajo vendiendo periódico o algo así, en el peor de los casos. Yo sabía qué hacer. Casualmente deslice mi pie izquierdo fuera de mi zapato y metí el pie bajo la falda de Debbie. Ella estaba sentada frente a mí por lo que no era un problema.

Ella me dio una mirada asustada al principio, seguido por una gran sonrisa. Recorrí mi dedo gordo del pie a lo largo de su muslo hasta la entrepierna. Empecé a cogérmela con mi dedo muy suavemente al principio, deslizando mi dedo cubierto por el calcetín de arriba a abajo por su raja húmeda. Pude ver por su expresión que estaba disfrutando cada minuto. Mientras yo la cogía con mi dedo por debajo de la mesa mientras su esposo hablaba del precio del petróleo crudo en América del Sur o algo así. Yo masajeaba suavemente su clítoris con mi dedo gordo, mientras acariciaba con mis otros dedos de los pies su sexo. Podía sentir la humedad que impregnaba mi calcetín. Después de unos minutos me detuve. Sentí ganas de tocar mis dedos de los pies con mi mano y llevarla a mi nariz. Tenía tantas ganas de oler el perfume de esta mujer. Pero vacilé.

Después de un momento Debbie se excusó y se levantó para dejar la mesa. Me puse a pensar si debía seguirla pero Juan empezó a hablar conmigo acerca de algo y vacilé. Las palabras de Juan entraron por un oído y salieron por el otro. Podía ver sus labios moverse pero mi mente estaba a un millón de kilómetros de ahí. Miré a Juan con su poco cabello y los brazos delgados y pensé, este bastardo si tiene suerte. Si yo tuviera una esposa como ella, llegaría a casa todas las tardes a las cinco llevándole regalos mientras ella me recibe con los brazos abiertos y las piernas también.

Mientras pensaba en levantarme por décima vez en los últimos cinco minutos, Debbie regresó. Ella se sentó con una sonrisa extra diabólica en su rostro. Traté de no mirarla a pesar de que me moría por hacerlo. Después de un momento sentí algo en mi regazo. Miré hacia abajo pensando que tal vez mi servilleta se me había caído. Eran las pantis de Debbie. Ella había ido al baño para quitársela y ahora las había arrojado debajo de la mesa y en mi regazo. Yo cuidadosamente las desdoble. Me di cuenta de que las había besado justo encima de la mancha de humedad. Traté de no ser obvio mientras que cuidadosamente las guarde en mi servilleta. Oh, yo quería agacharme y olerlas de inmediato. Pero, tenía que tener cuidado. Yo tenía mucho que perder, pero tanto que ganar.

Con mucho cuidado y lo más discretamente posible levante la servilleta que contienen las bragas hasta mi cara. Lo abrí lo suficiente para que Debbie pudiera verme oler las pantis y nadie más. Rápidamente coloque sus pantis debajo de mi nariz y bese el lugar en donde estaba la marca de su lápiz labial en su ropa interior blanca antes de bajar de nuevo la servilleta a mi regazo. Debbie tenía una sonrisa de oreja a oreja en su rostro que habría sido suficiente para darme una erección si no tuviera ya una.

Después de más de vino, la cena y Debbie viéndose tan increíblemente sexy, una vez más decide que tenía que hacer algo. Me excusé de la mesa y salí al vestíbulo. O Debbie me seguía afuera o tendría que tomar el asunto en mis propias manos. Me sentí como un conejo en Viagra después de una cena de ostras. Efectivamente Debbie se presentó cerca de dos minutos más tarde. Cogí su mano y la conduje hacia la puerta sin decir una palabra. Nos metimos en un callejón cerca de una cuadra más abajo, yo rápidamente me deshice del cinturón y deje caer mis pantalones. Mi miembro palpitante saltó a la vida. Había estado esperando este momento las dos últimas horas.

Debbie se inclinó y se lo llevó todo a la boca como una profesional. Mientras movía su lengua por las partes más sensibles justo debajo de la cabeza, casi acabe de inmediato. Ella lo agarró y empezó a acariciarlo de arriba a abajo. Cuando sintió que estaba a punto de disparar mi carga, inmediatamente dejó de acariciar y tiró hacia abajo, apretando el prepucio alrededor de la cabeza. Lo saco de su boca y echó la cabeza hacia atrás, lo que me permitió disparar mi crema caliente en toda su cara y en su hermoso cabello. Yo estaba en éxtasis. Tomé mis dedos y limpie el semen de su bella cara. Ella me lamió los dedos uno por uno en forma lenta y deliberada que de por sí me hubiera hecho acabar si no hubiera disparado mi carga hace un minuto.

- "Déjame limpiarte el pelo," dije mientras sacaba sus pantis de mi bolsillo del pantalón derecho.

Me di cuenta de las marcas de lápiz de labios en mi miembro que eran iguales al lápiz labial en las bragas. Le limpie cuanto pude su cabello con sus pantis y las guarde de nuevo en mi bolsillo.

- "Deberíamos entrar de Nuevo. Yo iré primero. Diré que te vi hablando por teléfono si alguien pregunta,” le dije. Y añadí, "por cierto, creo que es mejor, si esto es todo. Los dos tenemos demasiado que perder."

Ella asintió con la cabeza mientras yo me subía los pantalones y me dirigía de vuelta al restaurante. Cuando llegué a la mesa Juan seguía despotricando sobre el precio de la soya en Lituania o algo así, mientras Joyce fingía estar interesada.

- "¿Has visto a mi esposa?" Juan me pregunto después de que me sentara.

- "Yo la vi junto a la puerta. Yo creo que ella estaba hablando por teléfono," le contesté. Debbie regresó unos minutos más tarde.

-"Mi hermana dice hola," dijo mientras miraba a Juan.

“Wow, ella tiene una hermana," pensé.

Un par de días más tarde yo estaba sentado en mi escritorio. Al final de la tarde sonó el teléfono. Lo cogí y una voz familiar estaba en el otro extremo.

- "Hola," dijo la voz.

- "¿Quieres que te comunique a Juan?" Le pregunté.

- “No, te necesito a ti.”

Una hora más tarde me dirigía hacia la puerta. Mientras me acomodaba las mangas de mi camisa Juan me preguntó: "¿Tienes una gran noche hoy?"

- "Mmmm, algo así." Le contesté.

Salí por la puerta con una sonrisa pícara en la cara.

04-27-09

Traducida para Historias Lush por Mandy – 05-03-11

92% (12/1)
 
Categories: Voyeur
Posted by Exakta66
3 years ago    Views: 1,400
Comments (2)
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2 years ago
Excellent
3 years ago
This is the Spanish translation of "Getting A Raise (From the boss's wife)" btw...