Un desliz y una extorsión ©

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Hace un tiempo atrás tomé un trabajo administrativo temporario en una empresa de salud. Ellos brindaban a sus asociados servicios de médicos y de enfermería a domicilio, incluyendo transporte con ambulancias propias.

Uno de los choferes tenía por costumbre llamar a todos por su apellido, al contrario de los demás que lo hacíamos por nuestros nombres. Exceptuando a los médicos, claro. Desde un primer momento noté que me miraba con cierta lascivia, sin que le prestase mucha atención.

Cada vez que él tenía tiempo libre, pasaba por mi oficinita supuestamente para ayudarme con los papeles o solo para charlar. Así pasó más de un mes sin que hubiera nada raro: Ni actitudes ni comentarios fuera de lugar...nada.

Como dije, mi oficina era pequeña y más de una vez nos habíamos rozado sin querer, pero tampoco significaba algo para mí. Lo que yo no sabía hasta ese momento era que para él si, tanto que en determinado momento lo rocé con mis nalgas al recoger unos papeles. Se acercó a mi oído y me dijo en voz muy baja "Yo no soy de hierro, Snaider" y me miró a los ojos. Tardé unos segundos en darme cuenta de lo que había pasado, le pedí disculpas y le mencioné que no fue mi intención ponerlo en esa situación. "Lástima" dijo y salió sin volver a pasar en toda la tarde.

Ya de noche, acostada en mi cama con mi marido, me vino a la mente ese episodio una y otra vez: El roce, sus palabras, su mirada...y eso me excitaba a pesar de tratar de evitarlo.

Luego de un par de días que no aparecía, Ariel -así se llamaba- fue a llevar unos papeles para que los controlase. Mientras aguardaba, ni siquiera pude mirarlo de frente. Cuando ya se retiraba, no se de donde me salió pero tuve que decirle que yo no lo había echado de ahí, que volviera cuando quisiese. Me sonrió y con un "Bueno" se fue.

Confieso que ese sábado por la noche, mientras hacíamos el amor con mi esposo, no dejaba de fantasear con Ariel y creo que ahí comenzó a existir la posibilidad de acercarme a él en algún momento.Y ya saben, cuando el diablo mete la cola....

Esa semana debíamos reordenar una sarta de papeles que habían trasladado de otra oficina, esenciales para el movimiento de la empresa. No pude saber de quién fue la idea de extender el horario de trabajo para terminar eso, por supuesto que la responsabilidad era mía. Avisé a mi esposo de tal contratiempo y me dediqué a hacerlo lo más rápido posible. ¿Y a quién nombraron para ayudarme? Si, justo: Ariel.

Ya cerca de las once de la noche, alguien trajo comida de la rotisería. Detuvimos el papeleo y nos abalanzamos sobre ella muertos de hambre. No faltaba demasiado para terminar, pero se hacía pesado. Para cuando nos faltaba solo acomodar media docena de cajas, eran más de la medianoche y exceptuándonos, solo quedaban en otra dependencia, cruzando un largo pasillo, el médico de guardia, un enfermero y otro chofer.

No se si lo hice para ver su reacción o porque esperaba mas, solo se que me incliné un poco para depositar una caja sobre las otras y lo rocé nuevamente con mi cola. Pero esta vez no se quedó con las ganas: acercó un poco más sus caderas a las mías. Aún sosteniendo la caja, me quedé inmóvil sintiendo su cuerpo contra el mío, sin palabras, con mi corazón acelerándose por la emoción.

Al fin solté la caja, me erguí apoyándome de espaldas en él. Corrió mis cabellos para dejar lugar a que sus labios se apoyaran en mi nuca, besándomela suavemente y también el lóbulo de mi oreja. Sus brazos me rodearon y tomó mis senos masajeándolos con delicadeza por encima de mi blusa. Incliné mi cabeza para que siguiera lamiendo mi cuello y una de sus manos acarició mi panza, levantándome la ropa.

Giré mi cara hacia la de él. Nuestros labios se encontraron, nuestras lenguas se encontraron. Y su mano en mi panza bajó, bajó, bajó por dentro de mi pollera y mi ropa interior. Y sus dedos y mi humedad se encontraron también. Con su lengua jugando con la mía, con sus dedos jugando con mi clítoris mojado, estiré mi brazo hacia atrás, desprendiendo su cinturón, desabrochando su pantalón...encontrando el calor de su cuerpo, la rigidez de su excitación, que era la mía también...

Sin dejar de acariciarme y besarme, con la otra mano desprendió mi pollera y la dejó caer al suelo, bajando lo más que pudo mi tanga. Mi mano se aferraba a su miembro y como pudo, también bajó su pantalón y su slip. Así como estábamos, yo de espaldas a él, semidesnudos, sin mediar palabras, me incliné un poco hacia adelante entreabriendo mis piernas, apoyándome en las cajas con ambas manos...

Sentía sus dedos y ya era una gloria, pero casi muero de placer al darme cuenta que estaba entrando en mi cuerpo, lentamente. Luego de penetrarme totalmente, sus caderas en vaivén, sacándola, metiéndola, con el compás que yo seguía con las mías me hacía estremecer...Apenas un corto tiempo y ya a punto de explotar, mis gemidos en aumento fueron la clave: Aumentó su velocidad, su fuerza y sus jadeos, cogiéndome sin dejar de estimular mi clítoris...Todo fue un maremágnum de sensaciones, donde se entrelazaban mis gemidos y sus jadeos y experimenté un orgasmo como hacía rato no lo tenía mientras él descargaba toda sus ganas en mi interior, con fuerza, estertóreamente...

Quedamos así unos momentos, disfrutando de la calma después de tamaña tormenta, temblando, percibiendo como escurría en mi entrepierna la mezcla de nuestros jugos, besándonos amablemente, deseando extender el tiempo. Anhelaba tenerlo con su cuerpo desnudo contra el mío también despojada de ropa. Me di vuelta y ya frente a frente, lo tomé del rostro y lo besé, lamiéndole los labios, succionando su lengua como muestra de lo que estaba dispuesta a hacer para motivarlo nuevamente hasta que su vigor pudiera atravesar otra vez los umbrales de mi sexo. Lentamente, descendía con suaves lamiditas por su cuello, su pecho, su panza...

Los vientos de fines de noviembre, anticipo del verano, sacudían los árboles del patio. Justo un instante antes de que pudiera dedicarme a la tarea oral que me propuse, un ruido extraño como de una rama golpeando la puerta me contuvo. Él también lo percibió y estirando su cabeza miró por la ventanita de cristal de la puerta y aunque trató de convencerme de que no había nadie, que fue solo el viento, ya no pude continuar. Solo atiné a arreglar mi ropa, subir la tanga que estaba hasta las rodillas y enfundarme lo más rápido que pude en mi pollera...el miedo a ser descubierta podía más que mi calentura.

Para no dejar las cosas en malos términos, me comprometí a seguir en otro momento en otra parte lo que quedó inconcluso. Frustrado -tanto como yo- salió de la oficina. Por mi parte, reacomodé algunos papeles de mi escritorio, apagué las luces y también me fui hacia el frente del edificio, donde estaban los consultorios y la recepción. Recién ahí me di cuenta que era muy tarde, que tendría que tomar un taxi para regresar a mi casa. Pero nada importaba después de ese momento de placer inesperado.

Dejé las llaves en el lugar de siempre y Ariel salió del consultorio de guardia despidiéndose del médico. Justo cuando yo iba a hacer lo mismo, El Dr. Mazzeo, a quien yo casi ni lo conocía me hizo esperar unos instantes para cortar la comunicación con los de la ambulancia. Amablemente, pero con firmeza, este hombre de unos 55 o 56 años más o menos, me tomó del hombro y guiándome a su consultorio diciendo que tenía que aclarar ciertas cosas importantes. Pensé para mis adentros si no podía esperar a otro momento para eso, pero por lo visto, estaba decidido a continuar.

Me acercó un sillón y con un gesto indicó que me sentara. Lo hice fastidiada por la hora. Apoyado en su escritorio, se cruzó de brazos y me miró fijamente."¿Que sucede, doctor, cual es el problema?", pregunté desconcertada. Levantó su dedo índice hacia los labios en señal de que me quedara callada. Cuando estaba por volver a preguntar, antes de que abriera la boca me espetó "Parece que tuvimos mucho trabajo ahí atrás, ¿no?", a lo que le respondí que si, que era mucho papelerío para ordenar. "Pero se extendió más de la cuenta..." retrucó.

Ni siquiera me dio tiempo a esbozar una respuesta. Me preguntó si sabía de quien fue la idea de que Ariel fuera mi ayudante y yo respondí que seguramente la jefa administrativa. "No, fue de Ariel. El me pidió que hablara con la jefa y cuando le pedí las razones, me dijo que tenía cosas pendientes con vos" dijo sonriendo. Quise explicarle que no había nada pendiente con Ariel, que tampoco el me dijo nada al respecto, pero adelantó su mano y con delicadeza me tapó la boca. "Entonces, lo que pasó hace un rato ahí atrás ¿que fue?", dijo acercando su rostro al mío. Se me congeló la sangre y temblaba como si todo el frío del invierno hubiera caído sobre mí. Había caido en una trampa y era tarde para salir de ella.

"Sabés que sos una mujer deseable", continuó, "Y yo en el lugar de Ariel hubiera hecho lo mismo, pero en este momento estoy a cargo del lugar y mi deber es informar las cosas que pasan...Tu trabajo es temporal y tal vez por eso no te preocupes, pero en tu casa no creo que las cosas vayan bien cuando se entere tu esposo", terminó. Con la cabeza gacha y lágrimas en mis ojos le supliqué que no hiciera eso. Hizo una pausa y luego dijo "Dejame pensar como solucionamos esto, ¿si?" Asentí con la cabeza y no tardó mucho en mencionar que tenía la solución. Estaba por agradecerle, pero me contuvo y señaló la puerta del consultorio: "Podés salir por esa puerta ahora e ir a tu casa. Yo cumplo con mi obligación y redacto un informe...O te quedás aquí, cerrás la puerta con llave y conversando un rato tal vez me convenzas de no hacerlo".

Con la puerta abierta y el picaporte en la mano casi salí corriendo de allí, pero pasó por mi mente la vergüenza que iba a pasar y ni hablar del problema mayúsculo con mi esposo...Dudé un instante, pero lentamente cerré la puerta, corrí el cerrojo y me quedé allí, apoyada, de espaldas sin atinar a moverme. De nuevo sentí que me tomaba por los hombros, indicándome la camilla para que me sentara allí. Me sacó los zapatos y me acomodó boca arriba masajeando mis pies, pidiendo que cerrara los ojos y me relajara.

Sin dejar de masajearme, comenzó a hacer preguntas, como si de una consulta médica real se tratara, solo que todo giraba en torno a mi vida sexual y obviamente, estaba obligada a contestar: Cuando tuve mi primer orgasmo, si fue por masturbación o penetración, con que frecuencia tenia sexo, si me masturbaba habitualmente, si gozaba mucho cuando me hacían sexo oral y cuando yo se lo hacía a otros, si gozaba con mi marido...que se yo cuantas más. Pero sin dejar mis de acariciar mis pies.

Extrañamente, en apenas unos minutos me sentía mucho mas relajada. Aunque entregada sería el término correcto. Fue cuando sus manos recorrían mis piernas hacia mis caderas cuando recién recordé que no me había higienizado, dado el apurón en mi oficina. Frené sus manos y le pedí que me dejara hacerlo. "Así está bien" fue su respuesta. Con una mano desprendió mi pollera y con la otra desabrochaba mi blusa. Luego, con ambas manos me sacó la bombachita y la puso dentro de su maletín -cosa rara, pensé- y sin mas, estiró de mis piernas para colocar mi cola en el borde de la camilla.

Sosteniéndome con sus manos desde los muslos, me los levantó y sentí su lengua en mi vulva, introduciéndola lo mas que podía, luego succionando mi clítoris jugueteando con su lengua también... volviendo a mi vagina, y a mi clítoris...y así por un buen rato. Llegué a olvidar la situación en la que me encontraba, sus caricias orales me trasportaban a ese cielo que conocemos y un segundo antes de que me hiciera volar por los aires, lo detuve tomando su cabeza con mis manos. No porque no me gustara lo que estaba sintiendo, sino porque después de llegar, me iba a costar mucho más completar mi "soborno".

Descendí de la camilla y me arrodillé en el piso para bajar su ambo elastizado. Por debajo del boxer se notaba su tremenda erección y una manchita húmeda de líquido preseminal ya estaba pintada en el. Mientras iba bajándoselos, lamía sus primero jugos sin siquiera agarrarlo al momento siguiente estaba subido a la camilla, boca arriba, pero cuando me puse a un lado y me dispuse a devorar su pedazo, me pidió que subiera, invertida. Apenas cerca de su cara, la acariciaba con mis suaves vellos púbicos con movimientos circulares de mis caderas...Cuando metí su verga en mi boca, el me apretó y la suya se confundió con mi concha, fregaba mi clítoris contra su lengua, su mentón y su barba mal afeitada me producía una sensación de placer mayor.

Instantes maravillosos, mis caderas enloquecidas y cogiéndolo con mi boca y mis manos...Mientras mi orgasmo me hacía retorcer de éxtasis, todo su semen desembocó en mi paladar y lo fui tragando de a poco, con cada estertor suyo y mío hasta dejarlo seco, sin desperdiciar nada...Así, embelezados, agitados, conformados ambos estábamos cuando oímos el ruido de un motor en el garaje...los muchachos de la ambulancia habían regresado...y nosotros terminado justo a tiempo. Nos besamos con las bocas aun impregnadas, sin tiempo para preguntas. Solo vestirnos lo más rápido posible.

"Mi" doctor tuvo un último gesto amable: Le pidió al chofer de la ambulancia que me acercara a mi casa, dada la hora podía hacer una excepción, dijo. Y ya en camino, al muchacho que manejaba el vehículo se le ocurrió decir que los jefes se abusaban con mis horarios por ser nueva y además solo temporal. ."Así es", dije, "Pero como me gusta mi trabajo, disfruto mucho haciéndolo...y esta noche disfruté, te lo aseguro". Y me reí a carcajadas por dentro...
100% (17/0)
 
Categories: Mature
Posted by AnaLu
1 year ago    Views: 474
Comments (12)
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8 months ago
Muy bueno Ana.
1 year ago
Sos una mina! Si esta historia es real, esta fabulosamente contada. Si no lo es, hay que agregarle una gran fantasia literaria. Felicitaciones! Olga esta pensando poner en practica algunas de tus historias eroticas.
1 year ago
Hmmm... Excelente relato... Me la dejaste durísima...
nicolas1981
retired
1 year ago
Aplausos!!
1 year ago
simplemente EXCELENTE!!!!!!!!!!
1 year ago
Buena!!!
1 year ago
Muy buen relato, lo leo y se me para.
La próxima pedile al segundo chofer que te muestre el interior de la ambulancia...
equisciente
retired
1 year ago
¿Qué dieron a cambio «algunos» para considerarse con tales derechos? No te inquietes por esos pensamientos y haz lo que quieras o lo que debas. Y gracias por dejarnos disfrutar de —valga la redundancia— los frutos.
1 year ago
Es seguro que mi relato carece de la calida literaria que algunos esperanai Mas como no me la doy de escritora no me soliviantan la opiniones negativas. Eso si: Al hacerlo en primera persona, no peco por desconocimientos equiscientes...Gracias por apreciar mi esfuerzo.
equisciente
retired
1 year ago
¡Qué descubrimiento! Una historia muy excitante, compleja y bien narrada. Gracias por compartirla.
1 year ago
Como todas tus historias, muy buena y muy exitante, por no decir quqe me dajás calentito....(nada mejor llerlas mientras por otra ventana estar viendo tus fotos. Se que soy reiterativo pero sos hermosa y tus cuentos revelan que por dentro también!!!!
1 year ago
increible historia, se me levanto todo