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Mi Madrasta

... , y empezó a darme
nalgadas fuertes, estiraba mi pelo y me dolía.
Mi culo sangraba un poco, estaba adolorido como
la ... directamente, ella solo
esperó el momento, besó mis labios, mi rostro, mis
senos. Cerré mis ojos suspirando y deseando más.
... ... Continue»
Posted by lupitarichaud 2 years ago  |  Categories: Anal, Group Sex, Taboo  |  Views: 865  |  
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Se lo meti ala hijastras de mi tia,osea mi primast

Todo comenso hase tiempo atras mi tia se habia puesto a vivir con un amigo de ella el cual tiene dos hijas del matrimonio anterior,la mayor que para ese tiempo tenia 19 a~os era la mas apegada a El y siempre lo buscaba.En todas las fiestas que se celebraban ella era la unica que asistia y continuamente estaba junto asu padre,lo que yo note un poco pasado de la raya.
En una ocasion que se celebraba un cumpla~os de mi tia yo note algo raro entre ellos,aparentemente ella habia bebido un poco mas de lo debido y la notaba que se esmeraba por estar junto asu padre,cuando bailaban siempre era musica suave tipo bolero y se apartaban para los lugares en que nose viera muy bien.Yo note esos roses raros mientras bailaban y estube pendiente toda la noche hasta salieron fuera del local y logre verlos tocandose mutuamente.Continue estando pendiente dela stuacion hasta que se ocultaron entre la vegetacion y hay fue que vi lo que me estaba imaginando toda la noche,ella estaba arodillada y le estaba mamado el pene asu padre.Yo me acerque lo mas que pude sin acer ningun ruido entre la vegetacion para verlos en su pasion,El se estremesia y balanceaba su cabeza asia atras y asia delante mirandola mientras Ella se tragaba su pene hasta lo mas que podia,yo ya estaba exitado y me saque el pene para masturbarme por lo que estaba viendo.Asi estuviero un rato hasta que a El sele salio un gemido al venirse en su boca pero ella continuaba chupando su pene haste que su ereccion termino,se levanto del suelo giro dandole la espalda a El mientras ala misma vez se subia el vestido hasta la cintura.Inmediatamente pude ver aquel tanguita color lila el cual acabo de pararme mas mi pene,ella empeso frotar sus nalgas con el pene el cual no estaba erecto por la reciente mamada que le habia dado ella,pero seguia estrujando sus nalgas contra aquel pedazo de carne mongo.yo no podia escuchar lo que hablaban pero pero note que ella queria que la penetrara pero a El no se le paraba y yo sufriendo cerca de ellos con mi tranca que queria romperse.Ella volvio y se arrodillo para volver a chupar su pene pero no consiguio pararlo permanesia mongo y asi estubo un rato y nada,entonces se volvio a parar delante de El,levanto una pierna y cojio el pene monto y empeso a frotarlo en raja por encima del tanguita lila,asi estuvo ella hasta que note que se estava viniendo en eso yo acelere mi masturbacion hasta que logre venirme viendola a ella agitada frotando su chocha con aquel pene mongo.
Ella se areglo el vestido y se areglo el pelo mientras El guardaba su pene mongo y continuaron el camino de regreso ala fiesta,pero sucedio que cuando pasaron cerca de mi Ella miro asia donde yo estaba y me vio pero no comento nada solo me miro.Yo los deje retirarse y segui el camino guardando distancia asia la fiesta tambien,ya en la fiesta todo continuo igual ellos seguian bailando bien pegados cuando podian y en lo mas oscuro que pudieran,pero yo note que cuando yo la miraba,Ella permanecia mirandome y subia sus ejas,yo no aguante mas y me le acerque cuando pude en la barra y la volvi a saludar y le dige;Todo bien? y Ella me respondio;pudo ser mejor no cres?,y me dio una somrisa leve,yo le dige que me gustaria bailar con Ella y asintio con la cabeza que si.La lleve al centro del salon y al momento las demas parejas nos rodearon quedamos en el centro de todos,alli entre mis brasos la aprete un poco y ella metio su muslo entre mis piernas y sintio mi ereccion.Entonces en mi oido me dijo;Te gusto lo vistes afuera?,yo me ise el estupido y le dije;Que? y ella contesto,por favor no te agas tu nos viste mientras estabamos afuera mi papa y yo,yo sonrei yle dige;si pude ver algo,y ella respondio;que tu cres de lo que vistes aya?se nota aya bajo que te gusto y yo le conteste;cada cual sabe lo que ace y si me gusto ademas de imprecionarme.Asi seguimos hablando del suceso mientras bailabamos,pero yo seguia con mi pene loco por salir de mi pantalon,seguia apretandola asia mi y ella mas media su muslo asia mi pene y me comento;parece que te gusto y yo le dijo solo no me gusta sino tanbien me tienes loco y nos sonreimos.La misica termino y nos retiramos,asi estubimos el resto de la noche mirandonos y dandonos sonrisas,en una ocasion en una servilleta le escribi una nota diciendole.que me encantaron sus tanguitas lilas con mi numero de celular y luego que leyo la nota me miro y me tiro un lebe beso.
Ya era era aproximadamente como las 2am y la fiesta estaba por acabar,pero yo seguia mirandola a ella todo lo mas que podia.Sucedio que ya habi acabado todo y me retire camino a mi casa y ella se marcho con su padre y su madrasta mi tia,pero de repente sono el celular era ella estaba llamando de la cas ,le conteste y me dijo;hola denuevo,te estoy m*****ando y yo le conteste que no que me alegraba oirla,entonces me dijo,estube pensando en el camino en tu nota,deverdad que te gusto mi tanguita y rapido yo le conteste que me encantaron y que eran muy bonitas ademas de quedarle muy bien pero que no pude apreciarlas bien por la distancia,ella me contesto,te gustaria verlas? yo le dije;eso seria maravilloso para mi y que ya me estaba exitando al oirla hablarme,me contesta ella;pues ven te voy esperar en la esquina voy a salir por la puerta tracera de la casa.yo le conteste;si voy lo mas rapido que pueda.y asi fue tome mi auto y parecia que conducia un jet.
Al llegar ala esquina ya ella estaba esperandome,se subio y yo aranque lo mas rapido que pude asia un motel mas cercano,pero mientras solo nos miramos y reiamos,ella se aserco ami y yo empese a tocar sus muslos con una mano mientras conducia,ella tambien empeso a tocar entre mis piernas asta llegar ami bulto y me dijo;en la manos se siente mejor que con mi pierna,yo le respondo;asi me tienes desde que te vi entre la vegetacion con tu padre.Continuiamos hablando de la fiesta mientras nos tocabamos como podiamos,el camino se me asia largo y rogaba por llegar.Llegamos al motel y apague mi auto,ella rapidamente saco mi pene del antalon y empeso achuparlo sin bajarnos del auto,asi estubimos varios minutos hasta que nos saco de la exitacion el sonido de la puerta del empleado que cobra la caba~a,sali el auto para pagar mientras ella entro adentro.
Cuando entre ala caba~a no pude creerlo ella estaba conpletamente desnuda con solo la tanguita lila que le habia visto antes,no pude resistir y entre bricos y enredo me quite la camisa y el pantalon,me acerque a ella para besarnos asi estubimos mezclando nuestras salibas y mordiendo nuestros labios hasta que me dijo,quieres mi tanguita?yo no le conteste y solo la mire nuevamente la recoste de la cama baje mi boca asia el medio de sus piernas y empese a chupar la tanguita ala misma vez que su chocho,segui mordiendo los lavios carnoso de su entre pierna ,sentia que se retorcia y pegaba su sexo a mi boca,con sus manos empujaba mi cabesa asia su chocho mojado de plaser diciendo;asi,asi,asi muerde duro,jala,yo me calentaba mas al oirla,entonces note que ella en su gozo estaba tratando de cojer mi pene y la ayude me acomede para forma el 69.Eso fue maravillo setirla decir;si,si empujamela toda dentro de mi boca,yo obedeci y meti todo lo que pude mientras chupaba y pasaba su lengua cuando lo sacaba de su boca.Asi estubimos comiendonos de plaser por un buen rato,yo empese a quitarle el tanguita que ya estaba todo mojado con sus liquidos y mi saliba mientras trataba de meterme todo su chocho en mi boca lo cual no podia,ella me dice;me lo quieres meter?,yo le conteste;lo mas pronto que pueda mi amor,no acabe de decir eso senti que brico de la cama y fue asia su cartera,de ella saco un consolar y me dijo;esto es paras que me ayude,inmediatamente se coloco encima de mi pues yo estaba boca arriba,me cojio el pene lo chupo mientras se pasaba el consolador por so chocho y deves en cuando lo pasaba por mi pene y su boca lo cual me volvia mas exitado.ella se acomoda y me dice;esto te vca agustar mira,rapidamente introdujo el consolador en su chocho y me chupo mi pene mientras gemia y jugaba con el consolador casi todo dentro de ella.De pronto dejo de chupar mi pene dejandolo totalmente lleno de saliba y asi se acomdo encima de mi con el consolador enterado en su chocha conpletamente,entonces cojio mi pene y se lo llevo a su culo y empeso a meterlo lo cual me volvio loco,yo empese a dar envestidas y ella se dejo caer para que le entrara conpletamente mientras gemia y gritaba de plaser diciendome;si metemelo todo ,dale si,dale por favor,y yo seguia dando embestidas todo lo qoe podia,sentia como dentro de su culo me apretaba mi pene era muy rico.Era maravilloso estar dandole aquel culo tan lindo,sentia la vibracion del consolador en mi pene y era algo muy rico,algunas veces tuve que sacarselo para no venirme mientras ella me reclamaba que no se lo sacara que le diera rapido y fuerte y asi lo ise,ella se clavaba comoun loca,se retorsia de placer al igual que yo sintiento aqueya vibracion en mi pene.Le mordia los pesones suvemente y me decia;por favor un poco mas duro siii,y yo mas me exitaba lo que me estaba pasando jamas lo imagine que ella misma se clavara por el culo,yo lo habia esperimentado antes pero con las otras tenia que pedirlo y rogarle para que me dejaran clavar su culo.Pero esta no.ella mismo me lo brido hasta saciarme de plaser inmenso.Cada vez que lo sacaba por que sentia que me venie,ella no queria y cojia mi pene y lo metia lo mas rapido que podia mientras seguia gimiendo de placer,varias veces senti que se venia y me mojaba mi pene pero no sacaba ni mi pene de su culo ni el consolador de su chocha,trate de aguantar todo lo que pude pero le dije que tenia que venirme y se unio ami corriendose al mismo tiempo que yo.Asi estubimos un rato ella habia sacado el consolador de su chocha pero no mi pene de su culo y se recosto sobre mi pech,yo le comente que me habia hecho muy feliz que me tenia loco,y ella me contesto,que no ubiera imaginado que hiba a tener sexo con migo pero que fue muy buen.
La conversacion siguio de varios temas hasta que me comento de su padre diciendome;lo que viste que sucedio entre mi padre y yo espero que no lo tomes a mal,pero El y yo lo tenemos sexo desde que cumpli 15 a~os,mi madre trabajaba de noche era enfermera y cuando abia noches de lluvia y truenos ami me daba miedo y corria asia el cuarto de mis padres para acostarme con ellos,pero una noche llovio fuerte y mi madre estaba trabajando y yo corri uyendole alos ruidos de los trueno y me acoste junto ami padre,asi estuvimos por un rato hasta que yo me acerque y me acomode quedando mi tracero entre sus piernas tocando el area de su pene,yo estaba un poco exitada pues en la escuela habia oido hablar amis amigas del sexo y abia visto de sexo en fotos de revistas,pero no sabia nada en concreto.Solo que sentir aquel paquete en mi tracero me gustaba y empese a tratar de rosarlo lo mas que podia,mi padre me sintio pero entredormido empeso aempujar su bultoasis mi tracero y a tocarme la espalda asta llevar amis tetitas,fue algo electrico sentir sus dedos en mis pesoncitos,asi entre dormidos y despiento yo lleve mimano atras para tocar aquel bulto que me estaba frotanto mi tracero y al sentirlo por encima de la ropa interior fue tanto mi intriga que lo logre sacar un poco y setin el calor en mi mano pero se estaba endureciendo.jugue un poco con el hasta que senti que mi padre se endereso y me dijo ;Que aces?,yo le conteste;nada padre,solo queria ver,El se me quedo mirandome y mis tetitas se podia ver por entre la blusa.Y me dijo,Esto no puede estar pasando yo crei que era tu madre,disculpame por favor,yo le conteste;padre no se angustie no fue nada,pero el sigui y me decia;por favor no le comentes de esto a nadie,ni a tu hermana,yo le conteste;no se preocupe que nadie va saber de lo que no paso.El se recosto y yo mevolvi a recostar y no hablamos mas del asunto.Pero yo siempre que llovia y tronaba corria al cuarto de mis padres a pasar el miedo a los truenos pero siempre desde ese momento si estaba mi madre me acomodava entre los dos y le acomodava ami padre mi tracero entre sus piernas para rosar su bulto y me tocara como pudiera.Y asi empeso todo poco a poco cuando mi madre trabaja me cambiaba al cuarto de mis padres para dormir con El hasta que llego el momento que me no pudimos mas y tubimos nuestra primera relacion sexual entre los dos.Nos hemos cuidado muy bien y tu solamente nos has visto y todo fue por mi culpa creo que bebi demaciado en la fiesta y queria sexo,el cual tu meas dado.
Ha todo eso mientras Ella me contaba su historia ya yo estaba exitado y estabamos los dos rosando nuestros cuerpo lo mas que podiamos,Ella me pregunto,si queria mas,y yo le conteste diciendo si mi amor y espero que no sea la ultima vez.No acabe yo de contestarle y ya Ella estaba chupando mi pene ya erecto y lista para clavar,chupama y volvia loco mientras cuando sacaba mi pene de su boca me decia;ahora lo vamos hacer al reves,quiero que te vengas en mi boca y yo de placer le dige;siiii,lo que tu quierassss.Me acomode y la puse en cuatro con su lindo culo asi mis,me baje y chupe su culo,su chocho,sus nalgas,su espalda y todo lo que podia,mientras ella tomo el consolador y se lo metio en el culo fasilmente pues ya yo selo habia mojado mientras se lo lamia y chupava.Vi como aquel pedazo de plastico se metio por aquel rico culo que anteriormente me habia casado mi leche.Ella se lo metia y lo sacaba en su culo hasta la mitad mientras yo miraba esas clavadas me masturbaba ricamente.entonces me dice;clavame la chocha porfavor,lo quiero completo adentro de mi,rapidamente la clave hasta las bolas fue rica Ella grito al sentir la penetracion de mi pene en su interior,continue enterando mi pene y sintiendo la vibracion del consolador que estaba en su culo y me ponia de mil maravillas,entonces senti que ella se estaba viniendo y me decia que se la hechara en la boca que la queria tragar,rapidamente saque mi pene desu interior y busque su boca para vaciarme dentro de ella.Ella continuaba chupandome y sacando toda mi leche de mi pene mientras seguia metiendose el consolador como una loca.Aquella noche fue la primera de muchas,si yo no hiba a casa de mi tia para verla,ell venia a mi casa y nos agoabamos de pasion.Todavia ella esta con su padre y con migo,ns vemos en las fiestas de la familia y acordamos encuentros y aunque yo estoy casado algunas veces tambien me llama para que le termine lo que El no le satisfase y yo busco la forma de llegar al lugar donde este para sasiar su deseos.Esa es la historia de mi primastra.... Continue»
Posted by meteyuca 4 months ago  |  Categories: Anal, Voyeur, First Time  |  Views: 2987  |  
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A Madrasta

Me chamo Lucas, tenho 20 anos, alto, com 1m88, cabelo preto curto, porém cheio, pele parda e barba por fazer. Sou filho único, há uns meses morava com uma madrasta chamada Mari. Ela, com seus 30 anos, cabelos cacheados de cor castanho escuro, 1m67, era gordinha, tinha seios fartos e um belo bumbum grande, pele branca que ficava avermelhada em contato com o Sol. Ela cuidava muito bem de mim, sempre se esforçando ao máximo para que eu não reclamasse dela para o meu pai. Meu pai não ficava muito com a gente, pois trabalhava bastante, então ficávamos apenas eu e essa minha madrasta sozinhos em casa, o que me deixava bem tenso, porque eu sentia uma certa atração por ela, a via trocar de roupa de vez em quando, acreditava que ela fizesse de propósito apenas para me provocar, mas achava que também pudesse ser o jeito dela, até porquê eu não mostrava me importar muito com sua presença na casa.


Eu trabalhava de tarde, o que a deixava bem animada. Bom, pelo menos é o que eu acho, pois sempre que ia sair trabalhar ela sempre brincava com a frase: "Nossa, até que enfim, chegou melhor parte do meu dia!". Até aí eu achava que era só brincadeira dela, mas após ter saído cedo do trabalho pude entender bem o porquê:

Entrei na casa e escutei o chuveiro ligado, me aproximo do banheiro e vejo a porta entre-aberta, olho pela brecha e a vejo tomando um delicioso banho quente, esfregando suavemente cada parte de seu corpo, até se debruçar vagarosamente na parede, colocar sua mão entre as pernas bem fechadas e começar a se masturbar, curvada, deixando com que a água quente caísse sobre seu bumbum, acho que isso a deixava bem mais excitada. Eu a olhava fixamente, sem acreditar que aquilo realmente estava acontecendo, realmente aquilo me deixou muito excitado, mas então ela vira o rosto para o espelho e vê que eu estava a espionando.

-Ãh, Lucas?!

Eu, meio sem jeito, fecho a porta rapidamente e vou correndo para o meu quarto, me tranco lá, com medo de que ela se chateasse comigo ou até brigasse também. Horas se passam e eu só ficava com mais medo ainda, achando que ela nunca mais iria falar comigo, ou que ela simplesmente fosse embora de casa. Até que escuto uma batida na porta do meu quarto, era ela batendo, de cabeça abaixa, abro a porta e sem esperar que ela dissesse alguma coisa já saio me desculpando.

-Me desculpa, por favor! Não fique brava comigo, não vai acontecer de novo eu prometo!

Então ela me agarra fortemente e me abraça, deitando minha cabeça sobre seus seios.

-Está tudo bem, não precisa se desculpar. Eu entendo você...

Eu, meio impressionado com a reação e as palavras dela fiquei confuso, mas ao mesmo tempo aliviado pela sua atitude. E me acariciando, ela disse:

-Tenho que confessar que gostei de ver você me olhando... sempre achei que por ser gordinha, nunca pudesse excitar alguém mais jovem.

Ela estava usando uma camisola rosa meio transparente, só de calcinha por baixo, conseguia ver a marca do bico de seus seios bem realçados no tecido. Sentia naquele abraço sua pele lisa, a maciez de seus seios espremidos contra o meu corpo, não consegui evitar a ereção instantânea. ela sente o volume e então segura meu rosto e me olha fixamente.

- Acho que estou fazendo isso com você né?

Então ela olha pra mim e sorri, me faz sentar em minha cama e ajoelha na minha frente. Desbotoou minha bermuda e começou a puxar para tirá-la de mim enquanto dizia:

- Sabe, Desses tempos pra cá, eu comecei a gostar de fazer as coisas pra você Lucas. E como seu pai quase nunca está comigo, acabei me apegando mais a você.

Vendo meu pênis já bem ereto em sua frente, ela o segura levemente com uma das mãos, passa a língua partindo da base até o topo, olha pra mim e completa:

- É por isso que você me viu fazendo aquilo.

Nesse momento ela simplesmente fecha os olhos e enfia meu pênis inteiramente em sua boca apoiando as duas mãos em minha barriga, eu conseguia sentir sua respiração ofegante passando em minhas pernas. Eu não sabia o que fazer, simplesmente não acreditava que aquilo estava acontecendo. Ela continuava chupando, enfiando ele todo em sua boca e tirando, sem usar as mãos, tirava-o de sua boca, o olhava, lambia a ponta e o enfiava novamente boca a dentro.

Me inclinei pra trás apoiando na cama com as mãos, fechei os olhos levantando a cabeça, parecia a melhor sensação do mundo, eu podia sentir sua língua mexendo nele quando ele estava todo dentro de sua boca, sentia seu lábio inferior encostando em meus testículos, pedi para ela chupar com um pouco mais de força, e ela o fez, desceu com a lambendo meu pau até chegar no saco e então o chupou, colocando as duas bolas dentro de sua boca, as puxando e soltando até o limite, já sentia meu pênis completamente molhado com sua saliva.

Ela então parou, olhou para ele mordendo os lábios depois olhou para mim com a mesma expressão, levantou-se, virou de costas e sentou em cima dele ainda de calcinha para esfregar nele com aquela linda bunda grande, apoiou as mãos em minhas coxas e começou a fazer movimentos pra frente e pra trás, roçando sua calcinha, que eu pude sentir que já estava bem molhada. Olhava para mim de costas, reparando que eu estava com o olhar bem fixo em sua bunda. Não pude resistir, coloquei minhas duas mãos naquele rabo grande e comecei a apertar levemente.

E com uma das mãos ela coloca a calcinha pro lado e enfia meu pau pra dentro de sua buceta, começava com movimentos leves e depois ia aumentando o ritmo, eu sentia sua xota espremer meu pênis todo por dentro dela, parecia estar sendo sugado, sentia ela toda molhada espirrando a cada sentada que ela dava em mim.

E ela já, louca de desejo, apertava minhas coxas enquanto ia quicando, segurava minhas mãos e as direcionava até seus seios fartos, fazendo eu apertá-los, colocava seu dedo indicador na boca e mordia, gemendo de uma forma que me deixava mais louco ainda. Eu estava muito ofegante, aquilo me dava cada vez mais vontade de gozar e eu não conseguia aguentar mais.

-Vou gozar...

-Aham... goza dentro de mim, quero sentir sua porra!

Ela gemia cada vez mais alto, e pedia meu esperma dentro dela.

-Me enche de porra vai! Quero sentir tudo dentro de mim!

Começo a gozar, sentindo um grande jato de esperma saindo do meu pau, encobertando e transbordando sua buceta apertada, sentia a porra escorrer pelo meu saco. Então ainda penetrado, ela se vira e deita por cima de mim, beijando e alisando meu peito até chegar o meu rosto dando um selinho. Ficamos assim por um tempo até ela começar a quicar em mim de novo e partir para um "2º round". Depois desse dia, passamos a dormir juntos algumas noites em que ela ficava sozinha.... Continue»
Posted by lord_20 1 year ago  |  Categories: Mature  |  Views: 150  |  
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Mi Cuñada...

Eran las 10:30 de la noche y comenzaba a desesperar porque mi esposa no aparecía y el frío arreciaba. Había quedado muy formal de pasar por mí a las 10:00 a mi oficina para ir a bailar en compañía de una pareja de amigos suyos en un nuevo antro en la Zona Rosa de la Ciudad de México.


Tuve que salir de mi oficina a las 10:00 porque siendo viernes el edificio lo cierran a esa hora, así es que de plano estaba en plena calle, con el frío entumeciendo mis manos y con un creciente enojo reflejado en mi rostro.


El plan inicial era ir a cenar en algún lugar en la Condesa o en la Roma y esperar mientras Claudia y Arturo llegaban y después ir a bailar salsa hasta la mad**gada. Tal plan no me emocionaba demasiado, porque la idea de ir a bailar de por si no me gusta, y si encima es en compañía de amigos de mi esposa, pues es aún menos interesante; sin embargo, ella insistió tanto que no pude negarme.


A las 10:45, cuando estaba a punto de tomar un taxi para ir a mi casa, pude observar el auto de mi esposa acercándose a lo lejos, y percibí entonces lo que consideré en ese momento sería la gota que derramaría el vaso (cuan equivocado estaba): mi cuñada, hermana mayor de mi esposa y a sus 28 años aún soltera y sin visos de matrimonio en el corto plazo, venía cómodamente sentada al lado de mi esposa; esperé ilusamente que en el asiento trasero viniera algún amigo para hacerle compañía, ya que de lo contrario mi esposa pasaría la noche preocupada por que su hermanita estaría sentada sola o bailando con un desconocido; y su sentimiento de culpa acabaría por arruinar la noche.


Cuando el auto se estacionó frente a mí asomé mi cabeza al asiento trasero y como me lo temía, estaba vacío. Mi esposa notó inmediatamente mi m*****ia, y con la mejor de sus sonrisas me dijo:


- ¡Mira quien vino!, me tardé por que esperé a que Gaby se preparara y se pusiera muy bonita para acompañarnos.


Sonreí, pero mi sonrisa se hizo más real cuando saludé a mi cuñada metiendo la mitad de mi cuerpo por la ventanilla abierta y noté que iba vestida como nunca la había visto, ni siquiera imaginado.


Gaby es una mujer de 28 años, delgada y de estatura media, muy deportista y muy tímida, siempre vestida con ropa holgada que no muestra nada y no deja nada a la imaginación, porque con esa ropa no te puedes imaginar nada; se la pasa horas en el gimnasio, corriendo, o haciendo ejercicio en su casa; casi no tiene amistades, va de su casa al trabajo, del trabajo al gimnasio o a correr y de regreso a su casa. Desde que me casé con mi esposa no le he conocido un solo novio o amigo, había llegado a pensar incluso que era lesbiana.


Esa noche, descubrí en ella, un cuerpo de mujer increíble, por primera vez libre de su ropa masculina. Llevaba puesta una blusa negra semi-transparente con un marcado escote hacia el frente, por primera vez conocía el color de su pecho: un moreno apiñonado que iba muy bien con sus ojos. Sus senos, del tamaño exacto para poderlos besar y amasar a placer, desafiaban la gravedad, no se si era por el tipo de brassiere que llevaba o por el suave calor que lentamente iba creciendo en mi cuerpo, me parecieron perfectos, pude ver únicamente el contorno superior, que brillaba tímidamente tal vez por la aplicación del algún maquillaje. Llevaba también una minifalda del mismo color, que dejaba al descubierto sus largas y bien torneadas piernas; mi mirada agradeció las horas entregadas en el gimnasio y en la pista de carrera, porque se podía notar el trabajo intenso que realizaban todos los días.


En tono suplicante Gaby me dijo:


- No te enojes cuñis, me voy a portar muy bien.


Al pronunciar estas palabras me sacó de mis profundas cavilaciones y me hizo retirar la mirada de sus deliciosas piernas, levanté la mirada y por la vergüenza de haber sido descubierto, eché el cuerpo hacia atrás, golpeándome la cabeza muy fuerte; las dos estallaron en carcajadas.


Mi esposa le pidió a Gaby que se pasara al asiento trasero para que pudiera sentarme en su lugar, inmediatamente ella abrió la puerta y yo me hice a un lado para dejarla pasar, y fue entonces que me hizo el que pensé sería el más grande regalo de la noche: al bajar pude ver su esbelta figura en toda su magnitud: su cabello largo recogido dejaba ver sus delgados hombros en plenitud, la caída de su delgada blusa permitía casi sentir sus pechos, noté entonces que la blusa le llegaba justo a la altura del ombligo, y éste se asomaba coqueto por entre las telas; su minifalda ya no me parecía tan corta, estaba justo por arriba de sus rodillas; cuando caminó a la puerta trasera pude ver su increíblemente redondo y duro trasero, que se levantaba imponente por debajo de la ropa.


Abrí la puerta trasera y cuando subió tuve que hacer un enorme esfuerzo para no asomarme un poco y ver que escondía debajo de su falda, ya que mi esposa podría m*****arse.


Al subir al auto, mi esposa me sacó de mi incipiente calentura al decirme que sus amigos venían tarde, por lo que tendríamos que esperarlos un poco más. Les dije entonces que fuéramos a un pequeño restaurante cercano, muy bien iluminado (no quería perder detalle del recientemente descubierto cuerpo de mi cuñada); ellas accedieron y allá nos dirigimos.


Al llegar al lugar bajé rápidamente del auto y abrí la puerta de mi esposa (no quería que se sintiera desplazada); mientras tanto un Valet Parking se daba el agasajo visual de su vida al abrir la puerta a mi cuñada y ayudarla a bajar, cuando le entregué las llaves, mi mirada revelaba mi m*****ia y mi esposa me preguntó:


- ¿Porqué te has m*****ado?


A lo que respondí un tanto apenado:


- Lo que sucede este tipo vio a Gaby de una manera muy lasciva (igual que yo hacía no menos de 15 minutos antes)


Ella desaprobó la actitud del conductor y sonrió (yo era su héroe), mientras que para mi sorpresa, mi cuñada me tomó muy fuerte del brazo diciéndome al oído:
- Muchas gracias, creo que no estoy acostumbrada a esta ropa y de pronto puedo enseñar de más.


Sonreí y le dije arriesgándome un poco:


- No te preocupes Gaby, luces espectacular y en cierta forma entiendo a este muchacho que al verte no ha podido evitar mirar de más.


Ella sonrió y me dio un sonoro beso en la mejilla


A partir de ese momento las cosas transitaron de manera muy tranquila, llegamos a la mesa y como siempre he sido muy caballeroso ayudé a mis dos acompañantes a sentarse y ponerse cómodas, llamé al mesero y pedí Margaritas para los tres. Mi esposa me miró extrañada porque yo no acostumbro tomar, pero le dije que estaba muy contento de estar con dos mujeres tan hermosas.


No se si mi subconsciente estaba preparando el camino para lo que sucedería después, pero de no ser así fue un enorme aliciente, ya que al calor de las copas, las lenguas tienden a soltarse y los temas de conversación pueden hacerse más y más picantes. Tal fue el caso y después de la tercera margarita, la conversación derivó a temas personales, muy personales diría yo.


Comenzamos a hablar de las relaciones sexuales prematrimoniales, mi esposa proviene de una familia muy conservadora y yo lo sabía, pero el alcohol me animó a revelar uno de nuestros más profundos secretos: nosotros habíamos hecho el amor antes de casarnos (y no una, sino muchas veces). Al escucharlo, mi cuñada mostró una enorme sorpresa y miró a su hermana con profunda desaprobación. A mí me miró como si estuviera decepcionada por mi conducta, tuve entonces que contraatacar y le pregunté directamente:


- No me vas a decir que a tus 28 años no te has acostado con nadie


Gaby no esperaba una pregunta tan franca, me miró directamente a los ojos y me dijo:


- No; yo soy VIRGEN


La palabra quedó retumbando entre nosotros: Virgen, virgen, virgen.


Quedamos en silencio durante algunos eternos minutos, en primera porque el tema seguramente era muy delicado para mi cuñada, pero por otro lado porque personalmente comencé a sentir una enorme atracción por ella, más allá de su ya comentado bien formado cuerpo, sino el hecho de ser virgen representaba para mí algo totalmente nuevo.


Siempre había considerado la virginidad como una forma de control de los padres a los hijos, hacer el amor a mi esposa antes del matrimonio fue para mí de lo más normal, y casarme con ella, siendo que ya no era virgen, no me afectó moralmente en lo más mínimo, pensaba que todos experimentábamos nuestra sexualidad desde muy jóvenes. El saber que Gaby era virgen, creaba para mí un morbo impresionante, pensar que ningún hombre había llegado hasta su intimidad y la había hecho gozar como toda una mujer provocaba en mí un enorme deseo de hacerlo; imaginar al menos 15 años de energía sexual contenida en ese hermoso cuerpo, y lista para ser encendida y explotada a placer me causaba una excitación única.


Mi mujer rompió el silencio con una suave reprimenda para mí:


- Si, Gaby es virgen y es algo que a ti no te concierne.


Las miré y me disculpé, y mi cuñada me dijo:


- Está bien, tampoco es para tanto, estoy segura de que no soy ni seré la última mujer virgen a los 28 años.


Por su comentario supuse que le había dolido lo que había dicho, me entristeció el tono de su voz, y no supe que más decir.


Entonces, como decimos por acá: Me salvó la campana; el teléfono celular de mi esposa timbró en repetidas ocasiones, eran sus amigos, ya estaban por llegar al antro y tendríamos que apresurarnos para no perder nuestra reservación.


Pagué entonces la cuenta y subimos al auto, esta vez manejé yo y mi esposa se subió al asiento de atrás con mi cuñada, hablaban en secreto y no podía entender lo que decían, aunque estaba seguro de que seguían hablando del tema. Por mi parte esperaba que los amigos de mi mujer llegaran con algún amigo, de esa forma mi cuñada no estaría sola tendría que bailar con desconocidos, cosa improbable debido a su timidez.


Al llegar una vez más me decepcioné, solo estaban Claudia y Arturo fuera del antro. Entramos, nos asignaron nuestra mesa y al sentarnos Gaby se sentó junto a mí me dijo:


- Vamos cuñis, invítame otra margarita y te perdono.


Accedí de inmediato y pedí una vez más margaritas para todos.


Bailé un rato con mi esposa, la pista estaba demasiado llena y el ritmo de la música hacía que constantemente chocara contra su cuerpo o contra los vecinos de baile. Mi esposa volteaba constantemente a la mesa y Gaby seguía ahí, sola, varios “aventados” se habían animado a sacarla a bailar, pero ella solo sonreía tímidamente y negaba con la cabeza. Pensaba en invitarla a bailar, pero mi mujer estaba muy entretenida.


Después de cerca de 30 minutos de baile en la pista, el conjunto en vivo fue a descansar y comenzaron a poner música grabada, empezó una canción lenta que no logro recordar, y mi esposa me dijo


- Anda, saca a bailar a Gaby, está muy solita.


Con una enorme sonrisa me dirigí a la mesa, mientras mi mujer iba al servicio. Al llegar, le dije a Gaby


- Porqué tan solita, estoy seguro que no menos de 10 ilusos se acercaron y los has bateado como bolas de beisbol


Ella soltó una sonora carcajada y me dijo que no sentía confianza de bailar con nadie, porque temía que se propasaran. Yo le dije


- Si prometo no propasarme, ¿bailas conmigo?


Ella dijo entonces lo que de plano cambiaría el rumbo de los acontecimientos aquella noche:


- Bailo contigo solo si prometes propasarte.


Me dejó helado y por ende mudo, me quedé inmóvil unos segundos y ella se levantó y me dijo


- Vamos, quita esa cara de tonto que has puesto y llévame a la pista porque esa canción me encanta.


Bailamos muy juntitos el resto de la canción, pero yo intentaba no estar demasiado cerca para que no fuera a notar la discreta erección que habían provocado su último comentario y todo lo ocurrido a lo largo de la noche.


Al terminar la canción pusieron una tanda de rock nacional que a mi esposa no le gusta, por lo que seguimos bailando un buen rato. Al terminar la tanda, el grupo en vivo regresó al escenario, y yo pensé que ahí terminaría mi corta aventura, pero para mi sorpresa mi esposa se acercó a nosotros y nos dijo que sus zapatos le apretaban un poco y prefería estar sentada, que nosotros le “sacáramos brillo a la pista”.


El grupo comenzó a tocar salsa. Lo cadencioso de la música, acompañado de los movimientos sensuales de mi cuñada, me sumergieron en un estado de excitación nunca antes experimentado. Sus movimientos eran cada vez más cercanos a mí, y conforme la pista se llenaba de personas, nuestros cuerpos tenían que juntarse con mayor frecuencia y con mayor fuerza; en una vuelta en la que ella quedó de espaldas a mí, el destino hizo de las suyas, porque simultáneamente yo fui empujado por la espalda, quedando mi cuerpo pegado al suyo y unos brazos chocaron con los míos quedando mi brazo derecho abrazándola por detrás, justo por debajo de sus pechos, mi mano derecha se posó durante fracciones de segundo en su seno izquierdo, mientras que mi pene erecto se recargaba en su poderoso trasero.


Retiré de inmediato mi mano y me separé de ella esperando que no hubiese notado mi enorme erección en sus nalgas, al fin de cuentas era la hermana de mi esposa, además de una mujer hasta entonces muy conservadora, y no quería tener problemas con nadie. Al terminar la canción decidí que era momento de terminar con aquella locura y acompañé a mi cuñada a la mesa con la intención de bailar otra vez con mi esposa, además yo ya estaba muy caliente y tenía que buscar con quien desahogarme, y quien mejor que mi bella mujer.


Mi esposa me dijo que me sentara un momento para descansar, quedé sentado en medio de las dos. Miré a mi esposa con unos ojos que revelaban la cachondez que recorría mi cuerpo y comencé a besarla apasionadamente, discretamente introduje mi mano debajo de su blusa y sobaba la parte inferior de sus tetas por encima del brassiere, ella reaccionó de inmediato y pasó su mano por detrás de mi cuello con fuerza para acercarme más a ella. Nuestro intenso beso duró algunos minutos, en los que ella constantemente sobaba mi pene por encima del pantalón.


Al terminar nuestra sesión de besos, volví a sentarme cómodamente en la silla y tomé mi copa para brindar por el hecho de estar juntos, pero noté entonces que mi cuñada me miraba, y no podía evitar mostrar un dejo de m*****ia y tal vez celos en su mirada.


Comenzó una vez más la música grabada, y fue entonces mi cuñada quien tomó la iniciativa y me pidió bailar con ella, miré a mi esposa como pidiendo su aprobación y ella me sonrió y me dijo:


- Ve a bailar, yo aquí te espero para que me vuelvas a dar un poco de amor…


Gaby se levantó y en dos segundos ya estábamos en la pista, estaban tocando Reggaeton, género musical que hasta entonces despreciaba, y digo hasta entonces porque al observar las caderas de Gaby moviéndose al ritmo de “La gasolina”, idolatré al creador de semejante ritmo que hacía que el imponente trasero de mi cuñada se moviera tan sugerentemente, tan cerca de mí.


Las copas y el entorno, junto con el mujerón que era mi pareja me llevaron a donde no pensé que pudiera, comencé a moverme al ritmo de la música, al principio conservando el espacio fundamental con mi cuñada para evitar una bofetada, pero ya después, “entrados en gastos y en confianza”, rozando descaradamente sus curvas so pretexto del baile. Ah, el reggaeton, hermosa justificación para poder gozar el cuerpo de una mujer frente a los demás, incluso de tu cuñada frente a tu propia esposa.


La música seguía y seguía, parecía interminable, las curvas de mi cuñada se movían cada vez más sugerentemente, apoyaba constantemente mis manos en sus caderas justo ahí, en donde la curva de sus nalgas se hacía más profusa y no había riesgo de que se m*****ara, y ella ponía sus manos sobre las mías, moviendo sus caderas de un lado a otro, y ayudando disimuladamente a bajar milímetro a milímetro mis manos, en una peligrosa operación en la que ambos éramos cómplices, pero que no nos atrevíamos a confesar. Pasados unos minutos, mis manos ya no estaban apoyadas en sus caderas, sino que ayudaban descaradamente en el delicioso movimiento de su redondo culo, subían y bajaban con toda libertad siempre acompañadas por las suyas, comenzando en su diminuta cintura en donde mis dedos tenían la posibilidad de tocar su piel desnuda, y bajando cadenciosamente por los costados de sus nalgas y hasta sus bien formados muslos, por encima de su falda. La suave tela se deslizaba entre mis dedos fácilmente, pero yo me preguntaba como sería su piel, como se sentiría el rose de mis dedos directamente con la piel desnuda en sus piernas.


El reggaeton seguía sonando con toda su fuerza, y las parejas en la pista cada vez nos arremolinábamos con más sensualidad; de cuando en cuando mi cuñada me miraba a los ojos, no podía más que interpretar lujuria en su mirada, probablemente me equivocaba, pero como el borracho piensa que todos a su alrededor están borrachos, yo pensaba y juraba que mi cuñada estaba experimentando en su cuerpo las mismas sensaciones que recorrían el mío desde hacía un rato.


Llevé entonces nuestra travesura un poco más allá, cada vez que mis manos bajaban por sus piernas, intentaba bajarlas un poco más, hasta conseguir tocar su piel directamente, eventualmente lo logré, en una de tantas caricias, mis manos se deslizaron por debajo de su falda, y lentamente las fui subiendo hasta sentir el sudor de sus muslos, fue una sensación indescriptible; el sudor lubricó por decirlo así el movimiento, haciéndolo si es posible más erótico, Gaby se detuvo una fracción de segundo y volteó a mirarme, por un momento pensé que el juego terminaba ahí; pero no fue así, sonrió y siguió bailando como si nada hubiera pasado.


Con la confianza que ello representaba, mis manos ya no sintieron temor alguno, y empezaron a subir y bajar por debajo de su falda. Nuestros cuerpos estaban tan pegados que la operación era casi imperceptible para los que nos rodeaban, que pensándolo bien se habían vuelvo cómplices de nuestro pecado.


El sudor de mis manos combinado con el de sus piernas acabó por excitarme aún más, esta vez la operación era a la inversa, mis manos iban subiendo disimuladamente por sus piernas, con el firme y descabellado propósito de llegar a ese anhelado culo que me esperaba a tan solo unos centímetros de distancia. Ella por su parte seguía moviéndose, sus manos ya no me acompañaban, al parecer había decidido dejarme tomar mi propio camino, interpreté la señal como una luz verde, y mis manos lentamente llegaron a posarse en ese increíble trasero que horas atrás solo imaginaba y días atrás ni siquiera consideraba existente.


La sensación era increíble, Gaby llevaba puesta una diminuta tanga que apenas podía sentir, por lo que mis manos se convirtieron en dueñas absolutas de aquel terreno virgen que seguramente nadie había disfrutado aún. Su culo estaba duro como una piedra gracias a las horas sacrificadas en el gimnasio, era redondo, muy redondo, su piel era tan suave como un durazno y mis manos se dedicaron a recorrerlo en cada centímetro, desde el punto en el que formaba esa deliciosa curva en el final de sus piernas, hasta cerca de su espalda; ella por su parte simplemente se hacía cada vez más hacia atrás, con una desesperación que no conocía en nadie.


A esas alturas ya no bailábamos, nos dejábamos llevar en una cadencia sensual infinita digna de cualquier película pornográfica; de cuando en cuando ella se paraba totalmente derecha y yo aprovechaba para acercarla hacia mí y dejarla sentir mi erección justo en donde mis manos recientemente se habían deleitado.


Ya no me importaba nada, en ese momento bien podría haber llegado a la pista mi mujer y yo hubiera seguido con mi deliciosa faena, tener esa magnífica y caliente hembra en mis manos, saber que era virgen y que tendría contenidos en si toda clase de bajos instintos; y además saberme elegible para la importante tarea de descubrirlos y explotarlos, me tenía absolutamente extasiado.


Para mi mala suerte, la música terminó y tuvimos que separarnos inmediatamente, caminamos de la mano hacia la mesa en donde mi esposa nos esperaba con una enorme sonrisa. Al sentarnos, una vez más quedé en medio de las dos, y mi mujer aprovechó para seguir lo que habíamos dejado pendiente, comenzó a besarme el cuello mientras acariciaba mi pene que ya denotaba para entonces una considerable erección. Me sonrió sorprendida y me dijo


- Que bien, estás listo para todo


Yo sonreí y Gaby, como no queriendo la cosa dijo


- ¿Listo para qué?


Mi mujer muy apenada respondió que no era nada y se volteó a comentar algo con sus amigos, mientras que mi cuñada acercándose a mi oído y esta vez ella acariciando descaradamente mi erecto miembro me dijo:


- Si, ya me imagino para que estás listo


Me dejó boquiabierto, de plano era una persona distinta a la que había conocido hasta el momento, probablemente eran una gran cantidad de elementos que estaban poniendo a esta hembra a punto, y yo era el afortunado que estaría ahí cuando sucediera.


Me hubiera gustado dejar el antro de inmediato y llevarme a Gaby al primer hotel que encontrara, pero era imposible, la presencia de mi esposa y de sus amigos me limitaban demasiado, sin embargo no estaba dispuesto a dejar el asunto ahí, además de que no podía dejar pasar la noche sin que ocurriera algo, porque pasado el efecto del alcohol y la calentura en ambos tal vez no nos animaríamos a nada.


En ese momento hice “mi movimiento”, era algo que había aprendido hace más de 15 años y siempre parecía tener el mismo efecto en todas las mujeres la primera vez que lo hacía: coloqué mi mano derecha cerrada con los dedos en punta sobre la rodilla desnuda de mi cuñada y suavemente deslicé mis dedos hacia fuera abriendo la mano; repetí la operación varias veces obteniendo el resultado deseado, la piel de la pierna de mi cuñada se había erizado y su respiración sufrió un vuelco.


Para disimular mi accionar, con mi mano libre abracé a mi esposa por la baja espalda, pero creo que ella también estaba un poco cachonda, y discretamente la bajó a sus nalgas mientras seguía platicando muy quitada de la pena con sus amigos. La escena era irrepetible, con una mano estaba acariciando el hermoso culo de mi esposa, ahí frente a sus amigos, y con la otra acariciaba tímidamente la pierna de mi cuñada, en las mismas narices de mi esposa. Hoy entiendo el riesgo que corría, pero tal vez ese factor hacía más excitante la situación.


Gaby tomó mi mano, quizás sentía que habíamos llegado demasiado lejos y detendría todo de inmediato. Pero no fue así, lentamente fue subiéndola por su pierna, recorriendo palmo a palmo sus músculos y carne caliente, sintiendo cada imperfección y detalle de su piel desnuda bajo mis dedos. Subió mi mano por debajo de su falda, y se perdió con la oscuridad de la tela. Mi erección parecía no conocer de limites fisiológicos, cada segundo transcurrido mi pene crecía mas y mas y pedía a gritos ser liberado de su prisión de tela.


Mi mano seguía recorriendo hacia arriba y hacia abajo la pierna de Gaby, tratando en cada movimiento llegar mas arriba, para tocar por primera vez su preciado tesoro, su triángulo de energía jamás tocado por hombre alguno, su ardiente sexo necesitado de un hombre que le enseñara a tocar el cielo.


En el instante mismo en que mi mano alcanzaba su destino final, una poderosa descarga eléctrica pareció apoderarse de nosotros, ella apretó mi mano con una fuerza increíble y yo estuve a punto de alcanzar un orgasmo sin necesidad de más contacto que ese. Su tanga estaba muy mojada, pude percibir por un instante la viscosidad de sus flujos vaginales, el calor de su sexo encendido ansioso de batalla, y yo estaba dispuesto a librarla.


Ella se detuvo intempestivamente, tomó mi mano y la alejó con fuerza de su entrepierna. Me miró, me guiñó el ojo, acto seguido dijo a mi esposa que iría al servicio, que no tardaba.


Yo me quedé ahí sentado con un palmo de narices y sin entender que demonios había pasado. Con una increíble calentura que solo podría liberar con una larga sesión de sexo con mi mujer horas mas tarde.


Tan solo unos segundos después regreso Gaby con el rostro visiblemente desencajado, algo le dijo a mi mujer y por un momento pensé que le estaría contando de nuestra candente aventura. Los colores se me subieron a la cara, y pensé que ahí terminaba todo. Mi esposa me miró y me dijo en secreto que Gaby le había pedido que yo acompañara al servicio porque en el camino se había encontrado a un grupo de muchachos que la incomodó, voltee a mirar a gaby que mostraba una sonrisa entre preocupada y sugerente. Entendí entonces su plan: esa era la única forma en que podríamos estar lejos de mi esposa al menos unos minutos


Me levanté de inmediato, no sin antes esconder como pude mi ya muy visible paquete. Gaby me tomó de la mano y me llevó prácticamente a rastras hacia los baños, que se encontraban en el segundo piso del local. Metros antes de llegar, se detuvo, me miro a los ojos y me dijo:


- ¿Qué te has propuesto, porqué me haces esto?


Yo no sabía que decir, pero atiné a balbucear la respuesta exacta:


- Porque te gusta


Ella sonrió y preguntó:


- ¿Cómo sabes que me gusta?


Yo en plan tan aventado como estaba, tomé mi mano derecha y me la llevé a mi nariz, la olfatee detenidamente y al terminar le dije:


- El olor y la humedad de mi mano me dicen que estás tan excitada como yo.


Definitivamente ambos sabíamos lo que deseábamos, los juegos previos no dejaban lugar a dudas, sin embargo, ninguno se decidía a atravesar esa delgada línea después de la cual no hay retorno. La vieja "moral mexicana" nos frenaba, pero pensándolo bien ya estábamos mas allá: minutos atrás mis manos habían acariciado desesperadamente sus nalgas y ella misma había llegado hasta ahí no solo permitiéndomelo sino ayudándome en la tarea y definitivamente la sobada de mi pene frente a mi esposa no era algo que pudiera pasar inadvertido.


Con todos estos pensamientos, me convencí que las mismas consecuencias tendría llegar hasta el final que cancelar la aventura en ese momento.


Tomé entonces por primera vez en la ajetreada noche la iniciativa, después de todo Gaby era la “inexperta” en estos asuntos. La tomé por la cintura con firmeza y caminé junto a ella a un lugar apartado y suficientemente oscuro y la recargué contra la pared. Sin mediar una palabra más, me acerqué a su rostro y pose mis labios sobre los suyos, primero delicadamente mostrando incluso cierta timidez, y luego, al ir sintiendo la humedad de su boca con una pasión indescriptible. Mi lengua jugaba con la suya en una persecución de ida y vuelta en la que cada roce incrementaba su respiración, sus labios, sin maquillaje alguno y humedecidos con nuestra saliva eran un verdadero manjar. La besé unos segundos, pero mis manos estaba ávidas de seguir descubriendo su cuerpo, fueron entonces en busca de territorio ya conocido y se posaron solo un segundo en su cintura para posteriormente dejarse caer a sus maravillosas nalgas y esta vez ya sin ningún tapujo las deslicé por debajo de su falda para luego levantarla y tener a mi disposición el mejor culo que jamás hubiese tocado.


Estábamos frente a frente y mis manos subían y bajaban por sus nalgas y muslos, podía sentir el encaje de su tanga y de vez en cuando introducía mis dedos entre la delgada tela y la línea que separaba sus nalgas. Las apretaba, las estrujaba y pellizcaba con fuerza, ella por su parte no cesaba de besarme con desesperación, su lengua entraba y salía de mi boca de una manera increíble, y por un momento me imaginé como sería tenerla lamiendo mi miembro.


Cada que mis manos apretaban sus nalgas la acercaba hacia mía, rozando con mi verga su delicioso sexo, con cada roce su cuerpo se estremecía con más fuerza y su respiración se agitaba a tal punto que pensé que alguien podría escucharnos. Gaby abrió un poco las piernas y aproveché para colocarme entre ellas, la posición si bien incómoda me permitía tallar mi pene con franca fuerza en su cueva parcialmente abierta, y esto parecía provocarle un goce nunca antes experimentado.


Tomé entonces otro camino, quería sentir esos turgentes pechos entre mis manos, aunque no quise hacerlo tan directamente porque temía que aún podría arrepentirse, dejé de besarla en los labios y pasé a recorrer con mi boca sus mejillas y disimuladamente llegué a sus oreja izquierda; tenía un as bajo la manga: años atrás mi esposa me había platicado que Gaby era increíblemente sensible en ese punto.


En cuanto mis húmedos labios llegaron a su oreja, su cuerpo reaccionó, y aunque parecía resistirse a la caricia moviendo un poco la cabeza, sus manos me decían lo contrario, ya que inmediatamente fueron a posarse en mi marcada erección y comenzaron a sobarla con fuerza inusitada. Aproveché el derroche de erotismo para subir mis manos y acariciar sus pechos por encima de su blusa, eran magníficos, tan duros como una roca, si no supiera que Gaby era adicta al ejercicio hubiera pensado que eran operados; pero no, sus preciosas tetas eran resultado de la genética y de la entrega a la disciplina diaria. Los acaricié desde los laterales juntándolos al centro de su pecho, al hacerlo podía mirarlos mejor porque sobresalían de la blusa, los apreté así en varias ocasiones, podía sentir a través de la tela de su blusa y del brassiere sus erectos pezones, los pellizqué un poco y ella reaccionó de inmediato abriendo el cierre de mi pantalón, con dificultad pudo sacar al deseoso cíclope de su prisión, y comenzó a acariciarlo en toda su extensión.


Yo seguía con mi deliciosa asignatura de sobar sus gloriosas tetas, pero esta vez lo hacía con una mano mientras que con la otra seguía apretando su culo y atrayéndola más a mí. Gaby hizo algo que de plano me sorprendió aún más, dejó de sobar mi paquete por unos segundos, subió sus manos a la altura de sus pechos y desabotonó su blusa totalmente, quedando sus pechos cubiertos únicamente por su brassiere. Francamente me quedé anonadado, eran formidables, mucho mejores de lo que dejaba entrever su escote; siempre había pensado que mi mujer tenía las mejores tetas que había tocado, pero las de Gaby eran superiores, francamente estaban fuera de la realidad.


Pensé entonces que hasta ahí llegaría con sus pechos, pero cual fue mi sorpresa que su bra tenía un pequeño broche al frente; ¡eureka! bendije al inventor de semejante artilugio. Con la mano libre abrí el broche, el brassiere se deslizó a los costados de su cuerpo, y sus magníficos senos quedaron mostrándose con toda su vanidad. Eran del mismo color que sus hombros, con sus pezones mirando hacia el cielo y una aureola un poco más clara que hacía juego con el conjunto. No pude más que agacharme y deleitar mi paladar con semejante bocado, no cabía en mí de excitación, mi boca recorría cada milímetro, pasaba de una teta a la otra como tratando de ser equitativo en el placer, mordía ligeramente sus pezones, recorría una y otra vez el camino; podría haber estado ahí para siempre, gozando de ese par de “melones” que nunca imaginé tener en mi boca.


Ella por su parte seguía masajeando mi pene que estaba a punto de estallar, tuve que contenerme en repetidas ocasiones para no venirme y acabar manchando su ropa y la mía; además no quería terminar, lo estaba disfrutando sobremanera. De su boca salían palabras, más susurros como:


- ¿No espera, no podemos, que va a decir mi hermana?


Pero no lo decía con firmeza, seguramente eran parte de los prejuicios que aún ocupaban su mente, pero yo me encargaría de que pronto se fueran.


Salí de mi aislamiento y noté que dos parejitas mucho más jóvenes nos miraban insistentemente a lo lejos, pero no me importó, una faceta exhibicionista nunca antes conocida se ponía de manifiesto en mí. Yo cubría a Gabriela con mi cuerpo, por lo que nuestros nuevos espectadores no podrían ver demasiado y tendrían que conformarse con el poder de su imaginación; no se que me motivó en ese instante, tal vez la locura se apoderó de mí; miré fijamente al limitado auditorio, y sin más, dimos un giro de 180º, quedando yo recargado en la pared y Gaby dándoles la espalda; acto seguido llevé mis manos a su trasero, las bajé hasta el final de su falda, y lentamente, muy lentamente la subí para acariciarlas directamente. Seguramente aquellos muchachos se estarían dando un festín visual mirando el poderoso culo de mi cuñada, con su sublime y sensual tanga partiéndolo a la mitad; masaje unos segundos más sus nalgas e hice entonces lo más alucinado que podría imaginar: giré a Gaby para que quedara de espaldas a mí, sus enormes tetas quedaron al aire, libres de blusa y brassiere y pude observar los ojos cuadrados de nuestros jóvenes vouyeristas, seguramente ellos como yo, jamás habían visto un par de tetas semejantes.


Mientras tanto ella recorría con sus manos mi cabeza, yo le restregaba mi descomunal erección en el trasero y seguía besando sus orejas alternadamente, tocaba sus tetas desde atrás y pellizcaba con fuerza sus pezones, las amasaba, las degustaba con mis manos.


Gaby respiraba con mucha agitación, tenía los ojos entrecerrados y su cuerpo estaba totalmente entregado al tremendo “faje” que le estaba propinando, me supe entonces dueño de esta hembra que durante toda la noche me había vuelto loco, pero que en este momento tenía a mi entera disposición. Estaba seguro de que ella hubiera echo en ese instante cualquier cosa que le hubiese pedido, sin importarle nada, ni su hermana o su bien cuidada por tantos años virginidad.


En semejante posición mis manos recorrían libremente su anatomía, subía y bajaba desde sus rodillas hasta sus pechos, reconociendo cada centímetro cuadrado y a haciendo mío cada pedazo de esa majestuosa mujer. Caí en cuenta de que tan entretenido estaba con sus tetas y nalgas, que prácticamente me había olvidado del centro de su universo, y ni siquiera había intentado acariciarlo. Deslicé entonces lentamente mis manos a su entrepierna, y justo cuando comenzaba a palpar su humedad me detuvo abruptamente con ambas manos y me dijo:


- Espera, debemos regresar


Desgraciadamente tenía razón, hasta el momento nuestro breve idilio no había despertado sospechas, pero seria mejor que siguiera así para llevarlo a feliz y cachondo término.


Gaby notó entonces los ojos de sus admiradores en sus tetas, y rápidamente se cubrió con las manos y volteó hacia mí para guarecerse con mi cuerpo. Le ayudé a colocar el brassiere y la blusa en su lugar y me dio un profundo beso. Al terminar me dijo con una voz enronquecida por la agitación:


- Me estaban viendo las bubis


En tono muy serio le dije:


- No los culpo, están riquísimas


Ella sonrió un poco apenada, acomodó su ropa y se dirigió al servicio rápidamente. Permanecí de pie esperando su regreso, encendí un cigarrillo y miré de reojo a nuestros espectadores, sus rostros denotaban una lujuria in-crescendo, y sus miradas dejaban ver claramente la envidia que sentían.


Mientras Gaby volvía, maquiné un plan que me permitiría disfrutarla el resto de la noche: busqué al muchacho que atendía nuestra mesa y le pedí que desde ya, a mi me sirviera solo refresco, a Gaby normal y a mi mujer le sirviera el doble de alcohol en cada copa; el muchacho me miró con complicidad cuando le entregué el billete por sus servicios "adicionales", seguramente pensando que mi plan era "aprovecharme" de mi mujer... Volví al servicio y Gaby iba saliendo, la besé por ultima vez antes de regresar a nuestra mesa. Mi esposa me preguntó:


- Y bien, ¿ha sido necesaria tu intervención?


A lo que respondí:


- No ha sido nada, solo un grupo de ilusos que devoraban a tu hermana con la mirada (y si que lo hacían)


A partir de ese momento prácticamente dejamos el baile, ordenamos ronda tras ronda y mi esposa y yo parecíamos cada vez más alegres. En cierto momento me dijo un tanto preocupada:


- Estamos tomando mucho y tenemos que llevar a Gabriela a su casa


A lo que respondí:


- Gaby se ve muy fresca, que ella maneje y se quede en casa con nosotros


Ella me miró inocentemente y afirmó convencida. Mi plan tomaba forma: Gaby pasaría la noche en mi casa y mi esposa ingeriría alcohol en cantidades industriales.


Para mantener a Gaby a punto, en cada oportunidad acariciaba sus piernas y un poco más por debajo de la mesa, o le decía cosas calientes al oído, tales como: que deliciosa estás, que escondido te tenías ese cuerpazo, me ha encantado acariciarte toda... Ella sonreía y respondía con vedadas caricias en mi pierna y entrepierna.


Transcurrió solo una hora y mi esposa ya se estaba cayendo de borracha, no acostumbraba beber, y aunado a que le estaban sirviendo un poco más,.. Musité a su oído que teníamos que irnos, y ella accedió inmediatamente. Miré de reojo a Gabriela, sus ojos brillaban como los de un niño que espera a Santa Claus, y más tarde recibiría su "regalo" por portarse "tan bien".


Pedí la cuenta y pagué rápidamente, no quería que las cosas se enfriaran. Tomé del brazo a mi esposa y de la cintura a Gaby, nos despedimos de Claudia y Arturo: ella me reprochó con una mueca y mirándome directamente a los ojos, él por su parte se despidió diciéndome en secreto:


- Quien fuera tu Toño, se ve que te darás un “atracón” esta noche


Su comentario me sorprendió y más aún la reacción de Claudia, ¿será que se habían percatado de nuestro jueguito? No le di importancia, porque en efecto, lo que me esperaba era un banquete magnífico digno de una fiesta griega.


Subimos al auto, esta vez mi cuñada tomó el volante y ayudé a mi esposa a subir al asiento trasero, se le veía muy mal, acomodé sus piernas como pude y subí en el asiento del copiloto. Por las condiciones de Gaby hubiera sido más prudente que yo manejara, pero hubiera desperdiciado minutos valiosos para mantener el horno a la temperatura exacta.


Gaby arrancó y emprendimos el camino a casa. Su falda con el movimiento de sus piernas para conducir se subió un poco, casi hasta sus muslos, y yo aproveché este pequeño “accidente” para comenzar a acariciarlas discretamente, subía mi mano desde su rodilla hasta casi tocar su sexo y regresaba, mi intención era seguir con esos jueguitos que calentarían más y más a mi excitada cuñada. Con cada intento de llegar a su sexo ella tomaba mi mano, pero contrariamente a lo que pudiera pensar, la empujaba con fuerza hacia su sensual fruta prohibida; yo resistía, tenía que hacer un esfuerzo descomunal para no tocarla y poseerla en ese mismo lugar.


Para entonces noté que mi esposa se había quedado profundamente dormida. Aproveché tal situación para pasar a sus tremendas tetas que habían quedado totalmente a mi merced; desabroché todos y cada uno de los botones de su blusa y después a mi querido amigo brassiere con broche al frente (estoy seguro de que tiene un nombre, pero no lo se). Una vez más sus increíbles “melones” salieron de su cautiverio, y yo los comencé a acariciar con desesperación; ella intentó contenerme y cerrar su blusa, la detuve diciéndole en voz muy baja:


- Déjalo así, no me digas que no te ha excitado que te miren…


Gaby me miró muy seria, pensé que había cometido el error catastrófico que pondría fin al sueño que estaba viviendo, pero no fue así, sonrió y me dejo hacer. Acariciaba alternadamente sus tetas y sus piernas, sin tocar por supuesto su sexo para mantenerla a punto, su respiración estaba fuera de control, por un momento pensé que tendría un orgasmo ahí mismo.


Manejaba a gran velocidad, creo que tenía tanta prisa como yo de que llegáramos a un lugar privado, a esas horas el tráfico era inexistente y los semáforos parpadeaban en color ámbar a lo largo de la avenida de los Insurgentes, y Gabriela aprovechaba para acelerar a fondo. Minutos después llegamos a la casa, abrió la cochera y estacionó el auto; intentó abrochar su blusa y con una seña de mi mano le ordené que no lo hiciera. Bajamos del auto y yo tomé en brazos a mi esposa y la subí rápidamente a nuestra recámara, cuando la recosté me dijo:


- Te encargo mucho a Gaby, la vi muy triste en la tarde y por eso quise que viniera con nosotros.


La besé y le dije:


- No te preocupes, voy a “platicar” un rato con ella, estoy seguro que después se sentirá super bien


No podía creerlo, mi propia esposa me estaba dando el pretexto ideal para dejarla dormida mientras me tiraba a su hermana en la sala de nuestra casa, de esta forma no me preguntaría al día siguiente porque había tardado tanto, ni nada por el estilo. Tomé como precaución extra el cerrar la puerta de nuestra recámara con llave por fuera, si algo me reclamaba le diría que como la vi tan pasada de copas, pensé que era mejor “encerrarla” para que no fuera a caer por las escaleras. Mi plan estaba saliendo de maravilla, aunque en realidad parecía que los astros se alineaban para que pudiera gozar de la deliciosa mujer que me esperaba a unos cuantos pasos.


Bajé corriendo las escaleras, ahí estaba ella, caminando por la sala viendo la enorme pecera de agua salada que es el orgullo de mi mujer. Si bien tenía la certeza de que estaba super cachonda, quería que todo fuera perfecto, no me la iba a “coger” como a una puta, le iba a “hacer el amor” como a toda una mujer. Mario Puzzo escribió en “El Padrino” que una mujer virgen puede esclavizar a un hombre durante meses a cambio de su preciado tesoro, pero una vez que el hombre logra poseerla, si logra hacerlo bien, los papeles se invierten de inmediato y ella se convierte en su esclava sexual por un largo periodo, dispuesta a aprender y experimentar con “su maestro”. Yo me había ahorrado los meses de esclavitud, pero mi intención era convertir a Gaby en mi esclava, en mi puta personal con la que podría llevar a cabo mis más grandes perversiones.


Me acerqué y la tomé de la mano, la llevé lentamente al sofá y me senté junto a ella. Comencé a besarla delicadamente, como si fuéramos enamorados de años atrás, ella correspondía a cada beso simétricamente, si yo metía mi lengua para tocar su paladar ella lo repetía de inmediato, si yo chupaba su lengua y la succionaba, ella me devolvía el favor, si durante toda la noche ocurriría lo mismo, pasaría uno de los mejores momentos de mi vida.


Ella seguía con los pechos al aire libre, y yo pasaba mis manos muy cerca de ellos, apenas tocándolos, provocando en Gaby toda clase de suspiros. Podía notar como su piel se erizaba más y más. Al pasar por sus pezones la cosa cambiaba, los apretaba discretamente una y otra vez. Proseguí besando su cuello, mi lengua recorrió en repetidas ocasiones cada resquicio, mientras ella simplemente me tomó de la nuca para intentar guiarme. Bajé hacia sus pechos y me reencontré con ellos, los besé y besé hasta el cansancio, mientras mis manos retiraban hábilmente su blusa y su brassiere.


Tenía a Gaby ahí, sentada en mi sala, sin blusa ni brassiere, con las tetas libres y lista para todo. Yo seguí con lo mío y Gaby no atinaba más que a respirar con mayor rapidez sin soltar un instante mi nuca, guiando mi cabeza a los rincones que debían recorrer mis labios, besé sus pechos, pasé por sus axilas que tenían un delicioso sabor salado, besé los costados de su pecho y bajé un poco más, a su abdomen y aquí fue el acabose, Gaby estaba como loca, y comenzó a decirme, casi a gritarme:


- Hazme el amor, quiero que me hagas el amor!!!!!


Sonreí maliciosamente, Gaby no tenía idea de hasta donde era capaz de llevarla antes de penetrarla, estaba seguro de que la volvería loca con mis besos y caricias. Seguí en mi trabajo, pero ahora mientras besaba sus tetas y su abdomen acariciaba sus piernas, quité uno a uno sus zapatos, y encontré unos maravillosos pies que no desentonaban con el todo. Dejé un momento sus pechos y la recosté sobre el sillón, ella dijo:


- Ya, por favor, no puedo más


Hice caso omiso de sus súplicas, levanté sus piernas sobre el sillón y puse uno de sus pies a la altura de mi boca, besé uno a uno sus dedos, presioné su planta y mordí su talón, repetí la operación con su compañero y Gaby se notaba increíblemente excitada, al tenerme tan lejos, bajó su mano y comenzó a desabotonar su falda.


Subí me lengua desde su pie izquierdo hasta su rodilla y un poco más arriba, para entonces su falda estaba lista para ser retirada y me empujó para hacerlo, quedó únicamente con su maravillosa tanga color negro de encajes en el triángulo y en la línea que partía su culo. Era una visión maravillosa, toda ella era sensualidad, derrochaba cadencia a más no poder.


Seguí subiendo con mi lengua por su pierna hasta su muslo, pero una vez más regresé, volví por el mismo camino y cambié de pie, subí una vez más por su pierna, y justo cuando estaba llegando a su muslo, ella me tomó por los cabellos y me atrajo para darme un delicioso y apasionado beso en los labios, me suplicó entonces:


- Ya Toño, por favor, quiero sentirte dentro!!


Aún no era tiempo, quería que lubricara lo mejor posible para hacer menos doloroso el trance. La ayudé a ponerse en pie y quedó de espaldas a mí, la visión era indescriptible, ese enorme culo frente a mis narices, me levanté y me quité toda la ropa en un santiamén, apoyé mi pene erecto en la raya de su culo y comencé a besarle los hombros, mientras lo hacía acariciaba sus tetas una y otra vez y después accidentalmente bajaba hacia su ombligo, y un poco más. Ella acompañaba a mis manos en su intenso recorrido, siempre sobre las mías; tallaba mi pene contra su culo, el roce del encaje era maravilloso, y sentía como si sus nalgas se cerraran para atraparlo entre ellas y no liberarlo más.


Hice entonces lo que más me ha gustado en todas mis experiencias sexuales: así como estábamos, ella de espaldas a mí, y con mis brazos abrazándola con un dejo de protección, inserté mi mano derecha entre su tanga y su piel, el resultado es único, la mujer experimenta una profunda sensación de seguridad mientras te entrega su más preciado valor: su sexo.


Gaby dio un pequeño brinco y empezó a moverse más como si masturbara mi pene entre sus nalgas, sus manos me abrazaban como podían por la espalda, sus bajos instintos afloraban con suma facilidad. Una mujer es como una caja fuerte de máxima seguridad, pero si logras descifrar su combinación, se abre sin mayor problema.


Acaricié su vello púbico con mucho cuidado, era abundante como el de mi esposa. Sentía su humedad, sus flujos estaban produciéndose en buena cantidad, el trabajo previo estaba funcionando. Bajé un poco más mi mano estirando el dedo medio y logré tocar por vez primera el canal que sabía en unos minutos me haría tocar al cielo mismo; aprovechando la humedad mi dedo se deslizó con suma facilidad unos 2 centímetros a su interior, Gaby dio un grito de placer:


- Ahhhhhh, que ricooooooo


Comencé a mover mi dedo lentamente sin introducirlo demasiado, no quería desvirgarla en nuestro “tiempo de calentamiento”. Gaby no sabía que hacer con sus manos, me jalaba los cabellos, agarraba mis nalgas, y de vez en cuando, con cierta timidez apretaba sus magníficas tetas. Saqué mi mano de su núcleo vital y me despegué bruscamente de su cuerpo, ella quedó ahí, temblando, su pecho subía y bajaba producto del esfuerzo físico y la excitación. Me senté en el sillón y la giré para que quedara frente a mí, aún de pie. Gaby hacía todo lo que le pedía sin oponer la menor resistencia; en ese momento su mirada además de una increíble lujuria denotaba una curiosidad por lo que seguiría; parecía conciente de que la penetraría cuando Yo quisiera, pero definitivamente disfrutaba enormemente el preámbulo.


Acerqué mi boca a su cintura, la moví a uno de sus costados y mordí su tanga, la deslice con la boca unos centímetros hacia abajo, repetí la operación con el otro lado, su tanga estaba a la mitad de sus nalgas, y su sexo apenas era cubierto por un poco de tela; mordí entonces exactamente esa zona, quería que mi boca rozara un poco su sexo para causar si es posible un poco más de expectación, mordí la tanga y la bajé; Gaby volvió a gritar:


- Sigue, dame más!!!


Ya libre de la opresión de su culo, la tanga era presa fácil para mi poca, y la deslicé hasta sus pies con gran rapidez. Ahí estaba Gabriela, mi cuñada virgen, con su figura espectacular totalmente desnuda en mi sala, y rogándome que la penetrara. Qué maravilla.


La ayudé a recostarse sobre el sillón, abrí lentamente sus piernas, comencé a besar sus pechos, bajé por su abdomen, hasta llegar al inicio de su vello púbico y de ahí brinqué a su ingle, bajé hasta sus rodillas y de ahí hasta sus pies, una vez más mordí su talón derecho. Retomé el mismo camino pero en el hemisferio contrario y al llegar a su ingle, mi lengua se detuvo, voltee a mirarla y ella me suplicó con un gesto. Delicadamente deslicé mi lengua por su vagina, estaba totalmente lubricada, la introduje una y otra vez mientras Gaby se contoneaba de placer, sus manos me tomaron con fuerza de los cabellos y una vez más guiaron su goce, ya no sabía si yo incrustaba mi boca en su sexo o si su sexo se incrustaba en mi boca. Ese característico sabor salado del sexo de la mujer es delicioso, pero en mi cuñada tenía un sabor particularmente fuerte, tal vez por tanto tiempo de contención y espera.


Mientras le daba una sesión de sexo oral digna de admiración, acariciaba su exuberante culo, lo guiaba hacia mí, y ella cooperaba con sus movimientos y con su ronroneo de gata en celo.


Era el momento indicado, Gaby estaba lista para darme el más grande regalo que una mujer puede dar a un hombre: su virginidad. La miré a los ojos en una actitud muy seria y le dije:


- ¿Quieres hacerlo?


Quería darle la oportunidad de arrepentirse de última hora, parece mentira pero quería que lo que hacíamos fuera de común acuerdo. Con una mirada más que elocuente ella respondió:


- Si, hazme el amor por favor


“¿Por favor?”, una hembra como ésta podría tener a los hombres que quisiera solo con un guiño, y a mí me lo estaba pidiendo “por favor”, no cabe duda que en ese preciso instante yo era el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra.


La ayudé a recostarse a todo lo largo en el sillón, y me recosté sobre ella, abrí un poco sus piernas y apunté mi desesperada erección a su sexo. Mientras la besaba en los labios, lentamente fui ingresando en el paraíso, el calor que rodeaba mi pene era único, su humedad, juro que podía sentir en mi pene los latidos de su corazón a través de su vagina; procedí con toda calma, no quería lastimarla, no quería desperdiciar este momento único en la vida de una mujer. La lubricación de los juegos previos había funcionado a la perfección, hubiera podido hundir mi virilidad hasta el fondo con un solo empujón; pero no lo hice, tomé el camino difícil pero más redituable: la paciencia.


Esperé a que Gaby se acostumbrara a mi miembro dentro de ella, tenía sus uñas enterradas en mi espalda, los ojos entrecerrados, la respiración contenida, no se movía. Mientras tanto yo hacía pequeños movimientos hacia los lados para dilatar un poco su conducto al centro del universo; sabía que ella me indicaría cuando estuviera lista y así fue; de pronto empezó a empujar su pelvis hacia mi pene, noté que estaba ansiosa por sentirme. Con esta indicación me inicié un viaje hacia el fin del mundo, comencé a embestir ese delicioso y virgen coño, en cada penetración profundizaba si acaso un milímetro o dos, quería que durara por siempre.


Después de algunas embestidas, en las que me era prácticamente imposible no penetrar más, toqué esa delicada tela que divide a las señoritas de las señoras, la punta de mi pene sintió con toda claridad esa fina capa que divide la edad de la inocencia de la perversión, me detuve un segundo, tan solo un segundo para grabar en mi memoria la deliciosa sensación de recibir tan preciado tesoro de Gaby. Sentí la ruptura de su himen en mi pene y en mi espalda, porque Gaby enterró con violencia sus uñas; pensé que sería el dolor, pero en realidad era de placer.


Planeaba seguir con calma todo el proceso, pero Gaby me abrazó con más fuerza y me susurró al oido:


- Más, más, dame más


Salvada esta barrera mi pene se sintió en total libertad de penetrar a mi hembra, mis embestidas subieron de velocidad y muy pronto de profundidad, podía sentir centímetro a centímetro los pliegues de su sexo, mi verga y su coño estaban fundidos en un solo ser. Gaby por su parte respiraba con dificultad producto del placer, me acariciaba torpemente la espalda y las nalgas, levantaba como podía su pubis para pedir penetraciones más profundas y no cesaba de repetir:


- Más, más, dame más


Seguí penetrándola una y otra vez, me contenía para no terminar aún, tenía que hacerla llegar al clímax con mi pene dentro, era mi desesperada misión en esa noche de locos; tenía que hacerla llegar al cielo aunque en ello sacrificara mi propio placer, tenía que hacerla sentir que yo era el único que podía hacerla vivir esas sensaciones para que fuera mía, al menos por un tiempo.


Así fue, después de unos minutos de penetración, Gaby tensó el cuerpo, volvió a enterrar sus uñas en mi espalda, contuvo la respiración, puso sus ojos en blanco, y dejó escapar un grito que creí despertaría a mi esposa y a todos mis vecinos:


- Ahhhh, Ahhhh, Toño, Ahhhh, que rico


Sentí perfectamente como todos los músculos de su vagina se contraían alrededor de mi pene, la contracción era alterna, es decir, contraía y aflojaba; este fue el acabose de la noche, el movimiento de mi cuñada en su orgasmo, provocó en mí una oleada de placer infinito que derivó en la más larga corrida que jamás haya tenido. Gaby lo notó y siguió moviéndose con fuerza hasta dejar mi verga libre de todo rastro de semen.


Me abrazó con fuerza y nos quedamos así, unidos en uno solo por unos minutos. Quise separarme de ella, pero me lo impidió abrazándome con sus piernas, acercó mi oído a su boca y me digo casi sin fuerzas:


- Gracias


-----


Me hubiera encantado permanecer la noche entera entrelazado con ella en el sofá, sin embargo era virtualmente imposible porque tendría que subir con mi esposa en breve.


Minutos después le di un apasionado beso en los labios y me puse de pie, fui a mi estudio en el que tenemos un futón para estas ocasiones y lo preparé, busqué almohadas y cobijas y salí a buscar a Gaby para avisarle que todo estaba listo. Cuando llegué a la sala casi me desmayo, Gaby se había puesto su diminuta tanga y su blusa sin bra. Se veía increíble pero no podía arriesgarme, debía meterla a la cama cuanto antes y regresar al lecho matrimonial, ya llegaría el tiempo de volver a poseer ese exquisito cuerpo.


El resto de la mad**gada lo pasé sin pegar un ojo, reflexionando sobre lo sucedido y elucubrando en lo que seria mi vida sexual a partir de ese día. Me negaba a pensar que Gaby sería una aventura de una sola noche, lo que vivimos había sido excepcional, pero quien sabe como reaccionaría al día siguiente, cuando el calor de las copas y el sabor de la aventura hubieran pasado; también existía la posibilidad de que experimentara un ataque de moral y le dijera todo a su hermana, con lo que viviría una tragedia griega. Entre estas y otras cavilaciones transcurrió la noche.


….


El constante repiqueteo sonaba en mi cabeza: piii, piiii, piiii. Mi cerebro reaccionaba parcialmente al ruido pero no lograba despertar del todo; concilié el sueño a las 6 de la mañana, miré el reloj y eran apenas las 8. El ruido persistía: piii, piiii: quien carajos tocaba el claxon tan insistentemente en domingo...


Reaccioné por fin, seguramente eran Juan y Carlos, viejos amigos de la infancia, habíamos quedado de ir con ellos a jugar tenis: demonios. Desperté a mi mujer y me dijo que de plano no estaba en condiciones ni siquiera de levantarse: la cruda; me sugirió ir solo o invitar a Gabriela.


Entonces no había sido un sueño, en efecto había hecho el amor a mi deliciosa cuñada y ella dormía plácidamente en mi estudio. Salí al balcón y le grité a Juan que se adelantaran, yo los alcanzaría en un rato.


El momento decisivo había llegado, tendría que despertar a Gaby y conocer su sentir después de nuestro furtivo encuentro. Antes de hacerlo me di un rápido regaderazo, lavé mis dientes, me afeité rápidamente y rocié todo mi cuerpo con una loción que a mi esposa le encanta (esperaba que en eso también tuvieran gustos afines).


Bajé las escaleras y encontré a Gaby sentada en el sillón, dubitativa, acariciando y alisando la tela que la noche anterior habíamos desajustado, se veía hermosa, vestía lo mismo que cuando la dejé para dormir, tenía las piernas encogidas pegadas en su pecho y su cabeza descansaba plácidamente sobre sus rodillas; su oscuro cabello estaba fuera de su lugar y su rostro denotaba una profunda tranquilidad.


Me acerqué a ella, sabía que tenía que esperar su reacción, no podía aventurarme a ser rechazado porque la mañana podría derivar en una serie de reproches que podían llegar a oídos de mi esposa. Gaby levantó la mirada, seguía acariciando la tela con mucha calma, los segundos me parecieron eternos hasta que dijo:


- Hola cariño, ¿cómo has dormido?


Respiré tranquilo, al parecer todo estaba bien; me acerqué a ella para saludarla, planeaba darle un beso en la mejilla y esperar su reacción. Al tocar su mejilla con mis labios, ella giró su rostro y me dio un delicioso beso en los labios que me devolvió el alma al cuerpo. Al terminar le dije:


- He dormido de maravilla, después de semejante sueño erótico que me regalaste. ¿y tu?


- Soñé con tus manos acariciando todo mi cuerpo.


Eureka y recontraeureka; todo había salido a pedir de boca, esta maravillosa mujer se había prendado de mis caricias y mis besos, toda traza de moral y principios había sido borrada por la pasión. Si, lo se, era mi cuñada, su hermana era mi esposa y la sociedad castigaría o juzgaría nuestros actos; pero no importaba, éramos dos seres entregados al placer de poseerse el uno al otro, las reglas básicas del reino a****l nos aplicaban: una hembra en celo requiere y busca al macho que pueda satisfacer sus necesidades y el macho más apto, o en este caso el más afortunado, se aparea con ella tantas veces como sus cuerpos se los permitan.


Invité a Gaby a jugar tenis con nosotros, aunque obviamente no tenía nada que ponerse, podría usar algo de mi esposa; se emocionó como una niña y subió corriendo las escaleras a mi recámara, supuse que tardaría un largo rato y pensé que sería bueno preparar un jugo energético para recuperar fuerzas. Estaba partiendo las frutas cuando Gaby bajó, parecía una diosa. Estaba recién bañada, su ensortijado cabello estaba amarrado en una coqueta “colita de caballo”, llevaba puesta una blusa roja pegada a su cuerpo, se podía notar que no era la dueña, porque sus preciosos pechos reclamaban espacio a la elástica tela, se marcaban muy ligeramente los pezones; lo que de plano era un espectáculo digno de admirar era su majestuoso culo, entallado a unas mallas blancas del tipo que mi esposa usaba para hacer ejercicio todas las mañanas, esas mallas me encantaban, cuando despertaba y veía a mi esposa luciendo su hermoso trasero con ellas, no podía más que admirarlo y sentirme afortunado de tener a mi disposición semejante delicia, Gaby lucía las mallas con la misma soltura que mi mujer, pero justo en el abultamiento de su culo, la tela parecía tomar vida propia, sus curvas eran increíblemente sugerentes, sus nalgas se levantaban sin pudor alguno por debajo de la prenda, si las mallas no hubieran sido blancas, pudiera haber pensado que no llevaba prenda alguna; al frente su triángulo de poder lucía simplemente magnífico, la tela se incrustaba discretamente, creando un espectáculo de ensueño.


Alucinado como estaba balbucee:


- ¿En donde habías estado?


- Me estaba bañando y poniendo bonita para ti.


- Quiero decir, ¿en donde habías estado todo este tiempo? ¡Nunca te había visto tan sensual como hoy!


- Tal vez es porque me siento así, muuuy sensual, y todo es gracias a ti.

Se acercó y me dio un coqueto beso en la comisura de los labios. Me encontraba perplejo, en verdad había logrado mi cometido, Gaby se comportaba como una leona en celo, y paseaba su escultural anatomía frente a mí para provocarme como agradecimiento por haberla hecho sentir mujer.


Terminé de preparar el jugo y lo puse en sendas botellas refrigerantes. Salimos a la cochera, subimos a mi auto y salimos con rumbo al club en donde nos esperaban mis amigos. En el camino iba pensando en lucir mi nueva “adquisición” frente a mis ex compañeros de parvulario, sin embargo, si bien confiaba en ellos y sabía que podría contarles cualquier cosa sin correr ningún peligro, siempre existía la posibilidad de encontrarnos con alguna “vieja guacamaya” que pusiera en riesgo todo. Además, pensándolo mejor, para que demonios iría a jugar tenis, si podía ir a jugar volleybol con los balones de mi cuñada. Tomé el celular y marqué a Juan, le dije que tenía que atender algo “urgente” en la oficina y que tenía que salir para allá de inmediato, él atinó a responder:


- ¿En domingo?, nos vas a dejar plantados pinche Toño.


Le dije que lo dejáramos para la próxima semana, ya los resarciría con un buen whisky en la partida de dominó del jueves siguiente. Gaby me miró con cierta preocupación y un dejo de tristeza:


- ¿qué ha pasado? ¿es verdaderamente muy urgente?


- Gabriela: la urgencia que tengo es la de tenerte una vez más entre mis brazos


Di vuelta en U en la siguiente intersección rechinando los neumáticos, alcancé la avenida de los Insurgentes en un par de minutos, y enfilé a toda velocidad hacia la colonia Roma. Al llegar toqué el claxon para que el vigilante abriera, me miró sorprendido y dijo:


- ¡Licenciado Antonio, que milagro verlo en domingo!.


- Tengo que atender unos pendientes don Margarito, pero no se preocupe, usted siga en lo que está. Mire le presento a mi cuñada Gabriela, es hermana de mi esposa.


Que don Margarito me viera entrar con una mujer podía resultar riesgoso, pero al presentarla como mi cuñada, todo se volvía totalmente inocente. Abrió la puerta de entrada y estacioné mi auto al fondo, como siempre. Cortésmente el entrado en años vigilante se acercó a abrir la puerta de mi acompañante, casi se infarta al ver salir al monumento de mujer que se erguía cuan larga era fuera del auto, dio un par de pasos hacia atrás y la miró; yo creo que lo traicionó el subconsciente, porque dijo con voz entrecortada:


- Pero que guaaaapa está usted señorita…


Pasada solo una fracción de segundo, me miró y se disculpó. Gaby agradeció el cumplido con una sonrisa y entramos a la oficina. Don Margarito no podía retirar la mirada del maravilloso culo de mi compañera, y eso creaba más excitación en el ambiente.


Entramos a mi oficina, un privado en el cuarto piso del edificio, personalmente había supervisado la decoración de ese lugar, porque gusto mucho de escuchar música a alto volumen y no quería que el personal se distrajera o m*****ara en mis largas sesiones melómanas. Mi oficina entonces era un bunker aislante del sonido, ideal para lo que estaba a punto de ocurrir.


Gaby entró al baño, y mientras tanto telefonee a mi esposa, le comenté del cambio de planes y ella preguntó si podía ayudar en algo, le dije que no era necesario, la vería en casa de sus papás para la comida. Preguntó por Gaby, le dije que estaba bien, que ya encontraría con que entretenerse…


Cuando Gaby salió del baño parecía una niña, reconociendo cada espacio en mi oficina, paseando descaradamente su cuerpo por cada rincón, llamando mi atención, al parecer el día de hoy ella quería tener el control de las cosas. Se acercó a mí, me empujó lentamente hacia el escritorio, me senté en él y comenzó a besarme. Mis manos comenzaron a acariciar su cabello, su rostro, su cuello, y al llegar a sus tetas ella se separó de mí y me hizo una negativa con uno de sus dedos, muy lentamente y moviendo su cuerpo cadenciosamente como al ritmo de una canción fue quitando su blusa, quedó de espaldas a mí y yo estaba ansioso por ver una vez más sus hermosas tetas, giró rápidamente, y ahí estaban, cubiertas únicamente por su brassiere, se veían mejor de día, parecían más erguidas que la noche anterior.


Gaby se acercó a mí, y tomó mi cabeza, comenzó a restregar mi cara contra sus pechos, yo intentaba desabrochar a mi eterno amigo, pero en cada intento ella se movía y hacía mi labor imposible; sus manos bajaron a mi ya abultado pene y comenzó a acariciarlo, intenté atraerla hacia mí para restregarlo contra su sexo, pero una vez más se alejó, siguió con su desesperante striptease, giró nuevamente 180º y bajó lentamente las mallas, y me llevé la más grande sorpresa: no llevaba ropa interior, sus nalgas estaban ahí, desnudas, magníficas. Terminó de quitarse las mallas quitándose al mismo tiempo los zapatos tenis y volteó, me miró como una gata en celo y preguntó:


- ¿Te gusto más así, al natural?


- Tú me gustas como sea preciosa.


Volvió a acercarse, la única prenda que llevaba ahora era su brassiere, intenté en vano desabrocharlo una vez más, me hizo poner en pie, hizo que le diera la espalda y comenzó a rozar suavemente sus tetas contra mi espalda, la sensación era indescriptible. Hizo una pausa, y comenzó a besar mi cuello y mis orejas. Giré desesperado, y ella estaba totalmente desnuda frente a mí, sus preciosos pezones lucían erectos, su sexo se mostraba impúdico a mi vista, su perfecta anatomía era un atentado a la cordura.


Yo estaba completamente vestido, intenté quitarme mi playera pero no me lo permitió. Me estaba dando una sopa de mi propio chocolate, la noche anterior la había llevado al extremo de suplicarme que la poseyera, y al parecer esa era su intención en este nuevo capítulo de nuestra recién comenzada historia. Era una excelente alumna, aprendía muy rápido, supe entonces que acababa de encontrar un tesoro escondido, Gaby sería mía durante un largo periodo de tiempo. Decidí doblegarme a sus eróticas intenciones, entregando mi voluntad a la suya, si ella quería provocarme, yo estaba dispuesto a ser la “víctima”.


Gaby se puso en cuclillas, desató las cintas de mis tenis lentamente, los retiró junto con los calcetines y subió lentamente acariciando los vellos de mis piernas hasta llegar al short que llevaba puesto, introdujo sus manos por ambas piernas entre el short y mi piel, hasta casi tocar mi pene que ya estaba más que listo para la batalla. Una vez más se detuvo, ¡demonios!, había creado un monstruo. Bajó sus manos y repitió la operación no menos de 10 veces, me estaba volviendo loco; una de tantas veces tocó mi pene con ambas manos, reaccioné inmediatamente tomando su cabeza y acercándola a mi entrepierna, no ofreció resistencia alguna. Sacó sus manos de entre mi short y lo desabotonó, bajándolo junto con mis boxers de un jalón hasta el suelo. Mi verga quedó ahí, a la altura de su rostro, rebotando como un resorte. En ese punto ella se quedó congelada, sabía lo que quería hacer pero no se aventuraba a hacerlo, levantó la mirada y asentí con la cabeza.


Gaby tímidamente tomó mi pene totalmente erecto entre sus manos, y muy despacio lo llevó a su boca, primero puso la punta en sus labios, los humedeció con su lengua y sentí su roce en el glande, abrió su boca y lo introdujo, como saboreando cada fragmento, sentía la humedad de su cavidad bucal, su lengua lo tocaba parcialmente mientras la iba penetrando. Hubo un punto en el que no pudo más, hizo entonces el recorrido en dirección opuesta, su lengua revisaba una vez más cada resquicio y liberaba lentamente mi pene de su nueva casa. Por mi parte no podía más, creí estar experimentando las mismas sensaciones que Gaby la noche anterior, deseaba desesperadamente penetrarla de inmediato, hacerla mía, con lujo de violencia y pasión, pero ella aún no estaba lista, se quedó durante varios minutos haciendo el primer oral de toda su vida, descubriendo nuevos sabores y sensaciones, reconociendo un terreno nunca antes explorado.


Me quité la playera quedando a su entera disposición, estaba a punto para penetrarla en cuanto ella me ofreciera su sexo abierto de par en par. Acariciaba su cabeza, y ayudaba en el viaje de entrada y salida de mi pene, como podía tocaba sus tetas, me quedaban muy lejos. Quería devolverle el favor, pero sabía que tenía que dejarla tomar la iniciativa.


Una mujer con iniciativa puede ser un regalo de dios; y Gaby se estaba educando en los placeres del sexo, si en ese momento la hubiera tomado para corresponderla, ella hubiese pensado que la mujer se tiene que dejar hacer, pero no es así, la mujer está en posibilidad de hacer cuanto quiera, y su hombre debe estar dispuesto a vivirlo y aguantarlo, en el mejor sentido de la palabra. Estaba entrenando un esparring para el cuadrilátero que es la cama, y ella aprendía de maravilla, se sacaba un diez.


Gaby terminó su tarea, estuve a punto de terminar en su boca un par de veces pero como pude me contuve, ella parecía saberlo, en ambas ocasiones notó como me retorcía de placer y ella aumentaba el ritmo, tenía que detenerla para evitar una catástrofe; ya llegaría el tiempo de terminar en su boca y experimentar toda clase de guarradas, pero aún no, su inocencia era un arma de dos filos y no podía equivocarme.


Se puso en pie y esta vez fue ella quien me guió a una mesa que tengo en una improvisada sala de juntas dentro de mi oficina. Al ir tras ella una vez más quedé maravillado con su portentoso físico, aún desnuda nada temblaba, todo estaba perfectamente en su lugar. Al llegar a la mesa se recostó de espaldas como pudo, el frío de la madera erectó sus pezones. Francamente no veía como poder poseerla en esa posición, la mesa podría ser muy incómoda, entonces la tomé de las piernas, las abrí y la jalé hacia mí quedando ella con la espalda recostada en la mesa, y yo de pie frente a ella con sus piernas abrazando mi cuerpo a la altura de las nalgas.


Quise bajar a besar su sexo, pero ella me contuvo, definitivamente tenía el control de la situación. Con sus piernas me atrajo a su entrada, obedecí como un esclavo, introduje de un jalón mi sexo en su coño, ella emitió un potente grito:


- Ahhhh, ahhhhh


Y comencé mi labor desesperadamente, entraba y salía de ella mientras sobaba sus tetas, pellizcaba sus pezones, jalaba su cuello hacia mí; ella se agarraba los cabellos, prácticamente los jalaba con todas sus fuerzas, me atraía más y más con sus piernas, llevábamos un ritmo increíble, definitivamente estábamos hechos para coger el uno con el otro, su cuerpo se amoldaba a mí como un guante a una mano; me doblé hacia el frente para besarla, supe entonces que era exactamente lo que estaba esperando porque me tomó de la nuca y nos sumergimos en un delicioso beso en el que labios, lenguas y encías se encontraban y se disfrutaban. Mientras tanto seguía penetrándola, quería llegar lo más profundo posible, quería tocar su fondo y dejarle sentir que el único pene que podría concebir en ese lugar era el mío.


Estuvimos así algunos minutos, me detuve, y salí de ella, quiso retenerme con sus piernas pero se lo impedí. La ayudé a levantarse, la hice girar y recliné su cuerpo sobre la mesa. Esta vez sus pechos descansaron sobre la superficie y su culo se mostraba majestuoso ante mí. Acaricie sus nalgas, estaba extasiado, no era posible tanta belleza y sensualidad en una sola persona; me regodee tocando ese enorme trasero, acariciando desde sus muslos, pasando por sus nalgas y llegando hasta su deliciosa cintura e incluso hasta su espalda. Gaby estaba recargada en la mesa, con sus brazos extendidos y lista para la nueva experiencia, me dijo:


- Métemelo ya Toño, no puedo más…


Introduje entonces mi verga totalmente erecta en su sexo, su vagina me recibió maravillosamente, y la penetración fue mucho más profunda que en las dos ocasiones anteriores, pude notar como su excitación crecía hasta niveles inimaginables, Gaby gritaba:


- Más, más, más


En cada embestida su cuerpo brincaba, sabía que le estaba encantando. Comenzó a moverse a mi ritmo, mientras mi verga salía de ella, ella movía su culo en dirección opuesta, y cuando la penetraba, ella lo acercaba y refregaba hacia mí sin piedad. Comencé a trazar semicírculos con mi verga dentro de ella, y entendió muy bien el mensaje porque hizo exactamente lo mismo, era delicioso entrar en ella, éramos una máquina de coger perfectamente ajustada, sus movimientos estaban en directa proporción a los míos y su goce estaba ligado absolutamente al mío.


En cierto momento me detuve, y ella lejos de quedarse contenta con mi decisión siguió moviéndose con la misma intensidad, mi verga se convirtió en una suerte de asidero de su coño, y ella misma hacía que entrara y saliera a gran velocidad con sus movimientos. Era una sensación indescriptible, tenía ese monumento moviéndose para mí, agitando su delicioso culo en todas direcciones sin perderse de mi pene; mi eyaculación era inminente, pero tenía que esperar a que ella terminara, no sabía si lo lograría. Siguió moviéndose como una licuadora, estaba como poseída, sus gritos retumbaban en las cuatro paredes de mi oficina:


- Más, más, quiero sentirte más adentro


Ante tan impactante espectáculo supe que no podría aguantar más, y empecé a contraer mis músculos para dejar ir toda mi energía en un flujo de semen en el interior de mi cuñada; para mi fortuna, Gaby comenzó a moverse con mayor intensidad, y dos o tres embestidas después comenzó a gritar sin tapujo alguno:


- Antonio, Antonio, que rico coges, q u e r i c o c o g e s….


Ese fue el acabose, dejé ir todo mi semen a su interior, ella dejó de moverse en el momento justo en que mi última gota me abandonaba y se integraba a sus flujos vaginales, fue apoteósico, era la segunda vez que hacíamos el amor y terminábamos simultáneamente. Se de cierto que la mayor parte de las parejas nunca logran esta hazaña en toda su vida en común, y Gaby y yo lo habíamos logrado sin siquiera proponérnoslo.


Caí rendido encima de ella y comencé a besar su cuello y orejas. Ella ronroneaba como una gata y me dijo con voz muy queda:


- Que rico, no quiero que esto termine nunca.


Yo sabía que a partir de la noche anterior había ingresado en un intrincado laberinto que probablemente me llevaría a una tragedia; después de todo estaba tirándome a la hermana de mi esposa. El riesgo era inminente, si mi mujer se llegara a enterar no solo se sentiría traicionada por su esposo sino también por su hermana, y este sería un golpe brutal en su vida; tan solo de pensar en mis suegros, que desde que me conocieron me abrieron las puertas de su familia y me hicieron sentir como un hijo más o en mis padres que seguramente se sentirían decepcionados por mi conducta. Sin embargo nada de eso importaba ya, me había subido a un veloz tren que no tenía destino fijo y que podía descarrilar en cualquier momento y estaba dispuesto a asumir las consecuencias cualesquiera que fueran, si en el proceso podía disfrutar del delicioso y virginal cuerpo de Gabriela.
Al llegar a casa de mis suegros para comer, mi esposa plantó un efusivo beso en mis labios, y al saludar a mi cuñada, noté como su rostro de mostrar una enorme sonrisa revelaba una incipiente m*****ia:


- Qué raro Gaby, hueles a la loción que Toño acostumbra usar.


Había cometido mi primer y gravísimo error, por la mañana me había literalmente bañado en Fahrenheit, y después de restregar mi cuerpo al de Gabriela durante un par de horas, el suyo había absorbido mi aroma como si sus poros hubieran actuado como tubos capilares. Traté de mantener la calma en espera de la respuesta; mi cuñada, con una tranquilidad pasmosa y una desfachatez a toda prueba comentó:


- Ja, después de bañarme vi el frasco en tu cómoda y se me antojó, así es que me la puse en todo el cuerpo, me gustó mucho, está deliciosa.


¡Pero que descaro!, definitivamente Gabriela estaba mostrando una nueva faceta de su personalidad, acababa de inventar a bote pronto una mentira totalmente creíble para sacarnos del problema. Supe entonces que para seguir con nuestro erótico juego debería tener mucho más cuidado, lo que había ocurrido ese día podría despertar en mi mujer sospechas innecesarias que de repetirse constantemente acabarían por tirar el teatrito que había levantado en menos de 24 horas.


La comida transcurrió sin sobresaltos. Los padres de mis mujeres estaban sorprendidos con el cambio de apariencia de su hija mayor, su mamá comentó que ya era hora de comenzar a vestir como una mujercita, Gaby mi guiñó un ojo y le dijo:


- Si mamá, esto de ser una mujercita me está gustando mucho. Creo que se lo debo a mi hermana.


Mi mujer sonrió satisfecha, todos parecían muy contentos con el reciente cambio de look de Gabriela.


En los días posteriores tuve que salir en viaje de trabajo fuera del país, por más que intenté cancelarlo no fue posible, no quería que las cosas con Gabriela se enfriaran y que a mi regreso nuestra situación hubiera cambiado. Por la mañana, tarde y noche llamaba a mi esposa para ver como iba todo por la casa, pero durante todo el día enviaba mensajes llenos de lujuria a Gabriela.


Dicen que el teléfono celular es el principal implemento con el que una esposa puede descubrir una infidelidad, pero eso no me iba a pasar a mí. Antes de salir de viaje, en el aeropuerto, compré un teléfono de prepago, extraje el chip y lo guardé en un pequeñísimo compartimiento secreto de mi cartera. Cada que enviaba un mensaje a Gabriela, extraía el chip de mi número original, que afortunadamente salía con suma facilidad, ingresaba el chip de mi “hot line” y leía y enviaba mensajes, acto seguido reintegraba el chip original y guardaba el otro en mi cartera. Era un proceso largo y tedioso, pero era la única forma de no dejar rastros de mis conversaciones con Gabriela; decidí también no usar ese número para hacer o recibir llamadas, ya que mi mujer podría tenerlo a su alcance en cualquier momento e hilar con mucha facilidad los hechos. Si Gabriela me hablaba tendría que hacerlo a mi teléfono personal, y yo podría entonces contestar con toda confianza, y si yo llamaba a mi cuñada, podría hacerlo con toda inocencia. El único riesgo era que mi mujer descubriera el chip en mi cartera, cosa poco probable porque yo mismo tardé en descubrir ese espacio varios días después de comprarla.


En mi primer mensaje a Gabriela, escribí:


- Hola leoncita. Soy tu amante bandido. Para seguir esta comunicación debes prometerme: no utilizar mi nombre real, no llamarme a este número y borrar este mensaje de inmediato.


Unos segundos después ella respondió:


- Está bien León. ¿Cuándo voy a volver a verte? Estoy ansiosa por sentirte otra vez.


El teléfono celular se convirtió en un inmejorable aliado para mantener muy caliente mi relación con mi cuñada. Nuestras conversaciones por mensaje subieron de tono, al punto de que tuve que masturbarme hasta dos veces en un día pensando en ella. Pasaron los larguísimos días y pude regresar a casa, después de haber resuelto algunos conflictos con proveedores en el extranjero.


Mi esposa se ofreció a recogerme pero yo tenía otros planes, mi vuelo arribaría a las 3:00 PM, le dije que tenía que atender a un cliente a las 4:00 cerca del aeropuerto y llegaría por la noche a casa. Cuando colgué el teléfono, mandé un mensaje a Gaby con el siguiente texto:


- Hoy serás mi e****t, ve al Camino Real Aeropuerto, a las 3:30 de la tarde. Pide por la suite del Ing. Pedro Segura, y espérame unos minutos.


Ella respondió:


- De acuerdo Leoncito


Esperaba que esta nueva argucia funcionara como las anteriores, era común que para recibir clientes del interior de la república o del extranjero reserváramos en hoteles cercanos al aeropuerto, de esa forma, no perdían tiempo en traslados, los teníamos muy cómodos, y en ocasiones, cuando de negociaciones importante$$$ se trataba, contratábamos servicios de acompañantes para “entretener” a nuestros cansados hombres de negocios. El Camino Real era nuestro consentido, ya que tiene un puente que te conduce directamente al aeropuerto, muy buenas instalaciones, y ciertos elementos del personal del hotel se habían convertido por así decirlo en nuestros amigos, además de tener una tarifa preferencial. Todo lo anterior estaba perfectamente justificado y documentado en la contabilidad de la empresa, así es que además de todo, haría mi inusual aventura “deducible de impuestos”.


Llamé al hotel y pedí una reservación a nombre de la empresa para el Ingeniero Pedro Segura, pedí hablar con el responsable de turno y le dije que antes del Ingeniero llegaría una representante nuestra y que hiciera el favor de entregarle la llave, además, pedí el número de habitación que asignarían; escuché una risita cómplice al otro lado del teléfono y no pude más que sentirme satisfecho por disponer de los medios necesarios para llevar mi aventura de la forma más segura posible.


En el aeropuerto de Dallas estaba muy emocionado, decidí comprar un perfume para mi hermosa leoncita y que mejor que la parte femenina del Fahrenheit: Poison; entré a una tienda Duty Free y compré el perfume, pedí que lo envolvieran para regalo y al pagar noté una sonrisa coqueta en la vendedora que me preguntó:


- Is it a gift for your loving wife?


Y yo, en un tono totalmente natural respondí:


- No, it is for my beautiful and horny lover…


La muchacha sonrió nerviosa y no atinó a decir una sola palabra más. Salí de la tienda con una enorme sonrisa, en realidad Gabriela había implementado un cambio en mi personalidad, de ser un tipo más bien tímido, me había vuelto extrovertido e incluso sugestivo; la semana que estuve fuera del país, en más de una ocasión me encontré sonriendo o platicando con mujeres desconocidas, e incluso salí a cenar un par de veces con la directora de ventas de uno de nuestros proveedores, una gringuita de larga cabellera rubia y lindo cuerpo; estaba seguro de que pude haber acabado en la cama con ella, pero no podía quitarme a Gaby de la cabeza. Nunca había sido infiel a mi mujer, de hecho me sentía muy afortunado de haber encontrado una mujer tan hermosa, y ahora que lo era, no podía ser infiel a mi amante: que paradoja.


Durante todo el trayecto sentía la opresión en el estómago del primer amor, en realidad tenía la certeza de no estar enamorado de Gabriela, lo que experimentaba era un deseo profundo de posesión. Deseaba poseer a Gabriela como el pobre desea poseer dinero, como el que cultiva tierra ajena desea poseer la propia, como el hambriento desea comida. En solo un par de días Gabriela se había convertido en el centro de mis pensamientos: una obsesión.


Al llegar al aeropuerto de la Ciudad de México fui el primero en salir del avión, prácticamente corrí al carrusel del equipaje, esperé con cierta desesperación a que mi maleta apareciera, y como siempre sucede, mientras más prisa tienes de salir del maldito aeropuerto, resulta que tu maleta es la última en aparecer, después de que el resto de los pasajeros del mismo vuelo salieron y te miraron con cara triunfal. Tomé mi maleta y salí corriendo a migración, pase los trámites de rigor, el semáforo en la aduana, y para mi mala suerte me tocó en rojo.


- C h i n g a d a m a d r e


Los tipos de la aduana revisaron meticulosamente mi maleta, llena de ropa sucia, insistían en encontrar algo, como si de un narcotraficante se tratara, o quizás de un contrabandista de joyas o de especies, que se yo. Me parece que vieron en mí la desesperación de salir cuanto antes, y eso me convirtió en blanco de la revisión. En fin, los nervios me estaban traicionando y no podía permitir que Gabriela me viera así, necesitaba tranquilizarme, mi conducta tendría que ser plenamente controlada.


Salí del aeropuerto, atravesé el puente hacia el hotel, llegué al lobby, prácticamente iba corriendo. No quería que nadie me reconociera, si bien no era un lugar que frecuentara, ya he dicho que algunos empleados me conocían. Fui directamente al elevador, piso 6 habitación 609.


- Carajo, que buena suerte, no podía haber sido un mejor número.


Llegué a la habitación un tanto agitado por la carrera, hice una pausa para recomponerme y toqué 3 veces: tac tac tac. Nadie respondía, eran pasadas las cuatro de la tarde; volví a tocar: tac tac tac. Esperé unos segundos, Acaso sería posible que Gabriela no hubiera asistido a nuestra cita, o peor aún que se hubiera cansado de esperar y se hubiera ido m*****a por mi retraso. Maldición, maldito aeropuerto, maldita migración, maldita aduana; el enojo subía a mi cabeza en un torrente de adrenalina y bilis combinado que sabía me haría estallar en cualquier momento. Insistí sin éxito, Gabriela no estaba detrás de la puerta, la aventura no continuaría el día de hoy.

Enfilé al elevador bufando de coraje y mentando madres en voz baja. Metros antes de llegar, escuché el timbrazo y vi salir una maravillosa imagen: Gabriela, lucía un vestido gris con rayas en colores obscuros de alguna tela que lucía muy elástica, la parte superior se ceñía perfectamente a su busto, sus pechos se levantaba majestuosos por debajo de la tela; la parte inferior le llegaba solo por debajo de sus nalgas, casi a medio muslo, dejando al descubierto sus portentosas piernas morenas, como la noche de nuestro primer encuentro, sin medias; y sus zapatos, sus zapatos la hacían lucir increíblemente sexy, se trataba de zapatillas de tacón alto, con tiras que se amarraban alrededor de sus piernas, justo por debajo de sus rodillas. Llevaba su cabello suelto y le llegaba por debajo de los hombros. De plano parecía una e****t, pero de las que salen en las películas, que te imaginas que esas mujeres no son reales, que seguramente están en otro plano de la existencia.

Al mirarme, sonrió y caminó rápidamente a mi encuentro, al hacerlo, me dio un abrazo delicioso en el que sentí el contacto de sus senos con mi pecho, y nos besamos apasionadamente por un momento. Verdaderamente la había extrañado y al tenerla de nuevo junto a mí me sentía virtualmente feliz y tremendamente excitado. Ella me dijo:


- Te extrañé mucho Leoncito… pero como que tu e****t, ¿así es como ves?, ¿como una prostituta?


Yo sabía la intención de sus palabras y respondí:


- ¿Por qué viniste vestida así entonces?


Sonrió, y contraatacó:


- Entonces debes pagarme, ¿Cuánto cuestan mis servicios?


Yo le dije:


- Si no te gusta lo que haga tú pones el precio, de lo contrario, quedamos a mano ok?


Sonrió y me dijo:


- Estoy segura entonces que te quedaré a deber…


La tomé de la cintura y caminé con ella a mi lado, me atreví a bajar mi mano para acariciar su delicioso culo y ella suspiró, fui más allá y arrastré mi mano más abajo, hasta sentir la piel de sus piernas desnudas, acaricié y subí de regreso hasta llegar hasta sus nalgas, sentí la tela de la tanga encajada en su raya divisoria. Llegamos a la habitación, y mientras ella intentaba abrir la puerta acaricié descaradamente su culo, levanté su vestido hasta la cintura, me puse de rodillas y comencé a besarlas, recorriendo con mi lengua la profunda curva que forman. Entre la excitación y los nervios ella no atinaba a abrir la puerta, y aproveché para sacar su tanga de su lugar y hacerla a un lado, deslicé mi lengua desde el inicio de su espalda hasta el inicio de sus nalgas, y la moví lentamente por en medio hasta llegar a su ano, dio un brinquito y se restregó contra cara, acaricié en repetidas ocasiones el recién descubierto botón de placer con la punta de mi lengua, Gaby había cejado en su intento de abrir la puerta y estaba entregada al placer de mi lengua en su culo, se movía bruscamente buscando que me introdujera más en ella; mientras tanto mis manos subían y bajaban por sus piernas, el tacto de los cordones de sus zapatillas enredados en sus piernas era delicioso e increíblemente excitante, nunca había sido un tipo fetichista, pero con Gabriela estaba descubriendo algunas perversiones que no creí sufrir.


El exhibicionismo era una de esas perversiones, y estar fuera de la habitación con la mitad de su cuerpo desnudo me ponía a mil, el pensar que en cualquier momento alguna puerta se abriría y alguien nos vería me parecía excitante, el mejor afrodisíaco conocido hasta el momento. Seguí en mi nuevo placer, metiendo y sacando mi lengua de su apretado ano, Gaby comenzó a gemir con fuerza, acariciaba mi cabeza e insistía en llevar mi lengua a nuevas profundidades.


Sonó el timbre del elevador lo que trajo de regreso a Gabriela. Se separó de mí rápidamente y trató de acomodar su desajustado vestido. Un empleado del hotel se acercó y preguntó si algo estaba mal, Gaby respondió que no podía abrir la puerta y el muchacho solicitó la tarjeta; yo mientras tanto acariciaba descaradamente el culo de mi cuñada por debajo del vestido e intentaba insertar uno de mis dedos en su ano. El joven abrió la puerta y se retiró, seguramente mirando de reojo las largas piernas de Gabriela y el extraño bulto que se formaba en su culo: mi mano.


Entramos y al cerrar la puerta nos entregamos a una inigualable sesión de sexo. Gabriela se puso a gatas en la cama su mirada denotaba una lujuria exacerbada, dirigió a mí su espléndido culo y comenzó a moverse cadenciosamente, de un lado a otro, de arriba abajo; su vestido subía producto del movimiento y dejaba ver paulatinamente su preciosas nalgas y su sexo causante de mis locuras:


- ¿Qué esperas Antonio? Afuera parecías muy interesado y aquí estás demasiado tímido.


Estas palabras acabaron por descomponer cualquier rasgo de cordura en mi cabeza; me acerqué a ella y me puse en cuclillas, retomé me sesión de besos en sus nalgas, mientras bajaba lentamente la tanga negra lisa que vestía, la forma en que se incrustaba era deliciosa, y bajarla lentamente mientras movía su enorme en culo en círculos era un espectáculo digno de un rey. Cuando volví a meter mi lengua en su ano se movió con más violencia, utilizaba mis manos para subir más y más su vestido que en este punto ya parecía una ombliguera, acariciaba su abdomen, su vello púbico y su portentoso sexo. Gaby se movía cada vez más rápido:


- Ahh, que bien, mete otra vez tu dedo ahí…


No podía fallarle, remojé mi dedo en saliva y lo inserté en su apretado ano lentamente, comencé un mete saca despacio, para acostumbrar su nuevo espacio a mi dedo, a ella parecía encantarle, se movía y más y más rápido; mientras tanto mi boca se entretenía en recorrer sin descanso su culo excitado, me encantaba subir desde la parte trasera de sus rodillas lentamente por sus muslos, llegar a sus nalgas y hacer círculos de saliva en ellas.


Bajé el cierre de mi pantalón y saqué me erecto miembro de su prisión, de un tirón metí mi pene hasta el fondo en su vagina. Creo que no se lo esperaba porque de inicio detuvo sus ronroneos; metí y saqué mi pene unas 10 veces de su apretadísimo coño, mientras nalgueaba con fuerza su hermoso culo que para entonces había tomado una tonalidad rojiza. Gaby estaba sorprendida y tal vez un poco asustada, en nuestros encuentros previos me había comportado muy cariñoso y ahora el estilo era radicalmente diferente. Le dije al oído mientras la penetraba con fuerza hasta lo más profundo de su ser:


- Por que pones esa cara putita, se ve que te encanta que te lo meta…


- Si, si, mételo más, mételo más, me encanta tenerlo dentro…


Había entrado a mi juego y me encantó. Saqué mi verga de su vagina sin previo aviso, lucía brillante gracias a sus jugos vaginales, inmediatamente la acerqué a su boca; por un momento temí que se negara, pero la tomó con singular alegría y la metió hasta el fondo en una sola emisión, comenzó a chuparla sin siquiera sonrojarse, pude notar que le encantaba tenerla entre sus labios. Recorría una y otra vez con su lengua desde la punta hasta el tronco, le dije entonces:


- Besa mis huevos preciosa…


Asomó una sonrisa en su rostro, tal vez por el uso de semejante palabra, pero muy obediente comenzó a besarlos alternadamente, mientras que con la mano masturbaba mi pene de arriba abajo. Mientras tanto acariciaba sus tetas aún cubiertas por el ajustado vestido. Saqué mi pene de su boca, estaba perfectamente lubricado, la hice levantarse de la cama y me senté, le pedí que se pusiera de espaldas a mí y la hice sentarse en mis piernas, pero con mi enorme erección taladrando su vagina con fuerza. Creo que nunca había llegado tan profundo en ella, y estoy seguro de que le encantó. Comenzó a moverse con violencia, como si estuviera montando un potro corriendo a toda velocidad, mi verga entraba y salía de su delicioso coño con una rapidez escalofriante, ella se movía con tal destreza que por un momento pensé que sería una excelente puta, gritaba una y otra vez:


- Ahh. Ahhh, me encanta, me encanta


Mis manos estaban entretenidas en sobar sus pechos, había desabotonado el vestido en su parte superior y sus tetas habían brincado de su lugar ansiosas de mis caricias, pellizqué sus pezones, y al hacerlos ella subió sus manos para acompañar a las mías. Recorrí su cuello, sus pechos, su abdomen, siempre con sus manos sobre las mías, y al llegar a su sexo en franco movimiento y totalmente abierto, acaricié su clítoris con mi dedo medio, Gaby gritó:


- Si, si…


Puse su mano debajo de la mía y comencé a acariciar su sexo con su propia mano. Esto pareció encantarle, porque se movió si es posible aún más rápido, su mano restregaba su sexo con fuerza y en cada movimiento acaba acariciando mis testículos. Mientras dejaba a Gabriela entretenida en su propio cuerpo, terminé por desabrochar cada botón del vestido y quité su brassiere, apreté sus enormes pechos con fuerza, pellizqué sus pezones con la intención de arrancarlos; ella respiraba intensamente, gritaba palabras in entendibles y se movía cual una leona en celo siendo poseída por su macho. Levanté su rostro y la hice mirarse en el espejo frente a nosotros, fue demasiado para Gabriela, porque al hacerlo comenzó a tener un larguísimo orgasmo, primero se movió más rápido y de pronto se detuvo con mi verga tocando prácticamente sus rincones más secretos, en ese momento, su culo comenzó a temblar con fuerza y toda su piel se erizó, pellizcó mis piernas brutalmente y liberó un grito que seguramente se escuchó en todo el hotel:


- Ahhhhh que rico….


Se quedó inmóvil un momento, pero no le iba a dar tregua. Salí de ella, intentó detenerme pero no lo permití. La recosté boca arriba y abrí sus piernas, hundí entonces mi lengua en su húmedo sexo, sus jugos vaginales inundaron de inmediato mi boca, fue delicioso; moví mi lengua tocando específicamente su clítoris que minutos antes había masajeado con fiereza, Gabriela estaba como desmayada, su cuerpo reaccionaba a mis caricias pero su mente estaba en otro lugar. La volví a levantar, quité con fuerza el resto de su ropa, dejando únicamente sus zapatos, la hice poner sus rodillas sobre la cama y empujé su torso hacia la cama; su culo se veía más grande en esa posición, sus nalgas apuntaban al aire y su rostro estaba apoyado sobre la cama. Mi lengua volvió a su delicioso ano y lo acaricié una y otra vez; Gabriela se movía lentamente, estaba disfrutando sobremanera mis bucales caricias. Me detuve, fui hacia mi maleta y saqué de la bolsa de enfrente un tubo con gel base agua, unté un poco en su abertura y un poco más en mi erección. Me miró con miedo, pero no le di tiempo a pronunciar palabra alguna, inserté mi dedo medio lentamente por su ano hasta que desapareció totalmente entre sus nalgas, Gaby ahogó un grito de dolor y placer, comenzó a moverse para disfrutar de su recién llegado invitado; metí y saqué mi dedo en repetidas ocasiones y de pronto lo saqué del todo, su culo pareció seguirlo, incluso lo levantó un poco como quien sigue una guía en el espacio.


Apoyé entonces mi poderosa erección en la entrada de su ano, y sin mediar palabra comencé a introducirme en su apretadísimo agujero. Fue una tarea difícil que me tomó más de 5 minutos, durante los cuales Gabriela pasó del dolorido llanto a los gritos de placer y de regreso. Al principio trataba de alejarse de mí, pero la tomé fuertemente de sus nalgas y no lo permití. La sensación alrededor de mi verga era deliciosa, su ano apretaba increíblemente y la visión de su maravilloso culo totalmente a mi disposición me iba a volver loco.


Después del primer ingreso, me retiré muy lentamente, y antes de salir, ataqué una vez más y volví hasta el fondo, siempre muy despacio, mi intención era que Gaby se acostumbrara y fuera ella quien comenzara a moverse para mí. Pasaron diez largos minutos, pensé que había sido en vano, porque en cada acercamiento rompía en llanto, de pronto, como si se hubiese resignado a tener mi erecta verga en su ano, comenzó a moverse, con el ánimo puesto en disfrutarlo; esa era la señal que yo necesitaba, comencé a moverme a su ritmo y una vez más la excitación se apoderó de nosotros, nos movimos una y otra vez, ahora sus gritos reflejaban un profundo placer y mi verga estaba plenamente acostumbrada al reducido espacio entre sus nalgas.


No se como hicimos pero logré recostarme en la cama mientras Gabriela quedó sobre mí, todo sin separarnos un momento, ella quedó prácticamente en cuclillas en la cama siguió moviendo su delicioso culo hacia arriba y hacia abajo. Yo estaba a su merced, no podía ni quería moverme, ella se encargaba de todo el trabajo, entraba y salía de su ano ya con mucha facilidad y Gabriela lo disfrutaba muchísimo. Deslicé mis manos por debajo de sus nalgas hasta alcanzar su sexo, que me esperaba ansioso y comencé a acariciarlo. Inserté uno, dos, tres dedos y ella perdió totalmente el control:


- Que rico coges toño, soy tuya, soy tu esclava mi amor…


Realmente no se que pasó por mi cabeza en ese instante, pero pronuncié una frase que bien podría haber roto con el embrujo sexual que estábamos viviendo, pero que sin embargo acabó por provocar el orgasmo más placentero que jamás haya sentido. Le susurré a Gaby:


- ¿Te gustaría que alguien chupara tu sexo en este momento?


- Mmm, que rico, si, quisiera una lengua tocando por todas partes…


Me arriesgué un poco más:


- ¿Te gustaría que fuera un hombre o una mujer quién lo hiciera?


Gaby se movió con más violencia, y respondió:


- Me da igual, quiero tener una lengua acariciando mi coñito mientras me lo haces por atrás…


- ¿Y te gustaría que fuera mi mujer quien lo hiciera?


Gaby se movió aún con más fuerza y me dijo:


- Si, si, ahh, ahh, quién tu quieras mi amor, ahh haré todo lo que tu quieras…


Sentí una oleada de semen recorriendo mi cuerpo, y comencé a venirme en el delicioso ano de mi cuñada. Creo que perdí el conocimiento durante algunos segundos, porque cuando volví en mí, Gabriela estaba recostada a mi lado y me besaba con gran pasión; correspondí a sus besos y nos quedamos en silencio unos minutos:


- ¿De verdad te gustaría hacerlo con mi hermana y conmigo?


Era una pregunta directa y merecía una respuesta directa:


- Si, sería una experiencia maravillosa.


Gabriela sonrió tímidamente y me dijo:


- Pero ¿Cómo haríamos para convencerla?


Me quedé pasmado, en realidad Gabriela, la mujer que creía lesbiana hace menos de dos semanas y que se había convertido en mi amante en un santiamén, estaba considerando la posibilidad de hacer un trío con su propia hermana y conmigo. De verdad que era un tipo afortunado, ahora solo tenía que encontrar la manera de “colocar” a mi esposa en posición y disposición de tener una aventura con nosotros…


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El cumpleaños de mi esposa es el pretexto ideal para organizar una comida en casa con la familia cercana y los amigos. Perla, mi esposa, se ha puesto guapísima para tal ocasión, lleva puesto un vestido gris ceñido al talle, medias negras y zapatos altos de punta de aguja; el vestido le llega por debajo del muslo y se ajusta de tal forma que le permite lucir su figura en forma envidiable. Lleva el cabello recogido en un chongo que la hace lucir más alta y permite disfrutar de la visión de sus hombros desnudos y seguir con sus muy bien formados pechos. A sus 26 años luce francamente bellísima, siempre fue una mujer delgada y más bien con poco busto, pero tras su embarazo 3 años atrás, sus tetas quedaron de un tamaño perfecto. Desde que la conocí y nos hicimos novios, me he sentido muy orgulloso de la mujer que me acompaña; cuando anuncie mi compromiso, mis amigos no podían creer que iba a casarme con semejante hermosura.


Organizamos la comida con unos días de anticipación, e insistí en ofrecer sushi para los invitados, a Perla le encanta, en particular el sake que consume en cantidades generosas. Están invitados familiares y amigos, en total unas 15 personas, se trata de una reunión muy privada con los más cercanos. Comienzan a llegar a eso de las tres de la tarde y poco a poco el recibidor y la sala de nuestra casa se van llenando de caras conocidas. La última en llegar es Gaby, llega acompañada de un compañero del trabajo, un tipo que a todas luces se ve emocionado por su pareja, pero que no sabe que será solo un instrumento de mis más obscuros planes.


Sé que Gabriela sale ocasionalmente con algunos amigos, pero no se atreve a serme infiel, como dentro de la que cabe yo tampoco me atrevo a tener una tercera mujer en mi vida, es decir, soy un bígamo fiel a su esposa y amante.


Pasadas las ocho de la noche la mayoría de los comensales se disponen a retirarse, solo permanecen Claudia y Arturo, amigos de mi esposa, Gabriela y su acompañante Mauricio, mi mujer y yo mismo. A lo largo de la tarde me he encargado de calentar la cabeza de mi “rival” en el sentido de que Gabriela es una hembra súper caliente, dispuesta a todo incluso en la primera cita, el rostro de Mauricio luce emocionado, seguramente se imagina que esta noche tendrá suerte con mi cuñada, el monumento de mujer que le ha invitado al cumpleaños de su hermana.


Sirvo copas para todos, en particular la de mi mujer y la de Mauricio están mejor “servidas”. Pongo música muy suave, que invita a bailar y tomó de la mano a mi mujer en una sugerente invitación. Perla se levanta de su lugar, caminamos al centro de la sala y comenzamos a movernos; la abrazo fuertemente, por la cintura, la beso en los labios y acaricio muy lentamente su espalda, llego a sus nalgas y deslizo mis manos disimuladamente para acariciarlas en toda su extensión; Perla me dice al oído:


- Nos están viendo


- Y eso qué, estoy en mi casa con mi mujer y si quiero acariciarla soy totalmente libre


Ella me mira sorprendida y un tanto intrigada y me dice:


- ¿De veras no te importa que Mauricio y Arturo me miren?


Muy tranquilo respondo que en absoluto, me encanta presumir la hembra que tengo por mujer. Sigo acariciando sus nalgas muy despacio y la beso cada vez con más pasión. Nuestros invitados están sorprendidos, Arturo tiene los ojos como platos mientras que su mujer lo mira un poco m*****a, aunque estoy seguro de que a ella también se le antoja un baile así de cachondo, siempre me ha parecido una mujer muy sexual. Por su parte Mauricio no decide entre mirar el espectáculo o atender a su espectacular pareja, que se ha sentado muy sugestivamente con las piernas ligeramente abiertas.


No puedo pasar al siguiente paso hasta deshacerme de Claudia y Arturo, no quiero que arruinen la fiesta. Opto por la agresión, y le digo en tono burlón a Claudia:


- ¿Qué es lo que te sorprende? ¿Acaso Arturo no te da servicio con regularidad?


Todos rompen en carcajadas, incluso Arturo. Claudia se ve muy m*****a y atina a decir con voz triunfante:


- Si, pero no lo andamos luciendo frente a los demás.


Su respuesta me m*****a, y reviro con un poco de sorna:


- Será entonces que no hay nada que lucir entonces… ¿no Arturo?


Perla me mira entre m*****a y coqueta, acabo de compararla con su amiga y la he puesto muy por encima de ella. Arturo debe contener la risa, y Claudia hace lo que debe hacer: se levanta y pide a su esposo que se retiren, afirma que no le gusta discutir con borrachos. Si supiera que en toda la tarde-noche no he probado una gota de alcohol para estar al 100% en lo que se avecina…


Arturo me mira con un poco de m*****ia y se despide, Claudia de plano ni siquiera me voltea a ver, se despide de los demás y sale azotando la puerta. Creo que me propasé, pero ya mañana tendré suficiente tiempo para disculparme, al final de cuentas tengo el mejor de los pretextos: estoy borracho.


Sonrío a Gabriela y pregunto imperativamente


- ¿Acaso no bailas Mauricio?


Parece que solo necesitaba ese pretexto, inmediatamente se levanta y pide a Gabriela bailar con él. Se levantan y comienzan a bailar junto a nosotros. Yo sigo en mi tarea de acariciar descaradamente a mi mujer, ya no lo hago delicadamente, magreo con fuerza su magnífico trasero. Mauricio está asombrado, quizás se imagina que formará parte de una orgía o algo por el estilo, he sembrado tantas ideas en su cabeza respecto a Gabriela y luego al vernos así, tan “descarados” a mi mujer y a mí, seguro piensa que somos unos degenerados; y lo somos, pero no lo incluiremos en nuestro degenere.


Cada que mi mirada se encuentra con la de Gabriela, sonríe maliciosamente, luce muy emocionada con nuestro plan, mientras que Mauricio luce cada vez más acalorado y porque no decirlo, excitado. En cierto momento, en que Mauricio queda de frente a mí, le guiño un ojo y aprieto con más fuerza el culo de mi mujer, su vestido se levanta un poco y estoy seguro que él logra ver parcialmente sus blancas nalgas.


No puede más, baja sus manos al culo de Gabriela, me excita sobremanera mirar a otro hombre acariciar algo que es de mi uso exclusivo; Gabriela explota:


- Qué haces estúpido, no me toques, no me toques


Mauricio no sabe donde meter la cabeza, mi esposa pregunta que ha sucedido y Gaby responde casi llorando:


- Este idiota que se ha querido propasar conmigo y me ha acariciado las pompas…


Mi mujer luce furiosa y me mira rogándome que haga algo. Airadamente reclamo a Mauricio y lo saco de la casa casi a patadas, no está en condiciones de defenderse, intenta dar una explicación pero no se lo permito y en un dos por tres me he quedado a solas con mi mujer y mi amante.


Gabriela llora amargamente y Perla intenta consolarla, se sientan en un sillón (en el que hice por primera vez el amor a Gaby) la abraza, acaricia su cabello y le dice que no ha sido su culpa. Me siento junto a mi esposa y sigo con mi juego, esta vez me pegó a ella y comienzo a acariciar su cuello bajando disimuladamente mis manos a sus pechos; ella protesta, dice que su hermana se siente muy mal; Gaby le dice:


- No te preocupes Perla, sigan en lo que estaban, yo no voy a arruinar la noche. Mejor me voy.


Mi mujer responde:


- Ni hablar, ¿cómo que te vas?, que tal que el fulano anda por allá fuera esperándote. Mejor te quedas


- Pero no quiero importunar…


Sonrío y le digo que no importuna, si no le m*****a ver como acaricio un poco a su hermana. Gaby sonríe y dice que no, que para nada, que hasta le gusta ver como lo hago…


Perla sonríe y dice:


- Es un hecho, te quedas con nosotros.


El plan va de maravilla, estoy a un paso de hacer realidad mi más grande anhelo en muchos años, un buen plan y un poco de ayuda del alcohol funcionaron de maravilla. Vuelvo a tomar de la mano a mi mujer y la llevo una vez más al centro de la sala; acaricio su cabello, la beso con pasión y mis manos se pierden más en su culo, la acaricio una y otra vez, ella por su parte clava su boca en mi cuello y comienza a chuparlo, me encanta cuando hace eso, es un indicador de que está a punto para que la posea.


Subo mis manos por su espalda y bajo lentamente el cierre del vestido hasta por encima de la cintura, intenta detenerme, pero hago caso omiso a sus reclamos; me dice:


- Ahí está Gaby…


- Si lo se, no pierde ningún detalle.


Subo mis manos por su cintura, siento su suave piel desnuda en mis dedos, mis manos llegan a sus hombros y deslizo el vestido por el frente, liberando sus preciosos pechos solo cubiertos por un transparente brassiere; antes de que otra cosa suceda, beso inmediatamente sus pechos, se que le encanta y no podrá resistirse y mucho menos detenerse, el alcohol acompañado del sensual baile y los juegos previos han desinhibido a Perla y actúa siguiendo a sus instintos. Beso sus pechos con fuerza, paseo la lengua alrededor de su aureola una y otra vez, toma mi nuca y respira agitadamente, se que está a punto de pedirme que la posea ahí mismo.


Estoy muy cerca de conseguirlo. Deslizo su vestido hasta el suelo y ella está totalmente entregada: lo único que se te interpone entre nosotros son sus medias y su deliciosa ropa interior. Meto las manos entre su ropa y su piel y la bajo con cierta brusquedad y la dejo ahí, desnuda frente a mí y frente a su hermana, mi amante, mi inesperada obsesión. Acaricio su cuerpo de arriba a abajo, luce magnífica, sus preciosas tetas, su abdomen, su cuello extendido, su sexo depilado recientemente. Mis manos recorren desesperadamente todo su cuerpo y ella está en otra dimensión, gozando de mis caricias como nunca lo ha hecho.


Meto un par de dedos en su coño, le encanta, me muerde el oído y me dice:


- Cógeme mi amor…


La levanto en vilo, me abraza con las piernas y hace más fácil mi labor; al parecer se ha olvidado de la presencia de su hermana y si no, no le importa en lo más mínimo. Volteo a ver a Gabriela y luce como una gata en celo, sus piernas parcialmente abiertas dejan ver casi hasta su sexo maravilloso, ha desabrochado los botones superiores de su blusa color blanco y sus pechos asoman tímidamente por debajo de la tela. Su falda color negro se ha deslizado hacia arriba dejando ver más de lo que uno puede siquiera imaginar. Me sonríe, sabe que estamos cerca de conseguirlo.


Con mi esposa abrazándome con las piernas, hago algo que generalmente me cuesta mucho trabajo pero que esta vez me sale a la perfección: la penetro estando yo de pie y ella montada en mí. Perla tensa cada músculo, cada fibra y comienza a gozar como una loca de mi verga en su coño.


Después de penetrarla unas 20 veces su respiración está increíblemente agitada, camino con ella, sin salirme un centímetro de su delicioso coño y la recuesto junto a su hermana, que con todo lo sucedido se ha desprendido de su blusa y ha dejado sus tetas expuestas a la mirada atónita de mi esposa. Gabriela acaricia sus enormes tetas descaradamente, mirando a su hermana a los ojos; Perla, con mi verga metida hasta el fondo no atina a decir nada y yo sigo con mi movimiento en una posición mucho más cómoda y que por ende me permite llegar mucho más profundo en mi tarea. Perla gime plácidamente, me araña la espalda, se acaricia las tetas, está profundamente excitada por todo lo vivido.


Gaby ahora se ha quitado su falda y ha quedado luciendo su deliciosa y ya conocida tanga, luce simplemente espectacular cuando se pone en pie, me abraza por la espalda y comienza a acariciar mi pecho muy despacio, bajando paulatinamente sus manos por mi estómago y llegando a donde mi erecta verga perfora a su hermana menor. Acaricia la base de mi verga y el sexo de Perla en cada penetración. Mi mujer abre los ojos desorbitados por la sorpresa, pero no voy a detenerme así llegue un ejército entero y me pida hacerlo. Perla me mira de forma interrogante, las manos de Gabriela bajan por su abdomen y comienzan a acariciar las tetas de mi mujer, ella pierde el control, cierra los ojos y se entrega al goce.


Gaby pasa de acariciar las tetas de su hermana, mi verga y posteriormente mi pecho y espalda, parece muy entretenida en su actividad pero se que es demasiado caliente y necesitará atención muy pronto. Saco mi pene de Perla, me pongo en cuclillas y comienzo a lamer su sexo con mucha habilidad, Gabriela me sigue en la tarea y pronto su lengua se encuentra con la mía con el delicioso sabor del coño de mi mujer; lo hacemos alternadamente, lamemos insistentemente el coño de Perla y luego nos unimos en un apasionado peso en los labios; compartir los jugos de mi mujer es lo más sensual que he hecho en toda mi vida.


Mis manos ya recorren libremente ambos cuerpos, paso del culo de Gabriela a las tetas de Perla y viceversa. De vez en cuando ingreso dos o tres dedos en el ano ya acostumbrado de mi cuñada. Ya en eso, dejo de lamer el sexo de mi esposa y dedico enteramente mi atención a Gabriela, beso cada parte de su cuerpo y preparo su sexo para lo que sigue: meto de un jalón mi verga en lo más profundo de Gabriela, ella está en 4 puntos, lamiendo el coño de mi mujer y desde donde estoy puedo ver las deliciosas tetas de Perla, sus piernas abiertas de par en par recibiendo lenguetazos por parte de su hermana, y aún más cerca su precioso culo moviéndose para mí.


Mi mujer abre los ojos y me mira extrañada, me estoy cogiendo a su hermana y está a punto de decir algo, pero su excitación es superior, se mueve al ritmo de la lengua de Gabriela, ronronea, grita. Saco mi verga del coño de Gabriela y la llevo a la boca de mi esposa, la abre sin protestar y comienza a comerla sin pensárselo dos veces. Gaby acaricia las tetas de su hermana una y otra vez, mete sus húmedos dedos en el interior de su coño y luego los lleva al de mi esposa, es maravilloso verlas como dos gatas en celo.


Tomo a Perla de la mano y la pongo de rodillas sobre la alfombra, la penetro sin previo aviso y ella chilla de placer; mientras tanto Gaby se pone frente a ella con las piernas abiertas y masturbándose. La cabeza de mi esposa está a escasos centímetros del coño de su hermana pero no se atreve a hacer lo que debe hacer. La penetro con más y más fuerza, me sostengo de sus nalgas para penetrar con más profundidad y paulatinamente la voy empujando al abismo; de pronto no puede más y comienza a comerse el coño de Gabriela, ella toma su cabeza con ambas manos y la guía en sus movimientos, mi mujer está increíblemente excitada y grita cuando su labor se lo permite. Gabriela pellizca sus pezones, empuja su impúdico sexo a la boca de Perla. Después de algunas embestidas más mi mujer tensa todos los músculos de su cuerpo y experimenta el más grande orgasmo que hayamos compartido en nuestras vidas.


No le doy cuartel, comienzo a lamer su ano mientras que Gaby se ha recompuesto y besa sus labios, Perla recupera el deseo inmediatamente y Gabriela lo nota, porque sin más mete tres dedos en su coño; mi mujer grita de placer.


Gabriela mi pide sentarme en el sillón e indica a mi mujer que chupe mi pene, juntas lo hacen por unos segundos. Acto seguido Gabriela se pone de espaldas a mí y se mete mi verga completa en el ano, de un jalón mis huevos chocan contra sus nalgas. Comienza a moverse con violencia, entra y sale con toda naturalidad puesto que su ano está acostumbrado a recibir a mi pene. Mi esposa nos mira, y cuando está a punto de articular palabra Gabriela le grita


- Cómeme Perla, por favor cómeme…


Perla me mira y comienza a chupar simultáneamente el coño de su hermana y mis testículos cuando le es posible, mientras se masturba con ambas manos. La escena dura cerca de 5 minutos, cuando de pronto Gabriela comienza a moverse con más y más fuerza, indicándome con los movimientos de sus manos que está a punto de terminar e invitándome a hacerlo junto a ella. Mi mujer no cesa en su trabajo, lame y lame el sexo de Gabriela mirándome de reojo, como tratando de interpretar lo que está sucediendo.


Simultáneamente, como tantas veces lo hemos hecho, Gabriela y yo terminamos en un profundo orgasmo mientras mi mujer nos no se cansa de chupar nuestros sexos y masturbarse. Una vez que terminamos, saco mi verga de Gabriela, ayudamos a mi mujer a sentarse en el sillón y la recorremos toda con nuestras lenguas, no hay rincón de Perla que quede sin ser recorrido una y otra vez, ponemos especial atención en sus orificios, alternadamente Gabriela y yo compartimos entre su ano y su coño, mientras mi mujer está vuelta loca por las caricias que le estamos propinando. Minutos después, mi mujer experimenta su segundo orgasmo como preludio a los múltiples finales que tendremos a lo largo de la noche de pasión que compartiremos…


En los días posteriores a nuestro increíble trío, mi esposa no mencionó nada al respecto, pensándolo bien, prácticamente no me dirigió la palabra en poco menos de dos semanas, solo me hablaba para resolver problemas domésticos y asuntos de la oficina. Durante el transcurso de esa semana preferí no ver a Gaby, quería tener las cosas muy claras con mi esposa antes de cualquier movimiento. No obstante la deliciosa noche de pasión que los tres habíamos vivido, ya no estaba seguro de haber hecho lo ideal para mi matrimonio ni para mi relación con Gaby, antes de esa noche mi esposa no tenía sospecha alguna respecto a mi trato con su hermana y por ende podía pasar tiempo de sobra con ella y nadie podría reclamarme nada, sin embargo, después de lo ocurrido, eso era prácticamente imposible, ahora Perla sospecharía de cualquier encuentro "casual" con mi cuñada.


Viví unas semanas de perros, con la incertidumbre a flor de piel y sobresaltado con cada timbrazo del teléfono esperando que mi esposa finalmente rompiera el hielo, además de que mi libido andaba por las nubes después de haber tenido a ese par de calientes mujeres.


Nada pasó hasta el sábado siguiente. Como siempre, me levanté muy temprano para jugar tenis con mis amigos, acto seguido tomamos un par de tragos en el bar del club y mas tarde, cuando iba de regreso a la casa, sonó mi teléfono, era mi esposa diciéndome que teníamos invitados a cenar y que no llegara tarde.


Apresuré el paso y llegué a casa más temprano de lo acostumbrado. Al entrar escuché a Perla cantando alegremente en la cocina, cuando la vi, no pude mas que sonreír lascivamente, se veía preciosa, llevaba puesto un vestido negro muy corto que bien podría ser un babydoll con un generoso escote que dejaba asomar desafiantes sus deliciosos pechos, medias negras de un material muy brillante que las hacía lucir aun más bonitas y unas altísimas zapatillas de punta que hacían sus piernas eternas... Llevaba el cabello recogido en un chongo con un broche en forma de rosa decorando el tocado. Supuse entonces que la vigilia había terminado, ya estaría dispuesta a retomar nuestra vida en común. Me acerqué y la besé apasionadamente, diciéndole al oído las guarradas que tanto la excitan, seguí besándola algunos minutos y di el siguiente paso, la levanté en vilo y ella abriendo sus piernas rodeó mi cintura, apreté con fuerza sus nalgas por debajo del vestido, y me llevé una agradable sorpresa: llevaba puesto un delicioso liguero y cero ropa interior. Después de 2 semanas de inactividad, mi miembro salió disparado de su lugar buscando pelea, y mi esposa lo notó de inmediato porque comenzó a moverse pausadamente rozando su sexo contra el mío. La levanté un poco más y la senté delicadamente en la barra de la cocina, la seguí besando y mis manos comenzaron a acariciar sus pechos por encima del vestido, acariciando accidentalmente su piel. Agaché mi cuerpo con el objeto de llegar a sus piernas, pero ella me detuvo abruptamente, diciendo que los invitados estaban por llegar.


Dio un brinquito desde la barra, acomodó de regreso su vestido y me regaló una coqueta sonrisa.


- ¿Quién viene a cenar?


Respondió con una frialdad hasta ahora desconocida para mí:


- Invité a Gabriela y a un amigo suyo.


La respuesta me dejó la cabeza llena de confusión, ¿Qué era lo que Perla buscaba?, ¿porqué buscar un encuentro con su hermana en esas condiciones? ¿Acaso quería repetir nuestra aventura?, pero de ser así, ¿Por qué la presencia de un invitado misterioso? Estaba seguro de que algo tramaba pero no atinaba a adivinar qué.


Ayudé un poco en la preparación de la espléndida comida, además del sexo uno de los principales atributos de mi esposa es la cocina. Preparó una crema de ostiones al vino blanco, colocó una fuente de camarones gigantes en el centro de la mesa y terminó de preparar el plato fuerte: un exquisito filete de salmón preparado al gratin y coronado con champiñones portobello rellenos de pequeños trozos de nuez.


La mesa era digna de un palacio, Perla se había esmerado en la preparación de los alimentos, pero especialmente en la selección del vino, una rareza del valle de Napa, combinación de uvas Sauvignon Blanc y Zinfandel que mi esposa y yo habíamos conocido en diferentes momentos de nuestras vidas pero que habíamos aprendido a disfrutar en común. Por mi parte había descubierto esta delicia en un viaje mochilero por la costa este de Estados Unidos que hice con mi padre 18 años atrás, aún recuerdo las acaloradas discusiones que mi viejo sostenía con los gueritos que consideraban que su país era el mismísimo ombligo del mundo. Perla nunca quiso contarme cuándo había probado ese vino por primera vez, y para ser franco tampoco me interesaba demasiado, lo que me parecía un detalle sublime era que lo hubiera buscado en México para nuestra cena con su hermana, seguramente tendría planes muy especiales para nosotros.


Sonó el timbre y corrí como adolescente para abrir la puerta, ahí estaba ella, la deliciosa hembra que ocupaba la mitad de mis pensamientos: Gabriela. Desde nuestro primer encuentro se había vuelto increíblemente audaz en su arreglo personal, había renovado totalmente su guardarropa para llenarlo de minifaldas, pantalones ajustados, escotes y zapatillas muy altas. Llevaba puesto un vestido muy similar al de mi esposa, pero en color verde botella, sus enormes pechos saludaban coquetamente por debajo de la tela y sus maravillosas piernas lucían unas deliciosas medias con un sensual calado. Cuando me dio su abrigo y volteó pude notar lo más atractivo de su vestido, el escote de posterior se pronunciaba hasta bien terminada su espalda, y dejaba entrever solo un poco de su magnífico trasero.


Me saludó con un cariñoso beso en la mejilla, rozando la comisura de mis labios, me dijo al oído:


- Te he extrañado mucho mi amor


Detrás de ella venía la mayor sorpresa de la noche: Esteban Torres Andaluz. Cuando lo vi la sonrisa de mis labios se esfumó y con voz más que formal lo saludé con un fuerte apretón de manos.


Esteban es el único amigo de mi esposa que puede sacarme de balance, fueron novios durante más de un año, de hecho cuando comencé a salir con Perla ellos tenían graves problemas en su noviazgo, y yo estuve ahí para confortarla y hacer mi labor para conquistarla, enamorarla y contraer matrimonio. En cierta ocasión, cuando aún éramos novios, Esteban me abordó camino a mi casa con un fuerte cerrón y me amenazó airadamente, llegamos a los golpes, llevando ambos daños similares; poco tiempo después me pidió disculpas y ofreció su amistad, argumentando que prefería “la felicidad de Perla, aunque fuera lejos de él”. Nunca me pareció honesto, acepté sus disculpas por tranquilizar a mi entonces novia, pero siempre me pareció que no pudo superar la ruptura con ella y su eventual casamiento conmigo.


Durante los años de nuestro matrimonio lo encontramos una vez en un centro comercial y otra en el aeropuerto, y nunca lo habíamos frecuentado; por eso, tenerlo sorpresivamente de visita en mi casa sin previo aviso y con la situación como estaba con mi esposa y mi cuñada, no me gustaba en lo más mínimo.


Perla salió del comedor y prácticamente corrió a abrazar a Esteban, a éste se le salían los ojos al mirar a mi esposa tantos años después luciendo tan hermosa. Estoy seguro de que puso especial atención en sus pechos; maldición, los celos estaban consumiéndome, y la noche apenas comenzaba.


Entendí entonces el juego de mi esposa, quería darme celos, seguramente estaba m*****a por lo ocurrido, aunque al final de cuentas no tenía porque estarlo, si mal no recuerdo ella fue partícipe de nuestra aventura, el alcohol que había consumido era mínimo y bien pudo haberse detenido. Sin embargo entendía su m*****ia y sus celos, y si quería jugar a dar celos, yo llevaba las de ganar: Gabriela.

Pasamos a la sala, Esteban se sentó en un sillón junto con Gabriela, mientras que mi esposa ocupó un chase lounge frente a ellos. Por mi parte me dirigí a servir bebidas, tome una botella de vino y sendas copas de cristal cortado, regalo por cierto de Gabriela el día de nuestra boda. Coloqué las copas y el vino en una mesa al centro de la sala, Esteban se levantó para tomar la botella de la mesa y al verla dijo sorprendido:


- ¡No puedo creerlo, un Arietta 2002, y por si fuera poco Blanc!, ¡En verdad no puedo creerlo!


Mi esposa me dedicó una mirada triunfal:


- Claro, ¿te acuerdas?


La mirada de Esteban brillaba de gusto, por su puesto que se acordaba, y yo ahora caía en cuenta del porqué no sabía como mi esposa había conocido ese vino: Años atrás había hecho un viaje universitario a San Francisco y por supuesto que Esteban era su novio en la universidad, la conclusión era muy sencilla y dolorosa: habían conocido el vino juntos y justo hoy mi esposa había conseguido esas botellas para él, y no para mí como lo pensaba. Me sentí como un idiota, horas antes estaba muy contento por el detalle, pero ahora ardía en celos.


Gaby lo notó inmediatamente, y con una franca sonrisa comentó:


- La verdad a mi no me importa la marca, mientras tenga el efecto adecuado…


Al pronunciar estas palabras me miró fijamente y sonrió mostrando su hermosa dentadura. Serví las copas y entregué una a cada quién, tuve que sentarme en un sofá porque mi esposa estaba recostada en su lugar y no me dejó espacio.


- Por los viejos tiempos.


Mi esposa levantó su copa y dedicó una mirada cómplice a Esteban, que no atinó a decir nada seguramente porque sintió el peso de mi mirada. Gaby se levantó de su lugar y se sentó en el brazo de mi sofá, me gustaba mucho que me “defendiera” de los ataques de su hermana.


Durante cerca de una hora platicamos de todo un poco, durante todo ese tiempo mi mujer coqueteaba descaradamente con Esteban, ella estaba recostada de lado, sus piernas juntas, su pequeño vestido se deslizaba constantemente dejando ver más de lo que un esposo en condiciones normales permitiría, sus piernas se movían constantemente, su liguero asomaba lujuriosamente por debajo de la tela; su generoso escote dejaba ver la parte superior de sus pechos cuando se agachaba a tomar su copa que dejaba en una pequeña mesa a un costado. Esteban no perdía detalle, lucía acalorado, turbado por la situación, estoy seguro de que si Gaby y yo no estuviéramos ahí ya se hubiera abalanzado sobre Perla.


En un par de horas tomamos dos botellas de vino y cenamos. Durante toda la cena mi esposa no cesaba de elogiar a Esteban y recordar los momentos compartidos en su juventud, que estaba fuera de sí ante la conducta tan sugerente de mi mujer, por nuestra parte Gaby y yo permanecimos como espectadores de todo lo que decían. Me sentía fuera de lugar, lleno de celos, pero al mismo tiempo muy excitado, no sabía a donde nos llevaría todo esto, pero al menos algo estaba ocurriendo, a diferencia de las últimas dos semanas.


Nos levantamos del comedor y Perla me pidió preparar un café de la alta montaña de Veracruz que a todo el mundo encanta, Gaby fue conmigo en la cocina para ayudarme mientras que mi mujer y el sorprendido Esteban fueron a la sala.


- ¿Pero que le pasa a Perla?


No atiné a articular palabra, no me gustaba sentirme tan vulnerable, sin argumentos, y tampoco quería mostrarme demasiado celoso frente a Gabriela. Mientras servía el café, Gaby se situó a mi espalda y comenzó a acariciarla, y sin más pasó sus manos al frente y comenzó a tocar mi pene por encima de la ropa.


- No te preocupes mi amor, pronto nos desquitaremos…


Me hizo sentir muy bien, necesitaba un poco de ayuda y esas caricias y sus palabras fueron un gran aliciente. Regresamos a la sala, y cuál fue mi sorpresa al encontrar a mi esposa sentada junto a Esteban, pero literalmente junto a él, acariciaba descaradamente su pierna y reía a carcajadas. Cuando entramos él se sobresaltó, pero ella permaneció impávida, mirándome con un espíritu retador.


Tomé de la mano a Gaby y nos sentamos en el sillón frente a ellos. La plática subía paulatinamente de color, Perla hablaba de penes y vaginas como si de manzanas y peras se tratara. En cierto punto comentó:


- Mi marido es super liberal en lo que al sexo se refiere, estoy segura de que esta dispuesto a todo...


Esteban me miró, no se que esperaba que le dijera, ¿Acaso quería una propuesta indecorosa? Seguro ya estaba pensando en cogerse a mi mujer desde hace un rato, pero no sabía articularlo. Perla se encargo de ello:


- Es más, podrías darme un beso y a él te aseguro no le disgustaría…


Esteban me miró con los ojos desorbitados, no decía nada, pero con la mirada me estaba preguntando si podía hacerlo. El jueguito de Perla me estaba m*****ando de veras, pero también me estaba excitando. La idea de hacer el amor con mi esposa y mi cuñada tenía un morbo muy especial por tratarse de dos mujeres, además de todo hermanas, y por si fuera poco increíblemente hermosas. Sin embargo, el que otro fulano, y en especial un exnovio de mi mujer la besara y en mis propias narices era algo muy diferente.


El ego me derrotó, no iba a mostrarme débil frente a mi mujer y en cierta forma era justo, al final del camino yo andaba tirándome con regularidad a mi cuñada y había logrado hacerlo con las dos al mismo tiempo, si Perla quería experimentar iba a contar conmigo, y si quería vengarse, no sabía con quien se metía, ya que yo estaba dispuesto a llevar esto hasta sus últimas consecuencias.


Miré calmadamente a Esteban, y asentí con la cabeza.


- ¿De verdad?, ¿Quieres que la bese?


Comenzaba a retomar el control de la situación, Perla me miró entre sorprendida y excitada, estoy seguro de que no esperaba esa conducta, con un tono retador dije:


- anda mi amor, por mi no te detengas


Perla no supo que hacer, no se decidía a moverse y entonces un impulso inexplicable surgió de lo mas profundo de mi ser.


- Mira, yo te enseño...


Voltee a mirar a Gabriela, deslice delicadamente mi mano por su nuca y la atraje hacia mi, acerqué mi boca a sus labios y le di un profundo beso, mi lengua recorrió lentamente el interior de su cavidad bucal, era una verdadera delicia volver a probar su caliente saliva. Gaby acariciaba mi nuca y cuello, y recibía mi beso con cierta emoción.


Me separé de Gaby y dirigí mi atención a mi mujer y su sorprendido amigo, ella por su parte estaba sobresaltada y me miraba furiosa, Esteban no podía ocultar la lujuria en su mirada


- Vamos Esteban, hazle los honores a mi mujer


Esteban la miró y torpemente la besó, primero en la comisura de los labios y muy pronto sus bocas se encontraron en un apasionado beso. No movían sus manos, simplemente movían sus labios y respiraban agitadamente.


Por mi parte seguí con lo mío, volví a besar a Gaby, pero esta vez acaricié su cuello y fui mas allá, deslicé mi mano hacia sus pechos y los acaricie sin pudor alguno, primero lentamente y después con lujo de violencia, los apretaba con fuerza, estiraba sus pezones como tanto le gustaba, todo por encima de la ropa. Los suspiros de Gaby interrumpieron a nuestros compañeros que suspendieron su tarea para contemplar el magnifico magreo que le daba a mi cuñada.


De reojo pude ver sus reacciones, Esteban no cabía en si de emoción, y mi mujer nos miraba con una combinación de sorpresa, enojo y excitación. Estaba sentada en la orilla del sillón, sus pezones tremendamente erectos se notaban a través del vestido, tenía la boca semiabierta y la posición de sus piernas me permitían ver casi hasta su sexo desnudo.


Por mi parte estaba muy excitado, el ver a mi mujer besando a Esteban había provocado en mi una extraña mezcla de celos y deseo, no sabía hasta donde llegaría ese juego pero definitivamente lo estaba disfrutando.


Me levanté, caminé por detrás del sillón en que se encontraban Perla y Esteban y me detuve justo detrás de ella, la atraje hacia mi con fuerza logrando que se recargara en el respaldo del sillón


- Que te parece Esteban, esta muy guapa mi mujer no?


- Si, está mejor que nunca


- mmm y te falta ver sus tetas, después de tantas horas de gimnasio están de concurso...


Acto seguido tomé el vestido de Perla desde los hombros y lo deslicé hacia abajo dejando los hermosos pechos de mi mujer al descubierto, únicamente ocultos por la delgada tela del brassiere.


Intempestivamente detuvo mis manos con furia contenida


- No soy una puta, no me voy a acostar con cualquiera solo porque te acuestas con mi hermana


- Pero no soy yo quien lo quiere. ¿Tu invitaste a Esteban o no?


La tortilla había dado la vuelta, los desorbitados ojos de Esteban me hacían saber su sorpresa, miraba a Gaby y de vuelta a mi mujer pero no pronunciaba palabra alguna. Por su parte Gaby estaba sentada en el sillón en donde la había dejado, sonreía altanera, al fin se había revelado su secreto y estaba orgullosa de ello.


Mi mujer la miró y le dijo


- ¿Acaso crees que pienso que lo que pasó en mi cumpleaños fue un encuentro casual? ¿Un accidente?. Se que desde hace tiempo te acuestas con mi esposo, y lo que me hicieron no tiene nombre, me sedujeron y me hicieron consumar actos que nunca imaginé...


Esteban estaba con la boca literalmente abierta, no se imaginaba que la velada se tornaría en la revelación de un encuentro sexual entre mi esposa y su hermana.


Noté que en ningún momento Perla dijo que no le había gustado lo ocurrido, reclamaba el hecho moralmente hablando, pero en el fondo no negaba que le hubiese gustado. Actué en consecuencia.


- No negarás que fue delicioso, nunca habías terminado tantas veces como esa noche.


Gaby sonrió maliciosamente, se sabía en parte responsable del goce de su hermana.


- No se trata de eso Antonio, me lo hubieras propuesto, me hubieras dicho antes de Gabriela.


- ¿Entonces hubiera sido diferente?


El silencio invadió la sala de mi casa, nadie se atrevía a interrumpirlo por temor a las consecuencias.


- Si, me gustó mucho, pero...


Interrumpí...


- Entonces cual es el problema, acaso quieres equilibrar la balanza? Yo no tengo hermanos, pero si quieres le decimos a una de mis hermanas a ver si se animan


Perla sonrió, finalmente la estaba suavizando.


- ¿Quieres acostarte con otro? ¿Por eso lo invitaste?


- Si, me gustó tanto hacerlo con Gaby y contigo que quisiera repetirlo, pero me siento traicionada y no podría hacerlo hasta estar en igualdad de condiciones


Me encontraba gratamente sorprendido, entonces podríamos repetir nuestra aventura. Ahora lo único que necesitaba era superar los celos y el ego personal y dejar a mi esposa coger con otro hombre. Era una difícil pero excitante encrucijada, y de antemano sabía lo que ocurriría, solo tenia que dar el paso decisivo.


Bese a mi esposa en los labios, acaricié sus hombros desnudos y mis manos se escurrieron entre la tela del bra y su piel, apreté sus pechos un par de veces y los liberé de su prisión, quedaron ahí, frente a las narices de Esteban y de Gaby.


Levanté a Perla del sillón y dejé caer su vestido hasta el piso. No vestía mas que el liguero y las zapatillas, sus blancas nalgas se veían esplendidas y su sexo recién depilado lucía espectacular. Besé cada uno de sus pechos y miré a Esteban, el idiota estaba impávido, le estaba ofreciendo a mi mujer prácticamente desnuda y dispuesta a todo y sin embargo el ni siquiera se movía, acaso esperaba que lo invitara a actuar?


No fue necesario, Perla se le acercó así como estaba, de pie, luciendo su desnudez y poniendo sus pechos prácticamente en su boca. Esteban no pudo mas, atrajo hacia si a mi esposa agarrándola de las desnudas nalgas y comenzó a besar sus pechos, parecía desesperado, su lengua recorría toda su superficie pero ponía especial atención en sus pezones. Perla se dejaba hacer y parecía disfrutarlo mucho.


Comencé a recorrer con mi lengua sus hombros y espalda, una y otra vez la recorrí de arriba a abajo y de un lado a otro, su respiración se entrecortaba y pude notar cuando Esteban comenzó a acariciar su delicioso sexo por que Perla dio un pequeño respingo y empezó a decir:


- mmmm, no se detengan, sigan


Pareció ser la invitación que Gaby esperaba para entrar en acción, porque se puso en pie y se acercó a su hermana, jalándola violentamente de los cabellos para plantarle un beso de antología mientras acariciaba sus pechos, permitiendo a sus manos encontrarse con las de Esteban y las mías.


El cuerpo desnudo de mi mujer era acariciado por 6 manos y 3 lenguas, ella parecía estar fuera de si, ya no suspiraba, gritaba de placer, su cuerpo parecía derretirse por el calor generado, se contorsionaba en todas direcciones, ya cuando Esteban besaba su vientre o metía hasta 3 dedos en su vagina, ya cuando Gaby la besaba con fuerza o acariciaba su cabellera, ya cuando yo besaba sus hombros o introducía un dedo humedecido con saliva de su propia hermana en su apretado culito.


Esteban se puso en pie y bajó sus pantalones y ropa interior hasta quitárselos dejando ver una regular erección, tomó asiento una vez más y siguió con su excitante labor. Tomé de la cabeza a Perla y la empujé lentamente hacia el pene de su nuevo amante sin dejarla doblar las piernas. Lucía increíble, su cuerpo formaba un ángulo recto, sus piernas cubiertas por las medias estaban totalmente estiradas y su torso doblado hacían lucir su culo deliciosamente, sus sensuales zapatillas daban a la escena un toque único.


Perla comenzó a chupar ávidamente el pene de Esteban, el se reclinó totalmente en el sillón y acariciaba sus cabellos ayudándola en el sube y baja. Gaby había empezado a recorrerme con sus manos, bajó el cierre de mi pantalón y sacó mi verga totalmente erecta, sin más la dirigió al trasero de su hermana, metió dos dedos en su vagina y los sacó prácticamente empapados, embarró los flujos de Perla en mi pene y lo dirigió a su sexo. De una sola embestida penetré a mi mujer que inmediatamente comenzó a moverse a mi ritmo, sus nalgas iban y venían, era delicioso ver ese blanco trasero levantado más de lo normal por las zapatillas. Gaby acariciaba alternadamente las tetas de Perla y su sexo, me besaba en los labios, nuestras lenguas se entrelazaban cadenciosamente.


Perla chupaba hambrienta el pene de Esteban que se había liberado de su camisa y gesticulaba disfrutando plenamente tan deliciosa felación. Las manos de Perla recorrían su pecho y de vez en vez acariciaban su propio sexo y mis testículos. Jadeaba con intensidad, abria un poco sus piernas para permitirme llegar mas profundo, y al hacerlo podía sentir que tocaba su fondo infinito.


Esteban intentó acariciar a Gabriela pero esta se alejó de él y me abrazó por la espalda, acariciaba mi cuello, mi pecho, mi estomago y de vez en vez daba pequeñas nalgadas al trasero de su hermana, que con el esfuerzo y los golpes habían tomado una coloración rosada. Desabrochó mi camisa y la tiró al suelo, terminó de quitar mis pantalones y boxers y al hacerlo recorrió con su lengua mis nalgas y piernas. Ella era la única que estaba totalmente vestida, y yo no veía el momento de desnudarla completamente y presumir a nuestro compañero conjuntamente a los dos monumentos que calentaban mi cama.


Perla tenso los músculos de sus piernas y quedó totalmente inmóvil, sabia que estaba a punto de terminar y aceleré el ritmo de mis embestidas, su sexo era taladrado a gran velocidad y comenzó a gritar como una loca...


- mas mas mi amor, mas mas


Esteban se quedó sorprendido, Perla había dejado de complacerlo para preparar el que probablemente sería el mejor orgasmo de su vida. Se agitó una, dos, tres veces y comenzó a gritar


- ayy ayyy ayyyy


Cuando su cuerpo se relajó supe que había terminado, me detuve, no quería terminar aun, me faltaba mucho por delante.


Se incorporó, volteó hacia Gabriela y le dijo:


- Dame un condón, hay un paquete en la cajonera de la recepción.


Gabriela mi miró interrogante, si quería que aprobara la petición no lo iba a hacer:


- Que me des un condón carajo!!!


Gaby fue al mueble en cuestión y volvió inmediatamente.


Mi mujer estaba irreconocible, autoritaria, tenía el control de la situación y a todos nosotros sorprendidos. Tomó el preservativo y lo colocó cuidadosamente en el pene erecto de Esteban, se puso entonces de espaldas a él y sin previo aviso, como si de una operación quirúrgica se tratara, fue bajando su humanidad e insertándolo en su caliente sexo, usaba una mano para dirigirlo y con la otra se apoyaba en una de sus rodillas, cuando hubo terminado comenzó a moverse de arriba a abajo con violencia, se podía escuchar el sonido provocado por el choque de sus carnes con las piernas de este suertudo que se estaba cogiendo a mi esposa en mis narices.


Mi esposa no cesaba de moverse, subía y bajaba y se veía que realmente estaba disfrutando del suceso. Gaby y yo estábamos un tanto desconcertados, pero increíblemente excitados, jamás pensé que ver a mi esposa cogiendo con otro me podría excitar en lo más mínimo, pero ahora que estaba ocurriendo experimentaba una sensación indescriptible, escuchar sus ronroneos, sus gritos, era simplemente espectacular. Mientras tanto Gaby se agachó y comenzó a chupar mi miembro erecto, empezó pasando su lengua por la punta, intentó introducirla en la uretra lo que me causó un grito de placer, después de tres o cuatro intentos, siguió recorriendo mi glande por toda la orilla, se había vuelto una experta en el sexo oral, recorría lentamente de un lado a otro y con sus labios rozaba suavemente mi piel, con sus manos acariciaba alternadamente mis testículos y mis nalgas. De pronto, introdujo completamente mi verga en su boca hasta provocarse arcadas por el contacto con la parte posterior de su paladar y comenzó con un frenético mete y saca que me volvió literalmente loco.


Gaby estaba totalmente vestida, no se había despeinado un cabello y solo podía sospecharse lo que había estado ocurriendo por lo sonrojado de su rostro y el maquillaje y cabello fuera de su lugar, la hice ponerse en pie y deslicé los tirantes de su vestido por sus brazos, dejando al descubierto sus enormes tetas cubiertas por un delicado brassiere negro con increíbles transparencias en sus pezones, seguí deslizando hacia abajo y su delicada ropa interior fue revelada, se veía como nunca, era una diminuta tanga color negro con transparencia justo en su depilado sexo, parecía que las hermanas se habían puesto de acuerdo, porque sus vellos lucían muy parecidos. Deslicé su vestido a todo lo largo de sus piernas y ella me ayudó levantando alternadamente cada uno de sus pies.


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Después de algunos minutos de ver a mi mujer moviéndose como una posesa en el miembro de Esteban, tuvo un tremendo choque de conciencia: el exnovio de mi esposa se la estaba cogiendo en mi propia casa y yo era un espectador del numerito. Una oleada de celos y furia se dejó sentir por todo mi cuerpo, no sabía a ciencia cierta que haría pero debía tomar cartas en el asunto inmediatamente.


Violentamente tomé a Perla por los cabellos separándola con facilidad de su amante. Esteban me miró un tanto desconcertado y quizo reclamar por la interrupción; antes de que articulara una palabra di un fuerte puñetazo en su rostro, quería vengar el agravio y en ese momento lo único que funcionaría sería que corriera sangre. Perla intentó reaccioner pero bastó una mirada para mantenerla quieta en el sofá en donde había caído después del empellón.


Esteban se levantó furioso y se puso en guardia. Era una escena ridícula: dos hombres desnudos dispuestos a liarse a golpes por una mujer. Intentó contactar con su puño izquierdo en mi rostro pero logré esquivar el golpee y recibirlo con un impacto en el hígado que lo dejó un momento sin respiración. En su segundo ataque logró impactar mi mejilla izquierda, pero una vez más el salió perdiendo, ya que con el puño totalmente cerrado y a gran velocidad golpee su nariz, que inmediatamente empezó a sangrar copiosamente.


Llevó ambas manos a su rostro intentando contener la hemorragia, pero para mí no era suficiente: con una rápida combinación abajo y arriba golpee su estómago y su cara. El intentó cubrirse en vano porque mis golpes eran certeros. Me regodeaba en la ira y en mi capacidad para impartir semejante castigo ante su atrevimiento de haberse cogido a mi esposa.


Perla me miraba desafiante mientras que Gaby no podía ocultar su satisfacción y excitación.


Esteban se incorporó como pudo, tomó su ropa y se vistió con rapidez. Salió sin despedirse y ni Perla ni Gabriela se movieron un ápice.


Miré a mi esposa con una sonrisa de triunfo dibujada en mi rostro y le dije:


- Ahí está tu macho, se ha ido con la cola entre las patas...


Perla no dijo nada, solo me miró con un dejo de tristeza en los ojos.


Me dirigí entonces a Gaby, la atraje hacia mí con fuerza y la besé profundamente en los labios. Mientras lo hacía acariciaba su cuerpo despojándolo rápidamente de su ropa. Comencé con su falta, desabrochando el botón superior y bajando el cierre con sumo cuidado, para después deslizarla hasta sus pies, al hacerlo rosé sus deliciosas nalgas y pude sentir el fino encaje de su ropa interior, para posteriormente colocar cada una de mis manos en su culo, atraerla hacia mi y restregarle mi creciente erección. Solté sus nalgas y subí mis manos hasta su espalda y nuca.


Seguí besándola en una deliciosa batalla en la que nuestras lenguas eran protagonistas y víctimas: en todo este tiempo Gaby había adquirido gran destreza para proporcionarme placer con su boca en cada terminal nerviosa de mi cuerpo, y justo en ese momento me volvi conciente de semejante cualidad.


La alejé un poco de mí, tomé su blusa por cada lado y la abrí violentamente, los botones cedieron al movimiento y salieron disparados en todas direcciones. Retiré la blusa de su lugar y levanté inmediatam su brassiere, sus tetas brincaron y yo me agaché para comenzar a lamerlas y besarlas, pasé mi lengua por toda su extensión y besé con dedicación sus erectos pezones.


Gabriela suspiraba cada vez con más fuerza, pero no me correspondía, solo se dejaba hacer. Perla por su parte nos miraba con fiereza, había en su mirada un gran enojo combinado con una especial sensualidad, después de todo se había quedado a medias y estaba seguro de que su coño quería más.


La miré directo a los ojos y ella desvió la mirada y le dije:


- Ahora te toca a tí contemplar el numerito, cuando quieras puedes acompañarnos.


- Estás loco, yo no voy a jugar tus juegos


Sin embargo, seguía ahi.


Seguí besando las tetas de Gaby mientras dos de mis dedos habían movido a un lado la tela de su ropa interior a la altura de su sexo, para posteriormente refugiarse en su interior. Los movía frenéticamente en todas direcciones para que Gabriela alcanzara una mayor excitación si esto fuera posible.


Gaby acariciaba mis cabellos y de vez en cuando tiraba de ellos intensamente, mientras me decía casi suplicante:


- Métemelo ya, hazme el amor mi amor.


La llevé hasta el sofá en donde yacía desnuda su hermana y la hice sentarse, no sin antes deslizar su ropa interior por sus piernas y hasta sus tobillos para retirarlas del todo. Se sentó a la derecha de Perla que se quedó completamente inmóvil. Abrí sus piernas hasta lograr que su pierna izquierda rozara disimuladamente a mi mujer, y entonces me sumergí en el centro vital de mi cuñada, recorriendo muy despacio con mi lengua de arriba a abajo su vagina totalmente abierta, humedeciéndola con mi saliva y combinándola con sus jugos sexuales en una deliciosa mezcla que bien podría ser un elixir afrodisíaco de alto octanaje.


Mis manos se entretenían en sus tetas, amasaba y sentía cada accidente en su piel. Ella por su parte guiaba mi accionar atrayendo mi cabeza en la dirección precisa para proporcionarle más placer.


Su pierna seguía rozando a mi mujer que seguía impávida ante el espectáculo, sin embargo pude concluir que Perla estaba muy excitada: sus pezones desafiaban la gravedad y apuntaban directo al cielo. Discretamente deslicé una mano por su rodilla y comencé a acariciarla, no protestó; después de unos segundos decidí aventurarme y comencé a acariciar su muslo con sumo cuidado, siguió en lo mismo; el momento era ideal, y debía jugarme el todo por el todo, por lo que lelvé mi mano a su sexo, acariciando suavemente al principio para después insertar uno y luego dos dedos. Inmediatamente reaccionó con un fuerte movimiento de caderas hacia adelante y hacia atrás, y un casi imperceptible gemido.


Ahí las tenía otra vez, a la una le introducía mi mengua fálica mientras que a la otra le introducía mis dedos, ambas a mis pies y mis deseos, dispuestas a cumplir mis más pervertidas fantasías y anhelos.


Seguí con mi deliciosa labor por un par de minutos más, no estaba dispuesto a hacer nada extra con Perla hasta que ella misma lo pidiera. No tuve que esperar mucho, sin previo aviso, Perla tomó una de las manos de su hermana y la llevó a sus tetas, Gabriela como era de esperarse no protestó y acarició los pechos de mi mujer con ahínco, Gaby parecía más exitada que nunca, seguramente la idea de no volver a coger los tres habia rondado su cabeza, pero ahora todo había cambiado, estábamos juntos una vez más y los disfrutábamos muchísimo.


De pronto, Gabriela alejó mi cabeza de su concha, me atrajo hacia sus labios y me dio un profundo beso, para después levantarse y ponerse a horcajadas encima de Perla; el espectáculo era inigualable, el culo de Gaby lucía imponente, sus sexos se rozaban uno cono otro, sus tetas se tocaban casi imperceptiblemente y sus labios.... Se dieron un larguísimo beso en los labios, era un beso lleno de pasión pero ciertamente también de amor, después de todo eran dos hermanas que se querían mucho desde niñas y ahora habían descubierto una nueva forma de demostrarse sus emociones, sus manos recorrían el cuerpo de la otra como explorando nuevos rincones jamás visitados, las piernas, las nalgas, los pechos, el cuello, el rostro, era un espectáculo digno de la mejor escena pornográfica jamás filmada: el amor y el placer carnal en su máxima expresión.


Por primera vez Perla era conciente de estar cogiendo con su hermana y se notaba que lo disfrutaba muchísimo; su rostro reflejaba además de placer un dejo de felicidad inesperada.


Aproveché el momento para contemplar el espectáculo, pero no iba a quedarme fuera de él por mucho tiempo, así es que me puse en cuclillas para después acercarme el ano de Gabriela y comenzar a acariciarlo primero con mis manos y posteriormente con mi lengua; ella reaccionó de inmediato y comenzó a moverse al ritmo de mis caricias bucales. En cada movimiento dejaba al descubierto el sexo de mi mujer, cosa que yo aprovechaba para dar lenguetasos furtivos en tan sabroso manjar; Perla reaccionaba con pequeños gritos de placer ahogados por los besos de Gaby.


Me puse en pie y acerqué mi pene a sus rostros, ambas se abalanzaron sobre él como dos leonas lo harían con un buen pedazo de carne, lo besaron simultáneamente sin dejar de besarse. Las sensaciones físicas combinadas con el factor psicológico me tenían en un grado de excitación nunca antes experimentado, sentía que estaba a punto de correrme pero podía controlarlo sin ningún problema. Volví a alejarme de ellas y se quedaron en lo suyo; con mi pene totalmente lubricado con su saliva me arrodillé detrás de Gabriela, y de una sola embestida penetré en su ano que estaba perfectamente abierto después del masaje previo. Un grito se ahogó con los besos de su hermana, escuché que intentaba decir:


- Que grande está, está más grande que nunca.


Probablemente era cierto, probablemente la excitación había hecho crecer a mi pene a límites insospechados.


- Tienes que sentirlo Perla, está riquísimo...


Materialmente Perla levantó a su hermana de su regazo forzándome a salir de su culo, y la obligó a sentarse para después corresponderle el abrazo previo poniéndose sobre ella con las piernas abiertas. Siguieron besándose y yo entendí el mensaje a la perfección pero hice caso omiso. Perla un poco desesperada me dijo:


- Métemelo Toño, por favor métemelo ya


Yo hice como que no escuchaba y comencé a besarlas por todo el cuerpo. Perla insistió...


- Anda mi amor, métemelo, quiero sentirte ya...


Seguí con lo mío, quería hacerla sufrir por lo que sucedido con Esteban. Tomó sus nalgas con sus manos y las abrió lo más que pudo, mostrándome su delicioso ano dispuesto a dar batalla...


- Dámelo ya, métemelo por favor...


Con una sonrisa triunfal le dije:


- ¿No quieres que venga tu macho a satisfacerte?


- Claro que no, tu eres el único hombre en mi vida, perdóname por favor, no volverá a suceder...


Eureka y recontraeureka, todo había caído en su lugar después del trago amargo, textualmente mi mujer me había dicho que era el único hombre en su vida, sin embargo estaba montada en su hermana, lo que significaba que Gaby podía estar incluida en nuestra vida sexual, y quizás, solo quizás no solo Gaby, sino alguna que otra amiguita que pudiésemos enganchar....


Con la certeza de que nuestras aventuras apenas comenzaban y con el mejor afrodisiaco del mundo: el poder, me abalancé sobre su culo abierto y la penetré lentamente. Cada centímetro de mi verga en su ano la hacían gemir de placer, al parecer si estaba más grande que de costumbre porque Perla repetía casi suplicando:


- Despacito mi amor, me duele, me duele....


Al escuchar esto lo que tenía que hacer fue inmediato, la penetré de un solo golpe, ella gritó tan fuerte que Gaby le tapó la boca para evitar que algún vecino nos escuchara. Comencé un frenético mete y saca que llevó a Perla a un estado de excitación nunca antes experimentado, sollozaba por el dolor pero gemía de placer, se movía a mi ritmo mientras que su hermana la acariciaba toda, poniendo especial atención en sus tetas.


De vez en vez y cuando la física se lo permitía, Gaby acariciaba mis nalgas y las jalaba aún más hacia ella. Yo sabía que pronto tendría que atenderla otra vez, porque su incontenible volcán sexual no podía estar más de unos minutos sin energía.


Perla seguía moviéndose con fuerza, y justo cuando sentí que su orgasmo estaba próximo me salí de ella, por más que intentó retenerme en su interior le fue imposible por la posición. Hice que se levantara y de inmediato penetré a su hermana en el coño, dejando a Perla fuera de la acción. Mientras penetraba a Gaby cada vez con más velocidad, miraba a Perla directamente a los ojos, parecía no entender porque la había hecho un lado así es que tuve que decírselo directamente:


- Quiero que te masturbes para nosotros...


Su mirada fue de sorpresa, pero obedeció inmediatamente, comenzó por acariciar sus tetas con una mano mientras que con la otra acariciaba tímidamente su sexo, le dije entonces:


- Hazlo bien mi amor, quiero te masturbes para nosotros....


Muy decidida se acarició con más fuerza, tocando sus pechos, pellizcando sus pezones, y de pronto introduciendo un par de dedos en su vagina, se recostó en el sillón dejando su coño al aire, lo que nos permitía contemplarla totalmente abierta.


Levanté a Gaby y la arrodillé frente al coño de su hermana, la penetré desde atrás y con la fuerza su boca quedó a tan solo unos centímetros, su reacción fue instintiva y comenzó a dar lenguetasos en la vagina de Perla, que una vez más gemía de placer por su propia masturbación y por la sesión de sexo oral que Gaby le estaba obsequiando.


Después de algunos minutos, pude sentir en las fibras de Gabriela que estaba a punto de terminar, por lo que aceleré el ritmo, y les dije:


- Son unas deliciosas putas...


El efecto fue inmediato, Perla comenzó a gemir más fuerte y Gaby movía sus caderas a gran velocidad, ambas llegarían al clímax casi simultáneamente. Perla me miraba a los ojos y podía adivinar en su mirada el deseo.


Una después de la otra llegaron al orgasmo y se quedaron quietas por un par de minutos, tiempo que aproveché para sentarme en el sillón y ponerme cómodo para lo que se avecinaba...

Fin...

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Posted by Etalon30 1 year ago  |  Categories: First Time, Group Sex, Voyeur  |  Views: 29297  |  
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El mejor amigo de mi papi

El mejor amigo de mi papi
He querido follarlo desde que cumplí diecisiete. O más bien, he querido que me folle desde que cumplí diecisiete.
Sin embargo, me interesé en él mucho antes, supongo… en realidad fue en el momento en que aprendí sobre sexo y todas las cosas estupendas que podía hacer con mi coño. Como tener una polla empujando en él. O dedos. O un consolador.
Siempre he encontrado maneras creativas de saciar mi curiosidad lasciva. Y ahora, a los dieciocho, todavía quiero hacer cosas indecentes con el Sr. Parker, mi necesidad volviéndose más fuerte cada vez que él se pasa por mi casa.
El Sr. Joseph Parker es el mejor amigo de mi padre y un compañero del ejército de hace mucho. Mi papá dimitió a su nombramiento hace años, pero el Sr. Parker había permanecido, haciendo toda la cosa de comando especial. Es todo un macho, como pintura de cara negra y andando a hurtadillas en medio de la noche para matar a tipos malos. Es capaz de sobrevivir únicamente a base de césped e insectos o algo así.
No es guapo para los estándares de hoy… no es un hombre larguirucho en vaqueros ajustados y toda esa cosa andrógina de ahora. Es varonil y simplemente hay algo en él que me hace humedecer cada vez que está a un brazo de distancia, causando que mi cuerpo tiemble con necesitad. Quizás es su cuerpo musculoso y tonificado, sus ojos fundidores-de-alma o su enorme polla (la que fácilmente puedo reconocer cuando viste su traje de deporte). De cualquier manera, quiero saltar sobre sus huesos. De verdad.
Por supuesto el Sr. Parker no está interesado en mí. O al menos pretende que no lo está.
Para él, solo soy la niñita de su mejor amigo. Aunque en los últimos cuatro años he crecido de una figura plana a una mujer joven plenamente desarrollada. Tengo un par de pechos firmes de copa D que adoro acariciar y toquetear cuando me masturbo y un culo bien formado que todas mis amigas envidian. Los chicos siempre quieren agarrar mi trasero, y los pervertidos más viejos no pueden quitar su mirada de él cuando camino cerca. No soy una zorra, pero me gusta tentar. De acuerdo, quizás eso me empuja más cerca a ser un poco zorra, pero soy muy selectiva sobre con quién duermo. No follo a perdedores y siempre he estado interesada en hombres mayores.
¿Qué puedo decir? Son más experimentados en la cama. Hay más en el sexo que sólo clavar tu polla en un agujero húmedo y empujarla adentro y afuera. Ellos saben cómo comer a una mujer apropiadamente, cómo hacer que una ronda de sexo dure hasta bien entrada la noche. A diferencia de algunos chicos que he follado. Unos cuantos empujones y se vienen sobre mí. Ugh. Y el Sr. Parker, el objeto de mi deseo, es el único que parece que no puedo atraer para jugar al trencito dentro de mis bragas.
Pero eso no me detiene de quererlo.
El Sr. Parker se divorció hace un par de años. El chisme es que su esposa lo dejó porque no podía soportar estar sola todo el tiempo. Lo que es pura mierda. El Sr. Parker con frecuencia se ha desplegado a diferentes países en el momento de notificación, pero nunca había dejado a su esposa por más que unos meses. Escuché rumores que Amanda lo engañaba todo el tiempo. La gente habla. Atrapé a mi mamá parloteando a sus amigas por teléfono sobre la manera en que Amanda follaría a cualquier cosa que tuviera una polla. Desde el chico del correo, hasta el sórdido dueño del bar en la Calle King y hasta una stripper con un arnés [1]. No podía entender qué clase de mujer podría querer divorciarse de un hombre como el Sr. Parker. Una perra estúpida, aparentemente.
Me había alegrado en secreto cuando escuché la noticia que Amanda había recibido al Sr. Parker con los papeles del divorcio. Eso me había dado el empujón que necesitaba para seducirlo. No sabía cómo ni cuándo, pero sabía que algún día él sería mío.
Por el último par de meses, le he enviado señales. Papá siempre lo invita a cenar cada domingo si está en el país, o cuando mi papá y sus amigos juegan póker. El Sr. Parker siempre hace lo mejor para ignorarme, pero el hombre está solo. Lo sé. Puedo verlo en sus ojos, carcomiéndolo. Sin embargo, su polla parece estar peleando con su cerebro siempre que dejo caer mis insinuaciones. Retorciéndose y llenándose cuando me inclino demasiado cerca.
Él tiene que pensar que soy intocable. Siento la hija de su amigo y todo eso.
Mi papá no aprueba que me vista como una puta (sus palabras, no las mías). Y no lo necesito. Puedo tener a cualquier hombre, incluso en mi mejor domingo y cubierta de la cabeza a los pies. Acabo de graduarme de una buena escuela Católica y solía vestir el uniforme a cuadros estándar, una falda corta y ajustada, y una blusa blanca. Cuando el Sr. Parker venía a casa durante el día, me cambiaba mi sostén blanco por uno negro y desapuntaba los tres primeros botones de mi camisa, así él podía ver la línea bronceada de mi escote. Siempre alejaba su mirada como si estuviera siendo castigado por una monja invisible.
O si venía en la noche, me cambiaba a un traje de deporte ajustado que perfilaba la forma de mi cuerpo. Especialmente mi culito firme. Me gusta menearlo sugestivamente siempre que miraba en mi dirección. Y él siempre se sonroja.
Pero lo que me gusta incluso más es ver a un hombre adulto gritar. Siempre que cabalgo la dura polla de un hombre y lo tengo bajo mi, sollozando de placer, eso me hace sentir fuerte y poderosa. Como una diosa.
Hace dos semanas, mis padres hablaron sobre enviarme a la Universidad de Brown. Con mis buenas notas y los créditos que había ganado, mi aceptación había sido un golpe letal. Mi mamá y papá asistieron a la escuela hace mucho cuando, conociéndose en primer año, y habían decidido que querían que siguiera sus pasos.
No me importaba. Pero tenía un pequeño asunto sin terminar.
El Sr. Joseph Parker. Quería tenerlo antes de que me fuera a la universidad.
Ya que el Sr. Parker siempre había ignorado mis insinuaciones, había decidido que soy la que iba a hacer el primer movimiento. Lo seduciría si tenía que hacerlo.
Esta tarde, tenía la casa toda para mí.
Mi papá y mamá estaban en un evento de caridad en el club. Termino con la limpieza de mi habitación y me refresco con una ducha, miro afuera de la ventana y reconozco el auto del Sr. Parker aparcado en frente de nuestro garaje. Para mi suerte, el hombre de mis fantasías lascivas está aquí para regresar el cortacésped de mi papá.
En segundos, me pongo un top rosa sobre mi cabeza, sin sostén, bragas blancas, y completo mi outfit con una minifalda a juego. Un rápido cepillado de mi cabello y luego bajo las escaleras, apenas capaz de contener mi excitación, la anticipación elevándose, mi coño poniéndose pesado y doloroso con cada paso.
El Sr. Parker lleva el cortacésped hacia el garaje cuando me ve salir de la puerta de la cocina, dándome una mirada antes de apartar sus ojos.
—Hola, Jessica. ¿Tu papá está en casa?
Me paseo sin prisa, poniendo un balanceo extra en mis caderas. —No. Papá y mamá fueron a Crown Point. No regresarán hasta más tarde.
—Oh, bien. Entonces solo pondré esto aquí. Dile a tu papá que lo limpié y cambié el aceite. Este cortacésped necesita mantenimiento.
—Seguro. Um, Sr. Parker —Hago un puchero, mordisqueo mi labio inferior y juego con el borde de mi falda—. Me pregunto si podría darme una mano.
Ahora me mira, esos ojos cafés oscuros parecen estar llenos de preocupación y un poco de algo más. —¿Cuál es el problema?
—Hice algo estúpido con el fregadero de mi baño. No drenaba, así que usé una percha de alambre para tratar de limpiarlo. La maldita cosa se rompió por la mitad y no puedo usar el fregadero en absoluto. Papá me dijo que lo dejara en paz así él podría arreglarlo mañana. Pero estaba impaciente e hice la cosita más lenta —Enredo mis dedos juntos en frente de mí, lo que solo hace crecer más mi escote para que el Sr. Parker se lo comiera con los ojos—. Ahora la tubería de abajo está goteando. Pensé, quizás, ¿podía arreglarlo? Papá va a tener un ataque cuando averigüe que lo he empeorado.
Su ceja se arquea una fracción. —Niños —murmura—. ¿Cuándo van a escuchar? —Asiente—. Solo agarraré una caja de herramientas de mi camioneta y veré qué puedo hacer.
—Gracias, Sr. Parker. Lo aprecio —Le doy mi sonrisa más grande y que parece inocente.
—Seguro. No hay problema.
Vuelvo a mi cuarto, con el Sr. Parker a remolque, y abro la puerta de mi habitación. Una rápida inclinación de mi cabeza y lo dirijo hacia mi guarida. —Mi baño está por aquí.
El Sr. Parker me pasa y deja su caja de herramientas sobre el piso de baldosas, así puede examinar el fregadero. Mientras está distraído, me inclino contra la puerta, y muy lentamente aprieto el pequeño botón en el pomo para cerrarla y luego me apresuro a unirme a él en el baño. Agachado, abre el gabinete y mira en la oscuridad, sus cejas se juntan.
—No veo nada goteando. —Su tono es acusador.
Me inclino contra el marco de la puerta. —¿Seguro? Deber ser la otra tubería.
Tomó menos de un segundo que él se dé cuenta que me había inventado todo. Agarra su caja de herramientas, su cara oscureciéndose mientras me mira. —Esto no es gracioso, Jess.
Bloqueo su camino, bajo mi voz a un ronroneo seductor. —No, no lo es —Me levanto sobre la punta de mis pies, me inclino hacia adelante y pongo mis labios sobre los suyos, mis brazos deslizándose alrededor de su cuello mientras oprimo mis caderas contra él… haciéndole saber cuánto lo quiero.
El Sr. Parker se aleja, sus manos rodeando mis antebrazos y alejándome más. —Jessie…
—No le diré a nadie. Será nuestro pequeño secreto —Lo beso otra vez, lamo sus labios, saboreando su sabor, el almizcle.
Su cuerpo se tensa en respuesta, su cara se oscurece. —Jess. Esto está mal.
—¿Por qué? ¿Por qué eres el mejor amigo de mi papá?
—Así es. Y eres demasiado joven.
Me acerco más mientras está distraído, empujándome contra su cuerpo. —Silencio. Tengo dieciocho. Simplemente piensa lo bueno que podría ser esto —Froto mis labios sobre los suyos otra vez, mordisqueo su labio inferior y lo trazo con la punta de mi lengua. Libero un brazo de su agarre y deslizo mi mano abajo hacia su entrepierna, el triunfo me llena cuando lo encuentro duro bajo sus vaqueros. Su polla salta contra mi mano al primer toque, y aprieto su erección. Me muero por tenerla golpeando en mi interior.
Deslizo mi lengua en su boca y le doy un beso ávido, dándole tanto como estoy tomando. Saboreo su sabor, canela y clavos con un poco de picante. Varonil.
El Sr. Parker ya no estaba resistiéndose. Me regresa el beso. Tímido al principio, aventurándose en mi boca, con indicios de lengua. Este es el hombre que conozco, tranquilo y de toque suave.
Pero luego el beso cambia. Profundo, fuerte y casi me hace caer sobre mis rodillas. Él es agresivo, demandante, sacando mi deseo mientras sus manos vagan, aprietan y pellizcan.
Joder.
El hombre sabe cómo besar. Empuja su lengua en mi boca mientras yo amaso su erección a través de la pesada tela, mi coño humedeciéndose con cada segundo que pasa. Joder, lo quiero, en mí, sobre mí, detrás de mí. Dios, ni siquiera me importa qué agujeros use.
Su respiración es laboriosa mientras murmura contra mi boca, diciéndome lo mucho que me quiere, su chica sucia, y su polla está tan dura contra mi palma que sé que está diciendo la verdad. Su voz retumba a través de mí, como el gruñido de un gran gato, encendiéndome cada vez más. La respuesta de mi cuerpo es desenfrenada, mis pezones duros, mi coño apretado y los jugos empapando mis bragas.
Gimo cuando él rompe nuestro beso, pero me calmo cuando veo que simplemente está dejando la caja de herramientas sobre el suelo, lo que me da la oportunidad de cerrar la puerta del baño detrás de mí. No hay manera de que vaya a dejarlo escapar ahora.
El Sr. Parker parpadea y se congela por un momento, una mirada de duda destella sobre sus rasgos, haciéndome saber que parecía tener segundos pensamientos. —Jessie…
Salto sobre él antes de que pueda decir otra palabra y envuelvo mis manos alrededor de sus hombros, susurrando contra sus labios. —Será nuestro pequeño secreto. Nadie necesita saberlo. Ahora bésame. Por favor.
Su mirada me perfora y se detiene otro momento antes de hacer lo que pido, darme el mismo beso duro y hambriento como antes. Sus manos vagan por mi espalda, luego agarra mi culo y lo recompenso machacando mi pelvis contra la suya. Su erección se establece fácilmente contra mi montículo, mi coño gritando por ser llenado. Estoy más allá de caliente, estoy jodidamente en llamas.
Quiero que me folle hasta sacarme los sesos. Dos veces.
Lo libero por un momento y lo empujo hasta que está sentado sobre el inodoro. Ahora que he hecho espacio para montar a horcajadas sus muslos, ruego por lo que quiero. —Tócame.
Necesito sus manos sobre mí más de lo que necesito respirar.
Su atención está fijada en mi pecho y no parece que se vaya a moverse pronto. Agarro sus manos, esas manos callosas por el trabajo, y las pongo sobre mis pechos, los pezones empujándolo. El Sr. Parker deja salir un gemido bajo, sus palmas cubriendo mi carne amplia agradablemente. Me aprieta. Gentil y duro, alternando, amasando y jugando. Dándome un poco, pero ni de cerca lo suficiente.
—Quítatelo. Quiero sentirte sobre mi piel —Su voz es profunda, casi gruñendo.
También lo quiero.
Antes de que pueda rogar, saca mi top sobre mi cabeza y su mirada parece quemar cuando me ve por primera vez en topless. Como un adicto que hubiera sido privado por mucho tiempo y de repente le ofrecieran una solución. Acuna mis pechos otra vez, sus dedos rodando y pellizcando mis pezones.
Gimo, el placer disparándose a través de mi cuerpo, estableciéndose alrededor de mi coño. Que se sentía tan malditamente bien y me aprieto contra su erección, el bulto ajustándose contra mi montículo. —Lámelos. Chúpalos. Por favor.
El Sr. Parker baja su cabeza y chupa un pezón en su boca, su lengua tentando, presionando y sus dientes mordisqueando. Tiro mi cabeza hacia atrás y grito. Joder. Su boca. Arqueo mi espalda, mi pecho empujando hacia adelante, mi cuerpo apretado mientras me chupa muy en serio. Está golpeando mi pezón adelante y atrás. Adoro lo que está haciendo, especialmente cuando rodea la punta de mi botón duro. Estoy mojando mis bragas, mi coño deseando. Nunca he estado así de deseosa por ningún otro chico. Solo con él, el Sr. Parker.
Libera uno pezón y se gira hacia el otro. Agarro su cabeza y araño su cuero cabelludo antes de bajar mi cabeza y presionar mi cara contra su cabello, inhalo una bocanada de su esencia. Dios, no puedo tener suficiente de él. Huele a sudor, tierra y su propio almizcle, justo como un hombre de verdad debería. Sus dientes ejercen presión sobre mi pecho, un indicio de dolor escabulléndose a través de mí, y me encojo.
—Sí —digo—. Más. —Mucho más.
Lo hace de nuevo. Más duro esta vez. Juro que casi me causa un orgasmo instantáneo. No creo que pudiera estar más húmeda, querer más, tan lista para follar. Adoro cuando los hombres muerden mis pezones. O marcan mis pechos con sus dientes. Se siente tan territorial. Como un macho alfa marcando a su puta perra. Me estremezco de la cabeza a los pies cuando chupa mi carne profundamente en su boca. Joder. Se siente como si mi columna fuera a derretirse en cualquier momento. Como cera sobre alquitrán caliente. Para el momento en que ha terminado, mis bragas están saturadas con mis jugos.
El Sr. Parker traga y sigo el camino de su manzana de Adán con mi mirada. —Eres tan bonita, Jessica. Una niñita bonita, ¿no? —Aprieta los globos de mi culo.
Me gusta su cumplido. Suena sincero y me estremezco ante el pensamiento de nuestra diferencia de edad, de ser llamada una niñita.
Pasa sus manos sobre mis muslos. Sus manos callosas y de soldado, perfeccionadas por la batalla se sienten ásperas contra mi piel. Continúa su viaje hacia arriba, los dedos tentando la coyuntura de mis muslos. —Dios. Estás mojada.
—Me quemo por ti —Exhalo.
—Hmm —Levanta mi minifalda y desliza sus manos debajo de la seda de mis bragas. Una maldición florece en sus labios—. Tan liso.
—Me gusta liso. Es más limpio, ¿sabes? Sé que a los hombres no les gusta tener pelos en sus bocas.
El Sr. Parker hace un sonido extraño en su garganta, sus ojos se amplían por un momento mientras toma un respiro profundo y ágil.
Rio y me levanto de su regazo antes de tirar de mis bragas por mis piernas. Un destello más tarde y pierdo mi falda también. Un chasquido de mi pie y la pateo de mi tobillo, dejándome desnuda ante el mejor amigo de mi papi. El Sr. Parker agarra mi culo, atrayéndome más cerca. Frota sus labios sobre mi vientre, sus dedos van a mi coño, tentando mis labios más bajos. Me oprimo contra él, volviendo su palma buena y húmeda con mi crema.
—Siéntate sobre el fregadero —Ordena.
Me alejo, más que lista para su boca sobre mí. No he tenido una buena ronda de sexo oral en un rato.
Caigo sobre la esquina del fregadero y abro mis piernas ampliamente. Gime otra vez ante la vista de mi coño. Como le había dicho, me rasuro hasta que queda liso. Separo los labios de mi sexo, exponiéndome hasta que el aire frío toca cada parte de mi lugar secreto, hasta que estuve segura que veía mi pequeño agujero rosa.
Dios. Un pensamiento repentino hace que mi corazón palpite. Si el Sr. Parker fuera tan grande como se sentía, ¿realmente encajaría en mi coño pequeño y apretado? Me gusta un polla grande. Sin mentiras. Me gusta la sensación de ser estirada y llenada. Tengo este enorme vibrador que llamé el Sr. Rosa. Es de 33 cm de largo y me ha hecho chorrear muchas veces si lo atasco y toco mi cerviz, masturbándome profunda y duramente. He tenido muchas horas divertidas con el Sr. Rosa cuando mis padres no estaban en casa. Incluso aunque el Sr. Rosa es divertido, nada vence a una polla real. Es dura, pero flexible al mismo tiempo. Además, adoro cuando los hombres me follan tan profundamente que puedo sentir sus bolas presionando contra mi clítoris. La manera en que su vello púbico pincha la contra piel desnuda y sensitiva que puede hacerme correr y correr.
El Sr. Parker hace un ruido en su garganta. —Rosada y linda —Me dice.
Mi corazón se hincha con orgullo. De acuerdo, mi coño también.
Frota los labios de mi sexo con sus dedos antes de bajar su cabeza y lamerme, su lengua viajando del agujero al clítoris. Dulce Jesús y María. Lo que hizo envía un alto octanaje de lujuria a través de mí. Maúllo como una gatita mientras me come como un profesional.
Sin prisas, realmente tomándose su dulce tiempo como si estuviera saboreando fruta prohibida y madura. Mordisquea, chupa, lame y magulla los labios de mi sexo con sus dientes. Tirando. Pellizcando. Probando. Saboreando y sacando más de mi jugo de mi coño. No me importa. Me gusta un poco de dolor. Su lengua está en todas partes. Sobre mi clítoris. Sobre mi apertura. En mi interior.
Dios.
Estoy delirante. El placer es increíble y enredo mis muslos alrededor de su cabeza mientras me aseguro en la esquina del fregadero con una mano. Me lleva incluso más lejos. No puedo creer que su lengua pueda llegar así de profundo, pero no voy a quejarme. Incrementa su ritmo, dándome todo lo que necesito y estoy elevándome más, el placer derramándose a través de mí. Y solo sigue subiendo, mi cuerpo estremeciéndose con cada respiro, el éxtasis llegando más. Incrementa su ritmo, la lengua trabajándome más duro y dándome más.
—Estoy cerca.
Tararea contra mi clítoris, las vibraciones viajan a través de mí y mis nervios se encienten, empujándome sobre el borde hasta que estoy corriéndome, gritando su nombre. No, no solo su nombre. Su primer nombre sale de mis labios. —¡Joe!
El Sr. Parker gruñe contra mi coño lamido continuando, follándome hasta que me corro una segunda vez, mi cuerpo estremeciéndose y temblando con placer. Lame mi coño, y mis jugos cubren su cara.
—Joe —Sollozo—. Oh, Joe.
Lanza su lengua contra la capucha de mi clítoris. —Te gusta. —Su voz es brusca, sexy y necesitada—. Pequeña zorra sucia.
—Joder sí —Estoy sin respiración, jadeando.
Se inclina hacia adelante, la boca abierta, pero lo detengo. —Quiero chuparte la polla.
El Sr. Parker se congela por un momento, luego se levanta, se desabotona su cinturón. Me deslizo del mostrador y hago sus manos a un lado para ayudar, tirando de sus vaqueros una vez abiertos. Mi boca se hace agua cuando veo que es un tipo de hombre comando [2], su polla balanceándose libre tan pronto sus pantalones están abajo.
Dios.
Es tan grande que imaginé que no puedo esperar a tener mis labios alrededor de su polla. Es gorda, gruesa y larga, la cabeza ligeramente más grande que una ciruela. La bolas del Sr. Parker son grandes, altas y parecen pesadas. Lamo mis labios, imaginando su sabor. Sin dejar pasar otro segundo, lo empujo hacia atrás hasta que está sentado en el inodoro otra vez.
Caigo sobre mis rodillas y no vacilo, tragándolo tanto como puedo, saboreando el primer indicio de almizcle, calor y dulzura salada que emana de su eje. Bajo mí, se sacude y tiembla cuando envuelvo mi mano alrededor de su polla, masajeando su barra caliente mientras chupo la cabeza de su polla como si mi vida dependiera de ello.
—Oh, Jess —Toma mi cabello, y un indicio de dolor punzante se funde a través de mí—. No sabía que eras tan buena. Chupa mi polla —Flexiona sus caderas, empujando su excitación más profundamente en mi boca.
Lo libero con un ruidoso pop. —He tenido mucha práctica.
Me da una mirada sorprendida, sus ojos ampliándose, su boca abriéndose. Quizás no creía que yo era sexualmente activa. Incluso aunque soy una zorra de corazón, he engañado a muchas personas con mi fachada fría y angelical.
Lo chupo otra vez, queriendo impresionarlo con mis habilidades duramente ganadas. Pronto está jadeando, ambas manos metidas en mi cabello. Su respiración jadeante se ha reducido a una cadena de cortas arcadas mientras muevo mi cabeza de arriba abajo. Amaso sus bolas mientras hundo mi boca hasta que la punta de su polla empuja la parte posterior de mi garganta. Estoy enojada porque no puedo tomarlo todo. Es tan largo y grueso que realmente tengo que estirarme para acomodar su alarmante circunferencia.
—Eso es, chupa mi polla gruesa —Sus dedos se entierran más profundo, como si me urgiera a tomarlo todo, darle más—. Tómala.
El pecho del Sr. Parker se levanta, la expresión en su cara se endurece como si estuviera tratando duramente de evitar su orgasmo. Y no quiero que se corra todavía. No antes de que haya tenido su polla en el interior de mi coño. Profundo. Duro. Una y otra vez.
Le doy una última chupada larga y saco la polla de mi boca y me levanto para montarlo a horcajadas. Debe haber adivinado qué va a pasar, el tiempo, la expresión de querer en su cara se vuelve preocupación.
Las dudas probablemente están arrastrándose de nuevo a su mente, así que lo calmo. —Te quiero. Te he querido por mucho tiempo. Profundo y duro en mi coño. No quiero irme de casa antes de que te tenga.
—¿Irte de casa? —Su voz es profunda y ronca, su polla todavía dura entre mis muslos.
—Voy a Brown este otoño —Giro mis caderas, lanzando un gemido desde el interior de su pecho, y mi coño se contrae, doliendo por tenerlo en mí.
Su expresión cambia de atormentada a compresión nueva ante por qué repentinamente estaba atrapándolo en mi baño. Una brizna de angustia destella sobre su cara, pero se recupera rápidamente, mordiendo su labio inferior cuando giro mis caderas.
Sin que otro momento pase, aplasto mi boca contra la suya, besándolo. —Te necesito. Fóllame, por favor —Arqueo mi espalda y me muevo hasta que puedo estrujar los labios de mi coño sobre sus bolas, luego lentamente avanzo poco a poco a lo largo de su eje duro y venoso hasta que alcanzo la punta, muevo mis caderas y baño la cabeza de su verga con mi crema. Vuelvo a bajar hasta sus bolas, poniéndolo húmedo y lustrado con mis jugos. Como un éclair [3]. Pero me gusta este más que cualquiera de una pastelería.
El Sr. Parker sisea en placer, su cabeza cayendo hacia atrás y sus ojos se cierran.
En la vida cotidiana es un hombre tranquilo. Calmado. Culturizado.
En el sexo, es exigente con un toque de suciedad. Y adoro las charlas lascivas. También me alaba, alternando entre decirme lo bien que lo hago sentir y lo sucia que debo ser por tentarlo. Saboreo cada palabra. Especialmente cuando agarro su eje y lo posiciono en mi entrada. Una mirada soñadora se filtra en sus ojos mientras bajo sobre él, tomándolo centímetro a centímetro grueso.
Mi coño se resiste primero, pero estoy determinada a tomarlo todo. La cabeza se su polla me abre, un dolor inicial se instala seguido por la sensación de estiramiento que podría llegar a ser aditiva. Jadeo cuando mi coño traga la punta. Inhalo una bocanada de aire, luego me hundo hasta que mi coño engulle su erección completa y rígida. Nuestros pubis se besan, sus bolas rozan mi perineo y me deleito con la sensación de ser llenada por él.
Duro. Caliente. Palpitante. Jodida polla gruesa en mi coño.
Le sonrío y lo beso, mis labios solo rozando los suyos. Lo tengo. Finalmente lo tengo después de todos estos años de deseo.
Me muevo arriba y abajo, follándolo con empujes lentos y superficiales. Mis tetas rebotan mientras me muevo, mi respiración jadeante acoplándose con la de él.
—Toma mi polla, Jessie. Tómala toda.
Me empujo hacia abajo y él gime mientras yo grito. Nos besamos mientras lo cabalgo como una vaquera. Y él es un semental muy bueno.
El Sr. Parker agarra mi culo y tira de mí hacia abajo con fuerza, forzándome a gritar. Gira sus caderas como si estuviera buscando una penetración más profunda, pero ya estoy tan llena, estirada y marcada más allá de mi imaginación. Oh, joder cuánto adoro esto. Mi clítoris se frota contra la piel por encima de su polla, su vello púbico tentando mis labios desnudos, su verga tocando todos los lugares secretos en mi coño.
El Sr. Parker jadea. —Necesitamos más espacio. Vamos a tu cama. Quiero follar este coño más duro.
Empujo hacia abajo una última vez, mi espalda arqueada y mis manos aseguradas sobre sus rodillas detrás de mí. No quiero dejarlo ir. Me levanto un poco y luego empujo hacia abajo de nuevo, girando mis caderas, sacando un poco de placer antes de que ceda. —Bien. Lo que sea que hagas, no pares. Te sientes tan jodidamente bien.
—Te sientes tan malditamente bien también, nena.
Nena. Me gusta la manera en que me llamó “nena”. Tan intimo como si fuera su amante verdadera. Disfruto las charlas lascivas, pero también me gusta esto. Él ya no piensa que solo soy una niñita. Enreda sus brazos alrededor de mi cintura y usa su otra mano para soportar mi peso, agarrando mi culo. Me levanta, abre la puerta del baño, y camina hacia la cama. Mi coño se aprieta alrededor de su polla con cada paso, aumentando mi placer. Mi espalda golpea el colchón y luego él está sobre mí, su polla todavía profunda dentro de mi coño. Aprieto mis músculos, presionando su barra dura.
Gime, apretando los dientes, seguido por un rugido profundo que puedo sentir de la cabeza a los pies. —Chica traviesa —Empuja más profundo, golpeando sus caderas y meciéndose, mis tetas se mueven.
—Azótame —Gimo, joder, se siente tan bien—. Soy una chica traviesa y merezco una azotaina —Lo quiero, lo anhelo, tomaré lo que sea que me dé.
El Sr. Parker palmea mi muslo exterior, el delicioso picor se desliza a través de mí y mi coño se pone incluso más húmedo alrededor de su polla dentro de un latido de corazón. Parece notar que su polla está bañada en mi crema.
—Dios. Te gusta ser azotada, ¿no? Zorra sucia.
—Sí. Me gusta una buena azotada. O dos —Aprieto mis piernas alrededor de él, su eje todavía duro en mi coño.
Balancea su brazo y su palma conecta con mi culo, una palmada dura y firme. Tiro mi cabeza hacia atrás, desnudando mi garganta, retorciéndome, mi cuerpo temblando de placer y dolor y no puedo contener mi sollozo. —Oh, Joe. Eso se siente tan bien. Fóllame, fóllame ahora.
Golpea su polla dentro de mí y me folla como un hombre demente, su verga golpeando mis terminaciones nerviosas sensitivas, mi punto G cantando y tentándome más cerca a correrme.
—Fóllamefóllamefóllame…. —No puedo dejar de rogar, de querer.
—Tómala —Palmada—. Toma mi jodida polla —Está empujándome, cada vez más y más rápido.
Adoro su polla gruesa y gorda. Y adoro ser follada por un hombre que sabe cómo usar su verga.
Agarro su cara y lo beso. Él envuelve mi cabello alrededor de su mano, halándolo mientras me besa con el mismo calor. Su lengua empuja entre mis labios, follando mi boca de la misma manera que está follando mi coño. Mi cuerpo se aprieta como un arco, mis manos vagando a sus hombros, mis dedos enterrándose en su piel mientras sus jodidos empellones me empujan a correrme, el placer levantándose duro y rápido. Ya no puedo controlar mi cuerpo, mi coño se aprieta alrededor de él como si rogara por que fuera más profundo, más duro.
Mi orgasmo me golpea en el interior, siguiendo su camino a través de mis venas y robándome la respiración. Me corro tan duro que chorreo, mis jugos bañando su verga y él nota otro de mis talentos de chica, jurando en asombro.
—Eres una de esas…
—Sólo si alguien me folla bien y duro —Entierro mis uñas en sus hombros, inclinando mis caderas para encontrar su próximo empuje—. Y tú me follas más que bien con esa polla gruesa.
—Nena —Golpea en mi interior—. Mi jodido coño. Tan mojado por mí —Me besa mientras empieza a machacar su polla en mí con empujes firmes.
—Oh —Maúllo otra vez. Acaba de hacerme correr, pero quiero hacerlo otra vez. Si sigue así, voy a tener que cambiar mis sábanas. Lamo sus labios, chupo su carne inferior—. Eres sorprendente. He soñado con esto por mucho tiempo. Tenerte así. Dentro de mí.
Sus ojos cafés se establecen en los míos, una expresión de incredulidad destellando sobre su cara. —¿De verdad?
—Joder sí. ¿Tú no?
—Yo… —Traga saliva con fuerza—. Pensé en ello. Pero no podía entretenerme con mi fantasía. Eres prohibida.
—¿Quién dice?
—Tu papá…
Lo detengo. No quiero escuchar sobre mi papá mientras estoy llena con su verga. —Todos tienen un secreto, y este será el nuestro —Engullo su polla con mi coño otra vez.
Él gime en respuesta. Parece que no puede ser objeto de burla. —Mierda. Nena. Joder.
Me meneo bajo él. —Haz que me corra. Me follas tan bien.
El Sr. Parker gruñe y me martillea con su polla, rápido y duro, hasta que estoy viendo mariposas pululando en mi visión. Dios. Es el cielo. Murmuro, urgiéndolo a que me tome más duro hasta que un violento clímax me acecha. Floto en una tierra de locura mientras él sigue ritmo, retirándose y avanzando, llenándome una y otra vez.
Cuando finalmente floto de vuelta a la realidad. Me doy cuenta que hace muecas, su cuello apretado, su cara tensada y puedo decir que está por correrse.
—Córrete en mi boca. O en mis tetas.
Se retira de mi coño y bombea su polla, apuntando la cabeza hacia mi pecho. Abro mi boca, la lengua afuera, esperando por la deliciosa crema que llena mi éclair favorito. Se acaricia una vez. Dos veces. Y chorrea, chorros de semen salpican mi boca, mi barbilla y gotean por mi cuello. Grita mientras se corre. Un hombre adulto gritando, la música más hermosa para mis oídos. Recojo el semen con mi dedo y lo deslizo entre mis labios, saboreando el sabor dulce salado, la textura cremosa. Adoro su esencia y me inclino hacia adelante para amamantar su polla hasta que no queda nada. Mientras se suaviza, lo libero.
Sostengo su mirada, mi lengua saliendo para capturar cualquier gota persistente de mi nuevo placer favorito.
—Gracias —susurro, mis labios frotando la piel sensible—. Por hacer mis sueños realidad.
Él no pareció esperar mi agradecimiento sentido. Acaricia mi cara, una caricia gentil, y sonríe antes de excusarse para ir a limpiarse en el baño.
Me muevo mientras está lavándose las manos en el fregadero y salto en la ducha, dejando que el calor me relaje mucho más.
Una vez terminada, abro la cortina y me doy cuenta que el Sr. Parker se ha ido.
Sin despedidas ni nada.
Pero no había esperado que se quedara aquí tampoco. Apuesto a que en el fondo estaba siendo sacudido por mis maquinaciones para meterlo en mi cama. Quizás lamenta caer por la tentación que presenté. Follar a la hija de su mejor amigo. Lo que lo hace un viejo lascivo.
Pero yo no lo lamento. Obtuve lo que había querido por tanto tiempo.
Soy una zorra astuta.

El tiempo se mueve y los días pasan sin indicio del Sr. Parker deteniéndose en casa.
Mamá lo invita para la usual cena de domingo, pero él declina, siempre diciendo que tiene diligencias.
No lo echo de menos. Sería lindo verlo una última vez antes de que empiece mi primer semestre en Brown.
La noche antes de que me vaya a la universidad, me despierto en medio de la noche y encuentro a alguien en mi cama. Una mano cubre mi boca antes de que pueda gritar. Abriendo los ojos, no puedo ver nada en la negrura que me rodea. Mi corazón palpita, no puedo escuchar nada más que el latido en mis oídos.
—Shhh. Soy yo —susurra él.
Mi corazón da un latido. ¡El Sr. Parker! ¡En mi cama!
Gracias, hada del sexo.
Me muevo a tientas en la oscuridad y agarro su cara, aplastando mis labios sobre los suyos, besándolo con un hambre que no sabía que poseía, tomando todo lo que me había perdido. Gracias, joder, porque él me besa de vuelta. Nuestras lenguas se enredan, probando, saboreando hasta que quiero derretirme como mantequilla. Nuestra respiración es acelerada cuando finalmente apartamos nuestros labios.
Acaricia mi mejilla. —Lo siento. No quería desaparecer de ti. Estaba confundido. Tu papá va a matarme si algunas averigua lo que sucedió... Pero no puedo sacarte de mi mente. Tenía que verte una vez más antes de que te fueras. Sentir tu coño alrededor de mi polla. Una vez, nena. Déjame tenerlo. —Su voz es tentadora, suave y seductora. Mi coño duele y se vuelve pesado con cada palabra susurrada.
Inhalo. —También estaba esperando verte antes de irme.
El Sr. Parker sonríe, frota sus labios sobre los míos, haciendo que mi corazón aletee como una mariposa.
Con los ojos ahora acostumbrados a la oscuridad, miro alrededor de mi habitación. Mi puerta todavía está cerrada desde el interior. ¿Cómo entró?
Debe haber leído mi confusión. Su voz es baja, probablemente así no despertará a mis padres durmiendo en la habitación principal al final del pasillo. —Tu ventana está abierta.
Lo olvidé. El Sr. Parker es un comando especial, un hombre que es un maestro en entrar a hurtadillas en lugares prohibidos y peligrosos sin ser detectado.
Besa mi cuello, sus manos vagando por un momentos antes que se dé cuenta que estoy desnuda bajo mi manta. Me había masturbado con el Sr. Rosa antes de quedarme dormida.
—Dios —Su voz en un susurro ronco.
No dudo en tentarlo. —Quítate la ropa y únete a mí. La puerta está cerrada y mis padres tomaron valium antes de que fueran a la cama. No nos escucharán, incluso si hay un terremoto. Pero es mejor que no hagamos mucho ruido. Solo por si acaso —Acaricio su cuello, mis dientes mordisqueando el lóbulo de su oreja.
El Sr. Parker se levanta y se desviste, tirando toda su ropa negra y dejándola caer en la alfombra. Realmente había estado listo para este ataque a hurtadillas. Pronto, se desliza en mi cama conmigo, su cuerpo cálido y desnudo contra el mío. Sin ropa, nada que evite que acaricie su piel lisa. Adoro acariciar sus bíceps tonificados, sus abdominales. La polla gruesa y gorda del Sr. Parker está dura y lista.
—¿Qué es esto? —Encontró al Sr. Rosa—. ¿Has sido una niñita mala?
No soy alguien que se avergüence por ser una zorra, pero siento que mis mejillas se sonrojan. —Estaba sola. Y caliente.
—Hmmm —Lleva al Sr. Rosa a su boca y lo lame—. Adoro el sabor de tu coño.
—¿Sí? —Me excito y me recuesto, abriendo mis piernas—. No me m*****arían unas lamidas.
El gruñido de felino que amo sale de él. —Más amplio. Dame lo que quiero.
Un segundo después, el Sr. Parker se establece entre mis piernas, su lengua dando golpecitos y tentando, comiendo mi coño, como si yo fuera el placer más sabroso que alguna vez ha tenido. Araño las sábanas, agarrándolas, retorciéndome de placer.
Ya he tenido dos orgasmos con el Sr. Rosa esta noche. Habían sido buenos. Normales y lo suficiente para liberar algo de mi tensión. Pero no habían sido el Sr. Parker. Él sabe cómo comer a una mujer hasta que estoy balanceándome al borde del éxtasis. Estoy allí, en la punta del orgasmo, alcanzando y estirándome por él como si fuera a morir si no me corro. Él gruñe contra mi coño, su lengua follándome, lamiendo, dando golpecitos y mordisqueando mi clítoris. Cuando toma algo de carne llena de nervios entre sus labios y chupa, me corro sobre él, mi cuerpo tensándose y relajándose en oleadas. Cada nervio está vivo y cantando.
Cuando finalmente vuelvo a ser yo, mi mirada choca con la suya, y él casi gime haciéndome pensar que está decepcionado porque no chorreara por él.
—Necesito una polla —le digo.
—Vamos a intentarlo con esto —Empuja al Sr. Rosa en mi coño y lo enciende. Sin preámbulos y directo a la parte buena.
Me sacudo, mi cuerpo tenso, el zumbido familiar de mi juguete aliviándome. Mi vibrador es uno de los caros. No hace ningún ruido que pudiera revelar que alguien secretamente está teniendo algo de diversión sucia. Pero revolotea en mi interior, entregándome la sensación pecaminosa que siempre anhelo. Me retuerzo mientras me folla con el Sr. Rosa.
Dios. Esto es bueno. El Sr. Rosa es un vibrador grande y no puedo tomarlo todo. Incluso cuando lo meto y la punta besa mi cerviz, es solo la mitad de su longitud.
El Sr. Parker trabaja con el vibrador hasta que estoy llena. Está jugando con el interruptor, causándome más vibraciones poderosas que se precipitan a través de mí. Lo frota y lo folla en mi interior de una manera que puedo sentir otro clímax retumbando hacia mí. Éste baila a lo largo de mi columna, rodeándome como si fuera un gato de selva listo para saltar. Cada musculo tenso, apretado y a punto de estallar mientras se construye, arrastrándose, corriendo y bailando hacia el final.
Es uno grande. Enorme. No puedo averiguar cómo voy a amortiguar mi grito. El Sr. Parker acaricia mi clítoris con su otra mano, estimulándome, mientras susurra, esa voz profunda barriendo a través de mí.
—Eso es, mi pequeña zorra. Tómalo. Toma esta enorme polla. Ruégame por la mía.
Levanto mis caderas. —Sr. Parker… —Es demasiado. Me corro al instante, sus palabras colgando en el aire. Prácticamente me doblo a la mitad mientras me corro. Duro. Chorreo mis jugos, probablemente cubriendo su mano con mi placer.
Desliza el vibrador de mi coño y jadea ante mis jugos cubriendo el juguete y su mano mientras lucho por mantener mi cordura.
—Mmm —ronronea el Sr. Parker—. Sabes tan bien.
Atrapo mi respiración y ruego. —Quiero tu polla en mi coño. Fóllame otra vez como la última vez.
—Jesús —Lucha con su posición y se establece detrás de mí, acunándome. Acaricia con su boca detrás de mi oreja mientras levanta mi pierna y la hace descansar sobre su cadera, dejándome abierta, y me empala con su verga. En un empujón, está dentro de mí, estirándome y llenándome como recuerdo.
Oh, joder. —Sí —gimo. Me encanta. Amo su polla. Amo la manera en que estira las paredes apretadas de mi coño. Él entra y sale, su verga temblando en mis profundidades. Giro mi cabeza, buscando su cara y capturo sus labios, follamos, pero no es como la última vez. Él parece querer ir lento, saborear el tiempo que tenemos.
Está bien para mí.
Incluso haciéndolo lento, tomándose su tiempo y tentándome, su mano acariciando mis pechos, estómago y pellizcándome el clítoris, se las arregla para hacerme correr dos veces más.
Estoy delirante. Adoro correrme muchas veces, pero eso también me pone soñolienta.
El Sr. Parker todavía no se ha corrido, su aguante me sorprende, su erección todavía dura como una roca.
Desliza su polla fuera de mi coño y la reemplaza con un par de dedos, acariciándome. Juega con mi coño, haciéndolo tan bien y profundo, seguido con una palmada juguetona sobre mi coño.
Libera sus dedos de mi calor, errantes, poniéndolos sobre mi culo. El Sr. Parker juega sobre mi agujero inferior, una astilla emocionante de lo prohibido corre a través de mí mientras gimo y levanto mis caderas hacia él. Urgiéndolo a seguir.
Adoro ser follada en el culo. Es sucio. Cachondo. Joder, lo necesito ahora que ha jugado conmigo.
Se detiene, sus labios revoloteando sobre mi oreja. —Dime, niñita, has…
—¿sido follada en el culo? —Río tranquilamente—. Me encanta.
—Oh —Mantiene la respiración—. Quiero tu culo.
—Por favor.
Posiciona la cabeza de su polla en mi agujero posterior. A diferencia de mi coño, el anillo de mi esfínter niega su entrada al principio. Bueno, el Sr. Rosa no encaja en mi culo, y nunca he tenido a un hombre con una polla tan grande follándome allí.
El Sr. Parker suspira, sus dedos recogiendo mis jugos y frotándolos sobre mi agujero fruncido. Es gentil, nada más que frotar por un rato, y me relajo, disfrutando su toque dulce. Un dedo se desliza en mi interior, abriéndome. Luego un segundo, estirándome un poco. Me agito bajo los sentimientos sucios y lascivos del placer que saca de mí. Como si siquiera existiera la palabra.
Lista ahora, presiona la punta de su verga contra mi culo, el anillo de mi agujero cede, dejándolo entrar. Oh, tan lentamente, se inclina hacia adelante, centímetro a centímetro, hasta que está enterrado en mí. Soy tomada y conquistada por él en cualquier manera ahora.
Oh, dulce Jesús. No puedo creer lo bueno que es. Cuando se mueve, follándome en empujes superficiales, mi coño se humedece, vacío y abandonado. Queriendo.
—¿Estás bien, nena? —Su tono es suave y dulce. Preocupado.
—Tan bien. Me encanta.
—Oh, nena —Me besa. Tierno en lugar de la loca pasión que teníamos antes.
—¿Puedes follas mi coño también? —Soy una zorra codiciosa. Lo admito.
—¿Dedos?
—Necesito algo más grande —Muy zorra. Esa soy yo.
Agarra al Sr. Rosa. —¿Este?
Asiento.
—Joder, eres una chica traviesa, Jessica.
—Pero te gusta follar a una chica traviesa. Tu pequeña zorra sucia.
—Me encanta.
Empuja al Sr. Rosa en mi coño y me folla lentamente mientras está follando mi culo. Muerdo mi labio otra vez así no grito. Adoro la doble penetración. Tener todos mis agujeros llenos. Una tercera polla encajaría en mi boca, dándome todo lo que podría querer. Se me hace agua la boca ante el pensamiento de una verga dura contra mi lengua.
—Jessica…
—¿Hmm?
Me besa con la boca abierta mientras ambos cabalgamos las endorfinas lentamente hacia la terminación. No es follar hasta sacarte los sesos esta vez. No queremos hacer demasiado ruido. Y parece que el Sr. Parker quiere hacerse durar tanto como sea posible. Me corro tres veces más antes de que él finalmente no pueda retenerlo más y se deje ir.
Abandona al Sr. Rosa, agarra mis caderas y empuja una docena de veces antes de que se rinda. Se corre en mi culo, llenando el pasaje de mi espalda con su semilla caliente. Su polla tiene más de siete espasmos antes de que finalmente se detenga. Aprieto su eje con mis músculos anales. Él jura, luego ríe tranquilamente.
El Sr. Parker se retira así puedo girarme para encararlo. Nos besamos, nuestros miembros enredados en un abrazo de amantes. Acaricio el lado de su mandíbula. Su barba de cinco en punto se siente áspera contra la piel lisa de mi palma. Me doy cuenta que nunca me ha importado demasiado ningún hombre como me importa él. Por supuesto no le diré eso. No quiero asustarlo.
El Sr. Parker siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. Es el primer hombre con el que alguna vez he fantaseado. Cuando me masturbé por primera vez, me lo imaginé tocándome. Cuando mi primer novio tomó mi virginidad, cerré mis ojos e imaginé al Sr. Parker tomándome.
Siempre ha sido el Sr. Joseph Parker. Mi hombre de fantasía.
Quiero decirle mil cosas sobre mis sentimientos. Mis emociones. Pero era mejor que no lo hiciera. No quiero arruinar el momento. Y el Sr. Parker parecer ser del tipo de hombre que no comunica sus sentimientos con palabras. Así que solo nos besamos. Y nos tocamos. Y nos besamos hasta que ambos caímos dormidos.
En la mañana despierto y veo que el Sr. Parker se ha ido. Como también el Sr. Rosa. Me imagino que lo ha tomado como recuerdo y no me importa. En realidad, parece un poco dulce.
Probablemente quería algo que le recordara nuestro encuentro.
Eso o quería usarlo en sí mismo.
Río. No. El Sr. Parker es demasiado macho para hacer algo como eso.
Más tarde, mis padres me llevaron a Rhode Island y soy dirigida al mundo real, viviéndolo por mi cuenta por primera vez.
Y no puedo esperar.

Cuando llego a la escuela me entero que tengo una compañera de cuarto que le encanta el sexo, adora la experiencia… y lo hacemos… juntas. No me toma mucho darme cuenta que la vida universitaria es divertida. Trabajo duro y juego duro.
No salgo en citas. Odio tener novios, porque siempre se ponen celosos y machos cuando coqueteo con otros hombres.
Soy una coqueta y no me disculpo por ello.
He follado a muchos chicos ahora, pero ninguno de ellos ha sido tan especial como el Sr. Parker.
Y no he escuchado nada de él desde esa noche especial. Honestamente, estoy un poco decepcionada. Imagino que al menos podría coger el teléfono y decir hola. Entonces otra vez, probablemente no quiere hacerlo y no debería esperar demasiado. Había sido una cosa física. Eso era. Aún así, me pregunto sobre él.
Llamo a mamá el fin de semana y le pregunto por el Sr. Parker.
—Oh, Joseph fue enviado a Irak no mucho después de que te fueras.
¿Qué? —¿Está bien, no ha sido asesinado ni nada de eso? —No podía evitar que un rastro de preocupación se filtrara en mi tono.
—Supongo que está bien. Sabes cómo son las personas de operaciones especiales. Sabríamos si ha salido herido o algo así. Estamos en la lista como su contacto de emergencia. ¿Por qué? —Mi mamá suena sospechosa y yo doy marcha atrás.
—Nada. Solo curiosidad. Leí que un montón de soldados murieron en Irak este mes. Sería horrible si fuera uno de ellos.
—Oh, sí, sé lo que quieres decir. No te preocupes, cariño. Él está bien.
Lamo mis labios, rezando porque ella tenga razón. —Eso espero.

Dos meses pasan y hago lo mejor que puedo para sacarlo de mi mente.
Pero más tarde finalmente escucho sobre el Sr. Parker.
En realidad, él simplemente apareció en el campus. Estoy hablando con mis amigos después de clases cuando levanto la mirada y veo a un hombre con camisa blanca y vaqueros descoloridos subido en un sedán genérico. Lo miro fijamente, mi corazón latiendo. Joseph Parker. En carne y hueso. Aquí.
No pienso, simplemente corro hacia él y salto hacia sus brazos, lo beso antes de que pueda decir algo. No me importa si alguien está viendo. O si él me dobla la edad. No se ve lo suficientemente viejo para ser mi papá… quizás es su entrenamiento militar que lo mantiene luciendo en forma y joven.
—Te extrañé —confieso—. Realmente lo hice.
—También te extrañé —Mira alrededor—. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar?
—¿Te estás quedando en un hotel?
—Holiday Inn
Lamo mis labios, doliendo por probarlo de nuevo. —Vamos allí.
Manejamos a su hotel y subimos a su habitación. Apenas cierra la puerta antes de que salte sobre él. ¿Qué puedo decir? Realmente lo extrañé. Nos desvestimos uno al otro, tirando la ropa. Estoy en la cama cuando me abandona para hurgar en su bolso, sacando algo y sosteniendo en alto en triunfo.
Es el Sr. Rosa envuelto en plástico.
—Robaste al Sr. Rosa —Río.
—Quería recordar tu olor. Tu sabor —Se sube a la cama a mi lado y se estira para acariciar mi cabello—. No sé si quieres escucharlo, pero he estado pensando en ti todo el tiempo.
—Infiernos, yo pienso en ti todo el tiempo —Sonrío.
—De ninguna manera.
—Honor de scout —Pongo dos dedos juntos y toco mi frente.
Su mirada permanece fija en mí. —Jessie, no quiero entrometerme en tu vida personal, pero me preguntaba si podíamos seguir viéndonos de vez en cuando.
Sonrío. Me gusta a donde va esto. —¿Cómo novio y novia?
—Tu papá me matará si…
Lo beso para callarlo. —Él no tiene que saberlo. Mi familia no tiene que saber lo que estamos haciendo. Somos adultos. Es nuestro propio asunto si nos estamos viendo. Sería nuestro pequeño secreto.
El Sr. Parker asiente y se une a mi sonrisa. —Sería nuestro pequeño secreto.

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Posted by predatorgapes 10 months ago  |  Categories: Anal, Fetish, Masturbation  |  Views: 2909  |  
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Carmen me recibe en mi casa ( Relato II )



Ya había programado todo lo necesario para tener otro encuentro amoroso en mi propia casa con mi mucama Carmen. En la oficina aduje malestares y me retiré cerca del mediodía despidiéndome hasta el día siguiente. El día anterior había llamado a Carmen para anunciarle que ese jueves era el día prometido y que se preparara para renovar nuestro encuentro sexual de la semana anterior.
Llegué a casa alrededor de las 11.30 y lo primero que hice fue desconectar el teléfono celular y el de mi casa. No quería que nadie nos interrumpiera y si alguien llamaba, ya habría mil excusas para justificarnos. Unas cuadras antes avisé de mi llegada y así fue que me recibió vestida para el amor, es decir en bikini, corpiño, medias y liguero, todos de color negro. No se había olvidado de mi especial recomendación.

Debo decir que lucía espectacular y mirándola con tranquilidad y en detalle, más hermosa y apetecible que la primera vez. Claro está que ahora se había producido luciendo maquillaje y peinado digno de una señora elegante, además de un perfume encantador. Todo se presentaba mucho mejor de lo que había pretendido y prometía una tarde de sexo intenso.

Nos dimos un cariñoso beso de bienvenida y tomados de la mano pasamos a la sala para empezar la conversación preliminar.

… Hola señor cómo está?...

… Muy bien y ahora que te veo así vestida estoy mucho mejor. Pero por favor cuando estemos en estos encuentros amorosos te pido que llames por mi nombre y me tutees…

… De acuerdo Cesar, así me gusta más porque nos igualamos en el trato. De otra manera me sentía algo cohibida y la ocasión se brinda para que precisamente la vivamos libremente, no te parece? Ah, para estar completamente igualados será mejor que te quites la ropa y te quedes solo con el bóxer...

… Si Carmen, por supuesto. Tienes toda la razón, ya me estoy desvistiendo…

… Ah, y otra cosa. El otro día como ya te lo dije, me sorprendiste con la guardia baja y todo salió como lo planeaste, supongo. Hoy será bastante distinto porque yo vengo dispuesta a gozar todo lo que pueda y aprovechar la ocasión, porque como ya te expliqué la situación en mi casa no está bien y estoy padeciendo ayuno sexual. Por otra parte ambos sabemos que esto que continúa hoy es efímero pues tarde o temprano se acabará dado que nuestra situación matrimonial lo hace riesgoso y no creo que tengamos margen para armar lío. No se trata de enamorarnos sino de que ambos nos satisfagamos sexualmente, para lo cual te propongo que cada uno de rienda suelta a su imaginación y deseos. Será vale todo, OK?...

Después de ese largo y atinado monólogo no me cabía más que aceptar sus palabras que bien hubieran podido ser mías. Respondí casi balbuceante

… De acuerdo mujer, será como lo propones. Pero no hablemos más y pasemos a disfrutar de nuestro día. Voy a empezar a pedirte que hagas un paseo tipo modelo y me calientes más de lo que ya estoy viéndote con esa vestimenta negra…

Casi no me dejó terminar de hablar y ya estaba poniendo un CD de música lenta y suave que le ayudaba en sus movimientos. Contorneaba el cuerpo en forma lasciva moviendo las caderas. Con sus manos se tomaba sus pechos y los apretaba sobándolos a la vez que me miraba con ojos provocativos. Dejó sus tetas y bajando una mano la deslizó por su abdomen hasta llegar al vértice de la bikini, mirándome desafiante introdujo la mano sobre su pelambre acariciándola, para luego deslizar sus dedos hacia la vagina para refregarlos y tocarse repetidamente su clítoris, mientras jadeaba y me decía cosas que no alcanzaba a comprender pero que me excitaban sobremanera. Siguió su show meneando su culo delante de mi cara y dándose vuelta sacó de su corpiño una teta para pellizcar un pezón, más tarde hizo lo propio con la otra mientras me la ofrecía pero sin que yo la pudiera tocar. Esto duró unos cuantos minutos, creo que hasta que el CD acabó. A esas alturas mi verga ya tenía las dimensiones propias de las grandes ocasiones. Juro que estaba bien al palo y jadeante de deseo.

Me tomó de la mano y como quien lleva a un niño me llevó al dormitorio en la planta alta, donde la cama ya estaba preparada con sus sábanas desplegadas. Prácticamente me arrojó a la cama mientras empezaba a desvestirse muy lentamente. Aflojó el portaligas y se quitó ambas medias, luego le tocó el turno al corpiño que dio rienda suelta a sus dos tetas que lucían mejor que nunca. Allí interrumpió para agacharse sobre mí y sacarme el bóxer que dejó al aire libre mi pene que salió enhiesto como un mástil. Tras cartón se fue bajando el bikini para quedar en completa desnudez llevando solo el portaligas negro.

Yo no sabía qué hacer, le había cedido la iniciativa y no podía reasumirla porque a decir verdad estaba conmocionado y caliente a la vez. Fue ahí cuando como ordenándome me dijo

… Me voy a sentar en la cama y quiero que te arrodilles y me chupes la concha hasta que me venga un orgasmo, así que te tienes que esmerar y mucho…

No había nada más que obedecer así que me arrodillé, le levanté sus piernas para tener todo el panorama de su concha a mi disposición y me zambullí de cabeza a gozar de esa cueva. Mi lengua, que afortunadamente sabe de esa labor se paseaba por toda la raja jugando con las paredes vaginales, los labios y cada tanto introducirse por su vulva, mientras que mis labios chupaban a más no poder cada centímetro de esa cavidad y mordían suave pero firmemente el clítoris de Carmen que me acompañaba con suspiros y gritos de placer.

… Así, así. Chúpame toda y bebe mis jugos que los derramo para vos. No dejes que esa lengua se detenga porque todavía me falta mucho y estoy gozando pero quiero más y más. Mete un dedo dentro y juega al mete saca que quiero que roces el punto G que es mi debilidad. No pares, sigue, sigue…

Yo no podía hablar porque mi boca estaba ocupada saboreando esa vagina que tenía un raro pero gustoso sabor. No quería parar pero mi lengua ya empezaba a cansarse, así que pedí minuto con un dedo sobre la palma de la otra mano. En un santiamén me apoderé de un pequeño vibrador a pilas que había comprado y preparado para la ocasión, lo puse en marcha y lo apliqué en la raja, mientras mi lengua se dedicó exclusivamente a lamer su clítoris. Carmen no esperaba esta novedad pero la aprovechó al máximo. Empezó a jadear y largar profundos suspiros hasta que explotó convulsionando su cuerpo y apretando mi cabeza sobre su coño al tiempo que me decía

… Me vengo, no pares, es hermoso, cuanto goce mi amor, no te detengas que lo has logrado. Es el orgasmo más fuerte de mi vida y no quiero que acabe nunca. Sigue por favor…

Yo seguí por un instante nomas porque tuve miedo que le pasar algo malo porque se revolvía en la cama entre quejas y suspiros, llantos y sonrisas. Era un cuadro que nunca había vivido. La acaricié suavemente tranquilizándola hasta que sentí que estaba volviendo a la normalidad.

… Fue brutal esa acabada. Juro que nunca en mi vida había gozado tanto con una mamada de concha. Ese aparato que me pusiste al final fue lo más, yo estaba en una nube de placer y no quería bajarme. No hay forma que te pueda describir lo que sentí. Mira todavía estoy temblando pero no quiero que te relajes porque quiero más y más…

Se puso de espaldas sobre la cama y me dijo

… Ahora quiero que me acaricies y beses todo mi cuerpo desde la cabeza hasta los pies. No te detengas en mi cueva porque esa será otra etapa. Usa esa lengua ágil que tienes para lamerme toda que me gusta…

Tuve que obedecer porque no había forma de llevar la contraria y porque además lo que hacía me gustaba. Manos, labios y lengua empezaron el recorrido pedido. Hubo sitios donde me entretuve más porque así le gustaba. Besos de lengua profundos, mordidas de oreja, lamidas en el cuello, chupones en los senos y mordiscos en los pezones, cabeza hundida en su pelambre pélvica revolviendo y enrulando sus negros pendejos, pasada suave por su raya, besos en las piernas y finalmente chupada de dedos de los pies. Carmen me animaba con sus suspiros y frases de gozo. En determinado momento se dio vuelta cabeza abajo y me pidió recorrer su parte posterior con el mismo método. En esta oportunidad la mayor atención se la llevó su culo. Besé y mordí sus nalgas. Aparté sus cachetes y dejando expuesto su agujero lo chupé y hurguetee con mi lengua. Fue ahí cuando Carmen se vino con otro orgasmo no tan fuerte como el anterior, pero bien profundo.

… Me estás matando papito, cómeme mi culo y mi ojete. Son tuyos, que placer me estás dando con esos besos y puntillas en mi ano. Jamás me lo habían hecho y es sensacional. Me hiciste acabar otra vez, eres un maldito vicioso, pero que bueno estuvo…

… Carmen está todo bien y yo también estoy gozando mucho, pero me parece que a mí también me toca algo, no? Mi muchacho está duro como un garrote y necesita atención para no irme en seco…

… Tienes razón Cesar, ya le damos lo que se merece…

Me hizo tender de espaldas y me acomodó poniendo mi cabeza sobre dos almohadas, me dio unos besos en la boca con lengua incluida, se subió sobre mí mirando hacia mis pies de manera que sus órganos de placer quedaron cercanos a mi cara y boca, se agachó sobre mi verga y empezó su labor. Primero atacó a los gemelos con una chupada suave, los lamió y se los metió de a uno en su boca para chuparlos y besarlos, luego tomó mi miembro y lo empezó a lamer desde la base hasta la cabeza que ya lucía morada de tanta sangre y deseo acumulados. Con una mano sujetó el aparato y con la otra me hacía cosquillas en el glande con sus dedos hasta que decidió meterlo en la boca y darme una mamada de película. Es difícil narrar el placer que esa mujer me proporcionó, cada lamida era un impacto eléctrico que recorría todo mi cuerpo y cada chupada y succión de la cabezota eran la gloria.

… Carmen esto es la gloria plena estoy lleno de placer, seguí que estoy volviéndome loco con tus juegos. Chupa más y pajéame también que me gusta. Ese dedo hurgando en mi orto me recalienta y estoy aguantando para no acabar en tu boca…

Ella siguió con esmero y tesón su labor, decidí callar y atacar lo que tenía a mi vista y alcance. Un hermoso culo de donde se destacaban una concha abierta y un ojete que demandaban la atención de mi boca y su lengua. Me puse a la tarea de darme un banquete, mi boca succionaba la concha y mi lengua buscaba los lugares más recónditos de esa vulva, también le daba mordiscos en el culo clavándole los dientes dejando mi marca. Así una y otra vez hasta arrancar los primeros jadeos de gozo de Carmen que como respuesta aceleró sus mamadas. Parecía una competencia para ver quien lo hacía mejor y más rápido.

… Mamita creo que ya no aguanto más. Estoy por acabar, que hacemos?…

… Sigamos así, yo acabo en tu boca y vos en la mía, vas a ver qué lindo que resulta. Dale no pares, lo que te pido es que me avises cuando te llega a ver si lo podemos hacer al mismo tiempo…

… Prepárate mi vida porque ya no doy más. Me viene, me vieneeeeeeee…

… Ya voy yo también, que hermoso, no pares por favor…

Fue lo último que salió de nuestras bocas porque ambas se inundaron al tiempo con los flujos de cada uno. Yo recibí una descarga de sus líquidos que me empaparon la boca y la cara, mientras mi lengua y mi paladar se regodeaban con tan exquisitos jugo. Carmen recibió en su boca una descarga de semen como creo que nunca había derramado, fueron varios chorros que desbordaron su boca y se desparramaron sobre la cara y sus manos. Sin embargo en rápida acción recupero mi leche y comenzó a tragarla. Yo hice lo propio con sus líquidos que también resbalaron de mi boca. Con sabor de nuestros jugos en las bocas nos dimos un beso de lengua interminable mientras nos abrazábamos y con nuestras manos nos acariciábamos nuestros sexos que aun latían satisfechos por los momentos vividos.

Mientras trataba de volver a tomar conciencia pensaba en Carmen y la maestría que había mostrado para los juegos sexuales. Esa experiencia y su ayuno sexual habían potenciado su capacidad de entrega. Cada uno de los movimientos y tareas que emprendía me dejaban sorprendido por la calidad, suavidad y sensualidad con que lo hacía. Había descubierto una máquina de sexo donde menos lo esperaba, y no estaba dispuesto a perderla.

… Donde aprendiste a hacer el amor con tanta habilidad y sensualidad?...

… Por lo que veo te gustó, no? No te esperabas que una mucama tuviera tantos recursos, verdad? Es algo natural más la experiencia y lo mucho que he leído sobre la materia, porque a mí también me gusta hacer el amor…


… Ciertamente me sorprendiste y tanto. Creo que nunca me habían hecho una felatio como la que me acabas de regalar. El show previo también estuvo genial y me puso a mil. Casi me voy en seco al verte, no tienes idea de lo que tuve que aguantarme para no derramarme como un muchacho quinceañero. Que más me espera?…

… Yo ya hice mi parte en el manejo de la primera parte, lo que sigue te lo dejo a vos…

A pesar mío, que la estaba pasando de maravillas tuve que tomar la iniciativa que me había cedido Carmen. Le sugerí pasar al baño a darnos una ducha rápida para quitarnos los restos de la reciente entrega. Allí marchamos y repetimos la escena de la primera vez cuando nos aseamos recíprocamente. Ya secos y más tranquilos, retornamos al lecho.

Ella de espaldas y yo boca abajo a su lado, nos relajamos unos minutos conversando sobre lo que estábamos viviendo. Volvió a repetirme casi las mismas palabras del comienzo. Sabía que esta relación era circunstancial y que acabaría en cualquier momento, de modo que debíamos sacarle provecho sin implicarnos sentimentalmente. Evidentemente Carmen era una mujer más sabia e inteligente de lo que yo había presumido y eso me hacía sentir más cómodo y sin culpas futuras.

Elogié su elección de la ropa interior con que me había recibido y me dijo que la idea del portaligas y las medias negras, la había tomado de una novela erótica que había leído. Por lo demás la había comprado en un sitio de primera marca y que la mantuvo escondida en su casa hasta ese día. La iba a dejar guardada en mi casa porque no quería que su marido la encontrara y sospechara.

Entre juego y juego ya habían pasado cerca de dos horas, y si bien todavía teníamos mucho tiempo, consideré que no debía perder el ritmo así que empecé a juguetear con su zona pelviana enrulando aún más sus pelos que había prolijamente depilado para la ocasión, dejando un triángulo corto pero espeso. A mí me gustan esos coños, los disfruto mucho cuando los pendejos me hacen cosquillas en mi nariz.

De a poco me fui acercando a su conchita para acariciarla suavemente por su exterior. Mis dedos rozaban sus labios exteriores en un movimiento cadencioso, suave y persistente. Carmen se limitó a cerrar los ojos y comenzar a gozar. Con la otra mano, la izquierda, apreté sus tetas masajeándolas con movimientos circulares que rozaban sus pezones. El doble juego manual empezaba a rendir sus frutos en excitación y calentura. Solo se oían suspiros, gemidos y alguno que otro quejido, todos de placer. Ella me animaba diciéndome

… Qué bueno lo que estás haciendo Cesar, de a poco me estoy empezando a transportar a otros mundos. Ya no puedo pensar sino en el placer de sentir mi vulva y mi clítoris acariciados de esa forma. Siento que otra vez mis jugos se empiezan a liberar preparando mi cuevita para lo que vendrá. No te detengas, sigue así que me gusta mucho…

… Quiero que recibas el placer con el mismo trato que me diste a mí y que lo mereces. Eres una mujer sensacional y la reina del sexo. Creo que me saqué la lotería del placer contigo. Esa concha estrechita que tienes merece recibir una buena atención de parte de mi muchacho…

… Quiero me cojas bien cogida y me penetres hasta la cérvix. La quiero sentir toda dentro mío que me llene y me inundes con tu leche. Ponla ya, no me hagas esperar que la estoy necesitando dentro de mí…

Para mí la mejor forma de llenarle la vagina a una mujer es en la posición de perrito. Además queda a la vista el ojete que también es un agujero apetecible. Con ese pensamiento, le pedí que se pusiera en esa posición pero para hacerlo mejor le sugerí que se apoyara en sus codos y levantara el trasero. Nuevamente quedaron a mi vista el espectáculo de los dos orificios que parecían pedir que los penetrara.

Previsor había comprado en un almacén de porno una pomada retardativa de la eyaculación con el propósito de hacer largo el juego. Sin que Carmen se diera cuenta me unté la cabeza del pene con la pomada y a ella le empapé el agujero anal con sus propios jugos. Ya estaba preparado el camino para una larga clavada. Puse mi verga en posición y empecé a pasearla por toda la raya frotando el clítoris en cada pasada, todo ese movimiento en cámara lenta tratando de excitarla al máximo. El tratamiento empezaba a dar sus frutos porque nuevamente empezaron los suspiros y quejidos.

… No seas malo, por favor métela que me estoy derritiendo y quiero sentirla dentro mío ya mismo. No seas maldito y no me hagas sufrir de deseo…

… Calma Carmencita, todo a su tiempo. Si el placer es grande lo mejor es prolongarlo todo lo que se pueda. Ten paciencia que ya la tendrás dentro…

Metí la punta en la concha y recibí un suspiro de respuesta. Después un poquito más tratando de frotar el clítoris con el movimiento. Otro poco más y más. Hasta que la sorprendí yendo a fondo de un saque. Un grito salió de la boca de Carmen, que no supe si era de dolor o placer. No reparé en él y seguí con lo mío tomándola de los flancos de su espalda le di con todas mis fuerzas y empecé a serruchar mientras Carmen me pedía más y más. Lo hice durante un rato largo hasta que lo quité de la concha y pujando poco a poco se lo metí en el ano. Se ve que no lo esperaba porque dio un respingo y una pequeña protesta que canceló cuando la tuvo adentro. De ahí en más fue un concierto de mete y saca en el culo como en la concha alternado ambos agujeros, claro está ayudado por la pomada que me permitió dar y dar, sin sentir de inmediato mi necesidad de correrme.

Así durante varios minutos donde Carmen gozaba a más no poder. Pujando con su culo hacia mi verga intentaba que éste penetrar más allá de lo que permitían sus 17 centímetros. Estaba desatada, no había forma de que se sintiera satisfecha y seguía pidiendo más. Yo ya me empezaba a cansar, y también se estaba diluyendo el efecto de la pomada, y empecé a sentir el cosquilleo previo a una eyaculación. Se lo anuncié y le pregunté donde prefería.

… En la concha mi amor, en la concha. Te estoy esperando hace rato. Ya no doy más, quiero tu leche…

… Ya me viene Carmencita soy todo tuyo, toma mi semen todo para vos. Qué locura señor, que locura!…

Y me derramé en su cueva entre gritos de Carmen y quejidos míos. Parecía que se me iba todo mi cuerpo por la verga dada la intensidad de la descarga y el tiempo transcurrido. Fue uno de esos polvos que te quedan grabados para siempre por la intensidad, el momento y la compañera.

Me derrumbé sobre ella besándola en su cuello y nuca, con mi verga aun dentro suyo. Luego me descabalgué y echado a su lado la besé intensamente en la boca al tiempo que le daba las gracias por el momento vivido. Casi sin poder hablar me respondió que ella también estaba agradecida y que la había hecho gozar como nunca en su vida. Yo me cuidé de contarle lo de la pomada.

Ya eran como las cuatro de la tarde y la sesión de sexo si bien nos había dejado hechos una piltrafa físicamente, también caímos en cuenta que teníamos sed y apetito. Nos dimos otra ducha y bajamos.

En la cocina Carme preparó unos emparedados que comimos con voracidad, y los acompañamos con un cava bien frío que estaba la nevera. Brindamos por nuestra suerte y Carmen se apresuró a vestirse en mi presencia pues yo quería verla desnuda antes de marcharse, para quedar con esa imagen en mi retina. Ya eran pasadas las cinco cuando la despedí con un fuerte abrazo y un interminable beso de lengua prometiéndonos repetir en la primera oportunidad que se presentara. Para ello fijamos códigos de comunicación que algún día les contaré.

Satisfecho y desecho físicamente, me terminé de tomar la botella de cava mirando televisión. Por unos cuantos días mis necesidades carnales estaban cubiertas.
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Posted by pepitito 4 years ago  |  Categories: Anal, Hardcore  |  Views: 339  |  
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Mi Prima


Yo no sé cuando empezó ese cosquilleo en mi pene, pero yo lo sentía cada vez que veía a mi prima Magdalena. Trataba de estar con ella siempre que podía, me imaginaba lo hermoso que sería besarla, abrazarla y acariciarla.

Mi prima Magdalena era y es una hermosa joven; rubia, cabellera debajo de los hombros, vivaracha y alegre, alta, bustos grandes, acinturadita y con unas nalgas bien paraditas, preciosa de arriba abajo, como una potranquita inquieta. Pícara y coqueta en ocasiones.

Siempre que la veía, mi mirada recorría su cuerpo de arriba abajo disfrutándola, pero con tristeza o coraje porque sabía que ella no era para mi. Mi mirada siempre terminaba entre sus piernas, como un imán me atraía su hermosa -"Y" -que se le formaba en medio de sus bien torneadas piernas, no importaba que ropa usara, siempre se le marcaba lindamente.

Pero por esos tiempos mi única relación sexual era con mi mano, yo entonces tenía 19 años. Tímido, algo introvertido, mi relación con mis amigas se había concretado solo a besos y a manosear sus pechos.

Magdalena, de la misma edad que mí hermana Leticia, 18 años. Vivía con mis tíos y su hermana Rosalía cerca de nuestra casa y era inseparable de mi hermana Leticia.

Un día, en mi casa, yo jugaba a las luchitas con mi hermana en la cama de mi habitación como lo hacíamos ocasionalmente, pero esta vez estaba presente mi prima. No recuerdo como empezó el juego, pero se trataba de dominar físicamente al adversario. Recuerdo que después que vencí a mi hermanita, que ya no podía moverse, Magda dijo: -Yo sigo.- Me puse colorado y pensé que quizá no era buena idea, las niñas no deben jugar así con los niños, claro que las hermanas no cuentan. Pero no tuve opción, ella ya estaba sobre mi cuerpo tratando de sujetarme. Las dos jovencitas unieron sus fuerzas para derrotarme. Cada una trataba de sujetarme un brazo, ponían sus rodillas sobre mis piernas y trataban de inmovilizarme como sus instintos se lo decían, yo respondía a sus ataques de la manera más cuidadosa posible, ya que no quería lastimarlas, giraba mi cuerpo, zafaba un brazo, les detenía sus dos manos a cada una por las muñecas. El juego fue largo, sudábamos, gritábamos, gruñíamos, decíamos palabras groseras. Yo no podía salir derrotado, ellas tampoco querían aceptar que un muchachito las pudiese derrotar a las dos. Mi apuración mayor era que pudiesen notar la erección que yo tenía, o la mancha que se iba formando en mi pantalón.

Yo les hacía cosquillas, eso las enojaba mucho pero con esa excusa podía tocar partes de su cuerpo que de otra manera no hubiese podido, sobre todo sus tetas. Se les subía el vestido, yo disfrutaba el ver sus piernas, sus nalgas. Todo muy divertido.

En un momento del juego, me quite a mi prima de encima de mi sujetándola entre sus piernas, mi mano agarro su pubis, la voltee y la deje de espaldas en la cama. Sentí como una descarga de deseo, de todo lo que no se puede explicar. No retire mi mano inmediatamente, sentía latigazos de placer, dolorosos, estaba tocando el centro del mundo, mi mundo, mi universo. Voltee a ver a mi prima, a la mujer. Ella estaba radiante con una sonrisa en la boca, jadeando satisfecha. Retire mi mano por la pena de sentir lo que sentía, del deseo. El placer de sentir sus labios vaginales bajo su calzón, de sentir la puerta de sus secretos, de sus tesoros, de mis deseos, era insoportablemente fuerte.

Tratando de disimular mi excitación, me coloque en posición fetal para que pudiesen atacarme fácilmente y yo esconder mi erección. Esporádicamente las atacaba con piquetitos a sus costillas o candados suaves para inmovilizarlas.

En el juego también me rozaba con las exuberantes chiches de mi hermana Leticia, se sentía agradable apachurrárselas aunque fuese con mis brazos o pecho, pensaba que los novios que tuviera la pasarían muy bien con sus atributos de mujer. Con mi hermana podía ser un poco más brusco, además, ¿Cómo podía seguir agarrando a Magda y no tocar a Leticia? Tenía que ser más o menos parejo en el juego.

Ellas respondían con mordidas, Magdalena me estaba mordiendo un brazo y picando las costillas.

-Si me siguen mordiendo, yo también las voy a morder, y en los tetas para que les duela.- Les advertí. Ellas se rieron de mi amenaza y siguieron mordiéndome donde podían.

-Te vamos a dar tu merecido güey.- Me decían.- Flacucho enclenque.

Yo no quería que el juego terminase, me estaba divirtiendo mucho, bien excitado. Sujetaba a Magdalena entre mis piernas, apretando sus tetas, sus costillas, su cabeza a la altura de mi pecho. Ella arriba de mí, con sus manos trataba de sujetarme mi brazo. Leticia me retorcía las orejas, yo le hacía cosquillas en su estomago. Pero la sensación en mi bien erecto pene en el estomago de Magda restregándose contra él, me tenía rojo por el deseo. Ella se reía de mi situación, movía su estomago para sentir mi miembro, se sonreía picarescamente como diciendo: mira como te tengo caliente y no puedes hacer nada para remediarlo.

En un momento en que Magdalena estaba debajo de mi cuerpo, yo sujetando sus manos con mis manos, los brazos extendidos, con mi pecho sintiendo sus bien desarrolladas tetas, mi pene bien caliente y bien erecto sobre su pubis, sudando en abundancia, mi cara cerca de la suya preguntándole si se rendía, estuve a punto de besarla en la boca. Pero la presencia de mi hermana mordiéndome un brazo y golpeándome en la espalda me detuvo.

-¿Por qué tienes el pito parado?- Me pregunto mi hermana entre risas.- ¿Te gusta sobarte con nosotras?-

Yo guarde silencio todo apenado, ellas se reían de mi vergüenza.

-Basta de juegos- les dije- Yo gané.

-Claro que no, nosotras vamos ganando.- Me decían.

-Bueno, ya se acabó el juego, vayan a jugar a las muñecas.-Les respondí.

-Vamos a seguir jugando, y ya no te decimos nada de tu pito parado- Dijo Magda.-

-No, ya no quiero seguir jugando, me da pena.- Respondí.

Riéndose y burlándose de mí, salieron de mi habitación, yo entre al baño para asearme y masturbarme, el dolor que sentía en mi pene era riquísimo. Al masturbarme no dejaba de pensar en lo que sentía, nunca antes había tocado así a una mujer, bueno salvo mi hermana, pero con ella no había sentido esta deliciosa sensación y excitación, fue delicioso. Esperaba que no le contaran a nadie de nuestras luchitas, no fuese que lo fueran a mal interpretar o peor aún, a interpretar como fue, y me pusieran como campeón de boxeo por jugar así con las niñas.

Pasaron tres o cuatro días y nada sucedió, me imagine que todo había acabado ahí y que nunca más volvería a jugar así con mi prima. Pero esa tarde de viernes mis papas salieron llevándose a mi hermana a una reunión de amigos, yo me quede estudiando porque estaba en exámenes. Escuche que mi prima Magdalena no iba a ir ya que también tenía que estudiar. Ella es estudiante responsable, algunas veces yo la ayudaba en sus tareas

Minutos después que partiera mi familia quedando yo solo en la casa, Magdalena llegó con unos cuadernos y libros para que le explicara unos problemas de matemáticas.

-Se que estas estudiando para tu examen, pero necesito tu ayuda en matemáticas.-

Ella bien sabe que con mucho gusto la ayudo, que dejo todo por ellas.

Se sentó junto a mí en la mesa del desayunador y me enseño sus problemas. Yo me sentía feliz de poder hacer algo por ella, su presencia me llenaba, me llenaba de gozo, tan bella, tan fresca, tan suave. Sus pechos tocaban mi brazo, en ocasiones su mano la ponía sobre mi muslo desnudo, ya que yo solo usaba un short deportivo, acariciándolo suavemente lo que me llevó a una erección.

Magdalena divertida, sonreía picarescamente de ver mi situación, su mano había tocado "por accidente varias veces mi bulto al acariciar mi muslo.

Cuando terminamos de estudiar, pensé que ya se iría a su casa para tristeza mía, me dio las gracias y para mi sorpresa, me dijo.

-Me gustó mucho jugar a las luchitas contigo, ¿Quieres jugar conmigo otra vez?

-Bueno, vas a perder otra vez.. Por eso me dicen ¡Miguel el imbatible¡.

-Ya veremos, Miguel el imbatible- me contestó.-A mi me dicen ¡Magdalena la arrasadora ¡

- No voy a tener piedad de ti.- le dije al tiempo que la sujetaba y llevaba al sofá de la sala.

-Mejor en tu cuarto, en la cama- me respondió.

Mi mente trabajaba a mil por hora, anticipando lo que vendría, nervioso pero feliz. Ella con intenciones de jugar inocentemente, yo de satisfacer deseos carnales y pecaminosos.

A empujones y jalones, jugando, abrazándola y manoseándola lleno de deseo llegamos al cuarto, ella se aventó en la cama y con una mirada feroz en la cara, con las piernas abiertas, rodillas levantadas me dijo: Ven cabrón, te voy a partir la madre.

Yo estaba bien prendido, viéndola con su uniforme de colegio, sus calcetas, su falda plisada a cuadros que en su posición me dejaba ver sus calzoncito blanco, sus piernas blancas y bien torneadas, su blusa blanca en la que resaltaban sus jóvenes pechos, su mirada de reto que parecía la de una diosa en celo, un ángel caliente.

-Quitate tus zapatos.- le ordene al tiempo que me quitaba los míos.- Vas a ver como te gano fácilmente.-

-Quitate tú también la camiseta- Me dijo mientras se quitaba su blusa-

Tuve que hacer un esfuerzo para cerrar la boca. Que linda se veía con su sujetador, con sus pechos tratando de salir de su prisión. Yo me deshice de mi camiseta que arroje a un rincón quedando vestido solamente con mis calzoncillos deportivos cortos.

Me lancé sobre ella y sujeté sus brazos, su cuerpo se enredo en el mío y comenzamos la lucha más extraordinaria que se haya visto. Entre jadeos, gruñidos y risas nos restregamos por varios minutos, mis manos cada vez más atrevidas tocaron casi todo su cuerpo, embarraba mi pubis a sus nalgas, a su pubis, mi pene feliz quería más. En un momento en que la logré sujetar boca arriba, montada sobre ella, yo sujetando sus manos, sus brazos extendidos, nos miramos a los ojos con todo el deseo que se tiene a esa edad, nos movimos rítmicamente como si estuviésemos haciendo el amor. Mi mano soltó su muñeca y acarició sus labios. Mi boca se acercó a la suya y le di un beso, ella me correspondió abriendo su boca, nuestras lenguas se tocaron finalmente, primero frenéticamente, después más despacio, abrazados nuestra respiración se hizo más agitada, el ritmo de nuestro roce púbico se estabilizó. Separe mi cara de la de ella para verla, nos sonreímos, nos volvimos a besar sin dejar de frotarnos, acaricié sus pechos con mis manos, mi lengua limpiaba su sudor de sus mejillas, de su frente, de su cuello.

Ella con las piernas separadas, las rodillas dobladas, sostenía mi cuerpo con su pubis. Sentí su mano que paso por debajo de mi calzoncillo, toco mi pene suavemente, lo tomo y lo apretó suavemente, bajó su mano a mis testículos acariciándolos, tomo uno de ellos y acomodándoselo en su linda mano. Lo apretó con fuerza.

-Ahora, ¿Qué vas a hacer?- Ya te tengo bien agarrado por los huevos Miguel el imbatible.- Tu me querías morder mis chiches cabrón.

-Magdita, hermosa, no seas mala, así no se vale.- Supliqué.

-¿Te parezco hermosa?- me pregunto al tiempo que me apretaba más fuertemente mi testículo.

-La más mujer más hermosa del mundo- Contesté con un gemido de dolor.

-¿Vas a hacer todo lo que "Magdalena la arrasadora" diga?- Decía apretando un poco más fuerte con su mano.

-Si, todo lo que "Magdalena la arrasadora" diga.-

-¿Lo prometes?.-

-Si, Si, lo prometo.- Contesté con voz de dolor.

-Ven, ponte boca arriba.- Lo dijo al tiempo que me soltaba mi testículo y me acostaba boca arriba.

Ella se puso sobre mi, sentada a horcajadas, la falda se le había levantado, su pubis frotaba mi pene que no había disminuido su erección a pesar del dolor.

Empezó Magda un movimiento de su pubis hacia delante y hacia atrás, frotando mi pene que marcaba una gran tienda en mis pants. Se quitó su sujetador y tuve ante mí la vista más maravillosa de sus tetas, erguidas mirando hacia arriba, retadoras, su forma de montañas picudas, dos Everest, una vista maravillosa, mejor postal nunca había visto.

-¿Se fue el dolor?- Me preguntó.- ¿Te gustan mis pechos?-

-Sí, pero por favor no me vuelvas a apretar mis huevos, y sí me gustan tus pechos mucho, son bellísimos - Contesté con la boca escurriendo saliva.-

-Tócamelos.- me ordenó.- Vas a hacer todo lo que yo diga.-

Yo obediente los toqué, los apreté, pellizque sus pezones rosados y suaves, Que maravillosa sensación que junto con el roce de su pubis con el mío me tenía excitadísimo.

Ella seguía frotándose sobre mi pene, sus manos echaron su cabello hacia atrás, yo apreté más fuerte sus hermosas tetas y me empujaba hacia arriba para aumentar el roce de mi pene con su cuerpo. Ella movía sus pechos de lado a lado y yo le correspondía apretándolos con más fuerza, recorriéndolos en toda su extensión.

-Ahora bésamelos y muérdemelos como me amenazaste cabrón.-ella me exigió.

Yo me erguí y la obedecí, mis labios tocaron su fina piel, abrí mis labios y me engulle todo lo que pude de su pecho, mi lengua frenética y desesperada quería más y más, cambie de teta, mi mano en la otra. Acomode mi pene para que sintiera más las caricias de su pubis pero el instinto hizo que mi mano frotase sus bragas en las que sentí la forma de sus labios vaginales. La hermosa, admirada y deseada -Y-.

Fue como un disparador, Susana trato de bajarme mis calzoncillos, quitarse sus bragas al mismo tiempo. Yo claro, ayudé poniéndola de espaldas en la cama y bajando sus bragas hasta quitárselas, me quite los calzoncillos y me arroje sobre ella, ella con sus piernas abiertas me dejo colocarme entre ellas, que delicia frotarme contra ella, sentía su bellos púbicos como plumas que me acariciaban, mi boca en su pecho escurría saliva, mis manos recorrían su cuerpo desesperadamente sin saber donde detenerse, ella me acariciaba la espalda, mi nuca y movía deliciosamente su cuerpo, estuvimos así varios minutos hasta que bajo su mano y metiéndola entre nuestros cuerpos agarro mi pene con fuerza y suavidad. El pájaro hay que tomarlo así; ni tan fuerte que lo ahogue, ni tan suave que se escape.

-Déjame verlo, - Me pidió.

Me separe obedientemente para poder yo también admirarla a ella, me coloque a su lado sin soltarla.

-"Que bonito"- Me dijo mientras lo estrujaba con suavidad.- "No sabía que me fuese a gustar tanto tocarte tu verga, esta muy bonita".

-"Bonita tú "- Le conteste. - "Eres lo más bello del mundo".-

Con una de mis manos sobre su pecho y la otra aprendiendo a acarician sus labios vaginales, mi mirada se perdía en su cuerpo sin saber donde detenerse, sus rubios bellos púbicos brillaban con la luz en un dorado que solo tiene el amanecer, sus nalgas redondas como melones, musculosas y suaves, su ombligo en su vientre duro, sus pechos duros y amorosos, su cara angelical, sus labios húmedos que me incitaban a besarla, sus piernas bien torneaditas y su talle en armonía. Todo me llamaba, como en un sueño me encontraba yo, viéndola desnuda. Que ansia no tener más manos, no tener más bocas, no tener más ojos.

Tomo mi mano y la acomodo un poco más arriba, en su clítoris, con su mano me enseño el movimiento y ritmo que quería.

-Así, en la parte superior del clítoris.- Me enseño.- Que rico me haces Miguel. ¿Te hago yo rico?-

-Riquísimo Magda.-

Estuvimos así por un tiempo, ella acariciándome mi pene, yo acariciando su clítoris y sus labios vaginales, besándonos. Yo tocaba, estrujaba, besaba sus hermosísimos pechos. Mi mano no pudo resistir y bajándola un poquito introduje un dedo en su vaginita, que hermosa sensación yo sentía al hacerlo, la entrada al lugar mas deseado. Ella respondía con suspiros y pequeños jadeos. Yo movía mis dedos cada vez más rápido, regresaba al clítoris, volvía a su vagina. Besaba sus pezones rosaditos y duros. Ella me apretaba con más fuerza mi verga, aceleraba sus movimientos cada vez más.

Su orgasmo llegó anunciándose con su respiración, con sus jadeos, ella se estremeció y se ilumino como un ángel. Mi dicha de verla y el saber que yo había provocado esa iluminación no se puede describir, me sentía en el cielo. Yo no podía retenerme más, el placer me ganaba. Me zafé de sus manos y me coloqué sobre ella dispuesto a tener todo lo que había deseado tanto tiempo, introducirme en ella, quería que los dos fuésemos uno.

Magdalena aún sin recuperarse completamente me detuvo, puso sus manos sobre mi pecho deteniéndome con suavidad, y con cara de tristeza pero con dulzura me dijo: No podemos hacerlo hoy Miguel, yo me quiero entregar a ti, quiero darte mi virginidad, quiero que seas el primero, lo deseo mucho. Pero hoy no puedo, podría quedar embarazada. Ven, vamos a seguir acariciándonos, vamos a terminar así hoy.

Me volví a recostar junto a ella y reanudamos nuestras caricias. Yo feliz por lo que ella me había dicho, que yo iba a ser el primero, que ella iba a ser mía.

Continuamos acariciándonos por largo tiempo, pero no lo suficiente para la pasión y el placer.

Otro orgasmo le llegó suavemente, su respiración, su rubor, sus movimientos, sus jadeos, todo cambió, se transformaron en un cuadro de vida. Yo no lo sabía entonces pero ella me tenía más regalos por su sensibilidad y erotismo, regalos que disfrutaría cada día más. Lo sentí en mi mano, en mi mente, en mi pene que apretaba con más fuerza, en todo mi cuerpo.

Cuando se recuperó de su orgasmo, me dijo: Quiero que tú también sientas lo que yo sentí, deja llegar tu orgasmo, no te contengas. Yo también quiero ver como te vienes.

- toma mi pene con tu boca.- Le pedí suplicante.- Déjame sentir algo que nunca he sentido.

Nos acomodamos de tal forma que pudiese hacerlo y al mismo tiempo yo pudiese seguir acariciando su vagina y sus tetas.

Yo estaba en el cielo, mi verga en su boca, mi mano en su vagina introduciéndole un dedo, tocando sus pechos, mi cuerpo muy sensible a cualquier roce temblaba de placer que era casi doloroso.

-Que verga tan bonita tienes.- Me dijo en un momento que se la saco de su boca.- Tan grande, tan dura, tan suavecita, muy bonita. No sabía que fuese a gustar tanto esta parte de tu cuerpo Miguel, mi amor. Eres hermoso.-

-Yo sabía que eres hermosa, Magdita de mi vida, pero no sabía que me pudieses hacer tan feliz, realmente estás arrasando conmigo, Magdalena la arrasadora.-

Ella se rió de mis palabras.

-Déjame también disfrutar de tu vagina.- Le dije acomodando mi boca entre sus piernas y girando para quedar en un 69, coloqué mis manos en sus nalgas, mis labios en los vaginales suyos y aspire con todos mis sentidos el lugar más deseado, su clítoris, su vagina, sus perfumes, todo me llegó como una tempestad, nunca había visto esta parte del cuerpo de una mujer y ahora se la estaba lamiendo y besando a la mujer de mis deseos. Estaba aprendiendo a darle placer en el aprendizaje más recompensado, mi placer. Sus suspiros y gemidos me parecían música que fue creciendo en frecuencia y en intensidad.

Nos decíamos entre suspiros lo que sentíamos, lo que experimentábamos, nos animábamos mutuamente al agradecer nuestras caricias. Por fin entendí lo que significa éxtasis.

-Que rico me haces Miguel, que delicia.- Me dijo- Seguro tienes mucha experiencia con otras mujeres.-

-Eres la primera mujer que veo desnuda, eres la primera que toco en sus partes sexuales, eres la primera que me toca la verga.- Contesté.- Y tú Magda, ¿es la primera vez que te tocan como yo te toco?, ¿es la primera vez que tocas y mamas verga? -Le pregunté reanudando inmediatamente mis besos en su clítoris.

-Así como estamos nunca lo había hecho.- Me respondió.- Nunca había mamado verga ni tampoco me habían besado ahí donde me estas besando, ya me habían tocado antes y yo ya había acariciado penes, pero nunca había sentido lo que siento ahora, es riquísimo, por eso quería jugar a las luchitas contigo, para saber que se sentía, por eso quiero coger contigo, para saber que se siente.

Yo no sabía que pensar de lo que me había contestado, ¿quizá sentía celos? No lo sé, pero yo seguí en lo que estaba haciendo con más ahínco. Su clítoris rosadito, como botón de la más bella de las flores me atraía como la flor a la abeja, sus bellos dorados, suavecitos, acariciaban mi barbilla. Mi dedo dentro de su vagina disfrutaba de la inmensa suavidad de esa piel, investigando que tesoros guardaba. Mi pene aprisionado en su boca lanzaba oleadas de placer a todo mi cuerpo, su mano sujetaba mi miembro, lo apretaba y acariciaba con movimientos casi mágicos, su otra mano acariciaba mis testículos suavemente. Dejé de pensar, dejé que todo sucediera. Solo sentir, solo placer y más placer.

Yo seguía reprimiendo mi orgasmo hasta que sentí y oí que ella volvía a tener otro. Y entonces gozoso me solté, y todo explotó, el mundo desapareció y llegó la felicidad plena. Oleadas de placer llenaron a todo mi cuerpo que se estremecía con cada nueva pulsación que llegaba a mi pene, más y más placer. -Y luego paz.-

Cuando pude de nuevo abrir mis ojos, y la sangre disminuyó su flujo por mi cabeza, el mundo seguía siendo bello, más bello que antes. Magdalena estaba en trance, ojos cerrados, jadeos en su respiración normalizándose, sus senos subían y bajaban con su respiración, su boca y labios llenos de semen, su mano sujetando mi pene que escurría más semen, que pulsaba y seguía palpitando esporádicamente. Parecía una guerrera victoriosa, satisfecha de la victoria conseguida sobre su oponente. Mi dedo en su vagina sentía también sus pulsaciones, sus contracciones. Mi mano en su seno quería agarrar su corazón. La abracé y la besé. Me abrazó y me beso. Palabras no faltaron, le pedí que fuese mi novia, ella me dijo que siempre sería mi novia pero que lo guardáramos en secreto, que no quería que su novio se enterase de nuestros juegos.

Nos vestimos mutuamente sin dejar de besarnos y acariciarnos. Arreglamos la cama y la acompañe a su casa. Nos despedimos con besos y caricias. Se rió mucho al recordar mi pena por mi erección en el juego con mi hermana y de mi sorpresa cuando me agarró por los huevos. Planeamos vernos al día siguiente para volver a jugar y que cuando pudiese, nos íbamos a entregar por primera vez, el uno al otro.

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Posted by salinasc 3 years ago  |  Categories: First Time, Masturbation, Taboo  |  Views: 1906  |  
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Mi esposa pago su apuesta

Antes que nada, les voy a describir como es mi esposa: 1.75 de altura, 60 kg. más o menos y unos blanquisimos pechos, preciosos, bien grandes pero bien duros, aunque se bambolean ligeramente al quedar libres. Sus piernas son largas y bien formadas, con muslos gruesos y propórcionados, su culo, de llenas y redondas nalgas bien pronunciadas es una preciosidad, con unas caderas plenas y bien redondeadas. Tiene 31 años y yo tengo 35.
Ambos disfrutamos cuando vemos cómo la miran, algunos hombres son muy descarados, otros no tanto, pero todos la miran. Yo siempre intento que vaya con profundos escotes o con muy cortas faldas, asi mismo, si se inclina o se sienta, le pido que permita que se le vea lo máximo posible, para que le regale a otros la hermosura de sus tetas y sus piernas . Sé que a ella también le gusta aunque a veces el pudor la vence y se resiste. A mi, me para la verga de inmediato cada vez que esto sucede.
Ahora, les contaré lo ocurrido en una salida que, sin saberlo ella, tenia yo planificada desde algun tiempo antes. Como habiamos hecho una apuesta que ella perdio, y el premio para el ganador era que, quien perdiese haria por un dia completo todo lo que el otro le ordenase, le dije que esa noche era la noche de pagar su apuesta perdida. En primer lugar la obligue a salir de casa sin sosten y con un suéter abotonable con el que tiene que tener mucho cuidado pues, se le salen las tetas por arriba y por los lados. Además, ahora también se le salen por abajo, porque ese dia lo recorte a ras de pecho, con lo cual, si te asomas por abajo, le puedes ver sus inmensas e increíbles tetas.
Lo que hice fue irnos a un pueblecito no tan cercano a nuestra ciudad, de calles muy oscuras y solitarias, donde nadie nos conocia y podiamos preguntar dónde está tal o cual direccion, gozando con las reacciones de los tipos ante la desnudez de ella. Busqué a alguien con el que pudieramos hablár desde la ventana de mi esposa, encontramos en una esquina un hombre de barba y no muy joven, le preguntamos por el nombre de una calle y el hombre se acercó.
Mi esposa iba mostrando mucho sus pechos, pero sin enseñar los hermosos pezones, con lo que el hombre estaba loco tratando de verle el pezón, intentaba hacerlo con disimulo pero es que era muy difícil, asi que mi esposa me miro y yo le sonrei complice como aprobando su proxima movida. Ella pretendiendo tratar de entender mejor, comenzo a pregutarle y a gesticular, inclinandose totalmente hacia la ventana, esto le dio una completa vista al hombre de las blancas y hermosas tetas desnudas de mi mujer, coronadas por un rosado claro de la aureola y un poco mas oscuro el pezon, el tipo realmente iba a volverse loco con la exibicion de mi mujer, ella en un momento bajo su vista a la entrepierna del individuo y segun me conto luego, este tenia una ereccion que le parecio mayuscula, a ella le provoco sobarsela, pero se contuvo y volteandose hacia mi me dijo "Ya entendi querido". Yo le di las gracias y arranque lentamente, con mi pene totalmente erecto.
Fue la primera exhibición y la cosa me calento sobremanera, y en los ojos de mi mujer se percibía que tambien le habia calentado mucho, le complacía que la observaran y comenzaba a entrar en avanzado estado de morbosidad sexual. Le pedí a mi esposa que bajara totalmente su asiento y quedara acostada. Como llevaba una faldita bastante corta, se podía apreciar la parte delantera de su tanga, que por cierto era transparente y se veían los rasurados labios de su muy roja y mojadísima rajita.
La segunda vez el procedimiento fue el mismo, le preguntamos a un hombre bastante mayor y se acercó al auto. Este pudo ver mucho más, pues al estar mi mujer acostada, se le salían todas las dos tetas por los lados del sueter. El pobre hombre, no pudo ni responder, sus ojos se abrieron al maximo y se quedó casi sin aliento, se le percibía en su mirada todo el deseo y el morbo de aquel momento.
Mi esposa, sin pensarlo mucho, se sento y sacando su mano comenzo a sobarle la verga al individuo sobre el pantalon, el viejito quedo cortado, pero ella continuo acariciandolo suavemente, de repente mi mujer le abrio el cierre del pantalon, introdujo su manita dentro de su ropa interior y sin sacarle la verga se la acariciaba, sin verla pero si sintiendo la piel caliente y vibrante en su mano, sentir asi la verga la puso a millon, mientras, el viejo simplemente se recargo en el carro con los ojos cerrados, como en un extasis, mi esposa termino de pajearlo, apretandole el pene por un par de minutos mientras el anciano se derramaba en su mano, cuando termino de venirse, mi esposa le saco la verga ya disminuida y se la limpio con la lengua y boca asi como lo hizo con su propia mano llena de leche, tragando lo mas que pudo del semen del viejo.Este solo sonreia agradecido y acariciaba los cabellos de mi mujer, esta no tenia intencion de ir mas alla, asi que despues de guardarle la flaccida verga dandole un ultimo beso en el glande, le dio las gracias y continuamos rodando.
Mi esposa estaba calientísima, sus manos bajaban a su tanguita y se encargaban de tranquilizar su ardiente y depilado coñito acaricando el clitoris y los labios vaginales con furiosa intensidad. Así que le dije que íbamos a ir más lejos y que seguramente el siguiente tipo le vería las dos tetas y el coño, pues le desabotone el sueter y le quité el tanga, que se hiciera la dormida para ver que pasaba.
Así fue, el siguiente hombre la vio por completo desnuda, en un principio se le veia incredulo, pero se repuso muy rapidamente, incluso, hizo un vulgar comentario sobre su cuerpo y sus tetas. Pense en decirle que la acariciara, pero no estaba seguro, asi que, le dije que aprovechara de masturbarse mientras mi esposa dormia, que no me importaba que lo hiciera, me miro desconfiado pero sin mas se bajo el cierre y saco su miembro procediendo a darse una furiosa paja, mientras sus ojos se clavaban en el desnudo cuerpo de mi mujer, especialmente sus inmensas tetas, no se como se contuvo y no se abalanzo sobre ellas, de pronto mi esposa abrio los ojos y el individuo se quedo de piedra, pero ella sonriendole y mirandolo a los ojos, paso su lengua por la palma de su mano derecha, le tomo el miembro y suavemente continuo la paja hasta que le saco toda la leche al sorprendido lugareño, mientras este, introduciendo medio cuerpo en el carro, le acariciaba las tetas y todo su cuerpo, nuevamente uso su boca y lengua para dejarle limpio el miembro, asi como su mano.
Sonriendo y cubierta de semen se despidio y continuamos. Ella mirandome fijamente, se masajeo el semen que le habian regado en su piel, retorciendose de placer, hasta casi tener un orgasmo.
Ahora venía la prueba final. Le vendé los ojos a mi esposa con una máscara de esas que sirven para dormir y le dije que el siguiente la sobaría y haria lo que ella le permitiera, ella sonrio y mirandome a los ojos y para mi sorpresa, accedió, no habia dudas mi esposa estaba ultra caliente y dispuesta a todo con tal de obtener su gratificacion sexual.
Así pues, paré el coche ante un grupo de 3 hombres. Les pregunté sobre una calle y se acercó uno de ellos. Lo primero que dijo fue....coño.., pues a mi mujer se le veía todo y además yo había separado un poco sus muslos con lo que podían ver perfectamente su rajita completamente húmeda.
El tipo llamó a sus amigos y se asomaron los tres. Estaban alucinados con el espectáculo. El mas lanzado puso sus manos sobre las tetas de mi mujer y comenzo a amasarselas freneticamente, creo que pensaba que yo arrancaria de repente privandolos del disfrute de ese joven cuerpo, hermoso y vibrante. Un segundo hombre, al darse cuenta de lo que pasaba, de inmediato metio tambien su mano, poniendola sobre el coñito de mi esposa, este poco a poco fue clavandole un grueso dedo, haciendola gemir de placer, y ella ya perdido todo pudor, comenzo a mover suavemente su amplio culo y agarrando la muñeca del hombre, trataba de introducirse mas profundamente el dedo, mientras restregaba sus blancos y hermosos muslos con desespero. El tercer individuo ya viendo lo que pasaba, se lanzo y bajandose el cierre del pantalon, saco un pene mas largo y grueso de lo normal, tomo la mano libre de mi mujer y rapido, poniendoselo en ella, se pego a la ventana como para que nadie le viese.
Mi esposa, automaticamente comenzo a acariciar la verga extraña con un nuevo frenesi, producto de su gran excitacion, yo saque la mia que estaba a reventar y comenze a masturbarme, el espectaculo era increible, de repente el que acariciaba las tetas de mi esposa se levanto y sacando un pene aun mas grande que el anterior, lo metio pór la ventana, tomo a mi esposa por la cabeza y le coloco el glande entre sus semi-abiertos labios, ella sorprendida trato de separarse pero el no se lo permitio y creo que en verdad no quizo oponerse, solo reacciono instintivamente, porque al segundo siguiente con un suspiro abrio lo mas que pudo su boca y dejo deslizar aquell inmensa verga atraves de sus labios, comenzando a darle una mamada espectacular.
Mientras el dedo en su lindo chochito la hacia alcanzar pronto un mas que tremendo orgasmo, mi hasta horas antes muy recatada esposita, masturbaba con pasion un pene y chupaba y lamia con fervor otro, yo por mi parte estaba en un estado tal de morbosidad sexual, lujuria y pasion desbordada, que no sabia que queria que ocurriera.
No fue necesario que yo hiciera nada ya que la situacion misma y la calentera de mi esposa crearon las condiciones para el final de nuestra aventura exibicionista, en una forma que nunca soñe, mi dulce mujercita, sin decir nada, se quito la mascara de dormir y con rostro de lujuria incontrolada, se saco el pene de su boca y el dedo de su coñito, abrio la puerta del carro y poniendose en cuatro, puso su rajita depilada y supermojada, asi como sus dos hermosas nalgas y su huequito trasero, a la disposicion de los tres hombres, procediendo mientras me miraba fijamente a los ojos, a meterse toda mi verga en la boca para comenzar a regalarme una mamada que no olvidare mientras viva.
El primero en calzarla fue el de la paja, su miembro era mas o menos como el mio aunque un poco mas grande, se la metio en dos tiempos y lentamente, ella no dejaba de suspirar mientras lo recibia. Cuando sintio que lo tenia todo adentro, comenzo a rotar sus poderosas caderas con desesperacion mientras el tipo se la metia y sacaba a toda velocidad. Yo estaba que no sabia que pensar, pero mas pudo el morbo que otra cosa y me deje llevar por el momento. Este primer individuo le proporciono un orgasmo tremendo a mi esposa, tras lo cual termino rapidamente, clavandose por varios segundos y con fuerza hasta el fondo de su vagina, para luego inclinarse sobre ella besandole la espalda.
No bien se retiro, que el de la mamada se coloco tras ella y retomo lo que el otro habia estado haciendo, solo que al ser de mayor grosor y largo, su penetracion fue mas lenta y en mas etapas a pesar de la lubricacion, iniciando un suave mete y saca hasta que logro entrar por completo en ella, prolongando el orgasmo de mi mujer en forma increible, mientras mi esposa suspiraba y gemia, durante todo el proceso le escuche decirle muy quedamente ....coño papi me vas a llegar al utero.....
Al igual que al anterior, ella apenas lo sintio completo adentro comenzo a menearse y a apretarlo con sus paredes vaginales como si quisiera ordeñarlo, este tambien se lo sacaba y metia con fuerza aferrado a sus caderas, mientras disfrutaba esta vision, vi de reojo al que la dedeo sacarse una verga de proporciones epicas, era larga, muy larga y gruesisima, mas larga y gorda que ninguna que hubiese visto antes, con una cabeza del tamaño de una mandarina grande, con unas venas que lo recorrian de la base a la punta, estaba seguro que si mi esposa la veia se negaria a seguir con lo que habia hecho hasta ahora, .... o quien sabe, quizas no, pense.
Aquello me potencio la morbosidad y decidi que pasase lo que pasase, tenia que ver a mi esposa clavarse aquella verga en su coño, a cualquier costo.
Cuando regrese mi mirada a mi mujer esta subia y bajaba su boca a lo largo de mi miembro con sus ojos cerrados como si estuviera sintiendo el mismo orgasmo inicial, aunque sabia que no era posible, su cara, sus gemidos y la furia de sus meneos al recibir semejante verga en su papo me indicaban que asi era. De pronto sus gemidos se convirtieron en un... !!!!coooooooñooooooo me vengoooooo!!!!..... prolongado y se tenso, al mismo tiempo que el desconocido se pegaba a sus caderas halandola con fuerza, como queriendo casi traspasarla mientras le echaba toda su leche adentro, despues de esta gran descarga se distendio sin abrir sus ojos, tan solo disfrutando el placer orgasmico.
Ahora llegaba el momento supremo, al retirarse el segundo hombre, el tercero se coloco en posicion de penetrar a mi esposa, pero primero tomo sus muslos y los separo mas, mientras colocaba su pene apoyando la enorme cabeza entre los gruesos labios vaginales de su rajita, al mismo tiempo que acariciaba sus nalgas y sus dulces muslos.
Mi esposa, sin entender todavia el tamaño de lo que se enfrentaria, al sentir estas caricias se fue relajando con sus ojos cerrados y mimosa y feliz me masturbaba lentamente, de repente el hombre presiono con su tolete para abrirse paso hacia su vagina, lo que parecia algo imposible de que ocurriese, mi esposa si, entonces lo sintio y se movio hacia adelante levantando violentamente su cabeza, me miro un momento con ojos de terror, como buscando una explicacion, yo solo atine a sonreirle sosteniendo su cabeza y a seguir mirando fascinado como ahora el hombre la tomaba de las caderas y el glande de aquel pene descomunal, comenzaba a penetrarla.
Nada me hubiera distraido de este espectaculo, mi esposa gimio alto, mirandome desesperada ....QUE PASA QUE ES ESTO??? !!!ME DUELE PAPI!!!!COOÑOOO ME VA A PARTIR !!!!!, NO ME CABEEEEEEEE!!!! !!!!NO ME CABEEEEEE!!!!!!!!!!POR FAVOR QUE NO ME LO METAAAAAA!!!!!! !!!COÑOOO POR FAVOR NOOOO!!!!, mientras sacudia su larga cabellera de lado a lado y trataba de desalojar lo poco que le habia entrado de la gruesa cabeza, pero el tipo la tenia bien agarrada de las caderas, y ademas, dada su gran lubricacion por sus flujos orgasmicos y los dos lechasos que ya le habian echado, asi como de sus bruscos movimientos, en vez de ayudarla a sacarlo solo lograba que le entrara mas, mirandome con lagrimas en los ojos, me pidio que la ayudara, yo le dije que se dejara hacer, que nada le pasaria y que recordara que tenia que hacer todo lo que le dijera, esto parecio resignarla, porque se quedo quieta y apoyando su cabeza en el asiento se puso mas empinada y se abrio mas las piernas y rajita con sus propias manos, con un fuerte suspiro cerro sus ojos y se dejo hacer, mordiendose el labio inferior, mientras su rostro desencajado denotaba su miedo y dolor, el hombre lentamente, le metio unas pulgadas mas para completar la entrada de la cabeza, mi esposa se arqueo con un quejido pero no dijo nada.
El la dejo que se acostumbrara por unos segundos y ella se lo agradecio silenciosamente con una sonrisa, volteando a verlo, era un hombre corriente de mediana edad y tamaño, pero sin duda lo que le faltaba en gracia le sobraba con creces en su talento sexual y el gigantesco pene, que en ese momento le estaba metiendo a mi mujer, el individuo se recosto sobre mi esposa y la beso en los labios mientras le clavaba un poco mas de su verga, ella en respuesta comenzo a besarlo apasionadamente y succionaba su lengua con fuerza, el se lo saco hasta el borde de la cabeza y lentamente le volvio a meter lo que le habia sacado y un poco mas, ella entrecortadamente sin dejar de besarlo, le susurro ...asi mi amor... si.. dale despacio mi amor... suavecito por favor....lentamente...asi.. .....mi reeyy.....metemela pero muy suavemente.....dale despacio amor....sacala un poco y metemela otra ves ...pero suave.... mi amooooor.....asi.....asiiii mi reeeyyy...asiii..sacamelo todo y meteme la cabeza otra vez.... suavecito...asi papi...nunca senti algo asiiiiiiii..... mi reyyyyy.......
Esto, inexplicablemente, me puso a millon en vez de cortarme por los celos, agarre nuevamente mi verga y comenze a sobarmela mientras mi esposa y ese desconocido se fundian en un acto sexual casi perfecto, ella empezo a girar su hermoso culo hacia atras como buscando empalarse en la estaca de carne que la partia en dos, mientras el hombre le acariciaba las tetas y el clitoris, en un movimiento de vaiven con el que cada vez que le sacaba un poco al regresar le metia un poco mas, hasta que finalmente ella logro meterselo casi todo, quedando un trozo afuera que por el grosor parecia que no entraria, pero mi mujer en un acto que todavia me calienta cada vez que lo recuerdo, reunio sus debilitadas fuerzas y con una voluntad mas que inquebrantable se separo al maximo sus rodillas y abriendose lo mas que pudo, se empujo hacia atras y termino de meterselo, clavandose aquella descomunal verga hasta las bolas, estremeciendose por el esfuerzo, los labos vaginales se veian estirados al maximo casi a punto de romperse.
Durante unos minutos ninguno de los dos se movio, y fue mi mujer quien inicio lentamente un movimiento de caderas que fue creciendo hasta convertirse en un torbellino de pasion desenfrenado, ella iba y venia a lo largo de aquel poste cuyo dueño se limitaba a dejarse hacer, el rostro de mi esposa era una mascara de placer y lujuria desatada como no le vi nunca antes, volteaba para recibir sus besos mientras sus ojos nublados me miraban sin verme, en ese momento no existia para ella nada mas alla del increible miembro que tenia adentro de su vagina casi que desplazando su utero como me contaria despues. Sus orgasmos eran incontables y sucesivos, su bello cuerpo se tensaba y arqueaba en oleadas, sus muslos y su vientre temblaban de la intensidad de aquel polvo, asi como sus hermosas e inmensas tetas se bamboleaban con fuerza increible, cuando no estaban en las manos de aquel extraño que hacia a mi esposa esa noche una nueva mujer, que como sabria luego, ya no seria la misma nunca mas.
De repente cuando parecia que ya llegaban juntos al orgasmo supremo, mi esposa se entrego sin mas totalmente a el y paso a ser absolutamente pasiva mientras el hombre la embestia en forma bestial, sacandolo hasta la cabeza y enterrandoselo nuevamente hasta las bolas, a una velocidad increible, ella gemia, lloraba, pedia mas entre besos y dulces caricias,...metemelo todo mi amor....no me lo saques.. ...dale...metemelo... parteme mi amor....asi asi asi......ay mi amor no puedo mas ...dejalo adentro mi rey....me matas mi amor... dame mas fuerte...eran sus balbuceos y gemidos hasta que evidentemente eclosiono en un orgasmo gigantesco como no habia tenido jamas ....ay mi amor me vengoooooo....me vengooooooooooooooo..uuuuuuuy......uuuyyy que rico....uuuuyyy papi.......dejalo asi tranquilito para exprimirtelo con mi vagina mi amor....asi papi, si... ...asi... no lo saques.... ...gracias mi bien....gracias por esta cogida increible...gracias por este polvo....esas y otras expresiones le escuche murmurar, mientras yo tambien me venia por no se cuanta vez.
El hombre le beso prolongadamente mientras los orgasmos de ambos bajaban en intensidad, sus lenguas eran una sola en este beso interminable y lleno de pasion. Sus manos, recorrian todo su cuerpo, sus tetas, sus muslos sus nalgas, los labios de su raja todavia estaban llenos de su ahora semiflaccido pero aun asi impresionante miembro, por los cuales comenzaba a salirse una cantidad increible de semen. Ella a su vez volteada hacia el, flexionaba sus musculos vaginales para acariciar, y ordeñar su verga, como sin creer todavia lo que habia ocurrido, como si no quisiera sacarse le inmensa verga que tanto placer le seguia dando, al mismo tiempo que recorria con la punta de sus uñas su torso y cara.
Luego de algunos minutos de estas caricias, rompieron el beso y sonriendose se separaron con un sonido como de descorche cuando la cabeza de su pene salio de los labios vaginales, mi esposa hizo entonces algo que nunca hizo conmigo, se abalanzo sobre la verga y la beso y limpio totalmente con su lengua y boca mientras la sobaba y acariciaba diciendole mimosa ....gracias....gracias....eres la mas hermosa verga del planeta....gracias.... y la besaba con agradecimiento. Luego sonriendo se dejo caer en el asiento con los ojos cerrados y me dijo ...no puedo moverme....no tengo fuerzas...llevame a casa por favor...
El hombre y sus amigos me dieron las gracias para despedirse y en ese momento mi esposa me dijo ...por favor quiero que anotes sus nombres y numeros telefonicos.... asi lo hice, me despedi de ellos dandole tambien las gracias y partimos hacia nuestro pueblo, a medio camino y sin abrir los ojos, ella me dijo....quiero que sepas que yo te amo, y te agradezco lo que hicistes hoy, por mi y por ti, pero desde ahora yo nunca voy a dejar de tirar con este hombre, espero que lo entiendas y tu vengas siempre conmigo.....
Este encuentro cambio nuestras vidas, pero ya eso lo contare en alguna otra ocasion. ... Continue»
Posted by particular49 3 years ago  |  Categories: Group Sex, Hardcore, Voyeur  |  Views: 2038  |  
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Obteniendo Un Aumento: De La Esposa De Mi Jefe

Uno de los beneficios de obtener un divorcio después de casi veinte años de matrimonio era mi nueva libertad. Yo siempre había querido vivir en la ciudad, pero mi esposa era una chica de campo. Durante nuestro matrimonio decidimos vivir en los suburbios. Ahora que estaba soltero de nuevo, tuve la oportunidad de mudarme a la ciudad en la que podría beneficiarme de los bares para solteros y la infinita cantidad de mujeres disponibles. Mi hija se quedó viviendo con mi ex, por lo que no era un problema para mí rentar un piso de soltero de un dormitorio que encontré fácilmente. Yo estaba en mi elemento, otra vez. Y me encantaba cada segundo.

Ya que yo era una persona bastante atlética y estaba en forma a los 45 años de edad, no tenía problemas conociendo y teniendo citas con mujeres más jóvenes. Esto me hizo sentir más vivo de lo que estaba acostumbrado después de años en un matrimonio aburrido. Mi experiencia y contactos en el mundo de los negocios hicieron que fuera fácil para mí conseguir un puesto decente como directivo en una empresa joven y con un prometedor inicio. El propietario era un socio de un viejo amigo mío y me dijo que solo cosas buenas podrían resultar de este trabajo. Todo parecía perfecto y mi vida estaba en el camino correcto.

El trabajo implicaba largas horas laborales al principio. Era en una industria que yo no estaba familiarizado, aunque el trabajo en sí era parecido a lo que yo hacía antes. Mi jefe era el mayor adicto al trabajo que he conocido. Juan parecía que nunca dejaba su oficina. Esta empresa era su bebé y estaba completamente decidido a que funcionara sin importar lo que fuera necesario. Yo era de los que sentía la necesidad de equilibrar entre el trabajo y el juego, una necesidad que él no parecía tener. Por lo que fue un poco sorpresivo cuando un día me propuso que nos reuniéramos una noche para salir en la ciudad. Juan y su esposa, mi nueva novia Joyce y yo.

Nunca me había imaginado que él tenía tiempo para una esposa. Juan era del tipo de persona que ni siquiera se tomaba el tiempo para un almuerzo adecuado, prefería correr alrededor de la oficina con un sándwich colgado en su boca. Juan sugirió que nos encontráramos en la tarde en un bar para un par de tragos y luego nos fuéramos a un encantador Restaurant Italiano que él conocía. Sonaba perfecto. Llame a Joyce y a ella le pareció bien. Le dije que se vistiera casual y que nos veríamos en el bar a las seis.

Juan y yo atamos los últimos cabos sueltos del día y nos dirigimos al bar como estaba previsto. Juan, como de costumbre estaba con su chaqueta y corbata. No recuerdo haberlo visto alguna vez aflojarse su corbata. Yo estaba con mi ropa de trabajo con las mangas de mi camisa arremangadas exponiendo mis antebrazos. A Joyce le gustaba tocar mis antebrazos, me recordaba que todos esos años de ejercicio no fueron en vano.

Juan y yo fuimos los primeros en llegar al bar. Fue un poco antes de las seis. Yo estaba parado en el bar con mi jarra de Guinness, cuando Joyce entró unos minutos más tarde.

- “Veo que no tuviste problemas para encontrar el lugar," le dije mientras ella se acercaba.

- “Oh, he estado aquí antes."

Joyce se veía sexy en su camisa y sus jeans ajustados. La forma en cómo le quedaban los Jeans hacia que resaltara cada una de las curvas de su joven trasero y hermosas piernas. Yo se la presente a Juan. Él me guiño un ojo en aprobación.

- "¿Jugamos una partida de billar mientras esperamos a la esposa de Juan?" Le pregunté.

Realmente sólo quería ver a Joyce inclinándose sobre la mesa de billar en esos jeans ajustados, aunque en verdad si me gustaba el juego. Empezamos a jugar y fácilmente tome la delantera, aunque realmente no me importaba. Yo ganaba más viendo a Joyce inclinándose sobre la mesa de billar mientras yo bebía mi cerveza. Ella casualmente me tocaba el antebrazo después de cada turno.

Después de unos minutos Juan hizo un comentario: "¡Ah, mira quién está aquí."

Sin tener que darme vuelta asumí que la esposa de Juan había llegado. Yo no estaba esperando mucho de ella, me di la vuelta y casi derramo mi cerveza en mis pantalones. Fui recibido por la visión más celestial que había visto en un buen tiempo y había visto unas cuantas en mis años. Al frente de mí se encontraba una belleza de un metro setenta, ojos azules y cabellos rojizos oscuros. Llevaba una camiseta y una falda ajustada. Su lápiz labial hacían juego con sus uñas y sus tacones de punta abierta.

Se presentó como Debbie. Una cantidad de pensamientos inmediatamente corrieron por mi cabeza, ninguno de ellos hubieran ayudado a continuar con mi carrera profesional.

- "¿Puedo jugar contra el ganador?" Preguntó ella.

Su pregunta me hizo feliz de que hubiera pasado una parte importante de mi juventud pasando el tiempo jugando al billar en bares, ya que me encontraba en la delantera en el juego.

- “Claro,” dije sin poder decir mucho más al sentir que la sangre de mi cabeza se iba hacia el sur de mi cuerpo.

Pude sentir una protuberancia suave en mis pantalones mientras mi miembro empezaba a presionar en contra de mi cremallera. Debbie tenía un encanto y un sexto sentido para el estilo, que era demasiado bueno para ser de forma natural. No tenía duda de que practicaba sus movimientos frente al espejo en su casa. Ella era tan buena. Dios sabe que ella tenía suficiente tiempo con Juan ausente en el trabajo por catorce horas al día. Me preguntaba que le pudo haber visto una chica tan maravillosa a alguien como Juan.

Él era un tipo decente, pero parecía que la única vez que levantaba algo era para coger el teléfono en el trabajo. Sin duda, Debbie merecía algo mejor, me dije a mí mismo. No tuve problemas para ganar mi juego con Joyce. Debbie agarró su taco cuando empecé a romper las bolas. Hice un primer tiro impresionante pero no logre introducir ninguna de las bolas. Pensé en algo más que me gustaría introducir. Debbie se inclinó hacia delante para hacer su tiro.

Mientras se doblaba hacia adelante su camisa se deslizo hasta su espalda, dejando ver la parte baja de su espalda. Yo tenía una visión perfecta. Era celestial. Mientras ella se inclinaba hacia adelante sentí ganas de frotar mi palo de billar a lo largo de su trasero perfecto. En realidad, ese no era el único palo que yo quería deslizar a lo largo de su trasero. Cuando terminó su disparo pasó casualmente al frente de mí y me acarició el antebrazo. Yo estaba encantado. Me surgió una erección tan rápida que pensé que era un adolescente viendo el equipo femenino de baloncesto en la secundaria.

Me dije a mí mismo que después de dos meses en el trabajo por fin estaba consiguiendo un aumento. Pero no del jefe, de la esposa del jefe.

Después de beber un par de tragos más, todos tomamos un taxi y nos dirigimos hacia el restaurante. El encanto implacable de Debbie y nuestras miradas casuales no dejaron ninguna duda en mi mente de que ambos estábamos pensando lo mismo. Esta chica era lo suficientemente caliente como para derretir el sol y tenía una sensualidad natural que sin duda estaba reluciendo, después de años de relativo abandono y estar sola durante gran parte de su día. Sólo podía imaginar la cantidad de energía sexual reprimida que esta mujer contenía.

Mi mente pensaba a mil por hora y mi entrepierna palpitaba. Fue difícil para mí resistir a la idea de decirle al taxista que parara en el hotel más cercano para que Debbie y yo pudiéramos acabar con esto. Me gustaría acabar toda la noche. Mi piel sentía como el deseo se iba acumulado en mí. Me sentía como un león a la hora de comer. Dios, mi mente no paraba de pensar.

Finalmente llegamos al restaurante y todos entramos. Debbie me sonreía de vez en cuando. Ella tenía una sonrisa hermosa y perfecta dentadura blanca. Nos sentaron rápidamente en una mesa acogedora para cuatro personas. Yo estaba frente a Debbie. Joyce estaba a mi izquierda, Juan estaba sentado a mi derecha. El camarero se presentó cuando nos entregó nuestros menús. Pedimos una botella de vino tinto y continuamos nuestra conversación. Juan estaba especialmente locuaz. Probablemente no había estado en un ambiente social en bastante tiempo. Joyce era relativamente tranquila y Debbie siguió siendo su sexy y juguetona persona.

Después de un par de copas de un muy buen vino tinto seco, no pude más con mis ganas. Debbie me lanzaba miradas a escondidas mientras jugaba con su cabellera castaño rojizo dejándome claro que ella quería que yo hiciera el primer acercamiento. Realmente me sentía con ganas de tirar las copas de la mesa y tomar a Debbie allí mismo, mientras su marido y Joyce veían. ¿Qué era lo peor que podía pasar, pensé? Siempre me podía mudar a otra ciudad y obtener un trabajo vendiendo periódico o algo así, en el peor de los casos. Yo sabía qué hacer. Casualmente deslice mi pie izquierdo fuera de mi zapato y metí el pie bajo la falda de Debbie. Ella estaba sentada frente a mí por lo que no era un problema.

Ella me dio una mirada asustada al principio, seguido por una gran sonrisa. Recorrí mi dedo gordo del pie a lo largo de su muslo hasta la entrepierna. Empecé a cogérmela con mi dedo muy suavemente al principio, deslizando mi dedo cubierto por el calcetín de arriba a abajo por su raja húmeda. Pude ver por su expresión que estaba disfrutando cada minuto. Mientras yo la cogía con mi dedo por debajo de la mesa mientras su esposo hablaba del precio del petróleo crudo en América del Sur o algo así. Yo masajeaba suavemente su clítoris con mi dedo gordo, mientras acariciaba con mis otros dedos de los pies su sexo. Podía sentir la humedad que impregnaba mi calcetín. Después de unos minutos me detuve. Sentí ganas de tocar mis dedos de los pies con mi mano y llevarla a mi nariz. Tenía tantas ganas de oler el perfume de esta mujer. Pero vacilé.

Después de un momento Debbie se excusó y se levantó para dejar la mesa. Me puse a pensar si debía seguirla pero Juan empezó a hablar conmigo acerca de algo y vacilé. Las palabras de Juan entraron por un oído y salieron por el otro. Podía ver sus labios moverse pero mi mente estaba a un millón de kilómetros de ahí. Miré a Juan con su poco cabello y los brazos delgados y pensé, este bastardo si tiene suerte. Si yo tuviera una esposa como ella, llegaría a casa todas las tardes a las cinco llevándole regalos mientras ella me recibe con los brazos abiertos y las piernas también.

Mientras pensaba en levantarme por décima vez en los últimos cinco minutos, Debbie regresó. Ella se sentó con una sonrisa extra diabólica en su rostro. Traté de no mirarla a pesar de que me moría por hacerlo. Después de un momento sentí algo en mi regazo. Miré hacia abajo pensando que tal vez mi servilleta se me había caído. Eran las pantis de Debbie. Ella había ido al baño para quitársela y ahora las había arrojado debajo de la mesa y en mi regazo. Yo cuidadosamente las desdoble. Me di cuenta de que las había besado justo encima de la mancha de humedad. Traté de no ser obvio mientras que cuidadosamente las guarde en mi servilleta. Oh, yo quería agacharme y olerlas de inmediato. Pero, tenía que tener cuidado. Yo tenía mucho que perder, pero tanto que ganar.

Con mucho cuidado y lo más discretamente posible levante la servilleta que contienen las bragas hasta mi cara. Lo abrí lo suficiente para que Debbie pudiera verme oler las pantis y nadie más. Rápidamente coloque sus pantis debajo de mi nariz y bese el lugar en donde estaba la marca de su lápiz labial en su ropa interior blanca antes de bajar de nuevo la servilleta a mi regazo. Debbie tenía una sonrisa de oreja a oreja en su rostro que habría sido suficiente para darme una erección si no tuviera ya una.

Después de más de vino, la cena y Debbie viéndose tan increíblemente sexy, una vez más decide que tenía que hacer algo. Me excusé de la mesa y salí al vestíbulo. O Debbie me seguía afuera o tendría que tomar el asunto en mis propias manos. Me sentí como un conejo en Viagra después de una cena de ostras. Efectivamente Debbie se presentó cerca de dos minutos más tarde. Cogí su mano y la conduje hacia la puerta sin decir una palabra. Nos metimos en un callejón cerca de una cuadra más abajo, yo rápidamente me deshice del cinturón y deje caer mis pantalones. Mi miembro palpitante saltó a la vida. Había estado esperando este momento las dos últimas horas.

Debbie se inclinó y se lo llevó todo a la boca como una profesional. Mientras movía su lengua por las partes más sensibles justo debajo de la cabeza, casi acabe de inmediato. Ella lo agarró y empezó a acariciarlo de arriba a abajo. Cuando sintió que estaba a punto de disparar mi carga, inmediatamente dejó de acariciar y tiró hacia abajo, apretando el prepucio alrededor de la cabeza. Lo saco de su boca y echó la cabeza hacia atrás, lo que me permitió disparar mi crema caliente en toda su cara y en su hermoso cabello. Yo estaba en éxtasis. Tomé mis dedos y limpie el semen de su bella cara. Ella me lamió los dedos uno por uno en forma lenta y deliberada que de por sí me hubiera hecho acabar si no hubiera disparado mi carga hace un minuto.

- "Déjame limpiarte el pelo," dije mientras sacaba sus pantis de mi bolsillo del pantalón derecho.

Me di cuenta de las marcas de lápiz de labios en mi miembro que eran iguales al lápiz labial en las bragas. Le limpie cuanto pude su cabello con sus pantis y las guarde de nuevo en mi bolsillo.

- "Deberíamos entrar de Nuevo. Yo iré primero. Diré que te vi hablando por teléfono si alguien pregunta,” le dije. Y añadí, "por cierto, creo que es mejor, si esto es todo. Los dos tenemos demasiado que perder."

Ella asintió con la cabeza mientras yo me subía los pantalones y me dirigía de vuelta al restaurante. Cuando llegué a la mesa Juan seguía despotricando sobre el precio de la soya en Lituania o algo así, mientras Joyce fingía estar interesada.

- "¿Has visto a mi esposa?" Juan me pregunto después de que me sentara.

- "Yo la vi junto a la puerta. Yo creo que ella estaba hablando por teléfono," le contesté. Debbie regresó unos minutos más tarde.

-"Mi hermana dice hola," dijo mientras miraba a Juan.

“Wow, ella tiene una hermana," pensé.

Un par de días más tarde yo estaba sentado en mi escritorio. Al final de la tarde sonó el teléfono. Lo cogí y una voz familiar estaba en el otro extremo.

- "Hola," dijo la voz.

- "¿Quieres que te comunique a Juan?" Le pregunté.

- “No, te necesito a ti.”

Una hora más tarde me dirigía hacia la puerta. Mientras me acomodaba las mangas de mi camisa Juan me preguntó: "¿Tienes una gran noche hoy?"

- "Mmmm, algo así." Le contesté.

Salí por la puerta con una sonrisa pícara en la cara.

04-27-09

Traducida para Historias Lush por Mandy – 05-03-11
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Posted by Exakta66 3 years ago  |  Categories: Voyeur  |  Views: 1397  |  
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mi mejor amiga


Colgué el teléfono completamente enfadada, ¿como se le ocurría? yo no sabía si ivan me estaba tomando por estupida o es que yo realmente era idiota.

Ivan era mi novio, hacía aproximadamente dos meses que estábamos juntos. Era un chico realmente apuesto y todo un líder en temas sexuales. Hasta el momento, ningún chico me había echo disfrutar tanto como lo hacía iban cada vez que nos quedábamos a solas.
- Tranquila, era de esperar pequeña, ya sabes que los chicos son así -

Mi mejor amiga, Ana, trato de calmarme. Hacía un par de días que estábamos fuera de la ciudad, en casa de una de mis tías pues íbamos a pasar allí las navidades, como ana y yo eramos inseparables desde niñas y toda mi familia la conocía, se había venido a pasar las navidades conmigo.

- no es posible, ivan es .... -

Me calle y estampe el teléfono contra la pared, por suerte no se rompió, aunque en ese momento desee que así fuera, ¿como era tan idiota de preguntarme si podía liarse con otra? con la escusa de que como yo no iba a estar con el en noche vieja, si me importaba que usase otro sexo para descargar su alegría del nuevo año ...

- Yo tampoco pensé que joan fuera a ser un capullo -

Apago la luz y se acostó a mi lado. Ella lo había dejado con su novio joan hacía menos de una semana, ambas compartíamos habitación y cama durante nuestra estancia en casa de mi tía

- Pero a ti te da menos igual, joan no te complacía -

Me queje yo, ana me miro y sonrió amargamente. Había durando unos 5 meses con joan antes de que este le pusiera los cuernos con una chica del barrio. Ana siempre decía que ningun chico había conseguido nunca hacerla tener un orgasmo y joan le echo en cara que era una frígida y por eso se largo con otra

- Bueno, pero eso no significa que no le quisiera, ¿tu quieres a ivan? o es que te hacía gritar como una loca cada vez que te la metía -

Susurro, no me parecía divertido, vale, era verdad que ivan sabia bien como hacerme tener mas de un orgasmo seguidos ... pero ... yo tambien le quería, ¿no? o eso se suponía, porque en este momento le odiaba

- yo que se -

Conteste, me fije en que ana y yo estábamos acostadas de lado, mirándonos la una a la otra. Pese a que no era la primera vez que dormía con ella, si fue la primera vez que sentí su respiración tan cerca de la mía y eso hizo que mi corazón empezara a latir a un ritmo frenético y alocado, ella sonreía y cuando lo hacía, estaba realmente guapa. En sus mejillas se dibujaban unos hoyuelos que siempre quería acariciar. Alargue la mano y acaricie lo hoyuelos como había echo mas de una vez.

- Oye, ¿tu crees que soy una frígida? -

Me pregunto sin dejar de mirarme. No sabía contestar, era cierto que ana nunca había tenido un orgasmo, pero ... quizás fuera por que no se había jugando con el chico adecuado

- Claro que no cielo, quizás simplemente no lo hiciste con la persona adecuada -

Conteste besando su frente y sonriendo, sintiéndome algo mas calmada por el tema de ivan, total, era un capullo, que podía esperar ...

- Sabes, muchas veces he pensado que ... bueno, no se, quizás .... bueno ... -

Ana aparto la mirada un segundo y luego volvió a mirarme. Podía ver algo extraño en ella pero no sabía realmente que era

- vamos dispara -

le dije, ella sonrió suavemente y sus hoyuelos se marcaron aun mas, me encantaba acariciarlos

- Muchas veces he pensado que ... bueno, una mujer siempre disfruta cuando se masturba, porque se conoce ... y un hombre no sabe masturbar a una mujer, porque no la conoce, entonces, mas de una vez me he preguntado si ... disfrutaría mas con una mujer ... como ellos no saben entendernos de la misma forma que nos entendemos nosotras ... -

Sus palabras me dejaron helada, tenia bastante lógica, quizás un hombre no supiera como hacerla disfrutar, pero nunca pensé que ana tendría ese tipo de pensamientos tan ... lesbicos

- Pues no se cielo, puede que si probases con una mujer descubrieras un nuevo mundo
Mi voz no fue mas que un susurro, mi corazón latía con fuerza y por alguna extraña razón comenzaba a sentirme excitada, ¿estaba loca? ¿estaba excitandome solo de pesar que mi amiga quería acostarse con una mujer?

- pues ... eres mi mejor amiga, podrías ayudarme -

Insinúo, un estallido de excitación me cubrió casi por completo, ¿estaba insinuando ahora que la besase? ¿ o que la tocase?

- Ana que estas diciendo -

Podía notar como el calor me invadía, como la excitación me hacía desear a mi propia amiga, como se me resecaban los labios y como no podía apartar mi mirada de la suya

- quiero decir que ... podrías ... bueno, besarme el cuello, solo quiero saber si me excita que una mujer me bese -

Su voz era irresistible, sus palabras tentadoras y sus deseos ardientes, pero ... por dios, era mi mejor amiga, como iba a pretender excitar a mi mejor amiga ... aunque bueno, ella ya me había echo excitarme a mi ... tenia que controlar mis manso para que no se fueran a mi entrepierna a darme placer

- ana ... -

Quería resistirme a su petición, era imposible, como iba a ...

- Solo besame el cuello, no te estoy pidiendo que me comas el clítoris -

Rió, tenia razón en eso pero ... que mas da, solo era un cuello y ella era mi mejor amiga, aun recuerdo la primera vez que ambas vimos una porno, nos tocamos una delante de la otra con 15 años sin imaginar que eso años después nos parecería una locura ...

Me arrodille a su lado y ella se tumbo boca arriba, se retiro el pelo y cerro los ojos. Recuerdo que a ivan le gustaba mucho que le lamiera el cuello, ami me desagradaba bastante porque tenía barba y odiaba sentir pelos en mi lengua, pero ana no tenía pelos en el cuello ...

De mis labios escapo la puntita de mi lengua, húmeda y esponjosa y se poso en su garganta, lami lentamente de su garganta a su oreja y no pude resistir hacer algo que me vino a la mente, mordisquee su ternilla y segundos mas tarde, mi lengua exploro todos y cada uno de los recovecos de su oreja.

Me separe suavemente, pese a que podía verla casi perfectamente en la penumbra, no podía saber si su piel estaba de gallina o no, pero mi corazón suspiro al notar como sus pezones se notaban duros bajo la camiseta de su pijama, no era bastante con desear a mi amiga, lamer su cuello y besar su oreja, si no que ahora me excitaba ver que había echo que sus pezones se endurecieran, era una enferma ...

- déjame probar -

Susurro ella, no me dio tiempo a negarme pues se puso de rodillas junto a mi y empezó a mordisquear mi cuello, eso seguro que iba a dejarme unas bonitas marcas pues mordía con fuerza y succionaba con entusiasmo, era muy excitante, de veras mi sexo estaba pidiendo algo mas que besos en el cuello. Beso y mordió mi cuello durante unos segundos, luchaba por tener mis manos quietas pero no era nada fácil, de pronto, note como una de sus manos cogía las mías y la ponía sobre su pecho.

Me separe de golpe y la mire, ¿que estaba pasando?, ella me miro en silencio, notaba que estaba enloquecida por la excitación, ¿había conseguido excitarla? ¿yo? ¿a ella? había conseguido hacer algo que ningún hombre había echo hasta el momento y eso me gustaba mucho, pensar que solamente yo era capaz de humedecer a mi amiga. Ella no dijo nada, pero de pronto se quito la camisa de su pijama y dejo al aire unos pechos mas pequeños que los míos y unos pezones realmente endurecidos.

Dude varios segundos si continuar o no, por una parte, deseaba morder aquellos pezones mas que cualquier otra cosa, pero por otra ...

Su mano volvió a coger la mía y sin ningún tipo de reparo, la llevo de nuevo hasta dejarla caer sobre su pecho. Mire sus ojos llenos de deseo y luego su pecho endurecido, ¿quien era yo para negarle la excitación a ana? ademas ... solo yo podía ayudarla en este momento ...

Apreté ligeramente su pecho y note como de sus labios salia un pequeño suspiro. La cogí de los hombros y la hice tumbarse, luego me senté sobre ella y volví a morar a sus pechos. Estaba completamente segura de que si ana fuera un hombre, estaría completamente empalmado, pero tratándose de una chica, no podía notar aquel placentero palpito bajo mi cuerpo.

Lleve ambas manos a sus pechos y acaricie lentamente su contorno, hasta que llegue a sus pezones, pellizque ambos y estire de ellos, ana cerro los ojos y soltó un suave gemido que me hizo desear ser yo quien tuviera un pene para penetrarla. Me encorve suavemente y acaricie sus pezones con mis labios, los roce nada mas y luego los lamí, para después, mordisquearlos, eran mas grandes que los de ivan y eso hacía que me gustara mas mordisquearlos, los mordí, los lamí, los succione, restregaba toda mi lengua contra aquellos pequeños botones dorados y trataba de introducir en mi boca todo lo que su pecho podía entrar, cuando tenia mi boca abierta abarcando todo lo que podía de su pecho, succionaba con fuerza y ella se tensaba bajo mi cuerpo, me gustaba saber que estaba volviéndose loca gracias a mi.

Note sus manos subiendo por mis piernas hasta llegar a mi espalda, tiro de mi camiseta hasta que consiguió sacármela y me quede completamente desnuda de cintura para arriba ante ella. Ana me miro de forma lasciva y apretó mis pechos, pellizco mis pezones a la vez que yo pellizcaba los suyos, tiro de ellos a la vez que yo tambien tiraba de los suyos, era muy muy morboso, en la vida habría imaginado que estaría haciendo eso con una mujer.

Tras un rato jugando con nuestros pezones, me tumbe boca arriba y ella se acostó sobre mi, sus pechos oprimían los míos mientras su boca volvía a jugar con mi cuello. Su mano se bajo hasta la cintura de mi pantalón y tiro de el, ambas, empezamos a desnudarnos la una a la otra hasta que las dos estuvimos completamente desnudas.

Yo tenia todo mi sexo perfectamente depilado, como una niña pequeña, mientras que ella no, parecía toda una mujer. Seguía recostada sobre mi y su mano empezó a jugar con su sexo, rozando constantemente el mio, tuve que empezar a besarla para no soltar un gemido de placer. Su lengua era mas suave y pequeña que la de ivan, tambien mas húmeda y juguetona, su lengua jugaba con la mía, la mordía, sus labios me succionaban los míos, su mano dejo de jugar con su sexo para ahora jugar con el mio.

Su dedo húmedo se mezcla con la humedad de mi sexo, como ambas tenemos las piernas cerradas, su dedo entro costosamente entre mis labios, encontrando con facilidad mi abultado clítoris palpitante y deseador de mas placer.

Abrí mis piernas casi al instante dejandole que pudiera jugar con el a su antojo, llegados a este punto no pensaba parar ni loca, aun a sabiendas de que toda mi familia estaba en las habitaciones contiguas, eso solo me daba mas morbo.

Ana se deslizo lentamente, volviendo a jugar un par de veces con mis pezones, mordiéndolos y luego bajando hasta que sus labios se posaron en mi sexo. Incline mis caderas para pegar mas mi sexo contra su boca, nunca antes una mujer me había practicado sexo oral, pero acababa de descubrir que era bastante morboso.

Su lengua salio de su boca y lamió todo mi néctar mientras sus manos separaban mis labios inferiores para dejar mas libremente mi órgano del placer.

Lamió todo mi sexo de arriba a abajo y empezó a lamer muy rápido mi clítoris, mis manos, inconscientes, se posaron donde las suyas para separar aun mas mis labios y entonces, con una de sus manos, ella misma empezó a masturbarse, tocándose con rapidez e introduciendo uno de sus dedos en mi sexo casi con la misma rapidez con la que me estaba lamiendo. Su lengua se detuvo justo cuando sus labios empezaron a succionar mi clítoris con fuerza y no pude mas que gemir de placer, de pronto note mas presión dentro de mi cuerpo, ahora debía estar metiendo dos dedos, los metía muy rápidos y de forma despreocupada, sin pensar en si me estaba dañando o no, cosa que no era el caso, una de mis manos dejo de agarrar mis labios para acariciar su pelo y apretar un poco mas su cabeza contra mi sexo, quería sentir mas placer, sentir mas su lengua.

Nunca dejaba que ivan me hiciera sexo oral porque siempre acababa haciéndome daño, pero ana ... ana era toda una diosa de lamer clítoris, no me extrañaba que ningún hombre antes la hubiera dado placer, eso es porque no tenían clítoris, estaba claro ...

De pronto, ana empezó a gemir como una loca, yo conocía ese sonido ... pronto tendría un orgasmo, pero no iba a dejar que ella misma se lo auto provocase, iba a ser yo.

Separe su cabeza de mi sexo y la obligue a tumbarse boca arriba, me gire colocándome sobre su cuerpo de modo que mi boca estuviera en su sexo, del mismo modo que su boca en el mio, algo conocido como 69.

Ella volvió a lamer de forma alocada mi clítoris y me hizo sentir mas y mas húmeda, empezó a succionar mi interior a la vez que su lengua acariciaba mis paredes internas y sus manos ahora acariciaban mis nalgas y la entrada de mi ano.

Lentamente acerque mi boca a su vagina y la olí, olía genial, mucho mejor que cuando ivan soltaba todo su semen sobre mi boca, mis pechos o mis piernas. La lamí una primera vez lenta y cuidadosamente, su sabor era muy agradable, la verdad y estaba terriblemente húmeda, pero no me disgustaba saber que estaba lamiendo sus fluidos. Lamí lentamente una y otra vez hasta que limpie toda su lubricacion y empece a juguetear con su clítoris. Ella lamia y mordía el mio con fuerza, haciéndome sentir mas de un espasmo y acercándome de forma peligrosa al primer orgasmo.

Mordí su clítoris hinchado y ella se removió bajo mi cuerpo introduciendo de golpe uno de sus dedos en mi ano, tuve que morder uno de sus muslos para no gritar de placer y que se enteraran mis familiares. Después de morder su muslo, lo lamí a modo de perdón. Seguí lamiendo hasta que llegue a su puchita e introduje mi lengua en su cuerpo, igual que ella hacia conmigo una y otra vez.

Era lo mas excitante que había echo nunca, me gustaba, pegaba mas mi vagina contra su boca y ella la mordía y lamia con mas agresividad cada vez.

Ahora, mis labios apretaban con fuerza su clítoris mientras dos de mis dedos se introducían en su interior, cada vez que los sacaba, los lamia, adoraba ese sabor, ese sabor a deseo, ese sabor que solo yo le había provocado hasta ahora.

Así estuvimos largo y tendido hasta que ella tubo que morder tambien mi muslo para no gritar de placer, cuando ambas estuvimos cerca del orgasmo, nos succionamos una a otra, yo note como iba a venirme por primera vez en toda mi vida, y ella tambien lo iba a hacer, lo podía notar, porque su jugo era cada vez mas espeso y sabroso, ella me estaba dando triple placer.

Con una de sus manos, introducía un dedo en mi ano, que ya entraba y salia fácilmente, con la otra mano, pellizcaba mi clítoris con fuerza y con la lengua y la boca, me hacía estremecer de placer, metía su lengua para limpiar mi interior y succionaba con fuerza, facilitando mis ganas de venirme, yo, apretaba su cuerpo contra mis labios y succionaba como nunca antes lo había echo, deseando que mis labios se llenasen de todo su néctar.

De pronto, ella empezó a gemir a un ritmo frenético, apretando mas su boca contra mi vagina para ahogar sus gemidos, mi boca comenzó a llenarse de su néctar, espeso y dulce y note como mis músculos hicieron presión para yo hacer lo mismo en ella, para llenar su boca de mis jugos, ambas nos veniamos en la boca de la otra mientras ambas succionábamos aquel jugo tan delicioso.

Ella aumento sus movimientos dentro de mi ano y eso me hizo tener el orgasmo mas grande, largo, duradero y profundo de toda mi vida ... mientras yo a ella le había echo tener su primer orgasmo, su primera venida, su primera vez como aquel que dice ....

Desde esa noche, ambas descubrimos una cosa ... ella era lesbiana ... y yo bisexual ...
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Posted by pofed 3 years ago  |  Categories: Lesbian Sex, Masturbation  |  Views: 634  |  
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Mi esposa y mi hija


En el umbral de la obscuridad mi esposa y yo dábamos fin a una deliciosa sesión de lujuria y placer.

Tenia el estomago húmedo por el sudor del sexo y el calor que hacia, así que le dije a Perla:

-Me voy a bañar para regresar y culiarte de nuevo porque estas bien sabrosa, vienes para que lo hagamos juntos?
-Te acompaño, porque me llenaste de leche, estoy toda pegajosa y tengo la concha llena de ti.
Me levanté con la verga aun parada y mi esposa me siguió, cuando nos disponíamos a entrar al baño, apareció de improviso nuestra hija en el cuarto de baño encontrándonos desnudos en pelotas y a mí con la verga aun parada.
-Están despiertos aun? Voy al baño, me estoy orinando. Y por qué están desnudos? Pregunto,
Perla se apresuró a aclarar nerviosamente tratando de ser convincente,
-Nena mi amor, estamos desnudos ya que nos íbamos a duchar porque el calor está insoportable, tu papi y yo nos moríamos de calor.
-A bueno entonces me puedo bañar con Uds. porque estoy acaloradísima.
Comenzó a quitarse su bata de dormir de Barbie quedando desnudita como nosotros. Era la primera vez que veía a mi hija a esa edad desnuda y comparé visualmente su cuerpo con el de su madre, dos generaciones pero ambas hermosas. Mi esposa tiene 30 años, pelo medio largo y color negro, un cuerpo de diosa, ya que va al gimnasio, unas tetas preciosas con unos pezones rosados, una vulva completamente peloncita y rosita, con unos labios finos y delgados, un trasero firme y duro, uno de sus más grandes atractivos. Mi hija a pesar de sus 11 años ya cuenta con bonito cuerpo para su edad, ella a heredado la belleza de su madre.

Mi hija entró al baño y se sentó en el sanitario con las piernas abiertas mostrando su inocente vulva con varios y dorados vellos cubriéndola. Y nos dijo;
-Vayan bañándose, que yo termino y entro enseguida. Mamá entra tu primero mira que de tu colita está saliendo un sudor espeso.
Efectivamente, mi semen comenzaba a salirse de la vagina de mi esposa y corría por su muslo.

Perla un poco cortada me dijo al oído;
-Disimula un poco y trata que se te baje la verga, la niña te la mira mucho.
Mi verga parada era el punto que miraba mi hijita, que sin ningún disimulo ni recato la contemplaba.

Perla entró a la ducha tratando de darle a la situación un entorno de inocencia y naturalidad por no tener como explicarle a nuestra inocente niña lo que ahí ocurría.
Abrió la ducha y cuando el agua caía sobre su cara me dispuse a entrar a la ducha, y al pasar junto a mi hija sentada en el sanitario, dijo;
-Papi el calor te levanta tu pipi?
Siguiendo la corriente contesté;
-Seguro nena es por el calor, se me pone muy caliente.
-Te la puedo tocar para ver cuan caliente está?
Yo miré a mi esposa que seguía la conversación y asintió con la cabeza para seguir con la apariencia de naturalidad y normalidad.
-Claro nena agárrala con confianza, es el pipi de tu papi.
Tomó mi verga viéndola de cerca por primera vez y la palpó comprobando su dureza, peló la cabeza del todo y sobándolo de arriba abajo, mirando a su madre le dijo;
-Pobrecito, mi papi tiene fiebre en su pipi, las venas las tiene hinchadas y está muy duro, mamá tócasela para que veas.
Le tocó a mi esposa agarrar mi verga para comprobar lo evidente, que por lo morboso del momento estaba que se derramaba. Perla lo tomó y comenzó también a sobar.
-Cierto está muy caliente, entra a la ducha para ver si se te enfría.
Me coloqué debajo de la regadera y Perla en su afán de seguir aparentando la naturalidad del momento, comenzó a enjabonarme la espalda y luego las nalgas.
Mi hija se levantó y se agregó al grupo, mientras yo tomé el jabón y comencé a tallar a su mamá, lavé sus tetas, tenía los pezones duros o sea que a pesar de toda la situación y el morbo estaba excitada, me agache y pasé la mano por sus muslos, mi hija solo observaba, cuando lavé la vulva de su madre, la voltee y enjaboné sus nalgas, dentro de la raja y un poco su culito, mi esposa no sabia si pedir que parara o siguiera, cuando mi hija dice;
-Papi ahora enjabóname a mí, por favor.
Volví a mirar a Perla, a quien también le tocó aprobar la petición.

Comencé por su cuello y bajé a sus tetas, grandes para su edad, sus pezones se endurecieron, levanté sus brazos, pase a su estomago y sin pensarlo seguí a su coñito, metí la mano agarrando sus pequeños y carnosos labios, con el jabón froté su vulva, estaba mojada por el agua, pasé el dedo dentro de sus labios y se sentía el liquido viscoso de su colita excitada.
-Mami me gusta que me bañe mi papi, me enjabona muy rico, sobretodo mi colita, quieres probar?
Perla para no despertar sospechas aceptó, y yo comencé a sobar su vulva, Perla estaba excitada, lo veía en sus ojos y lo sentía en su clítoris, lo sentía duro, alcanzó a gemir cuando metí dos dedos, los metía y lo sacaba.
-Papi estás lavando a mamá por dentro? Si quieres mientras tanto yo te jabono a ti?
Para evitar venirse delante de su hija, Perla me dijo;
-Fernando creo que ya estoy limpia por dentro.
Mi hija tomó el jabón y comenzó a lavarme la espalda y luego las nalgas, metió sus manos entre mis nalgas y desde atrás agarró y lavó mis huevos, ya estaba demasiado caliente, me voltee y sin ningún recato y crudamente le dije a mi hija;
-Hija lávame la verga y frótala a lo largo. Perla se sorprendió de lo crudo de mi expresión, pero adivino mi calentura, pero no dijo nada, mi hija se arrodilló y comenzó a frotármela, miré su cara de niña inocente, pero sus ojos decían otra cosa, quería metérsela en la boca pero me contuve. La pequeña mano seguía frotando en forma de una clásica puñeta. La leche empezó a subir desde mis huevos y Perla entendió que mi eyaculación era un hecho, solo alcanzó a decir;
-Sobre la nena no por favor!!!!!!!
Demasiado tarde, mi líquido blanco dio en la cara de mi hija. Con la mano bajé el cañón de carne, los otros disparos dieron en sus pequeñas tetas. Desde la nariz bajaba el semen a sus labios chorreando, sacó la lengua y lo probo.

Mi esposa quedó impávida, todo había pasado tan rápido que no había tenido forma de organizar sus pensamientos. Mi hija no soltaba mi verga que daba muestras de relajación al cumplir su descarga.
-Qué pasó papi, que me orinaste pero con crema? Se bajó la leche de los labios con el dedo y chupó el semen espeso.
Perla dijo;
-Vamos a terminar de bañarnos porque la nena necesita que le expliquemos ciertas cosas, ven mi vida que tu papi te limpie de la crema que te aplicó. Con el chorro de agua quité el semen de su cara y tetas.
Tomamos toallas y salimos de la ducha, mi esposa y mi hija desnudas eran realmente hermosas, y la sensación al verles sus cositas era indescriptible.

Había llegado al punto en que mi verga mantenía la erección media, pero se sostenía de buen tamaño, desnudo me acosté boca arriba.
Perla trató de explicarle a nuestra hija.
-Mira el pene de papi se agranda por varias razones sobre todo si tiene mujeres desnudas como nosotras delante de él, solo frotándole se le baja pero primero bota el semen o leche, como la crema que él que te echó en el pecho.
-Y en la boca, por cierto me tomé un poquito de tu leche papi, estaba rica, oye mamá y es que solo así frotándosela es que le podemos quitar la fiebre del pene de papi.
-Bueno también ejemmm….., Si él mete su pene en nuestra boca o en la colita también funciona.
Mirando mí palo que seguía caliente y parado, dice mi sobrina;
-Mami mi papi sigue con fiebre que hacemos para ayudarlo? Ya se me lo voy a meter a la boca haber si así se le quita. Se agachó la tomó con una mano y comenzó a lamerla y a chupar la punta, sin que su madre lo impidiera que me miraba resignada a que a su corta edad, ya tuviera una verga en la boca, yo le dije;
-Déjala para que aprenda, pero indícale como se hace, así que nena, deja a tu madre que te ayude un momento.

A Perla no le quedó de otra que agacharse y delante de su pequeña hija me tomó la verga y le dijo;
- Lame la cabeza y luego te la metes suavemente en la boca y le pasas la lengua así.
Me la chupó y lamió un momento y luego le cedió el lugar a mi hija quien procedió a copiar el método pero que luego pasó a mis huevos lamiéndolos, regresó al tronco y se lo tragó con mucha propiedad sacándola y metiéndola de su boca por medio minuto, acompañando la chupada con masaje a las bolas, mi verga no había sentido tal placer.
En un arranque de ingenio mi hija le dice a su madre;
-Ahora enséñame como se mete en la colita.
Ante eso Perla dudó un momento, pero llevada por las circunstancias le dijo;
-Bueno, te voy a enseñar junto con tu papi, pero no debes comentar con nadie lo que estas aprendiendo mi amor, lo prometes? Si mami.
Bueno, se hace así, te montas en tu papi y pones la cabecita de su pene en la entrada de tu colita, así.
Mi esposa decía y hacia, se paró poniendo sus piernas al lado de mis caderas para dejarse caer sobre mi verga parada, ya que yo seguía acostado boca arriba, se fue sentando hasta que se la clavó toda, y comenzó a subir y a bajar sobre el garrote.
Mi hija dijo;
-Mamá se te comió toda.
Con la cogida que daba a mi esposa delante de nuestra hija yo estaba excitadísimo y le digo;
-Nena tu mami tiene una colita tan deliciosa que me tiene súper caliente, amor muéveme esa cola que la tienes sabrosa y jugosa, sientes mi verga en el fondo?
-Claro si me la tienes bien metida, la siento que me toca la matriz, pero no digas groserías delante de la niña.
-Mamá por mi no te preocupes que yo conozco algunas y más fuertes, ahora yo quiero probar, dame chance.
-Bueno pero metete solo la cabecita, se sacó la verga de la vagina y salió brillante de los jugos de mi esposa.
Mi hija tomó el lugar de su madre y tomando la verga se la colocó entre sus carnosos labios y con cuidado se comió la cabeza entera, era la primera vez que hacia algo como esto, ya que nunca me había imaginado algo así con mi hija. Quería metérsela toda pero no sabía hasta que punto podría llegar sin lastimarla y peor aun, quitarle su virginidad. Ella siguió metiéndose y sacándose nada más que el glande ante la mirada vigilante de mi esposa, que cuidaba la virginidad de nuestra hija, la cual de lo caliente estaba tan mojada que sentía escurrir sus gotas de jugo vaginal por mi verga.
-Ciento muy rico mami!! Oye mami, no hay otra forma de disfrutar a mi papi sin que me dañe o lastime?
-Bueno daño no, pero te puede doler, tu solo tienes once años, yo que soy mayor lo he intentado con tu papi varias veces y me dolió un poco, y eso que lo tengo más grande que tu. Quieres probar?
Yo le dije;
-Vamos mi amor no te preocupes por tus once años, que si te la quieres comer por tu chiquito lo harás, siéntate con confianza sobre la verga de tu papi que te la voy a meter lento.
-Le dije a mi esposa; Pásame la vaselina para no lastimar a la nena. La vaselina no fue tan necesaria ya que al sacarle la verga de su colita salió bastante mojada. Ubicó mi polla en la entrada de su pequeño y rosado culito, el único punto de contacto con mi hija era el glande contra su esfínter, con lo mojado de mi verga y un poco de vaselina el orificio cedió suavemente y sorprendentemente, mi palo fue desapareciendo en su interior, entraba lento pero sin pausa, hizo un pequeño reposo cuando tenia media verga adentro y luego siguió hasta que sus nalgas se pegaron a mis muslos al llegar a la base de la polla, se había comido toda la tranca sin arrugar la cara y le cabía más!!!! Su madre no lo creía, nuestra nenita tragaba verga por el culo como cualquier veterana, subía y bajaba sin dificultad. Que disfrute tan delicioso de esas redonditas y suaves nalgas, la tomé por las caderas con ambas mano sodomizándola con todo el gusto, sentía el choque de sus glúteos contra mis muslos. Abrí sus piernas para ver mi verga ya que se desaparecía al entrar completamente en su hoyo trasero.
Mi esposa sorprendida dijo;
-Nena que hoyo tan grande tienes, con razón cuando vas al baño lo que he visto que dejas en el sanitario es tan grueso como lo que te estás metiendo, lo mismo que te sale te entra, bueno si tu puedes yo me animo a probar también, déjame y me meto la verga de tu papi.
Mi nena se la sacó y le dije a mi esposa;
-Perla ponte a gatas para clavarte, mejor.
Lo hizo parando su rabo y exponiendo su culo, me agaché e inerte en la excitación, abrí las nalgas y chupe nuevamente su ano, metiendo la lengua en el rosado ojal, lamiendo su raja y clavando la lengua en el hoyo mientras gemía pausada pero descaradamente, volteó a mirar a nuestra hija y le dijo;
-Disculpa que me veas así nena, pero ya entenderás lo que es estar tan caliente como yo lo estoy, nunca había estado tan cachonda como en este momento.
-Te entiendo mamá yo también siento algo muy rico en este momento, tengo mi colita muy caliente y que me pica y el agua se me sale, pero métete la verga por tu culito para que pruebes lo rica que está.
Separé las nalgas de mi esposa y puse la cabeza en la entrada de su culito, presioné y a diferencia de nuestra hija, resistió con dolor, entonces metí un dedo en su vagina y luego en su ano y comencé a frotarlo, otro dedo entró y después un tercer dedo amplió el hoyo, clavé mi trozo en su vulva para lubricarme la polla y coloque un poco de vaselina en su culito.
-Métemela por el culo ahora, si nuestra hija que es una niña pudo, no me voy a quedar atrás.
Saque los tres dedos, y sin dejar que se cerrara la dilatación enseguida metí la cabeza y lo demás solo fue empujar, mi trozó mojado inició el viaje al intestino de mi esposa, la metí toda, cuando mis bolas tocaron sus nalgas, le dije;
-Ya puedes decir que no eres menos que nuestra hija, te la comiste toda, tienes el culo tan abierto como ella.

Comencé a sacarla y a meterla, sintiendo como chocaba sus nalgas, pasé una mano hasta tocar su clítoris y comencé a frotárselo, lo tenía abultado y empapado, fue lo que necesitaba, su cachondez se desbordó y gritó sin recato ante nuestra hija por el orgasmo que le llegó.

-Dame más por el culo… lo siento lleno, como nunca me habían dado así… que rico… más….. maaas!!!... Casi me rompes el culo… Ohhhh!!!
Se la dejé adentro, mientras mi esposa se derrumbaba sobre la almohada, pero dejando la cola parada. Mi hija se acercó, la besé en la boca sentí su lengua entrar hasta el fondo, que bien besa la condenada niña, pensé. Agarré sus pequeñas tetas, baje una mano a su panochita mojada y acaricié sus carnosos labios son apenas unos dorados vellos, en un momento se agachó colocándose al lado de su mamá también en pompa, ofreciéndome sus redondas nalguitas.

-Papi, que verga tan sabrosa tienes, pero ya mi mami la disfrutó, me toca a mí, métemela igual que a ella. Las dos quedaron en cuatro patas una al lado de la otra con sus húmedas rajitas completamente. Que deliciosos culos me estaba ofreciendo!!!.
Tenía mi verga erecta y así se la saqué a mi esposa me agaché y chupé ahora el culo de mi hija, introduciendo la punta de la lengua en su hoyo, luego clavé la lengua en la raja que olía fuertemente a sexo, luego la deslicé hasta el clítoris que se sentía hinchado, estaba sorbiendo sus fluidos viscosos, el sabor era parecido al de su madre pero mas ácido, solo sentía sus gemidos y así pase a su culito, coloqué la polla en dirección al ano que se la tragó sin dificultad, el anillo elástico era complaciente pero tenia esa presión juvenil, empiezo a cogérmela rítmicamente y su culo comenzó a comer, me tenia al borde de la leche, el cilindro de carne brillante por sus jugos aparecía y desaparecía, se volteó hacia su madre y le dijo;
-Mami, te parece que lo hago bien? Papi, métemela por mi colita ahora.
Al prepararme para metérsela a mi hija en su colita, mi esposa se dio la vuelta y quedo boca arriba con las piernas abiertas. Grande fue mi sorpresa cuando mi hija le dijo a su mami que si podía chuparle su colita como yo lo había hecho. Mi esposa inerte en el éxtasis del momento permito que mi hija le lamiera su colita. Mi hija comenzó con pequeñas lamidas inexpertas, mi esposa parecía que perdía la visión, temblaba de placer, tal vez no por lo bien de las lamidas de nuestra hija, si no mas bien por eso, porque su hija le estuviera lamiendo la cola. Mi hija solo se detenía para decir;
-Mami que rica sabe tu colita, la tienes bien caliente y mojadita!!
Yo estaba hirviendo, y mientras mi hija lamia la colita de su madre me dispuse a penetrar a mi nena en su coñito, así que saque mi polla de su hoyo que quedó dilatado y separé los labios vaginales, mi glande entró con problemas, su virginidad bloqueaba el acceso, seguí empujando y la verga entró todita, al mismo instante ella pego un grito de dolor y placer, mientras de su colita brotaba unas pequeñas gotas de sangre que anunciaba que había desvirgando a mi hija, pero que deliciosa sensación, había clavado completamente a mi hija. Al ver la verga entrando en el infantil orificio Perla se alarmó.
-Que hiciste desvirgaste a mi nena. Pensé que solo le meterías la cabeza!!
Pero nuestra hija replicó;
-Deja que mi papi me la meta bien, mi colita esta que arde al igual que mi culito, porque crees que me la metió tan fácil.
Ante las palabras de nuestra hija mi esposa se tranquilizo y siguió disfrutando la comida de coño que le estaba dando nuestra hija, se dejo llevar por la calentura y la cachondez del momento.
-Papi sigue clavándomela, pero quiero que sea como te cogiste a mami.
-Nena eres una niña terrible, pero debes estar de acuerdo que tu papi tiene una verga sabrosa o no?
Nuestra hija se volteó y se puso boca arriba, esa nena deliciosa con su carita infantil, de pequeñas tetas y hermoso coño, abrió las piernas y me dijo;
-Ahora que mami se calmo y lo acepto, dame gusto papi en mi colita que esta que arde.
Me coloqué encima y la penetré hasta el fondo, la empecé a bombear ya la nena estaba a punto del clímax, me abrazo con sus piernas infantiles gritando y dijo;
-Papi clávame hasta el fondo… Destrózame la colita… Tienes la verga bien rica… Ohhh!! Siento algo bien raro!! Que rico!! Haaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!
Una electrizante sensación me recorrió por la médula hasta las pelotas y un chorro de leche explotó, fue una convulsión tras otra, pero seguí bombeando contra su pelvis.
Mi hija quedó exhausta, cuando me salí de su coño, la leche empezó a derramarse entre los mojados y brillantes labios, goteando hacia el muslo.
Nuestra nena dijo;
-Bueno, ahora que probé lo delicioso que es esto, tienen que seguir haciéndolo conmigo. No pienso renunciar a esta sensación, así que prepárense para coger los tres juntos.
Definitivamente nunca esperé que mi hija fuera tan caliente y golosa, pero la reacción que más me sorprendió fue la de mi esposa, que en lugar de detener la situación, a mí o a nuestra hija, se dejo llevar por el morbo, la calentura y su cachondez.
Ahora los tres disfrutamos de grandes y placenteras cesiones de sexo, pasión y amor.
AMO A MI FAMILIA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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Posted by Ricardo_P_S 3 years ago  |  Categories: Anal, Lesbian Sex, Taboo  |  Views: 29350  |  
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La profesora de ingles y mi suegra ( Parte II )

La Profesora de Ingles

La profesora de inglés


Yo tenía entonces 15 años y estudiaba por la mañana. Era un buen alumno y mis padres querían que yo profundizara el idioma inglés porque razonaban, y la vida les dio razón, que me iba a ser de utilidad para mi futuro. Decidieron mandarme a reforzar las clases del colegio con una profesora particular que vivía a dos cuadras de casa.

Yendo al colegio por la mañana, me quedaba la tarde libre, así que a las 15 horas iba donde la profesora. Esta era una señora de origen inglés aunque nacida en el país y hablaba muy bien el idioma sajón. A la hora de las lecciones tenía un solo alumno, yo.

Esta mujer, Mrs. Alice era casada y no había tenido hijos. Su marido trabajaba jornada completa y volvía a casa por la noche. Con las clases de inglés reforzaba el presupuesto familiar y matizaba su tiempo libre. Alice era una mujer alta, calculo un metro setenta y cinco, delgada y con unas tetas tamaño 100, que yo gustosamente miraba cuando ella se agachaba.

Debo decir que para esa época yo era virgen sexualmente. Todo el sexo que yo practicaba eran unas pajas que me hacía mirando mujeres desnudas o con ropa interior en algunas revistas que circulaban entre los muchachos de mi edad. Nunca había visto a una mujer desnuda, ni siquiera a mi madre. Esa era la razón de mis desvelos por mirarle las tetas a Mrs. Alice y no ponía cuidado en ello. Demás está decir que ella se daba cuenta y según supe entender con el tiempo, se calentaba tanto como yo. Así estábamos lecciones va y viene, cuando un día llego y me la encuentro con una camisa muy escotada que dejaba casi a la intemperie sus senos.

Como es de imaginar, yo no atendía la lección y estaba embobado mirando sus pechos. Obviamente la profesora se daba cuenta de mis miradas, pero eso parecía que le gustaba y mucho. Supongo que su libido fue creciendo hasta que no pudo más y me dijo con voz muy zalamera

- Te gustan mis pechos? Digo porque no haces más que mirarlos. Realmente te apetecen? –

Como te imaginaras, le decía a mi suegra, yo me quedé totalmente cortado sin saber que responder. Había sido pillado in fraganti. Respondí entrecortadamente

- Si señora me gustan y mucho, y disculpe usted pero es que son tan bellos que no me resistía a dejar de mirarlos. Sabe, nunca los había tenido tan cerca mío –

- Vaya muchacho y que dirías si te digo que a mí me gustan que me los miren, serías capaz de hacerlo y guardar el secreto entre nosotros dos. Me gustan que me los miren y que me los toquen y besen. Si me prometes que esto queda entre nosotros dos, te dejo verlos? –

- Si Mrs. Alice, dije entre asombrado y ansioso. Seré una tumba.-

Y uniendo la acción a la palabra, se desprendió la camisa y quedaron sus tetas al aire sujetadas por un corpiño que le iba ajustadísimo. Con la mirada me invitó a que le desabrochara la prenda y así quedaron totalmente expuestos a mi atónita mirada y mis deseos, un par de limones carnosos que yo devoraba con la mirada.

- Anda ven, tómalos entre tus manos y juega con ellos. Me gusta que me los expriman y me pellizquen este botoncito que está en la punta que se llama pezón. Anímate que no te voy a regañar. –

Antes que Alice repitiera el envite estaba yo con una teta en cada mano masajeando y pellizcando sus pezones mientras Alice echaba su cabeza hacia atrás y dejaba oír sus primeros suspiros. Instintivamente y sin recibir ninguna indicación, me lancé a tratar de metérmelos en la boca, cosa imposible por su tamaño, tal que solo me quedó la alternativa de chupar y chupar en medio de los jadeos de mi profesora. No recuerdo cuanto tiempo estuve en esa acción, solo recuerdo que Alice me dijo en algún momento de mi festín que éste había terminado y debíamos continuar con las clases, al tiempo que me recordó nuestro pacto de silencio. Recuerdo que su rostro estaba rojo y sus labios marcado por sus dientes. Calculo, que habría tenido un orgasmo por lo encendida que estaba.

Yo la miré sin saber que decir, pero como era ella la que mandaba la batuta, me retraje y traté con mucho esfuerzo continuar con mi clase. Recuerdo que me quedé con una erección brutal y me dolían los testículos.

Las clases se sucedieron sin que se repitiera aquella sesión de mamada y parecía que había sido cosa para olvidar. Desde ya que yo respeté mi pacto de silencio, pero esperaba novedades al respecto. Y estas llegaron para mi felicidad.

Terminada una de las clases Alice me dijo que les avisara a mis padres que la próxima iba a ser de dos horas largas porque debíamos repasar muchas lecciones. Recuerdo que fue un día jueves que llegué a su casa. Me abrió la puerta y me recibió con un vestido casi trasparente que dejaba ver que no tenia corpiño y solo llevaba un calzón. Mi corazón dio un vuelco y que quedé de una pieza.

- Entra muchacho no te hagas rogar que hoy vas a tener las mejores lecciones de tu corta vida. Creías que me había olvidado de aquella tarde que me diste tanto gusto sorbiéndome mis pechos? Pues no. Esta tarde no solo tendremos pechos para tu gusto sino otros manjares, porque yo también pretendo lo mío. –

- Usted dirá señora que debo hacer yo. - Dije tartamudeando.

- Pues ya te estás quitando la ropa y vienes para el dormitorio que voy a enseñarte a hacer el amor. Porque según me ha parecido nunca has debutado en las lides del sexo.-

Más pronto que corriendo me quité mis prendas, que no eran muchas y quedé como mi madre me trajo al mundo. Alice se desbrochó el vestido y lo dejó caer al suelo quedando solo con sus bragas. Me pidió que se las quitara lentamente y así fue que por primera vez en mi vida vi un coño. Qué espectáculo madre mía! Se me presentó pleno de vellos púbicos tal como yo había visto en fotos, solo que éste lo tenía frente a mí. Quedé fascinado mirándolo y sin saber que hacer hasta que Alice me llamó a la realidad invitándome a ir a la cama.

Lo que vino después fue algo que aún hoy guardo celosamente en mi memoria, no solo porque fue mi primera vez sino por la dulzura y esmero que puso esa mujer para iniciarme. Desde ya que ella también estaría gozando al desvirgar a un muchacho de 15 años, pero lo hizo de una manera magistral. Acostada al lado mío primero me pidió que repitiera mis juegos con sus pechos tal como la vez anterior. Alentado con la propuesta me di a la tarea besando, lamiendo, chupando y mordiendo cada una de esas tetas que para mí eran lo máximo. Me prendí de sus pezones chupándolos como un bebé con el eco de los gemidos de Alice. Hoy, después de tanto tiempo transcurrido, todavía me emociono con el recuerdo.

Así estuve largos rato chupando y lamiendo esas tetas deseadas, hasta que ella me detuvo y empezó a acariciar todo mi cuerpo. Comenzó dándome unos besos de lengua que me sorprendieron aunque respondí con lo mío. Luego siguió con besos y caricias por todo mi pecho lamiendo y mordiéndome las tetillas, para bajar lentamente a mi zona genital y tomar mi pene con su mano acariciándolo suavemente. Se deslizó hacia abajo y colocó mi verga dura como un garrote, próxima a su boca.

Puso toda su experiencia al servicio de mi causa. Descapulló mi pene muy despacio y posó su lengua sobre el glande, para luego lamerlo repetidas veces. Siguió su tarea sorbiendo y chupando mi aparato viril con una suavidad y delicadeza que aun hoy me asombra. Su lengua recorría toda la extensión de mi miembro repetidas veces como sorbiendo un helado. Luego introdujo el ariete en su boca para chupar y lamer una y otra vez hasta que como ya te imaginarás empecé a sentir las sensaciones previas a una corrida, de la cual avisé pero Alice parecía poseída y no cesaba con su servicio. Intenté contenerme pero el goce pudo más y en medio de violentas convulsiones descargué en su boca todo el semen que creía tener, y que Alice recibió encantada sorbiéndolo y tragándolo. Como no cesaba de chupar esa corrida resultó interminable y así quedé derretido en la cama, eso sí, con mi pene totalmente limpio porque la profesora se ocupó de no dejar ni una sola gota.

- Te gustó mi amor?- Me dijo con una voz tan tierna que aún hoy resuena en mis oídos.

- No sabe cuánto me hizo gozar. Es mi primera vez y eso estuvo fabuloso, la verdad es que no tenía la menor idea de lo mucho que se puede gozar con una mujer. –

- Ahora descansemos un poco que la lección aun no termina. Hay mucho más que tienes que aprender, porque me imagino que todavía quiere más, no? –

- Claro que quiero, si lo que viene es tan bueno como lo que hicimos, créame que lo voy a disfrutar mucho. –

Creo que el respiro no habrá durado ni diez minutos y ya me sentía otra vez en plenitud. Así lo demostraba mi picha que estaba enhiesta como hacía unos minutos. Alice se dio cuenta y tomando nuevamente el manejo de la situación me dijo.


- Ahora te toca a ti tomar el papel activo. Estás dispuesto? –

- Por supuesto, dígame qué debo hacer y lo hago de inmediato.-

- Vas a bajar hacia mi entrepierna y cuando yo abra las mismas, vas a jugar con mucha delicadeza con tus manos, dedos y boca con mi vagina, de acuerdo? Ese es un juego que a nosotras las mujeres nos da mucho placer –

No me hice repetir la instrucción. Me bajé a su zona pélvica, jugué unos minutos con su pelambre porque me llamaba mucho la atención ese cabello rubio, corto y enrulado. Luego abrí sus piernas con mis manos y comencé tímidamente a meter mis dedos en su cueva. Como me lo había indicado, lo hice muy despacio y en forma suave como acariciando esa cavidad que estaba húmeda y viscosa. Primero fue un dedo, y luego otros dos. Los metía y sacaba a un ritmo constante. Mis movimientos tenían como eco los gemidos de Mrs. Alice que me alentaba con frases amorosas. De repente y como dando respuesta a una orden natural me acerqué con mi boca dispuesto a degustar su vulva. En mi mente tengo el recuerdo de la fuerte sensación que le produje a Alice y a mí mimo. Imagínate, era la primera vez que tenía una concha frente a mis ojos y boca, y no salía de mi asombro. Sin embargo, encontré la serenidad para lanzarme con mi boca a degustar el sitio tantas veces soñado. Mi lengua inexperta buscó la cavidad que me estaba esperando y que me recibía con sus jugos que sorbí con gusto. Yo chupaba y lamía, metía mi lengua dentro de su sexo iniciándome en una experiencia inédita. Mi lengua, buscaba cada rincón de esa cueva en un incesante entra y sale que arrancaba suaves gritos de satisfacción de la profesora. De pronto, cuando estaba en esa tarea con todo mi empeño, la sentí vibrar y estremecerse en toda su humanidad dando profundos quejidos que acompañaron a una descarga de jugos que inundaron mi boca.

Debido a mi inexperiencia yo no estaba al tanto de las acabadas femeninas. Me asusté y detuve por un momento mí accionar hasta que una voz imperativa me ordenó

- No te detengas, sigue, sigue que me estoy derramando como hace tiempos no lo hacía. Sigue Daniel, por favor no te detengas. –
No me detuve. Seguí dándole lengua y chupadas hasta que ya casi exhausto, suavemente me apartó con sus manos y me pidió que me recostara junto a ella. Así lo hice y me recibió con un profundo beso de lengua con el que me agradecía el momento que le había hecho vivir.
Cuando recuperó el aliento, me explicó con lujo de detalles lo que había experimentado. Me habló primero de sus dudas respecto a mí y mi juventud, me dijo que mi audacia mirándole los senos le habían ido desatando sus prejuicios y su libido, liberando su deseo de tener sexo con un joven de mi edad. Me habló también de las sensaciones que acababa de experimentar y de la profundidad del orgasmo que había tenido, después de mucho tiempo, según recordaba, pues las relaciones con su marido además de infrecuentes, se habían transformado en algo tedioso. Esas fueron mis primeras lecciones prácticas de sexo, aunque todavía me esperaban otras.
Me sentía un hombre realizado recibiendo sus elogios por la manera que le había comido su chocha. Como recompensa Alice volvió a recuperar su iniciativa tomando mi verga en sus manos y comenzando a pajearme lenta y suavemente. Sentí que nuevamente estaba llegando al clímax y se lo manifesté. Interrumpió sus caricias y me pidió que me montara sobre ella para penetrarla.
Mi falta de experiencia y mis nervios me jugaron una mala pasada pues no atinaba a dar en la cavidad vaginal. Ella me tranquilizó y con una mano experta me guió al destino asignado que estaba esperando la llegada de mi verga que se deslizó con facilidad en su húmeda vagina. Que satisfacción cuando me sentí dentro de ella! Era mi primera vez! No lo podía creer, me parecía estar en el paraíso.
- Ahora que estás adentro tienes que moverte empujando y retirando tu miembro las veces que quieras. Cuanto más lo hagas más vamos a gozar ambos, anda Daniel que vas bien orientado. –
Con ese estímulo empecé mi mete y saca despacio primero y a medida que sentía que Alice gozaba, y yo también por supuesto, comencé a apurar el ritmo embistiendo con mi fuerza juvenil la apetecida cueva. Una y otra vez mi verga entraba y salía de su concha, sentí el deseo de decirle cosas y así lo hice.
- Como me gustas mamita, esto es formidable, siento un placer total. Dime que te gusta y que tú también estas gozando. Te quiero Alice, te quiero. Ya había perdido el respeto y la tuteaba –

- Claro que me gusta y estoy feliz gozando como me coges. Sigue así mi muchacho, sigue que pronto me voy a correr otra vez. –

Seguí con mi tarea. Estaba fuera de mí. Metía y sacaba, la tomé de sus caderas con ambas manos para tratar de penetrarla hasta el fondo. Quería demostrarle mi virilidad. Todo fue bien hasta que no pude más y le dije

- Yo también siento que voy a acabar dentro de ti, ya me viene, no lo puedo evitar, ah, ah, ah…-

- Qué bueno, un poco más y yo te acompaño mi amor, soy tuya, derrama toda tu leche en mi cueva. Me vengo, me vengo…-

La fortuna quiso que acabáramos ambos al mismo momento. Mientras seguía derramando todo el semen que me quedaba, la abracé fuerte y la colmé de besos que Alice me devolvió con una ternura casi maternal. Me tomo la cabeza entre sus manos y acariciándome me repetía una y otra vez.
- Daniel, mi amor, que feliz que me has hecho. Te amo mi muchacho, te amo. No quisiera que este momento termine nunca. Gracias, muchas gracias.

Siguió hablándome un largo rato. La verdad es que no me acuerdo de sus palabras porque estaba sumido en un profundo sopor y transportado a las nubes. No sabía ni como me llamaba.

Pasado unos minutos, Alice miró el reloj y me anunció que debíamos volver a la vida porque habían pasado más de dos horas desde que había llegado y era hora de irme. Antes me colmó de besos y caricias con la promesa de repetir ese encuentro.

Efectivamente ese encuentro fue el primero de una larga serie de sesiones de sexo que mantuvimos por casi más de dos años y que debimos terminar cuando acabé el colegio secundario y comencé la universidad.

Sin embargo el recuerdo de esos momentos vividos son permanentes. Llevo en mi retina la forma de sus pechos, en mi boca el sabor de su vulva y en mi nariz el aroma inconfundible de sus jugos vaginales.

( Continuará )

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Posted by pepitito 3 years ago  |  Categories: Mature  |  Views: 1169  |  
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Mi Rica Alumna.

Soy maestro de preparatoria en uno de los colegios particulares más prestigiados de mi ciudad. Trabajo con los que cursan el 3er. Grado y que están a punto de irse a la universidad. En estos colegios asisten muchos hijos de las familias más acomodadas económicamente hablando de la ciudad. Estos chavos por el modo de vida que llevan están acostumbrado a hacer lo que les venga en gana. Se la pasan en constante reventón consumiendo alcohol y drogas, además de llevar una vida sexual promiscua. Muchas de las veces se acercaban a mi para pedirme algún consejo, por lo que trataba de ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Fue así como me hice de los profesores favoritos de la preparatoria. Las chicas se me acercaban a contarme sus problemas, y llegué a ganarme el aprecio de la gran parte del alumnado, a tal grado que me invitaban a sus fiestas. En ocasiones iba, pero en otras no por que es importante marcar un limite.
En una ocasión un grupo me invitó a una reunión en la casa de uno de ellos, asistí con la intención de solo hacer acto de presencia y no rechazar la invitación. Así que llegue a esa hermosa casa en medio del bosque al norte de la ciudad. Ahí estaba todo el salón bebiendo, bailando y pasando un rato agradable. Cuando llegue, inmediatamente me abordó Daniela, una alumna que no era muy brillante pero si agradable. En cuanto me vio se me acercó y me dijo:
- Hoy si vas a bailar conmigo, verdad?
- Por supuesto que si Daniela.
Al acercarse a saludarme con un beso y un abrazo pude percibir el aliento alcohólico que ya traía. Le pedí que me permitiera saludar a todos. Yo no bebo alcohol, así que me serví un refresco, después de darle el primer trago ya tenía a Daniela pidiéndome que bailáramos, así que accedí y fuimos a lo que habían acondicionado como pista de baile en el jardín. Estuvimos durante un rato bailando mientras platicábamos. Daniela bailaba de una manera que hasta cierto punto se me hizo un poco exagerado, con movimientos muy cachondos mientras me miraba de una manera poco usual, lo cual me incomodo un poco por estar en un contexto donde tengo que guardar una cierta compostura. Así que le dije que quería beber algo, nos acercamos a la barra y pedí otro refresco. Algunas compañeras se acercaron a saludarme y a platicar conmigo. Daniela un poco más ebria hacia bromas de que ella venía conmigo y que se calmaran si me querían hacer algo por que yo tenía pareja esa tarde. Me abrazaba y me decía que yo era su pareja esa tarde. Las amigas hacían bromas diciéndome que ya había ligado, que si quería dormir calientito esa noche solo tenía que llevarla conmigo. Algunas más atrevidas hacían bromas diciendo que si se iban con nosotros y hacíamos un trío o una orgía donde yo solo fuera el hombre. Yo entraba a la dinámica cuidando mis comentarios. Ya en los humos del alcohol decidieron salir al bosque a jugar, así que todo el grupo nos fuimos hacía al bosque donde estuvimos un tiempo, cuando ya estaba anocheciendo comenzó a llover. Sin protección alguna el agua caía sobre nosotros, lo que fue usado para jugar y festejar el hecho. Decidí regresarme por que ya estaba completamente empapado, además de que ya era noche y regresar en la carretera con lluvia era un tanto peligroso. Así que me despedí de algunos por que una gran mayoría ya estaba perdidos en el bosque fajando, algunos imagino que cogiendo. Daniela me pidió que le diera un raid, así que comenzamos a caminar en el bosque de regreso a la casa donde había dejado estacionado mi coche. Durante el trayecto se soltó nuevamente la lluvia mucho más fuerte, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo la entrada de una casa en construcción. En un momento Daniela me dijo que tenía mucho frío y se acercó a mi para que la abrazara, y así lo hice. La abracé mientras ella metió su cara bajo mi cuello. Daniela es una chica de 18 años de estatura promedio, morena clara, unas enormes tetas, redondas y paradas, unas anchas caderas, nalgas paradas. Ella es muy bonita, cabello lacio, una sonrisa encantadora. Sentir sus tetas como las pegaba en mi cuerpo, hizo que la verga se me parara.
- Hueles muy rico. Me dijo.
- Te gusta?
- Si me encanta, hasta me dan ganas de darte una mordida en el cuello.
- No por que me dejarías una marca y se iba a ver muy mal.
- Y si no te dejo marca me dejarías morderte?
- Y como piensas hacerle para no dejar marca?
Sin decir nada comenzó a mordisquear mi cuello con sus labios, lo que inmediatamente hizo que la verga se me parara aún más. Ella lo sintió por que inmediatamente bajo su mano y comenzó a sobarla sobre el pantalón.
- Que tienes aquí?... mmm..... que rico paquete.
Sin decir nada más comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras la acercaba a mi para que sintiera mi fierro parado en su panocha. La jalaba de las nalgas subiéndola y bajándola restregando su pepa en mi chile bien parado. Tomé sus grandes tetas entre mis manos y comencé a darle un rico masaje mientras nos seguíamos besando. Le dije que nos fuéramos de ahí por que alguien que decidiera regresarse nos podría ver. Yo ya iba con la verga escurriendo. Llegamos al coche nos subimos y tomé la carretera,. Al encontrar una vereda, metí el coche ahí donde nadie nos viera. Apagué el coche y comenzamos a fajar nuevamente, comencé a sobarle su panocha sobre el pantalón mojado mientras subí su playera y bajé su brasier para dejar ver un par de melones enormes con el pezón hinchado por el frío y por la mamada que comencé a darle, ella solo suspiraba.
- Que rico…. Ahhh…
Le desabroché el pantalón y me detuvo diciéndome que le estaba bajando, que estaba en el último día de su regla. No continué ya que no quería incomodarla. Ella desabrochó mi pantalón para dejar salir mis 21 cm. de verga que ya estaba sumamente hinchada de la excitación, la cabeza estaba empapada de rica miel.
- Wow es enorme, nunca había visto una verga así de grande.
La tomo con su mano y comenzó a chaqueteármela , subía y bajaba con su mano, mientras con la otra tomaba mis afeitados huevos y los sobaba. Recliné mi asiento para que pudiera hacerlo mejor. Me estaba masturbando muy rico. Yo solo veía su cara clavada en mi verga.
- Tienes un pito hermoso… puedo?
- Por favor.
Pasó su lengua por todo el tronco de mi chile, lo que hizo que el cuerpo se me enchinara. Con la punta de su lengua comenzó a sobarme el frenillo, estaba a punto de enloquecer. De pronto la metió a su boca y comenzó a succionarla de una manera colosal, subía y baja apretándola entres sus labios, cuando la sacaba succionaba muy fuerte lo que hacía que sintiera que se me iba el alma. Bajaba a mis huevos y los lamia y succionaba. La volvió a meter en su boca y comenzó a mamar cada vez más rápido y fuerte. No aguanté mucho y me vine en un torrente de mocos dentro de su boca. Daniela no dejo escapar ni una sola gota de mi leche. Los dejo en su boca y enseñándome como hacía gárgaras con ellos se lo pasó. Nos dimos un rico beso agradeciéndonos mutuamente ese rico momento. Ya de regreso por la carretera platicamos de los sucedido.
- Que rica verga tienes… te sabe muy rica, tu leche también es muy rica. Me encantaría sentirla dentro de mi, pero no así como estoy ahora.
- Tu me dices cuando y yo encantado de metértela.
- Que te parece mañana saliendo de la escuela? Le digo a mi mamá que iré a comer a la casa de Fernanda y que después iremos al cine, y así tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos. Como vez?
- Me parece perfecto.
La llevé a su casa y antes de bajarse nos dimos un rico beso con lo que sellamos nuestro trato de vernos al otro día para coger.
Al día siguiente era Viernes por lo que los alumnos asisten sin uniforme. Daniela vestía un vestido de una sola pieza color rosa con filos negros, unos zapatos altos de color negro, se veía hermosa. Muchos alumnos no asistieron debido a la fiesta de un día antes. Habíamos acordado vernos en un parque cerca de la escuela para de ahí irnos, ya que si nos íbamos juntos desde la escuela despertaríamos sospechas. Al terminar las clases me enfilé al parque y ahí estaba Daniela esperándome, se subió al auto y me dio un beso en la boca. Fuimos a un restaurante italiano a comer. Ella se tomo un par de copas de vino tinto durante la comida, lo que la desinhibió un poco. Al terminar de comer me dijo:
- Tengo ganas de un postre. Algo así como de un plátano con mucha crema. Me podrías complacer con ese antojo que tengo?
- Claro, solo que el plátano te lo tengo que dar en otro lado.
- Ah si, en donde?
- En un lugar donde no nos vean por que se les puede antojar, y si se les antoja les vas a tener que convidar.
- No, ese plátano lo quiero solo para mi.
- Ok, entonces vámonos para que te de ese rico postre.
- Mmmmmm no solo se me hizo agua la boca, sino que también mi panochita se hizo agua.
Pagué la cuenta y nos dirigimos a un hotel a las afueras de la ciudad. Durante el camino Daniela me fue sobando la verga sobre mi pantalón. Cuando llegamos ya traía toda mi verga bien parada. Ya dentro de la habitación ella se metió al baño, mientras yo me senté en uno de los sillones. Cuando salió casi me voy de espaldas. Salió del baño sin el vestido solo con un coordinado color rojo. Una tanga de encaje de las que se amarran de las caderas y un brasier que levantaba sus grandes tetas, los zapatos altos hacían que sus ricas nalgas se levantarán más. Camino hacía a mi con pasos muy sensuales.
- Te gusto papi? Preguntó.
- Si, estas hermosa.
Se dio una vuelta para que viera sus nalgas. Tenía unas piernas muy bien torneadas que eran producto de su trabajo como porrista del equipo de futbol de la escuela. Se agachó recargándose en los posabrazos del sillón que estaba frente a mi y haciendo a un lado la tanga abrió sus nalgas.
- Mira mis hoyitos… quieres ver como se mojan?
- Me encantaría.
Se sentó frente a mi y subió una pierna en el descanso del sillón, hizo a un lado la tanga y comenzó a dedearse. Comenzó a sobarse su clítoris con la yema de sus dedos de forma circular y a meter sus dedos dentro de su conchita. El sonido de sus dedos entrando y saliendo era demasiado cachondo. Con sus dedos abrió sus labios para dejarme ver su rica cuevita.
- Mira como se esta empapando.
Cuando saco sus dedos, un hilo de miel color perla comenzó a escurrir de su panocha, bajando y acariciando su culo. Me saqué la verga que ya estaba bien parada y comencé a chaqueteármela.
- mmmm… Mira que rica se te puso la verga. Me la vas a meter toda?
- Quieres que te la meta?
- Si, quiero sentirla dentro de esta panochita caliente y mojada.
- La quieres toda adentro?
- Si papi, quiero que la metas hasta el fondo hasta que tus huevos choquen con mi culo… mmm... Ayer en la noche que me dejaste; me bañé y me dí una dedeada muy rica pensando en tu rica verga y lo fabuloso que debe ser sentirla toda dentro de mi.
- Ahorita la vas a sentir.
- No te gustaría probar primero el sabor de mi panochita.
- Si.
Sacó sus dedos empapados por sus jugos y embarró sus labios y su lengua con ellos.
- Ven y pruébalos de mis labios.
Me acerque y nos dimos un rico beso donde compartimos ese sabor acre de sus jugos con nuestras lenguas, lo que hizo que la verga se me parara más. Daniela tomo mi verga y comenzó a chaqueteármela mientras nos seguíamos besando. Se acercó y la metió toda a su boca. Comenzó a darme una rica mamada de verga, la chupaba como desesperada. Mientras yo parado frente a ella quien seguía sentada en el sillón desabroché el brasier para meter mi verga entre sus tetas y hacerme una rusa. Cada vez que subía ella recibía mi verga con su boca.
- Que rica verga, me dejó pendeja ayer. Jamás había mamado una verga así de rica.
- Mámala chiquita es toda tuya.
- Si? La quiero solo para mi.
- En este momento es solo tuya.
Por momentos la tomaba entre sus labios y la chupaba fuertemente. Con sus dientes le daba ligeras mordidas a la cabeza, para después volverla a meter a su boca y seguir succionándolas fuertemente. Con la punta de su lengua acariciaba el frenillo lo que hacía que sintiera un escalofrío en la espalda. Volvía a poner mi verga entre sus tetas para que Daniela la apretara con ellas mientras yo subía y bajaba con mi chile acariciando esos dos ricos melones. Por momento bajaba a mamar las tetas que estaba llenas de saliva y de jugos de mi chile, mordía ligeramente sus pezones que ya estaban muy duros, mientras le metía el dedo dentro de su panocha. Saqué mis dedos empapados de sus jugos y se los di para que los probara. Fui bajando y levante sus piernas. Haciendo a un lado su tanga comencé a darle una rica mamada de panocha. Con la punta de mi lengua jugaba con su hinchado clítoris que escurría. Lo tomaba entre mis labios y lo succionaba al mismo tiempo que con la punta de mi lengua le daba masajes de lado a lado.
- Uy… así, así, que rico…. Como haces eso?
- Te gusta?
- Si papi, no pares, no pares por favor.
Daniela se arqueo y comenzó a temblar mientras su panocha comenzó a escurrir chorros de leche mismos que recibía en mi lengua.
- Ahhhh que rico… nadie me había hecho sentir esto. Me vuelves loca, que rico.
La levanté y la lleve a la cama dejando su cabeza colgando en el filo, así, ella boca arriba con la cabeza colgando le di a mamar nuevamente mi verga mientras yo me recosté sobre de ella para seguirle mamando su panocha. Así como estaba, Daniela me chupaba los huevos a su antojo. Nos giramos y quedamos en un rico 69 donde comencé a mamarle su culo mientras con mi dedo jugaba con su clítoris, lo que hizo que ella gritara de placer.
- Uy si papito, que rico, sigue así, así, así, sigue que me voy a venir de nuevo.
Era tanta su calentura que ella levantó mis piernas y comenzó a lamerme el culo, lo que hizo que viera estrellitas y me viniera a chorros en su cuello y espalda, al mismo tiempo que gritaba y se viniera como si estuviera orinando. Nos quedamos recostados extasiados. Daniela se limpio mi leche que había caído en su cuello y hombros y lo lamió. Estaba ante una chavita que no tenía limites.
- Que rica venida papi, nunca me había venido así. Nadie me había hecho sentir esto. Nadie me había dado una mamada en el culo, que rico.
- Ni a mi tampoco me habían mamado el culo.
- Te gustó?
- Mucho.
- Yo nunca había hecho eso, pero la verdad me encantó. Quieres que te vuelva a mamar el culo papi?
- Claro que si.
Yo estaba acostado en medio de la cama, así que Daniela se puso en cuatro patas frente a mi verga y comenzó a mamármela de nuevo. Bajaba y subía con su boca, bajó a los huevos y se metió los dos en la boca. Puso una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas. Pasó su larga lengua de abajo hasta rosar con la punta de su lengua los huevos. Comenzó a lengüetear mi ano con la punta de su lengua. La verga inmediatamente se me paró de nuevo. Daniela me detenía con sus manos las piernas, mientras yo me chaqueteaba. Metió la punta de su lengua en mi culo; que sensación tan rica.
- Te gusta papi?
- Si, por favor sigue.
- Te gusta que sea así de puta… te gusta como te la mama esta puta?
- Si, me encanta que seas así de puta.
- Quieres que sea tu puta?
- Si, quiero que seas mi puta.
- Pues ahorita tu vas a ser mi puto por que te voy a coger con mi lengua.
Daniela comenzó a bombearme con su lengua. Yo sentía muy rico. La verga la tenía al máximo, muy hinchada y escurriendo. Sabía que me podía venir en cualquier momento. Le dije que parara por que ahora se la quería meter. Ella se levantó y se dirigió a al tocador. Se puso de espaldas hincada sobre el banco del tocador e inclinándose hizo de lado su tanga que aún traía puesta dejándome ver sus dos hoyitos. Mirándome me hacía señas con su dedo para que fuera donde estaba ella. Me acerqué con la verga bien parada y le dí una nalgada.
- Ouch papi… que rico. Dame otra.
Le di otra nalgada más fuerte con la que Daniella paró más las nalgas.
- Dame más nalgadas, eso me esta calentando.
Le di toda una serie de nalgadas hasta dejárselas rojas de tanto golpe.
- Ay si papi, pégame por que soy una putona.
- Por que eres una putona?
- Por que tu me haces ser una puta.
- Pues entonces ahora tu vas a ser mi puta, me oíste?
- Si papi, lo que tu me digas.
- Si que?
- Si soy tu puta.
- Repítelo.
- Soy tu puta.
- Más fuerte.
- Soy tu puta.
Le comencé a azotar sus nalgas al mismo tiempo que le ordenaba que gritara que era mi puta. Ella gritaba obedeciendo. Le daba una serie de nalgadas y con mi verga bien parada le sobaba donde la había pegado. Le embarraba mi verga por todas sus nalgas.
- Métemela papi, métemela por favor, ya no aguanto más.
Puse la hinchada cabeza de mi verga en la hendidura de su panocha y le di unos brochazos de arriba hacía abajo.
- Ahhhhh… ya déjamela ir.
Se hacía para atrás queriéndose ensartar mi verga, pero yo retrocedía impidiéndole que la metiera. Le ponía la puntita y empujaba un poco.
- Ya no me hagas sufrir.
- Pídela putita, pídeme que te meta mi verga, suplica ser cogida por mi chile.
- Por favor, cójeme con esa rica verga. Usa a tu puta, úsame para descargar tu leche en mi.
Cuando decía eso le dejé ir toda mi verga de un solo golpe hasta adentro. Ella solo reculo y levanto la cabeza.
- Uy si papito, que rica verga tienes.
La tomé de los cabellos jalándola hacía mi y comencé a bombearla fuertemente mientras le daba de nalgadas. Escuchaba como nuestros cuerpos chocaban generándose un rico sonido. Su panocha comenzó a escurrir sus jugos empapándome los huevos y mi pelvis. Que hermosa se veía mi verga entrando y saliendo de su rica papaya, mientras esta la llenaba de esos juguitos blancos. El olor que despedía su jugosa panocha era encantador. Del movimiento de mis bombeadas su tetas se movían de atrás hacia delante. Por momentos las tomaba con la mano que tenía libre, ya que con la otra le seguía jalando el cabello y las apretaba para apoyarme y empujar toda mi verga hasta adentro. Por momentos sentía como mi verga pegaba con su matriz.
- Ay ay ay ay… así cójeme, así, así, así coge a tu puta.
Saqué mi verga y la hinque para que la chupara. Daniela estaba poseída, tenía los ojos en blanco chupando mi verga.
- Vuélvemela a meter por favor.
La subí a la cama y le levante las piernas para hacerle a un lado la tanga roja que ya estaba empapada de nuestros jugos. Golpee su panocha con mi verga y se la dejé ir de un solo golpe. Daniela solo gritaba cada que recibía mi verga dentro de ella. La tomaba de las caderas y la subía y bajaba mientras tenía mi verga dentro. Subí una pierna sobre el colchón para poder apoyarme mucho mejor y poder meterla hasta el fondo.
- Huy papi que rico, eres buenísimo. Ayer que me metía los dedos pensando en ti, me imaginaba que así me cogías … sigue, sigue cogiéndome así, métela toda hasta adentro.
El mete y saca de mi verga en su panocha hacia una ruido muy cachondo de sus jugos y los míos. Podía sentir con perfecta sensibilidad como cerraba sus paredes vaginales y acariciaba el tronco de mi chile.
Me acosté boca arriba mientras Daniela se montaba en mi para recargar sus labios vaginales en mi verga parada que descansaba en mi abdomen, sobando todo la base de mi parada verga con sus labios. Ella se movía de atrás para adelante rozando su clítoris con mi chile. Sentía como empapaba mi verga con sus jugos que no dejaban de brotarle de su pepa que estaba hirviendo. Paro las nalgas para clavarse mi verga de un solo sentón en esa papaya que seguía pidiendo verga a gritos.
- Huy que rico papi, siento que me va a partir en dos. La siento hasta el ombligo.
Daniela comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo dándose unos ricos sentones en mi hinchada verga como si quisiera acabar con ella.
- Huy que rico siento tu verga.
- Siéntela putita, siente esta verga.
La tomé de las caderas para ayudarle a subir y bajar empujándola hacía abajo cada que se ensartaba mi chile en su papaya y de ese modo le llegara hasta el fondo. Sentía como sus jugos empapaban hasta mi abdomen, mis ingles, y como sus jugos escurrían por mi huevos hasta mojarme el culo.
Nos giramos quedando ella abajo, por lo que la tome de los tobillos para abrirla en compas y bombear fuertemente dentro de ella. Cada que la empujaba fuertemente sus tetas se agitaban creando una danza muy rica. Daniela apretaba mi verga con sus paredes vaginales lo que me generaba una mayor sensación placentera en mi chile. El ver como su panocha acariciaba mi verga en cada metida y sacada hizo que no aguantara mucho y sacando mi verga de su panocha me vine en sus ricas tetas y boca de Daniela.
- Ahhhh papi que rica esta tu leche, me encanta comerla.
La leche que quedó en sus tetas Daniela la tomo con sus dedos y se la metió a la boca para devorarla como una autentica come mocos. Tomo mi verga y la succiono fuerte para no dejar ninguna gota de mi leche dentro de mi pito. Nos tiramos en la cama exhaustos por tan rico palo. Después de descansar un rato nos metimos a bañar donde continuamos con el cachondeo. Mientras nos enjabonábamos el cuerpo Daniela se hincó para mamarme la verga mientras me metía un dedo en el culo, lo que hizo que la verga se me pusiera tiesa de nueva cuenta. Por lo que la puse de pie para recargarla de frente a la pared, levanté sus nalgas y se la deje ir por el culo llenando mi verga de lubricante a base de agua. Cuando le entró la punta Daniela reculó y lanzó un grito, por lo que me quedé quieto para que su culo se acostumbrara al grosor de mi chile. Una vez que se acostumbró fue ella misma quien comenzó a hacerse para atrás lentamente comiéndose toda mi verga. Por lo que comencé a moverme de atrás hacia delante lentamente para no lastimarla ya que era la primera vez que se la metían por el culo.
- Huy! que rico, que sensación más deliciosa. Sigue moviéndote así de rico papito, sígueme cogiendo por el culito.
- Te gusta perrita, te gusta como te culea tu macho?
- Si papi, me encanta tu vergota en mi culo, dame verga por el culo, ahora si soy toda una putota por que me gusta la verga por la cola.
Mientas la bombeaba con mi mano sobaba su hinchado clítoris haciendo que Daniela se pusiera mucho más caliente.
- Así papi, así, culéame así, culea a tu nueva puta.
Comencé a acelerar los movimientos de mete y saca que combinados con las estreches de su culo hicieron que me viniera de nueva cuenta pero ahora dentro del culo de Daniela. Descargue rico chorros de leche en el intestino de mi alumna quien a partir de ese momento se convirtió en mi amante. Y no solo ella, sino que ella misma invitó a varias de sus compañeras a coger con nosotros en muchas ocasiones. Cuando ese día terminamos, ya era de noche, por lo que nos bañamos y llevé a Daniela a su casa. Cuando llegamos a su casa su madre estaba afuera con una vecina platicando, me saludó amablemente y me pidió una cita ya que quería hablar conmigo de algunas cosas relacionadas con Daniela. Cabe decir que esa cita se convirtió no solo en una, sino en varias donde terminé cogiendo con la mamá de Daniela. Así que tenía como amantes a la mamá y a la hija. Espero en algún momento poder convencerlas para que hagamos un trio. Si sucede, créanme que se los haré saber.
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Posted by padriniux 3 years ago  |  Categories: Hardcore  |  Views: 199  |  
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Mi Rica Alumna.

Soy maestro de preparatoria en uno de los colegios particulares más prestigiados de mi ciudad. Trabajo con los que cursan el 3er. Grado y que están a punto de irse a la universidad. En estos colegios asisten muchos hijos de las familias más acomodadas económicamente hablando de la ciudad. Estos chavos por el modo de vida que llevan están acostumbrado a hacer lo que les venga en gana. Se la pasan en constante reventón consumiendo alcohol y drogas, además de llevar una vida sexual promiscua. Muchas de las veces se acercaban a mi para pedirme algún consejo, por lo que trataba de ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Fue así como me hice de los profesores favoritos de la preparatoria. Las chicas se me acercaban a contarme sus problemas, y llegué a ganarme el aprecio de la gran parte del alumnado, a tal grado que me invitaban a sus fiestas. En ocasiones iba, pero en otras no por que es importante marcar un limite.
En una ocasión un grupo me invitó a una reunión en la casa de uno de ellos, asistí con la intención de solo hacer acto de presencia y no rechazar la invitación. Así que llegue a esa hermosa casa en medio del bosque al norte de la ciudad. Ahí estaba todo el salón bebiendo, bailando y pasando un rato agradable. Cuando llegue, inmediatamente me abordó Daniela, una alumna que no era muy brillante pero si agradable. En cuanto me vio se me acercó y me dijo:
- Hoy si vas a bailar conmigo, verdad?
- Por supuesto que si Daniela.
Al acercarse a saludarme con un beso y un abrazo pude percibir el aliento alcohólico que ya traía. Le pedí que me permitiera saludar a todos. Yo no bebo alcohol, así que me serví un refresco, después de darle el primer trago ya tenía a Daniela pidiéndome que bailáramos, así que accedí y fuimos a lo que habían acondicionado como pista de baile en el jardín. Estuvimos durante un rato bailando mientras platicábamos. Daniela bailaba de una manera que hasta cierto punto se me hizo un poco exagerado, con movimientos muy cachondos mientras me miraba de una manera poco usual, lo cual me incomodo un poco por estar en un contexto donde tengo que guardar una cierta compostura. Así que le dije que quería beber algo, nos acercamos a la barra y pedí otro refresco. Algunas compañeras se acercaron a saludarme y a platicar conmigo. Daniela un poco más ebria hacia bromas de que ella venía conmigo y que se calmaran si me querían hacer algo por que yo tenía pareja esa tarde. Me abrazaba y me decía que yo era su pareja esa tarde. Las amigas hacían bromas diciéndome que ya había ligado, que si quería dormir calientito esa noche solo tenía que llevarla conmigo. Algunas más atrevidas hacían bromas diciendo que si se iban con nosotros y hacíamos un trío o una orgía donde yo solo fuera el hombre. Yo entraba a la dinámica cuidando mis comentarios. Ya en los humos del alcohol decidieron salir al bosque a jugar, así que todo el grupo nos fuimos hacía al bosque donde estuvimos un tiempo, cuando ya estaba anocheciendo comenzó a llover. Sin protección alguna el agua caía sobre nosotros, lo que fue usado para jugar y festejar el hecho. Decidí regresarme por que ya estaba completamente empapado, además de que ya era noche y regresar en la carretera con lluvia era un tanto peligroso. Así que me despedí de algunos por que una gran mayoría ya estaba perdidos en el bosque fajando, algunos imagino que cogiendo. Daniela me pidió que le diera un raid, así que comenzamos a caminar en el bosque de regreso a la casa donde había dejado estacionado mi coche. Durante el trayecto se soltó nuevamente la lluvia mucho más fuerte, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo la entrada de una casa en construcción. En un momento Daniela me dijo que tenía mucho frío y se acercó a mi para que la abrazara, y así lo hice. La abracé mientras ella metió su cara bajo mi cuello. Daniela es una chica de 18 años de estatura promedio, morena clara, unas enormes tetas, redondas y paradas, unas anchas caderas, nalgas paradas. Ella es muy bonita, cabello lacio, una sonrisa encantadora. Sentir sus tetas como las pegaba en mi cuerpo, hizo que la verga se me parara.
- Hueles muy rico. Me dijo.
- Te gusta?
- Si me encanta, hasta me dan ganas de darte una mordida en el cuello.
- No por que me dejarías una marca y se iba a ver muy mal.
- Y si no te dejo marca me dejarías morderte?
- Y como piensas hacerle para no dejar marca?
Sin decir nada comenzó a mordisquear mi cuello con sus labios, lo que inmediatamente hizo que la verga se me parara aún más. Ella lo sintió por que inmediatamente bajo su mano y comenzó a sobarla sobre el pantalón.
- Que tienes aquí?... mmm..... que rico paquete.
Sin decir nada más comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras la acercaba a mi para que sintiera mi fierro parado en su panocha. La jalaba de las nalgas subiéndola y bajándola restregando su pepa en mi chile bien parado. Tomé sus grandes tetas entre mis manos y comencé a darle un rico masaje mientras nos seguíamos besando. Le dije que nos fuéramos de ahí por que alguien que decidiera regresarse nos podría ver. Yo ya iba con la verga escurriendo. Llegamos al coche nos subimos y tomé la carretera,. Al encontrar una vereda, metí el coche ahí donde nadie nos viera. Apagué el coche y comenzamos a fajar nuevamente, comencé a sobarle su panocha sobre el pantalón mojado mientras subí su playera y bajé su brasier para dejar ver un par de melones enormes con el pezón hinchado por el frío y por la mamada que comencé a darle, ella solo suspiraba.
- Que rico…. Ahhh…
Le desabroché el pantalón y me detuvo diciéndome que le estaba bajando, que estaba en el último día de su regla. No continué ya que no quería incomodarla. Ella desabrochó mi pantalón para dejar salir mis 21 cm. de verga que ya estaba sumamente hinchada de la excitación, la cabeza estaba empapada de rica miel.
- Wow es enorme, nunca había visto una verga así de grande.
La tomo con su mano y comenzó a chaqueteármela , subía y bajaba con su mano, mientras con la otra tomaba mis afeitados huevos y los sobaba. Recliné mi asiento para que pudiera hacerlo mejor. Me estaba masturbando muy rico. Yo solo veía su cara clavada en mi verga.
- Tienes un pito hermoso… puedo?
- Por favor.
Pasó su lengua por todo el tronco de mi chile, lo que hizo que el cuerpo se me enchinara. Con la punta de su lengua comenzó a sobarme el frenillo, estaba a punto de enloquecer. De pronto la metió a su boca y comenzó a succionarla de una manera colosal, subía y baja apretándola entres sus labios, cuando la sacaba succionaba muy fuerte lo que hacía que sintiera que se me iba el alma. Bajaba a mis huevos y los lamia y succionaba. La volvió a meter en su boca y comenzó a mamar cada vez más rápido y fuerte. No aguanté mucho y me vine en un torrente de mocos dentro de su boca. Daniela no dejo escapar ni una sola gota de mi leche. Los dejo en su boca y enseñándome como hacía gárgaras con ellos se lo pasó. Nos dimos un rico beso agradeciéndonos mutuamente ese rico momento. Ya de regreso por la carretera platicamos de los sucedido.
- Que rica verga tienes… te sabe muy rica, tu leche también es muy rica. Me encantaría sentirla dentro de mi, pero no así como estoy ahora.
- Tu me dices cuando y yo encantado de metértela.
- Que te parece mañana saliendo de la escuela? Le digo a mi mamá que iré a comer a la casa de Fernanda y que después iremos al cine, y así tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos. Como vez?
- Me parece perfecto.
La llevé a su casa y antes de bajarse nos dimos un rico beso con lo que sellamos nuestro trato de vernos al otro día para coger.
Al día siguiente era Viernes por lo que los alumnos asisten sin uniforme. Daniela vestía un vestido de una sola pieza color rosa con filos negros, unos zapatos altos de color negro, se veía hermosa. Muchos alumnos no asistieron debido a la fiesta de un día antes. Habíamos acordado vernos en un parque cerca de la escuela para de ahí irnos, ya que si nos íbamos juntos desde la escuela despertaríamos sospechas. Al terminar las clases me enfilé al parque y ahí estaba Daniela esperándome, se subió al auto y me dio un beso en la boca. Fuimos a un restaurante italiano a comer. Ella se tomo un par de copas de vino tinto durante la comida, lo que la desinhibió un poco. Al terminar de comer me dijo:
- Tengo ganas de un postre. Algo así como de un plátano con mucha crema. Me podrías complacer con ese antojo que tengo?
- Claro, solo que el plátano te lo tengo que dar en otro lado.
- Ah si, en donde?
- En un lugar donde no nos vean por que se les puede antojar, y si se les antoja les vas a tener que convidar.
- No, ese plátano lo quiero solo para mi.
- Ok, entonces vámonos para que te de ese rico postre.
- Mmmmmm no solo se me hizo agua la boca, sino que también mi panochita se hizo agua.
Pagué la cuenta y nos dirigimos a un hotel a las afueras de la ciudad. Durante el camino Daniela me fue sobando la verga sobre mi pantalón. Cuando llegamos ya traía toda mi verga bien parada. Ya dentro de la habitación ella se metió al baño, mientras yo me senté en uno de los sillones. Cuando salió casi me voy de espaldas. Salió del baño sin el vestido solo con un coordinado color rojo. Una tanga de encaje de las que se amarran de las caderas y un brasier que levantaba sus grandes tetas, los zapatos altos hacían que sus ricas nalgas se levantarán más. Camino hacía a mi con pasos muy sensuales.
- Te gusto papi? Preguntó.
- Si, estas hermosa.
Se dio una vuelta para que viera sus nalgas. Tenía unas piernas muy bien torneadas que eran producto de su trabajo como porrista del equipo de futbol de la escuela. Se agachó recargándose en los posabrazos del sillón que estaba frente a mi y haciendo a un lado la tanga abrió sus nalgas.
- Mira mis hoyitos… quieres ver como se mojan?
- Me encantaría.
Se sentó frente a mi y subió una pierna en el descanso del sillón, hizo a un lado la tanga y comenzó a dedearse. Comenzó a sobarse su clítoris con la yema de sus dedos de forma circular y a meter sus dedos dentro de su conchita. El sonido de sus dedos entrando y saliendo era demasiado cachondo. Con sus dedos abrió sus labios para dejarme ver su rica cuevita.
- Mira como se esta empapando.
Cuando saco sus dedos, un hilo de miel color perla comenzó a escurrir de su panocha, bajando y acariciando su culo. Me saqué la verga que ya estaba bien parada y comencé a chaqueteármela.
- mmmm… Mira que rica se te puso la verga. Me la vas a meter toda?
- Quieres que te la meta?
- Si, quiero sentirla dentro de esta panochita caliente y mojada.
- La quieres toda adentro?
- Si papi, quiero que la metas hasta el fondo hasta que tus huevos choquen con mi culo… mmm... Ayer en la noche que me dejaste; me bañé y me dí una dedeada muy rica pensando en tu rica verga y lo fabuloso que debe ser sentirla toda dentro de mi.
- Ahorita la vas a sentir.
- No te gustaría probar primero el sabor de mi panochita.
- Si.
Sacó sus dedos empapados por sus jugos y embarró sus labios y su lengua con ellos.
- Ven y pruébalos de mis labios.
Me acerque y nos dimos un rico beso donde compartimos ese sabor acre de sus jugos con nuestras lenguas, lo que hizo que la verga se me parara más. Daniela tomo mi verga y comenzó a chaqueteármela mientras nos seguíamos besando. Se acercó y la metió toda a su boca. Comenzó a darme una rica mamada de verga, la chupaba como desesperada. Mientras yo parado frente a ella quien seguía sentada en el sillón desabroché el brasier para meter mi verga entre sus tetas y hacerme una rusa. Cada vez que subía ella recibía mi verga con su boca.
- Que rica verga, me dejó pendeja ayer. Jamás había mamado una verga así de rica.
- Mámala chiquita es toda tuya.
- Si? La quiero solo para mi.
- En este momento es solo tuya.
Por momentos la tomaba entre sus labios y la chupaba fuertemente. Con sus dientes le daba ligeras mordidas a la cabeza, para después volverla a meter a su boca y seguir succionándolas fuertemente. Con la punta de su lengua acariciaba el frenillo lo que hacía que sintiera un escalofrío en la espalda. Volvía a poner mi verga entre sus tetas para que Daniela la apretara con ellas mientras yo subía y bajaba con mi chile acariciando esos dos ricos melones. Por momento bajaba a mamar las tetas que estaba llenas de saliva y de jugos de mi chile, mordía ligeramente sus pezones que ya estaban muy duros, mientras le metía el dedo dentro de su panocha. Saqué mis dedos empapados de sus jugos y se los di para que los probara. Fui bajando y levante sus piernas. Haciendo a un lado su tanga comencé a darle una rica mamada de panocha. Con la punta de mi lengua jugaba con su hinchado clítoris que escurría. Lo tomaba entre mis labios y lo succionaba al mismo tiempo que con la punta de mi lengua le daba masajes de lado a lado.
- Uy… así, así, que rico…. Como haces eso?
- Te gusta?
- Si papi, no pares, no pares por favor.
Daniela se arqueo y comenzó a temblar mientras su panocha comenzó a escurrir chorros de leche mismos que recibía en mi lengua.
- Ahhhh que rico… nadie me había hecho sentir esto. Me vuelves loca, que rico.
La levanté y la lleve a la cama dejando su cabeza colgando en el filo, así, ella boca arriba con la cabeza colgando le di a mamar nuevamente mi verga mientras yo me recosté sobre de ella para seguirle mamando su panocha. Así como estaba, Daniela me chupaba los huevos a su antojo. Nos giramos y quedamos en un rico 69 donde comencé a mamarle su culo mientras con mi dedo jugaba con su clítoris, lo que hizo que ella gritara de placer.
- Uy si papito, que rico, sigue así, así, así, sigue que me voy a venir de nuevo.
Era tanta su calentura que ella levantó mis piernas y comenzó a lamerme el culo, lo que hizo que viera estrellitas y me viniera a chorros en su cuello y espalda, al mismo tiempo que gritaba y se viniera como si estuviera orinando. Nos quedamos recostados extasiados. Daniela se limpio mi leche que había caído en su cuello y hombros y lo lamió. Estaba ante una chavita que no tenía limites.
- Que rica venida papi, nunca me había venido así. Nadie me había hecho sentir esto. Nadie me había dado una mamada en el culo, que rico.
- Ni a mi tampoco me habían mamado el culo.
- Te gustó?
- Mucho.
- Yo nunca había hecho eso, pero la verdad me encantó. Quieres que te vuelva a mamar el culo papi?
- Claro que si.
Yo estaba acostado en medio de la cama, así que Daniela se puso en cuatro patas frente a mi verga y comenzó a mamármela de nuevo. Bajaba y subía con su boca, bajó a los huevos y se metió los dos en la boca. Puso una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas. Pasó su larga lengua de abajo hasta rosar con la punta de su lengua los huevos. Comenzó a lengüetear mi ano con la punta de su lengua. La verga inmediatamente se me paró de nuevo. Daniela me detenía con sus manos las piernas, mientras yo me chaqueteaba. Metió la punta de su lengua en mi culo; que sensación tan rica.
- Te gusta papi?
- Si, por favor sigue.
- Te gusta que sea así de puta… te gusta como te la mama esta puta?
- Si, me encanta que seas así de puta.
- Quieres que sea tu puta?
- Si, quiero que seas mi puta.
- Pues ahorita tu vas a ser mi puto por que te voy a coger con mi lengua.
Daniela comenzó a bombearme con su lengua. Yo sentía muy rico. La verga la tenía al máximo, muy hinchada y escurriendo. Sabía que me podía venir en cualquier momento. Le dije que parara por que ahora se la quería meter. Ella se levantó y se dirigió a al tocador. Se puso de espaldas hincada sobre el banco del tocador e inclinándose hizo de lado su tanga que aún traía puesta dejándome ver sus dos hoyitos. Mirándome me hacía señas con su dedo para que fuera donde estaba ella. Me acerqué con la verga bien parada y le dí una nalgada.
- Ouch papi… que rico. Dame otra.
Le di otra nalgada más fuerte con la que Daniella paró más las nalgas.
- Dame más nalgadas, eso me esta calentando.
Le di toda una serie de nalgadas hasta dejárselas rojas de tanto golpe.
- Ay si papi, pégame por que soy una putona.
- Por que eres una putona?
- Por que tu me haces ser una puta.
- Pues entonces ahora tu vas a ser mi puta, me oíste?
- Si papi, lo que tu me digas.
- Si que?
- Si soy tu puta.
- Repítelo.
- Soy tu puta.
- Más fuerte.
- Soy tu puta.
Le comencé a azotar sus nalgas al mismo tiempo que le ordenaba que gritara que era mi puta. Ella gritaba obedeciendo. Le daba una serie de nalgadas y con mi verga bien parada le sobaba donde la había pegado. Le embarraba mi verga por todas sus nalgas.
- Métemela papi, métemela por favor, ya no aguanto más.
Puse la hinchada cabeza de mi verga en la hendidura de su panocha y le di unos brochazos de arriba hacía abajo.
- Ahhhhh… ya déjamela ir.
Se hacía para atrás queriéndose ensartar mi verga, pero yo retrocedía impidiéndole que la metiera. Le ponía la puntita y empujaba un poco.
- Ya no me hagas sufrir.
- Pídela putita, pídeme que te meta mi verga, suplica ser cogida por mi chile.
- Por favor, cójeme con esa rica verga. Usa a tu puta, úsame para descargar tu leche en mi.
Cuando decía eso le dejé ir toda mi verga de un solo golpe hasta adentro. Ella solo reculo y levanto la cabeza.
- Uy si papito, que rica verga tienes.
La tomé de los cabellos jalándola hacía mi y comencé a bombearla fuertemente mientras le daba de nalgadas. Escuchaba como nuestros cuerpos chocaban generándose un rico sonido. Su panocha comenzó a escurrir sus jugos empapándome los huevos y mi pelvis. Que hermosa se veía mi verga entrando y saliendo de su rica papaya, mientras esta la llenaba de esos juguitos blancos. El olor que despedía su jugosa panocha era encantador. Del movimiento de mis bombeadas su tetas se movían de atrás hacia delante. Por momentos las tomaba con la mano que tenía libre, ya que con la otra le seguía jalando el cabello y las apretaba para apoyarme y empujar toda mi verga hasta adentro. Por momentos sentía como mi verga pegaba con su matriz.
- Ay ay ay ay… así cójeme, así, así, así coge a tu puta.
Saqué mi verga y la hinque para que la chupara. Daniela estaba poseída, tenía los ojos en blanco chupando mi verga.
- Vuélvemela a meter por favor.
La subí a la cama y le levante las piernas para hacerle a un lado la tanga roja que ya estaba empapada de nuestros jugos. Golpee su panocha con mi verga y se la dejé ir de un solo golpe. Daniela solo gritaba cada que recibía mi verga dentro de ella. La tomaba de las caderas y la subía y bajaba mientras tenía mi verga dentro. Subí una pierna sobre el colchón para poder apoyarme mucho mejor y poder meterla hasta el fondo.
- Huy papi que rico, eres buenísimo. Ayer que me metía los dedos pensando en ti, me imaginaba que así me cogías … sigue, sigue cogiéndome así, métela toda hasta adentro.
El mete y saca de mi verga en su panocha hacia una ruido muy cachondo de sus jugos y los míos. Podía sentir con perfecta sensibilidad como cerraba sus paredes vaginales y acariciaba el tronco de mi chile.
Me acosté boca arriba mientras Daniela se montaba en mi para recargar sus labios vaginales en mi verga parada que descansaba en mi abdomen, sobando todo la base de mi parada verga con sus labios. Ella se movía de atrás para adelante rozando su clítoris con mi chile. Sentía como empapaba mi verga con sus jugos que no dejaban de brotarle de su pepa que estaba hirviendo. Paro las nalgas para clavarse mi verga de un solo sentón en esa papaya que seguía pidiendo verga a gritos.
- Huy que rico papi, siento que me va a partir en dos. La siento hasta el ombligo.
Daniela comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo dándose unos ricos sentones en mi hinchada verga como si quisiera acabar con ella.
- Huy que rico siento tu verga.
- Siéntela putita, siente esta verga.
La tomé de las caderas para ayudarle a subir y bajar empujándola hacía abajo cada que se ensartaba mi chile en su papaya y de ese modo le llegara hasta el fondo. Sentía como sus jugos empapaban hasta mi abdomen, mis ingles, y como sus jugos escurrían por mi huevos hasta mojarme el culo.
Nos giramos quedando ella abajo, por lo que la tome de los tobillos para abrirla en compas y bombear fuertemente dentro de ella. Cada que la empujaba fuertemente sus tetas se agitaban creando una danza muy rica. Daniela apretaba mi verga con sus paredes vaginales lo que me generaba una mayor sensación placentera en mi chile. El ver como su panocha acariciaba mi verga en cada metida y sacada hizo que no aguantara mucho y sacando mi verga de su panocha me vine en sus ricas tetas y boca de Daniela.
- Ahhhh papi que rica esta tu leche, me encanta comerla.
La leche que quedó en sus tetas Daniela la tomo con sus dedos y se la metió a la boca para devorarla como una autentica come mocos. Tomo mi verga y la succiono fuerte para no dejar ninguna gota de mi leche dentro de mi pito. Nos tiramos en la cama exhaustos por tan rico palo. Después de descansar un rato nos metimos a bañar donde continuamos con el cachondeo. Mientras nos enjabonábamos el cuerpo Daniela se hincó para mamarme la verga mientras me metía un dedo en el culo, lo que hizo que la verga se me pusiera tiesa de nueva cuenta. Por lo que la puse de pie para recargarla de frente a la pared, levanté sus nalgas y se la deje ir por el culo llenando mi verga de lubricante a base de agua. Cuando le entró la punta Daniela reculó y lanzó un grito, por lo que me quedé quieto para que su culo se acostumbrara al grosor de mi chile. Una vez que se acostumbró fue ella misma quien comenzó a hacerse para atrás lentamente comiéndose toda mi verga. Por lo que comencé a moverme de atrás hacia delante lentamente para no lastimarla ya que era la primera vez que se la metían por el culo.
- Huy! que rico, que sensación más deliciosa. Sigue moviéndote así de rico papito, sígueme cogiendo por el culito.
- Te gusta perrita, te gusta como te culea tu macho?
- Si papi, me encanta tu vergota en mi culo, dame verga por el culo, ahora si soy toda una putota por que me gusta la verga por la cola.
Mientas la bombeaba con mi mano sobaba su hinchado clítoris haciendo que Daniela se pusiera mucho más caliente.
- Así papi, así, culéame así, culea a tu nueva puta.
Comencé a acelerar los movimientos de mete y saca que combinados con las estreches de su culo hicieron que me viniera de nueva cuenta pero ahora dentro del culo de Daniela. Descargue rico chorros de leche en el intestino de mi alumna quien a partir de ese momento se convirtió en mi amante. Y no solo ella, sino que ella misma invitó a varias de sus compañeras a coger con nosotros en muchas ocasiones. Cuando ese día terminamos, ya era de noche, por lo que nos bañamos y llevé a Daniela a su casa. Cuando llegamos a su casa su madre estaba afuera con una vecina platicando, me saludó amablemente y me pidió una cita ya que quería hablar conmigo de algunas cosas relacionadas con Daniela. Cabe decir que esa cita se convirtió no solo en una, sino en varias donde terminé cogiendo con la mamá de Daniela. Así que tenía como amantes a la mamá y a la hija. Espero en algún momento poder convencerlas para que hagamos un trio. Si sucede, créanme que se los haré saber.
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Posted by padriniux 3 years ago  |  Categories: Hardcore  |  Views: 953  |  
100%

Mi Rica Alumna.

Soy maestro de preparatoria en uno de los colegios particulares más prestigiados de mi ciudad. Trabajo con los que cursan el 3er. Grado y que están a punto de irse a la universidad. En estos colegios asisten muchos hijos de las familias más acomodadas económicamente hablando de la ciudad. Estos chavos por el modo de vida que llevan están acostumbrado a hacer lo que les venga en gana. Se la pasan en constante reventón consumiendo alcohol y drogas, además de llevar una vida sexual promiscua. Muchas de las veces se acercaban a mi para pedirme algún consejo, por lo que trataba de ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Fue así como me hice de los profesores favoritos de la preparatoria. Las chicas se me acercaban a contarme sus problemas, y llegué a ganarme el aprecio de la gran parte del alumnado, a tal grado que me invitaban a sus fiestas. En ocasiones iba, pero en otras no por que es importante marcar un limite.
En una ocasión un grupo me invitó a una reunión en la casa de uno de ellos, asistí con la intención de solo hacer acto de presencia y no rechazar la invitación. Así que llegue a esa hermosa casa en medio del bosque al norte de la ciudad. Ahí estaba todo el salón bebiendo, bailando y pasando un rato agradable. Cuando llegue, inmediatamente me abordó Daniela, una alumna que no era muy brillante pero si agradable. En cuanto me vio se me acercó y me dijo:
- Hoy si vas a bailar conmigo, verdad?
- Por supuesto que si Daniela.
Al acercarse a saludarme con un beso y un abrazo pude percibir el aliento alcohólico que ya traía. Le pedí que me permitiera saludar a todos. Yo no bebo alcohol, así que me serví un refresco, después de darle el primer trago ya tenía a Daniela pidiéndome que bailáramos, así que accedí y fuimos a lo que habían acondicionado como pista de baile en el jardín. Estuvimos durante un rato bailando mientras platicábamos. Daniela bailaba de una manera que hasta cierto punto se me hizo un poco exagerado, con movimientos muy cachondos mientras me miraba de una manera poco usual, lo cual me incomodo un poco por estar en un contexto donde tengo que guardar una cierta compostura. Así que le dije que quería beber algo, nos acercamos a la barra y pedí otro refresco. Algunas compañeras se acercaron a saludarme y a platicar conmigo. Daniela un poco más ebria hacia bromas de que ella venía conmigo y que se calmaran si me querían hacer algo por que yo tenía pareja esa tarde. Me abrazaba y me decía que yo era su pareja esa tarde. Las amigas hacían bromas diciéndome que ya había ligado, que si quería dormir calientito esa noche solo tenía que llevarla conmigo. Algunas más atrevidas hacían bromas diciendo que si se iban con nosotros y hacíamos un trío o una orgía donde yo solo fuera el hombre. Yo entraba a la dinámica cuidando mis comentarios. Ya en los humos del alcohol decidieron salir al bosque a jugar, así que todo el grupo nos fuimos hacía al bosque donde estuvimos un tiempo, cuando ya estaba anocheciendo comenzó a llover. Sin protección alguna el agua caía sobre nosotros, lo que fue usado para jugar y festejar el hecho. Decidí regresarme por que ya estaba completamente empapado, además de que ya era noche y regresar en la carretera con lluvia era un tanto peligroso. Así que me despedí de algunos por que una gran mayoría ya estaba perdidos en el bosque fajando, algunos imagino que cogiendo. Daniela me pidió que le diera un raid, así que comenzamos a caminar en el bosque de regreso a la casa donde había dejado estacionado mi coche. Durante el trayecto se soltó nuevamente la lluvia mucho más fuerte, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo la entrada de una casa en construcción. En un momento Daniela me dijo que tenía mucho frío y se acercó a mi para que la abrazara, y así lo hice. La abracé mientras ella metió su cara bajo mi cuello. Daniela es una chica de 18 años de estatura promedio, morena clara, unas enormes tetas, redondas y paradas, unas anchas caderas, nalgas paradas. Ella es muy bonita, cabello lacio, una sonrisa encantadora. Sentir sus tetas como las pegaba en mi cuerpo, hizo que la verga se me parara.
- Hueles muy rico. Me dijo.
- Te gusta?
- Si me encanta, hasta me dan ganas de darte una mordida en el cuello.
- No por que me dejarías una marca y se iba a ver muy mal.
- Y si no te dejo marca me dejarías morderte?
- Y como piensas hacerle para no dejar marca?
Sin decir nada comenzó a mordisquear mi cuello con sus labios, lo que inmediatamente hizo que la verga se me parara aún más. Ella lo sintió por que inmediatamente bajo su mano y comenzó a sobarla sobre el pantalón.
- Que tienes aquí?... mmm..... que rico paquete.
Sin decir nada más comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras la acercaba a mi para que sintiera mi fierro parado en su panocha. La jalaba de las nalgas subiéndola y bajándola restregando su pepa en mi chile bien parado. Tomé sus grandes tetas entre mis manos y comencé a darle un rico masaje mientras nos seguíamos besando. Le dije que nos fuéramos de ahí por que alguien que decidiera regresarse nos podría ver. Yo ya iba con la verga escurriendo. Llegamos al coche nos subimos y tomé la carretera,. Al encontrar una vereda, metí el coche ahí donde nadie nos viera. Apagué el coche y comenzamos a fajar nuevamente, comencé a sobarle su panocha sobre el pantalón mojado mientras subí su playera y bajé su brasier para dejar ver un par de melones enormes con el pezón hinchado por el frío y por la mamada que comencé a darle, ella solo suspiraba.
- Que rico…. Ahhh…
Le desabroché el pantalón y me detuvo diciéndome que le estaba bajando, que estaba en el último día de su regla. No continué ya que no quería incomodarla. Ella desabrochó mi pantalón para dejar salir mis 21 cm. de verga que ya estaba sumamente hinchada de la excitación, la cabeza estaba empapada de rica miel.
- Wow es enorme, nunca había visto una verga así de grande.
La tomo con su mano y comenzó a chaqueteármela , subía y bajaba con su mano, mientras con la otra tomaba mis afeitados huevos y los sobaba. Recliné mi asiento para que pudiera hacerlo mejor. Me estaba masturbando muy rico. Yo solo veía su cara clavada en mi verga.
- Tienes un pito hermoso… puedo?
- Por favor.
Pasó su lengua por todo el tronco de mi chile, lo que hizo que el cuerpo se me enchinara. Con la punta de su lengua comenzó a sobarme el frenillo, estaba a punto de enloquecer. De pronto la metió a su boca y comenzó a succionarla de una manera colosal, subía y baja apretándola entres sus labios, cuando la sacaba succionaba muy fuerte lo que hacía que sintiera que se me iba el alma. Bajaba a mis huevos y los lamia y succionaba. La volvió a meter en su boca y comenzó a mamar cada vez más rápido y fuerte. No aguanté mucho y me vine en un torrente de mocos dentro de su boca. Daniela no dejo escapar ni una sola gota de mi leche. Los dejo en su boca y enseñándome como hacía gárgaras con ellos se lo pasó. Nos dimos un rico beso agradeciéndonos mutuamente ese rico momento. Ya de regreso por la carretera platicamos de los sucedido.
- Que rica verga tienes… te sabe muy rica, tu leche también es muy rica. Me encantaría sentirla dentro de mi, pero no así como estoy ahora.
- Tu me dices cuando y yo encantado de metértela.
- Que te parece mañana saliendo de la escuela? Le digo a mi mamá que iré a comer a la casa de Fernanda y que después iremos al cine, y así tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos. Como vez?
- Me parece perfecto.
La llevé a su casa y antes de bajarse nos dimos un rico beso con lo que sellamos nuestro trato de vernos al otro día para coger.
Al día siguiente era Viernes por lo que los alumnos asisten sin uniforme. Daniela vestía un vestido de una sola pieza color rosa con filos negros, unos zapatos altos de color negro, se veía hermosa. Muchos alumnos no asistieron debido a la fiesta de un día antes. Habíamos acordado vernos en un parque cerca de la escuela para de ahí irnos, ya que si nos íbamos juntos desde la escuela despertaríamos sospechas. Al terminar las clases me enfilé al parque y ahí estaba Daniela esperándome, se subió al auto y me dio un beso en la boca. Fuimos a un restaurante italiano a comer. Ella se tomo un par de copas de vino tinto durante la comida, lo que la desinhibió un poco. Al terminar de comer me dijo:
- Tengo ganas de un postre. Algo así como de un plátano con mucha crema. Me podrías complacer con ese antojo que tengo?
- Claro, solo que el plátano te lo tengo que dar en otro lado.
- Ah si, en donde?
- En un lugar donde no nos vean por que se les puede antojar, y si se les antoja les vas a tener que convidar.
- No, ese plátano lo quiero solo para mi.
- Ok, entonces vámonos para que te de ese rico postre.
- Mmmmmm no solo se me hizo agua la boca, sino que también mi panochita se hizo agua.
Pagué la cuenta y nos dirigimos a un hotel a las afueras de la ciudad. Durante el camino Daniela me fue sobando la verga sobre mi pantalón. Cuando llegamos ya traía toda mi verga bien parada. Ya dentro de la habitación ella se metió al baño, mientras yo me senté en uno de los sillones. Cuando salió casi me voy de espaldas. Salió del baño sin el vestido solo con un coordinado color rojo. Una tanga de encaje de las que se amarran de las caderas y un brasier que levantaba sus grandes tetas, los zapatos altos hacían que sus ricas nalgas se levantarán más. Camino hacía a mi con pasos muy sensuales.
- Te gusto papi? Preguntó.
- Si, estas hermosa.
Se dio una vuelta para que viera sus nalgas. Tenía unas piernas muy bien torneadas que eran producto de su trabajo como porrista del equipo de futbol de la escuela. Se agachó recargándose en los posabrazos del sillón que estaba frente a mi y haciendo a un lado la tanga abrió sus nalgas.
- Mira mis hoyitos… quieres ver como se mojan?
- Me encantaría.
Se sentó frente a mi y subió una pierna en el descanso del sillón, hizo a un lado la tanga y comenzó a dedearse. Comenzó a sobarse su clítoris con la yema de sus dedos de forma circular y a meter sus dedos dentro de su conchita. El sonido de sus dedos entrando y saliendo era demasiado cachondo. Con sus dedos abrió sus labios para dejarme ver su rica cuevita.
- Mira como se esta empapando.
Cuando saco sus dedos, un hilo de miel color perla comenzó a escurrir de su panocha, bajando y acariciando su culo. Me saqué la verga que ya estaba bien parada y comencé a chaqueteármela.
- mmmm… Mira que rica se te puso la verga. Me la vas a meter toda?
- Quieres que te la meta?
- Si, quiero sentirla dentro de esta panochita caliente y mojada.
- La quieres toda adentro?
- Si papi, quiero que la metas hasta el fondo hasta que tus huevos choquen con mi culo… mmm... Ayer en la noche que me dejaste; me bañé y me dí una dedeada muy rica pensando en tu rica verga y lo fabuloso que debe ser sentirla toda dentro de mi.
- Ahorita la vas a sentir.
- No te gustaría probar primero el sabor de mi panochita.
- Si.
Sacó sus dedos empapados por sus jugos y embarró sus labios y su lengua con ellos.
- Ven y pruébalos de mis labios.
Me acerque y nos dimos un rico beso donde compartimos ese sabor acre de sus jugos con nuestras lenguas, lo que hizo que la verga se me parara más. Daniela tomo mi verga y comenzó a chaqueteármela mientras nos seguíamos besando. Se acercó y la metió toda a su boca. Comenzó a darme una rica mamada de verga, la chupaba como desesperada. Mientras yo parado frente a ella quien seguía sentada en el sillón desabroché el brasier para meter mi verga entre sus tetas y hacerme una rusa. Cada vez que subía ella recibía mi verga con su boca.
- Que rica verga, me dejó pendeja ayer. Jamás había mamado una verga así de rica.
- Mámala chiquita es toda tuya.
- Si? La quiero solo para mi.
- En este momento es solo tuya.
Por momentos la tomaba entre sus labios y la chupaba fuertemente. Con sus dientes le daba ligeras mordidas a la cabeza, para después volverla a meter a su boca y seguir succionándolas fuertemente. Con la punta de su lengua acariciaba el frenillo lo que hacía que sintiera un escalofrío en la espalda. Volvía a poner mi verga entre sus tetas para que Daniela la apretara con ellas mientras yo subía y bajaba con mi chile acariciando esos dos ricos melones. Por momento bajaba a mamar las tetas que estaba llenas de saliva y de jugos de mi chile, mordía ligeramente sus pezones que ya estaban muy duros, mientras le metía el dedo dentro de su panocha. Saqué mis dedos empapados de sus jugos y se los di para que los probara. Fui bajando y levante sus piernas. Haciendo a un lado su tanga comencé a darle una rica mamada de panocha. Con la punta de mi lengua jugaba con su hinchado clítoris que escurría. Lo tomaba entre mis labios y lo succionaba al mismo tiempo que con la punta de mi lengua le daba masajes de lado a lado.
- Uy… así, así, que rico…. Como haces eso?
- Te gusta?
- Si papi, no pares, no pares por favor.
Daniela se arqueo y comenzó a temblar mientras su panocha comenzó a escurrir chorros de leche mismos que recibía en mi lengua.
- Ahhhh que rico… nadie me había hecho sentir esto. Me vuelves loca, que rico.
La levanté y la lleve a la cama dejando su cabeza colgando en el filo, así, ella boca arriba con la cabeza colgando le di a mamar nuevamente mi verga mientras yo me recosté sobre de ella para seguirle mamando su panocha. Así como estaba, Daniela me chupaba los huevos a su antojo. Nos giramos y quedamos en un rico 69 donde comencé a mamarle su culo mientras con mi dedo jugaba con su clítoris, lo que hizo que ella gritara de placer.
- Uy si papito, que rico, sigue así, así, así, sigue que me voy a venir de nuevo.
Era tanta su calentura que ella levantó mis piernas y comenzó a lamerme el culo, lo que hizo que viera estrellitas y me viniera a chorros en su cuello y espalda, al mismo tiempo que gritaba y se viniera como si estuviera orinando. Nos quedamos recostados extasiados. Daniela se limpio mi leche que había caído en su cuello y hombros y lo lamió. Estaba ante una chavita que no tenía limites.
- Que rica venida papi, nunca me había venido así. Nadie me había hecho sentir esto. Nadie me había dado una mamada en el culo, que rico.
- Ni a mi tampoco me habían mamado el culo.
- Te gustó?
- Mucho.
- Yo nunca había hecho eso, pero la verdad me encantó. Quieres que te vuelva a mamar el culo papi?
- Claro que si.
Yo estaba acostado en medio de la cama, así que Daniela se puso en cuatro patas frente a mi verga y comenzó a mamármela de nuevo. Bajaba y subía con su boca, bajó a los huevos y se metió los dos en la boca. Puso una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas. Pasó su larga lengua de abajo hasta rosar con la punta de su lengua los huevos. Comenzó a lengüetear mi ano con la punta de su lengua. La verga inmediatamente se me paró de nuevo. Daniela me detenía con sus manos las piernas, mientras yo me chaqueteaba. Metió la punta de su lengua en mi culo; que sensación tan rica.
- Te gusta papi?
- Si, por favor sigue.
- Te gusta que sea así de puta… te gusta como te la mama esta puta?
- Si, me encanta que seas así de puta.
- Quieres que sea tu puta?
- Si, quiero que seas mi puta.
- Pues ahorita tu vas a ser mi puto por que te voy a coger con mi lengua.
Daniela comenzó a bombearme con su lengua. Yo sentía muy rico. La verga la tenía al máximo, muy hinchada y escurriendo. Sabía que me podía venir en cualquier momento. Le dije que parara por que ahora se la quería meter. Ella se levantó y se dirigió a al tocador. Se puso de espaldas hincada sobre el banco del tocador e inclinándose hizo de lado su tanga que aún traía puesta dejándome ver sus dos hoyitos. Mirándome me hacía señas con su dedo para que fuera donde estaba ella. Me acerqué con la verga bien parada y le dí una nalgada.
- Ouch papi… que rico. Dame otra.
Le di otra nalgada más fuerte con la que Daniella paró más las nalgas.
- Dame más nalgadas, eso me esta calentando.
Le di toda una serie de nalgadas hasta dejárselas rojas de tanto golpe.
- Ay si papi, pégame por que soy una putona.
- Por que eres una putona?
- Por que tu me haces ser una puta.
- Pues entonces ahora tu vas a ser mi puta, me oíste?
- Si papi, lo que tu me digas.
- Si que?
- Si soy tu puta.
- Repítelo.
- Soy tu puta.
- Más fuerte.
- Soy tu puta.
Le comencé a azotar sus nalgas al mismo tiempo que le ordenaba que gritara que era mi puta. Ella gritaba obedeciendo. Le daba una serie de nalgadas y con mi verga bien parada le sobaba donde la había pegado. Le embarraba mi verga por todas sus nalgas.
- Métemela papi, métemela por favor, ya no aguanto más.
Puse la hinchada cabeza de mi verga en la hendidura de su panocha y le di unos brochazos de arriba hacía abajo.
- Ahhhhh… ya déjamela ir.
Se hacía para atrás queriéndose ensartar mi verga, pero yo retrocedía impidiéndole que la metiera. Le ponía la puntita y empujaba un poco.
- Ya no me hagas sufrir.
- Pídela putita, pídeme que te meta mi verga, suplica ser cogida por mi chile.
- Por favor, cójeme con esa rica verga. Usa a tu puta, úsame para descargar tu leche en mi.
Cuando decía eso le dejé ir toda mi verga de un solo golpe hasta adentro. Ella solo reculo y levanto la cabeza.
- Uy si papito, que rica verga tienes.
La tomé de los cabellos jalándola hacía mi y comencé a bombearla fuertemente mientras le daba de nalgadas. Escuchaba como nuestros cuerpos chocaban generándose un rico sonido. Su panocha comenzó a escurrir sus jugos empapándome los huevos y mi pelvis. Que hermosa se veía mi verga entrando y saliendo de su rica papaya, mientras esta la llenaba de esos juguitos blancos. El olor que despedía su jugosa panocha era encantador. Del movimiento de mis bombeadas su tetas se movían de atrás hacia delante. Por momentos las tomaba con la mano que tenía libre, ya que con la otra le seguía jalando el cabello y las apretaba para apoyarme y empujar toda mi verga hasta adentro. Por momentos sentía como mi verga pegaba con su matriz.
- Ay ay ay ay… así cójeme, así, así, así coge a tu puta.
Saqué mi verga y la hinque para que la chupara. Daniela estaba poseída, tenía los ojos en blanco chupando mi verga.
- Vuélvemela a meter por favor.
La subí a la cama y le levante las piernas para hacerle a un lado la tanga roja que ya estaba empapada de nuestros jugos. Golpee su panocha con mi verga y se la dejé ir de un solo golpe. Daniela solo gritaba cada que recibía mi verga dentro de ella. La tomaba de las caderas y la subía y bajaba mientras tenía mi verga dentro. Subí una pierna sobre el colchón para poder apoyarme mucho mejor y poder meterla hasta el fondo.
- Huy papi que rico, eres buenísimo. Ayer que me metía los dedos pensando en ti, me imaginaba que así me cogías … sigue, sigue cogiéndome así, métela toda hasta adentro.
El mete y saca de mi verga en su panocha hacia una ruido muy cachondo de sus jugos y los míos. Podía sentir con perfecta sensibilidad como cerraba sus paredes vaginales y acariciaba el tronco de mi chile.
Me acosté boca arriba mientras Daniela se montaba en mi para recargar sus labios vaginales en mi verga parada que descansaba en mi abdomen, sobando todo la base de mi parada verga con sus labios. Ella se movía de atrás para adelante rozando su clítoris con mi chile. Sentía como empapaba mi verga con sus jugos que no dejaban de brotarle de su pepa que estaba hirviendo. Paro las nalgas para clavarse mi verga de un solo sentón en esa papaya que seguía pidiendo verga a gritos.
- Huy que rico papi, siento que me va a partir en dos. La siento hasta el ombligo.
Daniela comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo dándose unos ricos sentones en mi hinchada verga como si quisiera acabar con ella.
- Huy que rico siento tu verga.
- Siéntela putita, siente esta verga.
La tomé de las caderas para ayudarle a subir y bajar empujándola hacía abajo cada que se ensartaba mi chile en su papaya y de ese modo le llegara hasta el fondo. Sentía como sus jugos empapaban hasta mi abdomen, mis ingles, y como sus jugos escurrían por mi huevos hasta mojarme el culo.
Nos giramos quedando ella abajo, por lo que la tome de los tobillos para abrirla en compas y bombear fuertemente dentro de ella. Cada que la empujaba fuertemente sus tetas se agitaban creando una danza muy rica. Daniela apretaba mi verga con sus paredes vaginales lo que me generaba una mayor sensación placentera en mi chile. El ver como su panocha acariciaba mi verga en cada metida y sacada hizo que no aguantara mucho y sacando mi verga de su panocha me vine en sus ricas tetas y boca de Daniela.
- Ahhhh papi que rica esta tu leche, me encanta comerla.
La leche que quedó en sus tetas Daniela la tomo con sus dedos y se la metió a la boca para devorarla como una autentica come mocos. Tomo mi verga y la succiono fuerte para no dejar ninguna gota de mi leche dentro de mi pito. Nos tiramos en la cama exhaustos por tan rico palo. Después de descansar un rato nos metimos a bañar donde continuamos con el cachondeo. Mientras nos enjabonábamos el cuerpo Daniela se hincó para mamarme la verga mientras me metía un dedo en el culo, lo que hizo que la verga se me pusiera tiesa de nueva cuenta. Por lo que la puse de pie para recargarla de frente a la pared, levanté sus nalgas y se la deje ir por el culo llenando mi verga de lubricante a base de agua. Cuando le entró la punta Daniela reculó y lanzó un grito, por lo que me quedé quieto para que su culo se acostumbrara al grosor de mi chile. Una vez que se acostumbró fue ella misma quien comenzó a hacerse para atrás lentamente comiéndose toda mi verga. Por lo que comencé a moverme de atrás hacia delante lentamente para no lastimarla ya que era la primera vez que se la metían por el culo.
- Huy! que rico, que sensación más deliciosa. Sigue moviéndote así de rico papito, sígueme cogiendo por el culito.
- Te gusta perrita, te gusta como te culea tu macho?
- Si papi, me encanta tu vergota en mi culo, dame verga por el culo, ahora si soy toda una putota por que me gusta la verga por la cola.
Mientas la bombeaba con mi mano sobaba su hinchado clítoris haciendo que Daniela se pusiera mucho más caliente.
- Así papi, así, culéame así, culea a tu nueva puta.
Comencé a acelerar los movimientos de mete y saca que combinados con las estreches de su culo hicieron que me viniera de nueva cuenta pero ahora dentro del culo de Daniela. Descargue rico chorros de leche en el intestino de mi alumna quien a partir de ese momento se convirtió en mi amante. Y no solo ella, sino que ella misma invitó a varias de sus compañeras a coger con nosotros en muchas ocasiones. Cuando ese día terminamos, ya era de noche, por lo que nos bañamos y llevé a Daniela a su casa. Cuando llegamos a su casa su madre estaba afuera con una vecina platicando, me saludó amablemente y me pidió una cita ya que quería hablar conmigo de algunas cosas relacionadas con Daniela. Cabe decir que esa cita se convirtió no solo en una, sino en varias donde terminé cogiendo con la mamá de Daniela. Así que tenía como amantes a la mamá y a la hija. Espero en algún momento poder convencerlas para que hagamos un trio. Si sucede, créanme que se los haré saber.



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Posted by padriniux 3 years ago  |  Categories: Hardcore  |  Views: 236  |  
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Mi Rica Alumna.

Soy maestro de preparatoria en uno de los colegios particulares más prestigiados de mi ciudad. Trabajo con los que cursan el 3er. Grado y que están a punto de irse a la universidad. En estos colegios asisten muchos hijos de las familias más acomodadas económicamente hablando de la ciudad. Estos chavos por el modo de vida que llevan están acostumbrado a hacer lo que les venga en gana. Se la pasan en constante reventón consumiendo alcohol y drogas, además de llevar una vida sexual promiscua. Muchas de las veces se acercaban a mi para pedirme algún consejo, por lo que trataba de ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Fue así como me hice de los profesores favoritos de la preparatoria. Las chicas se me acercaban a contarme sus problemas, y llegué a ganarme el aprecio de la gran parte del alumnado, a tal grado que me invitaban a sus fiestas. En ocasiones iba, pero en otras no por que es importante marcar un limite.
En una ocasión un grupo me invitó a una reunión en la casa de uno de ellos, asistí con la intención de solo hacer acto de presencia y no rechazar la invitación. Así que llegue a esa hermosa casa en medio del bosque al norte de la ciudad. Ahí estaba todo el salón bebiendo, bailando y pasando un rato agradable. Cuando llegue, inmediatamente me abordó Daniela, una alumna que no era muy brillante pero si agradable. En cuanto me vio se me acercó y me dijo:
- Hoy si vas a bailar conmigo, verdad?
- Por supuesto que si Daniela.
Al acercarse a saludarme con un beso y un abrazo pude percibir el aliento alcohólico que ya traía. Le pedí que me permitiera saludar a todos. Yo no bebo alcohol, así que me serví un refresco, después de darle el primer trago ya tenía a Daniela pidiéndome que bailáramos, así que accedí y fuimos a lo que habían acondicionado como pista de baile en el jardín. Estuvimos durante un rato bailando mientras platicábamos. Daniela bailaba de una manera que hasta cierto punto se me hizo un poco exagerado, con movimientos muy cachondos mientras me miraba de una manera poco usual, lo cual me incomodo un poco por estar en un contexto donde tengo que guardar una cierta compostura. Así que le dije que quería beber algo, nos acercamos a la barra y pedí otro refresco. Algunas compañeras se acercaron a saludarme y a platicar conmigo. Daniela un poco más ebria hacia bromas de que ella venía conmigo y que se calmaran si me querían hacer algo por que yo tenía pareja esa tarde. Me abrazaba y me decía que yo era su pareja esa tarde. Las amigas hacían bromas diciéndome que ya había ligado, que si quería dormir calientito esa noche solo tenía que llevarla conmigo. Algunas más atrevidas hacían bromas diciendo que si se iban con nosotros y hacíamos un trío o una orgía donde yo solo fuera el hombre. Yo entraba a la dinámica cuidando mis comentarios. Ya en los humos del alcohol decidieron salir al bosque a jugar, así que todo el grupo nos fuimos hacía al bosque donde estuvimos un tiempo, cuando ya estaba anocheciendo comenzó a llover. Sin protección alguna el agua caía sobre nosotros, lo que fue usado para jugar y festejar el hecho. Decidí regresarme por que ya estaba completamente empapado, además de que ya era noche y regresar en la carretera con lluvia era un tanto peligroso. Así que me despedí de algunos por que una gran mayoría ya estaba perdidos en el bosque fajando, algunos imagino que cogiendo. Daniela me pidió que le diera un raid, así que comenzamos a caminar en el bosque de regreso a la casa donde había dejado estacionado mi coche. Durante el trayecto se soltó nuevamente la lluvia mucho más fuerte, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo la entrada de una casa en construcción. En un momento Daniela me dijo que tenía mucho frío y se acercó a mi para que la abrazara, y así lo hice. La abracé mientras ella metió su cara bajo mi cuello. Daniela es una chica de 18 años de estatura promedio, morena clara, unas enormes tetas, redondas y paradas, unas anchas caderas, nalgas paradas. Ella es muy bonita, cabello lacio, una sonrisa encantadora. Sentir sus tetas como las pegaba en mi cuerpo, hizo que la verga se me parara.
- Hueles muy rico. Me dijo.
- Te gusta?
- Si me encanta, hasta me dan ganas de darte una mordida en el cuello.
- No por que me dejarías una marca y se iba a ver muy mal.
- Y si no te dejo marca me dejarías morderte?
- Y como piensas hacerle para no dejar marca?
Sin decir nada comenzó a mordisquear mi cuello con sus labios, lo que inmediatamente hizo que la verga se me parara aún más. Ella lo sintió por que inmediatamente bajo su mano y comenzó a sobarla sobre el pantalón.
- Que tienes aquí?... mmm..... que rico paquete.
Sin decir nada más comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras la acercaba a mi para que sintiera mi fierro parado en su panocha. La jalaba de las nalgas subiéndola y bajándola restregando su pepa en mi chile bien parado. Tomé sus grandes tetas entre mis manos y comencé a darle un rico masaje mientras nos seguíamos besando. Le dije que nos fuéramos de ahí por que alguien que decidiera regresarse nos podría ver. Yo ya iba con la verga escurriendo. Llegamos al coche nos subimos y tomé la carretera,. Al encontrar una vereda, metí el coche ahí donde nadie nos viera. Apagué el coche y comenzamos a fajar nuevamente, comencé a sobarle su panocha sobre el pantalón mojado mientras subí su playera y bajé su brasier para dejar ver un par de melones enormes con el pezón hinchado por el frío y por la mamada que comencé a darle, ella solo suspiraba.
- Que rico…. Ahhh…
Le desabroché el pantalón y me detuvo diciéndome que le estaba bajando, que estaba en el último día de su regla. No continué ya que no quería incomodarla. Ella desabrochó mi pantalón para dejar salir mis 21 cm. de verga que ya estaba sumamente hinchada de la excitación, la cabeza estaba empapada de rica miel.
- Wow es enorme, nunca había visto una verga así de grande.
La tomo con su mano y comenzó a chaqueteármela , subía y bajaba con su mano, mientras con la otra tomaba mis afeitados huevos y los sobaba. Recliné mi asiento para que pudiera hacerlo mejor. Me estaba masturbando muy rico. Yo solo veía su cara clavada en mi verga.
- Tienes un pito hermoso… puedo?
- Por favor.
Pasó su lengua por todo el tronco de mi chile, lo que hizo que el cuerpo se me enchinara. Con la punta de su lengua comenzó a sobarme el frenillo, estaba a punto de enloquecer. De pronto la metió a su boca y comenzó a succionarla de una manera colosal, subía y baja apretándola entres sus labios, cuando la sacaba succionaba muy fuerte lo que hacía que sintiera que se me iba el alma. Bajaba a mis huevos y los lamia y succionaba. La volvió a meter en su boca y comenzó a mamar cada vez más rápido y fuerte. No aguanté mucho y me vine en un torrente de mocos dentro de su boca. Daniela no dejo escapar ni una sola gota de mi leche. Los dejo en su boca y enseñándome como hacía gárgaras con ellos se lo pasó. Nos dimos un rico beso agradeciéndonos mutuamente ese rico momento. Ya de regreso por la carretera platicamos de los sucedido.
- Que rica verga tienes… te sabe muy rica, tu leche también es muy rica. Me encantaría sentirla dentro de mi, pero no así como estoy ahora.
- Tu me dices cuando y yo encantado de metértela.
- Que te parece mañana saliendo de la escuela? Le digo a mi mamá que iré a comer a la casa de Fernanda y que después iremos al cine, y así tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos. Como vez?
- Me parece perfecto.
La llevé a su casa y antes de bajarse nos dimos un rico beso con lo que sellamos nuestro trato de vernos al otro día para coger.
Al día siguiente era Viernes por lo que los alumnos asisten sin uniforme. Daniela vestía un vestido de una sola pieza color rosa con filos negros, unos zapatos altos de color negro, se veía hermosa. Muchos alumnos no asistieron debido a la fiesta de un día antes. Habíamos acordado vernos en un parque cerca de la escuela para de ahí irnos, ya que si nos íbamos juntos desde la escuela despertaríamos sospechas. Al terminar las clases me enfilé al parque y ahí estaba Daniela esperándome, se subió al auto y me dio un beso en la boca. Fuimos a un restaurante italiano a comer. Ella se tomo un par de copas de vino tinto durante la comida, lo que la desinhibió un poco. Al terminar de comer me dijo:
- Tengo ganas de un postre. Algo así como de un plátano con mucha crema. Me podrías complacer con ese antojo que tengo?
- Claro, solo que el plátano te lo tengo que dar en otro lado.
- Ah si, en donde?
- En un lugar donde no nos vean por que se les puede antojar, y si se les antoja les vas a tener que convidar.
- No, ese plátano lo quiero solo para mi.
- Ok, entonces vámonos para que te de ese rico postre.
- Mmmmmm no solo se me hizo agua la boca, sino que también mi panochita se hizo agua.
Pagué la cuenta y nos dirigimos a un hotel a las afueras de la ciudad. Durante el camino Daniela me fue sobando la verga sobre mi pantalón. Cuando llegamos ya traía toda mi verga bien parada. Ya dentro de la habitación ella se metió al baño, mientras yo me senté en uno de los sillones. Cuando salió casi me voy de espaldas. Salió del baño sin el vestido solo con un coordinado color rojo. Una tanga de encaje de las que se amarran de las caderas y un brasier que levantaba sus grandes tetas, los zapatos altos hacían que sus ricas nalgas se levantarán más. Camino hacía a mi con pasos muy sensuales.
- Te gusto papi? Preguntó.
- Si, estas hermosa.
Se dio una vuelta para que viera sus nalgas. Tenía unas piernas muy bien torneadas que eran producto de su trabajo como porrista del equipo de futbol de la escuela. Se agachó recargándose en los posabrazos del sillón que estaba frente a mi y haciendo a un lado la tanga abrió sus nalgas.
- Mira mis hoyitos… quieres ver como se mojan?
- Me encantaría.
Se sentó frente a mi y subió una pierna en el descanso del sillón, hizo a un lado la tanga y comenzó a dedearse. Comenzó a sobarse su clítoris con la yema de sus dedos de forma circular y a meter sus dedos dentro de su conchita. El sonido de sus dedos entrando y saliendo era demasiado cachondo. Con sus dedos abrió sus labios para dejarme ver su rica cuevita.
- Mira como se esta empapando.
Cuando saco sus dedos, un hilo de miel color perla comenzó a escurrir de su panocha, bajando y acariciando su culo. Me saqué la verga que ya estaba bien parada y comencé a chaqueteármela.
- mmmm… Mira que rica se te puso la verga. Me la vas a meter toda?
- Quieres que te la meta?
- Si, quiero sentirla dentro de esta panochita caliente y mojada.
- La quieres toda adentro?
- Si papi, quiero que la metas hasta el fondo hasta que tus huevos choquen con mi culo… mmm... Ayer en la noche que me dejaste; me bañé y me dí una dedeada muy rica pensando en tu rica verga y lo fabuloso que debe ser sentirla toda dentro de mi.
- Ahorita la vas a sentir.
- No te gustaría probar primero el sabor de mi panochita.
- Si.
Sacó sus dedos empapados por sus jugos y embarró sus labios y su lengua con ellos.
- Ven y pruébalos de mis labios.
Me acerque y nos dimos un rico beso donde compartimos ese sabor acre de sus jugos con nuestras lenguas, lo que hizo que la verga se me parara más. Daniela tomo mi verga y comenzó a chaqueteármela mientras nos seguíamos besando. Se acercó y la metió toda a su boca. Comenzó a darme una rica mamada de verga, la chupaba como desesperada. Mientras yo parado frente a ella quien seguía sentada en el sillón desabroché el brasier para meter mi verga entre sus tetas y hacerme una rusa. Cada vez que subía ella recibía mi verga con su boca.
- Que rica verga, me dejó pendeja ayer. Jamás había mamado una verga así de rica.
- Mámala chiquita es toda tuya.
- Si? La quiero solo para mi.
- En este momento es solo tuya.
Por momentos la tomaba entre sus labios y la chupaba fuertemente. Con sus dientes le daba ligeras mordidas a la cabeza, para después volverla a meter a su boca y seguir succionándolas fuertemente. Con la punta de su lengua acariciaba el frenillo lo que hacía que sintiera un escalofrío en la espalda. Volvía a poner mi verga entre sus tetas para que Daniela la apretara con ellas mientras yo subía y bajaba con mi chile acariciando esos dos ricos melones. Por momento bajaba a mamar las tetas que estaba llenas de saliva y de jugos de mi chile, mordía ligeramente sus pezones que ya estaban muy duros, mientras le metía el dedo dentro de su panocha. Saqué mis dedos empapados de sus jugos y se los di para que los probara. Fui bajando y levante sus piernas. Haciendo a un lado su tanga comencé a darle una rica mamada de panocha. Con la punta de mi lengua jugaba con su hinchado clítoris que escurría. Lo tomaba entre mis labios y lo succionaba al mismo tiempo que con la punta de mi lengua le daba masajes de lado a lado.
- Uy… así, así, que rico…. Como haces eso?
- Te gusta?
- Si papi, no pares, no pares por favor.
Daniela se arqueo y comenzó a temblar mientras su panocha comenzó a escurrir chorros de leche mismos que recibía en mi lengua.
- Ahhhh que rico… nadie me había hecho sentir esto. Me vuelves loca, que rico.
La levanté y la lleve a la cama dejando su cabeza colgando en el filo, así, ella boca arriba con la cabeza colgando le di a mamar nuevamente mi verga mientras yo me recosté sobre de ella para seguirle mamando su panocha. Así como estaba, Daniela me chupaba los huevos a su antojo. Nos giramos y quedamos en un rico 69 donde comencé a mamarle su culo mientras con mi dedo jugaba con su clítoris, lo que hizo que ella gritara de placer.
- Uy si papito, que rico, sigue así, así, así, sigue que me voy a venir de nuevo.
Era tanta su calentura que ella levantó mis piernas y comenzó a lamerme el culo, lo que hizo que viera estrellitas y me viniera a chorros en su cuello y espalda, al mismo tiempo que gritaba y se viniera como si estuviera orinando. Nos quedamos recostados extasiados. Daniela se limpio mi leche que había caído en su cuello y hombros y lo lamió. Estaba ante una chavita que no tenía limites.
- Que rica venida papi, nunca me había venido así. Nadie me había hecho sentir esto. Nadie me había dado una mamada en el culo, que rico.
- Ni a mi tampoco me habían mamado el culo.
- Te gustó?
- Mucho.
- Yo nunca había hecho eso, pero la verdad me encantó. Quieres que te vuelva a mamar el culo papi?
- Claro que si.
Yo estaba acostado en medio de la cama, así que Daniela se puso en cuatro patas frente a mi verga y comenzó a mamármela de nuevo. Bajaba y subía con su boca, bajó a los huevos y se metió los dos en la boca. Puso una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas. Pasó su larga lengua de abajo hasta rosar con la punta de su lengua los huevos. Comenzó a lengüetear mi ano con la punta de su lengua. La verga inmediatamente se me paró de nuevo. Daniela me detenía con sus manos las piernas, mientras yo me chaqueteaba. Metió la punta de su lengua en mi culo; que sensación tan rica.
- Te gusta papi?
- Si, por favor sigue.
- Te gusta que sea así de puta… te gusta como te la mama esta puta?
- Si, me encanta que seas así de puta.
- Quieres que sea tu puta?
- Si, quiero que seas mi puta.
- Pues ahorita tu vas a ser mi puto por que te voy a coger con mi lengua.
Daniela comenzó a bombearme con su lengua. Yo sentía muy rico. La verga la tenía al máximo, muy hinchada y escurriendo. Sabía que me podía venir en cualquier momento. Le dije que parara por que ahora se la quería meter. Ella se levantó y se dirigió a al tocador. Se puso de espaldas hincada sobre el banco del tocador e inclinándose hizo de lado su tanga que aún traía puesta dejándome ver sus dos hoyitos. Mirándome me hacía señas con su dedo para que fuera donde estaba ella. Me acerqué con la verga bien parada y le dí una nalgada.
- Ouch papi… que rico. Dame otra.
Le di otra nalgada más fuerte con la que Daniella paró más las nalgas.
- Dame más nalgadas, eso me esta calentando.
Le di toda una serie de nalgadas hasta dejárselas rojas de tanto golpe.
- Ay si papi, pégame por que soy una putona.
- Por que eres una putona?
- Por que tu me haces ser una puta.
- Pues entonces ahora tu vas a ser mi puta, me oíste?
- Si papi, lo que tu me digas.
- Si que?
- Si soy tu puta.
- Repítelo.
- Soy tu puta.
- Más fuerte.
- Soy tu puta.
Le comencé a azotar sus nalgas al mismo tiempo que le ordenaba que gritara que era mi puta. Ella gritaba obedeciendo. Le daba una serie de nalgadas y con mi verga bien parada le sobaba donde la había pegado. Le embarraba mi verga por todas sus nalgas.
- Métemela papi, métemela por favor, ya no aguanto más.
Puse la hinchada cabeza de mi verga en la hendidura de su panocha y le di unos brochazos de arriba hacía abajo.
- Ahhhhh… ya déjamela ir.
Se hacía para atrás queriéndose ensartar mi verga, pero yo retrocedía impidiéndole que la metiera. Le ponía la puntita y empujaba un poco.
- Ya no me hagas sufrir.
- Pídela putita, pídeme que te meta mi verga, suplica ser cogida por mi chile.
- Por favor, cójeme con esa rica verga. Usa a tu puta, úsame para descargar tu leche en mi.
Cuando decía eso le dejé ir toda mi verga de un solo golpe hasta adentro. Ella solo reculo y levanto la cabeza.
- Uy si papito, que rica verga tienes.
La tomé de los cabellos jalándola hacía mi y comencé a bombearla fuertemente mientras le daba de nalgadas. Escuchaba como nuestros cuerpos chocaban generándose un rico sonido. Su panocha comenzó a escurrir sus jugos empapándome los huevos y mi pelvis. Que hermosa se veía mi verga entrando y saliendo de su rica papaya, mientras esta la llenaba de esos juguitos blancos. El olor que despedía su jugosa panocha era encantador. Del movimiento de mis bombeadas su tetas se movían de atrás hacia delante. Por momentos las tomaba con la mano que tenía libre, ya que con la otra le seguía jalando el cabello y las apretaba para apoyarme y empujar toda mi verga hasta adentro. Por momentos sentía como mi verga pegaba con su matriz.
- Ay ay ay ay… así cójeme, así, así, así coge a tu puta.
Saqué mi verga y la hinque para que la chupara. Daniela estaba poseída, tenía los ojos en blanco chupando mi verga.
- Vuélvemela a meter por favor.
La subí a la cama y le levante las piernas para hacerle a un lado la tanga roja que ya estaba empapada de nuestros jugos. Golpee su panocha con mi verga y se la dejé ir de un solo golpe. Daniela solo gritaba cada que recibía mi verga dentro de ella. La tomaba de las caderas y la subía y bajaba mientras tenía mi verga dentro. Subí una pierna sobre el colchón para poder apoyarme mucho mejor y poder meterla hasta el fondo.
- Huy papi que rico, eres buenísimo. Ayer que me metía los dedos pensando en ti, me imaginaba que así me cogías … sigue, sigue cogiéndome así, métela toda hasta adentro.
El mete y saca de mi verga en su panocha hacia una ruido muy cachondo de sus jugos y los míos. Podía sentir con perfecta sensibilidad como cerraba sus paredes vaginales y acariciaba el tronco de mi chile.
Me acosté boca arriba mientras Daniela se montaba en mi para recargar sus labios vaginales en mi verga parada que descansaba en mi abdomen, sobando todo la base de mi parada verga con sus labios. Ella se movía de atrás para adelante rozando su clítoris con mi chile. Sentía como empapaba mi verga con sus jugos que no dejaban de brotarle de su pepa que estaba hirviendo. Paro las nalgas para clavarse mi verga de un solo sentón en esa papaya que seguía pidiendo verga a gritos.
- Huy que rico papi, siento que me va a partir en dos. La siento hasta el ombligo.
Daniela comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo dándose unos ricos sentones en mi hinchada verga como si quisiera acabar con ella.
- Huy que rico siento tu verga.
- Siéntela putita, siente esta verga.
La tomé de las caderas para ayudarle a subir y bajar empujándola hacía abajo cada que se ensartaba mi chile en su papaya y de ese modo le llegara hasta el fondo. Sentía como sus jugos empapaban hasta mi abdomen, mis ingles, y como sus jugos escurrían por mi huevos hasta mojarme el culo.
Nos giramos quedando ella abajo, por lo que la tome de los tobillos para abrirla en compas y bombear fuertemente dentro de ella. Cada que la empujaba fuertemente sus tetas se agitaban creando una danza muy rica. Daniela apretaba mi verga con sus paredes vaginales lo que me generaba una mayor sensación placentera en mi chile. El ver como su panocha acariciaba mi verga en cada metida y sacada hizo que no aguantara mucho y sacando mi verga de su panocha me vine en sus ricas tetas y boca de Daniela.
- Ahhhh papi que rica esta tu leche, me encanta comerla.
La leche que quedó en sus tetas Daniela la tomo con sus dedos y se la metió a la boca para devorarla como una autentica come mocos. Tomo mi verga y la succiono fuerte para no dejar ninguna gota de mi leche dentro de mi pito. Nos tiramos en la cama exhaustos por tan rico palo. Después de descansar un rato nos metimos a bañar donde continuamos con el cachondeo. Mientras nos enjabonábamos el cuerpo Daniela se hincó para mamarme la verga mientras me metía un dedo en el culo, lo que hizo que la verga se me pusiera tiesa de nueva cuenta. Por lo que la puse de pie para recargarla de frente a la pared, levanté sus nalgas y se la deje ir por el culo llenando mi verga de lubricante a base de agua. Cuando le entró la punta Daniela reculó y lanzó un grito, por lo que me quedé quieto para que su culo se acostumbrara al grosor de mi chile. Una vez que se acostumbró fue ella misma quien comenzó a hacerse para atrás lentamente comiéndose toda mi verga. Por lo que comencé a moverme de atrás hacia delante lentamente para no lastimarla ya que era la primera vez que se la metían por el culo.
- Huy! que rico, que sensación más deliciosa. Sigue moviéndote así de rico papito, sígueme cogiendo por el culito.
- Te gusta perrita, te gusta como te culea tu macho?
- Si papi, me encanta tu vergota en mi culo, dame verga por el culo, ahora si soy toda una putota por que me gusta la verga por la cola.
Mientas la bombeaba con mi mano sobaba su hinchado clítoris haciendo que Daniela se pusiera mucho más caliente.
- Así papi, así, culéame así, culea a tu nueva puta.
Comencé a acelerar los movimientos de mete y saca que combinados con las estreches de su culo hicieron que me viniera de nueva cuenta pero ahora dentro del culo de Daniela. Descargue rico chorros de leche en el intestino de mi alumna quien a partir de ese momento se convirtió en mi amante. Y no solo ella, sino que ella misma invitó a varias de sus compañeras a coger con nosotros en muchas ocasiones. Cuando ese día terminamos, ya era de noche, por lo que nos bañamos y llevé a Daniela a su casa. Cuando llegamos a su casa su madre estaba afuera con una vecina platicando, me saludó amablemente y me pidió una cita ya que quería hablar conmigo de algunas cosas relacionadas con Daniela. Cabe decir que esa cita se convirtió no solo en una, sino en varias donde terminé cogiendo con la mamá de Daniela. Así que tenía como amantes a la mamá y a la hija. Espero en algún momento poder convencerlas para que hagamos un trio. Si sucede, créanme que se los haré saber.



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Mi primer examen pélvico

Esa mañana desperté bastante nerviosa. Es más, no logré conciliar el sueño por completo, a pesar de tener una exhaustiva charla informativa con mi madre el día anterior.

Pero para mi sorpresa y la de ustedes, la experiencia fue mucho más placentera de lo que mi mente proyectaba.

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Mi primer examen pélvico

Antes de pasar a contarles esa jornada inolvidable, me presento. Me llamo Doris, tengo 18 años y vivo con mi madre y 2 hermanas mayores.
Físicamente voy a describirme para que puedan al menos hacerse una idea de mi aspecto: mido metro sesenta, llevo cabello corto color castaño oscuro, mi cuerpo es de complexión delgada, y gracias a los genes de mamá cargo unas tetitas de tamaño regular y un culito por demás apetecible. Muchos me dicen en el colegio "la chica anime", porque tengo rasgos orientales y conservo una imagen de niña tímida y cándida. Pero lo que no conocen en realidad es mi costado caliente del cual se darán por enterados ustedes en las líneas subsiguientes.

Ahora bien, ese día me dispuse a hacerle caso (entiéndase como: contra mi voluntad) a la hipocondríaca de mi mamá. Ella es de las clásicas madres "Niño! Que te abrigues que te vas a enfermar", en fin, no pude haberlo resumido mejor, uff... Ustedes ya saben a lo que me refiero.

Hace un par de semanas atrás a esto, ella anduvo hablando con sus amigas según me contó, y le metieron en la cabeza que una chica de 18 aproximadamente, siendo aún virgen, debía ir a hacerse el papanicolau (o examen vaginal) por primera vez a modo de prevención. No quiero explayarme con esto ya que hay suficiente información en internet y resultaría una carga bastante tediosa para lo que en realidad quiero compartirles.

- Doris! Ya estas lista? Baja pronto que no quiero que lleguemos tarde al turno!- Me dijo desde el recibidor de casa esa tarde.

- Bajo en un minuto mamá! - Le contesté yo metiendo mi móvil a mi carterita.

Luego de los quince minutos de viaje, nos encontrábamos con mi mamá sentadas frente a la puerta del consultorio de la Dra. Reyes. Ambas aguardábamos en silencio, con miradas que iban y venían a lo largo y lo ancho de la sala de espera.

Nos habíamos dicho todo la noche anterior. Pero eso no calmaba mi mezcla de ansiedad y nerviosismo. No podía dejar de pensar en cómo se sentiría con exactitud que te manipulasen un aparato de plástico dentro la vagina. Y para peor, yo aún era una chica virgen.

Eso sí, no inocente. Con mis amigas obviamente ya manteníamos las conversaciones sobre sexo normales en las que incurre cualquier adolescente. El caso es que de acuerdo a testimonios de un par de ellas, me puso algo nerviosa, ya que me contaron la incomodidad que tuvieron que padecer. Que si bien me la imaginaba, no tenía idea de cuanta sería. Se entiende verdad? Era primeriza, no hace falta seguir agregando.

Luego de unos veinte minutos aproximadamente, escuchamos abrirse la puerta del consultorio de la doctora...

- Pineda Doris - Escuchamos desde dentro, pero con firme voz masculina!
Luego de estremecerme giro la vista y mirando el rostro de mi madre, pude ver que pensamos a coro "Hay! pero si es un doctor!".

Ambas nos acercamos a la entrada del consultorio, y con mi mano derecha empujé la puerta que él había dejado entreabierta.

- Hola Doris, pasa por favor. - Me dijo él, que con certeza puedo calificar como el ginecólogo más hermoso del mundo! Es así como lo digo, en solo dos segundos mis ojos hicieron un escaneo completo de su portentosa belleza.
Tenía alrededor de 35 años, era alto (de digamos metro ochenta), tenía ojitos claros y una mirada enternecedora, cabello negro corto, y un físico atlético que terminó por dejarme boquiabierta.

- Si si, en seguida doctor. - Le contesté sonrojada mientras ingresaba a la sala.

- Doctor, ¿Está usted en reemplazo de la doctora Reyes verdad? - Le preguntó mi madre desde fuera.

- Eso mismo señorita, la doctora Reyes ha tenido que ausentarse por un viaje que tuvo que hacer de improvisto. Mi nombre es Eduardo Ferrari, no se preocupe que yo cuidaré de su princesa. - Le contestó él.

- La dejo en sus manos Doctor. Hija, pórtate bien! – Dijo mamá.

- Si mamá... sí... - Le dije en tono incómodo.

Luego de despedirnos, el doctor cerró la puerta del consultorio y por fin quedamos a solas. Mientras iba camino a tomar asiento, pude ver como al pasar a mi lado, sus ojos se habían ido hacia mi trasero.

"Te gusto verdad?" Me pregunté hacia mis adentros mientras entrecruzamos la mirada delatándose el mismo. Solo ese embarazoso suceso, sirvió para que mis hormonas entraran en ebullición. Nos presentamos y luego comenzó la charla de rutina que ellos llevan ante estos casos, describió al pié de que trataría la técnica de inspección, mi informó, me preguntó cosas, etc.

No se si recuerdo mucho de esa conversación, porque yo embobada solo miraba como su boca se movía de arriba abajo pidiéndome que la poseyera. Sus ojos que cada tanto se iban hacia mi escote, que yo con sutileza iba agrandando tirando mi blusa desde abajo para sobresaltar mis tetitas.

Finalizado el excitante protocolo previo, me invitó a pararme y me enseñó el lugar donde debería recostarme para él.

- Te voy a pedir que te quites la ropa de la cintura para abajo y te recuestes en la camilla por favor Doris.- Me dijo el adonis de bata blanca. A lo que yo respondía en mi mente "Si así lo deseas cariño…".

- En un momento doctor.- Le dije mientras enfilaba detrás de una cortina blanca situada en la esquina del consultorio. Una vez detrás de ellas, al girar la cabeza accidentalmente hacia un costado. ¡Divisé algo que me encendió aún más!
Un espejo cuidadosamente colocado a cuarenta y cinco grados en frente del improvisado vestidor. "¿Es acaso que mi príncipe azul es además un pervertido como yo?" Pensé. "Pues si así lo quiere no me opondré." Me dije planeando el inicio de mi desbocada seducción.

Fue entonces que cuidadosamente, mientras él fingía escribir en mi historial médico, me puse de espaldas al espejo, y comencé a quitarme el cinturón con una sonrisa en mi rostro. Una vez desprendido, enganché mis pulgares en el jean, y comencé a deslizarlo suavemente acompañado de un contoneo que le diera el show que él tanto esperaba de su joven paciente. Con delicada y morbosa tranquilidad fui deslizando mis pantaloncitos hacia el piso, mientras plegaba mi cuerpito en dos, cual gimnasta.

Sabía que estaba mirándome, pude ver de un pantallazo su carita hacia abajo, pero sus ojos apuntando directo a mis nalgas mientras me deshacía del pantalón. "Ahora bien, prepárate que siguen mis braguitas amor." Sujeté esta vez los costados y fui bajándomela sugestivamente hacia el suelo.

Con seguridad mis glúteos se abrieron lo suficiente como para presentarle al rosado ano que acompañaría la sesión. Fui buena chica y me quedé allí un momento arreglando mi blusa y alzando las prendas de espaldas al espejo, para que él se relamiera por mis curvas. Arqué mi espalda lo suficiente para erigir ante él ese culito pequeño y redondeado que tanto elogiaron mis compañeros de clase.

Luego de eso, me acerqué por fin hacia donde la camilla cubriéndome la vagina con ambas manos y con los hombros hacia adelante.

La supuesta timidez que denotaba ya no lograba engañar a nadie. Pude ver su rostro sonriendo levemente, y hasta leer su pensamiento que decía: "Pero si me regalaste la mejor postal de tu culo hace un segundo putita hermosa", y tenía absoluta razón, solo fingí ese gesto para motivar su libido un poco más.

- Siéntate aquí, y pon tus piecitos acá. - Me dijo con su enloquecedor tono amable.

- Listo doctor. - Le dije mientras abrí mis piernas lo más que pude, para obsequiarle la mejor vista. Pretendí que mi joven, virginal y acalorada vulva quedase grabada en su retina ese día de entre todas sus demás pacientes. Llevé el pubis completamente rasurado para la ocasión, y mi capuchonsito ya brillaba señal de lo húmeda que me ponía que me viesen desnudita.

- Así es Doris, ahora relájate y en unos segundos habré concluido.- Dijo para aliviarme. "Pero si yo no quiero que termines tan rápido Edu!" Pensé con un breve sesgo de disgusto.

- Voy a introducirte este aparato que se llama espéculo para dilatarte, ¿Seguramente ya te lo nombró mamá verdad?- Me preguntó.

- Jeje, claro que sí. - Le contesté sonriendo. Y a su vez pensando en que tenía mi permiso de dilatarlo con la herramienta que se abultaba en su entrepierna. ¡Vaya paquete el que cargaba a esas alturas! ¿Acaso le sucedía con todas, o solo con una niña tan joven como pervertida como yo?

Él se sentó en frente de mi desnudez, y con sus guantes ya puestos, asentó su gran mano izquierda en mi pelvis, mientras que con sus dedos índice y pulgar, abrió los labiecitos de mis genitales.

"¡Me está tocando, me está tocando!" Pensaba extasiada. Tanto así que sonreí y me vio hacerlo. En ese cruce nos dijimos mucho, ese examen se iba encaminando cada vez más hacia lo que sería quizás, mi primer encuentro sexual con un hombre que podía ser mi padre.

Me perdí en su cabello, en su mirada penetrante que observaba mi pubis con dedicación, mi sexo impoluto y jovial estaba pidiendo a gritos ser perpetrado por un hombre adulto y experimentado como él.

Sus manos iban estimulando la zona más erógena de mi cuerpo, por lo que no pude enterarme si quiera de la duración del procedimiento. Me estaba enamorando de él y muy seguramente, él también de mi.

Luego de lo que para mí fueron unos pocos segundos, me dijo:
- Eso es todo Doris. Ya tomé las muestras, y ahora por favor te voy a pedir que te des la vuelta y te arrodilles en la camilla con tu trasero hacia mí por favor.-

“¿Cómo?” No recordé haberle dicho que mantuve relaciones sexuales anales con alguien alguna vez. Será acaso que durante la charla de inicio le dije que sí sin darme cuenta, o que en realidad buscó un sutil pretexto para violarme manoseándome y penetrándome la colita a su antojo. Pero igualmente no podía negarme a ese pedido, yo estaba entregada a sus deseos a esas alturas.

¡¿Es que estas con ganas de tocar mi trasero verdad?!- Dije muy por lo bajo, y no obstante respondí:

- En seguida doctor. - Bajé mis piernitas de las asentaderas, y recostada de costado hacia él en pose sexy le pregunté:

- ¿De rodillas tipo perrito doctor? -

- Así es Doris, de rodillas mirando hacia la pared. - Me dijo señalando la que lucía todos sus certificados enmarcados. Así que tome posición con calma, y me entregué cual cachorrita en celo.

- Essso es - Escuché decirle arrastrando la S en señal absoluta de cautivación.

Pues claro, ahora tenía mi culo en pompa frente a su rostro. Yo bien zorra, encorvé hacia abajo lo suficiente mi espalda como para abultar mis glúteos y abrirlos lo suficiente para que divisara mis hoyitos sin siquiera meter mano.

- Ahora voy a examinar tu cavidad anal princesa, relájate. - Me dijo mientras ponía un líquido en sus dedos índice y mayor, para ensartarme luego con el termómetro.

"¡Si amor, mete lo que quieras ahí dentro que todo esto es tuyo!" Le dije mentalmente mordiéndome el labio inferior con impaciencia.

Al sentir sus manos tibias sobre mi culo, cerré los ojos, eché la cabecita hacia abajo, y me dejé llevar a lo que venía. Con el profesionalismo que el doctor Eduardo emanaba, separó mis glúteos, humectó la puerta de mi orificio anal, y con delicadeza, fue metiendo sus deditos allí.

"Ahh!" Un gemido seco y cortito se escapó de mi boca. Mi cuerpo estaba en llamas y sediento de sexo desenfrenado! Ya no pude contenerme, no pude! Giré mi cabeza para mirar a la cara a ese hombre y le pedí:

- ¡Doctor, hágame suya, quiero que me tome y me dé todo lo que tiene si?! -

En la cara del doctor se dibujó una sonrisa perversa, y luego hizo un ademán con su cabeza hacia abajo en señal de aprobación.

- Continua mirando hacia adelante Doris, y por favor, no hables fuerte que tu madre está ahí afuera.- Me contestó.

- Si doctor, lo que usted diga. -

Él tenía tantas ganas como yo. ¡Escuché bajar su cremallera, y eso hizo que mi corazón estuviese a punto de saltarme del pecho. Lo iba a hacer!¡Lo iba a hacer!
Yo seguía ahí en cuatro y cargando toda mi putez, cuando de repente, siento un calorcito en mi zona baja, no lo podía creer, era el aliento que desprendía de su boca, el cual se intensificaba más y más hasta que su lengua tomó contacto con los labios de mi conchita.

¡Como se lee, le estaba por dar sexo oral a su joven paciente! Con sus manos tomo firme mi glúteos y los separó para servirse cómodo. Su lengua cual pincel, subía y bajaba, dibujaba delgadas líneas de saliva que se escurrían desde mi recto.

Con su mano derecha, cubrió mi coñito desde atrás, mientras su pulgar lo frotaba dentro haciendo círculos para estimularme. Su lengua ahora se entretenía con mi ano luchando por introducirse. Ese cuadro era mágico, el riesgo de que alguien abriera la puerta y nos encontrara teniendo sexo, inundaba y se mezclaba con nuestra promiscua calentura en ese consultorio.

- ¿Te gusta como lo hago Doris? - Me preguntó mientras sorbía mis juguitos vaginales.

- Ahh... síii... ¡Claro que me gusta primor! - Le contesté yo mientras presionaba su cabeza ahí detrás con mi mano izquierda.

- Mmm... ¡Esto sabe exquisito! – Exclamó mientras tragaba mis flujos confundidos en saliva.

De pronto se detuvo y se paró al costado de su silla.

- Ahora me toca a mí bebé. - Me dijo mientras con su mano derecha, sacaba su miembro del pantalón.

- Guau! - Dije anonadada. El pedazo de Eduardo estaba completamente tieso, y debía medir al menos unos 20 centímetros de largo. Me resultó colosal e impactante para ser la primera vez que veía en directo el pene de un hombre.

- ¿Querés probar de esto Doris? Dejame sentarme ahora a mí en esa camilla. - Me pidió.

- Ay si, claro que quiero! - Le dije exaltada.

Se quitó el pantalón, luego el guardapolvo, y quedó con su camisa rosa sentado en la camilla donde había estado atendiéndome. Su verga estaba curvada hacia arriba y totalmente descapullada.

- Ponte cómoda allí y quítate esto. - Me dijo mientras me levantaba la blusa y me la quitaba. Luego me acercó por la espalda, haciendo que entre mis tetitas quedase su cosota aprisionada.

- Ah! - Solté un gemido al sentirla caliente y a lo largo de mi tórax.

- Dejame que te quite esto también. - Dijo mientras me desprendía el brasier. Una vez en su mano, lo dejo caer al piso y me tomó de los hombros para verme de frente. Con cada mano palpó mis mamas desde abajo suavemente. Las tomó de lleno, las amasó un momento y me dijo:

- Hermosas tetas, son hermosas Doris. - Le sonreí sin decir una palabra.

- Mira, ahora vas a tomar esto con tus dos manitos, y vas probarlo. - Me sugirió. Aunque, yo sabía que hacer, a mi edad ya me había pajeado con suficiente pornografía como para saber pegar una buena mamada. Lo que no sabía aun, era el gusto que tendría una polla.

Así que como él dijo, con lentitud la acerqué a mi boca y con la lengua recorrí todo su rosado glande, fue desde la puntita hacia su orificio, y luego comencé a darle una vuelta completa. "Mmm..." La textura era suave, el olor agradable, y el gusto... apenas saladito. Estaba para comerla entera.

- Hazlo cariño, escúpemelo y cómetelo todo. - Me dijo susurrando con impaciencia. Y para su deleite, fue así como empecé, junte un poco de saliva, y le escupí en la punta del chipote. Con mis manos le lubriqué hacia la base del tronco hasta dejarle una película brillante.

Mientras lo hacía, me detuve en la suavidad de su escroto. Pues sí, no me aguanté, con mi mano derecha le sostenía el falo, con mi boca le lambía cada uno de sus testículos. Una vez que acabé de jugar con ellos estirándoselos de la bolsita con succión, volví al rocoso aparato que tenía por encima de ellos.
Era el momento, con ambas manos lo tomé con firmeza, y mirando a la cara de Eduardo, metí la cabecita en mi boca.

- Ahhh... - Gimió él de repente echando su cabeza hacia atrás. La nena había comenzado con lo que sería el felatio más arriesgado que pudo tener en su carrera de ginecólogo. Estoy segura que su corazón palpitaba tanto como su polla.

La comisura de mis labios hizo presión en ese venoso pedazo de carne, y fueron descendiendo despacito hasta su nacimiento. En mi boca yacía el preciado órgano que me convertiría en mujer.

Así fue como en seguida comencé a mover mi cabeza hacia adelante y hacia atrás para comenzar la estimulación. Mi lengua quedó sepultada bajo ese enorme aparato, pero yo estaba encantada.

Continué ese movimiento con buen ritmo durante un par de minutos sin quitármela de adentro, cuando de repente, sentí como sus manos empezaron a acariciarme el cabello. Que rico se sentía darle placer a un hombre tan dulce como caliente.
En el intervalo que la quité de mi boca para tomar una bocanada de aire, escuché que me dijo:

- Doris, me encanta como lo haces, ¿Pero queres que te ayude un poco? -

- Claro amor. - Le dije con confianza. Él sabría cómo querría su chupada.

- Ok, relaja tu cabecita y dejame a mí. - Me dijo mientras me tomaba con una mano por detrás y otra por un costado de mi cabeza. Me acercó nuevamente hasta su pene, y abrí la boca para que lo introdujese.

"Siii..." Allí iba otra vez. Al cabo de un momento comencé a saborear el presemen calentito que se vertía sobre mi lengua. Mis movimientos eran leves y entregados al de sus manos. No así los de mis manos inquietas, que se fueron escabullendo hasta mis genitales sin escala.

Tenía el clítoris erecto y mis labiecitos mojados. Así mismo comencé con una suave e ininterrumpida fricción que me elevó por los cielos.

Masturbarme mientras le saboreaba la polla a un hombre como él, era cumplir unos de mis más pervertidas fantasías. Una vez que logré el ritmo al que me condujeron los movimientos de sus manos, me soltó y vi que los puso a los lados de sus piernas. Sujetó el cobertor con fuerza y echó su cabeza hacia atrás lanzando una sucesión de gemidos.

Eso era más que suficiente para entender que lo estaba haciendo muy bien. El tiempo parecía haberse detenido mientras la habitación se inundaba con mis estrógenos.

- Ay amor, me estás haciendo acabar! Voy a acabar Doris! - Me dijo a punto de explotar de satisfacción.

Al escuchar eso de su boca, me di cuenta de que en ese candente consultorio, estaba a punto de concluir mi primera felatio. Eso no hizo que yo detuviera mis dedicados movimientos bucales para quitar sus genitales de mí, sino todo lo contrario, con el doble de pasión se lo succioné para que librara dentro mío todo su néctar.

Y así es como ocurrió el estallido, mientras el mordía su labio inferior y con una de sus manos hacía presión en mi nuca para enterrar a fondo su obsceno trozo de carne, sentí como mi úvula tintineaba por la potencia de los disparos de semen que soltó. La eyección de esos sostenidos chorros de leche colmó toda mi cavidad bucal.

No tuve opción más deliciosa que mirarle a los ojos, y tragar de a poco esas calientes cascadas de espeso líquido seminal. Mi lengua pincelaba su glande limpiándolo de los restos del mágico elixir que satisfizo mi más pervertida experiencia hasta el momento.

Lo ordeñé con mi mano para quitar hasta el último borbotón de ese enorme pepino. Estaba agitada y sedienta, necesitaba todo el semen que pudiese eyacular. Y tal como esperé, el último chorro salto y se escurrió por mi mano con ligereza.

Lo lamí cual gatita para mostrarle como completaba su trabajo una nena primeriza. Justo en ese momento, en el que nuestra calentura tomaba un respiro, para quien sabe, continuar con una penetración de parte de él, es que suena su teléfono de línea interna.

De inmediato ambos caímos en cuenta del tiempo que pasamos en ese acto de desenfrenada lujuria. Deprisa él se paró con el pene erecto y pendulante, y tomó el tubo del teléfono.

- ¿Diga?.. Ahá.. Si claro Belén, en seguida hágala pasar, es que surgió un imprevisto con la paciente.. - Dijo a su secretaria mientras me soltó una sonrisa cómplice.

- ¡Bebé! ¡Mirá la hora que se hizo! - Me dijo mientras tomaba y se colocaba sus ropas.

- ¿Te gustó Edu? - Le dije aun sentada y desnuda restregándome la vagina con ganas de una buena penetrada.

- ¡Claro que si preciosa! Estuviste divina, pero por favor ahora vestite que vamos a continuar esto cuando vengas a por los resultados. - Me advirtió...

- Sos malo Edu, yo quiero un rato más... - Le dije cual niña caprichosa, pero dentro de mí sabía que todo debería acabar porque ya empezaríamos a levantar sospechas.

- Si por mi fuera te follaría ese culito toda la tarde amor, pero en seguida debo atender más pacientes. - Me dijo mientras se acomodaba la verga dentro del boxer.

- ¡Ay! ¡Está bien! ¡Pero quiero que sepas que esto no queda así! ¡Y ni se te ocurra repetir esto con una de ellas!- Le dije simulando un tono cabreado y celoso.

Tomé toda la ropa del piso, me la puse, y cuando nos dirigimos a la puerta me tomo de la cintura y me comió la boca de un beso, un beso que terminó por enamorarme, y me dijo al oído:

- Estuviste magnífica Doris, y en 6 días voy a romperte ese trasero con esta polla... ¿Me escuchaste? - Me prometió mientras situaba una de mis manos encima de su manguera.

- Siiii… No veo la hora que lo hagas amor. - Le dije aun con enorme calentura.


FIN

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PD de Doris: si disfrutaron mi primera experiencia sexual en ese consultorio, debo decirles que mi querido doctor cumplió con creces su promesa en la segunda visita, incluso tuve la chance de conocer a fondo Belén, su secretaria...
Si quieren que les cuente, dejen sus comentarios... Besitos!... Continue»
Posted by Kindboy623 3 years ago  |  Categories: Fetish, Masturbation, Taboo  |  Views: 2220  |  
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Doña Carmen y mi primera vez

Conocí a Doña Carmen en forma accidental, literalmente hablando. Iba en bicicleta, por las calles de mi barrio, perdí el equilibrio y me caí lastimándome mis piernas y brazos.

Este relato es real y ocurrió hace como 40 años. Yo tenía en ese entonces 15 recién cumplidos y como era época de vacaciones escolares yo deambulaba por todos lados con mi bici. El accidente ocurrió justo enfrente de la casa de Doña Carmen, quien muy generosamente me hizo pasar a su casa para curar mis heridas, pese a mi obstinada oposición.

Recuerdo que trajo agua oxigenada con la que limpio mis heridas con un algodón. Estaba yo sentado en el living de su casa y para curar mis piernas hubo de agacharse. Fue en ese momento que reparé en sus tetas. Eran un par de limones de buen tamaño que se insinuaban a los costados de un escote bastante amplio que permitía hacer volar la imaginación. A esa edad, estaba de moda una actriz de cine llamada Isabel Sarli que tenía una tetas descomunales que todos soñábamos con llevarnos a la boca y que marcaba el ritmo de nuestras apetencias sexuales. Seguramente todavía teníamos en nuestro inconsciente los recuerdos maternales.

Doña Carmen era una señora de unos 55 años, alta y rellena sin llegar a ser gorda. La verdad es que no recuerdo más atributos que sus tetas que me fascinaron desde que las vi. Era viuda desde hacía 5 años y no tenía hijos. Vivía sola en esa casa con una mucama, y no trabajaba porque el marido le había dejado unas cuantas propiedades de las que vivía de rentas. Es decir, tenía un muy buen pasar.

Durante el tiempo que duró la curación me hizo mil preguntas sobre mi vida, mi familia, mis estudios y donde vivía. Mi casa estaba a solo 6 cuadras de allí. Al momento de despedirme y luego de darme un cariñoso beso en la mejilla me invitó a visitarla en cualquier momento.

Solo por probar, volví a la semana siguiente y toqué timbre. Salió su mucama y después de preguntar a su ama, me hizo pasar. Doña Carme me recibió muy contenta y me invitó a tomar el té. Charlamos largo rato y antes de marcharme me hizo prometer que regresaría exactamente en 3 días a la misma hora, y para mi sorpresa me pidió que no comentara con nadie de esa cita. Ni con mi familia.

Los ratones comenzaron a trabajar en mi cabeza y empecé a hacerme ilusiones. Para esa época toda mi experiencia con mujeres había sido un par de encuentros con una prima un año menor que yo que había llegado a casa del interior del país para acompañar a su madre en visitas médicas. Nos quedamos solos un par de veces y aprovechamos para desnudarnos y acariciarnos mutuamente aunque sin que lograra penetrarla porque su mamá le había advertido sobre su virginidad y la posibilidad de quedar preñada. A lo más que pude llegar a que me hiciera unas brutas pajas que derramaba en su incipientes tetas.

Sin dudar un instante, al tercer día estaba yo timbrando. Me recibió Doña Carmen en persona, pues me dijo que la mucama tenía el día libre. Conversamos acerca de mi vida, si tenía novia y de a poco caímos en el tema adonde ella quería llevarme. Luego de preguntarme si yo era discreto y si sabía guardar secretos me dijo que quería invitarme a un juego que me iba a gustar mucho. Jugar al matrimonio, dijo.

Si bien yo esperaba algo de eso, no imaginaba que se trataría dicho juego, pero me dije para mí que no tenía nada que perder, así que acepté y me dejé llevar. Me pidió unos minutos y salió hacia las habitaciones, para regresar luciendo bragas y corpiño negros, debajo de un levantadora del mismo color. Cuando la vi casi me desmayo.

Se reclinó en un sillón que había en el recibidor y me pidió que me sentara enfrente. Mirándome a los ojos abrió muy despacio la levantadora, sacó una teta de su corpiño y la empezó a apretar y sobar, mientras no me quitaba los ojos de los míos. Soltó su otro limón y repitió la caricia, aunque esta vez se dedicó a apretar y pellizcar el pezón. Luego con ambas manos en cada una de sus tetas las apretaba, sobaba e intentaba lamerlas y morder sus pezones. Según avanzaba su tarea, mas seguidos iban escapando sus gemidos de su boca. A todo esto, yo miraba bastante desconcertado pero entusiasmado por el espectáculo que parecía una clase práctica para mí.

Casi de inmediato liberó una de sus manos y deslizándola por debajo de su braga empezó a pasarla por su raya. Yo miraba atentamente y vi, o mejor dicho intuí, que se metía sus dedos en la cueva para sacarlos y volverlos a meter haciéndose una paja, la primera paja femenina que veía. La veterana se cascaba la panocha al tiempo que se satisfacía masajeando una teta. Su cara denotaba que estaba gozando, por la paja que se hacía, pero más por tener un espectador. Siguió por largo rato dándole a la cuca, hasta que sintiéndose próxima a derramar, interrumpió la labor con un profundo suspiro. Debo decir que yo estaba como una moto con mi falo como un ariete que quería escapar de su guarida..

Se recompuso casi de inmediato, se acomodó la ropa, me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio. Me pidió que me quitara la ropa y me descalzara. Cuando intenté quedarme en calzoncillos, una voz firme me dijo

- Eso también, desnudito totalmente mi amor-

Yo estaba mudo, no podía articular palabras por la emoción y la sorpresa. No hacía más que obedecer sus instrucciones. Estaba de pié, en bolas y con mi ariete apuntando al cielo.

- Tranquilo que lo vamos a pasar muy bien. Ahora tienes que quitarme el corpiño y el calzón. Lentamente por favor-
Ella estaba de espaldas en la cama y yo me puse de rodillas para comenzar mi tarea. Primero liberé sus tetas de la celda que los retenía. Todavía hoy tiemblo cuando me acuerdo la sensación que tuve al verlos cerca y rozarlos con mi mano. En mi fantasía eran las tetas de Isabel Sarli que se ofrecían para mí. Como quedé un tanto alelado, su voz me indicó que procediera con las bragas. Lo hice y ante mi apareció el primer coño que yo veía en mi vida. Este era un verdadero coño y no la rayita de mi prima. Rodeado de una espesa pelambre de rulos cortos, hirsutos y negros como el azabache, se presentó ante mis ojos como el mejor coño de mi vida. ¡Era el primero!
Lo recuerdo muy bien porque me marcó para toda la vida en lo que hace a mi preferencia por las conchas peludas. En un acto de puro instinto me arrojé sobre esa pelambre y empecé a refregar mi cara sobre ella. Luego mis manos comenzaron a jugar con sus pelos acariciándolos. Ya lanzado, busqué con mis manos el triángulo famoso y me encontré con unos labios pardos, gruesos y carnosos, que al separarlos dejaron a la vista una vulva rosada y jugosa.
Cuando ya me disponía a zambullirme sobre esa panocha, una voz me llamó a la realidad
- No, no, no. Ven aquí a mi lado, quiero que me des un beso y me dejes acariciarte un poco.-
Me acosté junto a ella que tomó mi cara con sus manos y llevándola junto a la suya, me dio un beso profundo. Con su lengua abrió mis labios y buscó mi interior haciéndome vibrar. Era también mi primer beso de lengua y no sabía bien como responder. Me dejé llevar por el instinto y respondí como pude con mi lengua en su interior bucal.
Mientras se sucedía ese interminable beso, sus manos bajaron por mi cuerpo hasta donde estaba mi polla para apresarla y menearla. Yo estaba duro como una piedra y al solo tocarme casi me vengo. A esa edad y viviendo mi primer gran experiencia sexual mi capacidad de contención era nula. Doña Carmen, conocedora de estas lides impidió que me corriera apretándome fuertemente la base de mi pene al tiempo que me decía
- No tan rápido mi pequeño, ya hay tiempo para eso. Cálmate un poco que quiero llevarme tu miembro a mi boca y disfrutarlo.-
Sin dejar de apretarme, se lo llevó a la boca y lo engulló de una sola vez. Parecía gozar muchísimo. Me bajó la piel del prepucio y lamió la cabezota en medio de hondos suspiros. Luego de unos minutos de lamer y chupar y viendo que yo ya no aguantaba más porque mi cara denotaba el esfuerzo que hacía aguantando, soltó su mano y metiéndose la verga en la boca recibió una seguidilla de chorros de semen que parecían no acabar. Demás está decir que tragó todo lo que pudo y lo que se derramó, lo recogió con su mano para bebérselo..
¡Menuda situación la mía! Había sido tan intensa la sensación de goce de mi derrame que estaba un tanto mareado y no sabía para donde arrancar, además estaba enojado conmigo mismo por no haber podido retenerme. Carmen me sacó del marasmo con palabras dulces y animosas.
- ¡Bravo mi rey! Me has regalado un polvo como nunca lo había recibido. Eso se llama la fuerza de la juventud. No sabes el gusto que me has dado después de tanto tiempo sin llevar ese néctar a mi boca-

- Señora, ha sido muy lindo y la verdad es que lo gocé mucho, pero si usted no se enoja me gustaría chupar sus tetas que me enloquecen desde el primer día que las vi.-

- Por supuesto que puedes, tómalas y hazme gozar a mi también.-
No sabía cómo ni dónde empezar. Las miraba y me parecía un sueño. Al fin me decidí. Las tomé en mis manos para iniciar una intensa sesión de besos, lamida, chupada y mordiscones, alternando una y otra teta. A cada rato debía parar para tomar aire. Estaba en esa apasionada tarea cuando empecé a escuchar tibios gemidos que poco a poco se hicieron más intensos anunciando el primer orgasmo de Doña Carmen. Yo me asusté un poco porque primero su cuerpo se tensó y me tomó la cabeza con sus manos apretándome contra sus senos, al tiempo que dejó salir de su boca un profundo suspiro de satisfacción.
Cuando noté que Doña Carmen estaba normal, le pregunté
- Está bien señora? Me asusté un poco al verla así.

- Claro que estoy bien, más que bien, requetebién. No sabes lo hermoso que me resultó sentir tu mamada en mis senos. Sentir esa lengua traviesa tuya por mis tetas y tus mordiditas en mis pezones fueron lo más. Fue todo una delicia que te voy a recompensar, pero antes quiero seguir aprovechando de la habilidad y aguante de tu lengua. Puedo?-

- Lo que usted diga señora. Seguramente será algo lindo como todo lo que hemos hecho hasta ahora.-

- Ven, ponte sobre mi cuerpo mirando hacia mis pies. De acuerdo?-

- Pues sí, ya estoy en posición, y ahora qué?

- Ahora vamos a gozar ambos al mismo tiempo. Yo te voy a comer tu pene y tú me vas a comer mi panocha. Cuando digo comer debes entender que tienes que darme gusto con tu lengua en mis labios vaginales y en mi cueva. Tienes toda la libertad para hacer lo que te venga en ganas.-

Puesto sobre ella con mi cara nuevamente frente a esa hermosa concha empecé por chupar sus negros vellos. Los que estaban rodeando su cuca estaban pringados por los jugos que había derramado Doña Carmen. Algunos se enredaron en mis dientes como era de esperar. Ahora tenía su sexo a mi vista pero en posición inversa a la que había tenido previamente. Listo para el ataque me detuve un instante para percibir un olor que tampoco había olido en mi vida. Me llegaba un aroma raro, que pronto descubrí que provenía de su veterana cuca, que lejos de disgustarme operaba en mi como un afrodisíaco que aceleraba mis apetitos carnales.

Con mis manos aparté con suavidad su entrepierna para tener mejor panorama. Era una delicia esa panocha, los labios carnosos de color parduzco que abiertos dejaban ver una cueva rosada y viscosa. Metí mi lengua a trabajar empezando por la paredes de su entrepierna para luego ir hacia el centro del universo sexual y lamer sus labios en movimientos de arriba hacia abajo en repetidas oportunidades que fueron arrancando suspiros y gemidos de mi pareja. En eso estaba cuando por casualidad, con un dedo rocé un pequeño pezón que estaba cubierto por sus labios. Nomás hacerlo, Doña Carmen pegó un brinco y me anunció que había tocado su punto máximo de placer, su clítoris. Me pidió que lo chupara y mordiera suavemente. Así lo hice y Carmen volvió a descargarse con otro orgasmo en mi boca. De su panocha salieron unos jugos que no tuve más remedio que beberlos a su pedido. He de decir que tampoco me disgustaron.
Mientras yo me entretenía con su coño, Doña Carmen que ya tenía mi verga en su boca, succionaba el glande y con su lengua hacía puntillas en la comisura de mi aparato, dándome un goce inenarrable. Con sus manos se aferraba al cipote y me masturbaba con movimientos rápidos. Parecía que recuperaba viejos conocimientos
sobre la materia.

Volviendo a mi tarea, diré que luego del polvo que derramó Doña Carmen en mi boca, yo seguí lamiendo su chocha porque le había tomado el gusto. Mi lengua, curiosa, hurgó los rincones más profundos de su cueva buscando nuevas sensaciones, que por cierto fueron mayores para Doña Carmen pues a cada embestida me respondía con gruñidos de satisfacción. A partir de ese día también me hice adicto a chupar coños.

Estábamos muy entusiasmados cada uno con su juguete, aunque en mi caso sentía una doble excitación. Por un lado comerme el coño de Doña Carmen y por el otro el clímax que me producían la mamada que recibía. Era una carrera para ver quien acababa primero. Además de mi lengua, me ayudaba en la faena con mis labios y hasta con la nariz y mis dedos, eran un festival de toqueteos en la cuca de la señora que ella agradecía mamando con mayor intensidad mi verga.

Eso no podía continuar indefinidamente, así que empecé a sentir sensaciones de correrme y se lo dije. Solo me respondió

- Cuando quieras mi amor, quiero tragar toda tu lechita.
Sentí que mis huevos se comprimían y de mi falo salió otra vez una seguidilla de semen que regó la cavidad bucal de Doña Carmen, quien prevenida no dejó escapar ni una gota. Bebió todo y los restos que quedaron en la punta también fueron absorbidos con una rápida succión.
Nos recostamos uno al lado del otro para recomponer fuerzas. Era risible ver nuestros rostros encharcados con nuestros jugos. Empezamos a besarnos y lamernos recíprocamente nuestras caras para limpiarnos de los pegotes. Parecíamos dos gatos haciéndonos la higiene.
- Como estas?- Me preguntó

- Muy bien, de maravillas. Todo es nuevo para mí y lo que me está enseñando es fabuloso. Esto del sexo es lo máximo.

- Y aun nos restan algunas tareas que en un rato emprenderemos porque quiero que me cojas bien cogida. Necesito sentir tu pene en mi panocha después de tanto tiempo de abstinencia.-

- Eso le iba a preguntar y no me animaba.-

- Ahora vamos a pasar al baño para limpiarnos un poco y de inmediato si tu poronga está dispuesta vamos a darnos otro gusto.-
Pasamos al baño. En ese momento, viéndola en pelotas y de pié, recién pude apreciar la inmensidad de Doña Carmen. Verdaderamente era imponente. Toda una matrona con esas tetas que se sacudían al caminar. Pude apreciar en detalle su culo portentoso, algo caído pero conservando la forma y la consistencia que daría envidia a alguna chavala. Como si eso fuera poco, su terrible panocha peluda que invitaba a comerla nuevamente. Yo estaba en la gloria y deseaba que ese momento no acabara nunca.
Ella se metió a la ducha y me invitó a hacer lo mismo. Todo un espectáculo, ambos en bolas y acariciándonos bajo el agua. Tomó un jabón y me lo pasó por todo el cuerpo. Como es natural se detuvo un buen rato con mi pene y testículos, dándoles una limpieza especial. Cuando acabó me entregó el jabón y mirándome me sugirió que yo hiciera lo mismo con ella. No me hice de rogar y se lo pasé por su cuerpo y piernas. Se abrió de piernas para facilitarme la limpieza de su panocha que estaba pringosa de mi semen. Acabamos, nos secamos y vuelta al lecho para seguir con nuestros juegos. Yo presentía que venía lo mejor.
Y vino lo mejor porque fue una larga sesión en que repetimos los toqueteos y juegos sexuales que nos habíamos regalado previamente. Yo le sobé sus tetas, besé, lamí y mordí sus pezones, volví a meterme dentro de su panocha con mi lengua, besé su vulva, devoré los jugos que Doña Carme derramaba para mí. Ella, por su parte, me comió a besos de lengua, me pellizcó y mordió mis tetitas, me dio un beso en mi agujero trasero que no esperaba y me trastorno, para luego darse un banquete con mi polla que, gracias a mi juventud, volvía a estar dura como al principio.
Eligió para la ceremonia de la penetración la posición llamada del misionero, según me dijo. Se colocó un cojín debajo de sus caderas para ofrecer mejor panorama, se abrió bien de piernas y me dijo
- Ven, te espero. La quiero toda, todita adentro mío. Apúrate y no me hagas esperar que estoy muy caliente y necesito esa pija-
Yo ya no podía hablar, se me había secado la garganta. Solo atiné a decirle
- Ya voy señora.-
Me acomodé despacio tomándola de la cintura y colocando mis rodillas debajo de sus nalgas, tomé mi verga con una mano y lentamente la fui metiendo en su vulva, que la recibió sin mayores contratiempos porque estaba lubricada al máximo. Fui despacio controlándome. Ella trataba de animarme pidiéndome que se la metiera toda. No le hice caso, estaba en el papel del macho dominante, así que fui hacia mi meta muy despacio. Cuando llegué hasta el final del recorrido, sentí unas piernas que atenazaron mi cintura impidiéndome retirarme. Con un poco de esfuerzo comencé a mover mis caderas haciendo el movimiento que tantas veces había visto en los a****les. Fue tremendo. Doña Carmen en éxtasis, deliraba y no me llamaba por mi nombre sino mencionaba a un tal Ramón, pidiéndome que se la enterrara toda sin dejar nada afuera. Seguí y seguí con toda la fuerza de juventud. Sentía que podía controlar mi orgasmo y me dedique a follar con todo ímpetu, para goce y satisfacción de mi amante que además de apretarme con sus piernas, ahora me clavaba sus uñas en mi espalda. Yo firme en mi tarea deslicé mis manos por su culo hasta llegar a su raya y encontrar su agujero. Metí el dedo mayor hasta el fondo y fue en ese momento que Doña Carmen explotó porque me anunció que se derramaba.
- Me vengo mi muchacho, nomás meterme el dedo en mi agujerito y ya no me puedo contener, me vengo amorcito.-
Esas palabras y su rostro convulsionado me excitaron mucho y de tal manera que yo también exploté llenando su cueva con lo que quedaba de mi leche que resultó suficiente para que mi amante la sintiera dentro suyo. A pesar de mi descarga, como sería mi calentura que mi verga todavía se mantenía firme así que seguí con el mete saca ignorando los pedidos a gritos de Doña Carmen para que parara porque ya no podía más. Viendo que cada vez se revolvía más y su mirada se extraviaba, me detuve y quité mi pinga de su chocho que aparecía bien abierto y derramaba mis mocos.
Pasaron varios minutos antes que Doña Carmen recuperara la cordura. Me abrazó muy fuerte y me colmó de besos al tiempo que me agradecía por haberla hecho gozar tanto.
- Quién es Ramón.- Le pregunté curioso.
- Mi difunto marido. Era un diablo para el sexo, lo extraño mucho.-
Miró el reloj de su mesa de noche y se dio cuenta que habían pasado varias horas de mi llegada y se acercaba la hora del regreso de su mucama , así que me llevó nuevamente al baño, me dio una ducha rápida con sus manos, me secó y me pidió que me vistiera para marcharme.
Antes de partir y después de muchos besos en los morros me hizo jurar que lo que había pasado era un secreto entre ambos y nadie debía conocerlo. Si le prometía reserva absoluta volvería a convocarme. Me dio su número de teléfono y me pidió que la llamara cada semana. Así lo hice y por suerte pudimos repetir nuestros juegos, donde con un poco, mas de experiencia disfruté tanto o más que esa primera vez.



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Posted by pepitito 3 years ago  |  Categories: First Time, Masturbation, Mature  |  Views: 2941  |  
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MI RICA ALUMNA.

Nota Aclaratoria: Este relato lo había compartido desde otra cuenta que desafortunadamente perdí, la publico de nueva cuenta para posteriormente darle continuidad a la historia. Espero la disfruten de nueva cuenta.


Soy maestro de preparatoria en uno de los colegios particulares más prestigiados de mi ciudad. Trabajo con los que cursan el 3er. Grado y que están a punto de irse a la universidad. En estos colegios asisten muchos hijos de las familias más acomodadas económicamente hablando de la ciudad. Estos chavos por el modo de vida que llevan están acostumbrado a hacer lo que les venga en gana. Se la pasan en constante reventón consumiendo alcohol y drogas, además de llevar una vida sexual promiscua. Muchas de las veces se acercaban a mi para pedirme algún consejo, por lo que trataba de ayudarlos en la medida de mis posibilidades. Fue así como me hice de los profesores favoritos de la preparatoria. Las chicas se me acercaban a contarme sus problemas, y llegué a ganarme el aprecio de la gran parte del alumnado, a tal grado que me invitaban a sus fiestas. En ocasiones iba, pero en otras no por que es importante marcar un limite.
En una ocasión un grupo me invitó a una reunión en la casa de uno de ellos, asistí con la intención de solo hacer acto de presencia y no rechazar la invitación. Así que llegue a esa hermosa casa en medio del bosque al norte de la ciudad. Ahí estaba todo el salón bebiendo, bailando y pasando un rato agradable. Cuando llegue, inmediatamente me abordó Daniela, una alumna que no era muy brillante pero si agradable. En cuanto me vio se me acercó y me dijo:
- Hoy si vas a bailar conmigo, verdad?
- Por supuesto que si Daniela.
Al acercarse a saludarme con un beso y un abrazo pude percibir el aliento alcohólico que ya traía. Le pedí que me permitiera saludar a todos. Yo no bebo alcohol, así que me serví un refresco, después de darle el primer trago ya tenía a Daniela pidiéndome que bailáramos, así que accedí y fuimos a lo que habían acondicionado como pista de baile en el jardín. Estuvimos durante un rato bailando mientras platicábamos. Daniela bailaba de una manera que hasta cierto punto se me hizo un poco exagerado, con movimientos muy cachondos mientras me miraba de una manera poco usual, lo cual me incomodo un poco por estar en un contexto donde tengo que guardar una cierta compostura. Así que le dije que quería beber algo, nos acercamos a la barra y pedí otro refresco. Algunas compañeras se acercaron a saludarme y a platicar conmigo. Daniela un poco más ebria hacia bromas de que ella venía conmigo y que se calmaran si me querían hacer algo por que yo tenía pareja esa tarde. Me abrazaba y me decía que yo era su pareja esa tarde. Las amigas hacían bromas diciéndome que ya había ligado, que si quería dormir calientito esa noche solo tenía que llevarla conmigo. Algunas más atrevidas hacían bromas diciendo que si se iban con nosotros y hacíamos un trío o una orgía donde yo solo fuera el hombre. Yo entraba a la dinámica cuidando mis comentarios. Ya en los humos del alcohol decidieron salir al bosque a jugar, así que todo el grupo nos fuimos hacía al bosque donde estuvimos un tiempo, cuando ya estaba anocheciendo comenzó a llover. Sin protección alguna el agua caía sobre nosotros, lo que fue usado para jugar y festejar el hecho. Decidí regresarme por que ya estaba completamente empapado, además de que ya era noche y regresar en la carretera con lluvia era un tanto peligroso. Así que me despedí de algunos por que una gran mayoría ya estaba perdidos en el bosque fajando, algunos imagino que cogiendo. Daniela me pidió que le diera un raid, así que comenzamos a caminar en el bosque de regreso a la casa donde había dejado estacionado mi coche. Durante el trayecto se soltó nuevamente la lluvia mucho más fuerte, por lo que tuvimos que resguardarnos bajo la entrada de una casa en construcción. En un momento Daniela me dijo que tenía mucho frío y se acercó a mi para que la abrazara, y así lo hice. La abracé mientras ella metió su cara bajo mi cuello. Daniela es una chica de 18 años de estatura promedio, morena clara, unas enormes tetas, redondas y paradas, unas anchas caderas, nalgas paradas. Ella es muy bonita, cabello lacio, una sonrisa encantadora. Sentir sus tetas como las pegaba en mi cuerpo, hizo que la verga se me parara.
- Hueles muy rico. Me dijo.
- Te gusta?
- Si me encanta, hasta me dan ganas de darte una mordida en el cuello.
- No por que me dejarías una marca y se iba a ver muy mal.
- Y si no te dejo marca me dejarías morderte?
- Y como piensas hacerle para no dejar marca?
Sin decir nada comenzó a mordisquear mi cuello con sus labios, lo que inmediatamente hizo que la verga se me parara aún más. Ella lo sintió por que inmediatamente bajo su mano y comenzó a sobarla sobre el pantalón.
- Que tienes aquí?... mmm..... que rico paquete.
Sin decir nada más comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras la acercaba a mi para que sintiera mi fierro parado en su panocha. La jalaba de las nalgas subiéndola y bajándola restregando su pepa en mi chile bien parado. Tomé sus grandes tetas entre mis manos y comencé a darle un rico masaje mientras nos seguíamos besando. Le dije que nos fuéramos de ahí por que alguien que decidiera regresarse nos podría ver. Yo ya iba con la verga escurriendo. Llegamos al coche nos subimos y tomé la carretera,. Al encontrar una vereda, metí el coche ahí donde nadie nos viera. Apagué el coche y comenzamos a fajar nuevamente, comencé a sobarle su panocha sobre el pantalón mojado mientras subí su playera y bajé su brasier para dejar ver un par de melones enormes con el pezón hinchado por el frío y por la mamada que comencé a darle, ella solo suspiraba.
- Que rico…. Ahhh…
Le desabroché el pantalón y me detuvo diciéndome que le estaba bajando, que estaba en el último día de su regla. No continué ya que no quería incomodarla. Ella desabrochó mi pantalón para dejar salir mis 21 cm. de verga que ya estaba sumamente hinchada de la excitación, la cabeza estaba empapada de rica miel.
- Wow es enorme, nunca había visto una verga así de grande.
La tomo con su mano y comenzó a chaqueteármela , subía y bajaba con su mano, mientras con la otra tomaba mis afeitados huevos y los sobaba. Recliné mi asiento para que pudiera hacerlo mejor. Me estaba masturbando muy rico. Yo solo veía su cara clavada en mi verga.
- Tienes un pito hermoso… puedo?
- Por favor.
Pasó su lengua por todo el tronco de mi chile, lo que hizo que el cuerpo se me enchinara. Con la punta de su lengua comenzó a sobarme el frenillo, estaba a punto de enloquecer. De pronto la metió a su boca y comenzó a succionarla de una manera colosal, subía y baja apretándola entres sus labios, cuando la sacaba succionaba muy fuerte lo que hacía que sintiera que se me iba el alma. Bajaba a mis huevos y los lamia y succionaba. La volvió a meter en su boca y comenzó a mamar cada vez más rápido y fuerte. No aguanté mucho y me vine en un torrente de mocos dentro de su boca. Daniela no dejo escapar ni una sola gota de mi leche. Los dejo en su boca y enseñándome como hacía gárgaras con ellos se lo pasó. Nos dimos un rico beso agradeciéndonos mutuamente ese rico momento. Ya de regreso por la carretera platicamos de los sucedido.
- Que rica verga tienes… te sabe muy rica, tu leche también es muy rica. Me encantaría sentirla dentro de mi, pero no así como estoy ahora.
- Tu me dices cuando y yo encantado de metértela.
- Que te parece mañana saliendo de la escuela? Le digo a mi mamá que iré a comer a la casa de Fernanda y que después iremos al cine, y así tenemos toda la tarde y parte de la noche para estar juntos. Como vez?
- Me parece perfecto.
La llevé a su casa y antes de bajarse nos dimos un rico beso con lo que sellamos nuestro trato de vernos al otro día para coger.
Al día siguiente era Viernes por lo que los alumnos asisten sin uniforme. Daniela vestía un vestido de una sola pieza color rosa con filos negros, unos zapatos altos de color negro, se veía hermosa. Muchos alumnos no asistieron debido a la fiesta de un día antes. Habíamos acordado vernos en un parque cerca de la escuela para de ahí irnos, ya que si nos íbamos juntos desde la escuela despertaríamos sospechas. Al terminar las clases me enfilé al parque y ahí estaba Daniela esperándome, se subió al auto y me dio un beso en la boca. Fuimos a un restaurante italiano a comer. Ella se tomo un par de copas de vino tinto durante la comida, lo que la desinhibió un poco. Al terminar de comer me dijo:
- Tengo ganas de un postre. Algo así como de un plátano con mucha crema. Me podrías complacer con ese antojo que tengo?
- Claro, solo que el plátano te lo tengo que dar en otro lado.
- Ah si, en donde?
- En un lugar donde no nos vean por que se les puede antojar, y si se les antoja les vas a tener que convidar.
- No, ese plátano lo quiero solo para mi.
- Ok, entonces vámonos para que te de ese rico postre.
- Mmmmmm no solo se me hizo agua la boca, sino que también mi panochita se hizo agua.
Pagué la cuenta y nos dirigimos a un hotel a las afueras de la ciudad. Durante el camino Daniela me fue sobando la verga sobre mi pantalón. Cuando llegamos ya traía toda mi verga bien parada. Ya dentro de la habitación ella se metió al baño, mientras yo me senté en uno de los sillones. Cuando salió casi me voy de espaldas. Salió del baño sin el vestido solo con un coordinado color rojo. Una tanga de encaje de las que se amarran de las caderas y un brasier que levantaba sus grandes tetas, los zapatos altos hacían que sus ricas nalgas se levantarán más. Camino hacía a mi con pasos muy sensuales.
- Te gusto papi? Preguntó.
- Si, estas hermosa.
Se dio una vuelta para que viera sus nalgas. Tenía unas piernas muy bien torneadas que eran producto de su trabajo como porrista del equipo de futbol de la escuela. Se agachó recargándose en los posabrazos del sillón que estaba frente a mi y haciendo a un lado la tanga abrió sus nalgas.
- Mira mis hoyitos… quieres ver como se mojan?
- Me encantaría.
Se sentó frente a mi y subió una pierna en el descanso del sillón, hizo a un lado la tanga y comenzó a dedearse. Comenzó a sobarse su clítoris con la yema de sus dedos de forma circular y a meter sus dedos dentro de su conchita. El sonido de sus dedos entrando y saliendo era demasiado cachondo. Con sus dedos abrió sus labios para dejarme ver su rica cuevita.
- Mira como se esta empapando.
Cuando saco sus dedos, un hilo de miel color perla comenzó a escurrir de su panocha, bajando y acariciando su culo. Me saqué la verga que ya estaba bien parada y comencé a chaqueteármela.
- mmmm… Mira que rica se te puso la verga. Me la vas a meter toda?
- Quieres que te la meta?
- Si, quiero sentirla dentro de esta panochita caliente y mojada.
- La quieres toda adentro?
- Si papi, quiero que la metas hasta el fondo hasta que tus huevos choquen con mi culo… mmm... Ayer en la noche que me dejaste; me bañé y me dí una dedeada muy rica pensando en tu rica verga y lo fabuloso que debe ser sentirla toda dentro de mi.
- Ahorita la vas a sentir.
- No te gustaría probar primero el sabor de mi panochita.
- Si.
Sacó sus dedos empapados por sus jugos y embarró sus labios y su lengua con ellos.
- Ven y pruébalos de mis labios.
Me acerque y nos dimos un rico beso donde compartimos ese sabor acre de sus jugos con nuestras lenguas, lo que hizo que la verga se me parara más. Daniela tomo mi verga y comenzó a chaqueteármela mientras nos seguíamos besando. Se acercó y la metió toda a su boca. Comenzó a darme una rica mamada de verga, la chupaba como desesperada. Mientras yo parado frente a ella quien seguía sentada en el sillón desabroché el brasier para meter mi verga entre sus tetas y hacerme una rusa. Cada vez que subía ella recibía mi verga con su boca.
- Que rica verga, me dejó pendeja ayer. Jamás había mamado una verga así de rica.
- Mámala chiquita es toda tuya.
- Si? La quiero solo para mi.
- En este momento es solo tuya.
Por momentos la tomaba entre sus labios y la chupaba fuertemente. Con sus dientes le daba ligeras mordidas a la cabeza, para después volverla a meter a su boca y seguir succionándolas fuertemente. Con la punta de su lengua acariciaba el frenillo lo que hacía que sintiera un escalofrío en la espalda. Volvía a poner mi verga entre sus tetas para que Daniela la apretara con ellas mientras yo subía y bajaba con mi chile acariciando esos dos ricos melones. Por momento bajaba a mamar las tetas que estaba llenas de saliva y de jugos de mi chile, mordía ligeramente sus pezones que ya estaban muy duros, mientras le metía el dedo dentro de su panocha. Saqué mis dedos empapados de sus jugos y se los di para que los probara. Fui bajando y levante sus piernas. Haciendo a un lado su tanga comencé a darle una rica mamada de panocha. Con la punta de mi lengua jugaba con su hinchado clítoris que escurría. Lo tomaba entre mis labios y lo succionaba al mismo tiempo que con la punta de mi lengua le daba masajes de lado a lado.
- Uy… así, así, que rico…. Como haces eso?
- Te gusta?
- Si papi, no pares, no pares por favor.
Daniela se arqueo y comenzó a temblar mientras su panocha comenzó a escurrir chorros de leche mismos que recibía en mi lengua.
- Ahhhh que rico… nadie me había hecho sentir esto. Me vuelves loca, que rico.
La levanté y la lleve a la cama dejando su cabeza colgando en el filo, así, ella boca arriba con la cabeza colgando le di a mamar nuevamente mi verga mientras yo me recosté sobre de ella para seguirle mamando su panocha. Así como estaba, Daniela me chupaba los huevos a su antojo. Nos giramos y quedamos en un rico 69 donde comencé a mamarle su culo mientras con mi dedo jugaba con su clítoris, lo que hizo que ella gritara de placer.
- Uy si papito, que rico, sigue así, así, así, sigue que me voy a venir de nuevo.
Era tanta su calentura que ella levantó mis piernas y comenzó a lamerme el culo, lo que hizo que viera estrellitas y me viniera a chorros en su cuello y espalda, al mismo tiempo que gritaba y se viniera como si estuviera orinando. Nos quedamos recostados extasiados. Daniela se limpio mi leche que había caído en su cuello y hombros y lo lamió. Estaba ante una chavita que no tenía limites.
- Que rica venida papi, nunca me había venido así. Nadie me había hecho sentir esto. Nadie me había dado una mamada en el culo, que rico.
- Ni a mi tampoco me habían mamado el culo.
- Te gustó?
- Mucho.
- Yo nunca había hecho eso, pero la verdad me encantó. Quieres que te vuelva a mamar el culo papi?
- Claro que si.
Yo estaba acostado en medio de la cama, así que Daniela se puso en cuatro patas frente a mi verga y comenzó a mamármela de nuevo. Bajaba y subía con su boca, bajó a los huevos y se metió los dos en la boca. Puso una almohada bajo mis caderas y levantó mis piernas. Pasó su larga lengua de abajo hasta rosar con la punta de su lengua los huevos. Comenzó a lengüetear mi ano con la punta de su lengua. La verga inmediatamente se me paró de nuevo. Daniela me detenía con sus manos las piernas, mientras yo me chaqueteaba. Metió la punta de su lengua en mi culo; que sensación tan rica.
- Te gusta papi?
- Si, por favor sigue.
- Te gusta que sea así de puta… te gusta como te la mama esta puta?
- Si, me encanta que seas así de puta.
- Quieres que sea tu puta?
- Si, quiero que seas mi puta.
- Pues ahorita tu vas a ser mi puto por que te voy a coger con mi lengua.
Daniela comenzó a bombearme con su lengua. Yo sentía muy rico. La verga la tenía al máximo, muy hinchada y escurriendo. Sabía que me podía venir en cualquier momento. Le dije que parara por que ahora se la quería meter. Ella se levantó y se dirigió a al tocador. Se puso de espaldas hincada sobre el banco del tocador e inclinándose hizo de lado su tanga que aún traía puesta dejándome ver sus dos hoyitos. Mirándome me hacía señas con su dedo para que fuera donde estaba ella. Me acerqué con la verga bien parada y le dí una nalgada.
- Ouch papi… que rico. Dame otra.
Le di otra nalgada más fuerte con la que Daniella paró más las nalgas.
- Dame más nalgadas, eso me esta calentando.
Le di toda una serie de nalgadas hasta dejárselas rojas de tanto golpe.
- Ay si papi, pégame por que soy una putona.
- Por que eres una putona?
- Por que tu me haces ser una puta.
- Pues entonces ahora tu vas a ser mi puta, me oíste?
- Si papi, lo que tu me digas.
- Si que?
- Si soy tu puta.
- Repítelo.
- Soy tu puta.
- Más fuerte.
- Soy tu puta.
Le comencé a azotar sus nalgas al mismo tiempo que le ordenaba que gritara que era mi puta. Ella gritaba obedeciendo. Le daba una serie de nalgadas y con mi verga bien parada le sobaba donde la había pegado. Le embarraba mi verga por todas sus nalgas.
- Métemela papi, métemela por favor, ya no aguanto más.
Puse la hinchada cabeza de mi verga en la hendidura de su panocha y le di unos brochazos de arriba hacía abajo.
- Ahhhhh… ya déjamela ir.
Se hacía para atrás queriéndose ensartar mi verga, pero yo retrocedía impidiéndole que la metiera. Le ponía la puntita y empujaba un poco.
- Ya no me hagas sufrir.
- Pídela putita, pídeme que te meta mi verga, suplica ser cogida por mi chile.
- Por favor, cójeme con esa rica verga. Usa a tu puta, úsame para descargar tu leche en mi.
Cuando decía eso le dejé ir toda mi verga de un solo golpe hasta adentro. Ella solo reculo y levanto la cabeza.
- Uy si papito, que rica verga tienes.
La tomé de los cabellos jalándola hacía mi y comencé a bombearla fuertemente mientras le daba de nalgadas. Escuchaba como nuestros cuerpos chocaban generándose un rico sonido. Su panocha comenzó a escurrir sus jugos empapándome los huevos y mi pelvis. Que hermosa se veía mi verga entrando y saliendo de su rica papaya, mientras esta la llenaba de esos juguitos blancos. El olor que despedía su jugosa panocha era encantador. Del movimiento de mis bombeadas su tetas se movían de atrás hacia delante. Por momentos las tomaba con la mano que tenía libre, ya que con la otra le seguía jalando el cabello y las apretaba para apoyarme y empujar toda mi verga hasta adentro. Por momentos sentía como mi verga pegaba con su matriz.
- Ay ay ay ay… así cójeme, así, así, así coge a tu puta.
Saqué mi verga y la hinque para que la chupara. Daniela estaba poseída, tenía los ojos en blanco chupando mi verga.
- Vuélvemela a meter por favor.
La subí a la cama y le levante las piernas para hacerle a un lado la tanga roja que ya estaba empapada de nuestros jugos. Golpee su panocha con mi verga y se la dejé ir de un solo golpe. Daniela solo gritaba cada que recibía mi verga dentro de ella. La tomaba de las caderas y la subía y bajaba mientras tenía mi verga dentro. Subí una pierna sobre el colchón para poder apoyarme mucho mejor y poder meterla hasta el fondo.
- Huy papi que rico, eres buenísimo. Ayer que me metía los dedos pensando en ti, me imaginaba que así me cogías … sigue, sigue cogiéndome así, métela toda hasta adentro.
El mete y saca de mi verga en su panocha hacia una ruido muy cachondo de sus jugos y los míos. Podía sentir con perfecta sensibilidad como cerraba sus paredes vaginales y acariciaba el tronco de mi chile.
Me acosté boca arriba mientras Daniela se montaba en mi para recargar sus labios vaginales en mi verga parada que descansaba en mi abdomen, sobando todo la base de mi parada verga con sus labios. Ella se movía de atrás para adelante rozando su clítoris con mi chile. Sentía como empapaba mi verga con sus jugos que no dejaban de brotarle de su pepa que estaba hirviendo. Paro las nalgas para clavarse mi verga de un solo sentón en esa papaya que seguía pidiendo verga a gritos.
- Huy que rico papi, siento que me va a partir en dos. La siento hasta el ombligo.
Daniela comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo dándose unos ricos sentones en mi hinchada verga como si quisiera acabar con ella.
- Huy que rico siento tu verga.
- Siéntela putita, siente esta verga.
La tomé de las caderas para ayudarle a subir y bajar empujándola hacía abajo cada que se ensartaba mi chile en su papaya y de ese modo le llegara hasta el fondo. Sentía como sus jugos empapaban hasta mi abdomen, mis ingles, y como sus jugos escurrían por mi huevos hasta mojarme el culo.
Nos giramos quedando ella abajo, por lo que la tome de los tobillos para abrirla en compas y bombear fuertemente dentro de ella. Cada que la empujaba fuertemente sus tetas se agitaban creando una danza muy rica. Daniela apretaba mi verga con sus paredes vaginales lo que me generaba una mayor sensación placentera en mi chile. El ver como su panocha acariciaba mi verga en cada metida y sacada hizo que no aguantara mucho y sacando mi verga de su panocha me vine en sus ricas tetas y boca de Daniela.
- Ahhhh papi que rica esta tu leche, me encanta comerla.
La leche que quedó en sus tetas Daniela la tomo con sus dedos y se la metió a la boca para devorarla como una autentica come mocos. Tomo mi verga y la succiono fuerte para no dejar ninguna gota de mi leche dentro de mi pito. Nos tiramos en la cama exhaustos por tan rico palo. Después de descansar un rato nos metimos a bañar donde continuamos con el cachondeo. Mientras nos enjabonábamos el cuerpo Daniela se hincó para mamarme la verga mientras me metía un dedo en el culo, lo que hizo que la verga se me pusiera tiesa de nueva cuenta. Por lo que la puse de pie para recargarla de frente a la pared, levanté sus nalgas y se la deje ir por el culo llenando mi verga de lubricante a base de agua. Cuando le entró la punta Daniela reculó y lanzó un grito, por lo que me quedé quieto para que su culo se acostumbrara al grosor de mi chile. Una vez que se acostumbró fue ella misma quien comenzó a hacerse para atrás lentamente comiéndose toda mi verga. Por lo que comencé a moverme de atrás hacia delante lentamente para no lastimarla ya que era la primera vez que se la metían por el culo.
- Huy! que rico, que sensación más deliciosa. Sigue moviéndote así de rico papito, sígueme cogiendo por el culito.
- Te gusta perrita, te gusta como te culea tu macho?
- Si papi, me encanta tu vergota en mi culo, dame verga por el culo, ahora si soy toda una putota por que me gusta la verga por la cola.
Mientas la bombeaba con mi mano sobaba su hinchado clítoris haciendo que Daniela se pusiera mucho más caliente.
- Así papi, así, culéame así, culea a tu nueva puta.
Comencé a acelerar los movimientos de mete y saca que combinados con las estreches de su culo hicieron que me viniera de nueva cuenta pero ahora dentro del culo de Daniela. Descargue rico chorros de leche en el intestino de mi alumna quien a partir de ese momento se convirtió en mi amante. Y no solo ella, sino que ella misma invitó a varias de sus compañeras a coger con nosotros en muchas ocasiones. Cuando ese día terminamos, ya era de noche, por lo que nos bañamos y llevé a Daniela a su casa. Cuando llegamos a su casa su madre estaba afuera con una vecina platicando, me saludó amablemente y me pidió una cita ya que quería hablar conmigo de algunas cosas relacionadas con Daniela. Cabe decir que esa cita se convirtió no solo en una, sino en varias donde terminé cogiendo con la mamá de Daniela. Así que tenía como amantes a la mamá y a la hija. Espero en algún momento poder convencerlas para que hagamos un trio. Si sucede, créanme que se los haré saber.


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Posted by Padriniuxxx 3 years ago  |  Categories: Hardcore  |  Views: 1494  |  
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LA MAMÁ DE MI RICA ALUMNA

LA MAMÁ DE MI RICA ALUMNA.

Anteriormente les había narrado la experiencia con mi alumna de nombre Daniela. Y de cómo esa primera vez que salimos, al ir a dejarla a su casa, su madre me pidiera amablemente platicar conmigo asuntos relacionados con su hija. Bien; pues en el transcurso de la semana recibí la llamada de la madre de mi alumna quien me pedía una cita para hablar acerca de asuntos relacionados con su hija. Le comenté que podía recibirla en la escuela, a lo que ella me contestaría que se sentiría más cómoda en un lugar ajeno a la escuela. Le pedí que sugiriera algún lugar, donde pudiera sentirse cómoda, ella sugirió un Sanborns, así que acordamos el día y la hora. El día de la cita llegue puntual, y la señora llego unos minutos después. Una vez que nos saludamos nos dirigimos al restaurante del lugar. Pedimos algo de tomar y estuvimos platicando de cosas sin importancia como una manera de romper el hielo. La mamá de Daniela comenzaría hablando sobre la preocupación que tenía por haber encontrado en la habitación de su hija un dildo, y algo que hizo que la sangre por un momento se me helara, fue que me dijera que un día antes que me viera llevar a su hija a casa, la escuchara jadeando en su cuarto masturbándose repitiendo mi nombre. Controlándome y haciendo gala de una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir, le pregunté el por que suponía que se refería a mi cuando mencionaba mi nombre, siendo que hay muchas personas con el mismo nombre. La madre intuitiva por no decir nada pendeja, supuso que era yo por que al día siguiente vio que yo lleve a su hija a su casa.

- Mira, no tendría ningún problema con que tu tuvieras algo que ver con mi hija. Me comentó.

Su comentario me tranquilizó, ya que de alguna manera me estaba dando permiso de andar con su hija.

- Además, no culparía a mi hija de que tu le gustaras, eres muy guapo. Me sentiría mucho más tranquila de saber que sale contigo que con uno de esos pinche chamaquitos con los que luego sale.

Me daba la impresión de que la señora quería sacar algo. Intuía que había algo entre su hija y yo, pero no podía asegurarlo. Posteriormente me platicaría la manera en la que a Daniela siendo hija única le afecto el divorcio de sus padres, y de cómo a la señora le ha costado trabajo establecer una relación de pareja estable. Entró en el tema de sus parejas, de sus amantes, detallando aspectos de su vida sexual, de si la satisfacían o no, y demás cosas que comenzaron a pararme la verga. Durante la charla, la señora tomaba mi rodilla con su mano cada vez que hacía algún comentario jocoso. Era un poco evidente que la señora quería tener algún tipo de contacto físico conmigo. Seguimos charlando de manera muy agradable hasta que la tarde se hizo noche rápidamente, así que tuvimos que despedirnos. Pagué la cuenta, y ya estando en el estacionamiento la señora me dio un fuerte abrazo y un beso donde su labios rozaron la comisura de los míos.

- Ojala nos pudiéramos ver otro día y en otro lugar. Me susurró al oído.
- Si, cuando gustes nos vemos, solo llámame y nos ponemos de acuerdo.
- De verdad te puedo llamar cuando guste? Preguntó.
- Por supuesto, cuando gustes. Respondí amablemente.
- Entonces no tardare en llamarte. Me dijo sonriendo de una manera un tanto maliciosa.
- Ok. Cuando gustes.

Dos días después (Sábado) estaba en casa mirando una película cuando sonó mi celular. Al contestar, me sorprendió escuchar a la mamá de Daniela del otro lado de la línea.

- Hola, como estas? Preguntó.
- Muy bien, gracias, y tu?
- Bien también.
- Que haces?
- Viendo una película.
- Y eso?
- La verdad hoy no quise salir, quise quedarme en mi casa descansando. Y tu?
- Yo vine a una comida con unas amigas, pero la verdad ya estoy muy aburrida, y me preguntaba si te gustaría hacer algo?
- La verdad no se me ocurre nada.
- O quieres quedarte en tu casa a seguir descansando?
- La verdad; no tengo muchas ganas de salir.
- Y si me invitas a descansar contigo?
- Si quieres venir a mi casa, adelante.
- En serio?
- Si, por supuesto.
- No te m*****a que vaya?
- No para nada, en lo más mínimo. Eres bienvenida.
- Quieres que lleve algo de tomar.
- Si gustas traer algo, tráelo.
- Ok, entonces voy para allá.

Después de explicarle donde vivía colgamos. A los 20 minutos llego la mamá de mi alumna quien vestía un vestido de una sola pieza a rayas y unos zapatos descubiertos. La verdad, cuando la vi se me antojo demasiado. Traía consigo una botella de vino. Anteriormente había comentado que yo no bebo alcohol, así que saque una copa para servir el vino y yo me serví un poco de té helado. Nos quedamos en la sala platicando un poco. De cómo había estado la comida y cosas sin importancia.

- Y que película veías?
- Rock and Rolla.
- No quieres seguirla viendo?

Esa sugerencia se me hizo un poco obvia, pero como debo manejarme con mucho cuidado por mi trabajo, le comenté que si ella la quería ver, a lo que respondió que si quería verla. Así que nos fuimos a mi cuarto. Puse la película y me acosté en la cama. Ella solo se sentó en la orilla al otro lado de la cama.

- Si gustas puedes acostarte para que estés más cómoda. Le sugerí.
- Ok, muchas gracias.

Se quitó los zapatos y se acomodo a mi lado. Yo solo vestía un short de lana un poco holgado y una playera sin mangas. Mientras la película transcurría la mamá de mi alumna se iba acercando cada vez a más a mi. Mientras veíamos la película hacíamos comentarios que nos hacían reír, lo que ella aprovechaba para poner sus manos sobre mi pierna o para juntar sus pies con los míos. En un momento la temperatura ambiente bajo, por lo que me levante para ir por un cobertor que nos cubriera. Así que bajo el cobertor la señora se acercó a mi y me pido que la abrazara. La abracé lo que ella aprovecho para pegar su cuerpo al mío y subir su pierna sobre la mía.

- Que rico, me haces sentir muy bien. Me susurró al oído.
- Te gusta? Pregunté.
- Si, mucho, que rico momento no crees?
- Si, por supuesto.

Sin decir nada más, comenzamos a besarnos de una manera muy rica, entrelazando nuestras lenguas, mientras la señora comenzó a jadear muy fuerte.

- No sabes las ganas que he tenido de estar contigo. Me dijo entre jadeos.

Yo ya tenía la verga bien parada de tanto estarla frotando en su cuerpo. Mientras nos besábamos acariciaba la pierna que tenía encima mío. Subía desde su pantorrilla hasta el muslo para llegar a sus ricas nalgas. Ella me besaba el cuello succionándolo ligeramente. Bajé su pierna de la mía para meter mi mano entre sus piernas y sentir su tanga empapada de sus jugos. Cuando mi mano acaricio su mojada panocha sobre su tanga ella lanzó un suspiro. Comencé a frotar mi dedo en la hendidura de su puchita de arriba hacia abajo. Ella hacia movimientos pélvico en circulo mientras me jalaba para que la besara, le pedí que abriera la boca, cuando lo hizo, deje caer un hilo de saliva dentro de su boca, lo que hizo que se pusiera a mil.

- Ay papito que cachondo eres. Me gustas mucho.

Hice a un lado su tanga y frote su clítoris con la yema de mi dedo, al momento del contacto con mi dedo ella se estiró hacia atrás como si estuviera poseída. Con los ojos en blanco se retorcía en la cama mientras mi dedo hacia movimientos en circulo en su clítoris que cada vez se ponía más duro. La señora en su calentura buscó mi verga con su mano, misma que ya estaba bien parada. La tomó por encima de mi short y al tenerla entre su mano comenzó a jalármela, mientras yo metía dos dedos en la papaya de la señora que ya estaba escurriendo sus jugos a borbotones.

- Que rico, que rico. Solo repetía con voz susurrante y entrecortada.

Pude sentir como su panochita comenzó a escurrir más mientras sus piernas se tensaban y ella se estiraba mientras lanzaba gritos de placer.

- Ahhhhhhh que rico, me estoy viniendo.

Metiendo la mano dentro de mi short dejo escapar mi verga que brinco de lo parada que estaba. La mamá de mi alumna se la llevó inmediatamente a la boca en un acto desesperado como si en ello se le fuera la vida. Comenzó a succionarme la verga tan fuerte que sentí que me podía hacer venir en cualquier momento. Que rico mamaba, succionaba al mismo tiempo que con su mano me la jalaba de atrás hacía adelante. El sonido de sus labios jalando mi verga era tan cachondo que hizo que se me parara más la verga.

- Que rico pito tienes, tenía mucho tiempo que no mamaba una verga así de rica. La tienes muy rica.
- Te gusta?
- Si papito me gusta mucho tu pito. Me lo quieres meter?
- Si por supuesto.

Quitándose la tanga la señora se puso de perrito y levantando el vestido, abrió los labios de su papaya para invitarme a que le clavara mi chile en esa jugosa panocha que ya escurría un rico hilo de jugos color blanco.

- Métela.

Pasé la hinchada cabeza por toda la hendidura de su papaya para lubricarla con sus jugos, mientras ella lanzaba suspiros al mismo tiempo que seguía pidiendo que se la metiera.

- Me tienes muy caliente papito, ya métemela por favor, ya no aguanto esta calentura. Ya cógeme por favor.

La empuje y se la dejé ir de un solo golpe hasta dentro de su panocha, lo que hizo que ella lanzara un grito y me volteara a ver.

- Aayyyy papacito que rico pedazote de carne, me vas a partir en dos. Pero no te preocupes tu sigue. Síguele por favor, no te detengas.

Comencé el mete y saca muy profundo, por lo que la tomé de los hombros para apoyarme y dejársela ir hasta adentro de su panocha que a cada embestida escurría sus jugos, mismos que hacía brillar mi chile. Podía ver como sus labios inferiores se estiraban acariciando mi chile cada vez que sacaba mi verga para tomar vuelo y dejársela ir de nueva cuenta en su cuevita. Un rico olor a sus jugos comenzó a inundar el ambiente lo que hacía que yo me pusiera más caliente.

- Sigue papito, síguele, no pares para nada, cógeme, cógeme como quieras chiquito.

Me decía eso mientras estiraba su mano por debajo de sus piernas para acariciarme los huevos.
- Dame, dame, dame papacito, pícame, pícame cabrón. No tienes idea de cómo quería que me tuvieras así ensartada.

Era curioso como a poco más de una semana esta misma verga estaba dentro de la panocha de su hija quien al igual que su madre pedía más verga. En ese momento pensé en que diría Daniela si me viera cogiéndome a su mamá. Y al mismo tiempo en que diría esa señora que tenía empinada con mi verga adentro, si se enterará que lo que se estaba comiendo en ese momento ya se lo había comido su hija. Esa idea me hacía ponerme mucho más caliente de lo que ya estaba. Por lo que aceleré los movimientos lo que provocó que la señora comenzara a venirse gimiendo como una verdadera puta.

- Ahhhh así, así síguele que me voy a venir, más fuerte, más fuerte, así papi así.

La señora estallo en un rico orgasmos que la hizo desvanecerse, quedando boca abajo mientras yo seguía encima de ella bombeando dentro de su rica papaya. Le saque mi verga y me acosté boca abajo para que ella se montara. Se montó dándome la espalda, mientras se sostenía en sus piernas comenzó a brincar sobre mi chile que ya estaba a punto de estallar, hacía movimientos de arriba hacía abajo chocando sus nalgas contra mi pelvis. Por momento se sentaba por completo tragándose toda mi verga mientras hacía movimientos de atrás hacia delante y en circulo, lo que me provocaba la sensación de que me iba a arrancar mi verga. Se dio la vuelta para ensartarse nuevamente mi chile y mover su caderas de arriba hacia abajo.

- Te gusta? Preguntó
- Si, mucho.
- No te muevas, deja que yo haga todo. Me dijo.

Terminando de decir eso, comenzó lentamente a subir y a bajar sobre mi palo, mientras sentía como sus paredes vaginales apretaban mi hinchado pito y lo soltaban. La señora tenía perrito, un perrito muy bien entrenado que me mordía haciéndome sentir una rica sensación recorriendo todo mi cuerpo. La señora apretaba fuertemente mi hinchada verga y la soltaba, para después apretar y soltar en repetidas ocasiones de manera más rápida, por que no tardé mucho en quererme venir.

- Ahhhhh me vengo, me voy a venir. Le advertí.
- Vente papito, vente dentro de mi, no te preocupes estoy operada, no pasa nada.

Solté un torrente de mocos dentro de la panocha de la caliente señora que no dejaba de apretar y soltar mi verga con esa vagina que parecía tener dientes, al mismo tiempo que seguía dándose de sentones en ella.

- Ahhhhhh que rico. Grité.
La señora no dejaba de darse de sentones lo que hizo que la sensación fuera mucho más fuerte.

- Ya, ya, espera, ya me vine. Le decía a la mamá de mi alumna.

Pero ella seguía ensartándose en mi chile. Yo comencé a gritar de placer y dolor. Fue una sensación extraña que jamás había yo experimentado. Por fin se detuvo, y se puso de pie sobre mi para subirse la falda con una mano, mientras con la otra abría sus labios vaginales para dejar escapara mi leche de su panochita, brindándome un espectáculo muy cachondo mirando como mi leche salía de esa papaya y caía sobre mi pecho.

- Mira como sale tu lechita caliente.

Ahora entendía por que Daniela era tan caliente y no tenía prejuicio alguno para prestarse a cualquier juego sexual. Se acostó a mi lado y estuvimos platicando sobre muchos temas entre esos su hija.

- No le vayas a decir esto a Daniela, no se como lo vaya a tomar si se entera. Me dijo ella.
- Como crees tu que lo vaya a tomar? Pregunté.
- No se, pero la verdad yo creo que tu le gustas mucho a ella por que todo el tiempo me esta hablando de ti, a cada momento te menciona, y cuando lo hace veo un brillo muy particular en sus ojos.
- Y eso te m*****a? Volví a preguntar.
- No para nada, como te dije la vez anterior, preferiría que saliera contigo a que saliera con esos chavitos pendejeros con los que luego sale.
- Y que tal si me la pico? Le dije en un tono de broma
- Serías capaz? Me dijo riéndose.
- Bueno, Daniela esta muy buena, y como no desear cogérmela.
- Eres un depravado. Me dijo riéndose al mismo tiempo que me pegaba un manazo en mi hombro.

Ambos nos echamos a reír, pero algo me decía que la señora quería saber si yo ya me había cogido a su hija. Nos levantamos para meternos a bañar juntos. En la regadera pude apreciar muy bien el cuerpo de la mamá de mi caliente alumna. Una señora con unas ricas tetas operadas, grandes, redondas y firmes. Un cuerpo bastante estilizado para su edad. Sus nalgas que en algún momento estuvieron bien paradas ya no lo estaban tanto, pero era muy apetitosas aún. Independientemente que la señora era muy guapa, era una agradable compañía. Nos comenzamos a enjabonar nuestros cuerpos mutuamente, como días atrás lo había hecho con su hija. Comencé a chupar sus ricas tetas que inmediatamente pusieron a la señora muy caliente de nueva cuenta, por que sus pezones se pusieron erectos al instante. Ella se hinco para mamarme la verga mientras con su mano acariciaba mis huevos.


- De verdad te cogerías a Dany? Preguntó mientras seguía mamando mi verga.
- Si, si me la cogería.
- Como te la cogerías? dime como.
- Me la cogería igual que a ti.
- Dejarías que te la mamara como te la estoy mamando yo?
- Si, dejaría que me mamara la verga así como lo estas haciendo tu. Imagino que debe de mamar verga igual o más rico que tu.
- Más rico, por que ella va a ser mejor puta que yo.

Yo ya estaba muy caliente solo de acordarme que de igual manera tuve a su hija hincada mamando mi verga como en ese momento lo estaba haciendo ella.

- No solo dejaría que me mamara la verga, sino que me la cogería por el culo. Le dije en mi calentura.
- Si la culearías?
- Si, le reventaría el culo muy rico.
- Como lo harías, dime como.

No dije nada, solo la levanté y la puse en la misma posición en la que puse a su hija. Recargada de frente contra la pared, con los brazos en alto, mientras le abría las nalgas a la señora para meter mi lengua en su culo mientras con mi dedo masajeaba su clítoris que rápidamente se hincho.

- Ahhhhhhh eso le harías a mi Dany?
- Si, esto le haría, esto y más.
- Que más, enséñame que más le harías a mi niña?

Tome el jabón y le comencé a sobar el chiquito de ella con él para lubricarlo y al mismo tiempo lavarlo. Metí primero un dedo en su colita, con el que ella lanzo un gemido muy cachondo, al mismo tiempo en que levantaba la pierna y la pusiera en mi hombro para que así pudiera yo meter mi lengua en esa rica panocha que ya escurría. Mientras le chupaba su rica panocha al mismo tiempo le metía un dedo más a su culo para dilatarlo y así mi gruesa verga no le fuera a doler. Termine de meterle tres dedos y hacia movimientos de mete y saca mientras ella gritaba de placer, mientras lamía y mordía sus nalgas.

- Así, así, que rico.

Saqué mis dedos de su culo y la volví a recargar de frente contra la pared, le di una fuerte nalgada.

- Pare las nalgas. Le ordene.

Ella solo obedeció y con sus manos abrió sus nalgas ofreciéndome su rico chiquito que ya estaba dilatado. Dejé caer un hilo de saliva en su cola y en mi chile para lubricarlos. Coloqué la hinchada cabeza de mi verga en la entrada de su culo y sentí claramente como cada uno de los pliegues de su ano la acariciaban. Empuje y mi chile entró sin ningún problema hasta la mitad. Ella solo pujó.

- Uy! papito, me vas a partir en dos.

Utilizaba las mismas expresiones que Daniela decía a la hora de estarla cogiendo, o quizá era que Daniela utilizaba las expresiones que su mamá decía a la hora de coger. Esta idea me calentó demasiado ya que me hizo pensar que probablemente Daniela espiaba a su madre mientras esta cogía con sus galanes en su casa, lo cual a su vez me hizo generarme la fantasía en ese momento de que Daniela estuviera viendo como cogíamos. Así que con mi verga dentro de ano de la madre de mi alumna comencé a bombearla fuertemente mientras pasando mis brazos bajo sus axilas, tomé sus hombros para así poderme apoyar y ensartarla mejor. Comencé a cogerla de una forma muy dura por lo caliente que ya estaba mientras ella gritaba de placer.

- Así quieres que me coja a la puta de tu hija? Dímelo así quieres que me la coja?
- Si papi, así, así cógetela.
- Vas a dejar que me la coja?
- Si papito chulo cógetela, yo te doy permiso, pero mientras cógeme a mi por favor.
- Pues así me voy a coger a la puta de Daniela, así hasta que grite de placer como tu.
- Ay si, ay ay ay, si, así cógetela, así hazla gozar como a mi.
- Le voy a llenar su culo con mi leche.
- Si mi amor, llénaselo todo.

No aguanté mucho y solté toda mi leche dentro del culo de la madre de mi alumna, quien me volteo a ver a la cara y pude apreciar que algunas lagrimas le escurrían de sus ojos. Al sacárselo vi que mi verga tenía sangre. No me di cuenta en la calentura que de lo fuerte de las embestidas le desgarré algunos pliegues del culo. La mamá de Daniela estaba adolorida del culo. Por lo que me disculpe.

- No te preocupes, si estoy adolorida pero estuvo muy rico.

Le puse un poco de pomada en su culo para que el dolor se mitigara. Nos quedamos platicando hasta casi amanecer. Y me confeso que muchas veces se dio cuenta que Daniela la espiaba cuando ella estaba cogiendo con alguien en su casa, lo que confirmó mi teoría, y al mismo tiempo entendí del por que de la cachondez de la chavita. y lo mejor fue que cuando confesó que el que su hija la observara mientras cogía le excitaba mucho. Le pregunté que si era verdad que me daría permiso de que me cogiera a su hija, ella me contesto que si, que podía cogérmela cuando yo quisiera, siempre y cuando no la obligara. Lo que la señora no sabía es que a la puta de su hija no se le obligaba, ella misma pedía verga a gritos. Le pregunté que si no le excitaría la idea de ver como me cogía a su hija. La expresión de su rostro cambió por completo cuando lo mencioné. Me dijo que podría ser muy excitante, pero que no sabría como reaccionar ante este hecho. Le propuse que si lo prefería podía filmar el encuentro sin que Daniela se diera cuenta, y después ver el video juntos. Ella se calentó de inmediato y me dio su aprobación con una rica mamada de verga, y sellamos nuestro acuerdo con otro delicioso palo donde me repetía constantemente que me cogiera muy rico a su hija como me la había cogido a ella.
Más adelante les contaré como fue todo esto, y como después de varios meses (esto que les narro tiene varios meses que sucedió) por fin una de mis fantasías de toda la vida se hizo realidad al cogerme juntas a la mamá y a la hija.
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Posted by Padriniuxxx 3 years ago  |  Categories: Anal, Hardcore  |  Views: 2081  |  
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