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La estancia

Posted by reininblack 1 year ago  |  Categories: Group Sex, Hardcore, Voyeur  |  Views: 805  |  
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La estancia

Cuando llegué al Hotel, tomé una buena ducha, puse a cargar las baterías de las cámaras y, cambié las pastillas por otras vacías y con capacidad, porque nunca se sabe.

Ya lista y arreglada después del viaje, llamé a las personas que debían tener la reunión con Liber1 para quedar con ellos y, explicarles el motivo del retraso en un día de la reunión. Sin nada más aceptaron las explicaciones y dijeron que nos veríamos mañana cuando llegase mi maridito.

Estuve hablando con Liber1 y, quedé en verle al día siguiente en el aeropuerto para venirnos juntos y directamente a la reunión.

Después decidí hacer algo de turismo para pasar todo el resto del día, así que me fui a la calle a patear la ciudad y el centro histórico, fue un día ameno y relajado, y por el anochecer regresé al hotel para cenar y subir a la habitación.

En el comedor del Hotel había mucha gente y bullicio, todas las mesas estaban completas y, tendría que esperar o cenar en la habitación, ya estaba a punto de subirme, cuando un señor que estaba cenando solo, le indicó al camarero que, me preguntase si quería podía cenar con él compartiendo la mesa.

Me dio algo de apuros pero acepté encantada el ofrecimiento y, me senté a la mesa. Era un hombre atractivo, de unos cincuenta años, bien cuidado y ejecutivo, de mediana estatura, se encontraba en un viajes de negocios, y yo le conté mi avanzadilla.

Era un buen conversador y, pasamos una cena entretenida y amena, de vez en cuando coqueteaba conmigo y, yo comencé a provocarle, llevaba las cámaras con las baterías dispuestas en mi bolso, así que no había problema para dejar constancia a mi cabron de lo puta que es su mujer.

Por aquello de la intuición femenina se me ocurrió poner las cámaras en marcha dentro del bolso antes de levantarnos de la mesa y, nos fuimos hacia el ascensor.

En el camino, pude arreglármelas para coger una de las cámaras y colocarla en el bolsillo superior del bolso de tal forma que, al ser transparente, podía grabar también alguna imagen. Antes de que el ascensor llegase me preguntó si me apetecía tomar una copa con él y, acepté encantada, subimos a su habitación, sirvió las copas y, cogiéndolas me dijo, saben mejor fuera, ven, la sala es muy acogedora.

Se veía que conocía bien el Hotel, y me condujo a una sala con sillones y mesas y, una chimenea, no había nadie, nos sentamos cerca de la chimenea y, brindamos.

Aproveché para sentarme frente a él, y con gestos dejarle a la vista mi coño, todo depilado y, al aire libre, sin braguitas, preparado para ser follado. Su reacción no se hizo esperar y, se levantó, sentándose a mi lado, en el sofá, de espaldas a la puerta de entrada.

Con la copa en una mano y, susurrándome al oído, cosas del estilo, me encantan las mujeres tan calientes como tu, y tan morbosas que caminan libremente sin ropa interior, sentí su otra mano, subir por debajo de mi falda y colarse entre mis muslos.

Ummmm, era delicioso y, yo ya estaba bien caliente, el bolso puesto en la mesa en frente de nosotros, grababa dejando constancia de lo zorra que puedo llegar a ser, y me distendí apoyándome hacia atrás en el sofá y, aflojé las piernas.

Al sentir que la presión de las piernas desaparecía, las abrió con la mano, levantó la falda y, sin pensar en si pudiera o no entrar alguien, sus dedos comenzaron a rozar mis labios vaginales.

La humedad comenzaba a brotar de mi raja y, sentía sus dedos, pasar por entre los pliegues de mis labios vaginales separándolos, y haciéndome disfrutar con el gesto. Seguíamos hablando y bebiendo como si nada, mientras, mi coño daba picotazos de deseo y placer y yo me abría completamente de piernas.

Con las piernas abiertas, sus dedos comenzaron a entrar y salir de mi rajita con facilidad, y gemía suavemente, mordisqueándome los labios. Pronto, sus dedos pasaban de entrar y salir dentro de mi húmedo coñito, a acariciar y frotar mi clítoris que, estaba hinchado, todo sonrosado y húmedo y, me estremecía, provocándome dos orgasmos seguidos de lo excitada que estaba.

Aún no había palpado su entrepierna, pero se notaba a simple vista, el bulto crecido de forma descomunal debajo del pantalón de vestir.

Soltamos las bebidas en la mesa y nos dejamos llevar por la lujuria y el deseo.

Me tumbó boca arriba en el sofá y, levantándome la falda, se inclinó sobre mi vulva y comenzó a lamerla, sorbiendo todos los jugos vaginales emanados por los orgasmos, con gestos y sonidos de placer y delicia.

Con su lengua abriéndome los pliegues de mis labios vaginales que recorría mi clítoris y, presionaba con sus labios, tuve otro orgasmo que a penas podía contener, completamente abierta de piernas, y mientras me corría en su boca, sentí cómo me entraban dos dedos en mi ano, dilatándolo y estimulándolo.

Su boca seguía con mi coño, sorbiendo jugos y, lamiéndolo entero, mientras sus dedos entraban y salían de mi agujerito negro agradecido por la atención prestada.

Se sentó en el sofá y, se sacó por la cremallera bajada, la polla, dura y tiesa, y bastante gruesa, me asió del pelo y, me obligó fuertemente a tragarme la polla, chupándola que, también estaba ya mojada de los jugos emanados por la excitación. Su sabor era ácido pero agradable, al no ser demasiado fuerte.

La succioné con mis labios y con mi boca, mientras mi lengua la recorría un poco, notando cómo se engordaba algo más aún de lo que ya estaba y, cogiéndome por las caderas, me sentó encima, clavándome la polla por el culo, apretando hacia él y enculandome bien enculada.

La falda la levanté, dejando que la cámara recogiera la enculada, comencé a saltar encima con la polla bien dentro, mientras sus dedos estimulaban mi clítoris. Si alguien hubiese entrado, nos habría pillado con una buena enculada en medio de un salón de un hotel.

Mi culo estaba abierto, pero dilataba con cada embestida de ese bestial instrumento, que entraba y salía, y apretaba asiendome por las caderas, una y otra vez.

Pronto sentí el orgasmo provocado por las caricias del clítoris, y con los espasmos de placer, noté su leche derramarse dentro de mi ano, luchando por salir, pero no pudiendo por la gordura de ese falo que me atravesaba.

Poco a poco, me puse de pie y fui sacando la polla de mi culo, que estaba muy abierto y dilatado, con disimulo, me di la vuelta y lo orienté hacia el objetivo, grabando lo abierto que estaba y, se veía en la grabación, la leche saliendo a borbotones de mi ano, cogí un clinex y, taponé para no mancharlo todo de semen.

Nos dimos un beso y nos despedimos, había sido una velada completa, sobre todo para mi, desde el comienzo del viaje en el tren.
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Posted by MartaMo 1 year ago  |  Categories: Anal  |  Views: 467  |  
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Muhammad...

Me llamo Tony y en la época en que relato este suceso tenía 21 años, habitualmente resido en la costa Catalana , en el Maresme , una comarca al norte de la ciudad de Barcelona , en una localidad costera, industrial con fuerte composición de emigración, básicamente marroquíes, argelinos, del África negra y en la actualidad también , chinos , pakistaníes, rumanos y de América latina.

Tengo por costumbre desde finales del mes de Marzo , hasta finales de Septiembre acudir a la playa cada día en el horario de descanso para la comida, de 12 a 3 y llegar unos minutos antes para poder darme una ducha en los vestuarios de la empresa y eliminar los restos de sal del agua marina. Habitualmente me llevo un bocadillo , algo de fruta y algunos frutos secos y el agua y refrescos para hidratarme. Me encanta broncearme temprano y lucir los efectos del sol en mi piel cuando el resto llevan una piel blanca. No soy excesivamente dado al deporte , pero un poco de natación me sobra para mostrar mi musculatura en forma y mantener mi cuerpo fibrado.

Hay un lugar algo apartado , donde habitualmente no asiste mucha gente y en estas épocas del año aparece casi desierto, de arena no gruesa , pero tampoco excesivamente fina, una arena dorada que a estas alturas del año prácticamente nadie ha pisado. Si bien la ciudad se extiende a lo largo de la costa , esta zona sin llegar a ser peligrosa , si está aislada de la ciudad ya que las vías en ambos sentidos del tren de cercanías actúa como barrera. En realidad solo hay 2 accesos a través de 2 puentes subterráneos que comunican la ciudad con esta parte de la playa y quedan bastantes alejados.

Este aislamiento hace que sea una zona propicia para tomar el sol o bañarse desnudos. La mayoría de la gente que asiste a esta zona , tiene asumido que sin ser una zona nudista declarada , si lo es en la práctica, esto y su aislamiento mas la época del año , “primeros de Abril” me hizo elegirla para mi práctica favorita, tomar el sol desnudo, resguardado por las rocas que formaban un leve acantilado y por el cañaveral tupido de varios metros de altura que aísla la playa de las vías del ferrocarril. Habitualmente dejo aparcado mi automóvil, un 4X4, en un camino paralelo a las vías y realizo los 200 m. finales a pié con mi mochila.

Este no era un día esplendido de sol, algunas nubes blancas hacían que el sol apareciera y desapareciera, pero eso no sería un impedimento para mí. Elegía una zona algo reservada, en forma de pequeña cala que impide ser visto desde cualquier extremo, pero si me permitía a mí ver con anticipación a cualquiera que se acercara por la arena. Extendí mi toalla y coloqué la mochila entre 2 rocas, a la cabecera de la toalla , para mejor refugio de la vista de posible merodeadores y evitar que el sol calentara en exceso la bebida.

Una vez instalado, me deshice de mi ropa deportiva y de mi bañador de licra y lo dejé junto a la cabecera , al lado del agua de protección solar.

Por fin mis 3 horitas de descanso y relajamiento de los problemas laborales típicos de una empresa de servicios con mas de 350 empleados. Ya por entonces los primeros conatos de la crisis que golpea a las sociedades industriales en la actualidad, empezaba a hacer su aparición , y si bien aún no éramos conscientes de su magnitud global , al menos si empezaba a inquietarnos las noticias de cierre de empresas de la competencia y la evidente disminución de actividad de la nuestra.

En ese pensamiento estaba cuando para relajarme decido comprobar la temperatura del agua del mar , habitualmente por esas fechas en torno a los 16 ó 17º , lo que es decir , helada. Para evitar un choque térmico para mi organismo , inicio un caminar por la orilla con mis pies parcialmente dentro del agua. Esa sensación en mi cuerpo desnudo es difícilmente describible en palabras, es algo semejante a una leve descarga de electricidad, a un déficit de oxígeno , a una pequeña urticaria que te hace sentir deseos de rascar cada centímetro de tu cuerpo al entrar en la fría agua del mar. Por fin sales a la superficie y buscas la bocanada de oxígeno que impide que tus pulmones estallen. Esta primera zambullida no tiene comparación con ninguna que efectúes después, nadé primero con furia hasta agotar mis energías, después me dejé llevar por el placentero mantenimiento sobre la superficie marina , en calma en esos momentos, flotar sin esfuerzo sobre mi espalda actuaba como un relajante poderoso. Podía sentir sobre mi cara la caricia cálida del sol y en mi espalda el frío del agua del mar.

Decidí que para el primer chapuzón , era suficiente y me acerqué a la orilla , donde me senté en la arena , manteniendo parte de mi cuerpo en el agua y jugar con el ir y venir de las olas , que apenas alcanzaban 1 metro en su flujo y reflujo. Esa calma marina actuaba sobre mi de forma relajante. El ambiente era sumamente agradable, para los que somos amantes de los ambientes calmos y sin bullas prácticamente un paraíso. Dirigí mis pasos hacia mi lugar , tomando conciencia de la insignificancia de mi pene tras el chapuzón ( en estado normal de erección de unos 17 u 18 ctms) y agradeciendo la soledad del lugar, no hay nada tan frustrante como observar el propio pene encogido por el efecto del frío del agua marina, en comparación de los penes morcillones de quienes juegan en la arena a boley o bien descansan sobre la toalla; pero por suerte para mi ego , la soledad en la playa era total. Cientos de metros hacia un lado y hacia otro , no dejaban ver presencia humana y en consecuencia relajado me dejé caer sobre mi toalla con la intención de tomar mis primeros rayos de sol del día, una leve brisa fresca hacía que fuese mas agradable el calorcito del sol sobre la piel, en estos pensamientos estaba , bien apegadito contra la toalla, en la arena cálida cuando el soporcito típico del momento y la relajación me hizo entrar en un estado cercano al sueño, eso era bastante habitual cuando estás completamente relajado, al despertar sentí la sed habitual tras un esfuerzo y exposición por leve que sea al sol. Me levanté y fui a la mochila para coger un agua para saciar mi sed y una bebida energética para estimularme , apenas dejando caer la mochila observo a unos 5 o 6 metros sobre mí , entre las cañas que hay alguien observándome. Mis sentidos se pusieron alerta y disimulé no haber visto nada. Mi primera reacción fue la de ponerme el bañador, pero inmediatamente desistí de hacerlo , para no dar pistas al mirón , ya que ignoraba sus intenciones , si bien , no sabía cuanto tiempo llevaba allí, no era menos cierto que no había intentado m*****arme.

Decidí cambiar la posición de mi toalla , que hasta ese momento era vertical respecto de la posición del mirón , a una posición horizontal , que me permitiera poder a mi vez verlo si bien furtiva y ocasionalmente. Aparentando tranquilidad que estaba muy lejos de poseer, me tumbé sobre la toalla , esta vez boca arriba y dí unos tragos a mi botella de agua mineral, todavía fresca , mirando de reojo hacia el lugar que me pareció ver al personaje. Efectivamente estaba allí , era un hombre de unos 25 o 27 años, moreno , no negro pero si evidenciaba rasgos típicos del mestizaje de razas, estaba tranquilo ,mitad sentado , mitad incorporado a media altura en el pequeño acantilado poblado de cañas. Pude observar que su actitud era tranquila, lo que me dio confianza para mirar descaradamente hacia él y hacerle saber de que era consciente de su presencia. El en señal de saludo mostró una media sonrisa, que me pareció entre divertida y pícara, pero para nada burlona ni despectiva. Noté o presentí como cierto cansancio en su rostro , por otra parte bello si bien bastante descuidado.

Decidí que su actitud lejos de asustarme o inquietarme despertaba en mí cierta curiosidad, por lo cual opté de nuevo en relajarme , y tumbarme boca abajo de modo que sin mirarlo directamente, si podía observarlo a mi placer. Pude comprobar que llevaba un pantalón tipo pirata corto beige amplio y una camiseta negra. Decidí relajarme y quitar de mi cabeza la figura del “aparecido” si bien de vez en cuando furtivamente le lanzaba una mirada , para comprobar que estaba allí , no ya porque me m*****ara su presencia , mas bien todo lo contrario, porque deseaba que se quedase.

Decidí abordar directamente el hecho de su presencia allí, si bien era evidente de que se trataba de un extranjero, probablemente por su aspecto árabe. Le dije si le apetecía un refresco, debí hacerlo tan bajito que se tocó su oreja en señal de no haberlo escuchado, dejándome en la duda de si es que no lo había escuchado o bien que no comprendía español. Repetí de nuevo mi ofrecimiento, esta vez en voz mucho mas audible, a lo que respondió en perfecto español , vale, gracias. Me quedé sorprendido de que su respuesta fuera tan segura y en un español perfecto. Lo invité a que bajase y se sentase cerca, lo cual hizo con cierta desgana, era evidente de que algo le m*****aba o bien le hacía sentirse incómodo. Por un momento en mi mente acudió la idea de que quizás se sintiera incómodo por el hecho de que yo estaba completamente desnudo, poniéndome inmediatamente el bañador, para cuando llegó ami lado ya estaba con el puesto.

Al llegar a mi altura, comprobé que se trataba de un chico de 185 ctms aprox. De etnia árabe pensé por su aspecto, de facciones muy marcadamente masculinas , de pelo muy corto , levemente rizado , de color negro, era evidente que estaba muy descuidado , si bien no aparecía como sucio , si era evidente que estaba descuidado , portaba barba sin afeitar desde hacía días. Me dijo , me llamo Farid , yo le respondí Tony. El toque de sus manos, firme me indicó que era de cierta confianza. Siempre he tenido esa percepción, el primer toque es el que me hace formarme una primera impresión del personaje y en este caso derribó los restos de barrera que pudieran quedar respecto de el. Sus manos eran largas , elegantes, si bien estaba claro que eran manos de un trabajador y no precisamente en labores delicadas.

Le ofrecí la pequeña neverita de material aislante donde guardo los refrescos y eligió una bebida reconstituyente , como la que yo estaba tomando. Ambos nos sentamos en la toalla e iniciamos una conversación intrascendente pero nada forzada, era evidente de que el se sentía cómodo y yo también, le pregunté si llevaba mucho tiempo allí y me respondió que desde la noche anterior, me quedé sorprendido, ¿como era posible que no lo hubiera visto a mi llegada?, al observar mi extrañeza e incredulidad , subió en un instante donde estaba instalado cuando lo descubrí y me enseñó desde el lugar un cartón a modo de colchón y una vieja manta. Mi sorpresa fue total, el menor atisbo de resistencia hacia el se derribó. Resultaba evidente de que él ya estaba en ese lugar antes de mi llegada y que en cualquier caso , el intruso era evidente de que fui yo . Ya no cabía la menor duda de que la presencia suya en el lugar no obedecía a la intención de robar o causar algún daño. Eso me tranquilizó aún más teniendo el efecto de abrir mi corazón y mi sensibilidad hacia Farid.

Cuando tomó asiento de nuevo junto a mí, le pedí disculpas que aceptó inmediatamente.

Empezamos a hablar con cierta cercanía , a bromear y ocasionalmente a cierto contacto físico , resultado de las bromas. Entonces es cuando me dijo que llevaba 4 días durmiendo allí , en aquel cañaveral , lejos de la mirada de la gente , que el día anterior había hecho una sola comida y en el día de hoy , ese refresco había sido su desayuno. Me explicó que si bien tenía residencia legal y permiso de trabajo, la empresa de la construcción donde trabajaba , había quebrado y los 30 trabajadores de la plantilla habían quedado en la calle, el había recibido una pequeña indemnización , que le había permitido ir tirando unos meses , a la espera de encontrar algún nuevo trabajo, pero que la situación laboral era mala en todos sitios y había albergado la esperanza de que en Barcelona , la situación fuese mejor, con lo que con sus último ahorros decidió sacar un billete de tren hacia la capital catalana, pero la situación era igual o peor que donde residía con anterioridad , pues aquí no conocía a nadie. A grandes rasgos este fue el relato de su historia , que comprendí al instante.

Le ofrecí el que comiéramos juntos el bocadillo que tenía, cosa que rechazó , no por faltas de ganas , mas bien por timidez o bien por desconfianza , dado que no consumía ningún producto del cerdo. Insistí diciéndole que el bocadillo era de tortilla y unas lonchas de queso, que yo prácticamente tampoco consumo cerdo o sus derivados. Aceptó compartir el bocadillo , junto al refresco que tenía en mano, también compartimos las piezas de fruta fresca que llevaba conmigo.

Una vez recuperadas las fuerzas, era evidente que su estado de ánimo era otro distinto. Le propuse darnos un chapuzón en el agua y nadar. Le pregunté si sabía nadar , a lo que me respondió que sí, que si bien su lugar de procedencia de Marruecos es de interior , su lugar natal, poseía un pequeño río , donde desde pequeño había aprendido a nadar , junto a sus hermanos y que en la ciudad donde residía con anterioridad , también es un lugar costero de la franja mediterránea. Le propuse nadar juntos un rato para no hacerlo durante la digestión, comprendí que algo no iba bien , noté cierta resistencia en su actitud, con lo que opté por pedirle disculpas , si no le apetecía , no tenía porque hacerlo; me respondió que estaría encantado de darse un chapuzón conmigo , pero el problema era que no tenía ropa interior. Fue la respuesta que menos esperaba, dado que para mi , eso no era ningún impedimento. Le dije que yo habitualmente no usaba ropa de baño a lo que me respondió que me había visto hacia un rato. Le ofrecí el que usara mi bañador y yo lo haría desnudo, en principio pareció algo confundido , después aceptó no sin cierto pudor. En primer lugar se sacó la camiseta , dejando a la vista un torso perfecto ,de un color caramelo cálido , adornado con un bello pectoral rizado , no excesivo , pero suficiente , que bajaba del pectoral hacia su estómago como un cordón indicativo de lugares ocultos por el pirata beige. Era evidente su renuencia a despojarse del pantalón , pero yo me deshice de mi bañador y se lo ofrecí, quedándome completamente desnudo de nuevo, el pareció dudarlo por un instante. El cogió la prenda y la colocó descuidadamente sobre la roca que tenía mas próxima, desabrochando la lazada que mantenía el pantalón ajustado a su cintura, se dio media vuelta para quitarse el pantalón , momento que aproveché para admirar su trasero y sus piernas musculosas, no era excesivamente velludo , pero lucía unos muslos desarrollados cubiertos de un bello rizado que provocó en mí el inicio de una erección, noté como mi sangre acudía veloz hacia mi pene. Farid por un segundo miró el bañador y me miró a mí de nuevo ,diciéndome , vamos , estamos solos. La vista me jugó una mala pasada o al menos eso creí. No podía dar crédito a lo que estaba viendo, era imposible que ese pene fuera de las dimensiones que mis ojos veían. La cara de estupidez sin duda tubo que ser tal que Farid soltó una carcajada, dándome un pequeño empujón para sacarme de mi asombro, acto seguido inició una carrera hacia el agua, que seguí inmediatamente. Al llegar al agua se lanzó de cabeza haciendo una entrada limpia, por unas décimas de segundo pude admirar la plenitud de su cuerpo en el aire, quedó grabado en mi retina la perfección de un cuerpo sin un solo gramo de lípido, una musculatura que cubría a la perfección una formación ósea elegante y delicada. Como pude fui ingresando lentamente en el agua , con la esperanza de que ya mi más que evidente erección, al contraste frío del líquido elemento , fuese cediendo y me ahorrara el bochorno de que Farid se diese cuenta de mi estado, estando en este pensamiento, me cogió por la espalda , lanzándome por encima de el, era evidente que se había dado cuenta de mi estado, pero pareció no darle importancia, e iniciamos una pequeña carrera de natación, me cogió la cabeza y me la hundió en el agua , me hice mucho el ofendido e intenté hacerle lo mismo , cosa que conseguí en parte y en parte se dejó, para tomar impulso y agarrarme por la cintura desde mi parte posterior. Me agarro con fuerza , pensé que para volver a lanzarme al agua , pero para mi sorpresa, noté una tremenda erección en su pene , que parecía tener vida propia e independiente aún en ese medio frío y hostil . Me mordió desde mi espalda el lóbulo de mi oreja derecha , diciéndome: quieres?…. Mi corazón galopaba, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, con cierta vergüenza me fui girando hasta quedar frente a el , a solo unos centímetros, miré a sus ojos color café algo rasgados y media sonrisa algo burlona, me cogió de la cintura y me elevó en el agua, pasando mis piernas por su cintura sintiendo su mástil pegado a mí junto a mi culo, mirando fijamente a sus ojos hice gesto evidente de acercar mi boca a la suya , que en ese instante lo deseaba, mi calentura crecía por momentos; el dulce , pero firmemente rechazó mi boca, acercando de nuevo la suya a mi oreja mordiendo mi lóbulo y haciéndome patente su deseo. Me dejó de nuevo en el suelo, el agua nos cubría hasta algo por encima de las caderas, pero en su caso , insuficiente para tapar su pene que sobresalía del agua, de nuevo quedé admirado por las dimensiones de ese pene moreno.

Me cogió de la mano y salimos del agua, fuimos rápidamente hasta la toalla , donde nos tumbamos los dos. Mi toalla es tipo sábana , que puede albergarnos a los dos sin problema yo me tumbé bocabajo y el de medio lado , desnudos ambos. Su pene descansaba cálido y duro sobre mi muslo, prácticamente rozando mis glúteos, en varias ocasiones noté como su pene vibraba , endureciéndose aún más, sin la menor prisa y saboreando el momento en extremo morboso cogí con mi mano por primera vez el pene de Farid y lo cogí por la parte mas cercana a sus testículos , también la mas gruesa, tanto , que mis dedos no pudieron abarcar su totalidad, impidiendo el grosor del pene cerrar mi mano completamente su diámetro, empezó a besar mi cuello y chuparlo con pequeñas mordeduras morbosas de deseo. Se encaramó rápidamente sobre mí pasando su mástil sobre mi ano , notándolo extremadamente duro debido a su circuncisión, en ocasiones colocaba el glande en la puerta de mi ano a modo de presentación, sin llegar a penetrar mi esfínter, era evidente que no estaba ni relajado ni dilatado para recibir tamaño monstruo de carne en mis entrañas. Con su mano me pidió saliba para humedecerme el culo y lubricarlo, lo hizo, abriéndome mi culo y depositando en el mi saliba y una cantidad generosa de el , que distribuyó con su dedos, aprovechando para ir introduciéndome un dedo , después otro y masajearme mi esfínter hasta conseguir una respuesta positiva de mi cuerpo que se movía a la par de su mete y saca. Farid se mantenía de rodillas sobre la toalla , dominando mi trasero y en ocasiones acercando su glande a mi culo y comprobando las respuesta de este, a todas luces incapaz de aceptar la invasión del mástil de carne de Farid. Al notar que en una de las ocasiones la presión del pene de Farid se volvía mas intensa temí sufrir un desgarro , pues resultaba evidente que o bien no conseguía relajarme como con otros penes o bien este dado su tamaño era incapaz de resistirlo. En mi desesperación, por un momento se hizo en mi la luz y quizás tuviera el remedio. Le pedí que parara un segundo y busqué en mi mochila un pequeño bote de crema lubricante que por suerte para mí estaba en uno de sus bolsillos. Aproveché el momento para meterme en la boca ese pene , que prácticamente me obligaba a abrirla por completo, por un instante me sentí como que mis mandíbulas se querían desencajar, me acudió a la mente esas serpientes que tiene que descoyuntar sus mandíbulas para tragar sus presas. Apenas conseguía tragar medio pene y ya las arcadas me impedían continuar.

Cogió abundante crema lubricante y la extendió a lo largo de su pene y otra cantidad , para ponerla en mi ano, me masajeó con fuerza , introduciéndome repetidamente los dedos.

Su estado de celo era brutal. Sobre la toalla tendido de espaldas , cogió mis piernas , colocándolas sobre sus hombros , dejó mi trasero completamente a su disposición, sin posibilidad de defensa alguna, colocó su glande en mi trasero e inició su presión, inicialmente se produjo la resistencia esperada , pero la crema lubricante y la postura sin defensa posible hizo que el esfínter cediera y el glande de Farid iniciara la invasión definitiva de mis mas íntimas posesiones, el alarido que surgió de mi garganta pudo haber nacido en mis entrañas y magnificarse hasta surgir a través de mis cuerdas vocales , ronco e impotente. Mi cuerpo se resistía a recibir ese huésped inesperado e invasor, pero la embestida había introducido medio pene dentro de mí, Farid me introdujo 2 o 3 dedos dentro de mi boca , ignoro si con la intención de hacerme callar o por puro placer y hacerme olvida con su lascivia el dolor que su macizo pene causaba en mi derrotado culo, quedó quieto quizás unos instantes, dando tiempo a que mi esfínter se adaptara y abrazara el tronco de su pene, engañosa estratagema para mi pobre esfínter , pues aún bien no se había adaptado, de un segundo empujón me introdujo la totalidad del mástil de carne, ahora si estaba completamente ensartado, los colores y olores adquirieron para mí significados inconcebibles hasta ese momento , por un tiempo indeterminado perdí levemente la conciencia y la voluntad , por primera vez en mi vida un pene tocó mi punto X , provocándome un orgasmo automático y la eyaculación feroz que siguió. Cuando recobré mi conciencia plena, mi pecho se hallaba cubierto por mi propio semen , Farid crispaba su rostro en señal de que estaba eyaculando en mi interior y me estaba regalando su esencia masculina. Ignoro el tiempo que Farid usó en acabar, pero lo cierto es que el que fuera tuvo como efecto el darme el mayor placer que hasta ese momento había conocido.

Con un bufido de satisfacción se dejó caer sobre mí y sobre mi semen su cuerpo exhausto, así quedamos abrazados , con parte de su pene aún alojado en el interior de mi culo, latiendo con fuerza nuestros corazones por el esfuerzo realizado. Cuando pudimos rehacernos , Farid sacó con cuidado de mi culo su pene , que si bien no estaba duro como al inicio , si mantenía toda su dimensión. Su pene apareció manchado con los restos de su semen y pequeñas gotas de sangre, evidentemente de mis desgarros anales. Sobre la toalla se esparció una parte de sustancia seminal con ciertos depósitos de mi sangre.

Se levantó de la toalla , dándome la mano y tirando de mí con fuerza , no dirigimos al agua para darnos un chapuzón y lavarnos. Durante el camino hacia el agua , incapaz de controlar mi lastimado esfínter , las gotas de semen , mezclado con mi sangre , corrían mis piernas abajo , era el regalo de Farid que yo era incapaz de mantener dentro de mí.

Farid se quedó a vivir conmigo temporalmente , hasta que su situación le permitiera iniciar otro proyecto de vida...

Nuestro encuentro me supuso un goce sexual extraordinario. Pero el tiempo pasa implacable y mi tiempo de relax llegó a su fin. Le dejé con el cuantos alimentos y bebidas llevaba conmigo, lamentablemente no le pude dejar nada de efectivo , dado que para evitar malas experiencias nunca voy a la playa con dinero efectivo encima.

Esa tarde se me hizo larguísima, inacabable. Mi mente estaba en Farid y en lo que juntos habíamos vivido en la playa. Desde que entré en la ducha de los vestuarios de la empresa y el agua empezó a correr por mi cuerpo, el escozor se hizo patente en mi ano, como pude lo enjaboné bien con el gel de ducha que uso y me puse un boxer bajo la ropa de trabajo de oficina. Mis compañeros de oficina parecían darse cuenta de que mi actitud no era la acostumbrada, habitualmente jovial y bromista , aparecía como lánguido y ensimismado.

Una amiga de la oficina me invitó a tomar café en la cafetería de la empresa y decidí aceptar , Ana que es como se llama mi amiga me dijo: “cuéntame que te pasa” , era evidente de que había notado mi estado de ánimo, le dije “ es que he conocido un chico que me ha hecho crac en el corazón “ “no puedo quitármelo de la cabeza”. ¡Mira guapo me dijo , en el corazón no sé , pero el culo te lo debe haber partido!. No podéis imaginar mi carcajada. La percepción e intuición femenina son verdaderamente excepcionales y Ana , aparte de muy femenina , era una amiga muy directa. No me quedó mas remedio que reconocer que efectivamente estaba muy dolorido de mis intimidades ,de que me costaba permanecer sentado en la misma postura mucho rato y que cuando caminaba era un horror, pero que el vacío que sentía en mi corazón era superior al dolor físico.

Ana me dejó con la palabra en la boca y me dijo , “no te muevas , que ahora vengo”. Apareció a los pocos minutos con algo en la mano y me lo entregó, al abrirlo , comprobé que se trataba de un producto farmacéutico, en concreto una pomada hemorroidal. Empezamos a reír como descosidos. Habitualmente nuestro horario de trabajo es de 8 de la mañana hasta las 12 horas y de las 15h.de la tarde hasta las 19h.. A las 18h. Era evidente de que ya no podía aguantar y le comenté a Ana que me marchaba para casa, que el malestar me impedía seguir con mi trabajo.

Una vez fuera del parking de la empresa , situado en un área industrial , encaminé mi 4X4 hacia la Avenida que da entrada a la ciudad, justo en la rotonda de inicio de la Avenida, hay una salida que remite al pasaje subterráneo que da acceso a las playas. Inconscientemente encaminé mi automóvil hacia allí , cuando quise darme cuenta , ya estaba camino de la playa donde a medio día había conocido a Farid.

Aparqué el auto en el mismo sitio y me encaminé hacia la zona donde había estado con el. Al llegar una gran decepción se apoderó de mí. El no aparecía por ningún sitio, su cartón y su manta estaba allí, pero él no. Decidí quedarme sentado , no con la esperanza de que apareciera, mas bien , para dar rienda suelta a mi melancolía, dado que lo tenía muy presente , muy vivo, y si por un solo instante se alejaba de mi mente , el dolor en mi culo inmediatamente hacía que regresara de nuevo. En mi ya dilatada experiencia sexual con personas de mi mismo sexo, jamás alguien me había impactado de esa misma forma , era algo completamente nuevo para mí.

Decidí abandonar la zona tras 30 ó 40 minutos de espera y encaminarme hacia mi casa, donde tomar una ducha caliente y aplicarme el antihemorroidal, para evitar cualquier posible infección y descansar del escozor insoportable.

Desandando el camino llegué hasta mi automóvil y me encaminé de nuevo hasta el acceso, lugar donde se hayan algunos establecimientos de restauración próximos a la costa y los típicos chiringuitos a pié de arena. Justo en ese momento su figura apareció, antes de tener conciencia de ello ya mi corazón inició una fuerte galopada y mi boca se secó de repente. Paré el automóvil y bajé la ventanilla , Farid no me había reconocido , el no conocía mi automóvil , al pasar junto a mi lado lo llamé por su nombre y curioso miró hacia mí , inmediatamente me reconoció , dibujando una amplia sonrisa en su rostro, ¡hola Tony no te había conocido! fue su respuesta , acercándose a darme la mano. Que haces ?

He estado buscando algo de trabajo , me respondió.

Espera , que aparco y charlamos un poco. Cuando me acerqué a el , me miró con su ya típica sonrisa en el rostro y me preguntó , ¿ que tal la tarde ? , muy bien , le mentí ¿y tu?, pues nada haber si había suerte y para variar encontraba algún trabajo por malo que fuera , siempre será mejor que no tener nada; ¿has comido? le pregunté, su respuesta fue un silencio. Venga vamos a tomar algo aquí en el chiringuito y charlamos.

El camarero nos preguntó que tomaríamos, el me miró sin saber bien que decir, le pedimos la carta para ver que tipo de bocadillos nos podían ofrecer. Farid algo desconfiado respecto al tipo de alimentos , rehusó. Yo le indiqué que si le había gustado el que a medio día le ofrecí y me dijo que sí. Yo tomé una bebida refrescante y para el un bocadillo de tortilla con unas lonchas de queso. Mientras nos servían la consumición y dábamos cuenta de ella , Farid me fue explicando sus orígenes, como había llegado a España desde su Marruecos natal. Me explicó que no era árabe , su etnia es Berber . Los Bereberes son los habitantes autóctonos del norte de África , que hasta el día de hoy han resistido la arabización en determinados momentos forzosa. Su familia y el mismo son del Atlas , de una ciudad llamada Azrou , un centenar de kilómetros al sur de la gran ciudad de Fez. Si bien su familia habitualmente reside en la ciudad de Azrou. Su familia se gana la vida vendiendo productos hortofrutícolas que su padre y hermanos cultivan en una pequeña localidad próxima a Azrou. Su madre y sus hermanas venden los productos en el Zoco principal de la ciudad.

Poco a poco la poca luz del día fue desapareciendo y la brisa marina se fue mezclando con el frescor de la noche , anunciando una fría noche propia de principios de Abril. En un momento sin pensarlo le ofrecí venirse a mi casa, para evitar pasar una nueva noche de frío sin un techo que le cobijara. Aceptó no sin cierto pudor, que venció a mi segunda insistencia, con la excusa de que así aprovecharía para ducharse y afeitarse. Le prometí que al día siguiente pasaríamos a recoger sus pertenencias, que ya de noche , nadie en su sano juicio deambularía por allí.

Aparcamos en el parking del edificio donde vivo, en el lugar reservado para mi uso y nos dirigimos hacia el ascensor que nos llevaría al ático donde vivo , un apartamento de 2 habitaciones y una gran sala de 2 ambientes , que daba a una terraza con vistas a toda la ciudad. Le ofrecí el baño para que pudiera usarlo a su antojo , mientras yo hacía algo en la cocina para cenar. Le pregunté si quería cenar algo conmigo, mas por la excusa de ver de nuevo su cuerpo desnudo en la ducha. Rehusó la posibilidad de comer nada , pero si me aceptó para mas tarde un té o alguna infusión. Le dije si quería que introdujera en la lavadora su ropa , que al tener incorporado un programa de secado , en 2 horas podía disponer de nuevo de su ropa , ya completamente limpia. Accedió a ello y con gusto la introduje, con la doble intención de hacerle un favor y de paso ponerlo en la coyuntura de aceptar ropa cómoda mía.

Puse junto a la toalla , un albornoz y de paso contemplé de nuevo su hermoso cuerpo desnudo. Se tomó su tiempo en salir , pues aprovechó para afeitarse. Cuando lo hizo me pareció bellísimo.

Tomó asiento en el sofá junto a mí, yo estaba ya tomando un sándwich vegetal con algo de pavo cocido, me preguntó si me gustaba el cerdo , le comenté que no era cerdo , que en realidad se trataba de pavo. Le indiqué si deseaba cualquier cosa , que tenía la cocina a su disposición; le informé en que zona tengo algunas pastas de té y algunos pastelillos árabes , frutos secos etc. porque yo deseaba darme un baño. Fui hacia mi habitación para desnudarme, solo me dejé puesto mi boxer blanco de algodón egipcio y cogí una nueva toalla y otro albornoz. Ingresé en la ducha, dándole una buena temperatura para relajarme y conseguir calmar un poco mi ansiedad y porque no decirlo ordenar un poco mis ideas, ahora sentía que quizás me había precipitado un poco al invitar a Farid a mi casa. Era cierto que desde que habíamos tenido sexo, me quedé enganchado a su irresistible masculinidad, pero por otro lado era evidente que mi culo no resistiría esa noche otra envestida de ese calibre. Todavía sentía algo entumecido mi trasero y el escozor si bien ya había remitido un poco, no era menos cierto que en buena medida era debido al efecto de la pomada.

Tardé unos 15 minutos en darme una buena ducha y dejar correr abundantemente el agua sobre mi cuerpo, comprobé que los efectos de las 2 horas de sol , estaban surtiendo su efecto y mi piel empezaba a lucir el leve bronceado que el tímido sol de esta época del año , nada dañino por otra parte, empezaba a activar mis melaninas. Me sentí satisfecho del polvazo que Farid me había obsequiado, de las cotas de placer que me había hecho alcanzar. Me sequé y fui dándome una crema hidratante por toda mi piel. Me coloqué mi albornoz , sin nada debajo y fui hacia la sala , donde Farid seguía sentado en el sofá , relajado y algo somnoliento, su albornoz estaba algo entreabierto y pude admirar un trozo de su muslo y una porción de sus testículos , que le colgaban ociosos y relajados, con gran afecto , ya que imaginé que el sueño o el cansancio lo había vencido, le deposité un beso en su frente reaccionando inmediatamente, su reacción fue algo extraña, entre m*****o y sorprendido. No quise darle importancia y supuse que lo había sorprendido.

Le pregunté si había tomado algo a lo cual me respondió con una negación , moviendo su cabeza. Le ofrecí prepararle algo , Té , Café, infusión?, acepto solo un poco de leche y algún dulce que le ofrecí en una pequeña bandeja. Era evidente que la relajación tras la ducha , lo había hecho entrar en un sopor cercano al sueño.

Le dije que dado que la lavadora era automática, no es indispensable que esperáramos que terminara su ciclo. Al día siguiente por la mañana , le planchaba la ropa y podría usarla sin problema. Aceptó de buen grado, ahora llegaba la hora de hacerle otro planteamiento que a mí me producía cierta inquietud y es ¿donde dormir?. Como ya os dije , mi apartamento dispone de 2 habitaciones , una es mi dormitorio y en la otra , tengo instalado una pequeña biblioteca y la mesa de mi ordenador . Así en realidad como dormitorio solo tengo el mío propio , si bien es un dormitorio amplio , es de una sola cama de matrimonio.

Le hice la reflexión y le dí a elegir entre dormir conmigo en mi cama o bien , la opción de hacerlo en la sala, en el sofá , que al ser de 3 plazas podía albergarlo sin problema.

Pareció pensarlo un poco y optó por hacerlo en el sofá. No hay que decir que sufrí cierta decepción, mas por otro lado era evidente de que en el estado lastimoso de mi trasero no podría mantener ningún tipo de escarceo sexual , al menos no anal.

Fui al armario de mi habitación y cogí 2 sábanas y 1 manta , mas una almohada , para hacerle la noche mas confortable en el sofá, le preparé convenientemente para que le resultara cómodo y le ofrecí una camiseta de algodón que aceptó agradecido, le dí las buenas noches y lo dejé, encaminándome a mi habitación.

Como no era demasiado tarde, encendí la televisión supletoria que poseo instalada en mi habitación y me dispuse a hacer zaping , en busca de alguna programación que me resultara interesante, finalmente opté por un programa documental, sobre a****les de la selva africana, uno de esos típicos reportajes de National Geografic, gacelas , cebras, jirafas , elefantes y todo tipo de especies a****les salvajes; poco a poco el sueño fue haciendo su aparición y ya estaba bastante cansado , prácticamente decidí ir a la cocina para coger una botella de agua mineral para la noche y disponerme a dormir. Al llegar de nuevo a la habitación , observé sobre mi mesita de noche el tubo de crema antihemorroidal y decidí darme una aplicación para que durante la noche efectuara su acción. Me encaramé sobre la cama y me deshice del boxer, quedando completamente desnudo sobre ella , y colocando mi culo en pompa, me coloque en uno de mis dedos un poco de crema y me la fui aplicando en mi esfínter, dándome un suave masaje para extender bien la crema y siento ¿ porque no me dejas que te la ponga yo? , mi sobresalto fue total , me sentí como un idiota atrapado en la postura mas ridícula que podía imaginar, sentí vergüenza que me hubiera encontrado en esa postura. Como pude balbuceé una excusa, Farid lanzón una pequeña carcajada, diciéndome , anda , deja que te la ponga yo , al fin y al cabo soy el responsable. Se sentó al borde de la cama, pidiéndome que me colocara a 4 patas , dejando mi culo a una altura donde pudiera trabajarlo satisfactoriamente. Colocó una cantidad de pomada justo en mi culo y con un dedo fue realizándome un masaje circular , con la yema de su dedo fue haciendo una presión sobre mi esfínter dolorido, hasta conseguir una dilatación satisfactoria, cuando quedó satisfecho , volvió a poner algo mas de crema , y esta vez me la introdujo en mi ano con uno de sus dedos , mi esfínter alarmado se cerró en torno a su dedo , apretándolo como sistema de defensa de mis intimas posesiones, esto le debió provocar gran satisfacción pues era evidente que se estaba convirtiendo en algo mas que una curación de mis “heridas de guerra”, de repente sentí como me daba un mordisco en mis glúteos arrancándome un quejido de sorpresa y dolor, perdiendo el equilibrio a 4 patas que mantenía, era evidente que Farid se hallaba en completa excitación, giré mi cabeza y observé como se estaba deshaciendo del albornoz y solo tenía puesta la camiseta de algodón que le ofrecí , sin slip ni boxer . Puede ver que estaba en una erección tremenda, antes de poder reaccionar me cogió de mi cadera y se posó sobre mi espalda , cubriendo con el suyo cada unos de los centímetros de mi cuerpo, el pánico se apoderó de mí , era imposible escapar de el, había introducido sus poderosos brazo bajos los míos y me tenía atrapado por debajo de mis axilas y con sus manos agarraba mis hombros , me mordía el cuello con arrebato y sus quejidos de frenesí me hacían presagiar lo peor pues las acometidas con su enorme mástil de carne sobre mi trasero eran constantes, como mi desesperación me impulsaban a intentar deshacerme de su trampa , me dijo al oído , con una enorme fiebre de deseo y lascivia , “tranquilo chiquito , no voy a hacerte daño, no te muevas y verás como vamos a disfrutar los dos”, eso lejos de tranquilizarme , me hizo sentir mas pánico a ser penetrado y en ese caso , el desgarro interno sería inevitable….

La excitación de Farid era bestial, semejaba un toro en celo, sin embargo sus continuos psiss , psiss, psiss que depositaba en mi oído me fueron poco a poco tranquilizando, el había introducido su pene entre mis dos glúteos y empezó a hacer un vaivén, pero sin ejercer ninguna presión sobre mi esfínter, era un masaje con la totalidad de su pene en mi culo, era como una danza donde nuestros cuerpos actuaban acompañándose rítmicamente, presionaba con fuerza sobre mi piel con su pene extremadamente duro, notaba su poderosa herramienta masculina restregarse con furia sobre mi ano, y subía sobre mi coxis , para volver a bajar, en un rítmico juego que poco a poco me hizo comprender que su excitación sexual no incluía penetrar mi esfínter o al menos no de momento. Poco a poco acompañé su juego con movimientos circulares de mi cadera , y nuestro cuerpos iniciaron de nuevo un danza rítmica , cuyo director de orquesta era ese extraordinario pene moreno , se quitó de un golpe la camiseta y quedó tan desnudo como yo , me abrió de muevo el culo y depositó una cantidad generosa de saliva en el, usando su pene para extenderla, depositó su pecho sobre mi espalda , haciéndome sentir el cosquilleo del bello de su pecho , produciéndome una descarga eléctrica al roce de esa energía masculina, su excitación crecía y yo estaba casi a punto de eyacular. Junto a la pomada antihemorroidal en la mesita de noche había una pequeña cajita de vaselina neutra , Farid la cogió y empezó a untarse una cantidad generosa en su pene, momento que yo aproveché para sacar una toalla de uno de los cajones de la mesita y la deposité sobre la sábana , y me coloqué sobre ella, en esto Farid acabó de impregnar su pene con la vaselina , volvió a colocarme bocabajo y el ocupó de nuevo su sitio sobre mí, esta vez sus embestidas eran mucho mas potentes , dado que al efecto de la vaselina , su pene durísimo ejecutaba el movimiento con mucha mayor fluidez, resultaba evidente que el calor de mi culo y la barrera que ofrecía mi piel, efectuaba un rozamiento sobre su glande , que junto al medio cremoso de la vaselina , le estaba produciendo una sobreexcitación tremenda . Mi excitación era total también , ya mi esfínter estaba tan dilatado que si me hubieran introducido un puño , lo hubiera admitido. Farid parecía un experto en cuestiones anales pues conseguía que lo acompañara en el ritmo desenfrenado , me hablaba a mis oídos , me mordía mi oreja , chupaba mi cuello y le daba pequeños mordiscos que me hacían perder cualquier recato , “dime que te gusta” , SII , me gusta , “ dime que te folle” FÓLLAMEEEEEEE “, sin tocar con su mano para nada su pene , puso su glande en mi orificio y sin el menor esfuerzo me introdujo todo el glande en mi interior , mi esfínter no ejerció la menor resistencia , parecía ser ya un viejo amigo del visitante, ofreciéndole una bienvenida cálida, que él aceptó con ganas. El escozor volvió , mas ya no era el dolor lacerante de la tarde, sin embargo la plenitud que sentí en mis entrañas , tan adentro de mí y el tapón gruesísimo en mi esfínter me hicieron gritar de placer , de nuevo experimenté el placer inenarrable del medio día cuando su pene tocó mi próstata, haciéndome de nuevo eyacular sin la menor necesidad de tocar mi propio pene, mis quejidos, resoplidos mas el encrespamiento de mis músculos , lo sobreexcitaron , sacando su pene de golpe de mi interior , viniendo a eyacular su semen en mi espalda 4 , 5 , 6 eyaculaciones , de un semen ardiendo y una boca , la de Farid que me decían al oído , “Así chiquito, así , ahora sabes lo que se siente al tener un macho Bereber”.

No tengo conciencia del tiempo que pasó en esa postura, yo sobre mi propio semen y Farid sobre mi espalda y sobre su semen . En un momento determinado se dejó caer sobre su espalda , liberándome de su peso , por otro lado nada m*****o.

Llevé mi mano a mi espalda , para coger un poco des su semen y lo olí, su olor no era nada comparable a cualquier otro que hubiese olido antes, era algo excitante , muy masculino. Me encaminé de nuevo al baño , llevando conmigo la toalla que tenía extendida sobre la cama, Farid me acompañó y juntos nos dimos un ducha ligera, el lavó con cuidado mi cuerpo , haciendo especial detenimiento en mi ano , que ya el conocía tan bien.

Por mi parte, masaje con el gel de ducha sobre su pecho , bajando hasta sus muslos y puse especial cuidado en enjabonar bien su pene , sus testículos, con todo el amor del que era en ese momento capaz de ofrecerle , le dí un beso en la cara, me dijo” en la cara bueno , la boca NO”, ese fue el pequeño mal sabor de boca que en adelante marcaría nuestra relación.

Ambos nos fuimos de nuevo a la cama , esta vez si juntos , le dije ,¿ apago la tele ?. Me dijo , no déjalo ,y con la luz apagada seguimos el documental , que en ese momento ofrecía el apareamiento de unos búfalos de agua. Farid dijo” mi primo Muhammad seguro se la follaría mejor”. Qué? Le dije, el me respondió , tengo un primo en mi pueblo algo mayor que yo. Es un chico con un pene excepcionalmente grande , ¿ mas que tú? , ja ja ja , el mío al lado del de el es pequeño me respondió. El suyo es mucho mas grueso que el mío , y al menos 5 o 6 ctms mas largo, Dios le dije , eso es imposible , eso no existe….. ¿Que no existe? Me espetó, pues pregúntale a su mujer , que en la noche de boda lo abandonó. ¿Que dices Farid?

Empezó a contarme la historia de su primo Muhammad, quien al parecer en su noche de boda fue abandonado por su mujer por terror a la dimensión del pene del muchacho , que por lo explicitado por Farid es de 26 ctms de longitud por unos 8 ctms de grosor , 23 ctms de diámetro, algo descomunal cuando lo visualicé en una cinta métrica.

Al parecer es costumbre entre los pueblos Berber del Atlas , efectuar una ceremonia en la cual la novia es desvirgada en la alcoba nupcial por el novio y mostrado un pañuelo donde las gotas de sangre de la ruptura del himen se hacen patentes , en señal de virginidad de la novia y de potencia sexual del novio. Cual sería la sorpresa de los asistentes a la ceremonia , cuando la novia abandonó la alcoba y la casa, aterrada. Desde esa época la fama del muchacho había corrido , cual maleficio. Teniendo desde esa época como única compañera de disfrute sexual una vaca.

Todo eso tubo en mí un efecto euforizante, y en Farid una nueva erección, que solucionamos con una formidable felación . Me cogió de la cabeza e inició una nueva galopada, introduciéndome su pene en mi boca y con una gran dulzura, fue ejecutando rítmicamente un sabroso mete y saca , que fui saboreando con deleite , me introduje una parte del escroto y la totalidad de un testículo en mi boca y lo chupé , haciendo lo mismo a continuación con el otro. De nuevo me llevó su pene a mi boca y esta vez no permitió que lo sacara de ella , cuando su pene se endureció extraordinariamente de nuevo , se evidenció su inminente eyaculación ,haciendo ademán de sacar su pene de mi boca, goloso impedí que lo hiciera , recibiendo toda su eyaculación en mi boca, lanzando un gemido de satisfacción y agotamiento.

Era evidente que por un día las emociones habían sobrepasado todo lo imaginable.

A partir de este día Farid compartió conmigo algunos meses en común y nuestros encuentros sexuales fueron tan intensos como los vividos es este día.

Farid era un trabajador excepcional y conseguí un trabajo para él en un almacén , en una empresa próxima a la mía. Su situación económica cambió sustancialmente y con ello también nuestra relación...

Ambos manteníamos una relación de amistad, compartíamos el placer del sexo y ocasionalmente mi cama. Desde que Farid empezó a trabajar en el almacén y obtuvo sus primeros salarios , buscó una habitación en un piso de alquiler para compartir con ciertos paisanos suyos. Algunos fines de semana los compartíamos en pequeños viajes a las zonas costeras de la Costa Brava. Procuraba que ahorrara lo máximo posible , al objeto de poder pasar juntos las vacaciones, la segunda quincena de Julio y primera quincena de Agosto.

En cierta ocasión me propuso pasar juntos las vacaciones en su país , Marruecos. Desde que nos conocimos , usó mi teléfono para comunicarse con su familia y ocasionalmente pedían poder saludarme. En honor a la verdad e de confesar que su familia era tremendamente cálida y afectuosa. Cuando Farid les comentó la posibilidad de pasar las vacaciones en Azrou , inmediatamente me ofrecieron ser acogido en su casa. Abrumado por tanta amabilidad no pude negarme y acepté.

Hicimos nuestro equipaje y nos fuimos temprano a la cama dado que nuestra partida sería a las 5 de la mad**gada, al objeto de hacer el camino entre Barcelona y Algeciras en unas 10 horas , 11 ha lo sumo. Compartimos la cama, el climatizador nos proporcionó un ambiente agradable, si bien el deseo sexual ya no alcanzaba las cotas de tiempo atrás. Nuestros encuentros ya se espaciaban mas en el tiempo y dado que desde el principio quedó claro que lo nuestro se reducía al goce físico, nunca llegamos a hacer nacer entre nosotros un verdadero amor, y el sexo no daba para mucho más que la satisfacción física.

A las 4h 30 m. el despertador nos hizo volver a la realidad , dándonos una ducha rápida y tomamos un zumo fresco. A las 5 de la mañana , estábamos listos para salir del parking de mi edificio , no sin antes haber asegurado ventanas , persianas y conducción de agua. Lo único que quedó activo fue la toma de corriente para el frigorífico y la central de alarma conectada con la policía. Dado que Farid , si bien tenía nociones de conducción , no poseía permiso, yo tendría que conducir todo el tiempo , en consecuencia optamos por el camino mas cómodo , autopista hasta Alicante y desde allí a través de la autovía que enlaza con Granda , hasta Málaga y Algeciras. Solo hicimos una parada para tomar un buen desayuno en un área de descanso en la autopista a la altura de Valencia, y aprovechamos para repostar el depósito de diesel. A las 3 estábamos en Algeciras, justo a tiempo de poder enlazar a las 3’30m. con el barco que nos cruzaría el estrecho de Gibraltar, hasta la ciudad de Ceuta. El trayecto de 15 kms. apenas dura 45 minutos, que aprovechamos para almorzar en el restaurant . Del puerto de Ceuta a la frontera Hispano-Marroquí del Tarajal apenas hay 10 minutos, pero aprovechamos para repostar de nuevo. Llenamos el depósito de diesel , dado que el precio del combustible en Ceuta apenas es el 50% que en la península. Aprovechamos para hacer algunas compras , fundamentalmente regalos para la familia de Farid. En 20 minutos realizamos los trámites aduaneros en la frontera y sin el menor contratiempo nos encontramos en territorio marroquí. Nada más cruzar la frontera , hicimos el cambio horario, de ser las 5 en España , pasamos de nuevo a las 3 en Marruecos, ganamos 2 horas al día. Nos dirigimos hacia la ciudad de Tetuán, el cambio en las infraestructuras viarias era evidentes, pero ya no eran las vías de antaño, si bien no eran las autopistas Europeas , el avance era considerable. Desde Tetuán nos dirigimos hacia la zona olivarera de Marruecos, Ouazane y desde allí nos dirigimos hacia Fez, que rodeamos por su parte occidental , encaminándonos hacia el sur , en dirección a Ifrane por Ben Souda. Las estribaciones del Atlas ya se hacían patentes, comenzando a elevarse el terreno y la naturaleza se volvía agreste. A nuestra llegada a Ifrane , las nieves perpetuas del Atlas coronaban los altos picos . El cansancio ya hacía mella en mí , pero el espectáculo era increíblemente hermoso, cuanta arboleda , cuantos pequeños ríos jalonaban las fértiles vegas procedentes del deshielo de las altísimas cumbres. Azrou estaba ya a muy pocos kilómetros , en un recodo , apareció la ciudad, en torno a una gran montaña , completa de arboleda en su centro , a modo de corona.

Cuando llegamos era prácticamente de noche y Farid me fue indicando el camino para llegar hasta su domicilio en un barrio no muy céntrico de la ciudad. El camino hacia su casa se me hizo prácticamente interminable, pues Farid parecía conocer a todos y cada uno de los habitantes y con todos y cada uno abandonaba el automóvil para saludarlos y eventualmente darse los 4 besos de rigor. La mayoría acudían hasta mi ventanilla para darme la mano y saludarme , la mayoría en una lengua absolutamente desconocida para mí , el bereber o amazight, la minoría lo hacía en francés , lengua co oficial en Marruecos junto con el árabe , fruto de la descolonización. Si bien la mayoría conocen el francés , los mas ancianos o los que carecían de instrucción no lo hablan. Cuando llegamos a su domicilio , aparcamos el automóvil en la puerta, se trataba de un edificio popular , de 3 plantas. Apenas en la casa se escuchó la llegada , la puerta se abrió de par en par y el alboroto y salida y entrada de personas fue tal que parecía que en la casa hubiera esperando la mitad de la población. Se abalanzaron sobre Farid , besándolo , abrazándolo, el jolgorio era impresionante. Usaban la lengua bereber para comunicarse, debo decir que mi conocimiento de dicha lengua era y es completamente nulo, jamás he conseguido asimilar una palabra mas allá de “agrom” pan y esta por la asiduidad en su uso y observar como se pasaban el pan , tras pronunciarla.

En un momento pareció quedarse todo en silencio, cuando un señor de unos 45 o 50 años hizo su aparición en la puerta , Farid se dirigió hacia el y cogió la mano de dicho señor, depositando un beso en ella. Era el padre de Farid , de nuevo el jolgorio se hizo sentir , usando esa lengua , sin ningún sentido para mí, debo decir que no resultaba desagradable , pero si un poco áspera al oído. El padre de Farid dijo algo en voz alta, su voz resultaba agradable , masculina , pero causaba cierto respeto, de nuevo el alboroto cesó , y Farid se dirigió hacia mí y me dijo , ven , voy a presentarte a mi padre. Pasándome la mano por el cuello , me condujo hasta su padre , hablo algo en lengua berebere y el padre de Farid me extendió la mano, diciéndome “ bienvenido a nuestra casa” en un español no demasiado bueno , pero en perfecto francés siguió “ Quien acoge a uno de esta familia en su casa , es uno mas de esta familia” , dándome a continuación un abrazo, que sentí cálido y paternal.

Todos y cada uno de los presentes fueron acercándose a mí , ofreciéndome su amistad con un apretón de manos los de mas edad y en ocasiones dándome 4 besos los mas jóvenes.

Era evidente mi cansancio y Farid me condujo al interior de la casa junto con su padre. La mayoría fueron abandonando la casa, quedando ya la familia directa de Farid. En el salón donde fuimos entrando, con sofás árabes alrededor de la estancia , completamente alfombrado y algunas mesas árabes distribuidas , poseía una decoración de azulejo en el zócalo y de yesería hasta el techo. Era muy elegante a la par que sobria. Nos descalzamos para entrar y tomamos asiento. Me ofrecieron un lugar junto al padre de Farid que acepté inmediatamente, mi cansancio era total.

Los hermanos de Farid tomaron asiento junto a Farid , eran 2 . Farid me los presentó , este es Abslam , es mi hermano es el que me sigue , tiene 24 años , este es Umar tiene 19 años. Abslam era un muchacho de pelo negro, fuerte de nariz aguileña de labios finos , algo tímido. Umar al contrario que su hermano era mucho mas expansivo, se levantó de nuevo y llegó hasta mí dándome 2 besos . Se trataba de un chico mas alto que yo , de grandes pies y enormes manos, de pelo café, unos ojos algo rasgados como Farid , pero a diferencia de este , su pelo no era tan rizado. Su boca lucían unos labios gruesos y rojos.

A mi padre ya lo conoces , se llama Abdellah.

A modo de presentación , fueron llegando la parte femenina de la familia, en primer lugar hizo entrada la madre de Farid , con una chilaba de seda y un pañuelo. Se trataba de una señora de apenas 40 o 42 años, con el típico tatuaje bereber en el mentón. Una señora que con el tiempo descubriría es el verdadero alma de la familia , era la que había trasmitido a sus hijos la mezcla de razas, pues era evidente su mestizaje. Tras ella hicieron presencia en primer lugar , un niño de no mas de 6 o 7 años que Farid me presentó como su hermano Ismail, y estas son mis hermanas Fátima, Zaquiya y Hanan. De repente hizo su entrada alguien que besó a Farid y a continuación me dio a mi la mano y mirándome profundamente a lo ojos me dijo ”bienvenu” en un francés perfecto, sin nada de acento árabe. Se trataba de un hombre de no mas de 28 años, alto , corpulento, ataviado con una especie de camisa abotonada con una especie de botones de tela , y unos pantalones típicos árabes muy amplios de pliegues desde la cintura, y se ceñían en torno a la pantorrilla algo por debajo de la rodilla. Lucía un leve melena que apenas cubría sus orejas, con un pelo completamente negro. Sus ojos eran de un verde intenso y su piel era blanca si bien curtida por el sol. Se trataba de un hombre de anchas espaldas, poderosos brazos , lástima que con los amplios pantalones árabes , no pude contemplar sus muslos. Sus facciones eran agradables, sus ojos verdes eran profundos, su mentón fuerte partido con un hoyuelo, sus pómulos sin ser extremos , si eran poderosos, su nariz triangular amplia en la base, le daba al conjunto una sensación de masculinidad muy pronunciada.

Su voz era grave , en realidad , hablaba poco , asentía mas que gesticulaba. Sus manos y pies eran grandes , no menos de un 45 de calzado. Farid me dijo en español , este en Muhammad, mi primo , creo que ya te he hablado alguna vez de el. La sangre acudió a mi rostro en señal de rubor y cierta vergüenza, como si pudiera notárseme de que era partícipe del secreto de Muhammad.

La hermana mayor de Farid , nos sirvió un poco de té con menta y algunos dulces árabes , que ellas mismas confeccionaban en la casa al igual que el pan. En la sala permanecimos únicamente el sexo masculino, las chicas y señoras , siguiendo la tradición ancestral , se reunían aparte en otra sala. Una vez relajados , Farid me pidió si podíamos entrar el equipaje y poder distribuir los regalos que habíamos adquirido para la familia, nos encaminamos hacia la puerta e iniciamos la extracción de todos regalos y maletas . Para ello contamos con la ayuda de los 2 hermanos menores de Farid y con la de Muhammad. Habíamos contado con todos los miembros de la familia a excepción de Muhammad , que Farid no esperaba su presencia . En realidad nos enteramos que su presencia obedecía a la ayuda que estaba prestando a su tío Abdellah , el padre de Farid, que al estar en campaña de recolección de hortalizas , necesitaba de la ayuda experta de Muhammad. Farid hizo entrega de los regalos a la familia , disculpándose con Muhammad, ya que ignoraba de su presencia. Me sentí algo violento por la situación y decidí hacerle un regalo inesperado. En Ceuta en uno de los almacenes que visitamos , adquirí un MP4 para escuchar música etc. Era de buena calidad y su precio apenas un 50% del precio en la península, le hice entrega del aparto de música , perfectamente embalado, diciéndole en francés “ accepte cette cadeau, et excusemoi pour oublier a toi “ por un instante el coloso pareció un niño mientras abría su regalo y su cara de satisfacción fue evidente al comprobar que se trataba del un aparato de gran calidad. Por un instante pude adivinar en sus ojos el brillo del humedecimiento ocular. Para evitar darle ninguna trascendencia al momento , le pedí a Farid si podía indicarme donde podía dejar mi equipaje ya que deseaba darme una ducha si era posible. Farid preguntó a su madre, esta a su vez le indicó que para mayor comodidad , habían dispuesto que ocupáramos un pequeño pabellón en la 3ª planta , que tenía baño propio. Que Farid , Muhammad y yo podíamos disponer de el. De hecho la noche anterior Muhammad ya había ocupado uno de los 3 catres dispuestos para ser ocupados.

Farid cogió una parte del equipaje y yo cogí mi maleta, inmediatamente Muhammad la cogió con fuerza de mi mano, impidiendo de ese modo que la transportase escaleras arriba, en ese momento tomé conciencia del impacto que tan tremendo macho me había causado en mi corazón.

Se trataba de una parte privada en la última planta . Contaba con un espacio inicial a modo de salón y 3 puertas como pude comprobar inmediatamente , pues Farid me lo mostró , una de las puertas daba acceso a una alcoba donde estaban dispuestos los catres a modo de camas polivalentes , otra puerta daba acceso a un baño y por la tercera puerta se accedía una pequeña terraza , en la cual había habilitado un WC. En Marruecos habitualmente el baño y el WC , ocupaban estancias separadas. Farid me condujo hasta la habitación y Muhammad depositó sobre un apequeña mesa auxiliar mi maleta.

Ellos me dejaron en la habitación , y tomaron asiento en los sofás árabes de la sala exterior.

Debo decir que toda la casa estaba completamente alfombrada , y se camina descalzo, a excepción del baño. Me coloqué un albornoz y me dispuse a entrar al baño y darme una ducha , para relajarme de la conducción. Debo decir que la pieza de baño, modesta, contaba con lo necesario para disfrutar de una buena ducha , caliente o fría, en un principio opté por darme una ducha caliente para enjabonarme bien y eliminar las toxinas del día de conducción, repitiendo la operación en 2 ocasiones, para terminar fui poco a poco bajando la intensidad del agua caliente , para dejarla completamente fría, para de este modo tonificar mi piel.

Cuando por fin salí del baño , solo estaba en la sala Muhammad, al parecer Farid estaba en la planta de abajo conversando con su familia , de forma muy animada por lo que pude escuchar. Me puse una ropa deportiva cómoda y tomé asiento junto a Muhammad el cual de nuevo aprovechó para decirme “ merci pour le cadeau”. Por lo que pude observar , Muhammad era un hombre de muy pocas palabras, era mucho más lo que expresaba con la mirada y con los gestos que lo que comunicaba verbalmente. En el espacio de tiempo que transcurrió hasta que nos llamaron para cenar , apenas cruzamos un par de palabras , sin embargo el tiempo se me hizo muy corto. Farid hizo presencia en la sala y me dijo , ¿porqué no has bajado?, es que estabas tan entusiasmado con tu familia , que he preferido que puedas hablar con libertad con ellos , le mentí. Vamos a bajar a comer, ya está preparado. Mshiu Muhammad ( vamos Muhammad ) , los 3 bajamos de nuevo a la planta baja , en el mismo salón, donde en una mesa habían colocado unos tazones repletos de una sopa consistente que llamaron Harira , en realidad se trataba de una sopa muy nutritiva y muy especiada , con trozos de carne de cordero, algunos garbanzos , de por si ella sola ya era un alimento completo, la acompañaba en el plato sobre el que estaba depositado el tazón , un huevo duro, varios dátiles de gran tamaño y unos dulces bañados en miel, que denominaron shubbakiya. Abdellah , el padre de Farid me ofreció un sitio a su lado que obviamente no pude rechazar. Me sorprendió que en la mesa solo hubiera vajilla para nosotros 6. Sorprendido le pregunté a Farid si su madre y hermanas no comían , a lo cual Farid soltó una pequeña carcajada y me dijo , ellas , las mujeres comen en el otro salón. Su hermano Umar curioso y extrovertido le inquirió por mi pregunta, Farid le explicó cual había sido y cual su respuesta. Una vez acabado con la Harira , Umar recogió los tazones y los llevó a algún lugar , que imaginé fue la cocina , tornando otra vez a su sitio. A los pocos instantes hizo su aparición en la sala la madre de Farid, llevando en sus manos una enorme bandeja de cerámica repleta de carne que resultó ser de ternera. No salía de mi asombro, como es posible tras el enorme tazón de harira , tomar también ni tan siquiera una pequeña porción de esa exquisitez de carne. El plato consistía en unos generosos trozos de carne de ternera, convenientemente troceados ,en unos tamaños regulares, una salsa consistente y especiada, entre la salsa aparecía algunas ciruelas pasas , algunas almendras tostadas y recubierto todo por granos de ajonjolí ( sésamo) , el plato tenía una presencia exquisita , haciendo honor a la merecida fama de la cocina tradicional marroquí , heredera de la cocina andalusí . Abdellah el padre de Farid con sus manos empezó a trocear un pan , caliente todavía, recién salido del horno de la casa. Comprobé como usando las manos , sin cubiertos , solo usando un trozo de pan y todos en la misma bandeja, empezaban a degustar el exquisito guiso de carne de ternera. La salsa resultó increíblemente sabrosa, su sabor era entre dulce y sabroso, con un cierto toque a la nuez moscada y el gengibre. Espectacular, era increíble la destreza de todos con un sencillo trozo de pan, Abdellah y Muhammad continuamente depositaban a mi lado pequeños trozos de carne para que los comiese, verdaderamente estaban mas pendientes de mí que de comer ellos mismos. Ya era incapaz de comer ni un solo bocado más y su insistencia era total. Opté por acabar el resto de pan que tenía en la mano y cuando me volvió a ofrecer más , declinar. Poco a poco todos quedamos satisfechos y de nuevo Umar retiró la bandeja. Otra vez hizo su aparición la madre de Farid con una nueva bandeja, esta vez de fruta, plátanos, albaricoques, ciruelas , peras , melocotones. Farid me indicó que eran de su propia huerta, que su familia vendían en el Zoco. La fruta era exquisita, pero yo estaba completamente lleno.

Por fin se retiró todo y quedamos en animada charla, yo como única opción escuchaba dado que desconozco por completo la lengua Bereber. Solo en una ocasión noté que todos me miraban con cierta seriedad y observé como Umar , el mas extrovertido de todos , se levantó de su asiento y se acercó a mí , dándome un beso en mi frente, no pueden imaginar mi sorpresa , el padre de Farid cogió con sus 2 manos las mías y me dijo “ shukran” , Farid entonces me dijo que había contado a su familia como yo lo había recogido en mi casa , cuando el estaba durmiendo en la playa y me ofrecían su agradecimiento.

En esto que aparece la madre de Farid con una bandeja enorme, en la cual había depositada una tetera , 6 vasos de té y un plato con dulces árabes. Todos tomamos el delicioso té árabe con menta, era sencillamente exquisito, digestivo . Ya el sueño me vencía y le dije a Farid que estaba muy cansado , que agradeciera la hospitalidad a su familia. Farid comunicó mi deseo y todos me desearon las buenas noches , Farid dijo algo a Muhammad, que se levantó y me acompañó. Farid me dijo , yo me quedo con mi familia mas rato, nos vemos mañana, buenas noches le respondí.

Subimos a la planta superior encaminándonos a la alcoba, que Muhammad cerró desde dentro, esa situación inesperada me produjo morbo y curiosidad, nunca hubiera esperado esa intimidad tan absoluta con un hombre que desde el momento mismo en que lo vi me había producido tanto deseo, hacía apenas unas horas desde que llegué a esta casa y conocido físicamente a Muhammad y ahora me encontraba encerrado solo con el , dispuestos a pasar juntos la noche en la mas absoluta intimidad.

A partir de ahora transcribiré los diálogos que mantuve con Muhammad en Español , para evitar que quien desconozca la lengua francesa se vea imposibilitado en seguir el diálogo. Muhammad me dijo” quieres dormir en el catre o quieres dormir en la haidora” , ¿que es la haidora? Respondí , su cara de satisfacción se hizo evidente.

El la parte central de la habitación había un amplio espacio libre , cubierto como todas las estancias con una gruesa alfombra , abrió una especie de armario empotrado y extrajo unas grandes pieles de cordero, unas 8 y las fue colocando convenientemente sobre el suelo , ocupando un espacio aprox de 150 X 200 ctms , sobre las pieles de cordero , colocó una sábana y cogió una almohada de uno de los catres y otra sábana para taparse.

En realidad fabricó con las pieles de cordero una cama sobre la alfombra en el suelo. Me pareció tan original que inmediatamente quise probarla. Realmente era confortable, mucho mas mullida de lo que en un principio pude imaginar, al ver mi cara de satisfacción , se dibujó una amplia sonrisa en su boca y sus ojos se iluminaron, unió sus dedos índice y me dijo ,¿ juntos? , como pude disimulé mi ansiedad y le dije no sin cierto nerviosismo , “si”.

Me deshice de mi camiseta y busqué en mi equipaje un short para dormir, si bien estoy acostumbrado a dormir en casa sin nada, no me parecía conveniente hacerlo con Muhammad. Le dí mi espalda y me quité el pantalón de chandall ,bajo el no llevaba ninguna prenda , por lo que por unos segundos permanecí de espaldas a Muhammad , completamente desnudo. Me coloqué rápidamente el short y deposité con cuidado mi pantalón de chandall junto a la camiseta, me giré dispuesto a ocupar el espacio en la improvisada cama y noté a Muhammad rojo, tenía un rubor muy evidente; me sobresalté al imaginar que Muhammad se sintiera ofendido por haber mostrado mi desnudez, mi corazón empezó a latir con virulencia por haber sido tan idiota de cometer tal estupidez…

Muhammad al verme tan azorado y angustiado me dijo ,” no te preocupes , estamos en privado no pasa nada“. Era la primera vez que le había escuchado tantas palabras juntas .

Muhammad se quitó también su camisa de botones de tela, viendo por primera vez su torso desnudo. Colocó su camisa junto a mis pertenencias y me miró directamente a los ojos , que evité con rubor. Sus pectorales era probablemente los mas desarrollados que jamás he visto en un hombre, sus espaldas fornidas no tenían nada que envidiar a un atleta de halterofilia , completamente desarrolladas a fuerza de levantar sacos de aceituna a fuerza bruta, sacos de cemento o de arena en épocas de construcción. Cargar tractores o camiones de alpacas de paja de trigo en verano, con mis dos manos apenas hubiera abarcado la parte externa de la musculatura de sus brazos. Con parsimonia , dando la impresión de que me quería hacer esperar para que contemplara su piernas y caderas, se fue desabrochando el cinturón y los botones que ceñían a su estrecha cintura el amplio pantalón bombacho árabe. Una vez quedó desabotonado el bombacho , fue deslizándolo poco a poco sus piernas abajo , quedando únicamente con un short de cuadros de algodón.

A todo esto mi expresión debió ser de tal asombro que Muhammad se acercó a mí y con un dedo tocó mi nariz , saliendo de mi estupefacción, pasó junto a mí y cerro el interruptor de la luz, de nuevo se acercó por mi derecha y se acostó a mi lado. La ventana permanecía abierta y entraba una tenue luz del exterior , la suficiente para comprobar que bajo el short habitaba algo de proporciones increíbles , sencillamente eso era imposible , pero mis ojos que ya se habían adaptado a la semioscuridad no podían quitar la vista de esa zona del cuerpo de Muhammad. Era evidente que Muhammad estaba teniendo una brutal erección y a pesar de la amplitud del short el tremendo pene que se intuía , estaba casi a punto de salir por encima. De hecho cada vez que el pene latía , asomaba levemente por encima de la cinturilla. Muhammad permanecía mirando para el techo boca arriba con sus manos cruzadas tras la nuca, pareciese que estuviese en un profundo pensamiento. Desde que entró en la improvisada cama , no abrió su boca para nada y de eso ya hacía varios minutos. La verdad , no había la menor tensión, ambos permanecíamos mirando al techo y eventualmente yo fijaba mi vista sobre su pene que luchaba por salir de su prisión de tela. Si bien la cama era amplia, nuestros cuerpo permanecía juntos, sin llegar a rozarnos , pero si a leves centímetros, yo podía sentir el calor de los brazos enormes de Muhammad, admiraba su pectoral poblado de un bello fuerte sin ser excesivo con unos pequeños pezones que coronaban sus tetillas. Por pudor , yo estaba tapado con la sábana , hasta mi cintura , para evitar que se evidenciara mi erección. El tiempo pasaba y ambos continuábamos sin decir una sola palabra, era evidente que Muhammad seguía entregado a su profundo pensamiento, inexcrutable , a mí el cansancio me vencía, ya empezaba a pasarme factura las horas de stress de la conducción. En un acto reflejo cambié de postura, colocándome sobre mi lado derecho , mirando justo hacia Muhammad diciéndole “ buenas noches”. El coloso emitió un leve sonido casi gutural a modo de asentimiento. Miré instintivamente hacia ese pene que permanecía oculto de la mirada bajo la tela del short, sin que la erección hubiera cedido ni un instante, diríase que gozaba de voluntad y vida propia al margen de Muhammad; con ese pensamiento y mis manos enlazadas en mi cintura me venció definitivamente el sueño, jamás en mi vida me había dormido de forma mas placentera y automática.

Desconozco el tiempo que permanecí profundamente dormido, me despertó el roce viril y fuerte de la barba de Muhammad, en sueños sentía la lengua de Muhammad entrando en mi boca y chupando mi lengua y su barba me lastimaba la cara, era un beso profundo, apasionado, el beso mas dulce y sabroso que jamás me habían dado hasta ese momento a lo largo de toda mi vida.

Mis vapores fueron dejando claridad a mi mente y en unos instantes tuve conciencia exacta de lo que estaba sucediendo. Muhammad estaba recostado hacia mí y con sus manos sostenía mi cabeza y me estaba dando el beso mas maravilloso de mi vida, correspondí inmediatamente atrapando con mis labios los suyos, chupando sus labios , primero el inferior, dándole leves mordisquitos y pasando al superior. Abriendo mi boca golosa para atrapar su boca, nuestras lenguas se entrelazaban y Muhammad atrapaba mi lengua , introduciéndosela entera dentro de su boca y gustándola . Nuestros labios permanecieron unidos por un espacio de tiempo indefinido, yo no podría decir el tiempo en que nuestras bocas permanecieron unidas. Mis manos eran incapaces de pasar ni un centímetro mas abajo de sus pectorales; su boca era suficiente para mí , eran un océano del que era imposible escapar ni deseaba hacerlo. La boca de Muhammad era perfumada, como dulce y fresco a la vez, no solo era su sabor , su olor también ( mas tarde supe que eran fruto de degustar semillas de Cardamomo). Ya sus brazos habían aferrado mi cintura y me estrujaban contra el , sus muslos me habían acunado y sus piernas impedían que pudiera escapar de su trampa . Nuestros cuerpos entrelazados y nuestras bocas enganchadas, apretándonos , fundiéndonos….

Por un instante nos miramos a los ojos y pude comprobar que de sus ojos surgía un brillo intenso que junto a su amplia sonrisa me pareció el hombre mas bello de la creación; permanecimos un tiempo inconcreto mirándonos y dándonos pequeños besos jalonados de besos mas profundos, sacaba toda su lengua y lamía mi boca como si temiese perder una sola gota de algún néctar imaginario. Lentamente fui incorporándome y el definitivamente depositó su cabeza sobre la almohada y fui oliendo sus pectorales , pasando mi lengua por sus tetillas y dando leves mordisquitos en sus pezones , que estaban duros y reaccionaban a mis leves mordidas , haciéndole surgir de su garganta un ahhhh de placer , chupé y besé sus pectorales y estómago su piel suave contrastaba con el vello , bajé por sus pelos , estomago abajo , deteniéndome justo a la llegada de su short , el cual estaba hinchado por el enorme bulto del pene de Muhammad. Por primera vez llegaba hasta el y depositaba mi cara a tan solo unos centímetros, su olor a limpio y a masculinidad era embriagador, abriendo sus piernas en señal de bienvenida. Con sus enormes manos guió mi cabeza , hasta dar en mi cara con su pene enorme que seguía oculto bajo el short. Abrí mi boca para morder el tronco enhiesto , pero con mi boca completamente abierta no pudo abarcar el grosor del pene , era imposible. Mi calentura aumentó, cogiendo con mi mano derecha por primera vez en mi vida el mayor pene , que hasta el día de hoy se ha cruzado en mi camino. Con delicadeza Muhammad me apartó y ejecutando una especie de abdominal, se deshizo de su Short, apareciendo en todo su esplendor el pene de Muhammad. Lo primero que me causó sorpresa aparte del enorme tamaño fue el contraste de la tahara (circuncisión) prácticamente todo el pene era mucho más moreno que el cuerpo , a excepción de la parte en que le fue eliminada la piel tras la circuncisión, que aparecía muy blanca, manteniendo el glande un color mas oscuro , si llegar al color del tronco. Mi estupidez debió ser grande , pues no sabía que hacer con el tremendo pene que aparecía a mi disposición. Muhammad de nuevo tomó la iniciativa , despojándome con cariño , pero con firmeza , de mi short , quedando ambos desnudo. Muhammad se posó con delicadeza sobre mí y cogiendo con su mano de forma delicada mi pene, me besó con dulzura la boca, nos fundimos de nuevo en un beso profundo y acarició mis testículos, me desarmó por completo ante tanta dulzura y entrega, llevó su mano por mi coxis y con la yema de sus dedos masajeó mi culo. Cogió un poco de mi líquido PRE seminal que ya aparecía en mi glande para con sus dedos esparcirlo en mi culo para lubricarlo de forma natural, sus dedos era hábiles los mismo masajeaba mi esfínter , como me masturbaban el pene. La postura nos permitía a mi coger su enorme pene y a el masturbarme con su mano derecha y con su izquierda me introducía el pulgar completamente en mi culo. Su dedo pulgar tenía un tamaño en circunferencia similar a mi propio pene, estaba tan caliente que a no mucho tardar , mis quejidos anunciaban mi inminente eyaculación. Era lo mejor que me habían hecho gozar en meses. Por fin entre estertores fui aliviando a mis testículos del semen que habían fabricado mientras la boca de Muhammad se cerraba junto a la mía , introduciéndome su lengua hasta mi garganta, así permanecimos rato, ya notaba frío mi propio semen sobre mi pecho , cuando Muhammad sacó de algún sitio una trapo largo de algodón , que luego supe se trataba de una especie de turbante. Me limpió con calma y suavidad, yo no salía de mi asombro como un hombre rústico y tan corpulento podía ser tan sensible , amable y bonachón. De nuevo nos fundimos en un beso de gratitud , deseo, lujuria a la vez que de serenidad .

Me abrazaba a la par que me besaba con dulzura , ahora en mis labios , ahora en mis ojos , ahora en mis sienes, frente a mí introdujo su pene entre mis piernas por debajo de mis testículos, iniciando un simulacro de penetración, cogí un poco de saliva de mi boca y la deposité en su glande, facilitando de esta manera la lubricación entre mis piernas. Cuando empujaba completamente su pene hacia mí , su enorme pollón salía por detrás , dejando al aire tras mi culo el glande al completo. Noté como su ritmo se hacía mas intenso y sus quejidos mas insistentes, por lo que decidí sacar su pene de entre mis piernas e iniciar una felación. Cuando introduje su glande en mi boca, este ocupó la totalidad del espacio, siendo imposible meter en mi boca ni un centímetro mas que su glande. Con toda mi experiencia , fui moviendo mi lengua en torno a su glande y apretándolo con mis labios, a la par que con mis 2 manos agarradas entorno al tronco , lo estaba masturbando. Apenas pasaron unos segundos emitió un sonido sordo de su garganta y a la par brotó un chorro de semen que fue directo a mi garganta, tras él otro y otro, que tragué sin remedio, los restantes fueron mas espaciados , pero ya los fui tragando con devoción, sin el menor asco. Saqué aquel glande de mi boca y lo fui lamiendo goloso , sin dejar ni rastro alguno de su eyaculación.

Muhammad me atrajo de nuevo hacia el y depositó en mis labios el beso mas tierno que un hombre me ha dado . Nos besamos apasionadamente, agotados, exhaustos nos dormimos entrelazados...

Alguien tocaba con fuerza en la puerta, lo sentía lejano, lo hacía con cierta insistencia. Alguien me dijo casi al oído en francés “ ponte el short” abrí mis ojos y a tan solo unos centímetros de mi cara estaba la cara de Muhammad quien me sonreía y me dio un leve beso en mis labios y me entregó en mis manos mi short.

Apenas había terminado de ponérmelo , cuando Muhammad abrió la puerta , Farid entró como una exhalación , todavía estáis durmiendo?, venga que el desayuno está esperando, vengaaaa. Hablaba en español y el pobre Muhammad se quedó con la boca abierta , no entendía nada hasta que Farid se dio cuenta y le explicó en Berber todo.

Apenas tuve tiempo de afeitarme y darme una ducha rápida, Farid había desaparecido , solo Muhammad me esperaba sentado en el salón, estaba ataviado de forma similar a la noche anterior, solo que ahora la ropa era mucho mas rustica , como pude comprobar , se trataba de su ropa de trabajo. Al llegar a su lado se puso de pié a modo de recepción , mirando hacia la puerta de entrada de salón comprobó que no había nadie y me cogió de la cintura, depositando un beso de una ternura infinita en mis labios y me dijo “ bon jour, ça va” , no le contesté , lo hicieron mis ojos por mí y él lo comprendió al instante, dándome de nuevo un “piquito”.

Apenas eran las 6 de la mañana pero ya el sol estaba fuera, la familia estaba sentada y nos esperaban para desayunar. Nada más llegar , Abdellah , el padre de Farid se dirigió a Muhammad , al hacerlo en lengua Beber, no comprendí nada en absoluto, solo observé como Muhammad asentía con la cabeza. A continuación Abdellah se dirigió a Farid manteniendo con el una conversación algo mas larga , Farid pareció dudar por unos momentos y me dijo “ mi padre, mis hermanos y Muhammad se van para el pueblo, no está muy lejos a unos 7 u 8 kilómetros, se llama Folyó” ¿ que hacemos nos vamos al pueblo o nos quedamos aquí? , ¿ ellos regresan a la noche o se quedan en el pueblo? le pregunté. No mis hermanos y Muhammad se quedan allí , para cuidar la huerta y la casa, solo regresa mi padre para traer las frutas y hortalizas para que mi madre y mis hermanas los vendan en el Zoco. “Vale , pues mejor nos vamos con ellos , no me apetece quedarme solo aquí en la casa“ respondí. Deja el equipaje aquí y solo llévate una bolsa de deporte con algo de ropa cómoda. Acabamos de desayunar y subí rápidamente a la planta superior a colocar algo de ropa en mi bolsa de deporte, cuando bajé ya todos me esperaban , la madre de Farid me entregó una pequeña cesta , algo desconcertado miré a Farid , el cual me indicó que su madre me había preparado algo de fruta y unos dulces árabes para el camino, emocionado cogí la mano de la madre de Farid y deposité un beso en ella, la mujer algo azorada me saludó con la mano y Farid me dijo que nos deseaba un buen viaje.

Abdellah el padre de Farid ya estaba en la cabina de un tractor y los hermanos y Muhammad estaban en el remolque. Farid le indicó a su padre que iniciara el viaje , nosotros iríamos en el 4 X 4 , de esa manera tendríamos la posibilidad de venir a Azrou en el momento que sintiéramos necesidad de ello.

Salimos de la ciudad hacia el suroeste, en la dirección contraria respecto al mazizo montañoso, la carretera era relativamente cómoda y podíamos observar como el paisaje era alegre , jalonado por pequeños arroyos que transportaba un agua cristalina , producto del deshielo, ello hacía que las tierras aparecieran fértiles y bien labradas.

En apenas unos minutos Farid me dijo , este es el pueblo, un poco mas adelante está mi casa, ante mi extrañeza , le pregunté , pero donde está el pueblo?. Esto es ya el pueblo, solo podía ver caseríos rodeados de campos de labranza y huertas, pero por ningún sitio podía ver ningún casco urbano , ni tan siquiera una sola calle.

Aquí el pueblo son las casas , diseminadas por la campiña. Abandonamos la carretera y nos adentramos a la derecha por un camino sin asfaltar , hacia un lugar algo mas bajo respecto de la carretera y que serpenteaba entre frondosa arboleda y amplios espacios cultivados, Farid me indicó , que aquellos campos eran de su familia y la casa que aparecía un poco encima de nosotros era su casa. Llegamos unos minutos antes que el tractor que conducía Abdellah , el padre de Farid.

El lugar era rústico, pero sumamente agradable, desde el que se dominaba una amplia vista sobre el río que transcurría ocioso y calmo a la falda. La casa la componía 3 edificios que formaban como una plaza que quedaba abierta justo por el lado que daba hacia el río.

El edificio de enfrente era la casa propiamente dicha, los otros dos edificios en realidad eran auxiliares , en tiempos el de la izquierda albergaba el grano y alimentos para el ganado, lo que podríamos denominar un almacén y el de la derecha fue en tiempos el establo , que en la actualidad albergaba el tractor y aperos de labranza amén de un pequeño gallinero en el que durante la noche las gallinas se guarecían y ponían sus huevos, durante el día las aves deambulaban sueltas por los alrededores consiguiendo por su cuenta su alimento. Farid me indicó la puerta amplia del establo para aparcar el automóvil.

A los pocos minutos apareció el tractor con los 4 hombres. Estos venían en una animada charla , parecía que Muhammad era el objeto de sus chanzas y bromas, este aparecía silencioso como siempre, si bien exhibía una sonrisa picarona. Abdellah bajó y les dijo “ Safi” ( ya está ) consiguiendo una momentánea tregua en las chanzas, desapareciendo de la escena, entrando en la casa. Umar puso al corriente a Farid y este se entregó a las chanzas y bromas inmediatamente, consiguiendo sonrojar por un instante a Muhammad. Pregunté a Farid “ que ocurre” Farid me contestó , nada , no te preocupes , solo estamos de broma con Muhammad. Umar le ha venido pinchando por el camino y Muhammad solo ha sonreído, eso entre nosotros solo ocurre cuando se ha tenido alguna relación sexual y como se desconoce quien ha tenido el atrevimiento de tener algo con Muhammad por su fama …. De ahí las bromas sobre si ha sido con una vaca o con una burra…. Mi corazón se heló por un instante, sin saber hacia quién o donde mirar. Me debí sonrojar enormemente porque Umar intuitivo me señaló con el dedo advirtiendo mi rubor. El muchacho guasón preguntó a Farid porque me había sonrojado, indicándole que yo sabía el secreto de Muhammad, porque él me lo había contado. Muhammad me miró por un instante. Ahí estaba ese coloso , de mas de 190 ctms de un poderío físico increíble , aguantando estoico las chanzas y bromas de un muchachito de 19 años , inconsciente del daño que podía hacer en un corazón sensible.

Farid, Abslam y Umar entraron en la casa donde ya hacía unos minutos que su padre hacía algo en su interior. Muhammad me dijo en francés ¿ tu ya sabías eso ?, “si Muhammad , Farid me lo contó en España, mucho antes de conocerte”, ¿ no pasa nada para ti? Me preguntó, Nooo , ¿ por qué ? respondí, “ me da vergüenza que puedas pensar algo malo de mí “ ¡por favor Muhammad tu eres maravilloso! . Muhammad pareció desechar toda incomodidad y me guiñó el ojo. Creo que en ese momento tomé conciencia de que Muhammad me importaba más de lo que quería reconocer.

Dí un vistazo mas detenido al lugar y pude comprobar que la arquitectura popular era muy agradable , mucho más que la que había visto en la ciudad de Arzrou. Se trataba de una casa de una sola planta, y ante la puerta había una zona porticada con 5 arcos , el central de mayor envergadura que los dos de a cada lado, estaban encalados en blanco. La puerta de entrada a la casa era igualmente un arco , cerrado por 2 hojas de puerta. Como a unos 5 metros de distancia de la puerta de entrada había un pozo, cubierto por 3 de los 4 lados y coronado por una cúpula, a los lados del pozo crecían flores y a unos metros un gran olivo. Las flores estaban presentes casi por todo el patio central, crecían en arriates junto a la pared, Jazmines, bugambillas , arbustos de hierba luisa, olorosa menta.

La zona porticada tenía unos asientos hechos de obra , pegados a la pared , una especie de sofás hechos de ladrillo sobre los cuales habían cojines. Justo delante del “granero” almacén , había un pequeño pórtico , pero este mucho más rustico, levantado con unos troncos de madera gruesos y regulares y con unas alfajías servían de asiento para el tablazón que soportaba las tejas. En realidad era una especie de protector para evitar que en épocas de lluvia el agua batiera directamente contra la puerta. El conjunto era sumamente agradable.

Farid abrió la puerta y me invitó a pasar a la casa. Ya los 4 se habían cambiado de ropa, ahora tenían las ropas típicas y apropiadas para efectuar las labores del campo.

La casa en realidad eran 2 estancias, una primera donde al fondo había una cocina con una chimenea y algunos sofás mucho mas rústicos, y una segunda habitación , muy amplia , con los catres en torno a toda la estancia , con una ventana a la zona posterior . La estancia o alcoba , aparecía cubierta de alfombra de lana, mientras la alfombra de la primera estancia o sala comedor/cocina , la alfombra estaba confeccionada con anea.

Farid me indicó que podía dejar mis cosas en la habitación, que ellos regresarían para medio día , en torno a la 1 , para comer, Farid iría con su familia a ayudarles a la recolección, ya era en torno a las 8 de la mañana y se les había hecho un poco tarde.

Salí para acompañarles y vi como el Abdellah el padre de Farid colocaba los alimentos en una especie de canasta y la bajaban hasta a penas medio metro del agua. Farid me dijo , es nuestra nevera. Si tienes sed solo tienes que accionar esta palanca para abajo y hacia arriba y saldrá agua, lo comprobé y a los pocos segundo de accionar , surgió un chorro de agua helada tan de improviso que me llenó la cara de agua, produciéndose una carcajada general. Abdellah ya estaba instalado en la cabina de conducción , Farid sus 2 hermanos y Muhammad se acomodaron en el remolque , Farid me dijo en voz alta , estamos en este camino a unos 500m . Muhammad seguía con su mirada clavada en mí hasta que el tractor despareció de mi vista en un recodo.

No sabía que hacer, tenía toda la mañana para holgazanear. Empecé por conocer todo el lugar , casa , granero, antiguos establos , todo , incluso me aventuré hacia el río, poblado por una densa arboleda. Pude comprobar que se trataba de un río cristalino donde se podía ver perfectamente el fondo y a juzgar por lo que se veía , no muy profundo , no mas de 1 metro o 1’20 de unos 30 m. de anchura ; dejé mis chanclas y me quité la camiseta, me senté sobre una piedra con mis pies dentro del agua, el frío era cortante, pero ya el sol estaba alto y el calor empezaba a ser sofocante y eso que no serían mas de la 9’30 de la mañana, ahora comprendía que a las 8 dijeran que se les había hecho tarde. Me despojé del short y me quedé con el pequeño bañador de licra que habitualmente uso, que al ser de tonos muy claros , acentúa mi bronceado. Me metí poco a poco en el agua , apenas percibí corriente , con lo que una vez mi cuerpo se acostumbro al frío cortante del agua , pude nadar a placer . Llevaría un rato nadando cuando alguien me llamó , “Tony” “ ¿çava ?” , era Muhammad que desde la orilla , sentado en la roca que tenía depositada mi ropa me miraba y sonreía, “ no está fría” , síii está helada , pero muy buena, hacía calor y estaba aburrido me justifiqué. Entra le dije , con la esperanza de que me acompañara , nadé hacia la orilla donde estaba sentado Muhammad le dije “ ¿le trebail tout bien?” “ ah OUI , merci” “ he venido con Abslam a traer productos y descargarlos en el almacén y llenar de agua fresca las botellas. Fui saliendo poco a poco del fría agua del río hasta llegar junto a Muhammad, quien al verme salir del agua con tan solo mi pequeño bañador de licra dijo “ wahh” joli . Muhammad miró en dirección a la casa , y me atrajo hacia él , metiendo bajo mi bañador sus manos, abarcando todo mi culo bajo la tela con sus manos. Me apretó con fuerza hacia él , besándome con pasión.

Tras el beso furtivo me dijo “me voy” , le dije , “espera” , me quité el bañador para no mojar mi short , pero por vergüenza le dí la espalda, quedándome completamente desnudo , me coloqué mi short y me puse las chanclas. Cuando iniciamos el ascenso de la pequeña pendiente Abslam estaba dejado caer en uno de los árboles , ninguno de los dos lo habíamos visto ni oído llegar. Nada dijo Abslam y tampoco Muhammad quien actuaba con la mayor naturalidad, como si nada hubiera ocurrido o le importase un comino lo que hubiera visto Abslam. Este al igual que Muhammad era muy parco en palabras y tampoco manifestaba su emociones. Los dos subieron de nuevo al tractor y se alejaron en la misma dirección de la mañana , Muhammad conducía , en el remolque estaba Abselam , quien hablaba con Muhammad al parece en animada charla , algo extraño para dos seres tan parcos en palabras.

Me fui a la casa y me dejé caer en la alcoba, en uno de los catres y debí caer en un profundo sueño, solo recuerdo a Farid que me llamaba. Llegó a la alcoba y me dijo , vamos que tenemos mucha hambre , no imaginas cuanto trabajo hay en el campo. Hemos sacado las cebollas rojas todo con azadón, tengo las manos destrozadas. Yo estuve nadando en el río , ¿de verdad te has metido en el agua? , sii le dije , “pero si es helada todo el año” , si mucho , pero el calor es peor, Farid estaba feliz . Vamos a comer, cuando salí de la alcoba, Abdellah el padre de Farid ya estaba sentado y Umar disponía la comida . Ya todos habían lavado sus manos y fui al pozo a sacar un poco con la bomba manual.

Comimos todos de la misma bandeja , en realidad eran 2 bandejas distintas , en una había una especie de ensalada con verduras al horno con un aliño algo picante , que todos llamaron harisa y en la otra bandeja había carne que resultó ser de cordero , pero en unos trocitos pequeños, cada cual cogía indistintamente de ambas bandejas , dando como resultado una exquisita comida, con una gran jarra de agua a la cual le habían puesto sirope de Tamarindo, muy digestiva con el agua fresca del pozo. Casi nadie aceptó la fruta que nos ofreció Umar . Abdellah el padre de Farid le dijo algo en Beber que no comprendí. Farid me preguntó si quería quedarme allí en el pueblo o bien quería regresar a Azrou y pasar la noche en la casa de la ciudad, por un momento no supe que decir , subrepticiamente miré a Muhammad intentando averiguar algún gesto que el me hiciera. Me da igual respondí a Farid, lo que tu quieras . Farid le dijo a su padre que nos quedábamos allí , si me aburría o tenía ganas de irnos , como teníamos mi automóvil nos desplazábamos sin problema.

Abdellah con el remolque casi repleto, se despidió de nosotros , poniendo rumbo a Azrou no sin antes indicarles a sus hijos que una tía suya , hermana de su madre, que vivía a unos centenares de metros en una casa próxima ( dentro de la proximidad relativa que suponen medio Kmt.) vendría por la noche a traer la cena.

Lo vimos desaparecer en dirección a la carretera principal que habíamos recorrido por la mañana en dirección a la ciudad de Azrou. Llevaba el remolque con Tomates , pepinos , pimientos , verdes y rojos, cebollas rojas, berenjenas , huevos que habían recogido del gallinero, frutas varias , melocotones , peras, higos de las higueras cercanas al río, melones y algunos haces de menta.

Una vez solos , ya eran mas de las 14:30h, y decidimos dormir un poco, Muhammad, Abselam y Umar optaron por hacerlo directamente sobre la alfombra del suelo. Farid y yo , elegimos cada uno un catre. Con el calor y la comida copiosa , el sueño nos abatió . Dormimos no mas de 1 hora, debido al calor. Las bromas y la animada charla se apoderaron del momento. “Me daría un chapuzón en el río , el agua helada me vendría genial” dije a Farid, este les comento a los demás lo que había sugerido y al parecer a todos les apetecía, iniciaron una conversación entre ellos , que básicamente según me comunicó Farid , se reducía en que no tenían bañador . En slip le dije , Farid se rió con ganas y a modo de chanza le dije a Farid o mejor que se bañen sin nada, me encantará ver sus herramientas. Farid tradujo literalmente lo que dije, soltando Umar una gran carcajada y empezó a hablar rápidamente señalando a Muhammad, el cual pareció entrar en uno de sus típicos ostracismos. Farid me comentó a grandes rasgos la chanza de Umar, al parecer el bromista le dijo a Muhammad que me enseñara la herramienta para taparme la boca.

Decidimos bajar al río a darnos un chapuzón y que cada cual se bañase como quisiera , al fin y al cabo no hay gente cerca que pudiera m*****arnos o acechar.

Eran ya mas de las 16 h. y prácticamente habíamos hecho la digestión así que nadar en el fría agua ya no representaba un peligro. Yo le pedí a Farid si me podían dejar ponerme el bañador, salieron de la alcoba y me deshice de mi short y me coloque mi bañador y encima el short.

Cuando salí a la explanada , ya todos se dirigían con sus babuchas y pantalones cortos hacia el río, con mis chanclas me costaba algo más alcanzarlos, cosa que hice justo antes de alcanzar el camino que hay al inicio de la arboleda del río, bajamos alegres los 5 hasta la orilla misma del agua. Dejé mis chanclas y mi short en la misma roca de la mañana, empezando de nuevo a introducirme poco a poco en el agua, de repente Farid llego por mi espalda y me lanzó de golpe al agua, la sensación fue aterradora , ¡que helada estaba! Mas cuanto el calor exterior era mucho mayor que por la mañana. Todos reían excepto Muhammad que parecía m*****o, le dije a Farid en broma ¡cabrón!, todos se fueron deshaciendo de sus respectivos pantalones quedándose en unos slip que a excepción de los de Farid , eran en realidad unos short de algodón muy holgados. El primero en entrar en el agua fue Umar quien jugó conmigo , intentado hacerme tragar agua, no imaginaba que soy consumado nadador y que acostumbrado a la saladísima agua del Mediterráneo , esa agua dulce era vida para mí. Una vez comprobó que lejos de asustarme , me producía placer , desistió de sus bravuconadas, los otros 3 mas prudentes fueron acercándose poco a poco a la orilla entrando sus pies en el agua, encontrándose de repente con un chorro de agua fría que les lanzaba Umar , mojándolos completamente, se lanzaron también al agua iniciando una persecución a Umar, el cual al ver lanzarse contra el a los otros 3 intentó escaparse , pero lo dominaron sin dificultad y a modo de castigo le quitaron el short que llevaba puesto , lanzándolo con fuerza fuera , yendo a depositarse varios metros fuera del agua, Umar encolerizado les lanzaba imprecaciones que yo por supuesto no alcanzaba a comprender. Lo dejaron como si tal cosa y empezaron a nadar y jugar como chiquillos.

Ahora se abrían de piernas y buceando pasaban por debajo, ahora unos después otro así un largo rato, poco a poco Umar se fue incorporando al juego , si bien con cierta desconfianza al estar desnudo en el agua, en alguna ocasión al tomar impulso para pasar bajo sus 2 hermanos , mostraba su culo blanquísimo , que contrastaba con el moreno del resto del cuerpo, provocando la risotada general. Cuando Umar surgía del agua , podía comprobar como el resto nos reíamos. Le dije a Umar “ la próxima vez , toma el sol en tu culo también”, Farid le tradujo y eso provocó la risotada de todos ,menos de Umar que acostumbrado a lanzar los dardos de sus chanzas a los demás, se vio sorprendido, cuando reaccionó le dijo a Farid “nadie tiene el culo moreno” a lo cual Farid le respondió “el sí”, “ el toma el sol desnudo en España” a Umar aquello le pareció imposible no dando crédito a lo que Farid le contaba. Muhammad y Abslam miraban curiosos , pero no decían nada, solo Umar seguía negando tal posibilidad. Farid me tradujo las palabras de Umar, fui hacia la orilla y salí del agua y de espaldas me deshice de mi bañador , depositándolo en la roca , junto a mi short y de paso mostrando mi trasero completamente bronceado , hice alguna pose cómica y de nuevo me incorporé al agua , esta vez completamente desnudo como Umar. Este permanecía asombrado en el mismo sitio sin pronunciar palabra, mientras los demás estallaban a carcajada viva. Farid le fue contando en Berber , como durante todo el verano en la playa donde nos conocimos , la gente toma el sol completamente desnudos.

Seguimos en nuestros juegos ahora pasando bajo el agua , ahora lanzándose sobre los hombros. Mi desnudez lejos de producir rechazo, hacía que los hermanos se abrieran más a mí, Farid en varias ocasiones, tocó mi culo , pasando su dedos descaradamente por el. Muhammad me cargaba sobre sus hombros y me lanzaba con una facilidad increíble, la erección de Abslam era evidente, pues en varias ocasiones en que me cogió, la dureza de su pene a mi espalda era innegable. Ya llevábamos varias horas en el río cuando decidimos que era suficiente , Muhammad y Farid salieron del agua, solo Umar y Abslam se hacían los remolones, también yo decidir salir y colocarme mi bañador, Umar sentía vergüenza por no mostrar su desnudez en público, así sin que pudiesen sospecharlo , cogí el short de Umar y se lo lancé al agua , el cual empezó a dar risotadas y colocárselo, salió y se dirigió hacia mí , dándome un beso en la frente. Ya solo Abslam permanecía en el agua y los demás ya estaba bastante impacientes por su remolonearía. Viendo que no tenía mas opción , decidió salir y dejar bien a la vista su erección que no conseguía dominar ni aún en el agua tan fría del río. La chanza y bromas de Umar no se dejó esperar, la sonrisa de los demás tampoco si bien pronto abandónanos el río y nos dirigimos a la casa.

El río nos había dejado agotados y ya el sol estaba alto , si bien aún quedaban 1 hora u hora y media de luz. En la casa, como pude comprobar no hay electricidad, la única fuente de luz son unos candiles de aceite perfumado.

Pasados unos minutos, no mas de 25 ó 30 , escuchamos una voz femenina , algo chillona. Era la hermana de la madre de Farid , que habitaba en una casa cercana y venía a traernos la comida. Venía con un gran canasto y ataviada a la manera Berber, con un gran sombrero, elaborado con paja y decorado con cintas de lana de diversos colores, un mandil a la cintura de rayas rojas y blancas que le llegaba hasta los tobillos. Llego hasta la puerta misma de la casa , saludando efusivamente a Farid . Como es costumbre no pasó , entregando la cesta y dando a Umar instrucciones. Tan repentinamente como llegó , desapareció.

Quedamos todos sentados en la primera estancia y Umar fue sacando todo del gran cesto y colocándolo sobre el mostrador que había junto a los fogones los cuales eran alimentados por carbón. Había una gran olla y varias bandejas, pan recién hecho, aún caliente……

Umar preguntó algo a Farid , lo demás asintieron y Farid me tradujo , si queríamos cenar ya. Le dije que como los demás quisieran y Umar inició la preparación de la mesa donde los 5 cenamos , no sin antes encender varios candiles de aceite perfumado de jazmín .

La cena fue modesta pero absolutamente exquisita y nutritiva. La harira de primero y de segundo kufta hecho al carbón y como poseíamos frutas abundantes , frescas que desde la mañana estaban en el pozo, fue una cena memorable.

Tomamos el omnipresente té preparado por Umar , quien resultó ser un buen cocinero. La menta la recogió unos minutos antes en el arriate que hay en el patio, el perfume de la menta era embriagador. Quedaron en animada charla mientras consumíamos el te si bien en el exterior la oscuridad era absoluta y los bostezos empezaron a generalizarse.

Abslam y Umar fueron los primeros en abandonar la estancia. Los escuché preparar algo en el exterior, Farid me dijo que ellos habitualmente dormían bajo el porche del granero , allí colocaban una alfombra de aneas y encima las haidoras. De ese modo vigilaban la puerta del granero , donde se guardaban los producto de la recolección de la huerta y como no hay otro sitio por el cual acceder quedaba bien guarnecido.

Muhammad pregunto algo a Farid, respondiéndole este algo que yo ignoro. Farid me preguntó si quería dormir en un catre de la alcoba o prefería una haidora.

Al parecer Farid le indicó a Muhammad que mejor la haidora. Cuando entramos en la estancia , ya Muhammad tenía preparado todo, este estaba sentado con su pantalón bombacho en uno de los catres , esperando que llegáramos.

Farid salió de la alcoba y salió de la casa , lo escuchamos a lo lejos hablar con sus hermanos. Muhammad se deshizo del pantalón bombacho, quedándose solo con el short, este era el mismo de cuadros de la noche anterior, no el que había usado para nadar en el río. Yo me deshice de mi short y de mi bañador , colocándome igualmente el mismo short de algodón de la noche pasada. En esta ocasión a ser noche obscura no sentí pudor al deshacerme de mi bañador. Ya Muhammad había tomado posesión de un sitio en la improvisada cama, esta vez en el lado contrario de la noche anterior y yo me coloqué al otro lado de la haidora. Muhammad me dijo en voz baja “ esta noche Farid va a dormir aquí” , ¡ OK! Le respondí, en mi cabeza daba vueltas buscando la razón por la que Farid quisiera dormir con nosotros….

Al cabo de un tiempo indefinido Farid llegó y quise dejarle el espacio junto a Muhammad , pero el me empujó , no muy amble , para que ocupara el espacio central, teniendo a mi izquierda a Muhammad y a mi derecha a Farid.

Muhammad aparecía ensimismado, era uno de esos momentos introspectivos a los que ya estaba acostumbrado, con su brazo derecho bajo su nuca y el izquierdo sobre su pectoral, miraba al techo con los ojos abiertos. Yo estaba en el centro algo incómodo , pues Farid estaba pegado a mí, en esa postura típica de pretender restregarse conmigo, empezaba a sospechar que tenía intención de tener algún juego sexual, pero deseché la idea por 2 razones, Muhammad estaba presente y ya hacía cierto tiempo que no teníamos relaciones sexuales. Farid no cesaba de intentar que me girara , para que le ofreciera mi culo y yo no quería girarme , sentía vergüenza de la insistencia de Farid , por el hecho de que Muhammad estaba presente a tan solo unos centímetros y era evidente que se daría cuenta de todo , si es que no se había dado cuenta ya de la insistencia de Farid. Yo no conocía esta faceta de Farid, su insistencia resultaba desagradable, para evitar mas f***ejeos opté por ceder y colocarme de medio lado y de esta manera dejar que Farid se saliese con la suya, pero cuan lejos estaba de haber hallado la solución , pues Farid sin el menor recato de un tirón , me dejó sin el short y se abalanzó sobre mí, dominándome por la fuerza, el ya tenía su pene fuera de su short , el cual solo cubría su zona trasera, intenté f***ejear para zafarme de él. Muhammad sorprendido se incorporó e hizo ademán de impedir a Farid su intento de violarme , Farid con una mano, sin el menor miramiento le dio un empujón que momentáneamente confundió a Muhammad. Farid se encaramó sobre mí e intentó introducir su pene en mi culo , como resultaba evidente que mi esfínter no podía recibir de forma tan forzada un pene grande cómo el suyo, cogió de su propia boca saliva y la depositó en mi culo, metiéndome un dedo, y con la misma mano condujo su polla hasta mi culo y de un solo empujón metió medio pene en el , arrancándome un alarido de dolor, aún no había acabado mi grito cuando sentí en mis entrañas la totalidad de su pene, Muhammaaaad salió de mi boca , como un lamento. Solo sentí un SSPLASSSS , una sonora bofetada que hizo que Farid abandonara su sitio sobre mí , su pene salió de mi interior y un nuevo golpe , esta vez seco y un augggg. Farid aparecía tirado , fuera de la haidora y Muhammad lo arrastraba hasta sacarlo fuera de la alcoba. Solo unas palabras en Berber y un portazo.

Cuando Muhammad llegó hasta mí , yo lloraba en una mezcla de vergüenza , dolor y rabia, yacía boca abajo con mi cara enterrada en la almohada, Muhammad me cogió con dulzura, y me levantó la cabeza, depositándome un tierno beso en mis labios y diciéndome en francés con exquisita ternura “ ya está , ya está , tranquilo , no te va a pasar nada” “ chisss “ lamiendo mis lágrimas con dulzura. La actitud de Muhammad me devolvió un poco mi maltrecho ánimo, me avergonzaba que Muhammad hubiera contemplado el intento de violación, no era el dolor físico de la penetración forzada, mas bien me dolía lo que Muhammad pudiera pensar, pues ya Farid no era nada en mi vida , mas allá de una amistad y un cariño , que esta noche se había roto como el cristal.

Muhammad me preguntó “ ¿tu y Farid sois pareja?” , “NÓ, no somos pareja, ni nunca lo hemos sido” , “ solo hemos hecho sexo algunas veces “ pero no somos pareja. OK ¿tu me quieres a mí?. La pregunta de Muhammad me pilló por sorpresa, por un segundo agaché con rubor mi cabeza, sin saber que contestar; de nuevo suavemente pero con firmeza , Muhammad me miró con ternura a los ojos y me repitió ¿ tu me quieres a mí? , Si Muhammad le respondí. ¡Tony , desde este momento tu eres para mí! Y me besó con una fuerza que le surgía del alma y me la transmitía por cada uno de los poros de su piel, su barba ya de todo el día me lastimaba , pero no me importaba, tenía la sensación de haber dado un paso trascendental en mi vida y en realidad así fue, ese fue el primer instante en que Muhammad entró en mi vida como mi amante , mi compañero, como el AMOR de mi vida. Eso lo sé hoy con el tiempo transcurrido desde entonces.

Su serenidad y calma me dieron el ánimo suficiente para decirle a Muhammad que no podía seguir allí, que yo había venido para pasar mis vacaciones y disfrutarlas en paz.

Muhammad una vez mas me atrajo contra su pecho y me abrazó con sus poderosos brazos; mirándome tiernamente a los ojos me dijo “ desde el primer momento que te ví , entraste en mi corazón” dándome el beso mas apasionado de mi vida, su boca inmensa parecía querer absorber todo mi interior a través de mi boca, me sentí querido , deseado y protegido en aquellos brazos. Ya el asco y la zozobra habían abandonado mi ánimo y el deseo por Muhammad me había producido una gran erección, y Muhammad se hallaba en la misma situación, se deshizo de su short y ambos aparecíamos en la oscuridad de la alcoba completamente desnudos , deseosos el uno del otro, de lamer nuestros cuerpos y entregarnos. Ahora era yo el que estaba caliente, deseoso de Muhammad, deseoso de ese hombre en la mas integral expresión del termino, viril, apasionado , amable , sensible y sobretodo buena gente.

Mi calentura me llevó a sentarme sobre el , a besarlo a revolcarnos en la haidora sin el menor remordimiento ni disimulo , ya nuestras risas y quejidos las expresábamos libremente sin ahogamiento de nuestros lamentos placenteros , los mordiscos que con placer nos dábamos eran seguidos de exclamaciones de dolor placentero, Muhammad bajó besando mi cuerpo hasta mi pene e inicio una felación que jamás olvidaré, correspondí con una felación a él, con una intensidad desesperada , como si necesitara tenerlo tan dentro de mí como me fuera posible, mi corazón latía desesperado de no poder abarcar todo ese enorme pene , de no poder ser lo suficientemente hombre para él y ser incapaz de satisfacerlo, de nuevo nuestras bocas se buscaron, esta vez fui yo quien estaba sobre él quien con desesperación y calentura chupaba su lengua y el metía sus dedos en mi culo haciéndome lanzar pequeños gritos de placer, me levanté de repente , como impulsado por una fuerza desconocida , de mi bolsa cogí crema lubricante, Muhammad desconcertado miraba como me lubricaba con abundante crema mi culo y le colocaba en su pene igualmente gran cantidad. Nos abrazamos y poco a poco fui cogiendo su enorme pene y lo fui conduciendo hasta mi culo; Muhammad no decía nada, solo me dejaba hacer, y yo sentado sobre él ciego de deseo y de poder satisfacer su deseo de poseer un cuerpo humano, fui entrando poco a poco su pene en mi culo. Era imposible , no conseguía hacer entrar dentro de mí ni su glande, pero a fuerza de sentarme sobre el y apretar con el peso de mi cuerpo y por efecto del lubricante , mi esfínter cedió y el glande mas enorme que jamás he visto entro en mi interior , lanzando un gemido que me salió del alma, Muhammad jadeaba y me abrazaba, me deshice de su abrazo, mi culo ya no me importaba , ya era tal mi locura de lujuria y deseo de hacer sentir mi cuerpo a Muhammad que seguí apretando mi culo sobre su enorme polla, a su vez él cogiéndome de la cadera inició una presión , lenta al principio y rítmica a continuación , consiguiendo introducirme mas de la mitad de su enorme pollón. Me tumbó bocabajo , colocándome la almohada bajo mi vientre, todo ello sin llegar a sacar de mi interior su pene. El bombeo me arrancaba gritos de placer a la par que de dolor, “ahora va toda” ¿si? , SIIIII le contesté, sentí como un doble crack crack y ya mi eyaculación fue inmediata , Muhammad a su vez gritaba como un desesperado estaba teniendo una eyaculación brutal eran unos sonidos sordos y todo su cuerpo sufría unos espasmos desesperados, lentamente fuimos quedando quietos besándome en el cuello y haciéndome girar la cara buscando mi boca para depositarme pequeños besos , en realidad , me entregaba su alma de macho en agradecimiento por haber sido su primera persona , por ser el primer ser humano a quien había penetrado plenamente y entregado su ser.

Pasamos rato abrazados , ensartado por Muhammad a quien no cedía su erección. Lentamente Muhammad fue cediendo y retirando muy poco a poco su pene de mi interior, como quien teme poder lastimar. Era tanta la ternura y el amor que me mostraba que el escozor no me importaba; cuando la totalidad del tremendo pene abandonó mi cuerpo , la sensación de vacío fue inmensa, me sentía como si me hubieran sacado de mi interior todo , como si de repente me hubiera quedado vacío , hueco……. Muhammad me limpió con suavidad y amor, y a su vez , también el se limpió , colocó una nueva sábana y los dos nos quedamos abrazados . Así permanecimos mucho rato, sin movernos, sin hablar , no hacía falta , nuestros ojos y besos hablaban por nosotros.

Debía ser ya de mad**gada cuando Muhammad me dijo “ Hoy nos vamos para Khamisset”

, ¿a Khamisset? le respondí , “ sí a mi casa , a la casa de mis padres”, “cuando amanezca nos vamos en tu coche a recoger tu equipaje y nos vamos de aquí” Ok como tu quieras mi amor le dije, “ vuelve a decírmelo” ¿Qué? “ eso que has dicho “ ¡como tu quieras! “ no lo otro” ¿mi amor? SIIIIII , ¡ SI MI AMOR , Te quiero ! . Nos quedamos dormidos , abrazados mirándonos.

Aún no era bien de día y ya Muhammad me despertó con suavidad. El estaba duchado y afeitado y con la ropa del primer día puesta. Salí con mi short y una camiseta puesta a la primera estancia , allí estaba sentados Abslam, Umar y Farid, ¡Sbah al jair! Les dije ( buenos días ) “ Sbah an Nur” ( mañanas de luz) respondieron los 2 primeros quienes me miraron sonrientes, Farid tenía su cabeza agachada y nada dijo.

Fui al baño y me afeité y duché. Cuando llegué a la casa de nuevo , ya Muhammad había recogido mis cosas y me esperaba con mi bolsa en las manos. Según Muhammad me contó por el camino los hermanos de Farid estaban al corriente de todo , él mismo se lo había contado lo poco que ellos mismos no habían escuchado o imaginado.

Los saludé , ambos me besaron , Farid hizo ademán de saludarme y Muhammad se lo impidió de un leve empujón.

Nos subimos en mi automóvil y pusimos rumbo de Azrou para recoger mi equipaje . La familia estaban preparando todo, hicimos gesto de no haber ocurrido nada y les dijimos que solo pasaríamos unos días en casa de Muhammad para conocer su familia.

En pocos minutos estábamos camino de Khemisset con el hombre que hasta el día de hoy es mi compañero y a quien espero que dios me permita conservar...

Nos subimos en mi automóvil y pusimos rumbo de Azrou para recoger mi equipaje y el resto del de Muhammad, hicimos el camino en apenas unos minutos, prácticamente aún no era de día. La familia estaban preparando todo en la casa, unos para disponerse a marchar para el Zoco y Abdellah , para llevar el desayuno a los muchachos, hicimos gesto de no haber ocurrido nada y les dijimos que habíamos decidido conocer Khemisset y solo pasaríamos unos días en casa de Muhammad para conocer la familia de Muhammad.

La madre de Farid nos pidió que desayunáramos , Muhammad por un momento quedó indeciso , me preguntó en francés si quería desayunar o lo hacíamos por el camino, la madre de Farid insistió de nuevo y optamos por hacerlo. Muhammad se disculpó con su tío Abdellah por dejarlo en mitad de las labores del campo, Abdellah amable le quitó importancia a la cuestión , pues ahora Farid estaba con ellos y podría realizar la labor que hacía Muhammad. La Madre de Farid nos miraba con cierta atención mientras desayunábamos, me resultaba raro que por primera vez permaneciera en nuestra misma sala mientras tomábamos nuestro desayuno; era como si la buena señora intuyera lo acaecido……

En pocos minutos estábamos camino de Khemisset, abandonamos la ciudad de Azrou por la parte Occidental , cogimos la nacional 13 hacia el norte en dirección a Boufakrane, la carretera no era mala, pero la velocidad que llevábamos era tranquila , disfrutábamos del paisaje interior de Marruecos, Muhammad parecía un chiquillo, desde que abandonamos Azrou y nos encaminamos en dirección a Khemisset su carácter cambió radicalmente, ya no era el hombre callado e introspectivo que apenas dos días antes conocí, era alguien distinto, comunicativo, que me hacía parar cada pocos kilómetros para enseñarme cualquier cosa y aprovechar para abrazarme y besarme, en ocasiones tan solo me miraba a los ojos y sonreía y me decía “t’aime ma cherí “ o tan solo quedábamos quietos mirando el paisaje cogidos de la mano o sencillamente me atraía hacia él y me abrazaba , besándome el cuello , la cabeza, los labios; era como una necesidad imperiosa de sentirme cercano a el, para mí era halagador sentirme deseado y protegido a la vez por alguien de tan exacerbada masculinidad, por alguien tan macho en la mas amplia extensión del término.

Serían las 7 de la mañana cuando llegamos a Boufakrane donde unos kilómetros mas adelante , abandonamos la Nacional 13 para tomar la A-2 , autopista que nos conduciría hasta Khemisset ya a unos 50kmts. Ahora el firme nos permitía una mayor velocidad y Muhammad intuía próxima ya su ciudad natal, mantenía una serenidad confiada, se diría que hasta feliz de regresar a su casa. El paisaje era como una continuidad de campos perfectamente labrados y para una época estival, muy verdes. Es asombroso la fertilidad de la tierra fecundada por multitud de pequeños arroyos que transporta el líquido hasta los ríos de aguas transparentes y cristalinas, una sucesión de tierras de labranza y zonas de bosques de árboles centenarios .

Habíamos recorrido los 120Kmts en algo mas de 2 horas y media y apenas llegábamos a Khemisset , pude comprobar que se trataba de una ciudad muy bien planificada siguiendo el modelo modernista; en cierta forma me recordaba al ensanche barcelonés , de grandes avenidas, surcadas de calles paralelas formando manzanas regulares, pero aquí los edificios eran unifamiliares. Resultó ser una ciudad muy agradable con grandes parques o jardines y un gran pulmón natural de arboleda agreste en la parte sur oriental de la ciudad, justo por donde se entra desde la autopista A-2. Muhammad me preguntó por el camino si quería que viviéramos en la casa de su familia en la ciudad o bien en la casa del campo, yo le dije que estando con él y cerca de él me daba igual , solo no quería estar separado de él. Optamos por ir a su casa y saludar a su familia, a la cual desde mi portátil había telefoneado para comunicarles nuestra llegada apenas habíamos salido de Azrou. Muhammad me comentó que su familia nos daba la bienvenida. Apenas serían las 8 de la mañana cuando llegábamos a la casa de Muhammad. La arquitectura de Khemisset era diferente, muy diferente de la de Azrou, se trataba de calles bien planificadas y construcciones que en su mayoría poseían un pequeño jardín delantero y de 2 ó 3 plantas. En el caso de la casa de Muhammad , habían una flores muy bien cuidadas en arriates, con jazmines, un limonero y una pequeña escalerita de apenas 3 escalones que daba acceso a un pequeño porche. Bajamos del automóvil y Muhammad me llevó hasta la puerta , sacó su llave y antes de introducirla en la cerradura dio 3 cortos pero intensos golpes de timbre, la madre de Muhammad se abalanzó sobre su hijo dándole los besos de rigor, se trataba de una mujer menuda, muy blanca de piel de no mas de 160 ctms de estatura , de edad indeterminada , mas adelante supe que tenía 48 años, sus ojos era de un negro cautivador, sus parpados lucían el coqueto kuhul ( sulfuro de antimonio)típico de la mayoría de las mujeres marroquíes, estaba ataviada de manera muy sencilla y a la par elegante. Como la inmensa mayoría de las casas marroquíes, todo el suelo aparecía alfombrado, la diferencia era que en esta ocasión la alfombra era de una gran calidad, era de auténtica lana de cordero y de no menos de 3 dedos de grosor. Su labor era primorosa , cuajada de pequeños dibujos geométricos típicos de la cultura Berber. La estancia a modo de recibidor cuadrado, de unos 4 metros por lado estaba perfectamente amueblada al estilo y usanza marroquí, con un pequeño mueble con unas baldas o estanterías donde colocar los zapatos nada más entrar y volver a colocárselos al salir. Las paredes recubiertas hasta 1’80m. de zócalo de azulejo y desde este hasta el techo por unas placas de piedra esculpida a modo de almocárabes . El techo lo componía un artesonado formado con vigas de madera que resultó ser de cedro del Atlas , una madera sumamente olorosa y un tablazón de buen grosor que sostenía la planta superior. La estancia era verdaderamente acogedora y bien iluminada aún con la puerta de madera de gran grosor cerrada pues sobre esta aparecían unos arcos a modo de parteluz que daba luminosidad a la estancia.

Pasamos hacia una segunda estancia alfombrada con la misma calidad que las del recibidor o zaguán , quedé asombrado por la calidad y riqueza de la decoración de esta estancia principal, sin ser recargada era sencillamente maravillosa por la calidad de los materiales empleados en ella y el ingenio derrochado en su construcción, básicamente una repetición de los mismos que habían en el zaguán , azulejo , planchas de piedra y madera, pero de un gusto exquisito, el aroma de la madera de cedro invadía sutilmente el ambiente. El padre de Muhammad salió a nuestro encuentro, procedente del interior de la casa, era un hombre de unos 55 años, fuerte , sin llegar al extremo de su hijo , de unos 180 ctms., abrazó con afecto a su hijo, Muhammad me dijo “ c’est mon pere” “ enchante monsieur” le dije , el hombre me tendió la mano fijando sus penetrantes ojos en mí, ahora sabía de quien Muhammad había heredado su penetrante mirada, “ mon pere s’apel Hicham” , asentí con la cabeza , “ y mi madre se llama Aisha “ , falta mi hermano , que no sé por donde anda, se llama Jalid “ . “Ésta es mi familia , tu familia desde hoy“.

El padre de Muhammad nos invitó a sentarnos en uno de los 2 salones que componía la estancia, únicamente separados por una doble arcada de arcos de herradura confeccionados con celosías de madera , sostenidos en columnas de madera. Las paredes lucía algún tapiz. A los pocos minutos la madre de Muhammad , Aisha , apareció con una bandeja con té y pasteles árabes. La conversación entre la familia era animada , en lengua francesa, Muhammad les explicaba que había venido hacía 2 días con Farid desde España. No omitió nada desde mi llegada , a excepción de lo ocurrido hacía apenas unas horas , aunque pareciera que ya hacía una vida entera desde que Farid intentó forzar mi voluntad.

El padre de Muhammad me reiteró la bienvenida y que podía disponer de todo el tiempo que deseara para estar con ellos. Aisha su mamá , sentada con nosotros , nos servía té con menta y una hierba aromática que hacía delicioso el sabor, Muhammad me explicó que se trataba de una hierba llamada shiba . A los pocos minutos se incorporó un muchacho alto , casi tanto como Muhammad , pero mucho mas delgado y menos desarrollado que él , el cual besó a Muhammad y con una amplia sonrisa me depositó 2 besos igualmente a mí. Muhammad me dijo “ es mi hermano Jalid. El muchacho lucía un cabello algo mas corto que Muhammad , pero sus ojos era tan intensos como los de Muhammad , si bien negros , no poseían el verdor de los de Muhammad. Lucía una amplias patillas y vestía a la moda occidental , con jeans y camiseta.

Jalid nos ayudó a subir a la planta superior el equipaje y me instalaron en una habitación para invitados , completamente al estilo occidental , con una amplia cama para 2 personas. La habitación contaba con un baño propio. Por discreción me quedé en la habitación y dejé a Muhammad con su familia…. Me despojé de la ropa y me quedé en short , sin el slip debajo , me tumbé sobre la cama , la cual era cómoda, me sentía feliz, me sentía repleto y mi corazón tenía calma. Entré en el baño y me dí una ducha rápida, deteniéndome en mi culo , el cual me parecía la boca de un volcán, de esa guisa me había quedado tras recibir en mi interior el mayor pene que he conocido en mi vida, con la tremenda eyaculación de mi hombre , mi interior pareció haberse impregnado del amor de Muhammad. Me sequé bien y me puse algo de perfume que me ayudara a relajarme, abrí la cama y me tumbé solo con mi short. Me quedé profundamente dormido, soñé con la boca de Muhammad, con su pecho protector y sus amplias espaldas, con sus manos inmensas acariciándome , tocando cada rincón de mi cuerpo. Me sentí amado y acunado en esos enormes biceps, cuando desperté Muhammad estaba a mi lado desnudo , había corrido las persianas y las cortinas de la habitación, quedando la estancia en una penumbra agradable.

Muhammad me decía “ t’aime ma petit enfant” “te amo mi amor” , sus ojos brillaban su boca atrapaba la mía , no era un sueño , estaba sucediendo de verdad, Muhammad estaba a mi lado , en mi cama y estaba con una erección brutal. Muhammad me decía “ Te amo , te amo , te amooooo.” “ eres la primera persona que me a dado su cuerpo por completo” , “eres la primera persona a quien mi cuerpo se ha introducido completamente dentro de el” “ eres a la primera persona que le he dado todo” . “Muhammad , soy todo para ti, mi amor, mi corazón , mi pensamiento te pertenecen, te has hecho dueño de mi voluntad“. No pude acabar, me cubrió completamente con su cuerpo, me poseía con cada centímetro de su piel , cada poro de su piel buscaba su equivalente en mí y aún mas… Nuestras bocas mantenían una guerra brutal de lametones , mordiscos, pequeños quejidos que encendían aún más nuestra pasión y deseo, era mas que evidente que el inmenso macho estaba completamente encendido de pasión, que su deseo crecía y ya el líquido pre seminal invadía su glande , abandoné mi postura , para iniciar una felación de su potente glande, era consciente de que necesitaba eyacular urgentemente. Abrí mi boca tanto como pude e inicié la introducción del enorme pene, tratando de engullirlo , aprisionando la mayor cantidad que pude introducir en mi boca, chupando con mi lengua y las paredes de mi boca, sus quejidos se hicieron mas intensos , su respiración se hizo forzada y al fin su semen invadía mi garganta, saltando a borbotones caliente. Era imposible sacarse ese tremendo pene , su mano inmensa aprisionaba mi cabeza e impedía el despojarme de mi boca esa polla venosa que mandaba desde sus testículos oleadas de semen, no tenía mas opción que tragar , hasta que ya la presión sobre mi cabeza fue cediendo y los borbotones de semen fueron espaciándose , aproveché un solo instante para respirar y lamer todo ese tronco del cual corría algunos regueros de su semen y de mi saliva. Muhammad me llevó de nuevo hasta su boca , buscando goloso la mía y saborear su propio semen mezclado con mi saliva. Lanzó un potente suspiro y dijo a mi oído WAHHH” t’aime beucoup”.

Ambos quedamos momentáneamente agotados e inmóviles. Muhammad fue el primero en reaccionar , su erección apenas había notado la eyaculación y su pene aparecía tan fuerte y poderoso como al inicio; “ ahora quiero que tu goces del placer de mi cuerpo amor” me dijo. Cogió de la bolsa el bote con la crema lubricante, y me colocó a 4 pies , colocando una generosa cantidad de crema en mi culo e introduciendo con 1 dedo dentro de mi culo crema y practicando un masaje placentero que me hizo gemir de gusto, de repente me introdujo el pulgar de su mano derecha , arrancándome un grito de placer “ sa c’est rien “ esto es nada , “vas a sentir otra vez mi cuerpo dentro del tuyo y ya nunca va a salir de el” “ Ya nunca vas a poder desear nada que no sea yo”. A 4 piernas , con mi culo levantado tanto como podía y mi cabeza completamente bajo la almohada , mordía esta con desesperación para no gritar como un desesperado de dolor y placer y apenas tenía medio pene dentro de mí . Su incursión dentro de mí era lenta pero firme, apenas retrocedía unos centímetros para acomodar mi esfínter a su pene enorme y seguir entrando mas y mas centímetros de polla dura y cada vez mas gruesa, yo movía mi culo con desesperación con 2 objetivos , uno, acomodar lo mejor posible el tremendo pene en mis entrañas y segundo con mi movimiento facilitarle la entrada; el amor de Muhammad era tanto que hasta en ese momento tan delicado y que un macho poderoso con tan tremenda polla podría sin proponérselo lastimar , actuaba con una calma admirable , con un amor y un cuidado infinito , pero no por ello menor en deseo. Loco por sentir toda esa inmensidad dura y placentera en mi interior, de poder disfrutar del mas intenso , placentero y doloroso de los tormentos, ejecutado con un amor maravilloso por un hombre macho de una sensibilidad exquisita. En uno de mis movimientos de cadera mas brusco de lo habitual , coincidió con un pequeño empujón de Muhammad , cediendo mi esfínter y sintiendo el consabido crack , crack y su pene se clavó en mis entrañas por segunda vez en tan solo unas horas.

Mi eyaculación fue instantánea , por suerte todo mi semen fue a parar sobre mi short , pero la embestida de Muhammad fue descomunal , era increíble como en apenas unos minutos desde su anterior eyaculación podía mantener una fortaleza de ese tipo y estar preparado para una segunda eyaculación , esta vez en mis entrañas, sus 26 ctms casi salían por completo de mi culo , dejando en mi interior apenas el glande, el placer que me proporcionaba, mezclado con el lacerante dolor me producía escalofríos , un torrente de sensaciones agarrotaba mi cuerpo , incapaz ya de mas sexo; pero lo mas intenso estaba por llegar y a no mucho tardar. Muhammad estaba en un goce cercano al paroxismo, los estertores de su cuerpo indicaban un próximo orgasmo que temía no pudiese controlar y me lastimara en exceso mi ya maltrecho culo, su respiración se volvió entrecortada, jadeaba y su enorme fuerza la concentraba en su pene , el cual empujaba en mi culo como si hasta sus testículo pugnaran por entrar, en uno de los empujones , me desquilibró y caí desplomado en la cama, cayendo sobre mi cuerpo Muhammad , en el mismo momento que eyaculaba potentemente en mis entrañas, estaba completamente abrazado a mí , rígido; su pene en la caída debió tocar mi próstata provocándome una segunda eyaculación feroz. Permanecimos agarrados el uno al otro sin apenas movernos , el tiempo transcurrió inexpresivo , sin el menor control, sin la menor noción . Muhammad me tenía abrazado por mi espalda , yo yacía de costado , completamente ensartado por su pene , como un mástil que hubiera tomado posesión de mi interior. Muhammad reaccionó poco a poco, buscando mi boca , sediento de expresar todo su amor y gratitud por haber experimentado algo que me confesó como maravilloso. Yo estaba completamente aterrado de volver a sentir el vacío cruel en mi interior cuando Muhammad irremediablemente retirara su pene de mis entrañas, poco a poco fue moviéndose , yo cogí con mis manos sus muslos para impedir que cometiera el crimen de privarme de su masculinidad en mi interior, buscó mi boca desde mi espalda y me profesó un beso que me hizo sentir escalofríos de pasión , sus manos tocaban y acariciaban mi cuerpo, me hacían estremecer y lentamente fue sacando su enorme polla aún dura de mi culo lastimado y feliz , la misma sensación de la noche anterior me invadió, vacío infinito, el hueco parecía no querer ceder y mis entrañas eran incapaces de volver a ocupar un espacio que hasta hacía unos segundo era el lugar del pene de Muhammad en mi interior. Mis entrañas se habían convertido en el templo en el que Muhammad y yo compartíamos un espacio común , en el que nuestros 2 cuerpos ocupaban un mismo espacio , fundiéndose , amalgamándose , haciéndose uno, mezclándose nuestros fluidos mas allá de la penetración , convirtiéndose en una misma cosa su esencia y la mía. Era tanto el agradecimiento, era tanto el placer y el amor que nos dábamos que si el mundo hubiera acabado en ese instante , no lo hubiéramos notado , como no notamos la presencia de nadie en la puerta de la habitación. En realidad no lo supimos hasta varios días después.

Muhammad y yo nos besamos con ternura entregándonos nuestros corazones , mirándonos a los ojos y contemplado yo su cara y su boca le dije” eres mi hombre , te amo para siempre” . Anda vamos a la ducha, me cogió en brazos como si mis 60 kilos fueran nada, me transportó sin inmutarse, ambos completamente desnudos y con nuestras bocas unidas una vez más. Juntos en la ducha con un agua tibia nos fuimos acariciando nuestros cuerpos, enjabonándonos y eliminando los restos del jabón , mirándonos a los ojos, contemplando su cuerpo , hermoso , musculado, con su pelo empapado y luciendo toda su desnudez sin complejos ante mí por primera vez. Me secó cada centímetro de mi cuerpo , casi como si adorara ese cuerpo que por primera vez lo había hecho gozar con plenitud. Salimos de la sala de baño , nos vestimos y bajamos a la planta de abajo, en el salón rojo , que así lo denominaban por ser ese el color que predominaba en las alfombras, estaba sentado Jalid quien al vernos llegar nos saludó , “As Salamu Alaykum Jalid” le dije “ Wa Alaykum Salam Tony” diciéndome a continuación en francés “ ¿está todo bien ?, ¿estás a gusto ? “ , “ si gracias Jalid está todo perfecto” Shukran . Muhammad invitó a Jalid a que nos acompañara a dar un paseo por la ciudad , Muhammad tenía deseos de que conociera la ciudad de Khemisset y Jalid aceptó animoso.

La familia de Muhammad me trató con una amabilidad exquisita, no creo que a uno de sus propios hijos lo tratase mejor, Aisha la madre conocía al detalle cada uno de mis gustos gastronómicos y se preocupaba en satisfacerlos, Hicham el padre, propietario de una importante carpintería artesanal pasaba fuera casi todo el día, pero el rato que pasaba en la familia , era un amigo de sus hijos , al cual adoraban. Jalid simultaneaba sus estudios universitarios con la administración del negocio familiar. Aisha la madre de Muhammad era una experta y consumada tejedora; poseía en una de las habitaciones al otro lado del patio interior de la plata baja , un telar tradicional , confeccionado con madera, donde ella misma había tejido las alfombras que cubrían los suelos de la casa, pero su verdadera pasión era la cocina y descubrí que esta buena señora era una maestra experta.

En el tiempo que pasé en Kehmisset , 3 semanas, aprendí mas sobre la gastronomía marroquí que en todo el tiempo que hasta ese momento lo había hecho. Lejos de sentirse m*****a de verme dentro de la amplia cocina, se sentía halagada de mis preguntas y de mi disposición a aprender o a ayudarla a preparar cualquier cosa. Las cantidades , las proporciones , los tiempos , eran anotados por mí en un libreta, en especial las especias y condimentos me atraían, ella me enseñó a conocer aquellos que se complementan y cuales son incompatibles, cual usar en platos dulces y cual en platos salados, cual en platos ácidos. Como usar determinadas especias que quedan solapadas bajo el sabor de otras , pero que ejercen una labor vigorizante o calórica. Aprendí a hacer el pan y dulces y a hornearlo y saber con exactitud el calor para cocerlos evitando que se pudiera quemar en el exterior y su interior quedar crudo etc. Muhammad tenía toda la paciencia del mundo conmigo, se divertía al contemplar como su madre y yo podíamos pasar horas confeccionando una comida que en tan solo unos minutos habríamos devorado. Aisha me enseñó a poner todo el amor y voluntad en cada acto, me decía ”no importa el tiempo que dediques en hacer algo, hazlo como si fuera la última cosa que pudieras hacer en tu vida” “es una prueba de amor para las personas que amas, ese es el verdadero secreto para tener a tu familia unida a tu entorno , para ser tú el verdadero eje sobre el que toda la familia circula”, me sentía como si hubiera una conexión secreta entre ella y yo, como si una madre desvelara a su hija el secreto ancestral de la familia y en cierto modo yo no era consciente de que esa madre ya intuía de que yo en realidad era ese eje al cual su hijo mayor , Muhammad había elegido unirse. Hasta el día de hoy no sé si verdaderamente Aisha conoce la relación real de su hijo y yo, pero tengo el convencimiento de que en lo mas profundo de su corazón así es.

Los días fueron pasando y ya hacía 14 días de nuestra llegada a Khemisset, los días transcurrían felices, Muhammad y yo compartíamos habitación y cama, nuestros encuentros sexuales eran tan intensos como el primero o el segundo, cargados de la misma electricidad y deseo si bien procurábamos evitar ruidos delatores, en ocasiones resultaba evidente en mi andar el dolor de mi culo, pero lo disimulaba estando mas tiempo sentado etc. En cierta ocasión en que Muhammad acompañó a su padre a la carpintería, y Aisha estaba en el zoco , Jalid y yo charlábamos animados en el salón, era evidente que Jalid deseaba plantearme algo , su mirada era curiosa, era uno de esos días que mi dolor de culo me hacían quedar mas tiempo sentado. “Dime Jalid , ¿que querías saber?” , “perdóname Tony, pero ¿puedo preguntarte algo íntimo?” ¡ si , dime Jalid ! , ¿Por qué no puedes caminar bien? . Que calor me subió, el rubor se me hizo evidente y mi silencio momentáneo tensó el ambiente. Jalid inmediatamente me pidió disculpas por preguntarme esa intimidad. Me creí en el deber de sincerarme con él y dado que era su hogar y su hermano, darle una explicación sin entrar en detalles. Si Jalid , tengo lastimado mi “suwa” suwa es culo en árabe, Jalid estalló en una risotada ante mi contestación, con el cambio de alimentación , picante etc, mis hemorroides me duelen , mentí, al objeto de tapar la verdadera razón de mi mal. “Tony“, dijo Jalid mirándome intensamente a mis ojos, “gracias por ser tan bueno” , “ hace años que Muhammad no era feliz como ahora” “ yo os vi en vuestra habitación el primer día cuando llegasteis” , “ todo este tiempo he sabido vuestro secreto”, “es mi hermano mayor y solo quiero que es feliz” ; “gracias Jalid” y mis lágrimas brotaron de mis ojos, Jalid tierno se acercó a mí y me abrazó .

Este episodio nos unió aún más. Cuando Muhammad llegó a la casa , le comenté la conversación mantenida con Jalid, Muhammad no mostró la menor sorpresa, solo sonrió y me besó con un piquito furtivo, “ no importa” me respondió , “ mi hermano y mi familia quieren lo mejor para mí” “ y para mí , tu eres lo que yo quiero” , mis ojos se llenaron de nuevo de lágrimas, de felicidad y emoción, Jalid apareció de nuevo y tomó asiento junto a nosotros , Muhammad le dijo “ Ya me ha contado Tony que habéis hablado” , “ sí “ “ el ahora es mi hermano también”.

Por primera vez abordamos claramente el futuro, pues ya solo me quedaban no mas de 4 ó 5 días de vacaciones y mi partida sería un hecho. Muhammad se resistía a hablar , yo lo veía dolorido ante esa eventualidad, tanto que para él los argumentos o la mera articulación de palabras le resultaba dolorosa; cada una de las palabras eran dolorosos actos que rehusaba pronunciar. Jalid me dijo directamente “ tu estarías dispuesto a quedarte en Marruecos” , “ no se Jalid , aquí he conocido la felicidad mas completa en mi vida, pero no sé si la solución es quedarme yo aquí o que Muhammad viene conmigo a España” “ solo sé que no puedo vivir sin Muhammad” , por primera y única vez hasta el día de hoy he visto los ojos de Muhammad humedecerse y responder “ yo no puedo ya vivir sin ti Hubbi” hubbi significa mi amor en árabe. Jalid presenció nuestro abrazo y el beso de amor mas tierno que dos seres humanos se han profesado. En ese momento nos juramos nuestro amor y nuestro compromiso por luchar por nuestro amor y vencer las circunstancias adversas. Jalid lloró a la par que nosotros, abrazándonos a ambos, reímos y lloramos como 3 chiquillos….

El tiempo llegaba a su fin y al día siguiente iríamos los 3 en mi coche hasta Tánger , donde yo embarcaría rumbo a Algeciras. Nuestro último día en Khemisset fue inolvidable; habíamos comunicado a los padres de Muhammad nuestro proyecto de intentar que Muhammad obtuviese un visado en el consulado español en Rabat para que pudiera pasar unas vacaciones en mi casa en España, para lo cual visitamos un abogado amigo de la familia al cual firmé una invitación formal para que Muhammad pudiera visitarme en Barcelona y residir en mi domicilio durante su estancia. La tarde transcurría mas alborotada de lo normal , Aisha había contratado a 3 mujeres que la ayudaron en la cocina, unos operarios de la carpintería de Hicham el padre de Muhammad y Jalid trabajaban en el jardín interior, decorándolo convenientemente.

Ya cercano a la puesta del sol llegaron algunos amigos de la familia a la casa llegaron y también 5 músicos con sus instrumentos de cuerda y percusión que amenizaron la fiesta, una fiesta que organizó la familia de Muhammad en mi honor, para despedirme.

La fiesta duró hasta algo después de la 1 de la mad**gada en que convenientemente los invitados fueron abandonado la casa , quedando solo la familia directa de Muhammad , sus padre y su hermano y nosotros dos. Los 5 sentados en la misma sala , tomó la palabra Hicham , el padre de Muhammad , y me dijo “ La fiesta de esta noche nos la pidió Muhammad en tu honor, pero en realidad ha surgido del corazón de todos nosotros” , besé la mano del padre y de la madre de Muhammad en señal de agradecimiento y mis lágrimas me impidió seguir , todos me abrazaron , la emotividad era tan evidente que las palabras sobraban, no hubiéramos encontrado las palabras adecuadas. Esa noche , fue la única noche que nuestros cuerpo no se fundieron en el mas completo encuentro sexual, no por falta de deseo, mas bien porque nuestra felicidad era tan completa que nuestros cuerpos abrazados tenían una comunicación tan perfecta que hacía innecesaria le unión sexual de ellos. Dormimos plácidamente , despertamos en la misma postura , abrazados y felices.

Cuando bajamos con el equipaje, nos esperaban con el desayuno y sobre una de las mesas aparecían 2 cestas que Aisha había preparado para obsequiarme .

Nuestro desayuno fue rápido, se respiraba en el ambiente una cierta congoja que no quisimos alargar. Muhammad, Jalid y yo nos despedimos de los padres y subimos al automóvil que Jalid había cargado con el equipaje y los presentes de su madre. Jalid ocupaba un asiento en la parte posterior y Muhammad el del copiloto , conduciendo yo.

En una hora y media estábamos en Tanger, una ciudad preciosa que Muhammad conocía perfectamente. Una ciudad moderna verdaderamente cosmopolita, quizás la mas abierta de todo Marruecos, de amplias avenidas, bañada por el Océano Atlántico y el mar Mediterráneo que se fundían justo delante de ella, creando un microclima tan especial.

Buscamos habitación en un pequeño hotel, muy estratégico , llamado Hotel Valencia, justo a la salida del puerto de la ciudad de Tánger , al inicio de la Avenida de España y el arranque de la calle Cervantes , que conducía a la medina .

El Hotel Valencia era propiedad de unos viejos conocidos de la familia de Muhammad , que lo recibieron con alegría. Pasaríamos el día en Tánger y la noche, y a la mañana siguiente embarcaría mi coche y yo mismo , poniendo punto y final a mis vacaciones, pero ahora estaba seguro que el final de mis vacaciones no supondría el final de mi relación con Muhammad , mas bien todo lo contrario, el inicio de una nueva fase en mi vida.

El día se hizo extremadamente corto. Cenamos en una de las freidurías populares que hay en el entorno del puerto, el magnífico y sabroso pescado frito que sirven , junto a unos refrescos nos supo a gloria , Muhammad no permitió que corriese con la cuenta, y como colofón a la velada, dimos un paseo por la abigarrada avenida que conduce a la bahía de Malabata, jalonada de discotecas , paseos, restaurantes, heladerías etc. con vistas a la playa y teniendo como fondo la costa española, que en una noche clara permitía ver con nitidez el continente europeo , del cual tan solo nos separaba 14 Kmts. En realidad es uno de los espectáculos mas hermosos del planeta , el estrecho de Gibraltar que separa Europa de África por apenas un brazo de mar.

Esa noche Muhammad se acercó a mi habitación y nos amamos toda la noche, el nuestro era y es un encuentro sexual apasionado, intenso, pero sereno, desnudo de ansias o egoísmo, éramos conscientes de nuestras posibilidades y de nuestras limitaciones , ya conocíamos nuestros cuerpos y experimentábamos el placer con la serenidad de la complicidad, Muhammad se sentía dueño y señor de mi cuerpo en la medida en que yo consciente y voluntariamente me entregaba a él y viceversa .

Esa noche nuestros cuerpos se intensificaban en sus manifestaciones, Muhammad se entregó a mí de una manera total y absoluta en todos los sentidos, física, mental y emocionalmente, nuestros cuerpos relajados se dejaban amar por el otro, nuestras boca no expresaban palabras , estas sobraban, solo transmitían los sentimientos que surgían de nuestro corazón.

Jalid tocó en la puerta y nos despertó, abrimos y pasó, era ya las 8 de la mañana y nosotros apenas habíamos dormido unas horas, a las 10 tenía que embarcar. Nos resistíamos a abandonar la cama y Jalid se contagió de nuestro estado , llorando junto a nosotros. Muhammad y yo nos quedamos muy sorprendidos de esa reacción. Jalid besó a su hermano y mirándome a mí depositó en mi boca un beso de una ternura infinita y nos dijo , “ os quiero a los 2 como mis hermanos que sois” .

No voy a relatar nuestra despedida en el puerto cuando a través de la pasarela abandoné la tierra firme de Tánger , solo que nuestros ojos siguieron unidos sin decir una sola palabra ni hacer un solo gesto desde la barandilla del barco seguí con la mirada como mi amor quedaba de pié en el muelle………..

A los 3 meses, primeros de Noviembre, Muhammad aterrizaba en el aeropuerto del Prat en Barcelona , procedente del aeropuerto de Rabat. Lo estaba esperando en la puerta de llegadas internacionales, era exactamente el mismo Muhammad que quedó en el muelle de Tánger y en ese mismo instante nuestras bocas se unieron, sin complejos sin importar ni miradas ni incomprensiones.

Farid , el primo de Muhammad me visitó en una ocasión para pedirme perdón por su comportamiento, entonces supe que su actuación fue fruto de los celos , celos sobre Muhammad y de mi preferencia hacia Muhammad. Nuestra amistad en el día de hoy queda fuera de toda duda , como queda fuera de toda duda mi amor por Muhammad y de Muhammad hacia mí.

Hoy compartimos mi apartamento y él trabaja en una empresa de logística como encargado de relaciones externas por su facilidad en idiomas , español , árabe ,francés e inglés. Nuestra relación hasta el día de hoy es intensa, absolutamente cómplice y diariamente nos manifestamos nuestro amor. Mi familia lo aceptó como mi pareja desde el mismo día en que llegué de mis vacaciones y en el día de hoy es un “yerno” perfectamente aceptado si bien no hemos decidido contraer matrimonio, somos legalmente pareja de hecho...

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Posted by renovatio111 15 days ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 415

me voy a follar a tu mujer

¡ME VOY A FOLLAR A TU MUJER!

Eran casi las dos de la tarde y en la playa no había mucha gente. Desde la tumbona contemplaba a mi niña de 9 años jugar en la orilla con sus amiguitas, vigilando que no se acercara mucho al agua, pues había oleaje. De vez en cuando echaba un vistazo al periódico que ya había leído dos veces en la mañana, o simplemente cerraba los ojos dejando que el sol me diera en la cara. Aun quedaban 10 tediosos minutos para volver al apartamento, donde mi esposa, Claudia, debía estar preparando la comida con la ayuda de su madre. Hacía casi media hora que las dos se habían marchado de la playa.

De repente, una voz masculina, surgida casi de la nada, me susurró al oído una frase impactante:

- ¡Me voy a follar a tu mujer!

Sobresaltado me incorporé y vi un hombre algo alto y moreno que se alejaba de mí. No pude verle la cara, pero por detrás parecía un tipo bien plantado, musculoso y bronceado. Me quedé perplejo y con poca capacidad de reacción en esos momentos, mientras el individuo desaparecía entre las rocas que escoltaban el camino de entrada a la playa.

Pensé que se trataba de un lunático, o bien que se había equivocado de persona, pero aún así las palabras que me había soltado, tan directas y ofensivas, me rebotaron en el coco durante un buen rato, provocándome una inquietante desazón nerviosa.

Cuando llegué al apartamento, ya apenas me acordaba del episodio. Tras la comida, mi mujer acostó a la niña y me dijo que se iba a la playa. Al escucharla, saltaron en mí unas estúpidas alarmas. En realidad todos los días ella se iba a la playa a esa hora, y jamás se me había ocurrido pensar en nada extraño en ello, es más ella me invitaba a veces a acompañarla, algo a lo que yo siempre me negaba poniendo como pretexto el calorazo de esa hora.

El caso es que en esta ocasión ella no me dijo nada de acompañarla y a mí me entraron ganas de hacerlo.

- Me voy contigo - le dije muy animado.

- ¿De verdad? - respondió ella, claramente extrañada - Esto sí que es una novedad.

- Pues sí, no sé, hoy me apetece pasar un rato allí, contigo - le contesté, ocultando el auténtico y ridículo motivo.

- Que raro, siempre te quejas de que si a estas horas no hay quien aguante el sol y me dices que estoy loca, que si el sol no broncea, sino que quema, que si es mucho más saludable echar una siesta.

- ¡Vale, vale! - la corté - pero alguna vez se puede cambiar de opinión, o ¿es que no quieres que te acompañe?

- No, no, en absoluto. Por mí, encantada, así verás que no se está tan mal. Además, suele soplar una deliciosa brisa. Me doy una ducha y nos vamos para allá.

Fueron tan naturales las respuestas de Claudia que me sentí un estúpido celoso sin fundamentos. En realidad no me apetecía en absoluto volver a la playa, sino quedarme tan a gusto en el sofá vagueando con la tele y con el periódico de la mañana, leyéndolo una vez más. Pasó el tiempo necesario para que, cuando Claudia ya estaba lista, yo hubiera renunciado definitivamente a irme con ella.

- ¿Nos vamos? - me dijo, toda alegre y risueña.

- ¡Puff! Lo he pensado mejor y … creo que me voy a quedar.

- ¡Vaya hombre! ¡Yo que me había hecho ilusiones! - y me miró, como esperando algo más - ¿Por qué has cambiado de opinión? - añadió, menos sonriente.

- Es que ya me he apoltronado y se me han pasado las ganas de sol - contesté, intentando seguir siendo convincente.

Claudia manifestó por unos instantes su claro descontento, pero no insistió en llevarme con ella.

- Bueno, no sé de qué me extraño. La tele, el periódico, el mando de la tele, el periódico, la tele… je, je ¡menuda diversión! - ironizó, no con mucha simpatía - En fin, yo me voy. Si cambias de opinión, ya sabes dónde estoy.

Y Claudia se fue, meneando su culito con la feminidad que la caracteriza. Y yo me quedé ahí, en mi sofá, con la tele, el periódico, el mando de la tele…. y mi suegra.

Hasta que, tras vaguear un rato aburridamente, empecé a pensar en las palabras irónicas de Claudia, dándome cuenta de que ese podía ser uno de los pocos momentos de intimidad que podíamos tener, pese al calor. Tras diez años de matrimonio y otros cinco de noviazgo, ya había, obviamente, cierta rutina en nuestra relación de pareja y pocos momentos que aportaran algo de chispa y novedad. Tal vez acompañarla a esa jodida hora de la tarde podría romper un poco la rutina y alegrarla.

Me la imaginé allí, sola en la playa, y me entró una extraña sensación de tenerla un poco abandonada. Fue entonces cuando de nuevo retumbaron las palabras que escuché por la mañana "Me voy a follar a tu mujer". Varias preguntas surgieron en mi mente ¿Estaba suficientemente a gusto conmigo? ¿Necesitaría algo más? ¿Es posible que el tío ese de la playa se la hubiera ligado? Celos, inquietud y un extraño cosquilleo se juntaron para hacerme saltar del sofá, presto para ir a la playa con mi querida Claudia.

Al llegar, la vi tumbada sobre la arena, muy cerca de las rocas existentes en ese extremo de la playa. Casi no había nadie en la playa y antes de acercarme, me quise dar un homenaje visual. Llevaba un bikini rojo carmesí, de esos que se anudan con lazos, dejando al descubierto buena parte de sus generosos pechos. Claudia es una mujer muy atractiva, a sus 32 años, con una figura muy cuidada y de curvas muy femeninas, morena con el pelo muy liso de media melena, con facciones suaves y redondeadas y ojos marrones de color miel. Su esbeltez la hace más alta de lo que realmente es, destacando sus pechos, grandes para su figura, y los muslos, carnosos y redondos, dando también algo de contrapunto al resto de su cuerpo mucho más estilizado. Me fijé, no sé por qué, en su monte de Venus, escondido bajo la tela del bikini, abultado y sobresaliente, pese a no ser excesivamente velluda en esa zona del cuerpo.

Espiarla así, a escondidas, me hizo verla con otros ojos, y admito que me gustó, tanto que hasta empecé a empalmarme.

En ese momento salió del agua del mar un windsurfista y se acercó a mi esposa. Instintivamente retrocedí, intentando ocultarme lo más posible. El hombre llegó donde ella estaba y empezaron a conversar. Aunque estaba algo lejos vi que, por su altura y figura, el hombre podía ser perfectamente el lunático de la mañana, algo que hizo que mis nervios saltaran a flor de piel. Tras unas breves palabras él se retiró, dejando a mi mujer tan sola como antes y a mí mucho más tranquilo y dispuesto a reunirme con ella. Mientras me acercaba, de repente ella llamó con un "oye" al individuo que ya estaba a cierta distancia, y este volvió sobre sus pasos. Retrocedí otra vez, todo mosqueado, mientras él acudía presto a su llamada. De nuevo hubo unas palabras, pero esta vez Claudia se levantó, cogió su bolsa de playa, se anudó el pareo a la cintura y ambos caminaron hacia la caseta donde se apuntaban los alumnos que querían dar clases de windsurfing, entrando en ella y cerrando tras ellos la puerta. Ni qué decir tiene que me entraron unos celos terribles, pensando que tal vez lo de la mañana era cierto y que Claudia se había metido allí dentro con él para follar, sin que yo, desgraciadamente, pudiera hacer otra cosa más que esperar a que salieran de nuevo.

Apenas habían pasado un par de minutos de insufrible espera y estaba hecho un mar de dudas. Por un lado valoraba la conveniencia de entrar a saco por la puerta de la caseta, con el probable riesgo de poder meter la pata soberanamente. Por el otro podía quedarme ahí, esperando a que ellos salieran de nuevo, pero ¿Qué haría entonces? ¿Armar la de Dios, sin saber si realmente se habían acostado o no? Mientras pensaba qué hacer, involuntariamente me moví, rodeando la estancia, viendo que, adosada a la caseta por la parte posterior de aquella, había como otra estancia anexa mucho más estrecha, y una pequeña puerta de entrada a la misma.

Sin dudarlo, me colé en el estrecho recinto. No había ventanas, sólo unos ventanucos en la parte más alta de la pared contigua a la caseta principal. Pese a tener unas tenues cortinillas, permitían la entrada de la luz de aquella. Me percaté de que era el almacén donde se guardaban las tablas y velas de windsurfing, material que lo ocupaba casi todo.

Empecé a estudiar el modo de asomarme con cautela a alguno de los ventanucos, ya que mi escasa altura no me dejaba alcanzarlos sin alguna ayuda. Encontré un taburete y moví con cuidado los utensilios de windsurfing apilados en la pared para hacerme el hueco necesario. Ya me iba subir, cuando escuché con nitidez el ruido producido al abrirse una lata de bebida y la voz de Claudia diciendo "muchas gracias". Eso ya me tranquilizó y mucho más cuando al asomarme por el lateral de la cortinilla de uno de los ventanucos, al que faltaba el cristal, vi a mi esposa sentada, bebiendo tranquilamente una coca cola, mientras el "supuesto" amante silbaba tras una puerta que supuse debía ser un cuarto de baño. Tal vez era eso lo que Claudia le había pedido, ir al baño, y él, galantemente, le había ofrecido después un refresco. Me empecé a sentir de nuevo ridículo y mal pensado, dudando incluso en salir de nuevo a la playa.

Pero cuando el tío salió del baño, todo cambió. Primero porque me sorprendió ver que su traje de neopreno estaba a medio quitar, con la parte superior colgando a su espalda, mostrando su torso desnudo, bronceado, musculoso y sin vello alguno, y segundo porque a esa cercana distancia casi podía ya asegurar que el pájaro era el de la frasecita de la mañana. ¿Qué coño estaba pasando realmente allí? Miré a Claudia y la vi impasible, con su lata de coca cola en la mano, eso sí, siguiendo al tío con la mirada, mientras él cogía unas zapatillas y se metía de nuevo al baño. La cosa ya no me parecía tan inocente, ni mucho menos, y mis dudas respecto a marcharme se disiparon por completo.

Si la primera aparición del tipejo ya había sido espectacular para mí, la segunda me dejó atónito. Ahora ya salió sin su traje de faena, totalmente desnudo, mostrándose sin tapujos a la vista de mi querida esposa a la que casi se la cae la lata al verlo aparecer como Dios le trajo al mundo. La verdad es que él ni la miró, simplemente se movía por la estancia como si estuviera buscando algo. Pero la que sí miraba era Claudia. Lo hacía a hurtadillas, nerviosamente, aprovechando los momentos más propicios para no ser cazada y esforzándose en espiar sobretodo el trasero del tío y lo que colgaba en la entrepierna, una polla que, aun en reposo, presentaba unas considerables y envidiables dimensiones. Seguramente ella estaba incómoda, pero a mí me dio la impresión de que no le disgustaba en absoluto gozar de tan sugerente espectáculo visual.

El caso es que, ocultando parcialmente sus vergüenzas, el tío acabó dirigiéndose a Claudia:

- Oye, tengo un pequeño problema, mi compañero se ha llevado en su bolsa mi bañador y no vuelve hasta las seis cuando empiezan las clases. No tengo nada que ponerme.

Vaya historia absurda, pensé de inmediato. Estaba claro de que todo era una treta para exhibirse ante mi esposa. Siempre cabía la posibilidad de que se pusiera de nuevo el traje de windsurfista, o una simple toalla que seguro había en el baño. Sin embargo mi esposa no debió caer en esa posibilidad. Con la cabeza gacha, sin querer mirarle, sólo contestó inocentemente:

- Mejor será que me marche, no quiero que estés incómodo - como si ella no lo estuviera.

- Por mí no hay problema - contestó él - te hago la cura en la herida en un santiamén y listo.

Al oír al chico me acordé de que la tarde anterior Claudia vino con una herida en la pantorrilla que, según ella, se había hecho en las rocas de la playa. La herida estaba limpia y desinfectada y pensé que ella misma se la había curado. Pero era muy posible que la cura se la hiciera él, o sea que ya hubieran estado allí mismo la tarde anterior. ¡De modo que era eso! Me vino un pequeño y celoso escalofrío, pero si algo estaba claro era que ambos guardaban unas distancias más que suficientes como para pensar que hubiera habido algo lujurioso entre ellos.

- Hombre, es que no sé - replicó ella, alzando la vista y sonrojándose al toparse de lleno y de frente con la virilidad desnuda del hombre, aunque con su rabo medio escondido por sus manos. Los ojos grandes y azules de ese hombre hasta a mí me impactaron. Ella bajó de nuevo la mirada y siguió - tú estás desnudo y ¿qué quieres que te diga? A mí me da vergüenza.

- ¡Ah! Lo siento. Yo pensaba que a ti no te imponía la desnudez natural - dijo él con aparente asombro, y se lo pensó antes de seguir con una sorprendente afirmación - al fin y al cabo yo ya te he visto también a ti desnuda, aunque sólo haya sido de cintura para arriba. - y dicho esto se acercó algo más a Claudia y quitó las manos de su polla, dejándola completamente al aire.

La rotundidad de las palabras del tío me impactó. Claudia reaccionó con rapidez y algo mosqueada, cruzando su mirada con la de él:

- ¿Qué estás diciendo? Tú estás mal. ¿Cuándo me has visto a mí los pechos? ¿A qué juegas?

- ¡Oye, que es verdad! Creo que fue antes de ayer cuando hacías top-less en la playa - contestó él con la misma rotundidad que antes.

Yo esperaba una rápida réplica de mi mujer, negándolo, pero ésta, por desgracia, no llegaba. Hizo una mueca de resignación y bajó la vista, aprovechando el momento, sin poder disimularlo, pare echarle un breve vistazo al sexo de él.

- Joder, si sólo fue un ratito - dijo finalmente en voz muy baja, confirmándolo, muy a mi pesar - hay que tener mala suerte para que, por una vez que lo hago, me hayas tenido que ver.

- ¿Es la primera vez que lo has hecho? - dijo él

- Pues la verdad es que sí - contestó una Claudia algo más relajada - Era algo que hacía tiempo me rondaba la cabeza, pero ya sabes, la vergüenza, los prejuicios morales y todas esas cosas. Además mi marido nunca me habría dejado hacerlo. Es un poquito… , ya sabes, …. retrógrado.

Yo alucinaba. ¿Yo retrógrado? Pero si ella jamás me había hablado al respecto. Vamos que no sólo la habría dejado ponerse en tetas en la playa, sino que incluso alguna vez pensé en proponérselo, pero no lo hice por temor a lo ella que me pudiera decir. Menudo monumento a la comunicación de pareja.

La conversación entre ambos siguió, con una Claudia mucho más distendida y sin preocuparse tanto de la desnudez del chico.

- Así que por fin te animaste a hacerlo ¿Y qué sensación te produjo?

- No sé, la verdad es que me sentí rara, como liberada, luchando nerviosamente contra el pudor y …., - ella no terminó la frase, pero evidentemente sabía lo que quería decir.

- Hay algo más, ¿verdad? ¿Tuviste otras sensaciones? ¿Qué pasa? ¿Te cuesta hablar de ello?

- Bueno, un poco sí - Claudia, se lo pensó antes de seguir - es que es difícil de contar, me da algo de vergüenza hablar de ello, y más con alguien a quien solo conozco por haberme curado una herida, alguien del que ni tan siquiera sé su nombre.

- Luis. Me llamo Luis, y hay algo más que conoces de mí - y lo dijo mirándose a la polla, comprobando que, fugazmente, ella lo hacía también.

- Está bien - se animó por fin ella - reconozco que la situación me excitó. ¡Ya está! ¡Ya lo he dicho! - concluyó, alzando la voz, con satisfacción - Lo que no sé es si es normal o no.

- La cuestión es si lo que te excitó fue el hecho de exhibirte. Esa es la pregunta que te debes contestar. A muchas mujeres les pone eso de exhibirse.

Cada vez me gustaba menos el cariz que estaba tomando el asunto. Claudia se había abierto con ese individuo como nunca lo había hecho conmigo, destapando algunos secretos que ni yo conocía, y lo peor es que parecía gustarle haber encontrado en un extraño al confidente ideal, un extraño que conversaba con ellas en pelotas. Incluso empezó a llamarle por su nombre.

- ¿Qué quieres que te diga, Luis? Para qué negarlo. Claro que me gustó sentir la excitación de lo prohibido, y de estar medio desnuda a la vista de cualquiera, aunque fuera en la naturalidad de una playa donde ya hay muchas mujeres que hacen top-less.

- Pues si en la playa tuviste esa sensación, ¿qué crees que sentirías si descubrieras aquí y ahora mismo, tus pechos, con un hombre también desnudo, a apenas un par de metros de ti, en un recinto cerrado? ¿Te lo Imaginas?

Las palabras de Luis, invitándola a volar con su imaginación, parecían sin duda cautivadoras para Claudia. Pese a la tela del bikini no era difícil constatar cómo ahora se marcaban sus grandes pezones El también se dio cuenta sin duda de que la situación era excitante para mi mujer. Otra cosa era que ella tuviera la valentía de llevar a cabo algo así. Como ella se mantenía callada, escondiendo sus íntimos pensamientos, Luis la tentó aún más, de un modo más directo y obsceno.

- Mira te hago una propuesta. Tú te quitas la parte de arriba del bikini y me dejas el pareo para que yo me cubra la polla y el culo.

- A ver, creo que estamos llevando las cosas algo lejos ¿no te parece? - contestó ella, tras pensárselo un rato y sin parecer excesivamente convencida - una cosa es imaginar y otra muy distinta es actuar.

- Tienes razón, son cosas distintas, pero la realidad es la que vale, la que te permite comprobar tus auténticas sensaciones - argumentó él poniéndose en plan filósofo, antes de ir de nuevo al grano - Mira, solo serán unos minutos, el tiempo justo para limpiarte la herida. Luego te marchas ¿Qué te parece la idea?

Supongo que ya había llegado la hora de que yo interviniera, pues era evidente que el amigo Luis estaba ya jugando fuerte sus cartas, con la clara de intención de ir envolviendo a Claudia en sus seductoras redes. No me imaginaba a Claudia desnudándose ante él, ella era una mujer abierta y simpática, pero, sexualmente reprimidilla, de las de polvito en la posición de misionero y poco más. Algunas de mis fantasías sexuales sólo las había podido poner en práctica, yéndome un par de veces de putas, nunca con mi esposa. El caso es que, sorprendentemente para mí, ella ahora callaba y dudaba, supongo que debatiéndose entre el pudor y el morbo de lo prohibido. Y como me interesaba demasiado conocer su reacción final, preferí estarme quietecito. Sucedió, claro está, lo que menos quería.

- Está bien, pero prométeme que no vas mirar y que en cuanto me cures la herida, me pongo de nuevo el bikini ¿vale?

- Mujer, a lo mejor a mí también se me se me escapa una miradita - contestó con un cierto aire de triunfo y haciéndole ver que no estaba siendo ajeno a sus fugaces actos de voyeur, antes de sentenciar - de acuerdo Claudia, procuraré no mirar.

¡Ya! Pensé yo. Menudo caradura, seguro que no sólo iba a mirar todo lo que pudiera, sino que iba a intentar algo más después. Incluso me pareció que su polla comenzaba a inquietarse, algo por otro lado normal, ante la morbosa situación que se estaba cociendo allí dentro. Claudia dudó algo más, pero aquello decididamente no tenía ya vuelta atrás. Se desató el pareo que aún llevaba anudado a su cuerpo y se lo dio a Luis ordenándole nerviosamente:

- Toma, aquí tienes el pareo. Date la vuelta y no te gires hasta que yo te diga. ¡Y no mires!

- ¡Vale! - dijo Luis, cogiendo la prenda anaranjada y semitransparente que le ofreció mi esposa y dándose obedientemente la vuelta, mientras añadía - por cierto, aún no sé cómo te llamas tú.

- Claudia - contestó ella sin más.

Y mientras comenzaba a desabrocharse la parte suprior de su bikini rojo, aprovechó la ocasión de estar él de espaldas, para contemplar a placer el trasero masculino, firme, rotundo y musculoso que se le ofrecía mientras el hombre se afanaba, seguro que con deliberada torpeza, en cubrirse sus partes nobles.

Vaya, vaya con mi esposa, pensé, viendo que no se cortaba un pelo observando ese culo masculino con aparente deleite. Cuando terminó de despojarse de la prenda, la colocó en la mesa y cubriéndose las tetas con los brazos, esperó a que él se tapara antes de darle permiso para girarse.

- Bien, ya está. ¿Me haces la cura en la herida?

El no se giró todavía. Se acercó a un pequeño armarito bajo con el símbolo de la cruz roja. Iba ridículamente ataviado con el pareo que, no demasiado bien colocado, le tapaba lo justo, sin contar que se transparentaba un montón. Cogió un pequeño botiquín y por fin se dio la vuelta para acercarse a mi esposa, actuando con naturalidad, intentando amortiguar el incipiente sonrojo de Claudia.

- Y bien Claudia ¿qué tal estás ahora? - le preguntó sin mirarla directamente, arrodillándose a sus pies para iniciar la cura en la pierna. Ella estaba muy tensa, se notaba en sus piernas cruzadas y en el modo en que se abrazaba fuertemente los pechos para ocultarlos a su particular enfermero.

- Extraña - acertó a decir, mientras se acentuaba su sonrojo - esto es algo muy nuevo para mí. Supongo que es cuestión de acostumbrarse, de tomarlo con naturalidad - añadió intentando autotranquilizarse.

- Aún está algo infectada - siguió él, recorriendo con sus ojos las piernas de mi mujer, sin hacer comentario alguno a lo recién escuchado - oye, y aquí ¿qué te ha pasado? - dijo, señalando el muslo de Claudia en el que por la mañana le había picado una medusa.

- ¿Eso? Una medusa que me atacó a traición.

- ¿Y no te duele? Esas picaduras suelen ser jodidas. No eres la primera a la que pica una medusa. Cada día atendemos a alguno más, pero tengo aquí una pomada que es mágica, te lo aseguro.

Fue en ese momento cuando él levantó la vista por primera vez, descubriendo la peculiar pose de Claudia y el encantador color carmesí de sus mejillas. No disimuló para nada un directo recorrido visual a Claudia, poniendo especial atención a la zona de sus pechos que, pese a los intentos de ella por cubrirlos, dejaban al aire sugerentes y redondas zonas. Claudia se estremeció leve e involuntariamente.

- Ponte mejor allí - le dijo Luis, señalando una tumbona de playa que estaba justo debajo del ventanuco desde el que yo espiaba ensimismado.

Aquello había sonado como una orden y mi esposa obedeció sin objeción alguna, levantándose de la silla y sentándose en la tumbona. Luis hizo lo propio en la silla, a su lado y frente a mi vista. Le cogió las piernas por las pantorrillas y las extendió en la tumbona, haciéndola perder el equilibrio. Para recuperarlo Claudia tuvo que agarrarse al borde de la tumbona enseñando por unos instantes uno de sus pechos y su gran pezón, detalle que no pasó inadvertido a los ojos de Luis. El reanudó su tarea de curandero lentamente, con la parsimonia necesaria para mantener el encanto del morboso momento. Al sentarse no se había preocupado de bajarse el pareo y yo descubrí de nuevo a mi esposa aliarse con lo prohibido, espiando con cautela la polla de ese individuo, que, para suerte y gozo de ella, quedaba parcialmente al aire.

Desconocía el rumbo que iba tomar aquello, pero algo me decía que la cura no iba a ser lo único que él iba a hacerle a ella. "Me voy a follar a tu mujer" sus palabras sonaron de nuevo fuertes y punzantes en mí, y por primera vez empecé a convencerme de esa posibilidad imaginándomelo lanzándose ya a lo bestia sobre ella, casi violándola.

- Ya está limpia, Claudia - dijo él de repente, con un tono susurrante y tranquilo, destrozando mis violentas imaginaciones y no sé si también las de mi esposa, que tuvo por fin que dejar de mirar donde no debía para fijarse en la herida ya apañada.

- Bien, vamos ahora a lo otro - volvió a intervenir con igual tono, sin que a mí me quedara muy claro si se refería a lo de la medusa o a algo mucho más atrevido.

Luis rozó suavemente con la yema de un dedo la zona de la picadura, a medio muslo y Claudia se agitó levemente. Ya con la pomada en los dedos, estos se movieron con más presión, extendiendo el ungüento amarillento y dando brillo a la piel afectada. Pero Luis ya no se limitó a la zona enrojecida, sino que empezó a extenderla en el resto del muslo de mi mujer, con círculos mayores, cada vez más cercanos a su sexo. Era tal el atrevimiento del hombre que ella tuvo que retirarle la mano cuando la caricia iba a alcanzar la única parte del bikini que aún llevaba encima, posándola de nuevo donde la picadura. Pese a ello, él reinició la ansiada exploración y esta vez llegó a alcanzar por unos instantes la zona púbica de mi esposa, justo antes de que ella le cogiera de nuevo la mano y la devolviera a su lugar adecuado, pero en esta ocasión sin soltarla, con lo que una de sus dos tetas quedó por completo al descubierto.

Luis alzó la mirada cruzándola unos instantes con la de Claudia. Luego se deleitó un buen rato observando el pecho desnudo de mi esposa. El pezón aparecía grande y turgente, mostrando los síntomas evidentes de su excitación. También la polla de Luis sufría esos efectos, sin que el pareo pudiera ya tapar su creciente erección. Fue ésta la última ocasión de la tarde en la que dudé en intervenir. Me dolía ver a mi esposa entregándose poco a poco y a él recreándose con ella. Estaba ya casi del todo convencido de que si no hacía algo, él realmente podía llegar a follársela, pero necesitaba saber hasta donde era capaz de llegar mi sorprendente esposa. Aunque otra cosa que me resultaba sorprendente y desconcertante era que la polla de Luis no era la única que se ponía en marcha.

Claudia se mantenía callada e inmóvil, y enrojeció de nuevo, sintiendo la devota y directa mirada masculina sobre su cuerpo. La mano de Luis comenzó de nuevo a reptar muslo arriba, sin que le importara tenerla agarrada por la de ella. Esta vez no hubo nada que le impidiera llegar a su objetivo. Alcanzó el coño de mi esposa, sobre el bañador, y tanteó a placer la zona del pubis y las ingles. Claudia se estremeció al contacto, cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás. Soltó la mano inquieta de Luis y se agarró a los bordes de la tumbona con las suyas. Sus dos tetas quedaban ahora generosamente a disposición total del macho y él no despreció la oportunidad. Dejó la silla y se arrodilló junto a ella. La tela del bikini no era ya obstáculo para que su mano palpara directamente por dentro el chocho de mi mujer. La otra se apoderó de una de las tetas y su boca de la otra, sobándolos y besándolos en su totalidad. Luis empujó suavemente con la testa para conseguir que Claudia quedara tumbada sobre el respaldo inclinado de la tumbona, en la mejor disposición para que él buscara con sus besos el cuello, las mejillas y por fin la boca de mi mujer.

Claudia correspondió excitada a su amante, y ambos se besaron usando sin reparo labios y lenguas. Mientras se besaban, ella le obsequió aun más, abriendo sus piernas e incitándole a acariciarla en su parte más intima, algo que Luis hizo de inmediato, arrancándole mayores y excitantes estremecimientos cuando las caricias se concentraron en su clítoris y en el orificio vaginal, donde él la follaba en ocasiones con un par de dedos, investigando la zona por la que sin duda pensaba tirársela después.

El beso fue largo y excitante, sobre todo para mi chica, asaltada en gran parte de su cuerpo por las voraces manos de Luis que iban y volvían sin cesar a los lugares más preciados y excitables, sus pezones y su raja. La entrega de mi esposa era ya total y el que él se la tirara parecía sólo cuestión de tiempo.

Luis se incorporó, se quitó el m*****o pareo y se quedó así, de pie, un buen rato. Claudia contemplaba con auténtica devoción y sin pudor alguno el inmenso pollón que él le ofrecía.

- Mira lo que has hecho, niña mala - le dijo él con descaro ¿te parece bien calentarme de este modo?

- ¡Qué cabrón eres! - contestó ella, sin dejar de contemplar el cuerpo desnudo y sin vello alguno del tío, y añadió con un modo de hablar nuevo para mí, lleno de vicio y lujuria - tú eres el culpable, no cumpliste lo pactado. Me miraste las tetas y luego me las has tocado, y el chocho también. Me has puesto caliente. ¡Te lo mereces!

- Pues habrá que hacer algo ¿no? Esto no puede quedarse así.

- ¿Qué? ¿Me quieres follar? - preguntó ella llena de ansia y deseo.

- De momento me quiero comer tu precioso y regordete coñito.

Luis, sin más preámbulos, se abrió paso entre sus muslos y puso su cara frente al rico y jugoso bocado que quería llevarse a la boca, algo que yo mismo había querido hacer tantas veces y que por miedo a su posible reacción jamás le había propuesto a mi querida Claudia. Le quitó el bikini y hasta yo pude cerciorarme de lo mojado que estaba el coño de mi mujer, sobre todo los no muy abundantes pelos que apenas podían esconder su alargada raja. Se quedó un buen rato mirando el sexo recién descubierto, explorando sus rincones, sus prominentes y mojados labios, su vagina enrojecida por la excitación. Tanto le gustaba el espectáculo que ella parecía impacientarse:

- ¿De verdad que vas ser capaz de lamérmelo? - preguntó, tal vez dudando realmente que él lo hiciera.

Luis no contestó, simplemente bajó su cabeza y sus labios y lengua hicieron el resto, provocando que Claudia se contorneara y gimiera, presa del placer, dejándome además aún más como un idiota cuando, en medio de la comida de coño, exclamó roncamente:

- ¡Joder que gusto! ¡Qué maravilla esa lengua! - y añadió mientras hundía desesperadamente con sus manos al amante en su sexo - no sabes el tiempo que llevo esperando para saber qué se siente cuando te comen el chocho.

Yo no veía las maniobras de Luis, pero me las imaginaba. Su cabeza se movía enterrada en el sexo de mi esposa, arrancándole continuos gemidos de gusto. Noté que se acercaba el orgasmo de Claudia y entonces él paró, dejándola con las ganas.

- ¿Qué haces? - dijo ella confusa - ¡Me iba a venir! Vamos, sigue por favor - le suplicó.

- ¡No! - replicó él - No es el momento.

- ¿Cómo que no es el momento? ¿Qué dices? Si estaba a punto.

No sé si era lo que Luis pensaba, pero me dio la impresión de que él prefería tenerla así, excitada y caliente. Dejarla orgasmar podía producir que luego ella, una vez aliviado su deseo, se negara a follar con él.

- Aún no - insistió Luis, echándose hacia atrás y sentándose en los pies de la tumbona, con su verga absolutamente parada.

La cara de Claudia mostró aún su enfado, pero duró poco. La visión del cuerpo del windsurfista, desnudo, mirándola fijamente y con el deseo a flor de piel, la cautivaba. Debió darse cuenta de que él esperaba también algo por parte de ella y se le acercó sonriendo morbosamente.

¡No podía ser verdad lo que se avecinaba! Aquello era la leche. Mi modosita y pasiva esposa se disponía a prestar sus atenciones femeninas a ese individuo al que apenas conocía. ¿Sería capaz de tocarle la polla, o peor aún, de chupársela? Tuve un escalofrío y un fuerte cosquilleo en el estómago, pero eso no hizo que mi empinado sexo se durmiera.

Claudia le plantó un buen beso en los morros y luego fue ella la que se dedicó a explorar con manos y boca el atractivo amante. Mientras le besaba el cuello y hombros, sus manos se deslizaban arriba y abajo por la parte superior del cuerpo masculino, evitando, de momento, alcanzar la desafiante espada que esperaba ansiosa las merecidas caricias. Luis echó aún más atrás su cuerpo y se sujetó a la tumbona esperando ansioso lo que yo esperaba desesperadamente que no sucediera. Pero sucedió. Los besos bajaron a los pectorales y Claudia puso una de sus manos en la polla, arrancando el primer gran suspiro de Luis. Luego le besó y mordisqueó con dedicación las tetillas, mientras sus dos manos acariciaban sin pudor la imponente verga y las pelotas, provocándole más y más suspiros.

- Que grande tienes la polla - dijo ella en voz baja, interrumpiendo brevemente sus besos – Me encanta tocártela, sentir sus venas, su piel suave - ¡Ahh!, voy a disfrutar mucho cuando me la metas.

Estas palabras calentaron aún más a Luis, que no pudo evitar poner una de sus manos en la cabeza de mi esposa, incitándola a bajar, ansiando conseguir llevar esa deliciosa boca a su polla. Claudia se dejó guiar y cuando tuvo la verga de Luis ante ella, se entretuvo un buen rato en besarla, recorriendo por el tronco y por los huevos, descubriendo en sus labios y lengua las sensaciones de una polla grande, erecta y por momento palpitante, pero sin rozar para nada el húmedo glande. Luis quería obviamente más:

- Vamos Claudia, ¿a qué esperas? - resopló ansiosamente - Métetela ya en la boca. Vamos, que me vas a matar de gusto.

- ¡No! - contesto ella con energía, dándome una pequeña alegría.

- ¿Cómo que no? Vamos, mujer. Yo te lo he hecho a ti - suspiraba él impaciente.

- ¡De chuparla ni hablar! - insistió Claudia - Lo que quiero es follar – añadió, dándole un pequeño y único besito en el capullo y echándose para atrás, colocándose para ser penetrada.

Resignado, él obedeció. Tal vez se perdía un manjar, pero el coño de mi esposa, totalmente abierto y listo para él, superaba cualquier otra cosa. Ahora sí que se iba a cumplir la promesa del tipejo ese. Se iba a follar a mi mujer, se la iba a meter, y yo ahí, mirando excitado como un cornudo gilipollas, aunque con la pequeña satisfacción de saber que al menos no iba a conseguir que se la chupara.

Luis no perdió el tiempo, de inmediato se echó sobre ella, con su herramienta bien dispuesta, buscando la puerta de entrada al excitante agujero del coño de mi esposa. No le fue difícil encontrarlo, pues bastó un pequeño empujoncito para que la humedad de su coño la deslizara sin problemas al deseado umbral. Jugó un poquito a desesperarla, rozando sus labios y su estimulado clítoris.

- Bésame - le ordenó Claudia, atrayéndole la cabeza hacia ella. Antes de besarse él contestó:

- Te voy a follar, bombón. Vas a quedar bien jodida.

Se fundieron en un beso de lenguas lujuriosas, y él la penetró de un solo golpe, produciendo un quejido de dolor en ella, que hizo que sus labios se separaran. La sacó y metió dos veces, sin poder evitar manifestar su gusto:

- Dios, qué coño más estrecho, con qué gusto me oprime la polla. Va a ser una delicia follarte.

- Vamos, empieza de una vez. Muévete - volvió a ordenarle ella, antes de besarle de nuevo - pero, ni se te ocurra correrte dentro, no vayas a dejarme preñada.

Y se la folló. Durante casi un cuarto de hora la estuvo bombeando en esa postura, acelerando o ralentizando sus embestidas, evitando que tanto él como ella se corrieran prematuramente. Para mí lo más duro era ver cómo ambos no paraban de besarse mientras se lo hacían. Tal vez un equivocado concepto mío del beso como algo puramente amoroso y de poca carga sexual me engañaba. Era evidente que ahí había poco amor y mucho sexo, y el beso formaba parte de ese pastel sexual que ambos se estaban comiendo. En cambio ver la gruesa picha de ese individuo moverse adentro y afuera del suculento chocho de mi mujer y el deleite que demostraban ambos con ello, me excitaba sin remedio.

Cambiaron de postura un par de veces, siendo siempre Luis el director de orquesta, sin que se dijeran nada. Sólo se oían los suspiros, gemidos, a veces casi gritos, de ambos, sobre todo cuando el ritmo de la follada alcanzaba sus cotas más intensas.

Tras más de media hora de ininterrumpida follada, él hombre puso a Claudia tumbada boca abajo sobre la tumbona, dejando el trasero empinado para follársela al estilo perrito. Era preciosa la imagen del trasero blanco de mi esposa, contrastando con el bronceado cuerpo de su amante. Luis le sobó con ganas y fuerza los cachetes y pasó sus dedos por la raja de su culo y coño, creo que dudando si intentar forzar aún más la situación y penetrarla por el ano, otra de mis fantasías insatisfechas, que ni los días que me fui de putas llegué a cumplir, y de la que tampoco tenía duda alguna de que mi esposa fuera capaz de practicar.

No sé si Luis pensó lo mismo, pero el caso es que al final optó de nuevo por el estrecho coño y reinició la follada, ahora con un ímpetu descomunal, tirando de ella hacia atrás de la cintura mientras le clavaba sin piedad su estaca. Cinco minutos de brutales embestidas hicieron que mi esposa se pusiera a gritar y a agitarse de un modo histérico, corriéndose de una forma que yo jamás había visto. Incluso la oí decir varias veces la palabra "cabrón" entre grito y grito, refiriéndose, claro está, al tío que tanto placer le estaba proporcionando follándosela, aunque quizás el que más merecía ese apelativo era sin duda su marido oculto, viéndola orgasmar como una loca, dominada por ese musculoso macho.

Luis no bajó el ritmo de sus movimientos, tras correrse Claudia, y temí que eyaculara dentro de su coño. Hubiera querido avisarla a Claudia para que lo impidiera, pues ella aún estaba bajo los efectos de su reciente orgasmo y sacudida como una muñeca. De repente Luis sacó su arma del coño de mi mujer y la intentó ensartar en su ano, a lo bestia. Estaba tan dura que consiguió introducir algo del glande, pero no más. La brutal acción hizo reaccionar por fin a mi esposa que al sentir esa polla en el culo se movió lo suficiente para impedir una nueva intentona de él.

- ¿Qué haces, bruto? - le espetó con rudeza

- Deseo correrme Claudia, me has dicho que no puedo en el coño, y había pensado que tal vez …

Luis no terminó la frase, seguramente algo arrepentido por su incontrolado ardor. Mi esposa lo notó y suavizó la situación:

- Está bien. Ya sé que tú aún no te has venido y que debes estar deseándolo - y añadió con una dulce sonrisa - yo me he quedado más que satisfecha con ese pollón que me has metido dentro. Y tú también mereces quedarte bien a gusto, pero, podías avisar antes de hacer algo así. La tienes demasiado gorda y más para un culito virgen como el mío.

No me gustaba lo que estaba oyendo. O me equivocaba o mi esposa le invitaba a sodomizarla y correrse dentro de su culo. Hasta eso parecía ser ella capaz de hacer. Luis entendió lo mismo que yo, evidentemente, y buscó confirmar su permiso.

- Lo siento de veras, pero mira cómo estoy - y enseñó a mi esposa su picha, esplendorosa y sin perder nada de su rigidez. Luego señaló el trasero de ella y la halagó - tienes un culo tan divino, como el resto de tu cuerpo. Déjame que me lo folle.

Mi esposa no contestó, simplemente se volvió a colocar en la misma posición y esperó a que el la sodomizara. Luis lo intentó, pero no iba ser tarea fácil. Mi esposa estaba tensa, y la penetración se hacía muy complicada. La erección del macho empezó a decaer ante la dificultad. Claudia, dolorida, se dio la vuelta quedando frente a él y le dijo:

- Creo que no estoy ahora en situación de que me encules. Es mejor que me la metas y te salgas justo antes de correrte - le propuso ella, razonablemente.

Luis se empezó a masturbar para mantener tiesa su polla, dudando qué hacer. Al final hizo otra propuesta:

- No me gusta mucho esa opción. Prefiero correrme entre tus grandes tetas. Son otras de tus muchas virtudes.

- ¿Quieres una cubana? - Preguntó ella, sorprendiéndome con el conocimiento de tan peculiar práctica sexual. No es necesario que diga que con los pechos que ella tiene, más de una vez me vino la idea de hacerme una paja entre ellos. En fin, eso sí lo hice con una prostituta.

- Me encantará - contestó él decidido.

Tomó las tetas de mi esposa entre sus manos, apoyó su polla al canalillo y la escondió entre aquellas, empezando la cubana que debería llevarle al deseado orgasmo.

Luis se pajeaba entre las grandes tetas de mi esposa, pero noté que él iba subiendo su cuerpo poco a poco y que su pollón asomaba cada vez más fuera del hermoso desfiladero en el que se estaba dando placer, acercándose al rostro de mi esposa. Claudia le miró a los ojos y él debió entenderlo como una advertencia pues de inmediato retrocedió, ocultando de nuevo su instrumento entre los hermosos pechos. Aún así, repitió la jugada y de nuevo la mirada de ella le reprimió. Hubo una tercera intentona que acabó de igual modo y Luis debió pensar que era mejor no correr más riesgos y correrse en ese maravilloso valle, no intentando ya salir de él.

Pero ahí estaba mi esposita, demostrándome una vez más que sexualmente no la conocía en absoluto y que tenía tantas fantasías ocultas como yo mismo.

- ¿Quieres correrte sobre mi cara? - preguntó de repente a su amante, con voz maliciosa y pícara.

Luis, se detuvo en seco, tan sorprendido como yo, al escuchar la propuesta obscena de mi esposa.

- No me hablas en serio, ¿verdad? - y tras una breve pausa, siguió - ¿Me dejarías? - preguntó, todo ilusionado, pero no del todo convencido de que lo que había oído era real.

- Bueno, es una buena proposición, ¿no? Creo que a los tíos os pone mucho hacer esa guarrada, y supongo que mucho más si se lo podéis hacer a una cándida e inocente mujercita casada e infiel, como yo - Claudia parecía divertida con el asombro de su amante - te voy a contar un secreto, a mí me está poniendo mucho la idea de ver tu polla escupiendo semen y mojándome la cara - y recorriendo morbosamente la lengua sobre sus labios, le animó innecesariamente - ¡Anda, que lo estás deseando! ¿Qué dices? ¿Te animas?

- No me lo puedo creer - dijo Luis esbozando una incontrolada y viciosa sonrisa - qué zorra eres Claudia. Claro que me apetece, tus palabras de puta casi hacen que me corra ya, pero me lo voy a tomar con calma. Voy a disfrutar del momento que tan morbosamente me ofreces, cumpliendo tu deseo y el mío. Tranquila, que tengo mucha leche reservada para ti. Vas a quedar satisfecha.

Dio un paso adelante y acercó su espada al rostro de Claudia, reanudando la paja, ahora más despacio, cruzando sus ojos con los de ella, gimiendo y resoplando levemente. Con la mano libre le sobaba uno de los pechos, concentrándose en su pezón.

Mi mujer alternaba sus miradas a los ojos de su excitado amante y a los movimientos de la mano de él en su polla, movimientos que se iban acelerando irremediablemente, conforme aumentaba su gusto. Las delicadas manitas de Claudia subían y bajaban por los muslos de Luis, acariciándolos y toando con los dedos, en las subidas, sus repletas pelotas.

- Me encanta mirar esos ojos de placer mientras te masturbas, y esa polla tan gorda, palpitando sobre mí, lista para derramarse en mi cara - Claudia parecía haberle cogido gusto a hablarle así a Luis. Se daba cuenta del efecto excitante de sus palabras, provocando que subiera el ritmo de su paja. Además no dejaba de mirarle a los ojos con una expresión de vicio para mí desconocida.

- Si sigues hablándome y mirándome así vas a hacer que me corra ya - dijo Luis, frenando sus movimientos e intentando controlarse un poco.

- ¿Me dejas que te la menee yo un ratito? - le dijo Claudia con un encantador tono de niña melosa, capaz de derretir a cualquiera.

- ¡Claro! Es toda tuya. Agárrala con fuerza y sigue pajeándome, como una buena puta, que es lo que pareces.

Claudia le cogió el nabo con una mano y los huevos can la otra, empezando un meneo rítmico y sostenido. Luis bufaba y se retorcía, entornando los ojos para no ver los de Claudia que seguían fijos en lo suyos. Ella paró segundos para calmarle y luego siguió masturbándole, ahora con las dos manos, encerrando la polla de Luis entre ellas.

- Vamos - dijo él, casi con un hilo de voz, apoyando instintivamente sus manos en el pelo de mi esposa - sigue así. Dame gusto, cabrona. ¡Joder, como me la meneas!

Mi esposa bajó la mirada a la herramienta de Luis, sin dejar de masturbarle, y contestó:

- Qué maravilla de pollón, tan grande, tan tieso y tan caliente. Cuanto más tiempo la toco, mas me atrae. Buff, la verdad es que no sé si… - dejó ahí la frase, siguió contemplando unos segundos la verga de Luis, y se la acercó decidida a la boca, metiéndose entre los labios el grueso capullo y una pequeña parte de su tronco, sin dejar de meneársela.

Luis abrió los ojos al sentir la humedad de la boca de mi esposa sobre su polla, y miró extasiado el espectáculo que ella le ofrecía, mamándosela y masturbándole a la vez.

- ¡Dios, que delicia por favor! ¡Me la estas chupando! -exclamó entre suspiros - creía que no te gustaba la idea.

Claudia se sacó el pollón de la boca para hablar:

- ¿Quién ha dicho eso? Antes no te la chupé porque tú me habías dejado con las ganas de correrme - contestó, tras dar dos profundos lametones cubriendo todo el glande - pero tu polla es como un imán - ahora cubrió el capullo por completo y succionó antes de soltarlo - y yo tenía que probar de una puta vez la consistencia de una buena polla entre mis labios. Y me gusta, me gusta mucho sentir su dureza en mi paladar. Creo que voy a seguir mamándotela - y se le metió de nuevo para chuparla.

- ¡Qué puta! Así que antes me castigaste. Tal vez me lo merecía, pero ahora me merezco que me la sigas chupando hasta que me corra en tu cara. A una buena esposa infiel siempre le gusta mamar pollas, sobre todo si no son las del marido - Luis ya movía instintivamente la cabeza de Claudia, acompasándose a las penetraciones que ella dirigía - venga sigue chupando hasta que me corra, no vaya a ser que te arrepientas.

Pero estaba claro que Claudia no se iba a arrepentirse en absoluto. Su cara reflejaba una expresión distinta, no sólo de querer dar gusto, sino de estar recibiéndolo también ella. Cada vez se introducía algo más la gruesa polla de Luis y ya apenas le masturbaba con las manos, utilizando en cambio los labios y seguramente la lengua para dar y recibir más placer.

- Me estoy excitando - susurró ella soltando la verga y llevando una de sus manos a su coño y la otra al trasero de él.

Luis probablemente agradeció que ella le soltara, pues ahora tenía plena libertad para moverse a su gusto, al ritmo que quisiera, utilizando o no sus manos para masturbarse, mientras ella se la mamaba. Decidió no pajearse con sus manos, concentrando sus esfuerzos en mover sus caderas adelante y atrás, follándosela por la boca, mientras le acariciaba el rostro con ambas manos. Sus primeros empujones fueron incluso algo delicados, cuidando de no introducir más polla de la debida en tan deliciosa boca, pero como todo hombre excitado, y él lo estaba, y mucho, su delicadeza se fue transformando en una creciente rudeza, espoleado por los prolongados gemidos guturales de Claudia, que seguía masturbándose, y porque parecía que ella le animaba con la mano en su trasero a penetrarla más salvajemente entre los labios. El tío disfrutaba sin duda como un cerdo.

Durante cinco largos minutos, Luis se la folló por la boca a placer, entre constantes exclamaciones de gusto por parte de ambos, consiguiendo, para mi sorpresa, que, sin aparente esfuerzo ni oposición, una gran parte de su pollón se enterrara una y otra vez en la boca de Claudia,. Era sorprendente su aguante, pero llegó un momento en el que él ya deseaba venirse, y se frenó, sacando su polla del exquisito aposento cuyos rincones había explorado en su totalidad. Masturbándose suavemente se dirigió a Claudia:

- Estoy disfrutando como un enano, zorrona. Ni en mis mejores sueños habría imaginado tener a una bella hembra casada como tú, recién estrenada en la infidelidad, tan a mi merced - Luis se agachó para darle un buen morreo en la boca y se incorporó de nuevo - ahora voy a correrme. Dime Claudia, ¿sigues queriendo que lo haga sobre tu cara? ¿O tal vez prefieres que te llene la boquita de leche? Tú eliges, putita mía.

Mientras Luis le decía estas palabras, Claudia se masturbaba a gran velocidad, ahora con ambas manos. Le costó mirar a Luis y concentrarse en contestar:

- Córrete donde quieras, en la cara, en la boca, en las tetas, me da igual. Quiero saber que se siente con un tío eyaculando sobre mí. ¡Ahhhh! - Claudia soltó un gemido, más grande, tal vez imaginando el anunciado final - Hazlo donde más te guste, cabrón, pero dame tu semen de una puta vez. Vamos, lléname de lefa ya - terminó gritando, con desesperación.

- ¡Vamos a ello! - exclamó él con aire de triunfo - hace dos semanas que no me tiro a una mujer ni he tenido tiempo de hacerme una buena paja. Vas tener una buena ración de leche, putita.

Luis arrimó la punta de su nabo a la cara de Claudia y la restregó unos instantes por ella, como si la estuviera pintando, antes de volver a penetrarla entre los labios y reiniciar una rápida y potente follada que en menos de un minuto le llevó al borde del orgasmo. Debió elegir el rostro de Claudia como lugar donde eyacular, pues la sacó para pajearse fuera de ella, a escasos centímetros. Era un excitante espectáculo ver a ambos, masturbarse y gimiendo como locos. Claudia se frotaba el coño con una de sus manos, mientras que con la otra se acariciaba una de sus tetas. Luis hacía lo propio en su nabo, y con la otra mano se dedicaba a estimular el excitado pezón del otro pecho de mi esposa.

Finalmente Luis dio el inequívoco y prolongado suspiro que anunciaba el inicio de su corrida, manteniendo su cuerpo en su tensión, antes de que al relajarse, con un enorme gruñido, lanzase su primer y potente disparo de esperma que se estrelló con violencia en la nariz y en la frente de mi chica, resbalando el semen rápidamente hacia abajo, mojando su labio superior y entrando en su preciosa boca abierta. Los dos siguientes chorros, tan abundantes y violentos como el primero, entraron directamente en la boca de Claudia, y con toda probabilidad se estrellaron en su garganta, produciendo un respingo involuntario de mi esposa. El resto de la eyaculación, con otros cinco o seis chorros más, menos copiosos, cubrieron todas las facciones de su cara, incluidos los ojos. Luis no la había engañado, los días de abstinencia y casi una hora de continuo y desbocado sexo con un bombón como ella, se habían aliado para provocar una corrida de grandes dimensiones y abundante leche.

Luis se había ya vaciado, aunque su polla aún sufría los espasmos finales de la brutal corrida, mientras ella se afanaba, sin reparo, en obtener su propio y merecido orgasmo. Más calmado, él se dedicó a coger entre sus dedos los restos de lefa depositados en la cara de Claudia y a llevárselos a la boca. Ella, masturbándose como una posesa, recogía y saboreaba con su lengua el manjar que su amante le proporcionaba, y así entre bocado y bocado, arqueó su cuerpo y a empezó a gritar los efectos de su propia corrida, larga, estruendosa y sin duda placentera. Viéndola en este estado de frenesí, Luis ahogó sus gritos metiéndole de nuevo el nabo en la boca, empujándolo con fuerza hasta el fondo, como queriendo demostrarle así su total dominio de macho sobre ella.

Nunca había visto a mi mujer gozar de esa manera, ni hacer tantas cosas sexualmente obscenas y guarras, según nuestro habitual modo de entender el sexo entre nosotros. No voy a poner en duda que estaba cabreado con lo que había visto, pero estaba muy excitado y no me había querido correr en ese momento en el que prevalecían unas ganas enormes de aprovecharme de todo lo que había descubierto de mi esposa, durante esa tarde de infidelidad, más que de mandarla inmediatamente a la mierda, que es lo que probablemente habría hecho en circunstancias normales. Además me interesaba muchísimo ver cómo reaccionaba ella, una vez que se esfumaran los efluvios del polvazo que se había echado con el cabronazo ese y de su segunda corrida. Fueron dos minutos de callada calma, en las que tan solo Luis seguía moviendo suavemente su morcillona polla, bien dentro de la boca de mi esposa, bien rozando con ella su cara, toda pringosa. De repente sonó el móvil de Claudia, y ella, saliendo del trance, se separó con brusquedad y se levantó de la tumbona en la que él se la había follado bien a gusto. Cogió el teléfono de su bolsita de playa

- ¿Sí? Hola mamá - era mi suegra la que llamaba - ¿qué? ¡Que son las cinco y media! ¿Ya?

Normalmente ella volvía a las cinco, hora de la merienda de nuestra hija. El retraso era considerable. Seguía hablando con su madre, acelerándose más y más:

- Dile a mi marido que dé a la niña de merendar ¿Cómo? ¿Que no está en casa? ¿Hace mucho que se fue? ¡Más de una hora! ¡Ay Dios mío! Voy para allá ahora mismo.

- Esto ha sido una locura - se dijo a si misma muy nerviosamente, mientras buscaba su bikini rojo, encontrando enseguida el top del mismo - pero una locura muy muy grande - añadió. Y siguió hablando sola, mientras buscaba y buscaba por el suelo - No sé qué le voy a decir a mi esposo. Vamos, no sé ni cómo voy a poder mirarle a la cara. Además me estará buscando en la playa. ¡Uff! Tengo que lavarme la cara - la verdad es que se la veía bastante descompuesta, hablando y gesticulando casi ignorando la presencia de Luis a su lado - ¡Coño! ¿Dónde está la parte de abajo del bañador? Hay que estar chalada. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder! ¡No encuentro el maldito bikini!

Luis sonreía divertido viendo los aspavientos y palabras de Claudia, por no decir el precioso y excitante trasero que quedaba expuesto a su vista, y a la mía, cada vez que se agachaba para mirar bajo la tumbona, buscando su preciada prenda. En esos momentos ella no estaba en una situación cómoda y Luis lo sabía. Sólo él podía ayudarla.

- ¿Buscas la parte de debajo de tu bikini? - le preguntó Luis, aunque ya conocía la respuesta.

- Sí, ¿la tienes tú? - contestó Claudia, asomándose de debajo de la tumbona, donde buscaba infructuosamente.

- Claro querida. ¿Ya no recuerdas que fue yo quien te la quitó, antes de comerme tu delicioso coñito? - le dijo él, rememorando sabiamente una de las muchos placeres conseguidos poco antes con ella, algo que a mi mujer no pareció hacerle mucha gracia.

- Mira, no es momento para bromas ahora. Ya he pasado bastante tiempo aquí. Mi marido está buscándome. Debo irme cuanto antes - dijo ella, alzando la voz y mirándole desafiante - ¡Vamos! ¡Dámelo ya!

- ¡Hey, hey, menos humos! - el rictus de Luis se puso en ese momento serio - ¿Qué pasa? ¿Ya se te ha olvidado todo lo que hemos hecho? - y añadió, ahora sonriendo - ¿Acaso no te ha gustado? Yo creo que te lo has pasado muy bien, follando como una perra en celo. Es más, creo que aun lo puedes pasar mejor, si me dejas probar ese precioso culito que me estás enseñando.

Claudia se puso de pie de inmediato, ocultando su culo en pompa, pero mostrando generosamente a la vista y sin pudor su exuberante parte delantera. Seguía mostrando enfado.

- ¡Debes estar loco, tanto como yo! ¿Es que no has tenido bastante? ¡Venga, dame el bikini de una puta vez!

- ¡No! - contestó él de nuevo con semblante serio - No hasta que me digas que te ha parecido, pero me tienes que decir la verdad.

Probablemente mi esposa se dio cuenta de que no lo iba a tener fácil, si seguía con esa absurda actitud de cabreo contra quien hacía apenas unos minutos se la había follado con su absoluta complacencia y complicidad. Se lo pensó unos momentos hasta que, resignada, se sentó en la tumbona y esbozando una sonrisa, se sinceró con él, regalándole los oídos:

- Está bien Luis, para qué negarlo. Ha sido la hostia. He disfrutado un huevo. He hecho por primera vez realidad muchas fantasías que solo satisfacía masturbándome, y admito que me has follado de puta madre, que tienes un pollón delicioso y que me ha entusiasmado comerme tu rabo. Pero ahora, te lo pido por favor, debo volver a mi realidad, con mi esposo y familia.

Otra novedad para mí, ahora resultaba que mi esposa hasta se masturbaba soñando con machos, con pollas y Dios sabe con qué más. Pero más me sorprendió a continuación Luis, refiriéndose a mí.

- ¿Y por qué no pones en práctica esas fantasías con tu marido?

El gesto de Claudia, al escuchar esa proposición, reflejó muchas dudas al respecto, y sus palabras lo confirmaron:

- Si lo hago creerá que soy una puta. Siempre hemos tenido un sexo de tres al cuarto, rutinario y aburrido, sin variaciones. El es muy tradicional, no le van todas estas cosas. Después de tantos años ¿cómo voy a plantearle todo eso? No, es imposible.

- ¿Por qué no se lo dices, Claudia? - insistió él, y señalando mi posición con el dedo, siguió - tienes a tu esposo ahí al lado, asomado, y ha visto absolutamente todo lo que hemos hecho esta tarde.

Mi shock fue total, no sólo por haber sido cazado in fraganti, sino sobre todo por descubrir que el amante de mi mujer sabía en todo momento que yo le estaba viendo besarla, sobarla, comérsela entera y follársela antes de correrse en su cara y boca. Fue tal mi confusión que sólo al rato me percaté de la presencia de mi esposa a la entrada de la estrecha estancia en la que me hallaba, aún ridículamente subido al taburete. Cuando la vi, tan asombrada y perpleja como yo mismo, aunque ella con el regusto de un polvo espectacular y yo con el de unos cuernos de campeonato, me bajé del taburete y ambos salimos al lugar de los hechos. Luis no estaba allí. Debió salir, probablemente para dejarnos solos, siendo el único gesto que pude agradecerle en esa alucinante tarde.

Durante varios minutos estuvimos sentados en la tumbona del delito, uno junto al otro, sin decirnos nada. Yo no sabía por dónde empezar. Extrañamente no estaba tan cabreado como hubiera querido, para mandarla a la mierda, y tuve que esperar a que fuera ella la que lacónicamente empezara:

- ¡Dios! Por qué no evitaste que pasara todo esto. Estabas ahí, viéndolo todo y te quedaste quieto, impasible. No lo entiendo.

- Tiene gracia - contesté casi sin vacilar - de modo que no lo entiendes. Ahora resulta que el culpable soy yo por haberte dejado hacer todas las guarrerías que has hecho. ¿Qué pasa, tú no tienes nada de culpa en esto? Te recuerdo que nadie te ha obligado, tú misma te has prestado a ello, y además con gusto, realizando tus fantasías con otro hombre, con un desconocido ¿tengo yo la culpa de eso?

- Lo siento - intentó rectificar ella - Me hubiera gustado contarte mis fantasías y haberlas puesto en práctica contigo, pero no sabía cuál podría ser tu reacción. De verdad que lo siento.

- ¿Qué lo sientes? - contesté, menos malhumorado de lo que pretendía demostrar - ¿Qué es lo que sientes? ¿Haberme puesto los cuernos? ¿Morrearte, sobarte y follar con ese tío, al que encima conociste ayer? ¿Haberle comido el rabo y haber gozado como una puta mientras él descargaba toda su leche sobre ti y dentro de ti? - y lo peor que pudo pasarme fue volver a empalmarme recordando esos momentos calientes de la sesión de sexo de mi esposa y su amante. Mi bañador no era suficiente para ocultar la erección, mientras Claudia seguía in tentando disculparse:

- Ya sé que yo soy la culpable, pero de verdad que nada ha sido premeditado. Las cosas han surgido así, sin buscarlas, me fui excitando, casi sin querer, y ya todo vino de corrido - y ahí Claudia se percató de mi excitación. Me miró unos segundos con asombro y callada, antes de añadir con cierta sorna - oye ¡se te ha puesto el pito grande! - y ante mi prolongado silencio, dictó sentencia - ¡No me jodas! ¡Todo esto te excita! ¡Eres uno de esos tíos que disfruta viendo a su mujer follar con otro! ¡Increíble!

Dudé, antes de replicar, pues la verdad es que ni yo mismo lo tenía claro. Y puestos a ser sinceros, así se lo manifesté:

- Mira, Claudia, no sé si es eso lo que me excita o saber que las cosas que has hecho hoy y otras muchas más las podemos hacer juntos. Te confieso que también son fantasías mías y que ya he realizado algunas, pagando a prostitutas por ellas.

Mi esposa me miró fijamente un rato que se me hizo eterno, sin importarle aparentemente mi propia confesión de haberle sido alguna vez infiel, aunque hubiera sido con una meretriz. Luego esbozó una sonrisa, se acercó a mí, me empujó en el pecho haciendo que me retumbara en la tumbona y se arrodilló frente a mi entrepierna. Al bajarme el bañador, mi polla saltó como un resorte. Cerré los ojos, agarré sus dos grandes tetas y me dejé llevar por el maravilloso trabajo de manos, boca y lengua que Claudia inició, por primera vez, sobre mi instrumento. Era fantástico y excitante, tanto que ni me inmuté cuando, en plena mamada, escuché una voz que me susurraba al oído:

- ¡Voy a romperle el culo a tu mujer!

Apenas un par de minutos después, Claudia soltó varios gritos, con mi polla aún en su boca. Luego los gritos se convirtieron en gemidos, mientras su cuerpo se balanceaba acercándose y alejándose de mi acompasadamente y unas manos grandes y masculinas se unían a las mías, luchando por apoderarse de sus excitados pezones.

FIN... Continue»
Posted by trikitrake 1 year ago  |  Categories: Voyeur  |  Views: 527  |  
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¡ME VOY A FOLLAR A TU MUJER!

¡ME VOY A FOLLAR A TU MUJER!

Eran casi las dos de la tarde y en la playa no había mucha gente. Desde la tumbona contemplaba a mi niña de 9 años jugar en la orilla con sus amiguitas, vigilando que no se acercara mucho al agua, pues había oleaje. De vez en cuando echaba un vistazo al periódico que ya había leído dos veces en la mañana, o simplemente cerraba los ojos dejando que el sol me diera en la cara. Aun quedaban 10 tediosos minutos para volver al apartamento, donde mi esposa, Claudia, debía estar preparando la comida con la ayuda de su madre. Hacía casi media hora que las dos se habían marchado de la playa.

De repente, una voz masculina, surgida casi de la nada, me susurró al oído una frase impactante:

- ¡Me voy a follar a tu mujer!

Sobresaltado me incorporé y vi un hombre algo alto y moreno que se alejaba de mí. No pude verle la cara, pero por detrás parecía un tipo bien plantado, musculoso y bronceado. Me quedé perplejo y con poca capacidad de reacción en esos momentos, mientras el individuo desaparecía entre las rocas que escoltaban el camino de entrada a la playa.

Pensé que se trataba de un lunático, o bien que se había equivocado de persona, pero aún así las palabras que me había soltado, tan directas y ofensivas, me rebotaron en el coco durante un buen rato, provocándome una inquietante desazón nerviosa.

Cuando llegué al apartamento, ya apenas me acordaba del episodio. Tras la comida, mi mujer acostó a la niña y me dijo que se iba a la playa. Al escucharla, saltaron en mí unas estúpidas alarmas. En realidad todos los días ella se iba a la playa a esa hora, y jamás se me había ocurrido pensar en nada extraño en ello, es más ella me invitaba a veces a acompañarla, algo a lo que yo siempre me negaba poniendo como pretexto el calorazo de esa hora.

El caso es que en esta ocasión ella no me dijo nada de acompañarla y a mí me entraron ganas de hacerlo.

- Me voy contigo - le dije muy animado.

- ¿De verdad? - respondió ella, claramente extrañada - Esto sí que es una novedad.

- Pues sí, no sé, hoy me apetece pasar un rato allí, contigo - le contesté, ocultando el auténtico y ridículo motivo.

- Que raro, siempre te quejas de que si a estas horas no hay quien aguante el sol y me dices que estoy loca, que si el sol no broncea, sino que quema, que si es mucho más saludable echar una siesta.

- ¡Vale, vale! - la corté - pero alguna vez se puede cambiar de opinión, o ¿es que no quieres que te acompañe?

- No, no, en absoluto. Por mí, encantada, así verás que no se está tan mal. Además, suele soplar una deliciosa brisa. Me doy una ducha y nos vamos para allá.

Fueron tan naturales las respuestas de Claudia que me sentí un estúpido celoso sin fundamentos. En realidad no me apetecía en absoluto volver a la playa, sino quedarme tan a gusto en el sofá vagueando con la tele y con el periódico de la mañana, leyéndolo una vez más. Pasó el tiempo necesario para que, cuando Claudia ya estaba lista, yo hubiera renunciado definitivamente a irme con ella.

- ¿Nos vamos? - me dijo, toda alegre y risueña.

- ¡Puff! Lo he pensado mejor y … creo que me voy a quedar.

- ¡Vaya hombre! ¡Yo que me había hecho ilusiones! - y me miró, como esperando algo más - ¿Por qué has cambiado de opinión? - añadió, menos sonriente.

- Es que ya me he apoltronado y se me han pasado las ganas de sol - contesté, intentando seguir siendo convincente.

Claudia manifestó por unos instantes su claro descontento, pero no insistió en llevarme con ella.

- Bueno, no sé de qué me extraño. La tele, el periódico, el mando de la tele, el periódico, la tele… je, je ¡menuda diversión! - ironizó, no con mucha simpatía - En fin, yo me voy. Si cambias de opinión, ya sabes dónde estoy.

Y Claudia se fue, meneando su culito con la feminidad que la caracteriza. Y yo me quedé ahí, en mi sofá, con la tele, el periódico, el mando de la tele…. y mi suegra.

Hasta que, tras vaguear un rato aburridamente, empecé a pensar en las palabras irónicas de Claudia, dándome cuenta de que ese podía ser uno de los pocos momentos de intimidad que podíamos tener, pese al calor. Tras diez años de matrimonio y otros cinco de noviazgo, ya había, obviamente, cierta rutina en nuestra relación de pareja y pocos momentos que aportaran algo de chispa y novedad. Tal vez acompañarla a esa jodida hora de la tarde podría romper un poco la rutina y alegrarla.

Me la imaginé allí, sola en la playa, y me entró una extraña sensación de tenerla un poco abandonada. Fue entonces cuando de nuevo retumbaron las palabras que escuché por la mañana "Me voy a follar a tu mujer". Varias preguntas surgieron en mi mente ¿Estaba suficientemente a gusto conmigo? ¿Necesitaría algo más? ¿Es posible que el tío ese de la playa se la hubiera ligado? Celos, inquietud y un extraño cosquilleo se juntaron para hacerme saltar del sofá, presto para ir a la playa con mi querida Claudia.

Al llegar, la vi tumbada sobre la arena, muy cerca de las rocas existentes en ese extremo de la playa. Casi no había nadie en la playa y antes de acercarme, me quise dar un homenaje visual. Llevaba un bikini rojo carmesí, de esos que se anudan con lazos, dejando al descubierto buena parte de sus generosos pechos. Claudia es una mujer muy atractiva, a sus 32 años, con una figura muy cuidada y de curvas muy femeninas, morena con el pelo muy liso de media melena, con facciones suaves y redondeadas y ojos marrones de color miel. Su esbeltez la hace más alta de lo que realmente es, destacando sus pechos, grandes para su figura, y los muslos, carnosos y redondos, dando también algo de contrapunto al resto de su cuerpo mucho más estilizado. Me fijé, no sé por qué, en su monte de Venus, escondido bajo la tela del bikini, abultado y sobresaliente, pese a no ser excesivamente velluda en esa zona del cuerpo.

Espiarla así, a escondidas, me hizo verla con otros ojos, y admito que me gustó, tanto que hasta empecé a empalmarme.

En ese momento salió del agua del mar un windsurfista y se acercó a mi esposa. Instintivamente retrocedí, intentando ocultarme lo más posible. El hombre llegó donde ella estaba y empezaron a conversar. Aunque estaba algo lejos vi que, por su altura y figura, el hombre podía ser perfectamente el lunático de la mañana, algo que hizo que mis nervios saltaran a flor de piel. Tras unas breves palabras él se retiró, dejando a mi mujer tan sola como antes y a mí mucho más tranquilo y dispuesto a reunirme con ella. Mientras me acercaba, de repente ella llamó con un "oye" al individuo que ya estaba a cierta distancia, y este volvió sobre sus pasos. Retrocedí otra vez, todo mosqueado, mientras él acudía presto a su llamada. De nuevo hubo unas palabras, pero esta vez Claudia se levantó, cogió su bolsa de playa, se anudó el pareo a la cintura y ambos caminaron hacia la caseta donde se apuntaban los alumnos que querían dar clases de windsurfing, entrando en ella y cerrando tras ellos la puerta. Ni qué decir tiene que me entraron unos celos terribles, pensando que tal vez lo de la mañana era cierto y que Claudia se había metido allí dentro con él para follar, sin que yo, desgraciadamente, pudiera hacer otra cosa más que esperar a que salieran de nuevo.

Apenas habían pasado un par de minutos de insufrible espera y estaba hecho un mar de dudas. Por un lado valoraba la conveniencia de entrar a saco por la puerta de la caseta, con el probable riesgo de poder meter la pata soberanamente. Por el otro podía quedarme ahí, esperando a que ellos salieran de nuevo, pero ¿Qué haría entonces? ¿Armar la de Dios, sin saber si realmente se habían acostado o no? Mientras pensaba qué hacer, involuntariamente me moví, rodeando la estancia, viendo que, adosada a la caseta por la parte posterior de aquella, había como otra estancia anexa mucho más estrecha, y una pequeña puerta de entrada a la misma.

Sin dudarlo, me colé en el estrecho recinto. No había ventanas, sólo unos ventanucos en la parte más alta de la pared contigua a la caseta principal. Pese a tener unas tenues cortinillas, permitían la entrada de la luz de aquella. Me percaté de que era el almacén donde se guardaban las tablas y velas de windsurfing, material que lo ocupaba casi todo.

Empecé a estudiar el modo de asomarme con cautela a alguno de los ventanucos, ya que mi escasa altura no me dejaba alcanzarlos sin alguna ayuda. Encontré un taburete y moví con cuidado los utensilios de windsurfing apilados en la pared para hacerme el hueco necesario. Ya me iba subir, cuando escuché con nitidez el ruido producido al abrirse una lata de bebida y la voz de Claudia diciendo "muchas gracias". Eso ya me tranquilizó y mucho más cuando al asomarme por el lateral de la cortinilla de uno de los ventanucos, al que faltaba el cristal, vi a mi esposa sentada, bebiendo tranquilamente una coca cola, mientras el "supuesto" amante silbaba tras una puerta que supuse debía ser un cuarto de baño. Tal vez era eso lo que Claudia le había pedido, ir al baño, y él, galantemente, le había ofrecido después un refresco. Me empecé a sentir de nuevo ridículo y mal pensado, dudando incluso en salir de nuevo a la playa.

Pero cuando el tío salió del baño, todo cambió. Primero porque me sorprendió ver que su traje de neopreno estaba a medio quitar, con la parte superior colgando a su espalda, mostrando su torso desnudo, bronceado, musculoso y sin vello alguno, y segundo porque a esa cercana distancia casi podía ya asegurar que el pájaro era el de la frasecita de la mañana. ¿Qué coño estaba pasando realmente allí? Miré a Claudia y la vi impasible, con su lata de coca cola en la mano, eso sí, siguiendo al tío con la mirada, mientras él cogía unas zapatillas y se metía de nuevo al baño. La cosa ya no me parecía tan inocente, ni mucho menos, y mis dudas respecto a marcharme se disiparon por completo.

Si la primera aparición del tipejo ya había sido espectacular para mí, la segunda me dejó atónito. Ahora ya salió sin su traje de faena, totalmente desnudo, mostrándose sin tapujos a la vista de mi querida esposa a la que casi se la cae la lata al verlo aparecer como Dios le trajo al mundo. La verdad es que él ni la miró, simplemente se movía por la estancia como si estuviera buscando algo. Pero la que sí miraba era Claudia. Lo hacía a hurtadillas, nerviosamente, aprovechando los momentos más propicios para no ser cazada y esforzándose en espiar sobretodo el trasero del tío y lo que colgaba en la entrepierna, una polla que, aun en reposo, presentaba unas considerables y envidiables dimensiones. Seguramente ella estaba incómoda, pero a mí me dio la impresión de que no le disgustaba en absoluto gozar de tan sugerente espectáculo visual.

El caso es que, ocultando parcialmente sus vergüenzas, el tío acabó dirigiéndose a Claudia:

- Oye, tengo un pequeño problema, mi compañero se ha llevado en su bolsa mi bañador y no vuelve hasta las seis cuando empiezan las clases. No tengo nada que ponerme.

Vaya historia absurda, pensé de inmediato. Estaba claro de que todo era una treta para exhibirse ante mi esposa. Siempre cabía la posibilidad de que se pusiera de nuevo el traje de windsurfista, o una simple toalla que seguro había en el baño. Sin embargo mi esposa no debió caer en esa posibilidad. Con la cabeza gacha, sin querer mirarle, sólo contestó inocentemente:

- Mejor será que me marche, no quiero que estés incómodo - como si ella no lo estuviera.

- Por mí no hay problema - contestó él - te hago la cura en la herida en un santiamén y listo.

Al oír al chico me acordé de que la tarde anterior Claudia vino con una herida en la pantorrilla que, según ella, se había hecho en las rocas de la playa. La herida estaba limpia y desinfectada y pensé que ella misma se la había curado. Pero era muy posible que la cura se la hiciera él, o sea que ya hubieran estado allí mismo la tarde anterior. ¡De modo que era eso! Me vino un pequeño y celoso escalofrío, pero si algo estaba claro era que ambos guardaban unas distancias más que suficientes como para pensar que hubiera habido algo lujurioso entre ellos.

- Hombre, es que no sé - replicó ella, alzando la vista y sonrojándose al toparse de lleno y de frente con la virilidad desnuda del hombre, aunque con su rabo medio escondido por sus manos. Los ojos grandes y azules de ese hombre hasta a mí me impactaron. Ella bajó de nuevo la mirada y siguió - tú estás desnudo y ¿qué quieres que te diga? A mí me da vergüenza.

- ¡Ah! Lo siento. Yo pensaba que a ti no te imponía la desnudez natural - dijo él con aparente asombro, y se lo pensó antes de seguir con una sorprendente afirmación - al fin y al cabo yo ya te he visto también a ti desnuda, aunque sólo haya sido de cintura para arriba. - y dicho esto se acercó algo más a Claudia y quitó las manos de su polla, dejándola completamente al aire.

La rotundidad de las palabras del tío me impactó. Claudia reaccionó con rapidez y algo mosqueada, cruzando su mirada con la de él:

- ¿Qué estás diciendo? Tú estás mal. ¿Cuándo me has visto a mí los pechos? ¿A qué juegas?

- ¡Oye, que es verdad! Creo que fue antes de ayer cuando hacías top-less en la playa - contestó él con la misma rotundidad que antes.

Yo esperaba una rápida réplica de mi mujer, negándolo, pero ésta, por desgracia, no llegaba. Hizo una mueca de resignación y bajó la vista, aprovechando el momento, sin poder disimularlo, pare echarle un breve vistazo al sexo de él.

- Joder, si sólo fue un ratito - dijo finalmente en voz muy baja, confirmándolo, muy a mi pesar - hay que tener mala suerte para que, por una vez que lo hago, me hayas tenido que ver.

- ¿Es la primera vez que lo has hecho? - dijo él

- Pues la verdad es que sí - contestó una Claudia algo más relajada - Era algo que hacía tiempo me rondaba la cabeza, pero ya sabes, la vergüenza, los prejuicios morales y todas esas cosas. Además mi marido nunca me habría dejado hacerlo. Es un poquito… , ya sabes, …. retrógrado.

Yo alucinaba. ¿Yo retrógrado? Pero si ella jamás me había hablado al respecto. Vamos que no sólo la habría dejado ponerse en tetas en la playa, sino que incluso alguna vez pensé en proponérselo, pero no lo hice por temor a lo ella que me pudiera decir. Menudo monumento a la comunicación de pareja.

La conversación entre ambos siguió, con una Claudia mucho más distendida y sin preocuparse tanto de la desnudez del chico.

- Así que por fin te animaste a hacerlo ¿Y qué sensación te produjo?

- No sé, la verdad es que me sentí rara, como liberada, luchando nerviosamente contra el pudor y …., - ella no terminó la frase, pero evidentemente sabía lo que quería decir.

- Hay algo más, ¿verdad? ¿Tuviste otras sensaciones? ¿Qué pasa? ¿Te cuesta hablar de ello?

- Bueno, un poco sí - Claudia, se lo pensó antes de seguir - es que es difícil de contar, me da algo de vergüenza hablar de ello, y más con alguien a quien solo conozco por haberme curado una herida, alguien del que ni tan siquiera sé su nombre.

- Luis. Me llamo Luis, y hay algo más que conoces de mí - y lo dijo mirándose a la polla, comprobando que, fugazmente, ella lo hacía también.

- Está bien - se animó por fin ella - reconozco que la situación me excitó. ¡Ya está! ¡Ya lo he dicho! - concluyó, alzando la voz, con satisfacción - Lo que no sé es si es normal o no.

- La cuestión es si lo que te excitó fue el hecho de exhibirte. Esa es la pregunta que te debes contestar. A muchas mujeres les pone eso de exhibirse.

Cada vez me gustaba menos el cariz que estaba tomando el asunto. Claudia se había abierto con ese individuo como nunca lo había hecho conmigo, destapando algunos secretos que ni yo conocía, y lo peor es que parecía gustarle haber encontrado en un extraño al confidente ideal, un extraño que conversaba con ellas en pelotas. Incluso empezó a llamarle por su nombre.

- ¿Qué quieres que te diga, Luis? Para qué negarlo. Claro que me gustó sentir la excitación de lo prohibido, y de estar medio desnuda a la vista de cualquiera, aunque fuera en la naturalidad de una playa donde ya hay muchas mujeres que hacen top-less.

- Pues si en la playa tuviste esa sensación, ¿qué crees que sentirías si descubrieras aquí y ahora mismo, tus pechos, con un hombre también desnudo, a apenas un par de metros de ti, en un recinto cerrado? ¿Te lo Imaginas?

Las palabras de Luis, invitándola a volar con su imaginación, parecían sin duda cautivadoras para Claudia. Pese a la tela del bikini no era difícil constatar cómo ahora se marcaban sus grandes pezones El también se dio cuenta sin duda de que la situación era excitante para mi mujer. Otra cosa era que ella tuviera la valentía de llevar a cabo algo así. Como ella se mantenía callada, escondiendo sus íntimos pensamientos, Luis la tentó aún más, de un modo más directo y obsceno.

- Mira te hago una propuesta. Tú te quitas la parte de arriba del bikini y me dejas el pareo para que yo me cubra la polla y el culo.

- A ver, creo que estamos llevando las cosas algo lejos ¿no te parece? - contestó ella, tras pensárselo un rato y sin parecer excesivamente convencida - una cosa es imaginar y otra muy distinta es actuar.

- Tienes razón, son cosas distintas, pero la realidad es la que vale, la que te permite comprobar tus auténticas sensaciones - argumentó él poniéndose en plan filósofo, antes de ir de nuevo al grano - Mira, solo serán unos minutos, el tiempo justo para limpiarte la herida. Luego te marchas ¿Qué te parece la idea?

Supongo que ya había llegado la hora de que yo interviniera, pues era evidente que el amigo Luis estaba ya jugando fuerte sus cartas, con la clara de intención de ir envolviendo a Claudia en sus seductoras redes. No me imaginaba a Claudia desnudándose ante él, ella era una mujer abierta y simpática, pero, sexualmente reprimidilla, de las de polvito en la posición de misionero y poco más. Algunas de mis fantasías sexuales sólo las había podido poner en práctica, yéndome un par de veces de putas, nunca con mi esposa. El caso es que, sorprendentemente para mí, ella ahora callaba y dudaba, supongo que debatiéndose entre el pudor y el morbo de lo prohibido. Y como me interesaba demasiado conocer su reacción final, preferí estarme quietecito. Sucedió, claro está, lo que menos quería.

- Está bien, pero prométeme que no vas mirar y que en cuanto me cures la herida, me pongo de nuevo el bikini ¿vale?

- Mujer, a lo mejor a mí también se me se me escapa una miradita - contestó con un cierto aire de triunfo y haciéndole ver que no estaba siendo ajeno a sus fugaces actos de voyeur, antes de sentenciar - de acuerdo Claudia, procuraré no mirar.

¡Ya! Pensé yo. Menudo caradura, seguro que no sólo iba a mirar todo lo que pudiera, sino que iba a intentar algo más después. Incluso me pareció que su polla comenzaba a inquietarse, algo por otro lado normal, ante la morbosa situación que se estaba cociendo allí dentro. Claudia dudó algo más, pero aquello decididamente no tenía ya vuelta atrás. Se desató el pareo que aún llevaba anudado a su cuerpo y se lo dio a Luis ordenándole nerviosamente:

- Toma, aquí tienes el pareo. Date la vuelta y no te gires hasta que yo te diga. ¡Y no mires!

- ¡Vale! - dijo Luis, cogiendo la prenda anaranjada y semitransparente que le ofreció mi esposa y dándose obedientemente la vuelta, mientras añadía - por cierto, aún no sé cómo te llamas tú.

- Claudia - contestó ella sin más.

Y mientras comenzaba a desabrocharse la parte suprior de su bikini rojo, aprovechó la ocasión de estar él de espaldas, para contemplar a placer el trasero masculino, firme, rotundo y musculoso que se le ofrecía mientras el hombre se afanaba, seguro que con deliberada torpeza, en cubrirse sus partes nobles.

Vaya, vaya con mi esposa, pensé, viendo que no se cortaba un pelo observando ese culo masculino con aparente deleite. Cuando terminó de despojarse de la prenda, la colocó en la mesa y cubriéndose las tetas con los brazos, esperó a que él se tapara antes de darle permiso para girarse.

- Bien, ya está. ¿Me haces la cura en la herida?

El no se giró todavía. Se acercó a un pequeño armarito bajo con el símbolo de la cruz roja. Iba ridículamente ataviado con el pareo que, no demasiado bien colocado, le tapaba lo justo, sin contar que se transparentaba un montón. Cogió un pequeño botiquín y por fin se dio la vuelta para acercarse a mi esposa, actuando con naturalidad, intentando amortiguar el incipiente sonrojo de Claudia.

- Y bien Claudia ¿qué tal estás ahora? - le preguntó sin mirarla directamente, arrodillándose a sus pies para iniciar la cura en la pierna. Ella estaba muy tensa, se notaba en sus piernas cruzadas y en el modo en que se abrazaba fuertemente los pechos para ocultarlos a su particular enfermero.

- Extraña - acertó a decir, mientras se acentuaba su sonrojo - esto es algo muy nuevo para mí. Supongo que es cuestión de acostumbrarse, de tomarlo con naturalidad - añadió intentando autotranquilizarse.

- Aún está algo infectada - siguió él, recorriendo con sus ojos las piernas de mi mujer, sin hacer comentario alguno a lo recién escuchado - oye, y aquí ¿qué te ha pasado? - dijo, señalando el muslo de Claudia en el que por la mañana le había picado una medusa.

- ¿Eso? Una medusa que me atacó a traición.

- ¿Y no te duele? Esas picaduras suelen ser jodidas. No eres la primera a la que pica una medusa. Cada día atendemos a alguno más, pero tengo aquí una pomada que es mágica, te lo aseguro.

Fue en ese momento cuando él levantó la vista por primera vez, descubriendo la peculiar pose de Claudia y el encantador color carmesí de sus mejillas. No disimuló para nada un directo recorrido visual a Claudia, poniendo especial atención a la zona de sus pechos que, pese a los intentos de ella por cubrirlos, dejaban al aire sugerentes y redondas zonas. Claudia se estremeció leve e involuntariamente.

- Ponte mejor allí - le dijo Luis, señalando una tumbona de playa que estaba justo debajo del ventanuco desde el que yo espiaba ensimismado.

Aquello había sonado como una orden y mi esposa obedeció sin objeción alguna, levantándose de la silla y sentándose en la tumbona. Luis hizo lo propio en la silla, a su lado y frente a mi vista. Le cogió las piernas por las pantorrillas y las extendió en la tumbona, haciéndola perder el equilibrio. Para recuperarlo Claudia tuvo que agarrarse al borde de la tumbona enseñando por unos instantes uno de sus pechos y su gran pezón, detalle que no pasó inadvertido a los ojos de Luis. El reanudó su tarea de curandero lentamente, con la parsimonia necesaria para mantener el encanto del morboso momento. Al sentarse no se había preocupado de bajarse el pareo y yo descubrí de nuevo a mi esposa aliarse con lo prohibido, espiando con cautela la polla de ese individuo, que, para suerte y gozo de ella, quedaba parcialmente al aire.

Desconocía el rumbo que iba tomar aquello, pero algo me decía que la cura no iba a ser lo único que él iba a hacerle a ella. "Me voy a follar a tu mujer" sus palabras sonaron de nuevo fuertes y punzantes en mí, y por primera vez empecé a convencerme de esa posibilidad imaginándomelo lanzándose ya a lo bestia sobre ella, casi violándola.

- Ya está limpia, Claudia - dijo él de repente, con un tono susurrante y tranquilo, destrozando mis violentas imaginaciones y no sé si también las de mi esposa, que tuvo por fin que dejar de mirar donde no debía para fijarse en la herida ya apañada.

- Bien, vamos ahora a lo otro - volvió a intervenir con igual tono, sin que a mí me quedara muy claro si se refería a lo de la medusa o a algo mucho más atrevido.

Luis rozó suavemente con la yema de un dedo la zona de la picadura, a medio muslo y Claudia se agitó levemente. Ya con la pomada en los dedos, estos se movieron con más presión, extendiendo el ungüento amarillento y dando brillo a la piel afectada. Pero Luis ya no se limitó a la zona enrojecida, sino que empezó a extenderla en el resto del muslo de mi mujer, con círculos mayores, cada vez más cercanos a su sexo. Era tal el atrevimiento del hombre que ella tuvo que retirarle la mano cuando la caricia iba a alcanzar la única parte del bikini que aún llevaba encima, posándola de nuevo donde la picadura. Pese a ello, él reinició la ansiada exploración y esta vez llegó a alcanzar por unos instantes la zona púbica de mi esposa, justo antes de que ella le cogiera de nuevo la mano y la devolviera a su lugar adecuado, pero en esta ocasión sin soltarla, con lo que una de sus dos tetas quedó por completo al descubierto.

Luis alzó la mirada cruzándola unos instantes con la de Claudia. Luego se deleitó un buen rato observando el pecho desnudo de mi esposa. El pezón aparecía grande y turgente, mostrando los síntomas evidentes de su excitación. También la polla de Luis sufría esos efectos, sin que el pareo pudiera ya tapar su creciente erección. Fue ésta la última ocasión de la tarde en la que dudé en intervenir. Me dolía ver a mi esposa entregándose poco a poco y a él recreándose con ella. Estaba ya casi del todo convencido de que si no hacía algo, él realmente podía llegar a follársela, pero necesitaba saber hasta donde era capaz de llegar mi sorprendente esposa. Aunque otra cosa que me resultaba sorprendente y desconcertante era que la polla de Luis no era la única que se ponía en marcha.

Claudia se mantenía callada e inmóvil, y enrojeció de nuevo, sintiendo la devota y directa mirada masculina sobre su cuerpo. La mano de Luis comenzó de nuevo a reptar muslo arriba, sin que le importara tenerla agarrada por la de ella. Esta vez no hubo nada que le impidiera llegar a su objetivo. Alcanzó el coño de mi esposa, sobre el bañador, y tanteó a placer la zona del pubis y las ingles. Claudia se estremeció al contacto, cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás. Soltó la mano inquieta de Luis y se agarró a los bordes de la tumbona con las suyas. Sus dos tetas quedaban ahora generosamente a disposición total del macho y él no despreció la oportunidad. Dejó la silla y se arrodilló junto a ella. La tela del bikini no era ya obstáculo para que su mano palpara directamente por dentro el chocho de mi mujer. La otra se apoderó de una de las tetas y su boca de la otra, sobándolos y besándolos en su totalidad. Luis empujó suavemente con la testa para conseguir que Claudia quedara tumbada sobre el respaldo inclinado de la tumbona, en la mejor disposición para que él buscara con sus besos el cuello, las mejillas y por fin la boca de mi mujer.

Claudia correspondió excitada a su amante, y ambos se besaron usando sin reparo labios y lenguas. Mientras se besaban, ella le obsequió aun más, abriendo sus piernas e incitándole a acariciarla en su parte más intima, algo que Luis hizo de inmediato, arrancándole mayores y excitantes estremecimientos cuando las caricias se concentraron en su clítoris y en el orificio vaginal, donde él la follaba en ocasiones con un par de dedos, investigando la zona por la que sin duda pensaba tirársela después.

El beso fue largo y excitante, sobre todo para mi chica, asaltada en gran parte de su cuerpo por las voraces manos de Luis que iban y volvían sin cesar a los lugares más preciados y excitables, sus pezones y su raja. La entrega de mi esposa era ya total y el que él se la tirara parecía sólo cuestión de tiempo.

Luis se incorporó, se quitó el m*****o pareo y se quedó así, de pie, un buen rato. Claudia contemplaba con auténtica devoción y sin pudor alguno el inmenso pollón que él le ofrecía.

- Mira lo que has hecho, niña mala - le dijo él con descaro ¿te parece bien calentarme de este modo?

- ¡Qué cabrón eres! - contestó ella, sin dejar de contemplar el cuerpo desnudo y sin vello alguno del tío, y añadió con un modo de hablar nuevo para mí, lleno de vicio y lujuria - tú eres el culpable, no cumpliste lo pactado. Me miraste las tetas y luego me las has tocado, y el chocho también. Me has puesto caliente. ¡Te lo mereces!

- Pues habrá que hacer algo ¿no? Esto no puede quedarse así.

- ¿Qué? ¿Me quieres follar? - preguntó ella llena de ansia y deseo.

- De momento me quiero comer tu precioso y regordete coñito.

Luis, sin más preámbulos, se abrió paso entre sus muslos y puso su cara frente al rico y jugoso bocado que quería llevarse a la boca, algo que yo mismo había querido hacer tantas veces y que por miedo a su posible reacción jamás le había propuesto a mi querida Claudia. Le quitó el bikini y hasta yo pude cerciorarme de lo mojado que estaba el coño de mi mujer, sobre todo los no muy abundantes pelos que apenas podían esconder su alargada raja. Se quedó un buen rato mirando el sexo recién descubierto, explorando sus rincones, sus prominentes y mojados labios, su vagina enrojecida por la excitación. Tanto le gustaba el espectáculo que ella parecía impacientarse:

- ¿De verdad que vas ser capaz de lamérmelo? - preguntó, tal vez dudando realmente que él lo hiciera.

Luis no contestó, simplemente bajó su cabeza y sus labios y lengua hicieron el resto, provocando que Claudia se contorneara y gimiera, presa del placer, dejándome además aún más como un idiota cuando, en medio de la comida de coño, exclamó roncamente:

- ¡Joder que gusto! ¡Qué maravilla esa lengua! - y añadió mientras hundía desesperadamente con sus manos al amante en su sexo - no sabes el tiempo que llevo esperando para saber qué se siente cuando te comen el chocho.

Yo no veía las maniobras de Luis, pero me las imaginaba. Su cabeza se movía enterrada en el sexo de mi esposa, arrancándole continuos gemidos de gusto. Noté que se acercaba el orgasmo de Claudia y entonces él paró, dejándola con las ganas.

- ¿Qué haces? - dijo ella confusa - ¡Me iba a venir! Vamos, sigue por favor - le suplicó.

- ¡No! - replicó él - No es el momento.

- ¿Cómo que no es el momento? ¿Qué dices? Si estaba a punto.

No sé si era lo que Luis pensaba, pero me dio la impresión de que él prefería tenerla así, excitada y caliente. Dejarla orgasmar podía producir que luego ella, una vez aliviado su deseo, se negara a follar con él.

- Aún no - insistió Luis, echándose hacia atrás y sentándose en los pies de la tumbona, con su verga absolutamente parada.

La cara de Claudia mostró aún su enfado, pero duró poco. La visión del cuerpo del windsurfista, desnudo, mirándola fijamente y con el deseo a flor de piel, la cautivaba. Debió darse cuenta de que él esperaba también algo por parte de ella y se le acercó sonriendo morbosamente.

¡No podía ser verdad lo que se avecinaba! Aquello era la leche. Mi modosita y pasiva esposa se disponía a prestar sus atenciones femeninas a ese individuo al que apenas conocía. ¿Sería capaz de tocarle la polla, o peor aún, de chupársela? Tuve un escalofrío y un fuerte cosquilleo en el estómago, pero eso no hizo que mi empinado sexo se durmiera.

Claudia le plantó un buen beso en los morros y luego fue ella la que se dedicó a explorar con manos y boca el atractivo amante. Mientras le besaba el cuello y hombros, sus manos se deslizaban arriba y abajo por la parte superior del cuerpo masculino, evitando, de momento, alcanzar la desafiante espada que esperaba ansiosa las merecidas caricias. Luis echó aún más atrás su cuerpo y se sujetó a la tumbona esperando ansioso lo que yo esperaba desesperadamente que no sucediera. Pero sucedió. Los besos bajaron a los pectorales y Claudia puso una de sus manos en la polla, arrancando el primer gran suspiro de Luis. Luego le besó y mordisqueó con dedicación las tetillas, mientras sus dos manos acariciaban sin pudor la imponente verga y las pelotas, provocándole más y más suspiros.

- Que grande tienes la polla - dijo ella en voz baja, interrumpiendo brevemente sus besos – Me encanta tocártela, sentir sus venas, su piel suave - ¡Ahh!, voy a disfrutar mucho cuando me la metas.

Estas palabras calentaron aún más a Luis, que no pudo evitar poner una de sus manos en la cabeza de mi esposa, incitándola a bajar, ansiando conseguir llevar esa deliciosa boca a su polla. Claudia se dejó guiar y cuando tuvo la verga de Luis ante ella, se entretuvo un buen rato en besarla, recorriendo por el tronco y por los huevos, descubriendo en sus labios y lengua las sensaciones de una polla grande, erecta y por momento palpitante, pero sin rozar para nada el húmedo glande. Luis quería obviamente más:

- Vamos Claudia, ¿a qué esperas? - resopló ansiosamente - Métetela ya en la boca. Vamos, que me vas a matar de gusto.

- ¡No! - contesto ella con energía, dándome una pequeña alegría.

- ¿Cómo que no? Vamos, mujer. Yo te lo he hecho a ti - suspiraba él impaciente.

- ¡De chuparla ni hablar! - insistió Claudia - Lo que quiero es follar – añadió, dándole un pequeño y único besito en el capullo y echándose para atrás, colocándose para ser penetrada.

Resignado, él obedeció. Tal vez se perdía un manjar, pero el coño de mi esposa, totalmente abierto y listo para él, superaba cualquier otra cosa. Ahora sí que se iba a cumplir la promesa del tipejo ese. Se iba a follar a mi mujer, se la iba a meter, y yo ahí, mirando excitado como un cornudo gilipollas, aunque con la pequeña satisfacción de saber que al menos no iba a conseguir que se la chupara.

Luis no perdió el tiempo, de inmediato se echó sobre ella, con su herramienta bien dispuesta, buscando la puerta de entrada al excitante agujero del coño de mi esposa. No le fue difícil encontrarlo, pues bastó un pequeño empujoncito para que la humedad de su coño la deslizara sin problemas al deseado umbral. Jugó un poquito a desesperarla, rozando sus labios y su estimulado clítoris.

- Bésame - le ordenó Claudia, atrayéndole la cabeza hacia ella. Antes de besarse él contestó:

- Te voy a follar, bombón. Vas a quedar bien jodida.

Se fundieron en un beso de lenguas lujuriosas, y él la penetró de un solo golpe, produciendo un quejido de dolor en ella, que hizo que sus labios se separaran. La sacó y metió dos veces, sin poder evitar manifestar su gusto:

- Dios, qué coño más estrecho, con qué gusto me oprime la polla. Va a ser una delicia follarte.

- Vamos, empieza de una vez. Muévete - volvió a ordenarle ella, antes de besarle de nuevo - pero, ni se te ocurra correrte dentro, no vayas a dejarme preñada.

Y se la folló. Durante casi un cuarto de hora la estuvo bombeando en esa postura, acelerando o ralentizando sus embestidas, evitando que tanto él como ella se corrieran prematuramente. Para mí lo más duro era ver cómo ambos no paraban de besarse mientras se lo hacían. Tal vez un equivocado concepto mío del beso como algo puramente amoroso y de poca carga sexual me engañaba. Era evidente que ahí había poco amor y mucho sexo, y el beso formaba parte de ese pastel sexual que ambos se estaban comiendo. En cambio ver la gruesa picha de ese individuo moverse adentro y afuera del suculento chocho de mi mujer y el deleite que demostraban ambos con ello, me excitaba sin remedio.

Cambiaron de postura un par de veces, siendo siempre Luis el director de orquesta, sin que se dijeran nada. Sólo se oían los suspiros, gemidos, a veces casi gritos, de ambos, sobre todo cuando el ritmo de la follada alcanzaba sus cotas más intensas.

Tras más de media hora de ininterrumpida follada, él hombre puso a Claudia tumbada boca abajo sobre la tumbona, dejando el trasero empinado para follársela al estilo perrito. Era preciosa la imagen del trasero blanco de mi esposa, contrastando con el bronceado cuerpo de su amante. Luis le sobó con ganas y fuerza los cachetes y pasó sus dedos por la raja de su culo y coño, creo que dudando si intentar forzar aún más la situación y penetrarla por el ano, otra de mis fantasías insatisfechas, que ni los días que me fui de putas llegué a cumplir, y de la que tampoco tenía duda alguna de que mi esposa fuera capaz de practicar.

No sé si Luis pensó lo mismo, pero el caso es que al final optó de nuevo por el estrecho coño y reinició la follada, ahora con un ímpetu descomunal, tirando de ella hacia atrás de la cintura mientras le clavaba sin piedad su estaca. Cinco minutos de brutales embestidas hicieron que mi esposa se pusiera a gritar y a agitarse de un modo histérico, corriéndose de una forma que yo jamás había visto. Incluso la oí decir varias veces la palabra "cabrón" entre grito y grito, refiriéndose, claro está, al tío que tanto placer le estaba proporcionando follándosela, aunque quizás el que más merecía ese apelativo era sin duda su marido oculto, viéndola orgasmar como una loca, dominada por ese musculoso macho.

Luis no bajó el ritmo de sus movimientos, tras correrse Claudia, y temí que eyaculara dentro de su coño. Hubiera querido avisarla a Claudia para que lo impidiera, pues ella aún estaba bajo los efectos de su reciente orgasmo y sacudida como una muñeca. De repente Luis sacó su arma del coño de mi mujer y la intentó ensartar en su ano, a lo bestia. Estaba tan dura que consiguió introducir algo del glande, pero no más. La brutal acción hizo reaccionar por fin a mi esposa que al sentir esa polla en el culo se movió lo suficiente para impedir una nueva intentona de él.

- ¿Qué haces, bruto? - le espetó con rudeza

- Deseo correrme Claudia, me has dicho que no puedo en el coño, y había pensado que tal vez …

Luis no terminó la frase, seguramente algo arrepentido por su incontrolado ardor. Mi esposa lo notó y suavizó la situación:

- Está bien. Ya sé que tú aún no te has venido y que debes estar deseándolo - y añadió con una dulce sonrisa - yo me he quedado más que satisfecha con ese pollón que me has metido dentro. Y tú también mereces quedarte bien a gusto, pero, podías avisar antes de hacer algo así. La tienes demasiado gorda y más para un culito virgen como el mío.

No me gustaba lo que estaba oyendo. O me equivocaba o mi esposa le invitaba a sodomizarla y correrse dentro de su culo. Hasta eso parecía ser ella capaz de hacer. Luis entendió lo mismo que yo, evidentemente, y buscó confirmar su permiso.

- Lo siento de veras, pero mira cómo estoy - y enseñó a mi esposa su picha, esplendorosa y sin perder nada de su rigidez. Luego señaló el trasero de ella y la halagó - tienes un culo tan divino, como el resto de tu cuerpo. Déjame que me lo folle.

Mi esposa no contestó, simplemente se volvió a colocar en la misma posición y esperó a que el la sodomizara. Luis lo intentó, pero no iba ser tarea fácil. Mi esposa estaba tensa, y la penetración se hacía muy complicada. La erección del macho empezó a decaer ante la dificultad. Claudia, dolorida, se dio la vuelta quedando frente a él y le dijo:

- Creo que no estoy ahora en situación de que me encules. Es mejor que me la metas y te salgas justo antes de correrte - le propuso ella, razonablemente.

Luis se empezó a masturbar para mantener tiesa su polla, dudando qué hacer. Al final hizo otra propuesta:

- No me gusta mucho esa opción. Prefiero correrme entre tus grandes tetas. Son otras de tus muchas virtudes.

- ¿Quieres una cubana? - Preguntó ella, sorprendiéndome con el conocimiento de tan peculiar práctica sexual. No es necesario que diga que con los pechos que ella tiene, más de una vez me vino la idea de hacerme una paja entre ellos. En fin, eso sí lo hice con una prostituta.

- Me encantará - contestó él decidido.

Tomó las tetas de mi esposa entre sus manos, apoyó su polla al canalillo y la escondió entre aquellas, empezando la cubana que debería llevarle al deseado orgasmo.

Luis se pajeaba entre las grandes tetas de mi esposa, pero noté que él iba subiendo su cuerpo poco a poco y que su pollón asomaba cada vez más fuera del hermoso desfiladero en el que se estaba dando placer, acercándose al rostro de mi esposa. Claudia le miró a los ojos y él debió entenderlo como una advertencia pues de inmediato retrocedió, ocultando de nuevo su instrumento entre los hermosos pechos. Aún así, repitió la jugada y de nuevo la mirada de ella le reprimió. Hubo una tercera intentona que acabó de igual modo y Luis debió pensar que era mejor no correr más riesgos y correrse en ese maravilloso valle, no intentando ya salir de él.

Pero ahí estaba mi esposita, demostrándome una vez más que sexualmente no la conocía en absoluto y que tenía tantas fantasías ocultas como yo mismo.

- ¿Quieres correrte sobre mi cara? - preguntó de repente a su amante, con voz maliciosa y pícara.

Luis, se detuvo en seco, tan sorprendido como yo, al escuchar la propuesta obscena de mi esposa.

- No me hablas en serio, ¿verdad? - y tras una breve pausa, siguió - ¿Me dejarías? - preguntó, todo ilusionado, pero no del todo convencido de que lo que había oído era real.

- Bueno, es una buena proposición, ¿no? Creo que a los tíos os pone mucho hacer esa guarrada, y supongo que mucho más si se lo podéis hacer a una cándida e inocente mujercita casada e infiel, como yo - Claudia parecía divertida con el asombro de su amante - te voy a contar un secreto, a mí me está poniendo mucho la idea de ver tu polla escupiendo semen y mojándome la cara - y recorriendo morbosamente la lengua sobre sus labios, le animó innecesariamente - ¡Anda, que lo estás deseando! ¿Qué dices? ¿Te animas?

- No me lo puedo creer - dijo Luis esbozando una incontrolada y viciosa sonrisa - qué zorra eres Claudia. Claro que me apetece, tus palabras de puta casi hacen que me corra ya, pero me lo voy a tomar con calma. Voy a disfrutar del momento que tan morbosamente me ofreces, cumpliendo tu deseo y el mío. Tranquila, que tengo mucha leche reservada para ti. Vas a quedar satisfecha.

Dio un paso adelante y acercó su espada al rostro de Claudia, reanudando la paja, ahora más despacio, cruzando sus ojos con los de ella, gimiendo y resoplando levemente. Con la mano libre le sobaba uno de los pechos, concentrándose en su pezón.

Mi mujer alternaba sus miradas a los ojos de su excitado amante y a los movimientos de la mano de él en su polla, movimientos que se iban acelerando irremediablemente, conforme aumentaba su gusto. Las delicadas manitas de Claudia subían y bajaban por los muslos de Luis, acariciándolos y toando con los dedos, en las subidas, sus repletas pelotas.

- Me encanta mirar esos ojos de placer mientras te masturbas, y esa polla tan gorda, palpitando sobre mí, lista para derramarse en mi cara - Claudia parecía haberle cogido gusto a hablarle así a Luis. Se daba cuenta del efecto excitante de sus palabras, provocando que subiera el ritmo de su paja. Además no dejaba de mirarle a los ojos con una expresión de vicio para mí desconocida.

- Si sigues hablándome y mirándome así vas a hacer que me corra ya - dijo Luis, frenando sus movimientos e intentando controlarse un poco.

- ¿Me dejas que te la menee yo un ratito? - le dijo Claudia con un encantador tono de niña melosa, capaz de derretir a cualquiera.

- ¡Claro! Es toda tuya. Agárrala con fuerza y sigue pajeándome, como una buena puta, que es lo que pareces.

Claudia le cogió el nabo con una mano y los huevos can la otra, empezando un meneo rítmico y sostenido. Luis bufaba y se retorcía, entornando los ojos para no ver los de Claudia que seguían fijos en lo suyos. Ella paró segundos para calmarle y luego siguió masturbándole, ahora con las dos manos, encerrando la polla de Luis entre ellas.

- Vamos - dijo él, casi con un hilo de voz, apoyando instintivamente sus manos en el pelo de mi esposa - sigue así. Dame gusto, cabrona. ¡Joder, como me la meneas!

Mi esposa bajó la mirada a la herramienta de Luis, sin dejar de masturbarle, y contestó:

- Qué maravilla de pollón, tan grande, tan tieso y tan caliente. Cuanto más tiempo la toco, mas me atrae. Buff, la verdad es que no sé si… - dejó ahí la frase, siguió contemplando unos segundos la verga de Luis, y se la acercó decidida a la boca, metiéndose entre los labios el grueso capullo y una pequeña parte de su tronco, sin dejar de meneársela.

Luis abrió los ojos al sentir la humedad de la boca de mi esposa sobre su polla, y miró extasiado el espectáculo que ella le ofrecía, mamándosela y masturbándole a la vez.

- ¡Dios, que delicia por favor! ¡Me la estas chupando! -exclamó entre suspiros - creía que no te gustaba la idea.

Claudia se sacó el pollón de la boca para hablar:

- ¿Quién ha dicho eso? Antes no te la chupé porque tú me habías dejado con las ganas de correrme - contestó, tras dar dos profundos lametones cubriendo todo el glande - pero tu polla es como un imán - ahora cubrió el capullo por completo y succionó antes de soltarlo - y yo tenía que probar de una puta vez la consistencia de una buena polla entre mis labios. Y me gusta, me gusta mucho sentir su dureza en mi paladar. Creo que voy a seguir mamándotela - y se le metió de nuevo para chuparla.

- ¡Qué puta! Así que antes me castigaste. Tal vez me lo merecía, pero ahora me merezco que me la sigas chupando hasta que me corra en tu cara. A una buena esposa infiel siempre le gusta mamar pollas, sobre todo si no son las del marido - Luis ya movía instintivamente la cabeza de Claudia, acompasándose a las penetraciones que ella dirigía - venga sigue chupando hasta que me corra, no vaya a ser que te arrepientas.

Pero estaba claro que Claudia no se iba a arrepentirse en absoluto. Su cara reflejaba una expresión distinta, no sólo de querer dar gusto, sino de estar recibiéndolo también ella. Cada vez se introducía algo más la gruesa polla de Luis y ya apenas le masturbaba con las manos, utilizando en cambio los labios y seguramente la lengua para dar y recibir más placer.

- Me estoy excitando - susurró ella soltando la verga y llevando una de sus manos a su coño y la otra al trasero de él.

Luis probablemente agradeció que ella le soltara, pues ahora tenía plena libertad para moverse a su gusto, al ritmo que quisiera, utilizando o no sus manos para masturbarse, mientras ella se la mamaba. Decidió no pajearse con sus manos, concentrando sus esfuerzos en mover sus caderas adelante y atrás, follándosela por la boca, mientras le acariciaba el rostro con ambas manos. Sus primeros empujones fueron incluso algo delicados, cuidando de no introducir más polla de la debida en tan deliciosa boca, pero como todo hombre excitado, y él lo estaba, y mucho, su delicadeza se fue transformando en una creciente rudeza, espoleado por los prolongados gemidos guturales de Claudia, que seguía masturbándose, y porque parecía que ella le animaba con la mano en su trasero a penetrarla más salvajemente entre los labios. El tío disfrutaba sin duda como un cerdo.

Durante cinco largos minutos, Luis se la folló por la boca a placer, entre constantes exclamaciones de gusto por parte de ambos, consiguiendo, para mi sorpresa, que, sin aparente esfuerzo ni oposición, una gran parte de su pollón se enterrara una y otra vez en la boca de Claudia,. Era sorprendente su aguante, pero llegó un momento en el que él ya deseaba venirse, y se frenó, sacando su polla del exquisito aposento cuyos rincones había explorado en su totalidad. Masturbándose suavemente se dirigió a Claudia:

- Estoy disfrutando como un enano, zorrona. Ni en mis mejores sueños habría imaginado tener a una bella hembra casada como tú, recién estrenada en la infidelidad, tan a mi merced - Luis se agachó para darle un buen morreo en la boca y se incorporó de nuevo - ahora voy a correrme. Dime Claudia, ¿sigues queriendo que lo haga sobre tu cara? ¿O tal vez prefieres que te llene la boquita de leche? Tú eliges, putita mía.

Mientras Luis le decía estas palabras, Claudia se masturbaba a gran velocidad, ahora con ambas manos. Le costó mirar a Luis y concentrarse en contestar:

- Córrete donde quieras, en la cara, en la boca, en las tetas, me da igual. Quiero saber que se siente con un tío eyaculando sobre mí. ¡Ahhhh! - Claudia soltó un gemido, más grande, tal vez imaginando el anunciado final - Hazlo donde más te guste, cabrón, pero dame tu semen de una puta vez. Vamos, lléname de lefa ya - terminó gritando, con desesperación.

- ¡Vamos a ello! - exclamó él con aire de triunfo - hace dos semanas que no me tiro a una mujer ni he tenido tiempo de hacerme una buena paja. Vas tener una buena ración de leche, putita.

Luis arrimó la punta de su nabo a la cara de Claudia y la restregó unos instantes por ella, como si la estuviera pintando, antes de volver a penetrarla entre los labios y reiniciar una rápida y potente follada que en menos de un minuto le llevó al borde del orgasmo. Debió elegir el rostro de Claudia como lugar donde eyacular, pues la sacó para pajearse fuera de ella, a escasos centímetros. Era un excitante espectáculo ver a ambos, masturbarse y gimiendo como locos. Claudia se frotaba el coño con una de sus manos, mientras que con la otra se acariciaba una de sus tetas. Luis hacía lo propio en su nabo, y con la otra mano se dedicaba a estimular el excitado pezón del otro pecho de mi esposa.

Finalmente Luis dio el inequívoco y prolongado suspiro que anunciaba el inicio de su corrida, manteniendo su cuerpo en su tensión, antes de que al relajarse, con un enorme gruñido, lanzase su primer y potente disparo de esperma que se estrelló con violencia en la nariz y en la frente de mi chica, resbalando el semen rápidamente hacia abajo, mojando su labio superior y entrando en su preciosa boca abierta. Los dos siguientes chorros, tan abundantes y violentos como el primero, entraron directamente en la boca de Claudia, y con toda probabilidad se estrellaron en su garganta, produciendo un respingo involuntario de mi esposa. El resto de la eyaculación, con otros cinco o seis chorros más, menos copiosos, cubrieron todas las facciones de su cara, incluidos los ojos. Luis no la había engañado, los días de abstinencia y casi una hora de continuo y desbocado sexo con un bombón como ella, se habían aliado para provocar una corrida de grandes dimensiones y abundante leche.

Luis se había ya vaciado, aunque su polla aún sufría los espasmos finales de la brutal corrida, mientras ella se afanaba, sin reparo, en obtener su propio y merecido orgasmo. Más calmado, él se dedicó a coger entre sus dedos los restos de lefa depositados en la cara de Claudia y a llevárselos a la boca. Ella, masturbándose como una posesa, recogía y saboreaba con su lengua el manjar que su amante le proporcionaba, y así entre bocado y bocado, arqueó su cuerpo y a empezó a gritar los efectos de su propia corrida, larga, estruendosa y sin duda placentera. Viéndola en este estado de frenesí, Luis ahogó sus gritos metiéndole de nuevo el nabo en la boca, empujándolo con fuerza hasta el fondo, como queriendo demostrarle así su total dominio de macho sobre ella.

Nunca había visto a mi mujer gozar de esa manera, ni hacer tantas cosas sexualmente obscenas y guarras, según nuestro habitual modo de entender el sexo entre nosotros. No voy a poner en duda que estaba cabreado con lo que había visto, pero estaba muy excitado y no me había querido correr en ese momento en el que prevalecían unas ganas enormes de aprovecharme de todo lo que había descubierto de mi esposa, durante esa tarde de infidelidad, más que de mandarla inmediatamente a la mierda, que es lo que probablemente habría hecho en circunstancias normales. Además me interesaba muchísimo ver cómo reaccionaba ella, una vez que se esfumaran los efluvios del polvazo que se había echado con el cabronazo ese y de su segunda corrida. Fueron dos minutos de callada calma, en las que tan solo Luis seguía moviendo suavemente su morcillona polla, bien dentro de la boca de mi esposa, bien rozando con ella su cara, toda pringosa. De repente sonó el móvil de Claudia, y ella, saliendo del trance, se separó con brusquedad y se levantó de la tumbona en la que él se la había follado bien a gusto. Cogió el teléfono de su bolsita de playa

- ¿Sí? Hola mamá - era mi suegra la que llamaba - ¿qué? ¡Que son las cinco y media! ¿Ya?

Normalmente ella volvía a las cinco, hora de la merienda de nuestra hija. El retraso era considerable. Seguía hablando con su madre, acelerándose más y más:

- Dile a mi marido que dé a la niña de merendar ¿Cómo? ¿Que no está en casa? ¿Hace mucho que se fue? ¡Más de una hora! ¡Ay Dios mío! Voy para allá ahora mismo.

- Esto ha sido una locura - se dijo a si misma muy nerviosamente, mientras buscaba su bikini rojo, encontrando enseguida el top del mismo - pero una locura muy muy grande - añadió. Y siguió hablando sola, mientras buscaba y buscaba por el suelo - No sé qué le voy a decir a mi esposo. Vamos, no sé ni cómo voy a poder mirarle a la cara. Además me estará buscando en la playa. ¡Uff! Tengo que lavarme la cara - la verdad es que se la veía bastante descompuesta, hablando y gesticulando casi ignorando la presencia de Luis a su lado - ¡Coño! ¿Dónde está la parte de abajo del bañador? Hay que estar chalada. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder! ¡No encuentro el maldito bikini!

Luis sonreía divertido viendo los aspavientos y palabras de Claudia, por no decir el precioso y excitante trasero que quedaba expuesto a su vista, y a la mía, cada vez que se agachaba para mirar bajo la tumbona, buscando su preciada prenda. En esos momentos ella no estaba en una situación cómoda y Luis lo sabía. Sólo él podía ayudarla.

- ¿Buscas la parte de debajo de tu bikini? - le preguntó Luis, aunque ya conocía la respuesta.

- Sí, ¿la tienes tú? - contestó Claudia, asomándose de debajo de la tumbona, donde buscaba infructuosamente.

- Claro querida. ¿Ya no recuerdas que fue yo quien te la quitó, antes de comerme tu delicioso coñito? - le dijo él, rememorando sabiamente una de las muchos placeres conseguidos poco antes con ella, algo que a mi mujer no pareció hacerle mucha gracia.

- Mira, no es momento para bromas ahora. Ya he pasado bastante tiempo aquí. Mi marido está buscándome. Debo irme cuanto antes - dijo ella, alzando la voz y mirándole desafiante - ¡Vamos! ¡Dámelo ya!

- ¡Hey, hey, menos humos! - el rictus de Luis se puso en ese momento serio - ¿Qué pasa? ¿Ya se te ha olvidado todo lo que hemos hecho? - y añadió, ahora sonriendo - ¿Acaso no te ha gustado? Yo creo que te lo has pasado muy bien, follando como una perra en celo. Es más, creo que aun lo puedes pasar mejor, si me dejas probar ese precioso culito que me estás enseñando.

Claudia se puso de pie de inmediato, ocultando su culo en pompa, pero mostrando generosamente a la vista y sin pudor su exuberante parte delantera. Seguía mostrando enfado.

- ¡Debes estar loco, tanto como yo! ¿Es que no has tenido bastante? ¡Venga, dame el bikini de una puta vez!

- ¡No! - contestó él de nuevo con semblante serio - No hasta que me digas que te ha parecido, pero me tienes que decir la verdad.

Probablemente mi esposa se dio cuenta de que no lo iba a tener fácil, si seguía con esa absurda actitud de cabreo contra quien hacía apenas unos minutos se la había follado con su absoluta complacencia y complicidad. Se lo pensó unos momentos hasta que, resignada, se sentó en la tumbona y esbozando una sonrisa, se sinceró con él, regalándole los oídos:

- Está bien Luis, para qué negarlo. Ha sido la hostia. He disfrutado un huevo. He hecho por primera vez realidad muchas fantasías que solo satisfacía masturbándome, y admito que me has follado de puta madre, que tienes un pollón delicioso y que me ha entusiasmado comerme tu rabo. Pero ahora, te lo pido por favor, debo volver a mi realidad, con mi esposo y familia.

Otra novedad para mí, ahora resultaba que mi esposa hasta se masturbaba soñando con machos, con pollas y Dios sabe con qué más. Pero más me sorprendió a continuación Luis, refiriéndose a mí.

- ¿Y por qué no pones en práctica esas fantasías con tu marido?

El gesto de Claudia, al escuchar esa proposición, reflejó muchas dudas al respecto, y sus palabras lo confirmaron:

- Si lo hago creerá que soy una puta. Siempre hemos tenido un sexo de tres al cuarto, rutinario y aburrido, sin variaciones. El es muy tradicional, no le van todas estas cosas. Después de tantos años ¿cómo voy a plantearle todo eso? No, es imposible.

- ¿Por qué no se lo dices, Claudia? - insistió él, y señalando mi posición con el dedo, siguió - tienes a tu esposo ahí al lado, asomado, y ha visto absolutamente todo lo que hemos hecho esta tarde.

Mi shock fue total, no sólo por haber sido cazado in fraganti, sino sobre todo por descubrir que el amante de mi mujer sabía en todo momento que yo le estaba viendo besarla, sobarla, comérsela entera y follársela antes de correrse en su cara y boca. Fue tal mi confusión que sólo al rato me percaté de la presencia de mi esposa a la entrada de la estrecha estancia en la que me hallaba, aún ridículamente subido al taburete. Cuando la vi, tan asombrada y perpleja como yo mismo, aunque ella con el regusto de un polvo espectacular y yo con el de unos cuernos de campeonato, me bajé del taburete y ambos salimos al lugar de los hechos. Luis no estaba allí. Debió salir, probablemente para dejarnos solos, siendo el único gesto que pude agradecerle en esa alucinante tarde.

Durante varios minutos estuvimos sentados en la tumbona del delito, uno junto al otro, sin decirnos nada. Yo no sabía por dónde empezar. Extrañamente no estaba tan cabreado como hubiera querido, para mandarla a la mierda, y tuve que esperar a que fuera ella la que lacónicamente empezara:

- ¡Dios! Por qué no evitaste que pasara todo esto. Estabas ahí, viéndolo todo y te quedaste quieto, impasible. No lo entiendo.

- Tiene gracia - contesté casi sin vacilar - de modo que no lo entiendes. Ahora resulta que el culpable soy yo por haberte dejado hacer todas las guarrerías que has hecho. ¿Qué pasa, tú no tienes nada de culpa en esto? Te recuerdo que nadie te ha obligado, tú misma te has prestado a ello, y además con gusto, realizando tus fantasías con otro hombre, con un desconocido ¿tengo yo la culpa de eso?

- Lo siento - intentó rectificar ella - Me hubiera gustado contarte mis fantasías y haberlas puesto en práctica contigo, pero no sabía cuál podría ser tu reacción. De verdad que lo siento.

- ¿Qué lo sientes? - contesté, menos malhumorado de lo que pretendía demostrar - ¿Qué es lo que sientes? ¿Haberme puesto los cuernos? ¿Morrearte, sobarte y follar con ese tío, al que encima conociste ayer? ¿Haberle comido el rabo y haber gozado como una puta mientras él descargaba toda su leche sobre ti y dentro de ti? - y lo peor que pudo pasarme fue volver a empalmarme recordando esos momentos calientes de la sesión de sexo de mi esposa y su amante. Mi bañador no era suficiente para ocultar la erección, mientras Claudia seguía in tentando disculparse:

- Ya sé que yo soy la culpable, pero de verdad que nada ha sido premeditado. Las cosas han surgido así, sin buscarlas, me fui excitando, casi sin querer, y ya todo vino de corrido - y ahí Claudia se percató de mi excitación. Me miró unos segundos con asombro y callada, antes de añadir con cierta sorna - oye ¡se te ha puesto el pito grande! - y ante mi prolongado silencio, dictó sentencia - ¡No me jodas! ¡Todo esto te excita! ¡Eres uno de esos tíos que disfruta viendo a su mujer follar con otro! ¡Increíble!

Dudé, antes de replicar, pues la verdad es que ni yo mismo lo tenía claro. Y puestos a ser sinceros, así se lo manifesté:

- Mira, Claudia, no sé si es eso lo que me excita o saber que las cosas que has hecho hoy y otras muchas más las podemos hacer juntos. Te confieso que también son fantasías mías y que ya he realizado algunas, pagando a prostitutas por ellas.

Mi esposa me miró fijamente un rato que se me hizo eterno, sin importarle aparentemente mi propia confesión de haberle sido alguna vez infiel, aunque hubiera sido con una meretriz. Luego esbozó una sonrisa, se acercó a mí, me empujó en el pecho haciendo que me retumbara en la tumbona y se arrodilló frente a mi entrepierna. Al bajarme el bañador, mi polla saltó como un resorte. Cerré los ojos, agarré sus dos grandes tetas y me dejé llevar por el maravilloso trabajo de manos, boca y lengua que Claudia inició, por primera vez, sobre mi instrumento. Era fantástico y excitante, tanto que ni me inmuté cuando, en plena mamada, escuché una voz que me susurraba al oído:

- ¡Voy a romperle el culo a tu mujer!

Apenas un par de minutos después, Claudia soltó varios gritos, con mi polla aún en su boca. Luego los gritos se convirtieron en gemidos, mientras su cuerpo se balanceaba acercándose y alejándose de mi acompasadamente y unas manos grandes y masculinas se unían a las mías, luchando por apoderarse de sus excitados pezones.... Continue»
Posted by deivid008 1 year ago  |  Categories: Voyeur  |  Views: 318  |  
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ME VOY A FOLLAR A TU MUJER!!!!

Eran casi las dos de la tarde y en la playa no había mucha gente. Desde la tumbona contemplaba a mi niña de 9 años jugar en la orilla con sus amiguitas, vigilando que no se acercara mucho al agua, pues había oleaje. De vez en cuando echaba un vistazo al periódico que ya había leído dos veces en la mañana, o simplemente cerraba los ojos dejando que el sol me diera en la cara. Aun quedaban 10 tediosos minutos para volver al apartamento, donde mi esposa, Claudia, debía estar preparando la comida con la ayuda de su madre. Hacía casi media hora que las dos se habían marchado de la playa.

De repente, una voz masculina, surgida casi de la nada, me susurró al oído una frase impactante:

- ¡Me voy a follar a tu mujer!

Sobresaltado me incorporé y vi un hombre algo alto y moreno que se alejaba de mí. No pude verle la cara, pero por detrás parecía un tipo bien plantado, musculoso y bronceado. Me quedé perplejo y con poca capacidad de reacción en esos momentos, mientras el individuo desaparecía entre las rocas que escoltaban el camino de entrada a la playa.

Pensé que se trataba de un lunático, o bien que se había equivocado de persona, pero aún así las palabras que me había soltado, tan directas y ofensivas, me rebotaron en el coco durante un buen rato, provocándome una inquietante desazón nerviosa.

Cuando llegué al apartamento, ya apenas me acordaba del episodio. Tras la comida, mi mujer acostó a la niña y me dijo que se iba a la playa. Al escucharla, saltaron en mí unas estúpidas alarmas. En realidad todos los días ella se iba a la playa a esa hora, y jamás se me había ocurrido pensar en nada extraño en ello, es más ella me invitaba a veces a acompañarla, algo a lo que yo siempre me negaba poniendo como pretexto el calorazo de esa hora.

El caso es que en esta ocasión ella no me dijo nada de acompañarla y a mí me entraron ganas de hacerlo.

- Me voy contigo - le dije muy animado.

- ¿De verdad? - respondió ella, claramente extrañada - Esto sí que es una novedad.

- Pues sí, no sé, hoy me apetece pasar un rato allí, contigo - le contesté, ocultando el auténtico y ridículo motivo.

- Que raro, siempre te quejas de que si a estas horas no hay quien aguante el sol y me dices que estoy loca, que si el sol no broncea, sino que quema, que si es mucho más saludable echar una siesta.

- ¡Vale, vale! - la corté - pero alguna vez se puede cambiar de opinión, o ¿es que no quieres que te acompañe?

- No, no, en absoluto. Por mí, encantada, así verás que no se está tan mal. Además, suele soplar una deliciosa brisa. Me doy una ducha y nos vamos para allá.

Fueron tan naturales las respuestas de Claudia que me sentí un estúpido celoso sin fundamentos. En realidad no me apetecía en absoluto volver a la playa, sino quedarme tan a gusto en el sofá vagueando con la tele y con el periódico de la mañana, leyéndolo una vez más. Pasó el tiempo necesario para que, cuando Claudia ya estaba lista, yo hubiera renunciado definitivamente a irme con ella.

- ¿Nos vamos? - me dijo, toda alegre y risueña.

- ¡Puff! Lo he pensado mejor y … creo que me voy a quedar.

- ¡Vaya hombre! ¡Yo que me había hecho ilusiones! - y me miró, como esperando algo más - ¿Por qué has cambiado de opinión? - añadió, menos sonriente.

- Es que ya me he apoltronado y se me han pasado las ganas de sol - contesté, intentando seguir siendo convincente.

Claudia manifestó por unos instantes su claro descontento, pero no insistió en llevarme con ella.

- Bueno, no sé de qué me extraño. La tele, el periódico, el mando de la tele, el periódico, la tele… je, je ¡menuda diversión! - ironizó, no con mucha simpatía - En fin, yo me voy. Si cambias de opinión, ya sabes dónde estoy.

Y Claudia se fue, meneando su culito con la feminidad que la caracteriza. Y yo me quedé ahí, en mi sofá, con la tele, el periódico, el mando de la tele…. y mi suegra.

Hasta que, tras vaguear un rato aburridamente, empecé a pensar en las palabras irónicas de Claudia, dándome cuenta de que ese podía ser uno de los pocos momentos de intimidad que podíamos tener, pese al calor. Tras diez años de matrimonio y otros cinco de noviazgo, ya había, obviamente, cierta rutina en nuestra relación de pareja y pocos momentos que aportaran algo de chispa y novedad. Tal vez acompañarla a esa jodida hora de la tarde podría romper un poco la rutina y alegrarla.

Me la imaginé allí, sola en la playa, y me entró una extraña sensación de tenerla un poco abandonada. Fue entonces cuando de nuevo retumbaron las palabras que escuché por la mañana "Me voy a follar a tu mujer". Varias preguntas surgieron en mi mente ¿Estaba suficientemente a gusto conmigo? ¿Necesitaría algo más? ¿Es posible que el tío ese de la playa se la hubiera ligado? Celos, inquietud y un extraño cosquilleo se juntaron para hacerme saltar del sofá, presto para ir a la playa con mi querida Claudia.

Al llegar, la vi tumbada sobre la arena, muy cerca de las rocas existentes en ese extremo de la playa. Casi no había nadie en la playa y antes de acercarme, me quise dar un homenaje visual. Llevaba un bikini rojo carmesí, de esos que se anudan con lazos, dejando al descubierto buena parte de sus generosos pechos. Claudia es una mujer muy atractiva, a sus 32 años, con una figura muy cuidada y de curvas muy femeninas, morena con el pelo muy liso de media melena, con facciones suaves y redondeadas y ojos marrones de color miel. Su esbeltez la hace más alta de lo que realmente es, destacando sus pechos, grandes para su figura, y los muslos, carnosos y redondos, dando también algo de contrapunto al resto de su cuerpo mucho más estilizado. Me fijé, no sé por qué, en su monte de Venus, escondido bajo la tela del bikini, abultado y sobresaliente, pese a no ser excesivamente velluda en esa zona del cuerpo.

Espiarla así, a escondidas, me hizo verla con otros ojos, y admito que me gustó, tanto que hasta empecé a empalmarme.

En ese momento salió del agua del mar un windsurfista y se acercó a mi esposa. Instintivamente retrocedí, intentando ocultarme lo más posible. El hombre llegó donde ella estaba y empezaron a conversar. Aunque estaba algo lejos vi que, por su altura y figura, el hombre podía ser perfectamente el lunático de la mañana, algo que hizo que mis nervios saltaran a flor de piel. Tras unas breves palabras él se retiró, dejando a mi mujer tan sola como antes y a mí mucho más tranquilo y dispuesto a reunirme con ella. Mientras me acercaba, de repente ella llamó con un "oye" al individuo que ya estaba a cierta distancia, y este volvió sobre sus pasos. Retrocedí otra vez, todo mosqueado, mientras él acudía presto a su llamada. De nuevo hubo unas palabras, pero esta vez Claudia se levantó, cogió su bolsa de playa, se anudó el pareo a la cintura y ambos caminaron hacia la caseta donde se apuntaban los alumnos que querían dar clases de windsurfing, entrando en ella y cerrando tras ellos la puerta. Ni qué decir tiene que me entraron unos celos terribles, pensando que tal vez lo de la mañana era cierto y que Claudia se había metido allí dentro con él para follar, sin que yo, desgraciadamente, pudiera hacer otra cosa más que esperar a que salieran de nuevo.

Apenas habían pasado un par de minutos de insufrible espera y estaba hecho un mar de dudas. Por un lado valoraba la conveniencia de entrar a saco por la puerta de la caseta, con el probable riesgo de poder meter la pata soberanamente. Por el otro podía quedarme ahí, esperando a que ellos salieran de nuevo, pero ¿Qué haría entonces? ¿Armar la de Dios, sin saber si realmente se habían acostado o no? Mientras pensaba qué hacer, involuntariamente me moví, rodeando la estancia, viendo que, adosada a la caseta por la parte posterior de aquella, había como otra estancia anexa mucho más estrecha, y una pequeña puerta de entrada a la misma.

Sin dudarlo, me colé en el estrecho recinto. No había ventanas, sólo unos ventanucos en la parte más alta de la pared contigua a la caseta principal. Pese a tener unas tenues cortinillas, permitían la entrada de la luz de aquella. Me percaté de que era el almacén donde se guardaban las tablas y velas de windsurfing, material que lo ocupaba casi todo.

Empecé a estudiar el modo de asomarme con cautela a alguno de los ventanucos, ya que mi escasa altura no me dejaba alcanzarlos sin alguna ayuda. Encontré un taburete y moví con cuidado los utensilios de windsurfing apilados en la pared para hacerme el hueco necesario. Ya me iba subir, cuando escuché con nitidez el ruido producido al abrirse una lata de bebida y la voz de Claudia diciendo "muchas gracias". Eso ya me tranquilizó y mucho más cuando al asomarme por el lateral de la cortinilla de uno de los ventanucos, al que faltaba el cristal, vi a mi esposa sentada, bebiendo tranquilamente una coca cola, mientras el "supuesto" amante silbaba tras una puerta que supuse debía ser un cuarto de baño. Tal vez era eso lo que Claudia le había pedido, ir al baño, y él, galantemente, le había ofrecido después un refresco. Me empecé a sentir de nuevo ridículo y mal pensado, dudando incluso en salir de nuevo a la playa.

Pero cuando el tío salió del baño, todo cambió. Primero porque me sorprendió ver que su traje de neopreno estaba a medio quitar, con la parte superior colgando a su espalda, mostrando su torso desnudo, bronceado, musculoso y sin vello alguno, y segundo porque a esa cercana distancia casi podía ya asegurar que el pájaro era el de la frasecita de la mañana. ¿Qué coño estaba pasando realmente allí? Miré a Claudia y la vi impasible, con su lata de coca cola en la mano, eso sí, siguiendo al tío con la mirada, mientras él cogía unas zapatillas y se metía de nuevo al baño. La cosa ya no me parecía tan inocente, ni mucho menos, y mis dudas respecto a marcharme se disiparon por completo.

Si la primera aparición del tipejo ya había sido espectacular para mí, la segunda me dejó atónito. Ahora ya salió sin su traje de faena, totalmente desnudo, mostrándose sin tapujos a la vista de mi querida esposa a la que casi se la cae la lata al verlo aparecer como Dios le trajo al mundo. La verdad es que él ni la miró, simplemente se movía por la estancia como si estuviera buscando algo. Pero la que sí miraba era Claudia. Lo hacía a hurtadillas, nerviosamente, aprovechando los momentos más propicios para no ser cazada y esforzándose en espiar sobretodo el trasero del tío y lo que colgaba en la entrepierna, una polla que, aun en reposo, presentaba unas considerables y envidiables dimensiones. Seguramente ella estaba incómoda, pero a mí me dio la impresión de que no le disgustaba en absoluto gozar de tan sugerente espectáculo visual.

El caso es que, ocultando parcialmente sus vergüenzas, el tío acabó dirigiéndose a Claudia:

- Oye, tengo un pequeño problema, mi compañero se ha llevado en su bolsa mi bañador y no vuelve hasta las seis cuando empiezan las clases. No tengo nada que ponerme.

Vaya historia absurda, pensé de inmediato. Estaba claro de que todo era una treta para exhibirse ante mi esposa. Siempre cabía la posibilidad de que se pusiera de nuevo el traje de windsurfista, o una simple toalla que seguro había en el baño. Sin embargo mi esposa no debió caer en esa posibilidad. Con la cabeza gacha, sin querer mirarle, sólo contestó inocentemente:

- Mejor será que me marche, no quiero que estés incómodo - como si ella no lo estuviera.

- Por mí no hay problema - contestó él - te hago la cura en la herida en un santiamén y listo.

Al oír al chico me acordé de que la tarde anterior Claudia vino con una herida en la pantorrilla que, según ella, se había hecho en las rocas de la playa. La herida estaba limpia y desinfectada y pensé que ella misma se la había curado. Pero era muy posible que la cura se la hiciera él, o sea que ya hubieran estado allí mismo la tarde anterior. ¡De modo que era eso! Me vino un pequeño y celoso escalofrío, pero si algo estaba claro era que ambos guardaban unas distancias más que suficientes como para pensar que hubiera habido algo lujurioso entre ellos.

- Hombre, es que no sé - replicó ella, alzando la vista y sonrojándose al toparse de lleno y de frente con la virilidad desnuda del hombre, aunque con su rabo medio escondido por sus manos. Los ojos grandes y azules de ese hombre hasta a mí me impactaron. Ella bajó de nuevo la mirada y siguió - tú estás desnudo y ¿qué quieres que te diga? A mí me da vergüenza.

- ¡Ah! Lo siento. Yo pensaba que a ti no te imponía la desnudez natural - dijo él con aparente asombro, y se lo pensó antes de seguir con una sorprendente afirmación - al fin y al cabo yo ya te he visto también a ti desnuda, aunque sólo haya sido de cintura para arriba. - y dicho esto se acercó algo más a Claudia y quitó las manos de su polla, dejándola completamente al aire.

La rotundidad de las palabras del tío me impactó. Claudia reaccionó con rapidez y algo mosqueada, cruzando su mirada con la de él:

- ¿Qué estás diciendo? Tú estás mal. ¿Cuándo me has visto a mí los pechos? ¿A qué juegas?

- ¡Oye, que es verdad! Creo que fue antes de ayer cuando hacías top-less en la playa - contestó él con la misma rotundidad que antes.

Yo esperaba una rápida réplica de mi mujer, negándolo, pero ésta, por desgracia, no llegaba. Hizo una mueca de resignación y bajó la vista, aprovechando el momento, sin poder disimularlo, pare echarle un breve vistazo al sexo de él.

- Joder, si sólo fue un ratito - dijo finalmente en voz muy baja, confirmándolo, muy a mi pesar - hay que tener mala suerte para que, por una vez que lo hago, me hayas tenido que ver.

- ¿Es la primera vez que lo has hecho? - dijo él

- Pues la verdad es que sí - contestó una Claudia algo más relajada - Era algo que hacía tiempo me rondaba la cabeza, pero ya sabes, la vergüenza, los prejuicios morales y todas esas cosas. Además mi marido nunca me habría dejado hacerlo. Es un poquito… , ya sabes, …. retrógrado.

Yo alucinaba. ¿Yo retrógrado? Pero si ella jamás me había hablado al respecto. Vamos que no sólo la habría dejado ponerse en tetas en la playa, sino que incluso alguna vez pensé en proponérselo, pero no lo hice por temor a lo ella que me pudiera decir. Menudo monumento a la comunicación de pareja.

La conversación entre ambos siguió, con una Claudia mucho más distendida y sin preocuparse tanto de la desnudez del chico.

- Así que por fin te animaste a hacerlo ¿Y qué sensación te produjo?

- No sé, la verdad es que me sentí rara, como liberada, luchando nerviosamente contra el pudor y …., - ella no terminó la frase, pero evidentemente sabía lo que quería decir.

- Hay algo más, ¿verdad? ¿Tuviste otras sensaciones? ¿Qué pasa? ¿Te cuesta hablar de ello?

- Bueno, un poco sí - Claudia, se lo pensó antes de seguir - es que es difícil de contar, me da algo de vergüenza hablar de ello, y más con alguien a quien solo conozco por haberme curado una herida, alguien del que ni tan siquiera sé su nombre.

- Luis. Me llamo Luis, y hay algo más que conoces de mí - y lo dijo mirándose a la polla, comprobando que, fugazmente, ella lo hacía también.

- Está bien - se animó por fin ella - reconozco que la situación me excitó. ¡Ya está! ¡Ya lo he dicho! - concluyó, alzando la voz, con satisfacción - Lo que no sé es si es normal o no.

- La cuestión es si lo que te excitó fue el hecho de exhibirte. Esa es la pregunta que te debes contestar. A muchas mujeres les pone eso de exhibirse.

Cada vez me gustaba menos el cariz que estaba tomando el asunto. Claudia se había abierto con ese individuo como nunca lo había hecho conmigo, destapando algunos secretos que ni yo conocía, y lo peor es que parecía gustarle haber encontrado en un extraño al confidente ideal, un extraño que conversaba con ellas en pelotas. Incluso empezó a llamarle por su nombre.

- ¿Qué quieres que te diga, Luis? Para qué negarlo. Claro que me gustó sentir la excitación de lo prohibido, y de estar medio desnuda a la vista de cualquiera, aunque fuera en la naturalidad de una playa donde ya hay muchas mujeres que hacen top-less.

- Pues si en la playa tuviste esa sensación, ¿qué crees que sentirías si descubrieras aquí y ahora mismo, tus pechos, con un hombre también desnudo, a apenas un par de metros de ti, en un recinto cerrado? ¿Te lo Imaginas?

Las palabras de Luis, invitándola a volar con su imaginación, parecían sin duda cautivadoras para Claudia. Pese a la tela del bikini no era difícil constatar cómo ahora se marcaban sus grandes pezones El también se dio cuenta sin duda de que la situación era excitante para mi mujer. Otra cosa era que ella tuviera la valentía de llevar a cabo algo así. Como ella se mantenía callada, escondiendo sus íntimos pensamientos, Luis la tentó aún más, de un modo más directo y obsceno.

- Mira te hago una propuesta. Tú te quitas la parte de arriba del bikini y me dejas el pareo para que yo me cubra la polla y el culo.

- A ver, creo que estamos llevando las cosas algo lejos ¿no te parece? - contestó ella, tras pensárselo un rato y sin parecer excesivamente convencida - una cosa es imaginar y otra muy distinta es actuar.

- Tienes razón, son cosas distintas, pero la realidad es la que vale, la que te permite comprobar tus auténticas sensaciones - argumentó él poniéndose en plan filósofo, antes de ir de nuevo al grano - Mira, solo serán unos minutos, el tiempo justo para limpiarte la herida. Luego te marchas ¿Qué te parece la idea?

Supongo que ya había llegado la hora de que yo interviniera, pues era evidente que el amigo Luis estaba ya jugando fuerte sus cartas, con la clara de intención de ir envolviendo a Claudia en sus seductoras redes. No me imaginaba a Claudia desnudándose ante él, ella era una mujer abierta y simpática, pero, sexualmente reprimidilla, de las de polvito en la posición de misionero y poco más. Algunas de mis fantasías sexuales sólo las había podido poner en práctica, yéndome un par de veces de putas, nunca con mi esposa. El caso es que, sorprendentemente para mí, ella ahora callaba y dudaba, supongo que debatiéndose entre el pudor y el morbo de lo prohibido. Y como me interesaba demasiado conocer su reacción final, preferí estarme quietecito. Sucedió, claro está, lo que menos quería.

- Está bien, pero prométeme que no vas mirar y que en cuanto me cures la herida, me pongo de nuevo el bikini ¿vale?

- Mujer, a lo mejor a mí también se me se me escapa una miradita - contestó con un cierto aire de triunfo y haciéndole ver que no estaba siendo ajeno a sus fugaces actos de voyeur, antes de sentenciar - de acuerdo Claudia, procuraré no mirar.

¡Ya! Pensé yo. Menudo caradura, seguro que no sólo iba a mirar todo lo que pudiera, sino que iba a intentar algo más después. Incluso me pareció que su polla comenzaba a inquietarse, algo por otro lado normal, ante la morbosa situación que se estaba cociendo allí dentro. Claudia dudó algo más, pero aquello decididamente no tenía ya vuelta atrás. Se desató el pareo que aún llevaba anudado a su cuerpo y se lo dio a Luis ordenándole nerviosamente:

- Toma, aquí tienes el pareo. Date la vuelta y no te gires hasta que yo te diga. ¡Y no mires!

- ¡Vale! - dijo Luis, cogiendo la prenda anaranjada y semitransparente que le ofreció mi esposa y dándose obedientemente la vuelta, mientras añadía - por cierto, aún no sé cómo te llamas tú.

- Claudia - contestó ella sin más.

Y mientras comenzaba a desabrocharse la parte suprior de su bikini rojo, aprovechó la ocasión de estar él de espaldas, para contemplar a placer el trasero masculino, firme, rotundo y musculoso que se le ofrecía mientras el hombre se afanaba, seguro que con deliberada torpeza, en cubrirse sus partes nobles.

Vaya, vaya con mi esposa, pensé, viendo que no se cortaba un pelo observando ese culo masculino con aparente deleite. Cuando terminó de despojarse de la prenda, la colocó en la mesa y cubriéndose las tetas con los brazos, esperó a que él se tapara antes de darle permiso para girarse.

- Bien, ya está. ¿Me haces la cura en la herida?

El no se giró todavía. Se acercó a un pequeño armarito bajo con el símbolo de la cruz roja. Iba ridículamente ataviado con el pareo que, no demasiado bien colocado, le tapaba lo justo, sin contar que se transparentaba un montón. Cogió un pequeño botiquín y por fin se dio la vuelta para acercarse a mi esposa, actuando con naturalidad, intentando amortiguar el incipiente sonrojo de Claudia.

- Y bien Claudia ¿qué tal estás ahora? - le preguntó sin mirarla directamente, arrodillándose a sus pies para iniciar la cura en la pierna. Ella estaba muy tensa, se notaba en sus piernas cruzadas y en el modo en que se abrazaba fuertemente los pechos para ocultarlos a su particular enfermero.

- Extraña - acertó a decir, mientras se acentuaba su sonrojo - esto es algo muy nuevo para mí. Supongo que es cuestión de acostumbrarse, de tomarlo con naturalidad - añadió intentando autotranquilizarse.

- Aún está algo infectada - siguió él, recorriendo con sus ojos las piernas de mi mujer, sin hacer comentario alguno a lo recién escuchado - oye, y aquí ¿qué te ha pasado? - dijo, señalando el muslo de Claudia en el que por la mañana le había picado una medusa.

- ¿Eso? Una medusa que me atacó a traición.

- ¿Y no te duele? Esas picaduras suelen ser jodidas. No eres la primera a la que pica una medusa. Cada día atendemos a alguno más, pero tengo aquí una pomada que es mágica, te lo aseguro.

Fue en ese momento cuando él levantó la vista por primera vez, descubriendo la peculiar pose de Claudia y el encantador color carmesí de sus mejillas. No disimuló para nada un directo recorrido visual a Claudia, poniendo especial atención a la zona de sus pechos que, pese a los intentos de ella por cubrirlos, dejaban al aire sugerentes y redondas zonas. Claudia se estremeció leve e involuntariamente.

- Ponte mejor allí - le dijo Luis, señalando una tumbona de playa que estaba justo debajo del ventanuco desde el que yo espiaba ensimismado.

Aquello había sonado como una orden y mi esposa obedeció sin objeción alguna, levantándose de la silla y sentándose en la tumbona. Luis hizo lo propio en la silla, a su lado y frente a mi vista. Le cogió las piernas por las pantorrillas y las extendió en la tumbona, haciéndola perder el equilibrio. Para recuperarlo Claudia tuvo que agarrarse al borde de la tumbona enseñando por unos instantes uno de sus pechos y su gran pezón, detalle que no pasó inadvertido a los ojos de Luis. El reanudó su tarea de curandero lentamente, con la parsimonia necesaria para mantener el encanto del morboso momento. Al sentarse no se había preocupado de bajarse el pareo y yo descubrí de nuevo a mi esposa aliarse con lo prohibido, espiando con cautela la polla de ese individuo, que, para suerte y gozo de ella, quedaba parcialmente al aire.

Desconocía el rumbo que iba tomar aquello, pero algo me decía que la cura no iba a ser lo único que él iba a hacerle a ella. "Me voy a follar a tu mujer" sus palabras sonaron de nuevo fuertes y punzantes en mí, y por primera vez empecé a convencerme de esa posibilidad imaginándomelo lanzándose ya a lo bestia sobre ella, casi violándola.

- Ya está limpia, Claudia - dijo él de repente, con un tono susurrante y tranquilo, destrozando mis violentas imaginaciones y no sé si también las de mi esposa, que tuvo por fin que dejar de mirar donde no debía para fijarse en la herida ya apañada.

- Bien, vamos ahora a lo otro - volvió a intervenir con igual tono, sin que a mí me quedara muy claro si se refería a lo de la medusa o a algo mucho más atrevido.

Luis rozó suavemente con la yema de un dedo la zona de la picadura, a medio muslo y Claudia se agitó levemente. Ya con la pomada en los dedos, estos se movieron con más presión, extendiendo el ungüento amarillento y dando brillo a la piel afectada. Pero Luis ya no se limitó a la zona enrojecida, sino que empezó a extenderla en el resto del muslo de mi mujer, con círculos mayores, cada vez más cercanos a su sexo. Era tal el atrevimiento del hombre que ella tuvo que retirarle la mano cuando la caricia iba a alcanzar la única parte del bikini que aún llevaba encima, posándola de nuevo donde la picadura. Pese a ello, él reinició la ansiada exploración y esta vez llegó a alcanzar por unos instantes la zona púbica de mi esposa, justo antes de que ella le cogiera de nuevo la mano y la devolviera a su lugar adecuado, pero en esta ocasión sin soltarla, con lo que una de sus dos tetas quedó por completo al descubierto.

Luis alzó la mirada cruzándola unos instantes con la de Claudia. Luego se deleitó un buen rato observando el pecho desnudo de mi esposa. El pezón aparecía grande y turgente, mostrando los síntomas evidentes de su excitación. También la polla de Luis sufría esos efectos, sin que el pareo pudiera ya tapar su creciente erección. Fue ésta la última ocasión de la tarde en la que dudé en intervenir. Me dolía ver a mi esposa entregándose poco a poco y a él recreándose con ella. Estaba ya casi del todo convencido de que si no hacía algo, él realmente podía llegar a follársela, pero necesitaba saber hasta donde era capaz de llegar mi sorprendente esposa. Aunque otra cosa que me resultaba sorprendente y desconcertante era que la polla de Luis no era la única que se ponía en marcha.

Claudia se mantenía callada e inmóvil, y enrojeció de nuevo, sintiendo la devota y directa mirada masculina sobre su cuerpo. La mano de Luis comenzó de nuevo a reptar muslo arriba, sin que le importara tenerla agarrada por la de ella. Esta vez no hubo nada que le impidiera llegar a su objetivo. Alcanzó el coño de mi esposa, sobre el bañador, y tanteó a placer la zona del pubis y las ingles. Claudia se estremeció al contacto, cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás. Soltó la mano inquieta de Luis y se agarró a los bordes de la tumbona con las suyas. Sus dos tetas quedaban ahora generosamente a disposición total del macho y él no despreció la oportunidad. Dejó la silla y se arrodilló junto a ella. La tela del bikini no era ya obstáculo para que su mano palpara directamente por dentro el chocho de mi mujer. La otra se apoderó de una de las tetas y su boca de la otra, sobándolos y besándolos en su totalidad. Luis empujó suavemente con la testa para conseguir que Claudia quedara tumbada sobre el respaldo inclinado de la tumbona, en la mejor disposición para que él buscara con sus besos el cuello, las mejillas y por fin la boca de mi mujer.

Claudia correspondió excitada a su amante, y ambos se besaron usando sin reparo labios y lenguas. Mientras se besaban, ella le obsequió aun más, abriendo sus piernas e incitándole a acariciarla en su parte más intima, algo que Luis hizo de inmediato, arrancándole mayores y excitantes estremecimientos cuando las caricias se concentraron en su clítoris y en el orificio vaginal, donde él la follaba en ocasiones con un par de dedos, investigando la zona por la que sin duda pensaba tirársela después.

El beso fue largo y excitante, sobre todo para mi chica, asaltada en gran parte de su cuerpo por las voraces manos de Luis que iban y volvían sin cesar a los lugares más preciados y excitables, sus pezones y su raja. La entrega de mi esposa era ya total y el que él se la tirara parecía sólo cuestión de tiempo.

Luis se incorporó, se quitó el m*****o pareo y se quedó así, de pie, un buen rato. Claudia contemplaba con auténtica devoción y sin pudor alguno el inmenso pollón que él le ofrecía.

- Mira lo que has hecho, niña mala - le dijo él con descaro ¿te parece bien calentarme de este modo?

- ¡Qué cabrón eres! - contestó ella, sin dejar de contemplar el cuerpo desnudo y sin vello alguno del tío, y añadió con un modo de hablar nuevo para mí, lleno de vicio y lujuria - tú eres el culpable, no cumpliste lo pactado. Me miraste las tetas y luego me las has tocado, y el chocho también. Me has puesto caliente. ¡Te lo mereces!

- Pues habrá que hacer algo ¿no? Esto no puede quedarse así.

- ¿Qué? ¿Me quieres follar? - preguntó ella llena de ansia y deseo.

- De momento me quiero comer tu precioso y regordete coñito.

Luis, sin más preámbulos, se abrió paso entre sus muslos y puso su cara frente al rico y jugoso bocado que quería llevarse a la boca, algo que yo mismo había querido hacer tantas veces y que por miedo a su posible reacción jamás le había propuesto a mi querida Claudia. Le quitó el bikini y hasta yo pude cerciorarme de lo mojado que estaba el coño de mi mujer, sobre todo los no muy abundantes pelos que apenas podían esconder su alargada raja. Se quedó un buen rato mirando el sexo recién descubierto, explorando sus rincones, sus prominentes y mojados labios, su vagina enrojecida por la excitación. Tanto le gustaba el espectáculo que ella parecía impacientarse:

- ¿De verdad que vas ser capaz de lamérmelo? - preguntó, tal vez dudando realmente que él lo hiciera.

Luis no contestó, simplemente bajó su cabeza y sus labios y lengua hicieron el resto, provocando que Claudia se contorneara y gimiera, presa del placer, dejándome además aún más como un idiota cuando, en medio de la comida de coño, exclamó roncamente:

- ¡Joder que gusto! ¡Qué maravilla esa lengua! - y añadió mientras hundía desesperadamente con sus manos al amante en su sexo - no sabes el tiempo que llevo esperando para saber qué se siente cuando te comen el chocho.

Yo no veía las maniobras de Luis, pero me las imaginaba. Su cabeza se movía enterrada en el sexo de mi esposa, arrancándole continuos gemidos de gusto. Noté que se acercaba el orgasmo de Claudia y entonces él paró, dejándola con las ganas.

- ¿Qué haces? - dijo ella confusa - ¡Me iba a venir! Vamos, sigue por favor - le suplicó.

- ¡No! - replicó él - No es el momento.

- ¿Cómo que no es el momento? ¿Qué dices? Si estaba a punto.

No sé si era lo que Luis pensaba, pero me dio la impresión de que él prefería tenerla así, excitada y caliente. Dejarla orgasmar podía producir que luego ella, una vez aliviado su deseo, se negara a follar con él.

- Aún no - insistió Luis, echándose hacia atrás y sentándose en los pies de la tumbona, con su verga absolutamente parada.

La cara de Claudia mostró aún su enfado, pero duró poco. La visión del cuerpo del windsurfista, desnudo, mirándola fijamente y con el deseo a flor de piel, la cautivaba. Debió darse cuenta de que él esperaba también algo por parte de ella y se le acercó sonriendo morbosamente.

¡No podía ser verdad lo que se avecinaba! Aquello era la leche. Mi modosita y pasiva esposa se disponía a prestar sus atenciones femeninas a ese individuo al que apenas conocía. ¿Sería capaz de tocarle la polla, o peor aún, de chupársela? Tuve un escalofrío y un fuerte cosquilleo en el estómago, pero eso no hizo que mi empinado sexo se durmiera.

Claudia le plantó un buen beso en los morros y luego fue ella la que se dedicó a explorar con manos y boca el atractivo amante. Mientras le besaba el cuello y hombros, sus manos se deslizaban arriba y abajo por la parte superior del cuerpo masculino, evitando, de momento, alcanzar la desafiante espada que esperaba ansiosa las merecidas caricias. Luis echó aún más atrás su cuerpo y se sujetó a la tumbona esperando ansioso lo que yo esperaba desesperadamente que no sucediera. Pero sucedió. Los besos bajaron a los pectorales y Claudia puso una de sus manos en la polla, arrancando el primer gran suspiro de Luis. Luego le besó y mordisqueó con dedicación las tetillas, mientras sus dos manos acariciaban sin pudor la imponente verga y las pelotas, provocándole más y más suspiros.

- Que grande tienes la polla - dijo ella en voz baja, interrumpiendo brevemente sus besos – Me encanta tocártela, sentir sus venas, su piel suave - ¡Ahh!, voy a disfrutar mucho cuando me la metas.

Estas palabras calentaron aún más a Luis, que no pudo evitar poner una de sus manos en la cabeza de mi esposa, incitándola a bajar, ansiando conseguir llevar esa deliciosa boca a su polla. Claudia se dejó guiar y cuando tuvo la verga de Luis ante ella, se entretuvo un buen rato en besarla, recorriendo por el tronco y por los huevos, descubriendo en sus labios y lengua las sensaciones de una polla grande, erecta y por momento palpitante, pero sin rozar para nada el húmedo glande. Luis quería obviamente más:

- Vamos Claudia, ¿a qué esperas? - resopló ansiosamente - Métetela ya en la boca. Vamos, que me vas a matar de gusto.

- ¡No! - contesto ella con energía, dándome una pequeña alegría.

- ¿Cómo que no? Vamos, mujer. Yo te lo he hecho a ti - suspiraba él impaciente.

- ¡De chuparla ni hablar! - insistió Claudia - Lo que quiero es follar – añadió, dándole un pequeño y único besito en el capullo y echándose para atrás, colocándose para ser penetrada.

Resignado, él obedeció. Tal vez se perdía un manjar, pero el coño de mi esposa, totalmente abierto y listo para él, superaba cualquier otra cosa. Ahora sí que se iba a cumplir la promesa del tipejo ese. Se iba a follar a mi mujer, se la iba a meter, y yo ahí, mirando excitado como un cornudo gilipollas, aunque con la pequeña satisfacción de saber que al menos no iba a conseguir que se la chupara.

Luis no perdió el tiempo, de inmediato se echó sobre ella, con su herramienta bien dispuesta, buscando la puerta de entrada al excitante agujero del coño de mi esposa. No le fue difícil encontrarlo, pues bastó un pequeño empujoncito para que la humedad de su coño la deslizara sin problemas al deseado umbral. Jugó un poquito a desesperarla, rozando sus labios y su estimulado clítoris.

- Bésame - le ordenó Claudia, atrayéndole la cabeza hacia ella. Antes de besarse él contestó:

- Te voy a follar, bombón. Vas a quedar bien jodida.

Se fundieron en un beso de lenguas lujuriosas, y él la penetró de un solo golpe, produciendo un quejido de dolor en ella, que hizo que sus labios se separaran. La sacó y metió dos veces, sin poder evitar manifestar su gusto:

- Dios, qué coño más estrecho, con qué gusto me oprime la polla. Va a ser una delicia follarte.

- Vamos, empieza de una vez. Muévete - volvió a ordenarle ella, antes de besarle de nuevo - pero, ni se te ocurra correrte dentro, no vayas a dejarme preñada.

Y se la folló. Durante casi un cuarto de hora la estuvo bombeando en esa postura, acelerando o ralentizando sus embestidas, evitando que tanto él como ella se corrieran prematuramente. Para mí lo más duro era ver cómo ambos no paraban de besarse mientras se lo hacían. Tal vez un equivocado concepto mío del beso como algo puramente amoroso y de poca carga sexual me engañaba. Era evidente que ahí había poco amor y mucho sexo, y el beso formaba parte de ese pastel sexual que ambos se estaban comiendo. En cambio ver la gruesa picha de ese individuo moverse adentro y afuera del suculento chocho de mi mujer y el deleite que demostraban ambos con ello, me excitaba sin remedio.

Cambiaron de postura un par de veces, siendo siempre Luis el director de orquesta, sin que se dijeran nada. Sólo se oían los suspiros, gemidos, a veces casi gritos, de ambos, sobre todo cuando el ritmo de la follada alcanzaba sus cotas más intensas.

Tras más de media hora de ininterrumpida follada, él hombre puso a Claudia tumbada boca abajo sobre la tumbona, dejando el trasero empinado para follársela al estilo perrito. Era preciosa la imagen del trasero blanco de mi esposa, contrastando con el bronceado cuerpo de su amante. Luis le sobó con ganas y fuerza los cachetes y pasó sus dedos por la raja de su culo y coño, creo que dudando si intentar forzar aún más la situación y penetrarla por el ano, otra de mis fantasías insatisfechas, que ni los días que me fui de putas llegué a cumplir, y de la que tampoco tenía duda alguna de que mi esposa fuera capaz de practicar.

No sé si Luis pensó lo mismo, pero el caso es que al final optó de nuevo por el estrecho coño y reinició la follada, ahora con un ímpetu descomunal, tirando de ella hacia atrás de la cintura mientras le clavaba sin piedad su estaca. Cinco minutos de brutales embestidas hicieron que mi esposa se pusiera a gritar y a agitarse de un modo histérico, corriéndose de una forma que yo jamás había visto. Incluso la oí decir varias veces la palabra "cabrón" entre grito y grito, refiriéndose, claro está, al tío que tanto placer le estaba proporcionando follándosela, aunque quizás el que más merecía ese apelativo era sin duda su marido oculto, viéndola orgasmar como una loca, dominada por ese musculoso macho.

Luis no bajó el ritmo de sus movimientos, tras correrse Claudia, y temí que eyaculara dentro de su coño. Hubiera querido avisarla a Claudia para que lo impidiera, pues ella aún estaba bajo los efectos de su reciente orgasmo y sacudida como una muñeca. De repente Luis sacó su arma del coño de mi mujer y la intentó ensartar en su ano, a lo bestia. Estaba tan dura que consiguió introducir algo del glande, pero no más. La brutal acción hizo reaccionar por fin a mi esposa que al sentir esa polla en el culo se movió lo suficiente para impedir una nueva intentona de él.

- ¿Qué haces, bruto? - le espetó con rudeza

- Deseo correrme Claudia, me has dicho que no puedo en el coño, y había pensado que tal vez …

Luis no terminó la frase, seguramente algo arrepentido por su incontrolado ardor. Mi esposa lo notó y suavizó la situación:

- Está bien. Ya sé que tú aún no te has venido y que debes estar deseándolo - y añadió con una dulce sonrisa - yo me he quedado más que satisfecha con ese pollón que me has metido dentro. Y tú también mereces quedarte bien a gusto, pero, podías avisar antes de hacer algo así. La tienes demasiado gorda y más para un culito virgen como el mío.

No me gustaba lo que estaba oyendo. O me equivocaba o mi esposa le invitaba a sodomizarla y correrse dentro de su culo. Hasta eso parecía ser ella capaz de hacer. Luis entendió lo mismo que yo, evidentemente, y buscó confirmar su permiso.

- Lo siento de veras, pero mira cómo estoy - y enseñó a mi esposa su picha, esplendorosa y sin perder nada de su rigidez. Luego señaló el trasero de ella y la halagó - tienes un culo tan divino, como el resto de tu cuerpo. Déjame que me lo folle.

Mi esposa no contestó, simplemente se volvió a colocar en la misma posición y esperó a que el la sodomizara. Luis lo intentó, pero no iba ser tarea fácil. Mi esposa estaba tensa, y la penetración se hacía muy complicada. La erección del macho empezó a decaer ante la dificultad. Claudia, dolorida, se dio la vuelta quedando frente a él y le dijo:

- Creo que no estoy ahora en situación de que me encules. Es mejor que me la metas y te salgas justo antes de correrte - le propuso ella, razonablemente.

Luis se empezó a masturbar para mantener tiesa su polla, dudando qué hacer. Al final hizo otra propuesta:

- No me gusta mucho esa opción. Prefiero correrme entre tus grandes tetas. Son otras de tus muchas virtudes.

- ¿Quieres una cubana? - Preguntó ella, sorprendiéndome con el conocimiento de tan peculiar práctica sexual. No es necesario que diga que con los pechos que ella tiene, más de una vez me vino la idea de hacerme una paja entre ellos. En fin, eso sí lo hice con una prostituta.

- Me encantará - contestó él decidido.

Tomó las tetas de mi esposa entre sus manos, apoyó su polla al canalillo y la escondió entre aquellas, empezando la cubana que debería llevarle al deseado orgasmo.

Luis se pajeaba entre las grandes tetas de mi esposa, pero noté que él iba subiendo su cuerpo poco a poco y que su pollón asomaba cada vez más fuera del hermoso desfiladero en el que se estaba dando placer, acercándose al rostro de mi esposa. Claudia le miró a los ojos y él debió entenderlo como una advertencia pues de inmediato retrocedió, ocultando de nuevo su instrumento entre los hermosos pechos. Aún así, repitió la jugada y de nuevo la mirada de ella le reprimió. Hubo una tercera intentona que acabó de igual modo y Luis debió pensar que era mejor no correr más riesgos y correrse en ese maravilloso valle, no intentando ya salir de él.

Pero ahí estaba mi esposita, demostrándome una vez más que sexualmente no la conocía en absoluto y que tenía tantas fantasías ocultas como yo mismo.

- ¿Quieres correrte sobre mi cara? - preguntó de repente a su amante, con voz maliciosa y pícara.

Luis, se detuvo en seco, tan sorprendido como yo, al escuchar la propuesta obscena de mi esposa.

- No me hablas en serio, ¿verdad? - y tras una breve pausa, siguió - ¿Me dejarías? - preguntó, todo ilusionado, pero no del todo convencido de que lo que había oído era real.

- Bueno, es una buena proposición, ¿no? Creo que a los tíos os pone mucho hacer esa guarrada, y supongo que mucho más si se lo podéis hacer a una cándida e inocente mujercita casada e infiel, como yo - Claudia parecía divertida con el asombro de su amante - te voy a contar un secreto, a mí me está poniendo mucho la idea de ver tu polla escupiendo semen y mojándome la cara - y recorriendo morbosamente la lengua sobre sus labios, le animó innecesariamente - ¡Anda, que lo estás deseando! ¿Qué dices? ¿Te animas?

- No me lo puedo creer - dijo Luis esbozando una incontrolada y viciosa sonrisa - qué zorra eres Claudia. Claro que me apetece, tus palabras de puta casi hacen que me corra ya, pero me lo voy a tomar con calma. Voy a disfrutar del momento que tan morbosamente me ofreces, cumpliendo tu deseo y el mío. Tranquila, que tengo mucha leche reservada para ti. Vas a quedar satisfecha.

Dio un paso adelante y acercó su espada al rostro de Claudia, reanudando la paja, ahora más despacio, cruzando sus ojos con los de ella, gimiendo y resoplando levemente. Con la mano libre le sobaba uno de los pechos, concentrándose en su pezón.

Mi mujer alternaba sus miradas a los ojos de su excitado amante y a los movimientos de la mano de él en su polla, movimientos que se iban acelerando irremediablemente, conforme aumentaba su gusto. Las delicadas manitas de Claudia subían y bajaban por los muslos de Luis, acariciándolos y toando con los dedos, en las subidas, sus repletas pelotas.

- Me encanta mirar esos ojos de placer mientras te masturbas, y esa polla tan gorda, palpitando sobre mí, lista para derramarse en mi cara - Claudia parecía haberle cogido gusto a hablarle así a Luis. Se daba cuenta del efecto excitante de sus palabras, provocando que subiera el ritmo de su paja. Además no dejaba de mirarle a los ojos con una expresión de vicio para mí desconocida.

- Si sigues hablándome y mirándome así vas a hacer que me corra ya - dijo Luis, frenando sus movimientos e intentando controlarse un poco.

- ¿Me dejas que te la menee yo un ratito? - le dijo Claudia con un encantador tono de niña melosa, capaz de derretir a cualquiera.

- ¡Claro! Es toda tuya. Agárrala con fuerza y sigue pajeándome, como una buena puta, que es lo que pareces.

Claudia le cogió el nabo con una mano y los huevos can la otra, empezando un meneo rítmico y sostenido. Luis bufaba y se retorcía, entornando los ojos para no ver los de Claudia que seguían fijos en lo suyos. Ella paró segundos para calmarle y luego siguió masturbándole, ahora con las dos manos, encerrando la polla de Luis entre ellas.

- Vamos - dijo él, casi con un hilo de voz, apoyando instintivamente sus manos en el pelo de mi esposa - sigue así. Dame gusto, cabrona. ¡Joder, como me la meneas!

Mi esposa bajó la mirada a la herramienta de Luis, sin dejar de masturbarle, y contestó:

- Qué maravilla de pollón, tan grande, tan tieso y tan caliente. Cuanto más tiempo la toco, mas me atrae. Buff, la verdad es que no sé si… - dejó ahí la frase, siguió contemplando unos segundos la verga de Luis, y se la acercó decidida a la boca, metiéndose entre los labios el grueso capullo y una pequeña parte de su tronco, sin dejar de meneársela.

Luis abrió los ojos al sentir la humedad de la boca de mi esposa sobre su polla, y miró extasiado el espectáculo que ella le ofrecía, mamándosela y masturbándole a la vez.

- ¡Dios, que delicia por favor! ¡Me la estas chupando! -exclamó entre suspiros - creía que no te gustaba la idea.

Claudia se sacó el pollón de la boca para hablar:

- ¿Quién ha dicho eso? Antes no te la chupé porque tú me habías dejado con las ganas de correrme - contestó, tras dar dos profundos lametones cubriendo todo el glande - pero tu polla es como un imán - ahora cubrió el capullo por completo y succionó antes de soltarlo - y yo tenía que probar de una puta vez la consistencia de una buena polla entre mis labios. Y me gusta, me gusta mucho sentir su dureza en mi paladar. Creo que voy a seguir mamándotela - y se le metió de nuevo para chuparla.

- ¡Qué puta! Así que antes me castigaste. Tal vez me lo merecía, pero ahora me merezco que me la sigas chupando hasta que me corra en tu cara. A una buena esposa infiel siempre le gusta mamar pollas, sobre todo si no son las del marido - Luis ya movía instintivamente la cabeza de Claudia, acompasándose a las penetraciones que ella dirigía - venga sigue chupando hasta que me corra, no vaya a ser que te arrepientas.

Pero estaba claro que Claudia no se iba a arrepentirse en absoluto. Su cara reflejaba una expresión distinta, no sólo de querer dar gusto, sino de estar recibiéndolo también ella. Cada vez se introducía algo más la gruesa polla de Luis y ya apenas le masturbaba con las manos, utilizando en cambio los labios y seguramente la lengua para dar y recibir más placer.

- Me estoy excitando - susurró ella soltando la verga y llevando una de sus manos a su coño y la otra al trasero de él.

Luis probablemente agradeció que ella le soltara, pues ahora tenía plena libertad para moverse a su gusto, al ritmo que quisiera, utilizando o no sus manos para masturbarse, mientras ella se la mamaba. Decidió no pajearse con sus manos, concentrando sus esfuerzos en mover sus caderas adelante y atrás, follándosela por la boca, mientras le acariciaba el rostro con ambas manos. Sus primeros empujones fueron incluso algo delicados, cuidando de no introducir más polla de la debida en tan deliciosa boca, pero como todo hombre excitado, y él lo estaba, y mucho, su delicadeza se fue transformando en una creciente rudeza, espoleado por los prolongados gemidos guturales de Claudia, que seguía masturbándose, y porque parecía que ella le animaba con la mano en su trasero a penetrarla más salvajemente entre los labios. El tío disfrutaba sin duda como un cerdo.

Durante cinco largos minutos, Luis se la folló por la boca a placer, entre constantes exclamaciones de gusto por parte de ambos, consiguiendo, para mi sorpresa, que, sin aparente esfuerzo ni oposición, una gran parte de su pollón se enterrara una y otra vez en la boca de Claudia,. Era sorprendente su aguante, pero llegó un momento en el que él ya deseaba venirse, y se frenó, sacando su polla del exquisito aposento cuyos rincones había explorado en su totalidad. Masturbándose suavemente se dirigió a Claudia:

- Estoy disfrutando como un enano, zorrona. Ni en mis mejores sueños habría imaginado tener a una bella hembra casada como tú, recién estrenada en la infidelidad, tan a mi merced - Luis se agachó para darle un buen morreo en la boca y se incorporó de nuevo - ahora voy a correrme. Dime Claudia, ¿sigues queriendo que lo haga sobre tu cara? ¿O tal vez prefieres que te llene la boquita de leche? Tú eliges, putita mía.

Mientras Luis le decía estas palabras, Claudia se masturbaba a gran velocidad, ahora con ambas manos. Le costó mirar a Luis y concentrarse en contestar:

- Córrete donde quieras, en la cara, en la boca, en las tetas, me da igual. Quiero saber que se siente con un tío eyaculando sobre mí. ¡Ahhhh! - Claudia soltó un gemido, más grande, tal vez imaginando el anunciado final - Hazlo donde más te guste, cabrón, pero dame tu semen de una puta vez. Vamos, lléname de lefa ya - terminó gritando, con desesperación.

- ¡Vamos a ello! - exclamó él con aire de triunfo - hace dos semanas que no me tiro a una mujer ni he tenido tiempo de hacerme una buena paja. Vas tener una buena ración de leche, putita.

Luis arrimó la punta de su nabo a la cara de Claudia y la restregó unos instantes por ella, como si la estuviera pintando, antes de volver a penetrarla entre los labios y reiniciar una rápida y potente follada que en menos de un minuto le llevó al borde del orgasmo. Debió elegir el rostro de Claudia como lugar donde eyacular, pues la sacó para pajearse fuera de ella, a escasos centímetros. Era un excitante espectáculo ver a ambos, masturbarse y gimiendo como locos. Claudia se frotaba el coño con una de sus manos, mientras que con la otra se acariciaba una de sus tetas. Luis hacía lo propio en su nabo, y con la otra mano se dedicaba a estimular el excitado pezón del otro pecho de mi esposa.

Finalmente Luis dio el inequívoco y prolongado suspiro que anunciaba el inicio de su corrida, manteniendo su cuerpo en su tensión, antes de que al relajarse, con un enorme gruñido, lanzase su primer y potente disparo de esperma que se estrelló con violencia en la nariz y en la frente de mi chica, resbalando el semen rápidamente hacia abajo, mojando su labio superior y entrando en su preciosa boca abierta. Los dos siguientes chorros, tan abundantes y violentos como el primero, entraron directamente en la boca de Claudia, y con toda probabilidad se estrellaron en su garganta, produciendo un respingo involuntario de mi esposa. El resto de la eyaculación, con otros cinco o seis chorros más, menos copiosos, cubrieron todas las facciones de su cara, incluidos los ojos. Luis no la había engañado, los días de abstinencia y casi una hora de continuo y desbocado sexo con un bombón como ella, se habían aliado para provocar una corrida de grandes dimensiones y abundante leche.

Luis se había ya vaciado, aunque su polla aún sufría los espasmos finales de la brutal corrida, mientras ella se afanaba, sin reparo, en obtener su propio y merecido orgasmo. Más calmado, él se dedicó a coger entre sus dedos los restos de lefa depositados en la cara de Claudia y a llevárselos a la boca. Ella, masturbándose como una posesa, recogía y saboreaba con su lengua el manjar que su amante le proporcionaba, y así entre bocado y bocado, arqueó su cuerpo y a empezó a gritar los efectos de su propia corrida, larga, estruendosa y sin duda placentera. Viéndola en este estado de frenesí, Luis ahogó sus gritos metiéndole de nuevo el nabo en la boca, empujándolo con fuerza hasta el fondo, como queriendo demostrarle así su total dominio de macho sobre ella.

Nunca había visto a mi mujer gozar de esa manera, ni hacer tantas cosas sexualmente obscenas y guarras, según nuestro habitual modo de entender el sexo entre nosotros. No voy a poner en duda que estaba cabreado con lo que había visto, pero estaba muy excitado y no me había querido correr en ese momento en el que prevalecían unas ganas enormes de aprovecharme de todo lo que había descubierto de mi esposa, durante esa tarde de infidelidad, más que de mandarla inmediatamente a la mierda, que es lo que probablemente habría hecho en circunstancias normales. Además me interesaba muchísimo ver cómo reaccionaba ella, una vez que se esfumaran los efluvios del polvazo que se había echado con el cabronazo ese y de su segunda corrida. Fueron dos minutos de callada calma, en las que tan solo Luis seguía moviendo suavemente su morcillona polla, bien dentro de la boca de mi esposa, bien rozando con ella su cara, toda pringosa. De repente sonó el móvil de Claudia, y ella, saliendo del trance, se separó con brusquedad y se levantó de la tumbona en la que él se la había follado bien a gusto. Cogió el teléfono de su bolsita de playa

- ¿Sí? Hola mamá - era mi suegra la que llamaba - ¿qué? ¡Que son las cinco y media! ¿Ya?

Normalmente ella volvía a las cinco, hora de la merienda de nuestra hija. El retraso era considerable. Seguía hablando con su madre, acelerándose más y más:

- Dile a mi marido que dé a la niña de merendar ¿Cómo? ¿Que no está en casa? ¿Hace mucho que se fue? ¡Más de una hora! ¡Ay Dios mío! Voy para allá ahora mismo.

- Esto ha sido una locura - se dijo a si misma muy nerviosamente, mientras buscaba su bikini rojo, encontrando enseguida el top del mismo - pero una locura muy muy grande - añadió. Y siguió hablando sola, mientras buscaba y buscaba por el suelo - No sé qué le voy a decir a mi esposo. Vamos, no sé ni cómo voy a poder mirarle a la cara. Además me estará buscando en la playa. ¡Uff! Tengo que lavarme la cara - la verdad es que se la veía bastante descompuesta, hablando y gesticulando casi ignorando la presencia de Luis a su lado - ¡Coño! ¿Dónde está la parte de abajo del bañador? Hay que estar chalada. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder! ¡No encuentro el maldito bikini!

Luis sonreía divertido viendo los aspavientos y palabras de Claudia, por no decir el precioso y excitante trasero que quedaba expuesto a su vista, y a la mía, cada vez que se agachaba para mirar bajo la tumbona, buscando su preciada prenda. En esos momentos ella no estaba en una situación cómoda y Luis lo sabía. Sólo él podía ayudarla.

- ¿Buscas la parte de debajo de tu bikini? - le preguntó Luis, aunque ya conocía la respuesta.

- Sí, ¿la tienes tú? - contestó Claudia, asomándose de debajo de la tumbona, donde buscaba infructuosamente.

- Claro querida. ¿Ya no recuerdas que fue yo quien te la quitó, antes de comerme tu delicioso coñito? - le dijo él, rememorando sabiamente una de las muchos placeres conseguidos poco antes con ella, algo que a mi mujer no pareció hacerle mucha gracia.

- Mira, no es momento para bromas ahora. Ya he pasado bastante tiempo aquí. Mi marido está buscándome. Debo irme cuanto antes - dijo ella, alzando la voz y mirándole desafiante - ¡Vamos! ¡Dámelo ya!

- ¡Hey, hey, menos humos! - el rictus de Luis se puso en ese momento serio - ¿Qué pasa? ¿Ya se te ha olvidado todo lo que hemos hecho? - y añadió, ahora sonriendo - ¿Acaso no te ha gustado? Yo creo que te lo has pasado muy bien, follando como una perra en celo. Es más, creo que aun lo puedes pasar mejor, si me dejas probar ese precioso culito que me estás enseñando.

Claudia se puso de pie de inmediato, ocultando su culo en pompa, pero mostrando generosamente a la vista y sin pudor su exuberante parte delantera. Seguía mostrando enfado.

- ¡Debes estar loco, tanto como yo! ¿Es que no has tenido bastante? ¡Venga, dame el bikini de una puta vez!

- ¡No! - contestó él de nuevo con semblante serio - No hasta que me digas que te ha parecido, pero me tienes que decir la verdad.

Probablemente mi esposa se dio cuenta de que no lo iba a tener fácil, si seguía con esa absurda actitud de cabreo contra quien hacía apenas unos minutos se la había follado con su absoluta complacencia y complicidad. Se lo pensó unos momentos hasta que, resignada, se sentó en la tumbona y esbozando una sonrisa, se sinceró con él, regalándole los oídos:

- Está bien Luis, para qué negarlo. Ha sido la hostia. He disfrutado un huevo. He hecho por primera vez realidad muchas fantasías que solo satisfacía masturbándome, y admito que me has follado de puta madre, que tienes un pollón delicioso y que me ha entusiasmado comerme tu rabo. Pero ahora, te lo pido por favor, debo volver a mi realidad, con mi esposo y familia.

Otra novedad para mí, ahora resultaba que mi esposa hasta se masturbaba soñando con machos, con pollas y Dios sabe con qué más. Pero más me sorprendió a continuación Luis, refiriéndose a mí.

- ¿Y por qué no pones en práctica esas fantasías con tu marido?

El gesto de Claudia, al escuchar esa proposición, reflejó muchas dudas al respecto, y sus palabras lo confirmaron:

- Si lo hago creerá que soy una puta. Siempre hemos tenido un sexo de tres al cuarto, rutinario y aburrido, sin variaciones. El es muy tradicional, no le van todas estas cosas. Después de tantos años ¿cómo voy a plantearle todo eso? No, es imposible.

- ¿Por qué no se lo dices, Claudia? - insistió él, y señalando mi posición con el dedo, siguió - tienes a tu esposo ahí al lado, asomado, y ha visto absolutamente todo lo que hemos hecho esta tarde.

Mi shock fue total, no sólo por haber sido cazado in fraganti, sino sobre todo por descubrir que el amante de mi mujer sabía en todo momento que yo le estaba viendo besarla, sobarla, comérsela entera y follársela antes de correrse en su cara y boca. Fue tal mi confusión que sólo al rato me percaté de la presencia de mi esposa a la entrada de la estrecha estancia en la que me hallaba, aún ridículamente subido al taburete. Cuando la vi, tan asombrada y perpleja como yo mismo, aunque ella con el regusto de un polvo espectacular y yo con el de unos cuernos de campeonato, me bajé del taburete y ambos salimos al lugar de los hechos. Luis no estaba allí. Debió salir, probablemente para dejarnos solos, siendo el único gesto que pude agradecerle en esa alucinante tarde.

Durante varios minutos estuvimos sentados en la tumbona del delito, uno junto al otro, sin decirnos nada. Yo no sabía por dónde empezar. Extrañamente no estaba tan cabreado como hubiera querido, para mandarla a la mierda, y tuve que esperar a que fuera ella la que lacónicamente empezara:

- ¡Dios! Por qué no evitaste que pasara todo esto. Estabas ahí, viéndolo todo y te quedaste quieto, impasible. No lo entiendo.

- Tiene gracia - contesté casi sin vacilar - de modo que no lo entiendes. Ahora resulta que el culpable soy yo por haberte dejado hacer todas las guarrerías que has hecho. ¿Qué pasa, tú no tienes nada de culpa en esto? Te recuerdo que nadie te ha obligado, tú misma te has prestado a ello, y además con gusto, realizando tus fantasías con otro hombre, con un desconocido ¿tengo yo la culpa de eso?

- Lo siento - intentó rectificar ella - Me hubiera gustado contarte mis fantasías y haberlas puesto en práctica contigo, pero no sabía cuál podría ser tu reacción. De verdad que lo siento.

- ¿Qué lo sientes? - contesté, menos malhumorado de lo que pretendía demostrar - ¿Qué es lo que sientes? ¿Haberme puesto los cuernos? ¿Morrearte, sobarte y follar con ese tío, al que encima conociste ayer? ¿Haberle comido el rabo y haber gozado como una puta mientras él descargaba toda su leche sobre ti y dentro de ti? - y lo peor que pudo pasarme fue volver a empalmarme recordando esos momentos calientes de la sesión de sexo de mi esposa y su amante. Mi bañador no era suficiente para ocultar la erección, mientras Claudia seguía in tentando disculparse:

- Ya sé que yo soy la culpable, pero de verdad que nada ha sido premeditado. Las cosas han surgido así, sin buscarlas, me fui excitando, casi sin querer, y ya todo vino de corrido - y ahí Claudia se percató de mi excitación. Me miró unos segundos con asombro y callada, antes de añadir con cierta sorna - oye ¡se te ha puesto el pito grande! - y ante mi prolongado silencio, dictó sentencia - ¡No me jodas! ¡Todo esto te excita! ¡Eres uno de esos tíos que disfruta viendo a su mujer follar con otro! ¡Increíble!

Dudé, antes de replicar, pues la verdad es que ni yo mismo lo tenía claro. Y puestos a ser sinceros, así se lo manifesté:

- Mira, Claudia, no sé si es eso lo que me excita o saber que las cosas que has hecho hoy y otras muchas más las podemos hacer juntos. Te confieso que también son fantasías mías y que ya he realizado algunas, pagando a prostitutas por ellas.

Mi esposa me miró fijamente un rato que se me hizo eterno, sin importarle aparentemente mi propia confesión de haberle sido alguna vez infiel, aunque hubiera sido con una meretriz. Luego esbozó una sonrisa, se acercó a mí, me empujó en el pecho haciendo que me retumbara en la tumbona y se arrodilló frente a mi entrepierna. Al bajarme el bañador, mi polla saltó como un resorte. Cerré los ojos, agarré sus dos grandes tetas y me dejé llevar por el maravilloso trabajo de manos, boca y lengua que Claudia inició, por primera vez, sobre mi instrumento. Era fantástico y excitante, tanto que ni me inmuté cuando, en plena mamada, escuché una voz que me susurraba al oído:

- ¡Voy a romperle el culo a tu mujer!

Apenas un par de minutos después, Claudia soltó varios gritos, con mi polla aún en su boca. Luego los gritos se convirtieron en gemidos, mientras su cuerpo se balanceaba acercándose y alejándose de mi acompasadamente y unas manos grandes y masculinas se unían a las mías, luchando por apoderarse de sus excitados pezones.

FIN... Continue»
Posted by rogergr 8 months ago  |  Categories: Mature, Masturbation, Voyeur  |  Views: 199  |  
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El Calvario De Olivia

Muchísimas cosas pasaban por la mente joven de Olivia mientras viajaba en la parte trasera de la camioneta. A pesar de que se sentía incómoda por las esposas que se clavaban en su hermosa piel color oliva en sus muñecas y talones, esto fue apenas una distracción mientras reproducía los recientes acontecimientos de su vida una y otra vez en su cabeza. Estaba oscuro en la parte trasera de la camioneta, y el viaje de 20 minutos le daba mucho tiempo para pensar. ¿Cómo podía no haber sabido que su novio Kenny traficaba drogas? Parecía un buen tipo y siempre le compraba cosas bonitas. ¿Cómo podría haberla engañado para que terminara siendo culpada? Él le había dicho que la amaba y que siempre estarían juntos. ¿Cómo va a ser su vida en su nueva casa? Ella había escuchado tantas historias. ¿Será que todas esas chicas con tendencias lesbianas iban a estar mirando su cuerpo joven y bonito? Dios, solo la idea la hizo temblar...

Todavía podía oír las palabras del juez, "90 días en la unidad de mujeres en la cárcel del condado." Todavía podía oír a su abogado diciéndole que bueno era el acuerdo que él había logrado con la fiscalía. ¿Gran acuerdo para quien? Pensó, ¿para él? A él se le paga y se va a su casa con su esposa. Yo soy la que va a la cárcel.

Después de lo que parecía una eternidad, la camioneta, finalmente llegó a la entrada de la prisión. El conductor dijo algo en la radio y Olivia podía oír el chillido de la puerta principal mientras se abría lentamente. Una vez dentro la camioneta se desplazaba lentamente por el largo camino hacia el edificio de admisión. A medida que pasaban por delante de las farolas, cada una brillaba su haz de luz a través de la pequeña ventana en el lado de la camioneta, iluminando la expresión en blanco de Olivia con un efecto lento y estroboscopio. Después de unos minutos la camioneta se detuvo en el muelle de carga. Unos minutos más y Olivia podía oír las voces del otro lado de la puerta de la furgoneta. La puerta se abrió rápidamente y Olivia podía ver a dos guardias de sexo femenino.

"Salga de la camioneta por favor."

Olivia se levantó y caminó lentamente a la parte trasera de la camioneta, las cadenas de los grilletes golpeaban al ritmo de cada paso que daba.

"Cuidado con el escalón."

Las dos agentes armadas lentamente acompañaron a Olivia más allá de la plataforma de carga hasta una puerta. Cuando llegaron a la puerta, una de las oficiales habló por el intercomunicador.

"Un preso de la prisión Central."

Un fuerte zumbido señalo el desbloqueo de la puerta y Olivia fue guiada adentro. Ella fue acompañada a un pequeño y duro banco de madera y le dijeron que se sentara. Una de las guardias sacó una llave y libero de las esposas a una de sus muñecas y la engancho a un gancho de metal grande que estaba en el banco. A continuación, se agachó y libero los grilletes de sus piernas y los arrojó en un montón contra la pared. La guardia se acercó a un escritorio donde una oficial bastante grande estaba sentada y le entregó un sobre que contenía las joyas de Olivia y los bienes personales. Después de unos momentos de charla, las dos guardias que llevaron a Olivia se fueron.

Al pasar al frente de Olivia una de ellas dijo: "Alguien va a estar con usted en unos minutos." Luego salieron por la puerta.

Vaya, alguien va a estar conmigo en pocos minutos, Olivia murmuró para sus adentros. Bueno, ellos pueden tomarse todo su tiempo. Yo no tengo prisa. Ella miró a la oficial sentada en el escritorio. Ella era una mujer grande, negra alrededor de los 30. Ella no levantó la vista y no parecía tener mucha prisa. En ningún momento ni siquiera reconoció la presencia de Olivia en el lugar. Olivia miró alrededor de la cárcel. Hacía frío en el banco. Olivia tenía la piel de gallina y los pelos pequeños en la parte posterior de su cuello estaban parados. Ella no estaba temblando, pero estaba fría.

Las paredes de bloques pintadas de gris no hacían nada para dar al lugar una sensación de calor. Había nombres de mujeres escritos en las paredes por todas partes. En algunos casos, un corazón que rodeaba a los nombres de dos de las mujeres. Olivia se quedó mirando la pared donde “Lisa ama a Pam,” estaba escrito en negrita y soltó una risita.

‘Esa nunca podría ser yo,’ pensó.

Después de media hora o algo así, La oficial negra de gran tamaño, finalmente se levantó. Ella se acercó a Olivia y se paró justo en frente de ella. Era una figura grande, imponente, con una mirada de autoridad. Sostuvo unos papeles en la mano, que ella seguía mirando. Después de un momento le preguntó: "¿Su nombre?"

"Olivia Díaz" fue la respuesta.

"¿Su edad?"

"19".

"¿Número de Seguro Social?"

"178-88-4953", fue la respuesta silenciosa de Olivia.

La oficial sacó una llave y abrió las esposas de Olivia. "Sígueme," dijo.

Olivia siguió a la oficial a una pequeña habitación de madera en el pasillo que contenía un escritorio con una computadora y no mucho más. La oficial busco en un armario y sacó una caja de plástico. A continuación, sacó un papel del cajón del escritorio y comenzó a llenarlo. Mientras lo hacía le entregó la caja de plástico a Olivia.

"Quítate toda la ropa y colócala en la bandeja, incluso tu ropa interior. Veo que tienes una camisa, pantalones, sujetador, bragas, calcetines y un par de zapatos de deporte. También necesitamos que firmes este recibo de propiedad."

"¿No puedo quedarme con mi ropa interior?" preguntó Olivia.

"No. No puedes tener nada en lo que puedas esconder cosas"

Tan pronto como Olivia entregó el recibo de propiedad, la oficial busco algo en el último cajón de sus gavetas y sacó un par de guantes de látex de una gran caja. Ella se puso los guantes.

"Necesito que se dé la vuelta y mire hacia la pared."

Cuando Olivia volvió hacia la pared, podía sentir los dedos de la oficial mientras le sondeaba las orejas, doblando cada una lentamente. Luego levantó el pelo largo negro de Olivia y pasó los dedos poco a poco a través de él en una especie de forma deliberadamente metódica.

"¿Usted tiene algo consigo que no debería tener?"

"No," dijo Olivia: "Yo fui registrada antes de entrar a la corte judicial.”

"Tengo que hacerlo de nuevo. Procedimiento, ya sabes."

Olivia sintió que la oficial le soltó el pelo, y este cayó sobre su cuello y hombros.

"Agáchate para mí."

'Oh, Dios,’ pensó Olivia. Olivia podía sentir las manos enguantadas de la oficial suavemente extendiendo sus nalgas. Ella podía sentir sus dedos en la entrada de su trasero. Sus dedos comenzaron a trabajar su camino hacia abajo.

"Agáchate un poco más lejos para mí. Tócate los dedos de los pies."

Olivia podía sentir los dedos de la oficial como se abrían paso hasta su condición de mujer. De repente sintió un dedo que se insertaba lentamente en ella y ella dejó escapar un sordo gemido. Esto era tan degradante, que dejaba de pensar. Trató de no pensar en ello, pero los movimientos lentos de la oficial en realidad se sentían bien. Después de un momento quitó la mano.

"Da la vuelta para mí."

Olivia obedeció.

"Abre tu boca, grande."

Cuando Olivia abrió la boca, la oficial sacó una pequeña linterna del bolsillo y empezó a examinar su boca.

"Levante la lengua."

De nuevo Olivia obedeció. Cuando la oficial apagó la linterna y la guardó en el bolsillo, Olivia dejó escapar un suspiro de alivio. La oficial se acercó a un pequeño carro y regresó con un traje de una sola pieza de color naranja.

"Ponte esto. Esto es lo que va a usar por el resto de tu estancia. Los botones van en la parte delantera."

Olivia se puso el mono mientras la oficial miraba fijamente. Cuando ella se lo puso notó que sólo dos de los cuatro broches de presión del traje funcionaban. Ella podía ver en un espejo cercano que sus senos eran claramente visibles desde los lados y si ella se inclinaba, la parte superior de su cabello púbico bien corto quedaba expuesto.

"¿Tiene otro mono? A este le faltan broches. Por favor."

”No,” dijo la oficial. "Es el único de tu tamaño."

Olivia estaba frenética. 'Oh, Dios mío,’ pensó. ‘Esto es una pesadilla. Alguien por favor, saquéeme de aquí. Por favor.’

La oficial llevó a Olivia fuera de la sala y por el pasillo hasta una celda. Había otra presa en la celda, también en un traje naranja.

"Espere aquí hasta que tengamos su celda lista," dijo la oficial."Debe ser pronto".

La oficial cerró la puerta con un ruido fuerte. Olivia trató de no mirar a la otra reclusa. Ella era una mujer grande con el pelo muy corto y con tatuajes blancos y negros. Olivia podía distinguir el nombre Wendy tatuado en el antebrazo de la muchacha. ‘¡Oh Dios mío!’ pensó. ‘No me gustaría ser su compañera de celda.’

"Hola, soy Andy," dijo la otra chica. "¿Por qué te encerraron?”

"Posesión", bromeó Olivia. "Mi novio me inculpo falsamente."

"Suena como un novio que no necesitas. ¿Has estado alguna vez con otra chica?"

”No, y no pretendo hacerlo," dijo Olivia bruscamente.

"No te preocupes. Lo serás. Serás Gay durante tu estancia, al igual que todas las demás. Ya lo verás."

Gay durante la estancia. Esas palabras entraban a la mente de Olivia como un cuchillo caliente cortando mantequilla. No había manera que Olivia dejara que eso sucediera nunca.

"¿Andrea Jackson?" Un guardia le preguntó en la puerta de la celda. "Ven conmigo".

Andy fue llevada a afuera. Olivia esperaba que le dieran su celda pronto para poder descansar en paz y quedarse sola con sus pensamientos. Tenía frío, se sentía desnuda y ella estaba asustada. Unos 20 minutos después otra agente apareció en la puerta.

"Olivia Díaz. Ven conmigo."

Olivia fue dirigida por el pasillo hasta la celda que le esperaba. Hubo unos pocos gritos y silbidos de algunas de las niñas en las celdas que Olivia pasaba de largo. Finalmente llegó a la celda.

"24 Norte," gritó la guardia. "Abrir."

La puerta se abrió con un fuerte zumbido.

"Bienvenida a tu nuevo hogar."

Olivia no dijo una palabra mientras caminaba hacia su celda.

"Te toca la litera de arriba," dijo una voz desde abajo. Olivia no pudo ver la cara al principio, pero la voz sonaba familiar. Fue Andy. Oh, Dios mío.

"Hey, mira quién es. Vamos a tener un buen rato, tú y yo."

Olivia se subió a la litera de arriba y se recostó. Estaba cansada. Había sido un día largo. En poco tiempo estaba durmiendo. Algún tiempo después Olivia despertó para encontrar una mano en su muslo. Era Andy.

"¿Qué pasa preciosa?"

"Por favor, no me toques. Por favor. Voy a gritar."

"Yo no haría eso si fuera tú," con eso, Andy puso su mano sobre la boca de Olivia y empezó a subir a la litera.

Se puso al lado de Olivia en la cama, manteniendo la mano sobre su boca todo el tiempo. Apenas había espacio para las dos en la cama pequeña. La mujer tenia sus grandes pierna entre las piernas de Olivia, su muslo presionando firmemente el muslo de Olivia y movía la pierna hacia arriba y hacia abajo a lo largo de las piernas de Olivia.

"Se siente bien, ¿no?"

Andy comenzó a sentir los pechos de Olivia con su mano libre. Al principio, ella acariciaba suavemente y con firmeza le apretaba el pecho izquierdo.

"¡Oh! Estas tan buena," dijo Andy. "Puedo ver que vamos a pasar un buen rato tú y yo."

Andy beso suavemente el pezón izquierdo de Olivia. Con esto ella soltó su pecho y dejó de acariciar su pierna.

"Voy a soltar tu boca y si dices una palabra, tu culo es mío."

Olivia estaba paralizada por el miedo mientras la chica retiraba la mano. Olivia sólo se quedo allí, temblando mientras la chica se bajaba de la litera. No hubo otro incidente en el resto de la noche. Sin embargo, Olivia tenía dificultades para dormir. Las otras mujeres en el pabellón hicieron ruido toda la noche, gritando y hablando. El colchón era tan duro e incómodo. Por supuesto, hacía frío.

La mañana siguiente comenzó con el desayuno. El pabellón entero se comía al mismo tiempo. Olivia rápidamente obtuvo su comida y se encontró un asiento. Sentía como si toda la habitación la estuviera mirando a ella. Ella esperaba que podría comer de forma rápida y mantener un perfil bajo. Sus esperanzas se desvanecieron cuando levantó la vista y vio a Andy acercarse. Andy puso la bandeja en la parte delantera del asiento al lado de ella y camino detrás de Olivia. Olivia comenzó a ponerse nerviosa a la espera de lo que podría suceder a continuación.

"Hola a todas, quiero presentarles a mi nueva compañera de celda, Olivia."

"Ella se ve bien. ¡Te voy a dar un cartón de cigarrillos por ella!" Una de las reclusas gritaba a través del cuarto. Hubo risas de las demás reclusas.

"No, ella es mía. Toda mía." Con eso, Andy empezó a correr sus dedos por el pelo largo negro de Olivia. A continuación, comenzó a acariciar su cuello y pasó la mano hacia arriba y abajo de su mejilla.

"¡Mantén tus manos lejos de mi!" Gritó Olivia. Con eso, Olivia tomó su jugo de naranja y lo tiró en la cara de Andy.

"¡Perra!" gritó Andy mientras golpeaba duro en la cara a Olivia, tirándola al suelo.

Andy se puso encima de ella y las dos empezaron a pelear. Los pezones de Olivia se podían ver claramente expuestos por su traje mal cortado mientras las dos rodaban por el suelo. Otras reclusas se reunieron alrededor y empezaron a animar. Fue un caos instantáneo cuando las dos chicas se empezaron a pelear como si fueran a****les. La lucha consiguió la atención casi inmediata de los guardias. En momentos dos oficiales de corrección estaban de pie junto a las chicas sudorosas separándolas de la pelea. Una de ellas levantó a Olivia del piso por los hombros. Andy se levantó.

"Muy bien, ¿qué pasó aquí?" Gritó la guardia. "Hey Andy, ¡bienvenida de nuevo!"

"Sí, contenta de estar de vuelta, Pam," dijo Andy. Estaba claro que se conocían entre sí.

"¿Por qué te encerraron esta vez?"

"Me encerraron por una orden de arresto vieja, ¡puras mentiras!" Contestó Andy.

"Tengo que llevarte y anotar la amonestación, lo sabes."

"Eso no es justo, ¡ella empezó!" dijo Olivia.

"No importa. No está permitido las peleas."

Pam llevó a las dos por el pasillo hasta una pequeña oficina. Les sentó y procedió a llenar unos papeles. Después de unos diez minutos le dio un papel a Andy y le dijo que podía volver a su celda.

"¿Todos está arreglado?" Andy le preguntó.

"Sí, estamos listos," Pam dijo. "¿Todavía puedes obtener las cosas?"

"¡Claro que sí!" Andy bromeó. Estaba claro que estas dos se conocían y había algo entre ellas más allá de una relación recluso guardia normal. "Tengo gente que viene la próxima semana. Veré lo que puedo hacer."

"No te olvides de mí," dijo Pam, "Vete. Quiero tener una conversación con la chica nueva."

"OK. Voy a volver la semana que viene." Andy salió de la habitación.

La salida de Andy dejo a Olivia a solas con Pam. Pam le sonrió con una sonrisa siniestra y luego caminó hacia el frente de la mesa. Ella se sentó en el borde de la mesa y miró a Olivia con esa sonrisa en su rostro.

"Tengo que escribirte un informe por la lucha, ya sabes," dijo Pam. "Esto es un cargo completamente nuevo. Podría dejarte aquí otros seis meses, tal vez más."

"Por favor, no, ¡por favor!" Declaró Olivia.

"No tengo otra opción. Lo siento."

"Por favor, por favor. Voy a hacer cualquier cosa ¡por favor!"

"Mmmm. Eso es lo que yo quería oír."

Pam se quitó el rolo de su funda y empezó a frotar su entrepierna lentamente con él. Poco a poco, arriba y abajo se frotó la parte delantera de sus pantalones entre sus propias piernas. A continuación, tomó la porra y con un movimiento fuerte, rápido hacia arriba deshizo los dos broches de presión que mantenían cerrado el traje de Olivia. La respiración de Olivia se hizo tan pesada que se podía oír cada respiro. Pam comenzó a incitar a Olivia con el rolo. Primero empezó a acariciarle la mejilla, hasta sus pechos. Pam se bajó del escritorio y caminaba detrás de la silla de Olivia.

"Levántate," dijo mientras izaba a Olivia de la silla.

Cundo Olivia se levantó su mono cayó hasta los tobillos. Estaba de pie delante de Pam desnuda con su hermosa piel oliva a la vista. Fue una fiesta para los ojos de Pam. Pam tomo el rolo y lo movió de arriba a abajo en la raja del trasero de Olivia. Luego caminó alrededor de Olivia y lo metió fuertemente entre las piernas de Olivia. Olivia cerró los ojos y dejó escapar un fuerte gemido. El rolo estaba frío contra su clítoris. Pam comenzó a deslizar el rolo de arriba hacia abajo en contra el arbusto bien recortado de Olivia. Pam podía oír los débiles gemidos y suspiros de Olivia con cada roce. Pam camino alrededor de Olivia nuevamente.

"Agáchate, ¡perra!"

"Oh, por favor, ¡no!" Olivia suplico.

"Es esto o seis meses más. Tu elección."

Olivia lentamente se inclinó hacia adelante. Ella volvió a sentir el rolo contra su trasero esta vez apuntando lentamente contra la resistencia del agujero de su trasero.

"Apóyate en el escritorio con tus brazos," insistió Pam.

Olivia obedeció. Pudo sentir como Pam retiro el palo de su trasero, pero comenzó lentamente a deslizarlo por el apretado sexo de Olivia. Olivia comenzó a gemir mientras Pam mansamente comenzó a introducir el frió rolo adentro y afuera de ella. Primero fue apenas una pulgada o dos, luego más y más. El palo era frío y su diámetro era más grande de lo que Olivia estaba acostumbrada. Pam continuo, cada vez empujándolo un poco más adentro del húmedo sexo de Olivia. Pam lo empujaba y sacaba más y más rápido mientras Olivia sentía como los dedos de Pam de su otra mano se movían entre sus piernas encontrando su clítoris. Por muy degradante que esto fuera, ya se estaba empezando a sentir muy bien y en cuestión de minutos Olivia empezó a gemir profundamente y podía sentir un orgasmo por llegar.

En momentos Olivia estaba encima del escritorio, retorciéndose de placer, con el rolo follando su apretado sexo como un perro. Pam desaceleró sus movimientos mientras Olivia bajaba de su clímax. Pam rápidamente tiró del palo fuera del coño de Olivia y lo introdujo en el trasero de Olivia con un rápido movimiento que causó que gritara. Una vez más Pam comenzó a bombear el rolo. Sus penetraciones se convirtieron más y más rápidas y los gemidos de Olivia eran cada vez más fuertes. Otra vez más, la muchacha se vio sobrecogida por el placer, humedeciendo el escritorio y la mano de Pam. El interior de los muslos de Olivia brillaban con sus jugos y su espalda estaba brillante de sudor. Pam sacó el palo con rapidez una vez más y lo colocó sobre el escritorio junto a la cara de Olivia.

"Ponte tu mono y sal de aquí," dijo Pam. "Si le dices a alguien, eres una chica muerta."

Cuando Olivia comenzó a salir, Pam de repente dio un salto y se puso delante de ella. "¿Sabes qué?" Pam dijo intimidantementé: "Yo no creo que he terminado contigo. ¡De rodillas perra!" Pam estaba gritando en este momento. "En tus putas rodillas, ¡perra!"

Con esto, Pam agarro el rolo y lo puso entre sus muslos por su entrepierna. El palo estaba en un ángulo más o menos de 45 grados, al igual que un pene erecto. "Quiero que me lo chupes,” y asegúrate de que acabe."

Olivia vaciló. Pam agarró a la chica por el pelo y mantuvo su cabeza a centímetros del palo. "¿Vamos a hacer esto por las malas? Puedo meterlo a través de tus dientes."

Olivia abrió la boca y lentamente puso sus los labios en el palo duro. Ella podía ver manchas de brillo desde donde el palo acababa de salir de su propio culo.

"Vamos perra, hazme acabar…"

Ella comenzó a mover la cabeza de Olivia arriba y hacia abajo tirando de su cabello. Sus movimientos se hicieron más violentos con cada empujón.

"¡Vamos perra!" le gritaba una vez más, "Vamos perra… te dije hazme acabar."

Pam fue agresiva moviendo la cabeza de Olivia arriba y en el palo. Se podía escuchar la boca de Olivia hacer sonidos babosos cuando la saliva corría por el palo. Pam no paraba de gritar. Mientras ella se ponía mas y mas violenta. Ella movía la cabeza de Olivia arriba y hacia abajo en la porra cuando la baba de Olivia corría por el palo y comenzaba a formar un charco de húmeda en los pantalones de Pam. Finalmente, después de unos cinco minutos Pam se detuvo.

"Supongo que no voy a acabar. ¡Apuesto a que es la polla más dura que jamás hayas tenido!" Ella seguía gritando. "Ajústate el traje y lárgate de aquí."

Olivia salió corriendo por la puerta lo más rápido que podía Pam podría cambiar de opinión. Una vez que llego a la esquina se detuvo y se apoyó contra la pared en un esfuerzo por recuperar el aliento. Ella jadeaba de emoción. Ella no podía hablar, solo jadear. Unos minutos más tarde regresó a su celda. Olivia de inmediato subió a la litera de arriba y se recostó. La terrible experiencia que acaba de experimentar tomó mucho de ella. Ella tenía hambre, estaba cansada y sentía la necesidad de tomar una ducha mal. Preguntó a Andy cuando era la hora del almuerzo, y se le dijo que acababa de perderlo. También pregunto acerca de tomar una ducha y se le dijo que los privilegios de la ducha eran a las dos. Eso alrededor de una hora. Había tiempo para descansar y tratar de calmar su mente.

Dos de la tarde, finalmente llegó y a los internos se les permitía moverse por la cárcel, dentro de los límites, por supuesto. Las presas pueden ver la televisión en la sala de estar, jugar al baloncesto en el gimnasio, utilizar el teléfono o tomar duchas. Olivia realmente esperaba el momento de tomar una ducha. Agarro una toalla limpia y una toalla facial de la entidad fiduciaria para su bloque de celdas y se dirigió a la sala de ducha. Cuando llegó a la cabina de ducha Olivia se complació en ver que no estaba tan llena que no habría que esperar. Olivia soltó los broches de su traje y lo dejó caer al suelo. Ella lo recogió y lo puso en un gancho en la pared. Hizo una nota mental de tratar de conseguir otro mono limpio tan pronto como fuera posible. Esperemos que sea uno con todos los broches de presión en el frente.

Olivia entro a la ducha y la encendió. El agua estaba un poco fría, pero definitivamente se sentía refrescante. Se quedó allí durante un par de minutos y dejo que el agua corriera por su cuerpo, las gotas deslizándose por su larga cabellera y por su espalda. Que bien se sentía. Después de unos minutos de esto Olivia tomó el jabón y se puso a enjabonarse su cuerpo. Primero los brazos, luego las piernas y sucesivamente. Mientras estaba allí enjabonándose, con los ojos cerrados y la cara hacia arriba hacia la corriente de agua, Olivia de repente sintió una mano en su trasero. Ella se dio vuelta para ver a Andy y otras dos chicas, todas completamente desnudas. Ella estaba tan absorta en la ducha que no se dio cuenta de que entraron al baño.

"Parece que necesitas un poco de ayuda enjabonándote," dijo Andy, "Estamos aquí para ayudar."

Andy se inclinó hacia abajo y tomó la pastilla de jabón y comenzó a enjabonarle las piernas a Olivia de una a una con trazos largos y firmes, mientras que sus dos amigas agarraban a Olivia por los brazos. Andy comenzó a besar y mordisquear el culo firme y hermoso de Olivia, que estaba justo en frente de su cara. Luego deslizó su lengua entre las mejillas de su trasero y se arrojó hacia adentro y hacia fuera mientras que subía y bajaba su trasero. Siguió moviendo el jabón por sus piernas hacia arriba y empezó a enjabonarle el trasero a Olivia con masajes firmes como mociones. Ella se aseguró de deslizar cuidadosamente el jabón por su culo mientras el agua corría por su raja, Andy movía su legua por el agujero del trasero de Olivia y volvía a aplicar el jabón. Mientras tanto, las otras dos chicas estaban mordisqueando las orejas de Olivia y enjabonaban la parte superior de su cuerpo con especial atención a sus pechos y pezones endurecidos. Olivia estaba cubierta con un poco de jabón en este momento. Las chicas le dieron la vuelta y Andy juiciosamente enjabonó su arbusto suave.

"Yo podría utilizar un buen cepillo de limpieza," bromeó Andy mientras se frotaba la cara contra el montículo enjabonado de Olivia. "Parece que es el momento de su enjuague."

Con esto las chicas agarraron a Olivia debajo de los brazos y Andy la agarró por el culo y la alzaron con las piernas en el aire y con su sexo jabonoso al nivel de los ojos y directamente bajo el chorro de agua fría. Olivia cerró los ojos y dejó escapar un gemido cuando el agua fría golpeó su clítoris. Andy movió su mano derecha hasta el sexo de Olivia y lentamente introdujo primero uno, luego dos y finalmente tres dedos, vigorosamente llevando a la chica a un frenesí. El agua corría por su cuerpo y con su trasero apuntando alto al aire, el agua jabonosa fue rodando por el paso de sus pechos redondos y corriendo por su pelo largo y negro. Con la cabeza inclinada hacia atrás el pelo casi tocaba el suelo con el agua jabonosa goteando formando un charco resbaladizo en el suelo de baldosas.

Las muchachas siguieron enjabonándose y acariciándose mutuamente en la ducha durante algún tiempo disfrutando de la sensación del agua corriendo sobre sus cuerpos. Después que todo había terminado se turnaban secándose unas a otras acompañado por un montón de risas y caricias. Después de un rato de ajustes lúdicos y largos besos se ayudaron unas a otras a vestirse y se dirigieron a la sala de estar. Más tarde ese mismo día a la hora de la cena Olivia y Andy se sentaron una al lado de la otra. Andy a veces se acercaba para acariciar la pierna o el brazo de Olivia. Si estaba preocupada por eso, desde luego no lo demostraba.

Olivia terminó siendo liberada tras cumplir la mitad de su tiempo. Ella hizo el tiempo que le quedaba en libertad condicional. Cuando llegó el momento de irse, Andy le entrego a Olivia su número de teléfono en una hoja de papel. "Yo debería estar fuera de aquí en un par de meses." Decía.

Olivia tomó el papel y pensó, "que nervios tiene ella, ¡yo tengo novio!” Olivia pensaba en su reciente pasado y lo que Kenny había hecho. Metió el papel en el bolsillo.

Abril, 2009.

Traducida para Historias Lush por Mandy – 05-20-11.
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Posted by Exakta66 3 years ago  |  Categories: First Time, Group Sex, Lesbian Sex  |  Views: 185  |  
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Ironía por duplicado

Hacía ya más de dos meses que no sabía nada de Santi. Desde aquella tarde en la que me ofreció a su amigo Akim (léase mi experiencia “De repente, un extraño”) sin ningún escrúpulo y mostrando más bien poco respeto por mi persona, decidí no volver a verlo nunca más. Esa tarde pseudo morbosa de hacía dos meses había sido una experiencia sexual muy abrumadora, es cierto, pero a la vez me convencí de haber sido utilizada y, por lo tanto, proyectó en mí un complejo objetivamente injustificado de guarra hedionda, un concepto muy machista que, por influencias educativas anticuadas o convenciones sociales del medievo, no podía sortear con facilidad. Disfruté tanto de Akim que, definitivamente me advertí un mero objeto de deseo en manos de un desaprensivo. Una sensación extraña y contradictoria invadía todo mi cuerpo y, lo que es peor, toda mi alma. Habían días que aún me excitaba pensar en ese monstruo de piel cobriza, y en el hombre a él pegado.

Pero de eso hacía ya mucho, y ahora estaba disfrutando con 3 amigas en un bar de mojitos en pleno barrio del Borne. Todos los jueves, viernes y sábados intento evadirme de mi rutina estudiantil enriqueciéndome con la compañía de mis amigas más cercanas, con las que compartimos risas y experiencias. Ahora mismo se había puesto de moda “ir de mojitos”, y la zona sur de la ciudad es el punto caliente para reunirse y para los encuentros imposibles, para aproximarse también a antiguos conocidos o conocer mejor a viejos presentados. Da la sensación de que toda la ciudadanía noctámbula se da cita en tres calles del casco antiguo tres días a la semana. Son noches divertidas, de asueto, en las que puedes acabar saturada de sociedad y ebria de relaciones, o incluso acompañada por un viajero aleatorio gracias a un simple impulso sexual. Yo tenía por norma, desde hacía ya varios años, no acostarme con tíos a los que había conocido esa misma noche, y mucho menos estando bebida ya que, en las dos ocasiones que me lancé, simplemente porque me hervía el coño, me encontré a la mañana siguiente en la cama con un desconocido asqueroso y maloliente. La mera perspectiva de repetir algo así me daba náuseas.

Pero el problema de nuestra existencia es que las casualidades existen, y que las ironías del destino te enfrentan a los fantasmas de tu pasado, aunque éste sea cercano. Así fue cómo me tope de bruces con uno de mis espectros. Esa noche era una más, un viernes creo, estaba disfrutando de buena compañía y riendo con las amigas y dos plastas que se nos pegaron durante la velada. Y lo vi aparecer. Cruzó la puerta de entrada y, justo cuando yo tenía los ojos clavados en ese ente, él se giró para devolverme la mirada. Akim iba acompañado de otro tío que, afortunadamente, no era Santi. Solo me faltaba el patético número de un señorito ofendido o despechado. Por un momento suspiré de alivio y, a la vez, lo reconozco, me invadió un escalofrío vertiginoso por todo el cuerpo que me hizo temblar con un latigazo. Sin duda mi semblante cambió de repente.

“¿Estás bien?” me preguntó Ana.
“Sí, creo que he bebido demasiado hoy”, le respondí consciente de que era una respuesta falsa.

Mirando a Akim desde la esquina del lugar, desde la mesa en la que nos hallábamos, supe reconocer cada detalle físico que, en su momento, me había poseído salvajemente. Aquellos pensamientos que aún me ocupaban esporádicamente desde entonces, se estaban reuniendo en uno solo, haciendo que mi propio estado físico cambiara radicalmente de talante para pasar a calentarse progresivamente. Intenté disimular mi interés por el personaje y, de vez en cuando, me reincorporaba a la tertulia y a las risas. Esto ejercía, a su vez, de extintor a las llamas que estaban prendiendo bajo mi ropa interior. Realmente no esperaba esta reacción fisiológica propiciada por mi mente puesto que, como he dicho antes, Santi y Akim eran ya una experiencia finita. El problema es que mi chocho tiene ideas propias. Y mucha hambre.

Pasaron los minutos e intuí que Akim no iba a dirigirse a mí para nada. Sin duda me había reconocido, pero no parecía interesado en saludar siquiera. Su carácter misógino y su cultura machista le impedían comportarse como una persona educada o, como diríamos en sociedad, “como un caballero”. Por un lado celebré esa pose suya, no se me ocurriría cómo abordar la situación y, sobre todo, no sabría cómo presentar ese gigante a mis amigas Ana, Mónica y Esther. ¿Qué les diría? “Os presento a Akim, un amigo de las minas de azufre”... o “este es Akim, chicas, el empalador de Transilvania”. ¡Nah! Mejor así. El contrapunto inapropiado a todo esto es que el cabrón de mi coño iba diciendo “au au auuuu”. Pero ni caso.

Akim y su amigo estaban de pie en la barra, tomando unas cervezas y echando las miradas a unas y a otras. En ese sentido no destacaban del reto de varones: iban de caza. Y mi estúpido orgullo no iba a permitir eso. O sea, ¿este cabrón se atrevía a dejarme la cara hecha unos ciscos dos meses antes y ahora ni siquiera me iba a decir “hola”? Ni de coña. Me excusé con mi grupo y me levanté para dirigirme hacia la barra con la intención de “pedir otra copa”. Mi aspecto era muy seductor, cuando salgo por la noches intento ser siempre el objeto de deseo de los machos alfa en busca de carnaza fácil. Era un juego al que me gustaba apostar para luego hacerme la estrecha y resistirme lascivamente a cualquier oferta. Lo cual me obligaba a volver a casa sola y más caliente que el palo de un churrero. El onanismo diario era lo que regulaba mi temperatura para el resto de la semana. Esa noche recuerdo que llevaba el pelo recogido con un lazo de estampado británico, una blusa blanca con ribetes de encaje, una minifalda a juego con el lazo y unos leggins granate que llegaban a la parte alta del muslo. Mis armas eran, sin lugar a dudas, de destrucción masiva.

Me acerqué a la barra y me coloqué al lado de Akim.

“Dos mojitos más”, por favor, le solté al camarero. “¿No vas a saludar, Akim?”
“Hola Eva. ¿Para qué voy a hacerlo si ya has tomado tú la iniciativa?”
“No sé, chico, ¿por educación?” respondí acalorada. “No estará por aquí Santi, ¿no?”
“No he venido con él hoy”.
“Ya lo veo. ¿Está muy cabreado?”
“Oye Eva, ¿qué quieres de mí? ¿Has venido a preguntarme por Santi, a reprocharme que no te salude o a que te ponga mirando a Cuenca otra vez?” Vomitó el muy cerdo en tono sarcástico. Su acompañante sonreía.
“Qué gracioso... acaso crees que eres el único tío en el planeta?”
“Claro que no. Pero seguro que te gustaría que lo fuera, ja ja ja”.

Su seguridad y talante narcisista me crispaban los nervios y, a la vez, me daban un morbo brutal. Esa humillación verbal hacía que mi cuerpo se recalentara por dentro y expandiera sus calorías hacia todas mis extremidades. La sensación era tan contradictoria que me quedé varios segundos repasándolo con la mirada de arriba a abajo, con los nuevos mojitos en ambas manos, pensando “me quiero follar otra vez a este asqueroso”.

Entonces, sin mediar más palabra, como si hubiera leído mi pensamiento, me agarró los mojitos, los recolocó en la barra y me cogió de una mano arrastrándome con él hacia la parte más recóndita del local, donde se encontraban los lavabos. Quise resistirme a esa violencia explícita, no estaba dispuesta a seguirle a donde él quisiera. Yo tiraba de mi mano hacia abajo para soltarme, pero él me tenía bien agarrada y, con un empujón, acabó obligándome a entrar en el lavabo destinado a los minusválidos. Era una habitación al margen de los lavabos tradicionales en forma de box. Incluía los complementos esenciales para la facilidad de las personas discapacitadas y, por lo tanto, se trataba de un lugar menos concurrido y también más íntimo. No recuerdo qué se me estaba pasando por la cabeza en aquellos segundos, pero sí atesoro sus palabras inmediatas.

“Quítate las bragas”, me impuso.
“¿Estás de broma? ¿De qué vas, tío?” Me estaba empezando a asustar un poco.
“¡Que te quites las bragas! ¡Y dámelas!”, insistió.

Obedecí a regañadientes. Me metí las manos bajo la minifalda, de la forma más discreta de la que fui capaz, y empecé a bajármelas mientras no le quitaba ojo a Akim.

“¡Rápido! Dámelas.”

Estiré la mano para ofrecérselas e, inmediatamente, se las puso en la cara para olerlas en un solo gesto olfativo largo y contundente.

“Joder qué bien te huele el coño, zorra. Sácame la polla y chúpamela”, me soltó mientras seguía disfrutando de mi aroma.
“Tío, ya tienes lo que querías, ahora déjame en paz”.

Empecé a preocuparme y, paralelamente, sus palabras obscenas y sus insultos me ponían a mil.

“No me obligues a repetírtelo Eva. Quiero que me hagas una mamada. Y rápido, que no podemos acaparar este servicio mucho rato”.

Me subordiné a sus peticiones. Él mantenía mis bragas en toda su cara, olfateando y mirando hacia el techo, mientras movía sus caderas transmitiendo mi obligación de abrirle la bragueta para sacarle la tranca que yo aún recordaba de tamaño considerable, brillante, color ocre y olor a moro. Le abrí el pantalón desde el primer botón hasta el último y, para conseguir bajárselo hasta las rodillas me agaché frente a él. Me remangué la falda por la cintura dejando mi vulva mojada a la vista, me acurruqué en cuclillas abriendo mis piernas casi al máximo y arranqué de su slip el miembro erecto. Salió de forma abrupta y me golpeó en la cara. Estaba ya muy dura, pero yo sabía muy bien que eso podía ponerse aún más férreo.

“Empieza a chupar Eva, que estoy muy cargado y quiero llenarte de leche”.

Caramba, no podía permitir que me manchara otra vez el pelo, la cara y la ropa con su raudal de esperma espeso y blanquecino. Ya sabía lo que era eso, y ahora estábamos en un lugar público. Tendría que inventarme algo para no delatar mis prácticas furtivas a 10 metros de mis amigas. Le agarré como pude ese cilindro moreno y lleno de rugosidades y me lo llevé a la boca sin más contemplaciones. Noté cómo se endurecía más y más dentro de mi cavidad bucal mientras él ayudaba la incursión con pequeños movimientos atrás y adelante para follarme, primero lentamente, y después con más deleite. Yo no transigí en esa efusividad e iba pausando sus embestidas con mi propia mano, marcando un tope de profundidad dentro de mí.

“Joder, menuda boca, tía. No pares hasta que te avise”, me ordenó.

Mientras pajeaba ese cipote con mis labios y frotaba el émbolo con mi mano, notando su excitación y escuchando sus gruñidos, yo miraba hacia arriba esperando un gesto definitivo en su semblante, una mueca que revelara su siguiente paso. Y a la vez pensaba cómo iba a asumir sus borbotones sin que se formara un cuadro imposible de disimular frente a la concurrencia. Pero no tuve mucho tiempo para reflexiones.

“Me va a salir ya Eva”, susurró entre varios resoplos.

Pensé que lo único que podía hacer en ese momento era acelerar mis movimientos, permitir algo más de profundidad en mi garganta y dejar que descargara todo su engrudo dentro de mí. Noté repentinamente cómo una primera descarga salía de la verga hinchada y recorría mi gaznate hacia mi estómago. Sus gemidos eran los propios de un tío eyaculando al máximo de sus posibilidades. Cerré los ojos y permití que siguiera liberándose en mis entrañas bucales, pero la cantidad de crema era superior a mis tragaderas, y enseguida noté cómo se me iba llenando la boca con aquella leche espesa que no podía engullir. El efecto embudo desembocó irremediablemente en una arcada vomitiva que me apremió a apartar esa polla embutida a un lado y escupir en el suelo todo aquello que no pude asimilar. Aún tenía su miembro agarrado con mi mano y mi cabeza agachada me ayudaba a liberarme de la inmensa corrida.

“¡Mira que eres puta! Vaya forma de tragar, nena”.
“Vete a la mierda, capullo. Casi me ahogo”. Estaba muy cabreada.
“Me llevo tus bragas. Si las quieres ven a casa el miércoles a las siete y te daré tu regalo”. Espetó sosegadamente saliendo del lavabo, antes de que yo pudiera decirle nada más.

En ese momento solo me importaba recuperarme y acicalarme lo mejor posible para no levantar sospechas a nadie de lo que acababa de ocurrir. La única diferencia es que ahora no llevaba bragas, pero es algo que nadie acertaría a saber durante lo que restaba de noche. Me senté de nuevo frente a mis amigas y pude comprobar que Akim y su amigo habían desaparecido.

“¿Dónde has estado, Eva? El camarero nos trajo dos copas que dejaste en la barra abandonadas”.
“Lo siento, chicas, estaba en el lavabo hablando por teléfono”.
“¡Coño, qué llamada tan importante!, ja ja ja.”

No se habló más del tema. Yo estaba incómoda y bastante congestionada. Notaba una leve brisa de aire fresco en mi chichi desnudo y renuncié al resto de la noche alegando cansancio. Me despedí y, en el taxi de vuelta, repasé mentalmente todo lo que había acontecido durante esos quince minutos en el lavabo de minusválidos y, sobre todo, intenté recordar porqué se llevó mis bragas y procuré adivinar a qué “regalo” se refería antes de desaparecer de mi vista. “El miércoles a las siete”. Ese tipo estaba pirado. Y yo también, si decidía acudir a la cita. Llegué a casa y, antes de nada, antes incluso de enjuagarme bien la boca, eché mano de mi juguete de látex para aliviar mi entrepierna desnuda bajo la faldita, mientras aún podía saborear el gusto metálico de Akim en mis labios y oler los restos invisibles de su savia bajo mis fosas nasales.

El martes siguiente aún le estaba dando vueltas a todo lo acaecido en el lavabo y, sobre todo, lo más grave, es que me estaba planteando seriamente ir a ver a Akim, no solo para recuperar mi ropa intima, sino para reclamar el "regalo" que me había prometido. No podía evitar esa multitud de pensamientos calientes con la certeza de que alguno de ellos se podría cumplir al día siguiente. Ese tío era realmente desagradable y humillante. Y es justo eso lo que me ponía tan cachonda. Era la primera vez en mi vida que la rudeza de un hombre, y sus formas heterodoxas y poco convencionales, llamaban mi atención con tanto deseo. Al final iba a resultar que el imbécil de Santi me había hecho un favor abriéndome las puertas de un sexo basado en la experiencia de la obediencia y el sometimiento.

Ya era miércoles. El miércoles. Y pasé el día en casa estudiando y pensando. A las 6 de la tarde me dispuse a salir de casa para coger el autobús destino Akim. No me vestí de forma especialmente sexy, llevaba unos pantalones pitillo vaqueros, un jersey de lana con cuello alto, calzaba unos stilettos altos que estilizaban mi figura y portaba un bolso de mano. Me aseguré de llevar las bragas bien limpias, recién mudadas, y procuré no mojarlas durante el trayecto. No sé si iba a conseguirlo. Muchas cosas recorrían mi mente, y ninguna de ellas tenían que ver, precisamente, con las de una beata reprimida.

Llamé a la puerta a las siete en punto. Me sentía nerviosa y excitada. Era perfectamente consciente de la razón por la que estaba ahí, y no se me ocurrió recular en ningún momento. Ese moro asqueroso me ponía a mil. Sucio e impertinente despertaba en mí los instintos más primarios. Ya notaba cómo mis partes bajas se calentaban y humedecían por el mero hecho de estar ahí, esperando el "regalo" tras esa puerta. Por fin se abrió y Akim me invitó a pasar. Reconocí de inmediato ese olor a incienso, esa estancia morisca y su decoración recargada y acogedora a la vez. Y oteé también una silueta sentada en el suelo, al fondo de la sala, que no encajaba con lo que yo recordaba.

"Pasa y ponte cómoda, Eva", me ofreció Akim. "¿Te acuerdas de Tono? Iba conmigo el día que me hiciste la mamada y me corrí en tu boca".
"No sé por qué tienes que ser tan ordinario, tío", afirmé de forma retórica.
"¿Te vas a hacer la estrecha ahora?"
"No tiene nada que ver con eso..." Intenté acabar la frase cuando Akim me agarró por el brazo para atraerme hacia él contundentemente.
"Deja de hablar y enséñanos lo buena que estás", concluyó el tío cerdo.

Me despojó del bolso de mano y lo lanzó sobre uno de los cojines del suelo, junto al invitado inesperado llamado Tono. Y, mientras yo estaba paralizada, clavada de pie en el centro de la estancia, Akim procedía a desnudarme en silencio deslizando mi jersey por encima de mi cabeza, soltando mi sujetador para mostrar mis pechos turgentes, descalzando mis pies para facilitar la extracción de los pantalones y dejándome, finalmente, en bragas frente a su amigo. Tono dijo algo en marroquí que fui incapaz de adivinar. Pero por su cara, me lo pude imaginar.

"Siéntate en esta silla y mastúrbate para nosotros, Eva".

No pude construir frase alguna. Me senté en la silla mirando a Akim y luego a su amigo, como si estuviera hipnotizada, como si sufriera un síndrome de estrés post traumático. Era una situación muy embarazosa. Tenía que pajearme delante de esos dos orangutanes hambrientos, y yo era su único ágape del día. Se apalancaron los dos en el suelo, sentados sobre los cojines típicos, delante de mi entrepierna, tal vez a un par de metros de distancia.

"Tócate y ponte muy cachonda Eva, queremos ver cómo te excitas" soltó Tono. Fueron las primeras palabras que le oí decir desde que conozco de su existencia.

Comencé a acariciarme las tetas para endurecer mis pezones y facilitar la secreción de flujo bajo mis braguitas. Era muy difícil excitarse de esa guisa, y me estaba llevando mas tiempo del habitual, cosa que no agradó a mis espectadores que, en un impulso de sabelotodismo sexual, se incorporaron para ponerse a ambos lados de mi asiento. Akim me agarró una de las piernas para levantarla, y Tono hizo lo propio en su lado a la vez que, usando su mano libre comenzó a tantear mi coño sobre la tela de mi prenda íntima. Volvió a decirle algo a Akim en su idioma natal, y dedicó los siguientes minutos a rozar con sus dedos mi escudete ya caliente que dejaba intuir mis labios totalmente depilados. Tono se esforzó en calentarme con presteza, y su insistencia pronto dio resultados. Empecé a ponerme muy cachonda notando esos dedos jugueteando sobre mi ropa fina, y Akim abarcó entre dos de sus dedos uno de mis pezones, apretando con la presión justa para facilitar mi calentura. Tono localizo con el tacto mi clítoris hinchado y procedió a frotarlo con insistencia, obligándome a soltar un gemido que proporcionó ánimos a mis dos pajeadores. Los toqueteos sobre la zona más sensible de mi cuerpo iban a desembocar muy pronto en un orgasmo que ambos estaban deseando. Y cuando mis suspiros eran ya muy evidentes, y mis temblores característicos, Tono decidió expresarse en español:

"Córrete, preciosa", me susurró en alto mientras frotaba a toda velocidad mi botón.
"Ya la tienes a punto", confirmó Akim.

Ambos eran muy conscientes de que me estaba corriendo. Me contraje sobre la silla, cerré las piernas de golpe y dejé que el momento me poseyera por sí mismo.

"Síiii, ja ja ja" gritó Tono efusivamente, como si hubiera encontrado oro en un riachuelo.

Entre ambos habían conseguido que descargara toda mi pasión en el interior de mis bragas. No quería ni imaginarme cómo las había dejado, pero Tono no esperó ni un segundo más a descubrirlo. Me las arrancó de un tirón y confirmó que “esas eran para él”. Es decir, otra vez iba a volver a casa con el higo a la fresca. Pero aún no.

Akim me levantó de la silla mientras hablaba con su amigo de nuevo en su propio idioma. Me llevó a una habitación que resultó ser su dormitorio, o el de invitados, porque era austero y de decoración breve. Me sentó en el borde de la cama y estiró mi cuerpo sobre la misma. Enseguida apareció Tono delante de mí. Incorporé mi cabeza y pude comprobar cómo se desnudaba rápidamente de cintura para abajo mostrando su pollón empinado. Sin mediar palabra alguna en castellano levantó mis dos piernas y me ensartó de una sola embestida. Grité de placer y de dolor. No era un miembro tan grande como el de Akim, pero esa forma errática de precipitarse a mis entrañas ofrecía unas sensaciones demasiado ásperas.

“Por Dios Eva, qué caliente estás”, balbuceaba Tono mientras me bombeaba sin compasión.

Akim se había desnudado a mi lado y parecía esperar su turno completamente erecto. Yo me sentía llena, gimiendo de auténtico placer, unos sonidos que, junto al olor a sexo ya invadían toda la estancia. De vez en cuando me proponía ser testigo de los embates de mi follador y, colocando mis dedos en la entrada de mi vagina, palpaba cómo esa tranca entraba y salía de mí a toda velocidad y absolutamente manchada de mi propio flujo. Ya no sentía dolor, ahora era todo pura ansia, auténtico apetito. No tardé en correrme a lo bestia ciñendo a mi empalador mientras soltaba diminutos chorros, que se tornaron en más abundantes cuando Tono salió repentinamente de dentro de mí. Al ser testigo de ese aluvión orgásmico me palmeó varias veces la vulva con la intención de aprovechar mi sensibilidad en mi propio beneficio, salpicando sobre mis muslos el líquido que aún surgía de mi cuerpo.

Akim se estiró boca arriba en la cama y me pidió que me subiera sobre él, que me empalara su miembro perpendicular y que me moviera “como la putita que era”, según sus palabras. Obedecí como una buena “putita”, en efecto, y comencé a saltar lentamente sobre su verga inmensa. Yo misma marcaba el ritmo y la profundidad del falo, no en vano es la posición ideal para controlar esos detalles. Enseguida entré de nuevo en éxtasis, y mis movimientos principales eran ya muy profundos y arrítmicos. Akim me agarró por los hombros para acercarme a los suyos permitiendo que descansara la cabeza junto a la suya. Fue entonces cuando noté el aliento de Tono justo tras mi oreja e, inmediatamente después, su miembro caliente tanteando mi ano.

“¡Espera, por favor!” le grité a Tono, que ya había empezado a empujar sobre mi agujero rugoso y sonrosado.

“Tranquila Eva, lo hará con cuidado” me susurró Akim mientras me paralizaba con fuerza el cuerpo para evitar cualquier posibilidad de escape.

Aún no había acabado la frase y el glande de su amigo ya estaba deslizándose por el interior de mi intestino. Noté cómo me forzaba, de qué manera daba de sí aquel orificio que solo una vez antes había sido perforado. Entraba de forma cadenciosa, con la intención expresa de no dañarme. Yo no podía evitar emitir gemidos de dolor. Pero no era dolor. Era la sensación de ser invadida en lo más íntimo de tu ser, era la certeza de haberte entregado por completo, de estar siendo violada bajo un consentimiento tácito. Y era excelente.

Cuando ambas pollas se encontraron definitivamente dentro de mí comenzó un vaivén por turnos que me estaba llevando directamente al paroxismo. Los esfuerzos físicos y mentales de ambos chicos para no coincidir en la misma envestida eran ahora latentes. Sudorosos y resoplones, se habían centrado en su propia excitación. Y en medio de ese sandwich de carne cobriza yo disfrutaba de mis orgasmos, que no dejaban de presentarse apenas cada diez asaltos. Cuando se manifestaban, ordeñaba literalmente ese par de troncos, cuyos propietarios delataban sus sensaciones bufando como desesperados. A punto de descargar sus fluidos, intentaban demorar ese momento paralizando la follada y permitiendo que los tres pudiéramos descansar un rato y después otro. Se agradecían esos momentos “kit-kat” porque la intensidad era mayor minuto a minuto. Yo sentía esas vergas cada vez más duras e hinchadas dentro de mí. Ambos orificios los tenía congestionados y no habían sido aliviados ni un segundo desde las penetraciones iniciales. Estaba gozando tanto que no deseaba un final. Pero éste era inminente.

Primero Tono y después Akim salieron de mi culo y de mi coño, respectivamente, y rápidamente, cada uno a un lado de mi torso desnudo y estirado boca arriba, se arrodillaron apuntando sus misiles hacia la parte superior de mi torso.

“Te vamos a inundar de leche”, espetó Akim con la cara morada y los huevos hinchados.

Tono pareció no tener nada que añadir. Ambos pillaron sus rabos con una mano y, prácticamente al unísono, soltaron un gruñido grave y sonoro seguido de sus pertinentes ráfagas de esperma que, de un lado y del otro, efectivamente inundaron la parte superior de mi cuerpo, mis tetas, mi cuello, mi cara y mi pelo. La cantidad de leche que era capaz de descargar Akim no era ninguna novedad para mí, pero Tono no le andaba a la zaga. Era menos cantidad, pero igualmente potente y espesa, dejando ambos mi piel cubierta de semen. Esa es la sensación que me llevé en primera persona, y luego la ratifiqué cuando, delante del espejo, antes de ducharme, comprobé el manto viscoso y blanquecino que me habían “regalado”.

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Posted by EvaManiac 8 days ago  |  Categories: Anal, Group Sex  |  Views: 1416  |  
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Pandora es un juego peligroso

Una tenue brisa penetraba tímidamente por la ventana, acariciando la estancia con un invisible manto de frescura que se agradecía entre los rigores estivales. Desde la calle se podía oír a un nuño reclamando repetidamente a su madre, pero en la habitación solo se intuía el rumor uniforme de la ducha. El dormitorio estaba empapelado con motivos florales, una zarza que crecía del zócalo al techo, reflejada en su gemela, que a su vez, repetía su imagen hasta abarcar toda la pared. En la mesita había un cenicero; aunque David no era fumador, de vez en cuando, echaba un pitillo antes de dormir. A su lado, reposaba el diario del día, enrollado para que su portabilidad fuera más cómoda, se podían ver algunas de las grandes letras del titular de portada:”REBAJAS”. A los pies de la cama, amontonadas, parecían descansar las bolsas que durante la mañana habían sido rellenadas con aplicada dedicación, abrigando fervientes deseos y esperanzas en su elección. La luz del cuarto de baño contiguo añadía luminosidad artificial que combinada con la natural que se filtraba por la ventana, daban al habitáculo una extraña combinación de media luz con ribetes oscuros que se aferraban a los rincones. El cuarto de baño estaba inmaculado: sanitarios funcionales pero relucientes, baldosas pálidas, solo diferían pequeñas gotas ocasionales dispersas por el piso. David cortó el chorro y descorrió la cortina, dispuesto a secarse las gotas que se escurrían por su cuerpo, de su cabello mojado, descendían por la frente para entrometerse en sus ojos.

Una vez seco, y ataviado con la toalla amarrada a su cintura, se dispuso a vaciar las bolsas que le esperaban ordenadamente, una detrás de la otra. De una sacó una cajita rectangular. La abrió con parsimonia, delectándose del momento, aplacando su ansia y saboreando la lentitud con la que sus manos descubrían su interior: unas braguitas negras en encaje floral de finísimo hilo, con semitransparencias , provista de una obertura trasera que, en un momento dado, dejaría al descubierto el surco de sus nalgas. David se lo puso. Notó como aquel característico tacto le acariciaba el escroto, mullía su vello púbico y adaptaba su elástico en torno a sus caderas. Sólo las prendas íntimas femeninas podían compararse a la mano protectora de un amante fiel y tierno. Contempló su imagen en el espejo del armario: le marcaba el paquete de una forma insolente y excitante a la vez. De la misma bolsa, sacó unas medias de rejilla. Fue cubriendo sus pies para después, pasar por las piernas, notando como rombos negros protegían su piel, delicadamente depilada para la ocasión. Extendió con las dos manos el sostén de cuero negro; las copas estaban unidas por una argolla. Lo había comprado tiradísimo de precio. Introdujo el relleno postizo y se lo probó. El espejo testificaba que las hojas daban una apariencia poderosa y exuberante: de su pecho pendían las dos copas colmadas. Llegó el turno de la prenda que cubriría la mayor parte de su cuerpo, la que atraería ojos para que después, habiéndose fijado en los detalles, ascendería cejas: un impresionante mini vestido también negro en tejido elástico que se adaptaba a su cuerpo moldeándolo como una segunda piel, dermis que tenía un efecto brillante, elegante y valiosa como el petróleo. Antes de calzarse aquel par de botas de caña alta, decidió darse el gustazo y lamerlas en su totalidad: pasar su lengua por toda su reluciente superficie negra, por los cordones que iban desde el empeine hasta las rodillas, por la suela, aunque aun por estrenar, estaba limpia, poder introducir los doce centímetros de tacón en la boca, y atraparlo dentro… ¡Qué delicia! ¡Qué placer! Sintió como emergía una erección aplacada por los gentiles tejidos de las braguitas, que saludaban el movimiento, aumentándolo con el delicado roce de sus costuras y bordados. Por último, sacó una peluca y se la puso. Una cabellera rubia instalada en su cabeza dejaba caer una cascada de mechones platino que cubrían sus hombros y desembocaba sus finas puntas sobre su pecho.

La transformación había sido todo un éxito: de pasar a ser un personaje ordinario, un punto entre la muchedumbre, a convertirse en toda una mujer, atractiva, altanera, segura de sí, dueña de un poder inconmensurable que le otorgaban sus rotundos encantos y que su vestimenta aumentaba.

Volvió al cuarto de baño y, dentro del mueble del espejo, detrás del elixir bucal, se encontraba el kit de maquillaje que toda mujer está dispuesta a usar para sacarse el máximo partido. Se repasó la línea de los ojos, aumentó sus pestañas y añadió un vivo tono a sus coloretes. Y para los labios, la elección fue un descarado rojo pasión que le hacía parecer un putón. Era como la bandera roja que advierte a los nadadores precavidos y cautos y solo provoca a los más osados, valientes y temerarios.

El bochorno se hacía notar aquel agosto en los lugares cerrados. El reloj marcaba varios minutos para las seis. David salió a la calle.

A cada paso que daba, los tacones retumbaban en la acera, con el caminar firme de una criatura gigantesca; el calzado aumentaba su estatura y, desde esta nueva perspectiva, todo parecía ser menor, más bajo, minúsculo e insignificante. Los ojos, las cabezas, los cuerpos no podían reprimirse ni mantenerse al margen, se giraban sin poder evitarlo para cerciorarse que lo que había pasado, era efímero como una estrella fugaz, pero dotado de un fulgor carnal y ardiente, que anegaba poros, dilataba pupilas y aceleraba corazones. Cada vez que movía las piernas, las braguitas rozaban sus partes íntimas, excitándolo aun más, con la arriesgada y emocionante incertidumbre de que su gran protuberancia se asomara más de lo debido bajo sus sugerentes prendas que revestían su entrepierna.

Para exagerar aun más el efecto que provocaba sobre la gente común, indefensos espectadores hipnotizados por su presencia, se encaminó al centro comercial, el cual siempre estaba atestado.

Allí pudo comprobar cómo incluso los padres de familia, disimulando ante la inquisitiva vigilancia de su cónyuge, le pegaba un adulador repaso, un buen magreo visual que escudriñaba entre el escote, brazos desnudos y tacones altos. Los coches aminoraban a su paso, con la excusa de encontrar un buen aparcamiento, la razón era poder contemplar aquella silueta imponente en movimiento. En la cola de los multicines se creaban corrillos a su alrededor, adolescentes miraban de reojo para después comentar el ser testigos de semejante monumento a la femineidad. Tal vez, alguno de ellos más tarde, amparado en la oscura intimidad de su habitación, se masturbaría utilizando los recuerdos que le había proporcionado aquel encontronazo, siendo protagonista absoluto y promotor de sus más lujuriosos y lascivos deseos privados. Hasta el chico de las palomitas le obsequió con una paletada más, manteniendo el precio menor; toda esta recompensa tan sólo a cambio de una sonrisa rojo intenso.

Había elegido la película al azar. Se acomodó en una de las últimas filas, la sala oscureció y comenzó la proyección. El film resulto ser una bufonada vehículo del comicastro estadounidense Rob Schneider, de baja catadura, tan infecto como sus compinches en fechorías en nombre del humor zafio como Adam Sandler, doble culpable por ser su mentor, David Spade y Kevin James. Esta era una de esas películas con la que los distribuidores americanos obligan a comprar junto a los imprescindibles taquillazos de la temporada a los distribuidores locales. Una de esas películas intrascendentes, vulgares y chabacanas. David solo absolvía a Anna Farris en su noble condición de payasa, en el buen sentido de la palabra. Pero las imágenes proyectadas en la tela eran lo de menos.

Instantes después de haber superado los títulos de crédito, en la semioscuridad se vio acercarse una figura encorvada, quejicosa, que sorteaba las filas de butacas con tiento, hasta sentarse justo en la localidad adyacente de la de David. Éste pudo vislumbrar, dando cuenta de la acompasada y nasal respiración, los cautelosos y lentos movimientos, de que se trataba de un señor de la tercera edad. Lo que iba a pasar a continuación iba incluido en el descubrimiento de los longevos años del sujeto. Al poco, notó como una superficie de textura cristalina le rozaba levemente la parte superior del muslo y escalaba hasta el costado del culo: eran las cinco uñas de la mano de su improvisado vecino. La totalidad de los dedos de aquella marchita mano se aposentaron por fin en aquella masa muscular y remontaron a la parte interna del muslo, acogiendo el umbral de la entrepierna de David, más escondida e intima, mucho más caldeada con respecto a otras partes del cuerpo. Deslizándose por la ingle, que acariciaba con el dorso de los dedos, con cadencia delicada y fraternal, la mano acabó por convertirse en una tenaza que se aferró con dulce mimo sobre sus gónadas. Si uno prestaba atención, por debajo del sonido del film se podía escuchar un chapoteo constante; de reojo David reconoció los movimientos del placer autoestimulado que se proporcionaba el vegete a costa de su grandiosa belleza, aun reconocible en aquellas tinieblas. La familia Pérez con todos sus miembros al completo, disfrutaban de una tarde de película engullendo palomitas y bebiendo refresco light mientras un viejo verde se hacía una paja y metía mano a un extraño un par de filas atrás. David alargó la mano en la oscuridad, tanteando hasta alcanzar los arrugados dedos cerrados en torno al miembro; los desenredó y lo asió. Lo notó duro, sólido, erguido, orgullosamente erecto para la edad que tenía. Comenzó a sacudirlo mientras rumiaba el rotundo éxito, la fantástica influencia que tenía en la lívido de sus semejantes masculinos, aquel antiguo obelisco que se erguía a su lado que las centelleantes luces de la pantalla proyectaba una sombra inquieta que cambiaba de ángulo, era todo un monumento en su honor, una sombra que trasmitía unos centímetros de pulsión sexual que, a pesar de ser anciana, le proporcionaba un merecido homenaje. Entre las risas que provocaban los chistes naif del film se entremezclaban los gemidos del octogenario, camino al orgasmo. Cuando se corrió, el chorro salió disparado, con un ímpetu impropio de su francotirador. Debido a la pendiente de la platea, parte del semen calló en el cabello de la señora Pérez, que permaneció ajena debido a su máxima atención a la pantalla, y el otro grueso del caudal lechoso cayó en el envase de bebida XL, del que, acto seguido, pegó un largo trago. Como ya había conseguido lo que quería y la película no daba más de sí, David se levantó y se fue de allí con la certeza de que su vecino seguía respirando.

Se encaminó a una zona de copas, en la periferia de la ciudad. Había un montón de garitos que ocupaban las naves que antaño fueron prósperas empresas textiles y ahora estaban dedicadas al asueto juvenil, diversión y alcohol. Se decidió a entrar al local “Ressistencia” porque en su entraba abundaba gente y un sonido roquero se podía oír desde el exterior. La nave estaba dividida en dos. La parte más grande, donde había más gente, se componía de un escenario, tutelado por una bandera con una cruz cristiana con un círculo rodeando su intersección, donde un grupo conocedor del rock de garaje tocaba sus temas y justo enfrente de ellos, un público alborotado se desgañitaba y no paraba de saltar: era homogéneo, había niños bien con su polo de cocodrilo y su jersey anudado al cuello y correligionarios de aspecto más rudo, con chaquetas tipo bomber, botas y cabezas al cero. En la otra parte, más tranquila pero también concurrida, estaba el bar, una barra que recorría de un lado a otro toda la estancia: David tomó asiento. Pidió una cerveza, la consumición recurrente allí. Los canticos de la sala contigua, aunque amortiguado por el tabique y el murmullo, llegaban a sus oídos:

Inmigrante cabrón,

Iras al paredón

Junto al maricón

Y el progre tostón.

Reparó que a su lado, a un metro de distancia aproximadamente, apostado en la barra había un hombre. De cabello espeso, patillas hasta el mentón, barba de cuatro días, amplias espaldas, brazos velludos, camisa desabotonada hasta la mitad, descubrían un fuerte pecho con un racimo de vello a la altura del esternón. Vestía camisa de basto tejido, arremangada hasta los codos y unos ajados pantalones tejanos. Bebía la cerveza a morro del botellín. Su mirada, con atisbos huraños, aleteaba distraídamente por el local hasta caer repetidas veces con disimulo, sobre aquella imponente figura femenina.

Contra la amenaza

De la raza

Sal a la caza

Sacudiendo tu maza

-Mola este grupo. Sus letras son muy comprometidas. Me gusta.

David volteó la cabeza. Aquel hombre estaba hablando y se dirigía a él.

-Sí… Son muy melódicos…-acertó a responder.

-Me llamó José Antonio-y le tendió la mano. Su rostro se mostró amistoso.

-Yo soy Pandora-se la estrechó. Su ademán era fuerte y firme. Al apretar la mano, los músculos del brazo se tensaron, revelando su definición.

Pasaron el rato sumergidos en una cháchara, donde se dieron datos superficiales de sus gustos musicales y sus vidas. La voz de José Antonio era ronca y su sintaxis basta y limitada. Mientras parlamentaba, gesticulaba con sus anchos brazos, insistiendo cuando describía acciones físicas: era un hombre más de hechos que de palabras. Bajo su discurso permanecía latente un poso de rabia y rencor, aunque solo lo translucía, José Antonio era depositario de un fuerte carácter. Pero también podía ser meloso, sazonando su discurso con halagos y alabanzas hacía aquella diosa que exudaba una exuberante belleza: Pandora. Después de siete rondas más, catorce botellines entre ambos, José Antonio sacó una bolsita de plástico del bolsillo de sus vaqueros e invitó a Pandora a compartirlo en su coche. David accedió.

Se acomodaron en un Chevrolet Corvette dos plazas del sesenta y nueve rojo, con tapicería roja, como los labios de Pandora: más honores hacia su persona. La bolsita dio para cuatro rayas que aspiraron encima de la carpeta de los papeles del seguro del coche. David se sentía un poco aturdido debido al prolongado consumo de cerveza, del cual no estaba acostumbrado, y a los tiros de polvo blanco que se había metido. En la intimidad del auto, protegidos en una esquina solitaria a la luz de la luna, José Antonio morreo por primera vez a Pandora: sus labios tenían hambre y su lengua no dejaba de rebuscar a su gemela en la boca ajena. Tenían sabor a cerveza y a ese gusto artificial a gasolina que la cocaína había dejado en su paladar. David se dejó llevar por el arrastre del frenesí que sus estímulos sexuales activaban y los efectos de la droga, que no habían hecho más que comenzar. Las manazas de José Antonio le sujetaron el talle y ascendieron a su busto: los estrujó con ganas. David sintió temor por si se daba cuenta de que aquella voluptuosidad no era más que relleno pero él no parecía darse cuenta. Es más, parecía que su excitación iba en aumento por sus ademanes, que se hacían más fuertes y bruscos. El paquete, de ser una plana meseta, se convirtió en una abultada protuberancia, una montaña de roca dura que emergía venerando irresistible a Pandora.

José Antonio accionó el contacto y pisó el acelerador. David sintió el aire oxigenando su cuerpo, apaciguando su calentura, las ruedas engullían un trayecto urbano. El colocón aumentaba y agudizaba esta sensación de desorientación e inquietud. La combinación daba un resultado emocionante, sin importarle el resultado ni el destino, la noche prometía emociones fuertes. Su conductor también se notaba ebrio, dando volantazos que hacían chirriar los neumáticos, manejando la trasmisión con gestos mecánicos y contundentes. El paisaje se mostraba cambiante, de los luminosos neones a superar farolas cada vez más dispersas, cambiando las calles y edificios por una carretera en mitad de la vegetación del monte. Solo las luces de los faros y el rugido del motor rasgaban el silencio de la noche en aquellos parajes inhóspitos. Se acercaron a una explanada, perfecta para las parejas provistas de coche, porque se podía aparcar fácilmente y tenían delante un horizonte punteado por las luces de la ciudad, unas vistas de la urbe que aun ronroneaba y latía vivaz con sus luces titilantes. En un recodo de la carretera se detuvo y se hizo el silencio. Solo se oía la respiración de José Antonio, dificultosa, nerviosa, ansiosa. Las luces del salpicadero alumbraban su rostro dándole un aspecto fantasmagórico, remarcando sus toscos rasgos masculinos. Aunque observara serio a David, en el fondo de sus ojos se podía translucir un sentimiento vehemente de excitación, ira, vicio y locura, todo mezclado y a la vez. Lejos de amilanarla, el temor atraía a Pandora, atenuados sus recelos en la ebriedad de las cervezas y el desenfreno de las drogas, espera impaciente el siguiente movimiento que le deparaba la noche que caída a plomo en las afueras de la ciudad con un desconocido buenorro, lejos del mundanal ruido, lejos de todo, de las normas sociales, de la decencia y el recato.

Sus cuerpos se acercaron. Sus cabezas casi se tocaban. David podía sentir el aliento agridulce de José Antonio acariciando sus labios como una brisa caliente que iba y venía. Pandora extendió las palmas de sus manos atrapando las mejillas de él y abrió su boca de loba como haciendo ademán de morderle. Él le sirvió su lengua que fundió con la suya, transformándolas en una sola. Su descuidada barba daba un toque áspero a sus besos, la rugosa caricia de su cara contra la de Pandora, añadía un ingrediente al erotismo, dándole un ligero sabor de rudeza y severidad. Mientras José Antonio se dejaba hacer y revolvía su lengua dentro de la boca de su pareja de juegos, Pandora fue desbotonando su camisa: su pecho era fuerte, duro y prominente, como una armadura de puro músculo. Un tribal adornaba su hombro derecho, ocupaba parte de la espalda y desaparecía en el coxis. Olía un poco a sudor, un olor macerado, rudo, casi a****l, que le daba más vigor a su personalidad; creía tener delante un león preparado para la cópula. Sus garras la sujetaban por la cintura, la amarraba a su lado para que no escapara. Pandora empezó a asediar el aura del pezón con la lengua, lo rodeaba dando lametazos suaves para luego atacarlo, chuparlo, succionarlo hasta tal punto que José Antonio tenía eventuales reacciones de suspiros y jadeos involuntarios en el umbral de la pura lujuria. Volvió a besarlo, chocando nuevamente sus lúbricas lenguas. No se daban tregua, querían comerse el uno al otro y no despegaron sus bocas hasta pasado un tiempo. Mientras, Pandora, acariciaba el vientre de él, explorando sus yemas de los dedos la topografía de sus abdominales, una serie de cordilleras gemelas de pura roca, sólidas, pétreas, cultivadas a base de una disciplina espartana, como el guerrero que era. Un guerrero a todas instancias que solo cambiaba el campo de batalla para afrontar una contienda más íntima donde, seguro, demostraría su poderío y fuerza. La lengua de Pandora seguía incansable: después de zafarse de la de su compañero, hizo una travesía por sus mejillas y barbilla. Sus papilas gustativas recogían el sabor ocre a hombre primitivo e impetuoso. Volvió a estrechar sus pectorales y esta vez, aprovechó para pellizcarle los pezones. Al principio de una forma leve y sutil pero aumentó la presión gradualmente: estaba dispuesta a descubrir hasta que punto podía soportarlo. A Pandora le gustaba tomar el mando a capricho, ver como su pareja no podía resistir sus argucias amatorias y como caía rendido a sus encantos. Pero también le agradaba encender a su compañero, incendiarlo hasta la imposible vuelta atrás, y dejarse atrapar, víctima de la lujuria irrefrenable que ella provocaba. David lo sabía y, en ocasiones, en vida ordinaria le asaltaban pensamientos desconfiados y de alarma sobre los riesgos que podría acarrear pero siempre llegaba a la conclusión de que superar los límites era tan excitante como peligroso y le complacía verse preso de ese dilema con la única opción de seguir adelante. Preso de su desenfreno, de su lascivia. Preso de Pandora.

Siguió lamiendo por los alrededores del ombligo. Le encantaba aquella superficie dura de numerosas protuberancias. A pesar de su robustez, le encantaba recostar su cabeza allí y catar su piel. Le echó mano al paquete con las dos manos. A medida que amasaba lo que se ocultaba debajo del pantalón aumentaba en tamaño, el cañón se erigía dispuesto a guerrear, el arma ya estaba cargada de metralla pesada y se disponía a apuntar su disparo. Pandora había edificado, a partir de un grano de arena, removiendo los más profundos deseos sensuales transformándolos en carne, un dolmen a su culto, que empezó a emerger, otorgándole vida propia, como si quisiera en su ardor, traspasar el cielo con su cúspide. Desembarazándolo de sus ropas para liberar de estas barreras su fogosidad, contempló el enorme miembro que se mantenía firme, erecto, alborozado. Ante semejante visión, no dudo un segundo en engullirla. Accedió a su boca como el romper de una ola incandescente, la sintió caliente, como una llama que relampagueaba en el interior de su boca, notando la textura de su carne dura y creciente adornada por venas que latían furiosamente debido al salvaje caudal sanguíneo que corría en su interior. Atrasó sus labios y la comió, despacio, sin prisas, desde la punta hasta su base. Recorrió toda su longitud hasta que creyó que tocaba la parte posterior de su garganta, reprimiendo una arcada debido a su tamaño. Estaba viva. Reaccionaba a los estímulos como un a****l bravío a pesar de aparente sólida quietud. José Antonio se mostraba lúcido, dosificando sus gemidos ante el placer, acariciando los mechones del cabello de su amante, atusando su pelo, con finura y delicadeza. Estaba gozando como nunca lo había hecho antes en su vida. Pandora atendía su torso repasándolo con caricias y mimos. La topografía de su piel quedaba grabada en la palma de sus manos que lo recorría como una brisa de verano, ardiente y fugaz. Con la mano libre, sujetó su escroto presionándolo un poco con sus dedos, haciéndole estremecer de gozo y deleite. A veces, traviesa, hincaba sus dientes levemente para comprobar la compacta consistencia del miembro, mientras mullía sus testículos entre la delicadeza y la fuerza, provocando un irresistible regocijo que invadía todo su cuerpo, de la corinilla hasta el dedo pequeño del pie. Jugueteó revoltosa con el glande, a merced de su lengua, que le proporcionaba picotazos en la sensible zona, lo rodeaba, lo lamía desde abajo, oteando arriba donde coincidían sus miradas. Hasta que él, la agarró de la nuca y empujando su cabeza, la obligó a tragársela hasta el fondo de una forma repentina. Con su manaza atrapando su cabeza, bruscamente adoptó el movimiento arriba y abajo, su polla colisionaba en su paladar como un violento vendaval que iba y venía, que atropellaba todo lo que encontraba en su camino, a base de fuerza bruta y dominante robustez. David tenía que hacer esfuerzos por reprimir las arcadas, sus mejillas se tornaron púrpura, se le saltaron las lágrimas y sus babas chorreaban por la comisura de sus labios. Estaba disfrutando sin concesiones porque la sometían por fuerza a ello. No tuvo inconveniente en aguantar el envite y rellenar por completo su boca de aquel tamaño pedazo de carne. Para apaciguar la velocidad y la tosquedad, sometió a más presión sus testículos y el movimiento cesó de repente con la señal acústica de un aullido libidinoso. El pellizco retorcido que dejó un rastro morado fue un obsequio adicional. José Antonio suspiró profundamente tratando de relajarse en mitad de la tormenta, abrió más sus piernas. Ante esta posición más cómoda, Pandora abarcó su sexo a dos carrillos, agarrándolo fuertemente de su base. Succionando fuertemente, sintiendo su dureza en las paredes de su boca, adoptó un movimiento rápido y ansioso, de entrada y salida. Sus labios la atrapaban para no dejarla escapar. Era un manjar que parecía no saciarla nunca, un alimento que, a pesar de tragarlo ávidamente una y otra vez, nunca se consumía. Las manos de él, esta vez, fueron más atentas y se aposentaron en su cuello, formando complacientes círculos. En un momento dado, Pandora la sujetó, observando maravillada la rígida imagen, alzada orgullosa. Lo asió con más fuerza y cerró sus labios en la punta, los deslizó lentamente, cerrando los ojos para aumentar aquella sensación, descendiendo levemente para remontar otra vez a la cima, que remató con una serie de lengüetazos. La excitación de José Antonio empezaba a colmarse y empezó a explorar la anatomía de pandora. Recorrió su espalda para detenerse en sus pechos. Eran abundantes al tacto e inundaban la palma de su mano. Los estrechó con fuerza. Ella aumentó la succión, provocando un vacio en su boca que hizo expandir su miembro, atrapándolo aun más. No pudo evitar una serie de prolongados jadeos calmos, embargado por las prodigiosas lides de aquella diosa del placer llamada Pandora. Continuó recorriendo todo el trayecto que marcaba su miembro, jugueteando con su escroto, que amasaba y estiraba delicadamente. Las manos de José Antonio se aventuraron por el vientre de su diosa, aun translucido bajo sus seductoras prendas. Ella se detuvo en el frenillo, descubriéndolo con su lengua del prepucio. Comenzó a acosarlo, lamiéndolo con delectación y frenesí. Las manos de él, reaccionaron afanas, recorriendo el monte de Venus y encaramándose a un muslo, en busca del término del vestido, la puerta de entrada para poder captar la piel sin filtros ni cortapisas. Pandora seguía sin dar tregua. Sus labios acorralaron el glande y lo capturaron en un voraz y absorbente beso. La mano encontró la oscura gruta y se lanzó a su interior. Su diámetro comenzó a contactar con las paredes de ambos muslos, en busca de su fusión. Ella notó los latidos de la punta del enorme miembro presa de la llave de sus labios. Trataba de moverse, inquieto, ante las irresistibles cosquillas de placer que lo invadían, pero el movimiento era inútil: estaba indefenso al tormento placentero que le estaban dispensando. Agarrado el tallo, pudo perfilar con sus rojos belfos las formas sinuosas del glande que derramo lágrimas preseminales. Las yemas de los dedos alcanzaron las braguitas de encaje, con su erótico tacto y siguieron al asalto, estirando el elástico y zambulléndose en una selva de vello púbico. Rebuscando entre la maleza, enredándose en sus rizos, buscando la poza para poder zambullir sus dedos en su interior, dio con algo totalmente contrario e inesperado. No había hueco ni depresión, sino un serpiente oculta entre las piernas, con boca venenosa pero sin cascabel, sino adherido al resto del cuerpo como un apéndice real e insospechado. Al principio, los dedos lo rodearon con sorpresa, para después apretar con ira y resquemor.

-¡Hijo de puta, me has engañado!

Le agarró del pelo para apartar su equívoca boca de su polla embaucada. Mayor fue la sorpresa cuando, al pegar el estirón, su mano se alzó únicamente con el pelo. David detuvo sus labores y le miró asustado. La máscara del maquillaje quedo en evidencia, sus eróticas prendas inservibles: le habían descubierto. José Antonio le apartó de su regazo con un empellón. David cayó en la puerta del copiloto. Él alzó su puño cerrado amenazante y lo mantuvo allí, en alto, temblando, encogiéndose sobre si mismo cada vez con más fuerza. Sus ojos, inyectados en sangre, salían de sus órbitas, una vena del cuello comenzó a crecer, pretendiendo abarcarlo todo. El tiempo se detuvo por unos instantes, hasta que él decidió bajar su mano al contacto. Encendió los motores y le dio un pisotón al acelerador. El coche protestó revolucionado; la cabeza de David chocó contra el asiento. El viento le dio en la cara como un bofetón. Aquel cambio de tercio le abrumó. Después de embriagarse de placer ahora las sensaciones que le invadían eran de mareo y desasosiego. Mientras mascullaba insultos e improperios, José Antonio manoteaba al volante, como queriendo desahogarse, furibundo, cegado por la ira. David estaba asustado. La peluca alborotada sobre su cabeza, nublaba su vista con una irregular cortina de cabello, su cuerpo daba bandazos a merced de la velocidad y los elementos, y comprobó con espanto que no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Pero Pandora interiormente sonreía divertida. A pesar del arriesgado enojo de su víctima amorosa, comprobó complacida que su erección se mantenía como la más pudorosa demostración de que su magnificencia aun permanecía en todo su esplendor. Su seguridad, aunque enmarañada en su embriaguez, dio alas a un sentido lúdico de aquel viaje: era como una vuelta en montaña rusa a baja altura, con la inercia violenta de las curvas, que la traqueteaban como una marioneta de hilos enredados. El paisaje era un borrón que sus ojos no podían retener debido a la rapidez que pasaba ante sus ojos, las estrellas parecían fugaces en el firmamento. Cuando superaban un bache, tenía la sensación de salir despedida hasta alcanzar una de ellas. Las mariposas en el estómago imitaban el orgasmo que estaba por venir. Porque las despedidas de Pandora siempre eran así. Tras rebasar un par de curvas, que impregnaron sus sentidos en una dulce sensación de vértigo y vacilación, sintió que una poderosa inercia la empujaba hacia su amante; notó su cuerpo duro como el mármol, rígido y vigoroso, rezumando testosterona que le proporcionaba su coraje, su olor, su aliento, una emoción exaltada, hibrido entre excitación salvaje e indignación feroz. Al abrigo de aquella anatomía, la poderosa imagen que acechaba por el rabillo del ojo la obligó a mirar a su derecha: vio un firmamento de formas y rasgos en la oscuridad, de una montaña escarpada que, no estaba ni muy lejos ni muy cerca. De repente sonaron unos estridentes violines, rezumando un ambiente vaporoso, una niebla que difuminaba aun más aquella visión, que corría hacia ella, que se hacía más grande, una garganta de vegetación y naturaleza que cada vez abarcaba más, le desbordó la mirada y parecía que se la iba a tragar. De golpe, el chirriar de los neumáticos cesó y se vio arrojada hacia su derecha, chocando con la puerta que solo le protegía a media altura, amortiguando el bandazo que interrumpió de súbito la velocidad. Medio cuerpo se precipito hacia afuera, y la peluca rubia salió disparada, se arremolinó como un pulpo sumergido en su hábitat, agitándose anárquicamente, se fue haciendo cada vez más pequeña, hasta que desapareció. La oscuridad se la trago; el vació la engulló hasta desaparecer. Una ingrávida sensación permaneció unos instantes. Se sintió volando por los aires, como la diosa que era. Hasta que una mano la atrapó del vestido por la espalda y la trajo de vuelta al asiento. Todo le daba vueltas y pudo comprobar que habían impactado contra un quitamiedos, único elemento que les separaba de un precipicio que amagaba su peligrosa pendiente en la oscuridad. Había estado a punto de salir despedida a quien sabe que altura. Pero aun vivía para contarlo. Y para disfrutarlo.

-¡Voy a darte tu merecido, vicioso asqueroso!

Bonita promesa. Bonita deferencia. Ojalá la cumpla.

Con sus manazas, José Antonio destripó el vestido del cuerpo de David, haciéndola jirones como su fueran tiras de papel. Manejándolo bruscamente, lo encaró hacia la cuneta, asiendo sus piernas, poniendo su culo a tiro. Las braguitas cubrían sus nalgas pero se desprendieron como un telón: la erótica obertura secreta cumplió su función oportunamente. Otra consideración a la diosa. Él le separó los cachetes y vio como el orificio parecía hacerle un guiño, se abría y cerraba hambriento, parecía exigir sexo con ansia y urgencia. José Antonio, como hipnotizado, se incorporó arrodillándose en su asiento y penetró aquel culo, entrando como una bala, avanzando imparable, separando violentamente las paredes del esfínter cuan ancho era el diámetro de su miembro, rugoso como un tronco, que laceraba la piel interna, dejando un rastro de ardiente escozor. Sus testículos chocaron contra su perineo dando una palmada que resonó en el eco que provocaba el vacio. En cada embestida, el cuerpo de David cedía hasta que las piernas toparon con la puerta estableciendo un tope y aprisionándole a merced de José Antonio que arremetía contra su culo, pinchando una poderosa inyección de carne. David tenía medio cuerpo fuera, asomado al acantilado, mientras soportaba las explosivas penetraciones. José Antonio exteriorizaba su furia en su polla, que entraba y salía por el recto de Pandora, como un incansable engranaje, desde la punta hasta los huevos, toda su longitud abriéndose paso por fuerza, llegando hasta el fondo. Cada vez que la empitonaba daba gemidos de rabia pero concluidos en suspiros. Pandora daba cuenta que aprovecharía todo el vigor y cólera de aquel macho para su exclusivo placer. Y, también sabía, que el macho no tendría más remedio que sucumbir a sus encantos y rendirse a ella en un goce indescriptible hasta el orgasmo. Notaba cada centímetro de su recorrido, su terrible roce interior, su dureza y su furia, condensadas en lo más íntimo de su ser. Resoplada, se mordía el labio inferior en un éxtasis de lujuria que la invadía pero, incansable, aguardaba aun más. Con otra violenta penetración, un efecto ocupó todo su cuerpo, como si se la hubiese introducido hasta la sesera como si toda la polla abarcara el total de su anatomía. Él inclinó su abdomen y ella notó como su miembro se clavaba como un garfio, obligándola a doblar la espalda y encarar aquel oscuro abismo. Pareció que le devolvió la mirada, envidioso de cómo lo estaba pasando. Si en la próxima penetración la lanzaba, sería una maravillosa manera de morir, sentirse en un equilibrio mermado por cada vez que el miembro la embestía sin remisión. José Antonio se retrasó, para poder entrar otra vez con más fuerza, pero apoyó su manaza en la cabeza de David, obligándola a permanecer gacha y después la penetró bien profundo, como aplastando sus entrañas. El gemido de puro gusto de Pandora resonó por todo el paraje, aumentado y repetido, fueron testigos los arboles, la hierba, la tierra, a varios kilómetros a la redonda. Un quedo ronroneo brotó de los labios de José Antonio incontenible. Le intimidó el placer que estaba sintiendo, dejándolo por momentos aturdido. Tras tomar aliento, la sujetó por la cintura y volvió a arremeter. Sus dedos se hincaron en sus caderas desnudas fuertemente y aumentando el impulso la atrajo hacia sí, para internarse más lejos. A Pandora le ardía el culo y aquella polla, con su implacable fricción, no hacía más que acrecentar aquella incandescencia. Las gotas de sudor caían en su espalda, José Antonio se tenía que esforzar por vaciarse y satisfacer aquella extraordinaria y reveladoramente insaciable amante. Aguantaba todas sus arremetidas respondiendo con lujuria incontestable y ganas de más. Notaba como las paredes del recto se encogían queriendo atrapar su polla, para apropiarse egoísta de ella, para sacarle todo su jugo, toda su energía y brío. Le empezó a costar sacarla, en su movimiento de retroceso cada vez más duro y obstinado. Tendría que utilizar hasta su último aliento para acabar la faena. Ella le gritaba: “más, más, MÁS”, empapado en sudor, no tenía más remedio que obedecer. Ante tal apremio, le dio un par de sonoros azotes en el ocupado culo, tratando de apaciguarla consiguiendo más bien todo lo contrario. Internando los dedos de las manos en las ingles, la volvió a penetrar profundamente, todo lo que pudo dar de sí. El coche vibraba a cada movimiento, dando inestabilidad al habitáculo. Pandora, invadida por una lujuria máxima, empezó a revolverse. Apoyando sus piernas en el amplio pecho de José Antonio, comenzó a rotar sin dejar que él saliera de su interior. Notó como las formas de la polla volteaban por dentro: su prominente glande, las venas del tronco, toda su dimensión, giraban acorraladas en su culo, atrapadas. Dio el giro de ciento ochenta grados, poniéndose de cara a él, de espaldas al abismo. Pudo ver el rostro de su amante, contraído por los inmensos placer y esfuerzo. Aquella visión la excitó mucho más.

Cara a cara con su amante, José Antonio la sujetó de las piernas y aumentó el bombeo. Pandora se abrió más para recibir todo el envite hasta el fondo. Su rabadilla estaba apoyada en la puerta, que tenía la ventanilla bajada. Medio cuerpo se debatía en el aire con la única sujeción de las manazas aferradas a sus piernas y la polla que latía en su interior. Él comenzó a follarla tan fuerte que el quitamiedos cedió y el vehículo se precipitó, arrastrándose unos metros por el terraplen; con la sensación de caída, Pandora se aferró a su amante y cuando el coche se detuvo en un golpe seco al borde del precipicio, la penetración se abrió paso superando los límites de hondura antes asumidos. Los sollozos de lujuria resonaron al unísono como una sinfonía de placer y lascivia incontenible. Lejos de amilanarse, afrontando la recta final, José Antonio aumento velocidad y potencia. El Corvette, junto con el mundo, se columpiaba al vaivén de las arremetidas. Pandora echó su cabeza hacia atrás, combinando la ingravidez con la dureza de las penetraciones, dando como resultado un éxtasis sobrenatural. Le siguieron sus brazos, y después, sus piernas, se desenredaron de su amante, estirándose por sus costados. Fue cuando Pandora se sintió flotar, suspendida en el abismo con el único punto de apoyo que la polla que la penetraba. Aquel tronco vivo que la violaba, de cuan duro que estaba, soportaba todo su peso y la mantenía sujeta. Pudo sentir toda su dureza, toda la presión que ejercía la gravedad, focalizada en su interior, donde aquella polla le rasgaba por dentro y parecía romperla en dos. José Antonio se esforzaba en no desfallecer, continuando con el bombeo, evitando no sacarla en su totalidad, soportando así todo el peso de su amante.

Estirada al completo como estaba, Pandora se irguió, aun penetrada, la inquieta polla soportando en sus carnes su peso contra su concupiscencia. Arqueó su espalda y acercó su rostro al de su amante, para fundirse en un abrazo, abarcando sus espaciosas espaldas. Cuando la sintió así, envolviéndole totalmente, notando la piel contra la suya, incrustando sus uñas en las nalgas, separándolas para introducirla más profundo, arremetiendo con nervio, hacia arriba, sintiendo como rebotaba su cuerpo sobre el eje de su polla. Cuando cruzó la línea sin retorno, cuando el orgasmo era inevitable, la penetró frenéticamente hasta correrse dentro. Pandora sintió una explosión de esperma que retumbó en su interior, como aquel hombre deshacía su perversión en un agónico alarido. Satisfecha de su victoria, recostó su cabeza sobre los hombros de José Antonio.

Sus jadeos aminoraron hasta una respiración calma y tranquila. Volvió al mundo real, consciente de aquel viaje alucinante a los límites del sexo. El coche era lo de menos. Tenía dinero incluso para comprarse otro. Pero aquella vivencia le había marcado. Nunca había vivido algo igual. Ni tan siquiera, en sus sueños más húmedos, lo había imaginado. Sus costumbres, sus creencias, su ideología, sus valores y la idea de decencia y normalidad se habían resquebrajado y hecho añicos. Se sintió atrapado, dependiente, adicto. En aquel momento, José Antonio asumió que jamás podría resistirse a los encantos de Pandora.

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Posted by Mistyca 1 year ago  |  Categories: Anal, Masturbation, Shemales  |  Views: 644  |  
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Fin de semana a solas con papá (1)

El reloj de la cocina marcaba las nueve de la mañana y toda mi familia – mi padre, mi madre y mi hermano – desayunábamos casi sin pronunciar palabra atentos a las tostadas y el zumo. Mi madre ya había preparado las maletas para irse con mi hermano.

- Nunca nos toca nada y una vez que jugamos ganamos una estancia en un hotel en la costa. ¡Bien hecho, Ramón! -gritó jubilosa mi señora madre.

Ramón era mi hermano mayor, veintidós años y una persona ahorradora y frugal. Desde hacía un año y medio iba recolectando cupones que había recortado de diferentes revistas con el fin de reclamar el premio que le ofrecieran. Tras largos meses, consiguió un viaje a la playa y decidió que mi madre, que acababa de atravesar una depresión, le acompañara. Desde que era joven siempre tuvo que cuidarnos tanto a Ramón como a mí mientras mi padre trabajaba de obrero para ganarse nuestro pan. A causa de eso, mi madre pasó por una crisis que resolvió hace escasas semanas.

Mi padre siempre ha velado por nuestra salud y seguridad. Tiene cuarenta y cinco años, solo dos años más que mi madre. Es una persona de complexión fuerte debido a su trabajo aunque no muy alto (calculo que un metro setenta), el pelo corto y castaño, los ojos marrones y la piel tostada por el sol. Yo entonces era un chico bastante alto – metro ochenta y dos -, con el cabello castaño como mi padre y la piel y los ojos claros como mi madre. A mis diecisiete años yo no necesitaba mucha supervisión. Tal vez por eso mi papá no se opuso a que mi madre fuera a despejarse unos días a la playa y, además, se ofreció a cuidar de mí el tiempo que estuviesen fuera. Al no tener trabajo, mi padre siempre andaría por casa o en el bar.

A las diez y media mi madre y mi hermano se subieron al coche y se fueron.

No volverían hasta dentro de tres días, así que me tocaba a mí hacer las tareas de la casa. Empecé por ordenar el salón y el comedor mientras mi padre estaba fuera, así comprendería que había hecho las labores. Él regresó a eso de las doce y, para mi sorpresa, decidió ayudarme a hacer la comida. Entre los dos preparamos, una comida rápida, y nos sentamos en el salón aprovechando que mi madre se había ido y no nos regañaría por comer en el sofá. Al estar en las puertas del verano ambos íbamos con ropa ligera y fresca: mi padre estaba sin camiseta y llevaba un pantalón de chándal amplio que le llegaba por las rodillas; yo un bañador corto y una camiseta. Comimos tumbados en sofás diferentes con la tele encendida sin motivo, porque nos pasamos hablando sobre temas diversos, incluso después de acabar de comer.

Eran las tres de la tarde cuando mi padre decidió echarse la siesta en su habitación. Mientras fregaba los dos platos y los vasos de la comida pensé en hacerme una paja aprovechando que mi madre y mi hermano estaban fuera y mi padre dormía la siesta. Entré a mi cuarto, encendí el portátil y le enchufé los auriculares. La habitación de mis padres estaba pegada a la mía, por lo que tenía que evitar cualquier tipo de ruido extraño que pudiera despertar a mi padre. Curioseé los videos que tenía guardados en el ordenador, y empecé a tocarme superficialmente. Mis padres siempre aceptaron que yo fuera gay y me permitían traer a mi exnovio a casa siempre que quisiera, pero desde que lo dejamos hace cuatro meses no follo y me paso el día haciéndome pajas.

Mi polla no era nada del otro mundo – medía unos diecisiete centímetros y era bastante gruesa. Cuando estuvo preparada me la saqué del bañador y empecé a agitarla ritmicamente. Sentía placer al masturbarme en la intimidad porqué era un momento de tranquilidad para mí.

- Diego, ¿puedo pasar?

La voz de mi padre resonó desde el otro lado de la puerta pidiendo paso a mi habitación. Quité el vídeo que estaba viendo, guardé mi polla en el bañador intentando disimular la erección y permití a mi padre entrar a la habitación.

-Me voy al bar unas horas, que necesitan uno más para el póker. Cuida de la casa, ¿vale?

-Si, papá. -le contesté firmemente. Dudo que salga hoy, mis amigos están todos descansando de

los finales.

Mi padre se dio la vuelta y se marchó. Aunque mi polla no fuese gran cosa cuando me erecto se nota y sólo pensaba en si mi padre me lo había notado o no. Fuera como fuera, la puerta de casa se había cerrado y a mí se me había bajado la polla del susto, así que decidí descansar un poco.

Cuando él volvió a eso de las siete, se dio un largo baño mientras yo hablaba con mis amigos por teléfono. Pasado un tiempo mi padre me llamó desde el baño y yo acudí deprisa :

- Diego, me he olvidado sacar la toalla del armario. ¿podrías acercármela? –me dijo.

- Claro, solo un segundo… ¿la azul?

Él nunca tuvo inconvenientes en enseñar su cuerpo desnudo, pues era muy liberal. A mí nunca me pareció una conducta adecuada pero tampoco me desagradaba verle o enseñarle mi cuerpo a mi padre. A pesar de la fuerza física que realizaba a diario, mi padre tenía algo de tripa, pero sus musculosos brazos y sus grandes piernas la hacían pasar desapercibido. Le di la toalla y me fui a ver la tele. Mi padre se unió cuando terminó su baño y sólo llevaba unos bóxer algo ajustados y yo los mismos bañadores que había llevado durante todo el día, aunque esta vez sin camiseta. Sugirió encargar pizza para cenar, a lo que le respondí que sí. Una vez recibí y pagué las pizzas, nos las comimos otra vez en el salón e iniciamos una conversación fluida: él me contaba que había hecho en el bar y alguna anécdota de cuando él tenía mi edad pero yo estaba más preocupado por si me había pillado antes machacándomela en mi cuarto que por sus palabras. Mientras recogía los cartones de las pizzas, mi padre sugirió ver alguna película antes de ir a dormir. Vimos una que pasaban por la tele sobre un atraco a un banco mientras comíamos palomitas de maíz y mi padre bebía su cerveza. Casi al final de la peli uno de los secuestradores se follaba a su novia en un ascensor.

- Hay que ver la cantidad de sexo que ponen en las películas últimamente – dijo mi padre entre carcajadas.

- ¡Ja, ja, ja, ya lo creo! – contesté algo cortado.

- Y aquí son algo explícitos, porque en algunas que he visto yo enseñan más que las tetas.

- No sé si me gustaría saber qué películas ves con mamá, papá…


El salón estaba alumbrado solo por la luz de la tele, pero alcanzaba para ver la figura de mi padre sin dificultad.

- Bueno hijo, creo que no voy a esperar a que acabe la película – dijo -. Me voy a dormir, que descanses.

Mi padre cogió tres latas de cerveza vacías y las tiró a la basura. Mientras pasaba pude ver que el bulto de mi padre había crecido algo desde la escena porno de la película. Pero no le di importancia, es más, pensé que se iba a la cama a pajearse por la misma razón que yo antes: mi madre y mi hermano no estaban y yo estaba mirando la tele; intimidad total. Me resultó chocante saber que mi padre se iba a tocar porque hacía tiempo que no oía a mis padres hacerlo y me imaginaba cuánto tiempo llevaría mi padre sin correrse. Pero después la idea me empezó a resultar atractiva. Incluso mi polla empezó a reaccionar ante esos pensamientos. Nunca me había sentido atraído por mi padre, pero sí que sentía gran atracción hacia hombres maduros y puede que ese fuera el desencadenante de mi erección momentánea.

Pasados unos minutos, y con mi polla algo más calmada, me fui a la cama. Crucé el largo pasillo donde están las habitaciones – primero la de mi hermano, luego la de mis padres y luego la mía. Sin razón alguna presté especial atención a la puerta de mi padre, que se encontraba entreabierta y de donde salía la luz de la lámpara de mesa. La varonil voz de mi padre irrumpió en mi mente llamándome:

- ¿Diego? Pasa, pasa.

- ¿Querías algo, papá?- dije a mi padre, tumbado en su cama tapado por la sabana.

- Me preguntaba si querías dormir conmigo esta noche, como cuando eras más pequeño. Tu madre no está y la cama se me hace más grande que de costumbre.

La pregunta me pilló de improvisto…

- Emm… claro, papá… deja que vaya a coger mi pijama y vuelvo.

- ¿Vas a dormir en pijama con el calor que hace? ¡No seas ridículo! Duerme en gayumbos, como si estuvieses en tu habitación.

La situación cada vez me intrigaba más. No obstante, obedecí a mi padre y me metí en la cama con él. Los recuerdos me invadieron y sentía que tenía ocho años otra vez.

- Buenas noches, Diego – dijo mi padre mientras me dio un beso en la mejilla.

- Buenas noches papá – le contesté rascándome el beso por el picor de la barba.

Intenté divisar su bulto, el mismo con el que se había levantado del sofá minutos antes. Al no encontrarlo pensé que ya se había desfogado y se había relajado ya. El problema es que yo no me quitaba la imagen de mi padre masturbándose, y mi polla, que hoy no se había corrido aún, se levantó. Por suerte la luz estaba ya apagada y mi padre intentaba dormir.

Puede que fueran las doce de la noche, o la una, no lo sé. Yo aún daba vueltas en la cama de mi padre y decidí ir a fumar un cigarrillo para relajarme. Cuando lo terminé volví y me acosté junto a mi padre, que se había destapado por el calor. Mientras intentaba dormir, de espaldas a mi padre, noté que mi padre se movía mucho: los brazos los usaba como si se rascase, movía las piernas lentamente…

- ¿Papá? – me atreví a llamarlo, pero no me contestó y pensé que estaría soñando. Al cabo de un rato percibí los mismos movimientos y, además, noté un ligero vaivén en la cama. De pronto caí: mi padre se estaba masturbando. Entonces, ¿antes no se había masturbado? ¿Había esperado para masturbarse ahora, en ese momento? ¿Realmente se estaba masturbando yaciendo al lado de su hijo?


- ¿Papá? – dije esta vez con un tono más elevado

- ¡Hijo! Me has asustado… Pensaba que dormías –susurró entrecortadamente ¿Querías algo?

- Será mejor que vaya a dormir a mi cuarto… - dije muy avergonzado.

- No, espera… Siento mucho lo que estoy haciendo –dijo. Me pareció que hubo un tono de arrepentimiento en su voz - ¡Hace más de un año que no tengo sexo con tu madre! –exclamó, intentando justificarse- He aprovechado ahora que se ha ido unos días para hacer…

Silencio apenas roto por el susurro de las sábanas al destaparse

- …al igual que tú esta tarde –concluyó por fin.

- ¿Cómo? Yo no… -exclamé sintiendo que la sangre me cubría las mejillas

Súbitamente la estancia apenas quedó iluminada por la lámpara de la mesita de noche. El click del mecanismo de iluminación de la bombilla que precedió a aquella penumbra me sobresaltó aún más.

- ¡Hijo disimulas muy mal! ¿Crees que basta solo con taparla con un bañador? Una polla grande se tiene que disimular mejor porque si no se nota mucho. Si no fíjate, en la tuya que parece que se acuerda de lo que hacía y se ha despertado – dijo señalando mi paquete, cada vez más hinchado.

- ¡No me mires la polla, papá! No me siento cómodo.

- ¡Parece que va a reventar dentro del gayumbo! –exclamó con sorna.

- Papá…

- ¡Déjamela ver! – me ordenó en un tono de súplica que más bien sonaba a diversión- ¡Y no te avergüences hombre! Será por las veces que te he visto desnudo…

El silencio que cayó entre nosotros rompió cualquier amago de burla.

- Como quieras… - exclamé al fin. Me la saqué y mi padre la observó detenidamente.

La situación me la agrandaba todavía más y estaba deseando irme a mi cuarto para cascármela.

- Chaval, no está nada mal. Pero aun te queda para alcanzar el tamaño de tu padre.

Acto seguido, mi padre se la sacó y me la enseñó. El bulto que había visto en el sofá no tenía comparación: me pareció que lucía una polla de unos veintidós centímetros, gruesa y con el capullo circuncidado. Mi cara enrojeció mientras mi padre se reía de la situación. Dejé la mente en blanco por unos segundos con la esperanza de que mi padre me dejara ir de una vez, para pajearme tranquilo y solo en mi habitación, cuando de repente él me dijo en un tono de lo más sensual:

- Pues hijo, con tu permiso voy a cascármela un rato, que me hace mucha falta. Tengo las pelotas duras como rocas. He de vaciarlas -aseveró con la maestría de su madurez.

Sin darle mi respuesta se quitó el bóxer, se la agarró y empezó a agitarla con fuerza entre pequeños gemidos. Yo, que aun tenía la polla fuera, y me limité a acariciarme tímidamente.

- ¡Anda hijo, vamos a pajearnos juntos! – exclamó jocosamente mi padre mientras

buscaba algo en el cajón de su mesita de noche. La situación se volvía cada vez más surrealista cuando vi, sin dejar de acariciarme el nabo, que lo que sacaba del cajón era un dvd porno.

- Esto no está bien, papá. –sentencié. Pero si insistes… -


No me agradaba la idea de pajearme con una película porno hetero, pero aún menos me agrada aquella idea de pajearme junto a mi padre.

La película empezó y mi padre la adelantó para ver lo que denominó algo de acción. Y cuando por fin comenzó la acción me quedó claro que él se masturbaba con ímpetu; mientras que yo lo hacía más suave y tímidamente. Para excitarme, miraba de reojo la gorda polla de mi padre y él, al darse cuenta, dijo:

- ¡Joder, hijo! –agaché la cabeza pensando que me iba a regañar-. No he caído en que a ti estas películas no te gustan. Si quieres puedes mirarme a mí para ponerte cachondo.

Se me hubieran caído las pelotas al suelo, en cualquier otra situación, nada más

escuchar esas palabras saliendo su boca. En lugar de eso mi pene se endureció un poco más, si cabe. Así que sin pronunciar palabra lo hice. Le miré, y mirándole me convencí de que él estaba tan excitado que por eso me permitía observarle mientras se pajeaba. De vez en cuando mi padre se acariciaba los pezones y su par de pelotas y me observaba a su vez, como para asegurarse de que yo lo pasaba bien.

De pronto se detuvo y me susurró:

-Házmela tú, ¿quieres?.

Y me agarró la mano para ponerla sobre su pene.

No me explico aún qué me llevo a ello ni porqué lo hice, pero agarré con fuerza el trabuco de mi padre y lo acaricié suavemente. Luego lo sacudí más deprisa y jugueteé con sus pezones con la mano que me restaba libre. Papá me agarró mi polla también y la empezó a agitar como yo lo hacía. Recuerdo que me asió por la cabeza y nuestros labios se enfrentaron, los cuales besé mientras tomaba conciencia de lo que estaba sucediendo: mi padre me había encandilado para follar con él. ¿Estaba mi padre tan falto de sexo que recurriría a mí de verdad? ¿Qué opinaría mamá si se enterara? Fuese como fuese cada vez me excitaba más esa idea i****tuosa. Después de los besos me empujó con fuerza la cabeza hacia abajo la hasta llegar a su polla.

- Abre la boca hijo – suplicó susurrando

La polla de mi papá era lo suficientemente gruesa como para que no me cupiese en la boca, aunque la ocasión merecía que diese lo mejor de mí. Mi padre me agarraba del pelo conforme iba bajando por su polla y sacudía mi cabeza para marcar el ritmo. Él me acariciaba el culo mientras yo seguía con su polla, que chupaba y masturbaba mientras él me introdujo los dedos.

- Hijo, no sé qué me está pasando, pero tengo ganas de follarte. ¡Ponte a cuatro patas, venga!

- Si, papá – dije sin permitir que me sacara los dedos de mi culo. Me incorporé sobre la cama de mis padres y mi padre me cogió de las nalgas para jugar, antes de pasar a la acción.

- ¿Estás listo? Prepárate Dieguito que tu papá te la va a meter para que goces. –


Hacía años que nadie en mi familia me llamaba Dieguito y que lo hiciera papá en ese momento me hizo enloquecer.

La polla de mi padre empezó a abrirse camino mientras yo gemía de dolor. Me dolía, porque ningún tío al que me haya tirado la tenía como mi padre, pero no quise que parara. Mi padre tenía una expresión en la cara de placer absoluto que probablemente haría años que no tenía, razón de más para que empezase a follarme con fuerza. Notaba como el cabecero de la cama rebotaba contra la pared enérgicamente y la vieja cama chirriaba con las embestidas recibidas de mi padre. En ese momento ni él ni yo nos preocupábamos por si los vecinos nos oían; sólo en disfrutar del momento paternofilial tan salvaje que compartíamos. Empezó él también a gemir conmigo, me levantó y me dio la vuelta para que ambos pudiéramos vernos. Ver a mi padre desnudo, apoyándose en el cabecero con sus brazos tonificados y sintiendo palpitar su gran polla dentro de mí hizo que tuviera el impulso de masturbarme.


- ¿Tanto te gusta que tu padre te folle que te pajeas mientras lo hace? Pues te voy a dar más motivos para que te toques – y empezó a darme repetidas sacudidas introduciéndome toda su polla hasta dentro de mí. Todos mis músculos reaccionaron haciendo que me retorciera de placer.

- ¡Oh, Dios, papá! ¡Sigue así, por favor!

Tras terminar con las sacudidas, sacó de mi culo su polla y la agitó con fuerza, soltando su semen por mi torso. Su abundante y caliente simiente casi me quemaba y la sensación producida por el primer chorro de la leche de mi padre en mi cuerpo hizo que mi semen, no tan espeso como el suyo pero sí abundante, brotara hacia todos los lados junto al de mi padre, y me uní a sus gemidos de placer. Y así los dos, recién aliviados, nos miramos, padre e hijo, y nos besamos mientras él me acariciaba el pecho, ahora ya sellado con su propia leche. Eran las tres y media de la mad**gada.

A la mañana siguiente desperté en la cama de mi padre no muy tarde. Él, que era muy mad**gador, se habría despertado un poco antes y se había marchado al salón a hablar con mi madre. Oía la conversación y deduje que mamá y Ramón lo estaban pasando en grande en el hotel costalero. Papá también contaba lo que había hecho en casa: preparar la comida, ir al bar, pedir pizzas para cenar y ver una peli conmigo. Vi en su lado de la cama los calzoncillos que se había quitado por la noche, así que debería estar desnudo. Me levanté, me puse mis calzoncillos y me dirigí al salón.

- Parece que Diego nos ha oído hablar y se ha despertado, Margarita. ¿Quieres hablar con él? Vais a la playa, luego lo llamarás, ¿no? Vamos a ir a desayunar. Espero que te lo pases bien. Un beso. –

Mi padre se encontraba desnudo en el sofá, donde la noche anterior vio la película que provocó que yo me acostara con él.


- Buenos días, Dieguito –dijo levantándose. -¿preparamos el desayuno?

- Buenos días papá

Salí yo primero del salón. Mi padre, que me seguía de cerca, me dio un azote en el culo. Cuando me volteé me dijo:

- ¿Aún vas a seguir tapándote estando delante de mí?

Por lo visto mi padre no olvidaría la noche en que me cameló para follar con él.

Sinceramente, espero que así sea.



Continuará...... Continue»
Posted by renovatio111 5 months ago  |  Categories: Gay Male, Mature  |  Views: 497  |  
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Algo muy natural

Salimos de la capital cuando los primeros rayos del sol asomaban en el horizonte.

Atrás quedaban no solo la oscuridad de la noche sino el encierro de aquel convento que aunque convengamos fue últimamente agradable pues no la pasaba mal, tampoco era lo que yo aspiraba para mi vida.

Papá había dispuesto que llegado el fin de l curso me trasladaran a nuestra residencia de campo. Una estancia con desarrollo agrícola-ganadero que tenía como rubro principal el criado de caballos de raza, fundamentalmente para el juego de polo. La marca era haras “La preñadita”, conocida mundialmente.

Amilcar, el viejo chofer de papa conducía cauto, precavido, lento como una tortuga en aquella autopista enorme. De pocas palabras el, me centre en mi música y a poco tiempo quede dormida.

Mis sueños fueron varios pero repasaron mi año en el colegio, mis nuevas amigas, las preceptoras, la profesora de música…. Y como si fuera un viaje hacia el final de mi viaje, recordé mis épocas de niña allá en la estancia.

Cabalgar, recorrer el campo, jugar, ayudar en la cocina o tareas era el único entretenimiento, salvo aquella atracción que sentía yo por visitar el establo donde cuidaban los padrillos de raza. Sementales a los que se les prodigaba el mejor de los tratos ya que de ellos dependía el futuro de las crías. Y aquellas yegüitas que venían a ser servidas, y alguna potranca que debutaba, que era mi mayor desvelo.

El viejo Pacho era el patrón allí en el establo, y trasmitió todo su conocimiento a su hijo Mauricio, nacido de la también criada Dorita.

Mauricio era bastante mayor que yo, pero era el mas joven en aquella inmensidad campestre. Era mi amigo del alma. Compinche me había permitido observar lo que prohibido tenían para mi, ver como el padrillo se montaba a las yeguas. Aquella adrenalina me había impactado siempre pues su ambiente me traía deseos sexuales que nunca había podido descargar allí.

Llegamos y todo era como novedoso a pesar de estar todo muy impregnado en mi.

Mamá estaba y pronto supe que continuaban sus líos matrimoniales.

Era ella una modelo, aun joven, elegante y de buenos modales, pero lo que contrastaba con papá era la edad, pues el la doblaba en edad.

Pronto supe que Mauricio era ahora el encargado de las haras, pues era el heredero de la sabia enseñanza de su padre fallecido.

Eso me permitió, pasearme a mis anchas por el establo, visitando aquellos hermosos a****les. En esos recorrido me di cuenta que Mauricio me miraba con insistencia, y fui al frente con decidida intención….. – ¿Te gusto Mauricio?

- Paaa, Yamilita, estas hecha una mujercita atractiva.

- Dime, cuando va a servir ese padrillo a alguna yegüita?

- Mañana, seguramente….. por?

- Porque quiero verlo, de paso aprender con intenciones de que me pase lo mismo.

- Paa, nena…. No seas mala…. No provoques, menos sabiendo que sos la hija del patrón.

Mauricio seguía siendo el mismo pelotudo de siempre y al parecer me seguiría esquivando…. Pero ahora yo sabia exactamente lo que pretendía de el.

Al otro día, no me perdí detalle, de aquel maravilloso espectáculo que es ver como se le para al caballo aquel enorme y largo pijón…. Como se va cebando a la yegüita hasta que esta se deja montar…. Y es todo tan rápido y violento cuanto la ensarta metiéndole aquello tan exquisito hasta hacerla relinchar…

Me moje, me toque, me acerque a Mauricio, me le recosté… y este tuvo un gesto de avance, me acaricio las tetas, me apretó un poco pero cuando yo pensaba que íbamos por buen camino…. Me rechazó nervioso. – No podemos nena…. No podemos…

Las cosas ocultas muchas veces no tardan en aparecer.

Mi dormitorio esta pegado al de mis papis, separado por un gran placard doble, o sea que para ambas lados de las piezas es placard.

Yo sabia de niña, que entrando al placard, podía moviendo una madera, pasar al placard del cuarto de mis padres y de allí, espiarlos.

Pero nunca los vi haciendo nada extraño.

Ahora papá no estaba, no había venido, y solo estaba mamá….. Entonces de que eran esos ruiditos que se sentían?

Y fui a mi lugar de espía….. Y esto es lo que vi.

Pamela, mi mama, estaba desnuda en cuatro patas sobre la gran cama…. Se inclinaba con dedicación en un evidente acto sexual…. Se estaba chupando una enorme polla…..sacudiendo su melena a un lado y otro. Se relamía y su lengua jugaba de tal modo sobre aquel músculo que deba como chasquidos jugosos, que atravesaban ruidosos el ambiente.

Ohhh, que sorpresa, cuando el hombre se incorporo, musculoso, atlético, masculino, vigoroso con aquella polla endurecida…… era el mismísimo Mauricio, que fue directamente a meterla desde atrás al cojinete de mama….. Que cuando se sintió atravesada comenzó a moverse acompañando y haciendo mas intensa la embestida que le daban. Un rato así, y mama se acostó, abrió las piernas y Mauricio se extendió entre las piernas de ella. Otro buen rato así….

Ella se levanto, el se acostó boca arriba y ella lo cabalgo como 20 minutos hasta estallar por 5ta vez creo, para relinchar ella también allí arriba del macho con las que le estaba metiendo los cuernos a papá. Yo tuve un orgasmo acariciándome, y mentalmente se lo dedique a Mauricio. Mi mamá era infiel, y Mauricio un tramposo.

Por eso fue, que decidida, lo encare, le dije lo que había visto y lo puse contra la pared. También le conté mis experiencias.

Si no hacia lo que yo le pedía, se iba a saber…. Y se armaba un lío.

Allá en lo alto del establo, arriba de unos fardos de alfalfa, pude comerle aquel rabo hermoso, dándome el placer de su lengua en mi cuevita. Me puse cachonda, cachonda, hasta le pedí que me desvirgara…. Y me puse en cuatro….. El me la refregó una y otra vez, pero finalmente me la dio por mi experimentado culito. Experimentado con cosas de plástico, en el colegio…. Pero fue aquella la primera pijota que entro en mi interior….. La goce muchísimo. Como yo tuve como 10 orgasmos, el aprovecho para prometerme que me desvirgaría mas adelante…. Que así estaba bien. Cuando mamá se fuera, lo haríamos en mi pieza. Aquellos días fueron inolvidables, por que el sexo anal me gusta, me permite tocarme con mis dedos la cuquita y pajearme al mismo tiempo que me dan bomba.

Yo se que el siguió acostándose con mamá, pero Mauricio es un gran macho…. Y un gran amigo.
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Posted by Yamilafabregat 2 years ago  |  Categories: Group Sex  |  Views: 221  |  
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Entrada inocente en el armario.


Era mi tercer cambio de escuela. Con las chicas no me llevaba mal, pero trataba, lo justo. No era él chaval más popular. Introvertido, y de hecho pasaba desapercibido, para la mayoría.

Aunque a veces, no era así para algún típico matón repetidor, Mi timidez, y aspecto aniñado, me lo ponían difícil cursando octavo.

Había también un repetidor, que pasaba olímpicamente, de compañeros y profesores,
ese era Juanjo, un chico, grandote de veinte años, pero que aparentaba veinticinco, destacaba entre los demás alumnos. Algunos no se le acercaban, por miedo, otros por tener algún lapsus en su forma de hablar.

Yo creo que estaba asqueado de todos, pero no le permitían irse del colegio. Desde que llegue, había notado algún paralelismo entre él y yo, por esa faceta, retraída.

Me transmitía confianza, a pesar de su carácter cerrado. En clase, le había prestado muchas veces gomas, hojas, etc... pero, nunca me dio las gracias.


En el recreo, lo observaba de lejos, irse a unos bancos, que estaban orientados a la calle. Se sentaba, y pasaba la media hora hasta volver a entrar.

Otro día, lo seguí. Era una zona algo escondida, donde ya no se acercaban muchos chicos, y más desde que él, la frecuentaba. Al acercarme a su banco, me percaté, que encendía un cigarro. Cuando pudo verme de refilón, se giro hacia mí, y me preguntó
sobresaltado, que, qué hacía allí. Le solté la excusa, de que no me caían bien, mis otros compañeros, y simplemente, me quería alejar de ellos. Sin hacerme mucho caso, me preguntó, si le iba a contar a algún profesor, que le había visto fumando. Después me dijo que si lo contaba, no le importaría.

Le pedí, una calada, y respondió, que yo no tenia edad, y que no daba nada gratis. Le ofrecí lo único, que yo tenía en ese momento, que era comida. Él aceptó el trueque. Merecía la pena, joderse un poco los pulmones, para intentar conocerle, algo mejor.


Varios días después, se reestructuró la clase. Ahora, me sentaría detrás, todo lo que quedara de trimestre, y Juanjo fue elegido, mi compañero.

Habían seguido el criterio, de separar, a los más parlanchines. Eso no cambió nada nuestro trato, el cual era en el recreo, podía acompañarle, solo dos veces a la semana, si repartía la mitad del bocadillo. En clase, no me dirigía apenas la palabra.

Pero notaba que pasando las semanas, eso iba cambiando. Y durante las clases, se comunicaba con migo, con codazos amistosos.

Un día, en el patio, llegó a agarrarme del cuello, con su brazo flexionado, y con los nudillos de la otra mano, los frotó en mi cabeza. La clásica llave de colega, pero a mí me hizo sentir, algo más.

A mitad de la ultima hora, sacó un carpesano que en lugar de apuntes, estaba lleno de revistas porno, que el mismo compraba sin ningún pudor, al kiosco de enfrente del colegio. Sonreía, al verme algo avergonzado y preocupado, por si nos fuesen a pillar.

Juanjo, continuó ojeándola y tocándose a la vez debajo del jersey, ya se empezaba, a abultar su bragueta. Enseguida, me susurró, preguntándome si yo no lo hacía nunca. Me quede embobado, sin saber que responderle. Pero en ese momento, me puse a recordar unos rumores, al poco tiempo de llegar, que corrían de él, cuando un par de años atrás, estaba apuntado en actividades extraescolares. Los chicos hablaban de lo grande que tenía su pene, y era el primero con los huevos cubiertos de pelo, lo cual no era tan extraño a su edad...

Volví de la inopia, con el sonido del timbre para irse a casa, sin no antes juanjo, prestarme una de las revistas que tenía, para el fin de semana.

Esa noche me costó un poco dormir, pensando en como se masturbó, sobre la ropa delante de mí, y envidiaba a muerte, a aquellos chicos que tuvieron la suerte de contemplarlo, en las duchas. Pero yo, también iba a poderlo comprobar muy pronto, pues era viernes, y según el calendario escolar, el Lunes, tocaba reconocimiento medico.

Llegó el día, y nos convocaron a todos en la sala del teatro. Lógicamente nos separaron por sexos. Cuando llegó nuestro turno, escogimos una silla cada uno, para dejar la ropa.

Mi pulso se aceleraba, a medida que Juanjo, que estaba a mí derecha, se desvestía. Hacía un minuto, que yo me había desnudado, hasta quedar con un fino sl**p de licra. Debía hacer un poco de frío, y se me puso la piel de gallina. Él, terminó también, y en realidad, se veía que era el mayor de clase. Tenía una piel bastante mas morena que la mía, de pecho robusto y voluminoso, semicubierto, de un vello suave y oscuro, que proseguía bajando por su barriga algo protuberante. El calzoncillo, que tapaba parte de su peludo pubis, sostenía el más relleno y pesado paquete, de todas las clases juntas.

Cuanto me estaba costando disimular, con todos los compañeros alrededor.

Juanjo, me pregunto, que tal me había ido con la revista, que si me había hecho muchas pajas... vaya lugar para preguntarme eso, pensé.
-.Si, seguro que te has hecho un montón
-me dijo con cara burlona, y estirándome la goma del calzoncillo con el dedo, para que me sacudiera al soltarla.

Nos colocaron en fila india, y él quedó a mi espalda. Le ofrecía, una buena panorámica de mi trasero. Yo, no sabía si me lo estaría mirando en ese momento, pero mi cuerpo algo pálido y delicado, creo que siempre le llamó la atención.

Dí un paso al frente, y él me siguió, pero se quedó tan cerca, que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, captándolo con mis nalgas. Se aproximo unos centímetros, y noté, perfectamente como, su barriga, y sus testículos rozaron mi cuerpo, manteniéndolos ahí un rato. Dado que me estaba empalmando, tuve que avanzar medio paso, mientras tapaba mi erección, con las manos.
Cerca como seguía de mí, sentí su cálido aliento en mi cuello, mientras me susurraba, como esa situación, le recordaba a una anécdota caliente, con una prima suya.

En ese preciso instante, acarició suavemente mi culata, o eso pensé. En realidad, se estaba empalmando, y su nardo "estaba llamando a mi puerta trasera".

Como no faltaba mucho, para nuestro turno, retrocedió diciendo: .-en clase, te lo acabo de contar. Y así, la situación se distendió. Llegó mi turno, y subí a una caja, con base de metacrilato, para observar la morfología de mis pies, luego para mi sorpresa, pues en otros colegios no me las hacían así... me bajaron todo el calzoncillo, dejando mi culito prieto a merced de la viciosa mirada de Juanjo. Mientras tanto avergonzado, era manoseado, desde el escroto, al prepucio. Rápidamente después del magreo, tape mis vergüenzas, mientras el doctor me decía, que tenía fimosis. ¡Genial! Me quería esfumar, ahora mis compañeros, podrían conocer otra cualidad que me feminizaba aun más. Con suerte nadie lo habría escuchado.

Desde mi puesto, acabando de ponerme los pantalones, vi a Juanjo sobre el pedestal, que deslizaba con sus pulgares, rápidamente el calzón hacia abajo, descubriendo su redondo y bien rematado culo. Lo cubría una fina y morbosa vellosidad. Desgraciadamente, no podía ver bien la parte delantera, sin poder disimular mostrar interés.

Al llegar a la clase, siguió explicándome la tórrida escena casi de i****to, con su prima carnal. Me aseguró, que a una habitación de distancia, de sus padres, habían follado, en varias posturas con la ropa interior puesta. El cabroncete, estaba consiguiendo ponerme caliente otra vez.. Solo imaginármelo retozando sudado, y medio desnudo, acelero mis latidos. El también estaba erecto, por supuesto, como lo estuvo en la fila tras de mí.

-Entonces, con la voz sugerente, me soltó:
- con la fimosis no puedes follar. ¿Verdad?

¡Lo había escuchado!.-No sé que quieres decir. -Le dije nervioso.

-Sé que la tienes, no tienes que disimular. -Contestó.

Me dijo, que no había conocido, aun a nadie con eso, y que se lo enseñara, como hice con el doctor.

Después de insistirme un rato, le dejé claro que en la clase, no se lo podía enseñar.

Entonces me ofreció una solución:
- Pues en la hora del recreo, te espero en el lavabo, cuando no quede nadie.

-De acuerdo -le dije yo, satisfecho por que no me insistiría más, pero sobre todo, porque se iba a cumplir mi fantasía de estar a solas con él.

Después de sonar el timbre, fui recogiendo despacio, para hacer tiempo, incluso entretuve al profesor unos minutos, fingiendo, que tenía una duda.

Al pasar diez minutos, me dispuse a bajar las escaleras, hasta el pasillo que conducía a los servicios, no muy lejos del patio. Mi respiración se entrecortaba, y se me estaba secando un poco la boca. Finalmente me hallé frente la puerta, y disimulando, miré alrededor y la traspasé. Allí estaba, de pie, con un semblante de alivio en la cara y sin inmutarse por mí presencia, meando en un urinario de pared. Este parecía algo embozado, y desde mi posición pude ver como se iba anegando, de liquido amarillento. Permanecimos sin articular palabra, pues yo estaba tenso, y me pasaban mil cosas por la cabeza, menos hablar.

El silencio solo se rompía, por el sonido que su orín provocaba al gorgotear sobre sí mismo
Parecía no tener fin, y con la misma intensidad. También en eso se dejaba ver la diferencia de edades, tenía un "caldo" visiblemente más intenso, que el nuestro. Y también logre percibir, que la estancia, se cargaba de un tibio y ácido aroma, por el mal ventilado del inodoro.

Finalmente cesó la descarga, y de espaldas a mí, flexionó un par de veces las piernas, y sin oportunidad a vérsela, se la guardó de nuevo. Se giro hacia mí sin pulsar el difusor, para que no se desbordara, se fuera poco a poco, y para dar entender que allí no había nadie.

-cierra -me ordenó.
Pero le pedí dejarla entornada, para poder escuchar, en caso de venir alguien..

-joder, como quieras. Sácatela para verla. -me dijo ansioso.

No pensé, que me cortaría tanto delante del. Me quedé bloqueado. De fondo, se escuchaba como el inodoro poco a poco intentaba tragar. Mi situación no era muy distinta, hacía por tragar pero no tenía saliva. Eso era lo que quería, ¿por qué tantos nervios?

-Mira, tu me la enseñas, y luego yo a ti. ¿Vale? -me dijo para rebajar la tensión.

Menos nervioso, comencé a abrirme la bragueta, y saqué mi cola. Juanjo se acercó, y sin pedirme permiso, la agarró con solo tres dedos y con delicadeza, intento descubrirme el glande, sin éxito.

-vaya, así que es verdad, tu no se la puedes meter a nadie. Es curioso, parece un oso hormiguero. -dijo jocoso.

No negaré que me sentó mal que se mofara. Se irguió ante mí, y tranquilamente bajó su cremallera.

-Estas preparado? Ahora mira tu.

Y dejo ir sus 08cm en reposo, ante mí atónita mirada. Hacía dos de la mía! Ya no eran fantasías, esa magnifica berga, mas morena que él, crecía lentamente en su recia mano.
Se alzaba, desde dos enormes testículos, negros por la cantidad de pelo que los rodeaban. Los rumores, habían sido superados por la realidad.

-Acércate, que no muerde. Ahora, veras la mayor diferencia, entre tu trompita
y mi cipote. -comentó orgulloso.

La polla. ya casi doblaba su tamaño. Era la primera vez que veía una, tan cerca y estirándose para mí, y aun así, sabía que se salía un poco de lo normal.

-ven y agarrala. Ahora mismo esta como la tuya, aparta la piel hacia atrás.

-Prosiguió excitado.

Tomé ese vigoroso falo, en mí mano, ajustando la punta, y con cuidado deslicé el pellejo terso, en dirección a su vientre. El prepucio resbalo suavemente bajo mis inexpertos dedos, a la vez, que la obertura cedía, y de la nada, apareció un apetecible "hongo", color majenta brillante, de tacto suave. Acaricié el glande, con la yema de los dedos, fascinado por su forma tan sensual.

Mis sentidos en alerta, distinguieron ruido de tacones acercándose, por el pasillo. Yo me incorporé, pues estaba en cuclillas, Y él, escondió a la bestia, sin subirse la cremallera. Me adherí a la pared procurando que no se me oyera, ni respirar. Los pasos acababan de oírse pasar frente a nosotros, y se empezaban a alejar, hacia la salida del patio.

Miré a Juanjo, y estaba otra vez con su miembro fuera... sin mediar palabra, señalo a su mástil, para darme a entender que bajase a probarlo.
Tenía el corazón en la garganta, por el susto, y los pasos aun se escuchaban, pero muy débiles. Le hice un gesto de negación, nervioso por si nos pillaban. Después, señalo a su boca, mientras su nabo cabeceaba con vida propia. Me volví a negar, y con una pequeña paranoia, pegué mi oreja a la puerta, sin prestarle atención.

De repente, el robusto cuerpo de mi compañero, se abalanzó sobre mí, sitiándome con la pared de azulejos. Amarró mi cabeza por detrás, y se lanzó con su boca, sobre la mía entreabierta, introduciéndome de una vez toda su lengua morbosa.

Nuestras lenguas, estuvieron un buen rato echando un pulso, venciendo él claramente.
A la vez, con la otra mano, apretaba mis nalgas, deseoso.
Con el primer f***ejeo, se me subió la camiseta hasta las costillas, permitiéndome sentir el contacto con su pene, y el calor que desprendía, contra mi abdomen.

Con su pie acompañó la puerta, cerrándola disimuladamente. Pero mis sentidos habían despertado, y estaban solo pendientes de él.

De todas formas, me fijó mis brazos al cuerpo, haciéndome retroceder con él, hasta la pared más alejada de la puerta, que era la del urinario. Casi empotrado en el rincón pegado al wc, siguió robándome el aire, presionándome con sus potentes labios.

A la vez que su saliva hidrataba mi lengua, enterró su mano derecha en la culera de mi pantalón, abarcando y apretándome los glúteos a pelo. Después pasándola al centro, descendió un poco entre mis nalgas, encontrando mi ano, compungido al contacto inesperado con sus dedos. Prosiguió con aquel morreo sucio, mordiéndome con suavidad pero excitadísimo el labio inferior. Del gustazo se me relajo el esfínter, y el pudo sumergir su anhelante dedo anular, algo mas de la uña.



Su gran lengua aplastaba la mía, y ocupaba casi toda mí boca, inundándola con sus fluidos. A la vez su grueso dedo, tenazmente hurgaba en mis entrañas, siendo profanadas por primera vez.

Igual de repentinamente, se separó de mí, medio acomodándose sobre el inodoro. Me dejó algo sorprendido, y permanecí inmóvil mientras el reclinado, acariciaba su pollón.
Juraría que se ensanchó mas que antes. Con su rabo en una mano, con la otra me ordenó con un gesto, que me arrodillara.
En esos momentos yo, ya no tenía voluntad propia, y obedecí ciegamente. Apartó las dos manos de su increíble miembro, y reconocí otro gesto, para que me acercara. Lo hizo de la manera más sutil y morbosa posible, pues fue su polla, el que me lo indicó con sus cabeceos viciosos e impacientes.

Separó ligeramente las piernas según me aproximé arrodillado. Seguí avanzando, hasta su glande cabeceó directamente en mi frente. Juanjo se subió el jersey, por encima de la panza que se le veía por esa postura acomodada. Levanto la mano derecha, y la plantó sobre mi cabeza.

La dirigió hacia él con seguridad, arrastrándome con ella, y mis labios toparon con su "fresón" caliente, aplastándolo y a mi con el sobre su lanuda panza. Movió mi cabeza en circulos amasando mi cara en su polla., con la boca entreabierta.

Sentí su mano contundente, ponerse en mi hombro. Despues subio a mi nuca.

Mi cuello le cabía en la mano,y lo tomó firmemente. Mi cuerpo se apretó mas para al suyo, y por la presión suave que hacia con el brazo, su pene fue entrando en mi boca, penetrando atraves de mis temblorosos labios. Note ese trozo de carne semi flexible reaccionar al contacto de mi lengua: tomaba una rijidez intermitente, y sus bolas que me quedaban por el cuello subían hasta mi barbilla.

En un minuto mi boca tubo que abrirse, por lo mucho que su polla se expandía. Con la boca bien ocupada por esa gran polla empezó un suave movimiento, de va y ben, el cual fue tomando ritmo poco a poco. Ya entró tantas veces seguidas, que de cada empujón llegaba mas y mas profunda…
Se me pusieron los ojos llorosos por lo honda que esa polla escavaba. Pero yo me sentía pleno y contento, que mi querido grandote se estuviera fijando en mi, y me regalara el mejor “miembro” de todo el centro. Mire por encima de su barriga, y su cara estaba compungida mientras resoplaba. El se dio cuenta que le miraba, me sonrió de forma ironica y en ese momento me agarró con las dos manos de la cabeza. El calor invadió mis mejillas, y su movimiento de caderas se hizo mas rápido. En mi boca habían un cumulo de sabores mezclados, entre ellos la precum, que era capaz de sentir mientras me follaba la boca.

Mi respiración era rápida por la nariz y mi pulso saltaba como loco; nunca me había pasado antes

El estaba igual resoplando y gimiendo como un oso mientras el sudor le goteaba de la sien. Pero el ritmo no bajó en ningún momento, hasta que finalmente, su capullo que desde un rato quería meterse en mi, se volvió como de hierro. En un rápido movimiento
Apartó su polla de dentro de mi boca y explotó como un volcán de lava blanca, en parte sobre mi nariz. El segundo disparo, (el mayor y el mas espeso) cayó casi en mi ojo derecho, ocupando también una parte de mi frente. No debió parecerle que disfrutaba de su húmedo regalo, y de golpe la volvió a introducir rápidamente en mi boca, mientras aun salían pero menos intensos disparos, depositándose en lo mas profundo de mi boca. Llegando a quedar de nuevo encajada en mi garganta, con sus bolas manchadas de (leche) apretados en mis labios. Soltó un ultimo soplo mientras nos mirábamos a los ojos, y sonrió acariciándome la cabeza de forma casi paternal.

Una vez deguste bien aquel manjar, apoyé mi cara en su barriga, y mientras cerraba los ojos, me di cuenta, que acababa de que solo con un hombre llegaría a sentir lo mismo, y que acababa de “entrar inocentemente en el armario”














THE END
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Posted by sweetchaser 2 years ago  |  Categories: First Time, Gay Male  |  Views: 749  |  
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Amor al trabajo

Un cómplice no es fácil de encontrar, y Julia, al rechazarme se negaba a sí misma la posibilidad de ser feliz. Sólo conmigo, pensaba yo, ella podría ser ella, pues en una sociedad de machos pocos hombres soportarían que su compañera tenga sus mismos antojos sexuales, pero yo sí. Quizás por sentirme incluido en sus fantasías o el deseo de que los demás conozcan el origen de mi felicidad. Lo cierto era que extrañaba estar tenso ante sus inesperadas ocurrencias.
El nombre del bar en un lujoso hotel brilló en mi cel, el mensaje decía que si quería gozarla fingiera no conocerla y que la obedeciera en todo sin reclamos. Mi excitación duró todo el camino, y más.

Coctel en su mano. Ropa fina. Olor caro. Sonrisas e insistencias. Verdaderos desconocidos entre ella y yo. Su delgado brazo cruzó entre ellos y jaló mi corbata. “Mejor me voy contigo”. Algunos protestaron. “Y ellos?”, pregunté. “Si no se pelearan los complacería a todos, pero como son unos envidiosos no obtendrán nada, tú sí, porque se ve que quieres conmigo y no repelas”. El cambio de actitud fue notorio, hasta pidieron la master suite, cena y champaña. La seguíamos expectantes. Después de pararse en la cama como si fuera un escenario y de pedir que nos sentemos donde pudiéramos, nos modeló su vestido. Se lo levantaba de repente para mostrar sus largas piernas o lo ceñía para que resaltara la brevedad de su cintura y sus nalgas. Nos ordenaba que le dijéramos qué queríamos hacerle, que nos sacáramos la verga y nos masturbemos mientras ofrecía su show. Preguntó si queríamos verla sin ropa. Y apareció ella.
Bajó de su pedestal y se dejó manosear, a algunos le ponía las nalgas en la cara, a otros le acariciaba los huevos y a los más afortunados se los lamía. De repente se separó de nosotros y, en medio de la estancia se arrodilló poniendo su cara al piso. Nos ofreció su tafanario con todo descaro sicalíptico a fin de que uno por uno lo usáramos al antojo, siempre y cuando nuestro afán acabara sobre ella, lo extendía como si de crema para el cuerpo se tratara.
Otras veces, con ropa y olor a teibolera, recorría la entrepierna de obreros amontonados en los vagones del metro y se entregaba al desamparo de sus manos bruscas. No cobraba, sólo a mí, cuando quería sentirse una puta de verdad, y con ese dinero me invitaba a cenar —donde no cabía palabra indecente—, o compraba lencería o juguetes que satisficieran mis instintos voyeristas y su anhelo exhibicionista —donde cabían todas las palabras impositivas y humillantes que se me ocurrieran.
Pero algo me pasó. Empecé a salir con otras chicas y a cometer errores, quizás a propósito, para probar si ella resistiría lo mismo que yo, o tal vez era la sensación de que todo lo que habíamos hecho juntos había sido en función a ella, quizás inconscientemente quería castigarla por ello. Pero me salió el tiro por la culata:;.,_,…---————---+%/|*!”””””°°°°° °,° °’° ‘’’’´´´’’’’’’]¨¨*°“¨´”°*…* +++

Escuché por ahí que Julia ya tenía novio. En nuestro juego yo podía soportar que se cogiera a cuanto desconocido se le antojara, pero nunca que me dejara por ellos. En esa agonía que produce la impotencia traté de aclarar mis pensamientos. Escribí:

“Para qué buscas en otros lo que tuvimos juntos? Regresemos”

Quería decírselo de frente, donde no me rehuyera, por fin se me ocurrió un lugar donde creí que no haría ninguna escena que me dejara en ridículo. Doblé la nota con el cuidado que procuran los japoneses con las cosas y, antes de ir a mis clases del diplomado, fui a su oficina, muy cerca de ahí.
La recepcionista dijo que Julia estaba ocupada, que regresara a la hora de salida. Le comuniqué que no necesitaría más de 10 minutos para entregarle algo. Que ella lo podría entregar, que yo prefería hacerlo personalmente. Que era imposible. Sin mostrar m*****ia dije que la esperaría. Que como yo quisiera.
Me senté con actitud de que la vida se acomoda a mí y no yo a ella, era martes, mi maestra del diplomado no pasaba lista. La recepcionista me veía nerviosa, como ocultando algo, era una mujer madura. Yo hojeaba una revista, llegaron dos hombres de traje, me dieron la espalda. Venían a la fiesta, yo lo escuché. La señorita les permitió pasar por una puerta que estaba junto al mostrador. Luego llegaron otros. También pasaron. Me dieron ganas de meterme a la fuerza, pero sólo me atreví a maltratarla con la mirada, ella fingía no darse cuenta. Entonces sonó el conmutador y contestó.
—…Sí, licenciado. Son todos. No puedo, licenciado,,, es que tenemos una visita... No, busca a Julia... Ya le dije, pero insiste... Sí, licenciado, como Ud. diga.
Colgó.
—La señorita Hurtado está en una junta, me informan que saldrá en unas cuatro horas, o cinco.
—Vengo a la fiesta —dije con toda seguridad, mientras le mandaba un SMS. No tenía intención de pasar e incomodarla, pero quizás así saldría. Entonces me arrodillaría ante ella.
—Señor, usted no está invitado —me miraba fijamente y yo a ella, le dije que la esperaría hasta que Julia saliera y fingí leer.
Por fin desapareció tras la puerta dejando un zumbido apenas perceptible. Pasaron unos minutos. Yo seguía fingiendo que leía, pero el zumbido era inquietante. Me acerqué al mostrador para indagar su procedencia. Parecía emanar de la silla giratoria, mi mano confirmó que la protuberancia acojinada del asiento vibraba. Junté y separé varias veces mis dedos en el intento de reconocer la consistencia de la humedad. Los llevé a mi nariz… entonces vi sobre el escritorio un pequeño calendario de mesa, el segundo martes del mes decía: “entrega de objetos”. Era una fiesta de intercambio de regalos. Supuse.
Julia no respondía mi recado. Tal vez sí estaba ocupada, tal vez la esposa del vigilante, quien debía tener algo contra mí, se había entrometido de nuevo. Hubiera sido más sensato esperarla a la salida. Pero ya estaba en esto. Por una repentina ocurrencia crucé la puerta con el sobre en la mano, al fin y al cabo traía un objeto para ella.
Se oía música guapachosa. “Bienvenido”, me decía un letrero, no leí una larga lista de instrucciones, a quién se le ocurre escribir algo tan largo en México, excepto las letras más grandes que decían: Tome dos. Una flecha señalaba una bombonera con preservativos. No tomé ninguno, siempre traigo en el bolsillo. Una sospecha hizo que parte de mí se tensara. Pasé. Olía a perfume de mujer, y oculto en éste, el mismo aroma de mis dedos. La casa Art Deco adaptada a oficina coincidía con la descripción de Julia, el pequeño jardín entre ésta y la nueva construcción me parecía más bonito de lo imaginado. La escalera de lámina al fondo debía ser aquella que amplificaba el sonido de sus tacones y la oficina a mi derecha, aquella desde donde el patrón la espiaba. Ella se daba cuenta. Atravesé arriesgándome en el intento. Unos gemidos me hicieron voltear a donde yo no quería y descubrí a una mujer regordeta besando un señor canoso en un sillón de respaldo alto. La recepcionista arrodillada, con la falda levantada hasta a cintura saboreaba su pene, los pechos de ellas desbordaban las manos masculinas. Aceleré el paso. Por suerte no me vieron, pero estoy seguro que al menos uno de los que estaban en un rincón oculto por velos me vio pasar. Eran unas diez personas sobre tapetes y cojines mediorientales en una especie de Kama Sutra; las damas parecían edecanes; los hombres, que eran menos, funcionarios públicos. Julia no debía estar entre ellos, no se atrevería a eso en su trabajo. Subí procurando que el sonido de mis pies no los distrajera.
Varias chicas en hilera con las pantaletas abajo e inclinadas hacia unas computadoras, seleccionaban videos pornográficos, hombres se introducían en ellas y pronto cambiaban a la siguiente. Julia tampoco estaba allí, Mariana sí. Julia me decía que me iba a gustar antes de presentármela. En realidad, iba a continuar mi ascenso. Pero me vio.
—Hola!, ven! —me acerqué. Sus ojos, de miel, su piel, bronceada. Sujetó mi hombro al sentir que le abrían las nalgas, gimió, me dio un beso en los labios—, no sabía que tu oficina había sido invitada —Pregunté por Julia—. Está arriba, con nuestros compañeros, a ti te tocaría con nosotras, fórmate para que nos la metas.
—Me encantaría, pero vine verla.
—Por lo visto, hoy quiere revivir amores... —otro la penetró, sus pestañas parecían viudas negras copulando en una gota de miel, apretó mi brazo. Volvió a verme—. No te gustaría sentirme?
—Ahorita no, gracias.
—Pero estás más que dispuesto!!! —su mano hurgaba la tela de mi erección—, aprovecha!
—Gracias, en otro momento, con ella presente.
—Qué bueno que ya te perdonó! Desde el principio lo iba a hacer, pero no quería pasar como una tonta.
Asentí sin saber qué decir. Al menos sabía que obtendría el perdón. En eso, bajó alguien haciendo señas a otro alguien. Se pararon atrás de mí, evitando que oyeran las chicas.
—Oye, arriba hay una flaquita que no mames!, está bien buena! Me la chupó y no sabes qué delicia! Es la revelación. Vamos a ver si nos la cogemos
—Pues vamos!
Subí tras ellos. El salón era pequeño, lleno de hombres desnudos, y tres chicas. La “flaquita” era Julia, esplendorosa, con liguero y tacones altos; su trasero y la brevedad de su cintura eran de antología. Las otras dos, también eran delgadas, pero sin las curvas de “mi” Julia... Mis amigos murmuraban que qué le veía, sus ojos inexpertos no visualizaban los atributos que la ropa floja disimula y menos a la mujer oculta en la limpieza de su sonrisa y la inocencia de su cara. Tampoco sabían que al apretar sus senos de niña brotaba leche; que el hueco entre sus largas piernas al juntarse con las nalgas en forma de corazón, exponía los labios de una manera tan invitante que ningún macho resistía a restregarse entre ellos. Tal vez, pensé, por ese desconocimiento asignaron a mi Julia con sus compañeros de su oficina y a Mariana para los visitantes. Mi Julia. Que ya no era mía, o nunca lo había sido, sino de otros, o de nadie, montaba a alguien en el piso y otro penetraba su culo perfecto hecho para mí, y al parecer, para ellos también. Julia no gustaba de desperdiciar recursos, pues a la vez despachaba con ambas manos la fila de vergas y lamía la concha de una güera de pezones oscuros, a quien otro perforaba por detrás.
—Ayúdame con estos —dijo Julia inclinando las vergas entre sus dedos—, porque ahorita mi boca es para ti.
Los dos tipos se formaron en cada una de las filas que esperaban a Julia. Yo no sabía qué hacer. El que la perforaba por detrás había sido su compañero de carrera, era alto y fornido. Al de abajo no lo conocía, pero estaba más feo que yo. La otra mujer saltaba sobre alguien en un sillón, tenía pocos fans. Julia los acaparaba. No era momento para que mi exnovia se pusiera a recibir documentos, así que rápido encontré el método para darle oportunidad a que me perdonara. Me quité la ropa y toqué el hombro del que estaba en el ano de la güera, me cedió su puesto, en vez de entrar al hoyo dilatado, mi falo en su entrepierna alcanzó la lengua de Julia. Entonces la bendije en silencio. Insertó mi pene en la raja de la rubia, ésta zarandeó las vergas que agarraba. Mi Julia acariciaba mis testículos, luego lo volvió a lamer.
—Éste me gusta —dijo entre gemidos—. Amorcito, me dejas metérmelo? Sólo la puntita, sí?
Un “como quieras, pero después que terminemos” vino de abajo. Se lo tragó lentamente. Qué riiiiiiiiico!!! Masaje laríngeo. Sabía satisfacer hombres... por lo visto, también a las mujeres. Oí mis gemidos,,,, ella se detuvo.
—Qué haces aquí!! Quién te invitó?
—Y tú qué haces con todos estos...
—Lo que hago no es de tu incumbencia, no tienes nada que hacer aquí.
—Claro que sí, decirte que te amo, que quiero compartir mi vida contigo...
—Ya tengo a alguien que sí me trata bien —acarició la cara del tonto que montaba. Saludó.
—...Dejaría que probaras a otros hombres y mujeres, pero quédate conmigo.
—Jaja! Mira cómo estoy, hacen cola. Me ofreces lo que ya tengo. Es más, puedes formarte, verdad, amorcito? —el tonto asintió—. Pero mejor no, ya te has aprovechado de mí muchas veces.
—Nunca me aproveché de ti, gozábamos porque nos queríamos... Soy el hombre de tu vida...
Los dos debieron disfrutar las carcajadas de Julia.
—Me gusta que me hagas reír, pero no entiendes nada, crees que lo único que quiero es sexo? Todo lo que yo hice lo hice contigo. Nunca te pedí nada, pero esperaba honestidad de ti.
—Por eso vine a decirte que me arrepiento, hagamos todo juntos y empec…
—Qué parte de “NO” no entiendes? Ya es tarde, eres historia. Ahora sí entendiste?
—Si no te la vas a coger —dijo levantándose el que estaba en el piso—, vete a la verga y déjanos continuar!!!
—Que lo haga con otras, conmigo ya no!
La güera quiso revivirme, pero el responsable de mis erecciones, mi corazón, estaba roto.
Humillado, bajé las escaleras queriendo olvidarla……………… Necesitaba olvidarla.

—Hey! Ya te vas, tan rápido?
Mariana se acercó, puso la mano donde la había puesto antes y con una sonrisa maliciosa, dijo:
—Veo que te dejaron satisfecho!, yo quería que lo usaras con nosotras. Sabes?, mis compañeras te iban a dar el culo por obligación, pero yo iba a darte un trato especial...
—Te agradezco, pero debo irme.
—...Fui la única que no habló mal de ti cuando la chismosa de la portera le enseñó frente a todas nosotras y a Julia tu video.
—Ella cree que lo hice a propósito...
—Y tú cómo ibas a saber que una cámara te filmaba dándote esos besotes con tu amiga, hasta se antojaban... Además ya no eran novios cuando pasó,,, debieron disfrutar la reconciliación.
—Oye, me tengo que ir. —dije con ganas de llorar solo—,,, pero...
Intenté despedirme con un beso en su mejilla, besó la comisura de mis labios. No correspondí.
—No le besé el pito a nadie, eh?
Su mano sobre mi bragueta interrumpió mi sonrisa triste.
—Mira, está reviviendo! y si le damos respiración de boca a boca?
—Es que ya me voy,,, —bajó el cierre, mi pene saltó.
—Mmmm!, tenía muchas ganas de conocerlo! Está muy bonito!
Lo mojó cuidadosamente con la lengua mientras su mano subía y bajaba. La delicadeza de sus labios me rodeó. Me dejé. La miel de sus ojos se ofrecía a los míos. Luego nos besamos.
—Ahora cachondéame,,,, muerde mis pezones, ,,,,, suavecito,,, no te preocupes, me acabo de lavar con gel. Mmmmmm!, qué rico!! No se te antojaba?,,,… Quieres que te la chupe? siempre que Julia nos contaba lo que hacían, se me hacía agua la;;;;; mmmhh, me encanta chupaghla... te gugsta??.. Yo también podría ponerte un condón con la boca, eh? Julia tiene la culpahm,,, yagh vehs que síghh pueggdo?,,,…,,, ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,Voltéame,,,,…,,, mira cómo estoy, me entraría muy fácil, no crees?,,, recórrelos, así!,,, ábrelos. Con la lengua nooo!!!, si te sabe a látex no es mi culpa,,,,,,,,qué pasa? métela,,,, anda, métemela ya!! Aych!, así!!!.... Te gusta?, te gusta que mueva las nalgas? así!, más fuerte!..:;, Asssíiii!!!!
Terminé agradecido, pero con la persistencia de una pesadumbre. Vine a ver a Julia y acabé con su compañera. Antes de irme recordé que no le había dado la nota. Subí de nuevo.

Los que antes se movían frenéticos ahora yacían exhaustos. Las tres chicas hacían un “trenecito” al centro. La rubia metía y sacaba dos dedos en la panocha de la otra mujer, ésta chupaba la de Julia, y Julia lamía el semen que la rubia tenía en las nalgas.
—Ya terminaste??! —dijo al verme, sus dedos dirigieron la leche de no sé cuántos hombres a su sonrisa—. Te viniste de pensar que se la ibas a meter a una de mis compañeras, verdad???? Había olvidado que no duras nada.
El papel se arrugó en mis manos, no por sus palabras, sino porque al pronunciarlas descubrí en su sonrisa satisfacción al percibir que me hería. Algo se rompió, lo sentí muy claro, sabía que en cada oportunidad se vengaría de mí. Le deseé lo mejor. Se despidió con un beso amargo y una lengua desesperada. Si ella hubiera escrito esto, sería la historia de un triunfo, pero esta es la historia del vencido. Me tragué el sabor a semen como un permiso a su última burla que costeaba mi culpa. Era mejor que ella gananara la guerra que yo no iba a pelear.
Al bajar escuché a Mariana.
—Espero que la próxima vez que Julia organice otro evento así, yo sea el primero en usarte!
Al pasar por la recepción leí el papel antes de romperlo. Era yo, y no Julia, quién necesitaba encontrar esa complicidad perdida, no quería encontrarla en nadie más. :( Tomé una pluma del mostrador y reescribí en el papel maltratado:

“Buscaré en otras lo que tuvimos juntos, y no podré encontrarlo, ni en ti”

Lo firmé y, oliéndome los dedos, salí presuroso a ver a Claudia, mi maestra, quien amaba su trabajo y se enojaba si yo llegaba tarde. Tiré el papel junto a la puerta, por si la portera lo encontraba y le daba la nota que se convertiría en la historia de mi vida.... Continue»
Posted by jorisa 2 years ago  |  Categories: Group Sex  |  Views: 509  |  
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Mi Primera orgía

Agosto de 2009. Yo tenía 19 años. Era por la tarde y estába en la playa con mi amiga Sandra (ella me incomoda muchas veces porque ella es amante del topless, cosa que a mí particularmente no me gusta) cuando me llamó Iván para acudir a su fiesta de cumpleaños. Nos invitó la semana pasada así que ya teníamos toda la ropa a mano. En la conversación nos dijo que estaba cerca: resulta que alquiló una casa cerca de la playa. Ambas acabamos de recoger todo y empezamos a caminar un rato por la playa hasta llegar a la casa. Ahí encontramos otro grupito de chicos y chicas, en total seríamos unos veinte, ahí ya estaban escuchando música, bebiendo... lo típico. Subimos a dejar las cosas, cogimos un par de cervezas y yo fuí a buscar a Iván. Lo encontré en la cocina, hablando con otros chicos.

- Hola guapo. - Le dije sonriente y dándole dos besos.

- Vaya, ¿solo eso? - Me dijo sonriente.

- ¿Esperabas algo más? - Le dije picarona bebiendo de mi cerveza.

- ¿Y tu amiga? No creas que me he olvidado de lo que hciiste el otro día por mí. El regalo de cumpleaños viene luego, cuando estemos solos. - Le dije tocándole el paquete.

- No sé. Nos hemos separado abajo con las bebidas. Yo tenía que subir a saludarte antes.

- ¿Y eso?

- Bueno. -Dije mirando si venía alguien- Me hiciste algo, así que yo vengo a gradecértelo.

- Quizá es antes de lo que te esperas -Me dijo besándome el cuello y tocándome.

- Ahora no, hay mucha gente. - Le dije apartándole, tímida.

- Debo confesarte algo.

- ¿Qué? - Dije extrañada.

- Los colegas que me has visto antes... bueno, me han dicho que han invitado al resto diciendo que esto va a ser una orgía.

- ¿Qué? -Dije sulfurada.

- Lo siento.

- Es una broma. -Le dije dejándo la cerveza en el mármol de la cocina.

- No.

- Me voy.

- Quédate, porfavor.

- No pienso quedarme aquí para que me folle cualquiera. ¿Qué le digo yo a Sandra? - Le dije en voz baja muy alterada.

- Bueno, ella parece que está encantada -Miré al piso de abajo desde la cocina y ya se estaba enrollando con un negro- Quédate. Te lo compensaré.

- No, no.

- Mi regalo de cumpleaños. Te pido que te quedes.

- Está bien -Dije tras pensarlo un rato- Pero yo decido lo que hago.

- Lo entiendo.

El tiempo fué pasando. La gente cada vez esta más borracha y más excitada. Yo ya llegaba un rato en el cuarto con Iván.

- ¿Te falta mucho?

-Espera, no seas impaciente. ¿Te gusta? - Dije saliendo del baño, vestida con un disfraz de colegiala.

-Estás tremenda.

- Sabía que te gustaría. Vi un poster tuyo en la habitación.

-Sí, pero en el mío ella tiene un collar y una correa.

-Todo se puede arreglar. Ya te dije que hoy es tu cumpleaños y yo soy tu regalo.


En ese instante vi como la parte baja de los pantalones de Iván comenzaba a aumentar. Le besé apasionadamente tocándole los huevos por fuera del pantalón, le desabroché la bragueta y metí la mano sin dejar de besarlo. Empecé a masajearle los huevos, viéndolo cada vez más excitado y luego lo acompañé haciéndole una paja. És estaba tan excitado que en pocos minutos se corrió en mi ropa. Se avergonzó por haber durado tan poco, lo que el aún no sabe a día de hoy es que es un tipo de masturbación que acelera la eyaculación. Entonces me dispuse a empezar a chupársela ante su negativa de que tardaría un poco en empalsare. En ese instante le dije "hoy me tienes toda para ti, haré lo que pidas" y su mente y cuerpo reaccionó permitiendo a su ... seguir erecta todo el rato.
Empecé a chupar salvajemente, insertando casi toda su ... de 17cm en mi boca y garganta, acariciando sus huevos y lamiendo su glande con mi lengua.
Estábamos muy excitados. En un instante entraron de sopetón Sandra y Carlos acompañados de tres chicos más. Yo primeramente no quería participar en ningún juego con más gente que no fuese Iván, pero ante su mirada de excitación ante la posible idea de estar con dos chicas más en la sala me hizo dudar.

- ¿Estás segura?

- Soy tu regalo, ya te lo dije. ¿Qué quieres tu?

- Que os podamos usar como queramos el rato que queramos.

Ambas nos miramos, era la primera vez que estábamos en una habitación las dos juntas teniendo sexo. Por la mirada de Sandra entendí que le daba igual.

- Vale -Dije.

Empecé a morrearme con Iván mientras le tocaba su ... Yo luego noté como alguien me estaba masturbando mi vagina y tocando los pechos desde atrás, me giré y vi a un chico pelirrojo feo pero musculado y me fuí a besarlo. Iván estaba muy excitado, eso era lo que más me excitaba a mí. Así que bajé unos cuantos centímetros y me dispuse a chupar la ... de ese desconocido que respondía al nombre de John y le enseñé mi culo a Iván pra que lo usase a su antojo. Entre ambos me quitaron la ropa y me tumbaron boca arriba, seguí chupando la folla de John (y que uso casi para follarme la cara) e Iván se desnudó dejando entrever esa tableta de chocolate que tanto me excita (lubriqué más y eso él lo notó) y empezó a follarme vaginalmente muy rápido y duro como a mi me gusta. Estuvimo así como 5 minutos. Luego John le pidió a Iván cambiar pero ambos querían follarme. Así que John se colocó debajo mío y empezó a follarme (analmente) e Iván seguí follándome vaginalmente, sobándome los pechos, besándome apasionadamente. En eso Sandra puso su vagina en mi cara para que le hiciera sexo oral. Me negué a hacerlo, pero Iván y los chicos nos recordaron que aceptamos hacer de todo. Así que ella apoyó bien su vagina en mi cara y empecé a chupárselo como nunca. Sus fluidos cada vez eran mayores y se corrió algunas veces en mi boca mientras ella tenía a sus dos chicos masturbándoles y chupándosela. Iván, John y Carlos nos dijeron que ya estaban casi listos. Así que Sandra y yo nos bajamos de la cama, nos colocamos de rodillas y empezamos a chupar, masturbándoles y tocándoles los huevos. A su vz ellos nos tocaban los pechos, nos tiraban del pelo...era muy excitante. Cuando tuvieron ganas, ambas abrimos nuestras bocas y se corrieron en un vaso.

- ¿Te gusta? -Dijo Iván agarrándome del pelo

Asentí mordiéndome los labios.

-Pues tenéis dos opciones: tragar ambas lo que hay aquí o besaros con el semen en la boca. La elección correcta tiene premio, la otra no.

Ambas nos miramos.

- Nos besamos.

Acto seguido nos dieron el vaso, todo el semen fué a parar a mi boca. Nos besamos y luego lo que cada una tenía esparcido lo chupó y se lo tragó.

-Buenas chicas. Pero esa no era la opción correcta.


Iván miró a Karl

- Trae a Sussy y sus amigas. Dile a Sussy que se podrá divertir. El resto salid de la sala.

Yo no sabía bien qué pasaba. Solo ví a Sandra salir escoltada por esos tres chicos que no paraban de sobarla y al salir gritaron "¿quién se apunta?". Mientras yo veía como salían y Karl empezaba a buscar a esa tal Sussy, no me dí cuenta cómo Iván me esposó las manos a la espalda. Justo después me tiró fuerte del eplo y ahí es cuando noté que estaba esposada. "Ven aquí perrita" dijo poniéndome un collar con correa.

- Me has hecho daño, ¿qué haces? - Le dije muy confundida y asustada mirando el collar e intentando liberarme.

- Este es tu castigo por no cumplir del todo mis deseos. Hoy es mi cumpleañois y me dijiste que podía hacer contigo lo que quisiese, ¿cierto?

- Sí, pero te has pasado tirando del collar. Suéltame.

- No voy a hacerte nada que te lastime ni a aprovecharme de ti. ¿Confías en mí.

Titubeé. Lo tuve que pensar bien. Jamás había hecho algo así. Me encontraba indefensa.

- Si quieres paramos, hace años que quiero probarlo. Y ahora quiero hacerlo contigo.

- Iván, es que estoy confusa.

- ¿De lo que sientes por mí? ¿O de lo que siento por tí?

- Ambas.

Me besó como nunca. Me agarró fuerte del pelo, me arrimó a su cuerpo y me besó por toda mi boca y cuello tocándome el culo, como a mí me gusta mientras un chico me besa.

- ¿Qué soy para ti? - Le pregunté.

- No eres una chica cualquiera si me preguntas eso. Hace semans que nos vemos casi cada noche. Quiero ser tu pareja. Pero necesito que confís en mí.

- Confío en tí.

Se lo dije después de un beso apasionado y luego con mi cuerpo le indiqué que estaba dispuesta a todo bajando mi cabeza mirando al suelo. Unas semanas tarás leí que eso hacían las sumisas así que lo apliqué.

- Ahora sólo hablarás cuando yo te diga, ¿entendido? Por un rato vas a ser mi esclava. ¿Entendido? Ahora soy tu AMO. Cuando te deje volver a hablar te dirgirás a mi como AMO Iván o sufrirás las consecuencias. -Dijo mientras empezó a masturbarme.

Llamaron ala puerta y les ordenó pasar. Tras eso y una bofetada me ordenó abrir la boca y me introdujo una mordaza con un extremo fálico. Sussy y dos chicas más entraron a la habitación. Todas ellas vestidas en plan "sado". Intenté incorporarme, esta vez sí que un poco incomodada y nerviosa. Dije que no con la cabeza y le indiqué con la cabeza que me soltase.

- Tranquila perrita. No vienen a hacerte daño. Quiero que nos divirtamos. ¿Confías en mí? Sé que no te gusta estar con mucha más gente así. Pero hoy es mi cumpleaños. ¿Seguimos?- Dijo tras tirar de la correa hasta tener él su oreja en mi cuello.

Volví a pensarlo unos momentos y le hice ver que sí.

Se fué a un armario y de ahí sacó una bolsa que dejó en el suelo. Volvió a colocarme las bragas primeramente hasta media altura para luego introducirme un vibrador en el ano y otro en el ... Los encendió al máximo y me subió las bragas. Era demasiado para mí, no quería esa situación y los vibradores no hacían más que excitarme. Entonces el metió su mano entre mis bragas ye mpezó a tocarme. Empecé a mojarme más que antes.

- Toda tuya Sussy.

- ¿Y tu?

- Por ahora solo miraré.

- ¿Seguro?

- Para esto la he hcho venir hoy.

Yo me quedé perpleja. Jamás iamginé que mi condición de bisexual la utilizase para eso. Lo miré extrañada y en sus labios me pareció leer "sorpresa".

- Seguro? Bien. Laura, Samy, protocolo.

Ambas me cogieron y me tumbaron en la cama. Acto seguido ataron pies y manos a la base de la cama liberándome de las primeras esposas y esposándome nuevamente. Acto seguido Sussy se colocó cerca de mi cara, apartó un poco su falda e introdujo la ... de goma que tenía mi mordaza y empezó a follarlo. Justamente después sus sumisas, que pude ver al entrar que eran muy deshinibidas, se acercaron a mis zonas y empezaron a lamerme y a masturbarme mi clitoris y pezones.

Estuvieron así como un cuarto de hora y yo además tenía prohibido correrme. Cinco minutos antes tuve la osadía de correrme con una eyaculación y lo pagué siendo liberada de la cama (pero seguí estando esposada al collar) para a cuatro patas comerle el ano a Sussy que estaba sentada en la cama mientras ella azotaba la espalda y las dos sumisas me lamían el ano y la vagina.

Tras esos diez minutos de dolor y placer a la vez, me acercaron a una silla a la que me fijaron y amordazaron abriendo bien mi ... La silla era de madera muy rígida y permitía a la persona sentada lamerle el ano también ya que la parte del asiento apenas existía. Ahí es cuando Iván se acercó a Sussy.

-¿Cómo la ves?

- Es buena. Pero aún tiene miedo. Creo que para ti está bien.

- ¿Y ahora? ¿Le preguntamos qué quiere hacer?

- Eres el AMO. Se hará lo que Tu digas. Cuando seáis AMO y sumisa, se hará lo que tu digas. Su opinión no importa. Por eso ya empezarás ese tipo de relación sabiendo sus gustos, preferencias y límites.

- ¿Tú que me recomiendas?

Tras una risa picarona le indicó a Laura un último protocolo señalándole el número cuatro con las manos. Volvieron a introducir en mi ano y vagina los vibradores de antes. Solo que esta vez impidieron que saliesen tapando los orificios de salida con cinta. Acompañaron esa situación con unas pinzas en mis pezones. Les indicó de salir y le indicó lo mismo a Iván. Salieron de la estancia.

Solo cuando iván volvió supe el tiempo que había pasado. Me confesó que sólo pasaron 45 minutos, pero a mí me pareció una eternidad. Tras eso nos besamos, estuvimos hablando, y nos tumbamos en la cama. Al despertar me encontré a Iván traiendo el desayuno.

- Ya estás despierta.

- Sí. Me duele todo.

- Es normal. ¿te duele mucho? ¿Me pasé con la idea?

- Algo. No me lo esperaba. Por un momento pensé en irme.

- ¿Qué hizo quedarte?

- No lo sé. Tú. La curiosidad, que estaba algo borracha...

- ¿te gustó?

- Aún no lo sé.

- ¿Te sigue gustando la idea de ser mi novia?

- Sí.

Por un momento me callé.

- ¿Lo de ayer es algo que te guste?

- Algo. No quería decírtelo antes para no asustarte. ¿Supone algún problema?

- No lo sé. Pero por ahora somos tu y yo. Nadie más. ¿Entendido?

- Claro cielo. - Me dijo

Tras eso nos besamos apasionadamente e hicimos el amor en la postura del perrito durante 20 minutos para luego él correrse en mis pechos.... Continue»
Posted by bdsmnet86 1 year ago  |  Categories: Group Sex  |  Views: 136  |  
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Capítulo VI: El vuelo de Ícaro.

Empecé a sentir un leve cosquilleo en mis partes que me hizo abrir los ojos.
Me encontraba en mi habitación, el sol inundaba la estancia, que al reflejarse en el espejo de la habitación aún hacia que el dormitorio estuviera mucho mas iluminado.
Baje la vista a mis parte y me encontré con aquella chica pelirroja, con la piel mas blanca que había visto nunca.
Estaba lamiendo mi pene suavemente, yo me estremecí ligeramente al sentir su boca por mi polla, que se empezó a poner erecta enseguida.
Ella me miró y sonrió.
- Buenos días. – le dije.
- Calla y relájate. – me contestó en un tono bastante serio.
No era momento de llevarle la contraria así que hice lo que me pidió y disfrute de aquella mamada matutina.
Me encantaba como se metía toda mi verga en su garganta y con sus manos acariciaba mis testículos.
Me lamía topa la polla con su lengua y luego volvía a metérsela en la boca hasta la garganta.
Entonces empezó a juguetear con sus dedos en mi culo.
Esa sensación era agradable. Me apretaba en el ano con un dedo mientras se introducía toda mi gran polla dentro de su garganta.
Lentamente empezó a deslizar su dedo dentro de mí.
Ya sabia lo que pretendía, así que me relaje, esperando ese dedo dentro de mi culo.
No era la primera vez que una chica me estimulaba la próstata.
Sabía que me iba a gustar así que deje hacer.
Notaba como su dedo me acariciaba por dentro mientras mi polla se encontraba húmeda y caliente rozando por dentro de su garganta.
Comencé a sentir tanto placer que no pude evitar correrme dentro de su garganta.

Ella se lo trago todo sin quejarse en ningún momento.

- Esto si que es una forma de despertarse. – Dije con una sonrisa.
- Pues si te portas bien puede que se repita. – Contestó riéndose.
- Te importa si me doy otra ducha. Tengo que ir a Jefatura. Son casi las diez de la mañana. Pero esta vez deja mi ropa en el baño. Aunque la verdad, no hay cosa que mas odie que no poder ponerme ropa limpia después de ducharme.
- Haremos una cosa. Detrás de mi casa hay un centro comercial. Dúchate ponte algo de ropa mía de ese armario y desayuna algo en la cocina. Mientras yo te compro algo de ropa en alguna tienda.
- No es necesario, puedo pasar por casa de camino al trabajo. Además no tienes porque gastarte dinero en mí.
- No me importa de verdad. Así dejas aquí el traje, para otro día. -Dije con una sonrisa.
Me levanté y cogí unos vaqueros y una camisa azul cielo. Me calcé y me asee un poco en el baño.
Cogí las llaves de casa, el móvil y la cartera y me despedí de ella diciéndole que tardaría unos minutos en regresar.
No me llevo mas de quince minutos comprar un conjunto de lenceria, una camisa blanca, unos vaqueros ajustados y un cinturón de cuero marrón.
En veinte minutos estaba entrando por la puerta de mi piso.
Al entrar en el pasillo había una hoja de papel con algo escrito encima.
La cogí del suelo y la leí.
“Gracias por dejarme usar el baño de tu casa anoche, nunca mear me había resultado tan placentero. Siento marcharme así, pero creo que era lo más oportuno. Te dejo anotado mi teléfono llámame cuando tengas la ducha libre otro día. Un beso
Andrea”
“Compra zumo de naranja, me he tomado el último”

Deje la ropa dentro del armario, memorice el teléfono de Andrea en la memoria del teléfono y le mande un sms.
“Gracias a ti Andrea, ya sabes donde tienes un baño y donde puedes tomar una ducha siempre que quieras. Por cierto había más zumo los armarios.
Un besazo J.”
Me duche, me vestí y me preparé una taza de té que me bebí mientras revisaba el correo electrónico.
Sonó mi teléfono, conteste al segundo tono.
- Buenos días jefe. – Conteste.
- Cualquier día voy a despedirte nada más para que dejes de llamarme jefe.
- Es una formalidad, ya lo sabes. Ahora iba a salir para la oficina a llevar la documentación de Tenerife.
- No te llamaba para eso. Pero si vas a venir a la oficina ya hablamos aquí.
Quiero pedirte un favor.

Colgué y me calcé las Converse blancas que me encantaba llevar.
Cogí el maletín y me dirigí al trabajo.
Al entrar en la oficina de mi jefe, me encontré con una agradable sorpresa.
Mi jefe se encontraba sentado tras su mesa, rodeado de papeles.
Era un hombre fuerte, y musculazo, pese a sus años. Rondaba cerca de los sesenta años, aunque no los aparentaba.
Nuestra relación se remontaba mucho tiempo atrás, antes de que montara la empresa de seguridad. Cuando los dos estábamos en el extranjero. Pero esa es otra historia.
En la ventana del despacho apoyada sobre el quicio, estaba la joven más preciosa en kilómetros a la redonda. Su hija Martha. Hay que dar gracias porque se parezca a su madre, yo siempre bromeaba con ello.
Al verme entrar salio corriendo hacia mí y se lanzo a mis brazos, llevaba haciéndolo desde que podía andar.
Solo que ahora ya era una mujer y esa efusividad, me había sacado los colores en más de alguna ocasión.
- Martha, que alegría ¿Pero que haces aquí?
- Ese es el favor que quería pedirte. – Pronunció mi jefe.
- Martha, sale para Nueva York esta noche. Se va a estudiar empresariales.
- Yo iba a acompañarla en el viaje, pero me ha surgido un problema y me es imposible dejar la empresa. Quería pedirte que tu la acompañaras. Solo hasta que se aloje y se establezca allí unos días. Sabes que te consideramos de la familia, por no decir que eres la única familia que tenemos.
La madre de Martha había fallecido por complicaciones en el parto. Su madre era holandesa, por lo que no tenía ningún otro pariente por parte de madre en España.
Mi jefe había sido hijo único y sus padres ya habían fallecido.
Desde que nació Martha yo había sido para ella como un tío. Al principio cuando murió su madre me mude a su casa y cuide de ella mientras su padre estaba en la empresa. Cuando empezó a ir al colegio yo seguí trabajado para su padre, aunque haciendo otro tipo de cosas más acorde a mi especialidad.
- Claro. Sin ningún problema. – Respondí inmediatamente.
Quedamos para comer y después fui a hacer la maleta a casa.
Estando en casa sonó un sms en mi móvil.
“Me quedé el rimel en tu casa. ¿Puedo pasar esta noche a por el?, no pienses mal…
lo necesito para mis pestañas. Jajajaja”
Le conteste con otro sms
“Lo siento Andrea, salgo esta noche para Nueva York. No se cuantos días estaré fuera, te aviso cuando llegue”

A las nueve mi jefe me recogió en su coche para llevarme junto a su hija al aeropuerto.
Embarcamos a las once de la noche rumbo a Nueva York. Aunque viajaba en primera clase, no se debía al hecho de que viajara con la hija del jefe.
Mi jefe siempre me sacaba billetes en primera clase.
Todos sus empleados viajaban así.
Decía que para que los empleados te tengan contento tienes que hacer que se sientan felices en su trabajo.
No había nadie que dijera nunca no a un viaje de empresa, fuera donde fuera y te avisaran con el tiempo que fuera.
Había veces que si te avisaba con poca antelación incluso invitaba a la familia del trabajador a acompañarles en sus viajes.
- Gracias por acompañarme. Podría haber ido sola. Pero ya sabes como es mi padre, si hubieras dicho que no tendría que haber pospuesto el viaje hasta que el pudiera haberme acompañado.
- Sabes que nunca podría negarme ha ir contigo a ningún sitio.
- Aún así gracias y espero no haberte causado m*****ias.

Después estuve leyendo el periódico y Marta se puso a ver la película que pusieron, hasta que se quedo dormida.
Le pedí una manta a la azafata y se la eché por encima a Martha.
Me levante de mi asiento y me fui a los de la otra fila que se encontraban vacíos, ya que no quería m*****ar a Martha mientras leía el periódico.
Termine de leer el periódico. Lo doblé y deposite sobre el asiento contiguo.
Y me puncé a contemplar la inmensidad de la oscuridad que había al otro lado de la ventanilla del avión.
- Perdone. No quisiera m*****arle. Pero me preguntaba si podría sentarme a su lado. Me han puesto al lado de aquel señor y no deja de poner su cabeza sobre mi. Creo que es un sobón y se esta haciendo el dormido. – Me inquirió una jovencita rubia de unos veintisiete años.
Llevaba una minifalda negra y una camiseta también negra con mucho escote.
Que dejaba ver un precioso canalillo y parte de su sujetador.
- Claro. De todas formas este tampoco es mi sitio.
Recogió el periódico y lo introdujo dentro del bolsillo del asiento delantero.
- Gracias. Es que me estaba dando la soba el tío. Si al menos estuviera bueno.
Gire la cabeza y la verdad es que aquel tipo no podía tener peor pinta.
- No esta tan mal. Es que eres muy exigente para los hombres. Contste en tono de burla.
- No me jodas. Háztelo mirar, eh. Que para mí que se te ha atrofiado el gusto.
- Mientras solo sea el gusto.
Y empezamos a reírnos los dos.
- Ya me podía haber tenido la suerte de la chica con la que te han sentado y me podías haber tocado tú en su lugar.
- Bueno ahora ya no tienes nada que envidiar. Ahora estas a mi lado sentada. ¿Eso quiere decir que yo si puedo sobarte?. – Dije en tono burlón.
- ¿De verdad quieres sobarme?. – Susurro a mi oído.
La fijamente a sus ojos. Tenia la boca entre abierta. Sus labios estaban pintados de un rojo fuerte. ¿Me lo estaba preguntando en serio?.
- ¿Te estas quedando conmigo?. Le pregunte.
- Para nada. Si te soy sincera. Mientras aquel tipo me sobaba, yo pensaba que porque no me había podido tocar al lado un tío como tu. Y he empezado a fantasear contigo de tal forma que me he puesto muy cachonda.
- Si no me crees toca mi coño, y veras si te miento o no.
Apague la luz que había encendido para leer el periódico, la oscuridad nos sumió prácticamente al completo.
El resto de los pasajeros dormían o al menos eso parecía. Eran alrededor de la una de la mad**gada.
Puse mi mano sobre su pierna derecha y la mire a los ojos.
Entonces ella separó las piernas. Y yo fui ascendiendo por la parte interior de su muslo hasta su coño. Cuando llegue a su coño, ella aproximo su culo al borde del asiento para que pudiera tocarla mejor.
No llevaba bragas y no me sorprendió. Notaba su coño bastante húmedo y prácticamente rasurado menos por un pequeño triangulo superior que apenas m*****aba a mis dedos.
Tenia un piercing en su labio derecho, lo notaba al tacto de mis dedos y me puse a jugar con el.
No tenía unos labios grandes. Su clítoris era normal. Pero su coño era muy suave.
Se lo había depilado a láser, no cabía ninguna duda.
Eso me puso muy caliente y le metí un dedo dentro. Ella dejó escapar un pequeño gemido de placer al sentirse penetrada. Al notar como su vagina se expandía con mi dedo dentro de ella.
Entonces pasó una mano a mi bragueta y me la desabrochó, saco mi polla erecta fuera y empezó a masturbarme mientras yo hacia lo mismo con ella.
Le metí un segundo dedo dentro de su coño y empecé a fallárselo.
Entonces ella se inclino sobre mí y comenzó a chuparme la polla.
Llevábamos el ritmo mientras ella me la chupaba yo iba fallándole el coño con mis dedos.
Se levanto de su asiento y se sentó sobre mí a horcajadas. Agarrando mi polla con su mano la acerco a su coño y fue metiéndosela poco a poco dentro de ella.
Mientras gemía en mi oído. Yo le levante la minifalda completamente a la altura de la cintura dejando todo su culo al descubierto.
Y entonces empecé a acariciarle su ano con mis dedos.
Ella seguía gimiendo cada vez que la penetraba.
- Puedes follarlo también si quieres, pero no mas de dos dedos. – Refriéndose a su culo
Le fui introduciendo un dedo lentamente en el culo mientras ella seguía cabalgando sobre mi.
Entonces gire la cabeza y la vi.
Martha estaba mirándonos. Estaba despierta. No se cuanto tiempo llevaría así. Pero de lo que si estaba seguro es que ella sabía lo que hacíamos.
Y yo sabía lo que hacia ella.
Seguía tapada con la manta que yo le había echado por encima.
Pero tenía las piernas abiertas y sabia que se estaba tocando.
Estaba haciéndose una paja mientras yo follaba con una desconocida.
Veía como la manta se movía en la zona de la entre pierna. Su cara representaba el placer que estaba sintiendo.
Eso me tranquilizo y me permitió poder seguir follando.
Entonces Martha me miro a los ojos y luego guió mi vista con su cabeza hasta sus pechos.
Los había sacado fuera y me los mostraba mientras se tocaba con una mano. Ya que con la otra imaginaba que estaría acariciando su coño.
Volví a subir la vista a sus ojos y me la encontré mirando los pechos de la chica rubia.
Quería que se los sacara fuera.
Así que metí las manos por el escote y le saque primero uno y después el otro. La camiseta daba bastante de sí, así que no tuve problemas para sacárselas.
Tenía los dos pezones perforados por piercings.
Acerque mi boca a sus pezones y comencé a lamérselos.
Martha se los acariciaba con sus dedos. Yo no paraba de mirarla.
- Voy a correrme. No pares de chuparme las tetas. Voy a correrme.
Y comenzó a aumentar el ritmo. Cada vez me follaba más rápido. Cada vez mi polla la penetraba más fuerte. Mi dedo seguía en su culo.
Apoyo la cabeza contra mi hombro y me agarro con fuerza por la espalda, sintiendo como sus uñas se clavaban en mi carne.
Hasta que emitió un gemido seco que duro unos segundos y empezó a descender suavemente el ritmo hasta que paro de moverse.
- ¿Te falta mucho a ti?. – Me preguntó.
- Un poco. Pero no te preocupes, este no es el sitio más adecuado para andar demorándose.
- ¿Que te gustaría que te hiciera?. ¿Qué te daría mas gusto para correrte antes?.
Entonces mire a Martha que seguía acariciándose el coño bajo la manta.
- ¿Podrías comerle el coño a mi amiga?. – Respondí sin pensarlo.
Ella me miro a mi y luego a Martha, que no sabia que estaba pasando.
Se levanto, sacando mi polla lentamente de su coño.
- Esta bien, pero tienes que prometerme que te vas a correr. – Respondió agarrándome fuertemente la polla con sus manos.
Se bajo la minifalda y se dirigió a los asientos que ocupaba Martha.
Retiro la manta que la cubría y vi que no me equivocaba.
Martha se había bajado los short y las bragas prácticamente hasta los tobillos y se encontraba desnuda de cintura para abajo. Mostrando su coño totalmente depilado.
La rapidez con que fue destapada le pillo por sorpresa y aún mantenía dos dedos dentro de su coño.
La otra mano la mantenía sobre sus tetas que también estaban asomando fuera de su camiseta
Se quedo inmóvil mirándome.
- Tranquila. – Le susurre.
La chica rubia se arrodillo frente a Martha y acerco su boca al coño de ella.
Martha retiro lentamente los dedos y puso las manos en la cabeza de la chica.
Yo empecé a pajearme mientras no apartaba los ojos de los de Martha que no dejaban de mirarme.
Se mordía el labio inferior y levantaba la barbilla.
Le estaba gustando, seguramente tanto como a mi me había gustado hace un momento cuando me comió mi polla.
Esa muchacha sabia lo que hacia con su boca.
Entonces Martha asintió con su cabeza y pude comprobar como se corrió.
Agarro con todas sus fuerzas la cabeza rubia de aquella muchacha y la apreto con todas sus fuerzas contra su coño.
Envolviéndola con sus piernas.
Duró casi medio minuto. Fue un orgasmo bastante intenso.
Entonces yo me corrí manchándome toda la camisa que llevaba puesta.
La rubia levantó la cabeza, y se relamió su boca que estaba cubierta de un fluido algo espeso y blanquecino. Beso a Martha en la boca y se sentó en el asiento de al lado.
Martha y yo nos vestimos.
Yo cogí una camiseta de mi bolsa de viaje que había en el compartimento sobre nuestras cabezas y fui al baño a cambiarme.
Me limpie un poco y me cambie la ropa manchada de semen.
Cuando regrese al asiento Martha y la otra chica se habían acurrucado juntas tapándose con la manta.
Se habían puesto a dormir.
Así que yo me acosté en los otros asientos solo.

Unas pocas cuantas horas después llegamos al aeropuerto Idlewild.
Para nuestra sorpresa la muchacha rubia que resulto llamarse Rebeca, también iba a Nueva York a estudiar y muy cerca del apartamento de Martha.
El padre de Martha le había alquilado un apartamento en Maniatan.
Dejamos a Rebeca en su residencia. Martha y ella intercambiaron los teléfonos y quedaron en llamarse para verse a menudo.
Yo me fui con Martha a su apartamento donde la ayude a instalarse.
Recorrimos al día siguiente la zona para que supiera como llegar a clases.
Donde comprar y donde debería ir si quería algo de diversión y donde no.
Una de las tardes quedamos con Rebeca y comimos los tres juntos.
El último día cuando estaba en el aeropuerto Martha había venido a despedirse de mí.
- Oye. ¿Por qué no hemos hablado de lo que paso en el avión?. – Pregunto.
- No lo se, no ha surgido el tema creo.
- ¿No ha surgido o no has querido que surgiera?
- ¿Por qué no voy a querer que surja el tema?.- Le espeté
- Por mi padre, por nuestra relación de tantos años, porque me sigas considerando una niña. Porque te arrepientas de lo que pasó.
- Aprecio a tu padre, lo sabes. Y más después de lo que ha hecho todos estos años por mí. Pero creo que tú ya tienes edad por decidir determinados aspectos de tu vida por ti misma. Y con quien te acuestas o no eso es algo que solo debe ser cosa tuya.
- ¿Y porque no te has querido acostar conmigo estos días?.
- Claro que he querido. Todos y cada unos de los momentos que estado contigo.
- ¿Y porque no me lo has dicho?. Ahora te vas y me dejas aquí sola.
- Por eso mismo, porque te quedas sola. Ya tienes bastantes cosas de que preocuparte. Como para que yo me meta por medio.
- Pues te voy a decir una cosa grandullón, quiero que vengas a visitarme de vez en cuando. Y como no vengas iré yo a donde tú estés y te retorceré esa hermosa polla que tienes.
- No se si es una amenaza, pero que sepas que me ha sonado mas a una provocación. – conteste riéndome
Le di un fuerte beso en su preciosa boca.
Recogí mi bolso del suelo y me dirigí a embarcar.
Cuando iba a entra por la puerta de embarque me giré hacia atrás y mire a Martha que me lanzo un beso con su mano.
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Posted by Kraff30 1 year ago  |  Categories: Lesbian Sex, Masturbation, Voyeur  |  Views: 110  |  
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Capítulo XI: Cuento de Navidad.

Tan muerto como el clavo de una puerta.
Así estaba el viejo Jacob Marley cuando se le apareció a su amigo Scrooge.
Pero por muy muerto que estuviera Marley no se acercaba ni por lo más mínimo a lo muerta que se encontraba mi relación con Nuria. Y bien podría Dickens haber usado esa similitud para empezar a narrar su relato de navidad.
Pero como diría Dickens en el símil se contiene el buen juicio de nuestros ancestros, y no serán mis manos impías las que lo alteren
Así que tan muerto como el clavo de una puerta.
Hacia muchos años que no pensaba en ella, ni siquiera recordaba claramente su rostro ni esforzándome en hacerlo.
Pero esa tarde sentado en la cafetería todo mi pasado volvió a mí. Todo lo que fue una vez volvió a ser. Y todo el deseo de poseerla y estar dentro de ella resurgió como el Fénix resurge de sus cenizas.


24 de diciembre.


De todas las tierras que he visitado, de todos los lugares en los que he estado, en tan solo en uno me he sentido como en casa.
Nunca me ha importado residir en un sitio u otro de la geografía española, tengo gratos recuerdos y grandes amigos en muchos lugares, pero solo uno ha sido siempre mi hogar.

Sobre las cuatro y media de la tarde habíamos terminado de comer y mientras cada uno se dedicaba a una tarea diferente ya fuera tomando café o tomando una copa, mientras los niños no paraban de trastear, correr y saltar por todos los lados y las mujeres hablando en la cocina, yo me encontraba sentado en uno de los sillones del salón contemplando todo aquel gentío de gente que no paraba de circular a mí alrededor y absorto en mis pensamientos.

Cuando de repente caí en la cuenta de que a mis pies se encontraba el gato. Sentado frente a mí, mirándome con sus grandes ojos azulados y con la cabeza ladeada.
No paraba de mirarme mientras movía la punta de su cola.

Este gato esta tonto. Pensé, y sonreí.

Me levante del sillón y le dije a mi madre que me iba a tomar un café fuera, que tenia que revisar unos papeles del trabajo y que regresaría en unas horas.

Recogí la carpeta con documentación y cuando salía por la puerta de casa escuche que alguien gritaba.
- Eh, tu. Donde te crees que vas. Ven aquí.
Y al girarme vi. que mi cuñada venia por el pasillo tras de mi.
Iba a decirle donde me dirigía cunado ella se me adelantó.
- Cierra corre que se escapa el gato.
Y mirándome a los pies comprendí que antes no se había dirigido a mí si no al gato que me había seguido hasta la puerta.

La cerré inmediatamente y el gato comenzó a restregarse entre mis piernas.
- Casi se escapa el condenado. Ten cuidado cuando abras la puerta.
- Si perdona no me había dado cuenta.- Conteste.
- ¿A donde vas?.
- A tomar café y a revisar unos documentos del trabajo.
- ¿No puedes hacerlo arriba?.
- Hay demasiado jaleo.
- ¿Vas andando o en coche?.
- En coche, ¿por?
- Porque te he puesto el mió delante y no vas a poder salir. Espera que te lo quito en un momento.- Y se fue en busca de las llaves de su coche.

Regreso al cabo de unos segundos agitando la llave en su mano derecha y dando saltitos como una colegiala.

- Toma quítalo tú si no te importa. – Me dijo entregándome la llave de su coche.
- Te importa si me llevo ya el tuyo. – Y metiendo la mano en mi bolsillo extraje el juego de llaves de mi coche y se lo entregue a ella.
- Toma por si tenéis que ir a algún sitio. – Dije.
- Ya lo podíamos cambiar para siempre. – Me respondió al recoger las llaves que le entregaba.
- Si algún día me muero, puedes quedarte con mi coche. – Dije sonriendo.
- Si algún día faltas, ya no querré nada tuyo. – y poniendo su mano derecha en mi mejilla izquierda me dio un suave beso en los labios que me dejo aturdido.
Al separarse de mi, contemple su boca y vi que se mordía ligeramente el labio inferior con sus dientes.

Se separo de mí y se marcho por el pasillo hasta el comedor donde se encontraba casi toda la familia reunida.
Mientras se alejaba me sorprendí a mi mismo mirándole su culo. Como iba moviéndose con aquellas mallas ajustadas. Parecía que no llevara nada de ropa interior porque sus nalgas se movían libremente.
Me pilló mirándole el culo y me dijo adiós con una sonrisa.
El maldito gato iba caminando junto a sus pies y también me miraba mientras se alejaban.
Definitivamente ese gato estaba tonto.

Salí de casa y me fui a la plaza del pueblo para despejarme un poco, más que para trabajar. Porque realmente no corría prisa terminar de leer el informe técnico.
Aparque el coche en el primer hueco libre que encontré y me dirigí a la única cafetería que estaba abierta.
Miré a través de sus ventanas y vi que en el interior había varias adolescentes jugando a algún tipo de juego de mesa.
Así que decidí sentarme fuera, en la terraza. Aún siendo invierno no hacía mucho frío.
Lucia el sol y no corría nada de viento, por lo que la temperatura era bastante agradable.
Abrí la carpeta y empecé a leer el informe. Normalmente supervisaba la instalación de los nuevos equipos. Pero esta vez se trataba de reemplazarlos por otros con menos mantenimiento y menor coste.

- Imagino que seguirás detestando el café.- Me dijo una voz de mujer, a la vez que depositaba sobre la mesa una taza, una tetera con agua caliente y un plato con varios sobres de diferentes tes.
Levanté la vista y el tiempo pareció detenerse para siempre.
Me quede mirando a aquella mujer morena, que reconocí inmediatamente.
Aunque no pude dirigirme a ella, porque no me salían las palabras.
- Hola J. ¿Qué tal estas?. – Dijo mientras separaba la silla contigua a la mía y se sentaba a la mesa junto a mí.
- Hola Nuria. No sabía que habías vuelto al pueblo. – Conseguí decir.
- No hace un año aún. Me canse de las grandes urbes, así que decidí volver a la tranquilidad que da el campo. – Contesto.

Estuvimos hablando durante un rato y poniéndonos al día de nuestras vidas, contándonos cómo nos había ido y que habíamos estado haciendo.
No tardo en aflorar el pasado, y comenzamos hablando del porque del fin de nuestra relación, de la que tengo que reconocer que toda la culpa fue mía.
Así que acepte todos los reproches y aguante la reprimenda que me estaba viniendo como un caballero.
- Pero sabes una cosa. Por muy mal que terminara la cosa entre nosotros. Hay una cosa de la que siempre estaré agradecida. Y por eso nunca te he guardado rencor, por dejarme abandonada como un trapo viejo. –Me dijo.
- ¿Cuál?. – Pregunte con curiosidad.
Y con un movimiento de su cabeza señalo al interior del local, donde solo se encontraban las cuatro jóvenes jugando.
- La morena. Que esta de espalda. Es mi hija. – Dijo.
Y me quede mirándola, temiendo lo que iba a venir a continuación.
- No. Tonto. Quita esa cara. No tiene nada que ver contigo.
- Bueno, algo si tiene que ver. Cuando dejamos lo nuestro quede un poco despechada y comencé una serie de relaciones un poco tortuosas. Y al final termine en estado. Así que por ese motivo me fui del pueblo. No quería ser la comidilla de todos. – Comento.
- ¿Y el padre?. – Pregunté.
- No lo se. En cuanto se entero de mi estado, tardo menos que yo en desaparecer.
-Pero no me arrepiento de nada. Es una chica maravillosa.

Seguimos hablando un rato más. Y no se como me convenció pero al final acepte pasarme por su casa por la noche, después de la cena de nochebuena, para tomar una copa en su casa.

25 de diciembre.

Después de cenar en casa, con la familia.
Fui a casa de Nuria. Estaba sola. Su hija había quedado con los amigos y pasaría la noche fuera.

- Pasa. – Me invito Nuria.
- ¿No cenas con la familia?. – Pregunte, extrañado de que se encontrara sola teniendo a la familia en el pueblo.
- Ya he cenado, con la familia. Mi hija es mi familia. Con el resto no me hablo. - Contestó.
- Voy a buscar hielo y unos vasos. Mira en ese armario a ver que quieres tomar.
Me puse a buscar entre las botellas sin mucho interés, porque realmente no me apetecía tomar nada.
Me sorprendió la gran variedad que tenia, aunque lo achaque a que era por el bar.
Estaba contemplando el surtido de botellas que tenia, cuando Nuria regresó al salón.
- ¿Te gusta beber en copa o en vaso?. –Me pregunto.
Y al girarme la vi que traía dos vasos en una mano y dos copas en la otra.
Pero ella estaba prácticamente desnuda.
Tenía su torso descubierto, mostrando sus pechos. Y aunque no se notaban las cicatrices se notaban que estaban operados. Eran muy voluminosos y se mantenían firmes y levantados.
Como únicas prendas llevaba unas medias negras, sujetadas con un liguero del mismo color y zapatos de aguja negros. Y un tanga de hilo, semitransparente
Que prácticamente dejaba ver su coño depilado.
Tenía tatuada una fresa en la cintura en su lado derecho.
- En copas. – Respondí.
Y se acercó a mí caminando, lentamente mientras marcaba una sonrisa traviesa en su rostro.
Me tendió las dos copas con hielo y dejó los vasos sobre la mesa.
-¿Ya sabes que quieres tomar?- Preguntó mirándome con sus preciosos ojos marrones.
- A ti. – Dije, mientras yo también depositaba las copas que me había entregado.

Pase un brazo por su cintura y la atraje hacía mí.
Puse mis labios en su boca y la bese. Descubriendo que su lengua intentaba buscarme y juguetear con la mía.

Ella coloco improvisadamente su mano en mí entre pierna, apretando mi prominente miembro que ya había despertado a mis más íntimos deseos.
Y empezó a masajearme por fuera del pantalón.
Fui bajando mi mano desde su espalda hasta llegar a sus glúteos, acariciándoselos mientras con la mano izquierda agarraba con firmeza su teta derecha.
Esperaba encontrar un tacto diferente. Nunca había tocado un pecho con silicona.
Pensaba que notaria un tacto mas artificial, pero no fue así.
Sus pezones estaban duros y erizados lo que me permitió que mis dedos se deleitaran pellizcándolos y tirando de ellos.

- Vamos a la cama. – Me dijo, mirándome a los ojos y sin dejar de tocarme la entre pierna.
La seguí por su casa tras ella, mirando como caminaba, prácticamente desnuda.
Moviendo su culo.
Entonces volví a recordar el culo de mi cuñada, y esta vez era yo quien miraba con la cabeza ladeada y moviendo la cola.
Y pensé en el gato. ¿Sabría el cabrón del minino lo que se me estaba avecinando?.

- ¿Por qué te estas riendo, J?. ¿En que piensas?. – Interrogo Nuría al ver mi cara.
- Si te soy sincero, ahora mismo en el culo de mi cuñada.
- No se como será el culo de tu cuñada, pero te aseguro una cosa. No vas a tener queja del mío. Te lo aseguro. – Y abrió la puerta de su dormitorio.

Las paredes estaban pintadas de un color pastel y los muebles eran blancos.
Varias fotografías de ella con su hija adornaban la estancia y ahora que me paré a verla bien, en seguida reconocí los rasgos de Nuria en su hija.
Era la misma imagen que yo recordaba de Nuria cuando éramos jóvenes.
La cama era grande y con dosel. Y estaba adornada con unas cortinas blancas y muchos cojines.
Se puso de rodillas sobre la cama y fue gateando hasta el medio de la misma.
- ¿Quieres que me deje los zapatos?. –Pregunto mientras me miraba a la cara y mientras mantenía su postura a cuatro patas sobre la cama.
No soy especialmente fetichista en ese aspecto, pero sabia que lo que ella pretendía era provocar y jugar conmigo. Así que asentí con mi cabeza.
Me quité toda mi ropa, dejando a la vista mi miembro erecto.
Me pase varias veces la mano por mi polla, masturbándome.
Ella se dio una palmada fuerte en su nalga derecha.
Aquí tienes mi culo esperándote.
Me puse de rodillas sobre la cama y me acerque a ella despacio.
Cuando estuve pegado a ella, agarré su melena larga y morena con mi mano izquierda y con la derecha volví a golpear su nalga derecha justo donde ella lo había hecho momentos antes, dejándole la zona bastante enrojecida.
- Follame, J. -Me pidió.
Introduje mi mano entre sus piernas y note como la humedad se filtraba a través de su tanga.
Metí la mano por dentro y agarrándolo con fuerza di un tirón arrancándole el tanga y dejando su sexo completamente a la vista.
Su coño ya no era tampoco como el que yo recordaba.
Había dejado de ser el de una jovencita, teniendo los labios más prominentes y oscuros.
Pero me gustaba más ahora. Estaba más mojada de lo que nunca había estado.
Comencé a pasar los dedos por entre sus labios vaginales, primero uno, después dos. Así hasta que toda la palma de mi mano empapada en sus fluidos estaba toqueteando su coño. Notaba con la yema de los dedos como su clítoris se había puesto duro.
Metí un dedo dentro de su coño y empecé a moverlo dentro de ella. Sacándolo y metiéndolo bien dentro.
Introduje un segundo dedo dentro de su coño, se oía el ruido que hacia al expulsar flujo fuera de ella, completamente encharcada por el deseo.
Metí un tercer dedo dentro de ella, que recibió con un pequeño gemido de placer.
Aumenté el ritmo de mi mano al follarmela con ella, mientras le agarraba fuertemente del pelo y tiraba de su cabeza hacia atrás.
Llego a mojar tanto que prácticamente había un charco sobre la cama, entre sus piernas.
Me había salpicado hasta la muñeca.
Y eso me había excitado muchísimo.
Saque la mano completamente empapada de dentro de su coño y le lleve la mano a la boca, metiéndole los tres dedos dentro de ella hasta casi llegar a mis nudillos.
Nuria chupaba mis dedos, lamiendo todo el jugo k había sacado de ellas.
Casi llevándola al punto de las arcadas, por lo profundo que metía mis dedos en su garganta.
Saque la mano de su boca y observe que aun mis dedos estaban más mojados.
Me quede mirándola en aquella postura.
De rodillas sobre la cama, a cuatro patas, con la cabeza levantada ya que aún la tenía sujeta del pelo. Sus pechos colgando totalmente descubiertos. La espalda arqueada y su trasero levantado.
Verla con las medias y el liguero y los zapatos me seguía excitando.
Miré su coño que estaba completamente hinchado y mojado.
Y el precioso agujero de su culo que parecía desafiarme.
Así que aprovechando que mi mano estaba completamente empapada, introduje uno de mis dedos en su culo lentamente, deslizándolo en su interior, mientras ella se estremecía y gemía.
- Como me pones. – Me dijo.
Su esfínter apretaba con fuerza mi dedo y notaba el calor del interior de su cuerpo. No parecía m*****arle que andara jugando con su culo, así que le introduje un segundo dedo dentro de él y empecé a follarselo.
Cada vez Nuria gemía más y yo le follaba cada vez más rápido y más profundo su culo.
Entonces se me ocurrió meterle un tercer dedo pero este en su coño.
Al penetrarla con el dedo su coño, Nuria empezó a gritarme
- Si, joder. Follame. Follame . No pares.
Le metí el meñique en su coño. Y de esta forma la lleve a tener su segundo orgasmo.
Follandola con dos dedos en su coño y dos dedos en el culo.
Entonces saque la mano de dentro de ella y le introduje poco a poco en su coño mi polla.
Despacio, despacio. Hasta que estuve completamente dentro de ella.
Nuria pasó una de sus manos por entre sus piernas y empezó a masajear mis testículos y su clítoris al unísono.
Solté su cabellera y puse mis manos en sus pechos apretándole fuertemente sus pezones con mis dedos y tirando de ellos.
Mientras ella se movía adelante y atrás metiéndose la polla todo lo dentro que podía.
Aumentando el ritmo.
- Dios voy correrme. – Le dije.
- Échamelo en la cara. – Me contesto Nuria mientras sacaba mi polla de dentro de ella y se giraba en la cama.
Comenzó a lamerme la polla llena de sus corridas, metiéndosela en la boca y masturbándome a la vez.

- Me corro preciosa.
Y sacando la polla de su boca empezó a masturbarme rápido y muy fuerte.
Abriendo su boca y sacando la lengua para que se lo echara dentro.

Empecé a correrme con gran ímpetu y Nuria me pajeaba tan fuerte, que muy poco de mi semen calló en su boca. Prácticamente todo quedo esparcido por su cara, por su ojos y su pelo.

- Mamá. Soy yo he venido a por otra chaqueta. – Dijo alguien en mitad del pasillo.
Nuria salto de la cama todo lo aprisa que pudo, yo me quede completamente inmóvil, sin saber que hacer. Como un amante pillado por el marido infiel.
Nuría intento llegar a la puerta de la habitación para cerrarla, pero no le dio tiempo.
Su hija se plantó frente a ella, encontrándose las dos e frente y mirándose la una a la otra.
Nuria tenía aun toda mi corrida por su cara y estaba completamente desnuda, salvo por las medias, el liguero y sus zapatos.
Y yo me encontraba sobre la cama erguido sobre las rodillas, completamente desnudo.
Su hija miró por encima el hombro de su madre. Y se me quedo mirando fijamente.
- Lo siento. No sabía que tenias visita. – Comento a la vez que dejó escapar una sonrisa y levantaba la mano para saludarme.
- ¿Quién es?. Esta bueno, Mamá.
- Anda vete, no m*****es.
Nuria cerró la puerta, dejando a su hija al otro lado. Haciéndose miles de preguntas. Seguramente muchas parecidas a las que yo me hacía.
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Posted by Kraff30 1 year ago  |  Categories: Anal, Fetish, Masturbation  |  Views: 137  |  
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Urgente exploracion anal


URGENTE EXPLORACIÓN ANAL.

El sueño de Joaquín, médico de 43 años, se vio interrumpido bruscamente aquella mad**gada del mes de noviembre. Eran las 4.30 y en la puerta de su piso resonaban unos golpes violentos. Alguien llamaba desesperado.
- ¿Pero quién diablos será a estas horas?- pensó Joaquín.
Medio dormido y algo asustado se levantó de la cama y se dirigió a la puerta del domicilio. Echó un vistazo por la mirilla y se sorprendió al ver a su vecino Samuel.
Samuel era un joven de 30 años que hacía unos meses se había trasladado a vivir junto con su novia Estela, de 28, al piso de enfrente del doctor. Durante esos meses la relación entre la pareja y el médico se había hecho cordial, pero sin llegar a intimar en profundidad. Se saludaban cuando coincidían, habían hablado varias veces, pero poco más.
El joven era alto, delgado, con aspecto fibroso, de pelo corto moreno y con ojos marrones almendra. Su cara algo aniñada le hacía parecer unos años más joven de lo que era. Por su parte, su novia Estela era un poco más baja que él, tenía el cabello castaño, ligeramente rizado, de complexión normal, con unos pechos medianos y un culo firme y respingón. Unos ojos claros iluminaban su bello y juvenil rostro.
Joaquín seguía sin salir de su asombro. No entendía qué querría a esas horas su vecino. Sin embargo, al ver el aspecto del chico, comprendió que se trataría de algo muy urgente: Samuel se encontraba vestido únicamente con un bóxer rojo y parecía esperar con desesperación a que le abrieran la puerta. Joaquín optó entonces por abrir.
- ¡Joaquín, gracias a Dios que me has abierto! Siento muchísimo m*****arte a estas horas- dijo atropelladamente el chico.
- ¿Qué ocurre, Samuel?
- Verás, a ver cómo te lo explico. Mi novia Estela y yo estábamos en plena sesión de…bueno…de sexo y ….
- ¿Y qué?- preguntó el médico.
- Pues que para darle más morbo y placer a mi novia, le estaba metiendo por el culo distintos tipos de objetos. Todo iba bien hasta que uno, una especie de bola, se le ha quedado dentro. Ni yo se lo puedo sacar ni ella lo puede expulsar. Sé que eres médico, me lo has dicho varias veces, no sé si podrás ayudarla.
- No te preocupes, dame un segundo que enseguida estoy con vosotros. Voy a por mi maletín- comentó el doctor.
Segundos más tarde el médico, ya con el maletín en la mano y ataviado con un pijama corto, salió de su piso acompañado por Samuel y ambos se dirigieron a la puerta de enfrente, que se encontraba encajada.
- Pasa, entra rápido- le pidió Samuel al médico.
Una vez cerrada la puerta y ya dentro del piso, el joven condujo a Joaquín hasta la habitación donde se encontraba Estela. Cuando el doctor entró en la estancia, vio a la joven tumbada en la cama, bocabajo. Sólo llevaba puestas unas medias negras con liguero. Por lo demás estaba completamente desnuda, con su culo expuesto a la mirada del médico.
- Amor, ya está aquí el médico. Seguro que puede solucionar el problema- le dijo Samuel a la joven.
Estela no dijo nada y permaneció tumbada en la misma posición. Joaquín abrió entonces su maletín y extrajo de él un guante transparente y fino. Se lo puso en su mano derecha, se acercó a la cama y le pidió a la chica:
- Necesito que te incorpores. Debes ponerte con el culo en pompa, para que pueda hacerte más fácil la exploración.
La joven se puso en esa postura y Joaquín trató de tranquilizarla:
- Vamos a ver…relájate, ¿vale? Verás cómo todo sale bien.
Joaquín puso sus manos sobre los glúteos de la chica y dijo:
- Ahora voy a meterte despacio un dedo para tratar de dar con esa bola.
Lentamente comenzó a meter el dedo hasta dejarlo completamente dentro. En vano trató de localizar la bola.
- No encuentro nada- dijo, mientras movía el dedo dentro del ano.
- Lo intentaré con un segundo dedo- comentó.
La joven dio un ligero respingo al sentir cómo ese segundo dedo del médico se hundía en su orificio anal. El médico, tras rebuscar unos instantes, no logró encontrar nada.
- Es extraño. Ya tendría que haber dado con ese objeto. No lo entiendo. Lo siento, pero no me va a quedar más remedio que meterte toda la mano dentro. ¿podrás aguantarlo? - le preguntó Joaquín a Estela.
- No me queda otra opción- respondió la joven resignada.
El médico empezó a meter el resto de la mano lentamente en el culo de la joven tratando de provocar el menor dolor posible. Estela emitía leves gemidos conforme la mano del doctor penetraba en su cuerpo. Ya con la mano totalmente dentro, Joaquín palpaba intentando dar con la bola. Pero de nuevo el resultado fue negativo. El médico comenzó entonces a extrañarse: estaba casi seguro de que en el ano de la joven no había ningún objeto.
Pronto empezó a comprender lo que allí sucedía: todavía con su mano dentro del ano de Estela, miró a Samuel, que permanecía a uno de los lados de la cama observando la exploración anal. El chico se estaba masajeando sus partes íntimas por encima del bóxer mientras veía cómo el doctor examinaba el culo de su novia. Joaquín notó a continuación lo húmedos que estaban los labios vaginales de la joven. Comprendió entonces que la chica se había excitado, que Samuel estaba igual de caliente que ella y que todo había sido una estratagema para convertirlo en partícipe del juego sexual de ambos. Durante unos segundos no supo cómo reaccionar. Cuando quiso darse cuenta, estaba moviendo lentamente su mano hacia dentro y hacia fuera del culo de la joven. La chica no ofreció la más mínima oposición a esa actitud del médico, pues eso era precisamente lo que deseaba. Por su parte Samuel se había metido la mano por dentro del bóxer y se estaba masturbando.
- Muy bien, Joaquín. Veo que ya has entendido cuál es el plan. El que te hayamos despertado valdrá al final la pena, tanto para ti como para nosotros- le dijo el joven al médico.
Éste seguía sin decir nada: se limitaba a mover ahora ya un poco más rápido la mano. Estela se tocaba con las suyas sus tetas y su húmedo coño.
- Ummmm…sigue así, sigue metiéndome la mano cada vez más rápido- le pidió al médico.
- ¡Vamos, Joaquín, ya la has oído! Quiere que la penetres más rápido. Y tú, Estela, ¿no querías algo más?
- Sí, quiero que me trate como a una puta, que me convierta en su auténtica zorra.
- Ya has escuchado lo que desea la joven. Así que creo que deberías complacerla- comentó Samuel a Joaquín.
El joven ya se había desprendido de su bóxer y mostraba su verga empalmada y dura. Se subió a la cama y se puso de rodillas delante de su novia. Ésta acercó su mano al pene del chico, envolvió el miembro con ella y empezó a agitarla suavemente.
- ¡Uffff, qué placer, así me gusta! ¡Haz que me corra y que te llene de leche!- le dijo Samuel a la chica.
Joaquín seguía perforando el culo de Estela de forma cada vez más rápida. Entonces por fin se animó a hablar y a satisfacer la petición de la joven.
- Querías que viniese para que te follase el culo, ¿verdad, puta?
- Sí, eso quería. Deseaba a un tipo que me diese fuerte por el culo, mientras yo me ocupo de mi querido novio.
- Ya veo que eres una puta de primera. ¡Mira cómo tienes ya el coño, chorreando! ¡Mira cómo gotea tu flujo!- exclamó Joaquín.
- ¡Dale más rápido! ¡Párteme el culo!- pidió Estela mientras aproximaba su boca al pene de su novio dispuesta a empezar a hacerle una felación.

Joaquín aceleró todavía más sus movimientos. Notaba el calor del ano de la joven mientras deslizaba cada vez más rápido su mano. La verga del médico estaba ya totalmente empalmada debajo del pijama. El doctor dio un par de empujes más con su mano que provocaron varios intensos gemidos de la chica y después sacó la mano del ano. Se quitó primero la parte superior del pijama y después el pantalón dejando libre su miembro marcado de venas hinchadas.
Por su parte Estela ya había comenzado a mamarle la polla a Samuel y Joaquín aprovechó para agarrar de la cintura a la joven y comenzar a enterrarle el pene hasta el fondo. Entró fácil, el orificio anal de Estela estaba ya muy dilatado. El médico se ayudaba del impulso de sus caderas para darle mayor ímpetu a sus embestidas. Con las manos comenzó a acariciar los glúteos de la chica y después los muslos, sintiendo el suave tacto de las medias negras.
- ¡Puta, ¿te gusta mi polla?- le preguntó a la joven.
Estela sólo fue capaz de pronunciar un ligero gruñido al tener la verga de Samuel dentro de la boca. Con sus labios recorría una y otra vez toda la base del miembro de su novio, que gemía de puro placer.
- Sigue así, preciosa. Quiero llenarte la boca de leche y que te la tragues toda mientras Joaquín te inunda el culo de semen- dijo Samuel.
El médico daba ahora fuertes embestidas. Empujaba su verga hasta el fondo, la dejaba dentro unos segundos, la sacaba y la volvía a meter de forma enérgica. En cada una de esas penetraciones sentía cómo la joven se estremecía de placer. Estela había acelerado en la felación y con todas sus fuerzas follaba con su boca el pene de su chico.
- ¡Ahhh…qué bien mamas la polla. Sigue, vamos, sigue un poco más! No no tardaré en correrme- gritó Samuel.
La polla de Joaquín se deslizaba a toda velocidad por el ano de Estela que sentía su culo arder por completo y un gusto indescriptible. Se había llevado su mano derecha a su coño y con los dedos se estaba masturbando, sin dejar de mamar la verga de su novio y de sentir por detrás la del médico. Su cuerpo estaba bañado en sudor, lo mismo que el de Samuel y el de Joaquín.
El joven ya no aguantó más y gritó:
- ¡Ahhhh…me corro…me corro…trágatelo todo!
La boca de Estela comenzó a recibir la descarga de chorros de semen que manaban del glande de Samuel. La cantidad de leche era tal que la joven se vio obligada a abrir la boca para no atragantarse. El último chorro impactó sobre el rostro de la chica. El joven esparció el semen por toda la cara de su novia dejándola embadurnada.
Joaquín dio un par de embestidas más mientras gritaba:
- ¡Prepárate, puta, ya no aguanto más!
- ¡Sí. Lléname el culo de leche. Haz disfrutar a tu puta!- replicó Estela.
- ¡Ahhh…toma…tomaaaaa…!
Estas fueron las últimas palabras de Joaquín antes de que la joven empezara a notar su culo llenándose de semen. Joaquín gemía de placer, mientras la joven exclamaba:
- ¡Uffff…síí…vamos…dame toda tu leche, la quiero toda!
El médico no sacó su pene hasta que no soltó la última gota. Exhausto se sentó en la cama, momento que aprovechó Estela para atrapar con sus pies cubiertos por las medias la verga del doctor y deslizar la piel de la polla varias veces hacia arriba y hacia abajo, mientras Samuel le sobaba las tetas.
Así estuvieron varios minutos más, terminando de gozar aquel encuentro en plena mad**gada.
Una vez saciados de sexo, Samuel le dijo al doctor a modo de despedida:
- Joaquín, gracias por la exploración. Ya te avisaremos si volvemos a necesitar tus servicios.
Estela dejó de jugar con la polla del doctor y permitió que el médico se vistiera y abandonase el piso.
Desde ese día las visitas nocturnas de Joaquín al inmueble de sus vecinos se han hecho bastante frecuentes.


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Posted by predatorgapes 11 months ago  |  Categories: Anal, Hardcore  |  Views: 228  |  
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Ojalá fuera más que fantasía

Manuel es un chico de 18 años de pelo castaño oscuro, ralla en medio con el pelo corto y morenito de piel. Es muy delgado pero tiene las espaldas anchas aunque no desde hace tiempo ha dejado de hacer ejercicio mide metro 85. Tiene los muslos delgaditos y un culo redondo y respingon de estos que quedan muy bien con pantalones de deporte. Vive con sus padres Maria de 47 años y Roberto de 52. Maria su madre es una mujer que se cuida mucho el cuerpo (va periodicamente al gimnasio) y posee unos pechos redondos y voluminosos que atraen todas las miradas, ademas posee una figura esplendida aunque es un bajita, metro 70. Sin embargo Roberto su marido y padre de Manuel tiene el fisico algo descuidado, tiene barriga cervezera, tiene un bigote oscuro y espeso y poco pelo ya. Ademas es bajito, como su mujer. El matrimonio lleva algunos años de capa caida porque aunque parezca mentira Roberto ve agotada esta relacion y no porque la relacion sea mala, sino porque en la cama ya no le da lo que la mujer necesita. Maria esta cansada de pasar noches de excitacion sin que su marido le da lo que quiere, y este siempre responde que esta cansado del trabajo.

Pero la historia no se centra en la madre sino en el padre, y es que este ya no le llama la atencion el cuerpo de su mujer, y es que llevan muchos años casados y esta avido de sensaciones nuevas. Le siguen gustando las mujeres pero la suya la tiene muy vista. La historia que nos ocupa empezo un dia de verano cuando Manuel volvio de jugar al futbol con los amigos, en la casa estaban sus dos padres y Manuel llego chorreando de sudor con unos pantalones cortos de algodon y una camiseta.

- Hola hijo, que menuda paliza os disteis no? jeje. - le decia el padre desde el sillon.

Manuel se tiro como un saco de patatas en el sillon frente a su padre y estiro las piernas encima de la mesa. - Bbff acabamos rendidos, yo ya no puedo mas.- Manuel retiro su cabeza hacia atras dejando ver su voluminosa nuez y cerro los ojos en un signo de extremo cansancio.

Roberto se quedo unos segundos mirando a su hijo, con la camiseta pegada al cuerpo y le entro una extraña sensacion viendo aquel cuerpo adolescente y fibroso chorreando sudor. Su vista recorrio el cuerpo de su hijo hasta la entrepierna y alli se fijo que entre las perneras anchas del pantalon corto se veia el pelo de los huevos y un huevo claramente, todos sudados y pegajosos, y todo el recorrido del muslo delgado y fibroso hasta el final, con escaso pelillo negro. Esta imagen humeda y pegajosa produjo en Roberto su padre una sensacion de querer acariciar con las manos la entrepierna de su hijo que esta vez le sobresalto. Volvio rapidamente su mirada al periodico e intento cambiar de pensamientos que le estaban poniendo nervioso.

-Manuel! vete a la ducha, que estas chorreando!- Le dijo la madre gritando desde la puerta.

-Ya vaa! .- dijo Manuel con voz de cansancio.

Se levanto pesadamente del sillon y se dirijio al cuarto de baño. El padre no pudo evitar fijarse en las nalgas muy bien definidas de su hijo pegadas al sudado pantalon de algodon. Volvio a mirar el periodico y penso sobre lo que le estaba pasando.

Durante los siguientes dias, aun intentando evitarlo los intentos de Roberto por ver las partes mas pudorosas de su hijo hiban en aumento, asi como su deseo de tocarlas. Al cabo de dos dias una mañana en que el padre se levanto temprano se encontro a Manuel en calzoncillos en la cocina, iba a abrir el gas para ducharse.

- Hola buenos dias- dijo Manuel.

- Hola hijo- dijo el padre fijandose en el cuerpo de su hijo. El paquete se le marcaba a su hijo en los calzoncillos una barbaridad y ese bulto se convirtio en el objetivo visual de Roberto mientras el hijo pasaba por delante de el hacia la ducha. Roberto no podia mas, se le habia puesto ahora si muy dura asi que se fue hacia el salon de la casa, que estaba al otro lado del pasillo, y alli se hizo una tremenda paja pensando en su hijo, lo hizo con ansias por la excitacion acumulada y se corrio como hacia tiempo que no se corria, la abundante leche que solto a penas la consiguio sostener con las manos y se fue rapidamente a labar a la cocina. No lo podia creer, pero era cierto, su hijo lo ponia a mil y tenia ganas de follarselo.

Roberto, frustrado, no sabia como cumplir sus deseos pero al cabo de unas semanas, como de milagro, la ocasion se le presento. Manuel se puso enfermo y su medico le receto supositorios. Con la receta Roberto casi salta de alegria, ahora podria poner a Manuel en una postura mas que deseada para empezar a jugar con el y su culito respingon. Ese mismo dia por la noche la madre de Manuel le sirvio a este la cena en la cama. Mas tarde despues de retirar la bandeja el padre agarro el bote de supositorios y se acerco a la habitacion de Manuel con una excitacion que le ahogaba, solo imaginarse ese culito tan bien moldeado a su disposicion le habia echo empalmarse brutalmente, hasta el punto que se le notaba algo en los pantalones.

- Hola Manuelillo jeje. ¿estas bien?. - Le dijo el padre con timidez.

- Mmmh, si pero la cabeza me da vueltas - Dijo Manuel retorciendose en la cama y poniendose mas comodo.

- Bueno ha llegado la hora de poner los supositorios - Dijo Roberto con una cara triunfal.

- Ah ... si -. A Manuel le entro una timidez tremenda, la idea de que el padre le empuje la capsulita por el ano le mataba de verguenza.

- Veenga venga, no te averguenzes, si esto lo hace todo el mundo. - Dijo su padre con sonrisa conciliadora.

- Ya ya, si da igual .

Asi pues su padre se sento muy cerca de el y le ayudo a retirar las sabanas. Manuel estaba en calzoncillos y la vision de su cuerpecillo fibroso por el padre le puso a mil de nuevo. Ademas el olor ya era de hombre, en un cuerpo lampiño de joven, y eso le ponia como una moto. Manuel se bajo lentamente los calzoncillos cogiendolos por la goma, movimientos que a Roberto casi le parecieron de streptease, deseaba lamerle entero ese cuerpo para comerselo enterito pero sabia que tenia que aguantarse. Despues Manuel no sin mucha verguenza se dio la vuelta y doblo las rodillas poniendo el culo en pompa delante de su padre. Manuel hundio la cara en la almohada por la tremenda verguenza que tenia.

- Bueno ahora tranquilo eh? no te va a m*****ar nada, tienes que relajar el culito para que papa te pueda meter los deditos - . La confusion entre dedos y supositorio puso nervioso a Roberto pero penso que su hijo ya daria por echo que se referia a empujar el supositorio.

Manuel relajo el culete y su padre cogio muy nervioso un supositorio, tenia delante un autentico manjar, un culito redondo blanquito con algunos pelos y respingon, un culo de los que dan ganas de lamer con devocion. Roberto se encontraba en extasis total y la rojez de verguenza de su hijo iba en aumento. Roberto empezo a separar los duros pelos del ano de su hijo con una excitacion tremenda y cogio el supositorio y lo empezo a introducir con rapidez. Manuel empezo a hacer movimientos nerviosos dejando claro que notaba lo que estaba sucediendo. Roberto empezo a introducir el dedo indice detras del supositorio, en teoria para empujar bien la capsulita. Lo hizo con deleite, lentitud, dejando que la humeda y ardiente pared del ano de su hijo envolviese y engullese su dedo. Ante la lentitud de las acciones Manuel empezo a sentir una sensacion agradable de relax, de una relacion mas intima con su padre. Pero el tiempo pasaba y el dedo hiba muy lento, el hijo supero la verguenza de su cara y deslizo su cara girando la cabeza hacia el lado de su padre para ver porque tardaba. La faz de su padre era un mapa, sus gestos poco decian pero sus ojos estaban desorbitados y hambrientos, como un perro ante una chuleta enorme.

- Papa, ¿que pasa?. Pregunto tenso Manuel.

- N na nada hijo, tu tranquilo, es que le cuesta entrar sabes.

Pero Manuel juraria que hace tiempo que la capsula ya se deslizo por dentro del ano, pero le dio una muestra de confianza al padre ..

- Pues empuja .- Manuel miraba a los ojos de su padre y eso a Roberto le excito mucho. Casi le parecia que le estaba diciendo "metemela hasta el fondo".

Roberto se lo tomo en serio y añadio el dedo corazon al juego, ante la sorpresa del hijo. - Pero que haces? -. Dijo Manuel sorprendido.

- Voy a ver si lo consigo entrar del todo - Dijo ya Roberto todo rojo de excitacion y con la respiracion muy agitada. Manuel se quedo mirando a su padre a los ojos pero le dio un voto de confianza aunque ya estaba muy mosqueado. Volvio su cara hacia la almohada de nuevo y espero. Su ano se abria con ansiedad y derrepente Manuel estaba sintiendose mas que relajado, estaba sintiendo una sensacion muy agradable, autentico placer. Manuel estaba descubriendo el deleite de sentir algo caliente dentro del ano, por ello su verguenza y tension hiban en aumento. Esto provocaba pequeñas convulsiones en el ano que hacian todavia mas placentera la estancia de los dedos del padre en su culo. Manuel instintivamente deslizo sus piernas un poco hacia atras en signo de dejadez, en postura mas relajada y a la vez elevo un poco el culo en una postura obediente que Roberto entendio que su hijo no lo estaba pasando precisamente mal. Aquella situacion duro unos segundos mas que parecieron horas. Pero Roberto se dio cuenta de que por ahora era suficiente, aquello hiba demasiado deprisa. Asi que empezo a sacar los dedos lentamente, resbalando por el humedo y biscoso ano de Manuel hasta que estubieron fuera. En el culito de su hijo quedo un agujero negro y dilatado que a Roberto le parecio la cosa mas excitante de su vida pero se controlo y logro serenarse.

- Bueno ya esta! . - dijo Roberto con una media sonrisa de satisfaccion y alivio.

Manuel se subio rapidamente los calzoncillos y se dio la vuelta. Devolvio una timida sonrisa a su padre.

- Gracias papa -.

- De nada hijo -. le dio un paternal beso en la frente y se fue, con la polla como una roca.

Inmediatamente se fue al cuarto de baño y se hizo una paja bestial y se corrio abundantemente, pensando en poseer el cuerpo de su hijo a su voluntad.

Los dias posteriores Manuel durmio intranquilo. Se habia sentido muy agusto con los dedos de su padre en el culo y cada dia que pasaba tenia mayor necesidad de aquello. Su ano tenia cada vez mas hambre y cada noche que pasaba tenia la necesidad imperiosa de que le metieran algo ya. Pero tenia demasiada verguenza de hacerlo el mismo. Eso si, cada dia que pasaba se pajeaba mas y en su imaginacion aparecia cada vez mas claramente su padre, metiendole los dedos por el culo, pajeandole, mamandole la polla, etc... imaginaciones que a Manuel le ponian a mil.

Un dia en la ducha Manuel no pudo mas y arqueando su cuerpo se puso a acariciarse el ano. Cuando consiguio relajarlo se metio el dedo indice. Manuel estaba a punto de rebentar de excitacion y no podia aguantar mas. Metia lentamente el dedo pensando que lo hacia su papa mientras se pajeaba lentamente su larga y fina polla. Pero casualidades del destino el mismo dia que empezo la experiencia Roberto lo descubrio ya que en su casa pocas veces cierran la puerta para ducharse. Hizo como si no lo viera atraves de las cortinas de la ducha y le dio tiempo a recomponerse a su hijo.

- Ah, hola papa no te habia visto.- dijo Manuel muy nervioso.

- Perdona hijo, solo entre para coger el cepillo de dientes.

Roberto salio agilmente del cuarto de baño con una sonrisa de oreja a oreja, habia conseguido que su hijo se convirtiera en una autentica putilla con ganas de ser penetrado. Cada vez faltaba menos para el "ataque" final. Durante los siguientes dias Manuel seguia son sus practicas de penetracion que le reportaban el placer para aguantar su ardor, pero sentia que necesitaba algo mas. Y ese dia se presento.

Un fin de semana tanto padre como hijo se levantaron algo tarde y el turno de la ducha se junto. Ante los titubeos iniciales decidieron ducharse juntos. Manuel tenia ganas de que en esa ducha se cumplieran sus deseos pero no tenia valor, valor que a Roberto ya le sobraba.

Se desvistieron con miradas furtivas a la polla del otro, Roberto tenia una polla muy ancha y de tamaño normal, 16 centimetros y su hijo la tenia mas bien fina y muy larga, unos 20 centimetros. Se metieron en la ducha y el agua caliente cayo sobre sus cuerpos ya de por si muy calientes. Se empezaron a enjabonar frente a frente sin saber que decir, se cruzaban sus miradas a los ojos y algun comentario sin importancia.

- Que hay de comer hoy? - decia Manuel.

- Chuletas de cordero -. respondia su padre lleno de tension.

Los dos notaron que sus pollas estaban ya mas que morcillonas pero prefirieron ignorarlo mutuamente. Llego la hora de enjabonarse la espalda, primero Manuel enjabono la espalda de su padre y luego le toco a Roberto. Roberto cogio abundante gel y empezo a extenderlo con suavidad por la espalda de su hijo. Fue bajando lentamente la mano hasta llegar sus amadas nalgas, por las que caian lentamente chorros de espuma y agua caliente, acentuando su redondez y que parecian decirle "comeme". Abrio bien las palmas de las manos y empezo a acariciar con intensidad las jugosas nalgas de Manuel.

- ¿Que tal te labaste el culete hijo? -.

-. B ... bi... bien creo -. Manuel estaba que no pida mas.

Roberto empezo a atacar. Mientras con la mano izquierda seguia magreando las nalgas de Manuel con la mano derecha llena de gel fue pasando y frotando como quien no quiere la cosa rodeando el muslo derecho hasta la entrepierna.

- ¿Y los huevos los labaste bien?-.

- N ... n .... no se-. Manuel casi no podia ni hablar.

Roberto empezo a frotar los huevos de su hijo lentamente pasando de estos a la polla, que ya se habia levantado casi en linea recta. Manuel giro su cabeza y empezo a mirar a los ojos a su papa con una mirada vidriosa, de deseo total. Roberto no podia mas asi que suavemente agarro la polla de su hijo y empezo a masturbarle rapidamente. Manuel sintio aquello como un latigazo de placer y dejo caer su cabeza hacia atras de golpe, jadeando con la boca totalmente abierta y los ojos entrecerrados, podria haber protestado o gritado pero no podia, estaba desarmado y le temblaban las piernas. Roberto no perdio el tiempo y mientras le masturbaba con la mano izquierda empezo a acariciar la raja del culo de Manuel con mucha fuerza para ir abriendo aquel camino humedo por el cual Manuel queria ser poseido. Manuel para aguantar la tension de la increible paja que le estaba haciendo su padre se echo un poco hacia delante apoyando sus manos en la pared de la ducha, Robero asi tenia una vision sabrosa de su culo que hacia aumentar aun mas su excitacion.

Manuel pudo recomponer su gesto y volvio a girar la cara hacia su padre, pero esta vez su gesto no era como el de antes, estaba desencajado por el placer, sus ojos estaban entrecerrados y sus labios entre sus jadeos expresaban una sonrisa de complicidad que tiraron ya toda barrera para Roberto. Roberto empezo a surcar con su dedo indice el culo de su hijo y lo logro meter lentamente. Ante este cumulo de sensaciones Manuel volvio a girar la cabeza al frente y a cerrar con fuerza sus ojos, abandonandose a los deseos de su padre. Roberto empezo a meter y sacar el dedo en el ano de su hijo, Manuel empezo a bombear sus caderas sensualmente hacia delante y hacia atras, haciendo mas profundos los movimientos en su culo y en su polla. Roberto metio su segundo dedo y siguio con la penetracion, la cara de Manuel era ya indescriptible. Roberto tenia miedo de que Manuel se corriese antes de tiempo asi que paso de la paja a simples caricias atrapando su polla entre la palma de su mano y el vientre del chico, que tambien disfrutaba de este cambio. Roberto se concentro en el culo de su hijo y fue a por el tercer dedo. Manuel colaboraba con la penetracion echando el culo con fuerza para atras, el hambre de su ano no conocia limites ya y queria sentirlo todo.

Roberto miro su polla y sentia que no podia mas, su nabo estaba rojo tomate, con las venas a punto de rebentar y tenia que descargarla. Asi pues hizo aquellas penetraciones mas lentas, a lo que los movimientos de caderas de Manuel no disminuyeron, el chico estaba ido y no podia parar. Roberto ante esa efusividad de su hijo se ponia a mil. Roberto agarro su polla con decision y la apoyo en el ano de su hijo. La sensacion de las suaves y jugosas nalgas de su hijo en su polla era algo indescriptible. Manuel giro la cabeza hacia su padre con una sonrisa de oreja a oreja al sentir por fin el grueso nabo de su papa en su ano hambriento y dilatado y empezo a emitir unos gemidos de gato, como de suplica, que confirmaron a Roberto que ya era suyo, haria con el lo que quisiese. Empezo a empujar su grueso nabo por el ano de Manuel. Manuel empezo a sentir una mezcla de dolor muy grande y placer por sentirse poseido por su padre. Ante el dolor apreto los dientes y los ojos con fuerza y su cuerpo se cubrio de temblorcillos nerviosos, alzo las piernas a orcajadas sobre los bordes de la ducha para empompar el culo totalmente hacia su papa. El camino fue lento y lleno de tension y excitacion, suspiros, gemidos, resoplidos, temblores y demas. Pero al final la polla de Roberto estaba completamente introducida en el culo de su hijo. Manuel se tomo un tiempo de tomar fuelle y abria la boca lleno de deleite y excitacion por tener el grueso nabo de su papa totalmente metido en su cuerpo. Los ojos se le iban a los lados de delirio por la tremenda lujuria del momento.

Las larguisimas piernas de Manuel fueron cogidas en el aire por Roberto y agarro a su hijo por detras de las rodillas mientras la espalda del chico descansaba encima de su padre. Manuel, con la cabeza totalmente obturada de pasion se acordo que tenian el espejo justo delante de la ducha asi que con las piernas empujo las cortinas a un lado y pudo ver reflejada una imagen impresionante, su cuerpo colgado de los fuertes brazos de su padre con las piernas en el aire y abiertas, y con la hermosa vision de los tremendos y peludos huevos de su padre colgando de entre sus gruesas nalgas y el comienzo de la gruesa polla de su papa totalmente penetrada en su culo. Roberto, con la espalda de Manuel apoyada en su cara empezo a realizar un vaiven dentro del culo de su hijo. La sensacion que sentia Manuel era grandiosa, y ya no pudo aguantar sus primeras palabras.

- Siii siii aaauummm aaah ahhh - , decia Manuel debilmente mientras se miraba frente a frente en el cristal. Roberto empezo a lamer la espalda de su hijo mientras subia y bajaba su cuerpo con los brazos. En otra situacion el cuerpo de su hijo le hubiera pesado tremendamente pero en esta situacion sentia que podia con todo. El vaiven de las caderas de Roberto aumentaba, su polla aparecia y desaparecia del culo de su hijo con rapidez. Manuel queria aportar con su cuerpo mayor presion a la accion de la polla de su papa asi que se apoyo hacia atras con sus manos en los hombros de su padre y subio y bajaba con sus brazos. Las gemidos de placer de Manuel continuaban y gritaba ya sin control. Un latigazo recorrio la polla de Roberto y eso fue el inicio de una enorme corrida que empezo llenar el interior de Manuel. Todos los vaivenes se pararon y Manuel exalo aire atraves de su boca totalmente abierta y con los ojos entre cerrados llenos de lujuria. Deseaba ser llenado por la leche caliente de su padre y esto era mucho para el. El semen de Roberto empezo a gotear de las nalgas de su hijo en hilillos que caian en el suelo. Manuel deseaba tener la polla gorda de su padre toda la vida metida entera en su culo. Manuel empezo a abrir los ojos y observo deleitandose la escena en el espejo.

Estuvieron asi unos minutos, los dos encajados como un solo ser, minutos que parecieron horas de plenitud sexual, pero al rato Roberto bajo las piernas de su hijo y este poso sus pies en el suelo por fin. Sus piernas casi no le aguantaban y temblaban de emocion. Le gustaba ser manejado como un muñeco de trapo por su padre y este lo sabia. Asi Roberto le empezo a sacar la polla lentamente, deleitandose en el roce de su polla con el encharcado y ardiente ano de su hijo, al final con un chapoteo final acabo saliendo, dejando una gruta oscura inundada de sudor y leche paterna. Manuel miraba a su papa a la cara atraves del espejo con una cara de pasion complice. Roberto dio la vuelta su hijo por las caderas y lo dejo contra el lavabo. Manuel miro fijamente a su padre y le volvio el nerviosismo. Se daba cuenta de lo que acababa de hacer pero por otro lado tenia una excitacion que lo hacia temblar y respirar vocanadas agitadas de aire, temblores que hacian cimbrear aquella polla larguisima que estaba roja ya de excitacion. Manuel pensaba en lo horroroso de la situacion pero se daba cuenta de que estaba atrapado en una red de placer del que estaba enganchado. Roberto se sentia pleno al ver que tenia a su niño como su puta particular, con aquel cuerpo fino, fibroso y lampiño para el solo, para cumplir todos sus deseos y placeres mas ocultos. Roberto empezo a lamerle el cuello como el perro que lame su hueso mas sabroso, con toda la lengua, como queriendo limpiar a su cria. Y de echo asi se sentia, amando a su niño, a su cachorro, cuidandolo y labandolo.

Manuel se apoyo con las manos en el borde del lavabo y echo la cabeza hacia atras cerrando suavemente los ojos, disfrutando del labado a****l que le hacia su papa. Roberto empezo a bajar con la lengua a las tetillas de su niño, lamiento y magreando con ansiedad los pechos de su hijo, concentrandose en los pezones, que relamia con ternura. Manuel empezo a lanzar pequeños gemidos y Roberto sonreia, viendo que a su niño le gustaba que le lamiera enterito. Luego Roberto paso al hombligo, concentrandose en el agujerito que lo limpiaba con teson. Y bajo hasta su parte mas deseada. Manuel se dio cuenta de lo que venia y bajo timidamente su cara hacia su polla. Con la boca semiabierta y mirando con excitacion a su padre y a su polla. Roberto le miro como si un hambriento mira un filete enorme que esta a punto de devorar. Luego se centro en el enorme nabo de su hijo, cogiendole por la cintura con la izquierda con la derecha empezo a masturbarle lentamente, a lo largo de toda la longitud del nabo. Tambien lentamente Manuel empezo a echar la cabeza otra vez para atras dejandose llevar por el placer.

Roberto, por fin, abrio la boca y le dio la primera chupada intensa al nabo de Manuel, este sintio un latigazo de placer que hizo contraerse su cara y lanzar un gemido. Roberto estaba en el paraiso al poder comerse por fin la larga, suave y sabrosa polla de su hijo. La chupa con mucho deleite, como quien come la ultima comida de su vida. Manuel lanzaba los gemidos cada vez mas frecuentemente y con mas fuerza. Roberto empezo a masturbar con mas rapidez la polla de su niño mientras le agarraba por las caderas. Manuel estaba que no podia mas, apreto con fuerza el borde del lavabo y lanzo un ultimo y fortisimo alarido de placer. De la polla de Manuel empezo a manar gran cantidad de leche que era absorvida casi por completo por la avida boca de su papa. La cabeza de Manuel colgaba inerte hacia atras con los ojos fuera de orbita y la boca totalmente abierta. Roberto ahora absorvia toda la leche que salia del nabo de su hijo, luego lentamente empezo a sacarselo cerrando los labios contra el, arrastrando lentamente todos los restos de leche que ahora le parecian mas preciosos que el ultimo vaso de agua del desierto. Roberto se enderezo y abrazo a su hijo con autentico amor, siguio dandole lamidas por debajo del menton mientras sus manos se dirigieron a sus jugosas nalgas y las empezaron a magrear con fuerza, en circulos. A Manuel le habia cambiado la vista, y ya no volveria a mirar a su padre de la misma manera, ahora lo miraba con la vista caida, de lascivia, ahora el era su esclavo, su posesion carnal. Manuel estiro sus largos brazos y rodeo a su rechoncho y peludo papa, acariciandole la espalda, como un cachorro que le da las gracias a su amo.

Desde entonces los dos firmaron un acuerdo secreto de carne, de dueño a esclavo, de amo a cachorro ... de padre a hijo.... Continue»
Posted by samy15 6 months ago  |  Categories: Anal, First Time, Gay Male  |  Views: 165  |  
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Mami qué será lo que quiere el negro

Kenwotu y Pangwo: la primera aventura de dos pibas atrevidas en el barrio portuario de Barcelona

Engañé a mis papás diciéndoles que el fin de semana no marcharía con ellos a nuestro apartamento en el Valle de Arán, porque me iría con Marta, mi compañera de clase del colegio de secundaria, a celebrar el aniversario de una prima suya con una fiesta en la casa de ésta, y después nos quedaríamos a dormir allí mismo. De esta forma mis padres se fueron y me quedé sola en la ciudad hasta que volviesen el domingo por la tarde. Marta también estaba sola en su casa, sus papis se habían ido a pasar unos días a una estación termal de Andorra, en los Pirineos, pero ella no necesitaba engañarles, a sus papás no les importaba que se quedase sola en casa si no quería salir el fin de semana con ellos.

Las dos estábamos preparadas para lo que llevábamos tiempo pensando hacer, salir de marcha por la noche a los bares y locales del barrio antiguo cercano al puerto de Barcelona, lugar que nos excitaba por las múltiples leyendas que habíamos escuchado y leído sobre sus noches, y que incluso habíamos recorrido paseando de día para conocer sus calles y ver algunos de los sitios de los que hablaban los chicos del colegio como si fuesen el jardín de las mil delicias y pecados soñados. Incluso Marta consiguió que una prima suya enfermera le trajese unas cajas con pastillas de levonorgestrel, para evitar quedarnos preñadas si finalmente follábamos con alguien. La verdad es que las dos teníamos y seguimos teniendo una gran fama de buenas chicas y de pijas puritanas que no dejamos que los chavales nos metan mano ni nos besen en la discoteca, pero la verdad era que cuando estábamos solas mirábamos juntas películas porno en internet, nos poníamos a mil, incluso nos tocábamos la una a la otra mirando la pantalla y estábamos como locas para conocer en la realidad todo aquello que veíamos en los vídeos que hacían con chavalas como nosotras unos tios mayores, blancos o negros, impresionantes al verlos desnudos con unas pollas enormes que metían completamente en el vientre de las chicas.

Éste es el relato de todo lo que nos sucedió aquella misma noche. Obviamente, encontramos enseguida lo que, de forma consciente o no, íbamos buscando en aquella nuestra primera y excitante noche de aventura en el corazón de la vida nocturna más dura de la ciudad. Queríamos jugar con el sexo y el sexo jugó con nosotras. Pero estuvo bueno, eso sí…

Barrio Antiguo de Barcelona, viernes, 10 de la noche

Fuimos de nuestras casas situadas en la zona alta de la ciudad muy cerquita del estadio del FC Barcelona hacia el centro de la ciudad en el metro, estación de Liceo. Pensábamos volver en taxi, llevábamos dinero. Caminamos un poco por las Ramblas en dirección al puerto de Barcelona, hasta que finalmente nos metimos en las calles del barrio antiguo que ya conocíamos de nuestras exploraciones a pleno día. Había mucha gente en todas partes, hombres y mujeres, chicos y chicas, de todas razas y edades, de aspecto muy diferente a la gente elegante de nuestros barrios. Al final intentamos entrar en uno de los principales locales de la zona antigua. Había una gran cola y aglomeración en la puerta, era una noche en que era imposible entrar, y ni lo intentamos, empezamos a caminar a ver si encontrábamos otro local con menos gente. Entonces se nos acercaron dos hombres negros enormes de aspecto muy impresionante que estaban apoyados en la pared del local mirándonos. Iban vestidos con tejanos claveteados, camisetas negras y botas.

-Eh, babys, ¿Donde ir vosotras? ¿No entrar aquí, nenas? -nos dijo, con acento africano el más alto y fuerte, un hombre bastante mayor pero atlético y musculoso, de unos cincuenta años, con los tejanos apretados, una camiseta negra sin mangas, unos bíceps enormes completamente tatuados, unas muñequeras de cuero negro, un pendiente en la oreja izquierda y un cráneo completamente rapado al cero. A su lado, el otro negro, algo más bajo y con una barriga claramente marcada, vestía igualmente tejanos y una camiseta con dibujos de un grupo musical. Llevaba barba de unos días, y unos cabellos largos algo canosos recogidos en la nuca con una coleta.

Los dos impresionaban, tenían todo el aspecto de ser tipos muy peligrosos, pero nosotras no nos sentíamos intimidadas por nada. Íbamos de marcha a pasarlo bien y a tener una aventura con tíos. Le susurré al oído a Marta:

-Mira, dos machotes que ya se creen que se van a ligar dos nenas perdidas en el barrio…

Yo miré fijamente al negro que había hablado y le contesté:

-Es imposible entrar aquí, ya se ve, está muy lleno, buscaremos otro lugar.

-¿Vosotras querer entrar aquí, bonitas? –volvió a decir el hombre de cráneo pelado.

-Queríamos, pero no se puede, ya ves la cola para entrar.- contesté, tuteándole como él a nosotras

-Bueno, nenas, nosotros arreglar si vosotras querer. Nosotros ser amigos de amos de la casa y entrar por puerta pequeña. Si venir con nosotros vosotras entrar dentro, ahora no problema, preciosas.

Marta y yo nos consultamos con la mirada. Bueno, sería chulo saltarse toda la cola entrando con aquellos negros y, además recordamos que habíamos no tener miedo a nada de aquel barrio y ser atrevidas. O sea, que aceptamos. Les hicimos un signo de asentimiento a los dos hombres.

-OK, babys, venir. – nos dijo el negro de los brazos tatuados.

Me miró sonriente, y me tomó de la mano, llevándome hacia una pequeña puerta que había justo al doblar la calle. El otro hombre, el de barriga y pelo recogido en coleta, se llevó a Marta, como si ya se hubieran emparejado de forma rápida cada uno con una de nosotras. Evidentemente, el de cabeza rapada me había elegido a mi, lo que no me extrañó, soy la más guapa de mi grupo de amigas, los chicos del colegio dicen que estoy buenísima y sus padres –incluso el de Marta- a veces no dejan de mirarme disimuladamente, aunque yo me doy cuenta y me divierte verles con los ojos clavados en mis muslos.

Entramos, y enseguida estuvimos en la pista principal de la discoteca. Era alucinante. Estaba todo oscuro, porque en una especie de pasarela central elevada bailaban unas chicas blancas y unos chicos negros, ellas y ellos sólo en tanga, iluminados por unas luces centelleantes de color azulado, mientras una serie de haces de rayos láser iban de una parte a otra de la sala. La música estaba a tope, ensordecía, y había muchísimas parejas bailando de un lugar a otro de la pista. Los dos negros bailaban muy bien y después, sonriendo, nos hicieron salir de la pista y nos llevaron hacia una especie de apartado en el que había una barra de bar y, aunque se dominaba toda la zona de baile, la intensidad de la música era menor y permitía hablar. Pronto tuvimos en la mano un vaso largo con unas frutas y un líquido de color verde transparente que parecía brillar reflejando las luces que se cruzaban. Era una bebida casi fosforescente que resultó deliciosa aunque bastante fuerte. Parecía llevar bastante menta.

-Brindar con cóctel especial, babys –dijo, levantando el vaso, el gigante de los tatuajes que estaba a mi lado. Mientras bebíamos los cuatro, noté por primera vez la mano del hombre depositarse en mi cintura. Me estremecí, pero aguanté, no pensaba ser ahora una colegiala inocente temerosa de cualquier macho atraído por mi cuerpo, precisamente Marta y yo hemos venido a todo lo contrario. Ya sé, como he explicado antes, las sensaciones que despierto en los hombres, en el colegio lo he aprendido muy bien. No les tengo ningún miedo, me encanta saber lo que hay detrás de su mirada cuando se cruzan mis ojos con los suyos: hacer conmigo lo mismo que hacen los tíos de los videos porno con las chavalas que salen en ellos. Y este hombre no dejaba de mirarme, yo llevaba unos pantaloncitos muy cortos, con todos los muslos al aire, una camiseta azul celeste justo por encima del ombligo que me sienta muy bien y unas botitas marrones hasta un poco más arriba de los tobillos. Marta iba más o menos igual, unos pantaloncitos igual de mínimos que los míos, una camiseta blanca con un dibujo dorado y unas sandalias de tiras de cuero al estilo romano. Yo llevaba el pelo suelto y liso hasta media espalda y Marta lo había recogido en una especie de moño por encima de su cabeza.

Bebimos, y estuvimos un rato hablando. Así supimos que el hombre de aspecto tan duro que espontáneamente se había emparejado conmigo, es un senegalés que lleva unos diez años viviendo en Barcelona. No me quiso decir su edad y sonrió cuando yo le dije la mía. Tampoco me dijo su nombre real completo, sólo que su nombre de pila es Walter pero que todo el mundo le conoce como “Kenwotu”, que, según él, es un alacrán africano muy peligroso, “igual que yo”, añadió riendo mientras me miraba cada vez con más descaro. El otro negro, su amigo de barriga destacada y pelo recogido en coleta en la nuca, tampoco nos dijo su edad, pero supimos que es congoleño, que su nombre de pila es Tsemyewe pero todo el mundo le llama “Pangwo” que es una especie de pez carnívoro. Aunque teóricamente allí dentro está prohibido, todo el mundo fumaba, y Kenwotu encendió un cigarrillo y me tiró provocadoramente el humo a la cara. Yo resistí y le aguanté la mirada. Y le oí decir, con voz insinuante:

-Mirar, babys, aquí haber mucho ruido y gente, esto ser mucho rollo. Tener amiga que dar ahora fiesta alucinante en su club, muy cerca aquí. Ser más divertido y pasarlo vosotras de puta madre. Va, marchar ahora los cuatro. ¿Querer, sí, nenas? ¿OK?

Marta me miró interrogante dudosa. Pangwo le estaba acariciando el hombro. Yo dudé un momento, no sabía dónde nos iban a llevar y acabábamos de conocer a los dos negros, pero recordé que habíamos decidido divertirnos a tope, y no me iba a acobardar en la primera aventura que nos salía. Así que miré a Marta, hice un encogimiento de hombros despreocupado, y le contesté a Kenwotu:

-Bueno, OK, tío ¿Porqué no? Vamos, va.

-Perfecto, baby, así gustarme nenas, que no cortarse por nada. OK, ir ahora, go!. –dijo Kenwotu

Salimos del local. Algunos tíos nos miraban a nosotras y después con una clara expresión de envidia a nuestros acompañantes. Caminamos por las estrechas calles del barrio antiguo y enseguida, pocos minutos después, llegamos a un edificio viejo. En la planta baja, unas luces tenues de neón rojo y verde iluminaban lo que parecía ser la puerta de entrada a un club. El local, visto desde fuera, tiene una planta baja y cuatro pisos de altura, pero sin ninguna obertura directa al exterior en aquel momento, con todas las ventanas cegadas por persianas. En la puerta, enfocada por dos cámaras laterales de video, un letrero de luz violeta decía “Club RDVFK”. Al acercarnos, sin haber llamado, la puerta se abrió y un empleado de aspecto asiaático acompañado de un vigilante de seguridad negro de aspecto muy intimidante se nos acercó. Reconoció enseguida a Kenwotu y a Pangwo, y, mirándonos también a nosotras de forma inescrutable dijo:

-Bienvenidos al RDVFK, pasen y diviértanse. Los caballeros ya conocen las costumbres del local, por supuesto.

El empleado abrió una segunda puerta, entramos y, de golpe, nos vimos dentro de un mundo indescriptible. Era parecido a la discoteca en la que habíamos estado antes, pero de mucho menos tamaño y con un ambiente que superaba toda nuestra imaginación. Oscuridad general con relámpagos psicodélicos, luces rojas, azules, verdes, violetas, moviéndose por la pista y las zonas de mesas y sillones, música de orquesta, hombres, mujeres, chicos, chicas, de todas las razas y edades bailando o hablando con muy poca ropa o incluso desnudos del todo. A Marta y a mi nos parecía estar soñando, dentro de una alucinación, nos pareció ver en un sillón un viejo muy blanco, casi albino, desnudo follando abrazado a una chica negra muy guapa de más o menos nuestra edad que estaba sentada a horcajadas encima de él, en la barra había dos chicos besándose. Pero no era una alucinación, todo era real, y se acercó Pangwo con cuatro vasos largos en la mano, ahora la bebida era de color rojo con cubitos de hielo y frutas en su interior, era algo amarga y mucho más fuerte que el cóctel verde anterior pero muy buena y fresquita, pasaba por la boca como si fuera agua. Kenwotu me llevaba por el local agarrada por la cintura, igual que Pangwo a Marta. Un empleado se acercó a recoger los vasos ya vacíos al tiempo que le daba a Kenwotu una bolsa de plástico con algunas cosas en su interior que no pude ver.

Al final llegamos a un rincón en el que una escalera parecía llevar al piso superior. Había una pequeña barra de bar atendida por una espectacular chica rubia de aspecto nórdico o ruso en tanga, con unas flores fosforescentes tatuadas o pintadas por todo el cuerpo, que sonrió al ver a nuestros acompañantes y nos dirigió una furtiva mirada pícara a nosotras.

-Deseáis ir arriba, como siempre, imagino. –dijo la muchacha, con acento extranjero.

-Sí, baby, -contestó Kenwotu-, estar guapísima hoy, si no venir con estas amigas –nos señaló a nosotras- ya saber, tu venir con nosotros otra vez arriba…

La muchacha del tanga volvió a sonreír mientras Kenwotu y Pangwo la besaban en los labios y le tocaban las tetas.

-Aquí tenéis la llave de la 11 y la 12 del primer piso, son de las que se comunican por una puerta interior, ya las conocéis…

Kenwotu tomó la llave y vi que le dio un billete de veinte euros a la chica, que se lo guardó con cara agradecida. Imaginé que era una especie de propina para ella,

-Ya sabéis, si necesitáis algo, llamar al pulsador y acudirá una camarera.

-Tranquila, baby – le dijo Kenwotu – ya saber, guapa.

Y los dos negros nos hicieron empezar a subir la escalera hacia el -para nosotras- inquietante y enigmático primer piso. Junto a la escalera dos puertas indicaban la existencia de unos lavabos y duchas. Había luego un largo pasillo iluminado tan solo por unos neones verdes. Parecía ser la zona de despachos y oficinas de la antigua empresa que ocupaba aquel edificio muchos años atrás. Pangwo introdujo una llave en la puerta 11 y entramos. Encendieron la luz, eran también unos neones mortecinos, pero estos de color rojo. Si, era evidentemente un antiguo pequeño despacho habilitado como muy sencilla habitación. Una cama, una mesilla de noche, dos sillas, un colgador para poner la ropa. Una ventana con la persiana completamente cerrada. Kenwotu abrió la puerta que comunicaba la habitación con la contigua, la 12, y la dejó abierta. Miré la habitación 12, era exactamente igual que la 11. En las dos había una extraña fragancia, cómo si las hubiesen perfumado con un intenso aroma a bosque o a flores que te hacía sentir como en una especie de nube flotante.

Nos sentamos en la 11, Marta y Pangwo en las dos sillas, Kenwotu y yo en el borde de la cama. Hablamos un largo rato, pero en realidad no recuerdo bien la conversación, creo que sobre todo explicamos cosas de nosotras y del colegio. Kenwotu me miraba sonriendo, parecía que le gustaba que yo hablase. Marta explicó también cosas suyas. Eso sí, me parece que ellos nos hacían hablar a nosotras, pero no explicaban nada de su vida o trabajo. Tocaron un botón de la pared y se empezó a oír muy suavemente una música cálida y tranquila de tipo africano. Kenwotu encendió dos cigarrillos y me dio uno a mí. Yo había fumado muy poquitas veces, pero me di cuenta de que tenía que hacer lo mismo que él, y le fui dando caladas al cigarrillo, que tenía un sabor y olor tan intenso y diferente del tabaco habitual que fumaban amigos y amigas de mis padres que me hizo toser un par de veces al tragarme el humo. Pangwo había hecho lo mismo, y él y Marta también fumaban mientras hablábamos.

No sé ahora cuanto tiempo pasó, pero recuerdo que Pangwo tomó algo de la bolsa de plástico que Kenwotu había dejado sobre la cama y se llevó a Marta hacia la otra habitación. La miré, ella me sonrió con la mirada un poco perdida al marchar y la vi desaparecer en la estancia contigua con Pangwo, que entornó la puerta de comunicación sin llegar a cerrarla del todo. Entonces me di cuenta de que Kenwotu se había puesto en pie y se estaba quitando la camiseta. Vi que el tatuaje del brazo se extendía a gran parte del pecho. Me acerqué a él, me sorprendí por mi atrevimiento acariciando con mis dedos el dibujo de la piel del hombre. Kenwotu me acarició la cara y bajó las manos por mis cabellos hasta la espalda, me acarició la cintura y subió las manos levantándome la camiseta para sacármela. Yo puse mis brazos hacia arriba mientras la camiseta abandonaba mi cuerpo, y mis tetas quedaban al descubierto, porque no utilizo sostenes. Kenwotu me apretó contra él, aplastando mis pechos contra su pecho, me agarró por la nuca y me besó. Sentí su lengua entrar en mi boca y me aparté suavemente.

Kenwotu se quitó las botas y los calcetines, se desabrochó el cinturón claveteado y se bajó los tejanos. Su estómago es plano y fuerte, con los músculos bien marcados, y los muslos poderosos de un hombre que debe dedicar bastantes horas en el gimnasio a cuidar su forma física. Llevaba un slip negro que revelaba unos órganos sexuales de gran tamaño, tanto el pene como los testículos, pero, curiosamente, no sentí miedo de nada. Yo me senté en la cama, me quité las botitas, me bajé los pantaloncitos y me estiré en las sábanas casi desnuda, cubierta sólo por el tanga que apenas tapaba mi sexo. Kenwotu me continuaba mirando sonriendo, y se notaba que su pene cada vez ocupaba más espacio en el interior de su slip. Pero yo no tenía miedo, no era para nada una virgen temerosa de ser violada, estaba allí porque quería, ya era hora de divertirnos, era lo que habíamos pensado y planificado Marta y yo mientras veíamos en su habitación películas porno. Agarró la bolsa de plástico, y sacó un espray y una pequeña terrina, que depositó junto a mi cabeza en la almohada. Con un gesto rápido y enérgico se bajó el slip, liberando sus genitales, ahora sí que me quedé impresionada y sentí por primera vez aquella noche de mi estreno como guerrera una gran inquietud y temor al ver un pene tan grande en el vientre del negro.

Delante de mí, al lado de la cama, se dibujó a mi lado el cuerpo desnudo de Kenwotu, de pie a la altura de mi cara. Se le veía hasta la mitad de los muslos, iluminado sólo por la tenue luz de la habitación. Me fijé de nuevo en su pene, ahora ya muy cerca de mi, recto y enorme. En la ingle, junto al sexo, llevaba un tatuaje que representaba un alacrán. Nuestros ojos se cruzaron de nuevo, y él sonreía y me miraba con fuego en los ojos.

Se inclinó sobre mí, tomó el espray que había dejado en la almohada y empezó con cara divertida a llenarme el cuerpo con una espuma blanca. Me alarmé, hasta que me di cuenta de que era nata azucarada. Kenwotu me fue llenando el cuerpo de nata, la cara, el cuello, las tetas, el vientre, los muslos, las piernas, los pies, el sexo… Con los dedos hasta me introdujo un poco de nata dentro de la vagina y yo me puse a mil. Entonces se embadurnó su pene y los testículos también con la nata, dejó el espray y abrió la cajita que también antes había dejado en la almohada. Vi con sorpresa que sacaba unas fresas, y me enganchaba una en la frente, otra en los labios, una en cada pezón, una en cada muslo y en cada pie, y, finalmente, la más grande me la dejó en la entrada de la vagina...

-Baby, esta noche yo devorar tarta de nata y fresas, y mi tarta ser tú, o sea que ahora, ñam, ñam, yo comer mi pastel, tú, nena… –me dijo con voz muy burlona Kenwotu abalanzándose sobre mí.

El negro se arrodilló a mi lado y empezó a lamer la nata que había esparcido por todo mi cuerpo. Yo sentía un placer indescriptible al sentir su lengua pasearse por todos los rincones de mi piel. Y, poco a poco, el hombre iba mordiendo las fresas y la carne que tenían debajo y se las iba comiendo. Nunca me había imaginado yo a mi misma como una tarta de fresas con nata devorada por un maduro y experto follador negro. Cuando se comió las fresas de mis tetas me mordió los pezones, y yo dejé ir un extraño grito que era más de placer que de dolor, mientras notaba que se erguían y endurecían. Y cuando se comió la fresa de la entrada de la vagina, introdujo su lengua y lamió el interior de mi sexo dando un pellizco al clítoris. Yo gemí de placer y me estremecí, mientras él se arrodillaba y se sentaba encima de mí con el culo en mis tetas y su pene y testículos en mi cara. Se enganchó algunas fresas, una de ellas precisamente en la punta del pene, ý yo entendí perfectamente lo que tenía que hacer. Puse mi boca en el pene de Kenwotu, sorbiendo la nata y con ella la fresa que mastiqué, y poco a poco fui devorando las otras fresas mientas lamía su pene y sus testículos hasta dejarlos casi libres de la nata que los había impregnado.

Entonces sentí que Kenwotu me tomaba una de las tetas y la apretaba con fuerza con la mano. Volví a gemir, y él, entonces, se deslizó encima de mí cubriéndome con todo el peso de su cuerpo. Me besó, apretó sus labios en los míos, sentí el gusto al extraño tabaco y a alcohol de su aliento dentro de mi boca, le dejé que continuase besándome y mordiéndome, luego apreté mis labios en los suyos y el aprovechó de nuevo para introducir su lengua en mi boca recorriendo mis dientes y acariciando mi lengua. Hice un gesto para separar mi boca de la de él, pero Kenwotu me sujetó la cara con las manos e impidió que me moviese. Al tiempo que me besaba, empezó a acariciarme de nuevo los muslos, por fuera y luego por la parte de dentro, me gustó mucho sentir su mano caliente allí, y luego sentí sus dedos moviéndose encima de mi sexo, introduciéndolos poco a poco en mi vagina jugando con el clítoris… Yo jadeaba y no dejaba de gemir de placer.

Noté que me separaba completamente los muslos y se colocaba en medio, a mi me gustaba mucho sentir su peso encima de mi, su vientre aplastado en el mío, -allí notaba que estaba también el pene de Kenwotu- su pecho oprimiendo mis tetas… Sudaba, yo también me movía aunque su cuerpo pesaba muchísimo encima del mío…Y sentí, de golpe, que algo se metía en mi sexo, algo se metía en mi vientre…. Algo empezaba a entrar en mi cuerpo…Pensé que eran los dedos de Kenwotu, como antes, pero, no, no podía ser, claro, sus dos manos estaban en mi cuerpo, .aquello era ya aquel enorme pene que salía del vientre del negro… ¡Era su polla entrando ya en mi vagina! Sí, me estaba metiendo el pene, noté que se abría paso, estaba entrando en mi sexo, era algo enorme y muy caliente, duro y suavemente deslizante por la nata, se estaba introduciendo en mi cuerpo lentamente pero cada vez más, estaba a veces quieta, le dejaba hacer. De golpe, un pinchazo, dolor, grité, gemí, como si algo me cortase y desgarrase, me di cuenta de que el negro acababa de desvirgarme casi sin sentir de que ya tenía su pene tan adentro. Y mientras me sujetaba, me besaba y abrazaba. Kenwotu acabó de meter toda su enorme polla dentro de mi, me la clavó hasta lo más hondo, me hacía daño y me daba mucho placer, todo al mismo tiempo…

Kenwotu dejó ir una especie de rugido para celebrar el momento en que me acababa de penetrar y desvirgar, me besó en la boca, buscó mi lengua hasta morderla, me lamió la cara, me mordió el cuello, me chupó los pezones, me hizo todo aquello que había antes notado que me gustaba que hiciese, y empezó a moverse arriba y abajo, y yo notaba que su pene, entraba y casi salía de mi sexo, entraba y salía, entraba y salía, penetraba más profundamente y casi volvía a salir… Notaba un gran placer cuando volvía a meter su enorme polla hasta el fondo, me di cuenta de algo nuevo fantástico y espantoso: a mi me gustaba con locura sin precedentes sentir su pene dentro de mi vagina, era como un picor muy agradable notar el miembro del hombre moverse adelante y atrás dentro de mi vientre, especialmente cuando parecía llegar al fondo, el dolor se mezclaba con algo tremendamente placentero, excitante, agradable y enloquecedor que me dejaba sin respiración, yo notaba todo el peso de su cuerpo encima del mío, moviéndose arriba y abajo, moviéndome a mi al moverse él, se aplastaba contra mi, se movía, me continuaba besando, mordiendo, me gustaba, y yo, y yo… Me sentía en lejanos planetas en los que mi excitación y placer eran infinitos…

De pronto, sentí un gemido, como una queja que venía de la otra habitación, era la voz de Marta, una especie de gemido seguido de un grito de dolor y unos chillidos que cesaron enseguida, y me di cuenta de que Pangwo ya se la había metido en ese momento, la acababa de penetrar y desvirgar, tal vez le había hecho más de daño que Kenwotu a mi… Iban más retrasados que nosotros, tal vez Pangwo se había deleitado más lamiendo su tarta de fresas con nata y por eso había tardado más en metérsela a Marta que Kenwotu a mi …

Sí, seguro que Kenwotu y Pangwo estaban disfrutando monstruosamente con nosotras, desvirgar y follarse unas guapas chavalas adolescentes sin que nos quejásemos, sin que nos sintiésemos violadas para nada, no era lo mismo que hacerlo con sus habituales putas guerreras de discoteca… Marta volvió a gritar, me imaginé a Pangwo moviéndose encima de ella igual que Kenwotu lo estaba haciendo encima de mi, seguro que le hacía lo mismo, metérsela y casi sacársela, metérsela más adentro y afuera otra vez, adentro y afuera… Marta gimió de nuevo, pero ahora era una especie de ronroneo como el de una gata… Yo noté entonces como si el pene de Kenwotu me atravesase el vientre con un empujón más fuerte que los anteriores y también grité, cosa que pareció agradar mucho a mi alacrán. La verdad era que todo aquello era fantástico, y que nunca me había sentido tan súper-excitada como notando la gran polla de Kenwotu moverse dentro de mi cuerpo apretando cada vez más… Me abracé al negro, que continuaba moviendo su pene dentro de mi vientre cada vez más salvajemente, respiraba como si le faltase aire, le besé, le mordí el cuello, apreté su culo contra mi vientre, casi hasta hacerme cada vez más daño cuando me clavaba el pene hasta pegar su pubis contra el mío, me moví arriba y abajo, adelante y atrás, acompasando mis movimientos a los suyos. Era formidable, sí, su polla no dejaba de moverse dentro de mi, frotándose contra las paredes de la vagina y presionando el fondo, entrando y saliendo, entrando y saliendo, el negro jadeaba, me miraba, cerraba los ojos, me bañaba con su sudor, yo también sudaba, me gustaba mucho, no sé explicar mejor cómo disfrutábamos los dos enloquecidos…

Inesperadamente, de golpe, como un relámpago, Kenwotu dejó ir un gemido más alto, un grito que pareció un aullido desesperado, como si algo explotase dentro de él… Se quedó quieto un momento, su cuerpo se puso como rígido, como duro como si todos sus músculos tuviesen un calambre, y luego empezó a moverse frenéticamente, muy acelerado, a mi me gustaba mucho, ni él ni yo podíamos respirar, su pene entraba y salía de mi sexo a gran velocidad, él me movía y me aplastaba como si veinte elefantes furiosos saltasen encima de mi, pero cada vez me gustaba y disfrutaba más… Kenwotu empezó a aullar más alto, como si se ahogase, y yo noté entonces que cada vez que ahora él pegaba un nuevo salto hacia adelante, clavándome la polla hasta el final, un líquido muy caliente, su semen, me entraba a borbotones, como brotase de una fuente inacabable de esperma que estaba inundando el interior de mi vientre, me notaba mojada, sudaba, yo también aullaba de placer… Clavé mis uñas en el cuerpo del negro y también exploté, me quejé, me puse a jadear, grité, me moví tan rápidamente como él, le besé, le mordí, empecé a saber lo que es un orgasmo rabioso y enloquecedor… Era como si mil demonios de fuego explotasen dentro de mí, no podía respirar, y aquello seguía, seguía, ahora era yo quien movía al senegalés al saltar en espasmos casi epilépticos de placer… Hasta que me di cuenta de que estaba empezando a quedarme quieta, en reposo, poco a poco, y al final ya casi no me movía, Kenwotu ya estaba como paralizado encima de mí, aplastando mi cuerpo con el peso del suyo, a los dos nos costaba respirar, estábamos bañados en sudor… Y se oían gritos y gemidos en la habitación de al lado, el congoleño Pangwo y Marta estaban viviendo las mismas sensaciones de agonía, placer y vida que Kenwotu y yo…

Después yo le acaricié la cabeza, me notaba mojada por dentro y por fuera, un líquido caliente se movía en mi vientre y bajaba por mis muslos mezclándose con el sudor que nos bañaba como si estuviésemos en el interior de una piscina, él estaba como dormido, como muerto, encima de mi, pero no me m*****aba, me gustaba mucho sentir el peso de su cuerpo encima del mío aunque al mismo tiempo me ahogaba al impedirme respirar y recobrar el aliento…

Y, al lado, todavía se oía a Pangwo y a Marta gemir, gritar, jadear, mover la cama haciéndola crujir como nosotros antes, ahora ellos también estaban encamados explotando como nosotros hacía unos momentos, Pangwo estaba eyaculando su esperma dentro de Marta, a ella le parecía estar gustando tanto como a mí… Es completamente imposible que más… Después todo fue quedando poco a poco en silencio, ya no habían ruidos ni crujidos de camas, continuaba la luz iluminando tenuemente la habitación,… Se oía nuestra respiración, Kenwotu estaba medio dormido, yo casi también… Le aparté poco a poco, hice que se pusiese de lado para poder respirar mejor, su peso dejó de aplastarme, su polla abandonó mi vagina al ir cesando la erección y ablandarse… Se quedó pegado a mí, puso su mano en mi sexo y se dedicó a chuparme la teta que le quedaba más cerca de la boca, después la otra, yo tomé el pene de Kenwotu con la mano, apreté sus testículos… A él le gustó porque dejó ir una especie de ronroneo de a****l satisfecho, giró su cara para buscar la mía y besarme sin la desesperación de antes, su aliento daba en mi cuello, el calor de su cuerpo cubría de lado el mío, llevó su mano a mi sexo y la dejó allí jugando con sus dedos dentro de mi vagina mojada y luego pasándome los dedos por todo el cuerpo llenándome de semen mezclado con la sangre de mi desfloración, apretándome las tetas y mordiéndome los pezones…

Una media hora después entraron Marta y Pangwo desnudos en nuestra habitación. El congoleño llevaba a mi amiga agarrada por la cintura y le iba tocando las tetas y dándole besitos en la boca. Marta iba con todo el cuerpo lleno de restos de nata, supongo que igual que yo, y de su vagina goteaba semen con sangre hacia los muslos. Tomamos los cuatro unos albornoces que estaban colgados en unas perchas en las dos habitaciones, y salimos al pasillo para ir a los cuartos de baño a limpiarnos el sudor, el semen, la saliva y los restos pringosos de la nata y las fresas mezclados con todo ello… Estábamos los cuatro realmente asquerosos, pero Kenwotu me lamía y parecía encantarle el sabor de mi cuerpo. En el pasillo nos cruzamos con hombres y chicas desnudos que iban o venían de los baños o de la orgía general que parecía haberse desencadenado en el piso inferior. En el baño en el que entramos una especie de ogro gigantesco de mediana edad muy grueso y con una poblada barba al estilo árabe se estaba follando contra la pared a la chica rubia de aspecto nórdico o ruso que nos había entregado las llaves de las habitaciones, completamente desnudos los dos. Les ignoramos y nos colocamos los cuatro dentro del baño abriendo el agua caliente de la ducha y limpiándonos a fondo jugando a besarnos y tocarnos, especialmente a Pangwo parecía hacerle bastante ilusión ahora mirarme y frotar su pene contra mi culo y pellizcarme las tetas, aunque Kenwotu hacía cosas similares con Marta.

Después de ducharnos y lavarnos con mucho jabón, nos pusimos los albornoces y volvimos a la habitación. Nos vestimos, dejamos las llaves de las habitaciones colocadas en las puertas y los hombres nos llevaron por una puerta del fondo del pasillo que conduce del primer piso a una especie de escalera de emergencia y el exterior sin pasar por el piso inferior, del que llegaba humo de tabaco, gemidos, rumores de conversaciones y una extraña música sincopada.. Casi no hablábamos, tan solo ellos nos daban besitos y nos sonreían como burlándose de nosotras. Llamamos un taxi para volver a casa. Los dos negros quisieron darnos dinero para pagarlo, pero lo rechazamos, nosotras no somos dos putitas más de las que ellos seguro que suelen follarse cada día pillándolas en cualquier bar o discoteca. Al despedirnos quedamos en encontrarnos al mediodía siguiente en la puerta de la estación del metro de Atarazanas-Colón, vendrán a buscarnos con su coche. Supongo que querrán que lo volvamos a hacer enseguida en algún lugar al que nos lleven, la verdad es que ya tengo ganas de volver a hacerlo con Kenwotu, tengo que reconocer que he disfrutado como una loca con el senegalés, tal vez por el morbo de que él sea un hombre negro y de la edad de mi papá, pero de un aspecto tan impresionante y peligroso… Aunque tal vez quieran cambiar de pareja, por lo que vi cuando nos duchábamos, y Kenwotu se vaya con Marta mientras Pangwo me folle a mí, bueno, no me importa probar como folla el congoleño, le preguntaré a Marta que me lo explique…

Ya en mi casa, estábamos muy destrozadas, como si nos hubiesen dado una paliza o jugado un partido de rugby, estábamos muy excitadas, agotadas, cansadas y satisfechas… Nos mirábamos y nos entraba una risita histérica pensando en nosotras dos debajo de los dos hombres con sus pollas dentro de nuestros vientres… Y con ganas de repetir, esperando que llegase enseguida el mediodía del sábado… Sí, ya somos dos pibonas guerreras… Y nos gusta, claro…

Tati

Barcelona, Marzo de 2013

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Posted by Fireinyourbed 3 months ago  |  Categories: First Time, Interracial Sex  |  Views: 1222  |  
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El amigo de mi novio

Mi nombre es Laura, y tengo 26 años. Vivo y trabajo en Barcelona con mi novio Álvaro, que trabaja en publicidad.

Me describiré. Soy de piel clara y cabello oscuro y liso. Mi estatura es normal, y tengo un cuerpo bonito, con unos pechos perfectos (ni grandes ni pequeños, pero firmes y tiernos) y un culito pequeño y respingón. Mis ojos son verdes, tengo una cara de niña buena que nunca ha roto un plato, y siempre que puedo muestro mi bonita sonrisa a los demás.

Mi novio siempre me dice que mi dulce cara de inocente es de las cosas que más le pone de mí. Llevamos juntos muchos años, y la gran confianza que nos tenemos hace que haya pocas cosas que no deje que me haga. Pero siempre hemos sido una pareja monógama y, por mucho que fantaseemos, no parecía que nunca fuéramos a romper esa barrera.

El fin de semana pasado un amigo de Álvaro vino a visitarlo a casa. Los dos se conocían desde la universidad, y aunque ahora vivían en ciudades distintas, aún mantenían el contacto y una buena amistad. Mario, que es como se llamaba su amigo, vivía desde hacía poco en Atenas, y había decidido pasar un fin de semana en Barcelona para visitar a su amigo y para hablar de los viejos tiempos.

La noche anterior a su llegada, Álvaro me sorprendió regalándome un precioso conjunto de lencería fina de color rosa. Me pidió que me lo probara, a lo accedí sonriendo sabiendo lo que vendría después. Cuando me estaba desnudando, y poniéndome cachonda a toda velocidad, Álvaro se acercó y se arrodilló frente a mí. Al parecer, no podía esperar a que me probara el conjunto. Debía estar muy cachondo, porque sin decir nada acercó su boca a mi coño y empezó a lamer. Me encanta que me lo coman, así que no hice preguntas. Cinco minutos después me estaba corriendo mientras su lengua me acariciaba el clítoris.

¿Qué te ha pasado para que estés tan cachondo? – le pregunté cuando recuperé el aliento.

Nada particular – me contestó. – Tú.

Mientras lo decía se llevó la mano a los pantalones y se desabrochó el cinturón. Enseguida se sacó la polla y empezó a menearla frente a mí. Al verla empecé a salivar. Pocas cosas me gustan más que meterme la polla de mi chico en la boca. Me arrodillé frente a él y mirándole a los ojos me la metí lentamente en la boca, mientras me acariciaba el coñito…

¡Qué bien la chupas, joder! – jadeó. – Me siento mal por acaparar tu boquita con ese don que tienes.

Cuando dijo esas palabras entendí que quería que fantaseáramos. Sé que a él le gusta imaginarme con otros hombres, y a mí cada vez me atraía más la imagen, así que le seguí el juego frotándome cada vez más rápido.

Mmmmmmh…. – me saqué la polla de la boca unos instantes - ¿Debería chupársela a más tíos? – pregunté. – No estaría mal… ¿A quién quieres que se la chupe?
Ahhhh…. – Álvaro gimió de placer al oírme hablar así - ¿Se la chuparías a quien yo te dijese?
Mmmmh… sí. A quien tú quieras. Y me encantaría chupársela mientras me miras.
¿Se la chuparías a Mario?

La pregunta me pilló por sorpresa. Mario llegaba a la noche siguiente, y la fantasía era demasiado realista. Sin embargo, su polla parecía a punto de estallar en mi boca, y yo estaba demasiado cachonda como para cortar el rollo.

Sí – le dije mientras le pajeaba – se la chuparía mientras me miras.
¿Y te gustaría? – dijo emocionado, a punto de correrse
Me encantaría. Me muero de ganas de tener otras pollas en la boca. Y de que se corran así: mmmmmmm – me la metí hasta el fondo y él se corrió de forma violenta en mi garganta. Tuve un orgasmo en ese mismo momento, sintiendo su semen bajar hasta mi estómago. Fue un momento espectacular, y segundos después nos abrazábamos en la cama hasta caer dormidos.

Al día siguiente, como siempre, el juego había acabado, y no volvimos a hablar del tema. Por la tarde llegó Mario, cansado del viaje. Me sorprendió verle cambiado. Estaba más… bueno que la última vez que le vi. Se le veía musculado, moreno y en general más guapetón que antes. Al parecer la estancia en Grecia le estaba sentando bien.

Cenamos juntos hablando de los viejos tiempos, y al acabar Mario nos confesó que estaba agotado y que preferiría retirarse a dormir pronto. Le preparamos el sofá cama que teníamos en el despacho y nos dimos las buenas noches.

Mientras Álvaro se lavaba los dientes, me puse rápidamente el conjunto de ropa interior que me había regalado la noche anterior. Cuando entró en la habitación sonrió al verme esperándole en la cama en una postura insinuante. Se tumbó frente a mí y empezó a acariciarme los pechos. Lentamente le fui quitando la ropa hasta que estuvo completamente desnudo frente a mí. Su polla estaba preparada, pero le apetecía hacerme un favor. Me besó en la boca, en el cuello, en los pechos, en el ombligo… hasta llegar a mi sexo. Yo me había humedecido rápidamente, así que no pude evitar soltar un pequeño gemido cuando me apartó las braguitas y me empezó a comer el coño.

-¿Sigues cachonda por lo de ayer? – me preguntó

-Sí – contesté suspirando, sin pensar en qué decía.

- ¿Te gustaría que te follara Mario?

Aquello era un poco demasiado explícito, teniendo en cuenta que él estaba durmiendo en la habitación de al lado, así que no contesté.

Seguro que te gustaría. Tiene una polla enorme, ¿sabes? Tendrías que hacer un esfuerzo para metértela en la boca
Mmmmmhhhh…. –gemí. El cabrón me estaba poniendo cachonda. Sabía lo que me ponían las pollas grandes.
Yo te follaría mientras le comes la polla –siguió mientras me lamía entera – y seguiría follándote cuando se corriera en tu boca.
¡Aaaaaaaahhhh!

Aquello hizo que me corriera con más intensidad de la esperada. No pude reprimir un grito de placer, sin preocuparme de la posibilidad de escandalizar a Mario. Me quedé un minuto tumbada, jadeando, intentando recuperarme del orgasmo. Cuando lo hize, Álvaro estaba de pie al borde de la cama acariciándose la polla. Me senté en la cama delante de él, rodeando sus piernas con las mías.

Seguro que te gustaría chupárnosla a los dos a la vez – insistió Álvaro.
Me encantaría - contesté pícara. Y en aquel momento me sobresalté. Juraría haber oído un ruido en el pasillo. La puerta de la habitación se había quedado ligeramente abierta, y me había parecido ver una sombra pasar. Me quedé observando la puerta, pero al otro lado estaba oscuro y no veía bien. ¿Sería posible…?
Seguro que te gustaría que le despertara para que se uniera a nosotros – siguió Álvaro mientras se pajeaba cada vez más rápido. Yo estaba nerviosa pensando en el ruido que había escuchado al otro lado de la puerta. La idea de que Mario nos estuviera observando me puso muy nerviosa, pero no me atrevía a hacer nada. Álvaro acercaba su polla a mi cara cada vez más, y yo no sabía qué hacer
¿Te gustaría que lo llamara ahora mismo, zorra? – Si de verdad Mario estaba observándonos, cosa que no sabía con seguridad, aquellas preguntas de la fantasía de Álvaro empeoraban las cosas, así que sintiendo un repentino calor entre las piernas ante la emocionante situación, dejé de intentar observar lo que había en el pasillo y por toda respuesta abrí la boca dejando que me la metiera hasta el fondo.
¿No te gustaría tener una polla en cada mano y alternarlas en tu boca?
Mhmmmm – afirmé con la boca llena. Álvaro me cogió la cabeza con las manos y empezó a follarse mi boca, mientras yo permanecía quieta. Me pareció oír de nuevo un ruido en el pasillo, justo al otro lado de la puerta, pero esta vez la excitación era superior a la preocupación. Decidida a dar un buen espectáculo si es que realmente había alguien al otro lado de la puerta, bajé mi mano hacia mis braguitas mientras Álvaro seguía follándome la boca. Empecé a frotarme rápidamente pensando en que me estaban observando.
Joder, qué puta eres – jadeó Álvaro. Rápidamente se sacó la polla de mi boca y me puso a cuatro patas, mirando a la puerta. Él se colocó detrás de mí mientras yo miraba a la oscuridad del pasillo, dispuesta a ser follada sin saber si había alguien allí.

Cuando Àlvaro me penetró gemí como si estuviéramos solos en el mundo. Su polla estaba a punto de explotar, y yo también. Comprendía que era imposible que Mario no oyera mis gritos, pero de alguna manera me daba igual. Me corrí enseguida sintiéndome observada. Álvaro paró unos instantes, mientras yo dejaba de temblar.

¿Estás cachonda? – me preguntó Álvaro sacando su polla, aún dura, de mi interior
Más que nunca – respondí escudriñando aún el pasillo. No se oía ni un alma, pero me daba la sensación de que mis ojos se estaban empezando a adaptar a la oscuridad tras la puerta
¿Te estabas imaginando a Mario, verdad? – en ese momento, aún a cuatro patas, noté como su dedo empezaba a acariciarme el ano. Me puse tensa y empezé a excitarme de nuevo.
Sí – suspiré –. Definitivamente cada vez veía mejor. Me quedé helada cuando empecé a vislumbrar una silueta tras la puerta.
Sería tan fácil, mi amor. Está aquí al lado, y seguro que le encantaría follarte. – Mientras me empezaba a acariciar el coñito, que ya estaba húmedo de nuevo, me metió suavemente un dedito en el culo. Gemí de placer observando el pasillo. Definitivamente había alguien allí, algo se movía. - Podrías tener dos pollas en la boca dentro de unos segundos. – insistía Álvaro.

En ese momento lo ví claro. La sombra de Mario se recortaba contra la puerta. Estaba espiándonos, y a la altura de su paquete su mano se movía rítmicamente. No contesté a Álvaro. No podía. Eso ya no era una fantasía. Mario estaba allí, masturbándose mientras me miraba. Yo estaba a cuatro patas mientras mi chico me iba abriendo el culito con un segundo dedo.

¿Ya no me dices nada? – paralizada por el nerviosismo, sólo acerté a emitir un leve gruñido cuando un tercer dedo se abrió camino en mi estrecho esfínter. Tuve un pequeño orgasmo al vislumbrar cada vez mejor a Mario. Estaba completamente desnudo, musculado y sudoroso. Me miraba extasiado mientras se acariciaba suavemente una polla sorprendentemente grande y extremadamente erecta No me atrevía a mirarle a los ojos, pero estaba a punto de ser enculada delante de él.
Mi amor, si no me dices nada entiendo que te encantaría que lo despertara – al parecer, Álvaro no se había dado cuenta aún de lo que estaba pasando. Yo no contesté, mi mirada fija en el pollón de Mario. Álvaro sacó los dedos de mi culito, y noté cómo apretaba suavemente su polla contra mi entrada trasera. - ¿Quieres que te la meta por el culo?

Mario aumentó el ritmo de su masturbación. Su mano acariciaba su enorme polla cada vez más rápido, a tan solo un par de metros de donde yo estaba, al parecer sin darse cuenta de que lo estaba viendo. No creo que nunca hubiera estado tan cachonda.

Métemela por el culo, mi amor. Ábremelo bien.
Aaaaaaah… gimió él mientras introducía la punta entre mis nalgas, despacio, con delicadeza. Yo notaba cómo se iba abriendo mi agujerito, y en esa mezcla de dolor y placer perdí el sentido de la vergüenza. Miré a Mario a los ojos y me cruzé con su mirada fija en los míos. Nos sonreímos mientras yo abría la boca para gemir de placer. Mi expresión facial cambió a medida que la polla de Álvaro penetraba en mi culito. Yo respiraba profundamente sin dejar de mirar a Mario como una auténtica puta. Él me observaba hipnotizado sin dejar de pajearse.
¡Aaah! Joder… qué gusto. Métemela hasta el fondo, cabrón. Me encanta. – hablaba como una auténtica zorra mirando a Mario, que parecía a punto de correrse. La sensación de estar a cuatro patas con una polla en mi culo, mirando fijamente al amigo de mi novio, era indescriptible. Cuando Álvaro empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas, Mario sonrió. Empezé a gemir cada vez más fuerte, abriendo exageradamente la boca para él. Su polla vibraba de pura excitación.

En ese momento Álvaro me follaba el culo cada vez más rápido. Mario pareció desviar su mirada de mi rostro y la dirigió hacia Álvaro. A cuatro patas cómo estaba no pude ver si él se daba cuenta, pero enseguida vi cómo Álvaro dirigía las manos hacia mi cara desde atrás. Me tapó los ojos con ellas, mientras presionaba mi cabeza hacia atrás para clavarme la polla profundamente en el culo. El dolor había desaparecido y sólo existía el placer.

¿Te gusta que te den por el culo?, me preguntó mientras me lo follaba como un salvaje.
¡Síííííííí! – grité sin poder ver nada.
Amor, si te pido una cosa… ¿la harás?
La haré…- dije jadeando, impulsándome a cuatro patas para ensartarme en su miembro.
Abre la boquita. Ahora.

¿Abre la boquita? ¿en ese momento? Álvaro no dejaba de follarme el culito, así que una emocionante perspectiva se dibujó en mi mente.

¿Así? – le dije mientras la abría al máximo – Álvaro contestó con un ronco gruñido de excitación pura. Mis ojos seguían tapados por sus fuertes manos.
Y saca bien la lengua- dijo mientras me la clavaba hasta el fondo. La tenía cómo una roca, y mi culito la recibía agradecido.
Aaaaaaahhhh… - Saqué la lengua al máximo, con los ojos tapados, jadeando de placer. Mis sentidos estaban atentos a cualquier señal. Me pareció oír una puerta que se abría y unos pasos que se acercaban.
Disfrútalo, mi amor – jadeó Álvaro. Noté cómo algo presionaba mi lengua, y mi coño empezó a chorrear. Sólo podría ser una cosa. Con cada embestida de Álvaro notaba más la presión. Lamí como una perrita y enseguida noté un glande grueso que me rozaba la lengua y los labios. Álvaro me destapó los ojos.

Allí estaba la polla de Mario, a escasos milímetros de mi cara. Él me miraba a los ojos mientras se la agarraba dirigiéndola a mi boquita. Me moría de ganas de metérmela en la boca, pero estaba nerviosa y no sabía muy bien qué hacer. Álvaro seguía enculándome, y lo único que se oía eran los gemidos, ahora suaves, de los tres. Me estiré para llegar a metérmela en la boca, pero Álvaro impidió que me acercara más agarrándome del pelo. Me quedé así, con la lengua fuera, rozando la polla de Mario, intentando metérmela en la boca pero con Álvaro impidiendo que acercara más la cabeza. Jamás había estado en una situación tan excitante.

Ahora, susurró Álvaro.- Mario dio un paso adelante. Cerré los ojos, y mis labios apretaron su glande. La textura y el sabor eran ligeramente diferentes a los de la polla de Álvaro. Me encantaba.
Aaaaaaah…. – suspiró Mario. Álvaro iba liberando mi pelo, y pude metérmela un poco más en la boca. La polla de Mario era realmente grande, y me encantó notar cómo tenía que abrir la boca al máximo para que me entrara bien. Aquello fue demasiado para ellos dos. Noté cómo la polla de Mario temblaba en mi boca.
Me corro – jadeó.
Córrete en su boca – le ordenó Álvaro, fuera de sí. Mario empezó a gritar

Noté cómo salía un chorro de semen de la polla de Mario. Casi no me cabía en la boca, pero lo pude retener. En ese mismo momento noté cómo otro chorro caliente surgía de la polla de Álvaro, alojada profundamente en mi culito.

Mmmmmmmmmbbbbbbb… - babeé con la boca llena. Los chicos me bombearon con su leche en la boca y en el culito. Tragué todo lo que pude, pero un poco se me escapó de entre los labios. Ambas pollas se corrían violentamente a la vez. Saboreé el semen de Mario, más dulce y líquido que el de mi chico, y poco a poco noté cómo ambas pollas se relajaban en mi interior.

Álvaro sacó su miembro de mi culito, y Mario empezó a retirar el suyo de mi boca, para desilusión mía. Noté cómo Álvaro se tumbaba en la cama, pero me pasé unos momentos más chupando la polla de Mario, cada vez más pequeña, saboreándola y limpiándola de su propia corrida. Cuando acabé, Mario se tumbó también.

Nadie dijo nada, pero yo estaba inquieta. No me había corrido aún, y no sabía si aquello se podría repetir alguna vez. No quería dejar pasar esta oportunidad. Mario y Álvaro sonreían mirándome, y yo les empujé levemente para que quedaran tumbados el uno junto al otro. Me deslicé hacia los pies de la cama, y me acerqué a sus pollas relajadas. Tal y como estaban tumbados, me quedaban muy cerca una de la otra. Me llevé la de Álvaro a la boca, y chupé. Su miembro no reaccionaba, pero yo disfrutaba igual pensando en lo que iba a hacer cuando se pusiera dura. Después de unos segundos, pasé a la polla de Mario. Sin pensar en nada más, me la metí en la boca. Aún encogida era de un tamaño considerable. Me dediqué a chuparla con cariño, con lentitud. Después de unos minutos, empecé a notar una reacción. Me la saqué de la boca y le sonreí, mirándole a los ojos. Álvaro me observaba. Empecé a pajear lentamente a Mario, mientras mi boca volvía a la polla de Álvaro. Ver cómo se la chupaba a su amigo había hecho efecto, pues ya la tenía más hinchada. Sin dejar de masturbar a Mario, seguí chupándosela a mi novio. Noté cómo crecía y se endurecía en mi boca.

Empecé a alternar las dos pollas. Mientras chupaba una, masturbaba la otra con la mano. En pocos minutos, tenía dos barras de acero calientes en las manos. Se levantaron y se pusieron de pie en el suelo. Me bajé de la cama y me arrodillé entre los dos. Cogí una polla en cada mano y las acerqué a mí. Ellos me miraban con expectación, excitados más allá de toda medida. Empecé a chuparles las pollas mirándoles a los ojos. Pasaba de una polla a otra cada pocos segundos, y los tres estábamos cada vez más cachondos. Los dos se acercaban cada vez más a mí, de manera que sus pollas prácticamente se tocaban. Me las acerqué a la boca a la vez, intentando metérmelas al mismo tiempo. Noté sus glandes entre mis labios. Los lamía a la vez, y me imaginé cómo sería que se corrieran a la vez en ese momento. Noté cómo se estremecía mi sexo.

Seguí así varios minutos. Me estaba poniendo las botas. Me encantaba chupar dos pollas a la vez, y disfrutaba con las diferencias entre ambas. Cuando me hube saciado, me levanté, sin dejar de cogerles las pollas a mis hombres. Me acerqué al oído de Álvaro y le susurré lo que quería. Sonrió y se tumbó en la cama.

Me separé ligeramente de Mario sin dejar de mirarlo. Álvaro se pajeaba tumbado en la cama boca arriba, observándonos a ambos. Le di la espalda a Mario y le cogí la mano. Extendí uno de sus dedos y lo guié hacia mis nalgas. Lo cogí firmemente y, mientras me inclinaba cobre la cama, lo presioné contra la entrada de mi culito. Él entendió el mensaje, y lo introdujo suavemente. Me incliné acercándome a la cara de Álvaro, que seguía masturbándose con la escena. Gemí de placer al empezar a acariciarme el clítoris mientras el dedo de Mario entraba y salía de mi culito. Álvaro y yo empezamos a besarnos apasionadamente.

Cuando sentí que estaba preparada, saqué el dedo de Mario de mi agujerito. Me subí a la cama y me dispuse a sentarme sobre Álvaro, pero dándole la espalda. Mario me miraba sin dejar de masturbarse. Me acuclillé sobre la polla de Álvaro, y él la acercó a la entrada de mi culito dilatado gracias a los cuidados de Mario. Lentamente, me dejé caer sobre ella. Su polla entró limpiamente en mi culo, haciendo que me estremeciera de placer. Álvaro me acariciaba la espalda, y Mario se pajeaba compulsivamente mientras yo empezaba a cabalgar a Álvaro lentamente. Empecé a gritar de placer, y me recosté sobre Álvaro. Dejando que mi espalda se apoyara en su pecho. Separé mis piernas.

Mario entendió el mensaje. Se subió a la cama y se acercó a mí. La polla de Álvaro estaba alojada en mi culito, y Mario se puso encima de mi y acercó la suya a la entrada de mi coño. Cuando me penetró con aquél enorme miembro, me corrí por primera vez. Mis gritos de placer parecieron animar a los chicos. Álvaro me empujaba hacia abajo para que su polla entrara bien en mi culito. Mario me follaba el coño cada vez más deprisa, mirándome a los ojos, besándome sin parar. Creo que perdí el sentido del placer que me estaban dando. Las embestidas de ambos se alternaban rítmicamente, y yo sentía dos pedazos de carne calientes en mi interior a la vez. Se turnaban para sobarme las tetas, y tras unos minutos tuve el mayor orgasmo de mi vida, rellena completamente y apretando mis agujeros con cada convulsión.

No soy muy consciente de lo que pasó después. Recuerdo que tras unos segundos, aún recuperándome de haberme corrido tan profundamente, los chicos se las habían arreglado para colocarme en otra postura. Estaba sentada sobre Álvaro, pero esta vez de cara a él y dándole la espalda a Mario. Mientras la polla de Álvaro me follaba el coño, Mario me empujó hacia adelante. Me besé con mi novio apasionadamente y noté como el enorme pollón de Mario me presionaba el culito. Jamás pensé que algo tan grande me cupiera por ahí, pero entró sin ningún problema. Ahora era Mario el que me daba por detrás, mientras Álvaro miraba fijamente mi expresión de placer descontrolado. Las dos pollas entraban y salían a toda velocidad, vibrando en mi interior y haciendo que me corriera una y otra vez.

Cuando finalmente las sacaron de mis agujeros, yo estaba completamente agotada por el placer y apenas era consciente de lo que pasaba. Noté cómo me tumbaban en la cama y acercaban sus pollas a mi cara. Abrí la boca complaciente, sin pensar, exhausta y derrotada. Mario se corrió primero, más suavemente que antes. Su semen goteó desde la punta de su polla hasta mi boca. Álvaro me tomó la cabeza y me la inclinó hacia un lado para que el chorro de Mario me cayera en la cara. No me resistí. Cuando Mario hubo acabado de correrse en mis mejillas, Álvaro me acarició la cara con su polla. Me encantaba sentir su roce húmedo. Poco después me la metió en la boca, empapada de los jugos derramados por Mario. Yo notaba el sabor la leche de Mario en la polla de Álvaro, y dejaba que me follara la boca a conciencia. Enseguida se corrió abundantemente, y me tragué hasta la última gota de la mezcla de sus corridas.

Nos quedamos dormidos inmediatamente, yo en medio de los tres. Había sido la mejor noche de mi vida. Mario se fue al día siguiente y no hemos vuelto a quedar con él. Pero cada vez que pienso en nuestro trío me entran ganas de llamarlo.

A Álvaro le pasa lo mismo.... Continue»
Posted by chatoo 3 months ago  |  Categories: Group Sex  |  Views: 1849  |  
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