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El sobrino de unos amigos

Tenemos unos buenos amigos que, se vieron en un problema una vez, durante dos meses se quedaron con el sobrino de dieciséis años de él, porque su ... ... Continue»
Posted by MartaMo 2 years ago  |  Categories: First Time  |  Views: 627  |  
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El regalo de Pablo

La pobre Elena llevaba una semana en un sinvivir. Tan pronto le ardía la pepitilla de lujuria desmedida como le entraba una angustia que hacía palpitar su corazón de forma desbocada. Estaba convencida de que a sus 42 años esa experiencia que su cuñado, amante y dueño le imponía no podía ser sana para su salud mental.

Por otro lado, un instinto lascivo y a****l le impulsaba ardientemente a entregarse a aquella aberración sin meditar en las consecuencias que podrían seguirse.

Al final le dijo a Eduardo que no lo haría.

- Eres consciente de que serás castigada.

- Lo sé.

- Mañana por la tarde.

- Si señor.

El día siguiente era domingo. Fue a misa con su marido y con su hijo menor. Pablo, el mayor, que cumpliría 18 años en una semana, campaba por sus respetos y se negaba a tener relaciones con la religión.

Su marido y su hijo se acercaron a comulgar y al regresar la miraron un tanto sorprendidos de que ella no hubiese cumplido con el rito dominical. Pero Elena era incapaz de confesar al cura su dilema. No había tenido empacho en confesar durante años su adulterio con su cuñado ni su entrega como esclava al mismo. Pero lo de ahora era demasiado.

A las cinco salió de casa a su dominical partida de bridge con las amigas. Ni que decir tiene que sus amigas no sabían jugar a eso ni la habían visto ningún domingo desde hacía dos años.

Andando por la acera según el consabido trayecto, paró a su lado el coche de lunas tintadas de Eduardo y subió a él. No la saludó ni le dijo nada, Ella se abrió de piernas para que su cuñado y dueño comprobase como siempre la ausencia de ropa interior y que el monte de Venus estaba perfectamente depilado.

No había quedado muy convencido su marido cuando ella se sometió a fotodepilación, pese a su convincente argumento de que estaba harta de enseñar su coño en la peluquería para recortar los pelos que asomaban por los lados del bañador. Pero se había habituado.

Se preguntó qué castigo la impondría Eduardo. Hasta ahora casi todos habían sido de tipo psicológico, ya que el contrato de sumisión que le firmó excluía cualquiera que pudiese dejar marca, definitiva o temporal, que pudiese detectar su esposo y por tanto destruir su convencional y respetable familia.

El último castigo sufrido había consistido en prostituirse en la calle hasta recaudar 500 euros. El anterior había sido entregarla a una mujerona negra que la meó por todo el cuerpo. Eso lo conocía su confesor. ¿Qué sería hoy?.

Eduardo condujo en silencio y como si ella no existiese. Salieron de la ciudad y por fin llegaron a un gran y siniestro caserón aislado por una alta tapia.

Entraron y recorrieron un pasillo hasta penetrar en una sala acondicionada como una mazmorra y dotada de múltiples y sofisticados aparatos de tortura. A Elena no le impresionaron los aparatos. No se le podían dejar marcas. Lo que la espantó fue la presencia de tres hombres elegantemente vestidos, al igual que su dueño.

Esa era su mayor pesadilla. Algo que mentalmente suplicaba que nunca hiciera Eduardo: Exhibirla en público. Pero allí estaban aquellos hombres y era evidente que su pesadilla iba a hacerse realidad. Permaneció callada y con la vista baja como se la había enseñado.

Los hombres, Eduardo incluido, se sentaron en unas butacas algo apartadas de ella. Entraron en la sala dos enormes y musculosos negros ataviados con látex y cuero. Uno era hombre, dotado de un pene excepcionalmente largo y grueso en cuyo bálano lucía un brillante e impresionante piercing. Sus enormes testículos colgaban bajo una argolla que sujetaba la bolsa escrotal en la unión al descomunal pene.

La otra era una mujerona de enormes pechos cuyos pezones estaban horadados por dos formidables argollas de titanio al igual que sus labios vaginales exteriores, que mostraban otras tres a cada lado. En el tabique nasal ostentaba otra que le caía casi encima del labio superior.

Sin mediar palabra se acercaron a Elena, que resignada se dejó hacer. Le entraban dudas sobre si su dueño cumpliría la regla de no dejarla marcas.

Fue desnudada por la pareja negra ante los espectadores y después obligada a mostrarles humillantemente los atributos de su cuerpo. El examen fue detallado. Incluso alguno de ellos llegó a penetrar su vagina con dos dedos para comprobar su temperatura, sabor y humedad. Elena estaba totalmente granate de vergüenza. No le hubiera importado morir en aquel momento. Es más, su sofoco y los latidos de su corazón eran tales que creyó iba a sufrir un ataque cardíaco.

Una vez sufrida la exposición ante los hombres vestidos, Eduardo se dirigió a ella:

- Estos caballeros serán testigos y garantía de que el tratamiento a que será sometido tu cuerpo para doblegar tu voluntad, inaceptablemente contumaz en una esclava, no producirá marca alguna que pueda delatar tu condición de sumisa. Sabes que puedo cederte a quien quiera, incluso regalarte o venderte libremente, por lo que tu oposición a mi voluntad es banal. Lo importante es doblegar esa inadmisible soberbia y que seas tu quien me ruegue que haga lo que deseo para ti.

Con un gesto indicó a la pareja negra que comenzasen con el tratamiento. La colocaron un collar de cuero tachonado y con argollas, unas muñequeras que trabaron a ambos lados del collar y una mordaza de bola que metieron en la boca muy forzadamente. En los pezones le pusieron unos pequeños cepos de tornillo que fueron apretados sin piedad y que la arrancaron lágrimas de dolor. Peor fue cuando le pusieron el mismo artefacto en el clítoris. Quedó firmemente convencida de que jamás volvería a tener sensibilidad en ese órgano.

Fue sentada en una extraña silla de respaldo graduable y asiento basculante y sujeta a ella mediante unas cuerdas suaves para no rozar su blanca piel. Inmediatamente le fue impuesto un copioso enema en el recto y sellado el esfínter anal mediante un atroz tapón prolongado en una varilla metálica a cuyo extremo había una bola, también metálica, del tamaño de una de golf.

La vagina fue inundada por otro enema y taponada por un globo inflable que forzó una inhumana dilatación del esfínter. Seguidamente le quitaron la mordaza de bola para intubarla el esófago de una forma muy desagradable. Por el tubo comenzaron a verter agua. No paraban de hacerlo y Elena se veía imposibilitada de oponerse a ello. Notaba su tripa cada vez más hinchada.

La mujer seguía introduciendo agua impasiblemente mientras el hombre palpaba de cuando en cuando su tensa tripa que ya parecía de embarazada. Al fin cesaron de introducirle agua y volvieron a colocarle la mordaza de bola ahogando sus súplicas para que le destaponaran la vagina. Se sentía de una forma rara, como imposibilitada y, sobre todo enormemente m*****a y dolorida.

Conectaron un cable a la base del tapón anal y otros a los cepos de los pezones y del clítoris, órganos éstos que ya no sentía pertenecieran a ella. De pronto sufrió una rabiosa descarga eléctrica que le recorrió la columna vertebral, extendiéndose a sus pechos y bajando por el tenso vientre hasta sacudir su clítoris haciéndola tomar dolorosa conciencia de que sí seguía teniendo el pequeño apéndice.

Cuando cesó la descarga no tuvo tiempo para reponerse y sufrió otra con recorrido inverso. La cara bañada en lágrimas y los mocos saliendo a raudales de su nariz no movieron a compasión a los negros.

A un gesto de su dueño le quitaron la mordaza, lo que aprovechó para suplicara a berridos que cesara la tortura.

- Pídeme que cumpla mi deseo.

- Si por favor, mi dueño, señor, quiero cumplir tu deseo.

- Bien.

Con otro gestp suyo, la pareja la desató de la silla, le quitaron el collar, las muñequeras y los cepos de pezones y clítoris y desaparecieron sin decir nada. Elena quedó desnuda en el centro de la sala sin saber que hacer.

Por fin se arrodilló y con la vista baja dio las gracias a su dueño por haberla disciplinado y por tanto perfeccionado.

- Ven acá perra, y ponte a mi lado de pie.

Elena se acercó a su amo, quien llevó su mano a su pubis y pellizcó brutalmente su clítoris.

- Hay que despertar este bultito entumecido para que puedas disfrutar de las penetraciones de estos caballeros.

La llevó ante un potro donde la hizo inclinar con las manos apoyadas en él y uno de los hombres sacó su polla sin desnudarse y la penetró el ano sin más preparación que un escupitajo. Sentía una tremenda humillación y vergüenza, pero cuando el segundo hombre la comenzó a sodomizar, su irrefrenable lujuria, que la había conducido a esa situación, la venció y sus dedos fueron a acariciar el maltratado clítoris y a penetrarse la vagina.

No quería manifestar el orgasmo que obtuvo por dignidad, pero las convulsiones fueron suficiente muestra para que el hombre la calificase de sucia ramera lasciva.

Con el tercer hombre desistió de ocultar su placer y alcanzó otro orgasmo obscenamente escandaloso. Aún se lanzó a los pies de su dueño rogándole que la follase.

Eduardo, impasible ante los ruegos de su lúbrica hembra sumisa, sacó su pene y orinó sobre ella invitando a los otros a imitarle. La ordenó abrir la boca y beber parte de su dorado líquido. Elena no opuso ningún reparo e incluso bebió algo de los otros hombres.

Ellos se sirvieron unas copas que tomaron mientras la esclava, en un rincón, se colocaba los hielos que le habían entregado en su clítoris y pezones para rebajar la inflamación. Aunque sumamente m*****a, esa noche folló con su esposo sin que este notase ninguna alteración en su espléndido cuerpo.



. . . .

Una vez tomada la decisión de acatar el designio de su dueño, Elena ya no estaba angustiada. Le había entrado u gran relajo al aceptar que ella no era la propietaria de su destino y que por tanto no era responsable de ninguna consecuencia de sus actos.

Si acaso se encontraba algo excitada ante la proximidad del acontecimiento.

Y llegó el día del cumpleaños de Pablo, su hijo mayor. Después de las felicitaciones familiares se iban a reunir en una discoteca alquilada para celebrar su mayoría de edad con todos sus amigos y amigas. A su marido no le agradaba ese ambiente ruidoso y juvenil por lo que se marchó a casa de unos amigos en el campo a pasar la tarde haciendo una barbacoa.

Despacharon a los primos, tíos, abuelos y demás parentela camino de la discoteca y quedaron en casa Pablo, Eduardo y Elena, que irían más tarde con la disculpa de que ella tenía algo de acidez de estómago. Su cuñado y su hijo se quedaron para llevarla cuando remitiese la acidez.

Elena temblaba en su habitación mientras se colocaba el collar de cuero. Pero no temblaba de miedo o de frío. Temblaba de ansiedad y de lujuria. Una vez aceptado el destino, su naturaleza lúbrica explotaba al exterior. Desnuda ante el espejo portando solamente el collar y una cadena enganchada a él, se apreciaba hermosa en su madurez, con un cuerpo pleno, generoso y anhelante de placeres. Placeres que le había proporcionado su amo al no prohibirla nunca los orgasmos.

Eduardo entró en la habitación.

- ¿Dispuesta?

En silencio ella le entregó el extremo de la cadena de su collar y él la condujo al salón donde se encontraba Pablo, de espaldas a la puerta y mirando por el ventanal.

- Pablo, tu prometido regalo.

Pablo se giró y contempló imperturbable como Eduardo le ofrecía la cadena del cuello de su madre ante el intenso rubor de ésta.

- Gracias, tío. Es el mejor regalo para mi mayoría de edad.

La tranquilidad de su hijo le reveló a Elena que el regalo ya estaba apalabrado de antemano. No era ninguna sorpresa como ella había creído. Se indignó por un instante, pero se calmó casi de inmediato ante el morbo que le inspiraba el servir sexualmente a su propio hijo.

- Veo que la sucia ramera tiene la entrepierna húmeda.

- Si, es muy caliente y dispuesta para el sexo. Disfrutarás mucho del regalo.

- Voy a probarlo ahora mismo. Zorra, hazle los honores a mi polla.

Elena se arrodilló ante su hijo y extrajo su pene de la bragueta con cierta torpeza y temblor de manos debidos a su ansiedad. Se entregó en cuerpo y alma a procurar a su vástago el placer exigido. Eduardo comentó:

- Vaya con la putona. Nunca puso tanto empeño en manejar mí verga. Me parece que con este regalo no solamente agrado a mi sobrino, sino también a mi cuñada.

- Creo que si tito. Has estado muy acertado.

Elena acariciaba y chupaba la polla de su hijo como si fuera su bien más preciado. Solamente deseaba con impaciencia que la penetrase el coño o el ano. Enseguida obtuvo su satisfacción.

- Zorra, voy a probar el goloso culo que tienes. Apóyate en el respaldo del sofá de espaldas a mi.

Elena obedeció de inmediato. Apoyó sus pechos en el respaldo y separó con sus atractivas manos las mórbidas cachas para facilitar la penetración a su hijo. Incluso se escupió en los dedos y se los metió en el ano para lubricarlo de manera que al chico no le resultase desagradable la entrada.

Pablo la penetró el ano con poca dificultad y, ya en tarea, dijo:

-Tio Eduardo, fóllala la boca.

Con los dos extremos ocupados, Elena era dichosa. Con una mano acariciaba los testículos de su anterior dueño y la otra fregaba su clítoris mientras sus macizas tetas golpeaban con violencia el respaldo del sofá. No tardó en alcanzar el más profundo orgasmo de su vida que la convenció de que su forzada decisión de acatar los deseos de su cuñado era la mejor que había tomado jamás.

- Joder con la zorra de comunión diaria. Es capaz de tirarse a un regimiento entero y tener un orgasmo con cada soldado. Hubiera sido una buena puta cantinera.

- Pues ya verás cuando la cedas a alguien. Primero se pone colorada de vergüenza, pero cuando tiene un rabo en cualquier agujero se le dispara el instinto de ramera y disfruta como una loca.

- ¿Suelta mucho flujo vaginal?. Eso es buena señal.

- Que si suelta. Para bañarte. La semana pasada, cuando la convencí de ser el regalo y la follaron tres caballeros, el flujo vaginal llegaba hasta los piés. Y eso que estaba de color granate por la humillación. Pero el sexo le arregla todo. Es su droga y ... y ... aahhhss ... me voy ... mmme fui.

Elena se tragó golosamente el esperma de su cuñado mientras se corría al tiempo que su hijo eyaculaba en sus intestinos y no pudo evitar mearse patas abajo.

Pablo tomó una cucharilla de la mesa con los restos de la comida del cumpleaños y entresacó del culo de su madre su propio semen con excrementos que, mezclándolo con la orina de su madre, le dio a comer. Elena saboreó, tragó y rogó más. Ante la indiferencia de sus dos parientes ella misma se entresacó de su culo más restos y se los comió.

Pablo y su tío se miraron en complicidad. Tomaron a la ramera de la cadena de su collar y la sacaron al jardín. Allí la mearon en la boca ordenándola beberse todo bajo la amenaza de colocarla un cinturón de castidad durante un mes. Claro que menos por la noche, en que debiera atender a su marido.

Su hijo Pablo le expuso sus intenciones más inmediatas:

- Mira zorra. De entrada vas a dejar de tomar los anticonceptivos porque te quiero bien preñada. No me importa si de mi, si del cornudo de mi padre, si de tu cuñado o de cualquiera a quien te preste. Incluso de cualquier cliente cuando te prostituya.

El mismo día que salgas de la maternidad tras parir tu camada le pedirás al cornudo de mi padre -si es que lo es- el divorcio. Te quiero disponible para modificar ese cuerpazo que tienes de forma que esté a mi gusto antes de que te hagas demasiado vieja.

Mañana mismo te cederé a mi hermano y le despojarás maternalmente de su virginidad. Ya tiene los catorce y es hora de que folle bien.

Esa noticia provocó que Elena, involuntariamente, soltase un copioso e impetuoso chorro de flujo vaginal que salpicó los muslos de Pablo.

- Qué guarra eres. Te pones a cien por imaginar cómo vas a follarte a tu hijo menor de edad. Sigamos:

No volverás a pisar una iglesia, hipócrita meapilas, ni contar a ningún cura tus aberraciones.

El martes dirás al cornudo que nos vamos de excursión al campo. Efectivamente nos iremos. Un amigo tiene una granja y quiero iniciarte en el sexo con a****les.

La vagina de Elena volvió a escupir flujo y se sintió la hembra más venturosa de la humanidad.



FIN.... Continue»
Posted by calvo30 8 months ago  |  Categories: BDSM  |  Views: 739  |  
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El Amante de mi nieto

El verano pasado mi hijo me llevo durante sus vacaciones con su esposa, y mis nietos Alex, de 11 años y Clarisa de 16. Siemepre senti predileccion por Alex, era mas cariñoso que Clarisa. Siempre queria acompañarme en mis paseos, y siempre estaba pendiente de mi.

Una mañana, mi hijo tuvo que acompañar a su esposa y a su hija a casa de unos amigos que vivian en otra ciudad a unos 100 kms. Yo no quise acompañarlos y mi nieto, aprovecho la ocasion para escaquearse tambien, diciendo que se quedaba para acompañarme.

Partieron y Alex me dijo que se iba a dar un remojon en la piscina, que si le acompañaba, asi lo hize. Me sorprendio Alex cuando me di cuenta de que se quitaba el bañador y se quedaba completamente encuerado, tirandose a la piscina, dando unos cuantos largos a la pileta. Nadaba muy bien.

Yo me quede en la hierba que rodeaba la piscina tomando el sol y observando las brazadas cadenciosas del nadar de mi nieto.

Al cabo de un rato, salio mojado, chorreando agua, era bastante alto para su edad, y me quede maravillado de su hermoso pene. Era, para su edad, muy desarrollado, incluso, una ligera capa de vello rubio cubria sus genitales, y dos hermosas bolas lucian sus movimientos al andar al mismo ritmo que marcaba su pequeña polla.

Sin darme cuenta, mi pene se endurecio al ver esa maravillosa y tierna estampa de mi bello nieto. He de decir que me provoco una buena ereccion, un calor debido a la excitacion que me produjo.

Alex, se acerco a mi, me dio un beso en la mejilla y se tumbo junto a mi. Me miro de pronto a la entrepierna, fijandose en mi ereccion..

Abuelo.... ¿ estas empalmado..?... ¿ que te ocurre...?..¿ en que estas pensando..?

Me ruborize como un colegial, tartamudee..y no sabia que decir...

No...no.. no es nada... es que....

Abuelito, nunca antes me viste desnudo..?....Dime..¿ que te pasa...?

Ayyy... Alex, la verdad es que no se que decirte, pero no me imaginaba que.... estabas... asi... tan.. tan...

¿..Tan... crecido...tan, guapo..?...

Siiiiii... uffff... me estan entrando sudores.. nunca poense en ti como lo que eres,,, un hombrecito...y ademas.. muy guapo...¡¡¡

¿ De verdad te parezco guapo..?...

Si, cariño, eres muy bello. No me extraña que tengas muchas novietas...¿ es asi..?

Abuelo. No seas malo.. ¿ quien va a quererme..?.. Soy muy niño todavia, ademas, las chavalas, les gustan los hombres mayores.

¿..Y a ti..?..¿ quien te gusta..? Le pregunte.

¿.. Te digo la verdad..?.. Pues, ahora mismo.. solo quiero estar a tu lado... Siempre te admire abuelito..y siempre, estuve fijandome en ti... queria que me abrazases y sentir como me demostrabas tu cariño.

Ven Alex.. ven a mi lado..

Vino haacia mi, me rodeo con sus brazos..apoyo mi cuerpo contra el suyo...se inclimo hacia mi...y me beso en la boca...con un ardor que hizo que de pronto...una oleada de calor subiese por mi espina dorsal..al mismo tiempo que mi polla se endurecia.

Prolongo el beso...al mismo tiempo que con su lengua buscaba la mia,,,,jugando como una serpiente.. mi lengua, que le entregue y que chupaba y mordisqueaba... con fuerza y una calentura extrema.

Abuelo... besame...mucho, estoy con ganas de tenerte entre mis piernas..decia mientras me tocaba suavemente mi dura polla.

Sin darme cuenta, estaba abrazando y besando los labios de mi dulce nieto, mientras notaba su mano como acariciaba mi pene en movimientos de arriba a abajo, provocandome un extasis que me producia calores y unas locas ganas de follarme el hermoso culito de Alex..

Levante a mi nieto de encima mio, lo tumbe boca arriba.... baje mi cara hasta su pequeño pero ya incipiente pollita... y agarrandola con mi mano derecha...empeze a besarla, primero por el capullo de su glande... despues sus huevos...meti un dedo de la mano izquierda en la raajita de su culo...penetrando un poco en el interior de su ano... mientras chuapaba enteramente su pene..

Note como se relajaba en mis brazos.. notaba el respirar agitado de su cuerpo... sus gemidos... el temblor de todo su cuerpo..y al final.. un orgasmo que le hizo soltar un chorro de un clarito semen... pero intenso..y como se desmayaba entre mis brazos del placer del orgasmo...

espere unos minutos que se recuperara del agitado respirar... mi polla estaba caliente, recta...y... largamente preparada... para que despues de enseñarle. Alex, me chupara la polla que deseaba sentir los labios alrededor de mi glande... al principio.. chupaba agitado... con lamidas en los huevos, que fueron alargando mi placer.

Alex...en un momento, paso de estar satisfecho. a intentar darme placer a mi. Lamio mi cuerpo desde la nariz hasta los pies, recorrio con su lengua mi sexo... metio su nariz entre mis vellos pubicos... lamio el ojete peludo de mi culo... metio su dedo mojado con su saliva en mi culo...lamio, mojo bien de saliva...y...sin decirle nada...primero con un dedo... despues con dos..y finalmente con su pequeña verga... introdujo la misma en mi culo arrancandome un grito de placer al mismo tiempo acompañado dee un dolor... que en lugar de miedo... me daba un placer inmenso...

Empezo a meter y sacar la pollita de mi strecho agujero anal... yo, la verdad... estaba dolorido ligeramente... pero feliz de notar la verga en mi interior...

De pronto...un estremecimiento de la verga de Alex... hizo que notase como se corria en mi culo...y me provocaba un orgasmo...en mi verga... que lleno mis manos de mi propia leche...en una inmensa alegria y placer por el gran orgasmo.

Nos quedamos loos dos...abrazados, felices del orgasmo que habiamos tenido. Felices, y besandonos como dos enamorados...como una feliz pareja...

Mi nieto es ahora mi amante. El desperto las ganas de ser follado por un hombre. Ese niño me llevo hasta el cielo. La gloria esta en su verga que adoro, que chupo cuando me lo pide.

Somos dos enamaorados, soy un corruptor ?..¿ o ha sido el niño, mi amnt6e niño el que me sedujo a mi. ?

Es igual. somos felices. Yo estoy en la gloria con su amor, y conforme va creciendo, soy mas esclavo de el. Ahora, ya con 13 años, es todo un hombre, su verga es la de un verdadero hombre. Lo quiero.. Es mi hombre.. es mi amante... Continue»
Posted by samy15 9 months ago  |  Categories: Anal, Gay Male, Mature  |  Views: 943  |  
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La hija de unos amigos de mis padres (II)


Alli estaba yo plantado ante ella con cara de estupido, lo habia echo muy bien, habia conseguido su objetivo y no se habia dado a conocer hasta que fue inevitable. Con 13 años era una niña muy desarollada, que me habia parecido muy guapa. Ahora no lo era, era mas bien normal, tirando a fea, pero tenia unos pechos generosos y un culo pequeño. Me excite al momento. Sabiendo lo que sabia era una chica por la que uno perdia la polla.

- Y este es su novio- El padre de Eva me presento a su novio.

Se llamava Pedro, un chico de su misma edad que tenia cara de tonto. Ese era el tio que no era capaz de follarse a una chica tan caliente y le estaba haciendola sentirse tan mal con sigo misma.

Aprobeche que habian dejado de presentarme a gente para acercarme a Eva que estaba en ese momento a solas.

- Si que me has enredado bien.

- Ya te dije que nos conociamos. Nunca pense que no fueses capaz de atar cabos.

Se habia levantado una complidad entre ambos muy curiosa. Apenas tubimos tiempo de hablar, antes de que se acercara su novio para proteger su mercancia. Tube que esperar un buen rato para poder volverle hablar, y esta vez fui directo al grano.

- A ver como te las apañas, pero yo pienso hacer todo aquello que dije que te haria.

Ella rio completamente roja de verguenza, pero sus ojos tenian la viveza de la picardia.

- Lo tienes complicado. Nos quedamos a dormir y han preparado una habitacion para mi y mi novio a solas.

- ¿Tan en serio vais?

- No, pero como hace tanto que estamos juntos, pues han pensado que era lo mejor, que ya habremos echo todo lo que tendriamos que hacer.

En ese momento me caye de decir "si ellos supieran..."

- Creo que nosotros tambien nos quedamos. Mas vale que tu novio no se despiste oooh.

- O que?

Alli estaba la misma picardia de siempre. En persona se habia mostrado mas timida, pero volvia animarse segun pasaba la noche.

- O te foy a follar en sus mismas narices. - Le agarre la mano y la lleve a mi paquete. Ella no la aparto apesar de toda la gente que habia al rededor y se aprobecho de la situacion acariciendo con intensidad mi miembro duro.

- A ver si es verdad.- Y se fue.

Yo no aguantava mas, mi polla estaba apunto de explotar. localize un pequeño cuarto despensa que estaba un poco apartado y espere cerca. No tardo en verme Eva y se me acerco a hablar. No espere dos segundos, comprobe que nadie miraba y con un rapido movimiento, abri la puerta y la empuje dentro. No la deje hablar. Comence a besarla en la boca mientras con una mano le sujetaba el culo y la otra acariciaba sus pechos. Ella no protesto ni se aparto, al contrario, con una mano buscaba ansiosa el contacto carne con carne con mi polla.
Comence a jugetear con sus labios vaginales, la falda que llevaba facilito el trabajo.

- ummmmm, no pares.- dijo. pero al mismo tiempo añadio.- Voy a gritar mucho y nos van a pillar.

Le aconseje que se tapara la boca, pues pensaba comerselo. No podia irse de alli sin correrse.

Meti me cabeza entre sus muslos y deje que no de ellos descansara sobre mi hombro. Aparte la bragiita con un dedo, y meti mi lengua entre sus humedos labios. Fue un trabajo facil. La excitacion y la posibilidad que nos pillaran hizo que se corriera rapidamente.

La cogui y sacando mi polla que estaba dura como nunca habia visto yo antes, le pedi que me la comiera.

- Si, ahora correte tu en mi boca.

Estaba claro que cuando se excitaba decia cosas que no decia normalmente. Comenzo a chupar sin saber muy bien que tenia que hacer, pero con algunas indicaciones y mi ayuda, me corri en poco tiempo.

- Me corro.- le adverti.

- Si si, quiero probarla.

Le eche todo el semen en la boca, que iba escupiendo mientras salia. En el suelo se formo un gran charco de semen y saliva. tambien le corria por el cuello los restos de mi orgasmo. Limpiamos lo mejor que pudimos.

- He querido tragarmelo, pero apoco me ahogo.

- Bueno, no pasa nada. Dejamos esto limpio y ya esta.

Salimos de alli rapidamente, prometiendonos volver a encontrarnos esa noche.

Su novio la encontro y la interrogo sobre donde habia estado, ella con una mirada indescriptible y el pelo sudado y con las piernas aun temblando del orgasmo, beso a su novio en la boca mientras me miraba.

Creo que los dos nos hicmos la misma pregunta. ¿notaria el sabor del semen?

Continuara...... Continue»
Posted by armandojaleo 9 months ago  |  Categories: First Time, Hardcore, Taboo  |  Views: 686  |  
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La hija de unos amigos de mis padres (III)



Desde el momento en el que nos encontramos en la pequeña habitación, todo habia cambiado. Ambos sabiamos que habia ocurrido, nadie mas, y resultaba sumamente excitante, sobretodo por ser el novio de ella victima cornuda ignorante. Los dos queriamos mas, pero el momento no se volvia a presentar.

Eva se discutio con su novio, durante la noche en varias ocasiones.

- Porque os habeis peleado? todo el mundo os miraba.

- Me da igual. No deja de preguntarme donde me meto, no me deja en paz. Esta celoso.

- Bueno, algo de razon tiene, no?- La mire riendo, recordandole que solo hacia una hora habiamos tenido sexo oral juntos.

- Bueno, pero como quedo yo si le dejo que se enfade por hablar contigo mientras el esta intentando ligar con toda chica que ve.

- No se, no se. A mi me sabe mal.

- Que no te lo sepa. En mi mente siempre has estado tu primero, desque nos vimos aquel dia cuando tenia 13 años. Habrias sido solo un sueño platonico si no fuese por lo malo que es el en el sexo.

- Quieres decir que me buscastes a proposito?

- Claro. Has sido siempre mi sueño, y estaba desesperada. En contrarnos por casualidad fue lo mejor que me ha pasado nunca.

- ¿Y ahora?

- Ahora depende de ti. Yo ya te he puesto las cosas faciles.

Continuaron discutiendo durante toda la noche. Ella cada vez que se marchava de su lado para encontrarse conmigo, volvia a su lado con una copa de cava o vino. Asi el cada vez estaba mas borracho, pero como si se oliera algo, no dejo de vigilarla, asi que no pudimos volver a encontrarnos.

- Ya es tarde, dicen que nos vallamos a dormir.- Me dijo en un ultimo encuentro a solas.

- Es verdad, son casi las 6 de la mañana, si que ha sido la noche larga.- no veia a su novio por ninguna parte- Y tu novio?

- Lo han subido a la habitacion que habia para los dos. Al final a acabado muy borracho.

La abrace en ese momento sin importarme quien pudiera vernos, pero ella se aparto.

- No aqui no, esperan que yo tambien duerma en la misma habitacion.

- ¿Y porque no te vienes a la mia?

- Ya te he dicho que esperan que duerma alli. Mis padres no me quitan ojo de encima.

Asi la dje marchar, pensando en que podia hacer para poder follarmela, tal y como los dos deseabamos.

Aprobeche que todo el mundo empezaba a retirarse y me cole en la habitacion de los dos.

- Que haces?- exclamo ella que se encontraba solo con una camiseta puesta y en bragitas.

- Si no puedo encontrar otro sitio, te follare aqui mismo.

Miro a su novio que dormia profundamente completamente bestido en la cama. Me miro a mi y quitandose la camiseta, me enseño esos pechos tan generosos que a mi me volvian loco.

Desde ese instante fue aquello que siempre decia que era. Una chica que se dejaba hacer y disfrutaba del sexo sin decir que no a nada.

Se tapaba la boca con la almohada mientras se lo comia y tenia orgasmo tras otro.
Continuo con ella en la boca puando por fin alguien la desvirgaba por primera vez y no pudo evitar mirar a su novio mientras gritaba y se corria.

- Siiii, esto es follar y no lo que me hacias tu. cabron!!!

Habia que ir rapido, no estaba la situacion para juegecitos, pero pensaba cobrarme aquello que habia venido a buscar.

- Dijistes que a mi me dejarias hacer esto, verdad?

Y dandole la vuelta me dispuse a metersela por el culo. Ella se dejo hacer. Solo mordia la almohada para reprimir los gritos. Me corri rapidamente dentro de su culo.

- Dios, ha sido buenisimo. Quiero mas.

- Tendra que ser en otro momento. o no?

- Si, si. Preparate que en cualcuier momento me encuentras a solas dispuesta a follarte.

La deje junto a su novio. Ahora si, satisfecha y desvirgada.

Por la tarde, cuando la gente comenzaba a despertar, alguien le hizo a su novio una broma sobre los gritos de ella que se pudieron escuchar al amanecer, pero indudablemente no fue capaz de entender.

Continuara....... Continue»
Posted by armandojaleo 9 months ago  |  Categories: Anal, First Time, Hardcore  |  Views: 212  |  
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El profesor...

Gracias a un gran autor TR...


¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones?

La confusa carretera de mis emociones lucía devastada, el sinuoso y mojado camino por el que venía conduciendo frente a mí, hacía juego con mi corazón marchito.

La tarde era lluviosa y gris, a mi derecha: una verde pradera, coronada por majestuosas montañas de color azul distante, un paisaje hermoso dibujado por maestras pinceladas, a mi izquierda: una frágil presa a medio construir, y frente a mí: mis desolados pensamientos, el viejo camino y melancolía.

Las gotas de lluvia en mi parabrisas me impedían ver con claridad, y mis lágrimas tampoco eran de gran ayuda, y cuando alcé la vista un irradiante y multicolor arcoiris como pintado a mano sobre el cielo taciturno, iluminó brevemente mi interior, como un faro encendido a lo lejos en una noche de tormenta.

Y entonces al igual que ese pacto divino para con los hombres que es el arociris, recordé la promesa que nos hicimos alguna vez, de no separarnos jamás.

Dos caminos se distinguen en la distancia, el de la derecha me lleva a una vida diferente lejos del amor frustrado de mi vida, y el de la izquierda de regreso a él, ¿qué camino debo tomar?

Giré el volante en la dirección correcta, cuando de pronto un estruendo enorme abrumó el ambiente, rocas cayendo sobre mi auto, agua; muchísima agua entrando, ¡estoy asustado! ¡no puedo salir! Un golpe en mi cabeza, y de la nada, una extraña luz mucha luz....

-¿Podrías apagar esa luz por favor?- le dije a mi pareja m*****o porque a la mañana siguiente debía presentar mi examen final y la luz de la computadora no me estaba ayudando a conciliar el sueño.

-Claro que sí nene, no es mi intención m*****arte- me respondió mi maduro amante.

Su nombre era Sergio, y había sido mi profesor de física en la universidad, era un hombre maduro, alto e interesante, con unas incipientes entradas en su frente que lo obligaban a traer el pelo casi a rapa, pero el cual le otorgaba un look, arrollador, varonil y terriblemente sexy, una hermosa piel bronceada, que recordaba el tipo de hombre italiano, su barba cerrada, unos ojos color miel, grandes y expresivos coronados por unas cejas pobladas, una boca pequeña, con un lunar debajo de su ojo izquierdo que le daba un toque inocente, y su cuerpo....no hay palabras para describir ese cuerpo que tantas noches me hizo enloquecer en la intimidad, peludo hasta los huevos, dotado de un pene mas pequeño que el largo normal, tal vez de 15 cms, pero tan grueso que lo hacía lucir enorme, unos brazos marcados y un par de piernas de ciclista, con un trasero firme y socarrón, y una sonrisa burlona y retadora.

No fue nada fácil hacer mi sueño realidad de dormir cada noche abrazado a su peludo pecho, ya que él alguna vez caminó por la vida como un hombre heterosexual, pero esta historia al igual que el que pensé que era el final de mi vida, no comienza aquí.

Nunca en mi existencia había sentido tal pasión por alguien, como la que sentí por Sergio en cuanto lo vi cruzar la puerta del aula de clases, la mañana de ese lunes de abril.

Llegó puntual y pulcro, con unos jeans oscuros y una camisa de vestir azul celeste, y el aroma fresco a recién bañado de su elegante loción inundó mis sentidos.

Sergio había llegado de la ciudad de Monterrey Nuevo León, México a impartir la materia de Física II en mi universidad, luego de presentarse y amenizar con unos cuantos chistes nuestra primera clase, mi nuevo profesor impartió su materia, y en el transcurso de esa hora, tan sólo pude concentrarme unos minutos, porque mi mente se la pasó divagando imaginándolo desnudo.

Yo era un chico de 19 años atractivo a mi manera, me llamo Gabriel, y mi fama de rompecorazones con los chicos gay, se vio destruida porque en cuanto supe de la existencia de este adonis, jamás pude ser el mismo.

Recuerdo que por aquella época no tenía definido casi ningún rasgo de mi personalidad, era inestable, rebelde e irrespetuoso, me gustaban las chicas que parecían chicos, y los chicos que parecían chicas, nada llenaba el vacío de mi interior, pero cualquier duda e inseguridad se disipaba cuando mi guapo profesor llegaba a su clase.

Las chicas de mi salón morían por él, y cuando veían entrar al “peloncito guapo” al aula, un silencio se creaba en el ambiente, varias veces las escuché decir que muchas se calentaban con él y que se imaginaban tenerlo en la cama.

Yo inteligente y astuto para conseguir lo que quería, ideé un plan para estar a solas con Sergio algunas horas extras a la semana, fingiendo no entender los problemas de su clase, y él pacientemente me explicaba una y otra vez a la salida de la escuela.

Yo lo miraba extasiado y cuando descubría alguna mirada incómoda de su parte, me disculpaba diciendo que estaba cansado, nunca noté ninguna tendencia gay en su persona y me sentía desesperado porque mis esfuerzos por conquistarlo, como los detalles que le regalaba de vez en cuando o mi rápido e “inusual” aprovechamiento en clase, resultaban fallidos.

Había algo en su arrasadora personalidad que me hacía querer ser mejor persona, y pronto olvidé mis borracheras de fines de semana y comencé a tomar con mas constancia mis estudios, y mi pasión mas grande: el ciclismo de montaña, el cual después de llevarme la grata sorpresa de que Sergio también disfrutaba grandemente esta actividad, la realizaba con mas entusiasmo.

Le dije a mi profesor que yo practicaba este deporte, por un hermoso camino en medio de un bosque pequeño y un río en mi comunidad y que estaba cordialmente invitado a acompañarme los fines de semana y él aceptó gustoso mi invitación, por lo que cada sábado en la mañana, tomábamos nuestras bicicletas y emprendíamos el camino de dos horas y media de ida y de regreso.

Por ese tiempo conocí que era divorciado y que no tenía hijos, que le gustaba la natación la caminata y el ciclismo, que nunca había sido muy noviero en su juventud, que le fascinaba el helado de chocolate con nuez y que uno de sus placeres ocultos era hacer bolitas sus mocos y aventarlos contra la ventana.

Su sencillez, su imponente presencia, su sentido del humor y su elocuencia, me tenían totalmente enamorado de él, y cada noche le dedicaba una deliciosa puñeta en la soledad de mi recámara.

En una ocasión lo vi orinando detrás de un árbol y al salir de éste pude ver por unos instantes la gorda y circuncidada cabeza de su pene, de un color rosa pálido, con una mata de pelo rebelde y sensual, y cuando se subió su short el impactante bulto de su verga y sus gordas pelotas resaltaba mucho detrás de la prenda de licra para ciclista.

Pero cada vez que tocaba algún tema homosexual, Sergio parecía incomodarse con la platica y rápidamente cambiaba el asunto y se las ingeniaba para convertirlo en un chiste, esta situación me confundía en ocasiones y en otras me dejaba dudando de su condición.

Así seguían mis días añorando su presencia por las tardes, y anhelando que el fin de semana llegara para poder verlo en su ajustada ropa de deporte, y la visión de su pene mientras orinaba me volvía loco y seguía fresca en mi memoria.

Luego de un tiempo de conocerlo y por azares del destino, una tarde me puse a navegar por internet, en una página de contactos personales para encontrar pareja, me gustaba leer los perfiles de hombres heterosexuales guapos, y de pronto encontré uno que me pareció muy familiar y que decía: Profesor atractivo de 35 años, tranquilo y sin vicios, amante del chocolate con nuez, del ciclismo y la vida al aire libre, busca mujer de 25 a 34 años para relación estable.

No tenía fotografía, pero con esa descripción estaba casi seguro que se trataba de mi profesor de Física, y de pronto tuve la idea de hacerme pasar por una mujer y escribirle al correo que dejaba en su perfil.

Esa noche de sábado, agregué a mi mensajero la dirección de este hombre esperando que fuera mi profesor, y así poder seducirlo chateando con él haciéndome pasar por una joven mujer, conseguí fotografías de una chica común pero linda y me inventé una nueva vida afín a la de mi maduro y atractivo amor platónico.

Estaba a punto de retirarme y apagar la computadora, cuando el misterioso hombre ingresó a internet, y después de presentarme y explicarle que había tomado su correo electrónico en respuesta de su anuncio, mi nuevo contacto puso su fotografía en la ventana del chat y mi corazón dio un vuelco de alegría: efectivamente se trataba de Sergio.

Luego de una interminable plática, salpicada de risas, chistes y profundos temas personales y de la vida, el amanecer nos sorprendió conectados a la computadora y antes de irnos a tomar un descanso, Sergio me dijo que yo era “una mujer bella, con bonitos sentimientos, inteligente y muy agradable”

Pasaron los días y las semanas y casi todas las noches “Gaby” mi seudónimo femenino, tomaba vida y chateaba con Sergio de mil cosas y cada vez sentíamos que había mucha química entre nosotros, y cuando mi profesor y yo salíamos a hacer deporte los fines de semana, me contaba sobre Gaby y de lo bien que se sentía platicando con ella, y yo sólo podía sonreír secretamente.

Una noche de verano, después de platicar algunos temas superficiales, la plática con Sergio comenzó a ponerse picante, e inocentemente yo le hacía preguntas como: -¿cómo un hombre tan viril y atractivo como tu, esta solo? me encantaría enamorarme de alguien como tu para cumplir sus fantasías mas secretas cada noche en la cama-

Sergio comenzaba a excitarse, cayendo en mi trampa de mujer inocente y sumisa, cuando la plática llegó al punto de que Sergio me pregunto si tenía web cam, a lo cual respondí que no pero que si le gustaría ver unas fotos atrevidas mías.

Mi maduro cyber-amante contesto que sí, y que si no me m*****aba lo que íbamos a hacer, él pondría su web cam para poder masturbarse frente a mí.

Afortunadamente encontré muchas fotos de la misma chica pero desnuda por la que me hacía pasar, en un blog que encontré de esta joven que vivía en otro estado de la república Mexicana.

Cuando Sergio encendió su cámara, lo primero que vi fue su peludo pecho desnudo, y su fuerte y varonil mano acariciándose sensualmente, llevaba un short corto de color amarillo, que dejaba ver su verga erecta y sus peludas y musculosas piernas.

-¡Oh, mi amor! Me excité inmediatamente al verte con tu pecho desnudo, me sentí toda húmeda de mi cuevita- le escribí comenzando a sobar mi propia y erecta verga.

-Envíame una foto sexy tuya mi reina, que quiero ver esa vaginita y tus hermosos pechitos de nena- me ordenó mi profesor, y enseguida le mandé una foto donde aparecía esta chica desnuda de la cintura para arriba mostrando sus senos y sus rosados pezones, muy sonriente sentada con las piernas cruzadas sobre su cama.

-Ahhhh, ¡cosita linda! ¡mira nada más que ricas tetitas!- fue su respuesta después de ver la fotografía, frotándose fuertemente su hinchado bulto.

-¿Te gusta papi? Tengo muchísimas fotos más y más atrevidas que puedo mostrarte pero a mi también me gustaría ver mas de ti- le dije adivinando que su respuesta sería quitarse su short y enseñarme por fin esa verga en total estado de erección, que tanto anhelaba ver.

Pero estaba muy equivocado ya que mi guapo profesor no solo no descubrió su paquete sino que se anudó una toalla a la cintura como esperando ver cual sería mi reacción.

Yo sin dudarlo un segundo le pregunté de la manera mas cachonda que pude: -¿qué haces papito? Pensé que te quitarías ese short para poder ver tus atributos de macho-

Y enseguida se puso de pie y sin sacarse su toalla se quitó los shorts amarillos por debajo y con una sonrisa me los mostró por la web cam.

-¡Eso es jugar sucio mi amor!- le contesté muy caliente, y de este lado mi verga estaba a punto de estallar de deseo.

Volvió a sentarse sobando su hinchado paquete por encima de la toalla y de vez en vez me hacía sufrir subiendo un poco la toalla y dejándome ver su peludos y musculosos muslos.

Como no hacia nada mas que sonreír, rápidamente busqué una fotografía mas reveladora, donde la chica esta de espaldas con sus brazos cruzados totalmente desnuda y mostrando su gran culo.

Se la envíe y él al recibirla sonrió aun más complacido, y me dijo que me estaba portando muy bien y que ahora podría enseñarme un poco más de su anatomía.

Ahora subió un poco más su toalla y una gorda pelota peluda se asomó por unos instantes, yo estaba que reventaba de placer masturbándome frenéticamente, y luego de volver a taparse con la toalla me dijo que tendría que enviar fotos mas comprometedoras.

No pude más y le envíe la foto de esta chica totalmente desnuda sentada sobre su cama con la cabeza echada hacia atrás y sus piernas abiertas mostrando en todo su esplendor la raja depilada.

Su respuesta fue un marcado ¡uff! Y después de esto se quitó lentamente la toalla y al quedar su gordo palo peludo al descubierto puso sus manos en la cintura y sonriendo me preguntó que qué me parecía.

¡No podía creer lo que estaba viendo! ¡mi guapo profesor mostrándome su peludo cuerpo frente a mi monitor!

Yo casi al punto del orgasmo comencé a tomar fotografías de tan placentero espectáculo con un programa que tengo de computadora, para poder guardar la visón de mi profesor totalmente desnudo con su verga y gordos testículos al descubierto.

-¿Es lo que esperabas mi reina? Quiero saber si te la tragarías entera por esa vaginita de nena puta insaciable que tienes-

Tan solo pude responder un larguísimo –siiiiiiiiiiiiiii- y luego sobándose sus peludos testículos se puso otra vez de pie y se puso de espaldas dejándome ver su trasero peludo y blanco, se notaba que se había bronceado ya que el color claro de sus nalgas resaltaban muchísimo más del resto de su cuerpo bronceado.

Luego subió una pierna a su silla y comenzó a masturbarse, yo veía sus gordos huevos colgando entre sus piernas debajo de su hermoso culo de macho dominante.

Sus bolas se tambaleaban por aquí y por allá mientras jalaba el capullo de su chica pero gruesísima verga erecta.

Yo le lanzaba frases como: -¡estoy toda empapada de mi cuevita papito! Me estoy metiendo unos deditos en mi raja pensando que me haces el amor con esa tranca de macho que tienes mi rey-

Luego de un rato bajó su pierna y volvió a ponerse de frente, y acercando mucho su verga a la cam pude ver todos los detalles de ésta, peludísima, su tronco gordo del ancho más grueso que haya visto, bolas peludas y de color rosita, era un dios griego este rico macho.

Cuando se volvió a sentar masturbándose su gordo palo, le pedí que si era posible pusiera un brazo detrás de su nuca, y que lamiera un poco su axila mientras seguía jalándose su capullo, no pareció importarle y pronto adoptó la posición solicitada tocando con la punta de su lengua los pelos de su sobaco, con los ojos cerrados y con un largo ahhhhhh anuncié mi orgasmo, los trallazos de mi leche llegaron hasta el monitor y el escritorio, me llené hasta el cabello, con tan abundante corrida.

-Papitooooo no puedo más ayyy, mi vida ohhhh si papito me vengo mi vida ¡me vengo!-
le escribí fingiendo un orgasmo femenino y diciéndole que mis pezones estaban durísimos y que había tenido un múltiple orgasmo.

Él apresurando sus movimientos tuvo una corrida increíble, llenando sus huevos, su vientre y su peludo pecho de su blanca leche de macho.

Se quedó exhausto con los brazos detrás de su nuca y con una amplia sonrisa en su rostro, respirando agitadamente, y luego embarrando su leche con la mano, la esparció en todo su pecho.

Me dijo que debía limpiarse y que regresaba en un momento, yo lo esperé igual de relajado sin creer todavía lo que acababan de ver mis ojos.

Cuando regresó se había puesto su mismo short amarillo y ya limpio seguimos platicando de lo bien que la habíamos pasado y de que sería maravilloso hacerlo en la vida real y conocernos.

Yo por supuesto pensando en que eso tenía un pequeño inconveniente ya que no era quien decía ser.

En esos días seguíamos chateando y haciendo el cyber sexo de vez en cuando, y todas eran unas sesiones fantásticas, aunque debo confesar que lo que más me gustaba eran esas noches de sábado, cuando platicábamos trivialidades y cosas de la vida, haciéndonos preguntas indiscretas y riendo de chistes tontos sin sentido, nos estábamos convirtiendo en amigos muy cercanos y cómplices de sexo cibernético.

Pero al pasar el tiempo comencé a sentir celos de mi propia versión femenina ya que lo que mas anhelaba no era platicar con él como “Gaby” sino como Gabriel.

A estas alturas yo ya sabía demasiadas cosas íntimas de mi maduro profesor, sabía que le gustaba y que le disgustaba, cuales eran algunos de sus planes, sobre su familia y alumnos, amigos cercanos y demás y todo esto me parecía una información demasiada valiosa para ser desperdiciada en “Gaby” así que debía aprovecharla y comenzar a acercarme más como Gabriel a mi amado profesor de Física.

También me di cuenta que yo era bastante honesto en mis gustos y aficiones con él, mis conversaciones eran abiertas y sinceras, y por un momento me hizo sentir que en realidad lo que más le gustaba de mí era lo que pensaba y no tanto mi cuerpo ficticio.

Por esas fechas cuando salíamos a hacer deporte en bicicleta los sábados por la mañana, y me contaba de “Gaby” mi corazón se debatía entre la tristeza y la alegría, porque el hombre que más deseaba en el planeta estaba al mismo tiempo cerca y a millones de kilómetros de distancia.

Esa era mi triste realidad, no me atrevía a confesarle mi osadía que yo en realidad era esa “mujer” de la que se estaba enamorando y compartía sus secretos y fantasías y me conformé a sentirlo mío por las noches a través de un monitor de computadora.

Una noche como cualquiera y después de tener sexo cibernético de nuevo, Sergio me pidió que necesitaba conocerme y que el viernes entrante había una reunión con sus compañeros de trabajo y alumnos y que le encantaría que lo acompañara.

Yo inventando mil pretextos para no ir, me disculpé y él un poco triste me dijo que era una pena y que ojalá muy pronto pudiéramos conocernos.

Esa semana noté en las clases, que mi amado profesor se encontraba algo cabizbajo y adiviné enseguida que era por culpa de mi ficticio rival de amores “Gaby”.

Como un agente secreto con súper poderes de una vida paralela, deseé tomar el lugar y el cuerpo de mi adorado y a la vez odiado seudónimo, y así poder enamorar personalmente a mi delirio masculino....creo que leo muchas historietas de cómics.

Dos noches antes del viernes día de la reunión, Sergio estaba algo serio y distante, no era el mismo de todas las mad**gadas y algo notaba raro en él, chateamos menos que lo acostumbrado y al día siguiente no se conectó, lo esperé como siempre pero nunca llegó.

El viernes en la mañana no nos tocaba clases con él por lo que no podría verlo sino hasta la noche en la fiesta.

El momento de irme a la fiesta llegaba y me arreglé como nunca, con unos jeans que me quedaban a la perfección y resaltaban mucho mi trasero, una playera de moda y unos tenis convers, ansiaba llegar al lugar y ver a Sergio porque me había decidido a decirle quién era yo y que hiciera el esfuerzo por corresponderme, que no había sido mi intención engañarlo así, pero que se diera cuenta de que él sentía algo por mi por la manera en que me hablaba incluso sin ver la foto falsa de “Gaby”

Llegué al lugar de la reunión y saludé a varios amigos y profesores que estaban pasando un buen rato, me senté en uno de los sillones frente a una ventana que daba hacia fuera para ver la llegada de Sergio, y cuando ví pasar su coche mi corazón comenzó a latir muchísimo, necesitaba armarme de valor y tomándome varios “caballitos” de tequila, esperé que entrara para decirle que necesitaba hablar a solas con él.

La puerta se abrió y un muy sonriente y animado Sergio entró, pero en vez de salir corriendo a su presencia, sentí una rabia espantosa, me levanté inmediatamente de mi asiento con cara de pocos amigos al ver que su tímida pero gran sonrisa de oreja a oreja se debía a otro motivo...

No podía respirar, no podía pensar, no podía hablar, me estaba retorciendo de desesperación en mi lugar, era como estar ahogado en un horrible silencio dentro de mí mismo, por paredes castrantes invisibles que contenían mi alma en agonía, y de pronto esa luz de nuevo, mucha luz...

Los faros de un automóvil estacionándose con las luces altas dieron directamente dentro de la casa, entrando por la ventana al lado del sofá donde me encontraba sentado, pero ahora de pie, esa m*****a luz me impedía ver con claridad quién rayos era la joven mujer con la que Sergio había llegado.

La chica era hermosa, de una piel brillante y castaña cabellera, su sonrisa era abrumadora y al entrar Sergio, yo fui el primero al que la presentó, ella sonriente y muy simpática me extendió la mano y yo correspondí a su cortesía devolviéndole el saludo pero esbozando una sonrisa desconocida hasta ese entonces por mí: una sonrisa retadora y en ese instante supe que una feroz lucha por defender mi territorio iba a comenzar.

Su nombre era Lila, y había estando chateando a la par de mí con Sergio todo este tiempo, se conocieron a través de la misma página de contactos donde yo lo encontré y la verdad que nunca pensé que Sergio le ocultara una cosa así a “Gaby” pero después de todo, él solo era un hombre.

Al avanzar la noche los miré desafiante y a la vez amistoso, me sentía totalmente fuera de lugar, una extraña combinación de celos con empatía, si la chica no fuera mi “rival secreta de amores” me hubiera identificado con ella, y hasta formar una bonita amistad.

Mi vaso de tequila amenazaba con terminarse, así que fui a la cocina a servirme otro poco y estando ahí un compañero de clases y de “amores” con el que tuve alguna aventura al iniciar la carrera ,se me acercó sigiloso y retador, en un obvio estado de ebriedad y tomándome por los hombros me llevó contra una pared.

-He visto como lo miras cuando crees que nadie te observa- me dijo sujetándome fuertemente y sintiendo su fuerte aliento alcohólico y haciendo derramar mi vaso de tequila con jugo de toronja.

-¿Y a ti que te importa?- mascullé furioso por su no solicitado comentario -¡mucho! Pensé que tu y yo teníamos algo Gabriel, ¡además el nunca podrá ser para ti, siendo un hombre mayor y Hetero! Ja-ja-ja ¿en verdad crees que tienes oportunidad?-

-Eso es algo que no pienso contestarte, porque no te compete, y no, tu y yo no tenemos nada Luis, aquello fue solo un acostón de borrachera, ¿cuándo vas tú a darte cuenta?

Su respuesta fue un fuerte puñetazo contra la pared a escasos centímetros de mi cara, Luis era un chavo temperamental, además de corpulento y algo fornido ya que entrenaba en el equipo de fútbol de la escuela, y aunque acostarme con él fue uno de mis “logros” personales, desde que Sergio había llegado a mi vida no tuve interés en nadie más, es raro pero solo dos veces en mi vida me he sentido así.

-¿Estas pendejo o que? ¡ya déjame en paz borracho!- le contesté haciéndolo a un lado y percatándome de que Lila estaba detrás de nosotros y no sabía exactamente el tiempo que llevaba ahí o que había escuchado.

-¿Todo bien chicos?- nos preguntó confundida –si, Luis esta algo alucinado je-je-je creo que es mejor que se vaya a su casa- le dije viéndolo a los ojos.

-Ok, me llevo estas servilletas- nos dijo regresándose a la sala con Sergio, y yo volviendo con Luis y tratando de suavizar las cosas, le dije que ya estaba muy borracho y que no sabía lo que decía, que al día siguiente no recordaría nada.

-Eso crees tu Gabriel, mejor ándate con cuidado tú y tu pinche maestrito de quinta que nadie se burla de mí-

Aventándome con su mano se alejó furioso, y yo me quedé ahí pensando que lo último que necesitaba era un ex amante celoso en mi vida.

Luego de eso, rápidamente se me ocurrió esperar hasta que Sergio y Lila se fueran, para pedirle de “favor” que me diera un aventón después de dejarla a ella en su casa y así tener la oportunidad de estar a solas con él y confesarle.... bueno, declararle lo que sentía.

Al llegar el momento indicado, cuando Sergio y Lila empezaron a despedirse le pedí el favor a Sergio delante de Lila sabiendo que no se negaría, y él un poco desganado aceptó.

Después de un incómodo silencio en el auto con ellos dos y al llegar a casa de Lila, Sergio se bajó del carro con ella y entre sombras desde el coche pude distinguir que se dieron un tierno y tímido beso, -¡ah! así que esto es lo que se siente la rabia de los celos- me dije a mí mismo en voz baja.

Sergio volvió al auto y lo arrancó, íbamos platicando de trivialidades y de pronto se me ocurrió invitarlo a un bar que quedaba cerca y poder seguir un rato mas la juerga, Sergio titubeó un poco, pero al final aceptó ir conmigo y echarse unas cervezas, a final de cuentas apenas eran las 12:30 de la noche y.... mi juego comenzaba.

Llegamos al bar “33” y nos sentamos en un cómodo sillón, y a lo largo del lugar se escuchaba “Love fool” de The Cardigans, un suave viento soplaba en la terraza donde estábamos instalados y la embrujadora melodía seguía su curso: “love me love me, ¡say that you love me!”

Tomamos una cerveza y los vientos amainaron, para cuando íbamos por la tercera los ánimos y las risas treparon por nuestras felices gargantas, y todo era un ¡salud! después del otro.

Para ese entonces por fin me animé a preguntar: -¿así que....tu y Lila eh? ¿llevan mucho tiempo saliendo?- no mucho- me contestó animado, -no sé en realidad si sea para mí, no tenemos mucho en común, pero bueno....he estado mucho tiempo a dieta- esbozando una maliciosa y sexy sonrisa al final de su oración.

Nada hasta este momento ni sus gestos, ni un movimiento en falso, ni siquiera alguna palabra en doble sentido, me hacían pensar que tenía alguna oportunidad con él, y mi paciencia comenzaba a terminarse.

Así que mi única oportunidad era el viejo truco del alcohol.

Las rondas de cerveza no pararon, y al final estábamos junto a otro grupo de amigos brindando abrazados y saltando al ritmo de una alegre canción de fiesta, descubrí en ese momento que Sergio no era tan aburrido como él mismo pretendía aparentar, y que con unas copas de más, su lado festivo se ponía en evidencia.

Sergio me abrazaba y pasando uno de sus brazos por mi nuca, yo podía sentir su aroma, era embriagante, un macho en toda su gloria.

Poco a poco el otro grupo regresó a su mesa y algunos comenzaban a despedirse y nosotros volvimos a nuestros asientos a pagar la cuenta.

Al final de la velada y animándome a ganar o perderlo todo me animé a ejecutar el plan B y me ofrecí a manejar y a llevarlo a su casa, la suerte estaba echada....

“Y me lanzo a la media noche como voy, hoy voy a verte voy a sentirte....hoy me decido te voy a amar....voy a dejarte huellas en la intimidad”

Eran las palabras que una noventera Thalía cantaba con chaqueta de cuero negro y pelo alborotado, las cuales nos despedían del lugar.

Sergio se tambaleaba y a duras penas pudo subir al auto, se reía solo y se quedaba viendo el piso, sentado en el asiento del copiloto, mientras yo arrancaba el coche.

En el camino Sergio dormitaba o despertaba de repente riéndose y diciendo que yo era un buen amigo, y de pronto posó una mano sobre mi pierna y comenzó a acariciarla.

Yo sintiendo la suave brisa de verano rozando mi rostro, me armé de valor y le dije a quemarropa:

-Me he enamorado de ti, soy gay, tal vez eso ya lo sepas y sabiendo que no tengo oportunidad te lo confieso, porque ya no puedo guardármelo más-

No cabe duda que el tiempo es relativo, debieron pasar tan sólo unos segundos, pero para mí el tiempo se detuvo en una repetitiva agonía desesperante, como preparando mi alma para lo que vendría después cuando quedaría atrapado en aquella presa.

Sergio no se inmutó, solo posó sobre mi una tierna mirada y sonriendo volteó su cabeza hacia la ventanilla del coche, yo sin saber reaccionar seguí conduciendo y al llegar a su casa lo ayudé a entrar y luego en su recámara a desvestirse acostado en su cama.

Mi corazón palpitaba a mil por hora al ir descubriendo lentamente cada parte de su anatomía, primero fue su camisa y pude deleitarme la vista con su pecho y axilas peludas, un abdomen peludo y marcado, y el camino que lleva a la perdición.

Luego retiré los zapatos y los calcetines y sus peludos y blancos pies quedaron al descubierto, al final tragando saliva y ocultando mi erección, desabroché su pantalón de mezclilla y haciendo unas maniobras propias de un circo pude quitárselo, no sin antes dejar su ropa interior a medio bajar, por los jaloneos.

Una sexy pelambrera púbica quedó al descubierto cuando sus cachondísima y muy masculina trusa negra quedó a medio bajar.

Sergio dormitaba profundamente y yo acercándome lentamente a él comencé a acariciar su peludo pecho sintiendo la tibieza de su piel.

Rocé mis labios gentilmente por todo el vello de su cuerpo, sintiendo su aspereza, su suave tacto, y su aroma de hombre de campo.

Lo besé tiernamente en el cuello, pasando mi lengua a lo ancho y largo de su peludo pecho, le acariciaba suavemente sus genitales por encima de la trusa y podía sentir la calidez de sus gordos testículos, su verga comenzaba a despertar y cuando pude darme cuenta ya estaba mas dura que el acero, asomándose cachondamente fuera de su ropa interior.

Sergio me tomó con una de sus manos mi nuca y mi cabeza bajando suavemente hacia su ombligo, todo parecía indicar que mi maduro profesor deseaba una mamada a su verga.

Cuando estuve a tan sólo unos centímetros de su grueso pene, un aroma a macho caliente me inundó los sentidos, lo primero que hice fue saborear la piel de su peludo escroto con la punta de mi lengua, pasándola una y otra y otra vez por sus gordas pelotas y con una mano meneando suavemente su gruesísima verga erecta, y pude sentir con la punta de mis dedos el viscoso líquido pre seminal que babeaba abundante.

Sergio gemía calladamente de una manera tan masculina que pensé que yo mismo tendría un orgasmo, siempre me ha dado placer al darle placer a otros.

-mmmm ¡así mi vida!- jadeaba frenético en un paroxismo de placer, y mis errantes lengüetazos se volvieron mas y más agresivos por todo su escroto su verga y el camino que llevaba a la raja peluda de entre sus nalgas.

Sergio mordía la almohada y relamía su bícep derecho como queriendo besar a alguien en un total estado de excitación y movía sus caderas de arriba abajo como imitando una ruda penetración, yo por mi parte succionaba con toda mi alma su ensalivada verga.

Sobaba sus gordas pelotas y las lamía en su totalidad y luego volvía a su mojada verga y la mamaba con todas mis ganas saboreando el rico palo de carne.

Cuando Sergio anunció su venida me tomó por completo de sorpresa, pensé que todavía se tardaría un poco más y apenas estaba sacando mi propia verga de su encierro para poder masturbarme, cuando fuertes trallazos de leche blanca, espesa y ardiente, cayeron directamente en lo más profundo de mi garganta, aquél néctar divino sabía al mejor manjar del mundo, me devoré como loco su espesa leche cremosa y salada, y cuando mi maduro amante por fin terminó de venirse, yo aún continué un poco mas lamiendo y relamiendo su vibrante masculinidad peluda, limpiando cualquier resto de su pastoso semen.

Después de esto Sergio quedó completamente dormido, relajado hasta el último de sus fuertes músculos, se desvaneció inconsciente con los brazos y piernas abiertas en su cama matrimonial.

Yo me desnudé por completo y terminé de masturbarme con el sabor fuerte de su semen aún en mi boca, limpié la mancha y quise recostarme en su peludo pecho y dormité unos momentos, y esa primera sensación de su cuerpo peludo acariciado por mis manos, se quedó como una fotografía en el baúl de mis recuerdos.

Algo me despertó de pronto e incorporándome me percaté que Sergio aún dormía plácidamente, vi el reloj el cual marcaba las 5:36 de la mañana y luego de levantarme, encendí la pantalla de su computadora, para poder mandar un e-mail a mi hermano que lo checaba muy temprano en la mañana e informarle que me había quedado en casa de un amigo a dormir, para que pudiera avisarle a mis padres y estos no se preocuparan.

Pero antes, algo llamó mi atención era una carpeta llena con fotografías de culos de hombres de todo tipo: peludos y lampiños, rasurados, fuertes, musculosos, delgados, gordos y blancos.

Mis ojos no daban crédito a lo que veía, ¡Sergio tenía un fetiche por culos de hombres! Y luego de la espectacular mamada que me dejó regalarle, de pronto y para mi enorme alegría puse en duda su sexualidad.

Mandé el correo, apague la pantalla y regresé a la cama y abracé nuevamente al motivo de mis desvelos y fantasías.

Cuando sonó el teléfono al otro día, el sonido me despertó bruscamente y cuando busqué mi reloj para ver la hora, no podía creer que eran ¡las 7 de la noche! Me levanté asustado y vi que Sergio ya no estaba a mi lado, me vestí rápidamente y me dirigí al baño, luego me lo llamé por toda la casa y lo vi cómodamente sentado en la sala sin camisa y con unas largas bermudas viendo un partido de fútbol.

-Hola- atiné a decir aliviado de verlo en la casa, -hola- me respondió a secas posando brevemente su mirada en mis ojos, y al instante siguiente volviendo a dirigirla hacia la televisión.

-Se hizo tarde ¿eh?- volví a dirigirle la palabra, -si- contestó nuevamente sin ahondar en otros temas, -será mejor que te lleve a tu casa, tendrás cosas que hacer ¿no? ¿quieres darte un baño antes?- me preguntó por fin con una gran naturalidad.

Titubeé un torpe si, y me dirigí a su baño y me duché pensando en que decirle, si tal vez no recordaba nada de lo que habíamos hecho la noche anterior, o si estaba confundido, cuando estuve listo y totalmente limpio me presenté de nuevo ante él y ahora Sergio llevaba una camisa sin mangas de color negro dejando ver su hermosa alfombra peluda sobre su pecho y unos shorts del mismo color que contrastaban con su hermosa piel de leche.

-¿Nos vamos?- me preguntó impaciente, -si, vamos que es tarde- le dije abriendo la puerta de su casa y dirigiéndome al exterior.

La noche era estrellada y la luna se asomaba menguante de entre las nubes grises, que comenzaban a formarse, y me percaté de un halo de humedad, cuando el suave olor a tierra mojada halagaba mi sentido del olfato.

Nos subimos al auto sin hablar palabra alguna, y su silencio me estaba matando así que por fin me animé a decir:

-¿Sergio, te acuerdas de algo de lo que paso anoche? ¿qué opinas sobre eso?.... ¿recuerdas algo?.... mmmm ¿lo que sea?....contéstame por favor.

Sergio seguía manejando en silencio y cuando paró en un semáforo, no aguanté mas e inclinándome a su asiento lo besé tierna y tímidamente, él sin siquiera inmutarse con su mirada perdida y su boca cerrada no me apartó, sino que avivando mi desesperación dejó que lo besara, y de pronto comenzó a corresponderme cerrando sus ojos y me quitó el aliento con un beso profundo, apasionado y tan lleno de su alma.

Y casi al instante siguiente me apartó diciéndome que esto no estaba bien y que la noche anterior había tomado demasiado.

Continuó la marcha hacia mi casa y cuando llegamos a la puerta le dije que me diera otro beso que ya no podía vivir sin él y comencé a besar su cuello con desesperación chupándole levemente su masculina piel y con otra mano metiéndola por su playera sin mangas acariciando suavemente su velludo pecho.

Él jadeando de placer, se dejaba hacer y yo aprovechando la situación desabroche su short y al tocar por encima de su trusa mi corazón palpitó muy agitado al comprobar que tenía una hermosa y potente erección.

En eso me tomó con sus fuertes brazos por debajo de los míos e hizo sentarme encima de él, besándonos apasionadamente como si el mañana fuera un mito de leyenda.

Me quitó la playera y al descubrir mis rosados pezones los mordió fuertemente y luego los lamió delicadamente como reparando el castigo de sus dientes.

Siguió lamiendo mi cuello y pezones de una manera que me hacía gemir calladamente de placer, la calle enfrente de mi casa estaba oscura y vacía y eso nos daba abrigo y el escondite perfecto.

En un hábil movimiento nos cambió al lugar del copiloto y haciéndome subir al tablero, me sentó en él e hizo que me recargara sobre mis codos y desabrochó mi pantalón bajándolo con todo y trusa hasta mis tobillos y elevando mis piernas tomándolas por las pantorrillas mi rosado ojete quedó a escasos centímetros de su cara.

Él dándome una mirada lujuriosa por unos segundos, sacó la lengua y la posó directamente en mi palpitante hoyo rosadito y lampiño, sus lengüetazos iban en aumento y mi agujerito quedaba húmedo y más abierto cada vez, yo en estos momentos gemía como loco y arañaba el tablero, el toldo y todo lo que se me pusiera enfrente, estaba en el limbo del placer.

Con una mano mantenía elevadas mis dos piernas y con la otra se jalaba el tronco de su verga furiosamente mientras que su lengua hurgaba mas y más profundo la más secreta intimidad de mi agujero.

En eso me bajó a su regazo nuevamente y por unos segundos sentí la enorme cabeza de su gordo rabo tratando de penetrar mi culo y cuando siento que la punta de su gran cabeza entra borrando los pliegues de mi ano penetrándolo, Sergio mete su lengua en mi boca y por unos instantes sentí el sabor de mi propia raja del culo todavía presente en sus labios.

Y así sin más habiéndome penetrado con solo la cabeza de su verga Sergio me apartó de pronto y me hizo a un lado, y vistiéndose me dijo que me bajara del carro.

Yo confundidísimo me vestí rápidamente y saliendo por la puerta del copiloto Sergio se acercó a la puerta del volante donde me había quedado y la abrió, esperando que yo saliera y cuando lo hice rocé con mi boca delicadamente su cuello, Sergio se estremeció levemente y tomando el volante arrancó inesperadamente su auto, dejándome confundido, solitario en medio de la calle y caliente.

Su extraña actitud había dejado mi mente nublada y confundida, no sabía que hacer y espere unos instantes antes de darme cuenta que tenía un leve ardor en mi culo, que comenzaba a llover, que no sabía que podía oír los latidos de mi propio corazón, y que todos los pensamientos contradictorios de furia llegaban demasiado tarde porque estaba perdida e irrevocablemente enamorado de él.

“esta mañana ya no es igual, hoy no soporto sin ti despertar, duele mi miedo, tu indecisión, duelen las horas sin tu amor....pídeme tiempo para pensar, pero no; no te alejes.”

“atrévete a quedarte conmigo, yo te aseguro que soy tu destino....¡quédate conmigo!”

Eran las palabras de la canción “Quédate conmigo” de Janette Chao, las que me hacían abrir los ojos a la mañana siguiente después de un sueño profundo, provenientes del despertador de mi estéreo y concordaban exactamente con el estado caótico en el que se encontraba mi mente.

Me percaté sorprendido que una gran mancha de semen seca estaba en mi ropa interior, y recordando el sueño más hermoso que he tenido con Sergio, en el cual ataviado de una playera negra ajustada y jeans azules, llegaba por mí en una espectacular motocicleta nueva, y me hacía manejar su vehículo pegado a mis nalgas y sintiendo el palpitante bulto de su verga contra éstas, me hacía venir de una manera deliciosa.

Creo que mi cuerpo reaccionó a la gran calentura que mi maduro profesor había dejado en mi al no completar la relación sexual, dejando mi cuerpo y mis ganas bramando de deseo.

Toda el día de ese domingo me la pasé pensando en él, y el tiempo alternaba en secuencias de rapidez y lentitud, haciéndome perder la concentración de la tarea que debía entregar la mañana siguiente.

Al otro día al terminar las clases me decidí a enfrentarlo, venía caminando por un solitario pasillo, y al verme parado en el aula vacía pasó de largo sin saludarme y yo decidido le hable: -¡sé que sientes algo por mí! Ayer lo sentí en ese beso que me diste, ¿por qué te empeñas en negar tu sexualidad? ¿por qué la reprimes?- Sergio se detuvo en seco y continuó dándome la espalda por unos instantes.

Se volvió hacia mí y furioso me tomó de una de mis muñecas y sujetándome fuertemente me dijo: -¡porque esto no esta bien! ¡soy tu profesor, cabrón! ¡con una chingada! ¿no puedes simplemente dejar las cosas así? ¡me puedes meter en muchos problemas!-

-¿eso es todo lo que te importa? ¿los problemas que puedas tener? ¿y por eso vas a reprimirte? El sábado correspondiste a mis besos de una manera tan sincera que supe en ese momento que nunca te he sido indiferente ¡que también me deseas!-

-te recuerdo que soy mayor de edad, que nadie se tiene que enterar de esto, que tal vez podamos llegar a... – me frenó en ese momento mis palabras y de pronto me dijo:

-¿llegar a que? No sueñes niño, esto fue un error y no volverá a repetirse, ¡nunca pasó! ¿ok? Ahora déjame tranquilo y sigamos con la relación alumno-profesor como si nada ¿de acuerdo?- me dijo en un tono tan sincero y firme que reprimió la salida de una de mis lagrimas.

-¿De acuerdo?- insistió ahora de una manera más serena, con una angustia reflejada en su guapo rostro- de acuerdo- le contesté dándome la media vuelta y regresando a mi aula escuché sus pasos alejarse.

Pasaron los días y las semanas y Sergio llegaba a su clase y la impartía como si nada, pero de vez en vez cuando nos dictaba algún tema y yo agachaba la cabeza para transcribir sus palabras en mi laptop sentía su mirada taladrándome el alma.

Una tarde mientras escuchaba “Me cuesta tanto olvidarte” del grupo Mecano, en mi computadora, súbitamente recordé a mi alias olvidado “Gaby” y a la cuenta de Hotmail que creé con el propósito de enamorar a mi profesor, y cuando ingresé, mi sorpresa sería enorme al descubrir varios correos de Sergio sin leer.

Los abrí uno a uno rápidamente en el orden en el que llegaron y los devoré ansioso, y mi corazón latió fuertemente al leer en el último correo que extrañaba chatear conmigo y que cuando viera esto me conectara, ya que tenía que contarme algunas cosas de su vida y no sabía con quién desahogarse.

Esa noche me conecté usando el alias de “Gaby” y al poco rato lo hizo también mi amado profesor de Física.

La plática comenzó con los típicos ¿cómo estas? y te extrañe mucho, cuando Sergio se puso serio y me dijo que ojalá no me decepcionara por lo que iba a contarme, pero que había tenido un encuentro sexual con un chico 15 años menor que él, que se sentía confundido, que le costaba tanto decirme esto, pero que era una experiencia que lo había marcado.

Yo me quedé atónito a lo que estaban leyendo mis ojos, ¡mi corazón sentía que después de todo tal vez tendría una oportunidad con él! Y haciendo uso de mis mejores consejos psicológicos que mis 19 años podían permitirme hacer, lo escuché pacientemente, lo dejé desahogarse y por fin le dije que, si bien me sorprendía en gran manera, no era yo “la indicada” para juzgarlo y que lo mejor que podía hacer era hablar con “el chico” y hacer un esfuerzo por sincerarse con él mismo y definir su situación, a nadie le gustan las “ambigüedades”

Sergio siguió la platica, y se serenaba y sinceraba mas con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

Ella por supuesto no lo perdonó, y lo abandonó hace años, y que ya siendo soltero no se animó nunca a volver a tener nada con otro hombre hasta que conoció a mi “tocayo” Gabriel.

También le contó que recientemente salía con una mujer llamada Lila, y que no sabía porqué diablos trataba de enmendar su camino con ella, si sabía perfectamente que aunque le atraía sexualmente también lo hacían los hombres y que no podía soportar el hecho de que estaría muy tentado a engañarla con alguno si su relación se formalizaba, así que había decidido hablar con ella y terminar su romance.

Yo comportándome como “una buena amiga” lo dejé hablar por horas hasta que las 4 de la mañana nos sorprendieron y al despedirnos nos fuimos a dormir, yo con una enorme sonrisa en mi rostro.

El final del ciclo escolar al igual que mi cumpleaños se acercaban, y decidí organizar con unos amigos una fiesta para celebrar mi onomástico y el final de cursos.

Dos días antes de que finalizara el semestre, llegué al escritorio donde estaba Sergio sentado revisando unos exámenes y sin decirle nada le dejé una invitación para ese fin de semana con motivo de mi fiesta, él sorprendido la tomó en sus manos y yo con una sonrisa le dije que esperaba que fuera y salí del salón.

Junto con unos buenos amigos organizamos mi fiesta en casa de uno de ellos y ese día ultimando detalles, inflábamos globos y acomodábamos los snacks en las mesas.

“Give it to me” de Madonna retumbaba en toda la casa, cuando los invitados comenzaban a llegar.

Sinceramente jamás imaginé que Sergio fuera a ir a mi fiesta, una cosa era lo que le había contado a “Gaby” y otra muy diferente que algún día se animara a hacerlo, así que traté de divertirme sin la sombra de su recuerdo por una noche.

Y de pronto cruzando la puerta del jardín llegó corriendo con un regalo en sus manos y usándolo como protección para los aspersores de agua que en ese momento se encendieron mojándolo suavemente.

La escena la viví como en cámara lenta, viendo la totalidad de este hombre representando para mi la perfección masculina.

Sonriendo llegó apenas mojado y riendo ambos nerviosos sin saber que decir, tan sólo atinó a regalarme el mas increíble de los abrazos, enloqueciendo mis sentidos, y atesorando ese bello momento hasta el final de mis días.

Y así como así, le gente iba y venía al ritmo eterno de la música, los tragos, las risas y cuando Sergio me regaló la mas hermosa de las sonrisas desde la mesa de bocadillos donde platicaba con unos alumnos, pensé que la vida no podía ser mejor, viví uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

Estaba a punto de ir a su lado y tal vez poder platicar sobre nosotros cuando la presión de una fuerte mano contra mi boca y otra contra mi cuello sujetándome, hizo desorbitar mis ojos de miedo, cuando comenzó a empujarme hacia un cuarto alejado del resto de la casa y un atemorizante shhhhh me indicaba que esto no era una broma...

Ocurrió poco después de cumplir los 11 años, mis padres debieron descuidarse y no se percataron cuando resbalé y caí en la parte profunda de una alberca en ese balneario de la ciudad de Monterrey, al que habíamos ido de vacaciones.

Recuerdo estar sumergido y tocar el fondo con mis pies y tratando inútilmente de aferrarme a algo que pudiera sacarme a flote, cuando de pronto unos brazos cálidos me sujetaron fuertemente y me jalaron hacia ellos, y al sacarme a la superficie, mis pulmones inhalaron abruptamente el aire que se les había negado, confortando súbitamente mi atormentada alma.

Debieron pasar tan solo unos segundos, pero me pareció una eternidad, mi entera y corta vida pasaron ante mis ojos por unos segundos, y cuando alcé la mirada lo primero con lo que me topé fue con la sonrisa y los ojos alegres de un guapo joven de veintitantos años con un pequeño lunar debajo de uno de sus ojos.

Cuando me incorporé al lado de la piscina donde este joven me había res**tado, no pude evitar contemplar absorto la fina capa de vello que su incipiente juventud le regalaba en el pecho a este bello ejemplar masculino.

Y casi inmediatamente descubrí en ese momento que yo no era un chico como cualquier otro....yo era....bueno, diferente.

Mi madre corrió en llanto a abrazarme, haciendo que una pila de gente se amontonara curiosa alrededor nuestro, y mi padre le daba las gracias a este taciturno pero bello joven que me había res**tado.

Al poco rato y en motivo de agradecimiento, mis padres invitaron a comer a este chico en un puesto de comida rápida del balneario, y por insistencia de mi madre al terminar la comida, le pidió al joven dejarse retratar con ellos y conmigo en uno de los puestos de recuerdos que había en el lugar, mi progenitora mandó hacer dos copias y le entregó una de las fotos al joven, enmarcada en un cursi llavero con forma de corazón.

Creo que fue el momento más embarazoso de mi vida.

Es curioso las cosas que vienen a tu mente en momentos de crisis, y éste sin duda era uno de ellos, porque no podía sentir mis manos del frío que me rodeaba, y mis pies comenzaron a entumirse y sólo unos segundos antes de perder la conciencia y dejar de luchar, los brazos que me sacaron de aquella piscina, parecían ser los mismos que ahora me sacaban del auto inundado, y esa blanca e intensa luz se encendió de pronto....

-¡Enciende la luz Saúl!- le gritó el hombre que me tenía amagado con su mano sobre mi boca y con su otra mano sobre mi pecho presionándolo, a otro chico que se encontraba en una alejada recámara de la casa donde festejaba mi cumpleaños.

Y cuando esa intensa luz se encendió obligándome a entrecerrar por un momento mis ojos, pude girar la cabeza un poco y darme cuenta que el tipo que me sujetaba era Luis, mi celoso ex – amante.

Luis me empujó frente a la cama donde se encontraba su amigo Saúl semidesnudo, y éste me sujetó rápidamente de nuevo, mientras Luis comenzaba a desnudarse.

-Sé lo que intentan hacer, pero no creo que su plan les funcione, ¡estamos en la casa de Gera, mi mejor amigo! ¿en verdad creen que me van a obligar a tener sexo con ustedes en la casa de mi mejor amigo sin que él se entere y venga a ayudarme?- les dije con un aire retador muy seguro de mis palabras.

-Es que nadie piensa obligarte a tener nada que tu no quieras putito, sé que te encanta mi verga- respondió Luis sacándose su erecto y peludo miembro del pantalón.

E inmediatamente su amigo acercó una botellita de Poppers a mi nariz, haciendo que un inusual y rápido efecto se apoderara de mí, poniéndome muy caliente.

Me hizo inclinarme ante él y acercó mi cabeza con una de sus manos a su entrepierna y un aroma a macho sudado penetró mi olfato, Luis era testosterona pura.

Alcancé a sacar mi lengua y lamí un peludo y gordo testículo y Luis dejó escapar un fuerte gemido de placer.

Mi lengua recorría golosa aquellos dos gordos y peludos testículos cuando de pronto la puerta se abrió.

-¿Qué hacen aquí?- preguntó Gera mi mejor amigo, al darse cuenta que mis agresores se vestían rápidamente.

Yo intenté incorporarme pero resbalé y Gerardo me tomó por los brazos ayudándome a ponerme de pie.

Mi amigo al comprender la escena de pronto les dijo: -Ustedes no tienen invitación Cabrones, ¡lárguense de aquí o le hablo a la policía!-

Los dos tipos ya listos salieron por la puerta, pero antes Luis se detuvo y me dijo, que esto todavía no acababa, que ya me las arreglaría con él mas tarde, a final de cuentas no estaría por siempre en la casa“del mariquitas” de mi amigo.

Y al final Luis espetó: -no te hagas el que no te gusta pinche putito, mi verga te fascina, ya nos veremos después-

Gera intentó preguntarme que había pasado pero sin dejarlo hablar tan solo pregunté: -Sergio, ¿dónde esta Sergio?- mmm está en el jardín platicando con los del salón, ¿quieres que....?- no alcanzó a terminar su frase, cuando yo saliendo por la puerta, me dirigí a buscar desesperado al dueño de mis desvelos.

Me acicalé un poco en el baño y después lo llamé al salir al jardín.

Él percatándose de mi presencia, al salir por la puerta trasera, me sonrió tímidamente, pero aún siendo indiferente y estoica su sonrisa, hizo entibiecer mi interior, y un hondo suspiro salió de lo profundo de mi garganta.

Estaba a punto de hablar pero mi profesor me interrumpió: -¡Felicidades Gabrielito! ¡muchos días de estos!- terminó de decirme dándome un fuerte y cálido abrazo.

Algo en su abrazo me intrigó, no era el Sergio de antes, sin embargo tampoco era diferente.
Y en ese momento mi mente divagó pensando que mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

-este.... mmm...yo quiero decirte que....

Ambos estábamos ansiosos y nerviosos, y Sergio notando que yo tenía menos vulnerabilidad que él ante la adversidad de poder enfrentar el declararme Gay abiertamente, él aún no sinceraba sus sentimientos, así que interrumpiéndome secamente mi amado profesor me dijo: -¿Quieres ir a montar en bicicleta mañana?-

-Claro- contesté cambiando mi sonrisa a una serena y llena de alegría.

La fiesta siguió su curso normal llena de risas tímidas y secretas, señales recíprocas de ternura y miradas que lo decían todo, y por un momento olvidé el mal rato que me había hecho pasar Luis y su amigo Saúl, o eso trataba de convencerme a mí mismo....¿en realidad ya no deseaba a Luis y su masculina presencia? El haber saboreado el aroma intimo de las peludas bolas de Luis me decía otra cosa.

Al día siguiente con un cielo nublado y melancólico sobre nuestras cabezas, Sergio y yo emprendimos la marcha hacia las llanas praderas que conducen a la cuenca de un río, para ejercitarnos un poco en bicicleta y admirar el bello paisaje.

Ninguno de los dos quería tocar el esquivo tema que ambos sabíamos tendríamos que hablar tarde o temprano, y el camino de terracería, plantas y pequeños a****les salvajes eran testigos de nuestro silencio.

Por fin el hielo se rompió gracias a una pequeña piedra que no vi y me hizo caer de la bicicleta de montaña, provocando unos raspones sin importancia, pero un gran hoyo en la parte trasera de mi licra de ejercicio, y cuando me levanté dándole la espalda a Sergio éste rió al darse cuenta que debajo de la descosida tela no traía ropa interior, así que lo primero que vio fue la raja de mi culo en todo su esplendor.

-ja-ja-ja ¿no usas ropa interior, o sólo querías provocarme?- Sergio rió de buena gana al comprobar que estaba yo desnudo bajo la delgada capa de tela de la licra.

Yo ruborizándome no le di importancia al suceso subiéndome de nuevo a la bicicleta, y me di cuenta que por primera vez y sin tener la mínima intención de provocar a un hombre, me había apenado de enseñar mi bien formado trasero y la raja de en medio.

El camino se hizo entonces placentero, delicioso y tremendamente disfrutable, y yo gozaba y reía plenamente de cada comentario o chiste de Sergio y sentía que un hermoso vínculo amenazaba en formarse.

Y entonces venida de lejos, anunciando a la pradera su refrescante caricia, la lluvia bajó suavemente hacia nosotros, y aumentando su potencia, nos obligó a refugiarnos bajo las protectoras y verdes ramas de un hermoso y antiguo árbol.

Un fuerte e impetuoso viento nos golpeó proveniente del norte, el frondoso árbol no era suficiente abrigo para enfrentar el violento temporal, así que Sergio me abrazó fuertemente y al sentir la calidez de su cuerpo, el vacilante dejo de su masculina loción y el roce de su delicioso aliento sobre mi cuello, me sentí libre, protegido, y lleno de un intenso afecto que emanaba de cada fragmento enamorado de mi piel.

Y así como llegó, el temporal comenzó a amainar repentinamente, y al descubrir que el peligro había pasado, ambos quedamos sorprendidos, por un extraño y reconfortante sentimiento que impedía que nos separáramos.

Sergio me miró a los ojos alejando su varonil rostro del mío y me dijo suavemente en medio de la serena y verde pradera, y el taciturno cielo triste y gris:

-Es algo indescriptible, pero siento que ya nos conocíamos de otra vida o... algún otro lugar, y no quiero que esta paz y ternura que brindas a mi alma desaparezca nunca-

-Tienes una sonrisa que me recuerda memorias de mi infancia, donde todo era brillante como el mas azul de los cielos, y desde que te conocí y miré tus ojos por primera vez, me recordaron a mi mejor amigo de cuando tenía 12 años y corríamos a ese lugar especial, una ranura en el tronco de un árbol enorme, donde solíamos escondernos y protegernos en días malos como éste, o cuando nuestros padres nos reprendían y huíamos de casa-

-Él era menor que yo, y sus padres lo trataban muy mal, yo sólo quería protegerlo....como sólo quiero protegerte a ti...esa necesidad me trasmites, y yo...yo quiero hacerlo, quiero que....me dejes cuidarte, o tan sólo...déjame estar contigo, por favor bonito...-

Sus hermosas palabras hicieron delirar con un fuerte temblor hasta el mas recóndito de mis huesos, y mis ojos se humedecieron de una inmensa felicidad, mi corazón desbordaba amor, un fuerte, grande y sincero amor.

Volvimos a abrazarnos pero ambos sabíamos que al soltarnos, no volveríamos a ser los mismos nunca más.

La lluvia comenzó a tomar fuerza nuevamente, y decidimos jugárnosla y correr hasta la carretera, tomando nuestras bicicletas con una mano y con la otra cubriéndonos con unas ramas secas nuestras cabezas.

Era muy peligroso montarnos en las bicicletas y pedalear hasta la ciudad, así que protegiéndonos bajo otro árbol que estaba al lado de la carretera, hacíamos la señal de “aventón” a cada auto que pasaba, con la esperanza de que pudieran llevarnos de regreso.

Luego de varios intentos por fin una camioneta grande de dos cabinas y con la parte trasera llena de cosas como bicicletas, kayaks, remos, casas de campaña y artículos de cocina se detuvo y el conductor un joven como de veintitantos años, se ofreció a llevarnos.

Sergio y yo subimos nuestras bicicletas en la parte trasera de la camioneta haciéndoles espacio entre tantas cosas, y al intentar subirnos en los asientos traseros de la camioneta descubrimos que había muchísimas cosas mas, dejando libre tan sólo un asiento, por lo que tuve que sentarme y viajar encima de las piernas de Sergio.

En la cabina había dos chicos jóvenes, más el conductor, que según nos dijeron venían recorriendo México, acampando en cada bonito lugar que encontraban, estaban algo amontonados, pero muy alegres, y al quedar claro el lugar donde nos bajaríamos, que estaba a mas de una hora de distancia (y por el temporal, sería un poco mas largo) los chicos volvieron a subir el volumen de su música y a ocuparse de sus asuntos.

De pronto siento los dedos de Sergio acariciando suavemente la raja de mi desnudo culo a través del agujero que tenía en mis shorts de ejercicio, arrancándome un leve suspiro y haciendo apretar mis dientes.

Continuó disimuladamente masajeando mi culo, hasta ir cada vez más adentro, deteniéndose solo para ensalivar discretamente sus dedos, y vigilando que los chicos siguieran en su rollo.

La parte trasera de la camioneta estaba algo oscura y las cosas que teníamos al lado por montones ayudaban a darnos refugio para el excitante encuentro sexual que Sergio y yo íbamos a vivir por primera vez.

En un hábil movimiento Sergio bajo su licra hasta los tobillos y pude sentir la tibieza de su gruesa verga palpitar dura como piedra por entre mis desnudas nalgas.

Pude sentir también la maraña de necios y abundantes pelos negros de su pubis que cosquilleaban en mi trasero.

Sergio frotaba callada y disimuladamente su verga por mi raja, fingiendo mirar distraído por la ventanilla, y yo haciendo mi parte vigilaba que los chicos no se dieran cuenta de nuestras acrobacias sexuales.

Mi maduro amante encontró una botellita de aceite para bebé entre las cosas de los vacacionistas, y humedeció su palpitante y peludo pene erecto.

Se inclinó suavemente en mi oreja derecha y susurró apenas con un sonido perceptible:

-¿Quieres que te la meta aquí delante de estos chavos bebé?- mi respuesta fue un callado gemido que traducido del idioma del deseo, podría interpretarse como un sonoro y desesperado ¡sí!

Sentí la punta de sus dedos lubricar con el aceite de bebé mi culo, e introduciéndolos uno por uno me hacía casi llorar de placer, un muy reprimido gemido anunció de pronto la punta de su gruesa cabeza penetrar mi dilatado culo.

-¿todo bien, chavos? Ya falta poco más de media hora para llegar- preguntó girando la cabeza uno de los chicos que venían en la cabina, y yo ahogando un fuerte gemido, con mi cara roja y mi mirada perdida, contesté un tímido “si, gracias”, y volviendo a girar su cabeza a su lugar el joven regresó a su música con sus amigos, sin imaginarse que yo estaba totalmente penetrado por la gruesa verga de mi maduro compañero.

Con cada rebote por una piedra o un tope del camino, la verga de Sergio se hundía cada vez más en mi atormentado culo, y mi amante ayudaba a esto con sus suaves pero firmes movimientos de pelvis que me tenían en la gloria.

Sergio gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche.

Mi amante se había transformado en una fiera salvaje, que solo vociferaba palabras cachondas y un sin número de ¿te gusta nene? ¿te gusta mi vergota en tu culo verdad? Y yo solo podía disimular cuanto podía, ya que el nerviosismo de ser descubiertos me tenía algo preocupado, pero totalmente caliente.

-uh ¿hace calor no chicos?- preguntó Sergio de pronto a nuestros compañeros, quitándose la camisa y dejar al descubierto el rebele vello de su masculino pecho.

-si, es por el bochorno de la lluvia- contestó uno de ellos con cara de interrogación.

Ahora Sergio estaba totalmente desnudo en la parte de atrás, y recargando uno de sus brazos por encima del asiento, pude sentir el aroma masculino de su axila transpirada.

Los vellos de su pecho me hacían cosquillas en mi espalda desnuda, ya que Sergio también disimuladamente me había levantado la parte trasera de mi playera, y su verga erecta no perdía un ápice de dureza, mientras seguía taladrando mi culo, y el poseedor de semejante herramienta para coger, miraba distraído por la ventana, como si nada estuviera sucediendo.

Los chicos se detuvieron en un mini súper a comprar bebidas y nos preguntaron que si queríamos algo, a lo cual contestamos que no, y bajando ellos tres de la camioneta, estoy seguro que se extrañaron de que no hubiéramos querido bajar y estirar las piernas, viendo que también estábamos “misteriosamente” llenos de sudor.

En cuanto se bajaron de la camioneta, y aprovechando que la lluvia seguía cubriendo nuestra excitante sesión sexual en medio de extraños, Sergio giró mi cabeza y me besó apasionadamente al tiempo que con sus manos abría más mis piernas y aceleraba sus movimientos.

Yo echando mi cuerpo y mi cabeza hacia atrás del asiento, comencé a tener un orgasmo, y mi semen escapaba filtrándose a través de la delgada tela de mi licra, y en ese momento mi maduro amante, vació toda su leche en mi interior con un fuerte y gutural gemido, al tiempo que mordía ferozmente mi cuello, dejándome la marca de sus dientes.

Estábamos respirando agitadamente, cuando los chicos regresaron riendo, y pararon en seco sus risas, al comprobar que un olor a sexo estaba en el ambiente y viendo nuestros rostros ruborizados y sudorosos, hicieron el esfuerzo por continuar como si nada, no sin antes percatarme de que uno de ellos le decía a otro cosas en secreto.

Llevábamos poco de estar nuevamente viajando en carretera cuando siento que la verga de Sergio perdía dureza y se encogía, saliendo de mi adolorido culo que comenzaba a estrecharse de nuevo.

Luego de esto Sergio me pidió secretamente que me levantara un poco para subirse de nuevo el short de licra y regresamos a la normalidad, pero ahora reíamos en secreto de nuestra desquiciada y excitante aventura sexual que habíamos compartido.

Al llegar a nuestro destino, Sergio fue el primero en bajar y yo esperé unos segundos para que se pusiera de nuevo la playera y al ir Checo a la parte trasera de la camioneta a buscar nuestras bicicletas, uno de los chicos se volteó hacia mi desde su asiento y me dijo antes de que yo bajara:

-¡que palote se aventaron! ¿eh cabrones?, me tenían con la verga dura como de piedra y ¡tuve que jalármela y vaciarme en el baño del mini súper!-

y en eso el chico de al lado lo besó sensualmente y me dieron su tarjeta, despidiéndose y diciéndome que les encantaría que algún día los acompañáramos de campamento.

Yo salí con la tarjeta de la camioneta en shock, y cuando arrancaron, le conté todo a Sergio y éste sin más se echó a carcajadas como un chico de secundaria.

Esa noche Sergio me invitó a quedarme en su casa, y pasamos la noche juntos y abrazados después de haber hecho el amor 2 veces más, una en el baño y la otra sobre la alfombra de su sala.

La suave y fresca brisa, arrulló mi mente, sintiendo la suave fragancia que emanaba del velludo y cálido cuerpo de mi amante que se confundía y mezclaba con el nostálgico aroma a tierra mojada.

Poco después me enteré de que mis padres se iban un mes entero a visitar una tía hermana de mi madre que estaba en el Paso Texas, por lo que me quedaría solo en casa, y Sergio se le ocurrió que podría pasar ese tiempo viviendo en su casa, así que tomé mudas de ropa y mi lap top y me instalé feliz en la residencia de mi amado novio.

Pasamos un verano de lujo, visitando antros, fiestas y reuniones con amigos, comimos del deseo que provocaban nuestros cuerpos desnudos en las noches calurosas y bebimos de la alegría de nuestros corazones recién comprometidos.

La noche de ese viernes, el fin de semana anterior al re-inicio de clases y después de hacer violenta y apasionadamente el amor, Sergio se pasó largo rato acariciando mi desnudez y yo dormido sobre casi todo su cuerpo, me sentía en el paraíso.

Sentí que se incorporó después de un rato al baño, y luego de eso me quedé profundamente dormido, no abrí los ojos sino hasta la mañana siguiente.

Lo primero que recuerdo al abrir mis ojos fue una nota amarilla pegada al monitor de mi computadora, mi somnolencia fue desapareciendo al ir descubriendo señales de que Sergio se había ido para siempre: su closet vacío sin ninguna maleta, su celular apagado y en la cocina el refrigerador sin alimento alguno.

Regresé a la recámara y al leer sus palabras dejadas en esa nota, mi respiración se volvió agitada y mi vista amenazó con nublarse, mi cabeza estallaba en una fuerte migraña de la cual deseaba no salir jamás...

Mi vida fue otra luego de tu cuerpo, tu piel solía hacerme llorar, lloraba en secreto la pena ardiente de mi ambigua existencia.

Nunca quise esto, nunca lo quise para mí, nunca supe resguardarme de tu viento, tu energía, tu alegría me atrapaban....solo quería beberme la espontaneidad de tu alma.

La ruta que va a tu cuerpo se apagó...¿cómo pudiste hacerme esto? Al principio...no entendía lo que estaba viendo, ¿cómo pudiste hacerte pasar por Gaby y engañarme todo este tiempo? Yo creí en ti, disculpa no fue mi intención husmear en tu lap top, no sé que decir....

Espero que entiendas lo difícil que todo esto ha sido para mí, no fue fácil aceptar, esto que me devoraba las entrañas.

No tiene caso decírtelo porque ya lo sabías ¿no es así? “Gaby” debió contártelo, mi ex esposa descubrió mis verdaderas inclinaciones, no pude salvar mi matrimonio.

Luego de eso viniste tú, una fuerza inexplicable me avisó que eras mi destino, pero ahora....

Tu... no, ¡nunca quise esto! Pero yo confíe en ti...no me busques por favor, es muy duro, solo fui tu juguete, no puedo confiar más en ti.
Viniste, trajiste la calma y encendiste mi cuerpo, fuiste matando poco a poco lo muerto, me hubiera gustado ser...tu última memoria terrenal, pero hoy te desconozco, no quiero volver a verte, aléjate de mí Gabriel, yo sabré encontrar mi camino, aunque para ti puede ser muy tarde.
Sergio D.
No necesito describir, cómo estas punzantes palabras, hirieron haciendo jirones mi destrozado corazón.

Quise salir corriendo a buscarlo, pero no sabía a dónde, y mis lágrimas humedecieron con manchas oscuras la nota, desbaratando sus calcinantes palabras.

Fue el peor fin de semana que jamás haya vivido nunca.

El lunes el director de carrera me informó que debido a un imprevisto, Sergio se había regresado a su ciudad natal, Monterrey, y que ya estaban buscando sustituto.

En ese momento, corrí al centro de cómputo y de inmediato tecleé un correo electrónico a mi amado Sergio.

Quisiera explicarte tantas cosas, pero sé que este no es el momento, nunca fue mi intención lastimarte, si. Inventé a Gaby, con el único motivo de conocerte más a fondo.

Y si gracias a ella nos unió el destino, me gustaría que fuese real para conocerla y abrazarla con todas mis fuerzas, porque nunca terminaría de agradecerle.

Por favor.... dime dónde estás, no te alejes así, podemos remediarlo... pero si es tu deseo alejarte ahora, lo respetaré apretando los dientes, y si algún día decides regresar te suplico:

¡déjame lloverte en colores! ¡quiero morirme en tus brazos! ¡estoy desesperado! Te amo...

Gabo.

Luego de esto, jamás recibí respuesta....

Los meses se me escapaban del calendario con mucha prisa, pronto llegó el invierno y las hojas de los árboles caían por el intenso viento helado, y sus inertes cuerpos en el suelo hacían entristecer mi alma, al igual que su inesperada despedida que aún calaba hondo.

Por fuera era una persona normal, pero por dentro aún buscaba la manera de enseñarle a mi corazón a decir adiós.

A un año de terminar mis estudios me ofrecieron la oportunidad de tomar una vacante en la ciudad de México, y continuar simultáneamente la carrera en otra institución.

¿tenía alguna razón para quedarme? Probablemente muchas, pero no encontraba ninguna.

Así que con tan solo unas cuantas valijas, una despedida con familiares y amigos, y tu recuerdo, encendí el auto y emprendí el largo camino hacia mi nuevo hogar, y por momentos siento que el sentimiento me asfixia, quiero detener el auto, pero ya es muy tarde, no tengo a donde huir de tu presencia.

El día tampoco me ayuda, frío y lluvioso, no hay nada que no me recuerde a ti, ese hermoso árbol viejo, los ríos transparentes como espejos que adornan el camino, me siento muy solo, ¡te necesito!

Y ahora al doblar en una curva se vislumbra una presa, tal vez sea nueva no viene en el mapa, debo cruzar un frágil puente donde algunos obreros tratan de hacer su trabajo a pesar de la fuerte lluvia, y el nivel del agua se ve peligrosamente alto, no quiero acordarme de ti, ¿por qué simplemente no te vas y me dejas solo? Es claro que jamás podré volver a verte.

Vengo pasando esa presa a mi izquierda, ya pronto todo pasará y estoy seguro que encontraré ese camino para volver a ser feliz, no se ha terminado nada, la vida se compone de pérdidas y despedidas.

¡No! ¡debo retroceder! ¿qué estoy haciendo? Debo luchar por él, estoy girando el volante, las llantas rechinan, ¿qué es ese sonido? ¡un derrumbe! Una enorme piedra golpea mi auto, las personas allá afuera me gritan algo ¡no puedo escucharlos! Trato de tomar de nuevo el control del auto, pero ya es tarde, me estrello contra un frágil barandal, la caída es rápida, el auto flota unos segundos después del impacto.

¡Estoy asustado! ¡Dios! ¡ayúdame por favor! Otra roca cayendo de pronto, hace golpearme la cabeza contra la puerta, recuerdos...inundan mi mente como el agua inunda la cabina de mi auto, el día que debía presentar un examen final esos últimos días de verano, la ocasión que Sergio llegó con Lila a esa fiesta, la noche en que le confesé mi amor por él, un joven res**tándome de esa alberca cuando tenía 11 años...pierdo la conciencia, solo alcanzo a ver unos brazos ¿es...Sergio? Y una luz mucha luz.....

Tenías razón.... mi última memoria terrenal fuiste tú...

Despierto confundido con una venda en mi cabeza y un dolor punzante en mi brazo derecho, mi madre esta ahí y se alegra tanto de verme conciente que avienta una taza de café negro al piso y me abraza sollozando.

Mi mamá me cuenta que estuve 4 días en un c*** inducido, los doctores dijeron que si había alguna lesión cerebral ésta sanaría más rápido si me encontraba inconsciente.

Y ahora un profundo sueño, me devuelve a los brazos de Morfeo, sólo quiero dormir, y no sé cuando volveré a despertar.

Por fin después de dos semanas inconsciente, recupero el sentido, algunos amigos están ahí, mis padres por supuesto, un primo lejano, e ingenuamente busco el rostro de Sergio de entre la gente, ¡que tonto! ¿por qué razón estaría él ahí?

En eso suena el teléfono de mi habitación mi madre contesta y enseguida me pasa el auricular, -¿hola?- pronuncié esperando una respuesta, pero del otro lado sólo se oía estática y un sonido sordo y seco, y ahora la línea se corta y yo cuelgo el teléfono.

Pasan unos minutos y suena un celular, la melodía me es familiar y mi padre me lo pasa de entre mis cosas, leo el nombre del que llama en la pantalla y...¿será posible? De pronto el eco de las felices voces que toda la tarde inundaron mi cuarto de hospital, se callan en mi mente al saber emocionado que Sergio me estaba llamando.

Su voz denotaba alegría por saber que estaba bien, tuvo que regresar por una papelería al instituto y alguien le contó de mi accidente y que estaba convaleciente en ese hospital.

-Sentí inmediatamente que debía llamarte, o preguntar...como estabas, no sabes la angustia que sentí al enterarme, ¿ya estas mejor? ¿puedo ir a verte?-

No supe que contestar, el amor de mi vida me había vuelto a buscar, a pesar de todas las cosas malas que había hecho, y ahora pedía verme.

-Cla-claro que sí, es lo que mas quiero en el mundo- le contesté emocionado y me prometió visitarme el lunes a primera hora, mi espíritu se llenó de regocijo.

El día lunes amanece sereno en el hospital, la tenue luz del nuevo día entra por mi ventana, escuchando “The reason” de Hoobastank en mi reproductor portátil, me siento afortunado de despertar al nuevo amanecer y que la vida me haya brindado la oportunidad de tal vez...regresar con él.

Mi madre durmió aquí toda la noche y esta cansada, antes de despedirse se sienta en mi cama y platicamos un poco y cuando está a punto de retirarse, Sergio entra puntual por la puerta y siento que el corazón me estalla de felicidad, tan sólo quiero abrazarlo.

Mi madre lo saluda y después de un rato nos deja solos, Sergio se sienta en el mismo lugar que hacía unos minutos estaba sentada mi madre sobre mi cama, y comenzamos a platicar de trivialidades y de mi accidente.

-Me cuentan que me res**taron esos obreros que trabajaban en el puente, solo recuerdo haber caído y golpearme la cabeza, uno de ellos se lastimó una pierna y estaba hasta ayer en este mismo hospital, y fue el que le contó todo a mis padres-

-Que afortunado fuiste de que alguien vio el accidente y te res**tó, si el lugar hubiera estado solo, tal vez ahora no la contabas Gabo, ¡que contento estoy de que estés bien!-

Suena el celular de Sergio y éste se incorpora para contestar, y el sonido de unas llaves se escucha caer al piso.

Al terminar su llamada Sergio recoge las llaves y reconozco que son de mi madre debió haberlas olvidado, mi profesor esta a punto de entregármelas pero algo en un llavero llama su atención, y perplejo con una cara increíble de asombro me pregunta impresionado:

-¿Porqué tu madre tiene una foto en este llavero conmigo?- me pregunta impactado, -¿qué dices? ¿quién eres tu?- le pregunto aún mas extrañado que él, -¡Soy este chavo que está en medio de tus padres con las manos sobre este niño! ¿eres tu? Gabo....¿¿eres tú??

-¿Qué? ¡enséñame eso!- y al pasarme el manojo de llaves busco impaciente el que contiene el llavero con la foto de Sergio -¡SÍ! ¡soy yo! ¿tu eres este chavo que tiene sus manos en mis hombros? ¡tú me res**taste! ¡esto es increíble!-

La enfermera de pronto nos interrumpe para cambiarme el suero y nos dice divertida: -haciendo campo chicos, ¿les comió la lengua los ratones? Parece que vieron un fantasma, ¿qué estoy tan fea?-

Y al unísono Sergio y yo soltamos una gran carcajada, haciendo que la enfermera se quedara intrigada del motivo de nuestra risa.

La realidad supera la fantasía, vivimos en un mundo pleno de coincidencias y sucesos inexplicables que la ciencia jamás podrá catalogar en alguna disciplina.

Seguimos sin palabras, tan solo sonriendo y temblando de impresión por semejante coincidencia, la vida esta llena de sorpresas.

-¡Debí haberte reconocido!, ¡por eso sentía que ya te conocía de algún lugar!-

-Este mismo llavero lo tengo yo, sólo que se me perdió cuando me mudé a esta ciudad y no lo encuentro, debe estar por ahí en alguna caja-

-Sí, recuerdo que mi madre mando hacer dos copias, pero honestamente, lo había olvidado por completo, ¡aún no puedo creerlo!-

Decidí no ahondar más en el asunto del llavero y recitarle la gran coincidencia cósmica que este extraño suceso me parecía y que deberíamos estar completamente seguros que el destino nos quería juntos, por que sé perfectamente que él sentía lo mismo.

Al despedirse, sólo atina a abrazarme y a decirme que pronto todo estará bien, y que me llamará cuando este de regreso a mi vida normal.

Al pasar los días mi recuperación se vuelve completa, y es tiempo de regresar a casa.

Suena el teléfono una tarde aburrida de sábado, viendo algún tonto programa de caricaturas y contesto:

-¿hola?, ¡que onda peque! ¿cómo sigues?- me pregunta Sergio del otro lado del teléfono -¡eit! Ya mejor gracias, ¿qué onda?- nada peque, me voy a quedar unos días aquí y pensé que sería bueno que nos viéramos, ¿quieres ir al cine?- estaría muy bien, ¡y que bueno! Porque estaba algo aburrido- ok ¿a las 7 te parece bien que pase por ti?, si está perfecto, a esa hora nos vemos-

y en cuanto cuelgo el teléfono y sintiendo estallar mi corazón de gusto, me levanto a tomar un baño y a cambiarme porque falta una hora para que Sergio llegue.

Al llegar Sergio luce guapísimo, con su ya clásico corte casi a rapa, sus ojos miel, una camisa negra ajustada al cuerpo que hace lucir muchísimo sus bien trabajados y velludos brazos, y por primera vez al acercarme más a él con una enorme sonrisa, noto unas indiscretas canas en los vellitos de su sexy barba de 3 días, él es un sueño....es perfecto para mí, lo que siempre había deseado.

Siento en su trato una calidez diferente, me trata como un valioso tesoro, y lo demuestra, me sonríe, me mira a los ojos de vez en cuando mientras maneja, me provoca, me toca una pierna, me acaricia el rostro.

Llegamos al cine la película no es tan buena, pero la compañía lo vale, y cuando estamos a mitad de la proyección Sergio me guiña el ojo y me dice que lo acompañe, yo sigiloso y discreto lo sigo de cerca.

Entramos al baño y me besa de pronto, me succiona la boca con fruición, me muerde delicadamente, y siento por un momento que su beso esta sellando algo y que los pedazos de mi alma se juntan y se separan al mismo tiempo llevándome con tan solo un beso a otro tiempo y otro espacio, no se porqué pero inmediatamente me viene a la mente la playa.

Cuando termina el beso muy a mi pesar, Sergio me abraza y me sonríe se acerca a mi y me dice al oído: -siempre quise hacerlo en el baño de un cine nene, por favor, ¡cúmpleme mi fantasía!-

Y sin más lo tomo de la mano y lo dirijo hacia uno de los últimos cubículos del baño, y el se deja guiar como un niño, cierro la puerta lo empujo levemente y lo hago sentarse en la taza, le abro la bragueta y me pongo en cuclillas, saco su grueso mástil de carne dura y palpitante, huele a hombre y a jabón y eso me vuelve loco.

Comienzo la mamada, despacito, suavemente, sintiendo su gruesísima cabeza traspasar mas allá de mis labios, el roce de sus pelos rebeldes púbicos en mi nariz me hace delirar, ahora tomo sus pantalones y los bajo hasta las rodillas peludas de mi amante, acaricio los huevos y los lamo, los huelo los siento, y Sergio avienta la cabeza para atrás, está en el más puro éxtasis.

Me dice suavemente que no quiere venirse todavía que quiere penetrarme, pero yo no obedezco y continuo frenéticamente con mi deliciosa mamada a su verga, Sergio no resiste más y tratando de impedir que siga con mi tarea, toma mi cabeza con sus manos y trata de apartarla de su verga pero yo me impongo y mamo mas fuerte su pene peludo y de pronto, borbotones de una espesa y cremosa leche de macho, salen disparados contra mi boca, mis labios y mi garganta, yo los bebo goloso, relamiendo mis labios, sintiendo en mi paladar la pastosa y salada consistencia de mi premio.

Sergio reprime un fuerte gemido, se muerde la boca con su puño cerrado, y lo veo convulsionarse masculinamente debido al placentero orgasmo.

Al terminar de tragarme todo su semen hasta la ultima gota, lo beso tiernamente en la boca y el me corresponde tomándome con sus fuertes brazos y haciendo que me siente sobre su dormida verga.

Comienza a dedearme con uno de sus dedos ensalivados, busca mi culo y al abrir un poco mi pantalón lo encuentra, tibio y cerrado al tacto, palpitante y suave.

Sergio no deja de besarme mientras ya son dos los dedos que hábilmente introduce en mi hambriento culo, para ese entonces su verga ya esta de nueva cuenta tiesa como el acero, y babeante y resbalosa por los líquidos pre- seminales que mi maduro amante produce a montones.

Un río de precum recorre en un hilo todo el grueso pene de mi amante, desde la gruesa cabeza hasta el gordo palo, llegando a su vello negro y grueso.

Si decir palabra Sergio empuja suavemente hacia abajo y mi culo es perforado por esa masa gruesa de carne y yo me quejo un poco, me está haciendo algo de daño, un dolor punzante recorre mi ano, y trato de sacarla y Sergio espera paciente a que el dolor pase para intentarlo de nuevo, ahora después de unos momentos estoy listo, y me siento de golpe en toda su verga hasta sentir la calidez de sus peludas pelotas como base de mi caliente asiento.

El vaivén de la cogida empieza lento, pero va creciendo y ganando intensidad y fuerza, se oyen de pronto unos pies entrar al baño, Sergio y yo nos detenemos en seco, con los corazones estallando de nervios, pero sólo es un señor que orina y vuelve a irse, a esta hora casi todos están en la función, tenemos suerte.

El placer que esa peluda verga me da es irremplazable y exquisito, con los ojos casi en blanco comienzo a venirme a chorros sobre el pecho desnudo y peludo de Sergio, él por su parte acelera los movimientos y se viene un poco también dejando mi caliente agujerito lleno de otra pequeña ración de leche masculina.

Nos besamos apasionadamente, y con una sonrisa comenzamos a vestirnos y al salir un poco nerviosos de que alguien haya visto algo, miramos a todos lados y al mirarnos juraría que estamos pensando lo mismo: parece ser que nos gusta coger en lugares públicos.

No fue la última ocasión en que tuvimos relaciones en un lugar público, ese fin de semana me invitó a ir a la ciudad de Monterrey, y en el trayecto del camino a bordo del autobús y ya siendo de mad**gada, le hice otra espectacular mamada en los asientos de hasta atrás, en esta ocasión aprovechando que la poca gente que viajaba con nosotros iba en los asientos delanteros y completamente dormida, Sergio se desnudó por completo reclinó su asiento hacia atrás poniendo sus manos detrás de su nuca y disfrutó intensamente de la mamada que le estaba regalando, yo recorriendo con una de mis manos su peludo abdomen y pecho, y con la otra masajeando y sosteniendo sus peludos y grandes testículos, succionaba velozmente su grueso y peludo palo.

Tan sólo iban como 7 personas a bordo y al ir tan alejadas y completamente dormidas, Sergio dejó escapar un gemido un poco más fuerte anunciando su venida.

-ahhhhhhhh, ¡chiquito mio! Tómate toda la lechita nenito rico, ahhhhh así, sí, que no quede gota chiquitito, mmm pásame la lengua por la cabecita, ¿te gustan mis mecos amor? Lámeme los huevos amorcito, ahí tengo lechita, no desperdicies nada, mmmm ¡sí! Que rico se siente, déjame las bolas peludas bien limpias papi-

Tiempo después me dijo que había sido una de las mamadas más placenteras de toda su vida, y yo le confesé que me estaba volviendo adicto a sus mecos.

Pasé un inolvidable fin de semana en su compañía, nos divertimos, fuimos a bailar, hicimos el amor muchísimas veces y cantamos de la manera mas desentonada juntos en un karaoke de la ciudad en compañía de unos amigos suyos.

Al pasar el tiempo y debido al accidente, decidí quedarme en mi ciudad y continuar y terminar mis estudios, Sergio por su parte se quedó a vivir en su ciudad natal y consiguió otro empleo allá, pero me visitaba religiosamente todos los fines de semana, o a en ocasiones era yo el que lo visitaba, para nosotros el estar separados no era una opción, continuamos juntos y comprometidos.

Pronto pasó el tiempo y me gradué de la carrera de ingeniería, y decidí mudarme a Monterrey para hacer mi vida allá con el amor de mi vida.

La noche de graduación después de convivir con mis familiares y amigos graduados, salimos a un bar cercano y por supuesto mi maduro novio fue con nosotros.

Fue una noche que jamás olvidaré.

Estando instalados en ese bar de ambiente gay, una de las meseras se me acerca de pronto y me dice que un joven sentado en la mesa de atrás quiere conocerme y me manda una nota, yo contrariado se la muestro a Sergio, y éste al leerla ríe divertido, y me dice que porque no voy a decirle que estoy comprometido y voy a casarme, yo le digo –claro eso es lo que voy a hacer...y confundido le pregunto: ¿cómo que voy a casarme?... ¿contigo?- y me contesta: -claro ¿por qué no? Estoy totalmente enamorado de ti, ¿no es lo que quieres?- y-yo si, pero bueno nunca había pensado en eso-

De pronto el joven se levanta de su asiento y camina hacia mí y teniéndolo frente a frente me dice enfrente de todos mis amigos que están sonrientes y a la expectativa.

-Esta canción es para ti- y sacando una guitarra de debajo de nuestra mesa comienza a entonar una romántica canción, yo confundidísimo volteo a ver a Sergio quien tiene una pequeña caja en su mano y al abrirla un finísimo y sobrio anillo de oro sale reluciente.

-¿Quieres casarte conmigo bebé?- yo lo abrazo lleno de felicidad y comprendiendo que todos incluso el joven de la guitarra estaban de acuerdo para llevarme ahí y que Sergio me hiciera la propuesta, le susurro un suave pero firme sí sintiendo el olor de su elegante loción que me vuelve loco.

Los aplausos no se hacen esperar, y una de las meseras anuncia por la bocina que una pareja acaba de comprometerse y nos desea muchas felicidades.

Es como un sueño vuelto realidad, nunca pensé que pasaría.

El día de la boda llega, y nos miramos a los ojos en silencio, sintiendo nervios y alegría mientras nos arreglamos para la ceremonia, y yo recordando los últimos meses preparando el gran evento, me encuentro soñando despierto, haciendo cuentas de como es que todo terminó de esta manera tan feliz, mil cosas pudieron separarnos, desde sus prejuicios, hasta mi pasado, pero nada fue tan fuerte como ese gran cariño que descubrimos que vivía en nosotros.

La ceremonia es sencilla y rápida, no fue tan complicado como lo esperaba, y al mirar a Sergio puedo adivinar, que es pésimo para este tipo de eventos, porque está sudando y muy nervioso, pero cuando todo termina sonríe aliviado y lleno de júbilo.

Mi amigo Gerardo preparó un pequeño discurso, y preparó también una proyección de diapositivas con muchas de nuestras fotos juntos, y al final al proyectar una imagen ampliada del llavero donde aparezco yo siendo un niño con un joven Sergio tomando mis hombros, mi amigo habla de magia, destino y coincidencias hermosas de la vida, dejando boquiabiertos a todos los presentes del lugar.

Nuestros mas cercanos amigos están ahí y algunos familiares que saben de lo nuestro, un DJ, algunos conocidos y por supuesto los infaltables “colados” la fiesta transcurre serena y en armonía, y al quedar solos mi esposo y yo bailamos un dulce y lejano vals que alguien dejó en la pista de el equipo de música.

Mi esposo....nunca creí posible algún día llamar a alguien así, es increíble, una sensación intoxicante, yo que decía que jamás haría esto y ahora estoy casado con un buen hombre que me sabe querer, no cambio este momento por nada del mundo.

*Comencé a trabajar poco después de mi maravillosa luna de miel, y al poco tiempo me encontraba al igual que mi adorado esposo iniciando mi carrera como docente.

El tiempo pasó inexorablemente y diez años después de nuestra ceremonia de compromiso, nuestras vidas son lo que debían ser, la felicidad nunca se fue de nuestra casa, y Sergio y yo nos disfrutábamos igual o más que antes, y en el aspecto sexual, bueno... de vez en cuando nos portábamos traviesos invitando a nuestra alcoba a alguno que otro chico guapo que aceptaba alocarse una noche con nuestros calientes cuerpos.

A mis 30 años la vida me parecía plácida y feliz, un ambiente que había ayudado a construir con mi esposo Sergio el amor de mi vida.

Una tarde después de cenar en un romántico restaurante de esos que tienen terrazas alejadas y privadas, y unas finas luces de cascada decoran y alumbran las ramas secas de un viejo árbol, hacemos sobremesa contándonos chistes y cosas que habían pasado en la semana, Sergio que a sus 45 años lucía impresionantemente sexy y guapo.

-Dime Gabo, ¿eres feliz conmigo? ¿con esto que tenemos? ¿te arrepientes de algo?-después de una larga pausa y mirando sus bellos ojos, que alguna vez no tuvieron esas patas de gallo que tanto me gustan de él le contesto entusiasmado: -Si haber sido un rebelde y obstinado adolescente, me atrajo a ti, y si el ser gay me hizo descubrir este amor tan inexplicable y profundo que siento por ti...entonces si tuviera la oportunidad de hacer algo diferente, no haría nada...lo dejaría exactamente igual, y volvería a cometer los mismos errores, porque se que al final me llevarían a ti.

Una hermosa sonrisa se dibuja en su maduro rostro, y en ese momento pienso que es el hombre mas sexy del mundo.

-¿Y si algo me pasara? ¿volverías a hacer tu vida? Recuerda que soy 15 años mas viejo que tú-

Le tomé de una mano y con la otra la acaricié suavemente y le dije: -no tienes porque preocuparte por eso amor, no quiero pensar en eso ahora-

-Lo sé tan sólo quiero que seas feliz siempre Gabo, no importa que pase, recuerda que la vida es para adelante ¿Ok amor?-

-Ok papi-

Y continuamos la velada deshaciendo toda idea de probabilidades nefastas en nuestro destino, nos teníamos ahora y eso era todo lo que importaba.

Y una tarde de septiembre, al llegar a casa después del trabajo, todo lucía terriblemente normal, la olla del té de Sergio haciendo su característico ruido del agua en ebullición, el reloj del gato félix en la cocina moviendo de un lado a otro sus ojos, el olor a canela y menta de las escaleras, y a lo lejos el sonido constante y adormecedor de la lavadora haciendo su trabajo.

Subí las escaleras cansado, llamando a Sergio y desajustando mi corbata, y al abrir la puerta de la recámara, nada en este mundo pudo haberme preparado para lo que vi.

Sergio estaba boca abajo tirado en la alfombra con los ojos abiertos y un pequeño hilo de sangre escapaba de su cabeza, el tiempo se volvió agonizantemente lento, no podía pensar ni respirar, y por unos segundos mi cerebro no pudo decodificar en sentimientos humanos la escena que se presentaba ante mis ojos.

Un paro cardíaco fulminante fue lo que los doctores forenses me dijeron, no sufrió en absoluto y al caer golpeó su cabeza en el buró de noche y se hizo esa herida.

Sergio nunca quiso un funeral asistido por muchas personas que a final de cuentas no sienten lo que los familiares directos sienten: el sentimiento más atroz de pérdida que puede alguien experimentar en la vida.

Así que no realicé ningún funeral que Sergio no hubiera querido y en lugar de eso hubo una breve reunión en mi casa con las cenizas presentes de mi amado.

No pude derramar ni una lágrima, el amor que siempre sentí por él lo demostré a cada segundo de mi existencia y estaba contento y satisfecho con los años felices que la vida había decidido darnos, nunca me enojé o golpeé la pared, él se había ido tranquilo y estaba seguro que tan lleno del mismo amor inagotable que yo le profesaba.

Pero un día, guardando sus ropas y recuerdos en un viejo baúl, caí de rodillas por primera vez en semanas llorando lastimosamente su partida, todo fue tan repentino que me tomó por sorpresa y recordé al abrazar una almohada que todavía olía a él que muchas personas presienten su muerte y ahora estaba seguro que mi amado esposo, así lo sentía aquella noche en que cenamos en ese bello restaurante.

Todo estaba decidido así desde un principio, me dije a mi mismo al recordar momentos felices con él, las personas pueden ir y venir de tu vida sin dejar huella, pero otros salvan tu existencia de muchas maneras y siempre, siempre estarán contigo.

Pasaba el tiempo, y de repente al ir caminando serio y meditabundo hacia la casa que había compartido tantos años con él, y que ahora ya me lastimaba regresar, sentí una extraña presencia y un fuerte olor de la misma loción que Sergio usaba, me giré volteando la cabeza en la dirección en que ese aroma provenía y al no ver a nadie, sonreí en secreto, estaba seguro que mi nene seguía por ahí, cuidándome.

5 años después de tu partida, mirando fijamente el atardecer en el mar, en algún lugar diferente del que me vio nacer, y muy lejos de aquel lugar donde compartimos diez años de nuestra vida, por fin siento que ya no puedo llevarte tanto conmigo, mi alma ahora es llenada con un sentimiento de libertad mi amor, aunque sé muy bien que nunca podrás irte del todo.

Te dejo ir....por ahora, porque estoy seguro que algún día volveré a ver tu sonrisa....cuento con eso.

Y ahora escribiendo un anuncio para encontrar a alguien con quien después de muchos años de duelo pueda compartir un sentimiento parecido al que compartí contigo, no encuentro otras palabras para empezar, más que aquellas que te unieron definitivamente a mi vida:

Profesor atractivo de 35 años busca...

“Did you write the book of love
And do you have faith in God above
If the Bible tells you so?
Can music save your mortal soul?
And can you teach me how to dance real slow?


...

... Continue»
Posted by renovatio111 6 months ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 1502  |  
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El culo de Mariam

Este es un relato que leí (y releí) a los 18 años, me he puesto nostálgico y lo he buscado.

El Culo de Mariam

Acababa de coger mis vacaciones estivales, mi primera paga extra, y, cansado de pasar mis vacaciones en Sagunto con mis padres, decidí que ya era mayorcito para experimentar unas vacaciones diferentes, un vagabundeo ocioso y divertido, sin destino prefijado a través del país. Había pensado en Cádiz, en la ruta de los pueblos blancos. Permanecer en algún camping y, desde allí, realizar diferentes excursiones. Estaba realmente eufórico por mis expectativas: todo me resultaba tan excitante y nuevo..., disponer de mi propio dinero, decidir sobre la marcha los cambios que me apetecieran, conocer nuevos lugares, quizás nuevas gentes... Y digo quizás porque soy una persona bastante tímida y no me resulta fácil relacionarme, así que no contaba demasiado con hacer nuevas amistades.

Subí al tren y busqué mi compartimento. Lo encontré rápidamente y, dejando mis cosas, salí al pasillo del tren a mirar por la ventanilla a la espera de que el tren comenzara su bamboleante viaje. En el pasillo, que estaba atestado de gente, divisé casi al final una cabecita rubia con graciosas trenzas. Era una muchacha de unos 20 años a la que no le ví la cara. Sólo pude ver, sobre las cabezas del resto de los pasajeros, que transportaba una pesada mochila gris y llevaba los morenos hombros desnudos. En aquel momento no le presté mayor atención. Era una de las decenas de pasajeros anónimos que iban en mi vagón.

Poco después, con el tren ya en marcha, tras haber estado en mi litera hojeando una revista comprada en el puesto de periódicos de la estación, decidí salir al pasillo del vagón a estirar las piernas. Eran las 12 :00 de la noche y mucha gente estaba ya acostada en sus literas intentando conciliar el sueño en sus incómodas literas.

Estiré las piernas en el pasillo y me apoyé para mirar a través de la ventanilla el paisaje nocturno desde el tren. Estaba adormeciéndome por el rítmico traqueteo cuando miré hacia mi izquierda, al fondo del pasillo. Al principio creí que había visto algo que en realidad no estaba ahí, un nebuloso ensueño propio de la hora que era; pero no, era real y allí estaba. El más grandioso culo que he visto nunca estaba allí, embutido en un prieto pantalón de pana negra. Y pertenecía a aquella rubita de las trenzas que había atisbado brevemente apenas dos horas antes.

Antes de proseguir la descripción de aquel monumento a la carne que se exhibía ante mí, debo explicar al lector algunas cosas sobre mi concepto de lo bello y lo deseable. No soy un admirador de las chicas 90-60-90, de ese concepto de belleza famélico que, entre modistos, publicistas y demás, hemos acabado asimilando como natural e inevitable. En cuestión de cánones de belleza, yo sigo la llamada de mi sangre, y esta me pide, como sé que a muchos de vosotros, amigos lectores, los cuerpos gloriosamente abundantes. No quiero decir con esto que me apasionen las chicas meramente gruesas, sino que tengo un amplio concepto de cuán gruesa puede ser una mujer y ser, precisamente por ello, más deseable. Me fascinan los pechos enormes, los muslos rotundos y, por supuesto, las nalgas desbordantes, y sé que en estas cuestiones no somos ni mucho menos minoría. Hecho este inciso, prosigo explicando por qué aquella rubia, mi Mariam, me pareció y parece la tia más maciza que he visto nunca.

Aquella chica estaba charlando con la que parecía regentar el minibar del tren en ese vagón, comprando un botellín de agua mineral. Los breves momentos que estuvo de espaldas a mí los aproveché para comerme con los ojos el tremendo espectáculo que se desplegaba ante mis atónitos ojos. Teniendo como marco unas muy anchas caderas, dos abultadísimas, rotundas, macizas nalgas en forma de graciosa pera que amenazaban con reventar las costuras del ajustadísimo pantalón de pana negra que contenía aquella maravilla. Por si fuera poco, la chavala cambiaba el peso de su cuerpo casi constatemente de una pierna a otra, haciéndolas mecerse encantadoramente, y ofreciendo distintas posturas que no hacían sino dejar claro lo macizo y bueno que estaba su alucinante trasero.

No exagero nada, amigos, si os digo que, literalmente, se me cortó la respiración por unos momentos, y que sentí un intenso calor en mi entrepierna, con un ténue dolor físico en mis testículos. Creo que más de uno de vosotros sabe de qué hablo, no del deseo normal que experimentamos decenas de veces al día por chicas anónimas, sino ese deseo salvaje que de vez en cuando padecemos en contadas situaciones.

Me quedé alli paralizado sin saber qué hacer. Siendo como soy un gran aficionado a los culos femeninos, encontrarme de buenas a primeras con el mejor que había visto nunca me dejó inmovilizado. Antes de que pudiera hacer nada, la chica se dio la vuelta y se dirigió hacia mí. Entonces pude apreciar su cara y el resto de su cuerpo. Si bien no era exactamente guapa, tenía una cara regordeta y graciosa, definitivamente agradable: carnosas mejillas y brillantes ojos color miel, nariz chatilla. Tenía un sedoso pelo rubio que llevaba recogido en dos graciosas trenzas que le llegaban hasta los hombros y que le daban un aspecto semi-infantil tremendamente sexy. Pero si os digo lo verdad, no pude fijarme mucho en la cara porque, al darse la vuelta, pude ver el resto de su anatomía, y como bien sabéis, a un buen culo le suelen acompañar unas buenas tetas. Nuestra amiga no era desde luego una excepción. Tuve que reprimir mi mirada para no quedarme embelesado ante las dos tremendas tetas que tenía la nena. Tremendas. Tremendas.

Noté claramente cómo mi polla se había salido del calzoncillo debido a la espontánea y tremenda erección, sintiendo cómo mi glande rozaba la áspera tela de mis vaqueros. No pude mirarlas detenidamente porque ella se dirigió a mí:

- Perdona, ¿tienes cambio de 5000?

- Eh...creo que sí....

Rebusqué nerviosamente y saqué algunos billetes para dárselos. Estaba muy nervioso.Como no tenía suficiente, le pedí que me esperara, que iría a mi litera donde si tenía billetes. Este gesto de amabilidad me hizo ganarme su simpatía inicial.

Recogí mi dinero de la litera mientras mascullaba en voz baja para mí "¡Joder, qué buena está!", con mi polla aún tiesa como un garrote.

Salí fuera y le di el cambio. Ella me regaló una preciosa sonrisa y, tras darme las gracias, se dio media vuelta para pagar su botellín de agua. Aproveché la circunstancia para mirarle impunemente el culo. Los pantalones estaban ajustadísimos, no porque ella se los hubiera comprado así, realmente eran de su talla pero los volúmenes de su cuerpo eran tales que necesariamente la tela se tensaba al límite y la pana desaparecía en las profundidades insondables de la abertura de sus nalgas. De cerca eran aún más grandes y macizas. Se alejó con un involuntario contoneo que me puso aún más cachondo. Me dí cuenta de que quizás no tendría muchas oportunidades de mirarla tan descaradamente, así que permanecí allí comiéndomela con la mirada.

Llevaba una camiseta roja. En aquel momento no pude apreciar si llevaba sujetador (¡De qué talla debería ser!), pero sí me dejó estupefacto el tamaño de aquellos melones. ¡Vaya tetas! Eran las más grandes que había visto en vivo. Sin embargo, siendo enomes, no resultaban excesivas. Estaban en ese delicioso punto ideal entre lo muy grande y lo ya excesivo.

Ella terminó de pagar y se dirigió a su compartimento. Me miró de soslayo y me sonrió con gratitud. Desapareció en su camarote.

Sentí una sensación agridulce. Sabía que me esperaba un verdadero pajón en mi litera, a la salud de aquella guarra, pero sentía una ténue amargura. No quería masturbarme a su salud, quería follarla.

Me metí en mi compartimento, que sólo ocupaba yo, eché el cerrojo y me bajé los pantalones hasta los tobillos. Me masturbé voluptuosamente, recordando el culo de la nena que acababa de ver. Enseguida me corrí, derramando espesa y abundante leche caliente. Creí que aquello me calmaría, pero cinco minutos después tenía de nuevo ardientes deseos de follarla.

"Si no fuera tan tímido...", pensé. Encorajinado por mi propia frustración decidí intentar conocerla. Si no llegaba a nada, al menos me beneficiaría de verla de cerca otra vez y de retener en mi memoria nuevas posturitas de aquel tremendo putón.

Salí al pasillo y me acerqué a su camarote. La puerta del suyo estaba entreabierta. Ella estaba sentada en la litera, con los pies descalzos en el suelo.

Me miró con simpatía y me invitó a entrar.

- Hola...¿qué tal ? ¡Gracias por el cambio¡-me dijo.

- De nada

- ¿Quieres sentarte ?

Por supuesto que quería sentarme. Me senté en la litera de enfrente intentando no fijarme en su cuerpo por el momento.

Nos presentamos. Se llamaba Mari Angeles, Mariam. Mariam. Desde entonces ese nombre se convirtió para mí en el símbolo del más ofuscado deseo sexual. Le dije el mío, Antonio. Charlamos brevemente sobre el tren, y a los pocos minutos me dí cuenta de que no sólo Mariam estaba como un tren de mercancías, sino que era alegre y simpática. Lo que faltaba.

La conversación derivó a temas más interesantes. Resultó que le gustaba leer como a mí, de que no era una cabeza hueca. Tenía inquietudes sociales. Era una chica "progre", por así decirlo, y bastante liberada. Pronto nos sentimos muy cómodos el uno con el otro. Había química, y me di cuenta de que sería muy fácil relacionarme con ella: siempre tenía un comentario agradable, ingenioso. Me relajé bastante. En otras circunstancias, con otra chica, esta conversación hubiera dejado en un segundo plano mi ofuscado deseo. Pero es que la amiga Mariam no era una chica más. Era imposible no fijarse casi con angustia en la dos tremendas tetas que tenía bajo la camiseta, y que, me dí cuenta, ¡no llevaban sujetador!

Sus pezones se revelaban bajo la ligera tela, coronando aquellas dos suculentas montañas. Yo intentaba por todos los medios dismular mis miradas. Ella no parecía darse cuenta, afortunadamente. Calculé que pesaría unos 75 kilos, eso sí, muy, pero que muy bien puestos. Había donde agarrar. En realidad había donde agarrar para varios chicos a la vez.

Tenía las piernas cruzadas informalmente, los grandes muslos apoyados uno sobre otro, su entrepierna gloriosamente lisa se perdía entre aquellas macizas y torneadas barras de carne. Me parecía sentir el calor que emanaban. De vez en cuando, ella se inclinaba a tocarse los pies, que tenía evidentemente doloridos. Cuando lo hacía, sus pechos colgaban , revelando aún con más claridad su anormal tamaño.

Por aquel entonces mi polla pedía otra vez guerra, cómo no. Me brindé a darle un masaje en los pies gentilmente.

- ¿Tu sabes dar masajes, Antonio? -me preguntó.

- Sí, mi hermano me enseñó.

- Me encantaría.

Mariam puso su regordete pie a mi disposición. Lo apoyé en mis rodillas y comencé a masajearlo, firme y suavemente a la vez. Tocar su pie me produjo una gran satisfacción; no era su culo, ni sus pechos, ni su chocho, pero era su piel y aquello me erotizaba. Ella soltó un par de gemidos espontáneos que, desde luego, no contribuyeron a mi relajación.

Después de unos 10 minutos de masaje, Mariam me miraba con gratitud. Era obvio que me había ganado su confianza y su simpatía.

De improviso se levantó; sus tetas se balancearon majestuosamente. Se dio la vuelta y se encaramó a la litera superior donde tenía la mochila. Durante breves momentos, el culazo quedó expuesto ante mí en toda su gloria. Nueva salvaje erección. "¡Pero que culoooooo!"

Duró poco. Bajó la mochila al suelo y comenzó a sacar libros. Se inclinó poniendo el trasero en pompa. Desde donde yo estaba no podía verlo. Me desplazé discretamente cerca de la ventanilla, para tener una panorámica de sus nalgas abiertas. Lo conseguí. Durante breves momentos, a menos de un metro, contemplé maravillado aquellas nalgazas y la abertura que parecía no tener fondo. Los muslos eran increiblemente macizos y torneados. No había nada en su cuerpo que me sirviera de consuelo para desecharla, ninguna excusa para olvidarme de ella. Os aseguro, amigos, que me la habría follado por el culo allí mismo.

Ella se dio la vuelta y me enseñó varias revistas y libros. Me explicó que estaba buscando destinos donde ir. De alguna manera su viaje era semejante al mío, sin rumbo fijo. Le comenté los posibles destinos interesantes de aquella zona, que yo conocía bien, como andaluz. Ella era madrileña.

No sé por qué, pero en aras de no hacerla sospechar cuán salido estaba, decidí darle las buenas noches y marcharme. No quería estropear mis progresos con ella.

- Ha sido bonito conocerte, eres un encanto.

"Por favor, no me digas eso...", pensé. No hace falta decir que aquella noche en mi litera conseguí correrme hasta 5 veces a la salud de Mariam.

Al día siguiente, agotado y con mi miembro dolorido, me levanté para bajarme del tren cerca de Cádiz. A punto de bajar vi a Mariam, con su mochila puesta, acercarse a mí.

- Quería pedirte un favor -me dijo, tras darme los buenos días-.Verás..., yo no conozco bien esta zona, no sé dónde ir ni qué ver. He pensado que, como hemos congeniado, quizás no te importaría que fuera tu compañera de viaje durante unos días... Si no te m*****a...

Me quedé estupefacto. Aquella tia, que me había hecho correrme 6 veces en mi litera, quería ser mi compañera de viaje. Mi cara debió reflejar tal asombro que Mariam se dio cuenta y lo interpretó como una negativa.

- Perdona - me dijo. Es un abuso de confianza...

-¡No, no, no! ¡Para nada!

- No, de verdad, has sido muy amable y no quiero abusar...

- ¡De veras que no, que no! ¡Me encantaría que vinieras conmigo!

- ¿De verdad ?

- ¡Por supuesto! ¡De verdad que sí!

Eufóricos ambos, ella me dio un beso en la mejilla. Noté brevemente una de sus tetazas rozar mi pecho. Ella por mi compañía, yo por la suya, estábamos encantados...

Como podéis suponer, pasé unos 10 minutos incrédulo ante mi suerte. Además, nada más bajar del tren me dí cuenta de que mi devoción por su cuerpo estaba más que justificada. Todos los lugareños con los que nos cruzábamos se quedaban estupefactos ante la hembra rubia que veían pasar. Yo sentía una especie de orgullo machista, como diciendo: "¿Has visto la tia tan buena que va conmigo? Pues luego me la voy a follar."

No sé si os ha pasado alguna vez, amigos, pero Mariam era ese tipo de tia que te convierte en un imbécil que no hace más que pensar constatemente en lo buena que está, en el polvo que se merece. Pues ese era yo.

Ella me invitó a desayunar en una tasca cercana a la estación. Mientras desayunábamos y veíamos posibles rutas, el dueño del bar, al que Mariam no podía ver desde su posición, me hacía con las manos elocuentes y groseros gestos acerca de la delantera de mi amiga. Me dí cuenta de que mi viaje con ella estaría lleno de "anécdotas" de ese tipo.

Mariam, sin embargo, parecía no darse cuenta del revuelo hormonal que causaba a su alrededor. Ella parecía vivir en una feliz ignorancia del tremendo deseo que despertaba en los hombres. Esta característica de ella la hacía todavía más excitante. Paseaba su culazo, sus tetas, sus muslos, de aquí para allá, inconsciente de las numerosas erecciones que provocaba. Esta infantil inocencia multiplicaba el morbo que sentía por ella. Debo decir que Mariam era, además de una real hembra, una bella persona, y que, con el paso de los días, mi afecto sincero creció por ella, sin que esto fuera óbice para que continuara deseándola con fiereza. Lo cortés no quita lo valiente.

Mientras comía, unas miguitas de pan cayeron en su entrepierna. Sin ningún reparo, abrió las piernas de par en par y sacudió los restos de pan que habían caído sobre la planicie curva de su chocho. Verla abrir ampliamente las piernas ante mí, aunque fuera vestida, me puso nuevamente cachondo. Me dí cuenta de que debía intentar relajarme. No podía estar continuamente salido con ella. Le parecería un gilipollas y yo quería tener alguna posibilidad de tirarme a mi nueva amiga.

Después de meditar posibles destinos, decidimos contratar el servicio de un profesional que realizaba recorridos a caballo por una bella zona de la Sierra de Grazalema. La intención era acercarnos a través de un recorrido de dos días a caballo a una zona desde la cual teníamos una amplia gama de posibilidades: campings, albergues, senderismo...

Nos acercamos a la sede de las excursiones a caballo y contratamos el servicio del guía, un hombre de unos 45 años, fuerte y recio, que durante dos días nos acompañaría a caballo a través de la serranía. Fulgencio, así se llamaba, demostró desde el principio una fuerte atracción por Mariam. Su primera reacción al verla fue una tonta risa histérica, al ver las formidables tetas de mi compañera. Mariam no es tonta y se dio cuenta de lo que pasaba, ruborizándose notablemente.

Comenzamos el viaje, pues, algo incómodos, Mariam porque se sabía observada obscenamente, y yo porque no sabía muy bien cómo debería reaccionar ante los primarios impulsos del tal Fulgencio.

El trayecto era de gran hermosura, entre pinares, y olor a romero y tomillo. Recorrimos buena parte de la serranía. La sensación de novedad, de belleza , nos sumergía a Mariam y a mí en una especie de euforia por nuestra acertada elección. Comimos bajo un árbol y al lado de un rumoroso arroyo. Fulgencio nos dejó solos, suponiendo quizás que éramos pareja. Mariam se sinceró conmigo.

- ¿Sabes? Me siento incómoda, Antonio.

- ¿Por qué? -sabía exactamente por qué, pero quería que me lo dijera ella.

- Ese hombre, la manera en que me mira... Me m*****a.

- ¿A que te refieres ?

- Bueno, no sé si te has fijado, pero tengo más pecho de lo normal...

¡Joder, que si me habia fijado!

- La verdad es que no...

- Pues sí, y esto a veces causa situaciones incómodas. Ese Fulgencio me mira con descaro.

Puse cara de fastidio, y dije :

- No debes hacer caso de salidos como ese... Gilipollas hay en todas partes.

Mariam me miró con ternura y me dijo:

- Eres diferente del resto de los chicos, Antonio. Los demás sólo piensan en lo mismo siempre. Tú eres diferente...

- No, soy normal y corriente, sólo que te entiendo, Mariam.

Mariam empezó a contarme con discreción los problemas que su abundante pecho le había causado, el complejo que tenía con ello y lo que le hacía sufrir. Siempre había querido demostrar que era algo más que dos grandes tetas a los chicos, y esa era en parte la razón por la que leía y se cultivaba tanto.

Debo reconocer que yo estaba dividido mientras me contaba esto; por una parte la escuchaba con comprensión y cariño, por otra me costaba trabajo evitar pensamientos groseros, apostillas obscenas a lo que ella me contaba, pensamientos del estilo "...y qué esperas, putón, con los tetones que tienes". Su relato me resultaba enigmático. Me dí cuenta de varias cosas: era muy ingenua, atribuía la atracción que generaba en los hombres sólo a sus pechos, no a su culo o sus muslos. Por otro lado, no entendía que, sabiéndose tan provocativa, no usara sujetador.

Durante nuestra conversación le dejé claro que no debía preocuparse por el tal Fulgencio, que yo me ocuparía de pararlo si osaba pasarse de la raya. Me miró con infinita gratitud. Debo recnocer que me sentía un poco culpable. Mis pensamientos e intenciones en realidad no diferían de las de aquel paleto.

Afortunadamente, Fulgencio no se extralimitó en sus funciones en ningún momento, excepción hecha de las inevitables miraditas a la espléndida anatomía de mi amiga.

Aquella noche acampamos en un encantador paraje. Fulgencio extendió su saco de dormir a unas decenas de metros de nosotros, y Mariam y yo, ya con

bastante confianza, montamos una tienda para los dos. Como podéis imaginar, amigos, la idea de pasar la noche con ella en la tienda era cualquier cosa menos relajante. Mientras yo me quedaba en pantalón corto de deporte y camiseta, Mariam se alejó unos metros para cambiar sus pantalones y camiseta por una amplia camiseta blanca para dormir. Cuando se alejó para mudarse, Fulgencio y yo nos miramos con complicidad, deseosos de verla regresar.

Yo tenía la esperanza de que ella se pusiera algún short ajustado, para ver así sus muslos desnudos y, por supuesto, su trasero en su mayor espledor, pero aquella noche no hubo suerte. Regresó con una amplia camiseta que le llegaba casi hasta las rodillas, eso sí muy liviana. Parecía no llevar nada más debajo salvo las bragas.

Una vez denro de la tienda, encendimos una linterna y estuvimos charlando un poco. La pequeñez de la tienda hacía que cualquier movimiento nos hiciera rozarnos, en mi caso sin ninguna m*****ia como podéis suponer. Tampoco podía mirarla muy descaradamente. Yo estaba interpretando un papel de sensible-comprensivo-delicado muchacho, del que no sabía si me arrepentiría más tarde. Hablamos de Oriente, del Yoga, de Alan Watts... Debo adelantaros que aquella noche no pasó nada, pero para los impacientes os adelantaré que Mariam acabó follada y muy bien follada aquellas vacaciones. Pero cada cosa a su tiempo.

Lo que recuerdo mejor de aquella velada fue un momento en el que ella, recostada a mi derecha, se giró, y como quiera que la camiseta no le venía muy amplia en aquel momento, pude observar con toda claridad cómo sus enormes tetas se agolpaban una sobre otra, revelándose esto con provocadora claridad a través de la ligera camiseta. Aquella noche estuve dudando mucho hacer un acercamiento sobre ella, pero la intuición me dijo que debía esperar un poco más. Tuve que conformarme con una discreta paja cuando estuve seguro de que ella dormía.

Al día siguiente arrivamos a nuestro destino. Fulgencio se despidió de nosotros, guiñándome un ojo. Este hombre sabía lo que pasaba en realidad por mi mente.

Entramos en una bonita cabaña de madera que servía de oficina de información. Nuestra intención era apuntarnos a algún camping cercano y pasar una semanilla allí. Estuvimos ojeando en un catálogo las docena de campings que había en aquella parte de la serranía. Mientras Mariam curioseaba los catálogos -y el dependiente curioseaba a Mariam-, yo abrí una revista y encontré atónito el anuncio de un muy cercano "CAMPING NUDISTA". Imaginaos lo que sentí en aquel momento. La sóla idea de conseguir que Mariam se viniera conmigo a aquel camping me hacía hervir la sangre. Quizás no me la tirara, pero me hincharía de verla en pelotas.

Respiré hondo y le expuse, con pretendida inocencia, mi idea. Al principio me miró asombrada. Fue un momento duro. Yo quería pero no sabía cómo ser convincente. Pero la suerte estuvo de mi parte. Al leerle la publicidad, nos enteramos de que aquel camping realizaba actividades naturistas: había comida vegetariana, seminarios de Tai Chi, Yoga, Taller de reciclaje... Aquello mitigó la desconfianza de Mariam. Era mi coartada. Me mostré muy interesado "por los seminarios" y le dije que estaba resuelto a ir al camping. Mariam dudaba, quería pensárselo. Como quería ducharse, la dejé en un albergue cercano. Después me daría su respuesta.

Yo decidí que debía arriesgarme y tensar la cuerda. Me arriesgaba a perder a mi maciza compañera de viaje, pero si lo conseguía tendría multitud de ocasiones de llenarme los ojos con aquel cuerpazo de diosa tal y como vino al mundo, sin contar con que tanta desnudez "debería" despertar sus instintos femeninos.

Bastante nervioso, la esperé. Llegó con el pelo suelto, una camiseta azul abotonada y, ¡al fin!, un short blanco. ¡Vaya muslos! No quería ni pensar la vista que habría cuando se diera la vuelta. Saqué el tema y le dije que estaba decidido a ir a aquel camping. Ella me miró dubitativa y finalmente respondió: "creo que iré contigo".

Yo, desde luego, la comprendía. Una tia como Mariam paseándose desnuda por el camping sería una verdadera conmoción para todos los tios de allí. Yo me esforcé en convencerla de que en un camping nudista el nudismo integral no era una obligación y que, quizás, podría ir con la parte inferior del bañador.

Esto pareció convencerla.

Cuando llegamos a la recepción del camping, Mariam estaba absolutamente cortada. Recogimos nuestro ticket de 7 días y nos pusimos a buscar nuestra parcela. Mariam se tranquilizó al ver que había bastante gente que al menos llevaba algo de ropa. La mayoría de las mujeres, sobre todo las mayores, llevaban la parte inferior cubierta, dejando los pechos al descubierto. Algunas iban del todo vestidas. A mí esto me desalentó un poco. Esto le daba una excusa a Mariam para no destaparse.

El camping era enorme y tenía nunerosas instalaciones: tenis, basket, fútbol, minigolf, piscinas... Habría diversión para todos los gustos. Lo que yo no sabía en ese momento es que yo tendría diversión "particular" e infinitamente más estimulante poco después. Lo que más temía en aquel momento era las inevitables ercciones que tendría y que no sabría cómo disimular.

Montamos la tienda. Mariam estaba algo más tranquila, pero aún nerviosa. Para animarla, decidí quedarme sólo en sandalias. Debo decir que también sentía timidez. ¿Qué pensaría ella de mí al verme desnudo? ¿Le parecería ridículo? Soy más bien delgado y proporcionado. En cuanto a mi miembro, sin ser un supedotado, debo decir que es bastante hermoso y que no decepcionaría a una chica exigente. Ronda los 20 cm en estado imperial. Tenía cierta confianza en que a ella le gustaría -secretamente- verlo.

- Voy a "cambiarme"-le dije.

Desaparecí en el interior y, mientras me desembarazaba de la ropa, no pude evitar tener una soberana erección. ¡Cómo no! La situación era tremendamente excitante. Intenté calmarme antes de salir. A duras penas lo conseguí, pero nada más abrí la cremallera de la tienda para salir, noté cómo mi miembro pedía guerra de nuevo.

Respiré hondo y salí. Mariam estaba de espaldas a mí, y vi su espléndido culo embutido en shorts. Lo que vi no lo puedo describir, sencillamente. Las cachas del culo desbordaban la minúscula prenda, marcando con obscena claridad todo, la profunda abertura de las nalgas, los hermosos cachetes morenos, la retadora prominencia del conjunto... No sé si el lector se siente atraído por el sexo anal, pero si no lo está puedo aseguarar que aquella vista le hubiera hecho cambiar de opinión ipso facto.

Mi erección se disparó salvajemente. Me metí de nuevo en la tiendas antes de que ella lo notara. Después de unos minutos, conseguí relajarme y salí de nuevo.

Mariam se puso colorada cuando me vio. Trataba de no mirarme el miembro, pudorosa. Yo intenté ser natural al máximo. Después de conversar un poco con ella le propusé que se cambiara. Ella argumentó que no se sentía preparada para desnudarse del todo, y que sólo tenía un bañador de una pieza. Le propuse que comprara un bikini en la boutique del camping. Ella me pidió que le hiciera el favor de comprárselo.

Poco después estaba en la boutique. Ciertamente había toda clase de modelos de bañador y bikini, pero yo estaba dispuesto a forzar la situación al máximo. Ignorando las diferentes prendas más recatadas que había, me fui a la sección de tangas. La talla de Mariam, dados sus volúmenes, era la mayor que había, pero mientras tenía el modelo adecuado en la mano, se me ocurrió la perversa idea de comprarle una talla inferior a la suya. Sólo de imaginarla en tanga me hervía la sangre, imaginad si además llevara un tanga que le venía pequeño.

Fui a por la talla inferior y, con él en la mano, me decidí más audazmente a comprarle uno dos tallas más pequeño. Era obvio que le vendría pequeñísimo, incluso yo dudaba de que pudiera ponérselo pero, ¿y si aceptaba?, ¿y si salía bien?

Volví a nuestra parcela. Ella esquivaba la visión de mi pene con la mirada, pero estaba ruborizada y no se atrevía a mirarme. Estaba realmente incómoda.

- Antonio, creo que esto ha sido un error... Creo que me voy a ir de aquí.

- No digas eso, te va a encantar este sitio. Mañana empieza el seminario de Tai Chi...

- Me siento muy incómoda... De verdad.

- Pruébate esto.

Mariam examinó el tanga, sorprendida.

- Pero... pero esto es un tanga

- Sí, no había otra cosa...

- Además, me viene pequeño.

- Lo siento, es lo único que había.

En aquel momento llegó una resultona chica morena en top less. Llevaba el pelo corto y tenía dos pequeñas pero bonitas tetas.

- Perdonad, soy de aquí, del camping. Me llamo Patricia. Quería deciros que no se permite residir aquí del todo vestido... Al menos ella debe ir en top less.

- Pero yo he visto gente mayor vestida...-protestó Mariam.

- Sí, pero es por eso, porque es gente de edad. Con ellos es distinto... Si no queréis no tenéis por qué permanecer aquí... No pasa nada, no hay problema -dijo Patricia amablemente.

- No, no te preocupes -le dje yo-. Es que somos nuevos en esto...

- Vale.-dijo, sonriente, y se marchó.

Mariam me miró con desamparo.

-Vamos, Mariam, creo que le estás dando demasiada importancia a todo esto, ¿no crees?

Mariam me miró intentando sonreír. Me dijo que se cambiaría pero que la dejara sola un instante. Mientras Mariam se cambiaba me fui a dar un breve paseo por el camping. Debo reconocer que disfrutaba exhibiéndome, sabedor de mi buen aparato. Sabía que más de una mirada se quedaba prendida de mí de vez en cuando. Había toda clase de gente en el camping: familias, parejas, gente sola, muchos extranjeros quizás esperando algún ligue...

Poco después, y obviamente expectante, me acerqué a nuestra tienda azul para ver a mi amiga. No estaba. Oí un revuelo unos metros más allá. Era un grupo de 4 ó 5 chicos de unos 20 años, haciendo comentarios eufóricos de los

que pude oír algunos. Estaban comentando algo acerca de una rubia:

-¿Has visto que tia más buena hay ahí al lado?

-¡Joder, tio, qué pedazo de tetas! ¡Y vaya culo! ¿Estará sola, tio?

No me costó darme cuenta de que hablaban de mi amiga. Me di la vuelta y, al fondo de la avenida arbolada del camping, la vi acercarse a mí. Llevaba puesto el tanga completo que le había comprado. Era negro y, al ser breve y además dos tallas inferior al suyo, aparecía ridículamete minúsculo. La parte inferior tapaba a duras penas su pubis, las tiras negras que rodeaban sus caderas eran finísimas. La parte de arriba era un poema: dos pequeños triángulos negros tapaban los pezones y poco más. Yo creo que ni siquiera tapaban la cuarta parte de sus voluminosos pechos, y desde luego la sensación general es que el sujetador iba a reventar de un momento a otro.

Mi reacción fue inevitable: se me puso como un poste de teléfono. Mariam se dio cuenta, pero estaba demasiado avergonzada para preocuparse de mi erección.

- Te... te está muy bien.

- Es pequeñísimo.

- No había otro, Mariam.

Me costó mucho trabajo convencerla de que no se fuera del camping. Por si fuera poco le comenté que, al ser tan pequeño, resultaba más provocativo puesto que sin poner. Le aconsejé que, al menos, se quitara la parte de arriba.

Lo cierto es que así parecía una puta.

La enorme confinza que tenía en mí hizo que se lo quitara sin más recato.

Por fin, después de dos días embelesado con sus pechos, pude comtemplarlos

en toda su maravillosa desnudez. Parecía que nadie los había tocado nunca, a pesar del formidable tamaño. Se erguían turgentes y provocadores, lozanamente enhiestos, con un moreno dorado en la piel. Los pezones, ni muy grandes ni muy pequeños, parecían estar para ser mordidos por primera vez. Al descubierto, sin nada que las ocultara, sus tetas eran aún más macizas y grandes que tapadas. Era imposible no clavar inevitablemente la mirada en aquellos maravillosos melones. Eran demasiado imponentes, demasiado soberbios para no babear por ellos.

Para relajarnos y distraer la atención decidí invitarla a tomar algo en el bar del camping. Estuvimos charlando una media hora hasta que ella pareció mucho más relajada.

Pasamos el resto del día explorando el camping, que era muy grande y muy bien equipado. A tenor de la verdad he de decir que Mariam lo pasó bastante mal ese primer día. No sólo no estaba acostumbrada a ir en top less sino que, de manera muy obvia, era el centro de atención de todos los hombres del camping. Había más chicas, muchas chicas jóvenes, algunas realmente atractivas, pero mi amiga madrileña las dejaba en mantillas a todas.

A media tarde, 4 horas después de haber puesto la tienda, Mariam era famosa en todo el camping, especialmente entre aquellos 4 chavales cercanos a nuetsra parcela que se la comían con los ojos cada vez que pasaba a 50 metros de allí, alucinados por su cuerpazo.

Llegamos agotados a la noche y decidimos acostarnos. No quiero cansaros más mencionando cosas intranscendentes, porque sé que todos estáis deseando que os cuente lo que realmente os interesa: si me follé a esa puta. Mariam cayó, ¡y cómo cayó! Aquella noche me permitió darle un masaje en la

espalda que la dejó frita. Allí quedó ella, con sus trenzas, bajo la luz de la linterna, tumbada, exponiendo su inmenso cuerpo boca abajo. Pude deleitarme comiéndome con la mirada el tremendo culo con el minúsculo tanga, casi inexistente, los muslos... Me armé de valor y, echándome con discreción sobre ella, le besé un hombro. Se sobresaltó.

-¡Qué haces! -se dió la vuelta dándome la cara. Los melones se balancearon masjestuosamente.

- Te quiero....

- ¿Qué ?

- Te quiero, Mariam

La besé en la boca y apenas opuso resitencia. Se derritió en mis brazos.

- Oh, Antonio... Yo...

- Te gusto, lo sé.

Se ruborizó. La volví a besar. Minutos más tarde estábamos enredados en apasionados besos. Jamás pensé que resultaría tan fácil. Era obvio: el calor, la calidez de los cuerpos, la privacidad, la juventud... y yo le gustaba.

Despegué los labios y le eché por primera vez una descarada mirada a las tetas. Decidí romper la baraja.

- Quiero follarte, Mariam...

Ella se tapó la boca, escandalizada. Ver aquella yegua rubia, con trencitas, tapándose la boca como una niña de 10 años, resultaba de lo más provocador. Me dije "¡qué polvazo te voy a meter!."

- No, no, no puedes... Soy virgen.

- Todo tiene remedio, cariño.

Me quedé estpefacto. ¡Virgen !. No podía ser. Aquella hembra, virgen. Pero, aunque no tenía experiencia en desvirgar chicas, la idea de ser el primero en penetrarla...¡buuufff!

Le cogí las tetas y fue el no va más. Una erección olímpica se despertó en mí. Mariam gimió como una niña. Era obvio que le gustaba que se las cogieran.

- Por favor... No estoy preparada.

- Estás preparadísima, amor -dije, mientras le exprimía las tetas con fuerza.

Mariam respiraba agitada. Era obvio que aquello "la ponía", aunque sea adelantaros algo. Os diré que a Mariam le pone muy cachonda que se las cojan bien cogidas.

A Mariam se le escapaban contínuas miraditas a mi polla, que estaba tiesa como un garrote.

- Quítate las bragas -le dije con descaro.

- Por favor...

- Seré delicado, Mariam. Venga, quítatelas -le dije con cariño.

Como no se decidía, yo mismo cogí las tiras y tiré hacia abajo. Ella ayudó alzando su trasero del suelo. Es obvio que si una chica colabora en que le quiten las bragas aunque te esté diciendo que no, es que le apetece que se las quites, ¿no creéis?

Animado por esto, le saqué la parte inferior del tanga completamente. Ahora estaba completamente desnuda. En la penumbra, con su expresión avergonzada, las piernas cerradas y sus grandes globos, me parecía la mujer más deseable del mundo.

- Abre las piernas -le dije-. Ella me miró asombrada por mi descaro. Puse mis manos sobre sus rodillas y las separé sin mucho esfuerzo. Una vez abiertas, vi su hermoso chocho rubio. Era abultado, con dos gordezuelos labios, como pequeños michelines. Estaban cubiertos de un poco espeso vello dorado. Tenía un aspecto realmente suculento. Nunca he sido muy aficionado a comer coños, pero debo reconocer que me entraron muchas ganas de hacerlo.

- Por favor, no me folles...

-Voy a darte mucho gusto, nena.

- Pero es que soy virgen...

- ¿Crees que hay mejor momento para perder la virginidad que este?

La empujé por los hombros hacia atrás, hasta tumbarla sobre su espalda. Sus tetas vencieron a los lados ligeramente.Me situé entre sus grandes muslos morenos.

Me incliné sobre ella y mi glande rozó los labios mayores de su coño. Ella se estremeció. "Tranquila, todo irá bien...", le susurré. Con el fin de que no se me escapara, la agarré por los muslos. ¡Qué suaves y tersos eran! Empujé ligeramente y mi capullo entró con suavidad. Casi enseguida topé con resistencia. Estreché el abrazo a sus muslos y la alcé ligeramente. Empujé varias veces, pero me había topado evidentemente con su himen.

- Por favor, me vas a hacer daño... No me gusta.. - Todo irá bien... - No me gusta, no me gusta... - Te gustará... - No, me duele, no quiero, no me gusta...

Mariam me miraba bastante asustada, pero se dejaba hacer. Yo intentaba aparentar una seguridad que no tenía. Nunca había desvirgado a una chica. Pero la visión de Mariam allí, abierta de piernas para mí, sus rubias trenzas, su expresión de indefensión, sus tetazas..., me hacían sacar ánimo. Decidí que ese era el momento, que ahora o nunca. Si debía hacerle algo de daño, merecía la pena, porque después vendría lo bueno.

Aferré con firmeza sus macizos muslos y decidí clavársela hasta el fondo de una estacada. La pillé desprevenida; en un violento movimiento de caderas la ensarté hasta los huevos. Noté cómo algo cedía definitivamente. Mariam soltó un gritito agudo y se tensó. Estuvo gimoteando unos instantes, pero casi enseguida se relajó. Me moví suavemente dentro de ella. Su chocho estaba increiblemente caliente, casi hirviendo. Estaba, además, muy mojado. Jugué un poco con mi miembro dentro de ella, intentando no tener prisa, aunque aquello me resultó de veras difícil, porque estaba supercachondo.

Unos minutos más tarde ella estaba de nuevo relajada. Empecé a bombear normalmente. No se puede describir cuán delicioso era sentir resbalar mi polla en aquel coñito rubio. Mariam se mordía los labios con los ojos cerrados. Bombeé progresivamente más rápido, gozando como un a****l. Antes de que me diera cuenta, Mariam gemía también. ¡La estaba haciendo gozar! No soy un egoísta y quería que ella disfrutara al máximo. Me excitaba verla gemir. Animado por esto, bombeé más rápido y más duro. Mi polla entraba facilmente en aquella ardiente y mullida caverna, entraba con tal facilidad que hubiera deseado tener mucha más polla para metérsela.

Minutos más tarde, la estaba jodiendo con lujuriosa violencia. Metiendo mis 20 cm duros como el acero hasta el fondo de su vagina, una y otra vez, una y otra vez. Resultaba increíble pensar que sólo hacía unos minutos aquel elástico y poderoso coño era virgen. ¡Menudo coño tenía Mariam! Me parecía tan grande que podía imaginarla ensartada por un caballo; pero no, no era un caballo quien se la estaba follando, era yo. Al fin me la estaba follando a fondo, y además como yo quería, sujeta por los muslos para que no pudiera escapar.

Mi gran polla entraba y salía frenética y despiadadamente en su caverna. Mis huevos golpeaban sonoramente contra su carnosa pelvis: plap plap plap plap. Ella ni siquiera abría los ojos, invadida por toda clase de sensaciones. Gemía agitadamente, con gritos agudos, mascullando cosas que yo no entendía. Pero sí sabía que estaba disfrutando.

- ¿No decías que no te gustaba? ¿Te gusta o no? ¿tTe gusta o no? - Sssí...- musitó. - Dílo más alto. ¿Te gusta mi polla ? - Ssí..ssí

Yo estaba cachondo perdido. El bombeo iba in crescendo, cada vez más rápido, cada vez más duro. Pensaba que me correría enseguida. ¡Era tan delicioso!. Su coño era el lugar más confortable y cálido del mundo, y realmente hervía.

Mariam empezó a hacer ostensibles muecas de placer, torciendo la boca, frunciendo los labios, moviendo la cabeza de un lado a otro. Mis 20 cm horadaban, ya sin piedad, la gruta del placer. Paré un momento y noté, con toda claridad, cómo su coño... ¡succionaba poderosamente mi polla! Los movimientos de sus músculos vaginales se asemejaban a una ansiosa boca chupadora. Su coño me estaba, literalmente, ordeñando la polla. Era flipante.

Yo sentía que no podría aguantar tanto tiempo la excitación. Resolví follarla con más ahínco para darle al menos un orgasmo antes de correrme. Cabalgué sobre ella sin descanso, con pasión, frenéticamente, dispuesto a arrancarle un violentísimo orgasmo. Poco después, de improviso, Mariam arqueó la espalda, se estremeció de arriba a abajo, clavó sus uñas en mi pecho y brazos, y soltó un profundo y largo gemido, gritando: "¡Diiiioooosssss, ssssiiiiiiiiiiiii!!

Durante unos instantes se contorsionó ferozmente, hasta que cayó rendida y agotada. Le había dado su primer orgasmo a Mariam, y parecía de los buenos. Mariam jadeaba con una amplia sonrisa en su cara de golfa. Abrí los ojos y me miró con malicia. Cómo contaros... Verla allí tumbada, con sus trencitas, sus tetones, su vientre, sus muslos, esa cara de puta satisfecha... Su mirada denotaba cualquier cosa menos inocencia. Noté que me iba. Ella también lo notó, pero en vez de pararme para correrme fuera me cogió por el culo y me aferró para que no se la sacara. "¡Mme corroo!", le advertí, pero ella sonrió, golfa, y me dijo "lo quiero dentro".

Solté un largo y espeso chorro en su gran coño, una, dos, tres, cuatro, cinco veces... Ella no me soltaba, quería que me vaciara entero dentro de ella. No me soltó hasta que le dije que había acabado.

Yo aún tenía energía y me quedé sobre ella observándola. Me miraba con aquella sucia sonrisa, con gratitud. Un poco respuesto, solté los muslos y agarré las tetas que tanto deseaba. Se las amasé con fuerza y ganas. No podía apenas abarcarlas. Las estiraba, las aplastaba, pellizcaba los duros pezones con malicia, las juntaba..., buuuuffffff. Mariam parecía gozar lo indecible con aquel repaso que le estaba dando.

- ¡Oh, tía, pero qué tetas tienes, qué melones! Tienes las mejores tetas que he visto en mi vida... NNo he visto nunca unas tetas tan increíbles... Me voy a poner las botas... - ¿De verdad ? -me preguntó, complacida. - Joder, niña, te las voy a ordeñar, dalo por seguro -se rió infantilmente.

Jugué con aquellos globos a placer dutrante un buen rato. Mariam gozaba, cerrando los ojos, concentrándose en la sensación de ser manoseada y amasada. Soltaba gemidos y suspiros. Era obvio que le encantaba que le metieran mano. Con el material que tenía entre manos estuve rapidamente preparado para volver al ataque. Mariam, no sé si por falta de experiencia, me acariciaba con fuerza el pecho, mientras yo me ocupaba de su pechos, quizás por correspondencia. La veía con ganas de aprender y yo la enseñaría.

Se alzó y se sentó junto a mí. Continué amasándole los pechos, intentando creerme mi suerte, aquella calentísima situación. Mariam me miraba ahora la polla con descaro, que ya estaba casi lista para la batalla, para darle lo suyo. Yo me sentía orgulloso de mi polla, me gustaba que me la mirara, sabía que era de buena talla.

- ¿Te ha gustado ? -le pregunté. Me miró maliciosa. - ¿Tú qué crees? -su expresión era ahora completamente perversa y golfa. - Creo que tú y yo nos vamos a entender muy bien...-le dije, cargado de intención. - ¿Sí? ¿Por qué? - Porque te gustan las pollas grandes y duras y yo tengo una... ¿O no?

Ella me aferró el miembro con evidente satisfacción y empezó a menearlo lentamente de arriba a abajo. Era delicioso.

- Es la primera vez que estoy con un hombre... Tendrás que enseñarme muchas cosas. - Te lo voy a enseñar TODO...

Comtemplé su carita regordeta, las graciosas trenzas doradas cayendo a ambos lados de la cara, los hombros morenos y redonditos... Enseguida la imaginé con una enorme polla en la boca, la mía. Quería ver cómo aquella zorra se comía una polla.

Me eché un poco hacia atrás con el miembro mojado y enhiesto, apuntando, mira por donde, hacia su cara.

- Chúpame la polla....-le dije, resuelto.

Me miró pasmada, llena de sorpresa, casi indignada.

- ¿Pero, qué dices? ¡No pienso hacer eso! - ¿Por qué no? - Es una guarrada. - Sí, eso dicen todas hasta que se la comen -dije, fanfarrón. - Eres un cerdo...

El haberla hecho gozar tanto anteriorermente me daba una pasmosa seguridad en mí mismo.

- Mira, niña, no vas a salir de la tienda hasta que me hagas una buena chupada en la polla. ¿Entiendes?

Ella me miraba indignada, pero sus pezones estaban duros como tornillos en aquel instante. Sabía que la tenía en la palma de la mano. Una chica normal se habría puesto algo encima y huído de la tienda. Incluso probablemente me habría dejado allí solo, abandonando el camping aquella misma noche. Pero Mariam, a pesar de sus palabras y gestos, no se movía de allí...

- Eres..., eres...-musitó con falsa indignación. - No sé lo que soy, lo que sí sé es que tú te vas a meter la polla en la boca hasta los huevos. ¿Entiendes, puta?

Os parecerá increíble, pero vi perfectamente cómo un chorrito transparente salía de su rizado coño rubio. ¡Estaba cachonda perdida! Le puse la mano derecha en la nuca, agarrándola por la coronilla, y, sin brutalidad pero con firmeza, la obligué a inclinarse sobre mi polla. Mariam ofreció una resistencia tan ridícula, que era obvio que se la comía el morbo.

- Abre tu puta boca y cómeme la polla -le dije con firmeza.

Mariam obedeció. Cerró los ojos con expresión de asco y abrió sus labios. Sentí cómo mi glande desaparecía en su cálida y húmeda boca. Instantes después sentí sus golosos labios jugando torpemente con mi capullo. Poco después intentaba engullir una mayor cantidad del pene. Yo la obligaba a bajar la cabeza más aún, sujetándola por la coronilla. Sus trenzas rozaban mi vientre haciéndome cosquillas. La mamada era evidentemente la primera que hacía, más bien torpe, pero tremendamente morbosa. Sujetándola ya con las dos manos, la obligué a engullir la casi totalidad del pollón. Cuando ambos nos quisimos dar cuenta, Mariam tenía su boquita de puta novel completamente ocupada por una soberana polla.

- ¿No querías polla? ¡Toma polla!

Pronto me dí cuenta de que mis movimientos no eran ya necesarios. Mariam empezaba a subir y bajar a lo largo del grueso tronco por sí misma. Le había pillado el tranquillo al juego. La solté y me recosté. Podía verla engullir la polla en su totalidad. ¡20 cm! ¡Vaya nena!

- Chupa, chupa, que se vea que te gusta. ¡Dale, nena!

Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y me dispuse a disfrutar de la mamada. Oía los excitantes sonidos del ansioso chupeteo. Yo no podía creerme mi suerte. Allí estaba yo, tumbado cómodamente en la tienda de campaña, en la intimidad de la noche, disfrutando de una soberana mamada de la tía más buena que había visto nunca. Pero lo mejor de todo era que Mariam estaba ya chupando con verdadera ansia, con verdadera delectacion. Aquella no era la mamada de una niña intimidada, ni una mamada para salir del paso. Chupaba con fervor "mariano", con hambre, con lujuria, saboreando la carne de la polla, la punta del caramelo, chupando con un ansia que seguramete no había sentido nunca. Sus sonidos lo atestiguaban.

Me dí cuenta con entusiasmo de que mi Mariam pertenecía a ese selecto club de auténticas mamonas, de nenas a las que les va la marcha de engullir pollas, cuantas más mejor, cuanto más grandes y duras mucho mejor. Había oído hablar a amigos de estas inusuales chicas obsesionadas con el mamoneo, ninfómanas del chupeteo, nenas capaces de hacer barbaridades con tal de mamarse una buena polla, pero eran escasísimas. Sin embargo, ante mi asombro, acababa de encontrame con una de ellas, con una chupapollas vocacional.

-¡Jooodeerr..., mamona..., mamona..., daledaledale...

Con semejante paisaje, como podéis suponer, no pude evitar correrme enseguida. No podía aguantar más. Se me ocurrió hacerle un facial, embadurnarle la cara con mi leche, pero me pareció excesivo para la primera noche y me apiadé de ella. Cuando noté que me iba, la saqué de improviso, haciendo sonar un "plop" al sacársela de la boca con un espeso reguero de saliva. A pesar de estar lejos de ella, el gran chorro la manchó ligeramente en el brazo y en los muslos. Ella me miraba mientras se reponía del esfuerzo bucal que acababa de hacer. Mis cuatro descargas, lo sé, la complacieron.

Agotados los dos por el esfuerzo, nos miramos satisfechos.

- Joder, nena, qué mamada me acabas de hacer... Y eso que no te gustaba ¿eh? - Sí...-dijo, tímida, y soltó una risita avergonzada.

Aquella noche no volví a penetrarla, en parte por cansancio, en parte por no matar "la gallina de los huevos de oro". Decidí comportarme, al menos un ratito, de manera galante, ya que hasta ese momento la había tratado como a una puta barata. Saqué un bote de leche corporal y le dí un largo y profundo masaje en la espalda, brazos, muslos. Su culo desnudo también se llevó parte del masaje, que fue en esa zona más bien un descarado magreo. Tenía unas enormes ganas de enculármela, pero me dije que quizás era demasiado desvirgarle los tres agujeros la misma noche. Además, ella se había quedado frita. Pero ante la visión de aquel espectacular trasero, me juré a mí mismo que me la follaría hasta el fondo por aquel enorme, macizo y bellísimo culo.

Antes de que amaneciera, nos despertamos de nuevo. Estábamos cachondos perdidos los dos. Yo porque tenía a aquella tía buenísima desnuda en la misma tienda de campaña, y ella porque había perdido el virgo a lo grande, por su coñito y por su boquita. Me agarré la polla y le susurré "vamos, nena, chúpamela un poquito". Esta vez la muy puta no puso pegas. Sonrió golfa y engulló mi polla, que yo sostenía agarrada por la base. Me la chupó unos minutos. No llegué a correrme, me dormí y ella se echó a dormir de nuevo hasta el día siguiente.

El sol traslucía a través de la tela de la tienda. Me desperté. Me sentía pegajoso, especialmente en mi entrepierna, por los fluidos de los dos. Había un agradable aroma, mezcla de nuestra carne, sudor y fluidos corporales. Mariam dormía como un angelito. ¡Pero qué buena estaba! Decidí dejarla descansar. Asomé la cabeza al exterior. Eran las 10:00 y había ya cierto movimiento en el camping, aunque nadie mad**gaba demasiado. Me volví a meter en la tienda. Ella estaba ya despierta, de rodillas, mirándome con simpatía y satisfacción.

- Buenos días...-le dije. - Buenos días... - ¿Has descansado bien? - Sí....

¡Qué demonios! Alargué las manos y cogí aquellas tetazas otra vez. Me lo pedía el cuerpo. Mariam reaccionó fulminantemente. Abrió su boca en una mueca de placer y se dejó sobar. La besé en el cuello con ansia. Mi polla se endureció de nuevo.

- Te voy a dar el desayuno...-le dije, malicioso.

Me agarré la polla y la sacudí frente a su cara. Ella entendió enseguida lo que yo quería. Yo estaba de pie intentando no pegar con la cabeza en el techo de la tienda, ella de rodillas tragando de nuevo mi cipote. Chupó mansamente mientras yo la guiaba, sujetándola con ambas manos.

- Vamos, manona, vamos... que sé que esto te gusta...

Ella soltó un gemido "mmmmm" que parecía significar "sí". Tras unos minutos de lengueteo, se la saqué y le pregunté:

- Esta vez te vas a tomar la leche, ¿vale? - Vale...-me contestó con una sonrisa.

Se la volví a meter en la boca y la animé "dale, nena, que ya viene lo bueno, dale, vamos Mariam..."

Ella me agarró el culo estrechando la mamada más. Enseguida solté los cinco chorros de rigor, que uno a uno desaparecieron en su garganta. Dejé que me sorbiera bien la polla para limpiar hasta el ultimo resto de esperma.

- ¿Te ha gustado el desayuno, nena? - Sabe salado...-dijo, maliciosa. - ¿Te gustaría que te diera el "biberón" todos los días?

Se rió, vergonzosa, pero contestó con perversa mirada "sí"

- Y eso que no te gustaba -le dije, propinándole un azote en las macizas nalgas.

"Ahora quiero que desayunes tú...", me dijo, y se tumbó, abriéndose de piernas y mostrándonme un increíblemente jugoso coño rubio. No tengo que deciros que me "desayuné" a gusto y a conciencia. Le estuve comiendo el coño más de 20 minutos, porque sabía que estaba disfrutando como loca. La pobrecita se corrió al menos 3 veces. Buen desayuno.

Bien desayunados los dos, salimos de la tienda, yo desnudo y ella con la parte inferior del tanga, que la hacía furiosamente atractiva pues apenas tapaba su rico pubis y la tira de las nalgas desaparecía del todo entre las lunas de carne.

Aunque nuestro plam inicial era disfrutar de un convencional día de camping, aprovechando las numerosas actividades que se iban a desarrollar, la calentura que tenáamos los dos nos hizo cambiar rapidamente de idea. Después de pasear una media hora por el camping nos alejamos de la zona más transitada y llegamos a una zona verde y arbolada bastante solitaria. Íbamos cogidos de la mano y debo reconocer que ya sentía algo más que deseo por Mariam, aunque me daba miedo confesárselo. Apoyé mi espalda contra un árbol y la estreché contra mí.

- Espero no haberte hecho sentir muy violenta ayer... - En absoluto... - Es que me pones muy cachondo... - ¿De verdad? - No dejo de mirarte y no puedo creerme lo buena que estás... - Exagerado... - Es verdad, Mariam, te deseo muchísimo.

Ella me miró con ternura.

Tú también me gustas -me dijo. - ¿Si? - La tienes muy grande... -dijo, algo avergonzada. - ¿Te gustan grandes?

Su mirada lo dijo todo.

- Ponme cachondo. Háblame de eso. - ¿Qué quieres que te diga? Me da vergüenza. - Venga, díme lo que te gusta...

Después de insistirle un poco, Mariam empezó a conmtarme sus deseos más picantes. Me demostró que sabía calentarme simplemente hablando.

- Claro que me gustan grandes..., cuanto más mejor..., más carne dentro... - Pero te he desvirgado yo... - Me encanta tu polla... - Pues la vas a tener todo lo que quieras, nena. - ¿Y el señor, qué es lo que quiere el señor? - Tengo muchos planes para tí... Quiero que cuando dejes el camping estés muy, pero que muy bien follada. - Eso me gusta... - Bueno, debo anticiparte que sobre todo me la vas a chupar hasta que te canses. ¿Te gusta chupar, nena?

Mariam me echó una mirada indescriptible. "Oooh...ssiii", musitó.

- Pues estás de suerte, porque a mí me gusta mucho que me la chupen. De hecho estaba buscando una puta que me la chupase a conciencia cuando y como yo le diga. ¿Quieres presentarte a la plaza vacante? - Sí...- me contestó, llena de morbo. - Muy bien, putita... ¿Te importa que te llame putita? - No... me gusta. -dijo con su ya habitual expresión golfilla. - Vale, porque de ahora en adelante, además de llamarte por tu nombre, te voy a llamar lo que eres: guarra, zorra, puta, pendón... y tú contestarás sumisamente. ¿De acuerdo? - Ssssiii... - Muy bien, guarra... Déjame que vea esas tetas -y la aparté de mí un poco.

Sus soberanas ubres colgaban magníficas. Las sobé con fuerza, las cogí por los pezones y los estiré hasta hacerle daño. Estaba alucinado.

- Tienes las mejores tetas que he visto en mi vida... - ¿Qué me vas a hacer? -me preguntó con una mezcla de temor y morbo. - Tengo tantas cosas en mente que no sé ni por donde empezar.

La apoyé contra el árbol y le chupé las inmensas mamas un buen rato. Mi polla quería ya coñito de Mariam. Emboqué la vagina con mi endurecida polla, dispuesto a dar a mi nena lo que se merecía.

- ¿Cómo la quieres, poco a poco o de un tirón, nena? - De un tirón...-me contestó, llena de morbo. - Si serás puta...

De un violento movimiento de caderas, la ensarté hasta la matriz. Mariam profirió un grito mitad dolor mitad placer. Agarré sus nalgas para sujetarla y bombeé con furia. La polla entraba y salía hasta el fondo de su mojada vagina con absoluta comodidad. El frotamiento la volvía loca, gemía y suspiraba como una perra en celo. Yo estaba intentando no correrme enseguida.

-¡Dame, dame! - ¿Quieres más, puta? - ¡Ssssiiiii!

Durante unos 20 minutos machaqué sin piedad su coño. La muy zorra parecía no tener bastante, le diera lo que le diera. Casi me sentí frustrado por no poder hacerla sentir que estaba a punto de reventar. Entre respiración cortada y agotada, la obligué a decirme lo que sentía:

- ¿Te gusta mi rabo, guarra? - ¡Sí, sí, siiiii¡ - ¡Joder, pues dímelo, quiero oírlo! - Me gusta tu polla, está muy duraaa... - ¿Te gusta en el coño? - ¡SSSIIIIIIIIIIIII!. Dame, por favor, dame hasta el final, hasta el final, llévame hasta el final... - ¿Hasta el final, puta? - ¡Ooh, Diossss, sssiiiiii, por favor! - ¿Te gusta que te llame puta? - ¡Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí! - Te voy a llenar de leche... - ¡Quiero tu gran rabo! - Joder, puta, qué coño tienes...¡Me corro, tía! - Suéltala, suéltala, suéltala.

Flossshhh, flossshhh. Solté el lechazo en el interior de su gruta. Simultaneamente Mariam se estremeció en un relámpago de placer que le recorrió todo el cuerpo. Se corrió con desesperación, gimiendo de tal manera que creí que estaba llorando... Resbaló hasta caer sentada en el suelo, casi asfixiada. Me parecía verla con lágrimas en los ojos.

- ¿Estás bien? -le pregunté, un poco preocupado.

Me miró, sentada, con lágrimas en los ojos y expresión desencajada...

- No he estado mejor en mi vida... Quiero que me folles todos los días... Prométemelo, prométemelo -me dijo, gimoteando. - Te voy a follar todo lo que quieras, te voy a follar tanto que no habrá puta en el mundo que haya tenido más rabo que el que vas a tener tu... - Prométemelo...-dijo, gimiendo. - Te lo prometo.

El fragor de la follada le había deshecho las trenzas. Ahora estaba con su largo y sedoso pelo rubio cayéndole sobre los hombros, con las bragas del tanga por las rodillas y su jugoso coño rubio goteando leche. Me miraba con gratitud. Quién me iba a decir que aquel culazo que había visto en el tren 3 días atrás acabaría allí sentado en tan "lamentable" y morbosa situación.

- ¿Te ha gustado, eh? -me miró con vicio. - Quiero que me conviertas en la más puta de todas... - Por supuesto, zorra, te vas a comer más rabos de los que te hayas imaginado nunca... - ¿De verdad? - Empieza por este... -y le sacudí la polla delante de la cara.

No hace falta que os cuente la mamada que me hizo. No me corrí en su cara porque quería que aquello fuera algo especial, algo más preparado. Quizás os estéis preguntando acerca de su culazo... Tenía planes para él, quería que fuera algo grande. Pero no os preocupéis, antes de que acabara el camping aquel ojete se llevó todo lo que se tenía que llevar y algo más.

Aquel día descansamos -de sexo- el resto de la jornada. Nos sentíamos felices. Ambos teníamos la sensación de haber encontrado un tesoro, una mina de oro, de ser muy afortunados. A pesar de que en nuestros encuentros sexuales las obscenidades y la provocación abundaban, yo me daba cuenta de que algo estaba empezando a despertarse dentro de mí acerca de Mariam. La echaba de menos en cuanto desaparecía un minuto para ducharse, y no ya porque tuviera ya de nuevo ganas de follármela, sino porque poco a poco aquella niña se había convertido en algo muy entrañable para mí. Una vez calmadas las ganas de sexo, Mariam se me aparecía como la amiga, la compañera, alguien a quien quería cuidar y proteger. Pero al mismo tiempo me sentía como el Dr. Jekill y Mr. Hyde, bastaba que empezara cualquier escarceo sexual para que quisiera convertirla en la más sucia de las putas.

Esta dualidad de deseo es frecuente por lo que sé, en muchos chicos. Lo uno no quita lo otro, diversión y ternura alternándose. Pero, poco a poco, me dí cuenta de que me había enamorado de aquella chica, de que la quería con ternura, de que sentía una intensa gratitud, no sólo porque me entregara con generosidad su inconcebible cuerpo sino por la bellísima mujer que había detrás de él.

Si yo tenía algún reparo en experimentar con ella, en explorar todas las posibilidades, ella me animaba a hacerlo sin reservas. Así, la tercera noche, le planteé el tremendo deseo, la febril excitación que me producía la idea de correrme abundamente en su cara. Ella, lejos de escandalizarse, me miró con expresión maliciosa -ya había aprendido cómo calentarme- y me dijo:

-Te gustaria verme llena de semen, ¿eh? - Buuufff, nena... No sabes cómo me pone... - Pensé que te satisfacía metérmelo todo dentro...-contestó con falsa ingenuidad. - Vamos, Mariam, sabes que me gustaría tenerte como a las japonesas.

"Las japonesas" había sido un tema de conversación que yo le había sacado previamente.No sé si sabéis que en Japón son muy populares unos vídeos porno consistentes en faciales multitudinarios sobre alguna joven japonesa. Si no los conocéis, de veras os lo recomiendo porque es de lo más morboso que he visto jamás. No se las follan, no se las enculan, pero más de 100 nipones aguardan en cola para descargar su lechazo sobre la cara de alguna joven y linda japonesa. A todo este increíble proceso se le llama "Bukkake".

Cuando a Mariam le comenté esto, lejos de escandalizarse, se divirtió mucho y enseguida comprendió, aunque yo no se lo dije, que aquello era una especie de sueño imposible para mí. Me estrechó en su brazos y me habló, susurrando: - Te gustaría que fuera una de esas putitas japonesas, ¿verdad? - Me volverías loco, Mariam... - Creo que me gustaría sentir tu leche corriendo por mi cara. Mmmmm.

Aquella noche acordamos hacer un ensayo de facial. Yo estaba tan cachondo que, como un niño que cena deprisa para que los reyes magos le traigan antes los juguetes, enseguida acabé mi cena. Mariam me miraba divertida, consciente ya de que tenía poder sobre mí, un poder que ella utilizaba agradablemente.

Ya dentro de la tienda, Mariam se quitó las bragas y se tumbó boca arriba. Abrió las piernas enseñando su jugoso coño. Yo estaba erecto y me incliné sobre ella.

- Fóllame un rato antes de que te la chupe... -me dijo, con entera confianza. - Por supuesto, amor...

La penetré después de acariciar su tierno chocho dorado. Ella era la imagen de la felicidad. La follé despacio, profundamente, mientras chupaba sus inmensas tetas, sus endurecidos pezones rosados. Durante un cuarto de hora, la follé con ternura y delicadeza. Ella gemía, transportada a otro mundo mucho mejor. De vez en cuando me comentaba cosas que me ponían caliente. En muy poco tiempo había aprendido a hablar sucio y excitante.

- ¿Te gusta mi coño? -me preguntaba con fingida voz infantil. - Oooh... Me vuelve loco... - ¿Está rico? - Sssssiiiiiiii. - Oh, amor... Métemela hasta el fondo. ¿Te gusta mi coño de puta, verdad? - ¡Ssiiiiii!

Con mi polla a punto de reventar, la saqué y, a horcajadas, me senté con cuidado sobre su tetas, de tal manera que ella pudiera chupármela bien. Ella me miró con malicia. Sacudí la polla sobre su carita y, mientras me miraba, la introduje, dura y chorreante en su boca. Mariam comenzó a chupar despacito, con fruición, con sabiduría, sin prisa, sin prisa... De vez en cuando la sacaba de la boca y pasaba su carnosa lengua en círculos a lo largo de mi afortunado glande, que parecía a punto de estallar. Lo sorbía ruidosamente, lo engullía, lo frotaba malévolamente con la boca y no quitaba ojo de mi expresión, deleitándose con mis gestos de ansia y deseo.

- ¿Le gusta al nene lo que le estoy haciendo? -me decía con aquella perversa voz infantil.

Yo era incapaz de responder. Al cabo de unos minutos de este sucio juego, que dudo que una profesional hubiera hecho mejor, Mariam empezó a mamar con creciente fuerza. No me quitaba el ojo de encima, controlando mi expresión para acelerar o decelerar, para oprimir o relajar. ¡Dios, qué mamada!

Al cabo de unos minutos Mariam movía su rubia cabecita como un pistón, succionando como una auténtica puta, frenéticamente, sin concesiones. Yo la agarré por la cabeza con las dos manos, dispuesto a no dejarla hasta que todo se consumara. Sobrepasado por las sensaciones, la puse de guarra para arriba, estando ya fuera de todo control:

- ¡Diooosssss, sigueeeee, sigueeee, no pares, no pareeesss, vamos putaaaaa, zorra, sigue hasta el final, hasta el final! Mama, mama, mamammam, mama.

La obligaba con ambas manos a engullir la totalidad de la polla, que no era pequeña. El tronco desaparecía completamente en su garganta una y otra vez, una y otra vez... Sentí el calor que precede a la explosión y saqué la polla de su boca de improviso, haciendo sonar un excitante plops.

La sensación en mis huevos era la que precede a un fortísimo disparo de semen. Le sujeté con firmeza la cabeza con ambas manos, acomodándola para que el chorrazo cayera en su totalidad en su cara. Sin que yo le dijera nada, Mariam abrió la boca y sacó toda la lengua, mirándome expectante. Afirmé la posición de la cabeza y estallé...

El primer chorro le cruzó la cara, desde la barbilla hasta la frente, dejando una viscosa huella; el segundo empapó su nariz hasta casi cubrirla; el tercero y cuarto cubrieron sus mejillas; el quinto casi en su totalidad acabó en su hábil lengua. Desparramé dos nuevas espesas descargas sobre la gordezuela cara de la rubita. La cantidad era ya importante. Mariam permaneció tumbada boca arriba, obediente, dejándome hacer. Revolvía el semen sobre la cara, lo estiraba, lo reunía, lo restregaba, hasta que su cara era irreconocible. Las risitas de Mariam descomponían el cuadro, dándole nuevas formas. Las burbujas explotaban, nacían, se rompían de nuevo. Tiraba de un grumo hacia arriba y lo lanzaba sobre la cara de nuevo.

Mariam abría la boca de par en par, intentando estar a la altura de las calientes circunstancias. Desde luego no parecía tener reparo alguno en mancharse con el esperma. Cuando se dio cuenta de que había terminado, cerró la boca, tragándose lo que había caído en ella y sonriéndome ampliamente. Su cara era un poema: reguerones de denso esperma la cruzaban, obligándola a mantener el ojo izquierdo cerrado, lo cual no era obice para que una satisfecha sonrisa de golfilla animara su cara.

- ¿Te has corrido en mi cara, eh? -me dijo, maliciosa, y comenzó a relamerse tanto como pudo.

Blandí mi polla y restregué por su gordezuela cara todo el viscoso líquido, hasta que no hubo una parte de su carita que no estuviera pegajosa y llena de semen. "Haz espuma con la boca", le dije. Mariam se rió y babeó un poquito hasta conseguir formar un espeso grumo de leche y saliva derramándose por su barbilla. Le volví a meter la polla en la boca. Ella mamó con vicio mientras no me quitaba el ojo de encima para ver mi cara ansiosa.

Durante un buen rato mamó y mamó, así que enseguida tuve la polla lista para darle lo suyo otra vez. Llevaba días babeando como un imbécil por su enorme culo, de hecho era su trasero lo que me había empujado hasta allí. Hasta ese momento no veía la hora de zumbármelo de una vez por todas. Ya hacía tiempo que deseaba obsesivamente encularla, y decidí que aquel era el momento.

- Date la vuelta, te voy a dar por el culo, nena...

Ella me miró asombrada.

- No, eso si que no... - Vamos, Mariam, ¿acaso te he hecho algo que no te haya gustado ? - Eso es distinto, eso no está hecho para follar... - Hasta que te follan. - No quiero que me des por el culo.

Me eché sobre ella y apresé sus tetas, chupándolas con cuidado.

- Mariam, escúchame. Comprendo que te de miedo, que es un sitio muy estrecho y mi polla es gruesa. Créeme que si pudiera privarme de encularte lo haría, pero no puedo. Tu no tienes un culito normal, nena, tu tienes el mejor culo que he visto en mi vida, así de simple. Mariam, no me pidas, no me digas que no me vas a dejar follármelo...

Mariam dudó.

- No será para tanto -dijo. - Mariam , si tu estuvieras en mi lugar, me entenderías. He soñado con jodértelo desde la primera vez que te ví. ¿Te acuerdas cuando hablábamos de Yoga en tu vagón? Pues yo lo único que pensaba, lo único que deseaba, era cogerte por detrás y metértela por el culo hasta que no pudiera más. Tu no sabes lo que tienes ahí detrás. No te das cuenta del culazo que tienes, de todas las erecciones que provocas simplemente andando por la calle. Sobre todo cuando llevas esos pantalones de pana negra que se te meten por la raja hasta... Dios sabe donde, y que parecen que van a reventar con tus nalgas de un momento a otro... Joder, Mariam, déjame follarme tu culo..., te aseguro que vas a gozar como una puta. - No sé... - ¿Sabes que me hice 6 pajas a la salud de tu culo en mi vagón? Imagínate cuantas veces seguidas podría follártelo si me dejaras. - ¿Y me vas a dar muy duro?

Yo no sabía qué decirle. Pensé "Todo lo que te lo mereces".

- Seré suave, no te haré daño, Marianita.

Mariam dudaba. Sabía que yo era un "chico malo", aunque sabía que en su fuero interno aquello la "ponía".

- No sé..., nunca me ha llamado la atención..., nunca he deseado que me dieran por el culo. - Hasta que lo pruebes... Te va a gustar más que chupar polla, ya verás...

Le propuse que se sentara sobre mi polla y se enculara ella misma con cuidado. Tras muchas dudas, aceptó. Yo estaba tumbado boca arriba y ella se sentó a horcajadas, dándome la espalda. Primero quiso apoyar las rodillas a ambos lados de mis caderas, pero yo tenía un perverso plan. Le dije que se apoyara en las plantas de los pies y con las manos en el suelo. Mariam obedeció confiada. Mi polla, ante semejante perspectiva estaba de nuevo como un ladrillo. El culo de Mariam flotaba majestuoso sobre mi tranca. Puse las manos sobre sus suaves e imponentes nalgas y las separé. Las dos lunas de carne se separaron bastante, y pronto apareció el lugar donde presumiblemente (yo no lo veía) estaba su esfínter.

Mariam descendió temerosamente, hasta que notó mi glande tocar su ano. Se estremeció. Yo me había embadurnado un poco la tranca con leche bronceadora para facilitar la acometida. Al principio estaba completamente cerrado. Sus nervios impedían la necesaria relajación para que el ano se dilatara lo suficiente para absorber, al menos, la cebeza de mi cipote. Durante unos minutos Mariam subía y bajaba tímidamente, intentando absorber parte de mi gruesa polla. Lo cierto es que ella tenía razón: su esfínter era diminuto (sobre todo en comparación con sus nalgazas) y mi polla causaría estragos al entrar..., pero, madre mía, aquella visión y aquella perspectiva hubiera animado a cualquiera. Estaba tan cerca de conseguir mi más ansiado deseo: encular a aquella puta maciza, a aquella madrileñita que, sin saberlo, había venido a Andalucía a que se la follaran a fondo por el culo.

Finalmente me decidí a consumar mi plan. Cuando Mariam, después de varios intentos, hubo conseguido introducir mi glande en el esfínter (cuán cálido era...), me dí cuenta de que si le quitaba las manos, su único punto de apoyo, de un manotazo, ella caería con todo el peso de sus 75 kilos sobre mi polla, y ésta obviamente, entraría hasta el fondo de su culo. Literalmente se sentaría sobre mi polla de un tirón, de una "sentada", y nunca mejor dicho.

Así lo hice. De improviso, de un manotazo, le retiré las dos manos, y ella cayó con todo su glorioso peso sobre mí, ensartándose mi miembro hasta los huevos, hasta los mismos huevos. Ella gimió de dolor (¿o fue placer?) y se quedó unos momentos sin respiración. Me imaginé que la visión de aquel panorama desde delante sería fantastica: Marianita sentada sobre una polla que le entraba hasta el fondo de su macizo culo, con una cara mitad sopresa, mitad susto, mitad dolor/placer.

Su culo, su ojete, era estrecho y cálido como un horno. Entró con relativa facilidad, y enseguida me dí cuenta de que era tan delicioso y calentito que me costaría horrores no correrme enseguida. Sentía la fantástica presión de sus nalgas de diosa oprimiendo, ordeñando mi afortunada polla. La cogí por las caderas y la hice subir y bajar un poco. Ella, traspuesta todavía, se dejaba hacer. En unos momentos ya la tenía bien aferrada por las caderas, haciéndola cabalgar levemente, horadando aquel imponente trasero.

- ¡Jodeeeeerrr, qué culoooo! -no pude reprimir.

Ella gimoteaba y suspìraba, sin acertar a decir nada. La hice rodar de tal manera que quedó debajo de mí. Mi polla, por supuesto, aún dentro.

- ¡Vaya polla!, ¿eh? -le dije, fanfarrón, sin creerme aún del todo que, al fin , se la había metido.

Seguí empujando. Cada vez era más facil entrar y salir de su ojete. Ella suspiraba, y no de dolor precisamente. La puse a gatas, yo detrás de ella, en la posición más clásica para dar por el culo. Ahora no sólo podía penetrarla a conciencia, sino que tenía ante mí una maravillosa perspectiva: su enorme trasero, su hermosa espalda, su cabecita rubia, sus trencitas meciéndose al vaivén del bombeo al que la sometía.

Empecé a darle con creciente fuerza, con decreciente compasión. La polla resbalaba hacia dentro con relativa facilidad. Pensé que si la primera enculada era tan sencilla, las posteriores serían tan habituales como metérsela por su chocho rubio.

Menudo culo tenía la niña.

Se la metía hasta los huevos, la sacaba hasta la mitad y se la volvía a clavar inmisericordemente, así una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Sus gemidos eran ya claramente orgiásticos. Gozaba como una puta barata. Mi polla desaparecía una y otra vez en el interior del culazo de Mariam. Ella gemía roncamente, absolutamente ida, incapaz de oponer alguna resistencia. Chicos, ojalá hubiérais estado allí para sentir aquel ojete madrileño.

Para estimularla, le azotaba el culo. Saboreaba el "plas" del sonido de sus macizas nalgas, una y otra vez. La pobrecita se llevó una buena azotaina, pero se lo merecía por tener aquel indecente culo. Además la animaba con mis comentarios, que la ponían más cachonda.

- ¡Vaya culo tienes, zorra! ¡Pero qué cacho de culo! ¿Te gusta que te den por el culo? - Sssiii.sssii...ssiii....-gemía, indefensa.

Dentro-fuera, inmisericordemente, como debe follarse un buen culo de maciza, enseñándole para qué se lo dio la naturaleza. Creo que a Mariam le quedó bastante claro. Yo sentía mi carne perderse allí dentro, volver a salir amoratada por la presión, volver a clavarla sin miedo, confiando en mi propia dureza, en la elasticidad de su recto. Lo que más me animaba era oírla gemir obscenamente, sin recato. Saboreaba pensar que 4 días después de haber visto aquel imponente culo en el tren, por fin, me lo estaba follando, y cómo me lo estaba follando, sin piedad, sin compasión.

Tíos, no sé cuánto tiempo me la estuve follando, pero fue mucho. Solté una primera descarga, pero enseguida se me puso dura, tanto deseaba follarme así a mi Mariam. Me corrí dos veces más antes de sacarla de aquel, para mí, sagrado lugar. Mariam cayó rendida y satisfecha, no digamos yo. Era el hombre más feliz del mundo.

Antes dejarla dormir, le propiné un nuevo azote en las cachas, y le dije "a partir de ahora gozarás también por el culo, amor..."

Al día siguiente, de mútuo acuerdo, decidimos hacer actividades "normales", en parte por aprovechar un poco el camping, en parte porque la sesión anal a la que había sometido a Mariam había sido tan intensa que ella tenía m*****ias. Le ardía el esfínter, un leve dolor en el recto que le incomodaba al andar o al sentarse.

Yo me puse un bañador y unas zapatillas deportivas, y ella las bragas del tanga y una camiseta de tirantes sin nada debajo, además de zapatillas. Os la podéis imaginar. No iba desnuda de manera estricta, no se le veía ninguno de sus abultados encantos pero, ¡cómo estaba ! El tanga le sentaba como no se lo he visto a ninguna otra chica, en realidad era una débil excusa para enseñar el enorme culo a todo el mundo; el triángulo del pubis era tan pequeño que parecía que en cualquier momento asomariían los dorados rizos de su jugoso chochito; y la camiseta de tirantes, a pesar de ser amplia, no conseguía ocultar la gloriosa realidad de aquellas dos enormes, poderosas, fantásticas tetas.

Mientras íbamos camino de la pista de tenis, yo la dejaba andar delante de mí, regodeándome al pensar en cómo me la había follado los días anteriores, y más contento aún al pensar en lo que me quedaba por hacer con mi Mariam.

Estuvimos jugando al tenis como dos aficionados buena parte de la mañana. Enseguida tuvimos bastante público, especialmente masculino, que obviamente no había acudido a ver el partido sino al pedazo de hembra que había en la pista. Os podéis imaginar cómo la jaleaban cada vez que ganaba un punto, y no digamos cuando se agachaba a coger alguna pelota y mostraba el desaforado culo al público. Muchos desaparecían repentinamente, me imagino por qué.

- ¡Coge las mías!-gritaba el ingenioso de turno.

Cada vez que sacaba, los melones se sacudían notoriamente entre aplausos del público, casi exclusivamente masculino. Lo más gracioso era que en una pista cercana un conocido tenista estaba jugando un buen partido, pero el público de allí prefería, evidentemente, a la "top-ten" Mariam, que tenía "el mejor saque" del circuito... Aunque la mayoría se conformaban con llenarse los ojos con ella, alguno que otro soltaba de vez en cuando una patochada realmente grosera.

- ¡Te iba a dar candela, tía buena! - ¡Eso es carne y no lo que le echa mi madre al cocido! - ¡Ten cuidado con el mango de la raqueta! - ¿Quieres que te sostenga las bolas?

Para qué deciros, amigos, yo me sentía muy incómodo. Ser pareja de Mariam no sólo tenía cosas buenas. De alguna manera me sentía responsable de que a ella no la hirieran. Cuando se dio cuenta de mi incomodidad, decidimos dejar el partido, y abandonamos la cancha en medio de una salva de aplausos que evidentemente no iban dirigidos al juego.

Aquella tarde Mariam acudió a uno de los talleres del campamento y yo decidí quedarme leyendo en la parcela. Los chicos que había visto el primer día se dirigieron a mí resueltos, y se presentaron. Como os podéis imaginar, enseguida me preguntaron por Mariangeles.

- ¿Es tu novia? - Sí... - Déjanos decirte que está buenísima... - Ya, ya...

En realidad eran 5 golfillos de apenas 20 años que, al parecer, estaban completamente salidos desde que la vieron. Al principio no sabía muy bien qué pretendían, pero empecé a intuir algo... ¿Me seguís?

Cinco pollas, cinco, para Mariam. La sóla idea de verla atravesada por cinco pollas me hacía empalmar como un desgraciado. Al principio fui remiso, pero debo reconocer que la idea me ponía cada vez más cachondo, e intuía que a mi nena le iba a encantar...¡Qué demonios! Hasta ahora le había gustado todo. Les dije que me dejaran pensarlo.

Durante el día siguiente la idea se apoderó de mí. ¡Cómo disfrutaría ella!, y qué excitante perspectiva verla penetrada, no ya sólo por una polla distinta, sino por 4 ó 5 a la vez... Buuuffff.

Aquella era la última noche en el camping. Debia ser entonces o nunca. Yo le había dicho la tarde anterior que tenía una sorpresa especial para ella. Ella me miró maliciosa. Sabía qué clase de sorpresa le solía dar, aunque supongo que se preguntó qué agujero suyo quedaba por desflorar.

Los muchachos se llamaban Javi, Quique, Pepe, David y Borja. Estaban completamente pendientes de mis instrucciones, desde el momento en que les confirmé que lo intentaríamos. Al parecer, la noche anterior dos de ellos ni siquiera pudieron dormir, pensando que al día siguiente se iban a follar a "la tetona", como decían ellos.

Mariam y yo acabamos de cenar. No sabía cómo decirlo. Sabía que a ella la ponían cachonda los golpes de efecto, así que, después de imaginar posibles situaciones, decidí hacerlo de la manera que os voy a narrar.

- ¿Cuál es mi sopresa? -me preguntó, cariñosa. - No sé si te gustará... - Mmm... Seguro que sí. Eres un encanto.

Amasé una de sus tetas por encima de su camiseta.

- ¿Te ha gustado lo que te he dado en este camping? - Tú que crees, ¿nene? - Pues de eso va la sorpresa.

Cogí aliento y proseguí.

- Te has llevado rabo casi por todas partes, pero... sólo uno...

Me miró extrañada.

Di un silbido y los cinco zagales se acercaron en bañador a nuestra parcela, ténuemente iluminada por una linterna halógena.

- Te presento a Javi, Quique, Pepe, David y Borja. Esta es tu sorpresa.

Mariam no entendía lo que pasaba.

- No entiendo.

Miré con complicidad a los chicos y les hice una señal qu habíamos acordado previamente aquella tarde. Los cinco, al unísono, se bajaron los bañadores mostrando cinco pollas de buen tamaño, la mayoría completamente erectas.

- Esta es la sopresa Mariam...

Mariam se tapó la boca, llena de sopresa.

- No te la tapes que te la voy a meter por ahí -dijo Borja descaradamente.

Yo no las tenia todas conmigo, pero me dí cuenta de que había acertado cuando ví cómo los hermosos pezones de mi chica se marcaban a través de la camiseta.

- Pero..., pero..., yo...m yo no... -tartamudeó Mariam. - Métete ahora mismo en la tienda, que te vamos a follar entre todos, cariño. Quítate las bragas y pórtate bien con estos chicos, que van a ser muy buenos contigo.

Mariam, completamente ruborizada, y sin mucho control sobre sí misma, me obedeció, metiéndose en nuestra tienda, que debo explicar, era bastante amplia. Los chicos me miraban con asombro, por lo fácil que había resultado. Incluso para mí fue asombroso. Con el tiempo, cuando conocí más a Mariam, comprendí mejor su manera de actuar en esas situaciones: se trataba de una exótica mezcla de timidez, morbo, sumisión, y, por supuesto y lo más importante de todo..., le gustaba más un rabo que a un tonto un bote. Yo creo que ella, en los días anteriores, había estado fantaseando diversas situaciones, y se dio cuenta de que aquella era la oportunidad de su vida.

Los cinco chavales se apresuraron a acecarse a la tienda andando torpemente, con los bañadores por las rodillas. Era un espectáculo morboso y divertido.

- Tranqui, colegas, que hay para todos... -les dije, riéndome-. Esperad -añadí-. Podéis follarla como queráis y por donde queráis, pero que quede claro una cosa, quiero que ella disfrute. Si ella os pide una cosa, lo hacéis, si no os largáis todos de aquí. ¿Queda claro?

Obvio decir que asintieron sin ninguna objeción, faltaría más.

Cuatro de ellos desparecieron en la tienda. El quinto debía esperar fuera. Yo estaba también excitadísimo y, bajándome el short, comencé a meneármela pensando qué estaría sucediendo allí dentro. Durante unos minutos oí comentarios, risas, suspiros, exclamaciones, gemidos... Poco después empecé a oír gemir a mi Mariam.

Me metí en la tienda. ¡Menudo espectáculo! Uno de ellos, creo que Javi, estaba entre sus piernas, bombeando en su rubio coñito. Se podían ver perfectamente sus huevos golpeando las pelvis de Mariam. Ella gemía rítmicamente con los ojos cerrados. Pepe se afanaba con sus tetas con expresión de incredulidad ante lo que estaba manejando. Borja, como había prometido, introducía rítmicamente su polla, de buen tamaño, en la boca de ella, que se esforzaba en engullir. David se la meneaba esperando con ansia el turno de joder a Mariam.

Yo tenía el rabo como os podéis imaginar. Recordé que tenía una cámara. La saqué e hice algunas fotos para la posteridad. David desplazó a Javi y penetró a Mariam por su ya chorreante coño. Mariam gemía y gemía.

- ¿Te lo pasas bien, cariño? -le pregunté, algo celoso. - Mmmm...ssi..mmmmmsssiii...mmmm.. -me respondía como podía.

David la follaba con dureza. Entretanto, Borja y Pepe se repartían las tetas y la boca como buenos amigos. Esta desorganizada follada duró unos minutos más, hasta que, dándose cuenta del asunto, los chavales se organizaron. Pusieron a cuatro patas a Mariam, que se dejaba hacer en medio de gemiditos ansiosos. Con Mariam en posición de perrita, ellos disponían de tres agujeros, amén de sus poderosas tetas que colgaban casi hasta el suelo. Ella miraba a todas partes jadeando ansiosa, nerviosa por la interrupción de la follada.

- Tranquila, nena...-le dije-. Ahora te follan.

En esta postura todo resultaba más fácil. Javi entró por su boca, Borja penetró su coño desde abajo -hasta el fondo-, y Pepe se afanó en meterla en su macizo culo. Poco después, a Mariam la empujaban desde todos lados, haciendo cimbrear su cuerpo de graciosa manera.

David sustituyó a Javi en la boca de Mariam, que chupaba y chupaba. Yo tenía que hacer verdaderos esfuerzos por no correrme ante tal espectáculo. Veía el sandwich que le estaban haciendo: una polla entraba hasta el fondo del culazo de ensueño, mientras que Borja, que bramaba de placer, hundía su estaca hasta la matriz de Mariam. Ver el inmenso culo entre las dos pollas, follado por arriba, y el coño, follado hasta el fondo por abajo me puso a cien. Saqué varias fotos de aquel monumento. Le dije a Pepe que se quitara, lo que hizo de mala gana. Cuando sacó la polla del ojete, éste permaneció ampliamente abierto unos instantes y se cerró. Pero poco despues allí estaba yo introduciendo mi dolorida polla en el culo de mi Mariam.

La jodí con desesperación, castigándola, mientras la llamaba puta, guarra, y otras lindezas por el estilo. Noté perfectamente como ella se iba en una cascada de orgasmos simultáneos, proporcionados por el baile de pollas que entraban y salían de su cuerpo de diosa. Yo apresaba sus nalgas con desesperación, frotándolas, pellizcándolas, horadando su esfínter hasta el límite de lo posible. Ella jadeaba, gemía, gritaba, cuando su boca no estaba ocupada, lo que era verdaderamente extraño.

Desde mi posición, mientras daba y daba sin piedad, pude ver cómo David y Javi conseguían meterle sus dos pollones en la boca. Mariam podía chupar las dos a la vez. Ambos la sujetaban por la cabeza para que no las soltara. "¡Cómo debe estar gozando!", pensé, sabedor de lo muy mamona que era. Apreté las nalgas y me corrí espesa y largamente en su culo. Cuando saqué la polla del prodigioso orificio, ví la panorámica desde arriba: el esfínter se cerraba lentamente, las dos pollas desaparecían casi completamente en la chupadora boca de Mariam, Borja clavaba su estaca sin piedad ni misericordia en su coño. Recordé la primera vez que vi su culo en el tren, en aquel erótico pantalón de pana negra. Quién le iba a decir que acabaría asi...

Sali fuera para recobrar fuerzas y le dije a Quique "El culo está libre, estás de suerte". Quique desapareció dentro de la tienda y se sumó a la comunal follada de Mariam. Estuve un rato meneándomela, imaginando lo mucho que estaría disfrutando mi nena. Poco después, aprovechando que algunos de ellos se habían corrido varias veces ya, volví a entrar. Mariam tenía ya numerosos reguerones de esperma en el culo y los muslos. Me puse delante de ella y se la metí en la boca. Creo que ni siquiera se dio cuenta de que era yo. Se la comió y chupó y chupó y chupó... Bueno, ya sabéis cómo chupa ella. Desde atrás, Quique la follaba violentamente, tratando de correrse por segunda vez en su culo. Desde abajo, era David quien la ensartaba ahora. Borja me propuso que le metiéramos los dos nuestras pollas en la boca. Se la saqué momentáneamente y las dos pollas juntas desaparecieron en la boquita de Mariam, que sorbió ruidosamente.

Mientras Mariam recibía y recibí, su actitud era de sobrellevarlo todo como podía. No decía nada (tenía la boca ocupada) y empezaba a dar muestras de estar exhausta. Poco después alguien la cambió de postura y la obligó a sentarse sobre su polla, enculándola desde abajo. Sus tetas se balanceaban obscenamente y todos querían cogerlas. Mariam fue manoseada por todos así. Una docena de manos sobaban sus muslos, jugaban con su coño chorreante, estiraban, pellizcaban, amasaban aquellas ubres de vaca, magreaban el culo... Ella se corría periodicamente, profiriendo un gemido gutural y profundo, arqueando su espalda. De vez en cuando, alguien se la volvía meter en la boca. Ella se la comía sin ni siquiera mirar de quién era. El "chup-chup" resonaba en la tienda.

Antes de irse los chicos (eran las 5 :00 y ella estaba agotada de correrse), todos se la metieron brevemente una vez más en el rico chochito, sabedores de que nunca volverían a follarse una tía como esa.

Al día siguiente abandonamos el camping. Las mejores vacaciones de nuestra vida. Mariam volvía a Madrid y yo a mi Cadiz. Como el tren de ella salía por la tarde, le propuse estar en una pensión las horas que restaban. Le pedí que se pusiera aquel pantalón de pana que tanto adoraba. Así lo hizo, y le estuve sobando y magreando el culo a conciencia. Se lo bajé, descubriendo el culo. ¡No llevaba bragas! Y la enculé por última vez. Fue maravilloso.

Cuando ella se montó en el tren, ambos estábamos a punto de llorar, porque el hecho es que nos queríamos. No había habido sólo sexo, también amistad y camaradería, regalos picantes y diversión. Nos prometimos volvernos a ver. Ella tenía la fantasía de que yo la follara en su propio dormitorio, rodeada de sus muñecas. Por supuesto le dije que sí.

Mariam me escribiría muchas cartas, contándome sus aventuras sexuales, verdaderamente calientes y que dejaban en mantillas toda nuestra peripecia. Tengo muchas de ellas y os las iré transcribiendo. Os aseguro que leerlas rompe la bragueta. Una vez le dije, medio en serio medio en broma: "Mariam, con ese culo puedes conseguir lo que quieras". Tiempo después me escribiría diciendo: "Tenías razon, con mi culo consigo lo que quiero".... Continue»
Posted by roleplaylover2 2 years ago  |  Categories: Anal, First Time, Group Sex  |  Views: 1062  |  
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El secreto de Hugo (su padre)...

Gracias amigo -TR-

Mi padre.



“¿Por qué este verano hacía tanto calor?” pensé mientras sacaba las maletas al coche de mi madre. Llevaba la camiseta empapada y empezaba a desprender un ligero olor a sudor que ya podía a notarse a cierta distancia. “Luego me baño en la piscina a ver si me quito este calorazo insoportable”, pensé para mis adentros.



El termómetro de la calle marcaba 38 grados, y sólo eran las 12 de la mañana. Mi padre se asomó al porche de casa. Estaba en calzoncillos, sudando copiosamente también, marcando un paquete bien contundente en unos boxers ajustadísimos que por lo menos eran dos tallas menos.



Yo no me cortaba y le miraba descaradamente, porque en realidad lo que a mi padre le gustaba, y siempre le había gustado, es que admiraran su cuerpazo de especimen de macho como ya no exiten.



Era un tío imponente, un morenazo de película. Su cuerpo bronceado de horas al sol era pura firmeza. La fibra de sus horas de ciclismo, con unos muslazos tremendos recorridos por una suave capa de vello que apetecía acariciar. El calzoncillo le quedaba ajustadísimo, tanto que se marcaba levemente la forma de su rabo gordo, ladeado y con la humedad de su cuerpo, una capa de sudor hacía que se transparentara ligeramente la silueta de sus cojonazos. Una curva que se apreciaba rosa marcaba perfectamente su capullo, redondo y gordo. El vientre plano velludo y esos pectorales, los biceps currados de horas de gimnasio, apretaban unas axilas masculinas que se adentraban en la oscuridad y que apetecía lanzarse a lamer a todas horas. El sudor le hacía líneas en sus pecho y en su barriga y caía por la gravedad desde su cuello hasta sus pectorales.



Si tuviera que poner un ejemplo de tío perfecto, elegiría sin duda a mi viejo. Sencillamente era el hombre al que me quería parecer. Cada gesto que hacía, cada mirada o palabra que soltaba por esa boca cervecera era sinómimo de soy un tío masculino, sin complejos, follador y semental. Sus movimientos eran la demostración de que la testosterona en estado puro crea belleza también.



Por desgracia yo no tenía nada que ver con él. Rubiete, blancucho y al menos 20 centímetros más bajo que él, un canijo a su lado que quería parecer un hombre, y al que todavía no le salía ni barba.



Y ahí estaba, rascándose su pelo despeinado de recién levantado, marcando un biceps tremendo y dejando ver una axila húmeda, en medio de la terraza que daba al jardín con las piernas abiertas y con una mano por dentro del calconzillo intentando colocarse los huevazos, mientras miraba cómo cerraba el portón del todoterreno de mi madre.



-¿Has ayudado a tu madre a llevar las maletas? Me preguntó con cara de sueño mientras sacaba su mano de su paquete y se rascaba un abultado pectoral descaradamente. ¡Joder qué calor! -dijo serio.



-Si papá, las he dejado en el maletero junto a las dos bolsas. -¿Por qué se va hoy? Si hasta la semana que viene no tiene que estar allí.



-Tus tíos quieren que vaya para acabar con el papeleo cuanto antes- contestó con tono resignado.



Me quedé mirando fijamente contundencia de su cuerpo. Ligeras gotitas adornaban todo su torso, y los vellos que recorrían sus pectorales estaban húmedos y empezaban a pegarse a los pezones. Subí despacio los escalones mirando sus facciones definidas y masculinas, y la barba de varios días que adornaban una cara perfecta.



-¿Oye tío, qué pasa que no había ropa para ponerte hoy?- Le dije entre risas, mirándole a los ojos directamente.



Soltó una carcajada. “Joder, qué dices, con el calor que hace, estoy en la gloria”. Se acercó a mí y me dijo con tono serio: “Apestas a troll ¿no te has duchado hoy o qué?- sentenció con una carcajada sonora.



“No”, dije entre risas, un poco avergonzado. Reconocía que era posible que desprendiera un ligero olor a sudor. “Voy a tirarme a la piscina pero ya” y le pegué un empujón con todo mi cuerpo que hizo que se tambaleara.



¡Será posible! !Qué cabrón! Como un rayo, me agarró de la cintura mientras intentaba escapar, me levantó en el aire gritando dijo: “¡qué guarrete es el niño, a bañarse que huele a león!”.



Recorrió los 10 metros que separaban el porche de la piscina, y dando un salto, con la camiseta puesta, me lanzó al agua con él provocando una ola impresionante. Así estuvimos un rato, entre risas y carcajadas, haciéndonos aguadillas, subiendo al borde de la piscina y saltanto de cabeza. O subiéndome a sus hombros. Cuando salía del agua podía ver cómo su polla, morcillona, y sus cojones enormes, colgaban dentro del boxer que se le pegaba como una segunda piel, transparentando un pedazo de tranca morena y una buena mata de pelo. Yo lo miraba hipnotizado. Su masculinidad ejercía en mí un influjo que no podía resistir.



De vez en cuando, mientras me zafaba de sus aguadillas, aprovechaba para rozar su paquete con mi mano, o agarrarle directamente de la polla y de los huevos, que apenas cabían en mi mano, para que me soltera. Su paquete era sólido, un rabo gordo y unos huevos bien pesados. Yo apretaba sin cortarme un pelo, para hacerle daño. Él se quejaba: “¡Para cabrón que me vas a destrozar las pelotas!” -Y seguíamos jugando entre risas.



Cuando se cansó de hacer el tonto conmigo, salió, se tiró en el césped de la casa, y se quedó tumbado boca arriba, abierto de piernas y brazos al sol. Yo me acerqué al borde de la piscina y jadeando de los esfuerzos y de los juegos acuaticos.“¿hoy trabajas, papá?” - le pregunté.



-”Si chaval, hay que daros de comer”- me contestó con gracia, “¿por qué lo preguntas?”



-”Por saberlo, quería saber si ibas a comer aquí o podíamos irnos por ahí por la tarde, con las bicis”- aclaré



Se sonrió ligeramente. Le encantaba salir a hacer deporte conmigo, a recorrer kilómetros y kilómetros de carreteras con la bici, quemar grasas y soltar testosterona. A pegarnos una buena “sudada” como le gustaba decir a él. Yo creo que mi padre y yo éramos la pareja perfecta de deportes.



-Pues hoy no, llegaré tarde de la fábrica, pero mañana tengo todo el día libre, revisa las ruedas y los frenos y salimos mañana temprano si quieres”- propuso.



¡Bien, mañana todo el día con mi padre! Eso si que era un planazo. Pensé. Cuando estaba con mi padre, era el chaval más feliz del barrio. No creo que ninguno de los chicos de mi zona tuvieran una relación tan estrecha con sus viejos. Es más, casi ni necesitaba amigos, solamente con tener a mi padre cerca ya tenía toda mi vida social resuelta.



Mi madre salió al jardín mientras descansábamos en el césped tomando el sol. Se despidió de nosotros y prometió llamar todos los días. Hugo, cariño ¿Has metido mis maletas en el coche?.



-Sí mamá, ya está listo, lo tienes todo en el coche- le dije con una sonrisa de oreja a oreja.



Mi madre me dio un beso en la frente. “Vuelvo en quince días, pórtate bien y hazle caso a tu padre”. Mi padre la agarró así como estaba, en con los boxers empapados y la pegó un morreo. Qué buena pareja hacían. Se metió en el coche, y salió de casa despacio. Cuando mi padre se giró, pude notar que su polla había crecido notablemente y recorría gran parte del boxer ajustado, mostrando una medio erección. Se veía gorda y apetecible. Se sujetó la polla por encima del calzoncillo, se la colocó hacia arriba y me sonrió de oreja a oreja.



“Ya estamos solos, capullo. Me voy a currar”- sentenció mi padre.





El secreto de Hugo.





La tarde se presentaba aburrida. Con el calor que hacía no apetecía ni salir a la piscina, por lo menos hasta las 9 o las 10 de la noche. Así que comí algo rápido y me tiré en el sofá. Mis gallumbos marcaban una leve tienda de campaña. La tenía morcillona.



Los jueguecitos con mi viejo me habían puesto cachondo, así que cogí el móvil y empecé a trastear en una de esas aplicaciones de móvil que te señalan los tíos más cercanos que tienes y que buscan rollo. Estuve un rato rebuscando a ver si había alguna polla que mamar o alguien quería venir a mi casa a encularme un rato.



Empecé a ver perfiles: Activo22., Dotado, XXL, ActivoxActivo, Macho21.



¿Macho21? Este mola, pensé.



Escribí al Macho21. Después de las presentaciones y de intercambiar alguna foto que otra, me dijo lo que buscaba: “mamona que se trague mi rabo hasta el final”. Me apetecía el plan de mamar una polla y sacarle la leche, aunque también tenía ganas de me me la metieran por el ojete un rato.



La conversación con Macho21 me puso cachondo. Que si le gustaba que se la mamaran primero despacio y luego más rápdio, que si tenía buena polla y gorda, que si no avisaba antes de correrse o que si era muy lechero. Vamos, todo un espécimen de tío activo que merecía la pena conocer. Me preguntó si tenía sitio, así que dije que estaba libre hasta las diez de la noche por lo menos: “¿Vienes a mi casa? Estoy solo”- Le mensajé mientras me acariciaba la polla. “Estoy en el centro”- me contestó, “tardo 1 hora por lo menos”.



Ya nervioso por tanta excusa le escribí: “Quieres quedar o no. Tengo muchas ganas de comerte el cipote” -insití.



De pronto sonó el timbre de casa.



¿Quién cojones era un jueves a las seis de la tarde?- me levanté cabreado y fui hasta la cocina a contestar. “¿Sí?- pregunté entre m*****o y curioso a través del telefonillo.



-Traemos la lavadora- dijo una voz ronca de tío. Joder, se me había olvidado que hoy traían el cacharro nuevo de los cojones. Pulsé el botón y abrí la puerta del jardín mientras dejaba mi móvil encima de la mesa de la cocina y salía corriendo a buscar una camiseta y unas bermudas, con la polla tirando del calconcillo hacia arriba.



Mientras me ponía la camiseta, sonó el timbre de la puerta de casa. “Mierda” pensé “dónde coño he puesto el bañador?” Recorrí con la mirada todo el salón. ¡Joder! estaba en el jardín, lo dejé secando esta mañana. Para entonces mi polla se había bajado completamente, pero notaba la mancha de humedad de mi presemen en el calzoncillo. Volvió a sonar el timbre. Así que me fui corriendo al baño de la planta de abajo, cogí una toalla y me la puse por encima. Abrí la puerta.



Lo que vi me dejó bastante cortado. Eran dos chavales macarrillas de metro ochenta con cadenas y con pinta de garrulos fumapetas. Ninguno de los dos tendrían más de 20 años. Me miraron de arriba abajo. A uno le conocía de vista, de verlo por el barrio con su coche tuneado y su novia choni rubia todo el día pintándose los labios o haciéndose las uñas.



“Traemos la lavadora”- repitió el que conocía. Caí en la cuenta de que se llamaba Raúl y era hijo del dueño de la tienda de electrodomésticos de la calle principal del barrio. El tío más chulo, macarra y prepotente de todo el barrio. En el colegio, 3 años mayor que yo, se dedicaba a joder a todo quisqui. Eso sí, conmigo nunca se metió, porque mi padre y su padre eran compañeros de futbito, y eso era sagrado para ellos.



Raúl era un tío muy ancho, bastante alto, que estaba en el equipo de balomnano de la universidad, aunque hacía casi un año que había dejado de estudiar. Su padre estaba de él hasta las narices, así que le había puesto todo el verano a trabajar en la tienda. De repartidor. Tenía una barba que encajaba una cara de burro tremendo. De pocos amigos. Venía con gotas de sudor por toda la frente.





Llevaba puesta una camiseta roja sin tirantes, de la que se escapaban algunos pelos que se quedaban pegados a sus brazos. Pude percibir que su torso era muy velludo porque del cuello dado de sí de la camiseta y ligeramente humedecida, salía una buena cantidad de pelos rizados. Junto a la cabeza rapada y el piercing en la ceja, le daban un aire de malote impresionante. Llevaba unas bermudas azules de repartidor llenas de bolsillos y considerablemente llenas de mierda, y unas piernas terriblemente velludas que acababan en unas zapatillas desgastadas y sucias. Sus ojos me miraban curioso, con un gesto medio burlón medio serio que parecía querer disimular. Hizo que me ardieran los mofletes.



“Iba a ducharme. Pasad”- les dije apartándome para que pudieran entrar.



“Si m*****amos, nen, venimos en otro momento” - me espetó su colega, que iba detrás.



A éste no le había visto nunca por aquí. Era ligeramente más alto que Raúl y tenía también el pelo rapado muy corto. La cara morena estaba adornada por una barba descuidada de no haberse afeitado hacía algunos días. Su brazo derecho iba recorrido por un tatuaje de principio a fin, de colores verde, rojo y negro que iba hasta su pecho, haciendo la forma de su cuello y que se dejaba ver a través de una camiseta sudada de tirantes completamente dada de sí. Llevaba un pantalón corto de Adidas, con las clásicas líneas un poco sucio de polvo, zapatillas deportivas de correr.



“No, hombre no, ahora que estáis aquí, dejarla en la cocina. ¿Tenéis que instalarla?” les pregunté haciéndome el interesante.



Se miraron entre ellos con caras divertidas: “Claro”, señaló el primero, Raúl, dejando claro que ahí mandaba él, “claro que tenemos que instalarla”.



“La cocina está ahí delante, hay que quitar la vieja y sacarla a la galería de detrás y poner esta” les ordené. En mi casa mando yo. Pensé que si mi padre lo veía cuando llegara de trabajar y estaba todo listo, se llevaría una alegría. Voy a vestirme y bajo a ayudaros si queréis.



Para cuando encontré unos pantalones de deporte y volví a la cocina, ellos ya sacaban la lavadora vieja a la galería de detrás. Justo pegando a la cocina. La galería nos servía de cuarto de desahogo en casa y estaba llena de cajas, la secadora, la tabla de la plancha y un cesto con la ropa sucia. Tenían dificultades para pasarla por el marco de la puerta. Intentaban meterla pero se les quedaba encajada. Me acerqué sin hacer ruido mientras maniobraban en la puerta que da a la galería.



¿Os ayudo? - dije mientras me acercaba. A su lado parecía un criajo. Probablemente ambos eran el doble de anchos y notablemente más altos que yo. Inspiré una bocanada cachonda del olor a sudor que empezaba a concentrarse y que me recordaba al vestuario gimnasio, ese olor cargado a testosterona, sudor de macho, olor a pelotas y axilas que se queda pegado en la nariz, pero que no es ni muy fuerte ni muy desagradable. El olor típico de los machos jóvenes que están todo un día de verano cargando muebles y electrodomésticos y que sudan como cabrones con el calor que hace.



“Vale,” dijo Raúl sonriendo a mi ofrecimiento de ayuda, mostrando una boca perfecta, con labios gruesos y mirada de chico de barrio, con los dientes blancos perfectamente colocados. “Ponte ahí y levanta desde abajo con nosotros” ordenó señalándome un lateral de la lavadora, justo el lugar donde estaba su compañero intentando levantarla. Le sonreí ligeramente y me coloqué obedientemente justo donde me dijo mientras su compañero me hacía sitio.



El de detrás de mí se puso a mi alrededor muy pegado. A la de tres. Una... dos... recitó el que tenía delante, quien me había indicado donde colocarme. Yo tal y como estaba, agachado, me levanté cuando intuí que iban a decir tres. Así que levante un poco la lavadora y presioné mi espalda contra el pecho del que tenía detrás. Qué situación tan poco masculina, pensé. Iban a creer que era marica. Se hizo un silencio incómodo y Raúl nos ordenó que la volvíeramos a bajar.





Noté el calor de su cuerpo y su camiseta de tirantes, ligeramente mojada, rozando mi espalda. Y percibí que el tío que tenía detrás empujaba suavemente su cadera y rozaba mi culo con su paquete, que noté semiduro. ¡Madre mía! pensé, o estaba muy salido o ese tío estaba intentando decirme algo sin palabras. Por la vía de los hechos.



En esa posición, pude aspirar el suave olor que desprendía su sudada y que hizo que mi polla se activara repentinamente, sintiendo un enorme calor que recorrió mi cuerpo y provocándome una leve erección. Mis mofletes me ardía.



-Vamos a volver a intentarlo, pero ahora con más fuerza, dijo Raúl.



Si, ponte exactamente aquí, y su compañero me agarró de la cintura y me apretó contra la lavadora. Ahora cuando yo tire de abajo, tu coges de arriba y haces fuerza hacia ella- me indicó. A ver si ahora podemos.



Volvimos a intentarlo y cuando Raúl contó tres, sonriendo a su colega, yo hice esfuerzo contra la lavadora, de manera que mi culo golpeó completamente su paquete que ya estaba completamente tieso. Noté un rabo gordísimo que se pegó completamente a la raja de mi culo. Uff, no podemos- dije con sinceridad, pensando en escapar de esa situación tan incómoda. El tío que tenía detrás estaba completamente empalmado con la polla tiesa y ardiente en mi raja.



-Si, si, claro que podemos, haz más fuerza, y presionó su cadera contra mí, encajándome en la lavadora.



Estos tíos quizás, si se estaban insinuando se lo tomaran como una broma para humillarme, así que me escabullí por debajo de sus brazos y les dije que había que buscar otra solución. Era mejor no m*****arlos con mis hormonas desatadas, y si pensaban que era marica, probablemente me soltaran un guantazo.



“Joder Keko, es la primera vez que no podemos mover un bicho de estos”- le dijo Raúl sonriendo al otro que tenía la mano en el paquete sobándose la polla como sin nada. Así de pie, el chulazo, tenía una polla tiesa completamente recta dentro del pantalón de Adidas que ofrecía un espectáculo al que nadie podía aludir que no era intencionado.



-Esto es la ostia. ¿Tienes agua fría?, prosiguió Raúl, para sacarme de mis pensamientos. En tu casa hace un calor del carajo.



-”Si claro”, asentí, y Raúl, en un salto rápido, cruzó por encima de la lavadora y entró en la cocina de nuevo. Me siguió hasta la nevera.



Abrí la puerta de frigorífico y se puso detrás de mí, a mirar en su interior, por encima de mi cabeza.



“Ahora que veo... Mejor un par de birras que veo que tienes mogollón en la nevera. A que apetece una birrita, tron”. Le dijo a su compañero con tono de chulería. Ahora sabía que el que rozó la polla se llamaba Keko. ¡Ufff qué calor!- déjame un poco que me de el frio de la nevera, anda. Asentí.



“Claro, una birra mejor que agua, que cojones”- dijo el tío de los tautajes.



Estuve a punto de decirles que eran de mi padre, pero las vistas y los roces que me estaban pegando bien se merecían una cerveza para esos dos especímenes de machos. Así que, atrapado entre la pared y la puerta de la nevera con el maromo detrás, busqué un par de latas y las saqué.



“Toma, bien frias” - les dije un poco cortado, con los coloretes de mis mejillas en ese momento ardiendo.



“Bien, bien, que buenas”. Me agradeció las cervezas frías y me miró fijamente. Me sentía un poco avasallado.



Keko, el de los tatuajes que se sopesaba la polla empalmada y los huevos constantemente, se sentó encima de la barra de la cocina. Dejando a la vista unas piernotas cubiertas de pelo bien sudadas. El ambiente en esa habitación empezaba a cargarse. Cogió mi movil que tenía al lado y miró la pantalla.



“Desde que te has subido a vestirte no ha parado de sonar” - dijo mirando a su compañero con una sonrisa en la boca. Leyó en voz alta: “¿Voy a tu casa y te doy polla o no?”. Y pegó un trago bien largo de cerveza. Lanzó un eructo sonoro.



“Joder, eso es privado”- Contesté bastante cabreado. “Qué os importa a vosotros”.



A mí nada, dijo Raúl pero mi colega es un cotilla y mientras estabas vistiéndote arriba ha mirado tus mensajes. Por lo visto estabas buscando un rabo que comerte o que te folle. “Keko, bórrale la cuenta al niñato”- dijo a su compañero para a continuación mirarme y añadir: -“mi colega anda cachondo perdido buscando un agujero donde meterla. Así que ya no tienes que buscar más, ni perfiles ni pollas. Aqui tienes dos tios con ganas de dar rabo” dijo poniéndose detrás de mí y agarrándome por la cintura.



“Si,si mira como me tienes nano” dijo Keko desde lo alto de la trébede de la cocina y se apretó un bulto que prometía ser enorme y que marcaba perfectamente su forma dentro de los pantalones de Adidas currados de todo el día de trabajo.



Me quedé mirando a su entrepierna. La verdad es que era bastante apetecible. Tragué saliva.



-Venga, vente, que lo estás deseando- me empujó Rañul hasta su amigo, que me atrapó entre sus piernas. Se levantó la camiseta de tirantes, húmeda del calor y del esfuerzo y dejó a la vista un pecho fuerte cubierto por tatuajes, que desprendí un aroma increible a semental joven.



“El cabrón no se ha duchado desde ayer y apesta”. Dijo su compañero que seguá detrás de mí apretando su paquete contra mi culo. Empezaba a ponerme muy cachondo. “Espero que no te importe”- dijo mientras me levantaba la camiseta y metía su mano en mi pantalón buscando mi ojete, magreando mis nalgas y dejándolas al aire atrapadas en la cinturilla de mi pantalón deportivo.



El de los tatuajes me agarró de la nuca y puso mi boca contra su axila. “Lame” ordenó. Pasé mi lengua y recorrí su sobaco y peludo. Pude percibir ese aroma a macho que me volvía loco, pero que no era desagradable en absoluto. Olía bien, a sudor, pero limpio. Volví a repasarla con suavidad mientras su colega me bajaba los pantalones. Se escupió en la mano y me embadurnó de saliva el ojete.



-¿Te gusta?- dijo agarrándome con fuerza y restregándome la cara por todo su pecho hasta su otro sobaco sudado.



-Mucho- contesté, mientras saboreaba el sudor salado de ese pedazo de macho.



-¿Cómo te llamas? me preguntó el de los tatuajes. Yo Keko y el de detrás es mi amigo Raul, dijo aclarando como si ahora necesitáramos presentaciones. “Eres guapísimo, mi amigo quiere violar tu ojete”, dijo con total normalidad.



-”Qué suerte hemos tenido de venir aquí hoy, con lo salidos que estamos”- le dijo a su colega, que había sacado su polla y la restregaba por mi culo untándolo de su saliva y su líquido preseminal. De vez en cuando hacía presión a la entrada de mi ojete y paraba, para seguir jugando.



Entonces, se puso de rodillas, bajó mi pantalón corto hasta los tobillos y separó mis nalgas. Metió su cara en mi ojete y aspiró fuertemente.



-Joder que culazo más rico- dijo en voz alta y claramente cachondo - es como el de una virgen- le comentó a su amigo. Pasaba su lengua comiéndome el ojete con voracidad y me mordía las nalgas sin cortarse un pelo. ¡Zás! sonó una palmada que me hizo dar un respingo contra el pecho del tatuado.



Me deleité comiéndole y mordiéndole los pezones a su amigo, que seguía magreando su polla con una mano y apretándome la cara contra su pecho. Sus aureolas estaban rojas del trabajo que le estaba haciendo y a él parecía encantarle. Alternaba las lamidas con aspiraciones profundas su olor corporal y me dejaba llevar por su manaza en mi nuca de un sitio a otro. Noté como me entraba una lengua en el ojete y a continuación un dedo. Ni siquiera podía girarme a ver qué trabajo me estaban haciendo en el culo, porque la mano del tatuado no me dejaba opciones. Empecé a gemir mientras jugaba con su lengua en mi ano.



Mi ojete dejaba hacerse. Él recorría con habilidad mis zonas más sensibles, mordía mis nalgas, me daba cachetadas que las pusieron completamente rojas. Lamía mi raja de arriba a hacia abajo y la repasaba dejando una capa trasparente húmeda de su saliva, desde donde empezaban mis huevos hasta donde terminaba mi espalda, y se detenía en mi ano, penetrándome con su lengua y moviéndola dentro de él, arrancándome largos suspiros de placer, que ahogaba contra el pecho de su compañero.



Levanté la mirada y ví a Keko, con cara de satisfacción, mirándo como trabajaba mi culo su amigo. Era guapo, tenía unas facciones duras. Muy masculino, una barba desaliñada de 3 días adorbaban su mandíbula. No pasaría de 20 años, pero parecía que tenía 27 o 28 de lo desarrollado que estaba físicamente. Me agarró con su mano de la mandíbula y me lanzó un salivazo. Sabía y olía a cerveza. Sonrió. -”Asi, buen chico, ¿te gusta? me dijo con un tono cachondo.



Raúl, que estaba detrás de mí, subió hasta mi oido: ¿Quieres que te follemos? - susurró, mordiéndome los hombros y la oreja derecha.



-Claro- dije sin pensarlo cachondísimo, mientras continuaba mordiéndome en el cuello, los hombros, la espalda, dando pequeños mordiscos dejándome la huella de sus dientes que desaparecía en segundos, quedando sólo una huella roja que demostraba que ahí me estaban dando placer.



La piel de mis nalgas y de mis muslos se puso de gallina con las caricias, los magreos y los mordiscos.



Raúl siguió susurrándome al oído. “Prepárate que vamos a destrozarte el ojete, estamos muy cachondos”. Notaba como su corazón latía rápido contra mi espalda. Yo simplemente podía dejar que me hicieran, no podía negarme a disfrutar de lo que esos veinteañeros me tenían preparado.



“¿Te gusta que la caña?- me dijo Keko mientras saltaba de la barra de la cocina y se ponía enfrente de mí de pie -vamos a tu cuarto- me ordenó.



Cuando salíamos de la cocina el colega abrió la nevera y cogió el pack de 6 latas de cerveza. “Esto para después”, dijo sonriendo. Yo a esas alturas estaba completamente entregado a esos dos pedazo de a****les. por lo que todo lo que hicieran me parecía bien.



Subimos las escaleras, entramos en mi habitación y cerré la puerta. Se quitaron toda la ropa en menos de 2 segundos.



“Ven aquí” me dijo Raúl con su rabazo anchote y grande en la mano, y unos increibles huevazos colgando que sobresalían de una mata de vello negro y rizado. “Mámanos la polla para calentar” continuó, haciendo que me pusiera de rodillas frente a su cañonazo de 21 cm super ancho. “Ponnos a tope”, dijo.



Su glande apuntaba a mis labios y soltaba un hilo constante de presemen que bajaba por todo su tronco hasta llegar a sus huevos. Con dos dedos lo interrumpió, arrastró la línea de líquido transparente hasta la punta de su rabazo, recogió el máximo y me untó los labios con una gran cantidad. Saqué mi lengua y se los dejé limpios. Sus dedos estaban salados, supongo de todo el día trabajando. Apoyó su capullo en en la entrada de mi boca y arrastré mi lengua por todo su contorno, repasándolo y dejándolo totalmente limpio y ensalivado. Su glande relucía. Volví a pasar la lengua y dio un suspiro largo y quedo. Casi como el ronquido de un león. Saboreé el increíble sabor a polla de cargar con lavadoras y neveras que llevaba ese tío en su entrepierna. Su mano recorría toda su longitud cubriendo y descubriendo su glande, que abofeteaba mi nariz con su aroma reconcentrado. Su amigo mientras tanto, se pajeaba lentamente un buen pollote que tenía previamente untado con sus abundantes salivazos.



“Abre bien la boca, haber hasta donde puedes tragar - me dijo Raúl. Obedecí y abrí y poco a poco metió cada centímetro de su rabo en mi boca, hasta llegar al fondo. Yo reprimí una pequeña arcada y encajé mi cara en su pubis cubierto de aromático vello. Así estuve unos segundos y la saqué, dejándola completamente empapada en saliva que salía de mi boca y pasaba a humedecer su rabo. Con mi otra mano pajeaba a su amigo, que miraba al techo concentrado. Una vez tras otra, encajaba su cipote en mi cavidad bucal, y cuanto más adentro, más cachondo se ponía, llegando su polla a una dureza increible.



“Ufff, cómo la mama el cabrón!” le dijo Raúl a su compañero tatuado. “Esto tienes que probarlo Keko”- quien se puso delante con su rabaco preparado para follarme la boca.



“A ver si es verdad, dale nano” -me increpó para que le diera placer en su rabo.



Así que con mucha devoción empecé a mamar el rabo del Keko, con una vena enorme que le surcaba de abajo arriba y que bombeaba sangre a ese pedazo de bicho. Tenía el capullo brillante y babeante. semicubierto por su prepucio que se retiraba con suavizad solo con el roce de mis labios. Lustroso y completamente hinchado. Primero abrí a tope la mandíbula y tragué hasta el fondo, intentando que mi boca fuera como una mano que le hiciera una paja. El sabor de su saliva, mezclado con el presemen y su sudor se me pegaba al paladar y a la lengua. Separó sus piernas, y así arrodillado como yo estaba, me sujetó la cabeza con ambas manos y empezó una suave follada de mi boca, con la polla metida hasta el fondo.



En esa posición, podía ver como dos sementales jóvenes se daban placer en sus pollas con la boca de un niñato. Alternativamente lamía sus pelotas peludas y sudadas, lo que al les daba muchísimo placer porque cada vez que las acariciaba con mi lengua, los tíos se ponían más burros y me daban más caña en la boca.



Después de un buen rato de mamar alternativamente sus pollas y sus huevos, Raúl se colocó detrás de mí en cuclillas y apuntó su glande enorme a mi ojete.



-¿Nos dejas que te follemos?- me preguntó al oído cachondísimo.

- Si, dale, contesté como tono salido. Mi rabo estaba a punto de estallar.



-¿Me dejas que te folle a pelo? añadió mordiéndome con sus dientes perfectos en mi oreja y echando un suspiro largo al tiempo que su polla se deslizaba en mi raja.



-Déjame que te meta solo el capullo- me suplicaba. Con sus manos atrajo mi culo hacia él y me senté encima de su polla, que quedó preparada a la entrada de mi ojete. Hice presión hacia abajo y su glande se escondió completamente. Su amigo, que me daba polla, dio un paso adelante y me volvió a meter su rabo. Así como estaba, con un tío delante y otro detrás, no podía moverme. Estaba feliz.



Raúl empujó ligeramente su cadera y su rabo entró un poco más en mi culo, alojándose con facilidad en mi lubricado interior. Se quedó un momento pellizcándome los pezones. Que se endurecían y se ponían rojos. Mientras Keko follaba mi boca y para entonces ya había empezado a subir el ritmo de sus embestidas en mi boca, que soltaban abundantes hilos de saliva y que escurría de la presión a través de las comisuras de mis labios. Mientras sujetaba mi cabeza con fuerza para que no me moviera ni un pelo y así controlar la profundidad de la mamada que le estaba dando.



Hice un esfuerzo por relajarme y el rabo de Raúl, enormemente ancho, desapareció en mi interior. Ya estaba lleno, por delante y por detrás. Sudábamos copiosamente. Las gotas de sudor de Keko caían sobre mi cara, que resbalaban por mi cuello y la espalda pegada al pecho ardiente de Raúl. Estábamos bufando y gimiendo como a****les en celo, completamente empapados.



-Qué maravilla tío, me lo estoy follando a pelo- le decía a su amigo. Mientras sacaba su rabo y me hacían levantarme.



-“Ponte aquí y échate boca arriba” me ordenó señalando mi cama.



Me eché en la cama como me había ordenado Raul, que quería follarme en otra posición, y me levantó las piernas, abríendolas y dejando mi ojete a su disposición. Subió su rodilla izquierda a la cama y metió su polla en mi interior, hasta el fondo, haciéndome soltar un largo suspiro de placer. Estaba lleno por un tío de un metro ochenta y 21 centímetros de polla. Empezó un bombeo fuerte. Su amigo Keko, se echó en la cama, me agarró la cara y me comió la boca con fuerza. Su boca sabía a cerveza y saliva de macho joven. Era un placer indescriptible. Cogió mis 17cm polla, que estaba dura como un roca y empezó a hacerme una suave paja. Me arrancaba suspiros de placer que aspiraba en cada morreo que me daba. Estaba en el paraíso, sufriendo unas embestidas profundas del veinteañero que tenía en mi ojete. De vez en cuando se cambiaba de posición, mientras su amigo me follaba el ojete, para dejar a mi alcance su polla que rechupeteaba como un biberón.



Raúl empezó una follada más fuerte, sacándome hasta el glande su rabazo y metiéndola hasta el fondo, con rapidez. De vez en cuando se la ensalivaba para lubricarme bien y que su rabo patinara sin problemas. Tanto era el placer que estaba recibiendo entre mi ano y la paja de su amigo Keko, que mi polla empezó a lanzar chorros de lefa sin control mientras su amigo me pajeaba el rabo. Mi torso quedó cubierto de mi propio semen, entre mis jadeos constantes que no podía parar del placer que estaba recibiendo.



Keko, tumbado de lado cerca de mi costado, recogió mi semen y lo arrastró por mi torso sudado, llevándolo a mi boca con cuidado de no desperdiciar ni una gota. Yo chupaba sus dedos grandes y ásperos y de vez en cuando, alternaba con algún beso largo y profundo con lengua, saboreando mi lefa. Esto debió de ponerle muy cachondo porque con muchísima rapidez me enchufó su glande y con una paja suave, empezó a correrse con chorros a mucha presión y muy caliente, que iba tragando como podía. Bufaba como un toro. Las embestidas de su amigo, poderosas, hacían que mi boca acogiera la polla lechera que me estaba regalando una corrida.



Los primeros chorrazos de semen que encajé fueron largos y pesados. Tenía los cojones bien cargados de leche. Después, su polla empezó a combinar goterones gordos y blancos de leche espesa con mucho líquido transparente a presión que rebotaba por toda mi boca. Un enorme sabor a lefa inundó mi paladar, y pude experimentar lo que era el sabor de la leche de un chaval joven con unos huevos bien cargados.



-Déjame que me corra dentro de ti, por favor, que nunca me dejan- me dijo Raúl mientras me bombeaba con fuerza entre jadeos.



Según se acercaba su orgasmo, y sin hacer amago de apartarme, apreté más mi ojete como dándole consentimiento para llenarme de leche el culo. Empezó un bombeo rápido y noté como su pollón se hinchaba dentro de mí. Descargó toda su leche en varias pulsaciones, que dejó mi ojete dilatado y lleno por dentro. Siguió bombeando mientras yo degustaba la leche que me había regalado su amigo en la boca.



Ni un respiro. Increíblemente, por raro que me parezca, sus cipotes seguían empalmados. No habían decrecido ni un milímetro ni perdido un ápice de potencia. Entonces, cambiaron de papel. Keko se puso en mi ojete y empujó para meterme la polla y follarme, turnándose con su amigo. Raúl subió a la cama y se echó a mi lado, encajándome su rabo lleno de los restos de su leche en la boca. Lo devoré en un instante. “Así mi niño, muy bien, quiero mi polla bien limpita”- me dijo agarrándome del pelo.



Keko metió su rabo gordo y duro en mi culo, y chapoteó en la leche de su amigo, que salía a chorro por mis nalgas hasta empapar mi colchón. Entonces, empezó un metesaca fuerte y muy cañero.



En un principio me asusté un poco, porque se acababan de correr y pensé que tardarían en correrse un buen rato, y no me equivocaba, porque la segunda ronda duró por lo menos más del doble de lo que había durado la anterior. Era increíble el aguante de estos tíos, ni siquiera habían parado ni un momento.


Para entonces mi habitación era una leonera con dos machos follándome, un olor a hombre, a sudor y a lefa indescriptible que lo inundaba todo. Mi boca estaba adormecida y mi culo empezaba a escocerme.



Así que Keko sacó su polla, me hizo a un lado se tumbó en mi cama, todo lo largo que era, empapandola con su sudor. Me hizo un gesto con ambas manos para que me subiera encima de él. Obedecí, quería echarse y que yo me follara su rabazo. Me senté encima de él y busqué con mi mano su gordo aparato para atraerlo a mi ojete.



Tampoco me dejó hacer mucho más porque mientras yo lo apuntaba con mi mano, a ciegas contra mi ojete, me abrazó con fuerza atrayéndome contra él, y me enculó sin miramientos, haciendo fuerza con su cadera y manteniéndome inmovilizado . Me morreó y empezó a darme caña, dejándome mi culo complétamente estático a su voluntad, con su fuerte abrazo, y moviendo su cadera de forma rítmica y profunda, llenándome en mi interior. Mi culito, comparado con el rabo que estaba entrando en mi interior, de principio a final, en un metesaca cañero y sin miramientos, parecía el culo de un chiquillo en relación al pedazo de tío que tenía debajo.



Busqué su boca y mordí sus labios. Nos morreábamos con pasión, cuando su colega, se subió a la cama por detrás de mí, empezó a intentar meter su pollote en mi ojete, intentando una doble penetración.



-Uff, duele mucho- me quejé a Keko, quien me miró a los ojos y apretó más su abrazo, menteniéndome más preso contra él.

No pasa nada niño, duele al principio, verás que todo va a ir bien, te gustará- me tranquilizó.

No sé si estoy preparado para dos pollas tan grandes- le contesté, mirándole con cierta preocupación.

Tu culo dilata, está lleno de la leche de este y te va a costar poco. Relájate- y volvió a comerme la boca.



Entonces Raúl hizo un segundo intento de meterme su rabo, pero mi ojete no daba más de sí. La leche de su corrida anterior resbalaba por todo el tronco de la polla de Keko y llegaba a sus huevos. Con mi mano recogí lo que pude y unté la polla de Raúl que entendió la indirecta.



-”¿Ves cómo le mola? Quiere que se la meta. Para un poco tio, deja de encularle que sino no puedo metérsela al cabrón”- le dijo a su colega, que no había parado ni un momento en su metesaca.



Raúl agarró mis nalgas y me subió al máximo, justo en el limite para que no se saliera la polla de su colega de dentro de mí, recogió los restos de la corrida anterior del rabo de su amigo, y se embadurnó la polla de su propia lefa. Con la mano pringosa, la llevó a mi boca y me la tapó. Yo saboreé los restos de lefa que tenía. Entonces, apoyó su glande dentro de mi ojete, y presionó. Mi culo empezaba a dilatarse con los esfuerzos, y su rabo empezó a perderse dentro de mi. Ahogué un grito en su mano.



Ya tenía dos pollas dentro. Algo que para mí era totalmente nuevo. Me relajé del todo y me dejé caer totalmente fláccido en el torso sudado de Keko, que estaba feliz al notar el roce de mi culo y de la polla de su amigo y empezaba una suave enculada con el fin de que me acostumbrara las dos pollas que me llenaban.



Raúl se tumbó encima de mí y apretó su cadera contra mi ojete, enterrando al completo sus pollas, que se movían acompasadas. Estaban dándome un placer indescriptible. Mientras Keko me comía la boca con muchísima pasión.



Alternaban dos tipos de movimientos, algunos ratos, acompasados, metían sus pollas al mismo tiempo en mi interior, y las sacaban casi hasta el borde, dejando asomar una pequeña parte de sus glandes hinchados. Otras veces, mientras Keko me la encajaba hasta el fondo, Raúl aprovechaba para sacarla, y alternativamente, mientras uno hacía el movimiento de saca el otro metía su rabo hasta el final. Eran dos sementales en celo, que o bien tenían mucha experiencia haciendo eso, o habían nacido para follar.



Los gemidos roncos de Raúl contra mi nuca y los besos y suspiros de Keko, junto con mis jadeos constantes, hacían que la escena de dos maromos veinteañeros follándose a un chavalín como yo, fuera impactante. A mi empezaban a escasearme las fuerzas, y como un muñeco de trapo me dejaba hacer entre esos dos hombres.



Entonces Raúl me se dedicó cachondo perdido a morderme en los hombros y en el cuello, dándome tanto placer que, con el solo roce de mi polla en la barriga de su amigo, me volvi a correr sobre él por segunda vez.



Con cada chorrazo de corrida que salió despedida de mi polla, mi ano se contrajo, de forma que ellos, animándose en el placer que me estaban dando, aceleraron la follada, Las dos pollas entraban y salían de mi ojete al unísomo o alternativamente, y chapoteando en la leche de la anterior corrida, Keko no pudo más, me apretó contra él, casi afixiándome, dejándome sin aire y me llenó de su leche. La sensación de la leche super caliente de su compañero de follada fue tan placentera, que el capullo de Raúl se hinchó dentro de mí y me regaló una corrida con embestidas fuertes, desplomándose contra mí y enculándome como si no hubiera mañana. Casi pierdo la consciencia.



Se quedaron dentro de mi un buen rato todavía, saboreando el momento, sin sacar sus pollas que no habían perdido mucha dureza, moviéndose suavemente, apretando sus caderas y disfrutando de mi enrojecido y ancho ano.



“Has nacido para que te follemos nene”- me decía Raúl mientras me se pasaban mi boca para morrearme alternativamente. Los besos que me dedicaban eran profundos, de agradecimiento.



Cuando salieron de mi, y me aparté de ellos, el calor en la habitación era descomunal. Y tal era la temperatura, que mis piernas me fallaron y me tuve que tumbar en la cama boca abajo, para descansar, pegando mi nariz al pecho de Keko que me recibio con unas increíbles caricias por toda la espalda y sonidos de tranquilidad.



Raúl cogió sus slips del suelo, completamente usados, y limpió los restos de lefa que había en el cuerpo de su amigo, la que salía a borbotones de mi ojete de sus tres corridas y la que quedaba en sus rabos y me los lanzó a la cara totalmente empapados en sus lefazos: “Toma, son de mercadillo viejos, pero te los quedas de recuerdo. Van bien cargaditos de lefa”. “Y si te esperas un rato más, nos pajeamos en ellos para dejarte un buen recuerdo y que te la casques esta noche” -dijo con mucha gracia.



-Pero mejor se la casque en la cama, porque lo que es sentarte no sé si podrás hoy- dijo Keko completando la broma de su amigo.



Cuando Raúl acabó de limpiar los restos de lefa que salían de mi ojete con sus slips, nos qeudamos los tres relajados en la cama. Me acariciaban el pelo, me morreaban alternativamente y me apretaban entre ellos. Dos folladas y todavía no se habían cansado. De vez en cuando bajaba a sus pollas y las lamía, o chupaba sus huevazos y sus glandes, todos su tronco, metía mi lengua entre sus ingles y sus cojones. Ellos charlaban y bebían cerveza.



Cuando quieras que vengamos y repitamos, nos lo dices- me dijo Keko apoyando su frente contra la mía, y dándome un suave beso en mis labios.

Eso, estás muy bueno chaval, dijo Raúl confirmando la propuesta de su amigo. - Apúntate nuestro teléfono y deja de entrar a chats de mierda de esos, que aquí tienes dos machos para una buena temporada- y los dos se echaron a reír.



Nos relajamos tanto que el tiempo pasó volando. Miré el reloj y eran casi las diez de la noche. Di un respingo.



-¿Qué pasa? - me preguntó Raúl. “Mi padre, va a volver y estamos todavía así. ¡Y la lavadora sin montar!”- le expliqué con nervios evidentes.



¿A qué hora llega tu padre?- me preguntó Keko, con tono de preocupación.

Sobre las 10:20 más o menos, dije.

Bueno, si llega a las 10:20, todavía tenemos tiempo para una mamadita rápida, ¿no? -contestó.

No joder, que habéis dejado sin montar la lavadora y la otra está en medio de la puerta y mi padre está al llegar. No me dejéis este marrón.

Bueno, la otra la podemos sacar en cualquier momento, la atascamos a propósito para que nos tuvieras que ayudar y poder rozarte las pollas- me dijo mientras se cascaba lentamente la polla que empezaba a crecer otra vez.



Estaba indeciso, por un lado me daba miedo de que mi padre entrara en la habitación y me pillara cubierto de semen entre dos tios. Pero por otro lado, siempre había pensado que a un macho, que ha sido generoso con su polla y que te ha premiado con su leche, que se ha dado placer en ti y que ha disfrutado compartiendo su rabo contigo, había que atenderle siempre. Que nunca se le podía decir que no.



Venga, que nos corremos rápido, dale- insitió Raúl, dándome un morreo.



Se incorporaron y se quedaron de rodillas en mi cama. Yo me puse entre los dos, dándoles la última mamada. Sus pollas volvían a estar duras y tiesas como si nada, babeando precum por ambos sus glandes, brillantes y lustroso y yo volvía a alternarme entre sus rabos, sus huevazos y sus sobacos. Disfrutaban bastante, porque mientras se la comía a uno, el otro se pajeaba con ganas mirando la escena de un rubiete pequeñajo mamando semejantes rabos morenos.



Uff tio, me voy a correr. Como me pone este niñato, le dijo Raúl a Keko. Venga, traeme los gallumbos que te he dado que te los voy a lefar para que te los quedes de premio.- me dijo jadeando.



En medio de esa leonera me puse a buscar los gallumbos, pero mientras los buscaba, Raúl que no se aguantó, empezó a correrse, cogiendo mi libro de matemáticas que estaba encima de la mesita, y soltando 8 o nueve trallazos de lefa bien cargada en la portada del libro, que estaba plastificada.



Keko, que lo vió, hizo lo propio, dejó también su leche, que se mezcló con la anterior. El primer chorro cruzó la portada de lado a lado, y pringó de goterones de leche todo a su paso. Los otros cinco o seis, que caían de su glande hinchado y rojísimo a borbotones se unieron a los demás.



-Joder, cabrones, mi libro de mates! -Dije exaltado viendo que lo habían dejado el forro de plástico completamente pringado y blanco de su leche.



“No te preocupes, mira”- Keko cogió un vaso vacío de la mesilla y puso el libro encima, escurriendo la leche que se arrastraba abundante por la portada. Casi llenan medio vaso. Me miró sonriente y dijo: “Ven, que aquí tienes tu cena”. Yo, cachondísimo, me acerqué a ellos. Me cogió del pelo, tiró demi cabeza hacia arriba y puso el vaso delante de mi boca, mientras Raúl recogía con su mano los restos de lefa del libro y me los restregaba por la cara. Keko dejó caer el primer chorro de leche en mi boca desde el vaso a una buena altura, que tragué con deleite. Me miraban absortos, cuando de pronto, el coche de mi padré aparcó delante de casa.



Me quedé paralizado. !Mi padre¡ Busqué como pude entre mi ropa y me puse lo primero que pillé. Estaba cubierto de leche y mi cara y mi cuerpo estaban rojos de la caña que estos tíos me habían dado. !Me cago en la puta ostia! - les dije mirando. Nunca había visto a unos tíos tan grandes tragar saliva con tanta preocupación.



!Cojones, vestiros y no os mováis de aquí!- les ordené. Al instante, buscaron su ropa y se la pusieron.



El descuido



¡Hugo, ya estoy de vuelta! - Dijo mi padre dando un portazo a la entrada de casa. ¿Dónde estás? Ufff, la puta, estoy reventado- mormosquó de camino al salón.



Observé desde el hueco de la escalera que mi padre se iba directo al sofá y se ponía el partido del Real Madrid en la televisión. Se abrió de patas y se llevó una mano a su paquete, rascándose los cojones.



Nervioso y casi temblando, bajé y le saludé desde la puerta del salón.



Hola viejo. ¿Qué pronto has venido? -dije aparentando seguridad.



Ostia, que pása que no quieres ver a tu papá, ¿cabroncete?. Vente conmigo aquí a ver el partido. ¿Qué hay de cenar? - me preguntó sin quitar ojo de la tele, mientras rascaba sin cortarse un pelo sus huevos. El león estaba en su reino. Lo que no sabía es que a su hijo le habían estado pegando una follada dos tigres arriba toda la tarde.



Voy a hacer la cena ahora, dije yéndome a la cocina, para evitar que me viera- Creo que mamá ha dejado pizzas en la nevera listas para el horno. ¿Te apetecen?



Lo que tu hagas está bien. Estoy reventado del curro- y continuó viendo el partido.



Me fui a la cocina y cogí un trapo de cocina para limpiarme los restos de leche que tenía en la cara. Ufff, qué mal rollo. Mientras estaba secándome la frente y el cuello, que los tenía empapados, me fijé que me había puesto los calconcillos del revés. Qué desastre. La lavadora seguía en medio de la cocina, saqué una pizza de su envoltorio y la metí en el horno, a la velocidad del rayo.



Mi padre me sorprendió agachado frente al horno, poniendolo a 180 grados. ¿Qué coño ha pasado aquí? - oí que decía mi padre en medio de la cocina.



Nada, papá, la lavadora, que han traído la nueva y no la han podido instalar. Pero mañana vienen a primera hora a colocarla, les faltaban piezas.

Ostia Hugo,¿Y cómo dejas que esto quede así, manga por hombro?- dijo mi padre echándome la bronca.

A ver papá, se han ido, no podía hacer nada.

Anda capullo, ayúdame a sacar esto y a colocar la nueva en su sitio- me miró extrañado por estar en calzoncillos y con la cara notablemente roja, húmeda. ¿A qué hueles? me dijo recorriendo mi cuerpo con su mirada y clavándome finalmente sus pupilas en mis ojos.

No huelo, he estado haciendo pesas en la habitación- le dije envalentonado.

Pues apestas a obrero de la construcción, dúchate guarro, que eres un guarro- me contestó serio.

Claro papá, ahora me iba a duchar antes de que llegaras.

Y se ve que te la has cascado y que no te has limpiado- soltó con una carcajada sonora. ¡Tienes la tripa cubierta de corrida, marranazo! Y me dio un empujón contra la lavadora. ¡Deja de cascártela que te vas a quedar enano! Me dijo sonriendo. Yo me mostré avergonzado, pero en realidad estaba satisfecho porque ni se imaginaba la historia que había vivido.



Cuando acabamos de mover la lavadora, mi padre se quedó mirando fijamente mi cuello, había restos de semen seco de alguna corrida. No hizo ningún comentario. Después de intentar mover la lavadora, y dejarla en la galería trasera, cruzamos las miradas, yo tímidamente intentaba escapar de sus ojos de curiosidad. Se fue directo a la nevera.



-¿Y las cervezas? ¿había seis? ¿te las has bebido?!- me preguntó en un tono de verdadero cabreo y sorpresa.

No que va... dije dudando. Se habrán acabado -le contesté.

Los cojones, las compró tu madre esta mañana. Oye, Hugo, ¿qué coño pasa aquí? Apestas a sudor, estás pringoso, tienes la cara roja, faltan todas las cervezas menos dos que están aquí empezadas. ¿Has hecho una fiesta?

“No que va, papá, simplemente invité a los de la lavadora a una cerveza por el calor”. No se quedó muy satisfecho con la respuesta. Bueno, me voy a duchar. Coge 20 euros de mi cartera y vete al 24 horas a comprar cervezas. Mientras ya atiendo yo la pizza que hay en el horno”, me ordenó mi padre. .

Vete tú y mientras me ducho yo -le dije para evitar que subiera al piso de arriba, donde estaban escondidos los repartidores.

Una mierda, estoy cansado. Ve tu y ni me contestes, que mira el desastre que hay aquí montado. Los cojones con el niño.



Qué marronazo, pensé. Estaba todo saliendo mal. Me puse el bañador que tenía en el jardín, cogí los 20 euros y tal cual estaba, descalzo me fui al chino de la esquina a coger un pack de cervezas, rezando porque mi padre no entrara en mi habitación y se encontrara con mis nuevos amigos.

Había recorrido media calle cuando se puso a mi altura la furgoneta de los repartidores.



“Chsss, Chss, ¿cómo te llamas, nano?”- me dijo el que iba en el asiento del copiloto. “No nos los has dicho antes”

“Hugo, me llamo Hugo. ¿Por dónde habéis salido?” les pregunté sorprendido al encontrarmelos en la calle.

Yo soy Keko y este es mi amigo Raúl. ¿Lo has pasado bien cabroncete? Yo todavía tengo la polla morcillona, me dijo mientras yo caminaba y la furgoneta me seguía a mi misma altura.

Me lo he pasado de puta madre tíos. Pero mi padre casi nos pilla. Por poco me da un infarto. Suele trabajar de tardes, así que cuando queráis podéis venir a verme, dije andando más despacio hasta quedarme parado en la esquina, justo donde estaba el chino 24 horas.

Bien nano, te hemos dejado los teléfonos apuntados en una tarjeta de la empresa en tu habitación. Llámanos. Podemos quedar siempre que quieras polla o siempre que queramos darte polla, si te parece bien. Si quieres podemos follarte ahora en la parte de detrás de la furgo -me dijo todavía cachondo, mostrando una sonrisa perfecta en esa cara de cabrón.

Me quedé sorprendido de que tuvieran ganas todavía de seguir follando. -“No joder. Que mi padre me espera. Mañana os llamo y repetimos”- contesté resignado.

-Vale, podemos recogerte después del reparto e irnos en la furgoneta a un descampado a destrozarte el ojete. Nos gustas mucho- aseguró convincente.

Ok, mañana os llamo -dije queriéndome quitármelos de encima.



Lo cierto es que los cabrones estaban buenos. ¿Cómo era posible que les gustara a dos tíos chulos de barrio heteros? Cuando se despidieron de mi, entré en la tienda. El chino me miró extrañado por el aspecto que llevaba. Supongo que llevaba un cartel puesto de “acabo de ser follado por dos tios en mi casa”. Rápidamente cogí un pack con 6 latas de cerveza de la nevera y una cocacola. Estaba muerto de sed. Nueve euros con cincuenta. Menuda clavada pensé. Iba medio dolorido y con agujetas a casa por la calle, bebiéndome la cocacola y pensando en la follada que me habían metido esos dos maromos. Entré en casa.



-”¿Papá?”- pregunté en voz alta al cerrar la puerta. Nadie contestó. Me acerqué al salón pero mi padre no estaba. El partido de fútbol sonaba de fondo en la tele. Pasé por la cocina y vi que la pizza ya estaba hecha, así que apagué el horno y lo abrí para que no se quemara. “¿Papá?” repetí en voz alta desde la cocina. Supuse que estaría en la ducha. Mientras intentaba pensar qué excusas darle a mi padre escuché pasos en la planta de arriba y me asomé a las escaleras. Mi padre me llamó desde el pasillo.



-“Hijo, sube”- dijo sin ningún tono especial.



Recorrí las escaleras y miré en su habitación, la primera del pasillo y no estaba. Me acerqué con cautela a mi habitación. Mi padre estaba sentado en mi cama. Tenía el libro de matemáticas, los calzoncillos del repartidor llenos de leche, el vaso con las corridas y una tarjeta.



¿Qué es esto, Hugo? dijo señalando los objetos. Cogió la tarjeta y leyó: “Llámanos cuando quieras que te demos rabo, Raúl y Keko”.



Me quedé de piedra. No sabía por donde empezar. Mi padre me miraba con cara de preocupación.



“Papá”- dije medio sollozando. No sé qué decir. Vinieron...



Cállate, no quiero más mentiras. Esto huele a prostíbulo, está todo completamente lleno de restos sexo. El libro está pringado de semen, tienes un vaso con corridas y unos calzoncillos sucios completamente empapados que apestan.



Lo cierto es que parte del olor se había disipado y quedaba una especie de mezcla entre aroma a gimnasio y sexo.



-Papá- dije reprimiendo un llanto. Pero no me salían más palabras.



¿Qué pasa? ¿Te dedicas a follarte a todo el vecindario? ¿o sólo a los repartidores de electrodomésticos? ¿Qué hemos hecho mal para que te comportes así? - dijo con mucho cabreo y decepción. .



-Dúchate y baja al salón- Te quiero en 10 minutos abajo para que me expliques algunas cosas.



Cerró la puerta de un portazo y se fue.


"Puto crio de mierda” pensé. ¿Ahora qué cojones había líado? ¡Pero qué cerdo! Estaba igual de salido que su padre, pero en maricón.



Acababa de cumplir los 37 años, 17 años como padre, y este adolescente me estaba dando algún disgusto que otro. Teníamos muy buena relación. Mi hijo y yo éramos inseparables. Desde pequeño me había ocupado de darle mucho cariño para que tuviera confianza en si mismo. En el salón sólo se escuchaba el partido de fútbol de fondo, al que ya no podía ni prestar atención. ¿Había fallado en algo como padre?



Levanté la mirada y la fijé en una foto nuestra, de nuestros momentos de “sudada” como me gustaba llamarlos. Estábamos en la montaña, con nuestras bicis. Haría dos o tres veranos de esa foto. Recuerdo dónde la sacamos. Habíamos subido un puerto y paramos para admirar las vistas. Juntos los dos éramos un equipo. Era tan bonita nuestra relación, de cariño, de amistad, de respeto, de admiración. Él me admiraba como padre, como referente masculino y yo a él le adoraba como ni niño, el mismo que se me agarraba al cuello en la piscina cuando empecé a enseñarle a nadar, o el que lloraba como un descosido cuando se caía de la bici en sus primeros momentos a los pedales.



Había crecido físicamente, pero conservaba los rasgos de su edad. Un chavalillo bastante delgado, pero fibrado por el deporte. A mí me gustaba machacarle con la bici, que aprendiera la disciplina y el sacrificio del deporte. Conservaba una mirada pícara que me dedicaba de vez en cuando, y su pelo rubio rizado, le confería un aspecto angelical tremendo. Necesitaba mi protección y que yo le aportara mi experiencia en la vida. Era muy inocente, o eso me parecía. ¿Algo había cambiado?



Tenía frente a mi una tarjeta con un teléfono escrito y una nota. Algunas letras estaban borradas por efecto del líquido que se había derramado sobre ella. ¿Era posible que fuera semen de dos hombres? ¿Quienes eran esos dos desconocidos que se habían aprovechado de mi pobre niño, indefenso, qué le habían hecho? No podía creer que esto estuviera sucediendo bajo mi techo. ¡En mi puta casa!



Desde que Hugo entró en la adolescencia le había enseñado todo sobre el sexo. Sin tapujos. Siempre le produjo curiosidad mi vello, bien repartido por todo mi pecho, brazos y piernas. Desde bien joven lo acariciaba con curiosidad como si se tratara de un fenómeno que no entraba dentro de su cabeza: ¿de dónde salen los pelos, papá? me preguntaba intrigado.



Yo le explicaba que los hombres teníamos vello corporal y que cuando salía quería decir que estábamos formándonos sexualmente. Que cuando al él le salieran se daría cuenta, porque empezarían a aparecer en sus pubis imberbe y que no le extrañara, que era normal. El se bajaba los pantalones y me decía que nunca le saldría pelo. Yo le miraba con ternura y le decía que tarde o temprano los tendría, como yo. Él se reía.



Desde muy pequeño le producía curiosidad mi pene. Mi polla era muy gorda y grande, casi alcanzaba los 22 cm y podía ser perfectamente como la lata de una cocacola de ancha. Era mi herramienta, la que tantas alegrías me había traído. Él la admiraba en el baño con curiosidad y me preguntaba si algún día llegaría a tener un pito tan grande: “claro hijo, cuando crezcas” le decía con paciencia y cariño. ¡Haz que crezca me decía! Y yo parsimoniosamente me la acariciaba para que él, admirado, viera lo grande que tenía la polla su papá.



Cuando aprendió a hacerse pajas y a darse placer a si mismo, le enseñé cómo hacerlo, que el líquido que soltaban sus huevos se llamaba semen y que eso era lo que traía niños al mundo, como él. Él me miraba divertido, muerto de placer y asombrado que su pene pudiera hacer esas cosas. Yo le enseñé como masturbarse y le dije que llegaría el momento en el que su polla disfrutaría de las chicas tanto como de su mano.



Él nunca mostró interés por las mujeres. Al principio pensé que era demasiado apego a mí, a su figura paterna, y que quizás era cuestión de tiempo. Cuando fueron pasando los años acepté que a mi hijo le gustaban los hombres. Eso no cambió la relación, en absoluto, fui directo a ello y lo acepté. Era mi único hijo y al fin y al cabo quería lo mejor para él. Siempre he sido un hombre abierto con una mente sin prejuicios, en el instituto, en la mili, en la obra y en la fábrica he conocido hombres que se acuestan con hombres, fuera y dentro del armario, algunos se me han insinuado abiertamente, y hasta en alguna ocasión tuve algún desliz con algún chaval, borracho, eso sí. Eso no ha perturbado ni una gota mi pasión por las mujeres y por sus pechos, sus acogedoras vaginas y mi amor por las hembras.



La confidencia estrechó más los lazos entre nosotros. Desde que conocí la sexualidad de mi pequeño nos unimos más, formando un vínculo entre los dos que nada ni nadie podría romper. Le aconsejé sobre chicos, le pedí que fuera con cuidado, que buscara chavales de su edad, que experimentara distintos tipos de placer y que cuando encontrara al chico ideal, lo trajera a casa. Le íbamos a tratar como a él mismo, como si fuera otro hijo. Pero nunca entró ningún novio por la puerta, ni ningún rollo. Ni siquiera, cuando iba a buscarle a la discoteca, al instituto o a la plaza del pueblo esperaba con alguien. Siempre solo, esperándome. ¿Y tus amigos, dónde están? Ya se han ido, papá, vinieron sus padres antes, me contestaba.



Eché otro vistazo al vaso lleno de semen, que había dejado encima de la mesa. ¿Era semen? ¿De quién era? ¿Era de Hugo, de sus “amigos” o era de los tres? Pensé que se habían estado pajeando sobre el vaso, que era cosa de chavales, como había hecho yo tantas veces en campamentos, viendo porno y jugando con nuestras pollas, entre colegas. Había bastante cantidad y era bastante viscoso, tenía un aspecto blanco impecable. Lo cogí y lo acerqué a mi nariz. Aspiré profundamente. Olía ligeramente a descarga fresca, sin un aroma especial. Introduje un dedo en su interior. Todavía estaba algo caliente, unté mi dedo índice y lo deslicé por el pulgar, y acerqué mis dedos a la nariz. Volví a dar una aspiración profunda. Ahora si que con más claridad pude percibir aroma suave y húmedo a semen. Pensé que mejor en el vaso que no dentro de mi chaval o cualquier guarrada al fin y al cabo. Era listo al fin, no se la jugaba. ¡Ese era mi chico!



Lo que apestaban eran los calzoncillos sucios que había encontrado en su habitación. Estaba seguro que no eran de él. Olían a sudor y a meado, tenían gotas amarillas por toda la parte de delante y estaban completamente pringados de semen, que se iba secando e iba dejando aureolas de color más o menos amarillento por toda su longitud. El olor que desprendía esa prenda de ropa era el típico olor de calzoncillos sudados y lefados de chaval, un poco guarrete, que imagino ni se abría duchado. Seguro que eran los calzoncillos de uno de los repartidores, todo el día pegados a sus huevos, sudándolos y sin cambiarlos. Quizás los habría llevado más de un día. ¡Qué cabrones! Se les debieron olvidar cuando estaban por aquí. O quizás al irse cuando llegué, se los dejaron. Los usaron para limpiarse las pollas y, por el aspecto que tenían, para qué llevárselos. Sea como fuere estaban en la habitación de mi chaval. Y tenía que averiguar lo que pasó. Cosas de chavales, pensé. ¡Cómo son! ¡Quién pillara su edad!. Empecé a restarle importancia al tema.



La verdad es que me resultaba bastante cachondo que mi chaval, con lo poca cosa que era, tuviera amigos tan cerdos y fuera capaz de correrse en su libro de matemáticas. Tenía gracia la cosa. Recordé mis azañas juveniles. En el camping al que íbamos en verano, con 14 años, mi colega de la infancia y yo jugábamos a ver quién lanzaba la leche más lejos. Unas veces le ganaba yo y otras me ganaba él. En una ocasión mis trallazos alcanzaron el saco de dormir de su hermana y en otra sus botas de montaña. ¡Cabronazo, me las has manchado! Y nos echábamos a dormir en bolas en la tienda de campaña, preparándonos para despertarnos y cascarnos otra paja a ver quién ganaba esta vez.



Me tiré en el sofá a esperar que Hugo bajara para hablar con él. Estaba en la ducha. Llevaba ya casi 10 minutos y todavía no había salido. Me descalcé, me quité la camiseta que ya acumulaba un ligero olor a sobaco de toda la tarde trabajando con ese calor. Me quedé meditando, escuchando de fondo el partido, recordando mis andanzas de joven, y notando como mi polla empezaba a despertar y se quedaba morcillona, más calmado entre mis reflexiones.



Hugo bajó a los pocos minutos y tosió, pensando que estaba dormido. Me incorporé y le miré con tono serio. Bajaba con una toalla corta en la cintura. Era precioso el niño. Ya había empezado a desarrollar un cuerpazo, que aunque no muy alto y ancho, marcaba músculos atléticos. Su pelo rubio estaba revuelto, sus ojos vivos y pícaros me miraban con cierta angustia. Algunas gotas de agua caían por su cuello delgado, liso y perfecto hacia su pecho, adornado por dos pezones rosados preciosos. Justo donde su mano sujetaba la toalla estaba su vientre firme y terso, que daba paso a la cintura más perfecta y estrecha que había visto. La toalla dejaba al aire unos muslos perfectos, firmes, sin ni una gota de grasa que se antojaban incluso un poco femeninos. A veces me sorprendía pensando en meter mis manos entre ellos y apartárselos para ponerlos alrededor de mis caderas. Volvió a carraspear. Recorrió el salón mientras le observaba y pude ver que la toalla ajustaba a la perfección dos nalgas rígidas, respingonas, que se movían con discreción tapadas por el paño.



Ven hijo, siéntate aquí, quiero hablar contigo -le dije con tono tranquilizador.



Papá, lo siento mucho, he sido un gilipollas, perdóname - Su pierna rozó mi vaquero cuando pasó a mi lado.



No pasa nada, pero tenemos que hablar, le dije con convicción



Hugo se puso a llorar. A llorar desesperadamente. Estaba realmente arrepentido. Cuando Hugo lloraba se me encogía el estómago. Me daba una rabia increíble. Quería cogerlo en mis brazos, dejarlo en la cama, y dormirle cantándole al oído una canción. Pasé mi brazo a través de su cuello y lo atraje contra mí. Podía sentir su frescura, propia de haberse pegado una ducha, y su aroma a jabón. Le di un beso en la cabeza. Él se apoyó en mi pectoral, descargando sus lágrimas sobre mi maraña de pelo rizado y ligeramente cubierto por mi sudoración y las largas horas de trabajo.



Venga, tranqulizate, que estoy aquí para todo lo que necesites. Acaricié con mi otra mano su pelo rubio, metí mi mano en su maraña de pelo y rasque suavemente su cabeza. Él seguía sollozando. Pasó su brazo alrededor de mi abdomen y me apretó. Yo sentí una enorme sensación de paz. Mi niño y yo siempre juntos, pensé. “No llores nene” - le susurré.



Estuvimos así unos minutos, en el silencio roto solo por sus suspiros. Él empezó a tranquilizarse y a mover ligeramente su mano, recorriendo mi torso con suavidad, acariciando mi vello, deteniéndose con parsimonia en mis pectorales. Yo le dejaba hacer. Me puse más cómodo en el sofá, apoyando toda mi espalda en el respaldo. Él seguía jugando con mis el vello de mis abdominales, mientras yo acariciaba su pelo, e inhalaba con profundidad su sensual olor a jabón recién duchado. Su mano se paseó por mi costado, subiendo casi hasta rozar mis axilas. Volví a aspirar una bocanada de aire y pude sentir mi propio olor corporal. Estaba sin duchar todavía. Hugo se detuvo en mi ombligo, y jugó con los vellos que nacían en él para irse adentrando en mi pubis. Mi polla marcaba ya entonces un leve crecimiento y empezaba a ejercer una presión considerable contra los vaqueros, justo apuntando hacia él. Mi polla estaba reaccionando a las caricias. Intenté apartarle pero retiró su mano y cogió mi brazo para que siguiera abrazándole, subiendo a lo largo de mi antebrazo y biceps, y bajando, muy despacio. Yo le volví apretar contra mi pecho sintiendo una enorme paz y tranquilidad.



Empezaba a tener un sentimiento un tanto embarazoso. A mí no hacía falta apenas nada para ponerme cachondo, e incluso hablando o jugando con mi chaval podía empalmarme. Pero esta vez era diferente, empezaba a sentir un cierto deseo de seguir abrazándole, de poseer a mi niño, de utilizarle. Tenía un sentimiento de posesión. Él era mío y yo podía disponer de él. Estos pensamientos cruzaban rápidamente mi cabeza, sin detenerse, mientras mi pene empezaba a babear dentro del calzoncillo. Empecé a percibir, mezclado con mi sudor y su olor a jabón, el olor de los calzoncillos sudados. Quizá la atmósfera que se estaba creando, el contraste entre la candidez de mi chico y la lefada descomunal que tenía delante estaban ejerciendo en mí algún tipo de control. El sexo era el sexo, siempre lo había pensado, y cuando uno está cachondo tiene que llegar al final. Yo era un a****l de instintos y me movía por impulsos, sobre todo, sexuales.



Aparté a Hugo al mismo tiempo que mis pensamientos. Y le miré. Me miraba con ojos de ángel, con cara de tranquilidad. Había dejado de llorar y estaba más tranquilo. ¿Estás bien, peque? Le dije dándole un beso en la frente.



Si papá, lo siento. La he cagado, no quiero que te enfades conmigo ni decepcionarte- dijo separándose de mi y mirando mi abultado paquete, percatándose de que sus caricias, intencionadas o no, habían causado un efecto en mi inmediato. La bragueta de mi vaquero iba a reventar.



“Está bien, cuéntame qué es lo que ha pasado esta tarde. No pasa nada, no estoy enfadado” - le dije para que se animara a contarme la historia.



“Pues..” dudó un momento y sus mejillas se enrojecieron



“Venga hijo, ¿es que no confías en tu padre?” - le dije insitiendo.



“Si papá, no es eso.... claro que confío en ti” - me contestó contrariado.



“Entonces puedes contarme cualquier cosa, ya sabes que yo te respeto ante todo y te quiero” - le animé





“Estaba en casa viendo porno” empezó a contar “cuando vinieron a traer la lavadora unos tíos que conozco del barrio...” -dijo pensándose la respuesta.



“¿Quiénes eran?” pregunté interesándome por los nombres.



Uno era Raúl, el hijo de la tienda de los electrodomésticos señaló con convicción.



Ah sí, le conozco, es buen chaval, pero muy macarra y un poco bestia.



“Lo sé papá, pero a mi me tiene mucho aprecio, le conozco del colegio y del barrio y siempre se ha portado bien conmigo...” aseguró mi chaval. “El caso es que hacía mucho calor, no podían sacar la lavadora, les ofrecí una cerveza y empezamos a contar paridas, a reírnos y demás, y al colega se le ocurrió que nos cascáramos una paja delante de un vaso de cristal, la cosa se desmadró y acabamos pringando mi libro y esos calzoncillos que se han dejado aquí”- dijo señalando los slips sucios que estaban encima de la mesa de cristal y que empezaban a parecer un ambientador por el olor que dejaban en todo el salón.



“Bien, ¿y no hubo nada más?” le pregunté interesándome por lo que pudo haber pasado y que a juzgar por los mordiscos de su espalda, delataba.



“No papá, no hubo nada más, nos pajeamos y se fueron cuando llegaste... sé que es una cerdada pero en ese momento no pensé lo que estaba haciendo”- dijo Hugo a modo de excusa.



¿Te intentaron forzar? ¿Te pidieron algo que no querías hacer? Dije en tono serio, preocupandome por mi chaval.



No papá, nada que no quisiera hacer -dijo intentando zanjar la conversación. Sólo unas pajas.



¿Entonces, los mordiscos que tienes por toda la nuca y espalda, eso de qué es?. Estás rojo como un tomate, como si te hubieran dado una paliza, le pregunté, sabiendo que algo me ocultaba.



Mi hijo se mostró preocupado. Se veía que intentaba encontrar respuesta. Ya me imaginaba lo que había pasado, probablemente habían intentado forzarle o quizás habían practicado sexo, pero no estaba seguro. ¿Alguno te intentó follar? - solté sorprendiéndome a mi mismo por la pregunta.



“Bueno papá, intentamos hacerlo porque tengo curiosidad por saber lo que se siente, pero no pudieron” - dijo casi sin pensar a mi pregunta a bocajarro.



La idea de dos tíos intentando metersela a mi niño me puso furioso. Apreté el puño contra la rodilla. Quería salir, buscarles y matarles a ostias. Él debió notarlo porque me miró fijamente, curioso, por mi reacción.



Pero no pudimos hacerlo, así que no te preocupes, me quedaré con las ganas de saber lo que se siente- dijo intentando tranquilizarme con cierto tono de resignación.



¿En serio me lo dices? - le pregunté. ¡Una cosa es follar y otra que te hagan el amor! - le dije convencido de mi respuesta. Tú tienes que buscar a un chico de tu edad que sea como tu, que tenga los mismos intereses e ir probando hasta que encuentres tu sitio. No me parece bien que vengan extraños a casa e intentes eso ¿tantas ganas tienes? -pregunté sorprendido.



-Bueno papá- dijo Hugo inocente. Todos mis amigos ya no son vírgenes y algunos hasta han tenido más de una relación. Yo todavía no sé lo que es el sexo, y me gustaría tener alguna experiencia. El día que encuentre al chico perfecto no quiero ser un inútil en la cama, no saber donde ponerme o qué hacer, qué decir, cómo actuar, no tengo experiencia -dijo convincente.



La revelación de mi hijo me produjo cierta impotencia. El chaval quería saber lo que era el sexo y nunca había tenido oportunidad de probar. -Ya sabrás que tienes que hacer cuando te toque- le dije, intentando quitarme las ideas que rondaban mi cabeza y que poco a poco estaban despertando en mi instintos a****les. El tenía una mirada de cierto desafío, como retándome. -¿No te parece?- le pregunté intentando confirmar mis, cada vez, más pobres argumentos.



-Pues no, papá, no me parece- me dijo desafiante. - Soy un analfabeto sexual- me dijo, claramente enfadado.



-¿Analfabeto?- No lo creo, te lo he enseñado todo, dije intentando convencerle-



Si, papá, hemos hablado de cosas generales, pero cuando se trata de follar, no tengo ni idea- me espetó con cara de pena.



Eso se aprende con la práctica- le contesté rápidamente.



Si, estoy de acuerdo papá. Práctica que no tengo- me dijo con cierto tono desesperado. No sé nada del tema, excepto que, según tú, tengo que esperar a la persona ideal. Mis amigos no han esperado a las “personas ideales”. Me dijo reprochándome mis argumentos anteriores.



Bien, ¿Y qué te gustaría saber, Hugo? - le dije para ver si podía ayudarle a desentrañar esas dudas tan importantes que parecían angustiarles.



Me gustaría saber qué se siente follando - dijo con resignación.



Medité un tanto la respuesta. Sabía que entraba en un terreno complicado, yo no sé si podría aconsejarle sobre el sexo entre hombres. A mí me gustaban las mujeres.



-Supongo- contesté - que depende de qué te guste hacer- le dije explicándole lo poco que sabía. En el sexo entre tíos hay uno que da y otro que recibe. ¿Me entiendes? Le dije un poco avergonzado del lenguaje que estaba empleando. Proseguí: “En una pareja uno tiene que dar placer al otro, siempre buscando su máximo placer, dependiendo de lo que le gusta. Por ejemplo, si yo tuviera sexo con otro tío me gustaría que me mamaran la polla y que me dejara follarme su culo, básicamente lo que me mola hacerle a una tía y que me hagan- continué explicando más detalladamente -eso entre hombres se llama ser activo o pasivo, los hay que les mola dar por culo y los hay que disfrutan mientras se los follan- acabé aclarando.



Hugo cambió su mirada, miró al vaso donde estaba el semen acumulado de sus amigos y me miró a mí.



-Papá, yo creo que a mi me gustaría saber qué se siente cuando un tío te folla y qué se siente al comerle la polla- me espetó sin miramientos.



-Entonces, chaval, eres pasivo, lo que buscas es un tío que te de rabo- le dije con cierto tono de colegueo.



-¿Sí, tú crees? -Dijo inocentemente.



-Claro, peque, para que haya tios activos, tiene que haber tíos pasivos. Asi funcionan las parejas, fundamentalmente, si encuentras a un activo, probablemente sabrás que eso es lo tuyo- le dije con claridad.



Me fijé en que mi paquete se marcaba ya una buena erección y él tampoco era ajeno a esa situación. La atmósfera que se había creado, sus caricias mientras sollozaba en mi pecho y la conversación estaban teniendo sus efectos.



-Y cómo sé que me gustaría- me dijo sacándome de mis pensamientos -nunca he probado con un tío-



Pues no sé, Hugo, eso se sabe, ¿cuando te la cascas en qué piensas? -le pregunté interrogándole.



Normalmente pienso en que me folla un chaval que conozco del insti, que es un malote, pero una cosa es pensar y otra sentirlo de verdad.



Tengo una ídea, le dije intentando darle una solución, porqué no pruebas con algo, tus dedos, no sé, un consolador- le sugerí.



Si claro, lo que me faltaba, que mamá encontrara una polla de goma en mi habitación para acabar de rematar la semana - me contestó riéndose.



Yo me eché a reir, la verdad es que dicho así sonaba bastante disparatado. Entonces se me ocurrió algo. -Espera un momento- le dije, mientras me levantaba e iba a la cocina. Aquí hay algo que podría valer para probar. Entré en la cocina y abrí la nevera. Había dos pepinos que habíamos comprado para el gazpacho. Elegí el más grande, empujado por una especie de instinto a****l sexualizado que no me dejaba pensar con claridad. Por un lado quería ayudarle y por otro me ponía cachondo la idea de imaginarme al chaval metiéndose objetos por su culo, y a falta de algo mejor, eso tenía la forma perfecta de una polla.



Entré en el salón y estaba despatarrado, solo con una toalla cortísima tapándole la cintura. Le lancé el pepino desde la distancia y cayó encima de su toalla y dio un respingo, al notar el golpe seco y pesado de la hortaliza.



-Joder papá, que coño haces- se quejó- ¿y esto para qué es? me preguntó intrigado, cogiendo el pepino entre sus manos.



-Para que pruebes, es lo que más se parece a una polla- le dije convencido, diviertiéndome por lo surrealista de la escena.



Entonces se levantó y se quitó la toalla. Su polla, que todavía era una polla adolescente, dió un respingo, brillante, circuncidada y completamente dura y apuntó al cielo. Yo me tiré en el sofá esperando ver qué hacía. Se echó a un lado, cerca de mi, y con esfuerzo empezó a pasarse el pepino, verde y frío, por la raja de su culo. Empezó a hacer esfuerzos, mientras yo miraba atónito como intentaba meterlo sin éxito. Lo sacó, se ensalivó una mano, lubricó bien su ojete y lo puso a las puertas de su ano, volvió a intentar meterlo y dio un pequeño quejido.



-Espera- le dije excitadísimo, incorporándome en el sofá y acercándome más a él- Colócate a cuatro patas. Él obediente se puso a cuatro patas, ofreciéndome una vista de su ojete rosadito, como el chochito de una novicia, coronado por dos nalgas duras y respingonas. Lancé un escupitajo bien cargado de saliva que se dió en la diana perfectamente, y acaricié con mis dedos su raja. Lanzó un largo suspiro que entendí como una aprobación. -Cierra los ojos y relájate- le dije en voz baja, sin atraverme a escuchar mi propia voz por lo que estaba haciendo. Entonces, metí mi dedo índice y jugué en su interior. Me sentía completamente hipnotizado con ese culazo y ese ojete. Mi dedo desapareció hasta el fondo. No podía creer que ese fuera un culito virgen. Mi experiencia me decía que por ese niño ya había pasado más de una polla. Entonces ensalivé dos dedos y los metí, intentando dilatar las paredes de su ano. Él gemia placidamente, disfrutando de la masturbación anal que le estaba dando.



Dirigido por alguna clase de locura temporal, rocé mi polla admirando su culo. Estaba ya completamente dura y empujaba por salir del pantalón. Mi pollón era gordo y largo, moreno, con un buen capullo que lo coronaba. Estaba cachondísimo y seguro de que la facilidad con la que se escondían mis dedos en su interior no iba a ser la misma que si intentaba meter mi polla. Entre sus gemidos, mis pensamientos se amontonaban en mi cabeza. Voy a follármelo hasta que me pida que pare, pensaba. Le atravesaré con mi polla y verá lo que es que se lo folle un macho, me decía una y otra vez.



Liberé mi polla de la bragueta, y sin bajarme el pantalón, acerqué mi capullo a su ojete dilatado por mis dedos. Para entonces mi rojo e hinchado glande estaba ya babeando como si fuera a acabar su existencia. Mi excitación hizo que pasara mi capullo por su rosado ojete. Él notó la suavidad de la cabeza de mi polla y movió su culo unos centímetros hacia atrás, como buscándolo. Así que tiré al suelo el pepino que intentaba meterse sin éxito, y le agarré con fuerza la cintura, atrayéndolo su ano contra mi polla dura y tiesa. Quería ensartarlo en mis 22 centímetros de carne incandescente, como si de una putilla se tratara. Completamente ido por la excitación, presioné con fuerza y mi glande desapareció, quedando abrazado completamente por su ojete.



El crío respiraba con fuerza, aternando gemidos suaves entre sus respiraciones. Lejos de apartarse, intentó que entrara algo más. “Este tiene de virgen lo que yo de cura” pensé. Mi barra dura empezaba a desaparecer en su interior. Allí, en el sofá, me estaba follando a mi propio hijo, completamente loco por el placer que estaba dando a mi polla.



Cuando hubo desaparecido casi la mitad de mi rabo en su interior, noté como las paredes de su ojete abrazaban con presión mi rabo. Noté el calor que desprendía su interior y quise quedarme siempre ahí dentro. Esperé unos instantes mientras se acostumbraba al grosor de mi polla y desde la altura, dejé caer abundante saliva de mi boca para lubricar el resto del tronco que quedaba fuera. Él pasó su mano suavemente por mis cojones, animándome a que siguiera adentrándome en su interior. “¿Virgen? Menudo gol que me ha metido por toda la escuadra. ¡Tiene más experiencia que yo!.



Para entonces ya estabamos empezando a sudar copiosamente. Mi olor corporal a hombre sudado se podía sentir con más intensidad. Todo el día trabajando tenía un precio. La atmósfera invitaba a que le diera caña a ese culito, ajeno a que era mi propio hijo el que me estaba prestando su ojete para darme placer.



-¿Te gusta? Le pregunté, animado por la presión que ejercían sus caderas sobre mi polla.



Si, no pares, por favor - me suplicó con voz entrecortada



-¿Parar? Ni loco, esto es el paraíso le dije, metiendo gran parte de lo que quedaba fuera en su interior.



Entre sus nalgas duritas y respingonas desaparecía todo el tronco de mi polla, yo las apretujaba y las magreaba con fuerza, haciendo que se enrojecieran. Mi chaval, del placer que sentía, tenía la piel de sus muslos de gallina, lo que me animaba a ir más allá. Quería que toda mi polla desapareciera en su interior. Así que de un último esfuerzo, en toda su dureza y longitud, le clavé. Emitió un sollozo quedo, como si le hubieran clavado una polla tan grande que ni su propio ojete hubiera podido imaginar. Ahora mi excitación mandaba y mis impulsos hacían que únicamente pensara en mi placer, así que llevé mi mano hasta su nuca, y a cuatro patas como estaba, empujé su cara contra el acolchado del sofá, ahogando sus lamentos. Pensando que, en cuanto empezara a dar caña a ese ojete, iba a berrear como un corderito recién nacido.



Así, en esa posición, sin dejarle opción a moverse, saqué casi hasta mi capullo todo el largo de mi rabo y se volví a meter, dejando un ojete más diltado. Con un ritmo más o menos pausado lo repetí tantas veces como quise, hasta notar que mi polla entraba y salía sin ninguna dificultad de su culo. Él ahogaba, obligado por mi mano, sus gemidos en el sofá. Yo aceptaba que disfrutaba, y en cierto sentido me daba igual, porque era tan grande el placer que sentía en mi rabo y en mis cojones que no me importaba en ese momento como se sintiera. Nunca había sentido mi polla tan dura. Comenzé a encularle con más energía, enculadas más cortas y bien profundas, para que notara la potencia de mi follada. De vez en cuando su cadera se levantaba como intentando escapar de mi enorme miembro, pero yo hacía presión con la mano para colocarla bien expuesta a mis embestidas. Gotas grandes de sudor resbalaban por mi torso y caían por mis muslos. El calor era insoportable. Volví a bombearle con fuerza, dando caña a ese culito, que hasta ese momento pensaba que era inexperto. Alivié la presión de su nuca y liberé su cabeza, quería ver si le estaba gustando.



-¿Te gusta lo que sientes? - le pregunté cachondísimo, parándome en seco para ver su reacción.



No pares por favor- me volvió a suplicar.



¿Qué no pare? Te has tragado 22 centímetros de polla tu solito, chaval - le dije, con mi rabo apunto de salirse de su ojete, sólo sujetado por las paredes de su ano que presionaban mi glande en todas sus dimensiones.



Entonces, hizo algo que me volvió loco, con todas sus fuerzas se metió el solo mi polla hasta el fondo y una vez la notó bien adentro, empezó a bobearse mi rabo dentro de su culo él solito. Bien adentro, una y otra vez, acercándome y alejándose de mi rabo, hasta que desaparecía y volví a aparecer. Se estaba follando él solo mi polla.



El enorme placer que sentía, de verle bombearse mi polla en su interior, era increible. Aparecía y desaparecía al propio ritmo que marcaba mi chaval. Incansable, insaciable. Mi rabo alcanzó su máximo de dureza. Yo le dejaba hacer, embelesado viendo mi tronco moreno y gordo perderse en su interior, mientras él suspiraba de placer y yo bufaba como un toro.



Joder nene, me vas a matar de gusto- le dije completamente fuera de mi viendo la escena.



Así estuvo un rato, él solo, dándose placer hasta que sacó mi rabo del todo y se giró totalmente, abalanzándose sobre mi polla y dándome una mamada de infarto.



Uff niño, como la mamas. Nunca me la maman del todo porque dicen que es muy grande, pero a ti te cabe entera, cabrón- le dije entre suspiro y suspiro.



Algo cansado de la postura que teníamos, me tiré en el sofá y se acurrucó entre mis piernas. Comiendome los huevazos llenos de leche caliente esperando para salir y lamiéndome el rabo desde su base hasta mi capullo, que estaba a punto de reventar. Yo cerré los ojos y me dediqué a disfrutar mientras mi chaval se ponía morado, glotón de mi polla. Entonces se incorporó, colocó mi rabo bien ensalivado mirando al techo, y se subió encima de mí. Se metió toda mi polla y empezó a saltar sobre ella. Si el tiempo se hubiera detenido en ese momento, hubiera sido el hombre más feliz del mundo. El placer de la follada que me estaba metiendo el niñato era impresionante. Nunca me imaginé que mi chaval fuera a ser capaz de hacer semejante cosa por su padre. El tamaño de mi polla, para él, no era un problema. Y eso me hacía sentir feliz, porque muchas relaciones pasadas se habían visto truncadas porque mi rabo era demasiado grande para muchas muchachas del pueblo que, cuando intentaba follármelas, acababan pidiéndome que lo dejara para otro día. Pero él, era un campeón. Mi rabaco entraba y salía como si estuviera acostumbrado a follarme de toda la vida.



Giré la cabeza y vi el vaso con la lefa de los repartidores. Y una idea se cruzó por mi cabeza. Rápidamente agarré de la cintura a mi chaval y lo volteé, cambiando de posición. Ahora estaba yo arriba y él debajo, aguantando mis embestidas a****les, con tanta fuerza que dudo que una mujer hubiera aguantado. Me miraba fijamente, ido complemtanete por el placer que le estaba dando. Sin pensarlo, cogí de la mesa el vaso con el semen de los repartidores y lo vertí completamente acerqué completamente a su boca. Solo de pensar que en ese vaso estaba la leche de Raúl, el hijo macarra de mi compañero del equipo de futbito, me puso más cachondo si cabe. -Abre la boca- le ordené. Y él, obediente como un buen chico, abrió. Dejé caer todo el contenido en su boca, mientras bombeaba con fuerza su culo. Cogí los calzondillos sucios y los apreté contra su cara, mientras enculaba a punto de correrme. Él con su culo expuesto, solo dejó que hiciera, mientras apretaba los calzoncillos del repartidor sobre su nariz, se pajeó hasta correrse sobre mi abdomen.



La excitación pudo conmigo y me le embestí completamente empapado en sudor, como un a****l en celo, hasta que descargué toda mi lefa en su interior. Me tiré encima de él, jadeando como un poseso. Sin duda, era el polvo más morboso que había echado en mi vida. Aguanté unos minutos encima de él, con mi polla dentro, mientras perdía dureza. La saqué y un buen chorro a presión de mi lefa salió de su culo, manchando mis muslos. Él se incorporó y lamió delicadamente mi polla y los restos de su lefa de mi abdomen. Luego repasó la lefada de mis muslos hasta dejarlos limpios.



Nos quedamos en silencio un buen rato, intentando reponernos. Él no dijo nada. Se levantó, cogió la toalla, se acercó su boca a mi mejilla y me dio un beso.



Gracias papá- y se fue a la cocina a sacar la pizza del horno como si nada. La trajo, comió una porción mientras acaba de ver el partido, así, desnudo y recién follado. Yo me levanté y cogí otro trozo. Quise decirle algo, como disculpándome por el trato que le había dado tan duro. Sentía que en parte había abusado de él. Pero no tenía ningún sentimiento de culpa. Era algo que él había disfrutado tanto como yo. Cuando reuní las palabras, se levantó del sofá, se puso frente a mi y me dijo:



-Te espero en tu habitación.



Y desapareció en las escaleras. Un latigazo de morbo recorrió todo mi cuerpo y mi polla, aunque se acababa de descargar, dio un respingo.



Esta iba a ser una noche muy, muy larga, pensé. Si el niño quiere más, hay que darle más...


...


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Posted by renovatio111 5 months ago  |  Categories: Gay Male, Taboo  |  Views: 2236  |  
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infidelidad con un holandes en el concierto de los

otra gran historia que encontre y comparto con vosotros, espero q os guste



Estos hechos sucedieron durante el concierto que los Rolling Stones ofrecieron el pasado 25 de junio del año pasado en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Mi marido había logrado hacerse con un par de entradas, y a pesar de que el concierto era en miércoles, habíamos decidido desplazarnos desde nuestra ciudad en coche para disfrutar del espectáculo. Mi esposo intentó que le dieran un par de días de fiesta en su trabajo, pero al final sólo logró que le dieran el jueves siguiente al día del concierto. El motivo es que tenían una reunión importante esa misma mañana en su empresa con un grupo inversor, y no podía faltar de ninguna de las maneras posibles. Aún con todo nos propusimos salir a media tarde y llegar a tiempo para el concierto. Eran unos cuantos kilómetros, sonaba a paliza, pero merecía la pena por un concierto de los Rolling. No teníamos nada planeado, íbamos a la aventura, disponíamos de todo el día siguiente para descansar. Así que no había tanto problema.


Nada más salir mi marido de la oficina salimos de viaje hacia Madrid. Tuvimos suerte al encontrar aparcamiento por la calle Jiloca, muy cerca del estadio, por lo que sólo teníamos que recorrer parte de Avda. Concha Espina para llegar andando al Bernabéu. Para los que no son de Madrid, decir que son calles pequeñitas, con muchos recovecos, zonas verdes, y en general poco iluminadas, pero ideal para nuestro propósito.

El caso es que a pesar de la paliza del viaje, mi marido quiso que nos acercásemos con tiempo por las inmediaciones del estadio, ya sabéis el ambiente que se respira siempre en este tipo de conciertos. Yo le sugerí que descansase un poco, pero él quiso entre otras cosas ojear y comprarse alguna camiseta de la gira por los alrededores. De esta forma pudo deshacerse de la camisa y corbata del traje que había llevado durante todo el día, y camuflarse un poco entre la gente tan variopinta que había.

Por mi parte, sabiendo que los del tiempo daban una media de treinta graditos para esa noche en Madrid, y el calor que se pasa en los conciertos, había decidido salir de casa con algo más cómodo, unos shorts vaqueros y una camiseta de tirantes finos por arriba. Por cierto, que los shorts, como bien dice la palabra me venían muy cortos, pues me puse unos que eran ya algo viejos, y de milagro que no asomaban mis nalgas por la parte inferior. En la parte superior decidí no ponerme sujetador, no me agrada que se noten los tirantes, opté por la comodidad, y por suerte aún conservo unos pechos álgidos y turgentes.

Mi esposo quiso tomar una copa en la famosa esquina del Bernabéu antes de acceder al concierto, y lo que en principio iban a ser un par de cañas y alguna tapa para picar, se convirtieron en un par de jarras de cerveza, que bebimos con cierta prisa debido a las ganas por entrar. He de decir que yo no estoy muy acostumbrada a beber cerveza, y mucho menos tan rápido, así que reconozco que lograron entonarme ya un poquito.

Nada más entrar ya estaba la pista bastante llena de gente, intentamos situarnos lo más cerca posible del escenario, pero tuvimos que conformarnos con quedarnos a media pista. Todavía quedaba casi una hora para que comenzase el concierto, así que decidimos esperar pacientemente. Yo que me conozco en estos casos lo que ocurre al beber cerveza, le dije a mi marido que prefería ir al servicio antes de que comenzase el concierto, no fuese que luego me entrasen ganas de orinar a mitad concierto. Mi marido me sugirió guiñándome un ojo que a mi regreso pidiese otro litro de cerveza en la barra. Me despidió con un beso en la boca y una palmada en el culo.

Yo sabía perfectamente, que cuando se pone así de tontorrón quiere decir que tiene ganas de beber hasta entonarse. Acepté seguirle el juego debido a la euforia del momento, y el ambientazo que hacía presagiar un gran concierto. Me hice a la ilusión de que terminaríamos durmiendo en algún hotelucho, haciendo el amor como la ocasión se merecía, y logrando que la noche fuese verdaderamente inolvidable a pesar de la resaca.

Tuve que esperar mucho tiempo para acceder al baño de chicas más cercano que pude ver, y luego otro rato hasta que me sirvieron el litro de cerveza en la barra, por lo que transcurrió bastante tiempo desde que abandoné a mi marido en la pista. A mi regreso a la zona en la que dejé a mi esposo, pude ver como la gente se había sentado en el suelo haciendo algún que otro corro.

Pude ver desde lejos que mi marido estaba sentado y rodeado de un grupo de gente, que parecían amigos entre ellos, aunque desconocidos para nosotros. Serían unas diez personas en total, tres parejas y unos cuatro hombres a los que se les veía solteros. Todos ellos tendrían alrededor de cincuenta o cuarenta y tantos años, esto es, parecían algo mayores que nosotros. Tenían pinta de auténticos rockeros, camisetas negras, prendas de cuero, y tatuajes en sus cuerpos. Nada que ver con nosotros.

.-“Madre mía cómo se pondrá mi marido el pantalón del traje de sentarse en el suelo” pensé nada más verlo. “Ya lo puedo llevar mañana a la tintorería”.

En lo que logré alcanzarle pude percatarme que se encontraba rodeado de otros chicos, seguramente los desemparejados, y que conversaba sobretodo con uno de ellos sentado a su derecha, desde mi posición no lograba verle bien la cara pues me daba la espalda a mi posición. Sólo podía ver que llevaba la cabeza rapada o era calvo y que era bastante grueso. En el otro extremo del corro se veían a las parejas que estaban como en otro tipo de conversación, más a lo suyo. Antes de alcanzarlos observé también que entre todos se pasaban litros de cubatas y se liaban algún porro. No lograba entender que hacía mi marido en medio de ese tipo de gente.

Tuve que ver como el nuevo compañero de mi esposo le ofrecía beber de uno de los cubatas, y como incluso después de dar un pequeño sorbo mi marido por simple cortesía, éste le incitaba a que bebiese más, por lo que mi marido terminó por dar un buen trago a la litrona. Por unos momentos pensé que la intención de su nuevo amigo era emborracharlo.

.-“Hola” dije nada más llegar por su espalda sorprendiendo a mi marido.

.-“Hola cari” dijo mi marido incorporándose para darme un pico en la boca y hacerme sitio entre su posición y la de su nuevo amigo. “Este es Mikel, te presento” dijo al tiempo que me hacía señas para que me sentase en el suelo en medio de ambos. Yo por mi parte me concentré en no caer y derramar el litro de cerveza que ocupaba mis manos.

.-“Encantada” dije nada más sentarme entre mi esposo y el tal Mikel, con el que intercambié dos besos de cortesía y agradecí con un gesto por ayudarme a no caer.

Fue entonces cuando pude apreciar que Mikel era el típico tío regordete, calvo y con barba, las orejas perforadas, y sus flácidos brazos llenos de tatuajes. Por supuesto vestía unos pantalones de cuero, y llevaba para la ocasión una camiseta negra con el insolente emblema de los rolling sacando la lengua. Parecía el típico motero de Harley Davinson.

.-“Déjame que te presente al resto de la banda” dijo Mikel en jerga rockera con cierto acento entre vasco y navarrico, como si el resto de amigos fuesen un grupo de rock. Por sus primeras palabras pude apreciar que Mikel era indudablemente el líder del grupo, mejor dicho, el que llevaba la voz cantante.

.-“Este es Cors. Cors es productor. Hace películas, ha venido desde holanda” dijo concediéndole cierto aire de importancia y señalando al tipo que estaba al otro lado de mi marido. Cors levantó la mano a modo de saludo indio, y yo asentí con la cabeza correspondiéndole.

Hasta entonces no me había fijado en Cors, pero nada más presentármelo sentí que era de esas personas por las que sin saber porqué experimentas cierto magnetismo. Su forma de mirarme era distinta. Sus rasgos también. Tenía ese aire de extranjero que lo hacía distinto al grupo de españolitos que le rodeaban. Apenas presté atención y pude recordar el resto de nombres que saludaba de manera autómata entre la gente que terminaba por conformar el corro.

Mi mente se había detenido en la presentación de Cors. No lograba entender porqué. Tampoco es que fuese muy guapo, pero supongo que caí atrapada por su forma de mirarme desde que llegué. Es más, desde que lo miré a los ojos ya no pude pensar en otra cosa que no fuese esa inquietante mirada clavada en mí como centro de atención y novedad dentro de aquel grupo de amigos.

Una vez terminadas las presentaciones sentí la necesidad de volver a mirar y sonreír a Cors. Él, que no me quitaba ojo de encima ni un segundo, me devolvía la sonrisa una y otra vez.

Cors vestía como el resto del grupo de negro, llevaba media melena, y barba de tres días. Al observarlo detenidamente pude fijarme en su look dejado y descuidado. Detrás de esa apariencia de rockero, se escondía un tipo misterioso con una mirada inquietante y cautivadora para mí. Me sentía atrapada por su mirada, todo el rato observándome y sonriéndome.

¿Porqué me miraba así?. Pude fijarme en algún detalle, por ejemplo en su tímido tatuaje, sus anillos en los dedos y que tenía un piercing en la boca, concretamente atravesando su lengua. Nunca logré entender porque la gente se agujereaba el cuerpo de esa manera, y mucho menos en una zona tan sensible como la lengua. Fue mi marido quien me despertó de mi ensoñación mientras contemplaba embobada al tal Cors.

.-“Mikel tiene una tienda de tatoos” dijo mi marido mientras me daba un codazo, para acto seguido arrebatarme el litro de cerveza de mis manos y darle un buen trago.

Ahora pude entender el interés de mi marido en conocer a Mikel. Mi esposo es representante de una marca farmacéutica, y entre otras cosas comercializan material esterilizante. Seguramente se estaba preguntando si podría tener mercado en negocios de tattoos.

.-“No me decías que querías hacerte un tatuaje” dijo mi marido “pues pregúntale a nuestro amigo todas las dudas que tengas” terminó por explicar.

Yo no supe que decir, me puse colorada, pues lo del tatuaje era algo que pensaba hacerme chiquito cerca del pubis y que solo se lo había comentado a mi marido, ni tan siquiera a mis amigas. Menos mal que Mikel era un tipo bastante comprensivo y algo dicharachero.

.-“Lo primero que tienes que tener claro es el dibujo que quieres hacerte, luego el lugar. Yo siempre recomiendo cierta discreción para empezar, y luego si te va el rollo seguir decorando tu cuerpo. Aunque ya verás como si te animas y pruebas, esto engancha y acabas dibujando todo tu cuerpo” mientras aquel tipo me hablaba pude darme cuenta de los tatuajes que decoraban todo su cuerpo.

.-“¿Y cuántos tatuajes puedes hacer en un día?” le preguntó mi marido como si nada, pero evidentemente interesado en la respuesta.

.-“Depende” respondió Mikel “en fin de semana puedes llegar a hacer veinte tatuajes o así por día, según lo que te muevas. También depende de la época del año. Hacia la primavera tienes más trabajo que en invierno, por ejemplo” concluyó nuestro nuevo amigo al tiempo que le pasaban un litro de cubata al que dio un largo trago, y que luego me cedió esperando que yo también bebiese.

No me hizo mucha gracia compartir litro con un desconocido y mucho menos con esas pintas, pero imagino que estaba acorralada y no tenía otra salida que darle un trago. Al terminar de beber mi mirada se cruzó con la de Cors que no dejaba de observarme. Como mi marido continuaba con nuestro litro de cerveza, yo le cedí el de cubata siguiendo la ronda al tal Cors, quien al recogerlo se las ingenió para que nuestras manos entrasen en contacto.

Guauuu, un escalofrío recorrió mi cuerpo al notar su tacto. Era como si hubiesen saltado chispas a causa de electricidad estática. Cors aceptó el litro sonriente, y sin dejar de mirarme a los ojos. Madre mía que mirada tan penetrante tenía el tipo. De estar soltera seguro que le hacía un favor, pero debía controlarme. No sabía muy bien por qué, pero me gustaba que me mirase.

Cors le proporcionó un trago al litro y lo pasó al compañero siguiente de su izquierda, quien este a su vez le cedió un porrito al amigo holandés. Cors le dió una tímida calada y enseguida se lo ofreció a mi marido. Yo me quedé de piedra al contemplar como mi marido le daba una calada y se tragaba el humo como si fuese lo más normal del mundo. Antes de conocerlo sí que fumaba, ¡Pero él nunca había fumado porros!. Al menos eso me había dicho. Mi marido trató de ofrecerle el porro a Mikel, saltando intencionadamente mi turno, pues sabe que no fumo. Es más, sabe que odio el olor a tabaco en la ropa.

Mikel por su parte rehusó aceptarlo y le hizo señas a mi marido para que me lo diese a mí. Pude notar la mirada expectante de los tres hombres que me rodeaban cuando el cigarrillo de marihuana llegó a mis manos. Yo miré fijamente el cigarrillo y en un acto de sensatez se lo traté de ofrecer a Mikel siguiendo la ronda y argumentando:

.-“Lo siento pero no fumo” dije tratando de que lo cogiese él mismo.

.-“Vamos mujer, pruébalo. Ya verás, que esta hierba es muy buena, sabe como a chocolate con naranja” insistió Mikel.

Yo negaba con la cabeza al tiempo que se lo ofrecía, pero Mikel también se negaba a cogerlo.

.-“Nunca he fumado un porro” dije tratando de que mi argumento tratase de hacerle entender mis motivos. Aunque más bien sonó a niña pija.

.-“Bueno” dijo como alegrándose por escuchar mis palabras” siempre tiene que haber una primera vez, ¿no?. ¿Cómo vas a saber que no te gusta si no lo has probado?”, dijo poniendo carita de niño bueno tratando de convencerme

No sé por qué lo hice, supongo que el alcohol, la rabia contenida contra mi esposo, y la euforia del momento me animaron a probar. En circunstancias normales nunca hubiera imaginado que le daría una calada a un porro en mi vida, pero quiero pensar que estaba lo suficientemente envalentonada por el comportamiento de mi esposo que me decidí a intentarlo.

Aspiré profundamente y me tragué el humo. Tuve que toser nada más probarlo, me picaban los pulmones. Nuestros nuevos amigos se echaron a reír mientras intercambiaban una mirada cómplice entre ambos al ver mi reacción. Era evidente que nunca había fumado un porro. En mi pequeño sentido del ridículo me preguntaba a qué venía ese juego de miradas entre ambos.

Por mi parte malhumorada por la situación, y como queriendo demostrar mi orgullo, volví a darle una nueva calada al cigarrillo. Esta vez pude apreciar su sabor recorriendo mi garganta. Efectivamente dejaba un sabor parecido al chocolate con naranja. Luego exhalé airosa el humo sin toser ante la atenta mirada de mis compañeros, y con cierta mirada desafiante traté de pasárselo a Mikel.

.-“Ten, bebe algo. Se pasa mejor” me dijo Mikel ofreciéndome un litro de whisky con coca cola rechazando el porrito que aún tenía en mis manos. Agradecí que el líquido corriese mojando mi garganta reseca por el humo.

.-“¿Qué?, ¿a qué te ha gustado?” me preguntó. Yo afirmé con la cabeza mintiéndole.

.-“Pues anda acábatelo que queda ya poco, enseguida me pasan otro” me dijo observando atentamente mi reacción.

De nuevo pude sentir la mirada expectante de los hombres que me rodeaban. Mi mirada se cruzó por instante con la del holandés, esperaba impaciente que fumase, y de alguna manera no quise defraudarlo. Me dejé llevar, no sé porque representé un papel de mujer fatal ante ese tipo que no dejaba de observarme, seguramente porque no quería que pensase que era una niñata pija. Si hay algo que no soporto es que me desafíen. Me considero una mujer bastante competitiva y acepto cualquier reto, así que aspiré de nuevo profundamente el humo del cigarrillo. Esta vez apenas me produjo picor al pasar por la garganta, y pude apreciar algo mejor su sabor. Luego se lo pasé a mi marido.

.-“Toma acábatelo tú” le dije algo enojada, y como dándole a entender “tú me has metido en esto, pues ahora te lo tragas”. Mi esposo le dio una última calada y luego lo piso contra el suelo.

El resto del tiempo de espera transcurrió de la misma forma. Los litros de alcohol circulaban en un sentido alrededor de las personas que conformábamos el corro, y los porros circulaban en sentido contrario al alcohol.

Al principio aún seguí el hilo de la conversación entre mi esposo y Mikel, para un rato podía estar bien, pero luego me aburría de sobremanera. Sé que estuvieron un tiempo hablando acerca de formas de esterilizar el material y cosas por el estilo. Así que atrapé un litro circulante de lo que creí era ron con cola cola, y prácticamente me lo bebí yo sola escuchándoles todo tipo de comentarios técnicos mientras trataba de encontrar alguna distracción.

Además con el paso del tiempo, mi cruce de miradas con el tal Cors, al que sorprendía mirándome en silencio una y otra vez, eran cada vez más frecuentes. Estaba claro que le gustaba, y prácticamente se me follaba con la vista. No tenía el más mínimo disimulo en sus intenciones. Sé podía adivinar a través de sus ojos lo que su mente imaginaba, se relamía observándome, y a mí me gustaba sentirme deseada de esa manera tan lasciva, tan directa, tan salvaje, sin tonterías. Nunca antes nadie me había mirado de esa forma y me derretía por dentro al ser observada y desnudada con la vista.

El caso es que el tipo me estaba poniendo algo nerviosa.

Todos estábamos sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, estilo indio. Mi marido estaba sentado a mi izquierda y Mikel a mi derecha. En el transcurso de la conversación entre ambos, Mikel dejaba como por descuido su mano en mi pierna, acariciándola inconscientemente. Yo no le dí mayor importancia, parecía algo normal en Mikel, era de esos tipos algo tocones y por eso no dije ni hice nada. Era la primera vez en mucho tiempo que otro hombre me acariciaba la pierna así. Sorprendí a Cors mirando fijamente como la mano de su amigo recorría mis muslos desde la rodilla hasta el estrecho trozo de tela en el que se unían mis shorts vaqueros. Creo que sobretodo advirtió mi pasividad ante tales caricias, baza que aprovecharía hábilmente más tarde, y estaba claro que el holandés tenía envidia de su amigo.

Nunca antes nadie me había dicho tan claramente con la mirada que deseaba acostarse conmigo. Al holandés no le hacía falta hablar para decírmelo. Su forma de mirarme era suficiente.

Sus miradas comenzaban a inquietarme, y como nunca me doy por vencida, quise desafiarlo, como retando su atrevimiento por mirarme así. No sé porqué me apeteció provocarlo, y comencé a coquetear con él. Tal vez porque estaba aburrida e ignorada por mi marido en medio de aquel grupo de gente, y él era el único que me prestaba atención. Se trataba de un divertimento con el que pasar el rato hasta que comenzase el concierto.

El caso es que me senté en varias posiciones mostrándole a mi nuevo amigo generosamente cuanto mis shorts permitían. Primero abrí mis piernas todo cuanto pude, imitando la posición de flor de loto que tanto realizaba en clases de yoga. Creo que debido a lo estrecho que eran mis shorts vaqueros en mi entrepierna pudo llegar a verme incluso las braguitas negras que llevaba puestas debajo. Desde luego sus ojos se clavaban en esa zona tan íntima de mi cuerpo. Además las manos de Mikel casi alcanzaban esa misma zona, y él no se perdía detalle de las caricias de su amigo y de mi actitud pasiva.

Luego me senté doblando las piernas en alto y rodeándolas con mis propios brazos, desde su posición debía parecer que no llevaba nada puesto, pues le debía estar mostrando hasta el inicio de mi culo. A esas alturas el holandés me miraba como advirtiendo mi pequeña travesura, conocedor de mis intenciones, participando del juego, y siendo plenamente consciente de que él era un mero instrumento en mi pasatiempo. Y todo, pese a que mi marido no se enteraba de nada aún estando sentado en medio de los dos.

Por último me recliné de cuerpo apoyándome sobre las manos atrás. Al principio con las piernas dobladas en alto. En esta posición podía abrir y cerrar mis piernas provocándolo. Ambos nos sorprendíamos mirando al otro. Más tarde estiré mis piernas hacia su posición, de tal forma que incluso llegué a contactar con mis tobillos en sus rodillas.

Las miradas lo decían todo. Se atrevió a acariciarme con sus manos en las pantorrillas. Otro escalofrío recorrió mi cuerpo nada más notar sus manos en mi piel. Sus manos eran cálidas y agradables. Intercambiamos un par de miradas que lo decían todo.

“¿Puedo acariciarte?” me preguntaba con sus ojos.

“Lo estoy deseando” le respondía solo con la mirada sin hablarnos, no hacía ninguna falta entre los dos, hablábamos el mismo idioma.

Por suerte, hubo movimientos en el escenario, ya quedaba poco para el comienzo, y un tumulto de gente provocó que tuviésemos que levantarnos sino queríamos que el gentío nos pisase y aplastase. Ya sabéis lo que ocurre en estos casos, que fuimos empujados hacia el escenario por la masa.

Tuve que agarrarme de la mano de mi esposo para que no nos separasen a causa de la avalancha. El caso es que estábamos algo más apretujados. El amplio círculo en el que antes estábamos sentados todos se redujo considerablemente, de hecho se redujo a tres personas: mi esposo, Mikel y yo.

.-“¿Así que estabas pensando en hacerte un tatuaje?” me preguntó Mikel en el pequeño corro que habíamos formado mirando alternativamente a mi marido y a mí con un litro en la mano.

.-“Bueno, no lo descarto” le respondí.

.-“¿Y en que habías pensado?” insistió Mikel.

.-“No sé, algo pequeñito, un corazón, un delfín o algo así” le comenté.

.-“Y has pensado ¿dónde?” continúo preguntándome.

Yo dudé si responderle con sinceridad o no, supongo que todavía razonaba con cierta lucidez y trataba de evitar la respuesta.

.-“Vamos díselo, no te cortes” dijo mi marido con signos evidentes de haber ingerido más alcohol y fumado más de lo que debería durante este tiempo.

.-“Bueno…, esto…, yo…había pensado hacérmelo por aquí, justo para que me lo tape la braguita o el bikini” le respondí introduciendo mi dedo índice por la parte superior del short y señalando una zona muy próxima a mi pubis, “pero me dá mucha vergüenza, la verdad” terminé argumentando bajando la mirada.

.-“Vergüenza ¿de qué?” replicó Mikel, “supongo que si te haces un tatuaje es porque quieres que te lo vean, ¿no?” terminó por razonar.

Justo en ese momento nos empujaron a todos desde atrás, y alguien aprovechó la confusión y los apretujones para tocarme el culo. Traté de girarme para descubrir quien había podido ser el caradura, y solo pude ver la cara de nuestro amigo holandés a mi espalda sonriéndome como si no fuese intencionado, sino a causa de los apretujones. En ese momento me dí cuenta de que Cors había estado todo este tiempo situado justo detrás de mí y se estaba enterando de nuestra conversación.

.-“Sorry“, pronunció con su particular acento holandés, tratando de disculparse y culpando al tumulto por lo ocurrido y las circunstancias. No sé porqué me relajó saber que era él quien me había tocado el culo. Mejor que él que cualquier otro, aunque fuese de manera fortuita. Además agradecí sus disculpas. Ambos sabíamos que era una excusa para no perder la atención el uno en el otro.

Lo lógico hubiese sido tratar de evitar por mi parte el contacto entre su mano y mi culo, pero creo que lo sorprendí. Fui yo la que agarrada de la mano de mi esposo, traté de buscar de nuevo el roce producido y la caricia echando mi cuerpo hacia atrás.

.-“¿Y qué problema hay?” me preguntó Mikel tratando de retomar la conversación una vez cesaron los empujones.

-“Pues como entenderás no me hace ni pizca de gracia bajarme las bragas y enseñarlo todo bien espatarrada al primer desconocido que monta un chiringuito”, pronuncié de un tirón casi sin respirar y algo irritada.

Mi interlocutor rompió a reír. Yo no entendía que le había provocado tanta gracia.

.-“Mujer” dijo tras calmarse de la risa, ”es como ir al médico, piensa que te pones en manos de un profesional” dijo tratando de quitarle hierro al asunto.

.-“Si, sí” dije insinuando que no daba crédito a cuanto me decía “me quieres decir que se te pone una tía ahí, con todo expuesto, y que ni te inmutas… ¿no me lo creo?” dije tratando de desenmascararle.

.-“Lo que más me preocuparía en ese caso es la higiene. Por lo que me dices, deberías afeitarte bien, evitando cualquier posibilidad de infección” dijo insinuando que debería rasurarme mi pubis por completo si al final me decidía a tatuarme en esa zona.

.-“Oh, en eso no hay problema” pronunció mi marido con una sonrisa de oreja a oreja sonriendo como un imbécil y con signos evidentes de su embriaguez.

Se segura que nuestros nuevos amigos se miraron una vez más entre sonrisas de complicidad. Yo por mi parte creí morirme de la vergüenza en ese mismo instante, y mi marido parecía no enterarse del secreto que acababa de desvelar.

“Será metepatas este idiota” pensé en esos momentos de mi marido “a qué coño tenía que decir nada acerca de cómo llevaba mi coñito” miré a mi alrededor tras el comentario de mi marido y tuve que aguantar la mirada triunfante del holandés a mi espalda.

.-“Mira…” me dijo Mikel tratando de quitar hierro al asunto, ”tan solo puedo decirte que de las tres amigas que ves aquí con nosotros, a una le hice un tatuaje más o menos en el mismo sitio que dices tú”. Yo quise interrumpirle preguntándole quien era, pero no me dejó terminar.

.-“A otra de las que ves hablando con mis colegas le hice un piercing en el pezón”. Yo miré al resto de chicas que había en el grupo tratando de adivinar quién podría ser quién.

Para mi sorpresa Mikel terminó diciendo: “y te puedo decir que la tercera lleva un piercing en el clítoris”.

Mi boca se abrió asombrada por lo que acababa de escuchar mientras observaba al resto de las chicas del grupo allí presentes hablando y charlando como si nada entre lo que parecía el grupo de amigos. Las contemplaba tratando de adivinar cuál podía ser cada una. No lograba entender como no se morían de vergüenza cada vez que Mikel las miraba. Además seguro que lo sabían el resto de colegas. Mi interlocutor, como adivinando en el silencio mis dudas pronunció:

.-“Piensa que normalmente, la gran mayoría de los clientes o son amigos, o conocidos, o sus parejas, o alguien recomendado. El piercing de Cors se lo hice yo, por ejemplo” dijo Mikel señalando a su amigo holandés que estaba a mi espalda, justo enfrente suyo, y dicho esto llamó a una de las chicas que estaban con nosotros en el grupo.

.-“Ya veréis” nos dijo antes de que la chica llegase a nuestra posición “a Itziar le encanta presumir de mi trabajo en su pezón” dijo tratando de ponernos en antecedentes.

La chica llegó y Mikel nos presentó a Itziar. Esta pudo intercambiar dos besos únicamente con mi marido cuando nos presentó debido a los apretujones.

.-“Itziar lleva un piercing en el pezón” dijo Mikel al tiempo que le tocaba un pecho por encima de la camiseta tratando de resaltar el piercing entre la tela de su camiseta.

Yo estaba alucinada de ver la naturalidad con la que Mikel le acababa de tocar una teta a su amiga como si nada. Era como si fuese de lo más habitual entre ellos, y lo peor de todo es que ella estaba encantada de dar a conocer el hecho.

Justo en ese momento alguien aprovechó mi asombro y desconcierto para tocarme el culo de nuevo. Me volteé tratando de encontrar al osado. Me encontré de nuevo frente a frente con Cors. Quien volvió a sonreírme y a disculparse de nuevo:

.-“Lo siento” pronuncio de nuevo tratando de hacerme entender que le habían empujado y que todo había sido un accidente. Me volteé de nuevo dándole la espalda y dándole a entender que no me importaba que lo intentase más veces.

Traté de retomar la conversación, y con una increíble estupefacción escuche como Mikel le decía a mi marido…

.-“Tócala y compruébalo si quieres” le dijo a mi marido al tiempo que lo agarraba de la muñeca de su brazo y le guiaba la mano hasta la teta de Itziar.

.-“Eso es monada, comprueba, comprueba. Tócalas tú mismo” le animaba Itziar quien parecía disfrutar como pez en el agua presumiendo de piercing.

.-“¿Y no te duele?” preguntaba alucinado mi marido al tiempo que le tocaba el pecho a Itziar, la cual a su vez parecía divertirse con el manoseo de mi marido.

Yo contemplaba atónita la caricia tan atrevida de mi esposo, al mismo tiempo que una voz a mi espalda con un inconfundible acento holandés pronunciaba cerca de mi cuello…

.-“Créeme, en contra de lo que piensa la gente las sensaciones que provoca un piercing son maravillosas” pronunció Cors en mi espalda al tiempo que me sujetaba por la cintura evidenciando que nos había estado escuchando y observando.

Yo no supe que decir o que responder, me quedé paralizada por completo. La situación me parecía surrealista. No sabía si por contemplar atónita como mi marido le sobaba las tetas a un putón verbenero, o por notar el aliento de aquel tipo que me provocaba con su mirada clavado en mi nuca.

.-“¿Es tu primer concierto de los Rolling?” me preguntó esta vez mi amigo holandés cuando me giré para verlo, a la vez que me ofrecía un litro de ron con coca cola.

Estaba claro que la pregunta era algo ingenua, y que lo que realmente buscaba era mantener una conversación conmigo.

Acepté el litro e hice lo posible para que iniciara una conversación conmigo. En realidad estaba deseando hablar con él desde que lo ví.

.-“Oh si” dije aún aturdida por los acontecimientos.

.-“Y ¿qué canción es la que más te gusta?” preguntó con su particular acento holandés tratando de derivar las preguntas en una conversación.

.-“No sé, tal vez sea el I can´t get no satisfaction” me esforcé por pronunciar bien mi inglés. Cors soltó a reir.

.-“Ja, ja, ja. ¿Lo dices por algo en concreto?” preguntó con cierta ironía al tiempo que su mirada se perdía descaradamente por mi escote.

Yo quise contestarle, pero nuestra recién iniciada conversación se vió interrumpida porque se apagaron las luces del estadio. Todo el mundo comenzó a gritar y silbar hasta que salió Leiva al escenario y tras el saludo de rigor comenzó a cantar.

Todos mirábamos ahora hacia el escenario. Mi marido me agarraba de la mano y trataba de tararear unas canciones que apenas conocía. A su lado permanecían Itziar y Mikel en una acalorada conversación entre los tres. Debido al ruido de la música no podía escuchar nada de lo que decían. Así que me dediqué a disfrutar del concierto que Leiva ofrecía como telonero.

Cors se situó al otro lado de mi marido dejándome en medio, de vez en cuando me pasaba una litrona compartiendo su bebida conmigo. Muy de vez en cuando me hacía alguna pregunta, se notaba que eran una excusa para no perder la conversación iniciada conmigo. Hablábamos de cosas sin importancia, aprovechaba cualquier excusa para pasarme su brazo por mi espalda, y de vez en cuando me ofrecía algún litro que le pasaban para que le diese algún trago. Saltamos y bailamos con los temas más conocidos de Leiva.

Reconozco que lo pasé bien, desde luego prefería saltar y bailar disfrutando del concierto junto a Cors, que tener que aguantar las conversaciones de Mikel con mi esposo. El roce y el contacto entre Cors y yo eran inevitables. En alguna ocasión me golpeó con el codo en mi teta, sobretodo cuando subía o bajaba los brazos para aplaudir en alto, pero supongo que todo a causa de las circunstancias.

Me quedé estupefacta cuando en uno de los momentos me giré para ver que és lo que hacía mi esposo, y para mi asombro tuve que aguantar como Itziar hacía un flashing de sus tetas mostrando su piercing en el pezón. La cara de mi marido fue todo un poema, parecía que nunca hubiese visto una teta en su vida. Me indigno de sobremanera que se comportase así, y a partir de ese momento decidí ignorarlo por completo y dedicarme a coquetear con Cors a ver si se daba cuenta del desprecio que me estaba haciendo. Así que poco a poco me rozaba más contra el cuerpo del holandés buscando el contacto entre ambos.

Por suerte, al poco se encendieron las luces. Leiva se despedía del escenario agradeciendo nuestra presencia y nuestra paciencia.

Nada más encenderse las luces del estadio, y para la mayor de mi sorpresa, mi marido me dijo que tenía que ir al aseo, pues se estaba orinando. No era de extrañar dada la cantidad de alcohol que llevaba ingerida. Además parecía bastante mareado.

No me lo podía creer pero estaba dispuesto a dejarme sola en medio de la pista rodeada de desconocidos, y lo que es peor, dudaba de que en su estado encontrase el camino de regreso. Para colmo tuve que escuchar como Itziar una vez se enteró a dónde se dirigía mi marido, pronunció a voz en grito:

.-“Espera te acompaño” como asegurándose de que yo también la oía, y al mismo tiempo que decía esto, cogía a mi marido de la muñeca mientras desaparecía tras él entre el gentío. Aquello me enfureció mucho más aún, no conocía de nada a esa tal Itziar pero me caía como el culo. ¡¡Será guarra la tía!! Pensé para mis adentros. ¿Por qué tenía que acompañar a mi marido agarrada de su brazo?.

Para colmo escuché de mi alrededor un comentario que no me hizo ninguna gracia:

.-“Seguro que se lo folla” no sabría precisar de quien provenía el comentario, pero me dejo notablemente intranquila de pensar que podían referirse a mi marido y su eventual acompañante al servicio.

.-“No te preocupes, volverá” pronunció Cors a mi lado como adivinando mis pensamientos siguiendo mi mirada. Yo me giré para mirarlo, y antes de que pudiera decir nada se adelantó a decirme:

.-“Si yo fuese tu marido regresaría por una chica tan guapa como tú” pronunció sonriéndome. Estaba claro que sabía perfectamente lo que estaba sucediendo entre mi marido y yo, y pretendía aprovechar sus bazas.

.-“Oh, gracias” le dije agradeciendo su cumplido.

.-“¿A qué te dedicas Sara?” preguntó tratando de distraerme y por hablar de algo mientras preparaban el escenario para que saliesen los Rolling.

.-“Oh, ahora mismo estoy en el paro” le respondí al tiempo que apuraba el último trago del litro de ron “¿y tú?” le devolví la pregunta tras acabar de beber como por cortesía.

.-“Soy productor” dijo, “tengo una pequeña empresa en la que hacemos películas” me dijo al tiempo que sacaba un porro ya preparado del bolsillo de su pantalón y lo encendía ante mi atenta mirada y mi expectativa.

.-“Es verdad, no lo recordaba, lo dijo antes Mikel. Dime…, ¿qué tipo de películas hacéis?” le pregunté algo intrigada tratando de darle conversación.

.-“Oh bueno, un poco de todo” respondió con su típico acento holandés dando una calada al porro, y ofreciéndomelo para que me lo fumase con él. Yo estaba enfurecida de la actitud tan imbécil de mi marido y envalentonada le dí una calada al porro que me ofrecía.

Observó atentamente cómo aceptaba sin rechistar su ofrecimiento, y me tragaba el humo.

.-“Tal vez puedas darme trabajo, como algún papel en tus películas” le dije inocentemente.

Mi acompañante se echó a reir.

.-“Si tu quieres” dijo entre risas, “desde luego que pagaría por verte” concluyó riéndose.

.-“¿Por qué te ríes?, ¿qué te ha hecho tanta gracia?” le pregunté sin entender porqué se reía y algo lenta en pensamientos a causa del alcohol y los porros.

.-“Digamos que por decirlo de alguna manera realizamos películas para un público adulto” y nada más decir esto le dio una nueva calada al porro esperando mi reacción.

.-“¿El qué?!!!” pregunté totalmente estupefacta.”¿hacéis pelis porno?” creí deducir de sus palabras.

De nuevo provoqué la risa de Cors.

.-“Dijiste que te gustaría ser la protagonista” pronunció entre risas tras expulsar el humo de su boca.

.-“Nooooh” le respondí yo totalmente enojada al saber que se estaba burlando de mi.

.-“En realidad estamos especializados en videos demostrativos, publicidad, y cosas así…¿qué te habías imaginado?” me preguntó entre sonrisas.

.-“No sé” le mentí ahora más serenada, porque en realidad me había imaginado un montón de cosas y nada buena. “Sigo sin entender” le dije movida por la curiosidad.

.-“Digamos que nuestros clientes son sex shops y páginas de internet especializadas. Hacemos desde anuncios publicitarios tanto de eventos como de material erótico, videos demostrativos, doblaje de películas, .. en fin imagínate todo el material audiovisual que puede necesitar esa industria” dijo ahora en un tono más profesional y tratando de explicarse.

No sé porqué sentí cierto alivio al escuchar sus explicaciones. Argumentaba siempre con total profesionalidad a pesar de tratarse de temas delicados. Me daba todo tipo de detalles y de explicaciones técnicas. Así que estuvimos un rato hablando.

El caso es que entre el porrito que nos estábamos fumando, y la conversacioncita de marras, y mis insinuaciones, que yo misma me estaba poniendo algo cachonda. De su conversación deduje que había estado con muchas y bellas chicas, y en cierto modo sentí envidia de todas ellas. Me fijé en sus dedos, largos y gordos. “Madre mía como su polla sea igual que sus dedos, y lo que tiene que saber este tío en la cama, seguro que me llevaba a la gloria” pensaba para mí aturdida por la marihuana mientras hablaba con él.

Entre otras cosas me dijo que él era de Amsterdam. Yo le hice saber que era una ciudad que me gustaba muchísimo, ya no solo por sus museos y los mercadillos de flores, sino por la libertad con la que vivían los holandeses. Estuvimos intercambiando impresiones culturales de su país y del mío.

Durante la conversación nos fumábamos el porrito a medias, irremediablemente salió a conversación el tema de los coffee shops y del barrio rojo. Yo notaba que mientras hablábamos, no dejaba de mirarme el escote, incluso durante algunos instantes de la conversación perdía su mirada en mi canalillo. Yo animada por la marihuana trataba de provocarlo, incluso busqué en alguna ocasión el roce casual de mis pechos con sus brazos o su torso al hablar. Ese tío tenía algo que me ponía. Aunque todo comenzó como un juego tratando de provocar a mi marido, lo cierto es terminó por agradarme coquetear con aquel holandés. Me ponía su mirada, me excitaba su forma de hablar como si nada de temas relacionados con el sexo, y para colmo no podía resistirme a provocar el contacto entre nuestros cuerpos. Creo que además él trataba de presumir e impresionarme con su trabajo, sus conocimientos, y como dando a entender que lo mejor que podía pasarme en mi vida sería tener una aventura sexual con él. Vamos que se le notaban las ganas por acostarse conmigo. Mirada tras mirada e indirecta tras indirecta.

De nuevo se apagaron las luces. Ahora sí el estadio entero comenzó a chillar de forma ensordecerá. Se produjo una nueva avalancha de gente. Yo tuve que agarrarme de la mano de Cors para no caer empujada. Todo eran empujones y avalanchas humanas a nuestro alrededor.

El caso es que mientras sonaban los primeros acordes del “Jumpin´ Jack Flash” el destino quiso que la muchedumbre nos separase al holandés y a mí del resto del grupo. Quedamos aplastados entre la gente. Era una locura, todo el mundo parecía estar histérico cuando los rolling saltaron al escenario. Cors se situó detrás mío entre el gentío protegiéndome con su cuerpo y con sus brazos.

Recuerdo que me faltaba el aire rodeada por hombres todos ellos más altos que yo. Además todas las personas a mi alrededor levantaban los brazos tratando de saludar a sus satánicas majestades, por lo que ni veía ni podía respirar. En un momento me vi rodeada de varios torsos de hombres desnudos a mi alrededor que se habían quitado sus respectivas camisetas dispuestos a sudar en el concierto haciendo el bruto. Solo respiraba a sudor humano acorralada entre tanto energúmeno.

Agradecí el contacto de mis brazos en alto con los de Cors, rodeando mi cuerpo y tratando de protegerme del tumulto. Fue un gesto de caballerosidad por su parte tratar de defenderme de los empujones del resto de gente, irremediables por otra parte. De esta forma me rodeaba con sus brazos a la altura de mi cintura o los alzaba protegiéndome el rostro de codazos de otros fanáticos.

Todo el mundo cantaba a voz en grito las letras de las canciones. Por suerte a mitad canción del “You got me rocking”, la segunda del concierto, las avalanchas y los tumultos remitieron, y las posiciones quedaron más o menos estabilizadas.

Cors continuaba a mi espalda protegiéndome con sus brazos. No sé que hubiera sido de mi de no estar el allí detrás para protegerme. Agradecí su actitud porque de lo contrario no hubiese podido disfrutar del concierto, seguramente hubiese resultado incluso lastimada. Una vez más relajada, comencé a saltar y tararear los estribillos de las canciones y tratar de disfrutar del concierto.

Lo malo es que el saltar me apoyaba con mi espalda contra el torso de Cors para no perder el equilibrio. A ninguno de los dos pareció importarnos el evidente contacto de nuestros cuerpos. Además cada vez que Cors levantaba los brazos yo me sentía algo más protegida.

Estuve saltando y cantando durante la siguiente canción, el “It´s only rock and roll”. Solo que durante esta canción la adrenalina inicial del concierto fue desapareciendo y era como si me tornase más consciente de lo que sucedía a mi alrededor.

Sin darme cuenta todo este rato mientras saltaba y gritaba había estado restregando mi culo por el miembro de Cors, al que parecía que nuestro roce había surgido efecto. ¡El tío estaba empalmado!.

Me dí cuenta precisamente porque pude notar claramente su miembro duro clavado entre mis cachetes del culo. Hasta entonces no me había percatado de ello en absoluto. Además también me dí cuenta que tras saltar durante todo este rato nuestros cuerpos habían comenzado a sudar como el del resto de la gente que nos rodeaba, y por primera vez pude apreciar el olor corporal de Cors.

Recuerdo que me pareció muy agradable a pesar de ser olor a sudado. Yo también lo estaba y a él tampoco le importaba pues seguro que también apreciaba mi olor corporal. Todo había sucedido muy deprisa, yo estaba como en una nube, cuando pude percatarme y ser consciente de todo lo ocurrido hasta ese momento.

Mientras volvía a mi realidad, pude sentir los brazos de Cors rodeando mi cuerpo. Se apretó a mi por la espalda en plan romántico, y logré comprobar de nuevo su dureza en mi culo. Me abrazaba por la espalda cuando susurrándome en la nuca comenzó a cantar la letra de “Angie”, la canción que sonaba en esos momentos.

“LET ME WHISPER IN YOUR EAR;

ANGIE, ANGIE, WHERE WILL IT LEAD US FROM HERE?

OH, ANGIE, DON´T YOU WEEP, ALL YOUR KISSES STILL TASTE SWEET,

I HATE THAT SADNESS IN YOUR EYES,

BUT ANGIE, ANGIE, AIN´T IT TIME WE SAID GOOD-BYE?...”

.-“¿Te gusta esta canción?” me preguntó abrazado a mi espalda, y retirando mi cabello a un lado detrás de mi oreja para poder hablar conmigo sin tragarse mis pelos. Su gesto me pareció tremendamente enternecedor. Por algún extraño motivo necesitaba sentirme querida, era como si necesitase de su cariño y delicadeza. Supongo que sería el resultado afrodisiaco de la marihuana que comenzaba a hacer efecto.

.-“Uhm, uhm” asentí con la cabeza al tiempo que me recogía el pelo, y aprovechaba que tenía mis brazos levantados hacia atrás para acariciarle la cara en señal de agradecimiento. Me gustó comprobar el tacto de su barba de tres días con mis manos, mientras me apoyaba en su cuerpo hacia atrás.

Ohps, mi maniobra quiso que de nuevo pudiera sentir su miembro duro clavado en mi culo. Era la tercera vez en poco rato. Lejos de retirarme y evitar el contacto, esta vez quise notar su bulto rozándose por mi trasero.

El también se dio cuenta y continuaba susurrándome la canción sobre mi nuca recién desnuda tras recogerme el pelo.

“Todos los sueños que abrazamos con fuerza

Parecen haberse esfumado

¿No es eso tristeza en tus ojos?

Pero, Angie, aún te quiero, nena

Allí donde mire, veo tus ojos

Ninguna mujer puede compararse a ti…”

Y tras cantar esta última frase me abrazo fuerte entre sus brazos y me dio un tímido beso en la nuca. Se me erizaron los pelos de punta al notar su aliento en mi cuello. Yo no hice nada al respecto, simplemente me dejaba llevar por el momento y las emociones.

Esta vez fue él quien ante mi impasibilidad me refrotó claramente su paquete por mi trasero.

.-“¿Te gusta?” volvió a preguntarme con un susurro en mi nuca al tiempo que me propinaba otro tímido besito en mi hombro desnudo, que provocó un escalofrío que recorrió mi cuerpo de arriba abajo.

¿Qué me estaba pasando?. Aquel tipo estaba tratando de iniciar algo de lo que no sé si estaba segura de querer empezar. Supongo que debía haberle cortado en ese momento cualquier esperanza, y sin embargo no fue así, permanecí quieta, paralizada por los efectos de la marihuana y entregada a sus caricias.

De repente comenzó a jugar con su lengua en mi cuello, pude notar el contacto de su piercing en mi piel. Todo sucedía de manera muy rápida para mí. ¡¡Dios mío!!, que era todo eso tan extraño que me estaba sucediendo. Me temblaban las piernas, mi corazón latía más fuerte que de costumbre, mi rajita comenzaba a humedecerse…

No, aquello no estaba bien, debía pararlo.

Juro que me giré para decirle que no, quería decirle que debía cesar en sus caricias, y sin embargo, nada más girarme, Cors me abrazó fuerte entre sus brazos y acercando sus labios a los míos me besó. Fue algo más que un pico en los labios. Me pilló por sorpresa. No pude negarme.

.-“¿Te ha gustado?” me preguntó mirándome a los ojos con su particular acento.

Yo no supe cómo reaccionar. Hacía tiempo que no me sentía de esa manera, tan confusa, tan extraña, todo era nuevo para mí. Al no decir nada, y dada mi pasividad el tipo volvió a besarme.

Esta vez introdujo su lengua en mi boca. Era un beso francés en toda la regla. Yo solo acerté a corresponderle entreabriendo mis labios y permitiendo que su lengua explorase cada rincón de mi boca. Besaba muy bien, para colmo podía sentir su piercing en la lengua cuando se entrelazaba con la mía. Era una sensación tan cautivadora para mí. Reconozco que me gustó besarlo movida por la curiosidad y las ganas de juguetear con ese piercing en su lengua. Era como algo adictivo, que te incita a seguir y continuar.

Ahora fue el holandés quien detuvo nuestro beso para mirarme a los ojos y decirme con ese acento que tanto me seducía a los oídos:

.-“Deseaba probarte desde el primer momento en que te ví” y nada más pronunciar estas palabras fui yo quien acercó esta vez mis labios a los suyos buscando de nuevo ese contacto tan hipnótico en su lengua para mí.

Cors al no verse rechazado me abrazó con fuerza contra él. Esta vez pude apreciar su dureza en mi vientre. No pude evitarlo, necesitaba sentirla a través de nuestras telas. Me gustaba comprobar su estado. Me sentía igual que una adolescente. En ese momento creo que los dos éramos puro deseo. Ambos buscábamos el máximo contacto de nuestros cuerpos.

Nos daba igual el concierto y todo cuanto pudiera suceder en el escenario y a nuestro alrededor. No sé durante cuánto tiempo pudimos estar besándonos sin separarnos jugueteando con nuestras lenguas. Sólo sé que me temblaban las piernas, y que comenzaba a manchar mis braguitas. Mi respiración era agitada y mi corazón latía a toda prisa.

Las manos de Cors pronto descendieron de acariciar mi cintura hasta tocarme el culo. Tiraba todo el rato de mi cuerpo contra el suyo aferrado a mis nalgas con fuerza tratando de conseguir el mayor contacto entre nuestros cuerpos. Mis pechos aplastados contra su torso, y su paquete en contacto con mi vientre.

Creí morirme de gusto cuando sus manos estrujaron mis nalgas. Me apretaba los cachetes del culo entre sus manos con fuerza, provocando que mis labios vaginales se abriesen al estirarse la piel y facilitando la secreción exterior de mis fluidos. Podía notar como empezaba a mojar mis braguitas.

Recuerdo que pensé para mí misma “Joder Sara pero que guarra estas hecha” y todo era como si mis propios pensamientos me excitasen aún más. Me acordé de mi marido. Sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, y eso me excitaba aún más. El morbo era indescriptible.

Por un momento temí que pudiera descubrirme. Pobrecito no sé si se merecía lo que le estaba haciendo, aunque por otra parte se lo tenía bien merecido por imbécil.

NoO!!!, no sé, tal vez debía detener esa locura.

Joder aquello no estaba bien, le estaba poniendo los cuernos a mi marido con un desconocido. Debía parar.

Uhhhm, pero este tío me pone tanto, besa tan bien. ¿Qué puedo hacer?. Pensaba mientras me dejaba besar y acariciar.

Justo en el momento de mis dudas la mano de Cors se deslizó por debajo de la tela vaquera de mi short alcanzado el elástico de mi braguita por la parte inferior. Fue directo al grano, sin dejarme tiempo a pensar. Introdujo con habilidad un dedo por debajo de mis braguitas que buscó enseguida la zona más húmeda de mi cuerpo.

Creo que el mismo se sorprendió de lo mojados que estaban mis labios vaginales.

:-“UUuuhhhmmmm” un gemido ahogado se escapó de mi boca en el interior de la suya cuando sus dedos alcanzaron mis intimidades.

Por suerte la tela del short y la posición impedían que pudiera introducirme su dedo hasta el fondo. Tuvo que contentarse con juguetear con la yema de sus dedos entre mis pliegues más íntimos.

¿Qué me estaba sucediendo?, pensaba aturdida para mi mientras Cors me besaba y me manoseaba a su antojo tratando descaradamente de hacerme un dedo.

“No, no, nooooh” gemía al notar sus dedos tratando de abrirse camino entre mis labios más íntimos.

“Ufffh, esto es demasiado, este tío me pone un montón, debo parar esto antes de perder el control por completo. No puedo, no puedo hacerle esto a mi marido” me repetía una y otra vez mientras nos besábamos.

Decidí separar mis labios de los suyos. Cors me miró extrañado preguntándose porque me había detenido.

.-“Vamos a ver el concierto” dije dándole la espalda y tratando de recuperarme del calentón.

Respiré aliviada al darle la espalda. “Ha sido un calentón y nada más” me dije a mi misma a la vez que trataba de distraerme mirando el concierto.

Cors me abrazó desde la espalda respetando mi decisión, cosa que agradecí muchísimo. Los Rolling estaban tocando “Out of control”. Recuerdo que pude ver el concierto tranquila durante un rato, mis piernas dejaron de temblar, mi corazón volvía a recuperar el pulso, y mi “fuentecita” ya no emanaba fluidos descontroladamente.

“Menos mal que no nos ha visto nadie” pensaba para mí mientras me recuperaba y trataba de asimilar lo sucedido. Miré un par de veces a mi alrededor y por suerte no se veía a nadie del grupo ni a mi marido. Para mi alivio nos habíamos quedado solos.

Cors me cedió un nuevo porro que se había encendido durante este tiempo de búsqueda infructífera por mi parte de caras conocidas. Esta vez no pude resistirme, me apeteció probarlo. Conforme le daba caladas, recuerdo que me dije a mi misma que me estaba perdiendo un montón de cosas buenas que tiene la vida por temor al que dirían mis amigas o mis familiares. En esos instantes me sentía libre, fuera de ataduras morales, y quería aprovechar el momento.

Le dí una buena calada tragándome el humo cuanto pude. Luego se lo pasé a Cors de nuevo. Al poco tiempo volvió a cederme el porrete. De nuevo otra calada y de nuevo se lo volví a ceder a mi compañero.

Me encontraba bien, me sentía en la gloria, completamente relajada. Me importaba un pimiento lo que pudieran pensar de mí en ese momento mis amigas y mi esposo si me viesen abrazada a un desconocido que me hacía sentir extraordinariamente bien. Estaba como en una nube, donde todo era paz interior por carecer de temores.

De nuevo pude apreciar la dureza de Cors en mi culo. Yo me apoyaba de espaldas contra su torso y dejaba que me rozase con sus partes por mi trasero. Me gustaba sentir su dureza, saber que era yo quien se lo provocaba. Sentirme deseada como hacía tiempo no me sentía. En el fondo aquel tipo se me comía con la vista desde el primer momento en que me vió. Me hacía sentir una mujer viva, libre, y en armonía con sus deseos.

Decidí que aquella noche debía ser inolvidable para mi, quería tener un recuerdo imborrable en el que me demostrase a mi misma que era capaz de cualquier cosa en esta vida si me lo proponía. Una experiencia secreta que me guardaría para esos momentos de desesperación y soledad. No sé porque se me vino a la cabeza la película de los puentes de Madison que tanto le gustaba a mi madre, y en ese momento entendí un montón de cosas que tiene la vida.

Así que decidida, quise comprobar con mis propias manos el bulto de los pantalones de Cors. Nunca tendría una oportunidad igual para acariciar una polla que no fuese la de mi marido, así que deslicé mi mano entre su cuerpo y el mío y busqué deseosa su paquete. Hacía ya un rato que dudaba si atreverme o no, y decidí que no debía quedarme con la duda de intentarlo.

Logré alcanzar mi objetivo. Acaricié con mi mano su miembro por encima del pantalón. Caray, me pareció algo más gorda que la de mi esposo, no sabría precisar si más larga. Me daba igual, resultaba delicioso poder acariciar su miembro.

Cors se alegró por mi caricia, era la señal que esperaba, yo había aceptado continuar con nuestro juego, y me correspondió dándome besitos de nuevo en la piel de mis desnudos hombros y en mi cuello.

UUUhhhhm aquello era demasiado para mí. Estaba en la gloria. Me preguntaba cómo sería ese miembro que ahora mismo me encontraba acariciando. Jugaba a adivinar sus formas recorriendo con mis dedos y tratando de averiguar los detalles.

Cors deslizó sus manos por debajo de mi camiseta, al principio se entretuvo jugando con sus manos bajo la tela de mi prenda en la zona de mi ombligo, como obteniendo permiso para ascender a acariciarme los pechos. Desde luego no perdía el tiempo.

Casi me corro de gusto cuando una de sus manos alcanzó uno de mis pechos por debajo de la camiseta. Al observar mi reacción aprovechó enseguida para que fueran sus dos manos las que empleaba a fondo para sobarme los pechos a conciencia.

No sabría como describir esa sensación, simplemente era alucinante estar acariciando la polla de otro tipo que no era mi marido mientras me sobaban las tetas en medio de un estadio de fútbol repleto de gente y rodeada de cuerpos desnudos de hombres, al menos de cintura para arriba.

.-“¿Te gustan?” giré levemente mi rostro para preguntarle a Cors mientras nos acariciábamos mutuamente.

.-“Son estupendas” me respondió mientras me besaba por la nuca y el cuello y me estrujaba los pechos en cada una de sus manos.

.-“¿Lo dices en serio?” le pregunté sin creer lo que me decía, pues tras mi embarazo siempre cavilé que ya no eran lo que fueron, y pensé que tan solo me lo decía por quedar bien.

.-“Me muero por verlas” pronunció al tiempo que sus dedos jugueteaban con mis pezones. Yo soy muy sensible en esa zona, y de nuevo mojaba mis braguitas del gusto.

.-“¿Te gustaría verme los pechos?” le pregunté.

Comenzaron a sonar los acordes del “Honky Tonk Women” por los altavoces.

.-“Me encantaría” dijo mientras sus dedos se movían a un lado y a otro de mis pezones torturándome de placer. A mi sus palabras tan directas debo reconocer que me excitaban.

.-“¿De verdad quieres que te enseñe los pechos?” le pregunté una vez más comprobando por sus palpitaciones que el tipo se moría de ganas.

.-“Seguro que son más bonitos que los de Itziar” pronunció tratando de picarme, y al decir esto pude apreciar que su miembro alcanzaba un estado más que considerable.

.-“¿Aquí en medio de todos?” le susurré excitándolo con la posibilidad de cometer semejante locura mientras le acariciaba su miembro a la vez que el también me excitaba a mi acariciándome los pechos.

.-“Igual que hizo Itziar con tu marido, por qué tú no te atreves que si no…” dejó en el aire provocándome.

.-“Estás loco….” le dije mientras me dejaba manosear.

.-“No tanto como tú. Sara, reconócelo, te sentirías mejor contigo misma” dijo dejando de acariciarme los pechos.

.-“¿Qué quieres decir?” le pregunté cesando yo también en mi maniobra.

.-“Vamos Sara, hazlo, necesitas demostrártelo a ti misma. Lo ví en tu cara cuando observabas a tu marido mirando como Itziar le enseñaba las tetas. Tú también puedes” y antes de que pudiera rebatirle nada, se arrodilló en el suelo y metiendo su cabeza entre mis piernas se incorporó de inmediato alzándome sobre el resto de gente.

No sé cómo describir ese momento. No me lo pensé dos veces, levanté mi camiseta y mostré mis pechos a todo el mundo allí en medio de la muchedumbre. Fue algo increíble, los muchachos de mi alrededor comenzaron a silbarme y a gritarme cosas de todo tipo. El mundo se detuvo y el tiempo transcurría a cámara lenta para mi. Pude ver cientos de ojos a mi alrededor deseosos al verme con las tetas al aire. Era algo indescriptible, se que cuantos miraban deseaban poseer mi cuerpo, era algo salvaje e irracional. Me hizo sentir como una diosa que elige al héroe al que entregarse en sacrificio.

Cors me bajó casi al unísono tras bajarme la camiseta.

Nada más tocar suelo lo miré a los ojos.

.-“¿Cómo te sientes’” me preguntó con una sonrisa, no le dejé decir nada más, lo abracé y lo besé.

Me sentía pletórica, nunca antes en mi vida había descargado tanta adrenalina en tan poco tiempo. Sé que el holandés me rodeaba con sus brazos a mi cintura y que algún otro tipejo de alrededor aprovechó para tocarme el culo por la espalda. Seguramente se pensaría más de uno que era una zorra de aupa, y sin entender muy bien porqué, me excitaba que pensasen eso de mi al igual de que tratasen de aprovecharse. Al contrario de m*****arme no me importó en absoluto. Estaba en la gloria rompiendo toda clase de tabús en mi mundo.

Es más me gustó ser manoseada por algún que otro desconocido mientras me entregaba en cuerpo y alma en besar y acariciar a mi acompañante.

De nuevo perdí la noción del tiempo. Sólo quería besar y besar a ese hombre que me hacía sentir tantas cosas y de forma tan diferente. Las manos de mi hombre acariciaban todo mi cuerpo. Me encantaba. Le hubiese hecho el amor allí mismo de no ser porque estábamos rodeados de gente.

Lo dicho, de vez en cuando más de uno se beneficiaba de nuestra dedicación para aprovecharse y tocarme el culo, pero me daba igual, solo quería sentir las manos de Cors acariciándome, su lengua recorriendo cada rincón de mi boca, y mi mente entregada por completo a ese hombre. Mis braguitas debían de estar ya no mojadas sino empapadas. Estaba cachonda perdida, fuera de control. Sin duda estaba siendo la experiencia más salvaje de mi vida, nunca había llegado a tal punto de éxtasis y paroxismo.

Dejamos de besarnos cuando comenzaron a sonar los acordes del “Sympathy for de Devil”.

.-“Esta canción me gusta mucho” dijo Cors mientras miraba al escenario. A mi me daba igual lo que sucedise en el escenario, sólo quería seguir abrazada al cuerpo de Cors. Sabía que pronto terminaría el concierto, yo volvería a ser la recatada esposa de mi marido con el que regresaría tras acabar el concierto, y todo volvería a ser como antes. Mientras, me había sucedido una de las mejores experiencias de mi vida, a la que me resistía a terminar.

Cors pasaba sus manos por mi espalda conocedor de mis dudas y mis temores. Pronto sonó Brown Sugar y al acabar los Rolling desaparecieron del escenario.

Todo el mundo comenzó a chillar, yo la primera, chillaba como una loca porque no quería que aquella bonita aventura terminase, deseaba con todas mis fuerzas que los Rolling regresasen al escenario y poder despedirme de Cors con otro beso mientras sonaban sus acordes.

Mis suplicas y las de miles de espectadores se vieron satisfechas. Sonaron los acordes del “You can´t always get what you want” como si fuese algo premonitorio. Mi holandés favorito parecía ahora preferir contemplar el concierto que mis arrumacos.

Yo sabía que era su forma de despedirse, de hacerme entender que todo llegaba a su final, y en cierto modo agradecí sus gestos, aunque yo quería disfrutar hasta el último momento. Sabía que nunca encontraría a un hombre que entendiese perfectamente como Cors lo que estaba sucediendo, ni tendría otra oportunidad en la vida de experimentar algo parecido.

De nuevo me apoyé con mi espalda contra su cuerpo. Parecía no hacerme caso hasta que cogí una de sus manos y la guié hasta la parte superior de mis shorts, en mi vientre.

Luego respiré profundo, encogí la tripa, y le indiqué con gestos que deseaba que me acariciase.

No se hizo derogar, desabotonó con habilidad y a una mano el botón de mis shorts, su mano busco ávidamente introducirse por el interior de la tela de mis braguitas, guiado por el tacto de la piel. Sin apenas dificultad logró alcanzar sin problemas mis labios mayores.

.-“Uhhhmmmm” gemí agarrándome con mis dos manos a su brazo que se perdía en el interior de mis pantaloncitos.

Se dedicó a juguetear con sus dedos anular e índice en mis pliegues más íntimos, mientras su dedo corazón buscaba la entrada más placentera a mi cuerpo.

No le fue difícil introducirme su dedo central, estaba mojadísima. Yo debía agarrarme a su brazo para no caer del gusto. Me tenía totalmente entregada a sus caricias, y para colmo comenzó a jugar con el piercing de su lengua y el lóbulo de mi oreja. Aquello era demasiado. Yo incliné mi cabeza a un lado para facilitarle la labor. Recorrió con su lengua parte de mi cuello.

Un primer espasmo sacudió mi cuerpo de arriba abajo. Cors se detuvo pensando que me había podido hacer daño.

.-“No pares, continua” le suplique entre gemidos de placer agarrada a su cuello, y nada más decirle esto introdujo cuanto pudo su dedo en mi interior.

.-“UUufh, que rico” suspiré aferrada con una mano a su brazo, mientras deslizaba la otra en busca de su miembro. Necesitaba acariciar su polla aunque fuese por encima del pantalón. Tenía necesidad de ese hombre que me estaba llevando hasta límites insospechados de placer.

.-“¿Lo notas?” me preguntó entre beso y beso por mi nuca.

.-“Si. Muévelo, por favor” le supliqué. Y obedeciendo mi orden Cors comenzó a meterme y sacarme su dedo como buenamente podía con tan solo el movimiento de su falange. Suficiente para arrancarme suspiros de placer.

.-“No pares, me corroooh” jadeaba al notar las primeras descargas eléctricas recorrer mi espina dorsal.

Al escuchar mis jadeos justo el tipo que tenía enfrente, y que había permanecido ausente todo este tiempo a nuestras caricias, se giró hacía mi tratando de averiguar lo que podía suceder, luego dirigió su mirada hacia mi vientre y abrió unos ojos como platos cuando observó el movimiento frenético de la mano de Cors en el interior de mis pantalones. Cuando reaccionó de su asombro me miró a la cara. Su mirada lo decía todo, me despreció con los ojos como si fuese una putilla de tres al cuarto, una fulana que se deja manejar.

Yo lo miré desafiante, no estaba dispuesta a dejar pasar la oportunidad que tenía entre mis piernas por un espectador aturdido como podía ser semejante gilipollas que me observaba. Cors se dio cuenta de la situación y aceleró el ritmo de su dedo.

Yo cerré los ojos y me dejé caer de espaldas contra el cuerpo de Cors. Estaba totalmente entregada a sus caricias y pronto llegaría mi esperado orgasmo. Me concentré en acariciar la polla de mi amigo. Necesitaba tocarla, me imaginaba como sería tenerla dentro. Estaba convencida de que me quemaría por dentro. La imaginaba mucho mayor que la de mi marido.

Una primera sacudida sobrevino en mi cuerpo. Era evidente lo que estaba pasando. Abrí los ojos tan solo un segundo, lo justo para ver como el tipo de enfrente continuaba observándome descaradamente. Yo le aguanté la mirada cuanto pude. Me fijé bien, tenía el torso desnudo, estaba sudado, tenía un cuerpo musculado, marcaba abdominales y bíceps de gimnasio, y tenía gran parte de su cuerpo desnudo tatuado. Una segunda sacudida por mi cuerpo hizo que de nuevo cerrase los ojos y me abandonase a las sensaciones que mi cuerpo me transmitía. Se sucedieron un tercer y cuarto espasmo ante la atenta mirada de los dos hombres que me rodeaban, acompañado de algún apagado gemido.

Abrí los ojos de nuevo.

Todo se sucedió a cámara lenta en mi cabeza. Pude contemplar atónita como el desconocido de enfrente que nos observaba, dirigía lenta pero decididamente su mano hasta alcanzar uno de mis pechos. Lo estrujó un par de veces sopesando su tamaño y su dureza.

.-“AAAaaaaahh, siiii, si” justo en ese momento me corrí sin poderlo evitar.

El tipo aparto su mano al escuchar mis gemidos, pero no se perdió detalle de mis muecas en la cara de placer. Cors aceleró el ritmo de su mano, y yo me sobrevine en un brutal orgasmo que me hacía perder el equilibrio de no ser porque me encontraba ensartada como un garfio por el dedo de Cors, y apoyaba contra su cuerpo.

Después de varias convulsiones recuperé la normalidad. Fue entonces cuando me percaté que estaban tocando el “ I can´t get no satisfaction”. Cors retiró su mano de mi interior al verme restablecida, y a mi me salió de dentro saltar y chillar como una loca mientras cantaba la letra de la canción….

I can´t get no satisfaction….

I can´t get no satisfaction….

I can´t get no satisfaction….

Cors y yo nos reímos mientras cantábamos la canción.

El tipo de enfrente se giró una vez más para vernos. Yo le lancé un beso y Cors se rió por mi gesto tan descarado. Yo también reía mientras cantaba de nuevo una y otra vez…

I can´t get no satisfaction….

I can´t get no satisfaction….

Al final los acordes cesaron. Mike Jagger y la banda se retiraron dentro. Las luces del estadio se encendieron. Todo había terminado.

De repente el mundo se me vino encima.

.-“Debo encontrar a mi marido” le dije temerosa a Cors.

.-“Tranquila” me dijo Cors mientras la gente de alrededor se dirigía hacia las salidas “estará con alguno de estos” dijo tratando de transmitirme calma.

Cuando la pista se despejó un poco más nos movimos hacia la zona en que habíamos dejado al resto del grupo. No vimos a nadie. Cors sacó su móvil del bolsillo e hizo una llamada. Yo comenzaba a ser un manojo de nervios. No sabía que le iba a decir a mi marido. No sabía si sería capaz de mirarlo a la cara siquiera después de lo sucedido.

.-“Me dice Mikel que están fuera ya del estadio, están con tu marido en la esquina del Bernábeu, nos están esperando” dijo cogiéndome de la mano para guiarme hacia la salida.

Yo respiré aliviada, al parecer mi marido estaba bien. Temía que le hubiese ocurrido algo.

Una vez fuera del campo de fútbol, pude ver a algunas de las personas del grupo de amigos de Cors sentados en el bordillo de una acera. Entre otros pude ver a Mikel y la tal Itziar. Luego me dí cuenta que mi marido yacía totalmente inconsciente en un banco de detrás.

.-“¿Está bien?” le pregunté a Mikel dirigiéndome hacia mi marido.

.-“Esta mejor que nosotros, lleva un rato durmiendo la mona” y me hizo indicaciones como de que no tenía porque preocuparme mucho.

.-“Tranquila se le pasará” me dijo Mikel al verme nerviosa junto a mi esposo.

.-“¿Cuánto tiempo lleva así?” le pregunté.

.-“Llevamos aquí medio concierto” me respondió la tal Itiziar “tu marido se desplomó redondo al salir de los baños y los de seguridad lo sacaron del estadio, como no te localizaba me salí con él. Creo que tu hubieses hecho lo mismo, no podía dejarlo tirado. Me debes una” dijo guiñándome un ojo.

De alguna manera respiré aliviada al escuchar sus palabras, por lo que me contaba era imposible que mi marido me hubiese sorprendido, y al parecer después de todo, Itziar era una tía muy legal.

Que mi marido estuviera inconsciente, no me hacía sentir culpable, de momento no tenía porque darle explicaciones.

.-“¿Dónde os habíais metido?” preguntó Mikel a Cors mosqueado.

.-“Nos empujaron hacia delante y después fue difícil salir de allí, había mucha gente” se explicó Cors ante sus amigos.

.-“Bueno, nosotros nos abrimos, vamos a pillar un taxi” dijo Mikel poniendo al resto de gente en pie en busca de su taxi. Cors también hizo el ademán de marchar.

.-“Espera” le dije a Cors “ayúdame por favor a llevar a mi marido hasta el coche, está aquí cerca, no puedo dejarlo así en la calle” le pedí que me echase una mano.

Cors me miró a los ojos y me preguntó:

.-“¿Estás segura?” cuestionó lo que le pedía.

.-“No puedo con él, ayúdame a llevarlo por favor” le supliqué que me ayudase.

El holandés pasó uno de los brazos de mi marido por su hombro y arrastró a mi esposo colgado a sus espaldas rumbo al coche. Por suerte este no estaba muy lejos.

Llegamos al coche, abrí las puertas y traté de ayudar a Cors a dejar a mi esposo totalmente inconsciente en el asiento del copiloto. Se las apañó él solo para dejarlo bien sentado contra el respaldo.

.-“Gracias” le dije una vez terminó de acomodar a mi marido apoyada por el cansancio contra el coche en la puerta trasera al copiloto.

.-“No hay de qué” me dijo Cors situándose enfrente mío y cogiéndome por la cintura.

.-“Supongo que ha llegado la hora de despedirnos” pronuncié bajando la mirada al suelo.

.-“Supongo que sí” pronunció Cors acercando su cuerpo peligrosamente al mío, al tiempo que levantaba mi rostro con su mano acariciándome en la barbilla.

Sus labios estaban muy próximos a los míos y sus intenciones también. Yo no sabía qué hacer o que decir, en el fondo no quería despedirme de él. Fue Cors quien se dio cuenta de mis sentimientos y tomó la iniciativa.

.-“Un último beso” susurró abrazándose con su cuerpo al mío y con sus labios a apenas un par de centímetros de mi boca.

Yo entreabrí los labios en silencio y él me besó en la boca. Juro que me era imposible evitar no corresponderle cada vez que me besaba. De nuevo tenía esa necesidad imperiosa de juguetear con su lengua y la mía, de dejarme explorar cada rincón de mi boca atrapada por la suya, y de notar el acero quirúrgico de su piercing provocándome sensaciones maravillosas.

Me abrazó con fuerza y me apretó con su cuerpo contra la ventanilla del coche en el que ya estaba apoyada. Me besó con más pasión aún si cabe. Yo era incapaz de negarme a sus besos y sus abrazos. Sus manos se deslizaron sin pensarlo de mi cintura a mi culo. Lo estrujó a dos manos, como si fuese la última vez que pudiera hacerlo. Menos mal que estábamos en el cristal del asiento trasero, justo detrás del puesto de copiloto en el que yacía inconsciente mi esposo, de lo contrario de haberse despertado hubiera podido ver como Cors me estrujaba los cachetes del culo sin piedad con sus manos.

No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos de esa manera, sólo recuerdo que Cors me empujaba cada vez más con su cuerpo contra la puerta del coche, hasta el punto que pude notar su dureza otra vez clavada en mi vientre.

Aquello terminó por hacerme perder el control.

.-“Uuhhm” un tímido gemido se escapó de mi boca y quedó atrapado en la suya.

De nuevo había traspasado el límite de lo decente. Pude notar su paquete apretándose contra mi vientre.

Cors se percató de ello, y buscaba descaradamente el contacto entre nuestras intimidades mientras me besaba y me acariciaba el culo. Tuve la necesidad imperiosa de comprobar por última vez el tamaño de su polla por encima del pantalón. Introduje mi mano entre los dos cuerpos y no dudé en acariciar esa polla que tanto me gustaba imaginarme.

.-“Guuuauh”, cada vez que lo manoseaba me parecía enorme. Movía mi mano arriba y abajo por encima de su pantalón comprobando su erección.

Cors envalentonado por mi maniobra deslizó una mano por mi cuerpo hasta acariciarme un pecho por encima de la tela de mi camiseta, mientras con la otra mano continuaba estrujándome el culo.

En esos instantes éramos todo pasión y desenfreno. Estábamos desbocados.

Cors metía su mano por debajo de la camiseta hasta amasarme uno de mis pechos a conciencia.

.-“Uuummmh” de nuevo otro gemido se escapó de mi boca y quedó atrapado en la suya.

Dejó de besarme para recorrer mi cuello desnudo con su lengua y jugar con su piercing en el lóbulo de mi oreja.

.-“Uuufh, para por favor“ le dije “eso me pone muy cachonda” le susurré mientras su lengua jugaba con mi cuerpo. Y él, haciendo caso omiso a mis palabras, introdujo ávidamente sus dos manos por debajo de mi camiseta acariciándome ambos pechos a la vez.

Se dedicó a amasar y estrujar uno de ellos, mientras que la otra mano jugaba a mover a un lado y a otro la punta de mi pezón con la yema de sus dedos.

Aquellas caricias me estaban volviendo loca. Yo por mi parte no podía evitar acariciar su miembro por encima de sus pantalones. Era como una droga para mi.

De repente me subió la camiseta por encima de mis pechos desnudando mis tetas en plena calle. Las contempló goloso por un instante, y antes de que pudiera decir o hacer nada, comenzó a recorrer cada centímetro de piel de mis pechos con su lengua hasta que se dedicó a juguetear con su piercing en mis pezones.

.-“Noooh” gemí de placer. Temí perder el control y dejarme hacer en medio de la calle. No respondía de mis actos.

Recuerdo que me agarré al pelo de su cabeza para no caerme, y tratando de evitar que se le ocurriese incorporarse y detener sus lametones.

Yo soy muy sensible en esa zona. Estaba entregada a las emociones que me producía.

.-“No!, para, pueden vernos” le susurré en un atisbo de lucidez.

En el fondo estábamos en plena calle, alguien podía estar observándonos, o mi marido podía despertarse. Cors continuaba relamiendo mis pechos como si de dos flanes se tratase.

.-“No, por favor, para, pueden vernos” le repetí entre gemidos mientras me agarraba a su cabellera con fuerza para no caerme del gusto.

Cors se detuvo, se incorporó para mirarme a los ojos, tiró de mi hacia él, lo justo para abrir la puerta del coche y empujarme dentro sobre el asiento trasero de mi propio coche.

Antes de que pudiera incorporarme el tío se había abalanzado entre mis piernas cerrando la puerta tras de sí y hundiendo de nuevo su rostro entre mis pechos.

Traté de incorporarme. Me dio un morbo increíble contemplar recostada sobre mis brazos en el asiento trasero como Cors me devoraba las tetas mientras mi marido continuaba totalmente inconsciente en el asiento delantero. Fue algo indescriptible para mí. Se lo tenía bien merecido por gilipollas.

Cors comenzó a recorrer con su lengua no sólo la zona de mis pechos, sino que poco a poco fue bajando hasta besarme por la zona del ombligo y lamer todo mi cuerpo con su lengua.

Yo me dejaba hacer, hasta que en un momento dado se entretuvo en darme pequeños besitos en la zona por debajo a mi ombligo, se arrodilló sobre el suelo del coche y se deshizo del botón de mis shorts mientras me miraba fijamente a los ojos.

.-“¿Qué haces?” le dije tratando de evitar que me quitase los pantalones.

.-“Imagínatelo” dijo mientras tiraba de mis pantalones hacia abajo con la intención de sacármelos.

.-“Mi marido puede vernos” le susurré mientras trataba de resistirme tímidamente a que me quitase los shorts.

.-“No creo que te importe” pronunció Cors mientras daba un último tirón a mis pantalones y lograba deslizarlos por mis piernas hasta los tobillos.

Luego acomodó cada una de mis piernas sobre sus hombros e introdujo su cabeza entre mis muslos.

Comenzó por darme algún besito sobre mi pubis por encima de la tela de mis braguitas y a lamerme con su lengua por la carne desnuda de mis piernas. Me gustó sentir su barba raspándome la delicada piel de mis muslos. Se le notaba concentrado en aspirar mi aroma más profundo de mujer. Luego retiró la tela de mis bragas a un lado y me besó por primera vez sobre mis labios vaginales.

Se regocijó al comprobar que llevaba mi pubis depilado.

.-“Esto hay que verlo bien” dijo tras varios besitos incorporándose y tirando por los laterales de mis braguitas deslizándolas por mis muslos. Luego se entretuvo un rato en sacarme por completo tanto el pantalón como mis braguitas, atascadas en mis tobillos, desnudándome de cintura para abajo.

Yo me acomodé sobre el asiento dispuesta a disfrutar de lo que estaba a punto de suceder. Esperaba que por primera vez en mi vida me comiesen el coño como es debido, y no con el pudor con el que lo hacía mi esposo. Ahora podía verlo inconsciente por el retrovisor central de nuestro coche. Siempre que trataba de hacerme el cunnilingus a su manera, no terminaba por convencernos a ninguno de los dos.

Miré por última vez a mi esposo sonriendo antes de cerrar los ojos y entregarme a la comida de Cors.

Enseguida pude notar como la lengua de Cors recorrió mis labios vaginales de abajo arriba separándolos entre sí. Se notaba que el tipo disfrutaba haciéndolo, como quien saborea un cucurucho. Repitió la acción un par de veces antes de localizar mi clítoris con su lengua. Una vez tuvo claro el punto que buscaba comenzó a mover su lengua a un lado y a otro estimulando mi cuerpo hasta límites insospechados. Tuve que morderme los labios para no gritar cuando pude sentir por primera vez el frío del acero quirúrgico de su lengua tililando sobre mi clítoris

.-“UUuuufhh” traté de reprimir varios gemidos evitando no hacer ruidos sospechosos que pudieran despertar a mi esposo.

.-“Ya te dije que te gustaría” interrumpió Cors su maniobra para mirarme a los ojos sabiéndose triunfador. Yo por mi parte lo agarré por el pelo y le hundí su cara entre mis muslos a la vez que hacía fuerza con mis piernas para que no se lo ocurriese interrumpir otra vez lo que había empezado.

.-“Joder, siiih” suspiré cuando una primera sacudida recorrió mi espina dorsal con su lengua jugando alrededor de mi punto de placer. ¡¡Apenas llevaba nada comiéndome el coño y ya estaba a punto de correrme!!. Era magnífico, maravilloso, indescriptible.

.-“Buuufff” resoplaba aferrada a su pelo y aprisionándolo entre mis piernas para que no parase. Creo que hasta la parte más alta de mis muslos estaban enrojecidos de apretar mis piernas contra su barba de tres días.

.-“Uffh, para, me corrro” le informé cuando un segundo y tercer espasmo sacudieron mi cuerpo. El también pudo comprobar en su boca las convulsiones de mi cuerpo.

.-“Si sigues, me corroo” le advertí casi por última vez mientras sucedía lo inevitable, mi cuerpo comenzaba a tener pequeñas descargas eléctricas por su espina dorsal.

De repente Cors se detuvo.

Se incorporó sobre sus rodillas a pesar de tenerlo bien sujeto entre mis piernas. Detuvo en seco sus lamidas y desabrochándose a una mano el botón de los jeans de su pantalón, rebuscó por unos instantes, que a mi me parecieron eternos, su polla entre su bragueta, y extrajo un miembro espectacular que lució orgulloso ante mi vista.

.-“¿Pero qué haces?, ¿por qué te detienes?” le pregunté sorprendida sin poder dejar de admirar su poderosa polla asomar entre la cremallera de su pantalón.

Cors no dijo nada, tan solo me miraba sonriente mientras se meneaba unas cuantas veces su miembro ante mi atenta mirada.

Sin decir nada me arrancó mi camiseta de tirantes por la parte superior. Ahora sí que estaba completamente desnuda. Tiró de mis nalgas con sus manos para disponerme de frente a él. Se acomodó de rodillas sobre el suelo del coche entre mis piernas una en cada hombro. Me agarró fuerte de nuevo esta vez de las caderas, y me situó sobre el asiento de tal forma que mi coño quedó a la altura de su polla.

Luego en silencio aproximó su miembro hasta mis labios vaginales, y comenzó a restregarme hábilmente su polla entre mis pliegues más íntimos, buscando estimular mi clítoris con su prepucio.

Yo contemplaba atónita como esa maravilla se abría paso entre mis encharcados labios. Creí que me penetraría de un momento a otro, y sin embargo demoraba el momento intencionadamente.

Creí morirme de gusto cada vez que notaba el contacto de la tela de sus pantalones por mis muslos. Ambos en silencio. Yo no podía negarme, es más, acompañaba sus vaivenes con pequeños movimientos circulares de mi cadera. Era evidente que estaba deseando que me penetrase tanto como él. Yo solo podía mirar esa polla descomunal deslizándose entre mis labios vaginales, y el observaba mi cuerpo moviéndose deseoso porque lo penetrasen.

.-“Vamos Sara, pídemelo por esa boquita tan linda que tienes” me dijo mirándome a los ojos arrodillado como estaba. Sabía perfectamente que yo me encontraba cachonda perdida, que mi esperado orgasmo anterior había quedado interrumpido intencionadamente y que necesitaba correrme como fuese.

.-“Métemela cabrón” ni yo misma creía lo que acababa de decir.

.-“¿Estás segura?” me preguntó al tiempo que continuaba con su particular tortura.

.-“Vamos, métemela” dije completamente desesperada y tratando de ser yo misma quien agarrando su miembro facilitase la penetración, pero él me apartó las manos de mi intento.

.-“Pídemelo como es debido” dijo recreándose de mi sufrimiento.

.-“Fóllame por favor” le supliqué al tiempo que trataba de empalarme yo misma.

Cors me sujetó con las dos manos fuerte por la cintura. Estábamos frente a frente el uno contra el otro. Yo recostada sobre el asiento trasero, y el de rodillas en el suelo del coche. No se perdió ni un detalle de mi rostro cuando decidió penetrarme con su polla. La introdujo despacio, gozando cada milímetro que me insertaba, comprobando cada mueca y gesto en mi cara mezcla de satisfacción y dolor, hasta que le fue materialmente imposible avanzar ni una sola micra más.

Creí morirme del gusto al sentir como me dilataba y me llenaba por completo. Permaneció quieto sin moverse y sin dejar de mirarme. Yo comencé a mover mis caderas en circulitos tratando de animarlo a que se moviese, pero él me tenía bien sujeta por las caderas y se regocijaba de mi desesperación. Estaba encantado de si mismo al contemplar cómo era yo la que trataba de follármelo en tan dificultosa posición por mi parte.

.-“Vamos que haces, muévete” le supliqué al tiempo que trataba de mover sus caderas con mis manos. Pero el permanecía impasible a mis súplicas.

.-“Vamos, cabrón muévete, quiero que me folles” le suplicaba por enésima vez.

.-“Joder Sara, que puta que eres, cuanto vicio tiene ese cuerpo” y comenzó a moverse aunque muy despacito. Su ritmo lento me desesperaba. Mi cuerpo tenía urgencia.

.-“Más deprisa cabrón, vamos, muévete, más deprisa, vamos, vamos…” le animaba a aumentar el ritmo.

.-“Sabía que las españolitas eráis calientes, pero ninguna tan zorra como tú. Debo reconocerlo Sara, eres la más puta de todas” pronunciaba burlándose de mí.

Yo le intenté arrear un guantazo, se había pasado de la ralla. Sus comentarios no me gustaron. El detuvo mis manos a punto de impactar contra su cara, inmovilizó mis dos manos con una sola mano suya sobre mi vientre, y comenzó a moverse a un ritmo trepidante, con rabia y violencia en cada empujón.

.-“Ah, ah, ah, …” no podía evitar quejarme de placer con cada una de sus embestidas. Ahora se movía a toda prisa, era como un perro en celo. Jamás me habían follado de esa manera, era increíble, delicioso.

Se movía tan aprisa que llegaba incluso a lastimarme ligeramente el movimiento de mis propios pechos con cada una de sus embestidas.

.-“Joder siiih, me corrroooh” y mientras le decía esto me sobrevino un primer espasmo de placer. Cors seguía moviéndose con toda su fuerza e ímpetu observando las reacciones de mi cuerpo.

.-“Aaah, siiih” mi cuerpo se tensaba, estaba a punto de estallar en un brutal orgasmo.

De repente Cors se detuvo de nuevo en seco de sus movimientos para mi desesperación.

.-“Noooh, ¿qué haces?, sigue, sigue joder, no pares” abrí los ojos suplicándole que continuase. No entendía porque se detenía de esa manera haciéndome sufrir tanto. Porque mis manos continuaban inmovilizadas por la suya a la altura de mi vientre, que si no hubiese intentado arrearle otro bofetón.

.-“Vamos cabrón, fóllame, quiero que me folles, muévete de una puta vez” le suplicaba desesperada mientras era yo la que intentaba moverse en vano.

.-“Eso es Sara, quiero escucharlo de tu boca” me decía regocijándose de mi desesperación.

.-“Fóllame, fóllame por favor, quiero que me folles…” le repetía una y otra vez implorándole.

Y ahora sí el holandesito volvió a moverse a un ritmo infernal.

.-“Joder siiiih, que gusto, eso es, muévete, que bien follas” le animaba para que no se detuviese.

.-“No pares ahora por favor, no pares, cabrón” le repetía entre gemidos.

Me sobrevino un orgasmo brutal, primero fue un espasmo tras otro sacudiendo mi cuerpo, lo menos diez o doce a cual más placentero levantando mi cuerpo del asiento en cada sacudida. Cors no dejaba de embestirme en ningún momento y en lo que parecía que mi orgasmo había concluido, de nuevo más y más sacudidas que hicieron estremecer mi cuerpo de placer.

.-“Mmmmmhh” Ahogué mis gritos en cada convulsión mordiéndome los labios. Creo que era la primera vez en mi vida que experimentaba un orgasmo tan largo y tan intenso. Dudo si fue un orgasmo múltiple, pero estoy segura de que disfruté como nunca.

Cors observaba atento cada gesto de mi rostro, cada sacudida de mi cuerpo, cada contracción de mis músculos pélvicos alrededor de su polla que ahora me quemaba por dentro. Debí de ser un espectáculo apoteósico para su regocijo.

Cuando me atreví a mirarlo a los ojos pude entenderlo todo. Aquel experto amante sabía que retrasando mi orgasmo lograría correrme varias veces, y así había sido. Lo miré totalmente satisfecha por su saber hacer. Una vez recuperé la respiración le pregunté:

.-“¿Y tú?, ¿te has corrido?” le pregunté extrañada porque su miembro no perdía vigor en mi interior.

.-“Bueno, ya sabes…lo que pasa en estos casos, el alcohol y la marihuana retrasan el momento” me dijo como disculpándose.

A mí me dio lástima. Sentí la necesidad de corresponderle, el me había llevado al mejor orgasmo de mi vida, y yo quería que él al menos también se corriese.

.-“Ven, siéntate tú” le dije haciéndole indicaciones para que se sentase cómodamente en el asiento trasero al tiempo que su miembro se salía de mi interior, “vas a saber lo que es una españolita de verdad” le dije sentándome a horcajadas sobre él.

Agarré su polla algo flácida en esos momentos entre mis manos, y la acomodé a la entrada de mis labios vaginales. Ahora era yo la que se movía adelante y atrás recorriendo toda su longitud entre mis pliegues evitando intencionadamente la penetración. El me agarró de la cintura y acompañaba el movimiento de mis caderas.

Sujete su cara con una de mis manos y lo besé en la boca. Nuestras lenguas comenzaron a jugar de nuevo. Introduje la otra mano por el interior de su camiseta y jugué con una de sus tetillas. Se notaba que le gustaban mis caricias. Luego mientras continuaba sujetándole el rostro con la otra mano, comencé a lamerle por el cuello y a jugar con el lóbulo de su oreja. Podía notar los espasmos de su polla entre mis piernas.

.-“Sabes… “ le susurré en la oreja al tiempo que chupeteaba su cuello y su lóbulo, “nunca me han follado tan bien como tú” le confesé para su satisfacción. Pude apreciar como su polla daba un respingo.

.-“Lo sé” dijo él.

.-“Tienes una polla que me vuelve loca” le susurraba tratando de realzar su ego como macho.

.-“Lo sé” repitió él en actitud arrogante. No sé porque me gustaba en él su actitud chulesca. No tenía nada que ver con mi marido.

.-“Quiero volver a sentirla dentro de mi” le susurraba mientras le comía la oreja.

Su miembro ahora estaba totalmente duro y en su máximo esplendor, así que decidí que había llegado el momento. Agarré su miembro con una mano y la guié hasta la entrada de mi coñito. Luego, poco a poco fui sentándome sobre su polla, comprobando como me dilataba al penetrarme.

Era una gozada sentir todo eso dentro de mí. Como había dado clases de danza del vientre, comencé a moverme sobre su polla haciendo el llamado dromedario. Pude apreciar los espasmos de su polla que crecía aún más en mi interior. Me llenaba por completo.

.-“Sabes…” le susurré de nuevo en la oreja mientras lo torturaba con mis movimientos ”te voy a follar como nunca te lo han hecho antes” lo provocaba.

.-“Joder Sara, estas echa una auténtica puta” me dijo tratando de alcanzar uno de mis pechos con su lengua, dándome a entender que le gustaba chuparme las tetas

Yo le acerqué uno de mis pechos a su boca para que pudiera lamerme los pezones.

.-“Eso es amor, cómeme las tetas” le susurré en la oreja al tiempo que alternaba mis pechos en su boca para que jugase con ellos.

Yo me movía ahora de tal forma que cuando me echaba para atrás no alcanzaba a chuparme los pechos, y cuando me movía hacia delante si lograba chuparme el pecho que le acercaba. Alternaba cada teta en cada vaivén.

El me sujetaba fuerte de la cintura y trató de aumentar el ritmo de mis caderas con su fuerza.

.-“Vamos, puta, muévete” me dijo al tiempo que me daba una cachetada en mi culo. La nalgada resonó dentro del coche.

.-“Ssscht” le chisté, “no hagas eso, puedes despertar a mi marido” le advertí.

.-“Estoy seguro de que tu marido no sabe utilizar este culo tan rico que tienes” pronunció al tiempo que me daba otra nalgada y acercaba peligrosamente uno de los dedos de su mano que me acariciaban el culo hasta mi esfínter.

Yo abrí unos ojos como platos cuando noté su dedo recorriendo el anillo de mi ano. Él, que era un tipo listo, se percató de mi reacción.

.-“¿No me dirás que nunca te han partido el culo?” me preguntó mirándome a los ojos atento a mi reacción cuando su dedo presionó ligeramente mi ano.

Yo desvié la mirada evidenciando que nunca lo había intentado.

.-“Esto sí que no me lo esperaba” dijo relamiéndose como lobo feroz dispuesto a devorar a caperucita.

Acto seguido me agarró del pelo y me obligó a reclinarme contra su torso haciendo que mi culito quedase en pompa y más abierto a sus intenciones.

.-“Relájate, quiero ser el primero en romperte el culo” me susurró al oído a la vez que presionaba sobre mi esfínter con la yema de uno de sus dedos.

Me dejé hacer. He de decir que no me dolió mucho notar como su falange comenzaba a dilatar mi ano y lograba abrirse camino en mis entrañas. El morbo mitigaba el ligero escozor que me producía.

Decidí agarrarme a su cuello con una mano, y acariciarme yo misma con la otra mi clítoris, buscando contrarrestar con mi propio placer, el miedo y el temor que inundaba mi cuerpo.

.-“Si prietas el culo es peor, relájate, no va a dolerte” me susurró de nuevo en la oreja al ver que mi cuerpo estaba tenso al tiempo que introdujo su dedo corazón todo cuanto pudo.

.-“Lo ves, ya está del todo dentro” me susurró de nuevo en la oreja y poco a poco comenzó a moverlo.

Hasta el momento no sentía dolor, tal vez alguna m*****ia.

.-“No me hagas daño, por favor” le supliqué aferrada a su cuello.

Aumenté el ritmo de mi mano con el que yo misma me machacaba el clítoris, cuando pude notar como un segundo dedo del holandés se abría camino en mi ano.

Para mi sorpresa tampoco dolió tanto. Es más, resultaba incluso placentero. Cors como adivino de mis pensamientos, comenzó a mover sus dedos relativamente deprisa en mi interior. A parte de un leve picor en mi esfínter, se puede decir que se apoderaba el placer de sentirme llena por su polla en mi coño y el movimiento de mi mano en mi clítoris.

El experto holandés no se lo pensó dos veces y enseguida introdujo un tercer dedo en mi ano. Aquello ya era demasiado en mi cabeza, notaba cierto dolor al comprobar cómo se dilataba a la fuerza mi esfínter, pero aún con todo se me hacía soportable.

Yo permanecía ahora con los ojos cerrados abrazada a su cuello concentrada en las sensaciones que experimentaba mi cuerpo. Era como si estuvieran forzando mi mente y mis prejuicios en vez de mi culo. No sé durante cuánto tiempo estuvo jugando con sus dedos en mis entrañas, pero abrí los ojos cuando me dijo:

.-“Será mejor que me la chupes antes de que te rompa el culo, debe estar muy lubricada si no quieres que te duela” pronunció para mi sorpresa sacando de mi interior tanto su polla como sus dedos y haciendo fuerza con sus manos para que me arrodillase en el suelo.

Lo obedecí sin rechistar, me dejaba guiar temerosa y complaciente. Así que me arrodillé a sus pies, lo miré a los ojos mientras le desabrochaba los jeans por completo y tiraba de sus pantalones y de sus calzoncillos hasta dejárselos a la altura de los tobillos. Luego agarré a una mano su polla, y procedí a lamerla de abajo arriba con mi lengua una y otra vez.

Pude comprobar el sabor de mis propios fluidos, y el olor intenso de los dos sexos mezclados. No sabría cómo describir esa sensación. Me sentía como una autentica guarra chupando esa polla y a la vez me gustaba.

Lo miré a los ojos desde esa posición y pude comprobar su cara de impaciencia porque me introdujese de una vez su polla en la boca. No le hice esperar, traté de introducírmela todo cuanto pude. Apenas el prepucio y poco más. Luego recorrí su forma con mi lengua mientras la tenía atrapada entre mis labios, y más tarde acompasé mi movimiento arriba y debajo de mi cabeza con el de mi mano.

.-“Joder Sara, que mal la chupas, se nota que no estás acostumbrada. Será mejor que te reviente el culo cuanto antes” me dijo incorporándome con sus manos por debajo de mis brazos.

Luego me giró de espaldas a él. Me manejaba a su antojo. Yo quedé mirando hacia la luna delantera del coche prácticamente entre los asientos de delante. En esta posición podía verme a través del retrovisor, y a mi marido completamente inconsciente en el asiento del copiloto.

Cors me abrió las nalgas del culo con las dos manos y me ordenó:

.-“Ven siéntate despacio” pronunció mientras guiaba mi culo hasta su polla.

Enseguida pude sentir su capullo presionando contra mi esfínter. Cors se agarraba el miembro con una mano, mientras me hacía indicaciones para que me sentase poco a poco sobre su polla.

.-“Ay!!” grité cuando noté que mi ano se dilataba a la fuerza presionado por su polla. Aquello me dolió un poco, y me incorporé apoyándome en los reposacabezas de los asientos delanteros. Mi mano derecha contactó con el pelo de mi esposo que yacía en el asiento del copiloto.

Cors me hizo indicaciones para que lo intentásemos por segunda vez. Repetimos la maniobra, solo que esta vez, una vez introdujo tan solo la puntita de su polla en mi ano, me agarró con fuerza por la cadera impidiendo que pudiera hacer fuerza hacia arriba y salirme.

.-“Si te quedas quieta te dolerá menos” me dijo a mi espalda, tratando de inmovilizar mi cuerpo. Yo le hice caso y me quede quieta esperando los acontecimientos.

.-“Eso es, vamos, siéntate, lo estás haciendo muy bien” me dijo al tiempo que yo dejaba caer mi cuerpo poco a poco sobre su regazo y me ensartaba su polla en lo más profundo de mis entrañas.

Había entrado hasta el fondo en una sola vez. Me produjo cierta sorpresa notar sus huevos contra la piel desnuda de mi culo, pero también el dolor que ahora surgía de esa zona. Dudé si salirme o no, pero fue Cors quien comenzó a moverse despacio dilatando mi esfínter lentamente.

Yo permanecía agarrada a los reposacabezas de los asientos delanteros, atenta a todo cuanto sucedía en el interior de mi cuerpo.

Recuerdo que mi marido se movió ligeramente, por un momento temí que se despertara, pero su movimiento únicamente sirvió para verificar el estado de inconsciencia en el que se encontraba. El caso es que su mano izquierda cayo por el hueco del freno de mano y mi vista se fijó irremediablemente en la alianza que relucía en su dedo anular.

.-“Pobrecito” pensé al verlo inconsciente “si supieras que tu querida mujercita le está entregando el culo a otro tipo en tu mimado cochecito no dormirías tan a gusto”.

Cors tiró de mi pelo obligándome a quedar recostada de espaldas contra su torso. Una de sus manos se dedicó a acariciarme las tetas, mientras la otra la dirigió directamente a mi coñito.

.-“Te va a costar olvidar esta polla” me dijo desde la espalda al tiempo que uno de sus dedos se abría camino en mi vagina.

Aquello era increíble, pude notar como su dedo alcanzaba a rozarse con su polla a través de mis tejidos. De repente el dolor había desaparecido y solo lograba experimentar oleadas de placer recorriendo mi cuerpo.

.-“Te estoy rompiendo el culo… ¿y a que te gusta?” escuché desde mi espalda.

.-“Eso es, si, clávamela” le dije al tiempo que agarraba sus dos manos con las mías y las guiaba en sus caricias.

Ahora era yo la que le incitaba a que me pellizcase el pezón que tenía atrapado con su mano, y a que introdujese un dedo más en mi vagina.

.-“Oh sí, como follas cabrón” le dije una vez se dejó guiar sus manos por las mías.

.-“Lo estas disfrutando, ¿eh guarra?” me dijo retorciendo uno de mis pezones con su mano.

.-“Oh si, por Dios, fóllame más, rómpeme el culo” le incitaba. Cors comenzó a moverse al igual que antes me follaba por el coño, a un ritmo vertiginoso.

.-“Eso es cabrón, dame fuerte, rómpeme el culo” le dije al comprobar que una corriente eléctrica comenzaba a recorrer mi columna vertebral.

.-“Te estoy rompiendo este culito de niña pija que tienes” me dijo con su voz entrecortada que me hacía presagiar estaba a punto de correrse.

.-“Córrete”, le dije volteando mi cuello para tratar de besarlo “quiero que te corras dentro de mi”. Sabía que poco tardaría en hacerlo.

.-“Joder, Sara, menudo culito más rico que tienes”, y al decir esto pude comprobar cómo su polla comenzaba a tener algún espasmo.

.-“Es todo tuyo” le dije, y preté el culo tratando de provocarle el máximo placer, aunque a mí me dolió un poco contraer el esfínter.

.-“Eso es Sara, tú sí que sabes, menuda puta estas hecha” dijo ya con la voz temblorosa.

.-“Vamos cabrón, correte, quiero que me llenes el culo de tu lechecita” le dije refrotándome con mi cuerpo contra el suyo, clavándome su polla hasta masajearle los huevos con la piel de mis nalgas.

.-“Oh, siih, siiih, me gustaaah” pronunció al tiempo que se corría en mi interior.

Pude apreciar sensiblemente cada contracción de su polla en mi interior, y como un líquido caliente inundaba mis entrañas. Yo continuaba con mi cuerpo recostado sobe el suyo, exprimiendo cada gota que derramaba en mi interior, hasta que poco a poco su miembro fue perdiendo dureza, momento en el que se salió de mi.

Permanecimos un rato los dos recostados el uno en el otro.

.-“¿Te ha gustado?” me preguntó acariciando mi cuerpo en un plan muy romántico que para nada me esperaba, y que agradecí de sobremanera.

.-“Uhm, uhm” asentí con la cabeza.

.-“A mí también” dijo al tiempo que me apartaba a un lado del asiento trasero y se subía los calzoncillos y los pantalones.

.-“Por tu bien, espero que no nos volvamos a ver” pronunció al tiempo que se recomponía las ropas. Yo buscaba aturdida mis braguitas, mis shorts y mi camiseta que debían estar por algún lado en el suelo del coche.

Cors encontró antes que yo mis braguitas y encerrándolas en su puño dijo:

.-“Déjame que me las lleve de recuerdo, las guardaré junto a mis camisetas de los Rolling Stones” y dicho esto me dio un pico en la boca, abrió la puerta del coche y se bajó cerrando tras de si.

Ni supe, ni me dio tiempo a reaccionar. Me quedé desnuda y sola, aunque acompañada por la presencia de mi marido, en el interior de nuestro coche.

Recuerdo que me puse aturdida, confundida, y con dificultad los shorts y la camiseta, y me quedé adormilada en el asiento trasero.

Me desperté con un dolor de cabeza tremendo y un frío interior en mi cuerpo espantoso. Mi marido todavía dormía en el asiento del copiloto. Pude ver que el asiento trasero estaba manchado del semen de Cors que había escurrido de mi cuerpo.

Decidí dejarle una nota a mi esposo indicándole que me llamase, que había ido a desayunar y le indicaría la cafetería en la que estaba.

Así lo hice, no sé si intencionadamente o no, la primera vez que vería a mi esposo después de lo sucedido sería en un sitio público.

Caminé hasta encontrar un bar de desayunos, me tomé un café con leche y algo de repostería. Más o menos a la media hora llamó mi esposo preguntando dónde me encontraba. Le dí indicaciones y al rato apareció en el bar.

Tenía mejor pinta de la que esperaba. Nada más acercarse me dio un pico en la boca y me preguntó si quería tomar algo más, como si fuese lo más natural de mundo. Yo le dije que no. Me dio la espalda para pedir en la barra. En esos momentos dudé si decírselo o no. Si romper o no. Pero cuando regresó con su café y su tostada a la mesa, me dí cuenta que nuestra vida volvía a estar inmersa en la rutina de siempre.

.-“¿Qué tal el concierto?” me preguntó.

Yo solté a reír y le dije: “Increíble, una pasada, lástima que te lo perdieras”.... Continue»
Posted by MrJosh93 1 month ago  |  Categories: Voyeur, Hardcore, Taboo  |  Views: 3416  |  
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Con el padre de mi amigo...

Cuando estaba en el segundo grado de la escuela preparatoria, conocí, accidentalmente, en la biblioteca de la escuela a un compañero a quien sus amigos llamaban " toro ". Era llamado de ésa forma por su gran estatura y por su robusta y fuerte complexión física, aunque su verdadero nombre era Ricardo. Era un tipo sumamente atractivo; no podía evitar ponerme nervioso en su cercanía... Con el trato y el paso de los días, nos volvimos amigos inseparables; sin embargo, y contrario a lo que ya estarán pensando, nunca pasó nada entre nosotros, sólo fuimos estupendos amigos durante tres años. Compartíamos muchas aficiones y una gran parte de nuestro tiempo.

Al final de semestre, Ricardo, organizó una gran fiesta en su casa, a la que asistió una gran cantidad de gente entre compañeros de clase y amigos personales del anfitrión. La casa de Ricardo, era amplia y elegante, enclavada en la exclusiva zona que rodea nuestro colegio, la calle estaba llena de vehículos y el interior más parecía una disco de moda que una vivienda pues estaba profusamente decorada con globos y luces y la mayor parte del mobiliario había sido sustituida por mesas bajas y sillas. La música, el baile y la bebida no se hicieron esperar y en poco tiempo la reunión estuvo de lo más animada.

Ricardo, nos llevó, a algunos de sus mejores amigos, a presentarnos con su padre, un acaudalado empresario maduro, divorciado desde hacía más de diez años. Una descarga eléctrica sacudió mi espina cuando lo vi, era un tipo tan alto como mi amigo pero inmensamente más fuerte y robusto, con un mentón ancho y anguloso, gélidos ojos grises y sienes tintas de canas. Nos saludó con cortesía aunque sin demasiado interés; parecía poco interesado por el ambiente juvenil formado por los amigos de su único hijo; sin embargo, tomó una copa, brindó con nosotros y, enseguida, se apartó a una de las orillas del salón, cerca de la barra del bar, para continuar mirando el desarrollo de la fiesta.

Ya entrada la noche, el alcohol comenzaba a hacer estragos en los cuerpos y mentes de tantos jóvenes; no era raro mirar, en todas direcciones, y ver parejas bailando con más audacia o compartiendo besos y caricias aún cuando la fiesta continuaba en pleno apogeo. Por mi parte, y para librarme del asedio de dos persistentes e impertinentes admiradoras, me excusé para ir a la barra por otro trago.

Mientras el cantinero servía la bebida, giré el rostro y me topé directamente con la mirada inquisitiva y un tanto divertida del padre de Ricardo; él, levantó su vaso para brindar conmigo y esbozó una sonrisa cordial sin decir una sola palabra; yo, correspondí al gesto elevando mi vaso y devolviéndole la sonrisa.

Turbado y medio ebrio, me di la vuelta para regresar al sitio donde, mis compañeras, me esperaban, pero, desde donde me encontraba, miré a las dos chicas que aguardaban por mi regreso y decidí emprender la huída de sus avances románticos... Salí por una puerta que conecta el salón comedor con la piscina y me senté en una silla a contemplar el agua cristalina que lanzaba destellos en medio de la noche.

Sin darme cuenta, el padre de Ricardo se acercó, a mis espaldas, jaló otra de las sillas que rodeaban la mesa y preguntó:

¿Me puedo sentar?

Claro – respondí- está usted en su casa

¿No te gusta bailar? –preguntó-

Sí, es sólo que no me agrada la compañía – respondí, dándome cuenta, inmediatamente, de mi falta de tacto -

Si lo dices por mí, me retiro... – dijo, esbozando una bonita sonrisa y una mirada comprensiva-

No, por favor, no lo decía por usted –me apuré a decir, reteniéndolo por el brazo- Me refería a las chicas que estaban conmigo ahí dentro, no quiero nada con ellas y no se dan por vencidas, ninguna de ellas...


Fue un momento muy embarazoso, pues a mi inoportuna de****tesía se sumó mi torpeza por remediarla y la turbación que me causaba su cercanía... Él, me miraba casi divertido, lo que me perturbó más aún, y, ni qué decir cuando me di cuenta que aún seguía manteniéndolo tomado de su antebrazo grueso y velludo... Sentí que mi rostro ardía ruborizado y no atinaba a hilar una conversación coherente... Lo deseaba y lo peor era que, él, lo sabía...

Me excusé para ir al baño, me levanté y crucé el patio para entrar de nuevo en el bullicio. Al llegar al pasillo donde se encontraba el sanitario, como era de esperarse, estaba ocupado, había no menos de cuatro personas por delante de mí para pasar a aliviar la vejiga. Esperé pacientemente y, cuando todos hubieron pasado, quedaba solamente yo fuera del cuarto de baño; entonces, el padre de Ricardo apareció a mis espaldas y, sorprendiéndome nuevamente, me dijo:

¿Cómo... Esperando aún? ¡Falta de confianza...! Puedes usar el sanitario del piso de arriba. Ven, sígueme – e hizo una seña para que lo siguiera -

Mi corazón estaba desbocado, no sabía que estaba pasando ni que podría suceder pero, algo sospeché, especialmente, cuando miró furtivamente por encima de su hombro, en el momento en que enfilamos, los dos juntos, escaleras arriba.

El pasillo estaba oscuro, así que me tomó por la mano y me encaminó entre la penumbra. Sorpresivamente, se detuvo y me dijo:

Será mejor que uses el baño de mi recámara, este podría estar ocupado también...

Sin soltarme la mano, me encaminó a otro rumbo de la gran casa. Me mostró una puerta, entré, y detrás de mí, entró él, encendió las luces mostrando un dormitorio amplio y lujoso pero sobrio. Cerró la puerta detrás de sí y lo escuché apretar el botón del seguro de la chapa. En una de las esquinas había otra puerta y me indicó que ésa era la del baño. Entré y cerré la puerta; bajé la bragueta de mis pantalones y comencé a orinar... Pensaba en lo extraño de ésta situación mientras escuchaba mi propio chorro romper el silencio: Sólo... Con el padre de mi amigo, en una habitación con la puerta asegurada... En esto pensaba cuando escuché la puerta abrirse y, el padre de Ricardo entró, bajándose la cremallera de sus pantalones... A pesar de lo ya bastante bizarro de la situación, su acción me tomó por sorpresa y no atiné a decir nada; simplemente, me limité a verlo extraer su miembro grueso de entre su ropa interior blanca y empuñarlo para dirigir su potente chorro de orina, al espejo de agua del w. c; parado a un lado mío... Yo, estaba como hipnotizado viendo aquello, no me parecía correcto pero, al mismo tiempo, no podía apartar la mirada de su entrepierna y por un momento, me olvidé de todo; sólo éramos ése hombre y yo, compartiendo un espacio tan privado, a una distancia tan corta...

Cuando su chorro cesó, sacudió su soberbio pene un par de veces y, después, lo dejó colgando, al aire. Levantó su mirada y me dijo:

¡Ah... Qué alivio...! Espero que no te disguste que haya entrada de ésa manera pero, al igual que tú, ya no aguantaba las ganas...

No hay problema, estamos entre hombres -atiné a decir torpemente- además, no hay de qué asustarse, todos tenemos lo mismo...

¿Te parece? - me preguntó, con un tono marcadamente socarrón y una mirada pícara, al tiempo que comenzaba a recorrer, el tallo de su verga, con los dedos, en un suave vaivén y dirigía su mirada directamente a lo que tenía yo entre las piernas.

Podía sentir la sangre agolparse en mis sienes; tenía las orejas calientes y mi respiración se tornó pesada y ruidosa. Siempre he sido un poco cándido aún cuando las situaciones se muestren tan obvias pero, ése día en particular, no estaba preparado para lo que sucedió a continuación.

Sin apartar sus ojos de los míos, Don Rolando, tal como lo conocería más adelante, alargó su enorme mano derecha para tomar entre sus dedos mi vibrante pene... No dijo nada... Ni siquiera sonrió pero, lentamente, se inclinó hasta caer de rodillas, a un costado de donde yo me hallaba de pie y, sin soltar mi miembro me atrajo hacia él y se tragó cada centímetro de mi carne hasta los cojones... Se quedo así unos segundos para luego comenzar, magistralmente, a estimularme con un furioso ir y venir que me provocaba temblores en todo el cuerpo... Mis piernas estuvieron a punto de doblarse y hacerme caer al piso. Él, me sostuvo firmemente, tomándome por los muslos...

Yo estaba fascinado, como hipnotizado mirando aquello. Casi no podía creer que ésa situación fuese real... La contemplación de sus gruesas y velludas piernas con los pantalones enrollados a las rodillas, me excitaba tanto que estaba a punto de explotar en su boca... (Aún vienen a mis sueños y fantasías aquellas hermosas piernas) Se lo hice saber y, de inmediato, se detuvo, sacó mi miembro de entre sus labios y lo empuñó con fuerza con una de sus manos... Permanecimos unos momentos así, en silencio hasta que mi urgencia se hubo ido. Luego, se incorporó y rodeándome con sus brazos me dio un beso profundo y furioso; y digo profundo porque su lengua llegó casi hasta donde había llegado mi glande en su garganta...

Se separó un momento para arrancarse la camisa, los zapatos y terminar de quitarse el pantalón para quedar, ante mí, totalmente desnudo, salvo por el reloj, los calcetines y una cadena con un dije de oro que colgaba en medio de su pecho velludo y musculoso. Se acercó y sin decir una palabra, me quitó la chaqueta de piel y comenzó a desabotonar mi camisa. Mientras esto hacía, ésta vez yo, lo atraje hacia mí y lo besé nuevamente. La punta de su verga, literalmente chorreaba... Dio contra mi vientre y se deslizó hacia arriba, quedando aprisionada entre nuestros cuerpos. Mi miembro, se había deslizado justamente entre sus muslos, justamente por debajo de sus bolas... Rolando, al sentir esto, tensó sus músculos y, nuevamente me dio un placentero masaje que rápidamente me llevó de nuevo a la cúspide de mi juvenil placer... De nuevo se detuvo para terminar de quitarme la camisa y permitir que me librara de los pantalones y las botas.

En cuanto estuve tal como llegué a éste mundo, nuevamente me abrazó y besó; yo, lo rodeé con mis brazos por el cuello; situación que aprovechó para tomarme por los muslos y levantarme en vilo. Acomodó mis piernas alrededor de su cintura y, rodeándome con un brazo por el talle, llevó su otra mano por detrás de mí hasta alcanzar mi culo; virginal hasta ése día... Al principio pasó uno de sus dedos, inofensivamente, por encima y alrededor de la entrada de mi ano hasta que, sin que yo estuviera preparado para recibirlo, empujó la punta de su dedo medio, dentro de la estrecha abertura... Yo dejé escapar un gemido sordo que Don Rolando apagó con sus labios.

Me dolía, me dolía mucho pero a la vez era increíblemente sensual y sexual sentir el grueso dedo de éste hombre pugnando por abrirse paso, por primera vez, en mis entrañas. Luego, otro de sus dedos comenzó a empujar conjuntamente y el dolor se tornó insoportable. Rolando se detuvo y retiró sus dedos; cubrió la fría cubierta de mármol del lavamanos con una toalla y me depositó ahí... Tomándome por los tobillos, elevó mis piernas y dijo:

Te voy a dar toda la lubricación que necesitas, cabroncito...

Y se lanzó directamente sobre mi culo adolorido... Su lengua era tibia y suave... La sensación, sencillamente indescriptible... Alternaba entre mi ano y mis bolas... Cada vez que pasaba los labios y su lengua húmeda sobre los testículos, una sensación entre placer y angustia me invadía... Casi clavaba la punta de mis dedos en su cuello de toro... Trataba de detenerlo pero él era más fuerte... Y las caricias sumamente placenteras... Era la segunda vez que experimentaba esa caricia en mi vida pero, ésta vez, por el ímpetu de la pasión, resultaba muy superior...

Estaba aturdido y empapado de sudor, igual que él... Apenas advertí cuando abrió una de las gavetas por debajo del lavabo y extrajo unos pequeños envoltorios brillantes. Sabía que eran condones pero, hasta ése momento, nunca había usado uno en realidad... Se puso el pequeño capuchón sobre la punta de su pene y luego lo corrió a lo largo del grueso tallo... Era un poco cómico ver su enorme virilidad aprisionada bajo aquella cubierta de color rojo...

Extrajo también un pequeño tubo que contenía un gel transparente y se aplicó un gran bodoque en la punta del glande y luego aplicó en la entrada de mi culo otra generosa cantidad... Fue hasta ése momento que tuve plena conciencia de lo que estaba por suceder... Tenía un poco de miedo y creo que hasta culpa porque, de pronto, recordé a mi amigo y la situación en que me encontraba... La estruendosa música, que parecía haberse extinguido hasta momentos antes, se hizo presente nuevamente... Estaba a punto de protestar cuando sentí el embate de la gran-gran verga de Don Rolando, el padre de uno de mis mejores amigos, contra el esfínter ardoroso de mi ano... La gruesa cabeza, estaba ya dentro de mí y el resto se deslizaba con la misma facilidad con que lo hace el mercurio de un termómetro... Apreté con fuerza los dientes para no gritar; sólo deje escapar una especie de gruñido ronco mientras el miembro de ése hombre se abría camino en mi hasta que estuvo totalmente dentro.

El lavabo sobre el cual me encontraba, contaba de un enorme espejo principal que estaba circundado por dos espejos de menor tamaño colocados en ángulo, de tal forma que podía verme reflejado en ellos desde muchas vistas diferentes. Era muy excitante verme a merced de aquel macho que bombeaba su herramienta dentro y fuera de mi culo y resoplaba con los brazos apoyados, por encima de mis hombros, sobre el espejo a mis espaldas...

Abajo, en la fiesta, resonaban las notas de "Into the groove" de Madonna y llenaban el ambiente... Cerré los ojos por un momento y pude sentir la casi sincronía entre la cadera del padre de Ricardo y los compases de la música... Luego, abrí nuevamente los ojos cuando sentí que aminoraba su ritmo. A través de uno de los paneles del espejo, lo pude ver extrayendo casi completamente su enorme pene y embistiendo violentamente hasta el fondo, una y otra vez... Cada embate era tan profundo que sentía como masajeaba mi vientre y me provocaba intensas e insospechadas sensaciones.

No podía más, necesitaba terminar; por un momento, pensé que llegaría al clímax sin siquiera tocarme pero, no; en vez de eso, mi cuerpo vibraba casi incontrolable... Empuñé mi miembro empecé a masturbarme enérgicamente. Don Rolando sustituyó mi mano por la suya y, apretando con fuerza, empezó a frotarme la verga al mismo tiempo que aumentaba el ritmo de sus embates en mi culo. Me rodeó con su otro brazo para atraerme hacia sí y poder introducir su lengua en mi boca... Ambos jadeábamos pesadamente y respirábamos el aliento del otro hasta que, en el momento que mi eyaculación salpicó el pecho de ambos, selló mis labios con los suyos y eyaculó también... Se dejó caer un momento sobre mi pecho y luego se reincorporó nuevamente para limpiarnos con una de las toallas que estaban dispuestas a un lado del lavabo.

Extrajo su verga aún erecta, se retiró el condón y se limpió con una de las toallas. Yo, me incorporé un poco e intenté bajar de la superficie de mármol pero él se interpuso, colocándose entre mis piernas, sonriendo cordial y mirándome casi tiernamente.

Aún no me haz dicho tu nombre, "campeón"

No me lo ha preguntado, "señor" – le respondí- así como tampoco me ha dicho el suyo – añadí -

Qué mala educación de mi parte... Pero eso tiene solución. Mi nombre es Rolando De Roca... Lo de "para servirte", a estas alturas, creo que ya está de más ¿No crees? – bromeó explotando en una bonita y viril carcajada –

Pues el más servicial he sido yo, hasta donde he podido darme cuenta – repliqué en tono de broma, igualmente –

Pues eso no se puede quedar así, tenemos que solucionarlo de algún modo... No puedo permitir que un amigo de mi hijo se lleve una mala impresión de mí, como anfitrión – acotó sin dejar de sonreír -

Y dicho esto, nuevamente se inclinó sobre mi regazo y tomó mi pene flácido entre sus labios. Como era de esperarse, rápidamente se irguió y se puso en posición " de combate"... También Don Rolando estaba, de nuevo, "en guardia". Acto seguido se incorporó y me ayudó a bajar de la cubierta del lavabo. En ése momento, me sentí impresionado de lo atractivo y bien pertrechado que era aquel hombre cuarentón: Tenía un cuerpo bien trabajado por el ejercicio constante; firme y armonioso. Su cabello entrecano y peinado hacia atrás estaba en perfecta armonía con sus "entradas" y sus facciones viriles... Y sus ojos... Sus bellos ojos grises que podían congelar o mirar tan dulce y suavemente...

Ahora, fui yo quien tomó la iniciativa y lo atraje hacia mí; lo bese y comencé a recorrer con mis manos todo el bello cuerpo que tenía, ahora, a mi alcance... Él, cerraba los ojos y se dejaba querer; parecía estar disfrutando de lo lindo... Su cuerpo se estremecía cuando pasaba delicada y sutilmente la palma de mi mano sobre la superficie de su espalda, sus nalgas y la zona de sus fuertes tríceps... dejaba escapar suaves gemidos como si se tratase de una tímida y virginal adolescente. Yo, disfrutaba tanto como él y estaba dispuesto a procurar que el momento fuera inolvidable.

Lo encaminé suavemente y lo llevé hasta el borde de la superficie del lavabo que, momentos antes, fuera testigo de nuestra desenfrenada pasión. Apoyó sus nalgas, y ambas manos, sobre la fría superficie mientras, yo, bajaba por su pecho, recorriendo con mi lengua cada centímetro de piel... Dejó escapar un gran suspiro cuando tomé suavemente entre mis labios y mordí suavemente sus tetillas... Cuando por fin llegué a la altura de su verga, dudé por un momento, no era algo que hubiera hecho antes, sin embargo, era tan bella, tan robusta, tan llena de vida... Vibraba al ritmo de su corazón... Su cabeza era morado intenso y brillaba empapada en su propia secreción... Acerqué, primero, mi nariz entre sus piernas y pude sentir ése olor que me subyuga desde entonces... Pasé mi lengua entre sus dos muslos y por debajo del saco de su testículos; subí por el tronco hasta llegar a la cabeza que, para entonces, literalmente, chorreaba... Me metí entre los labios aquel trozo de carne y por primera vez sentí, en mi boca, el verdadero sabor de un hombre...

Me tomó suavemente por los cabellos, revolviendo y destruyendo el estructurado peinado que llevaba momentos antes y que, cuya pérdida, pensaba, iba a ser difícil de explicar... Llevé su grueso falo tan abajo como pude y sentí arcadas por un momento, sin embargo, era tan placentero sentirlo dentro de mí, de ésta nueva manera, que puedo decir que disfruté de cada centímetro que se hundió en mi garganta... De improviso se retiró y me pidió que parara, que si no, se iba a venir ahí mismo y que no deseba hacerlo; que deseaba tener bien clavada, mi verga, en su ano cuando eso sucediera...

Empuñó mi miembro con una mano y, con la otra, tomó otro condón de la gaveta y el tubo de lubricante y, sin soltarme, me llevo al interior de la recámara.

Se tendió sobre su amplia cama, boca arriba, con las piernas separadas y extendió sus brazos hacia mí. Me arrojé sobre él y comencé a besarlo con pasión desbordante... Besé su robusto cuello, sentí su áspera piel oscurecida por la incipiente barba y murmuré naderías en su oído... Cuando introduje mi lengua en el pabellón de su oreja, todo él se estremeció y casi clavó sus uñas, como gatito mimoso, en mi piel... Supe que había encontrado una de sus "debilidades"... Esta acción lo enloqueció y comenzó a pedir, casi a gritos, que lo poseyera:

Hazme tuyo, "campeón", yaaa... – decía –

Yo, aún tenía reservadas algunas sorpresas; cosas que deseaba llevar a cabo con éste macho. No podía desaprovechar una oportunidad como ésta, que no sabía en cuanto tiempo se podría volver a presentar.

Lo hice darse vuelta y me senté a horcajadas sobre su cadera, con mi pene alojado entre los músculos que dividían su espalda, y empecé a darle un masaje a su tenso cuello y hombros... Nuevamente, dejó escapar unos gemidos suaves y prolongados, entonces, me recosté plenamente sobre Don Rolando y, de nueva cuenta, estimulé la zona erógena de sus orejas con mi lengua; gimió y se estremeció fuertemente. Mi miembro estaba lubricando como nunca, punzando su ano, entre sus abundantes nalgas.

Yaaaaa... Por favor... Yaaaa... No me hagas esto, "campeón"... He esperado tanto por esto... No lo merezco...

Casi me sentí culpable por el tono suplicante en sus palabras, así que giré su cabeza para alcanzar su boca con mis labios y mi lengua; él, giró violentamente para ponerse boca arriba y me rodeó con sus brazos y sus piernas... Alcanzó el condón y el tubo de lubricante y sólo me soltó para que pudiera incorporarme y colocarme el delgado preservativo. Lo lubricó con sus manos e hizo lo mismo con su culo. Echó sus piernas sobre mis hombros y con una seña me pidió que empujara directamente dentro de él... Cerraba los ojos y apretaba la mandíbula mientras me deslizaba dentro del apretado culito; gemía y resoplaba pero me pidió que no me detuviera. Finalmente, estuve completamente en sus entrañas... No puedo describir el inmenso placer que me provocaba "sentirme uno" con aquel macho maduro, con mi verga aprisionada y masajeada en su cavidad tibia y suave.

Rolando, rompió el silencio diciendo:

¿Aún sigues pensando que no soy servicial? – y sonrió jovialmente -

No tengo la menor queja – respondí –

Sírvete, cabrón, soy todo tuyo ahora...

¿Ya estás mejor? – pregunté, refiriéndome a la inicial m*****ia –

No he estado mejor en los últimos diez años – contestó, cerrando los ojos – ¡Cógeme, no tengas miedo!

Como respuesta, comenzé a bombear mi miembro, como un loco, dentro y fuera de su apretado esfínter. Él, mantenía los ojos cerrados y esbozaba una sonrisa enigmática, acompañada de gemidos profundos y prolongados... No dudo que, el hombre, lo estaba disfrutando...

Esa primera vez, no pude aguantar mucho tiempo antes de disparar mi descarga en su interior... Estaba tan excitado... Cuando Don Rolando advirtió que, yo, estaba cerca de terminar, empuño su verga y comenzó a frotarla y a gritar con tal desquicio que tuve que tapar su boca con mi mano para evitar que, aún sobre la música de Paula Abdul, alguien pudiera escucharnos y pensar que atentaba contra su vida... Su eyaculación fue tan abundante como no he visto igual... El tipo estaba sobradísimo... Llegó al orgasmo antes que yo y, la contemplación de todo esto, me hizo alcanzarlo, también, de inmediato... Me agaché para alcanzar su boca y me costó trabajo hacerlo con sus enormes piernas y amplio pecho de por medio pero, cuando al fin lo logramos, nos enlazamos por varios minutos; hasta que nuestros cuerpos recobraron el aliento y las erecciones comenzaron a relajarse...

Después de eso, platicamos un buen rato, tomados de las manos... Me aclaró muchas cosas de su vida y suplicó por mi cariño, respeto y comprensión.

Después volví a la fiesta y, ni el mismo Ricardo, notó mi prolongada ausencia o mi cabello desaliñado. Pasé el resto de la noche conversando cordialmente con Don Rolando, en medio de todos mis compañeros de escuela, antes que nos perdiéramos nuevamente para disfrutar de nuestra recién ganada complicidad.

Debo decirles que no fue lo único que hice con Rolando pues, aún cuando el destino separó los caminos de su hijo Ricardo y el mío, años después; Rolando sigue siendo mi amante, amigo fiel y confidente...
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Posted by renovatio111 7 months ago  |  Categories: Gay Male, Mature  |  Views: 974  |  
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Marco, el amigo de mi papa - Parte III

Mucho tiempo había pasado desde mi encuentro con mi entrenador en la duchas. Desde aquel momento muchas cosas en m vida había cambiado. Mis padres se había separado. Yo me quede a vivir con mi padre en la misma casa y mi madre se mudo a un pueblo a unos 400 kilometro de la ciudad, allí donde vivía una de sus hermanas. El motivo de la separación me era desconocido, pero estaba seguro que la preferencia de mi padre por las pollas a la hora del sexo tenía algo que ver en todo.

La vida en casa se había vuelto muy tranquila. El vínculo con mi padre se fortaleció desde entonces, charlábamos seguidos, y no solo sobre banalidades, sino sobre nuestras vidas. Compartimos mas viajes de pesca y actividades de las que jamás hubiésemos hecho juntos. Eso si, nunca apareció el tema de su encuentro sexual con Marcos, ni el mío con Oscar, ambos eran secretos bien guardados que jamás expondría.

Durante una cena, mi padre me dijo:
"Esteban, Marcos tiene vacaciones en el ejército y va a venir a pasarlo aquí. Se va a quedar a vivir en la casa por unos días. Espero que no m*****e. Ya veremos donde lo acomodamos para dormir, pero estoy seguro que no será ningún problema".

"Claro que no padre, no es ningún problema. Podemos organizar un viaje de pesca los tres, que te parece?"- le respondí.

"Es una excelente idea hijo, ya veremos cuando llegue. Me hablo esta tarde y me dijo que mañana por la tarde estará llegando" - dijo mi padre.


La cena continuo como de costumbre. Con la excusa que debía estudiar para el otro día me levante de la mesa, cogí mi plato, lo lleve hasta la cocina, salude a mi padre y me fui hasta mi cuarto. Apenas mi cuerpo había cruzado por completo la puerta, la cerré y lleve mi mamo a el bulto de mi pantalón. Al momento que mi padre nombro a Marcos, el recuerdo de su cuerpo y el de mi padre comenzó a circular por mi cabeza. La sola idea de que viviría con nosotros unos días, se bañaría en nuestro baño y dormiría con nosotros me éxito tanto que tuve que contenerme para no tocarme mientras estaba sentado a la mesa con mi padre. Una vez en mi cuarto, nada me lo podía impedir. Metí la mano por dentro de los pantalones y de la ropa interior y comencé a acariciarme la polla. Me dirigí a la cama. Una vez acostado, me quite lo pantalones y con mi miembro libre comencé a masturbarme, tratando de no gemir para que mi padre que estaba viendo la televisión no me escuchara. Pensando en Marcos y en Oscar acabe sobre mi mano, de manera de que pudiera tragarme todo el semen. Desde que había probado el semen de Oscar, tragarme mi propia eyaculación era algo que hacia normalmente.

Al día siguiente, tal y como me había dicho mi padre, Marco llego a nuestra casa. Apenas acababa de llegar del entrenamiento cuando estaba a punto de abrir la puerta de mi casa y se apareció por detrás.

"Esteban"- grito para lo pudiera oír - "Como has estado todo este tiempo".
A medida que hablaba se acercaba mas a mi. Una vez junto a mi, me abrazo fuertemente, me dio unas palmadas de afecto en la espalda y se alejo.

"Se ve que viene de entrenar, tu padre me ha dicho que eres uno de los mejores del equipo"

"Oscar, que gusto verte. Mi Padre habla demasiado bien sobre mi, no deberías creerle todo lo que dice"- le respondí sonriendo.

Con una sonrisa en su rostro me dijo: "Vamos, entremos a la casa, tu padre nos estaré esperando. Yo necesito descansar por el viaje, y tu una ducha. Vaya que si hueles a hombre, jajaja, es un olor muy común dentro de la barracas del ejercito" -termino su comentario con una sonrisa y palmandome la espalda nuevamente.

"Si huelen tanto como lo hace el vestuario luego de nuestro entrenamientos, la verdad no es algo que quiera oler, jajaj"- continúe riendo.


Apenas entramos, mi padre se levanto del sillón y fue abrazar fuertemente a Marcos. Este le respondió el abrazo con aun más fuerza. No espere ni un momento y me fui al baño, necesitaba ducharme. Aquel día, el complejo no tenia agua, y las duchas no funcionaban, así que cada uno de nosotros había tenía que irse todos sudados y olorosos por la actividad para bañarnos en nuestras casas.
Una vez limpio, me dirigí a mi cuarto y me dispuse a ponerme ropa limpia.

Mientras me estaba cambiando, note que me había dejado los calzoncillos en el baño, seguro se me había caído de la mano mientras salía. Así que me dispuse a recogerlos. El envión me hizo olvidar de golpear la puerta entes de entrar y lo que vi dentro fue un tanto embarazoso. No había notado que alguien había entrado al baño, pero allí estaba Marcos. Parado frente al retrete, sosteniendo su gran polla con una mano, apuntando el chorro de pis, y con la otra sostenía mi calzoncillo, hundido en su nariz mientras aspiraba fuertemente.

Al verme entrar se sorprendió, se alejo mi prenda de su cara tan rápido como yo corría la vista de la escena que allí estaba sucediendo. Yo estaba absolutamente incomodo por lo que había visto, y el, tan lleno de vergüenza que ninguno de los dos pudo decir palabra alguna. No espere ni un instante y me fui de allí, directo hacia mi cuarto. Cerré los ojos y allí estaba, su hermosa polla gorda, sostenida por su mano.

Pasaron las horas hasta que mi padre apareció en mi cuarto.

"Hijo, me había olvidado, pero hoy tengo una cena con los compañeros de trabajo, así que te quedaras solo con Marcos. Ya le he avisado, me ha dicho que pediría unas pizzas si era de tu agrado"

"Gracias padre, pero salgo con mis amigos, no como aquí"- le respondí.


Y así fue. Tenía un gran deseo de estar con Marcos, pero no podía. Era el mejor amigo de mi padre y en mi casa. No por lo menos esa noche. Debía pensar bien lo que quería. Cuando se hizo la hora me vestí, y me fui a la caso de un amigo, a solo un par de cuadras.

La noche transcurría tranquila. Mis amigos decidieron salir a dar una vuelta por algún bar de la ciudad. No tenía nada de plata, así que le dije que iría a m casa, buscaría algo y regresaría. Camine las dos cuadras, bajo el cielo estrellado, hasta que llegue a mi casa. Era tarde, no esperaba encontrar a nadie. Mi padre seguro aun no había vuelto, cuando salía con sus amigos, había veces que volvía recién a la mañana del otro día, y seguro que Marcos estaría durmiendo. Así que decidí entrar lo más silencioso posible

Pero una vez dentro, nada fue como lo imagine. Una luz suave venia del pasillo. No sabía de que habitación, desde donde estaba no podía adivinarlo. Me fui acercando despacio. Y allí comencé a escuchar. Alguien gemía, "Ahhhhh!!!!, Ahhhhh!!!!", se escuchaba, "Si!!!!!!". Los gemidos eran de placer, y la vos era inconfundiblemente la de Marcos. Estaría solo?, o con una mujer?, sería un hombre el que le estaría dando placer? Acaso podría ser mi padre? Pero a medida que me acercaba y los gemidos se hacían cada vez más fuerte podía notar que nadie mas estaba allí, por lo menos no se escuchaba a nadie más.

"Debe estar masturbándose" - pensé. Una vez en el pasillo pude ver de dónde venía la luz. Era de mi cuarto. Marcos estaba masturbándose en mi cuarto. De pronto los gemidos se detuvieron. "Me habrá escudo? -me pregunte. Pero cada tanto volvía a gritar de placer. Mi cuerpo comenzó a reacción y una presión cada vez mayor comenzó a azotar mi entrepierna, mi polla me pedía libertad.

Lentamente me acerque hasta la puerta entreabierta de mi cuarto. Sigilosamente me asome para ver lo que estaba pasando allí adentro. Un semental peludo, totalmente desnudo estaba acostado en mi cama. Con las dos piernas levantadas y separadas movía con una de sus manos, hacia adelante y atrás y giraba hacia un lado y hacia otro dentro de su culo algo negro que supuse se trataría de un consolador. Mientras que con la otra sostenía mi calzoncillo que cada tanto se lo llevada a la cara. Sus gemidos se detenían solo para aspirar el olor a mis bolas que desprendía mis calzoncillos que había usado durante el entrenamiento de esa tarde.


La escena era totalmente tentadora. No podía perderme la oportunidad. Esta vez no me quedaría mirando. Así que saque el teléfono celular de mi bolsillo y le escribí a mis amigos. Les dije que me perdonaran, que mi padre había vuelta de la cena en muy mal estado y que me iba a quedar con él. Al instante que el mensaje se envió, apague el dispositivo, no quería que nada me interrumpiera. Volví a mirar a Marcos. Seguía autosatisfaciendo su placer sobre mi cama.

Pensé la mejor forma de entrar a mi cuarto, frases ingeniosas para decirle. Quería causarle una buena impresión. Así que decidí entrar desnudo y mostrarla mi polla parada, para que se diera cuenta lo excitado que estaba por tenerlo desnudo, penetrándose con un consolador sobre mi cama. Casi sin hacer ruido, me quite toda mi ropa, toma fuerzas y abrí con fuerza la puerta de mi cuarto.

Se sobresalto tanto al ver allí que se levanto rápidamente de la cama así como estaba, tiro mi calzoncillo y no tuvo ni tiempo para quitarse el dilo de su culo. Su polla me apuntaba y se me hacia agua la boca. Sus pezones brillaban por el sudor que recorría todo su torso denudo. Estaba agitado por tanto placer que sentía. Me miraba intensamente. Sus ojos escanearon cada rincón de mi cuerpo hasta terminar en mi polla y mis huevos allí colgando.

"Huelen rico mis huevos? - le pregunte.

"Esteban no deberías estar en casa, y menos me deberías haber visto. Hace cuanto que espías??"- se apresuro a decir.

"Los suficiente para saber que te estás penetrando con un consolador mientras hueles mis calzoncillos y gimes de placer, supongo, pensando que eso de plástico que tiene dentro es mi polla. Aquí la tiene si es que la quieres"- le respondí mientras me agarraba la polla con una mano.


No hubo más preguntas, ni más acusaciones. Los únicos sonidos que se escuchaban eran mis gemidos y los que salían cuando movía una y otra vez mi polla en su boca. Sabia chupar muy bien, lo hacía mejor de lo que lo había hecho Oscar. Cada tanto dejaba de chuparme la polla para meter su nariz entre mis huevos e inhalar fuertemente y los chupaba, se los introducía en su boca y los succionaba. Jugaba con ellos como si fueran dos sabroso caramelos. Yo no podía mas que gemir de placer.

Se levanto, me miro a los ojos y me beso rudamente. Pensé que me iba a arrancar la boca con sus labios. Introdujo su lengua dentro de mi boca y pude notar que quedaba en ella el gusto a mi propia polla. Se alejo de mi rostro. Con una mano abrió mi boca y escupió dentro. Seguimos besándonos, abrazados, tocándonos las pollas y los culos de vez en cuando. Le gustaba además escupirme en la cara lamer su escupida. El seguía teniendo en consolador dentro de su culo.

"Esteban, has penetrado alguna vez a un hombre?"- me pregunto Marcos.

"No, pero si he sido penetrado si te interesa saber"

"Tu padre sabe tu preferencia por los hombres"- volvió a inquirir

"No igual que yo no sabía hasta hace poco que a él también le gustaba la polla. Los vi, a vos a mi padre. Juntos, abrazándose desnudos, chupándose la polla y el culo, tragándose la eyaculación del otro"

Me agarro fuertemente por los hombros y me alejo

Que has dicho? Como que nos has visto?"- la vos denotaba algo de desesperación.
"Si había entrado al cuarto de mi padre instantes antes que ustedes aparecieran. Para que el no me viera que me había metido a escondidas me metí en el guardarropa y desde allí lo vi todo. No paro de pensar en tu polla ni en tu cuerpo maculoso y peludo desde entonces"

"Tu padre y yo somos grandes amigos. Es una forma de demostrarnos el amor."

"No tiene que explicarme nada. No me importan los gusto sexuales de mi padre, solo quiero tu polla y nada más que tu polla"- le dije casi gritando
"Esto se termino aquí Esteban. Olvida todo esto y ni una palabra a tu padre" -contesto Marcos serenamente


Comenzó a retirarse. Me dio la espalda, aquella perfecta espalda, no tan peluda como su torso, adornada por debajo por un increíble culo, perfectamente formado gracias a los exhaustivos entrenamientos, y entre sus cachetes se podía ver salir el consolador. Aun lo tenía dentro.

"Lo que tiene dentro puede transformarse en mi polla. Soy virgen, jamás he penetrado a nadie, ni hombre ni mujer, quiero que seas le primero" - le dije. Se detuvo. Me acerque despacio y comencé a acariciar su espalda, bajando lentamente hasta llegar a su culo. Me detuvo, se dio vuelta y me dirigió hacia mi cama. Se acostó, lentamente se saco el consolador. Una larga polla negra salía lentamente de su culo. Cuando termino me pregunto "Tiene preservativos?"

"Si, en el primer cajón"- y le señale la mesa contigua a la cama.

Tomo un paquete, lo abrió, se acerco a mí y delicadamente comenzó a masajear mi polla. Quería que estuviera bien dura para cuando me colocara el preservativo. El se encargo de ponérmelo y cuando termino se acomodo y me acerco a su cuerpo. El estaba acotado de espaldas sobre mi cama. Yo parado, tan cerca del el que podía ver cada bello de su hermoso cuerpo. Tomo mi polla y la dirigió hasta su culo y lentamente la comenzó a introducir. Una vez que la cabeza entubo dentro dijo:

"Ahora es tu turno. Quiero sentirte dentro. No te costara"

Así fue, comencé a penetrarlo, una y otra vez. Primero despacio y luego más fuerte. Toda mi polla y tan solo un pedazo. Trataba de recordar las cosas que hacían los hombres en los videos que veía por internet. Luego de que Oscar me penetrara, comencé a masturbarme viendo videos de hombres follando.

Durante todo el acto, el gemía, yo gemía. Se pellizcaba las tetillas mientras yo lo penetraba y le agarraba la polla con una mano. El gemía aun más. Cuando estuve a punto de terminar, saque mi polla de su culo, me saque el preservativo y comenze a pajearme. Eche toda mi leche sobre su torso. Si darle tiempo a nada, me subí sobre él y comenze a lamerlo, limpiándole todo mi semen y una vez que no hubo más rastro de mi leche, le bese apasionadamente. Ahora, el que introducía la lengua era yo. Sentía la humedad y un sabor amargo de su boca. El mientras tanto se masturbaba. Tomo mi cabeza por la nuca y me dirigió hacia su axila. No se había bañado en todo el día y olía extremadamente fuerte. Pero su olor a transpiración, olor a hombre, era altamente excitante. Le chupe las exilas hasta que comenzó a gemir y llevo mi cara cerca de su polla. La golpeaba contra mi cache con violencia, tanto que hasta me dolía. Allí acabo, toda su leche blanca fue a para a uno de los cahcetes de mi cara. También tenia semen sobre mis labios y podia sentirlo tibio.

Se acerco y me lamio. Una vez limpio de su eyaculación, nos tendimos abrazados sobre la cama. Uno contra otro, las piernas cruzadas, las pollas relajas tocándose entre sí. Los brazos unían nuestro cuerpo que se tocaban y compartían el sudor.

De repente se escucho un sonido. Mi padre había vuelto. Por suerte sufría los efectos del alcohol y en el tiempo que tarde en encontrar la llave, introducirla en el cerrojo de la puerta y entrar, Marcos se había ido hacia el baño y yo arreglaba todo el desorden que era mi cuarto. Mi padre ni se m*****o en ver si estaba y se dirigió rápidamente a su cuarto. Allí estaría esperándolo Marcos que lo ayudaría a vestirse para poder dormir. Mi padre había decidió que dormiría con él. Según decía eran los dos adultos y bien podían compartir una cama como amigos. Bien sabía que mi padre lo había decido para que por la noche estuviera al alcance de su mano la gran polla de Marcos.

Mientras ordenaba mi cuarto encontró el consolador que Marcos se había olvidado. Tome el calzoncillo que había olido con tantas ganas y lo use para limpiar a ese pene negro de plástico. Los guardaría, seguro que me serviría para otra ocasión.
Al otro día, me levante temprano para ir a la escuela. Estaba agotado por la noche anterior, pero era viernes y no podía faltar. Nadie estaba despierto. Mi padre no trabajaba los viernes, debía estar durmiendo abrazado junto a Marcos.
Cuando regrese del colegio, me encontré con mi padre.

"Hola hijo, que bueno que te encuentro. Ayer me encontré en el vas con tu entrenador, con Oscar. Viste que era amigo también de Marcos durante el servicio militar. Se alegro de saber que estaba en la ciudad. Le comente tu idea de ir a pescar y se ofreció en prestarnos su casa del lago el fin de semana. Así que si no tiene nada que hacer, vete a armar un bolso y cuando todo esté listo, partimos hoy mismo, así aprovechamos bien el tiempo".

Así lo hice. Amaba ir a pescar. Me encantaba compartir con mi padre, y la sola idea de que iríamos con Marcos termino de convencerme. Rápidamente comencé armar un bolso. Eran solo un par de días. Mientras revolvía en la ropa se me cayó al piso el consolador. Lo tome, le pase la lengua recordando que ello había estaba dentro del culo de Marco y lo volví a esconder. No lo necesaria, porque tendría la gran polla de Marcos cerca si es que la necesitaba. Sono el timbre.

"Hijo puede atender!"- grito mi padre desde el baño- "Marcos se fue a comprar provisiones para el viaje, no croe que sea él, fíjate quien es."

Abrí la puerta. La sorpresa de mi rostro debió se muy evidente.

"Hola Esteban, porque esa cara? Acaso te he asustado?"- Allí estaba mí entrenado, Oscar. Era un día de primavera sumamente caluroso, y Oscar había optado por unos pantalones cortos y una musculosa blanca ajustada que marcaba su cuerpo escultural, además de marcar sus pezones. La musculosa dejaba ver sus brazos perfectos y parte de su pecho peludo. En su mano llevaba un bolso.

"Acaso tu padre no te dijo nada del de fin de semana de pesca"-dijo Oscar mientras los hacía pasar a interior de mi casa.

"Si, pero no me dijo nada de que tu también irías, por ello me he sorprendido al verte"-le respondí.

Un vez que todo estuvo listo, subimos a la camioneta que conducía mi padre y partimos. Éramos cuatro. Mi padre. Oscar, mi entrenador, amigo de mi padre y el primer hombre que me había penetrado. Marcos, alto comandante del ejército, amigo de mi padre y el primer hombre al que había penetrado. Y yo. Los cuatro rumbo a un fin de semana que se convertiría en el suceso más importante hasta el día de hoy. Pero claro, lo que allí sucedió es otra historia.


…continuara…
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Posted by MartiJ 2 years ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 567  |  
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El socio de papá me volvió su mujer

Tenia diez años cuando un socio de mi papa me cogio por primera vez en mi vida, ahí fue cuando me defini como putito que todavía soy,
El socio de mi papa solia frecuentar mi casa , nosotros viviamos en Brasil, pero mi papa hacia asados e invitaba gente muy seguido,a mi me gustaba mucho el, no podia evitar mirarlo, debo decir que con el sentimiento que sentia hacia el descubri que me gustaban los hombres, cuando Lo veia y se me acercaba me palpitaba el corazon, era un macho infernal, muy brasilero, robusto moreno, alto, con pelos en el pecho y brazos, fuerte, un poquito panzon pero eso lo hacia mas sexy, siempre hacia comentarios un poco subidos de tono, y le gustaba mucho la cerveza, tendria en ese momento unos 30 años, un dia de reunion en mi casa, estaban todos disfrutando una comida en el quincho, el ya habia tomado bastante cerveza y fue al baño, mi habitación esta cerca y yo deliraba de deseos espiandolo desde la ventana que da al quincho, entra al baño a hacer pis, larga un chorro fuerte que me volvia loco, dejando la puerta abierta, me acerco al pasillo y lo veo directamente de espalada, me quedo hecho una estatua, de repente se da vuelta y me ve, sonrie lascivamente y se da vuelta del todo mientras se sacude la pija, siempre mirandome me dice despacito si me gustaba, yo me quede mudo mirando, el vuelve a decirme que sabe muy bien que me gusta, y que un dia la iba a probar, se cierra la bragueta y se va, cuando pasa cerca mio me toca la cola y me dice susurrandome “putito”, yo quede totalmente asustado y ese susto con los dias y la reproducción de la imagen en mi cabeza se transformo en fiebre de exitacion, pasan los dias y vuelve a visitar a mi familia, para esta altura a mi el corazon se me salia de la boca al verlo, el se dio cuenta y me guiño un ojo, eso me mato.
Dijo que iba a comprar una cervezas al mercado, mi papa estaba haciendo el fuego para un asado y Braulio me pregunto si queria acompañarlo en el auto, yo muy nervioso acepte, ya en el auto, y a mitad de camino, me dijo si me gustaba la pija, yo me quede mudo, me volvio a decir
-Yo se que te gusta la pija putito- ya me di cuenta hace rato- todavía no probaste ninguna??- sin darme cuenta de que estaba aceptando la situación- le dije que no, que no habia probado nunca,yo temblaba- me dijo si queria probarla, mientras manejaba se agarraba el bulto y me miraba, me di cuenta que se le estaba parando y yo no podia despegar la vista de su bragueta, se desvio del camino y estaciono cerca de una playa, medio escondido entre unos matorrales, y se abrio la brageta, me dijo que se la tocara, era enorme!! Nunca habia visto todavía un pene adulto erecto, la toque temblando e inseguro, y el decia muy bien, viste que linda que es? Yo le dije si, y me dijo que le diera un besito, entonces, me arme de coraje y le di un beso, en la cabeza color rosada, era una pija hermosa,muy cabezona y dura, cuando me agache a darle un beso, el me sostuvo la cabeza fuerte y me dijo que se la chupara, como se chupa un chupetin, y yo apenas podia meter su cabeza en mi boca que arqueaba, y lagrimeaba, me dijo que se la agarre con la mano y me enseño como sacudirsela, mientras me mantenia con fuerza la cabeza cerca de su pija, me decia que se la sacuda fuerte y le chupe la cabeza, yo estaba como loco y me gustaba y daba miedo a la vez- el me decia cosas, que era un putito muy lindo y que el me iba a hacer nena como yo hubiera querido siempre, yo empeze a entusiasmarme y chuparla con mas confianza, hasta que me di cuenta de que de su pene salia un liquido caliente y con un sabor extraño, el me empezo a sostener fuerte y casi gritando me dijo que me lo tragara todo, entonces yo me estaba ahogando y no tenia otra opcion que tragar esa leche… el grito fuerte, y su pene comenzo a aflojarse, se lo guardo rapido y me dijo que lo habia hecho muy bien, que le gusto mucho, que ahora ibamos a comprar unas cervezas y que ese era un secreto entre los dos, si yo no decia nada el nunca les iba a contar a mis papas que era un putito y que la proxima vez me iba a comer la cola y hacerme nena del todo, me gustaba como me hablaba, fuimos a comprar las cervezas y cuando llegamos mi papa ni siquiera pregunto por que habiamos tardado un poco mas, me fui a mi habitación totalmente hipnotizado y enamorado.
Me encanto como me domino y me trato, estaba seguro de lo que sentia y me gustaba mucho, comenze a fantasear cuando iba a ser la proxima vez que nos vieramos.
Al rato, entra al baño a orinar, después de unas cervezas, me acerco , y lo veo de nuevo, de espaldas meando
-se da vuelta,me ve y sonrie –me dice- te quedo gustando eh?
Entonces me llama despacito, me acerco y me la muestra mientras mea- me dice –es tuya, toda tuya cuando la quieras- sacudimela!!-entonces me agarra la mano y ma hace sacudirsela- se cierra el cierre y se va riendose.
Pasan unas semanas sin que se presente la situación de estar solos, hasta que un dia mi papa debe viajar y quiere hacerlo con mi mama, el se ofrece a que me quede con el diciendoles que nos ibamos a divertir, me queria como a su hijo, y que no se hicieran problemas, entonces mis padres se fueron por un par de dias, y lo dejaron a el cuidando nuestra casa y a mi, yo estaba muy asustado, y exitado a la vez, en cuanto se fueron me miro y me dijo que habia llegado mi turno de hacerme nena.
No espero mucho, entramos a la casa, prendio el televisor y se abrio una cerveza, yo mientras estaba e mi habitación, muy nervioso, hasta que me llama, habian pasado unas horas desde que mis padres se habian ido, el los llamo por telefono y se aseguro de que ya estaban bien lejos en el camino, entonces me llama, me dice- putito veni, veni!!
Veni no tengas miedo, sentado en su sillon, me acerco, me agarra fuerte de la cintura y me sienta en su rodilla, me da un beso muy fuerte y me toca la cola con fuerza, me da vuelta violentamente y me baja el short y los calzoncillos, me pega una palmada fuerte en la cola y le da un beso, yo estaba muy nervioso,me dice que esos dias no usara calzoncillos, que me pusiera una bombacha de mi mama, va hasta la habitación de mis padres y me trae una bombacha y una camisola de mi mama, mi mama es chiquitita de cuerpo asi que me quedaba justo en mi cuerpo lampiño, me mira y me dice que estos dias me iba a ser muy feliz , me iba a transformar en su mujer, entonces se saca la pija ya dura y me dice que me acerque y se la chupe, lo hice, me enseño a hacerlo de diferentes formas, el empezo a mirar un partido de futbol y tomaba su cerveza, mientras yo estaba arrodillado mamandosela-me enseño a hacerlo muy bien- tambien queria que les chupe las bolas y lo pajeara…. Al rato me agarra a upa- me pega un chirlo en la cola y me lleva como una bolsa de papas a la cama de mis papas- ahí-me baja violentamente la bombacha que tenia puesta y me empieza a besar la cola, me mete la lengua en el agujerito y después un dedo, me duele un poco, me dice que ya viene y va hasta el baño, trae una crema, me empieza a meter un dedo y moverlo, yo estaba muy tenso, me pide que me relajara, pasa un rato y siento que mi cola se estaba acostumbrando a esa invasión de sus dedos, entonces me pone unos almohadones bajo la cintura y me acuesta boca abajo, me da un tremendo beso en la cola, me mete un poco la lengua y luego siento algo enorme tratando de meterse en mi cola, sabia que ya no eran sus dedos, me asuste por que senti que me iba a romper la cola, le dije que me dolia, y el me dijo que esta bien, que era normal, que después me iba a gustar mucho, le dije que parara, pero me agarro con mucha fuerza y me la fue poniendo, me dolia horrores y grite un poco, entonces me tapo la boca con una mano, acerco su cara a mi nuca y me dijo que me quedara quieto, que ya era tarde para arrepentirme, que me iba a comer la cola y me iba a hacer bien putito…..me la fue metiendo despacio pero sin piedad, yo crei que no terminaba mas de entrarme, sentia que mi interior estaba invadido por su pija y ahí me di cuenta lo grande que era, hasta que senti su panza tocarme la espalda y paro de entrar, senti su calor, sus jadeos y todo el peso de su cuerpo, me saco la mano de la boca y empezo a salir, senti cierto alivio, pero inmediatamente la volvio a meter, nunca me imagine que iba a ser asi, me dolia pero disfrutaba de esa dominacion, empezo a entrar y salir suavemente y me dijo que me relajara, todavía me dolia pero ya sentia cierto alivio, se puso mas crema en las manos y la paso por el borde de mi ojete recontraabierto, senti mas alivio y me empezo a bombear rítmicamente, me agarro de la cintura y me puso perrito en la cama, me dijo que era una nena muy bonita y que me iba a llenar con el, me iba a hacer crecer las tetitas, yo ya no gritaba, comeze a gemir y veia en el espejo de la habitación, ya mas exitado que asustado como me estaba montando, me miraba a travez del espejo y me decia que era un putito muy lindo, estaba transpirando, y sentia sus gotas de sudor caerme en la espalda, me pegaba palmadas suaves en la cola y me preguntaba si le gustaba, yo le decia que si, en un momento me pregunta que sentia por el y yo entrecorada la voz le dije que estaba enamorado, entonces empezo a bombearme mas fuerte, de repente se salio de adentro mio, fue al baño, abrio la canilla y yo escuchaba que se estaba lavando, vino con la verga mojada, se la habia lavado, me dijo que ahora se la chupara un ratito por que estaba un poco cansado y se queria recuperar, empeze a chuparsela, sentia un dolor extraño en la cola, como si estubiera vacia, como si el dolor fuera la falta de su verga dentro mio, se la mame todo lo bien que imaginaba hacerlo, me decia,las bolitas, las bolitas, chupame las bolitas, me agarraba la mano empeze a chupar y a la vez pajearlo con el ritmo que el me marcaba, en un momento me dice que habia llegado la hora de tomar la leche,no entendi muy bien pero después me di cuenta que sentia en la boca de nuevo el liquido caliente, pero esta vez era mucha mas cantidad, me dijo que me lo tomara todo y le obedeci, me decia que me tomara todala lechita que el me daba asi me iban a crecer las tetitas y la cola y yo le iba a gustar mas, me tome todo, empezo a aflojar la presion ya que me estaba agarrando del pelo y lastimando un poco, se quedo tranquilo y me dijo que nos vayamos a bañar, me dijo que lo habia hecho muy bien que era casi una nena, pero que tenia que seguir cogiendome todo el fin de semana para transformarme, yo le creia, esos dias, cada vez que iba al baño a descargar la cerveza me llamaba para que yo se la sacara, sacudiera y guardara, que solo yo se la iba a tocar, me hizo lavarsela cada vez que me cogio, fueron tres dias increíbles, me dolia un poco la cola, y cuando hice caca me salio un poquito de sangre, pero el me dijo que me iba a acostumbrar, volvieron mis padres, dejamos la casa sin ningun rastro de lo ocurrido, todo volvio a la normalidad ,durante unos años, fue el unico que me siguió cojiendo, ya habiamos descubierto excusas para encontrarnos y nunca mis padres sospecharon, desde esa vez, ya que habia tenido éxito el cuidado de su hijito por el amigo de la familia, se mal acostumbraron y me dejaban seguido con el, en nuestra casa o la de el, me enamore totalmente de el.
Hasta que a los doce años, un dia, que estabamos en su casa, me dijo que iba invitar a unos amigos de el, y si queria quedarme con ellos mientras miraban un partido de futbol en la tele para servirles cerveza y hacer una comida, le dije que si, entonces veo que llama por telefono como a cuatro amigos, me da una ropa de mucama color rosada y con la pollerita bien corta, y me dice que me la ponga, y que carge la heladera de cervezas, y que prepare algo para picar que estaban por venir sus amigos y querria que los trate muy bien, no entendi muy bien, pero empeze a sospechar cuando mientras preparaba una picada me dijo que no comiera mucho, ya que hoy iba a tomar mucha leche….. no entendi, me parecio que no podia chuparsela por que iba a venir gente…. Como entonces iba a tomar mucha leche….ademas, vestirme con esa ropa delante de sus amigos…..no se si me animaba, me dijo que estaban por venir, que me cambiara rapido, le dije que no se si queria que tenia miedo, me agarro la cara muy fuerte y me dijo- mira putito- vas a hacer lo que yo te diga, tenes que hacerte mas putito si no no me vas a gustar mas entendes!! Me asuste cuando dijo que no le iba a gustar mas, me fui temblando a cambiar, estaba muy asustado, me cambie y espere, me dijo que cuando suene el timbre vaya a atender, y se puso a mirar tele, pasaron veinte minutos y sono el timbre, el corazon se me salia por la boca, me miro muy duramente y me dijo que abriera carajo!!
Abro la puerta y los veo entrar, eran cuatro hombres dos muy negros y grandotes de unos 30 años mas o menos y los otros dos morenos, tambien grandes, uno de ellos en especial media como dos metros!! Me miraron lascivamente y se rieron entre ellos, entonces Braulio los invita a pasar y se sientan con el a mirar el partido, me quede en la cocina asustado, vestido asi estaba muy avergonzado, entonces Braulio me llama y pide que lleve una cervezas, llego al living y todos me miraban riendose entre ellos , empieza el partido y empiezan a tomar cervezas, cada vez que Braulio me llamaba les llevaba mas cerveza, paso delante de uno de ellos, me toca la cola y se rien todos, Braulio me mira y me dice…..preparate, que después del partido nos vas a dar de comer a todos…..y te vas a comer la de todos….. todos se rieron y yo estaba muy nervioso, pero a la vez habia cierta exitacion nueva que comenzaba a invadirme mientras temblaba de la cabeza a los pies…. Pero esa es otra historia…..... Continue»
Posted by samy15 9 months ago  |  Categories: Anal, Gay Male, Taboo  |  Views: 1733  |  
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Las aventuras de Sofi

Hola a todos, mi nombre es Sofía, lo que estoy por relatarles me sucedió hace unos años, en ese momento tenía 18 años.
Soy de contextura física pequeña, debo medir un metro con sesenta cuanto mucho, no tengo mucho de busto apenas un 86, no me quejo ya que lo compenso con una colita tipo pato, que se marca aun mas con unas caderas bien formadas y la cintura entrada, bien redondita y parada, creo que es mi mejor atributo, llevo el pelo largo hasta la mitad de la espalda, de color negro como mis ojos y si me considero una peticita linda, soy o era mejor dicho de carácter reservado no me dejaba llevar a menudo por mis emociones, en cuanto al sexo se refería era bastante pudorosa, Casi era tabú para mí, no tenía más de dos chicos de experiencia sin contar a Julián, no intenten taba nada mas allá de lo tradicional, oral sin final feliz, había intentado en dos oportunidades sexo anal, una por miedo y otra por dolor habían quedado frustradas.
Hacia poco mas de 6 meses que salía con Julián, era un lindo chico, no entrare en detalles de el ya que no hace al relato.
La familia de Julián estaba compuesta por una hermana mayor, Rocío, Julián que es el hijo del medio y el desastre de Rodrigo, cuando digo desastre es porque era la oveja negra de la familia, Rocío estudiaba derecho, Julián acababa de terminar la secundaria con excelentes calificaciones y estaba en primero de psicología, Rodri por su parte tenía 16 años, le importaba muy poco el estudio.
Era capaz de desaparecer fines de semanas enteros. todos los días llegaba cerca de media noche aun cuando cursaba por la mañana, sus padres ya no tenían forma de castigarlo, rogaban resignados que solo fuera una etapa, era de carácter reservado sus hermanos temía lidiar con el debido a terquedad que adornaba con un sarcasmo bastante hiriente, siempre decía mucho menos de lo que pasaba por su cabeza. No recuerdo haber charlado con el mas de 15 minutos nuca, lo que si en más de una oportunidad lo pille mirándome con ojos lujuriosos.
El era alto me llevaba por lo menos cabeza y media, de cabello corto un poco más largo arriba lo suficiente como para peinarse con gel siempre vestía con moda skater, ropas sueltas, asique no podía mas que imaginar si estaba en forma o no.
Mariana era su novia iban al mismo secundario, su carácter era totalmente opuesto siempre parecía reír de algún chiste privado, siempre atenta y capaz de entablar una conversación seria o totalmente descabellada por horas. Era apenas por media cabeza más alta que yo, cabello castaño oscuro casi a los hombros, su figura a pesar de su edad era de toda una mujer, pechos grandes y firmes, cintura marcada, con un abdomen plano, unas caderas bien pronunciadas seguidas por unas piernas bien torneadas las que le encantaba ensenar, no recuerdo nunca haberla visto de pantalón largo.
Estábamos terminando el mes de septiembre cuando un primo de ellos se casaba, por ende tanto Mariana como yo habíamos sido invitadas como novias oficiales, Rocío la mayor pasaba por un momento de soltería.
Pasaron por mi cerca de las 9 de la noche, salude a mi familia y Salí, en la puerta de casa me tope con Rodri, me sorprendí al instante,
-Pensé que iba a ser Julián quien viniera a buscarme.- dije al verlo
Rodri sonrió ampliamente al verme, por un momento pensé que su mirada ocultaba algo más.
- Buenas noches señorita.- dijo al instante mientras hacia algo parecido a una reverencia.-
- gracias, caballero, es raro verte de traje...- conteste al mismo tiempo que del interior del auto por la ventanilla de salió disparada Mariana a los gritos de.
- esta hermoso mi bebe- intentando tomarlo por el saco gris oscuro que llevaba.
- grrrrrrrrr- siguió mariana haciendo un gesto cual si fuera un gato
-Juli se muere si te ve así concu, estas preciosa.- acoto
en ese momento me invadió algo de mi estúpido pudor había pasado un rato largo pensando si el vestido que llevaba no era demasiado provocativo.
era de una sola pieza, sin breteles, ajustado al cuerpo, de falda larga casi a los tobillos con un tajo del lado izquierdo que comenzaba justo en el muslo, de color negro, con apenas unos pequeños detalles a los lados del tajo de la falda en rojo, me había recogido el pelo en un rodete, como hacia algo de frio sobre los hombros llevaba una chalina blanca y a la vez disimulaban pequeños pechos
Mariana por su parte llevaba un saco corto color negro con una camisa del mismo color, un corbatín rojo y luego vería que llevaba como era su costumbre una falda que terminaba a mitad de sus envidiables muslos.
Quien conducía era Rocío, ella llevaba un vestido color salmón, de diseño simple
Rodri subió de acompañante y me situé al lado de mi concuñada o "concu" como nos solíamos llamar.
El viaje hasta el salón no duro más de 20 minutos.
Una vez allí me encontré con Julián y sus padres me pidió disculpas por no ir a buscarme pero de último momento su primo, con el cual eran muy cercanos, le había pedido ayuda con una sorpresa para su nueva esposa.
Recorrimos rápidamente el salón que estaba adornado para la ocasión.
ya en la mesa comenzó el desfile clásico de conocidos de la familia, la tía Eda, el primo Carlos, los amigos de la infancia que hacía tiempo que no se veían, y un sin fin de conocidos para ellos y total desconocidos para nosotras dos
Comimos, charlamos, reímos y cuando todos ya se disponían a empezar a bailar casi de la nada apareció una morocha que sin mediar palabra abrazo por detrás a Julián, mordió su cuello sin que él ni yo pidiéramos siquiera decir palabra alguna, Julián se dio vuelta algo confundido la morocha lo abrazo gritando
-Juliiiii! tanto tiempo sin verte, que haces? que es de tu vida?.
- ahhhh Claudia... - dijo al tiempo que giraba su cabeza para mirarme.
La expresión de mi rostro desencajada mostraba seguramente algo que helo aun más a Julián sin saber qué hacer, si es que en algún momento tubo idea.
-Te presunto, Sofía mi novia...-
- si, un gusto- me dirigió una sonrisa protocolar, una mirada casi de asco y muy descaradamente comenzó a acomodarle la corbata
- te lo robo un momento- fue lo siguiente que me dijo mientras lo arrastraba hacia el centro del salón, me había quedado helada, gire sobre mis talones, volví a la mesa donde ya no había nadie tome mi bolso y salí al patio del salón.
Mi mente estaba a mil quería gritar de rabia, pero no quería hacer escándalos ya iba a cobrarme esta afrenta con tiempo. Se suponía que era una fiesta.
No se cuanto tiempo le di vueltas al asunto en mi cabeza, volví en mi luego de pisar la segunda colilla de cigarrillo, mire el cielo intentando acallar mis ideas, fue ahí cuando oí algo.
contemple el patio casi como por primera vez, ya que en el estado en que salí no veía nada, había un pequeño jardín delante mío, apenas unos metros más allá había un arco adornado por una enredadera de rosas, haciendo la entrada a un salón sin techo hacia los costados del arco, se extendían vallas de madera de unos dos metros de alto, estos también estaban cubiertas por el rosedal, que caían como si se tratara de una cortina por sobre esta, a mi espalda los grandes ventanales del salón estaban cubiertos, la única luz que salía del salón era por la puerta de vidrio doble por la cual había salido.
La luz se perdía antes de llegar al arco, mas allá solo se divisaban bultos que en mi mente intentaba encontrarle la forma de mesas y sillas.
Contuve la reparación intentando aislar los sonidos que llegaban del salón al patio.
Ahí estaba otra vez, parecía un gemido, respire profundo camine hacia un costado alejándome de la luz para que esta no proyectara sombra mientras me acercaba al arco.
Una tercera vez, pero esta fue acompañada de un - shhh-
me quede quieta, espere unos segundos y avanza intentando no hacer el mas mínimo ruido.
al llegar al arco peque mi espalda al seto, y asome medio rostro para mirar, me tomo unos segundos acostumbrar la vista a la penumbra, lo primero que vi fue a los lados de la valla unos bancos largos de madera sin respaldar, como los de las plazas, pero como dije más largos, en el ultimo que hacia esquina con la pared vi a alguien sentado en el banco frente a él otra persona arrodillada de manera tal que su cabeza quedaba en la entrepierna del que estaba sentado, movía su cabeza de manera rítmica hacia arriba y hacia abajo, se detenía bien abajo unos segundos y salía bruscamente, el que estaba sentado movía la cabeza de un lado a otro, bajaba la vista para ver las acciones de su compañera, desde donde estaba a unos metros, podía apenas distinguir la silueta de la acción, siguieron apenas unos minutos más, la persona que estaba sentada separo con ambas manos el rostro de su entrepierna, movieron sutilmente los labios, ella se levanto, pude notar que estaba con los pechos al aire, parecían grandes y bien formados, distinguí el miembro del hombre sentado por su sombra no parecía ser grueso, mas si largo, la cabeza sobresalía en proporción a resto de aquel largo tallo.
Ella parada frente a él se levanto la falda, el se acomodo al borde del banco, con movimientos muy felinos ella se acomodo sobre él, sus manos se perdieron en las sombras que su fundían entre los dos, hundió su rostro sobre el hombro de su compañero al tiempo que pasaba sus piernas cruzándolas en la espalda de él como si se sentara en posición de indio.
El había llevado una mano hasta las redondas nalgas de su amante mientras besaba su cuello, el ritmo de sus movimientos eran delicados, rítmicos.
Agudicé el oído, podía escuchar la respiración entrecortada de ambos, alcanzaba a escuchar el rose de sus ropas al ritmo de la penetración, no demore mucho en sentir el palpitar de mi propio sexo presa de la excitación.
deslice mi mano por debajo del vestido aprovechando el corte en la falda, con mi dedo índice recorrí por sobre la tanguita que llevaba para descubrí que tanto me había mojado, la humedad en mis labios vaginales presionados contra la suave tela de mi ropa interior, me produjo una sensación placentera, por sobre esta presioné ya con los dedos índice y medio intentando llegar a mi clítoris, hacia movimientos circulares, la otra mano la lleve a la boca por si inconscientemente culpa del placer dejaba escapar algún gemido que me delatara, sentía como poco a poco la diminuta porción de tela que cubría mi vagina se impregnaba de los jugos que de ella salían, comenzaba a m*****arme, tanto por lo incomodo que por la necesidad algo mas, algo caliente, duro, algo como lo que aquella sombra femenina disfrutaba en su interior, tire las costura a un lado dejando libre el orificio de mi fuente de placer, acomode la palma sobre mi clítoris de manera que pudiera hacer presión sobre el, presioné fuerte mi sexo e introduje sin problemas mi dedo del medio gracias a lo mojado que ya estaba mi vagina.
Mordí fuere el dedo índice de mi mano con la cual intenta no dejar salir los sonidos de mi placer. No era suficiente necesitaba más introduje un segundo dedo, moví mi mano hacia arriba y abajo, sentía la palma de mi mano mojada esto ayudaba a que mis movimientos fueran más suaves, aumente el ritmo, imaginando que era yo quien cabalgaba aquel miembro que había visto en sombras.
mi orgasmo no tardo en llegar, sentí los primeros espasmos en mi vientre que bajo casi al instante hasta a mi vagina, me obligo a contraer los músculos, mis piernas perdían fuerza, una gran cantidad de flujo me termino de empapar la mano que aun mantenía sobre mi vagina, experimentaba uno de los orgasmos más intensos que había tenido en mi vida, era la primera vez que sentía tan sensible mi cuerpo debido a las contracciones de aquel orgasmo, se me nublo la vista, mordí con más fuerza mi dedo para no gritar con los últimos coletazos de placer que me obligaron a dejarme caer de cuclillas.
Permanecí así unos momentos intentando recuperar el aire con los ojos cerrados, estaba aturdida, agotada aun podía sentir las últimas gotas de flujo que se escapaban por mis muslos.
Como si me pegaran una bofetada el silencio que había logrado en mi mente se rompió trayéndome de nuevo a la realidad.
-concu... - susurro Mariana - te gane, no es tan seria como parece- continuo levantando la vista a quien se había parado frente a mí.
Mariana tenia la camisa negra desprendida, podía verse parte de sus juveniles senos, la pollera arrugada, y en su tobillo enganchada una tanguita blanca, Rodri era quien estaba frente a mi parado, tenía el saco colgado al hombro, la camisa arremangada, su bragueta estaba abierta y podía ver su miembro acomodado hacia un lado dentro del pantalón, sobresalían algunos bellos negros rizados.
Ambos sonreían, como niños que miraban un juguete nuevo.
-¿te gusto vernos?, porque no te acercaste- miro hacia el banco en el cual habían estado, se inclino poniendo mano en mi mentón, gentilmente levanto mi rostro y beso apenas mi frente.
- nosotros no terminamos aun, si quieres venir...- y dejo la frase sin terminar.
Mariana tomo mi mano y paso su lengua por mis dedos que aun estaban mojados, los envolvió con sus labios cerrando los ojos como si saboreara algún néctar exquisito.
Rodri camino nuevamente a la oscuridad, saco su miembro dio media vuelta comenzando a caminar de espalda y como si le ofreciera un juguete a una mascota, empezó a masturbarse lentamente poniendo su miembro erecto nuevamente, mostrando con delicadeza cada detalle del proceso.
Mariana dejo caer mi mano, se puso de rodillas y avanzo gateando algunos pasos con la mirada clavada en el pene de Rodrigo.
-¿vienes a ver al menos?, si esta con Claudia no va a escapar por un buen rato...- comento Rodrigo
se sentó nuevamente en el banco mientras mariana engullía nuevamente su pene.
Julián estaba con ella, que haga lo que quiera, si total la primera idea era irme de aquella fiesta.
Me incorpore y camine hasta aquel banco donde estaban, subí una rodilla sobre el banco dejando solo un pie de apoyo deje caer el torso y apoye mi cabeza sobre el abdomen de él, que estaba con su torso hacia atrás apoyando las manos sobre el otro lado del banco, Mariana había vuelto a sentarse en piso con unas de sus manos jugaba con los grandes testículos que acompañaban el largo pene. sus labios se habían posicionado en la grande y colorada cabeza, de a momentos asomaba la punta de la lengua para recoger las pequeñas gotitas que salían de ella, el olor de sus jugos invadió mi nariz, sentí la necesidad detenerla en mi boca, lentamente acerque mi boca colocándola en la base del tronco, los bellos me hacían suaves caricias en la mejilla mientras mi boca saboreaba aquel delicioso y cálido miembro, sentía el palpitar de las venas, estuve unos minutos haciendo este trabajo, Mariana se había retirado dejando todo aquel largo pedazo de carne para mi, saboreé la cabeza, succione suavemente esperando sentir el jugo de ese miembro, nunca había experimentado tanto placer lamiendo, chupando, saboreando un pene, mi excitación se hizo sentir presente, sentía como poco a poco una pequeña gota se había escapado de mi vagina y rodaba traviesamente por la cara interna de mi muslo.
Cerré los ojos y seguí recorriendo aquel hermoso pene con mi boca.
Rodri no tardo en dejar mis pechos al aire, que con esa clase de vestido no llevaba corpiño, masajeo delicadamente mis pechos, pellizcaba mis pezones que estaban duros, paso sus dedos por mi mentón que estaban bañados en una mescla de saliva y su propio liquido pre seminal, volvió a pellizcar mis pezones, que por el frio y la excitación me provocaban una exquisita mescla de placer y dolor, gemía al son de sus pellizcos que quedaban ahogados ya que no quería quitar de mi boca aquel largo y delicioso pene.
Un agradable dolor punzante me recorrió la espina cuando Mariana mordió una de mis nalgas
- quería hacer eso hace tiempo.- dijo entre risitas
sentí el cálido aliento acercándose a mi vagina que había quedado expuesta por la posición en que estaba.
su lengua se dedico a juntar las pequeñas gotas de flujo que habían quedado de mi anterior orgasmo, sus dedos no tardaron en separar mis labios para que su lengua comenzara a dibujar líneas errantes sobre mi clítoris, la presión de sus dedos contra la entraba de mi orificio no hacía más que quisiera rogar que los introdujera en mi, por suerte no me hizo esperar primero uno y luego un segundo una vez adentro comenzó a separarlos y cerrarlos como si jugara con un elástico entre ellos, subió un poco su boca, sentí su lengua moviéndose muy cerca de mi ano, estaba extasiada, mordisqueo un cachete luego el otro sin dejar de jugar con sus dedos dentro de mí, paso varios dedos por su propia vagina retirándolos totalmente bañados en sus jugos.
Los poso de punta a escasos milímetros de mi ano y dejo caer una gota en el, jugo alrededor unos instantes y poco a poco comenzó a enterrarlo.
el orgasmo era inminente en mi temblaba como una hoja Mariana lamia mi clítoris, había algunos de sus dedos en mi vagina y otros en mi ano, Rodrigo me acariciaba los pezones y tenía su pene en mi boca, nunca en mi vida hasta ese momento había sentido tanto placer.
Mariana pareció darse cuenta que estaba por acabar, y bajo el ritmo de sus gloriosos movimientos hasta detenerse por completo, me tomo por la cintura y me coloco de espalda a Rodrigo, el me guio hasta que pude sentir como la cabeza de su pene se abría paso atreves de mi ya dilatada y lubricada vagina, Mariana me beso en la boca mientras esto pasaba introdujo su lengua y yo la dejaba hacer podía sentir mi propio sabor, el sabor de mi propia excitación.
me daba la sensación que ese largo pene me llegaba hasta el pecho, Mariana me acomodo las piernas de tal manera que quedaron separas y trabadas por las rodillas de él, exponiendo toda mi vagina ensartada por el pene de Rodri se acuclillo nuevamente y se sumergió a lamer mi clítoris hinchado nuevamente, alternaba entre mi vagina y el parte del pene de su novio que salía de a momentos, el orgasmo llego en minutos, otra vez mariana me beso para impedir que gritara su saliva, mi flujo y los jugos de Rodri hacían una mezcla deliciosa en mi boca, los aspamos fueron lo suficientemente fuertes como para que Rodri dejara escapar un leve gemido de dolor y placer cuando los músculos de mi sexo se contraían.
Mariana me beso intensamente unos minutos Rodri lentamente me levanto de su erguido pene dejándome descansar unos segundos, marina tomo con fuerza mis brazos Rodrigo movió la cadera lo suficiente para que su asta se situara en la puerta de mi ano que estaba empapado de los jugos del orgasmo que acababa de tener, me penetro lentamente sin detenerse, intente moverme pero estaba presa.
- shhh te va a gustar, aparte esa cola esta hecha para esto...
me susurro mariana.
Rodri tomo el turno para taparme la boca, ya no tenía fuerza para resistirme, me limite a morder sus dedos mientras me clavaba aquel largo pene.
Mariana volvió a bajar para lubricar cata tanto con su saliva la penetración pero era más el tiempo que pasaba lamiendo y recogiendo los jugos de mi inflamada vagina que en su otra tarea.
posara mi fue eternamente placentero sentirme penetrada de aquella manera, el placer que provenía de aquel dolor... mariana hundió su rostro contra mi vagina sentí la presión del aire salir de su boca tapando el grito que indicaba su orgasmo, casi simultaneo una última penetración en mi recto y la calidez de un liquido que me llenaba las entrañas al son de los espasmo de aquel pene, simplemente explote por tercera vez, el placer de aquel orgasmo que copaba cada parte de mi ser fue tan violento que mordí la mano de Rodrigo con tal fuerza que sentí la carne cediendo al filo de mis dientes el sabor metálico de la sangre se abría paso al sabor de nuestros sexos mezclados, contraje todo el cuerpo, cada oleada comprimía mas y mas el miembro que aun descargaba semen dentro mío sentía a cada contracción la reacción de Rodrigo que le provocaba mas placer en lo que duraba su descarga.
Nos quedamos inmóviles unos segundos intentando recuperar el aire, Mariana se sentó en el banco prendió un cigarrillo y dejo escapar un largo suspiro, me acomode del otro lado de Rodrigo intentando no ensuciar el vestido, el se levanto estiro sus piernas, movió la cabeza de un lado a otro hasta que su cuello emitió un sonido como si se hubiera roto.
- si no quieres terminar discutiendo con mi hermano, no toques el tema de Claudia...- suspiro - se conocen desde niños pero nunca paso nada y no creo que eso cambie, simplemente es algo que no va a pasar.- concluyo
Mariana me había dado unos pañuelos descartables para limpiar los restos de nuestras acciones.
- bueno mariana, vamos, ya hice acto de presencia acá.-
- nos vamos a los de unos amigos acá cerca, ¿quieres venir?- mariana sonreía mientras me preguntaba
Negué con la cabeza levemente, se acomodaron las ropas me beso la punta de la nariz mariana, y desaparecieron al girar en el arco.
Me quede unos quince minutos sentada en el banco fumando y pensando en lo que había sucedido.
Los pasos de julian sonaron a mi lado
-perdón...- se limito a decir - mierda, te hice llorar...- continuo mientras trataba de borrar suevamente mi maquillaje corrido de la mejilla.
- no importa, la verdad fui yo quien actuó mal, no quiero hablar de lo que paso- dije, sabía que el se refería a lo de Claudia que al final de cuentas era mucho menos grave que lo que había pasado en el banco en que estábamos sentados.
Pensaba en que lo mucho que había cambiado mi mente en esa noche, me había sorprendido de lo mucho que me gustaba el sexo, y apartar desde momento solo quería empezar a experimentar todo lo que pudiera, si dos adolecentes que realmente respetaban su edad podían arrancarme tremendos orgasmos haciendo sacudir mi mundo entero quería saber que tanto podía cambiar yo misma este, aparte pensando en frio no había tanta diferencia de edad y no tenía motivos para comportarme más adulta delo que mi edad me dictaba.
Iba a empezar a disfrutar todo. ... Continue»
Posted by pukka01 1 year ago  |  Categories: Anal, Group Sex  |  Views: 309  |  
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Primera vez en Halloween

Esta es la historia de mi primera vez que paso hace 9 años, tenia en ese tiempo 21 años de edad (algo mayor para la mayoría) empezare por describirme soy de la ciudad de Puebla,México,me llamo Eduardo, de tez blanca, cabello negro, mido 1.85, ojos grises (creo algo raros), bastante velludo de hecho hasta en la espalda y hombros tengo vello y ya ni se diga en las nalgas jaja, nalgón y una característica un poco común es q tengo bastante prepucio y me encanta (dicen que tengo mas de donde chupar jaja).

Todo empezó en la universidad poniéndonos de acuerdo para la fiesta de "Halloween" se acordó que todos llevarían disfraz y que cada quien llevaría una botella de alcohol, eramos como 30 personas ya se imaginaran la cantidad de alcohol q había,llego el día era un martes 31 de octubre eran las 8 de la noche llegue a la fiesta en el departamento de unos amigos en el 3° piso con mi "disfraz" que era ropa negra, una capa que me cubría todo el cuerpo y maquillaje.
cuando me di cuenta nadie llevaba disfraz así que fui el único disfrazado jaja.

Al pasar la noche y después de varios y varios vasos de "aguas locas"(combinación de distintos tipos de alcohol y agua de Jamaica instantánea) pues el calor en el cuerpo (o mas bien el alcohol) hacia de las suyas en todos o la mayoría, algunas parejas ya habían acaparado los cuartos, los que estábamos afuera seguíamos bebiendo y disfrutando de la música a todo volumen, bailando y riéndonos.

En eso me percato que un amigo de mi amigo estaba solo en el sillón de la sala y me decido a ir a brindar con el, el se llama Joel, de 1.70 de altura, cabello negro, ojos color miel, tez bronceada, velludo (pero no tanto como yo), cuerpo atlético algo marcado.
brindamos por la noche y por nosotros, en ese momento se me queda viendo a los ojos y de repente se acerca y me pregunta:
-te gustan los hombres?
--y le dije si.
-me la quieres mamar?
--le conteste que si.
-vamos a la azotea.
lo seguí después de rellenar mi vaso con mas "agua loca" para agarrar valor.

Ya arriba lo vi de espaldas y me percate que tenia un culo hermoso, redondo y muy firme, algo en mi salto y me subió mas las temperatura corporal a pesar del frío que hacia en el 5 piso acompañados de luna llena, me acerco y se voltea me agarra de la cabeza y hace que me ponga de rodillas, empieza a desabrochar su cinturón, abrirse el pantalón y bajarse el zipper, en eso veo un gran bulto que esta atrapado por la delgada tela de su bóxer ajustado de color azul cielo que combinaba muy bien con su tono de piel, y de repente veo como con una sola mano (por que con la otra tenia un vaso) saca ese gran trozo de carne de por lo menos 22 cm de largo y 15 cm de circunferencia con el glande brillante y lubricado apenas asomado tras su prepucio y unos huevos (testículos) grandes llenos de leche y bastante colgados.

Con esa misma mano, toma cara y me acerca a ese glorioso pedazo de carne y me dice empieza a mamarla, volteo a verlo a los ojos y le digo esta gigante y riquísima, el solo sonrió lascivamente, abrió mas mi boca, descubrió su glande y me introdujo su polla poco a poco para que fuera saboreando esa ambrosía, su liquido preeyaculatorio que no dejaba de emanar por el orificio del glande, tenia un sabor dulce y ácido a la vez casi como el néctar de alguna fruta y un poco espeso como una gelatina tibia que esta derritiéndose.
yo casi poseso, disfrutando la verga, abro mis ojos y veo que tiene la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, boca abierta y jadeando de placer.

En ese momento escuchamos pasos que subían hacia nosotros, el me levanto y se metió la polla al pantalón y no le dio tiempo de cerrar su cinturón, y yo me limpiaba los labios cuando llega una amiga y me dice con cara de asombro: te estaba buscando, bueno ya se donde estas, nos vemos la rato.

Se fue mi amiga y el rápidamente volvió a sacarse el pene bastante húmedo por mi saliva y su precum, me empezó a coger la boca delicioso, en eso detiene la magistral mamada que le estaba haciendo me toma de la barbilla me acerca a su boca y saborea mi saliva combinada con su liquido preeyaculatorio, da un pequeño gemido y me dice al oído:
-que te gusta mas que te la metan o meterla?
le conteste:
--me da igual como tu quieras.
en eso me agarra la polla erecta que aun estaba dentro de mi pantalón, siente el calor de mi bulto, siente mis huevos y todo el largo de mi verga, masajeando la cabeza dentro de mi prepucio lleno de precum y pasa su mano a mis nalgas, sintiendo el calor que emana entre mis dos grandes nalgas y me dice:
-mejor quiero hacerte mio.

Abre mi pantalón y pasa su lengua por sus labios y mete sus dedos entre mis nalgas para sentir mi culo virgen y lleno de pliegues, sentí la gloria cuando paso cada uno de sus dedos tratando de penetrar el umbral de placer de todo hombre.

En ese momento escuchamos algunos ruidos y vimos que un vecino estaba escuchando los gemidos que hacíamos y tratando de ver de donde provenían, me dice:
-mejor vamos a otro lado.

Bajamos al departamento buscando un cuarto, pero todos ya estaban ocupados, nos vimos a los ojos y le dije:
--vamos al estacionamiento.

Ya abajo, el se acerco al jeep de uno de mis amigos y abrió la puerta y se metió al asiento del copiloto se bajo los pantalones dejando fuera y en todo su esplendor esa vergota chorreante de precum y ese culo redondo y firme como panque que tiene, me hace una seña para que se la siga mamando, me detiene y me dice:
-ya te la quiero meter!

Baja del jeep me inclina contra el asiento y hace a un lado mi capa, baja mis pantalones junto con mi bóxer ajustado color negro y siente la redondez de mis dos nalgas con sus dos manos y suelta un suspiro lleno de lujuria, baja bruscamente mis bóxer hasta los tobillos y siento su respiración entre mis nalgas,las abre y siento un escupitajo entre ellas y de pronto siento sus dedos lubricando la entrada de mi cavidad anal y metiendo apenas las yemas de sus dedos tratado de abrirse camino, cuando de repente siento ese glande ancho como champiñon chorreando, apenas saliendo de su prepucio empujando y haciéndose camino hacia mi ano, podía sentir como cada uno de mis pliegues se iban abriendo con la entra de tan semejante capullo, el gemía y jadeaba de tanto placer, nunca sentí dolor, ya que había entrado ese grande champiñon de una me la metió hasta lo mas profundo de mi ser y empezó a bombear, primero lento y con muy buen ritmo,así estuvimos como 20 min, en eso escucho unos ruidos detrás de una puerta que tenia vidrio hasta la mitad que estaba junto a nosotros pero no vi a nadie, cuando de repente el empieza a jadear mas rápido y bombear con un ritmo inigualable, me esta dando la cogida de mi vida!
Sentía un placer increíble y por lo visto el también, cuando de repente empieza a bombear mas y mas fuerte y sin parar, yo sentía como con su glande estimulaba mi próstata y yo estaba lubricando muchísimo tanto que estaba mojando mis pantalones.
Cuando de pronto me toma del cuello y me dice al oído:
- vas a ser mio para siempre, te voy a preñar!

En eso siento como mis entrañas se van llenando de un liquido espeso y muy caliente con cada chorro expulsado desde sus grandes huevos , me abraza muy fuerte, busca mis labios y me de un beso lleno de lujuria, pasión y muy tierno a la vez.

Después el va sacando su verga todavía dura dejándome vacío, trayendo consigo parte de la inmensurable corrida que escurría por entre mis nalgas, el se "limpio" la verga con la mano, la cual llevo a mi boca y metió sus dedos haciendo que probara ese manjar de dioses, su semen, que sabia increíble! cuando volvió a besarme, tratando de probar su corrida combinada con mi saliva y degustandola como un exquisito vino.

Me cerro el ojo y nos subimos los pantalones, volví a escuchar el ruido detrás de la puerta pero ya no presté atención, ya vestidos nos dirigimos nuevamente a la fiesta a seguir la fiesta.

Al otro día me dijo mi amiga:
--- Que estaban haciendo arriba? por que no creas q no me di cuenta que el no tenia su cinturón abrochado.
y yo le dije:
--Nada estábamos viendo las estrellas jajajajaja.(mejor dicho el estaba viendo estrellas por la mamada que le hacia jajaja)

Años después me entere que los ruidos detrás de la puerta donde estábamos cogiendo era el vecino que se quedo viendo todo el espectáculo privado que le dimos, y así fue como mis amigos se enteraron que yo había perdido mi virginidad con el amigo "hetero" que tiempo después me entere tenia novia de mi amigo, jajaja

Espero les haya gustado mi relato 100% real y muy bien disfrutado!

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Posted by fredvaca 1 month ago  |  Categories: Anal, Gay Male, First Time  |  Views: 1119  |  
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Con el hijo de mi amigo...

Con dos amigos planeamos hacer turismo de aventura algo que con el tiempo y por nuestros matrimonios e hijos habíamos dejado de hacer, hechos los planes nos reunimos en el punto de encuentro Alfredo, Enrique y su hijo de este, Jorge que había decidido acompañarnos, nos convenía su compañía por su juventud 25 años lo conocía desde muy pequeño lo había visto crecer así que éramos amigos todos.

Partimos a eso de la 2 de la tarde el plan era hacer caminata por la sierra de Lima partiendo de la carretera central hasta un poblado distante a unos 5 km en donde nos separamos en dos grupos hasta llegar a un pueblo distante 15 Km. donde acamparíamos cada grupo tiene un mapa y fijamos la hora de encuentro de 6 a 7 de la tarde escogí ir con Jorge, Alfredo y Enrique salieron primero, nos enrumbamos Jorge y yo por el sendero de la derecha un camino sinuoso con bastante vegetación la tarde estaba fresca no hacía frío ya el sol se sentía débil, calentaba un poco caminamos sin prisa conversando cada uno contando sus cosas, Jorge ya había terminado su carrera de economía y trabajaba en un banco hacía 2 años, llegamos a un recodo en el sendero y nos dispusimos a descansar a la orilla del río, estábamos descansando cuando de pronto se siente un ruido muy fuerte sentimos vibrar el suelo nos incorporamos y nos damos cuenta que venían en estampida dos toros uno detrás del otro, nos protegimos cogí mi mochila me ubique tras unos arbustos a la orilla del río Jorge al lado opuesto también se ocultó, resulta que los toros se detienen en donde habíamos estado y comenzaron a enfrentarse dándose de cabezazos era una pelea de toros, impresionante tremendos a****les enfrentándose y todo eso a unos centímetros de mi, me dio un miedo terrible de que me vieran los toros asustado me acerco mas a la orilla, para mi mala suerte me caigo al río mojando toda mi ropa y lo que es peor perdí mi mochila el río se la llevó, cuando me di cuenta ya no estaba a mi alcance, me oculté mojado como estaba entre unos arbustos hasta que vino el dueño de los toros y apunta de latigazos los separó y se fueron, salí de río totalmente mojado se acercó Jorge mi ayudó a salir pero yo estaba con mi ropa mojada y sin mochila no tenía ropa para cambiarme se nos ocurrió ir rápido para encontrarnos con Enrique y Alfredo, pero no podíamos hacerlo estaba muy mojado y ya sentía frío, así que nos quedamos hicimos un fuego, me quite la ropa, me quedé desnudo Jorge me dio su manta de dormir ya se sentía frío.

Jorge no sabía que hacer para protegerme, estaba pendiente de mi, me propuso tomar una copa de pisco que tenía para entrar en calor, le acepté me cayó muy bien sentí calor en mi cuerpo conversamos cerca al fuego y seguimos tomando unas copas más, cuando nos dimos cuenta nos habíamos tomado la mitad de la botella, me sentí alegre Jorge también nos reímos contamos chiste hablamos de mujeres nos contamos nuestras historias, Jorge armó su carpa me la cede para que yo duerma en ella, no le acepto pues él tampoco podía dormir a la intemperie, así que debemos dormir los dos en la carpa, ingresé primero, desnudo como estaba solo cubierto por la manta de Jorge, después entró Jorge estaba en ropa interior tenía la botella en la mano, me dijo, ok le digo si que lo vamos a necesitar me envolví en la manta y me eche, también lo hizo Jorge pero no tenía nada con que cubrirse, no tienes otra manta le digo, no me responde esa es la única me dice, bueno le digo la compartiremos, nos tomamos una copa más, ya estaba muy ebrio nos echamos sobre el colchón de la carpa y le di una parte de la manta, siento el calor de su cuerpo muy cerca al mío desnudo, nos quedamos callados estamos concientes que estamos en terrenos prohibidos, la carne llama a la carne y eso es lo que siento carne caliente cerca de mi, siento el calor de su cuerpo, estamos casi juntos, su pierna roza con la mía nuestros brazos y hombros no los separa nada, me doy vuelta dándole la espalda, mi cuerpo esta ardiendo de excitación mi carne busca quiere carne, en eso siento que Jorge se me pega, casi nada, pero siento su piel pegada a la mía siento su respiración agitada, igual la mía, mi boca la tengo seca síntoma de excitación, seguimos callados no se quien dará el primer paso, siento que algo roza mi muslo, sin duda es su mano es un roce muy fino sutil pero lo siento y me enciende aun más, es inevitable doy el siguiente paso, arqueo mi cadera y la pego a la de él, siento en mis nalgas el bulto de su miembro erecto, Jorge se anima y se pega más estamos en silencio, ahora su pecho está pegado a mi espalda, su mano está en mi cadera acaricia mi cuerpo su mano recorre mis muslos, llega a mis nalgas usa sus dedos como reconociendo mis nalgas, suavemente busca mi hoyito juega con sus dedos, sigue, acaricia mi pecho me besa el cuello yo me dejo estoy rendido mi cuerpo hierve de pasión me volteo nos vemos nos besamos apasionadamente lo abrazo con fuerza igual nos besamos nuestras lenguas se enredan en un beso intenso siento su cuerpo fuerte pegado al mío sus manos recorren todo mi cuerpo su boca también, yo solo me dejo, estoy ansioso de que este joven poderoso me haga el amor, busco su miembro aun lo tiene oculto está fuerte y duro, quiere salir de la prenda que lo encierra lo libero lo agarro suavemente mis dedos reconocen todo ese miembro, percibo su grosor es bastante gruesa y grande también.

Me incorporo, Jorge se queda echado de espaldas, acaricio su cuerpo suavemente, le quito su ropa, observo su cuerpo joven, es hermoso, casi no tiene vello, beso su cuello, su pecho, chupo y muerdo sus tetillas gime, continuo hasta su vientre beso su ombligo mi lengua juega con ese hoyito, sigo y llego a su pubis, beso y muerdo su vello en mi mano tengo su miembro viril duro como un palo lo beso igual hago con sus huevos paso mi lengua húmeda los lamo una y otra vez lo mismo hago con su verga dura gruesa, derecha, paso mi lengua por todo lo largo me concentro en la cabeza circulo con mi lengua por todo su glande rosado y me lo meto en la boca chupo el glande una y otra vez meto toda su verga en mi boca una u varias veces mis manos recorren sus muslos, su pecho, alterno mamo su verga y lamo sus huevos por varios minutos, Jorge con los ojos cerrados gime ya casi no veo nada por la oscuridad, el fuego no da suficiente luz, después de estar un buen rato mamando su verga, Jorge se incorpora me dice deja ahora me toca a mi, yo me echo boca abajo se lo que viene, lo que él quiere, lo que yo quiero, penetrame, que me penetre, sentir su verga dentro de mi, lo hace se echa sobre mi, su verga húmeda de su saliva y de la mía busca mi culo, yo se lo entrego, ya no me importa nada quiero sentir su verga dentro de mi, ya entra le digo, está en la entrada siento la dureza del miembro empujando el orificio una, dos y ya¡ entró OH que dolor tan fuerte se siente aguanta me dice espera ya te pasará ,eso hago siento dolor pero lo soporto en unos segundos Jorge me penetra un poco más, duele menos gimo te gusta? me pregunta, sí, le digo, pero sigue ya métela toda la quiero toda le digo , y lo hace me la mete de una sola embestida entra toda siento el peso de su cuerpo sobre el mío me muerde el cuello, igual mis hombros, las orejas también mientras me penetra con suavidad una y otra vez, entra y sale de mi, mi culo soporta ese pedazo de carne sigue, sigue le digo dámela toda; estoy loco grito con todas mis fuerzas son mis gemidos, nos ponemos de costado con sus arremetidas golpea mis nalgas una y otra vez, me muerde los hombros sigue, sigue así y él me da con fuerza una y mil arremetidas veloces muy rápidas, siento que se va a venir, gime muy fuerte AHHH¡ y eyacula dentro de mi, no siento su leche mi culo debe estar ardiendo sigue metiendo y sacando hasta que se detiene yo me quedo rendido, todavía tengo la verga adentro está pegado a mi, siento los latidos de su corazón en mi espalda, me tiene pegado a él, sus brazos me tienen pegado a él, y así nos quedamos dormidos.

Me despierto y siento mi culo mojado es el semen que ha salido es aun temprano pero ya hay claridad del amanecer, veo a Jorge dormido, su pecho desnudo retiro la manta contemplo su cuerpo desnudo está erecto recuerdo lo que hicimos y me excito agarro su miembro lo acaricio suavemente, para arriba y para abajo, lo masturbo se despierta me deja hacer, chúpala me dice, lo hago nuevamente con delicia mi boca recibe su hermoso miembro que hace unas horas llenaba mi culo de su leche, me gusta mamar verga digo, no sabía lo rico que es sigo y veo a Jorge tiene los ojos cerrados, seguro concentrado en el placer que le doy, nos besamos le beso el cuello, su pecho, me abraza nos damos vuelta el está ahora encima continua besándome, levanta mis piernas estoy abierto ante él, siento su verga buscando mi culo encuentra el orifico de entrada ingresa con facilidad su semen facilita la penetración además ya tengo el culo abierto no duele, lo siento adentro, la mete toda OHHH¡ que placer, se siente maravilloso, empujo mi cadera para que entre toda, se echa sobre mi, junta su pecho con el mío, mis piernas abiertas sobre sus brazos nos besamos con ardor nos mordimos los labios, estamos un rato sin movernos para sentir su verga dentro continuamos besándonos, lo abrazo, mis manos acarician su espalda, me besa el cuello siento sus arremetidas una y otra vez mi culito recibe sus golpes son muchas veces lo hace con mucho cariño seguimos fundidos pegados uno al otro fuertemente me tiene asido de los hombros con las piernas abiertas en sus brazos me siento en la gloria, estoy totalmente a su merced en poder de mi amante lo aliento a que siga, le digo dame dame toda, mi amor así, dame toda tu leche quiero que me des toda tu leche le digo, sigue dame más dame así cachame con toda tu fuerza dame toda, lo siento gemir fuertemente, su cuerpo vibra, agarra con fuerza mi cadera está eyaculando lo siento gemir, tiembla sobre mi pecho, se calma ha terminado; pienso en mi intestino lleno de su semen siento mi ano totalmente dilatado ajustando su miembro que tengo dentro, en este momento he gozado mucho más que en la noche.

Es maravilloso ser penetrado con tu hombre encima de ti y sentir como vibra su cuerpo cuando eyacula...... Continue»
Posted by renovatio111 3 months ago  |  Categories: Gay Male, Hardcore  |  Views: 784  |  
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El novio de mi herm,ana...

¿Nunca te has preguntado por qué alguien de tu entorno, una amiga, una conocida... o una hermana tienen un chulazo como novio y tú no? ¿No te has preguntado nunca porque ellas se tragan el pedazo de rabo que se intuye bajo sus pantalones y tú no? Hasta hace unos meses yo también me hacía esa pregunta: por qué ellas y yo no.

Me llamo David, tengo 17 años y estudio segundo de bachillerato en un instituto de Barcelona. Tengo el pelo castaño claro, casi rubio y los ojos gris-azulados. Mido 1,77 m y estoy más bien delgado, aunque tengo el cuerpo bastante definido porque mi madre me obliga a ir al gimnasio, por mi salud, dice ella. Soy hijo de un creativo publicitario y una prestigiosa psiquiatra de Barcelona. Pertenezco a una familia bien, no me puedo quejar, aunque a veces lo haga. Tengo una hermana, Marta, de 22 años, cuya ocupación en la vida es dar problemas a mis padres. Los 4 vivimos en un piso en uno de los barrios más acomodados y tranquilos de la ciudad, pero dentro de mi casa se respira de todo menos paz. Marta es la oveja negra de la familia y el motivo de que cuente hoy esta historia es, precisamente, una de las últimas locuras de mi hermana: Rubén.


Mi hermana no es precisamente una santa, más bien lo contrario, es una zorra sin demasiados escrúpulos. Puede sonar fatal que hable así de ella, pero es la definición que ella misma se aplica ante mí, sus amigos o quien sea, excepto mis padres. Eso sí, hasta ahora era una zorra de puertas para afuera, nunca traía una presa a casa. Mis padres suponen que no tiene una vida sexual/sentimental demasiado estable, pero les preocupa más el futuro laboral de mi hermana que el número de pollas que se hayan metido dentro de ella.


Claro, nunca había traído una presa a casa, pero si la presa viene a casa... Eso debió pensar Marta antes del verano, cuando vino a casa un técnico de la TV por cable a reparar una avería. Cuando entré en el comedor y vi frente a la TV un culazo superduro enfundado en un pantalón vaquero apoyado en un par de piernas muy fibradas me quedé flipado. El culo en cuestión correspondía a Rubén, un técnico de Cornellá que nos había mandado la compañía. Cuando se incorporó pude ver su espalda ancha apretada bajo una camiseta negra realmente corta. Tenía unos brazos que podrían haber doblado la TV de plasma por la mitad si lo hubiera querido.


-Hola chaval... –me saludó al girarse y verme parado en la puerta del comedor.


-Hola... –murmuré mientras disfrutaba de la visión de la parte frontal de ese pedazo de chulazo. Bíceps de infarto, pectoral fibrado apretadísimo en esa camiseta y un vientre absolutamente plano que quedaba parcialmente a la vista gracias a esa camiseta tan corta. Los pelos de la polla ascendían desafiantes hasta su ombligo y se dejaban ver cada vez que Rubén movía los brazos. No estaba hipermusculado, aunque sí un poco hinchado y muy fibrado. Vamos, un chulazo de los que sólo salen en las pelis, porno, claro. Sus buenos ciclos de anabolizantes y sus horas de gimnasio le habrá costado.


Antes de que pudiera añadir algo más, Marta entró como una flecha en el comedor y le dijo a nuestro "invitado" que ya estaba listo el baño. Me fijé en las axilas de Rubén, estaba transpirado, aunque más que un baño, yo mismo le hubiera lamido entero para secarle el sudor.


-Se llama Rubén, es el técnico del cable. Le he dicho que se dé una ducha porque lleva todo el día currando y está muy sudado... –me dijo mi hermana con una media sonrisa.


-Ya lo veo... –respondí con una mirada de desconfianza-. ¿Le vas a duchar tú? –Murmuré.


-Ni una palabra a tus padres o te mato –concluyó ella.


Y me callé, claro. Desde que Marta me pilló comiéndosela a un compañero de clase mientras hacíamos un trabajo de Historia, yo había hecho la vista gorda con ella. Marta es la única de mi entorno que sabe que soy gay. Y yo, a diferencia de ella, no soy ningún putón, mis rollos y/o novios se cuentan con los dedos de las manos. No me causa ningún problema ser gay, aunque prefiero que no lo sepa demasiada gente para no tener que dar explicaciones. Odio tener que darlas.


La historia de Marta y Rubén, empezó aquella tarde y se ha prolongado hasta ahora. Mis padres no le soportan, antes de las vacaciones que pasamos juntos le habían visto unas 4 veces y pensaban que era un mal partido para Marta. Había escuchado mil veces a mi madre decir que Rubén era vulgar, que no tenía estudios, que era un burro... vamos, la típica retahíla clasista de una pija con carrera de un barrio cool de Barcelona. Pero dispuestos a acercar posturas o, quién sabe, quizás a acabar con su relación, decidieron invitar a Marta y a Rubén a pasar una semana en agosto en la casa que mis padres tienen en Altafulla, cerca de Tarragona.

De camino a Altafulla mis padres iban en el coche de delante y me enviaron a mí con Marta y Rubén, supongo que para cortarles un rato el rollo. Desde el asiento de atrás del León Cupra de Rubén podía ver como mi hermana no quitaba la mano de la pierna de su macho y rozaba cada vez con menos disimulo el abultado paquete de mi cuñado. Rubén, con el pelo muy corto y despeinado y su piercing en la ceja iba mirando de vez en cuando a mi hermana y la lanzaba una sonrisa de satisfacción. El muy cabrón tenía cara de niño malo... de niño vicioso. Volví a mirar hacía su paquete... Diosss, exclamé para mis adentros, aquel bulto prometía muchísimo. Si mi hermana hubiera intentado cubrirlo con la palma de su mano, no hubiera podido.


Una vez en la casa, situada muy cerca de la playa, mis padres decidieron que, a pesar de que mi hermana ya es mayorcita y Rubén con 26 toda vía más, no dormirían juntos. Mi hermana dormiría sola y Rubén y yo juntos en otra habitación. Marta casi se muere al escuchar aquello, pilló el cabreo del mes. A mí en cambio, el corazón me saltó dentro del pecho. Por lo menos iba a tener oportunidad de ver el paquetón del chulazo de mi hermana bajo los boxers e incluso podría verle en bolas camino de la ducha. Así podría seguir preguntándome por qué ella sí y yo no.


No me hizo falta esperar mucho, la primera noche empezó el espectáculo. Mis padres se habían acostado ya y yo estaba jugando a la Xbox en el comedor. Marta y Rubén habían salido a dar una vuelta por la playa... o lo que es lo mismo, a comerle la polla en cualquier rincón alejado de la vista de los guiris. Volvieron antes de lo esperado, por lo que era de suponer que el plan de Marta no había funcionado y se había quedado sin su postre.


-¿Qué haces chaval? ¿Echando unos vicios? –Me soltó Rubén mientras se sentaba a mi lado y me apretaba fuerte la pierna con su mano en un gesto de lo más heterosexual. Llevaba un bañador de bermuda rojo y una camiseta de tirantes negra. No le había dado aún el sol, pero su piel morena ya destacaba con los colores de su ropa. Me imaginé que cuando tomase el sol iba a parecer brasileño, rabo incluido.


-Sí, aquí jugando un rato... –dije nervioso. Mi hermana salió de la cocina con un par de cervezas.


-Va, nen, ponlo en multijugador y echamos una partida.


Dicho y hecho. Rubén y yo empezamos a pilotar en una carrera frenética en el Need for Speed Carbono. Él me estaba ganando, pero en un punto de la partida empezó a perder ventaja hasta que le adelanté. Cuando me giré para mirarle, me topé con la lengua de mi hermana luchando por meterse en su boca mientras él hacía lo posible por mirar a la pantalla.


-Hermanito, tranqui que le vas a ganar...


Mi hermana, que desde que supo que era gay me contaba detalle a detalle sus experiencias sexuales, incluidos el tamaño, la textura, el sabor... de la polla de sus rollos, no tuvo ningún reparo en meterle mano a Rubén y agarrarle el paquete por encima del bañador, la verga de mi cuñado empezó a cobrar vida y se dibujó por debajo de la tela. Aquello eran unos 18 cm de polla morcillona apuntado a la derecha con un par de huevos que completaban un conjunto perfecto. Me tuve que controlar mucho para no lanzarme a comérmelos en aquel mismo instante.


Pero la noche no terminó ahí. Eran casi las 3 cuando Rubén y yo dormíamos en la habitación. Mi hermana entró sigilosamente le susurró algo al oído hasta despertarle, los dos miraron hacia mi cama y cerré los ojos de golpe. La luz de la calle iluminaba tenuemente la habitación, pero había suficiente claridad para distinguir los cuerpos y las formas. Suponiendo que yo estaba dormido, mi hermana tiró de la sábana que tapaba a Rubén, le bajó los boxers con ansia y liberó su polla. Aquella fue la primera vez que la vi, aunque en la penumbra. Era más grande de lo que imaginaba, con facilidad, mi hermana podría habérsela enrollado en la muñeca. La muy zorra se la estuvo comiendo hasta que Rubén murmuró...


-Joderrrrr, me corrrrroooo...


En contra de lo que hubiera esperado, mi hermana se apartó, cogió los boxers de su novio y se los colocó en la punta de ese precioso rabo mientras lo pajeaba para hacer que se corriera. Me dije a mí mismo, que si yo hubiera estado en su lugar, me hubiera tragado cada gota de leche que hubiera lanzado aquella polla.


A la mañana siguiente, estaba que me moría de sueño. Mi familia intentó despertarme pero fue en vano. Seguí durmiendo hasta mucho después de que escuchara cerrarse la puerta de la calle. Cuando me levanté de la cama no escuché a nadie, supuse que se habían ido a la playa. Desayuné un poco y volví a la habitación para darme un baño. Tenía la polla muy dura, la imagen del rabo de Rubén me taladraba la retina. Me metí en la bañera y abrí el agua fría. Me estiré dispuesto a hacerme la paja del siglo y entonces los vi. El cerdo del novio de mi hermana había dejado los boxers de la noche anterior tirados en un rincón del lavabo. Los recogí y los miré detenidamente, estaban hechos una bola. Los desenrollé y mis dedos rozaron la tela aún húmeda, la mancha de esperma era muy bestia. Me los llevé a la nariz y aspire ese contundente aroma a corrida y a polla y huevos sudados. Casi me corrí de gusto. Disfrutando del momento saqué la lengua despacio y empecé a lamer, primero con calma, y luego salvajemente la corrida de mi cuñado en sus boxers.

Cuando estaba a punto de correrme, escuché la puerta de la habitación, lancé a toda prisa los boxers a un rincón del baño y sin tiempo a nada más, se abrió la puerta del baño, me quedé inmóvil tumbado en la bañera.


-Ey tío, no sabía que estabas aquí –dijo Rubén entrando en el baño y cerrando la puerta tras de él. Llevaba puesto sólo el bañador rojo de la noche anterior. Además de comprobar que su pectoral estaba realmente definido, puede ver por primera vez su abdomen marcado y esas dos curvas que empezaban en las caderas y apuntaban hacia su precioso paquete-. Me estoy meando tío...


Sin tiempo para contestar, Rubén abrió la tapa del váter, que estaba justo en paralelo a la bañera y se sacó el rabo. Mis ojos se clavaron en su polla de piel muy oscura y glande rosado, parecía la polla de un mulato. No estaba dura, ni siquiera morcillona, pero ya era un buen pollón. Mi cuñado empezó a mear lanzando un potente chorro contra la taza del váter. La escena me pareció tan morbosa como asquerosa. El muy cerdo no tenía ningún reparo en ponerse a mear a pocos centímetros de mi cara.


-Joder, que gusto, me estaba meando en la playa. –Mientras decía eso, Rubén empezó a sacudirse la polla y a cubrir y descubrir el capullo. Lo que en principio era una sacudida post-meada, se convirtió casi en una tímida paja. Su polla cobró vida y empezó a crecer. Rubén giró su cabeza hacia mí y me pilló con la vista clavada en su polla.- ¿Qué miras, nen?


-Nada... ya te vale, podrías haber usado otro baño –contesté de golpe y clavé la mirada en la bañera. Aunque el agua seguía saliendo por el grifo, aún no me cubría por completo y la punta de mi polla sobresalía del agua. Jamás había tenido la polla tan dura, estaba muy cachondo y los nervios que me provocaba que Rubén me hubiera pillado mirándole no hacían más que ponérmela todavía más dura.


-Tranqui, hombre... estamos entre tíos... Me estabas mirando la polla, no pasa nada. -Sin mirarle fijamente podía ver que aún no se la había guardado.


-¡Qué dices tío! –Exclamé intentando disimular.


De repente Rubén me cogió la cara con una mano y me obligó a mirarle a la cara. Con la otra mano sostenía su polla que estaba completamente dura. Aquello era una pollón brutal. Tan sólo había visto una polla tan ancha y larga en un video porno que me había descargado hacía unas semanas en el que aparecía un brasileño vestido de albañil reparándole la boca a un adolescente. A pesar de los nervios, seguía con mi polla a mil.


-Qué no pasa nada, nen, es normal que los tíos miremos para comparar –zarandeó su pollón a escasos centímetros de mi cara. Miró hacia mi polla que ya estaba casi cubierta por el agua.- Quizás algún día la tendrás tan grande como yo...


-¡Joder, no te estaba mirando la polla por eso!


- ¿Ah no? Pero la mirabas...


-Rubén, eres un capullo... sólo estaba entendiendo porque mi hermana te aguanta...


-¿A que es una buena razón? Tu hermana se vuelve loca cuando se la meto...


-Cabrón... –le dije poniéndome serio por su comentario sobre mi hermana. Rubén me miró con una sonrisa, me soltó la cara y se guardó el pollón como pudo en el bañador.


-Chaval, te dejo que termines la paja que te estabas haciendo. Los dos somos tíos, sabemos lo que se hace en el baño cuando nuestros viejos se han ido...


Ni falta hace decir que me hice un gran pajote con la imagen del cuerpo y la polla de Rubén. Estaba tan caliente, que mi corrida acabó salpicando toda la pared de la bañera.


Me pasé todo el día pensando en lo que había sucedido en el baño. Me pregunté si el descaro de Rubén de ponerse a mear a mi lado y su provocación al ponerme su rabo erecto tan cerca de la cara quería decir que a mi cuñado le molaba el sexo con tíos, o simplemente era un hetero cabrón muy provocador que sabía que yo era gay y quería ponérmela dura para divertirse un rato. Aunque mi polla pedía a gritos que el juego continuase, mi cabeza suplicaba que Rubén dejara de exhibirse o mi boca iba a acabar en su polla.


Pero en esas vacaciones estaba claro que la vida iba a seguir poniendo a prueba mi resistencia de homosexual reprimido. Por la noche, yo estaba en la habitación repasando los apuntes de la única asignatura que me había dejado para septiembre cuando entró Rubén en la habitación. Iba vestido con unos vaqueros ajustados y una camiseta sin mangas naranja.


-¿Ya habéis vuelto?


-Sí, tu hermana se ha rallado en la discoteca y ha querido volver –respondió Rubén cabreado. Sin decir nada más empezó a desvestirse.


Mi vista se movía rápidamente de mis apuntes a su cuerpo siguiendo toda la operación de desvestido. Rubén se quedó solamente en unos boxers blancos de algodón algo desgastados que, aunque el quedaban bastante anchos, no podían disimular una polla en semierección. Pero lo que más me llamó la atención fue la importante macha de humedad que se dibujaban en la zona que ocupaba la punta de su rabo. Me puse a cien y, aún no se cómo, me armé de valor y le pregunté:


-¿Te has meado encima o qué?


-¿Cómo? –Rubén se miró los boxers e intentó coger con una mano su paquete-. Qué dices chaval... ya sabes cómo meo, si me hubiera meado encima te hubiera salpicado en esa cara de capullo que tienes. La mancha es de precum, joder...


-Vaya... vas... muy salido... –la voz casi me tembló por hablar de eso con Rubén.


-Es la zorra de tu hermana, empieza a hacerme una paja en el coche aquí abajo y como no tiene kleenex me deja a medias. Joder ¿para qué coño tiene la boca?


Solté los apuntes y me incorporé en la cama. Rubén estaba de pie a pocos metros de mi cama.


-Imbécil, no hables así de mi hermana o...


-¿O qué capullo?


-O te parto la cara...


-Jajajaja... ¿la cara? –Rubén se burló de mi comentario. De pronto dejó de reírse y sin darme tiempo a reaccionar se abalanzó sobre mí, se arrodilló encima de mi cama, puso una pierna a cada lado de mi pecho y me sujetó las manos con fuerza contra el cabezal de la cama. Con la otra mano me agarró con fuerza la cara y me la apretó.- A ver si el que te va a partir la cara voy a ser yo... capullo. Los dos sabemos que tu hermana es una puta, lo que yo no sabía es que dejaba las cosas a medias...


Me puse absolutamente serio. Rubén interpretó que tenía miedo y aflojó su presión en mis manos y en mi cara. Pero si yo estaba tan serio era porque estaba disfrutando del peso de su polla y sus huevos en mi abdomen, incluso notaba la humedad de su precum sobre mi piel. Con su brazo estirado por encima de mi cabeza, podía ver su axila, con el bello oscuro bastante recortado. Y por supuesto podía sentir su olor a macho transpirado.


-Ey... veo que te has asustado, chaval. No pasa nada... –Rubén, muy a mi pesar, me soltó y se quitó de encima mío. Se sentó a un lado de la cama, apoyándose en la pared-. No te voy a hacer daño, nen... que somos casi familia...


Al decir eso, Rubén pasó su mano por mi frente y mi pelo, con un gesto casi cariñoso. Miré disimuladamente hacia su paquete y vi que su polla habría crecido notablemente ¿estaba poniéndose cachondo al rozarse conmigo?


-Tranqui David... estás incluso sudado...


-Tú también... –le respondí.


-Ya, por el calentón...


-Date una ducha si quieres... –dije para desviar el tema y, quién sabe, verle desnudo otra vez antes de entrar en el baño.


-No, que va... me mola estar un poco sudado. Me gusta oler a macho... –al decir eso, Rubén se pasó la mano por su definido abdomen, por su pectoral y llegó hasta su axila, sus dedos la rozaron. Acto seguido, se los llevó a la nariz y aspiró profundamente-. No me digas que no huele genial, a las tías les encanta... incluso yo sé reconocer a otro macho cuando pasa cerca de mí y huele así... ¿no crees?


-No sé... nunca lo había pensando –mentí. Mi polla estaba a mil.


-¿No? –Rubén se metió la mano por dentro de los boxers y se acarició la polla y los huevos-. ¿Y qué me dices del olor de tu polla y tus huevos? –Rubén volvió a llevarse la mano a la nariz y aspiró deleitándose con ese aroma. El muy cabrón era un narcisista absolutamente exhibicionista-. ¿No lo has olido nunca?


-No... –mentí.


-Pues hazlo ahora, ya verás...


-Es que no estoy sudado ahí...


-Bueno, no pasa nada, puedes oler el mío –Rubén volvió a meterse la mano en los boxers y se acarició durante varios segundos el rabo y los huevos.


-¿Qué dices tío? No seas cerdo... –repliqué sin mucha energía, en el fondo me moría de ganas.


-No pasa nada, chaval... los machos hacen estas cosas entre ellos... –Rubén me miró con una sonrisa mientras alargaba su mano.


La verdad es que pensé que me estaba tomando el pelo, que sabía que yo era gay y me estaba vacilando. Pero me dio igual el porqué lo hiciera, decidí no dejar pasar aquella oportunidad tan morbosa. Acerqué mi cara hasta que mi nariz rozó la palma de su mano. Aspiré el aroma... olía a polla, a precum y un poco a sudor. Casi me corrí del caletón que me provocó aquello. Rubén, estiró más su mano haciendo que mis labios rozan su palma. Le oí suspirar, le miré y vi que había cerrado los ojos. La cabeza de su polla asomaba por el elástico de sus boxers.


De repente, se levantó de un salto y se puso de pie sobre mí. Su paquete estaba a unos escasos 10 centímetros de mi cara. Se bajó un poco los boxers y pude ver su pollón casi al completo, estaba totalmente duro. Se lo recolocó y volvió a subírselos.


-¿Qué tal?


-Bien... –murmuré.


-¿A que huele a macho?


-Sí...


Hubiera esperado que me soltase algo así como: "pues mi polla huele mucho mejor". Pero no lo hizo. Rubén saltó de mi cama, se acostó en la suya de espaldas a mí y se durmió. Que pedazo de cabrón.




Después de dejarme muy caliente la noche en que me "hizo olerle", llegaron unos días de cierta tranquilidad entre Rubén y yo. Él se pasaba el día con mi hermana y sólo coincidíamos por la noche en la habitación para dormir. Pensé que se habría rajado, que habría pensado que el juego había llegado demasiado lejos, pero al parecer sólo estaba cogiendo impulso para seguir provocándome. Unos días después, durante el cumpleaños de mi madre, mi chulo cuñado me siguió demostrando que se divertía poniéndome cachondo.

Le habíamos comprado una mousse de limón a mi madre para celebrar su cumple. Era un poco cutre pero era lo único que había en el súper de cerca de casa. Al terminar de comer, me levanté y me fui a la cocina a buscarla, sorprendentemente el novio de mi hermana vino tras de mí.


-Te ayudo... –dijo al entrar el la cocina.


-No hace falta, sólo la voy a llevar al comedor.


-A ver si está buena... –el muy capullo metió el dedo en un adorno de nata de la tarta y se llevó a la boca-. Está muy buena... sí señor.


-¡Joder! Qué capullo eres, tío... te acabas de cargar la tarta –respondí cabreado. Mi cuñado era un capullo.


-No pasa nada, nen... le ponemos ahí las velas.


-No hay velas, ¡joder! No había velas en el súper...


-Bueno, yo tengo un buen cirio... si te sirve... –dijo el muy cabrón cogiéndose el paquete por encima del bañador.


-Estás enfermo tío...


-Va, seguro que a tu vieja le encanta la tarta si se la llevamos con mi polla clavada en ella. Así me puede soplar el cirio... –mientras decía eso, Rubén se aflojó el cordón del bañador, se sacó la polla semierecta y empezó a pajearse muy despacio junto a la tarta...


-¡Estás loco chaval! Como te vea mi padre o mi madre te sacan de esta casa de una patada en el culo...


-Si tu madre me viese ahora seguro que se corría de gusto, y quién sabe si tu padre también...


-¡Serás cabrón!


A pesar de que estaba muy bueno y de que verle delante de mí con la polla tan dura me ponía a mil, su comentario sobre mi padre me cabreó mucho. Me abalancé sobre él con la intención de darle un puñetazo en el estómago, pero Rubén fue más rápido que yo y me cogió el brazo. A pesar de haber evitado el golpe, mi empujón provocó que Rubén se recostara sobre la mesa donde estaba la tarta. Al levantarse pudimos comprobar que su polla, que estaba totalmente dura en ese momento, se había clavado en un lateral de la tarta. Rubén la sacó con una sonrisa...


-¡Joder! Te has cargado la puta tarta... –un calor muy intenso me recorrió el cuerpo, estaba de los nervios.


-Te la has cargado tú empujándome, chaval... –Rubén sonría divertido, pasó sus dedos por la punta de su polla manchada de mousse y se los llevó a la boca-. Así está mucho más buena...


-Joder, qué vamos a hacer... –musité al borde un ataque de nervios.


-Tranqui, nen. Decimos que la he rotó un poco al sacarla del papel que la envolvía, entonces vas tú, me cortas ese trozo a mí y me lo como yo. No me importa...


-Joder... –no lo acababa de ver claro.


-Va, tranqui, que todo saldrá bien...


Salimos al comedor con la tarta y cuando la vio mi familia, preguntaron qué le había pasado. Antes de que pudiera responder, Rubén lo hizo por mí.


-Nada, que David ha metido los dedos sin querer al sacarla del envoltorio...


-Vaya, David... qué torpe eres, se quejó mi padre... has estropeado la sorpresa de tu madre. -Agaché la mirada avergonzado, tenía ganas de matar a mi cuñado.

-No te preocupes cariño –me dijo mi madre-, cómete tú el trozo que se ha roto y listos.

-Claro, David... cómetelo –repitió Rubén con una sonrisa de oreja a oreja.

El muy cabrón se salió con la suya. Supongo que él pensaba que me iba a joder, pero la verdad es que su jueguecito me había puesto a mil y la idea de comerme el trozo de tarta en el que se había clavado su polla me la puso muy dura. Cuando cogí la primera cucharada y me la llevé a la boca, mi cuñado me miró con una mirada de puro vicio, nunca le había visto poner esa cara. Cucharada a cucharada fui saboreando la tarta hasta terminármela.

Me pasé la tarde pensando en lo que había pasado durante la comida, pero no me quedé ni un rato a solas para hacerme una buena paja. Por la noche, por primera vez en todas las vacaciones, Rubén me invitó a salir de farra con ellos. Mi hermana no parecía estar de acuerdo, pero Rubén insistió con la excusa de que yo era un soso y no salía nunca de casa. La verdad es que me estuvo jodiendo con sus comentarios, pero por el simple hecho de saber hasta dónde quería llegar, me animé a ir con ellos. Para que mis padres no supieran que su hijo menor iba a salir de fiesta por ahí, les dijimos que nos íbamos a cenar y luego al cine en sesión golfa.


Salimos de farra por Salou y aunque sólo tengo 17 años, aparento más, así que no tuve problemas para entrar con ellos en la discoteca a la que fuimos. Rubén estuvo bebiendo toda la noche e iba bastante pasado. Mi hermana no iba bebida, pero iba más salida que una perra en celo. Se rozaron, morrearon y metieron mano delante de mí con total descaro. Incluso mi hermana me lanzó esa mirada de: "este macho es mío" que tanto odio. Aunque esa vez, me pareció incluso graciosa. Si mi hermana supiera el rollito homo que se gastaba su novio...


Hacia el final de la noche Rubén me dejó claro porque me había invitado a venir. Cuando mi hermana se fue al baño, él se acercó mucho más a mí hasta el punto de rozarme mientras bailábamos el último single de Paulina Rubio en un rincón de la discoteca. Yo lo estaba flipando, pero me aproveché de que Rubén estaba muy borracho para rozarle sin problemas. En eso estábamos cuando mi cuñado me dijo al oído...


-Me la has puesto muy dura cuando te has comido la tarta... eres un putito muy cerdo...


-Eres un gilipollas Rubén, ha sido por tu culpa. Y yo no soy ningún puto...


-Sí lo eres, tu hermana ya me ha contado que eres gay... –Rubén se colgó de mi cuello y siguió hablando en medio de un ataque de sinceridad alcohólica-. Al principió me dio asco, incluso me cabreé y dije que no quería verte más... pero desde que estamos en Altafulla me estoy divirtiendo mucho contigo ¿sabes?


-Pasa de mí, tío... estás borracho...


-¿Quieres olerme ahora? –Me dijo con una mirada de vicioso a punto de correrse que asustaba. No respondí.


Rubén se metió la mano por la cintura de los tejanos y los boxers y se agarró la polla y los huevos. Por su bulto podría decirse que la tenía bastante dura. Acercó su mano a mi cara y con la otra me empujó la cabeza hacia ella. La verdad es que no opuse demasiada resistencia, el muy cabron sabía que era gay y su juego me ponía muy cachondo. Por primera vez un chulazo me hacía caso... Hundí mi cara en su mano y aspiré ese olor a polla y a huevos sudados, limpios, pero sudados.


-Yo también quiero olerte...


Sin decir nada más, cogió mi mano y la condujo hacia el interior de mis pantalones. Con su mano estiró de la cintura elástica de los boxers y metió mi mano en mi paquete. Me agarré la polla húmeda y los huevos durante unos segundos. Después Rubén me sacó la mano y se la llevó a la nariz. Aspiró profundamente con los ojos cerrados y sin decir nada sacó la lengua y me lamió la palma de la mano. Ver a un tío como él lamiéndome la mano con la que me acababa de agarrar la polla hizo que me corriera en medio de un orgasmo que me hizo temblar. No sé si él lo notó, pero el muy cabrón metió esta vez su mano en mi paquete y me agarró la polla cubierta de esperma.


-Te has corrido cabroncete... –me apretó fuerte el rabo y sacó la mano. Con total descaro metió su mano por debajo de mi camiseta y se limpió en mi abdomen.


Cuando mi hermana volvió del baño, Rubén se abalanzó sobre ella sobándola con ansia. Mi hermana intentó zafarse de los movimientos tan violentos que hacía su novio. Mi cuñado le dijo algo al oído y ella puso mala cara. Rubén insistió y mi hermana pareció cabrearse y se soltó de él con mala hostia. Desde aquel momento, Rubén pasó olímpicamente de mi hermana y ella de él. Durante todo el tiempo que estuvimos en la discoteca, él bailó solo mientras mi hermana bailaba conmigo. De vuelta a casa en el coche, condujo ella y ambos estuvieron totalmente callados. Yo seguía flipando por lo que acababa de suceder. Simplemente no me lo creía.


Mi hermana llegó cabreadísima a casa y me dijo que me ocupara yo de acostar a Rubén porque ella pasaba de él por capullo. Así que yo le acompañé hasta nuestra habitación y le estiré en la cama. Tras correrme había vuelto a tocar de pies en el suelo, pensaba que aunque Rubén se había comportado como un cerdo vicioso hacía un rato, podía ser cosa de la borrachera y, cuando despertase a la mañana siguiente, quizás no se acordaba de nada. Con mucho cuidado le quité los zapatos y le dejé estirado en la cama. Luego fui al baño a darme una ducha rápida para quitarme el esperma y la ropa sucia.


Al salir del baño no le vi en la cama, miré hacia la terraza de la habitación y le vi fuera, apoyado en la barandilla.


-Rubén, vamos a sobar...


-Jejeje... ¿tan pronto?


-Son las 6, tío...


-¿Sabes por qué se ha cabreado tu hermana?


-No.


-Porque le he dicho que al llegar a casa quería darle por el culo... pero como es una estrecha no quiere... ¿se puede ir de zorra y ser en el fondo una beata de pueblo?


-Basta Rubén... te estás pasando... vamos a la cama...


-No, no... es muy pronto aún. ¿Todos los miembros de esta familia sois así? ¿Sólo aparentáis?


-No... –dije rotundamente.


-Vaya carro que tiene tu padre ¿no? –Rubén señaló con su mirada el Audi Q7 de mi padre que estaba aparcado bajo nuestra terraza-. Ya lo dicen, coche grande, polla...


-Rubén, vamos a la cama... ¡joder! –Aunque sus comentarios me estaban cabreando, en su estado y dada su corpulencia, no tenía muchas ganas de pelearme con él.


-Pero lo lleva muy sucio. Creo que se lo voy a lavar... tengo ganas...


-Qué dices, tío, vamos a dormir.


No entendí las intenciones de Rubén hasta que no vi como aflojaba los botones del pantalón y tiraba de ellos arrastrando consigo los boxers. Con una mano se agarró la polla morcillona que tantas pajas me había arrancado y apuntó al coche de mi padre.


-¡Joder! Ni sete ocurra –grité-. Eres un cerdo chaval...


-¿Y qué vas a hacer para impedírmelo?


-No lo hagas por favor... –Me imaginé el olor que desprendería al día siguiente el coche de mi padre cuando lo cogiera para ir a hacer la compra. Con todo el alcohol que se había bebido Rubén...


Pero el cerdo del novio de mi hermana no me hizo caso y empezó a mear. Su potente chorro cruzó la barandilla metálica y fue a estrellarse contra el techo del Audi de mi padre aparcado debajo.


En medio de un ataque de pánico corrí hacia él y le cogí instintivamente la polla. El muy cabrón no dejó de mear y me salpicó todo. La situación me daba realmente asco, pero no sé muy bien porqué, mi polla se puso dura al momento. Jamás me había imaginado que un tío me mease. Sin pensarlo dos veces cogí uno de esos maceteros ornamentales que había en la terraza y lo coloqué en la trayectoria de la meada de Rubén. Había salvado el Q7 de mi padre, pero me había manchado yo y encima le estaba aguantado la polla a mi cuñado mientras meaba en un macetero. Aquello era surrealista.


-Muy bien chaval, eres un tío con recursos...


-Y tú un cerdo, joder... –dije cabreado.


-Y a ti te encanta... –Rubén me lanzó una mirada que me dejó hipnotizado. Ya había dejado de mear pero yo seguía agarrando su polla dura. La sacudí instintivamente para limpiarla y cuando iba a soltarla, Rubén me agarró la mano con la suya y me obligó a dejarla agarrada al tronco de su potente rabo.- Me debes una...


Sin quitar su mano de la mía, empezó a marcar el movimiento de una paja sobre su polla. Fui incapaz de quitar mi mano, porque me estaba encantado y porque sus ojos clavados en los míos me habían dejado sin voluntad propia. Pocos minutos después Rubén liberó mi mano y yo seguí masturbando aquel largo pollón. Con la otra mano cogí sus gordos huevos y los acaricié. Mi mano recorrió varias veces toda la extensión de su verga y continué masturbándolo frenéticamente hasta que él me detuvo. Llevó mi mano a su boca y volvió a lamerme la palma, sin darme tiempo a reaccionar me escupió en la mano y volvió a ponerla en su polla. Aquella cerdada hizo que me doliera la polla de lo dura que estaba. Seguí masturbándolo hasta que en medio de un profundo suspiro, su polla empezó a lanzar chorros de leche que alcanzaron su pecho y su cara. Mis manos estaban llenas de su corrida. Me gustó sentir su semen caliente en mis manos, incluso pensé en volver a probarlo, pero no sabía cual sería la reacción de Rubén tras su corrida.


Nos limpiamos en silencio sin mirarnos a la cara y nos metimos en la cama. Estaba flipando con todo lo que había pasado aquella noche. Me sentí un poco culpable por haber pajeado al novio de mi hermana, pero por primera vez no era yo el que se preguntaba "porqué yo no". El muy cabrón se la había sacado con la excusa de mearse encima del coche de mi padre porque sabía que así le agarraría la polla. Esta vez el chulazo quería guerra conmigo y joder, el que pueda resistirse a eso, que lance la primera piedra. Cuando escuché los ronquidos de Rubén, me saqué la polla y me pajeé salvajemente hasta correrme.

Alguien dijo una vez que hay que tener cuidado con lo que se desea porque puede hacerse realidad. Antes de estas "intensas" vacaciones de verano jamás pensé que desear el chulo ajeno me iba a dar tantos quebraderos de cabeza. Siempre me había imaginado haciéndole una fugaz mamada al novio cachas de Sandra, mi mejor amiga, o pajeándome junto a uno de los múltiples rollos de mi hermana sin que ella lo supiera. Pero jamás imaginé que el último fichaje de mi hermana iba a darme tanta caña.


Si me costaba creerme que la noche anterior le hubiera hecho un pajote al semental de mi cuñado, mucho más me costó encajar los jueguecitos que Rubén me tenía preparados en los días sucesivos. A la mañana siguiente me desperté muy tarde. Escuché ruido a lo lejos, mi familia parecía estar preparando la comida. Me vestí y salí al jardín. En efecto, mi madre y mi hermana estaban poniendo la mesa y acabando de preparar una ensalada.


-Hijo, hoy comemos fuera, debajo del toldo se está muy bien.


-¿Papá y Rubén no han vuelto? -Preguntó mi hermana.


-No, estarán al llegar.


-¿Papá y Rubén han ido juntos a algún sitio? –Pregunté perplejo.


-Sí, sorprendentemente se han puesto a hablar de deporte, papá ha dicho que pensaba que se estaba poniendo fondón y Rubén le ha animado a salir a correr. Así que se han ido a correr hasta Torredembarra. Supongo que también lo ha hecho para que le perdone por el pique de ayer...


-Flipo.. –respondí atónito. En teoría mi padre no podía ni verle.


-Y yo... ya ves, mi novio se está ganando a mi familia -sonrió Marta-. Ahora sólo faltáis mamá y tú... ¿no me digas que no te cae mejor después de estos días juntos?


-Bueno... –recordé mis manos haciéndole una paja la noche anterior-. Sí, supongo...


A mi padre se lo estaba ganando corriendo con él. A mí me estaba conquistando corriéndose conmigo... me pregunté qué haría para caerle bien a mi madre. No me hizo falta esperar mucho para obtener una respuesta. Las mujeres son previsibles...


Mi padre y Rubén llegaron sudando, sobre todo mi padre, que a sus casi 50 estupendos años ya no estaba para caminatas como la que se acababa de pegar. Tal y como entró en casa, se fue a duchar y a descansar sin ni siquiera comer. En cambio, el chulazo de mi hermana venía sudando pero sin el más mínimo síntoma de agotamiento.


-¿Vamos a comer ya, cari? –le preguntó mi cuñado a mi hermana mientras le daba un beso en la mejilla y le apretaba furtivamente el culo.


-Sí, dentro de poco... voy un momento dentro a por la carne.


-Vale, entonces ya me ducharé luego... ¿os importa que me dé un baño en la piscina antes de comer? Estoy muerto de calor... –Rubén nos miró a mi madre y a mí.


-Adelante... –murmuró mi madre.


Rubén lo sabía, sabía el efecto que iba a provocar. Junto al borde de la piscina, a pocos metros de la mesa en la que mi madre y yo acabamos de aliñar la ensalada, el chulo del novio de mi hermana se quitó la camiseta blanca de tirantes que llevaba y la dejó en el suelo. Mi madre lanzó una furtiva mirada al pecho y al abdomen de mi cuñado que estaban completamente bañados en sudor. Él lo notó. Todavía más despacio empezó a bajarse los pantalones cortos negros que llevaba dejando lentamente a la vista uno de esos bañadores de competición speedo de color azul eléctrico. Con su polla y sus huevos llenándolo todo, aquella imagen me recordó a los créditos de los "Vigilantes de la Playa" que me había tragado tantas veces de pequeño, suspirando por el abultado paquete de David Chokachi enfundado en un bañador como ese. Mi cuñado incluso mejoraba aquella imagen. Terminado su ritual, Rubén se dio la vuelta y se lanzó de cabeza a la piscina. Miré a mi madre, tenía la vista clavada en Rubén...


-¿Qué? –La increpé. No sé si me cabreaba más que estuviera mirando a otro hombre con esos ojos estando casada, o que estuviera mirando al tío por el que yo me moría.


-Nada... –Disimuló ella.


-¿Nada?


-No, nada.. sólo estaba pensando que no parece tan mal chico como pensábamos...


En aquel momento entendí que con un cuerpo musculado y fibrado en su justa medida y un rabo de caballo, puedes llegarle a caer bien incluso a una suegra que, cuando estás vestido, no te soporta.


Después de comer, y con la visión de la entrada y la salida de Rubén de la piscina, me pegué una de las siestas más placenteras de mi vida. Cuando me desperté, le vi durmiendo en la cama de al lado, de espaldas y tapado con una sábana. Tranqui, me dije a mí mismo. Me puse la camiseta y me fui a merendar algo. Cuando entré en la cocina mi topé con mi padre que se iba a tomar el sol a la piscina. Me dijo que mi hermana y mi madre habían salido de compras.


Cuando me senté en la mesa del comedor para devorar un bol de cereales con leche, apareció él. El muy cabrón se acababa de despertar y entró en el comedor totalmente desnudo. Su rabo flácido se apoyaba en su pierna derecha y se zarandeaba ligeramente al caminar. Sin decir nada se paró frente a mí, al otro lado de la mesa, y se estiró desperezándose. Al levantar los brazos por encima de su cabeza puede volver a ver esas axilas con el vello perfectamente recortado y muy oscuro. Rubén no tenía mucho pelo en el cuerpo, sólo en las piernas, los brazos, las axilas y el vello púbico que le llegaba hasta el ombligo marcando el mejor camino para perderse que haya visto nunca.


-Joder, Rubén... ¿qué haces en bolas? Mi padre está fuera tomando el sol...


-¿Y qué? Seguro que también se muere por verme en pelotas... y comparar.


-Como te pille, te echa de casa... –empecé a ponerme nervioso por la situación y Rubén lo notó.


-¿Nos apostamos algo?


-¡Joder Rubén! Vístete...


-Vale... tranqui, chaval... –mientras me vacilaba, mi cuñado se acarició la polla de arriba abajo y tiró de la piel que cubría el glande. A esas alturas su polla estaba morcillona-. Pero antes, déjame probar eso que estás comiendo... tengo hambre.


-Son sólo cereales... –mis rodillas se tensaron.


-A ver... –Rubén me quitó la cuchara de la mano, la metió en el bol, la llenó y se la llevó a la boca-. Mmmmmm... están muy buenos –Lamió la cuchara lascivamente por los dos lados y la volvió a meter en el bol.


-Vístete, joder... –la idea de que mi padre entrase en el comedor y viera a mi cuñado desnudo, con la polla en semierección a pocos centímetros de mi cara, me estaba poniendo de los nervios. Por bueno que estuviera Rubén, sus juegos iban a matarme. El problema era que mis 16 centímetros estaban ya a tope y mojando mi bañador.


-No, antes me quiero dar una ducha... he corrido mucho esta mañana. Además, ayer un putito me hizo una paja y se olvidó de limpiarme bien la polla –con total tranquilidad, mi cuñado volvió a acariciarse la polla y la descapulló lentamente-. Aunque quizás debería limpiármela él...


-Y una mierda... vístete, joder.


-No –dijo rotundamente-, antes termina lo que empezaste...


-Yo no empecé nada, fuiste tú...


-Te mueres de ganas, chaval –sin darme tiempo a reaccionar mi cuñado estiró el brazo y me cogió la polla por encima del bañador-. Lo sabía... Bueno, quizás te apetece más si te la comes con tu merienda...


Ante mi mirada perpleja Rubén se acercó al bol y metió su polla dentro. Con una calma que me estaba matando de excitación y de nervios removió la leche con cereales hasta que su polla estuvo completamente dura. Cuando la sacó le empezó a chorrear la leche por el tronco hasta llegar a sus huevos.


-Límpiala... –me dijo en un tono absolutamente autoritario. Me debatía entre mandarle a la mierda por darme ordenes o lanzarme a comerme aquel rabo como un puto desesperado. Pero ganó mi orgullo.


-¡Y una mierda! –Repliqué con rabia.


-Chaval, lo estás complicando todo, joder. Me la vas a comer porque te mueres de ganas...


Rubén me cogió de la nuca y me amorró a su polla tiesa. Mis labios rozaron su capullo mojado de leche y cereales. Intenté zafarme y empujarle pero me agarró los dos brazos y volvió acercarme la polla a la boca con su mano libre. Yo seguía sin abrir mi boca, ya no sabía si por dignidad o por nervios, porque en el fondo me moría de ganas de hacerlo. Viendo la resistencia que estaba oponiendo, Rubén empezó a pasarme ese rabo casi de caballo por toda la cara. Estaba tan dura y era tan grande que mientras sus huevos me rozaban la barbilla, la punta de su capullo pasaba de largo de mi flequillo. Me calentó tanto notar su pija en los ojos, en los labios, en la nariz... que mi resistencia flaqueó y abrí la boca. A partir de ese momento mi cuñado no perdió el tiempo. Me agarró la cabeza con las dos manos y empezó a follarme la boca como un a****l. El diámetro de su rabo hacía que mi boca estuviera completamente abierta y notar su capullo en el fondo de mi garganta me provocaba unas arcadas tan bestias que aún no sé cómo pude controlarlas. Me folló la boca como quiso durante unos minutos que me parecieron horas hasta que...


-Joder, qué boca tienes cabrón... me voy a correr...


Mi cuñado sacó su polla de mi boca y empezó a masturbarse frente a mi cara. Yo tenía lágrimas en los ojos del esfuerzo. Cuando su rabo se tensó anunciando su venida, Rubén apuntó al bol y empezó a descargar su leche... fueron 6 o 7 trallazos de esperma, una cantidad increíble teniendo en cuenta que se había corrido la noche anterior.


-Abre la boca... –me dijo muy serio. Aunque me imaginaba lo que quería hacer, no opuse resistencia, primero porque estaba muy caliente y segundo porque tenía ganas de que saliera del comedor y se vistiera de una puta vez antes de que nos pillara mi padre-. Muy bien, buen chico...


Cogió la cuchara sopera con la que estaba comiendo yo y la metió en el bol recogiendo la mayor cantidad de su corrida posible. Ni siquiera se m*****ó en mezclarla con la leche que ya había en el bol. La llevó a la punta de su polla, aún bastante dura, y con la otra mano escurrió el semen que quedaba en su glande y lo dejó caer en la cuchara. El trayecto de su polla a mi boca se me hizo eterno. Aquello era una guarrada, pero mantuve la boca abierta hasta que la cuchara entró en ella. Noté el gusto un poco amargo de su semen y me lo tragué sin más.


-Te debía una cucharada...


Sin decir nada más, Rubén se dio la vuelta y salió del comedor. La imagen de su potente espalda y su culo apretado y duro me tensaron la polla otra vez. Acababa de comerle la polla y ya me moría de ganas por pasar mi lengua por aquel culo tan rematadamente heterosexual.


Como si estuviera poseído, me terminé con desesperación el plato de cereales con leche mezclados con la corrida de mi cuñado. Sin lugar a dudas, la mejor merienda de toda mi vida. Me levanté corriendo y me fui al baño a pajearme pensando en la cerdada que acababa de hacer. Estaba tan salido aquella tarde que me pajeé con tanta fuerza que incluso sentí dolor.


Tras la corrida estaba hecho un flan. Fui consciente de que mi padre nos podía haber pillado. Estaba de los nervios. Así que me mojé la cara, intenté relajarme y me fui a la piscina a ver cuál era su reacción. Recé para que no se hubiera dado cuenta de nada. Salí al jardín y le saludé, me respondió con normalidad. Estaba enfrascado en la lectura de uno de los últimos best sellers editoriales. Respiré profundamente y me senté en el borde de la piscina.


-¿Qué tal la tarde hijo?


-Bien, bien... acabo de merendar leche con cereales... ¿y tú?


-Aquí leyendo. Tu cuñado me ha dejado hecho polvo de tanto correr...


-Ya, ya... se nota que él puede... –contesté pensando en lo que acaba de pasar dentro de mi casa.


-¿Sabes? En el fondo no es tan mal tío como pensaba. Me ha dicho si quiero ir a entrenar con él al gimnasio para recuperar un poco la forma...


-¿Y tú qué le has dicho?


-No sé, me lo estoy pensando...


Definitivamente, Rubén se estaba metiendo en nuestra casa y en nuestras vidas.

Me desperté y abrí los ojos, a través de la puerta entreabierta podía escuchar cómo Rubén se duchaba. Me pregunté cómo lo hacía. En sólo unos días, el que era el insoportable y chulo novio de Marta se había convertido en uno más de la familia. Uno más fibrado, musculado, chulo, sobrado y problemático, pero uno más. La noche anterior, cuando mi padre me había dicho que nos íbamos los cinco a pasar el día a un parque acuático, no me lo podía creer. Pero aquella mañana, mientras oía caer el agua de la ducha y me imaginaba a mi cuñado enjabonándose, aún me lo creía menos.


A diferencia de otras ocasiones, esta vez nos fuimos todos juntos en el coche de mi padre. Se podía decir que incluso se respiraba buen rollo. Mi padre había hecho buenas migas con Rubén y hablaban a menudo de deporte, y Marta parecía menos arisca y agresiva. Sólo mi madre mantenía ciertas dudas respecto a su yerno. En el coche, Marta y Rubén, sentados a mi lado en el asiento de atrás, se hacían mimos con cierto recato. Me sorprendió que Rubén se cortara con lo cabrón que era. Pero aunque fueran mimos discretos, me ponía cada vez más enfermo ver que mi hermana y él se tocaban delante de mí. Lo peor de todo era que Rubén lo sabía, me miraba y sabía que me jodía, por eso todavía lo hacía más.


Cuando llegamos al parque acuático Caribe Aquatic Park en Salou, mi hermana y mi madre se metieron juntas en su vestuario y los tres "machos" nos fuimos al nuestro. Para ser sincero, yo estaba bastante nervioso por tener que desnudarme delante de mi padre y Rubén, así que me puse el bañador en casa. Eso sí, entré con ellos para quitarme la camiseta y dejar las cosas en la taquilla. Cuando entramos en el vestuario de la zona cubierta del parque me sorprendí de que no hubiera nadie. Para ser agosto el parque estaba anormalmente vacío y el hecho de que fueran casi las 2 de la tarde contribuía a que aquel vestuario estuviera desierto. Mi padre empezó a desvestirse lentamente y Rubén hizo lo mismo. Me daba mucho corte mirarles, así que sólo lanzaba miradas furtivas de vez en cuando mientras me descalzaba sentado en un banco de madera. Rubén se había desnudado completamente y mi padre estaba vestido únicamente con un slip cuando le dijo:


-Rubén, joder, que envidia me das. Los años no perdonan –dijo mi padre pasándose una mano por la barriga-. Cuando era joven estaba casi, casi como tú...


Mi padre había practicado el ciclismo y la natación cuando era más joven, y a sus casi 50 años se conservaba bastante bien. Debía medir 1,90 y era corpulento y fuerte. Tenía el pecho definido y cubierto por una consistente capa de vello, aunque más abajo, lo que un día fue un vientre plano se había convertido en una incipiente barriga, eso sí, una barriga dura y tersa. No había ni una parte del cuerpo de mi padre que pudiera describirse como fofa o flácida. Las piernas y los brazos se mantenían fuertes, especialmente las piernas, anchas y definidas como las de un ciclista en activo. Nunca había mirado a mi padre de una forma sexual, pero en aquel momento me pareció un hombre atractivo. Su cara, de rasgos duros y masculinos y su pelo algo cano acentuaban su aspecto de tío duro y trabajado.


-Pero cualquiera diría que estás gordo y fofo, joder... –le respondió mi cuñado sin ni siquiera ponerse el bañador.


-Bueno... no, gordo no... pero ya no estoy firme ni definido.... –mi padre tensó el brazo marcando un prominente tríceps.


-No te me pongas a llorar como una vieja, joder... aún puedes tonificarte y recuperar definición muscular. Lo que te pasa es que eres un perro... –Rubén le hablaba con una confianza y un colegueo que me dejaron K.O.


-No sé, pienso que no me servirá de nada a estas alturas...


-¿Cómo que no? Mira –Rubén se acercó a mi padre sin vestirse y le puso las manos en el brazo-, tensa el brazo... ¿ves? Tienes unos buenos tríceps y bíceps. Sólo necesitas definir un poco. –Sus manos se pasaron al pecho-, lo mismo con el pectoral, esto te lo machacas en el press de banca, unas aperturas con mancuerna, una series en un par de máquinas de pectoral... y parecerás Stallone en dos semanas...


-Joder, yo no lo veo tan claro... -contestó mi padre repitiendo las posturitas. Otro al que le gustaba exhibirse...


-Va nen, que hasta tienes unas piernas más musculadas que las mías... –Rubén se agachó y le puso las manos en los gemelos a mi padre-. Tensa la pierna... –Mi padre lo hizo y mi cuñado fue subiendo con sus manos hacia el muslo hasta rozar con sus dedos los huevos de mi padre enfundados en un slip blanco-. Enric, estás en muy buena forma... –cuando retiró su mano, sus dedos rozaron intencionadamente el paquete de su suegro.


Mis ojos se abrieron como platos cuando Rubén se levantó. Su polla había crecido bastante y le colgaba con aún más aparatosidad sobre ese par de grandes huevos tan apetecibles y con el vello recortado.


-Bueno, aunque hay cosas que por que más que las ejercite no se pondrán tan en forma por lo que veo... jajajaja. –rió mi padre con absoluta tranquilidad. Mis mejillas se encendieron de vergüenza.


Pero la vergüenza no era un atributo en el carácter de Rubén. Sin cortarse ni un pelo, se cogió la polla y se pasó la mano de la base hasta la punta haciendo aún más evidente su estado de semierección y su destacado tamaño. Con toda tranquilidad, corrió y descorrió varias veces la piel que cubría parcialmente el capullo de su polla.


-Y eso porque no la habéis visto al máximo de su capacidad –Rubén me miró con una mirada pícara. Me dejó alucinado que mi padre bromeara sobre la polla del novio de su hija y encima delante de su hijo. "Los hetero son la hostia", me dije...


Sin dejar de reírse de su propio comentario, mi padre terminó de desvestirse y se quitó el slip para ponerse el bañador. Fue la primera vez que le vi desnudo. Su culo estaba tan duro y tan cubierto de vello como sus piernas, y destacaba porque estaba especialmente blanco respecto al moreno que lucía mi padre en el resto del cuerpo. No quise mirar, intenté apartar la vista, pero vi y miré... mi padre se giró y pude verla. Era una buena polla, especialmente ancha y gorda, aunque no muy larga. Estaba circuncidada, con su gordo capullo rosado semicubierto por la piel del prepucio. Para no estar en erección, aquello estaba más que bien. Me llamaron la atención sus huevos, eran casi el doble de grande que los míos, un par de huevazos del tamaño de dos huevos de gallina. Como el culo y el resto de su cuerpo, su polla y sus huevos estaban rodeados de vello oscuro. Aparté la vista y la clavé en el suelo ¿qué coño hacía mirándole la polla a mi padre? Aquellas vacaciones me iban a volver loco.


-Bueno suegro, eso tampoco está nada mal... –dijo Rubén mientras se ponía un pantalón coro y miraba con descaro la entrepierna de mi padre.


-Ya bueno, la mía es un Audi Q7 y la tuya un Hummer, hay que joderse...


-Ya, bueno, y la mía un Toyota Rav4. Me estáis rallando, vamos a la piscina de una vez –En el fondo me estaban poniendo malo y quería acabar con aquella situación de una vez o no respondía de mis actos.


-Tranquilo chaval, esto son cosas de hombres –dijo el cabrón de Rubén con una sonrisa mientras se plantaba a un palmo de mi cara y me acariciaba la cabeza con un falso colegueo que me puso de los nervios.


-Hijo, no te agobies, ya crecerá y se pondrá como la de tu cuñado, eres muy joven aún... –me soltó mi padre con un tono paternalista-sexual de lo más incómodo.


Si padre hubiera sabido en aquel momento que yo no quería tener la polla como la de Rubén, sino lo que quería era tener la polla de Rubén, a ser posible en mi boca, hubiera flipado. El cabrón de mi cuñado era un Dios salido de un vídeo de Corbin Fisher o Sean Cody. Y por si no era suficiente soportar todo el puto día su torso marcado, el muy sobrado se había puesto un pantalón de futbolista blanco sin nada debajo y que, evidentemente, no llevaba forro. Si estando seco ya se le notaba la polla semierecta pujando bajo la tela, cuando se mojara aquello iba a ser todo un espectáculo.


"Rubén, eres un cabrón", pensaba mientras miraba como el "machito" sobaba a mi hermana que se reía divertida estirada en la hamaca de al lado. Mis padres habían ido probar el Río Loco, así que mi hermana y su chulazo podían rozarse sin cortarse un pelo. "Con lo puta que es ya podría ligar con un guiri y dejar a Rubén en paz" decía para mis adentros sin dejar de mirarles. Mi hermana estaba de espaldas a mí y no me veía, pero Rubén sí se estaba dando cuenta de mi cara de mala hostia. De repente mi hermana se zafó de él y se levantó de la hamaca...


-Cari, ahora vuelvo... tengo que cambiarme el Tampax... –Joder, ¿por qué era tan jodidamente ordinaria la zorra de mi hermana?


-Vale, cochito... –le soltó él dándole una palmada en el culo-. Tu niño te espera aquí...


-¿Me pasas una Coca? Creo que mi padre las ha dejado a tu lado –le dije a mi cuñado con una mirada matadora que equivalía a un "deja de sobarla de una puta vez o no te la vuelvo a comer".


No me contestó, el muy cabrón cogió una Coca-Cola de las que había junto a su hamaca, y me la tendió. Cuando la fui a coger, la retiró de mi alcance. Abrió la lata con calma, bebió directamente de ella posando sobre el metal esos morritos de chulo que tiene, y me la volvió a pasar...


-Ahora sí... -Cuando di el primer trago pensando que sus labios habían estado en contacto con aquel trozo de aluminio, mi polla se puso dura de golpe. Yo quería ser lata.


Pero sus provocaciones fueron más allá aquel día, cuanto más enfadado me veía por sobar a mi hermana, más cabrón era conmigo. Cuando mis padres llegaron, nos fuimos Rubén, mi padre, mi hermana y yo la piscina de olas. Para animar la cosa, a Marta no se le ocurrió otra cosa que jugáramos a luchas. Ella se encaramó a los hombros de mi padre y soltó...


-Estamos listos... –y me miró como diciéndome "anda, súbete encima de mi novio", y claro, si tu hermana te dice que montes a su chulazo, no puedes decirle que no. Miré a Rubén...


-Vamos, nen... ven con Rubén... –dijo él entre risas. Lo peor de todo es que iba en serio.


Mi hermana y yo empezamos a pelearnos de broma, aunque en más de una ocasión pensé en empujara de verdad para tirarla de una puta vez al agua. "Es tu hermana" me repetía mi conciencia, "No puedes matarla, al menos no aquí, delante de tanta gente". Pero las manos de mi cuñado apretándome los muslos para sujetarme, hicieron que dejara de pensar en acabar con la vida de mi hermana y me dedicará a disfrutar del roce. Tanto fue así, que me empalmé y dejé de pelear con ganas hasta que mi hermana me tiró de los hombros de mi cuñado.


-¡Chaval eres un blando! –Me soltó ella-. Papá, somos los mejores...


Cuando saqué la cabeza del agua, Rubén me ayudó a ponerme derecho. Sus brazos rozaron mi cintura. Su gesto me pareció incluso cariñoso. Me apoyé en su pectoral durísimo para estabilizarme. Tuve que contenerme para no empezar a lamérselo en aquel mismo momento. Se acercó a mi oído y me susurró:


-Tu Rav4 se ha puesto muy duro, nen... Y me gusta.


Ufff... ni en mis sueños más húmedos me imaginé al chulazo del novio de mi hermana decirme al oído delante de ella que le gustaba notar mi polla dura en su nuca. Seguimos jugando entre apretones y caídas. Me dejé ganar sistemáticamente para poder rozarme aún más con la espalda y los hombros de mi cuñado. En repetidas ocasiones, Rubén me sobó el culo para sacarme del agua y yo, cada vez con menos disimulo, le rozaba las piernas y el torso al levantarme. En una de mis últimas sumergidas, incluso me atreví a tocarle el paquete por encima de la ropa fingiendo estar desorientado por la caída. Jamás me había divertido tanto en un parque acuático.


Pero después de 20 minutos de roces, ya no podía más, me dolía la polla de lo dura que la tenía. Así que desmonté a mi cuñado y me di un tiempo muerto a mí mismo para irme al lavabo. Volví a los vestuarios y entré en los servicios. Como estaban vacíos me puse a mear en un urinario de pared. Con la polla fuera, intentaba pensar en algo negativo para que se me bajara la erección, pero el recuerdo del contacto con el cuerpo de mi cuñado no ayudaba mucho. En eso estaba cuando entró alguien. Suspiré y le miré de reojo. Sin decir nada se puso a mi lado y se la sacó. La tenía morcillona el muy cabrón. Miró de reojo hacia mi polla y me soltó...


-Te la he puesto dura...


-Sobrado... –le respondí desafiante. Algo me decía que me seguiría hasta los baños. Sin decirme nada, me cogió la mano libre y me la colocó en su polla. Noté como se fue poniendo dura hasta alcanzar su máximo esplendor-. Y yo a ti...


-Pues vas a tener que hacer algo, putito...


Odiaba que me llamase putito, y él lo sabía, por eso lo decía aún más, porque sabía que doblegaba mi voluntad. Liberó mi mano, aunque yo no solté su rabo, y me empujó con las dos manos para que me agachase delante de él. No opuse apenas resistencia, me moría de ganas. Con su rabo tieso zarandeándose a pocos centímetros de mi boca, poco importaba que pudiera entrar alguien. Olía ligeramente a agua clorada, pero aún así, podía percibir el olor característico de su polla. Saqué la lengua y la pasé por su glande. Ladeé la cabeza y continué por ese grueso tronco hasta rozar sus huevos. La apreté fuerte con una mano, y volví a lamerla esta vez por arriba, resiguiendo la vena que cruzaba aquel pollón y lo mantenía así de tieso. Volví a la punta y me la metí en la boca...


-Come, cabrón... –susurró él mientras me empujaba por la nuca para metérmela más en la boca. Poco más de la mitad de su rabo entraba y salía de mi boca al ritmo que marcaba él, mientras yo le succionaba el glande y pasaba mi lengua por la punta de aquel capullo hinchado. Me encantaba que mi cuñado me llenase la boca con su polla, estaba en la gloria a pesar de lo que se tenía que abrir mi mandíbula para dejar paso a aquel rabo. Estaba en el séptimo cielo, pero quería probar algo más. Mis manos se clavaron en su culo...


-Espera... –dije sacándome su polla mojada de la boca. Le empujé para que se diera la vuelta y se apoyase en el urinario de pared. Rubén se dejó hacer en silencio. Le bajé los pantalones hasta los tobillos y mis manos volvieron a clavarse en aquel culo heterísimo. Estaba duro, firme, y tenía esas dos hendiduras a los lados que hacían que sus nalgas estuvieran aún más prietas y que sólo puede tener el culo de un buen macho de gimnasio.


-¿Qué coño vas a hacer? –Parecía una queja, pero no era una queja. El chulazo de mi hermana más que quejarse, susurró aquellas palabras como si fuera un gato cachondo. Besé y mordí suavemente sus nalgas sin dejar de apretárselas. Estaba en medio de un sueño. Las abrí lentamente dejando a la vista aquel preciado agujero rodeado de una fina capa de vello casi rubio, saqué la lengua y se la pasé desde los huevos hasta el principio de su espalda. Cuando mi lengua rozó su agujero, a Rubén le flaquearon hasta las piernas. El muy cabrón se inclinó un poco más y abrió más las piernas. Volví a lamerle todo el culo y me detuve en su agujero, mi lengua empezó a jugar intentando penetrarle. Me hubiera querido soldar a aquel culo.


-Joooddder... –susurró él-, eres un puto cerdo... cómeme el culo, joder...


Mi cuñado me apretó fuertemente la cabeza contra su culo y yo seguí lamiendo aquel puto agujero como si me fuera la vida en ello. Intentaba penetrarle con la lengua hasta que me quedaba sin aire y bajaba hasta sus huevos lamiéndole el perineo. Cogí su polla con una mano y la empujé hacia atrás para comerme su capullo húmedo de precum y pajearle. Mi cuñado se retorcía como un a****l. Solté su polla para que él pudiera pajearse a saco y me centré en lo que más me apetecía, lamer de arriba a bajo el centro de aquel culo de macho corrompido por mi lengua.


-Agggg... nunca me lo habían hecho joooddder, me vas a matar, cabrón...


Aprovechando que relajó su esfínter, mi lengua entró un poco dentro de él. La moví con desesperación, como si intentara penetrarle con mi polla. Por primera vez le veía rendido ante mí y no al revés.


-Jooddder, me corro... ven, joder... –me arrancó de su culo, me puso de pie y mientras seguía pajeándose, me sacó la polla del bañador y me pajeó con la otra mano-. Mi puto me come el culo como un perro...


-¿Quieres saber a qué sabe tu culo?


Rubén no contestó. Soltó mi polla y me arrastró de la nunca hasta su boca. Nuestros labios chocaron desesperadamente y su lengua no tardó ni un segundo en meterse en mi boca y recorrer cada rincón de ella. Nos corrimos en medio de un brutal orgasmo que nos salpicó los torsos y pringó todo el urinario. No dejamos de comernos la boca hasta mucho después de que el cañonazo de mi cuñado dejara de lanzar trallazos de leche caliente.


Sin tiempo para recuperar el aliento escuchamos que alguien entraba en los lavabos. Nos subimos los bañadores como pudimos, y nos colocamos en los urinarios para hacer lo que habíamos venido a hacer... bueno, lo otro que habíamos venido a hacer, mear. Rubén se acarició el abdomen esparciendo los restos de mi corrida y yo hice lo mismo con la suya. El intruso era un niño inglés de unos 12 años, se paró en el tercer urinario, junto a Rubén, y se puso a mear. Nuestra respiración aún era muy agitada y el chaval nos miró extrañado. Lanzó una mirada al urinario donde estaba Rubén y vio restos de la corrida. Rubén se guardó la polla, le miró, me miró, volvió agarrarme de la nunca y me plantó otro pedazo de muerdo de los que hacen historia. Volvió a mirar al inglés, al que se le había cortado la meada, y soltó:


-¿Qué coño te pasa, chaval?


Fue sencillamente brutal. Que volviera a besarme después de correrse y delante de aquel chaval me dio un subidón muy bestia. Sentí que éramos algo... que había algo que nos unía más allá del sexo. O al menos era lo que yo quería creer en aquel momento. Rubén no dejaba de sorprenderme, estaba claro que le encantaba provocar, transgredir, y ni siquiera le importaba lo que pensaran los demás. Había descubierto al puto Rey del Sexo.

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Posted by renovatio111 8 months ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 3056  |  
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CON LA MADRE DE MI CHICA

Nos fuimos a Madrid a una feria en Ifema y luego cenamos con mi cuñado en Foster . Nos acompaño una pareja que ella era compañera de universidad de mi novia, al final me quede a solas con mi suegra.

Gracias a todos por vuestros comentarios y por leer mis relatos. Os cuento una sesión especial que tuvimos mi suegra y yo, en Madrid, en el piso de mi cuñado, al quedarnos solos.

Era viernes, por la mañana tomamos el coche, mi suegra, mi novia y yo, destino IFEMA, una feria de su sector era el motivo de nuestro viaje a Madrid, estariamos tres dias y ademas mi suegra podria estar tranquila con su hijo que llevaba casi un mes sin verlo.

Sobre las cuatro de la tarde mi novia llamo a su hermano y a una amiga de carrera que vive en la capital, y aprovechabamos para cenar todos en un Foster, cerca del curro de mi cuñado, porque el saldria un poco tarde de la oficina.

A las nueve nos juntamos todos en Foster y despues de los saludos y besuqueos, no dieron una mesa con banco redondo en la esquina del establecimiento. Mi chica se puso a mi derecha, su madre a mi izquierda, mi cuñado y la pareja de amigos enfrente. Hicimos el pedido y al rato comenzaron a llegar las bebidas. Estabamos todos muy alegres y comentando la situacion de crisis que s notaba en todo , en especial en los expositores de la feria y nuestra amiga comento las dificultades de su empresa para los cobros, area de la que es responsable.

De vez en cuando mi pierna tocaba la pierna de mi suegra, me estaba calentando, pensaba en las dos hembras que me rodeaban, nunca os hable de mi novia pero con 31 años, es un monumento, espectacular, 170 de estatura, unas caderas de 100, una cintura estrecha y un pecho de 95 de copa grande. es muy guapa, se parece a su madre en el cuerpol y con unos ojos preciosos como su padre. De mi suegra deciros que esta buenisima, como os comente, pero ademas siempre elegantisimo, con sus tacones, falda de tubo y esas blusas vaporosas que dejan ver el canalillo de esas tetazas que tiene.

Cuando pedimos el postre, nuestros amigos comentaron que una chica conocida, actuaba en el pub de un amigo en el centro, y que le habian prometido verla, comenzaba a la una la actuación. Mi cuñado dijo que le apetecia escucharla y mi novia tambien, ambos la conocian, entonces su amiga insistió veniros todos y pasamos un rato agrabable.

Mi suegra dijo: Yo mañana mad**go porque quiero estar a las diez en la feria y antes dejar un poco limpio el piso, porque me imagino como está.

Mi cuñado, se comenzo a reir, y le dijo: No quiero que toques nada, deja todo como esta , no vas a venir a la feria y a limpiar, ya bastante tienes.

Entonces mi mente se disparó, pense, puedo follarme a estas dos hembras esta noche y las haré gozar de lo lindo. Comenté: Bueno, porque no os vais vosotros al concierto, y yo me llevo a vuestra madre para el piso, y si mañana os quedais durmiendo yo la llevo a la feria y vosotros descansais, lo dije mirando a mi chica y a su hermano.

La amiga se adelanto y no dió opción, dijo:perfecto asi, podemos hablar un poco de nuestras cosas.

Mi suegra pago la cuenta y le dijo hijos no tardeis en volver y tú dirigiendose a su hijo: No tomes muchas copas, que tienes que conducir y vas con tu hermana. Mi novia, afirmó: No habrá añcohol esta noche, mañana que haga lo que quiera.

Nos despedimos, fui a por el coche y mi suegra se subió en el asiento del acompañante, al rato acaricie su rodilla y le comenté que estaba guapisima, los tios la habian mirado todo el dia, la verdad que es un espectaculo de hembra, esta para mojar pan, sin un gramo de mas ni de menos, es una preciosidad y elegantisima.

Al rato, me dió una palmada en mi pierna y me dice: No me tientes, jajajaj.

No lo dudé, eche un poco mi cuerpo hacia atrás y saque la polla, estaba empalmadisimo. Le dije: Ves como me pones, esta tan buena.

Comenzó a reirse y me suelta: Tu te pones caliente con una escoba, no tienes arreglo, eres un salido.

La reté: ¿A que nunca comiste una polla mientras el tio conducia y menos por todo Madrid?

Dijo:Guarro, ni en Madrid ni en otra parte mi ex es un estrecho y saliendo del misionero lo demás era pecado.

Pues venga comeme la polla, me da mucho morbo y ademas nadie te va a ver...

Dios mio, eres un guarro, dijo, teniendo ya mi polla cogida con su mano. Aproveche para tirar de su cabeza y cuando me di cuenta ya note sus labios en mi rabo, que comenzo a humedecerse de lo lindo. Cruzar la Castellana con la polla en la boca de una hembraza,es un placer de escandalo, pero no mide 500 Km, con lo cual llegamos a Atocha en un rato no habia, mucho trafico y entré en el garaje de mi cuñado, siempre coloco el coche en la misma plaza de unos amigos suyos que estan en Santander por temas de trabajo.

Pense en seguir con la mamada en el garaje, pero ella dijo: Venga subimos que tenemos un rato y disfrutamos un buen polvo.

En el ascensor la besé y acaricié sus tetas, uffffffffff mi polla reventaba, estaba salido como un toro. Al entrar en el piso, ella tiene llaves de las casas de sus hijos, dejamos las maletas y después de maldecir al guarro de su hijo, nos fuimos al salón y comenzamos a morrear y a calentarnos más todavia.

Saque mi polla, y se puso de cuclilllas y comenzó a tragar , un espectáculo, dios mio , casi me corro.

No la deje seguir y la tumbe en el sofa levante su falda y baje su braga para comerle bien el coño, cosa que a ella le encanta, estuve un rato con la lengua disfrutando de la comida y cuando mire hacia su cara, se habia sacado sus tetas del sujetador y su blusa estaba abierta, que gozada, creedme, es increible el espectaculo de una hembra tan cachonda y salida, como goza.

La coloque a cuatro patas en el sofa y le meti la polla hasta el fondo, bombeando buen rato, es increible como goza una buena hembra con mi polla gorda y de 26 cmt bien dentro de su coño caliente, hasta que ella tocandose el clitoris me dice:

No pares ahora, no pares, sigue sigue, dame duro, ummmmmmmm, cabron como me follas, sigue, sigue, ajjjjjjjjjajjjjjjjjjjjjjjjajjjjjjjjjj, me corro, me corro.............uffffffffffff vaya corrida, termina tú.

Le dije: Me voy a ir dentro de tu coño, para llenartelo de leche bien caliente.....uffffffffffffff. No aguante y comence a correrme a golpes y empujando para que notase bien mis embestidas y mi corrida bien caliente. Estuvimos un rato de relax y nos duchamos juntos, le enjaboné el cuerpo , comiendole las tetas y ella a mi me comio la polla y nos besamos buen rato. Se que me adorá y yo la deseo, es perfecta nuestra relación.

Se fué a su habitación, hizo la cama y me ayudo a hacer la nuestra, y le cemente, que iba a la cocina a beber algo, me acompaño, charlamos un rato y me pregunta ¿si es la una estos no llegan a casa hasta las tres o cuatro, no crees?

Conteste afirmativamente y le dije: Te apetece otro buen polvo, tengo ganas de follarte bien el culo, mientras tu te tocas el coño..

Definitivamente eres un guarrO, no estás en paz nunca y yo con poco voy. Dijo.

En su cama, me coloque boca arriba y ella se echo encima, comenzamos a besarno y agarro mi polla con su mano la fue metiendo en el coño y comenzo en movimiento de sus caderas poco a poco hasta que despues de un buen rato en el que le comia sus enormes tetas comenzó a ponerse rigida y se volvió a correr como una loba, Deje que se recuperase un rato, y la coloque a cuatro patas, empece a acariciar su culo con mis dedos y poco a poco se fue dilatando y le metí la punta de mi capullo un poco, se que le hace daño, por lo tanto fui muy despacio hasta que entro bien, la verdad follarle el culo a esta hembraza es increible , me encanta y me cuesta un poco meterla pero despues, es la gloria bombear y que ella Se toque el clitoris, porque casi siempre nos corremos al mismo tiempo y yo le lleno su buen culo con mucha y calente leche de mi pollon.

Despues de un rato de comentarios, nos besamos nos despedimos y me fui a mi habitación. Me quede dormido hasta que sobre las cuatro y media me despero mi novia al llegar al dormitorio.........

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Posted by verdeintenso 2 years ago  |  Categories: Mature, Taboo  |  Views: 1408  |  
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El fin de semana desvirgué al primo de mi n

Fin de semana. Mi novio y yo produjimos un falso artilugio para actuar traviesamente. Dijimos que estábamos supuestamente “aburridos”. Nuestras miradas producían la transferencia típica que aparentan ser el preludio de los poderes telepáticos que algún día, todos tendremos, pues sabíamos que el primo de Evant había comenzado a disfrutar de sus merecidas vacaciones, y que volvía a la ciudad.

¿Quién es ese primo? ¿Cuál era su mundo? Mariano es el típico joven inteligente, pero con una personalidad totalmente inocua, sin malicia aparente, compañero eterno de su madre. El creció con un manto de sobreprotección que lo cubrió desde pequeño, sin permitirle tener novia. La falta de seguridad con los temas amorosos le llevaron a un presente vacío de experiencias adultas, aun más, ausencia de situaciones que llevan a los adolescentes a experimentar todo tipo de sensaciones sensuales con el sexo opuesto. ¿Cuánto de las acciones de nuestros padres o madres afecta nuestro caminar por los senderos de nuestras propias vidas? En este caso la respuesta salta evidente. Esa superficial religiosidad que carga de doble moral nuestros pensamientos y acciones. ¿Qué se dice de un hombre que a sus 28 años no ha sentido el tacto de la feminidad sobre sí? Pues para Evant y para mí, era hora de ponerle fin a esa maldición.

Unos meses atrás, Evant, mi novio, tuvo una relevante conversación con un tío suyo, ¡Ah, hombres de la vieja escuela! Aquel señor sacó a luz su preocupación chovinista: ¿Hay la posibilidad de que Mariano sea homosexual? Por supuesto que la respuesta de Evant fue acompañada de una carcajada nadita disimulada, porque, ¿y qué demonios le incumbía si era ésta o aquella la preferencia sexual y emocional de Mariano? – ¿No será de llevarlo donde una putica para que lo haga hombre?- insistió el dichoso tío. Y aunque Evant entienda esas cosas fácilmente, así como hay que entender que para unos, María es la madre de quien la creó a ella, no hay que olvidar que son realidades simbólicas que por más ideológicas que sean, hacen parte de sus percepciones. Por eso mi novio no juzgó a su tío, sino que tomó de su sugerencia la idea, y ambos nos encargamos de adaptarla y conducirla sendero a mi centro.

Recuerdo que ya habíamos hablado de esto; aquella conversación ocurrió hace un par de meses, y la fantasía fue inmediata, pero por supuesto que fue salvada en la mente y allí quedó hibernando, latente hasta que las circunstancias de la vida saquen a flote los sucesos preferidos por nuestras mentes traviesillas, por los cuerpos curiosos, por pensamientos sin ataduras, por piernas entreabiertas y trasero dispuesto.
El fin de semana tenía aspecto de sugerencias escritas entre líneas. Evant estaba con ojos pensativos y abiertos, yo apenas despertaba con la sensación de haber tenido sueños eternos, pero que se habían fugado de mi memoria en cuanto salí al encuentro de la luz de un sábado soleado.

Saludé a mi dulce compañero con un: -¿Qué piensas mi amor?- y Evant me miró y sonrió. – ¿Recuerdas que hoy llega Mariano a la ciudad? –Sí, lo sé. ¿Y dónde se va a quedar?- Me imagino que llegará a la casa de algún tío. Luego yo pensé: Mariano aun en esas cortísimas vacaciones, ¿vendrá arrastrando a su mamá? Preguntándole a Evant sobre esa inquieta pequeñez, me respondió con un pesado: “¡Por supuesto que sí!”, y yo con indignación pensé: no hay remedio.

Entonces la pseudo-telepatía actuó, y nos combinamos con el plan que ya se había fraguado días atrás. Ya pensaríamos en algo para secuestrar a Mariano, ya se darían las cosas para que posiblemente la virginidad, o mejor dicho, la materna castidad impuesta sobre él, abandonara a nuestro amigo, que más valía tarde que nunca.
La mañana de ese sábado transcurrió a la manera habitual: algo rico para el desayuno, una televisión que hace de banda sonora de una película sin guion, comer mientras los dibujos animados tratan de hipnotizarnos para no sentir el sabor del pan; y luego, descansar por el enorme esfuerzo de hacer nada un sábado; después pensar si bañarse o no, y así, resignarse a no ser capaz de ducharse para volver a cobijarse bajo la cama aún deshecha, y seguir en búsqueda de algún sueño que no alcanzamos a tener.

Cuanta pereza, casi para sentirse drogado. Me desperté una que otra vez, y cuando miraba a Evant profundo, se me quitaba cualquier ánimo de saltar afuera para quitarme el sopor, entonces me hundía de nuevo en la almohada.

Cuando una sensación superyoica se había apoderado de mí, desperté finalmente con hambre, y la habitación estaba en penumbras. No creáis que sea la primera vez que pasamos un sábado así. Ya es casi un ritual, a quién le importa si está correcto o no, sólo esos resquicios de discurso paterno terminan por inquietar a esta amante del sueño, que si no fuera por ese ruido, sigo derecho y me pierdo de cosas que son mejores estando despierta.

Evant ya se había levantado, había salido a comprar provisiones para una noche esperada. Volvió con esas latas de cerveza, unos cigarrillos y condones. No dijimos mucho, sólo sonreímos cuales cómplices que van a robar un banco guardando desde antes el silencio.

Nuestra cama es pequeña, Evant parecía determinado a creer que todo se daría, estaba tan confiado que me transmitía aquella seguridad. Desarmamos la cama, pusimos el colchón en el piso, fuimos a la otra habitación y sacamos de su lugar el pequeño colchón que sirve para un huésped que dormiría a solas en otras circunstancias. Unimos los colchones y le pusimos muchos almohadones, además de unas cuantas cobijas; después nos sentamos un rato en silencio, pero con las mejillas sonrojadas y adoloridas por la sonrisa permanente a causa de lo que estábamos haciendo y pensando.

Evant tomó su móvil, buscó el número de Mariano y no llamó, sino que sorpresivamente ¡me pasó el aparato! -¡No! le dije, ¡no le llamaré yo! – ¡Claro que lo harás!- me replicó Evant decidido: - Entiéndelo, tú nunca le llamas, y exageró diciendo: ¡ni siquiera has intercambiado tres frases completas con él!; por esa razón, él ya sospechará, y esa sospecha es la que le sembrará la inquieta curiosidad que alimenta las acciones voluptuosas. Yo me quedé sin argumento, y sin decir nada más, llamé.

Tragué mis nervios y esperé a que contestara: Escuché un “aló” y en seguida hablé casi sin parar: “hola, soy Alicia, la novia de Evant. El me respondió con su usual tono excesivamente respetuoso: “Hola Alicia, ¿cómo estás?, ¿cómo está Evant?”. Se podía notar la inseguridad y la sorpresa en su voz. “¡Bien!, ¡todo está bien! Y tú… ¿qué me cuentas, qué haces?” – No, nada. Estoy en la ciudad, en unas mini vacaciones- Sí, lo sé. Es por eso que te llamamos, Evant y yo pensamos que podríamos hacer algo, no sé, tomarnos unas cervezas, y hablar… En eso llegó una respuesta que prácticamente la esperábamos. “Eh…no creo que pueda, estoy en la casa del tío Marco, y estoy con mi mamá.” En seguida vi en mi mente la imagen que se figuraba nítidamente, pues podía escuchar dos voces al fondo, una de una mujer mayor que con tono pesimista y cargado de obstinación, decía: “No Mariano, ¿cómo se va a ir? Es una falta de delicadeza dejar al tío sólo. No, no, no.” Mariano le respondía: “Es Evant, sólo es para hablar un rato”. La otra voz, que obviamente era la del tío Marco, con tono conciliador y cómplice total de Mariano decía: “¡Claro que no! Qué delicadeza ni qué nada, déjelo ir Carmen. Ya está grandecito como para estar pegado a la mamá”. Eso pareció haber cortado un poco esa tensa sensación de cordón umbilical que se filtraba por el teléfono móvil, Y Mariano con esa ingenuidad que lo caracteriza dijo: “… ¿Y hasta qué hora vamos a estar?” y yo le dije un poco dubitativa: “Toda la noche” y eso pareció derrumbar aún más la esperanza de que viniera, pues él, en modo de pregunta repitió lo que yo dije: “¿toda la noche?” Y la tía Carmen se agarró de esa frase como aferrándose de un salvavidas para no ahogarse con la sensación de separarse de su amado hijo. Sonará muy exagerado, pero si eso pensáis, es porque no conocéis la capacidad de apego que puede generar una madre por su retoño. “Pero el tío Marco estaba resuelto a salvar la situación; no alcancé a escuchar qué dijo exactamente, pero se alcanzaba a percibir un tono intermediario y dispuesto a permitir que Mariano escapara. Pero Mariano me habló, y sólo dijo: “Ya los llamo, y si puedo, voy”. Colgó el teléfono y yo pude percatarme de la verdadera situación, que hasta ahora solo había concebido de manera intelectual por lo que Evant me había contado de su primo. Nos quedamos allí, sentados en el colchón que habíamos preparado, con pocas esperanzas y desalentados.

Una película que habíamos visto estaba ya por la mitad en la televisión. Nos dejamos hipnotizar por la historia conocida y olvidamos por un momento el asunto. Yo me levanté y fui a por las cervezas, pero cuando Evant me vio, me dijo: No amor, esperemos. Yo le miré escéptica, pues la situación me había dejado atónita, habíamos dejado pasar una hora, y no había indicios de que aún se mantuviera la posibilidad. El caso era peor de lo que yo pensaba, la presión que ejercía la señora Carmen sobre Mariano era extrema, había condicionado a su hijo, ya mayor, a actuar como un crío. Y mientras deambulaba en cavilaciones el celular timbró: “Hola, ya voy en camino”

“! Ah ¡ ¡Lo sabía!” sólo eso acertó a decir Evant, pero era exactamente lo que había que decirse.
A la media hora sonó el timbre, Mariano estaba en la puerta. Yo salí a abrir, lo saludé y él saludó de vuelta, con esa expresión tímida que casi siempre está acompañada por un sonrojo. Saqué las palabras del cajón y comencé una conversación usual. Evant salió de la habitación y le dio un cálido abrazo a Mariano, que se quedaba con la mano extendida. Se preguntaron mutuamente sobre la salud de los parientes respectivos, y de ese tipo de plática ya habrán probado mis lectores en su cotidianidad.

Siguieron así como por una hora, hablando de todo un poco, de trivialidades y del trabajo de Mariano. Le ofrecí algo de comer al invitado, pero rechazó amablemente, asegurando que en la casa del tío Marco ya habían cenado. Y entonces, sin más reparo, Evant condujo a su primo a la habitación, con el colchón improvisado en el suelo, que daba una señal sugerente sobre lo que se intentaba hacer esa noche. Yo creo que hasta la persona más ingenua se habría dado cuenta de ello, pero hablando de Mariano, cualquier cosa se podía esperar. Evant lo invitó a sentarse y él fue a acomodarse en la parte norte del colchón. Yo estaba inquieta, nerviosa y llena de incertidumbre. Todo tenía un tinte de incomodidad y de duda. El escepticismo me embargaba, era la primera vez que teníamos a un hombre sentado en nuestra “cama”. Pero esa tensión sexual estaba muy disminuida, estaba presente, pero parecía estar escondida en algún rincón de esa habitación, como un gatito asustado que se niega a salir de debajo de el sofá. No soporté ese ambiente, por lo que ahora fui directamente a por las cervezas, las destapé sin preguntar y las repartí. Yo me tomé unos tragos en seguidilla que le hicieron bien a mis entrañas, mientras ellos apenas sorbían un pequeño bocado.

No sentí el transcurrir de los minutos, ni tampoco los matices de la conversación, que cuando pasó el tiempo, ya Evant había empezado a tocar temas sutilmente candentes, pues preguntó sobre si Mariano ya tenía novia, la respuesta, sin mucha sorpresa, fue un retraído “No, aún no”; y Evant endulzaba el entorno con esa charla psicoactiva que relaja las tensiones, que invita a disolver los prejuicios, que erotiza los sentidos, y Mariano cayó en los humos psicotrópicos de ese discurso embriagador. Evant decía: -Yo no ando ocultando mis deseos, si veo las tetas de una mujer hermosa, lo digo y lo acepto, y si veo a un hombre desnudo y bien parecido, que suda erotismo por sus músculos, también lo reconozco.- Mientras Evant hablaba de esto y aquello, Mariano asentía ya más tranquilo. Las latas de cerveza se iban vaciando en las gargantas y la conversación ya había confinado todo trozo de hielo. Claro que yo sólo escuchaba, Mariano hacía lo mismo por su parte y Evant seguía drogándonos con su divagación báquica.

Entre preguntas, respuestas y frases sueltas, Evant ya le había dicho algo de lo que se pretendía esa noche, aún con la sutileza que se requiere para no perturbar susceptibilidades. A lo que Mariano respondió: “Si lo supuse, pues desde que Alicia llamó, ya se me hizo raro”. También añadió: “además esto del colchón…y le dio risa nerviosa.”

El tiempo tenía poca importancia en esos momentos. Cuando me di cuenta, Evant dijo: “Entonces qué, ¿Vamos a dormir?” Y no me van a creer esto, pero Mariano asintió, y en seguida sacó de su morral ¡un pijama! Y continuadamente y deprisa se cambió allí mismo, vistiendo esas prendas que revelaban aún más de su persona. Y yo definitivamente volví a confirmar que estábamos ante un hombre niño, lo cual prendió en mí, pensamientos pervertidos.

Yo fui a ducharme, mientras ellos apagaron la luz, dejando la habitación con una única fuente luminosa, la de la televisión encendida. Duré sólo un par de minutos en la regadera, y vestí lo que previamente había preparado, una camisa blanco perla, que alcanza a cubrir mis nalgas, y debajo, unos cacheteros de encaje violeta que vuelven loco a Evant. Me vestí rápido y salí del baño. Tomé un par de bocanadas de aire, para calmarme un poco, pues los nervios habían subido de nuevo, alcanzando picos portentosos. Quería y no quería entrar a la habitación, siempre es difícil una primera vez, sea lo que sea que trate la cuestión. Tomé un respiro más y fui entrando a la habitación aparentando tranquilidad todo lo que pude. Y dije tontamente: “¿Qué hay de bueno en la tele muchachos?” Y Evant respondió: “Nada, están pasando kama-sutra, esa aburrida película que no pasan ni una teta”. Pero yo estaba allí, acercándome al colchón, con esa ropa reveladora que me tenía nerviosísima, sabiendo que me iba a meter justo en medio de los dos primos, en ese colchón armado apenas, que aún “remendado” y todo, aún era muy estrecho. ¡Dios! ¡Qué momento más difícil y al mismo tiempo atravesado con hilos traviesos!” Mariano por su parte, con su ingenua caballerosidad, trataba de no verme, si es que eso era posible con todas mis formas voluptuosas interponiéndose entre él y la pantalla de televisión, ¡yo pasando por encima de él, y metiéndome entre las cobijas, quedando todos apretujados! Yo dibujaba una sonrisa en mi rostro, tratando de ocultar mi nerviosismo, y Evant realmente tranquilo a mi derecha. Esa es la estampa que quedó allí, por un momento de dos minutos eternos, en los que nada se dijo, sólo nosotros tres viendo esa película en la que no pasan las tetas suficientes que los hombres quisieran ver.
Evant, sintiendo esa obvia tensión, mintió: ¡No! ¡Qué película más mala! Amor, busca algo más, a ver si hay algo realmente bueno. Mariano sólo accedía a pronunciar nerviosas risitas, y yo tomando el control remoto de las manos de Evant, empecé a cambiar canales sin saber en dónde parar, haciendo todo esto automáticamente, hasta que encontré la típica película “softporn” de sábado por la noche. Evant por reacción en seguida dijo: ¡Eso! ¡Déjalo ahí! Y nos quedamos otra vez, viendo sin ver la televisión, viendo como la chica de la película hace acrobacias para que no se vea en pantalla su pubis. Alguno de nosotros tenía que derretir esa tensa situación que se había apoderado de esa habitación. Con tres cuerpos rosándose sin intensión bajo las cobijas, yo apretujada allí justo en medio, entre mi novio y su primo virgen a los 28.

Evant salió al res**te. No sé cuanto tiempo había estado planeando esa estrategia, que me salvó de ese momento inquietante. Esa frase, y la idea detrás de ella, cortaron el nudo gordiano que se había formado. Evant dijo: Alicia, tú estás mil veces más buena que esas mujeres. – ¡Qué va!- le dije, y Evant buscó sustentar su argumento: Sí, sino trae la laptop y enséñale a Mariano las fotos que te he tomado. Que él nos de su opinión. Y yo salí de entre las cobijas como un resorte, cuidé de no pisar las piernas de mis compañeros de colchón y fui a por la laptop que estaba en un compartimento cerca del televisor, me empine en las puntas de los pies para alcanzar el ordenador, aprovechando el momento fugaz para que al menos a contraluz, mis observadores pudieran ver algo de mis nalgas cubiertas por el cachetero de encaje. No sé si podían verme, pero yo me concentraba en imaginar que así era. Me sentía animada por ese ímpetu exhibicionista que ya comenzaba a poseer mis sentidos. Con la laptop cerrada, llevándola entre manos, esquivé extremidades, adivinando mis pasos, y metiéndome de nuevo en la “cama”, insertándome entre el angosto espacio. Prendí yo misma la laptop, y abrí la carpeta en la que estaban unas fotos que eran mis preferidas, en blanco y negro, bastante sugestivas. Evant me dio un ligero pellizco, pero me dejó hacer. “Mira Mariano, qué piensas”, pero él sólo se limitaba a ver y a decir muy quedamente: “están bonitas”, como si por cortesía, resaltara la belleza de la fotografía, y no la de la modelo. Evant entonces se adelantó y me pidió que le mostrara la carpeta oculta, y yo me llené de nerviosismo, pero me excitó la idea, ya que en ese momento sentí que el camino estaba llevándonos al punto del no retorno.
La carpeta oculta guardaba celosamente las fotos que Evant me había tomado en situaciones explicitas, enseñando las profundidades húmedas de mis hendiduras rosadas. Yo, apretando los pechos voluptuosos, y estaba también aquella foto que Evant me suplicó que me dejara tomar, en la que cumplí muy a regañadientes su fantasía básica de verme lamer yo misma mis pezones. Abrí la carpeta y sentí fuertes pulsaciones en mi pecho, sentí la vergüenza en lucha con el descaro, sentí tragos gruesos en la garganta, me sentí expuesta pero segura. Sentí el sabor del aperitivo intensificándose en mi cerebro.

No me atreví a ver la expresión de la cara de nuestro invitado, sólo me limité a ver con mis amigos esas fotos que eran mi reflejo, cargadas de mi esencia expuesta al flash de una cámara. Fotos pornográficas que carecían de la sutileza de la elegancia, pero que debieron estar volviendo loco a Mariano, quien permanecía con su mutismo, quizás esperando a que en cualquier momento todo perdería los estribos y los valores morales y religiosos largamente acariciados, pronto quedarían sepultados por “actos impuros”. Evant me dio un sutil empujón con el codo, nos miramos y entendí que ya era tiempo. Postergamos esto por tantos largos minutos, exhibiendo actitudes de cobardía, pero esas fotos me embriagaron de descaro y me lancé de un golpe a decirle a Mariano: “¿Te gustaría probar algo nuevo esta noche? No sé, hacer algo diferente, algo divertido” y Mariano, con la voz quebrada por los nervios sólo apuntó a decir: “Si, si, eh, bueno”. - ¡Ah!, ¡qué bueno!- le respondí, y Evant me apoyó diciendo: “¡Eso! No es bueno ser tan ordenado” Y yo me zambullí en mi sensualidad.
No voy a mentir, no me metí en el personaje de una perra en celo. No, la situación no daba para eso. Mariano temblaba, y yo me sentí responsable sin dejar de sentirme erotizada. Le pregunté: -¿Qué es lo que más te gusta de una mujer? – “eh…, Las piernas”- respondió. ¿Quieres ponerme crema en ellas? Le sugerí, y él simplemente asintió con la cabeza. Fui a por el pote de crema humectante y de paso eché una mirada a mi Evant. Él había desaparecido, no literalmente, sino que estaba ausente, profundamente silencioso.

Yo me acerqué a Mariano, le pedí sus palmas y se las llené de crema, la habitación se llenó de ese perfume femenino, y mi invitado, temblando de inseguridad, me pasó sus manos acariciando mis rodillas, y subió muy tímidamente a mis muslos. Yo estiré completamente las piernas y me apoyé con las manos a los lados. Procuraba transmitirle la máxima comodidad que fuera posible. Dejé que él tomara su propio ritmo, y se notó una disminución en sus ataduras mentales, aceleró su ritmo y recorrió con más apropio la piel de mis piernas blancas; llegó hasta mis pies y los embadurnó de un poco más de crema, que él mismo pidió; se entretuvo con mis dedos unos largos segundos y luego se ensañó con las plantas de mis pies. Cuando ya me sentí suficientemente humectada, me puse de pie y para su estupefacción, me quité un poco deprisa el cachetero violeta, y me tendí en el colchón. Mariano entendió el paso a seguir, comenzó a tomar él mismo el pote de crema, y lubricó mis talones, subió lentamente a mis pantorrillas; segundos después llegó aun más “arriba” y abandonó su vergüenza un poco más cuando tiño de blanca crema mi trasero. Primero solamente por los costados de mi trasero, y luego se atrevió a alcanzar cada vez más la línea poco prohibida que queda entre mis nalgas. Mariano Parecía un niño con juguete nuevo, y yo me sentía perversa. Sentía que me alimentaba de esa falta de experiencia. Le dejé explorar, y cuando sentí el momento le dije: – ¿Quieres aplicarme crema en los pechos?- él asintió con la cabeza de nuevo acompañando ese gesto repetido con un “ajá”. Me quité la camisa, pero no iba a poner a prueba su inexperiencia. Así que yo misma desabroché mi sostén negro. Al fin miré su expresión, permanecía con la boca abierta, aunque estábamos solamente con la luz azul del televisor, pude ver que Mariano estaba sudando y con el rostro saturado de color por un sonrojo intenso. Acaricié mis voluminosos pechos un par de veces, como enseñándole los mimos que se deben dar, y me tendí sobre mis espaldas, presentándome como el plato fuerte de un banquete libidinal. Mariano no perdió tiempo, se mostraba animado, se untó de crema y se apresuró a masajear mis tetas, con un poco de adorable torpeza, que fue sublimando poco a poco. Mi veloz aprendiz se acoplaba rápidamente a mis formas voluptuosas.

El siguiente paso lo di yo misma, mi intuición sabe reconocer cuando continuar, cuando avanzar: me levanté, me acerqué a él y le quité la parte de arriba de su infantil y odiosa pijama. Le invité a que se levantara un poco y le bajé el pantalón con todo y ropa interior. En seguida, ¡me asombró el hecho de que no la tuviera dura!, pero en seguida comprendí que sus nervios habían edificado una gran fortaleza que ocultaba y reprimía sus impulsos sexuales. ¡Tantos años en ese infernal celibato beato! Le entendí y le invité a recostarse. Traté de intercambiar miradas con Evant. Quien seguía silencioso con la mirada posada en la televisión, con expresión tranquila, pero ausente. Sin embargo él sintió mi perplejidad, y comprendió. Así que se levantó y con un “Ya vuelvo” se fue, entró al baño y abrió la ducha.

Nos dejó solos. Sé que Evant consideró que lo mejor era crear un ambiente lo más intimo posible, para que Mariano se sintiera confiado, y para que ataduras fortalecidas por el tiempo , de pesados grilletes represores cedieran finalmente, dando libertad para que ese cuerpo dé vía libre a su naturaleza. Yo sería su maestra, yo a solas con el querido primo de mi Evant. Me subí a horcajadas sobre él. Su pene estaba aún flácido, los labios de mi vagina le besaron la verga suave y blanda, me moví muy suavemente, y entonces, como por un arte mágico, infundido por el cálido fluido que escurría mi vagina, fue a mojar su falo, que comenzó a cobrar lentamente la dureza que una mujer demanda. Seguí moviéndome hacia atrás y hacia delante, continuaba acariciándole su creciente erección con mi vulva húmeda; como para no permitirle que volviera a ceder. Yo le miraba el rostro, y él sólo miraba en dirección a ese rincón oscuro en donde ocurría la acción. Entonces con el paso de varios minutos, finalmente él dio una especie de brinco, ¡Un condón! dijo con tono preocupado; y yo sonreí en mis adentros, comprendí y no dudé en satisfacer su preocupada demanda. Confié en que Mariano no perdería su erección, me levanté y agarré uno de los preservativos que Evant había traído. Le pregunté si quería ponérselo él mismo, asintió y le dejé hacer. Se demoró un poco, pero la erección era constante, no iba a decaer. No se lo puso muy bien según sé, pero él lo ignoraba, así que le resté importancia y subí de nuevo en él.
Su pene se deslizó deprisa, abriendo suavemente las paredes de mi vagina. De manera un poco tosca y torpe me agarró de la cintura y empezó a tirar de mí. Intentando escurrirse dentro mío. Yo le veía con ternura y con una caliente perversión. Comencé a moverme rítmicamente, su verga ahora estaba muy vital, tenía un tamaño que me sorprendió después de haberlo visto marchito poco antes. Me estaba gustando mucho ese ángulo en el que entraba su verga. Daba golpes profundos en ese punto milagroso que vive dentro mio, no había dudas, mi futuro orgasmo estaba siendo precisamente estimulado para que se de muy pronto. Evant estaba tomando una ducha larga, haciendo tiempo para que Mariano disfrutara tranquilamente de su primera vez. Yo en tanto me incliné hacia el pecho de mi condiscípulo, le hundí el sonrojado y sudado rostro en medio de mis tetas; en seguida el buscó mis pezones y los chupó sin ninguna sutileza, me dolió un poco, pero le perdoné la natural falta de tacto. Chupó una y otra vez, buscó probar el sabor del otro pezón. Para mi sorpresa, las idas y venidas de su pene en mi ardiente vagina, llevaban un ritmo acelerado y duradero. Su verga se salió de mis entrañas un par de veces, pero yo con mi mano la devolvía de prisa en la cavidad viscosa y sedienta de mi vagina. Yo ya podía sentir mi orgasmo inminente. Le negué mis tetas al echarme hacia atrás, pues quería disfrutar del mejor ángulo para correrme cómodamente. Y arrecié en mis movimientos, aceleré mi vaivén y grité con los dientes apretados “¡Hijo de puta!!” ¡Y mi vagina se escurrió entre jadeos incesantes! “¡Ay! ¡Qué rico!” pronuncié. Y traté de atrapar oxigeno mientras seguía moviéndome para salvar pulsaciones deliciosas en mi coño lastimado por esos golpes intermitentes que continuaban arreciando dentro mío.

Entonces comencé a sentir una fuerte presión que lastimaba la piel de mis caderas. Mariano hundía sus dedos sin pensar en nada más que en su corrida, que estaba ya cerca por llegar. Me mantuve pasiva con respecto a esa presión aguda en la piel de entre mis caderas y la cintura, y le seguí alimentando la presión en su verga. Le apreté el pene con mis músculos vaginales y me moví deprisa. Él seguía metiendo sus dedos en mi piel, apretándome, sujetándome fuerte, y con ese golpeteo lento, una, dos, tres, cuatro veces sentí las duras convulsiones que avisaban que ya se había corrido finalmente, allí en ese impertinente condón mal puesto. Obviamente su semen se escurrió fuera del preservativo y manchó su pelvis, mis labios vaginales, y fue a parar a mis muslos. Y él preocupadamente volvió un poco en sí y se apresuró a limpiar. Me retiré comprendiendo su inquietud y traté de ayudarle a absorber el reguero con un poco de papel sanitario que tenía cerca en un cajón.
Evant ya había salido de su ducha inusualmente larga (risas) y entró con tanta naturalidad a la habitación. Mientras Mariano salía rápidamente dirigiéndose al baño, dispuesto a bañarse y tal vez a asimilar todo lo que había sucedido.

Evant no perdió tiempo déjenme decirles. Me condujo directo al colchón, me puso una almohada bajo las nalgas, y sabiendo que esta vez, y por obvias razones, no se necesitaba ningún juego previo, me penetró fuertemente poniendo mis pies en sus hombros. Él sabe que esa pose me duele, pues su pene entra muy profundo en mí. Pero no pareció importarle, casi me destroza con esas embestidas que se repetían muy deprisa, me lastimaban y me estimulaban; y tras cada penetrada, murmuraba, mientras yo jadeaba subiendo el volumen de voz tras cada clavada. Evant teniendo mis pies muy cerca de su rostro, buscó mis dedos y los chupó hambriento, me estremecí, me recorrió un escalofrío de gusto, y sin más miramientos, con un orgasmo eterno mojé el colchón y mojé a Evant que aún no parecía tener su propia corrida cerca. Me dio cinco o seis estocadas lentas y fuertes para que yo dejara fluir mis últimas pulsaciones orgásmicas, y sin esperar más, me condujo a que me subiera encima de él. Cuando me estaba acomodando, me dijo que así estaba bien, pero que me girara. Y así me hundió de nuevo esa verga que se levantaba venosa e inflada. Le fascinaba verme en esa posición. Quedaba mi culo justo en su campo deseado de visión. Y yo le alimentaba ese sentido plácidamente, agachándome sobre sus piernas. Me penetraba y sus manos quedaban libres para que juegue con mi hendidura anal. Sentía como me levantaba con sus idas y venidas. Estaba enloquecido penetrándome y yo no quería quejarme, me dejaba llevar y me sentí un poco abusada, un poco trastornada por violentos impulsos de ricura. Quería esos fluidos seminales refrescando la entrada de mi útero, pero Evant parecía no querer descargar su lechosa sustancia todavía. Se mojó un dedo con su saliva y con dos o tres intentos, penetró mi culo. Yo sé que él sabe que eso es un orgasmo seguro para mí; no hay lugar a dudas, me siento depravada cuando juegan con mi entrada trasera, me voy preparando para la secreción de mis jugos orgásmicos y con un par de estimulaciones más profundas, mi clímax anal, vaginal y clitoriano se funden en una sola explosión que recorre mis partes poco privadas y enviciadas, subiendo por mi pelvis, tomando los voltajes de mi ano, haciendo temblar mis nalgas, sube por mi columna, doy un alarido que intento reprimir, y digo ¡puta mierda! ¡Puta, puta, puta! Y me siento desmayar. Pero Evant no se queda quieto. ¡Maldito Evant! Ya se moría sudando, pero el imbécil seguía martillándome, como queriendo encontrar un pozo de petróleo. Dejó de insertar su pene, la sacó de mi vagina, permitiéndole a mi adolorido agujero liberar ese jugo que produzco cada vez que me vengo. Escurrí un poco, pero Evant me pidió que me pusiera en cuatro. Le obedecí sin decir nada, me agarró fuerte de las caderas, y sentí que estaba un tanto lastimada en esa piel, recordé los dedos de Mariano cuando se convulsionó viniéndose. Y Evant hizo lo propio, me penetró otra vez, apartando mis cabellos largos que cubrían mi espalda. Sé que le fascina la curvatura que conduce a mi culo levantado, y allí se ensañó dándome bofetadas en el trasero. Rebotando y rebotando, yo nada más podía emitir gemido corto tras cada topetazo. Me embistió minutos eternos que aún no bastaron para que se viniera llenándome, pero arreció en velocidad; entonces allí estaba, su orgasmo ya venía. ¡Lo necesitaba, yo necesitaba descansar ya! Pero sacó su verga, se acercó a mi cara y me la metió a la boca sin que casi yo me percatara de cuando ocurrió esto, y entonces me llenó la boca de su blanco semen que fluía con el ritmo de sus pulsaciones. Ese sabor extraño se escapó hacia dentro de mi garganta. No alcancé a evacuarlo fuera de mis labios. Resbaló caliente hacia dentro y yo me sentí embriagada y amada.


Si esperaban una escena pornográfica en la que dos hombres me penetraran al mismo tiempo por mis dos hendiduras, se llevarán una decepción. No fue el momento, y las circunstancias no daban para ello. Fue un maravilloso ritual de bienvenida al mundo de la pasión, que se celebró para Mariano, y que Evant y yo aprovechamos para terminar la fiesta en un candente compartir. La noche no terminó allí, pero temo extenderme demasiado y aburrir a mis lectores con una verborrea demasiado larga.
Sólo déjenme decirles que dormimos después de esa faena, pero unas horas después de sueño reavivaron a mis compañeros, y se desató otra tormenta. La mañana llegaría, y no alcanzaron los condones para mi invitado Mariano, que le tocó tragarse su preocupación y rociar los interiores de mi vagina con su semen recién estrenado en las profundidades de una mujer. ... Continue»
Posted by aliciawonders 2 years ago  |  Categories: Anal, Group Sex, Taboo  |  Views: 1139  |  
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El Hijo de una amiga

Tenia que reconocer que siempre habia visto a Marcos con buenos ojos.
Marcos era el hijo de su mejor amiga, Marta, y desde siempre, habia sabido que el chico seria realmente guapo y atractivo. Ella sin hijos, veia a Marcos, ya pasados los 18 años, como creia que se tenia que ver, un pedazo de tio con el que cualquier mujer desearia acostarse.

Ir a por Marcos era una fantasia sexual tremendamente intensa. No solamente por cambiar su marido por un chico mas joven, fuerte y guapo, sino tambien por la prohivicion moral de ser el hijo de su mejor amiga. Pero estos mismos motivos hacia que ella misma se frenara y no intentase cumplir su fantasia. Ademas estava un ultimo motivo, el chico tenia novia y muy guapa, no era posible que se fijara en ella, mucho mas mayor y desde luego no tan atractva como su novia.

Aun asi, la fantasia le hacia mojarse muchas noches.

Pero estas fantasias tan intensas, estas que son dificiles de controlar, tienen que tener algun freno que haga que se desaten. Ese, era simplemente que ella jamas tuvo la oportunidad de estar a solas con Marcos el tiempo suficiente como para dejarse llevar y cometer la locura.

Pero llego la casualidad y paso lo que tenia que pasar.

Estaban las dos parejas en una casa de verano. Era de noche y se preparaban para salir a tomar unas copas por la zona despues de cenar en la preciosa terraza de la casa. Tambien estaba Marcos con su novia que teoricamente, no se iban a quedar a cenar.

Y alli estaba ella, sola en la casa terminardo la cena. Marta y los dos hombres, se habian entretenido con unos amigos y ella decidio adelantarse para terminar de preparar la cena, asi que encontrarse con que llegaba Marcos, fue toda sorpresa.

- ¿Que haces aqui?- exclamo entre sorpendida y excitada.

- Me encontre mis padres viniendo hacia aqui y se quedo Miriam con ellos. Tienen para rato. Los amigos que se han encontrado hace mucho que nos los veian. Yo he venido a ducharme, que vamos a un sitio caro.

- Entonces has dejado a tu novia con sus suegros? pobre chica.

- No quise traerla y que pensaran que queria estar a solas con ella en la casa, no pense en que tu pudieras estar aqui. Y eso ¿que haces aqui?

- Pues terminar la cena, me aburria y quise adelantar faena.

- A bueno.- Dijo el chico sin mas y comenzo a quitarse la quimiseta delante de ella mientras se dirigia a su cuarto.

No tardo mucho en verlo pasar en boxers por la casa. En ese momento penso que le iba a dar algo con ell subidon de excitacion que le entro al verlo pasar.

- Niño, no vallas asi por el mundo que te van a violar!

No pudo contenerse, no recordaba un su vida un momento en el que estubiera mas salida que entonces. Marcos la miro sorprendido, pero solo se rio del piropo y entro al lavabo.

Ella faanteseo con verlo salir solo con la tohalla atada a la cintura, o con poder abrir la puerta furtivamente y verlo completamente desnudo en la ducha.

Quiso cometer la locura de comprobar si habia cerrado la puerta, y cuando escucho el agua correr, espero unos segundos antes de empezar a mover el picaporte poco a poco.

- La puerta esta abierta!- Exclamo ella misma con emocion.

Se sentia como una cria. No sabia que narices estaba haciendo, pero no podia detenerse. Metio la cabeza poco a poco por la puerta mientras pensaba en una excusa creible que dar si él la veia.

Pero no podia verla, el crista translucido de la manpara impedia que el la viera, pero tambienque ella pudiera ver correctamente su cuerpo. Pero incluso con la imagen atraves del cristal, difusa y distorsionada, ella pudo apreciar el cuerpazo del joven, y la polla enorme que le colgaba de entre las piernas.

Quiso agrandar la locura, y cerrando la puerta poco a poco, entro dentro del lavabo. Tenia clara cual era su intencion desde ese momento, no podia quedarse con las ganas. La excitacion habia llegado al maximo. Sabia como iba a conseguir follarselo. Comenzo a quitarse la ropa poco a poco.

Tenia que ser rapida, meterse dentro de la ducha y meterse la polla en la boca tan rapido que al chico no le diera ni tiempo de darse cuenta de que pasaba.
La suerte estubo de su parte, pues cuando entro, Marcos tenia la cabeza y la cara llenas de jabon y estaba de espaldas, asi que antes de que pudiera reaccionar, he incluso antes de poder ver quien se habia amorrado a su miembro, ella ya habia empezado su comida, de la forma mejor que era capaz de hacer.

Marcos, cuando fue realmente consciente de que pasaba y pudo ver quien era, no supo como reaccionar, aunque su polla si lo hizo. La tenia casi al maximo de dureza cuando el chico quiso intentar parar aquello.

- ¿Que haces? ¿Pero?

Ella sabia que era suyo. El tenia sentimientos opuestos con respecto a la situacion, pero sabia que aquello le excitaba tanto como a ella. Supo que ya no habia vuelta atras, cuando noto dentro de su boca la polla mas dura y grande que habia tenido nunca.

- ¿No te gusta?- Era el momento de jugar.

Comenzo a comersola con intensidad, masturbandole con la mano rapidamente. Queria que entendiera el mensaje claramente. Queria su semen.

- Si... si, es que.

- Es que que?- Volvio a comersela intensamente.- Es que nunca te la han comido asi?

El chico parecia querer decir que si, pero ella entendio a la perfeccion que no. Su novia seria muy guapa, pero no deberia follarse bien a ese tio tan bueno.

- Traquilo. Puedes correrte en mi boca si es lo que te preocupa.

Si de algo estaba segura, es que el chico estaba apunto de correrse y estaba haciendo exfuerzos para no hacerlo. Volvio a metersela en la boca dispuesta a descubrir como explotaba aquella enorme y joven polla. Pero antes tenia que probar una ultima cosa

- Esi si, espero que luego me devuelvas el favor, porque tengo el coño que me chorrea.

Para su sorpresa, el chico le impidio volver a metersela en la boca y levantandola, la puso de cara a la pared. en menos de dos segundos, estaba insertada, atrabesada por aquella enorme polla. Era realmente como volver a ser joven, sentia como le desgarraba, el mismo placer dolor de los primeros polvos. Cuando el chico empujaba fuerte, sentia que no iba a caberle entera.
Su mayor fantasia se estaba cumpliendo, ademas con el morbo de ser descubiertos. El chico tambien debia estar realmente excitado, pues empujaba como un autentico a****l jugando costantemente con sus nalgas. Ella no pudo contenerse mas y dejandose llevar empezo a gritar todo lo que pudo mientras se corria.

- Cabron! me vas a destrozar. Dios que polvo, dios que orgasmo.

Empezaron a temblarle las piernas cuando le vino el primer gran orgasmo, en el cual grito sin contenerse como nunca habia gritado. Marcos a sujeto apretandola fuertemente contra la pared a la vez que intentaba jugar con sus dedos con el orificio del ano. El chico era bastante mas travieso de lo que parecia al principio.
Ella estaba tan excitada, que dicidio darle al chico lo que a nadie le habia dado asta entonces.

- Quieres probar con ese?

- Me encataria.- Dijo mientras la sacaba dispuesto a meterla en un sitio nuevo para los dos.

- Pues con cuidado, que la tienes como king kong y ese es virgen.

El chico, cambio la actitud salvaje del principio por una mucho mas pausada donde se recreaba con la lenta penetracion de aquel orificio nuevo y extrecho. Ella no pudo evitar otro sonoro orgasmo. Pero en su interior, lo que deseaba era recibir el semen del chico en su coño, sentir el calor del liquido resbalar por su ingle, sentir como se venia abajo desecho por el placer.

- Otra vez por el coño por favor!- dijo ella apartandose.

El le dio la vuelta y poniendo se de cara le levanto una pierna y comenzo a clavarsela desde abajo. Para su sorpresa, le agarro el otro muslo y la levanto al vuelo, quedando unicamente sujeta porlas manos de el y una polla que se introducia con fuerza en su interior. Aquello si que no se lo esperaba. Era algo que ni en sus mejores fantasias esperaba que li hiera ningun hombre. El chico era realmente fuerte.

Cada vez que se le clavaba demasiado dentro, ella le mordia en el cuello o en la oreja. El se reia y a un apretaba mas clavandosela aun mas adentro. Perdio la cuenta del numero de orgasmos.

Era el momento de terminar. Ella lo sabia. Estaban arriesgandose demasiado.

- Habias dicho que no te importaba que me corriera en tu boca, no?

Chico listo, era verdad y entendia que queria. Se agacho de nuevo y comenzo a comer. No tardo en ver que se inchaba en su boca y comenzaba a sentir el caliente caldo dentro de su boca. La explosion fue enorme al principio, seguidas de muchas mas pequeñas. Marcos tambien estaba teniendo un orgasmo increible. Ella continuo comiendo y tragando hasta que noto que no salia mas de alli.

- Es cierto que te he dicho que no me importaba, pero luego queria una compensacion.- Lo paro antes de que el protestara.- Yo lo que realmente queria, era tu semen en mi coño. Asi que me deves una.

Marcos le aseguro que le daria lo que queria, pero que el tambien tenia sus fantasias.

- Hay Marcos, ¿Aun no te has dado cuenta que puedes follarme como quieras?
Salio del baño lo mas rapido que pudo para dejarle con la duda de hasta donde podia llegar con ella.... Continue»
Posted by armandojaleo 1 month ago  |  Categories: Mature, Hardcore, Taboo  |  Views: 3983  |  
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El instructor de box...

Me descubrí gay cuando recién había ingresado a la escuela secundaria, a la edad de 12 años, pero mi cabeza estaba llena de dudas e incertidumbre que duraron por muchos años más, pero las experiencias que tuve durante ése período marcaron mis preferencias y gustos para siempre. La que voy a contarles ahora, no es la más memorable, para mi gusto, pero sí es la primera vez que tuve acercamiento sexual con otro hombre; más adelante, les contaré las experiencias que me han "dejado huella" pero, por ahora, llevemos un orden y acompáñenme a rememorar mi despertar al sexo homosexual.

Por aquel tiempo, tenía 14 años, estaba muy reciente lo que llamamos "el estirón"y había dejado muy por debajo de mi, en estatura, a la mayoría de mis compañeros de secundaria; mi cuerpo, si bien era esbelto, la contextura heredada por mi familia y el ejercicio que practicaba de manera rutinaria desde que tenía 8 años, me favorecían en forma y proporción; algunos de mis compañeros eran asiduos al deporte al igual que yo y, muchas veces, nos reuníamos en el club deportivo después de cada una de nuestras respectivas disciplinas. Esa tarde, después de salir de los vestidores de la alberca, me dirigí a esperar a uno de mis amigos al gimnasio donde, él, practicaba box; generalmente, lo encontraba a la salida pero, en aquella ocasión, no estaba afuera, así que decidí entrar al gimnasio para presenciar la última parte del entrenamiento.

Los chicos que se propinaban golpes sobre el cuadrilátero y los que los rodeaban dando gritos, no eran como para perder el tiempo mirándolos, pero su entrenador, un tipo moreno, de aspecto rudo y corpulento, era muy digno de distraer la vista. Por ésos días había recién adquirido la costumbre de echar furtivas miradas a la entrepierna de los hombres que atraían mi atención aunque, a decir verdad, nunca había tenido aún, una erección causada por un macho.

Cuando crucé el espacio que separaba el graderío hasta el borde del cuadrilátero, noté que me miró con curiosidad, con demasiada atención diría yo... Me subí a las cuerdas, colocándome a un lado de mi amigo y me puse a contemplar a los chavales que intercambiaban golpes torpemente. En más de una ocasión, dirigí mi mirada en dirección del rudo entrenador que no dejaba de llamarles la atención a voces a quienes disputaban la contienda pero que, furtivamente, me dirigía una mirada inquisitiva cada vez que se topaba con la mía.

Tenía amplia espalda y brazos fuertes que lucía al descubierto por su playera tipo tank top y unos pants deportivos que mostraban, casi con descaro, el bulto entre sus piernas y la hendidura entre sus nalgas... Más tarde me enteraría que no usaba ropa interior aquel día... Su gesto era hosco y sus modales rudos y agresivos. Ejercía un liderazgo casi de miedo entre sus pupilos, según me pude dar cuenta. En algún momento anunció un cambio de contrincantes e ingresó a la lona para ayudarles a quitarse la protección sobre el rostro y colocarla en la cabeza de los siguientes púgiles. Cuando hubo terminado, nuevamente caminó a las cuerdas pero no en la misma dirección donde se encontraba anteriormente sino a un lado mío; lo hizo con naturalidad, como si no se hubiera dado cuenta, y se quedo mirando a los que ahora se batían; sin darme cuenta, me quede ensimismado contemplando la espalda musculosa y el trasero prominente que se ofrecía generoso a mi lado; de improviso, clavo su mirada en la mía y tuve la impresión que había captado todo lo que estaba pasando por mi cabeza en ése momento; su gesto adusto desapareció por un momento y me dedicó una cálida, y casi pícara, sonrisa. No pude evitar sentirme torpe y descubierto, desvié la mirada y sentí que mi cara ardía, sobre todo porque él no retiraba su mirada de mi rostro perturbado y continuaba con una sonrisa de cómplice en sus labios.

-¿Eres de natación? – me preguntó -

Sí – le respondí –

Supongo que lo adivinó por mi cabello húmedo y revuelto y por el traje de baño que aún portaba; en ése momento me di cuenta de mi error. Llevaba, yo, puesto, un short tipo ciclista, en extremo revelador de la condición tan bochornosa en que me hallaba: Mi erección era tan obvia por encima de la tela, aún mojada... En la mano llevaba los pants deportivos que no me había puesto sino hasta esperar que el traje de baño se escurriera y se secara un poco.

Mi cara ardía por la turbación que sentía y todo aquello pareció divertir mucho al entrenador que, sin perder la sonrisa, me preguntó si deseaba intercambiar algunos golpes con alguno de sus alumnos; con la voz entrecortada, le respondí que no, y me dispuse a bajar de la orilla del cuadrilátero para ponerme los pants; sorpresivamente, tiró un manotazo para arrancarme los pantalones de las manos y, en ésta acción, le dio un apretón tan fuerte a mi miembro que no pude evitar doblarme, perder el equilibrio y caer como fardo sobre el suelo. Todos estallaron en risotadas festivas por mi torpeza pero nadie pareció notar la "malintencionada" acción de la mano de su "Coach". El tipo, bajó, de inmediato, de la lona y se inclinó sobre mí para revisar si estaba bien; en realidad, lo único que me dolía era el orgullo, mancillado por las risas de los demás pero cuando me tendió la mano para ayudarme a incorporarme, me miró casi comprensivo, con complicidad... Me preguntó si no me dolía nada, a lo que yo respondí que, no, que todo estaba bien; ésta vez, su gesto se tornó casi de angustia y volvió a preguntarme:

-¿Seguro? ¿No te duele nada? ¿El tobillo... ?

Estaba a punto de responder que no, pero la mirada en sus ojos me hicieron ver que no esperaba otra respuesta sino el:

Sí, un poco – que le entregué... –

Dio unas instrucciones a los demás para que no pararan con las prácticas y, como si yo no tuviera voluntad propia, pasó mi brazo por encima de sus hombros y se dirigió, conmigo, hacia la bodega de utilería. Recuerdo que era una habitación oscura y con el techo bajo, olía a humedad y estaba rodeada de jaulas de alambre con chapas, para guardar los utensilios deportivos; había, también, una mesa sobre la cual me pidió que me sentara y acto seguido, se volvió para cerrar la puerta con el seguro corredizo... Sabía, muy dentro de mí, que algo no andaba bien pero dueño de un candor que, aún hoy, aflora en ocasiones, no alcanzaba a comprender con certeza, lo que estaba por suceder. Yo, no tenía ninguna m*****ia y creo que él lo sabía pero, a pesar de todo, continúo con el juego; acercó una silla y se sentó, frente a mí, entre mis piernas, me miró a los ojos y preguntó:

¿Cuál es el tobillo? – yo, titubeé un momento y le dije-

Este – señalando mi pie derecho-

Sin más preguntas, me quitó el zapato y comenzó a masajear y a mover mi pie de un lado para otro.

¿Te duele? – preguntó-

No – le respondí –

Entonces, dejó mi pie y comenzó a masajear un poco más arriba, sobre mi pierna. Yo, contenía la respiración y mi cara ardía... La tela de mi traje de baño, apenas contenía la erección que me ocasionaba el roce de las fuertes manos de éste hombretón.

Como sin intención, se acercó un poco más al borde de su silla de modo que la planta de mi pie quedo apoyada sobre su entrepierna que, para entonces, ya estaba como carpa de circo; ninguno de los dos dijimos nada por unos momentos pero la falta de palabras, y el intercambio de miradas que lo decían todo, fue el sí definitivo para lo que venía a continuación.

El juego del tobillo, terminó de inmediato, se levantó apresuradamente, miró hacia la puerta por encima de su hombro y me empujo por el pecho para que me recostara sobre la superficie de la mesa; de un tirón, me bajó el short hasta las rodillas y, antes de que pudiera, yo, decir nada, tenía la cabeza y el rostro de éste hombre entre mis muslos, dando lametones sobre mis testículos... Yo, estaba perturbado, podía sentir los latidos de mi corazón en los lóbulos de mis orejas y me sentía como si estuviera siendo violado enfrente de los mismos chicos que se burlaran de mí momentos antes; él, notó mi lucha interna y, deslizándose sobre mi pecho, me abrazó y comenzó a besar el pabellón de mi oreja susurrando:

No temas, no voy a hacerte daño... Nadie vendrá... Nadie puede entrar...

Antes que pudiera decir algo, selló mis labios con los suyos... El sabor de su boca era tan intenso... Nunca nadie había besado mis labios y ahora, un hombre estaba embriagándome con ese sabor que, únicamente ésa primera vez, perduró en mis labios por más de 1 semana, quemándome de deseo por dentro... Mientras esto hacía, su mano sostenía enérgicamente mi pene y lo frotaba rítmicamente. Advirtiendo mi urgencia, se detuvo, se incorporó y me dijo:

Aún no, aún hay tiempo...

Se separó de mí un momento y mi primera reacción fue llevar mi propia mano a mi miembro para continuar con la frotación que, él, acababa de abandonar; me retiró la mano y con toda su palma me cubrió el bulto y me dijo:

Aún hay cosas que quiero mostrarte, no desesperes...

Alzó y separó mis piernas; por un momento, temí que fuera a penetrarme con aquella herramienta que todavía estaba cubierta por la tela de sus pantalones; en especial, cuando tiró de ellos y cayeron hasta quedar enrollados en sus tobillos, dejando completamente al descubierto unas piernas lampiñas y tan musculosas que me volvieron, para siempre, adorador de los muslos fuertes... En vez de ello, se inclinó y sentí como una quemadura cuando su lengua tocó la piel de mi ano... Casi frenéticamente lamió y forzó la punta de su apéndice contra la renuente abertura de mi culo... Las sensaciones eran tan intensas que algunas lágrimas brotaron de mis ojos...

No era dolor, era una avasalladora secuencia de sensaciones tan insospechadas que casi me hacían perder el sentido; estaba como embriagado y ésa sensación me infundía temor también... Me incorporé para escapar de aquello pero su mano fuerte contra mi pecho lo impidió y, antes que pudiera hacer algo más, alojó todo el largo de mi verga dentro de su boca y comenzó a bajar y subir como un loco... Con una de sus manos acariciaba mi pecho y a momentos pellizcaba mis pezones mientras con la otra, meneaba su miembro que brillaba, empapado en su propio jugo... Era fascinante... Nunca antes había visto siquiera el miembro erecto de otro hombre y, ahora, tenía a un impresionante macho (que, aún es sujeto en mis fantasías) inclinado, ante mi, dándome placer como nunca antes sospeché...

Antes que pudiera darme cuenta de lo que estaba sucediéndome, un mar de sensaciones me asaltaron y me tomaron por sorpresa, una corriente eléctrica recorrió los músculos de mi espalda y entre espasmos, casi convulsos de mi parte, toda la carga de mis testículos, se vertió en la boca ávida del apuesto instructor de box que, casi inmediatamente, comenzó a resoplar fuerte y, sin apartar la boca de mi entrepierna, comenzó a salpicar el suelo con borbotones de su esperma blanco y espeso... Quedamos en suspenso por unos instantes, luego, él se levanto y clavó su mirada en la mía... Con uno de sus dedos, quitó el semen que escurría en una de las comisuras de sus labios y lo llevó a la boca para limpiarlo con su lengua; enseguida, me dio un profundo beso y me abrazó en silencio por unos momentos... Casi enseguida, salimos de nuestro ensimismamiento y nos colocamos la ropa nuevamente en su lugar. Todo esto no llevo más de unos 10 minutos; cuando salimos, nadie pareció extrañado por nuestra breve ausencia y así, sin mirarme siquiera, volvió a trepar al encordado dando instrucciones, a gritos, a los púgiles en turno...

No me quedé al final de la práctica. Después de aquello, ni siquiera regresé al deportivo; estaba muy confundido, entonces... Pero puedo decir que aún recuerdo, febrilmente, al instructor de box de mi amigo...
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Posted by renovatio111 4 months ago  |  Categories: Gay Male, First Time  |  Views: 463  |  
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