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Cogiendo con el novio de mi sobrina. Parte II

... de muchas cosas. Como lo comenté anteriormente, el novio de mi mamá era muy agradable, me caía bien. De hecho había sido el único novio de mi mamá con el que simpatizaba y con el ... ... Continue»
Posted by HistoriasdeMujeres 4 months ago  |  Categories: Anal, Hardcore  |  Views: 2405  |  
100%

El novio de mi herm,ana...

¿Nunca te has preguntado por qué alguien de tu entorno, una amiga, una conocida... o una hermana tienen un chulazo como novio y tú no? ¿No te has preguntado nunca porque ellas se tragan el pedazo de rabo que se intuye bajo sus pantalones y tú no? Hasta hace unos meses yo también me hacía esa pregunta: por qué ellas y yo no.

Me llamo David, tengo 17 años y estudio segundo de bachillerato en un instituto de Barcelona. Tengo el pelo castaño claro, casi rubio y los ojos gris-azulados. Mido 1,77 m y estoy más bien delgado, aunque tengo el cuerpo bastante definido porque mi madre me obliga a ir al gimnasio, por mi salud, dice ella. Soy hijo de un creativo publicitario y una prestigiosa psiquiatra de Barcelona. Pertenezco a una familia bien, no me puedo quejar, aunque a veces lo haga. Tengo una hermana, Marta, de 22 años, cuya ocupación en la vida es dar problemas a mis padres. Los 4 vivimos en un piso en uno de los barrios más acomodados y tranquilos de la ciudad, pero dentro de mi casa se respira de todo menos paz. Marta es la oveja negra de la familia y el motivo de que cuente hoy esta historia es, precisamente, una de las últimas locuras de mi hermana: Rubén.


Mi hermana no es precisamente una santa, más bien lo contrario, es una zorra sin demasiados escrúpulos. Puede sonar fatal que hable así de ella, pero es la definición que ella misma se aplica ante mí, sus amigos o quien sea, excepto mis padres. Eso sí, hasta ahora era una zorra de puertas para afuera, nunca traía una presa a casa. Mis padres suponen que no tiene una vida sexual/sentimental demasiado estable, pero les preocupa más el futuro laboral de mi hermana que el número de pollas que se hayan metido dentro de ella.


Claro, nunca había traído una presa a casa, pero si la presa viene a casa... Eso debió pensar Marta antes del verano, cuando vino a casa un técnico de la TV por cable a reparar una avería. Cuando entré en el comedor y vi frente a la TV un culazo superduro enfundado en un pantalón vaquero apoyado en un par de piernas muy fibradas me quedé flipado. El culo en cuestión correspondía a Rubén, un técnico de Cornellá que nos había mandado la compañía. Cuando se incorporó pude ver su espalda ancha apretada bajo una camiseta negra realmente corta. Tenía unos brazos que podrían haber doblado la TV de plasma por la mitad si lo hubiera querido.


-Hola chaval... –me saludó al girarse y verme parado en la puerta del comedor.


-Hola... –murmuré mientras disfrutaba de la visión de la parte frontal de ese pedazo de chulazo. Bíceps de infarto, pectoral fibrado apretadísimo en esa camiseta y un vientre absolutamente plano que quedaba parcialmente a la vista gracias a esa camiseta tan corta. Los pelos de la polla ascendían desafiantes hasta su ombligo y se dejaban ver cada vez que Rubén movía los brazos. No estaba hipermusculado, aunque sí un poco hinchado y muy fibrado. Vamos, un chulazo de los que sólo salen en las pelis, porno, claro. Sus buenos ciclos de anabolizantes y sus horas de gimnasio le habrá costado.


Antes de que pudiera añadir algo más, Marta entró como una flecha en el comedor y le dijo a nuestro "invitado" que ya estaba listo el baño. Me fijé en las axilas de Rubén, estaba transpirado, aunque más que un baño, yo mismo le hubiera lamido entero para secarle el sudor.


-Se llama Rubén, es el técnico del cable. Le he dicho que se dé una ducha porque lleva todo el día currando y está muy sudado... –me dijo mi hermana con una media sonrisa.


-Ya lo veo... –respondí con una mirada de desconfianza-. ¿Le vas a duchar tú? –Murmuré.


-Ni una palabra a tus padres o te mato –concluyó ella.


Y me callé, claro. Desde que Marta me pilló comiéndosela a un compañero de clase mientras hacíamos un trabajo de Historia, yo había hecho la vista gorda con ella. Marta es la única de mi entorno que sabe que soy gay. Y yo, a diferencia de ella, no soy ningún putón, mis rollos y/o novios se cuentan con los dedos de las manos. No me causa ningún problema ser gay, aunque prefiero que no lo sepa demasiada gente para no tener que dar explicaciones. Odio tener que darlas.


La historia de Marta y Rubén, empezó aquella tarde y se ha prolongado hasta ahora. Mis padres no le soportan, antes de las vacaciones que pasamos juntos le habían visto unas 4 veces y pensaban que era un mal partido para Marta. Había escuchado mil veces a mi madre decir que Rubén era vulgar, que no tenía estudios, que era un burro... vamos, la típica retahíla clasista de una pija con carrera de un barrio cool de Barcelona. Pero dispuestos a acercar posturas o, quién sabe, quizás a acabar con su relación, decidieron invitar a Marta y a Rubén a pasar una semana en agosto en la casa que mis padres tienen en Altafulla, cerca de Tarragona.

De camino a Altafulla mis padres iban en el coche de delante y me enviaron a mí con Marta y Rubén, supongo que para cortarles un rato el rollo. Desde el asiento de atrás del León Cupra de Rubén podía ver como mi hermana no quitaba la mano de la pierna de su macho y rozaba cada vez con menos disimulo el abultado paquete de mi cuñado. Rubén, con el pelo muy corto y despeinado y su piercing en la ceja iba mirando de vez en cuando a mi hermana y la lanzaba una sonrisa de satisfacción. El muy cabrón tenía cara de niño malo... de niño vicioso. Volví a mirar hacía su paquete... Diosss, exclamé para mis adentros, aquel bulto prometía muchísimo. Si mi hermana hubiera intentado cubrirlo con la palma de su mano, no hubiera podido.


Una vez en la casa, situada muy cerca de la playa, mis padres decidieron que, a pesar de que mi hermana ya es mayorcita y Rubén con 26 toda vía más, no dormirían juntos. Mi hermana dormiría sola y Rubén y yo juntos en otra habitación. Marta casi se muere al escuchar aquello, pilló el cabreo del mes. A mí en cambio, el corazón me saltó dentro del pecho. Por lo menos iba a tener oportunidad de ver el paquetón del chulazo de mi hermana bajo los boxers e incluso podría verle en bolas camino de la ducha. Así podría seguir preguntándome por qué ella sí y yo no.


No me hizo falta esperar mucho, la primera noche empezó el espectáculo. Mis padres se habían acostado ya y yo estaba jugando a la Xbox en el comedor. Marta y Rubén habían salido a dar una vuelta por la playa... o lo que es lo mismo, a comerle la polla en cualquier rincón alejado de la vista de los guiris. Volvieron antes de lo esperado, por lo que era de suponer que el plan de Marta no había funcionado y se había quedado sin su postre.


-¿Qué haces chaval? ¿Echando unos vicios? –Me soltó Rubén mientras se sentaba a mi lado y me apretaba fuerte la pierna con su mano en un gesto de lo más heterosexual. Llevaba un bañador de bermuda rojo y una camiseta de tirantes negra. No le había dado aún el sol, pero su piel morena ya destacaba con los colores de su ropa. Me imaginé que cuando tomase el sol iba a parecer brasileño, rabo incluido.


-Sí, aquí jugando un rato... –dije nervioso. Mi hermana salió de la cocina con un par de cervezas.


-Va, nen, ponlo en multijugador y echamos una partida.


Dicho y hecho. Rubén y yo empezamos a pilotar en una carrera frenética en el Need for Speed Carbono. Él me estaba ganando, pero en un punto de la partida empezó a perder ventaja hasta que le adelanté. Cuando me giré para mirarle, me topé con la lengua de mi hermana luchando por meterse en su boca mientras él hacía lo posible por mirar a la pantalla.


-Hermanito, tranqui que le vas a ganar...


Mi hermana, que desde que supo que era gay me contaba detalle a detalle sus experiencias sexuales, incluidos el tamaño, la textura, el sabor... de la polla de sus rollos, no tuvo ningún reparo en meterle mano a Rubén y agarrarle el paquete por encima del bañador, la verga de mi cuñado empezó a cobrar vida y se dibujó por debajo de la tela. Aquello eran unos 18 cm de polla morcillona apuntado a la derecha con un par de huevos que completaban un conjunto perfecto. Me tuve que controlar mucho para no lanzarme a comérmelos en aquel mismo instante.


Pero la noche no terminó ahí. Eran casi las 3 cuando Rubén y yo dormíamos en la habitación. Mi hermana entró sigilosamente le susurró algo al oído hasta despertarle, los dos miraron hacia mi cama y cerré los ojos de golpe. La luz de la calle iluminaba tenuemente la habitación, pero había suficiente claridad para distinguir los cuerpos y las formas. Suponiendo que yo estaba dormido, mi hermana tiró de la sábana que tapaba a Rubén, le bajó los boxers con ansia y liberó su polla. Aquella fue la primera vez que la vi, aunque en la penumbra. Era más grande de lo que imaginaba, con facilidad, mi hermana podría habérsela enrollado en la muñeca. La muy zorra se la estuvo comiendo hasta que Rubén murmuró...


-Joderrrrr, me corrrrroooo...


En contra de lo que hubiera esperado, mi hermana se apartó, cogió los boxers de su novio y se los colocó en la punta de ese precioso rabo mientras lo pajeaba para hacer que se corriera. Me dije a mí mismo, que si yo hubiera estado en su lugar, me hubiera tragado cada gota de leche que hubiera lanzado aquella polla.


A la mañana siguiente, estaba que me moría de sueño. Mi familia intentó despertarme pero fue en vano. Seguí durmiendo hasta mucho después de que escuchara cerrarse la puerta de la calle. Cuando me levanté de la cama no escuché a nadie, supuse que se habían ido a la playa. Desayuné un poco y volví a la habitación para darme un baño. Tenía la polla muy dura, la imagen del rabo de Rubén me taladraba la retina. Me metí en la bañera y abrí el agua fría. Me estiré dispuesto a hacerme la paja del siglo y entonces los vi. El cerdo del novio de mi hermana había dejado los boxers de la noche anterior tirados en un rincón del lavabo. Los recogí y los miré detenidamente, estaban hechos una bola. Los desenrollé y mis dedos rozaron la tela aún húmeda, la mancha de esperma era muy bestia. Me los llevé a la nariz y aspire ese contundente aroma a corrida y a polla y huevos sudados. Casi me corrí de gusto. Disfrutando del momento saqué la lengua despacio y empecé a lamer, primero con calma, y luego salvajemente la corrida de mi cuñado en sus boxers.

Cuando estaba a punto de correrme, escuché la puerta de la habitación, lancé a toda prisa los boxers a un rincón del baño y sin tiempo a nada más, se abrió la puerta del baño, me quedé inmóvil tumbado en la bañera.


-Ey tío, no sabía que estabas aquí –dijo Rubén entrando en el baño y cerrando la puerta tras de él. Llevaba puesto sólo el bañador rojo de la noche anterior. Además de comprobar que su pectoral estaba realmente definido, puede ver por primera vez su abdomen marcado y esas dos curvas que empezaban en las caderas y apuntaban hacia su precioso paquete-. Me estoy meando tío...


Sin tiempo para contestar, Rubén abrió la tapa del váter, que estaba justo en paralelo a la bañera y se sacó el rabo. Mis ojos se clavaron en su polla de piel muy oscura y glande rosado, parecía la polla de un mulato. No estaba dura, ni siquiera morcillona, pero ya era un buen pollón. Mi cuñado empezó a mear lanzando un potente chorro contra la taza del váter. La escena me pareció tan morbosa como asquerosa. El muy cerdo no tenía ningún reparo en ponerse a mear a pocos centímetros de mi cara.


-Joder, que gusto, me estaba meando en la playa. –Mientras decía eso, Rubén empezó a sacudirse la polla y a cubrir y descubrir el capullo. Lo que en principio era una sacudida post-meada, se convirtió casi en una tímida paja. Su polla cobró vida y empezó a crecer. Rubén giró su cabeza hacia mí y me pilló con la vista clavada en su polla.- ¿Qué miras, nen?


-Nada... ya te vale, podrías haber usado otro baño –contesté de golpe y clavé la mirada en la bañera. Aunque el agua seguía saliendo por el grifo, aún no me cubría por completo y la punta de mi polla sobresalía del agua. Jamás había tenido la polla tan dura, estaba muy cachondo y los nervios que me provocaba que Rubén me hubiera pillado mirándole no hacían más que ponérmela todavía más dura.


-Tranqui, hombre... estamos entre tíos... Me estabas mirando la polla, no pasa nada. -Sin mirarle fijamente podía ver que aún no se la había guardado.


-¡Qué dices tío! –Exclamé intentando disimular.


De repente Rubén me cogió la cara con una mano y me obligó a mirarle a la cara. Con la otra mano sostenía su polla que estaba completamente dura. Aquello era una pollón brutal. Tan sólo había visto una polla tan ancha y larga en un video porno que me había descargado hacía unas semanas en el que aparecía un brasileño vestido de albañil reparándole la boca a un adolescente. A pesar de los nervios, seguía con mi polla a mil.


-Qué no pasa nada, nen, es normal que los tíos miremos para comparar –zarandeó su pollón a escasos centímetros de mi cara. Miró hacia mi polla que ya estaba casi cubierta por el agua.- Quizás algún día la tendrás tan grande como yo...


-¡Joder, no te estaba mirando la polla por eso!


- ¿Ah no? Pero la mirabas...


-Rubén, eres un capullo... sólo estaba entendiendo porque mi hermana te aguanta...


-¿A que es una buena razón? Tu hermana se vuelve loca cuando se la meto...


-Cabrón... –le dije poniéndome serio por su comentario sobre mi hermana. Rubén me miró con una sonrisa, me soltó la cara y se guardó el pollón como pudo en el bañador.


-Chaval, te dejo que termines la paja que te estabas haciendo. Los dos somos tíos, sabemos lo que se hace en el baño cuando nuestros viejos se han ido...


Ni falta hace decir que me hice un gran pajote con la imagen del cuerpo y la polla de Rubén. Estaba tan caliente, que mi corrida acabó salpicando toda la pared de la bañera.


Me pasé todo el día pensando en lo que había sucedido en el baño. Me pregunté si el descaro de Rubén de ponerse a mear a mi lado y su provocación al ponerme su rabo erecto tan cerca de la cara quería decir que a mi cuñado le molaba el sexo con tíos, o simplemente era un hetero cabrón muy provocador que sabía que yo era gay y quería ponérmela dura para divertirse un rato. Aunque mi polla pedía a gritos que el juego continuase, mi cabeza suplicaba que Rubén dejara de exhibirse o mi boca iba a acabar en su polla.


Pero en esas vacaciones estaba claro que la vida iba a seguir poniendo a prueba mi resistencia de homosexual reprimido. Por la noche, yo estaba en la habitación repasando los apuntes de la única asignatura que me había dejado para septiembre cuando entró Rubén en la habitación. Iba vestido con unos vaqueros ajustados y una camiseta sin mangas naranja.


-¿Ya habéis vuelto?


-Sí, tu hermana se ha rallado en la discoteca y ha querido volver –respondió Rubén cabreado. Sin decir nada más empezó a desvestirse.


Mi vista se movía rápidamente de mis apuntes a su cuerpo siguiendo toda la operación de desvestido. Rubén se quedó solamente en unos boxers blancos de algodón algo desgastados que, aunque el quedaban bastante anchos, no podían disimular una polla en semierección. Pero lo que más me llamó la atención fue la importante macha de humedad que se dibujaban en la zona que ocupaba la punta de su rabo. Me puse a cien y, aún no se cómo, me armé de valor y le pregunté:


-¿Te has meado encima o qué?


-¿Cómo? –Rubén se miró los boxers e intentó coger con una mano su paquete-. Qué dices chaval... ya sabes cómo meo, si me hubiera meado encima te hubiera salpicado en esa cara de capullo que tienes. La mancha es de precum, joder...


-Vaya... vas... muy salido... –la voz casi me tembló por hablar de eso con Rubén.


-Es la zorra de tu hermana, empieza a hacerme una paja en el coche aquí abajo y como no tiene kleenex me deja a medias. Joder ¿para qué coño tiene la boca?


Solté los apuntes y me incorporé en la cama. Rubén estaba de pie a pocos metros de mi cama.


-Imbécil, no hables así de mi hermana o...


-¿O qué capullo?


-O te parto la cara...


-Jajajaja... ¿la cara? –Rubén se burló de mi comentario. De pronto dejó de reírse y sin darme tiempo a reaccionar se abalanzó sobre mí, se arrodilló encima de mi cama, puso una pierna a cada lado de mi pecho y me sujetó las manos con fuerza contra el cabezal de la cama. Con la otra mano me agarró con fuerza la cara y me la apretó.- A ver si el que te va a partir la cara voy a ser yo... capullo. Los dos sabemos que tu hermana es una puta, lo que yo no sabía es que dejaba las cosas a medias...


Me puse absolutamente serio. Rubén interpretó que tenía miedo y aflojó su presión en mis manos y en mi cara. Pero si yo estaba tan serio era porque estaba disfrutando del peso de su polla y sus huevos en mi abdomen, incluso notaba la humedad de su precum sobre mi piel. Con su brazo estirado por encima de mi cabeza, podía ver su axila, con el bello oscuro bastante recortado. Y por supuesto podía sentir su olor a macho transpirado.


-Ey... veo que te has asustado, chaval. No pasa nada... –Rubén, muy a mi pesar, me soltó y se quitó de encima mío. Se sentó a un lado de la cama, apoyándose en la pared-. No te voy a hacer daño, nen... que somos casi familia...


Al decir eso, Rubén pasó su mano por mi frente y mi pelo, con un gesto casi cariñoso. Miré disimuladamente hacia su paquete y vi que su polla habría crecido notablemente ¿estaba poniéndose cachondo al rozarse conmigo?


-Tranqui David... estás incluso sudado...


-Tú también... –le respondí.


-Ya, por el calentón...


-Date una ducha si quieres... –dije para desviar el tema y, quién sabe, verle desnudo otra vez antes de entrar en el baño.


-No, que va... me mola estar un poco sudado. Me gusta oler a macho... –al decir eso, Rubén se pasó la mano por su definido abdomen, por su pectoral y llegó hasta su axila, sus dedos la rozaron. Acto seguido, se los llevó a la nariz y aspiró profundamente-. No me digas que no huele genial, a las tías les encanta... incluso yo sé reconocer a otro macho cuando pasa cerca de mí y huele así... ¿no crees?


-No sé... nunca lo había pensando –mentí. Mi polla estaba a mil.


-¿No? –Rubén se metió la mano por dentro de los boxers y se acarició la polla y los huevos-. ¿Y qué me dices del olor de tu polla y tus huevos? –Rubén volvió a llevarse la mano a la nariz y aspiró deleitándose con ese aroma. El muy cabrón era un narcisista absolutamente exhibicionista-. ¿No lo has olido nunca?


-No... –mentí.


-Pues hazlo ahora, ya verás...


-Es que no estoy sudado ahí...


-Bueno, no pasa nada, puedes oler el mío –Rubén volvió a meterse la mano en los boxers y se acarició durante varios segundos el rabo y los huevos.


-¿Qué dices tío? No seas cerdo... –repliqué sin mucha energía, en el fondo me moría de ganas.


-No pasa nada, chaval... los machos hacen estas cosas entre ellos... –Rubén me miró con una sonrisa mientras alargaba su mano.


La verdad es que pensé que me estaba tomando el pelo, que sabía que yo era gay y me estaba vacilando. Pero me dio igual el porqué lo hiciera, decidí no dejar pasar aquella oportunidad tan morbosa. Acerqué mi cara hasta que mi nariz rozó la palma de su mano. Aspiré el aroma... olía a polla, a precum y un poco a sudor. Casi me corrí del caletón que me provocó aquello. Rubén, estiró más su mano haciendo que mis labios rozan su palma. Le oí suspirar, le miré y vi que había cerrado los ojos. La cabeza de su polla asomaba por el elástico de sus boxers.


De repente, se levantó de un salto y se puso de pie sobre mí. Su paquete estaba a unos escasos 10 centímetros de mi cara. Se bajó un poco los boxers y pude ver su pollón casi al completo, estaba totalmente duro. Se lo recolocó y volvió a subírselos.


-¿Qué tal?


-Bien... –murmuré.


-¿A que huele a macho?


-Sí...


Hubiera esperado que me soltase algo así como: "pues mi polla huele mucho mejor". Pero no lo hizo. Rubén saltó de mi cama, se acostó en la suya de espaldas a mí y se durmió. Que pedazo de cabrón.




Después de dejarme muy caliente la noche en que me "hizo olerle", llegaron unos días de cierta tranquilidad entre Rubén y yo. Él se pasaba el día con mi hermana y sólo coincidíamos por la noche en la habitación para dormir. Pensé que se habría rajado, que habría pensado que el juego había llegado demasiado lejos, pero al parecer sólo estaba cogiendo impulso para seguir provocándome. Unos días después, durante el cumpleaños de mi madre, mi chulo cuñado me siguió demostrando que se divertía poniéndome cachondo.

Le habíamos comprado una mousse de limón a mi madre para celebrar su cumple. Era un poco cutre pero era lo único que había en el súper de cerca de casa. Al terminar de comer, me levanté y me fui a la cocina a buscarla, sorprendentemente el novio de mi hermana vino tras de mí.


-Te ayudo... –dijo al entrar el la cocina.


-No hace falta, sólo la voy a llevar al comedor.


-A ver si está buena... –el muy capullo metió el dedo en un adorno de nata de la tarta y se llevó a la boca-. Está muy buena... sí señor.


-¡Joder! Qué capullo eres, tío... te acabas de cargar la tarta –respondí cabreado. Mi cuñado era un capullo.


-No pasa nada, nen... le ponemos ahí las velas.


-No hay velas, ¡joder! No había velas en el súper...


-Bueno, yo tengo un buen cirio... si te sirve... –dijo el muy cabrón cogiéndose el paquete por encima del bañador.


-Estás enfermo tío...


-Va, seguro que a tu vieja le encanta la tarta si se la llevamos con mi polla clavada en ella. Así me puede soplar el cirio... –mientras decía eso, Rubén se aflojó el cordón del bañador, se sacó la polla semierecta y empezó a pajearse muy despacio junto a la tarta...


-¡Estás loco chaval! Como te vea mi padre o mi madre te sacan de esta casa de una patada en el culo...


-Si tu madre me viese ahora seguro que se corría de gusto, y quién sabe si tu padre también...


-¡Serás cabrón!


A pesar de que estaba muy bueno y de que verle delante de mí con la polla tan dura me ponía a mil, su comentario sobre mi padre me cabreó mucho. Me abalancé sobre él con la intención de darle un puñetazo en el estómago, pero Rubén fue más rápido que yo y me cogió el brazo. A pesar de haber evitado el golpe, mi empujón provocó que Rubén se recostara sobre la mesa donde estaba la tarta. Al levantarse pudimos comprobar que su polla, que estaba totalmente dura en ese momento, se había clavado en un lateral de la tarta. Rubén la sacó con una sonrisa...


-¡Joder! Te has cargado la puta tarta... –un calor muy intenso me recorrió el cuerpo, estaba de los nervios.


-Te la has cargado tú empujándome, chaval... –Rubén sonría divertido, pasó sus dedos por la punta de su polla manchada de mousse y se los llevó a la boca-. Así está mucho más buena...


-Joder, qué vamos a hacer... –musité al borde un ataque de nervios.


-Tranqui, nen. Decimos que la he rotó un poco al sacarla del papel que la envolvía, entonces vas tú, me cortas ese trozo a mí y me lo como yo. No me importa...


-Joder... –no lo acababa de ver claro.


-Va, tranqui, que todo saldrá bien...


Salimos al comedor con la tarta y cuando la vio mi familia, preguntaron qué le había pasado. Antes de que pudiera responder, Rubén lo hizo por mí.


-Nada, que David ha metido los dedos sin querer al sacarla del envoltorio...


-Vaya, David... qué torpe eres, se quejó mi padre... has estropeado la sorpresa de tu madre. -Agaché la mirada avergonzado, tenía ganas de matar a mi cuñado.

-No te preocupes cariño –me dijo mi madre-, cómete tú el trozo que se ha roto y listos.

-Claro, David... cómetelo –repitió Rubén con una sonrisa de oreja a oreja.

El muy cabrón se salió con la suya. Supongo que él pensaba que me iba a joder, pero la verdad es que su jueguecito me había puesto a mil y la idea de comerme el trozo de tarta en el que se había clavado su polla me la puso muy dura. Cuando cogí la primera cucharada y me la llevé a la boca, mi cuñado me miró con una mirada de puro vicio, nunca le había visto poner esa cara. Cucharada a cucharada fui saboreando la tarta hasta terminármela.

Me pasé la tarde pensando en lo que había pasado durante la comida, pero no me quedé ni un rato a solas para hacerme una buena paja. Por la noche, por primera vez en todas las vacaciones, Rubén me invitó a salir de farra con ellos. Mi hermana no parecía estar de acuerdo, pero Rubén insistió con la excusa de que yo era un soso y no salía nunca de casa. La verdad es que me estuvo jodiendo con sus comentarios, pero por el simple hecho de saber hasta dónde quería llegar, me animé a ir con ellos. Para que mis padres no supieran que su hijo menor iba a salir de fiesta por ahí, les dijimos que nos íbamos a cenar y luego al cine en sesión golfa.


Salimos de farra por Salou y aunque sólo tengo 17 años, aparento más, así que no tuve problemas para entrar con ellos en la discoteca a la que fuimos. Rubén estuvo bebiendo toda la noche e iba bastante pasado. Mi hermana no iba bebida, pero iba más salida que una perra en celo. Se rozaron, morrearon y metieron mano delante de mí con total descaro. Incluso mi hermana me lanzó esa mirada de: "este macho es mío" que tanto odio. Aunque esa vez, me pareció incluso graciosa. Si mi hermana supiera el rollito homo que se gastaba su novio...


Hacia el final de la noche Rubén me dejó claro porque me había invitado a venir. Cuando mi hermana se fue al baño, él se acercó mucho más a mí hasta el punto de rozarme mientras bailábamos el último single de Paulina Rubio en un rincón de la discoteca. Yo lo estaba flipando, pero me aproveché de que Rubén estaba muy borracho para rozarle sin problemas. En eso estábamos cuando mi cuñado me dijo al oído...


-Me la has puesto muy dura cuando te has comido la tarta... eres un putito muy cerdo...


-Eres un gilipollas Rubén, ha sido por tu culpa. Y yo no soy ningún puto...


-Sí lo eres, tu hermana ya me ha contado que eres gay... –Rubén se colgó de mi cuello y siguió hablando en medio de un ataque de sinceridad alcohólica-. Al principió me dio asco, incluso me cabreé y dije que no quería verte más... pero desde que estamos en Altafulla me estoy divirtiendo mucho contigo ¿sabes?


-Pasa de mí, tío... estás borracho...


-¿Quieres olerme ahora? –Me dijo con una mirada de vicioso a punto de correrse que asustaba. No respondí.


Rubén se metió la mano por la cintura de los tejanos y los boxers y se agarró la polla y los huevos. Por su bulto podría decirse que la tenía bastante dura. Acercó su mano a mi cara y con la otra me empujó la cabeza hacia ella. La verdad es que no opuse demasiada resistencia, el muy cabron sabía que era gay y su juego me ponía muy cachondo. Por primera vez un chulazo me hacía caso... Hundí mi cara en su mano y aspiré ese olor a polla y a huevos sudados, limpios, pero sudados.


-Yo también quiero olerte...


Sin decir nada más, cogió mi mano y la condujo hacia el interior de mis pantalones. Con su mano estiró de la cintura elástica de los boxers y metió mi mano en mi paquete. Me agarré la polla húmeda y los huevos durante unos segundos. Después Rubén me sacó la mano y se la llevó a la nariz. Aspiró profundamente con los ojos cerrados y sin decir nada sacó la lengua y me lamió la palma de la mano. Ver a un tío como él lamiéndome la mano con la que me acababa de agarrar la polla hizo que me corriera en medio de un orgasmo que me hizo temblar. No sé si él lo notó, pero el muy cabrón metió esta vez su mano en mi paquete y me agarró la polla cubierta de esperma.


-Te has corrido cabroncete... –me apretó fuerte el rabo y sacó la mano. Con total descaro metió su mano por debajo de mi camiseta y se limpió en mi abdomen.


Cuando mi hermana volvió del baño, Rubén se abalanzó sobre ella sobándola con ansia. Mi hermana intentó zafarse de los movimientos tan violentos que hacía su novio. Mi cuñado le dijo algo al oído y ella puso mala cara. Rubén insistió y mi hermana pareció cabrearse y se soltó de él con mala hostia. Desde aquel momento, Rubén pasó olímpicamente de mi hermana y ella de él. Durante todo el tiempo que estuvimos en la discoteca, él bailó solo mientras mi hermana bailaba conmigo. De vuelta a casa en el coche, condujo ella y ambos estuvieron totalmente callados. Yo seguía flipando por lo que acababa de suceder. Simplemente no me lo creía.


Mi hermana llegó cabreadísima a casa y me dijo que me ocupara yo de acostar a Rubén porque ella pasaba de él por capullo. Así que yo le acompañé hasta nuestra habitación y le estiré en la cama. Tras correrme había vuelto a tocar de pies en el suelo, pensaba que aunque Rubén se había comportado como un cerdo vicioso hacía un rato, podía ser cosa de la borrachera y, cuando despertase a la mañana siguiente, quizás no se acordaba de nada. Con mucho cuidado le quité los zapatos y le dejé estirado en la cama. Luego fui al baño a darme una ducha rápida para quitarme el esperma y la ropa sucia.


Al salir del baño no le vi en la cama, miré hacia la terraza de la habitación y le vi fuera, apoyado en la barandilla.


-Rubén, vamos a sobar...


-Jejeje... ¿tan pronto?


-Son las 6, tío...


-¿Sabes por qué se ha cabreado tu hermana?


-No.


-Porque le he dicho que al llegar a casa quería darle por el culo... pero como es una estrecha no quiere... ¿se puede ir de zorra y ser en el fondo una beata de pueblo?


-Basta Rubén... te estás pasando... vamos a la cama...


-No, no... es muy pronto aún. ¿Todos los miembros de esta familia sois así? ¿Sólo aparentáis?


-No... –dije rotundamente.


-Vaya carro que tiene tu padre ¿no? –Rubén señaló con su mirada el Audi Q7 de mi padre que estaba aparcado bajo nuestra terraza-. Ya lo dicen, coche grande, polla...


-Rubén, vamos a la cama... ¡joder! –Aunque sus comentarios me estaban cabreando, en su estado y dada su corpulencia, no tenía muchas ganas de pelearme con él.


-Pero lo lleva muy sucio. Creo que se lo voy a lavar... tengo ganas...


-Qué dices, tío, vamos a dormir.


No entendí las intenciones de Rubén hasta que no vi como aflojaba los botones del pantalón y tiraba de ellos arrastrando consigo los boxers. Con una mano se agarró la polla morcillona que tantas pajas me había arrancado y apuntó al coche de mi padre.


-¡Joder! Ni sete ocurra –grité-. Eres un cerdo chaval...


-¿Y qué vas a hacer para impedírmelo?


-No lo hagas por favor... –Me imaginé el olor que desprendería al día siguiente el coche de mi padre cuando lo cogiera para ir a hacer la compra. Con todo el alcohol que se había bebido Rubén...


Pero el cerdo del novio de mi hermana no me hizo caso y empezó a mear. Su potente chorro cruzó la barandilla metálica y fue a estrellarse contra el techo del Audi de mi padre aparcado debajo.


En medio de un ataque de pánico corrí hacia él y le cogí instintivamente la polla. El muy cabrón no dejó de mear y me salpicó todo. La situación me daba realmente asco, pero no sé muy bien porqué, mi polla se puso dura al momento. Jamás me había imaginado que un tío me mease. Sin pensarlo dos veces cogí uno de esos maceteros ornamentales que había en la terraza y lo coloqué en la trayectoria de la meada de Rubén. Había salvado el Q7 de mi padre, pero me había manchado yo y encima le estaba aguantado la polla a mi cuñado mientras meaba en un macetero. Aquello era surrealista.


-Muy bien chaval, eres un tío con recursos...


-Y tú un cerdo, joder... –dije cabreado.


-Y a ti te encanta... –Rubén me lanzó una mirada que me dejó hipnotizado. Ya había dejado de mear pero yo seguía agarrando su polla dura. La sacudí instintivamente para limpiarla y cuando iba a soltarla, Rubén me agarró la mano con la suya y me obligó a dejarla agarrada al tronco de su potente rabo.- Me debes una...


Sin quitar su mano de la mía, empezó a marcar el movimiento de una paja sobre su polla. Fui incapaz de quitar mi mano, porque me estaba encantado y porque sus ojos clavados en los míos me habían dejado sin voluntad propia. Pocos minutos después Rubén liberó mi mano y yo seguí masturbando aquel largo pollón. Con la otra mano cogí sus gordos huevos y los acaricié. Mi mano recorrió varias veces toda la extensión de su verga y continué masturbándolo frenéticamente hasta que él me detuvo. Llevó mi mano a su boca y volvió a lamerme la palma, sin darme tiempo a reaccionar me escupió en la mano y volvió a ponerla en su polla. Aquella cerdada hizo que me doliera la polla de lo dura que estaba. Seguí masturbándolo hasta que en medio de un profundo suspiro, su polla empezó a lanzar chorros de leche que alcanzaron su pecho y su cara. Mis manos estaban llenas de su corrida. Me gustó sentir su semen caliente en mis manos, incluso pensé en volver a probarlo, pero no sabía cual sería la reacción de Rubén tras su corrida.


Nos limpiamos en silencio sin mirarnos a la cara y nos metimos en la cama. Estaba flipando con todo lo que había pasado aquella noche. Me sentí un poco culpable por haber pajeado al novio de mi hermana, pero por primera vez no era yo el que se preguntaba "porqué yo no". El muy cabrón se la había sacado con la excusa de mearse encima del coche de mi padre porque sabía que así le agarraría la polla. Esta vez el chulazo quería guerra conmigo y joder, el que pueda resistirse a eso, que lance la primera piedra. Cuando escuché los ronquidos de Rubén, me saqué la polla y me pajeé salvajemente hasta correrme.

Alguien dijo una vez que hay que tener cuidado con lo que se desea porque puede hacerse realidad. Antes de estas "intensas" vacaciones de verano jamás pensé que desear el chulo ajeno me iba a dar tantos quebraderos de cabeza. Siempre me había imaginado haciéndole una fugaz mamada al novio cachas de Sandra, mi mejor amiga, o pajeándome junto a uno de los múltiples rollos de mi hermana sin que ella lo supiera. Pero jamás imaginé que el último fichaje de mi hermana iba a darme tanta caña.


Si me costaba creerme que la noche anterior le hubiera hecho un pajote al semental de mi cuñado, mucho más me costó encajar los jueguecitos que Rubén me tenía preparados en los días sucesivos. A la mañana siguiente me desperté muy tarde. Escuché ruido a lo lejos, mi familia parecía estar preparando la comida. Me vestí y salí al jardín. En efecto, mi madre y mi hermana estaban poniendo la mesa y acabando de preparar una ensalada.


-Hijo, hoy comemos fuera, debajo del toldo se está muy bien.


-¿Papá y Rubén no han vuelto? -Preguntó mi hermana.


-No, estarán al llegar.


-¿Papá y Rubén han ido juntos a algún sitio? –Pregunté perplejo.


-Sí, sorprendentemente se han puesto a hablar de deporte, papá ha dicho que pensaba que se estaba poniendo fondón y Rubén le ha animado a salir a correr. Así que se han ido a correr hasta Torredembarra. Supongo que también lo ha hecho para que le perdone por el pique de ayer...


-Flipo.. –respondí atónito. En teoría mi padre no podía ni verle.


-Y yo... ya ves, mi novio se está ganando a mi familia -sonrió Marta-. Ahora sólo faltáis mamá y tú... ¿no me digas que no te cae mejor después de estos días juntos?


-Bueno... –recordé mis manos haciéndole una paja la noche anterior-. Sí, supongo...


A mi padre se lo estaba ganando corriendo con él. A mí me estaba conquistando corriéndose conmigo... me pregunté qué haría para caerle bien a mi madre. No me hizo falta esperar mucho para obtener una respuesta. Las mujeres son previsibles...


Mi padre y Rubén llegaron sudando, sobre todo mi padre, que a sus casi 50 estupendos años ya no estaba para caminatas como la que se acababa de pegar. Tal y como entró en casa, se fue a duchar y a descansar sin ni siquiera comer. En cambio, el chulazo de mi hermana venía sudando pero sin el más mínimo síntoma de agotamiento.


-¿Vamos a comer ya, cari? –le preguntó mi cuñado a mi hermana mientras le daba un beso en la mejilla y le apretaba furtivamente el culo.


-Sí, dentro de poco... voy un momento dentro a por la carne.


-Vale, entonces ya me ducharé luego... ¿os importa que me dé un baño en la piscina antes de comer? Estoy muerto de calor... –Rubén nos miró a mi madre y a mí.


-Adelante... –murmuró mi madre.


Rubén lo sabía, sabía el efecto que iba a provocar. Junto al borde de la piscina, a pocos metros de la mesa en la que mi madre y yo acabamos de aliñar la ensalada, el chulo del novio de mi hermana se quitó la camiseta blanca de tirantes que llevaba y la dejó en el suelo. Mi madre lanzó una furtiva mirada al pecho y al abdomen de mi cuñado que estaban completamente bañados en sudor. Él lo notó. Todavía más despacio empezó a bajarse los pantalones cortos negros que llevaba dejando lentamente a la vista uno de esos bañadores de competición speedo de color azul eléctrico. Con su polla y sus huevos llenándolo todo, aquella imagen me recordó a los créditos de los "Vigilantes de la Playa" que me había tragado tantas veces de pequeño, suspirando por el abultado paquete de David Chokachi enfundado en un bañador como ese. Mi cuñado incluso mejoraba aquella imagen. Terminado su ritual, Rubén se dio la vuelta y se lanzó de cabeza a la piscina. Miré a mi madre, tenía la vista clavada en Rubén...


-¿Qué? –La increpé. No sé si me cabreaba más que estuviera mirando a otro hombre con esos ojos estando casada, o que estuviera mirando al tío por el que yo me moría.


-Nada... –Disimuló ella.


-¿Nada?


-No, nada.. sólo estaba pensando que no parece tan mal chico como pensábamos...


En aquel momento entendí que con un cuerpo musculado y fibrado en su justa medida y un rabo de caballo, puedes llegarle a caer bien incluso a una suegra que, cuando estás vestido, no te soporta.


Después de comer, y con la visión de la entrada y la salida de Rubén de la piscina, me pegué una de las siestas más placenteras de mi vida. Cuando me desperté, le vi durmiendo en la cama de al lado, de espaldas y tapado con una sábana. Tranqui, me dije a mí mismo. Me puse la camiseta y me fui a merendar algo. Cuando entré en la cocina mi topé con mi padre que se iba a tomar el sol a la piscina. Me dijo que mi hermana y mi madre habían salido de compras.


Cuando me senté en la mesa del comedor para devorar un bol de cereales con leche, apareció él. El muy cabrón se acababa de despertar y entró en el comedor totalmente desnudo. Su rabo flácido se apoyaba en su pierna derecha y se zarandeaba ligeramente al caminar. Sin decir nada se paró frente a mí, al otro lado de la mesa, y se estiró desperezándose. Al levantar los brazos por encima de su cabeza puede volver a ver esas axilas con el vello perfectamente recortado y muy oscuro. Rubén no tenía mucho pelo en el cuerpo, sólo en las piernas, los brazos, las axilas y el vello púbico que le llegaba hasta el ombligo marcando el mejor camino para perderse que haya visto nunca.


-Joder, Rubén... ¿qué haces en bolas? Mi padre está fuera tomando el sol...


-¿Y qué? Seguro que también se muere por verme en pelotas... y comparar.


-Como te pille, te echa de casa... –empecé a ponerme nervioso por la situación y Rubén lo notó.


-¿Nos apostamos algo?


-¡Joder Rubén! Vístete...


-Vale... tranqui, chaval... –mientras me vacilaba, mi cuñado se acarició la polla de arriba abajo y tiró de la piel que cubría el glande. A esas alturas su polla estaba morcillona-. Pero antes, déjame probar eso que estás comiendo... tengo hambre.


-Son sólo cereales... –mis rodillas se tensaron.


-A ver... –Rubén me quitó la cuchara de la mano, la metió en el bol, la llenó y se la llevó a la boca-. Mmmmmm... están muy buenos –Lamió la cuchara lascivamente por los dos lados y la volvió a meter en el bol.


-Vístete, joder... –la idea de que mi padre entrase en el comedor y viera a mi cuñado desnudo, con la polla en semierección a pocos centímetros de mi cara, me estaba poniendo de los nervios. Por bueno que estuviera Rubén, sus juegos iban a matarme. El problema era que mis 16 centímetros estaban ya a tope y mojando mi bañador.


-No, antes me quiero dar una ducha... he corrido mucho esta mañana. Además, ayer un putito me hizo una paja y se olvidó de limpiarme bien la polla –con total tranquilidad, mi cuñado volvió a acariciarse la polla y la descapulló lentamente-. Aunque quizás debería limpiármela él...


-Y una mierda... vístete, joder.


-No –dijo rotundamente-, antes termina lo que empezaste...


-Yo no empecé nada, fuiste tú...


-Te mueres de ganas, chaval –sin darme tiempo a reaccionar mi cuñado estiró el brazo y me cogió la polla por encima del bañador-. Lo sabía... Bueno, quizás te apetece más si te la comes con tu merienda...


Ante mi mirada perpleja Rubén se acercó al bol y metió su polla dentro. Con una calma que me estaba matando de excitación y de nervios removió la leche con cereales hasta que su polla estuvo completamente dura. Cuando la sacó le empezó a chorrear la leche por el tronco hasta llegar a sus huevos.


-Límpiala... –me dijo en un tono absolutamente autoritario. Me debatía entre mandarle a la mierda por darme ordenes o lanzarme a comerme aquel rabo como un puto desesperado. Pero ganó mi orgullo.


-¡Y una mierda! –Repliqué con rabia.


-Chaval, lo estás complicando todo, joder. Me la vas a comer porque te mueres de ganas...


Rubén me cogió de la nuca y me amorró a su polla tiesa. Mis labios rozaron su capullo mojado de leche y cereales. Intenté zafarme y empujarle pero me agarró los dos brazos y volvió acercarme la polla a la boca con su mano libre. Yo seguía sin abrir mi boca, ya no sabía si por dignidad o por nervios, porque en el fondo me moría de ganas de hacerlo. Viendo la resistencia que estaba oponiendo, Rubén empezó a pasarme ese rabo casi de caballo por toda la cara. Estaba tan dura y era tan grande que mientras sus huevos me rozaban la barbilla, la punta de su capullo pasaba de largo de mi flequillo. Me calentó tanto notar su pija en los ojos, en los labios, en la nariz... que mi resistencia flaqueó y abrí la boca. A partir de ese momento mi cuñado no perdió el tiempo. Me agarró la cabeza con las dos manos y empezó a follarme la boca como un a****l. El diámetro de su rabo hacía que mi boca estuviera completamente abierta y notar su capullo en el fondo de mi garganta me provocaba unas arcadas tan bestias que aún no sé cómo pude controlarlas. Me folló la boca como quiso durante unos minutos que me parecieron horas hasta que...


-Joder, qué boca tienes cabrón... me voy a correr...


Mi cuñado sacó su polla de mi boca y empezó a masturbarse frente a mi cara. Yo tenía lágrimas en los ojos del esfuerzo. Cuando su rabo se tensó anunciando su venida, Rubén apuntó al bol y empezó a descargar su leche... fueron 6 o 7 trallazos de esperma, una cantidad increíble teniendo en cuenta que se había corrido la noche anterior.


-Abre la boca... –me dijo muy serio. Aunque me imaginaba lo que quería hacer, no opuse resistencia, primero porque estaba muy caliente y segundo porque tenía ganas de que saliera del comedor y se vistiera de una puta vez antes de que nos pillara mi padre-. Muy bien, buen chico...


Cogió la cuchara sopera con la que estaba comiendo yo y la metió en el bol recogiendo la mayor cantidad de su corrida posible. Ni siquiera se m*****ó en mezclarla con la leche que ya había en el bol. La llevó a la punta de su polla, aún bastante dura, y con la otra mano escurrió el semen que quedaba en su glande y lo dejó caer en la cuchara. El trayecto de su polla a mi boca se me hizo eterno. Aquello era una guarrada, pero mantuve la boca abierta hasta que la cuchara entró en ella. Noté el gusto un poco amargo de su semen y me lo tragué sin más.


-Te debía una cucharada...


Sin decir nada más, Rubén se dio la vuelta y salió del comedor. La imagen de su potente espalda y su culo apretado y duro me tensaron la polla otra vez. Acababa de comerle la polla y ya me moría de ganas por pasar mi lengua por aquel culo tan rematadamente heterosexual.


Como si estuviera poseído, me terminé con desesperación el plato de cereales con leche mezclados con la corrida de mi cuñado. Sin lugar a dudas, la mejor merienda de toda mi vida. Me levanté corriendo y me fui al baño a pajearme pensando en la cerdada que acababa de hacer. Estaba tan salido aquella tarde que me pajeé con tanta fuerza que incluso sentí dolor.


Tras la corrida estaba hecho un flan. Fui consciente de que mi padre nos podía haber pillado. Estaba de los nervios. Así que me mojé la cara, intenté relajarme y me fui a la piscina a ver cuál era su reacción. Recé para que no se hubiera dado cuenta de nada. Salí al jardín y le saludé, me respondió con normalidad. Estaba enfrascado en la lectura de uno de los últimos best sellers editoriales. Respiré profundamente y me senté en el borde de la piscina.


-¿Qué tal la tarde hijo?


-Bien, bien... acabo de merendar leche con cereales... ¿y tú?


-Aquí leyendo. Tu cuñado me ha dejado hecho polvo de tanto correr...


-Ya, ya... se nota que él puede... –contesté pensando en lo que acaba de pasar dentro de mi casa.


-¿Sabes? En el fondo no es tan mal tío como pensaba. Me ha dicho si quiero ir a entrenar con él al gimnasio para recuperar un poco la forma...


-¿Y tú qué le has dicho?


-No sé, me lo estoy pensando...


Definitivamente, Rubén se estaba metiendo en nuestra casa y en nuestras vidas.

Me desperté y abrí los ojos, a través de la puerta entreabierta podía escuchar cómo Rubén se duchaba. Me pregunté cómo lo hacía. En sólo unos días, el que era el insoportable y chulo novio de Marta se había convertido en uno más de la familia. Uno más fibrado, musculado, chulo, sobrado y problemático, pero uno más. La noche anterior, cuando mi padre me había dicho que nos íbamos los cinco a pasar el día a un parque acuático, no me lo podía creer. Pero aquella mañana, mientras oía caer el agua de la ducha y me imaginaba a mi cuñado enjabonándose, aún me lo creía menos.


A diferencia de otras ocasiones, esta vez nos fuimos todos juntos en el coche de mi padre. Se podía decir que incluso se respiraba buen rollo. Mi padre había hecho buenas migas con Rubén y hablaban a menudo de deporte, y Marta parecía menos arisca y agresiva. Sólo mi madre mantenía ciertas dudas respecto a su yerno. En el coche, Marta y Rubén, sentados a mi lado en el asiento de atrás, se hacían mimos con cierto recato. Me sorprendió que Rubén se cortara con lo cabrón que era. Pero aunque fueran mimos discretos, me ponía cada vez más enfermo ver que mi hermana y él se tocaban delante de mí. Lo peor de todo era que Rubén lo sabía, me miraba y sabía que me jodía, por eso todavía lo hacía más.


Cuando llegamos al parque acuático Caribe Aquatic Park en Salou, mi hermana y mi madre se metieron juntas en su vestuario y los tres "machos" nos fuimos al nuestro. Para ser sincero, yo estaba bastante nervioso por tener que desnudarme delante de mi padre y Rubén, así que me puse el bañador en casa. Eso sí, entré con ellos para quitarme la camiseta y dejar las cosas en la taquilla. Cuando entramos en el vestuario de la zona cubierta del parque me sorprendí de que no hubiera nadie. Para ser agosto el parque estaba anormalmente vacío y el hecho de que fueran casi las 2 de la tarde contribuía a que aquel vestuario estuviera desierto. Mi padre empezó a desvestirse lentamente y Rubén hizo lo mismo. Me daba mucho corte mirarles, así que sólo lanzaba miradas furtivas de vez en cuando mientras me descalzaba sentado en un banco de madera. Rubén se había desnudado completamente y mi padre estaba vestido únicamente con un slip cuando le dijo:


-Rubén, joder, que envidia me das. Los años no perdonan –dijo mi padre pasándose una mano por la barriga-. Cuando era joven estaba casi, casi como tú...


Mi padre había practicado el ciclismo y la natación cuando era más joven, y a sus casi 50 años se conservaba bastante bien. Debía medir 1,90 y era corpulento y fuerte. Tenía el pecho definido y cubierto por una consistente capa de vello, aunque más abajo, lo que un día fue un vientre plano se había convertido en una incipiente barriga, eso sí, una barriga dura y tersa. No había ni una parte del cuerpo de mi padre que pudiera describirse como fofa o flácida. Las piernas y los brazos se mantenían fuertes, especialmente las piernas, anchas y definidas como las de un ciclista en activo. Nunca había mirado a mi padre de una forma sexual, pero en aquel momento me pareció un hombre atractivo. Su cara, de rasgos duros y masculinos y su pelo algo cano acentuaban su aspecto de tío duro y trabajado.


-Pero cualquiera diría que estás gordo y fofo, joder... –le respondió mi cuñado sin ni siquiera ponerse el bañador.


-Bueno... no, gordo no... pero ya no estoy firme ni definido.... –mi padre tensó el brazo marcando un prominente tríceps.


-No te me pongas a llorar como una vieja, joder... aún puedes tonificarte y recuperar definición muscular. Lo que te pasa es que eres un perro... –Rubén le hablaba con una confianza y un colegueo que me dejaron K.O.


-No sé, pienso que no me servirá de nada a estas alturas...


-¿Cómo que no? Mira –Rubén se acercó a mi padre sin vestirse y le puso las manos en el brazo-, tensa el brazo... ¿ves? Tienes unos buenos tríceps y bíceps. Sólo necesitas definir un poco. –Sus manos se pasaron al pecho-, lo mismo con el pectoral, esto te lo machacas en el press de banca, unas aperturas con mancuerna, una series en un par de máquinas de pectoral... y parecerás Stallone en dos semanas...


-Joder, yo no lo veo tan claro... -contestó mi padre repitiendo las posturitas. Otro al que le gustaba exhibirse...


-Va nen, que hasta tienes unas piernas más musculadas que las mías... –Rubén se agachó y le puso las manos en los gemelos a mi padre-. Tensa la pierna... –Mi padre lo hizo y mi cuñado fue subiendo con sus manos hacia el muslo hasta rozar con sus dedos los huevos de mi padre enfundados en un slip blanco-. Enric, estás en muy buena forma... –cuando retiró su mano, sus dedos rozaron intencionadamente el paquete de su suegro.


Mis ojos se abrieron como platos cuando Rubén se levantó. Su polla había crecido bastante y le colgaba con aún más aparatosidad sobre ese par de grandes huevos tan apetecibles y con el vello recortado.


-Bueno, aunque hay cosas que por que más que las ejercite no se pondrán tan en forma por lo que veo... jajajaja. –rió mi padre con absoluta tranquilidad. Mis mejillas se encendieron de vergüenza.


Pero la vergüenza no era un atributo en el carácter de Rubén. Sin cortarse ni un pelo, se cogió la polla y se pasó la mano de la base hasta la punta haciendo aún más evidente su estado de semierección y su destacado tamaño. Con toda tranquilidad, corrió y descorrió varias veces la piel que cubría parcialmente el capullo de su polla.


-Y eso porque no la habéis visto al máximo de su capacidad –Rubén me miró con una mirada pícara. Me dejó alucinado que mi padre bromeara sobre la polla del novio de su hija y encima delante de su hijo. "Los hetero son la hostia", me dije...


Sin dejar de reírse de su propio comentario, mi padre terminó de desvestirse y se quitó el slip para ponerse el bañador. Fue la primera vez que le vi desnudo. Su culo estaba tan duro y tan cubierto de vello como sus piernas, y destacaba porque estaba especialmente blanco respecto al moreno que lucía mi padre en el resto del cuerpo. No quise mirar, intenté apartar la vista, pero vi y miré... mi padre se giró y pude verla. Era una buena polla, especialmente ancha y gorda, aunque no muy larga. Estaba circuncidada, con su gordo capullo rosado semicubierto por la piel del prepucio. Para no estar en erección, aquello estaba más que bien. Me llamaron la atención sus huevos, eran casi el doble de grande que los míos, un par de huevazos del tamaño de dos huevos de gallina. Como el culo y el resto de su cuerpo, su polla y sus huevos estaban rodeados de vello oscuro. Aparté la vista y la clavé en el suelo ¿qué coño hacía mirándole la polla a mi padre? Aquellas vacaciones me iban a volver loco.


-Bueno suegro, eso tampoco está nada mal... –dijo Rubén mientras se ponía un pantalón coro y miraba con descaro la entrepierna de mi padre.


-Ya bueno, la mía es un Audi Q7 y la tuya un Hummer, hay que joderse...


-Ya, bueno, y la mía un Toyota Rav4. Me estáis rallando, vamos a la piscina de una vez –En el fondo me estaban poniendo malo y quería acabar con aquella situación de una vez o no respondía de mis actos.


-Tranquilo chaval, esto son cosas de hombres –dijo el cabrón de Rubén con una sonrisa mientras se plantaba a un palmo de mi cara y me acariciaba la cabeza con un falso colegueo que me puso de los nervios.


-Hijo, no te agobies, ya crecerá y se pondrá como la de tu cuñado, eres muy joven aún... –me soltó mi padre con un tono paternalista-sexual de lo más incómodo.


Si padre hubiera sabido en aquel momento que yo no quería tener la polla como la de Rubén, sino lo que quería era tener la polla de Rubén, a ser posible en mi boca, hubiera flipado. El cabrón de mi cuñado era un Dios salido de un vídeo de Corbin Fisher o Sean Cody. Y por si no era suficiente soportar todo el puto día su torso marcado, el muy sobrado se había puesto un pantalón de futbolista blanco sin nada debajo y que, evidentemente, no llevaba forro. Si estando seco ya se le notaba la polla semierecta pujando bajo la tela, cuando se mojara aquello iba a ser todo un espectáculo.


"Rubén, eres un cabrón", pensaba mientras miraba como el "machito" sobaba a mi hermana que se reía divertida estirada en la hamaca de al lado. Mis padres habían ido probar el Río Loco, así que mi hermana y su chulazo podían rozarse sin cortarse un pelo. "Con lo puta que es ya podría ligar con un guiri y dejar a Rubén en paz" decía para mis adentros sin dejar de mirarles. Mi hermana estaba de espaldas a mí y no me veía, pero Rubén sí se estaba dando cuenta de mi cara de mala hostia. De repente mi hermana se zafó de él y se levantó de la hamaca...


-Cari, ahora vuelvo... tengo que cambiarme el Tampax... –Joder, ¿por qué era tan jodidamente ordinaria la zorra de mi hermana?


-Vale, cochito... –le soltó él dándole una palmada en el culo-. Tu niño te espera aquí...


-¿Me pasas una Coca? Creo que mi padre las ha dejado a tu lado –le dije a mi cuñado con una mirada matadora que equivalía a un "deja de sobarla de una puta vez o no te la vuelvo a comer".


No me contestó, el muy cabrón cogió una Coca-Cola de las que había junto a su hamaca, y me la tendió. Cuando la fui a coger, la retiró de mi alcance. Abrió la lata con calma, bebió directamente de ella posando sobre el metal esos morritos de chulo que tiene, y me la volvió a pasar...


-Ahora sí... -Cuando di el primer trago pensando que sus labios habían estado en contacto con aquel trozo de aluminio, mi polla se puso dura de golpe. Yo quería ser lata.


Pero sus provocaciones fueron más allá aquel día, cuanto más enfadado me veía por sobar a mi hermana, más cabrón era conmigo. Cuando mis padres llegaron, nos fuimos Rubén, mi padre, mi hermana y yo la piscina de olas. Para animar la cosa, a Marta no se le ocurrió otra cosa que jugáramos a luchas. Ella se encaramó a los hombros de mi padre y soltó...


-Estamos listos... –y me miró como diciéndome "anda, súbete encima de mi novio", y claro, si tu hermana te dice que montes a su chulazo, no puedes decirle que no. Miré a Rubén...


-Vamos, nen... ven con Rubén... –dijo él entre risas. Lo peor de todo es que iba en serio.


Mi hermana y yo empezamos a pelearnos de broma, aunque en más de una ocasión pensé en empujara de verdad para tirarla de una puta vez al agua. "Es tu hermana" me repetía mi conciencia, "No puedes matarla, al menos no aquí, delante de tanta gente". Pero las manos de mi cuñado apretándome los muslos para sujetarme, hicieron que dejara de pensar en acabar con la vida de mi hermana y me dedicará a disfrutar del roce. Tanto fue así, que me empalmé y dejé de pelear con ganas hasta que mi hermana me tiró de los hombros de mi cuñado.


-¡Chaval eres un blando! –Me soltó ella-. Papá, somos los mejores...


Cuando saqué la cabeza del agua, Rubén me ayudó a ponerme derecho. Sus brazos rozaron mi cintura. Su gesto me pareció incluso cariñoso. Me apoyé en su pectoral durísimo para estabilizarme. Tuve que contenerme para no empezar a lamérselo en aquel mismo momento. Se acercó a mi oído y me susurró:


-Tu Rav4 se ha puesto muy duro, nen... Y me gusta.


Ufff... ni en mis sueños más húmedos me imaginé al chulazo del novio de mi hermana decirme al oído delante de ella que le gustaba notar mi polla dura en su nuca. Seguimos jugando entre apretones y caídas. Me dejé ganar sistemáticamente para poder rozarme aún más con la espalda y los hombros de mi cuñado. En repetidas ocasiones, Rubén me sobó el culo para sacarme del agua y yo, cada vez con menos disimulo, le rozaba las piernas y el torso al levantarme. En una de mis últimas sumergidas, incluso me atreví a tocarle el paquete por encima de la ropa fingiendo estar desorientado por la caída. Jamás me había divertido tanto en un parque acuático.


Pero después de 20 minutos de roces, ya no podía más, me dolía la polla de lo dura que la tenía. Así que desmonté a mi cuñado y me di un tiempo muerto a mí mismo para irme al lavabo. Volví a los vestuarios y entré en los servicios. Como estaban vacíos me puse a mear en un urinario de pared. Con la polla fuera, intentaba pensar en algo negativo para que se me bajara la erección, pero el recuerdo del contacto con el cuerpo de mi cuñado no ayudaba mucho. En eso estaba cuando entró alguien. Suspiré y le miré de reojo. Sin decir nada se puso a mi lado y se la sacó. La tenía morcillona el muy cabrón. Miró de reojo hacia mi polla y me soltó...


-Te la he puesto dura...


-Sobrado... –le respondí desafiante. Algo me decía que me seguiría hasta los baños. Sin decirme nada, me cogió la mano libre y me la colocó en su polla. Noté como se fue poniendo dura hasta alcanzar su máximo esplendor-. Y yo a ti...


-Pues vas a tener que hacer algo, putito...


Odiaba que me llamase putito, y él lo sabía, por eso lo decía aún más, porque sabía que doblegaba mi voluntad. Liberó mi mano, aunque yo no solté su rabo, y me empujó con las dos manos para que me agachase delante de él. No opuse apenas resistencia, me moría de ganas. Con su rabo tieso zarandeándose a pocos centímetros de mi boca, poco importaba que pudiera entrar alguien. Olía ligeramente a agua clorada, pero aún así, podía percibir el olor característico de su polla. Saqué la lengua y la pasé por su glande. Ladeé la cabeza y continué por ese grueso tronco hasta rozar sus huevos. La apreté fuerte con una mano, y volví a lamerla esta vez por arriba, resiguiendo la vena que cruzaba aquel pollón y lo mantenía así de tieso. Volví a la punta y me la metí en la boca...


-Come, cabrón... –susurró él mientras me empujaba por la nuca para metérmela más en la boca. Poco más de la mitad de su rabo entraba y salía de mi boca al ritmo que marcaba él, mientras yo le succionaba el glande y pasaba mi lengua por la punta de aquel capullo hinchado. Me encantaba que mi cuñado me llenase la boca con su polla, estaba en la gloria a pesar de lo que se tenía que abrir mi mandíbula para dejar paso a aquel rabo. Estaba en el séptimo cielo, pero quería probar algo más. Mis manos se clavaron en su culo...


-Espera... –dije sacándome su polla mojada de la boca. Le empujé para que se diera la vuelta y se apoyase en el urinario de pared. Rubén se dejó hacer en silencio. Le bajé los pantalones hasta los tobillos y mis manos volvieron a clavarse en aquel culo heterísimo. Estaba duro, firme, y tenía esas dos hendiduras a los lados que hacían que sus nalgas estuvieran aún más prietas y que sólo puede tener el culo de un buen macho de gimnasio.


-¿Qué coño vas a hacer? –Parecía una queja, pero no era una queja. El chulazo de mi hermana más que quejarse, susurró aquellas palabras como si fuera un gato cachondo. Besé y mordí suavemente sus nalgas sin dejar de apretárselas. Estaba en medio de un sueño. Las abrí lentamente dejando a la vista aquel preciado agujero rodeado de una fina capa de vello casi rubio, saqué la lengua y se la pasé desde los huevos hasta el principio de su espalda. Cuando mi lengua rozó su agujero, a Rubén le flaquearon hasta las piernas. El muy cabrón se inclinó un poco más y abrió más las piernas. Volví a lamerle todo el culo y me detuve en su agujero, mi lengua empezó a jugar intentando penetrarle. Me hubiera querido soldar a aquel culo.


-Joooddder... –susurró él-, eres un puto cerdo... cómeme el culo, joder...


Mi cuñado me apretó fuertemente la cabeza contra su culo y yo seguí lamiendo aquel puto agujero como si me fuera la vida en ello. Intentaba penetrarle con la lengua hasta que me quedaba sin aire y bajaba hasta sus huevos lamiéndole el perineo. Cogí su polla con una mano y la empujé hacia atrás para comerme su capullo húmedo de precum y pajearle. Mi cuñado se retorcía como un a****l. Solté su polla para que él pudiera pajearse a saco y me centré en lo que más me apetecía, lamer de arriba a bajo el centro de aquel culo de macho corrompido por mi lengua.


-Agggg... nunca me lo habían hecho joooddder, me vas a matar, cabrón...


Aprovechando que relajó su esfínter, mi lengua entró un poco dentro de él. La moví con desesperación, como si intentara penetrarle con mi polla. Por primera vez le veía rendido ante mí y no al revés.


-Jooddder, me corro... ven, joder... –me arrancó de su culo, me puso de pie y mientras seguía pajeándose, me sacó la polla del bañador y me pajeó con la otra mano-. Mi puto me come el culo como un perro...


-¿Quieres saber a qué sabe tu culo?


Rubén no contestó. Soltó mi polla y me arrastró de la nunca hasta su boca. Nuestros labios chocaron desesperadamente y su lengua no tardó ni un segundo en meterse en mi boca y recorrer cada rincón de ella. Nos corrimos en medio de un brutal orgasmo que nos salpicó los torsos y pringó todo el urinario. No dejamos de comernos la boca hasta mucho después de que el cañonazo de mi cuñado dejara de lanzar trallazos de leche caliente.


Sin tiempo para recuperar el aliento escuchamos que alguien entraba en los lavabos. Nos subimos los bañadores como pudimos, y nos colocamos en los urinarios para hacer lo que habíamos venido a hacer... bueno, lo otro que habíamos venido a hacer, mear. Rubén se acarició el abdomen esparciendo los restos de mi corrida y yo hice lo mismo con la suya. El intruso era un niño inglés de unos 12 años, se paró en el tercer urinario, junto a Rubén, y se puso a mear. Nuestra respiración aún era muy agitada y el chaval nos miró extrañado. Lanzó una mirada al urinario donde estaba Rubén y vio restos de la corrida. Rubén se guardó la polla, le miró, me miró, volvió agarrarme de la nunca y me plantó otro pedazo de muerdo de los que hacen historia. Volvió a mirar al inglés, al que se le había cortado la meada, y soltó:


-¿Qué coño te pasa, chaval?


Fue sencillamente brutal. Que volviera a besarme después de correrse y delante de aquel chaval me dio un subidón muy bestia. Sentí que éramos algo... que había algo que nos unía más allá del sexo. O al menos era lo que yo quería creer en aquel momento. Rubén no dejaba de sorprenderme, estaba claro que le encantaba provocar, transgredir, y ni siquiera le importaba lo que pensaran los demás. Había descubierto al puto Rey del Sexo.

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Posted by renovatio111 4 months ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 2355  |  
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Marco, el amigo de mi papa - Parte II

Todo había cambiado desde ese momento. La imagen en mi mente de mi Padre y Marcos juntos se repetía una y otra vez. Recordaba como si hubiese sido ayer su dos grandes cuerpos sudorosos abrazados entre si, sus gemidos de placer, sus perfectos culos, el semen deslizándose por sus pechos peludos, sus pollas, duras como rocas y sus huevos peludos colgando entre sus piernas. Ya no estaba tan seguro de que me gustaban las mujeres. Mi cuerpo se excitaba cada vez que miraba a un hombre sin camiseta o en ropa interior y por la noche me masturbaba con la imagen de ellos en la ducha, juntos, limpiándose todo el cuerpo después de esa noche de placer.

Una semana después de lo ocurrido, mi vida iba a cambiar.
Como era de costumbre, después del colegio tenia clases de Futbol, o soccer como lo llaman en otros países. Desde pequeños mis padres me han enviado a diferentes deportes como natación, tenis, vóleibol. El último que he practicado es el futbol, hace ya unos 5 años que formo parte del equipo, y es en verdad mi deporte favorito. Llegue al entrenamiento, salude a mis compañeros y luego me dirigí a donde se encontraba el entrenador. Su nombre es Oscar y será el otro protagonista de esta historia.

Fue compañero y amigo de mi Padre y de Marcos durante el ejército, y al igual que mi Padre se retiro para dedicarse a entrenar a jóvenes a jugar al futbol. Fue gracias a él que pude entrar al equipo. Además de ser entrenador de nuestro equipo de soccer, es personal trainer y trabaja en el gimnasio al que va mi padre. Si bien no suele aparecer por mi casa, ya que mi madre no le tiene mucho aprecio, es el mejor amigo de mi Padre además de Marcos y salen a comer juntos muy a menudo. Ahora que se lo que pasa entre mi Padre y Marcos, no me sorprendería que algo pueda haber entre él y Oscar.
El entrenamiento se desarrollo de manera normal, igual que todos los anteriores. Oscar nos hizo correr, realizar prácticas con la pelota de futbol y otros ejercicios de rutina.

"Bien por hoy el entrenamiento ha terminado, nos veremos el sábado para jugar el partido. No lleguen tarde. Vayan a las duchas".

La última palabra resonó en mi mente. Muchos jóvenes, de cuerpo bien formado, desnudos bajos chorros de agua que se deslizan por cada rincón de sus cuerpos. Sus miembros al aire. Masajeándose suavemente mientras se limpian el sudor de su piel. Siempre me había duchado con ellos después de los entrenamientos, era lo más normal del mundo. Ya los había visto desnudo muchísimas veces. Pero ahora algo era diferente. Pensar en ello revolvía cada fibra de mi cuerpo y comenzaba a subir la temperatura de mi sangre. Mi polla comenzaba a latir bajo mi ropa interior. No podía dejar que nada me sucediera. Así que decidí dar unas vueltas mas a la cancha, correr un poco mas no me haría daño, mientras todos se duchaban. Cuando terminaran y los vestuarios quedaran vacios, sería mi turno para ducharme.

Así lo hice. Comencé a bañarme, enjabonando cada parte de mi cuerpo, refregando la espuma sobre mi torso peludo. Delicadamente, limpie mis bolas, sacándole así el olor a hombre y a traspiración propias de haber pasado un día entrenando bajo el sol de primavera. Llego el turno de mi polla. Mientras me la enjabonaba, se me venía a la mente la imagen de mi Padre y Marcos en el baño, de esa escena que no puede ver. Y poco a poco me excitaba con solo recordarlos juntos.
De un momento para otro oí un ruido que provenía del vestuario. Las duchas estaban separadas del resto del vestuario y desde allí no se veía si alguien estaba adentro.

"Quien se está bañando???" - pregunta una vos. La reconocí al instante. Era Oscar. Seguro que estaba ordenando las cosas del entrenamiento.

"Soy yo Oscar, Esteban"- le respondí.

Allí se apareció. Desnudo, solo una toalla alrededor de su cintura. Su cuerpo era perfecto. Un hombre de 45 años, pelo negro corto y barba corta sobre el rostro. Ojos marrones, cejas abultadas y tupidas. Su torso demostraba todo el entrenamiento que hacía a diario. Pechos prominentes con unas tetillas bien marcadas y abdominales bien formadas. Todo cubierto con una gran manta de pelos, aun así no tan peludo como mi padre. Desde donde terminaba la toalla se podían ver dos piernas increíblemente musculosas, peludas como el resto de su cuerpo y unos grandes pies, perfectos diría yo. Se dirigía hacia mí. A unas duchas de distancia de donde me estaba bañando se detuvo. Hiso un además de sacarse la toalla, pero me miro y me pregunto.

"Te m*****e que me bañe"-

"No, en absoluto", le respondí.

A diferencia de muchos entrenadores, Oscar corría con nosotros, y hacia las mismas tareas que nos daba para hacer, todo porque creía que así nos inspiraría a dar los mejor. Así que al final de cada entrenamiento, estaba da sudado como nosotros. Solía bañarse en los vestuarios pero luego de que todos nos hubiésemos ido. Como aquel día, yo me había bañado mas tarde, me lo había topado en las duchas. La verdad es que nunca lo había visto desnudo totalmente.

Seguida de mi respuesta, se saco la toalla de la cintura, la colgó y abrió el grifo del agua. Entre ducha y ducha no había ningún tipo de división así que podía ver absolutamente todo el panorama de aquel hermoso cuerpo. Se coloco debajo del agua y cerró los ojos. Comenzó a refregarse el cuerpo con las manos desnudas para mojarse todo antes de enjabonarse. No podía creer lo que estaba viendo. El agua descendía por cada fibra de su musculo, se deslizaba entre pelo y pelo hasta caer al piso. Chorreaba de su polla como si estuviera meando. La imagen empezó a excitarme y mi polla comenzó a endurecerse. Nada podía esconder mi excitación.

Oscar abrió lo ojos, agarro y el jabón y en el trayecto miro hacia donde estaba yo. Estaba tratando de parecer lo mas normal posible, pero are obvio lo caliente que estaba, mi polla estaba un poco dura.

"Que pasa Esteban, nunca viste un hombre desnudo"-dijo mientras se reía y se frotaba el cuerpo con el jabón.

Al parecer no le dio mucha importancia al estado de mi cuerpo y siguió con su tarea. Trate de hacer lo mismo, pero evidente que no iba a poder sacar los ojos del pedazo de carne que le colgaba entre sus piernas. Flácido, era aun más grande que mi polla erecta. Comenzó a enjabonarse su polla, masajeándola suavemente. Tiro para atrás la piel del glande y se lo enjabono. La cabeza de su polla era exorbitantemente sabrosa a la vista.

No aguante más el espectáculo. Mi cuerpo me pedía a gritos que hiciera algo y así fue. Baje mi mano hasta mi miembro y comencé a masajeármelo, como si me los estuviera limpiando, pero nada de eso estaba tratando de hacer. Sentía la lujuria correr por mi sangre mientras me tocaba mi polla y Oscar se enjabonaba el culo. Una chispa de electricidad comenzó a segarme cuando me imagine el placer que tendría al sentir su polla en mi culo. Acto seguido, lleve mi mano libre a mi culo y, de manera gentil como había visto hacerlo a mi Padrea y a Marcos, me acaricie el agujero del culo. Explotaba de placer, todo mientras miraba a Oscar, que al parecer no se había percatado de lo que estaba haciendo, o si lo había hecho, lo disimulaba muy bien.

Todo hasta que me miro. Vi sus ojos, y la vergüenza de lo que estaba haciendo me llevo a detenerme rápidamente. Nuestras miradas se cruzaron por un largo rato, yo estático de la vergüenza y nervios, el masajeándose la polla gentilmente con su grandes manos.

"No hay nada de malo en experimentar con un hombre Esteban, eso no te hace menos macho que otro." Dijo Oscar.

No podía hablar, no me salían palabras de la boca. El se movió. Dejo de tocarse la polla y comenzó a pellizcarse los pezones, mientras caminaba hacia donde me encontraba. Su polla, totalmente erecta, salía de su cuerpo como una espada que me apuntaba. Llego a mí. Me abrazo entre sus brazos forzudos. Sentí los músculos y los pelos de su pecho en contacto con el mío, y su polla rozándome la mía. De a poco me acaricio la espalda hasta terminar en los cachetes de mi culo. Su lengua paso por mi oreja y suavemente me dijo:


"Tu quédate donde estas. Te voy a chupar la polla. No te pongas nervioso, tranquilízate y veras lo increíble que se siente. Y si quieres y te animas, luego me lo haces tú a mi"


Así que me soltó y comenzó a bajar. Arrodillado en el suelo del baño, mientras el agua caliente nos golpeaba, tomo mi polla entre sus dedos, saco su lengua y comenzó a lamerla, como si fuera una paleta de caramelo. Metió su lengua en el orificio del glande por donde uno hace pis, golpeo mi polla contra su lengua y cachete de la cara y por última se la introdujo en la boca. Al principio solo la cabeza, pero poco a poco, la fue tomando toda, hasta que sus labios tocaba la base de mi pene.

Cerré los ojos y si darme cuenta empecé a gemir de placer. Lleve mis manos a mi tetillas y comencé a tocármelas como lo había visto hacer a Oscar instantes antes. El placer fue demasiado y acabe muy rápido mientras mi polla aun estaba dentro de la boca de entrenador. No tuve ni tiempo de decirle a Oscar que iba a acabar, así que me corrí y toda la leche salió dentro de su boca. Oscar no hizo ningún comentario al respecto y es más, se trago todo mi semen con una expresión de placer en la cara como si estuviera comiendo un manjar.

"No hay nada más rico que el semen, y si es de otro hombre aun mejor"


Se levanto y comenzó a besarme. Aun había resto de mi semen en su boca mesclado con su saliva. Al introducir su lengua en mi boca, podía sentir su sabor. Se detuvo, me miro y dijo:

"Lo he pasado genial, espero que tu también. Recuerda, no hay nada de malo con experimentar, peo eso sí, esto queda entre nosotros. Termínate de bañar, enjuágate bien la polla y apaga la ducha, se está haciendo tarde".


Dándome la espalda se fue caminada hacia la salida de las duchas, con la toalla en la mano. Su culo peludo se movía con cada paso que daba. No podía dejar que esto terminara así.

"Quiero sentirte dentro mío, quiero que me metas tu enorme polla por el culo!"-grite. Oscar se detuvo. Vi como llevaba su mano nuevamente a su polla. Se dio vuelta y me miro.

"Esteban eres joven y no sabes lo que quieres. Soy tu entrenador, no voy a penetrarte. Una mamada de polla es todo lo que puedo darte"

"Se lo que quiero y es ese pedazo de carne que cuelga entre tus piernas y por lo que veo vos también estas caliente"- le respondí, mientras le señala su polla dura entre sus dedos.

"Claro que quiero poseerte Esteban, pero no quiero que te arrepientas de lo que hayas decidido. Si en verdad lo quieres, lo hare, te penetrare, pero no ahora. Es mas, no tengo preservativos, y sin ellos no lo hare"

"Yo si tengo en el bolso" -le conteste rápidamente. Su cara de asombro demostró que no esperaba esa respuesta. "Mi Padre me aconsejo que siempre llevar preservativos, si se daba algo con alguna mujer, siempre debería usarlos me dijo".

"Esteban, tu padre y yo somos buenos amigos, nos conocemos desde hace mucho tiempo, no estaría bien que haga eso con su hijo, a él no le gustaría" - dijo Oscar.


"Ya soy grande para saber lo que quiero y lo que no y para decidir por mí mismo, además no tiene porque enterarse"-le respondí.


Oscar estaba aun más caliente que yo y ante mi insistencia dijo que sí. Cerré la ducha, tome la toalla, me seque y lo seguí al vestuario. Busque en mi bolso los preservativos y le tendí uno a Oscar. Allí comenzó todo nuevamente.


Me volvió a tomar entre sus brazos, a acariciarme la espalda mientras me besaba fervientemente. Una de sus manos dejos mi espalda para bajas a mi polla y acariciarla. Alejo su boca y con la otra mano tomo mi cabeza por la nuca y la dirigió a su axila. Comencé a pasarle la lengua. Sabía a limpio, pero la sensación de los pelos en mi lengua era excitante, además de que sus gemidos de placer me calentaban aun más.

Lentamente me dio vuelta. Apoyándome en la pared, Oscar acariciada toda mi espalda, bajando lentamente, mientras con una mano seguía jugando con mi polla. Cuando llego a mi culo se dedico solamente a ello. Abrió con sus dos manos los cachetes y comenzó a lamerme el agüero de mi culo. De a ratos lo lamia, y de a ratos introducía su lengua.

"Está muy cerrado, mi polla grande te dolerá mucho. Además no tengo ningún lubricante, tendré que conformarme con la saliva. Primero lo dilatare con los dedos y luego te la meteré, estás de acuerdo?"

Asentí. Era muy gentil. Era la primera vez que alguien me penetraba. Y esa primero polla que iba a entrar resultaba ser gigante.
Comenzó con un dedo y luego paso a dos. Una mezcla de dolor y placer me inundaba. Los metía y los sacaba, los metía y los sacaba, una y otra vez los sentía moverse dentro de mí. Y cuando estaban dentro los movía para que pudiera sentir aun mas placer. Mientras dos de sus dedos estaban dentro de mi culo y los hacía girar para un lado y para otro, escuche el sonido del paquete del preservativo rompiéndose. Me dejo por unos instantes mientras se lo ponía. Escuche el sonido de un escupitajo, me imagine que se estaría escupiendo la polla para lubricarla un poco.

Con una mano tomo un cachete de mi culo, lo movió hacia un lado para dejar lugar a su polla y….la sentí. Estaba tratando de meterla. Primero la apoyo y luego poco a poco la fue metiendo en mi culo. Con cada palmo que entraba no podía mas que gritar de dolor, su polla era demasiado grande. Era una mezcla de dolor y placer, algo que jamás había sentido. Pero Oscar no se detenía, seguía metiendo su polla cada vez más adentro de mi cuerpo y mientras lo hacía gemía. Mi culo nunca ante perforado le estaba dando un gran placer.

Una vez totalmente dentro, comenzó a oscilar, hacia adentro y hacia fuera, al principio de una manera totalmente delicada y amable, para que me acostumbrara. Pero no aguanto y lo comenzó a hacer de una manera brutal tan rápido, que cada vez que la metía hasta el fondo sentía sus testículos chocar contra mi culo. Gemía cada vez más y yo gritaba cada vez más fuerte. Con una mano me sostenía la cintura y con la otra comenzó a tocarme la polla.
Con las manos apoyadas contra la pared del vestuario, estaba viviendo un placer increíble.

"Esto es lo que querías Esteban?"-gritaba Oscar con cada sacudida que daba a mi cuerpo. No tenía ni fuerzas para responderle.

"Quiero tragarme tu semen!"-le grite con la poca energía que me quedaba


De un momento para otro la saco de adentro mío. Bruscamente me dio vuelta y me forzó a agacharme. Puso su polla frente a mi cara, se saco el preservativo y comenzó a frotársela fuertemente. Abrí la boca en espera de la leche blanca. Acompañada de grandes sacudidas del cuerpo peludo de Oscar y gemidos ensordecedores, el semen tibio lleno mi boca. Lo saboree y lo trague, fue lo más rico que nunca haya probado antes, un sabor salado nunca antes sentido. Un poco había caído sobre mis labios. Oscar se acerco, me lamio el labio, y con el poco semen que tenía en su lengua la introdujo dentro de mi boca. Sentí nuevamente su mente, pero ahora mezclado con su saliva.

Me levanto, me abrazo. Me dio unas palmadas suaves en el culo y me dijo:

"Fue algo increíble Esteban. Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo. Pero esto no se puede repetir y claro este nadie puede saberlo. Vamos a bañarnos, estamos todos sudorosos".


Así fue mi encuentro con mi entrenador, Oscar. Un musculoso peludo de 45 años. Después de la ducha, cada uno se fue a su casa. Aun siento su polla dentro de mí y la verdad es que la extraño. Pero jamás se dio la oportunidad de volver a hacerlo con él. No fue la última vez que estuve con él en un encuentro sexual, pero si la primera y única vez que su polla bien gorda me penetro.
Se estarán preguntando cual es el otro encuentro sexual que tuve con él… eso es otra historia.


…Continuara…
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Posted by MartiJ 2 years ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 408  |  
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Con el novio de mi hija...

No sé cual fue la chispa que origino lo que voy a contar pero no me arrepiento de nada de lo que pasó y de lo que siguió a aquel primer encuentro. Fue una novedad que me ha devuelto el ansia adolescente por el sexo a mis 43 años.

Todo comenzó dos semanas después de que mi hija María cumpliera los 18 años. Ese día vino acompañada de un chaval de clase que nos presentó como su novio, con el que llevaba saliendo desde mediados del curso anterior.

Jaime, que así se llamaba, era once meses mayor y estaba en el mismo curso que mi hija. Era un chico algo pálido, con las mejillas rosadas, de mirada triste, con el pelo de un rojo muy oscuro y bastante tímido. Vestía de manera sencilla pero muy limpia y con la ropa muy cuidada. Cada vez que hablaba con él cuando venía a buscar a mi hija, se sonrojaba y casi tartamudeaba.

Mi mujer y las hermanas de mi hija estaban muy interesadas en él, y no tardaron en rodearlo y someterlo a un intenso interrogatorio que le aterrorizaba. Yo había estado en el gimnasio y había terminado de ducharme, cuando entró para vomitar por culpa de la tensión. Me pilló secándome, desprevenido y desnudo.

Entró a la carrera, me miró de arriba abajo y colocó la cabeza en la taza de bidet para comenzar a vomitar lo poco que tenía en el estómago. Me até la toalla a la cintura y le ayudé a incorporarse cuando acabó. Estaba pálido y asustado, apenas podía hablar, su mirada parecía perdida y las piernas no le sostenían muy firme.

Puede parecer una reacción exagerada, pero un chico tímido y asustadizo como Jaime sometido a examen por mi esposa y mis otras tres hijas, a cuál más cotilla de las cuatro, comprendo que le entrase el pánico.

Conseguí convencer a esta tropa de mujeres para que fueran a comprar unas pizzas para cenar mientras él se recuperaba. Incluso María insistió en sacarlas a todas y me le confió.

- Cuídale y no me pongas en ridículo.

Insistió muy seria antes de salir por la puerta.

Calculé que dispondríamos de algo menos de media hora de tranquilidad antes de que retornasen. Volví al baño donde aun estaba sentado en el taburete, cabizbajo, pálido y con los ojos húmedos. Me senté en la taza para que quedásemos a la misma altura.

- ¿Te sientes mejor?

- Lo siento. No quería…

- Chisss. No pasa nada. Te entiendo perfectamente. Mis chicas son capaces de espantar al mismísimo Rambo si se las deja sueltas.

Esbozó una sonrisa forzada y se me quedó mirando muy fijamente.

- Tengo que decirle una cosa muy importante que tiene que ver con su hija.

- Adelante.

Me pilló de sorpresa aquel tono tan serio y la mirada cargada de terror.

- En realidad… Yo no salgo con ella porque me guste…

Resopló y apretó los puños bajando los ojos. Estaba temblando.

- Ella dice que sale conmigo porque le gusto, pero yo creo que lo hace para dar celos a otros chicos.

Me resultó curioso como lo que ocurre en las series de televisión, también ocurre en la realidad. Tomó aire y clavó sus ojos en los míos.

- Yo salgo con ella… Porque… Verá…

- No tengas miedo. Dilo. No te voy a hacer nada.

- Verá. Yo salgo con ella porque me gusta usted…

- ¡¿Yo?!

Su cara irradiaba pánico igual que un delincuente que sabe que le han pillado y no tiene salida. Su respiración era agitada y sus manos se movían sin parar.

- Sí. Ella no lo sabe. Cree me gusta. Pero yo…

- ¿Yo te gusto?

Ni era ni soy precisamente un súper macho. Mido metro setenta, peso setenta y dos kilos, y sólo hago deporte tres días a la semana cuando salgo en bicicleta de montaña, unas veces sólo otras con un grupo de amigos. Incluso ya entonces empezaba a notarse el paso del tiempo en la barriga. Además soy bastante velludo en pecho, brazos y piernas.

- Sí. Verá, no es que no me gusten las chicas pero usted…

- No tienes porqué justificarte. Me halaga tu elección.

Aquello le sorprendió tanto que se le veía completamente incrédulo.

- No todos los días un joven de tu edad le dice a un cuarentón como yo que soy guapo.

- No. Bueno sí… Yo…

- Tranquilo. Ya has visto que no pasa nada. Has dicho lo que tenías que decir y no se ha caído el cielo. ¿Verdad?

Asintió con timidez, aun sorprendido por mi reacción.

- Pues continúa sin miedo.

- Yo… No sé como decirlo… Verá… Cuando he entrado le he visto así…

- Sí. Estaba secándome. Estaba desnudo. No pasa nada. Es normal.

- Ya. Sí. Entiendo… Pero yo… Yo… Bueno. Yo he soñado muchas veces con verle a usted… Desnudo.

La última palabra la dijo tan bajo que me la repitió al ver mi confusión.

- No hay problema.

Me puse en pie y me quité la toalla. Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo varias veces mientras su boca colgaba como abobada. Mi pene estaba bastante crecido, pero no demasiado, y colgaba hinchado a palmo y medio de su cara.

- ¿Satisfecho?

- Sssí. Creo que sí.

- ¿Eso es todo?

Alzó la mano con timidez y se me quedó mirando.

- ¿Puedo tocársela?

Aquello ya empezaba a ser más serio. La cosa estaba empezando a subir la temperatura y mi pene no era inmune. Seguía creciendo y comenzaba a luchar contra la gravedad, elevándose lentamente.

- Adelante.

El chico deslizó los dedos alrededor del tronco como si estuviera tocando una reliquia o una joya. Casi se le caía la baba por la boca abierta.

- ¿De veras has soñado conmigo?

- Sí.

Dijo sin dejar de acariciar el miembro. Parecía abstraído contemplando como crecía delante de sus narices.

- ¿Qué sueñas?

Su ojos buscaron los míos mostrando miedo. Pero su mano no abandonó la carne.

- Yo…

- ¿Sueñas acaso que me acaricias la polla…?

- No… Bueno, sí. Pero… Yo…

- Prueba a decirlo de lo más suave a lo más fuerte… Yo te diré basta cuando creo que es demasiado.

Asintió de nuevo con la cabeza. Cerró los ojos y con sus dedos intenta rodear el pene, pero es demasiado grueso como para lograrlo. Luego los deslizó hasta la base donde se detuvo en memorizar mis testículos. Parecía abstraído, como en otro mundo.

- Muchas noches sueño con usted desnudo… Y yo de rodillas, también desnudo… Luego me ofrece su… Polla… y me ordena que la chupe.

-¿Es un sueño? ¿Lo quieres probar?

- ¿Puedo?

- Adelante.

Con su rostro transfigurado por la ilusión, se acerca al pene ya rígido y en pleno esplendor. Saca la lengua y besa la boca del cipote con una delicadeza digna de un artista. Luego recorre hacia abajo todo el capullo e intenta tragar lo que puede… Pero al igual que con sus dedos, es demasiado grueso. Comienza a descender besando todo el tronco cubriéndolo de saliva. Al llegar a la base, con la lengua recorre hacia arriba todo el trayecto recogiendo las babas.

El chico, que luego supe que era su primera vez, demostraba una intuición a la hora de poner caliente a un hombre. Mientras su boca se encargaba del pene, sus dedos acariciaban los testículos y se deslizaban por detrás de ellos, poniéndome como una moto. Apenas lograba contenerme y no gruñir de gusto.

- Y ¿Qué más sueñas?

- Sueño…- Lametón- Usted ordena…- Beso en el glande- Me manda… - testículo entre sus labios- A cuatro patas…

Me mira con un brillo especial en los ojos. Casi puede verse una mueca de gozo en su boca. Su piel brilla con una leve patina de sudor, sonrosada en las mejillas, pálida entre las manos.

- Sigue…

- Me la mete… - Lengüetazo de abajo a arriba- Me la clava de golpe…- Chupetón aquí y allí- Pero… En los sueños… No es tan gorda.

La contempla extasiado mientras yo lucho para no correrme en ese mismo momento. El reloj del salón da la hora. Han pasado casi diez minutos y al oírle mi instinto a****l me exige que le realice el sueño, mi razón me pide que vaya más despacio.

- ¿Es eso lo que quieres? ¿Qué te la meta? ¿Que te encule?

- ¿Podría?

Hasta un ciego podría ver el ansia que tenía el chico. Sólo de oírlo casi había saltado de alegría. Aquello merecía la pena explotarlo.

- Podría. Pero ahora no.

La ilusión se apaga igual que ha brotado.

- Puedes terminar de chupármela, y luego ya quedaremos para hacer realidad tus sueños. Ten cuidado que estoy a punto de correrme.

El chico retomó la tarea como si hubiera sido poseído por un demonio. Su lengua y sus labios parecían recorrer la polla en toda su extensión además de cuidar de los testículos que estaban a punto de explotar.

- Cuidado. Allá va.

Y sin pensarlo, colocó su boca en la punta del pene y recogió una tras otra, todas las descargas. Había sido la mejor mamada que había disfrutado en muchos años.

Cuando acabé, el se retiró para mostrarme todo lo que había recogido en su boca y como se lo tragaba con una sonrisa de felicidad completa. Parecía otra persona diferente al que había entrado apenas diez minutos antes.

- Muy bien. ¿Dónde quieres que te desvirgue el culo?

- Cualquier sitio me parece bien.

- En el carril bici del Campo Norte, a la altura del kilómetro tres, sale un camino a la derecha que baja a un apeadero abandonado. ¿Te parece bien allí, el sábado por la mañana? ¿A las diez, diez y media?

- De acuerdo. El sábado, a las diez y media en el apeadero por debajo del carril bici.

Asintió como si le hubiera tocado la lotería. Se puso en pie con energía y después de comprobar el estado de su ropa, salió en dirección al salón.

Por un momento pensé en lo que había hecho y en lo que había quedado en hacer. Yo, un padre de familia casado desde hace dieciocho años, teniendo una aventura con el presunto novio de mi hija. A escondidas… de manera furtiva… Y el pene parecía negarse a perder su erección, incluso se agita nervioso al sentir mis pensamientos. Sin lugar a dudas era un padre muy depravado.

La cena fue un éxito. Las chicas se habían calmado. El chico parecía otro distinto. Mi hija lucía orgullosa ante sus hermanas que le miraban celosas. Mi mujer disfrutaba de todo lo que ocurría como si estuviera asistiendo a una comedia en el teatro. Al final todos contentos y felices.

Aquella noche mi esposa y yo tuvimos una sesión de sexo improvisada que le sorprendió primero, la puso tierna después y acabó convertida en una loba posesa conteniendo los gritos para no despertar las niñas.

Llegó el sábado, y como acostumbro a hacer siempre que puedo, cogí la bicicleta y me despedí de mis chicas con la mente ya puesta en el encuentro que iba a tener.

A las diez y poco llegué a la vieja estación abandonada. Sentado a la puerta, junto a su bicicleta, estaba Jaime. Nada más verme se puso en pie y su rostro se iluminó por la ilusión. Apenas podía contener los nervios y la impaciencia que se agitaban dentro de él.

- Pasemos para dentro con las bicicletas. Así no llamaremos la atención si alguien pasa por aquí.

Aparté la puerta medio caída y pasamos los dos con estrecheces (sobre todo yo pues era más corpulento que el chico) para encontrarnos con la sala de espera. Un amplio espacio iluminado por pequeños rayos de sol que pasaban entre las maderas que tapaban las ventanas.

- Subamos arriba. Allí estaremos más tranquilos.

Parecía mentira que sólo llevara cerrada cinco años. Todo estaba vacío de muebles. Sólo las paredes desnudas llenas de pintadas y algún que otro resto de alguna fiesta. En el piso de arriba, donde estaba la vivienda del jefe de estación, todo parecía igual pero distinto.

La sensación era más de soledad que de desidia. En algunas habitaciones había algún armario u otro mueble abandonado a su suerte. Tuvimos suerte y en una de ellas había una vieja cama de hierro ya oxidada y un colchón cubierto de polvo. Le dimos la vuelta y quedamos uno frente al otro.

- ¿Cómo quieres hacerlo? – le pregunté sin saber como comenzar.

- No sé. Es mi primera vez.

- ¿Lo quieres hacer en la cama, en el suelo o de pie?

-No sé. Podemos probar de todas las maneras.- Parecía estar soñando despierto.

- Ya quisiera yo tener aguante para lo que pides.

Me sonrió, se acercó y busco un beso en mi boca. Como era un poco más alto que yo no tuvo problemas para alcanzarme. Al principio me mostré algo frío pero me dije: ¡¡Bah, una vez es una vez!! Y abriendo los labios, le metí la lengua en la boca para su sorpresa.

El chico no sólo se dejo comer la boca. Se retorcía intentando rozar la mayor superficie de mi cuerpo contra el suyo. No sabía como mover las manos. Una la lleve a mi culo y la otra al paquete que se apretaba contra el pantalón de ciclista.

- ¿Qué te parece si nos desnudamos?

Bastaron esas palabras para que en menos de un minuto se quedara tal como vino al mundo delante de mí. Tenía un cuerpo esbelto, de piel pálida y rosada como corresponde a un pelirrojo. Sus labios estaban levemente hinchados, su respiración era más agitada, su miembro se alzaba en perfecta horizontalidad apuntando hacia mí. Podía medir unos quince centímetros, un poco más pequeño que el mío.

Se había depilado el pecho y recortado el vello que cubría su sexo. Apenas podía contener su ansia por tener mi pene entre sus manos o su boca. Se le veía como luchaba para no babear mientras yo me desnudaba.

- ¿Te has traído condón?

Metió la mano en un bolsillo y mostró orgullo la goma dentro de su envoltorio.

- Entonces adelante. Ponme un poco caliente. Chúpame la polla.

Jaime casi se lanzó como un poseso por mi hincho miembro. Si la primera vez se mostró delicado y tímido, esta vez optó por un papel más salvaje. No tenía miedo de contenerse. Su boca recorría toda la carne a tal velocidad que parecía cubrirla por completo. Le encantaba acariciarme detrás de los testículos, a medio camino del ano. Sabía que eso me ponía a mil.

Cuando quedó muy claro que si no parábamos terminaría por correrme, le quité el condón y me lo coloqué con cuidado.

- ¿Te has traído algo para lubricarte el culo?

- No. Pero no tengas miedo. Le tengo acostumbrado a tener cosas dentro…

Algo debió notar en mi expresión porque sonrió divertido.

- Me masturbo a la vez que me meto pepinos o tubos de crema…

Un toque de vergüenza en su confesión me hizo arder aun más la sangre. Puede que fuera su primera vez, pero había estado practicando con lo que tenía a mano.

- Bueno. Ponte cómodo. Utilizaré la saliva para prepararte.

Se colocó a cuatro patas sobre la vieja cama, apoyando su cabeza contra el colchón mientras con sus manos abría su culo en espera de ser penetrado. Dejé caer un poco de saliva y lo deslicé por aquel pequeño agujero que parecía boquear exigiendo empezar ya.

Le coloqué la punta y comencé a presionar con cuidado. Aunque al principio parecía que iba a ser fácil y rápido, pronto quedó claro que el grosor de mi pene era superior a lo que él había probado.

- Sí…Despacio… ¡OH, Dios!... Así… Joder…

Pude verle con los ojos cerrados, apretando los dientes, con un frío sudor sobre su frente, la respiración entrecortada… Al alcanzar más o menos la mitad de la longitud de mi pene, le di la opción de parar.

- No… Sigue. La quiero toda dentro de mí…

Así pues, continué hasta que topé con su cuerpo. Jaime jadeaba. Tenía los dedos clavados en el colchón, y podía sentir las contracciones de su interior contra mi polla. Aquello era lo más fantástico que había probado. Despacio comencé a bombear. Un suave mete y saca que engrasaba con nuevas aportaciones de saliva.

Los gemidos que empezaba a oírle, me trasmitían sobre como lo estaba sintiendo. Incluso dejó todo el peso del cuerpo sobre su cabeza para poder masturbarse al mismo ritmo que mi penetración.

Fui acelerando más y más, mientras el gruñía, gemía, jadeaba, rumiaba palabras sin sentido y sobre todo, no paraba de exigir: “Más…Más deprisa… Hasta el fondo”

Se corrió una vez antes de que yo acabara y otra apenas un minuto después. Había manchado el colchón con su corrida, pero no pareció importarle. Se dejó caer exhausto y sofocado. Una sonrisa en su cara le daba un aire de santo transfigurado. Su cuerpo parecía un maniquí a la espera de que alguien le diera vida.

Se sentó ansioso por continuar. Me quitó el condón, le hizo un nudo y lo arrojó a una esquina. De nuevo volvió a cubrirme de caricias con su lengua y labios manteniendo el vigor de la erección y devolviéndole la fuerza que parecía haber perdido. Me sorprendió tanto su habilidad, como mi sorprendente recuperación.

- Quiero que me veas mientras me follas.

Dijo tumbándose de nuevo en la cama y abriéndose de piernas.

- ¿Tienes otro condón?

- Quiero que lo hagas sin condón. Quiero sentir como te corres dentro de mí.

- Eso será otro día. Por ahora no tengo tanta confianza. ¿Lo tienes o no lo tienes?

- Sí. Lo tengo pero yo quiero…

Le cogí por la cintura, le apreté contra mí y comencé a azotarle con la mano.

- Eres un irresponsable. Lo vas a hacer con condón…

-Pero yo quiero…

- Con condón… - Le azotaba más fuerte en cada lado de su culo.

Pude verle como se empezaba a masturbar con todo el descaro mientras le azotaba. Entonces le cogí la mano y apreté con fuerza. Un medio grito, medio gruñido se le escapó, y pude sentir algo húmedo deslizarse entre mis dedos.

- ¿Te has corrido y a mí nada? ¿Dónde está el condón o te aseguro que te meto el puño por el culo y te lo saco por la boca? – dije muy enfadado por lo que sentía como un afrenta a mi persona.

- En el bolso de la chaqueta…

Dijo con voz pastosa disfrutando aun del gozo del último orgasmo.

No me costó nada descubrir el bolsillo donde guardaba al menos media docena de condones. Me coloqué uno en mi polla que parecía a punto de estallar y me acerqué al joven medio dormido. Le abrí de piernas, le elevé un poco y deslicé sin delicadeza el rabo dentro de su culo.

Gimió al sentir la brusca penetración pero me rodeó con las piernas al sentir el movimiento. Todavía airado, le cogí por el pelo con una mano, y le rodeé los riñones por otra para apretarlo contra mí. Me puse de pie y apoyándolo contra una pared le penetré con toda la brutalidad que el cuerpo me pedía.

El chico intentaba no chillar, pero la pared rozaba contra su espalda y yo no era demasiado delicado. Me rodeó el cuello y apretaba su cara contra mi pecho intentando contener sus gritos. Gruñía y gemía mientras sentía el roce de su polla contra mi tripa, incluso le sentí correrse de nuevo bastante antes de que yo pudiera darle la réplica. Cuando llegó el momento, le tiré sobre la cama, me quité el condón y le cubrí el cuerpo y la cara con mi segunda corrida.

Me sonreía extasiado, respirando de manera agitada, cubierto de sudor y sin fuerzas.

- No sabes cuanto tiempo llevaba esperando que ocurriera esto…

- ¿Satisfecho?

- No. Quería sentir como me llenabas por dentro.

- Ya te he dicho que aun no tengo tanta confianza…

- ¿Por qué?

- Porque no.

- Pero yo quiero sentir como me llenas…

En ese momento me vino a la cabeza una imagen que había visto mientras explorábamos el piso de arriba. Era la cocina. Había visto el fregadero, cuyo grifo tenía una pequeña goma como de palmo y medio de larga.

- Un momento.

Fui hasta la cocina y comprobé que aun salía agua del grifo. Sonreí satisfecho ante una nueva perversa idea. Llamé a Jaime, que vino caminando con torpeza, con las piernas arqueadas. Le propuse una prueba: le taparía los ojos y le ataría las manos a la espalda con su chaqueta. Luego le coloqué sentado sobre el borde del fregadero. Podía sentir su impaciencia y nerviosismo. Tenía todos los sentidos abiertos en pleno.

Con cuidado le introduje un par de dedos de goma en su culo y abrí el grifo lentamente. El chico primero se estremeció, luego comenzó a gemir, después a contorsionarse, y según iba entrando más y más agua comenzó a sentir como sus tripas se iban llenando de agua. No tardaron en llegar los primeros ruegos, seguidos de los “por favores”, luego llegaron las súplicas con voz entrecortada que acabaron en llantos. Su tripa se iba hinchando lentamente y sentía una poderosa erección, como si mi polla fuera a estallar de un momento a otro.

Le saqué la goma y un chorro de agua con mierda brotó de su culo. Su piel me trasmitió su vergüenza, apretó los labios y lloró mientras todo lo que había entrado salía con fuerza, a la vez que le llegaba un alivio infinito. Cuando hubo acabado, le limpié lo poco que se había manchado con la goma, le dejé en el suelo, le abrí un poco las piernas y sin aviso alguno le volví a penetrar pero esta vez sin condón.

- ¡¡DIOS!!

Exclamo al sentir el ardiente pedazo de carne en su aterido culo. Pude notar como su cuerpo se estremecía de los pies a la cabeza. Le agarré del pelo y le incliné un poco para poder hundirme mejor dentro de él.

Jaime gemía pidiendo más, saboreando el fuego que le inyectaba en el culo y por increíble que parezca, esta vez no tarde apenas en correrme. Se que fue poco, apenas un par de disparos sin fuerza y casi líquidos, pero para mí fue el momento más salvaje y placentero de toda la mañana.

Le solté el pelo, y el chico cayó de rodillas al suelo. No se movía. El agujero de su culo boqueaba como si pidiese chupar un poco más de mi sexo.

- ¿Cómo te encuentras?

Le pregunté al verlo que no se movía…

- Estoy en el paraíso…

Dijo con un hilo de voz.

- ¿Podrás volver a casa?

- No te preocupes… Volveré… Pero quiero más veces como ésta.

Sonreí sintiéndome rejuvenecido. Hacía muchos años que no lograba la hazaña de correrme tres veces en apenas hora y media.

Allí le dejé aquella mañana, embobado por una sobredosis de sexo. Yo me sentía más joven, y aunque agotado, estaba seguro de que repetiría más veces. Ese chico me había sacado la bestia que llevaba dentro.

Esa fue la primera de otras muchas veces. Poco a poco él me arrastró por un camino más perverso que me llevaría a cosas que nunca pensé que sería capaz de hacer...
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Posted by renovatio111 10 days ago  |  Categories: Gay Male, First Time  |  Views: 4338  |  
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Con el padre de mi amigo...

Cuando estaba en el segundo grado de la escuela preparatoria, conocí, accidentalmente, en la biblioteca de la escuela a un compañero a quien sus amigos llamaban " toro ". Era llamado de ésa forma por su gran estatura y por su robusta y fuerte complexión física, aunque su verdadero nombre era Ricardo. Era un tipo sumamente atractivo; no podía evitar ponerme nervioso en su cercanía... Con el trato y el paso de los días, nos volvimos amigos inseparables; sin embargo, y contrario a lo que ya estarán pensando, nunca pasó nada entre nosotros, sólo fuimos estupendos amigos durante tres años. Compartíamos muchas aficiones y una gran parte de nuestro tiempo.

Al final de semestre, Ricardo, organizó una gran fiesta en su casa, a la que asistió una gran cantidad de gente entre compañeros de clase y amigos personales del anfitrión. La casa de Ricardo, era amplia y elegante, enclavada en la exclusiva zona que rodea nuestro colegio, la calle estaba llena de vehículos y el interior más parecía una disco de moda que una vivienda pues estaba profusamente decorada con globos y luces y la mayor parte del mobiliario había sido sustituida por mesas bajas y sillas. La música, el baile y la bebida no se hicieron esperar y en poco tiempo la reunión estuvo de lo más animada.

Ricardo, nos llevó, a algunos de sus mejores amigos, a presentarnos con su padre, un acaudalado empresario maduro, divorciado desde hacía más de diez años. Una descarga eléctrica sacudió mi espina cuando lo vi, era un tipo tan alto como mi amigo pero inmensamente más fuerte y robusto, con un mentón ancho y anguloso, gélidos ojos grises y sienes tintas de canas. Nos saludó con cortesía aunque sin demasiado interés; parecía poco interesado por el ambiente juvenil formado por los amigos de su único hijo; sin embargo, tomó una copa, brindó con nosotros y, enseguida, se apartó a una de las orillas del salón, cerca de la barra del bar, para continuar mirando el desarrollo de la fiesta.

Ya entrada la noche, el alcohol comenzaba a hacer estragos en los cuerpos y mentes de tantos jóvenes; no era raro mirar, en todas direcciones, y ver parejas bailando con más audacia o compartiendo besos y caricias aún cuando la fiesta continuaba en pleno apogeo. Por mi parte, y para librarme del asedio de dos persistentes e impertinentes admiradoras, me excusé para ir a la barra por otro trago.

Mientras el cantinero servía la bebida, giré el rostro y me topé directamente con la mirada inquisitiva y un tanto divertida del padre de Ricardo; él, levantó su vaso para brindar conmigo y esbozó una sonrisa cordial sin decir una sola palabra; yo, correspondí al gesto elevando mi vaso y devolviéndole la sonrisa.

Turbado y medio ebrio, me di la vuelta para regresar al sitio donde, mis compañeras, me esperaban, pero, desde donde me encontraba, miré a las dos chicas que aguardaban por mi regreso y decidí emprender la huída de sus avances románticos... Salí por una puerta que conecta el salón comedor con la piscina y me senté en una silla a contemplar el agua cristalina que lanzaba destellos en medio de la noche.

Sin darme cuenta, el padre de Ricardo se acercó, a mis espaldas, jaló otra de las sillas que rodeaban la mesa y preguntó:

¿Me puedo sentar?

Claro – respondí- está usted en su casa

¿No te gusta bailar? –preguntó-

Sí, es sólo que no me agrada la compañía – respondí, dándome cuenta, inmediatamente, de mi falta de tacto -

Si lo dices por mí, me retiro... – dijo, esbozando una bonita sonrisa y una mirada comprensiva-

No, por favor, no lo decía por usted –me apuré a decir, reteniéndolo por el brazo- Me refería a las chicas que estaban conmigo ahí dentro, no quiero nada con ellas y no se dan por vencidas, ninguna de ellas...


Fue un momento muy embarazoso, pues a mi inoportuna de****tesía se sumó mi torpeza por remediarla y la turbación que me causaba su cercanía... Él, me miraba casi divertido, lo que me perturbó más aún, y, ni qué decir cuando me di cuenta que aún seguía manteniéndolo tomado de su antebrazo grueso y velludo... Sentí que mi rostro ardía ruborizado y no atinaba a hilar una conversación coherente... Lo deseaba y lo peor era que, él, lo sabía...

Me excusé para ir al baño, me levanté y crucé el patio para entrar de nuevo en el bullicio. Al llegar al pasillo donde se encontraba el sanitario, como era de esperarse, estaba ocupado, había no menos de cuatro personas por delante de mí para pasar a aliviar la vejiga. Esperé pacientemente y, cuando todos hubieron pasado, quedaba solamente yo fuera del cuarto de baño; entonces, el padre de Ricardo apareció a mis espaldas y, sorprendiéndome nuevamente, me dijo:

¿Cómo... Esperando aún? ¡Falta de confianza...! Puedes usar el sanitario del piso de arriba. Ven, sígueme – e hizo una seña para que lo siguiera -

Mi corazón estaba desbocado, no sabía que estaba pasando ni que podría suceder pero, algo sospeché, especialmente, cuando miró furtivamente por encima de su hombro, en el momento en que enfilamos, los dos juntos, escaleras arriba.

El pasillo estaba oscuro, así que me tomó por la mano y me encaminó entre la penumbra. Sorpresivamente, se detuvo y me dijo:

Será mejor que uses el baño de mi recámara, este podría estar ocupado también...

Sin soltarme la mano, me encaminó a otro rumbo de la gran casa. Me mostró una puerta, entré, y detrás de mí, entró él, encendió las luces mostrando un dormitorio amplio y lujoso pero sobrio. Cerró la puerta detrás de sí y lo escuché apretar el botón del seguro de la chapa. En una de las esquinas había otra puerta y me indicó que ésa era la del baño. Entré y cerré la puerta; bajé la bragueta de mis pantalones y comencé a orinar... Pensaba en lo extraño de ésta situación mientras escuchaba mi propio chorro romper el silencio: Sólo... Con el padre de mi amigo, en una habitación con la puerta asegurada... En esto pensaba cuando escuché la puerta abrirse y, el padre de Ricardo entró, bajándose la cremallera de sus pantalones... A pesar de lo ya bastante bizarro de la situación, su acción me tomó por sorpresa y no atiné a decir nada; simplemente, me limité a verlo extraer su miembro grueso de entre su ropa interior blanca y empuñarlo para dirigir su potente chorro de orina, al espejo de agua del w. c; parado a un lado mío... Yo, estaba como hipnotizado viendo aquello, no me parecía correcto pero, al mismo tiempo, no podía apartar la mirada de su entrepierna y por un momento, me olvidé de todo; sólo éramos ése hombre y yo, compartiendo un espacio tan privado, a una distancia tan corta...

Cuando su chorro cesó, sacudió su soberbio pene un par de veces y, después, lo dejó colgando, al aire. Levantó su mirada y me dijo:

¡Ah... Qué alivio...! Espero que no te disguste que haya entrada de ésa manera pero, al igual que tú, ya no aguantaba las ganas...

No hay problema, estamos entre hombres -atiné a decir torpemente- además, no hay de qué asustarse, todos tenemos lo mismo...

¿Te parece? - me preguntó, con un tono marcadamente socarrón y una mirada pícara, al tiempo que comenzaba a recorrer, el tallo de su verga, con los dedos, en un suave vaivén y dirigía su mirada directamente a lo que tenía yo entre las piernas.

Podía sentir la sangre agolparse en mis sienes; tenía las orejas calientes y mi respiración se tornó pesada y ruidosa. Siempre he sido un poco cándido aún cuando las situaciones se muestren tan obvias pero, ése día en particular, no estaba preparado para lo que sucedió a continuación.

Sin apartar sus ojos de los míos, Don Rolando, tal como lo conocería más adelante, alargó su enorme mano derecha para tomar entre sus dedos mi vibrante pene... No dijo nada... Ni siquiera sonrió pero, lentamente, se inclinó hasta caer de rodillas, a un costado de donde yo me hallaba de pie y, sin soltar mi miembro me atrajo hacia él y se tragó cada centímetro de mi carne hasta los cojones... Se quedo así unos segundos para luego comenzar, magistralmente, a estimularme con un furioso ir y venir que me provocaba temblores en todo el cuerpo... Mis piernas estuvieron a punto de doblarse y hacerme caer al piso. Él, me sostuvo firmemente, tomándome por los muslos...

Yo estaba fascinado, como hipnotizado mirando aquello. Casi no podía creer que ésa situación fuese real... La contemplación de sus gruesas y velludas piernas con los pantalones enrollados a las rodillas, me excitaba tanto que estaba a punto de explotar en su boca... (Aún vienen a mis sueños y fantasías aquellas hermosas piernas) Se lo hice saber y, de inmediato, se detuvo, sacó mi miembro de entre sus labios y lo empuñó con fuerza con una de sus manos... Permanecimos unos momentos así, en silencio hasta que mi urgencia se hubo ido. Luego, se incorporó y rodeándome con sus brazos me dio un beso profundo y furioso; y digo profundo porque su lengua llegó casi hasta donde había llegado mi glande en su garganta...

Se separó un momento para arrancarse la camisa, los zapatos y terminar de quitarse el pantalón para quedar, ante mí, totalmente desnudo, salvo por el reloj, los calcetines y una cadena con un dije de oro que colgaba en medio de su pecho velludo y musculoso. Se acercó y sin decir una palabra, me quitó la chaqueta de piel y comenzó a desabotonar mi camisa. Mientras esto hacía, ésta vez yo, lo atraje hacia mí y lo besé nuevamente. La punta de su verga, literalmente chorreaba... Dio contra mi vientre y se deslizó hacia arriba, quedando aprisionada entre nuestros cuerpos. Mi miembro, se había deslizado justamente entre sus muslos, justamente por debajo de sus bolas... Rolando, al sentir esto, tensó sus músculos y, nuevamente me dio un placentero masaje que rápidamente me llevó de nuevo a la cúspide de mi juvenil placer... De nuevo se detuvo para terminar de quitarme la camisa y permitir que me librara de los pantalones y las botas.

En cuanto estuve tal como llegué a éste mundo, nuevamente me abrazó y besó; yo, lo rodeé con mis brazos por el cuello; situación que aprovechó para tomarme por los muslos y levantarme en vilo. Acomodó mis piernas alrededor de su cintura y, rodeándome con un brazo por el talle, llevó su otra mano por detrás de mí hasta alcanzar mi culo; virginal hasta ése día... Al principio pasó uno de sus dedos, inofensivamente, por encima y alrededor de la entrada de mi ano hasta que, sin que yo estuviera preparado para recibirlo, empujó la punta de su dedo medio, dentro de la estrecha abertura... Yo dejé escapar un gemido sordo que Don Rolando apagó con sus labios.

Me dolía, me dolía mucho pero a la vez era increíblemente sensual y sexual sentir el grueso dedo de éste hombre pugnando por abrirse paso, por primera vez, en mis entrañas. Luego, otro de sus dedos comenzó a empujar conjuntamente y el dolor se tornó insoportable. Rolando se detuvo y retiró sus dedos; cubrió la fría cubierta de mármol del lavamanos con una toalla y me depositó ahí... Tomándome por los tobillos, elevó mis piernas y dijo:

Te voy a dar toda la lubricación que necesitas, cabroncito...

Y se lanzó directamente sobre mi culo adolorido... Su lengua era tibia y suave... La sensación, sencillamente indescriptible... Alternaba entre mi ano y mis bolas... Cada vez que pasaba los labios y su lengua húmeda sobre los testículos, una sensación entre placer y angustia me invadía... Casi clavaba la punta de mis dedos en su cuello de toro... Trataba de detenerlo pero él era más fuerte... Y las caricias sumamente placenteras... Era la segunda vez que experimentaba esa caricia en mi vida pero, ésta vez, por el ímpetu de la pasión, resultaba muy superior...

Estaba aturdido y empapado de sudor, igual que él... Apenas advertí cuando abrió una de las gavetas por debajo del lavabo y extrajo unos pequeños envoltorios brillantes. Sabía que eran condones pero, hasta ése momento, nunca había usado uno en realidad... Se puso el pequeño capuchón sobre la punta de su pene y luego lo corrió a lo largo del grueso tallo... Era un poco cómico ver su enorme virilidad aprisionada bajo aquella cubierta de color rojo...

Extrajo también un pequeño tubo que contenía un gel transparente y se aplicó un gran bodoque en la punta del glande y luego aplicó en la entrada de mi culo otra generosa cantidad... Fue hasta ése momento que tuve plena conciencia de lo que estaba por suceder... Tenía un poco de miedo y creo que hasta culpa porque, de pronto, recordé a mi amigo y la situación en que me encontraba... La estruendosa música, que parecía haberse extinguido hasta momentos antes, se hizo presente nuevamente... Estaba a punto de protestar cuando sentí el embate de la gran-gran verga de Don Rolando, el padre de uno de mis mejores amigos, contra el esfínter ardoroso de mi ano... La gruesa cabeza, estaba ya dentro de mí y el resto se deslizaba con la misma facilidad con que lo hace el mercurio de un termómetro... Apreté con fuerza los dientes para no gritar; sólo deje escapar una especie de gruñido ronco mientras el miembro de ése hombre se abría camino en mi hasta que estuvo totalmente dentro.

El lavabo sobre el cual me encontraba, contaba de un enorme espejo principal que estaba circundado por dos espejos de menor tamaño colocados en ángulo, de tal forma que podía verme reflejado en ellos desde muchas vistas diferentes. Era muy excitante verme a merced de aquel macho que bombeaba su herramienta dentro y fuera de mi culo y resoplaba con los brazos apoyados, por encima de mis hombros, sobre el espejo a mis espaldas...

Abajo, en la fiesta, resonaban las notas de "Into the groove" de Madonna y llenaban el ambiente... Cerré los ojos por un momento y pude sentir la casi sincronía entre la cadera del padre de Ricardo y los compases de la música... Luego, abrí nuevamente los ojos cuando sentí que aminoraba su ritmo. A través de uno de los paneles del espejo, lo pude ver extrayendo casi completamente su enorme pene y embistiendo violentamente hasta el fondo, una y otra vez... Cada embate era tan profundo que sentía como masajeaba mi vientre y me provocaba intensas e insospechadas sensaciones.

No podía más, necesitaba terminar; por un momento, pensé que llegaría al clímax sin siquiera tocarme pero, no; en vez de eso, mi cuerpo vibraba casi incontrolable... Empuñé mi miembro empecé a masturbarme enérgicamente. Don Rolando sustituyó mi mano por la suya y, apretando con fuerza, empezó a frotarme la verga al mismo tiempo que aumentaba el ritmo de sus embates en mi culo. Me rodeó con su otro brazo para atraerme hacia sí y poder introducir su lengua en mi boca... Ambos jadeábamos pesadamente y respirábamos el aliento del otro hasta que, en el momento que mi eyaculación salpicó el pecho de ambos, selló mis labios con los suyos y eyaculó también... Se dejó caer un momento sobre mi pecho y luego se reincorporó nuevamente para limpiarnos con una de las toallas que estaban dispuestas a un lado del lavabo.

Extrajo su verga aún erecta, se retiró el condón y se limpió con una de las toallas. Yo, me incorporé un poco e intenté bajar de la superficie de mármol pero él se interpuso, colocándose entre mis piernas, sonriendo cordial y mirándome casi tiernamente.

Aún no me haz dicho tu nombre, "campeón"

No me lo ha preguntado, "señor" – le respondí- así como tampoco me ha dicho el suyo – añadí -

Qué mala educación de mi parte... Pero eso tiene solución. Mi nombre es Rolando De Roca... Lo de "para servirte", a estas alturas, creo que ya está de más ¿No crees? – bromeó explotando en una bonita y viril carcajada –

Pues el más servicial he sido yo, hasta donde he podido darme cuenta – repliqué en tono de broma, igualmente –

Pues eso no se puede quedar así, tenemos que solucionarlo de algún modo... No puedo permitir que un amigo de mi hijo se lleve una mala impresión de mí, como anfitrión – acotó sin dejar de sonreír -

Y dicho esto, nuevamente se inclinó sobre mi regazo y tomó mi pene flácido entre sus labios. Como era de esperarse, rápidamente se irguió y se puso en posición " de combate"... También Don Rolando estaba, de nuevo, "en guardia". Acto seguido se incorporó y me ayudó a bajar de la cubierta del lavabo. En ése momento, me sentí impresionado de lo atractivo y bien pertrechado que era aquel hombre cuarentón: Tenía un cuerpo bien trabajado por el ejercicio constante; firme y armonioso. Su cabello entrecano y peinado hacia atrás estaba en perfecta armonía con sus "entradas" y sus facciones viriles... Y sus ojos... Sus bellos ojos grises que podían congelar o mirar tan dulce y suavemente...

Ahora, fui yo quien tomó la iniciativa y lo atraje hacia mí; lo bese y comencé a recorrer con mis manos todo el bello cuerpo que tenía, ahora, a mi alcance... Él, cerraba los ojos y se dejaba querer; parecía estar disfrutando de lo lindo... Su cuerpo se estremecía cuando pasaba delicada y sutilmente la palma de mi mano sobre la superficie de su espalda, sus nalgas y la zona de sus fuertes tríceps... dejaba escapar suaves gemidos como si se tratase de una tímida y virginal adolescente. Yo, disfrutaba tanto como él y estaba dispuesto a procurar que el momento fuera inolvidable.

Lo encaminé suavemente y lo llevé hasta el borde de la superficie del lavabo que, momentos antes, fuera testigo de nuestra desenfrenada pasión. Apoyó sus nalgas, y ambas manos, sobre la fría superficie mientras, yo, bajaba por su pecho, recorriendo con mi lengua cada centímetro de piel... Dejó escapar un gran suspiro cuando tomé suavemente entre mis labios y mordí suavemente sus tetillas... Cuando por fin llegué a la altura de su verga, dudé por un momento, no era algo que hubiera hecho antes, sin embargo, era tan bella, tan robusta, tan llena de vida... Vibraba al ritmo de su corazón... Su cabeza era morado intenso y brillaba empapada en su propia secreción... Acerqué, primero, mi nariz entre sus piernas y pude sentir ése olor que me subyuga desde entonces... Pasé mi lengua entre sus dos muslos y por debajo del saco de su testículos; subí por el tronco hasta llegar a la cabeza que, para entonces, literalmente, chorreaba... Me metí entre los labios aquel trozo de carne y por primera vez sentí, en mi boca, el verdadero sabor de un hombre...

Me tomó suavemente por los cabellos, revolviendo y destruyendo el estructurado peinado que llevaba momentos antes y que, cuya pérdida, pensaba, iba a ser difícil de explicar... Llevé su grueso falo tan abajo como pude y sentí arcadas por un momento, sin embargo, era tan placentero sentirlo dentro de mí, de ésta nueva manera, que puedo decir que disfruté de cada centímetro que se hundió en mi garganta... De improviso se retiró y me pidió que parara, que si no, se iba a venir ahí mismo y que no deseba hacerlo; que deseaba tener bien clavada, mi verga, en su ano cuando eso sucediera...

Empuñó mi miembro con una mano y, con la otra, tomó otro condón de la gaveta y el tubo de lubricante y, sin soltarme, me llevo al interior de la recámara.

Se tendió sobre su amplia cama, boca arriba, con las piernas separadas y extendió sus brazos hacia mí. Me arrojé sobre él y comencé a besarlo con pasión desbordante... Besé su robusto cuello, sentí su áspera piel oscurecida por la incipiente barba y murmuré naderías en su oído... Cuando introduje mi lengua en el pabellón de su oreja, todo él se estremeció y casi clavó sus uñas, como gatito mimoso, en mi piel... Supe que había encontrado una de sus "debilidades"... Esta acción lo enloqueció y comenzó a pedir, casi a gritos, que lo poseyera:

Hazme tuyo, "campeón", yaaa... – decía –

Yo, aún tenía reservadas algunas sorpresas; cosas que deseaba llevar a cabo con éste macho. No podía desaprovechar una oportunidad como ésta, que no sabía en cuanto tiempo se podría volver a presentar.

Lo hice darse vuelta y me senté a horcajadas sobre su cadera, con mi pene alojado entre los músculos que dividían su espalda, y empecé a darle un masaje a su tenso cuello y hombros... Nuevamente, dejó escapar unos gemidos suaves y prolongados, entonces, me recosté plenamente sobre Don Rolando y, de nueva cuenta, estimulé la zona erógena de sus orejas con mi lengua; gimió y se estremeció fuertemente. Mi miembro estaba lubricando como nunca, punzando su ano, entre sus abundantes nalgas.

Yaaaaa... Por favor... Yaaaa... No me hagas esto, "campeón"... He esperado tanto por esto... No lo merezco...

Casi me sentí culpable por el tono suplicante en sus palabras, así que giré su cabeza para alcanzar su boca con mis labios y mi lengua; él, giró violentamente para ponerse boca arriba y me rodeó con sus brazos y sus piernas... Alcanzó el condón y el tubo de lubricante y sólo me soltó para que pudiera incorporarme y colocarme el delgado preservativo. Lo lubricó con sus manos e hizo lo mismo con su culo. Echó sus piernas sobre mis hombros y con una seña me pidió que empujara directamente dentro de él... Cerraba los ojos y apretaba la mandíbula mientras me deslizaba dentro del apretado culito; gemía y resoplaba pero me pidió que no me detuviera. Finalmente, estuve completamente en sus entrañas... No puedo describir el inmenso placer que me provocaba "sentirme uno" con aquel macho maduro, con mi verga aprisionada y masajeada en su cavidad tibia y suave.

Rolando, rompió el silencio diciendo:

¿Aún sigues pensando que no soy servicial? – y sonrió jovialmente -

No tengo la menor queja – respondí –

Sírvete, cabrón, soy todo tuyo ahora...

¿Ya estás mejor? – pregunté, refiriéndome a la inicial m*****ia –

No he estado mejor en los últimos diez años – contestó, cerrando los ojos – ¡Cógeme, no tengas miedo!

Como respuesta, comenzé a bombear mi miembro, como un loco, dentro y fuera de su apretado esfínter. Él, mantenía los ojos cerrados y esbozaba una sonrisa enigmática, acompañada de gemidos profundos y prolongados... No dudo que, el hombre, lo estaba disfrutando...

Esa primera vez, no pude aguantar mucho tiempo antes de disparar mi descarga en su interior... Estaba tan excitado... Cuando Don Rolando advirtió que, yo, estaba cerca de terminar, empuño su verga y comenzó a frotarla y a gritar con tal desquicio que tuve que tapar su boca con mi mano para evitar que, aún sobre la música de Paula Abdul, alguien pudiera escucharnos y pensar que atentaba contra su vida... Su eyaculación fue tan abundante como no he visto igual... El tipo estaba sobradísimo... Llegó al orgasmo antes que yo y, la contemplación de todo esto, me hizo alcanzarlo, también, de inmediato... Me agaché para alcanzar su boca y me costó trabajo hacerlo con sus enormes piernas y amplio pecho de por medio pero, cuando al fin lo logramos, nos enlazamos por varios minutos; hasta que nuestros cuerpos recobraron el aliento y las erecciones comenzaron a relajarse...

Después de eso, platicamos un buen rato, tomados de las manos... Me aclaró muchas cosas de su vida y suplicó por mi cariño, respeto y comprensión.

Después volví a la fiesta y, ni el mismo Ricardo, notó mi prolongada ausencia o mi cabello desaliñado. Pasé el resto de la noche conversando cordialmente con Don Rolando, en medio de todos mis compañeros de escuela, antes que nos perdiéramos nuevamente para disfrutar de nuestra recién ganada complicidad.

Debo decirles que no fue lo único que hice con Rolando pues, aún cuando el destino separó los caminos de su hijo Ricardo y el mío, años después; Rolando sigue siendo mi amante, amigo fiel y confidente...
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Posted by renovatio111 3 months ago  |  Categories: Gay Male, Mature  |  Views: 824  |  
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Marco, el amigo de mi papa - Parte IV

Este es el final de una historia, solo de una. Una de tantas que he vivido y así como tú, mi vida se conforma por muchas experiencias vividas y proyectos de experiencias por vivir.

Pero hoy, aquí me encuentro para relatarte lo que sucedió durante aquel fin de semana. Para ponerte al corriente déjame contarte que fue lo que ha pasado hasta el momento. Primero fui testigo de un encuentro sexual entre mi padre y su mejor amigo, Marco, un general de ejército. Unos días después, cuando Marco había vuelto a su rutina diaria en la milicia, ocurrió mi primer encuentro sexual con un hombre, que resulto ser Oscar, mi entrenador de futbol y amigo de mi padre y de Marco. Durante aquel encuentro fui penetrado por primera vez. Por último, el acontecimiento más cercano hasta el momento que he relatado, fue mi encuentro con Marco. Él volvió a visitarnos, y ya mis padres separados se quedo a dormir en mi casa. Allí ocurrió mi primera penetración a un hombre, la primera vez que actuaba como activo en una relación homosexual.

La historia terminó con nosotros 4, mi padre, Marco, Oscar y yo, yéndonos de viaje de pesca a la casa del lago de Oscar. Ahora te enteraras de lo que aquí ocurrió.

El viaje en auto sucedió de manera normal. El lago estaba a unas 4 horas de la ciudad. Mi padre manejaba, Marcos iba de copiloto, y Oscar y yo en el asiento de atrás. El día era caluroso, así que mi padre mantenía el aire acondicionada encendido. Aun así, el sol que entraba por la ventana donde estaba sentado Oscar era tan intenso, que su musculosa blanca mostraba zonas donde su cuerpo estaba transpirando. A mitad de camino mi padre decidió parar, para cargar combustible y descansar. En la gasolinera, compre algo de comida y bebida, mientras ellos tres se dirigieron al baño. Cuando regrese, los tres ya me estaban esperando en el auto. Apenas entré, seguimos con el viaje. Oscar se había sacado la remera, el aire acondicionado no funcionaba bien, y dónde estaba sentado hacía mucho calor. Allí lo tenía, con su torso peludo al descubierto, sentado junto a mí. Podía ver sus tetillas duras y rígidas asomándose de sus prominentes pechos trabajados. Enfoque mi vista en el paisaje del camino, debía actuar lo más normal posible.
Sin ningún otro contratiempo llegamos a destino. Una cabaña a las orilla de un lago. Era confortable y estaba bien conservada. Solo tenía dos habitaciones. Así que íbamos a tener que dormir en parejas.

"Mi hijo y yo compartiremos una habitación" - dijo mi padre una vez que habíamos bajados todo el equipaje de la camioneta - "Oscar y Marco ustedes dormirán juntos"

Así fue, compartí habitación con mi padre, algo que no me incomodaba en lo más mínimos, es mas, prefería que así sea y no tener que dormir ni con Marco o Oscar. En aquel lugar no podía acercarme a ello, estaba mi padre y él no sabía nada de lo que había ocurrido. Una vez que había dejado mis cosas en la habitación, baje a la cocina donde se encontraban los tres charlando.

"Esteban, estamos viendo que hacer. Yo propongo que por hoy descansemos, sin pesca. Nos vestimos con ropa para el agua y nos vamos a nadar al lago, tú qué dices?"- me pregunto Oscar apenas me vio.

"Perfecto, podemos dejar la pesca para mañana temprano"- le respondí

Me cambie y me fui a la pequeña playa que tenia la casa frente a la orilla del lago. El día caluroso era justo para pasarlo allí. Poder refrescarse de aquel agobiante día en las aguas claras sería una maravilla. Me senté y espere a que el resto llegara. Mi padre bajo con una canasta, allí traía cervezas y algo de comer. Luego apareció Oscar. Ya estábamos todos dentro del agua cuando apareció Marco con la misma ropa que había llevado durante el viaje, no se había puesto su ropa para poder meterse al lago.

"He armado el bolso muy rápido y se me ha olvidado la malla"- dijo Marco.

"Jajajajaj, metete en ropa interior. Te prestaría algo, pero solo he traído las que tengo puestas en este momento." - le respondió mi padre.

Marco comenzó a desvestirse

"Somos todos hombres adultos, nos conocemos hace mucho y nos hemos visto desnudo ya durante el servicio militar, tienen problema en que me meta desnudo? Esteban, no va a ser la primera vez que ves a un hombre desnudó, supongo que en el vestuario así se bañaran, te incomoda? Porque si lo hace me quedare en ropa interior, pero prefiero meterme sin nada"- respondió Marco.

Mi padre y Oscar comenzaron a reír y a hacer chiste diciendo "dejaras libre a la anaconda" o "cuidado que tu trompa no se enrede con los pastos del fondo". Pero entre comentario y comentario asintieron. Cuando me miro a mi, me sonroje, pero no tuve más que decirle que no tenia problema. Tampoco es que iba a verle su polla todo el tiempo, estaría debajo del agua. Así que se quito toda la ropa y se metió al agua. Nadar es una de las cosas que más amo, y mientras lo hacia ellos charlaban de sus vidas, sus problemas y demás temas que no me interesaban. El día transcurrió tranquilo. Luego de la tarde al aire libre, Oscar se encargo de cocinar, comimos y nos fuimos a recostar, el viaje y la tarde al aire libre nos había agotado a los cuatro.

Al otro día, nos levantamos temprano, preparamos las cañas y el resto del equipo para pescar, subimos a un bote que Oscar tenia y remando llegamos al centro del lago, donde nos dispusimos a asentarnos y esperar a los peces. El día era muy calmo y tan caluroso como el anterior. En el centro del lago no había sombra alguna, así que el sol nos golpeaba con toda su fuerza. Aguantábamos el calor remojándonos, con cerveza bien fría, gorros para protegernos del sol. Los cuatro estábamos en cuero, sin remera. Era difícil decidirse para ver quién era el más peludo de los cuatro. El más musculoso era sin duda Oscar y luego le seguía Marco. Esta vez, había optado por quedarse en ropa interior, así que Marco solo estaba vestido con unos calzoncillos tipo "slip" negros. La pesca fue bastante satisfactoria, entre todos logramos pescar para poder cenar esa noche. Esta vez mi padre fue el encargado de cocinar mientras que yo me dedique a limpiar los pescados. Tenía experiencia haciéndolo, no era la primera vez que iba de pesca con mi padre. Cenamos al aire libre, contemplando las estrellas, acompañando la pesca del día con unas ricas cervezas frías. Los tres adultos habían bebido demasiado, y el alcohol estaba empezando a hacer efecto. Cuando ya estuve cansado, los salude y me retire a mi cuarto.

Me saque la ropa que llevaba puesta, que tan solo era un pantalón corto y recosté sobre la cama vestido solo con mi ropa interior. Usaba un bóxer negro, con figuras en blanco estampadas sobre la tela. El sueño comenzó en vencerme y la verdad es que no se cuanto tiempo había transcurrido desde que me había acostado, pero alguien estaba entrando al cuarto. Supuse que era mi padre que también se iría a dormir. Medio dormido como estaba, escuchaba los pasos acercarse, eran suaves, como si quisieran no hacerse notar. Se detuvieron junto a mí. Una mano me sacudió gentilmente. Me voltee y vi a mi padre.

"Hijo me han llamado de la ciudad. Han ocurrido un emergencia en el trabajo y requieren de mi presencia si o si. Ya hable con Marco y Oscar, ellos se van a quedar y van a volver en tren. Me dijeron que si te querías quedar con ellos no habría problema. Que quieres hacer? - dijo mi padre susurrando.

Estaba muy dormido y no tenía mucha lucidez para pensar en aquel momento, pero algo me dijo que debía quedarme. Solo restaba un día del fin de semana para volver a casa, pero ese día lo pasaría solo con los dos hombres con lo que había compartido un encuentro sexual por separado. Algo me decía que debía quedarme, pero tampoco quería dejar viajar solo a m padre.

"Me voy contigo, no quiero que viajes solo a estas horas de la noche"- le respondí

"No te hagas problema, soy grande y el viaje será tranquilo. La ruta es segura, así que no tienes nada porque temer. Si en verdad quieres quedarte, hazlo, la pasaras bien con Marco y Oscar"- me dijo mi padre.

"Está bien, me quedo, pero llámame apenas llegues a casa" - le dije.
Así fue. Mi padre comenzó a armar su bolso y se despidió. Escuche a los tres hablando, no podía entender exactamente las palabras que decía. Se oyó el ruido de la camioneta al encender y alejarse en la oscura noche. Volví a acomodarme e intente seguir durmiendo. Creo que puedo volver a dormir, no lo recuerdo bien.
A mitad de la noche me desperté para ir al baño. Las habitaciones estaban en la planta alta de la casa y el único baño, estaba en la planta baja, así que debía bajar. A medida que me acercaba a la escalera podía distinguir a ruidos que provenían de la planta baja. Supuse que serien Marco y Oscar que no se habían ido a dormir. Mientras más me acercaba, más claros se volvían.

"Que bien me chupas el culo, ahhhh!!!!!"- se oía la voz de Marco - "Mmmmm, ahhhhh".

Me quede atónito al escucharlo. Oscar y Marco estaban en la planta baja, mientras yo dormía, teniendo un encuentro sexual. Se habrá creído que dormido no los podía escuchar o tal vez querían justamente eso, que los escuchase.

Me acerque sigilosamente hasta la escalera, desde donde se podía ver el sillón de la sala de estar. Allí estaba los dos. Completamente desnudos. Marco parado, con los ojos cerrados y gimiendo y gritando de placer y Oscar, con su rostro hundido en el culo de Marco. Me sentía como aquella vez que había visto a mi padre y a Marco juntos. Estaba sintiendo lo mismo. Me quede observando, quería ver lo que sucedía. Claro está que mi polla comenzó a endurecerse y a pararse, estaba totalmente excitado con lo que veía. Mentí mi mano dentro de mis interiores y comencé a masajearme.

Oscar seguía chupándole el culo a Marco, mientras que este último se masturbaba a ritmo de sus gemidos.

"Quiero que me la pongas, quiere tener tu pedazo de carne dura adentro de mi culo"- oí decir a Marco.

Oscar se alejo del culo que estaba chupando, dio vuelta a Marco, lo beso rudamente como si quisiera arrancarle un pedazo de boca, le tomo los hombros y lo obligo a agacharse.

"Si quieres que te penetre, primero chúpamela y ponédmela bien durita"- dijo Oscar,

Desde donde estaba solo podía ver la espalda de Marco. Aunque el panorama era extremadamente excitante, su culo perfecto y peludo, su espalda ancha y musculosa, no podía ver a Marco chupando le polla.

"Que bien que la chupas, ahhhhh!!!!!, mejoraste mucho desde la última vez, ahhhhh!!!!!"- decía Oscar - "ponédmela bien dura".
Tratando de hacer el menor ruido posible, intente acercarme para ver mejor lo que estaba pasando. El piso me jugó una mala pasada. La madera debajo de mis pies crujió cuando la pise, tan fuerte que los dos osos que se encontraba abajo, desnudos y sudados, los oyeron y rápidamente se incorporaron y giraron para mirar. Allí me vieron, a mitad de la escalera, con solo mis bóxer puesto y mi polla absolutamente erecta dentro de ello, el liquido pre seminal había empezado a salir y la porción de mi ropa interior que estaba en contacto con la cabeza de mi polla estaba mojada; los estaba espiando.

"Que tenemos aquí?"- dijo Oscar - "Por lo que veo estas disfrutando el espectáculo" - termino riéndose.

Mi reacción fue instantánea. Me baje mi ropa interior y comencé a masturbarme frente a ello. Marco y Oscar se giraron, se miraron a los ojos y volvieron la vista hacia mí. Por un instante nada paso, todo seguía como estaba, yo desnudo, masturbándose en medio de la escalera y ello, desnudos, parados uno junto a otro mirándome fijamente. La polla de Marco se movía sola, parecía como su sufriera pequeños espasmos, estaba excitado. Oscar se acerco a mí, extendió su brazo y tomo la mano con la que estaba masturbándome, y me tironeo suavemente para que bajar. Así lo hice. Una vez que había pisado el suelo, me condujo hasta el sillón. Allí todo comenzó.

Me detuvo de espaldas al sillón, pensé que querría que me sentara, pero apenas nos detuvimos, se puso de rodillas, tomo mi polla con una mano y comenzó a chupármela. Jugaba con su lengua, lamia mi polla, desde la cabeza hasta la base. Se la introducía completa, podía sentir sus labios junto a la base de mi polla, hasta que se atragantaba y se quedaba sin aire, y jadeante se la sacaba de la boca para poder respirar y escupir la saliva que su boca había juntado. Cuando se detenía, la tomaba y golpeaba mi polla contra su lengua y su rostro. Todo mientras Marco me besaba, como lo había besado a Oscar. Era rudo, sus besos parecían querer comerme la boca. Su lengua recorría mis labios y mentón y la introducía dentro de mi boca, una y otra vez. En un momento se detuvo, con una de sus manos abrió mi boca y escupió dentro de ella, para luego seguir besándome.

Oscar seguir con mi polla. Masajeaba la cabeza con un dedo, jugueteaba con el agujerito de mi polla y lo humedecía con mi líquido pre seminal, para luego llevárselo a la boca y saborearlo. Marco comenzó a pellizcarme los pezones mientras me besaba.

De un momento para otro, ambos se detuvieron, Oscar se incorporo y fue a sentarse al sillón.

"Vamos Esteban, ya la has probado" - me decía mientras movía de un lado para otra su polla peluda bien erecta. - "Ven a chuparla un poquito".

Me acerque a él y me agache para poder hacerlo. Poco a poco lo fui haciendo. La trataba como si fuera una barra de caramelo, sumamente sabrosa. Lo hacía rápido, porque sabía que a Oscar así le daba más placer. En eso, sentí la manos de Marco aferrase a mi cintura. Pensé "me va a penetrar". Pero no fue así, acomodo mi culo para poder lamerlo. Ahí estábamos los tres. Oscar sentado el en sillón, yo chupándole la polla y Marco detrás mío chupándome el culo. Toda esta acción acompañada por los gemidos de Oscar.

"Que bien que la chupas Esteban…" - "Sos mi osito de peluche" - "quiero metértela toda dentro de tu culo". - repetía mientras gemía.

"Es hora"- dijo Marco dejando su lengua del agujero de mi culo.

Por unos momentos desapareció, pero cuando lo volvió a ver traiga consigo un par de preservativos y una botella, supongo yo de lubricante. Oscar me saco de su polla, tomo el preservativo que le tendió Marco y se lo puso. Luego hecho un poco del lubricante sobre su polla y se la masajeo para que quedara bien lubricada. Me tomo por el culo, me giro y me hizo sentarme sobre él. Mientras Oscar sostenía firme su polla con una mano, yo baja lentamente mi culo para que la polla entrara. Está bien lubricada y no me costó mucho esfuerzo. Empecé a "cabalgar" hacia arriba y hacia abajo, despacio y lento. Cuando tenía su polla totalmente dentro mío, movía mi cintura de manera circula y Oscar gritaba aun mas de placer.

Marco nos miraba y se masturbaba. "Vas a ver lo que se siente tenernos a los dos adentro tuyo" - me dijo.

Tomo el otro preservativo, se lo puso y a continuación se lubrico su trozo de carne dura. Se acerco a mí. Me tiro para atrás. Me recosté sobre el pecho de Oscar que seguir tendido en el sillón con su polla dentro de mi culo. Podía sentir en el contacto con mi espalda el cuerpo duro de Oscar y un leve cosquillas por todos los pelos de su pecho. Marco se puso un poco de lubricante en dos de sus dedos y los paso por mi culo.

Se acerco aun más y poco a poco empezó a meter su polla por el pequeño espacio de mi culo. No era grande, no había sido penetrado muchas veces, y aguantar las dos pollas grandes, de Marco y Oscar era muy difícil. Le costó poder meterla y una vez dentro, pareció medio torpe con el movimiento. Una extraña mezcla de dolor y satisfacción me invadió. La verdad me dolía, quería pararlo ya, era mucho para mí, pero estaba muy excitado, y los otros dos machos allí también. Ellos la estaban pasando bien, era su juguete de la noche, y eso me excitaba.
La penetración no duro mucho, debo admitirlo, pero fue lo suficiente para gozar extremadamente. Ambos trataban de mover su polla dentro de mí y se turnaban para hacerlo. Cuando Oscar mantenía su polla dentro de mi culo, la que entraba y salía era la de Marco, y viceversa.

Mediante un movimiento rápido, Marco saco su polla, se saco el preservativo y comenzó a masturbarse. Estaba a punto de estallar, cuando Oscar, levantándome con su abominal fuerza me sostuvo en el aire, sosteniéndome con los brazos por debajo de mis piernas. Marco comenzó a gemir y a moverse bruscamente y al fin eyaculo, todo su semen fue a desperdiciarse al piso.

Yo seguía siendo sostenido por Oscar. Su polla seguía dentro de mi culo. Me dejo en el piso, me apunto con su polla, y luego de unas cuantas pasadas de su polla eyaculó sobre mi rostro. Su semen tibio rego toda mi cara. Marco y Oscar se acercaron y comenzaron a lamer toda la leche blanca que estaba en mi cara. Cuando terminaron, casi al mismo tiempo, me abrieron la boca y escupieron dentro de ella. Podía notar en su saliva algún resabio del semen de Oscar.

"Ahora es tu turno, eyacula sobre mi pecho Esteban"- me dijo Marco.

Así lo hice, mientras estaba tirado sobre el sillón, termine sobre todo su cuerpo peludo. Acto seguido, Oscar y yo comenzamos a chuparlo. Mientras lo limpiábamos con la lengua, chupábamos sus tetillas y lamiamos sus axilas. Una vez que terminamos, los tres juntos nos besamos y abrazamos por un tiempo. Estábamos todos sudados, olíamos a hombre, un olor fuerte, pero extremadamente tentador. Nos quedamos abrazados masajeándonos suavemente los pechos, pezones y culos por un tiempo.

"Es hora de ir a descansar"- dijo Marco - "Mañana nos levantaremos tempranos para ir a pescar nuevamente, vamos a bañarnos".

Los tres juntos nos metimos en el baño. Estábamos medio apretados, pero la experiencia valía la pena. Entre los tres nos enjabonamos los cuerpos. Ninguno enjabonó alguna parte de su propio cuerpo, no sé si me hago entender. Recuerdo que enjabone la polla de Marco, que comenzó a pararse apenas la toque, también el culo de Oscar, sus axilas y toda su espalda. Ya ni recuerdo que parte de mi cuerpo enjabonó Marco y Oscar, pero sí que cuando termino estaba lleno de espuma producto de las manos de aquellos dos hombres. Nos enjuagamos y secamos.

Los tres dormimos en el mismo cuarto, desnudos, acurrucados entre nosotros bajos las mantas livianas. La noche era calurosa y no tuvimos frio. Al otro día nos despertamos y fuimos a pescar. Pero nada volvió a pasar. El viaje termino allí, al otro día tomamos el tren y regresamos a la cuidad, donde mi padre nos estaba esperando. Mi encuentro con Marco y Oscar se siguieron repitiendo, pero jamás con los dos juntos. Cada vez que Marco venia a visitar a mi padre y de alguna forma u otra quedábamos lo dos solos en la casa, repetíamos nuestros encuentro. Pero fueron muy pocas veces y hoy en día casi no veo a Marco. En cuanto a Oscar, la situación fue diferente. Mientras seguí yendo a entrenar, trataba de tardar más en la duchas para poder quedarme solo con él y pasar un buen rato, cosa que se repetía por lo menos una vez por semana. Cuando termine la universidad y me mude definitivamente, mi padre quedo solo en el pueblo. Yo conseguí un departamento en la ciudad, cómodo y cerca del centro y del trabajo. Resulta que Oscar se termino mudando a la ciudad por temas laborales unos meses después, había sido contratado como entrenador de un equipo de futbol profesional.

Lejos de la mirada de mi padre o cualquier conocido, comenzamos a salir y disfrutar aun más del sexo entre nosotros, para el amor no hay edad, o por lo menos eso dicen. Experimentamos nuevas formas de tener sexo, lo hicimos con más hombres, en los lugares más alocados que puedas imaginarte. Después de un tiempo, blanqueamos la relación con mi padre. Ya no éramos simples amantes, estábamos de novios. Mi padre ya no me habla y por supuesto, tampoco a Oscar, pero todas la noches, cuando vuelvo de trabajar, me espera en la cama su rica polla, su cuerpo peludo, su pecho musculoso, su lengua tibia y sabrosa y eso es lo único que me importa.


El fin.
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Posted by MartiJ 2 years ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 479  |  
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Marco, el amigo de mi papa - Parte III

Mucho tiempo había pasado desde mi encuentro con mi entrenador en la duchas. Desde aquel momento muchas cosas en m vida había cambiado. Mis padres se había separado. Yo me quede a vivir con mi padre en la misma casa y mi madre se mudo a un pueblo a unos 400 kilometro de la ciudad, allí donde vivía una de sus hermanas. El motivo de la separación me era desconocido, pero estaba seguro que la preferencia de mi padre por las pollas a la hora del sexo tenía algo que ver en todo.

La vida en casa se había vuelto muy tranquila. El vínculo con mi padre se fortaleció desde entonces, charlábamos seguidos, y no solo sobre banalidades, sino sobre nuestras vidas. Compartimos mas viajes de pesca y actividades de las que jamás hubiésemos hecho juntos. Eso si, nunca apareció el tema de su encuentro sexual con Marcos, ni el mío con Oscar, ambos eran secretos bien guardados que jamás expondría.

Durante una cena, mi padre me dijo:
"Esteban, Marcos tiene vacaciones en el ejército y va a venir a pasarlo aquí. Se va a quedar a vivir en la casa por unos días. Espero que no m*****e. Ya veremos donde lo acomodamos para dormir, pero estoy seguro que no será ningún problema".

"Claro que no padre, no es ningún problema. Podemos organizar un viaje de pesca los tres, que te parece?"- le respondí.

"Es una excelente idea hijo, ya veremos cuando llegue. Me hablo esta tarde y me dijo que mañana por la tarde estará llegando" - dijo mi padre.


La cena continuo como de costumbre. Con la excusa que debía estudiar para el otro día me levante de la mesa, cogí mi plato, lo lleve hasta la cocina, salude a mi padre y me fui hasta mi cuarto. Apenas mi cuerpo había cruzado por completo la puerta, la cerré y lleve mi mamo a el bulto de mi pantalón. Al momento que mi padre nombro a Marcos, el recuerdo de su cuerpo y el de mi padre comenzó a circular por mi cabeza. La sola idea de que viviría con nosotros unos días, se bañaría en nuestro baño y dormiría con nosotros me éxito tanto que tuve que contenerme para no tocarme mientras estaba sentado a la mesa con mi padre. Una vez en mi cuarto, nada me lo podía impedir. Metí la mano por dentro de los pantalones y de la ropa interior y comencé a acariciarme la polla. Me dirigí a la cama. Una vez acostado, me quite lo pantalones y con mi miembro libre comencé a masturbarme, tratando de no gemir para que mi padre que estaba viendo la televisión no me escuchara. Pensando en Marcos y en Oscar acabe sobre mi mano, de manera de que pudiera tragarme todo el semen. Desde que había probado el semen de Oscar, tragarme mi propia eyaculación era algo que hacia normalmente.

Al día siguiente, tal y como me había dicho mi padre, Marco llego a nuestra casa. Apenas acababa de llegar del entrenamiento cuando estaba a punto de abrir la puerta de mi casa y se apareció por detrás.

"Esteban"- grito para lo pudiera oír - "Como has estado todo este tiempo".
A medida que hablaba se acercaba mas a mi. Una vez junto a mi, me abrazo fuertemente, me dio unas palmadas de afecto en la espalda y se alejo.

"Se ve que viene de entrenar, tu padre me ha dicho que eres uno de los mejores del equipo"

"Oscar, que gusto verte. Mi Padre habla demasiado bien sobre mi, no deberías creerle todo lo que dice"- le respondí sonriendo.

Con una sonrisa en su rostro me dijo: "Vamos, entremos a la casa, tu padre nos estaré esperando. Yo necesito descansar por el viaje, y tu una ducha. Vaya que si hueles a hombre, jajaja, es un olor muy común dentro de la barracas del ejercito" -termino su comentario con una sonrisa y palmandome la espalda nuevamente.

"Si huelen tanto como lo hace el vestuario luego de nuestro entrenamientos, la verdad no es algo que quiera oler, jajaj"- continúe riendo.


Apenas entramos, mi padre se levanto del sillón y fue abrazar fuertemente a Marcos. Este le respondió el abrazo con aun más fuerza. No espere ni un momento y me fui al baño, necesitaba ducharme. Aquel día, el complejo no tenia agua, y las duchas no funcionaban, así que cada uno de nosotros había tenía que irse todos sudados y olorosos por la actividad para bañarnos en nuestras casas.
Una vez limpio, me dirigí a mi cuarto y me dispuse a ponerme ropa limpia.

Mientras me estaba cambiando, note que me había dejado los calzoncillos en el baño, seguro se me había caído de la mano mientras salía. Así que me dispuse a recogerlos. El envión me hizo olvidar de golpear la puerta entes de entrar y lo que vi dentro fue un tanto embarazoso. No había notado que alguien había entrado al baño, pero allí estaba Marcos. Parado frente al retrete, sosteniendo su gran polla con una mano, apuntando el chorro de pis, y con la otra sostenía mi calzoncillo, hundido en su nariz mientras aspiraba fuertemente.

Al verme entrar se sorprendió, se alejo mi prenda de su cara tan rápido como yo corría la vista de la escena que allí estaba sucediendo. Yo estaba absolutamente incomodo por lo que había visto, y el, tan lleno de vergüenza que ninguno de los dos pudo decir palabra alguna. No espere ni un instante y me fui de allí, directo hacia mi cuarto. Cerré los ojos y allí estaba, su hermosa polla gorda, sostenida por su mano.

Pasaron las horas hasta que mi padre apareció en mi cuarto.

"Hijo, me había olvidado, pero hoy tengo una cena con los compañeros de trabajo, así que te quedaras solo con Marcos. Ya le he avisado, me ha dicho que pediría unas pizzas si era de tu agrado"

"Gracias padre, pero salgo con mis amigos, no como aquí"- le respondí.


Y así fue. Tenía un gran deseo de estar con Marcos, pero no podía. Era el mejor amigo de mi padre y en mi casa. No por lo menos esa noche. Debía pensar bien lo que quería. Cuando se hizo la hora me vestí, y me fui a la caso de un amigo, a solo un par de cuadras.

La noche transcurría tranquila. Mis amigos decidieron salir a dar una vuelta por algún bar de la ciudad. No tenía nada de plata, así que le dije que iría a m casa, buscaría algo y regresaría. Camine las dos cuadras, bajo el cielo estrellado, hasta que llegue a mi casa. Era tarde, no esperaba encontrar a nadie. Mi padre seguro aun no había vuelto, cuando salía con sus amigos, había veces que volvía recién a la mañana del otro día, y seguro que Marcos estaría durmiendo. Así que decidí entrar lo más silencioso posible

Pero una vez dentro, nada fue como lo imagine. Una luz suave venia del pasillo. No sabía de que habitación, desde donde estaba no podía adivinarlo. Me fui acercando despacio. Y allí comencé a escuchar. Alguien gemía, "Ahhhhh!!!!, Ahhhhh!!!!", se escuchaba, "Si!!!!!!". Los gemidos eran de placer, y la vos era inconfundiblemente la de Marcos. Estaría solo?, o con una mujer?, sería un hombre el que le estaría dando placer? Acaso podría ser mi padre? Pero a medida que me acercaba y los gemidos se hacían cada vez más fuerte podía notar que nadie mas estaba allí, por lo menos no se escuchaba a nadie más.

"Debe estar masturbándose" - pensé. Una vez en el pasillo pude ver de dónde venía la luz. Era de mi cuarto. Marcos estaba masturbándose en mi cuarto. De pronto los gemidos se detuvieron. "Me habrá escudo? -me pregunte. Pero cada tanto volvía a gritar de placer. Mi cuerpo comenzó a reacción y una presión cada vez mayor comenzó a azotar mi entrepierna, mi polla me pedía libertad.

Lentamente me acerque hasta la puerta entreabierta de mi cuarto. Sigilosamente me asome para ver lo que estaba pasando allí adentro. Un semental peludo, totalmente desnudo estaba acostado en mi cama. Con las dos piernas levantadas y separadas movía con una de sus manos, hacia adelante y atrás y giraba hacia un lado y hacia otro dentro de su culo algo negro que supuse se trataría de un consolador. Mientras que con la otra sostenía mi calzoncillo que cada tanto se lo llevada a la cara. Sus gemidos se detenían solo para aspirar el olor a mis bolas que desprendía mis calzoncillos que había usado durante el entrenamiento de esa tarde.


La escena era totalmente tentadora. No podía perderme la oportunidad. Esta vez no me quedaría mirando. Así que saque el teléfono celular de mi bolsillo y le escribí a mis amigos. Les dije que me perdonaran, que mi padre había vuelta de la cena en muy mal estado y que me iba a quedar con él. Al instante que el mensaje se envió, apague el dispositivo, no quería que nada me interrumpiera. Volví a mirar a Marcos. Seguía autosatisfaciendo su placer sobre mi cama.

Pensé la mejor forma de entrar a mi cuarto, frases ingeniosas para decirle. Quería causarle una buena impresión. Así que decidí entrar desnudo y mostrarla mi polla parada, para que se diera cuenta lo excitado que estaba por tenerlo desnudo, penetrándose con un consolador sobre mi cama. Casi sin hacer ruido, me quite toda mi ropa, toma fuerzas y abrí con fuerza la puerta de mi cuarto.

Se sobresalto tanto al ver allí que se levanto rápidamente de la cama así como estaba, tiro mi calzoncillo y no tuvo ni tiempo para quitarse el dilo de su culo. Su polla me apuntaba y se me hacia agua la boca. Sus pezones brillaban por el sudor que recorría todo su torso denudo. Estaba agitado por tanto placer que sentía. Me miraba intensamente. Sus ojos escanearon cada rincón de mi cuerpo hasta terminar en mi polla y mis huevos allí colgando.

"Huelen rico mis huevos? - le pregunte.

"Esteban no deberías estar en casa, y menos me deberías haber visto. Hace cuanto que espías??"- se apresuro a decir.

"Los suficiente para saber que te estás penetrando con un consolador mientras hueles mis calzoncillos y gimes de placer, supongo, pensando que eso de plástico que tiene dentro es mi polla. Aquí la tiene si es que la quieres"- le respondí mientras me agarraba la polla con una mano.


No hubo más preguntas, ni más acusaciones. Los únicos sonidos que se escuchaban eran mis gemidos y los que salían cuando movía una y otra vez mi polla en su boca. Sabia chupar muy bien, lo hacía mejor de lo que lo había hecho Oscar. Cada tanto dejaba de chuparme la polla para meter su nariz entre mis huevos e inhalar fuertemente y los chupaba, se los introducía en su boca y los succionaba. Jugaba con ellos como si fueran dos sabroso caramelos. Yo no podía mas que gemir de placer.

Se levanto, me miro a los ojos y me beso rudamente. Pensé que me iba a arrancar la boca con sus labios. Introdujo su lengua dentro de mi boca y pude notar que quedaba en ella el gusto a mi propia polla. Se alejo de mi rostro. Con una mano abrió mi boca y escupió dentro. Seguimos besándonos, abrazados, tocándonos las pollas y los culos de vez en cuando. Le gustaba además escupirme en la cara lamer su escupida. El seguía teniendo en consolador dentro de su culo.

"Esteban, has penetrado alguna vez a un hombre?"- me pregunto Marcos.

"No, pero si he sido penetrado si te interesa saber"

"Tu padre sabe tu preferencia por los hombres"- volvió a inquirir

"No igual que yo no sabía hasta hace poco que a él también le gustaba la polla. Los vi, a vos a mi padre. Juntos, abrazándose desnudos, chupándose la polla y el culo, tragándose la eyaculación del otro"

Me agarro fuertemente por los hombros y me alejo

Que has dicho? Como que nos has visto?"- la vos denotaba algo de desesperación.
"Si había entrado al cuarto de mi padre instantes antes que ustedes aparecieran. Para que el no me viera que me había metido a escondidas me metí en el guardarropa y desde allí lo vi todo. No paro de pensar en tu polla ni en tu cuerpo maculoso y peludo desde entonces"

"Tu padre y yo somos grandes amigos. Es una forma de demostrarnos el amor."

"No tiene que explicarme nada. No me importan los gusto sexuales de mi padre, solo quiero tu polla y nada más que tu polla"- le dije casi gritando
"Esto se termino aquí Esteban. Olvida todo esto y ni una palabra a tu padre" -contesto Marcos serenamente


Comenzó a retirarse. Me dio la espalda, aquella perfecta espalda, no tan peluda como su torso, adornada por debajo por un increíble culo, perfectamente formado gracias a los exhaustivos entrenamientos, y entre sus cachetes se podía ver salir el consolador. Aun lo tenía dentro.

"Lo que tiene dentro puede transformarse en mi polla. Soy virgen, jamás he penetrado a nadie, ni hombre ni mujer, quiero que seas le primero" - le dije. Se detuvo. Me acerque despacio y comencé a acariciar su espalda, bajando lentamente hasta llegar a su culo. Me detuvo, se dio vuelta y me dirigió hacia mi cama. Se acostó, lentamente se saco el consolador. Una larga polla negra salía lentamente de su culo. Cuando termino me pregunto "Tiene preservativos?"

"Si, en el primer cajón"- y le señale la mesa contigua a la cama.

Tomo un paquete, lo abrió, se acerco a mí y delicadamente comenzó a masajear mi polla. Quería que estuviera bien dura para cuando me colocara el preservativo. El se encargo de ponérmelo y cuando termino se acomodo y me acerco a su cuerpo. El estaba acotado de espaldas sobre mi cama. Yo parado, tan cerca del el que podía ver cada bello de su hermoso cuerpo. Tomo mi polla y la dirigió hasta su culo y lentamente la comenzó a introducir. Una vez que la cabeza entubo dentro dijo:

"Ahora es tu turno. Quiero sentirte dentro. No te costara"

Así fue, comencé a penetrarlo, una y otra vez. Primero despacio y luego más fuerte. Toda mi polla y tan solo un pedazo. Trataba de recordar las cosas que hacían los hombres en los videos que veía por internet. Luego de que Oscar me penetrara, comencé a masturbarme viendo videos de hombres follando.

Durante todo el acto, el gemía, yo gemía. Se pellizcaba las tetillas mientras yo lo penetraba y le agarraba la polla con una mano. El gemía aun más. Cuando estuve a punto de terminar, saque mi polla de su culo, me saque el preservativo y comenze a pajearme. Eche toda mi leche sobre su torso. Si darle tiempo a nada, me subí sobre él y comenze a lamerlo, limpiándole todo mi semen y una vez que no hubo más rastro de mi leche, le bese apasionadamente. Ahora, el que introducía la lengua era yo. Sentía la humedad y un sabor amargo de su boca. El mientras tanto se masturbaba. Tomo mi cabeza por la nuca y me dirigió hacia su axila. No se había bañado en todo el día y olía extremadamente fuerte. Pero su olor a transpiración, olor a hombre, era altamente excitante. Le chupe las exilas hasta que comenzó a gemir y llevo mi cara cerca de su polla. La golpeaba contra mi cache con violencia, tanto que hasta me dolía. Allí acabo, toda su leche blanca fue a para a uno de los cahcetes de mi cara. También tenia semen sobre mis labios y podia sentirlo tibio.

Se acerco y me lamio. Una vez limpio de su eyaculación, nos tendimos abrazados sobre la cama. Uno contra otro, las piernas cruzadas, las pollas relajas tocándose entre sí. Los brazos unían nuestro cuerpo que se tocaban y compartían el sudor.

De repente se escucho un sonido. Mi padre había vuelto. Por suerte sufría los efectos del alcohol y en el tiempo que tarde en encontrar la llave, introducirla en el cerrojo de la puerta y entrar, Marcos se había ido hacia el baño y yo arreglaba todo el desorden que era mi cuarto. Mi padre ni se m*****o en ver si estaba y se dirigió rápidamente a su cuarto. Allí estaría esperándolo Marcos que lo ayudaría a vestirse para poder dormir. Mi padre había decidió que dormiría con él. Según decía eran los dos adultos y bien podían compartir una cama como amigos. Bien sabía que mi padre lo había decido para que por la noche estuviera al alcance de su mano la gran polla de Marcos.

Mientras ordenaba mi cuarto encontró el consolador que Marcos se había olvidado. Tome el calzoncillo que había olido con tantas ganas y lo use para limpiar a ese pene negro de plástico. Los guardaría, seguro que me serviría para otra ocasión.
Al otro día, me levante temprano para ir a la escuela. Estaba agotado por la noche anterior, pero era viernes y no podía faltar. Nadie estaba despierto. Mi padre no trabajaba los viernes, debía estar durmiendo abrazado junto a Marcos.
Cuando regrese del colegio, me encontré con mi padre.

"Hola hijo, que bueno que te encuentro. Ayer me encontré en el vas con tu entrenador, con Oscar. Viste que era amigo también de Marcos durante el servicio militar. Se alegro de saber que estaba en la ciudad. Le comente tu idea de ir a pescar y se ofreció en prestarnos su casa del lago el fin de semana. Así que si no tiene nada que hacer, vete a armar un bolso y cuando todo esté listo, partimos hoy mismo, así aprovechamos bien el tiempo".

Así lo hice. Amaba ir a pescar. Me encantaba compartir con mi padre, y la sola idea de que iríamos con Marcos termino de convencerme. Rápidamente comencé armar un bolso. Eran solo un par de días. Mientras revolvía en la ropa se me cayó al piso el consolador. Lo tome, le pase la lengua recordando que ello había estaba dentro del culo de Marco y lo volví a esconder. No lo necesaria, porque tendría la gran polla de Marcos cerca si es que la necesitaba. Sono el timbre.

"Hijo puede atender!"- grito mi padre desde el baño- "Marcos se fue a comprar provisiones para el viaje, no croe que sea él, fíjate quien es."

Abrí la puerta. La sorpresa de mi rostro debió se muy evidente.

"Hola Esteban, porque esa cara? Acaso te he asustado?"- Allí estaba mí entrenado, Oscar. Era un día de primavera sumamente caluroso, y Oscar había optado por unos pantalones cortos y una musculosa blanca ajustada que marcaba su cuerpo escultural, además de marcar sus pezones. La musculosa dejaba ver sus brazos perfectos y parte de su pecho peludo. En su mano llevaba un bolso.

"Acaso tu padre no te dijo nada del de fin de semana de pesca"-dijo Oscar mientras los hacía pasar a interior de mi casa.

"Si, pero no me dijo nada de que tu también irías, por ello me he sorprendido al verte"-le respondí.

Un vez que todo estuvo listo, subimos a la camioneta que conducía mi padre y partimos. Éramos cuatro. Mi padre. Oscar, mi entrenador, amigo de mi padre y el primer hombre que me había penetrado. Marcos, alto comandante del ejército, amigo de mi padre y el primer hombre al que había penetrado. Y yo. Los cuatro rumbo a un fin de semana que se convertiría en el suceso más importante hasta el día de hoy. Pero claro, lo que allí sucedió es otra historia.


…continuara…
... Continue»
Posted by MartiJ 2 years ago  |  Categories: Gay Male  |  Views: 514  |  
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SE GANÓ MI CULO, MI VIRGINIDAD Y MI ADOLESC

Nota: El siguiente relato lo envío Andrea del DF y nos pidió que lo publicáramos. He aquí el mensaje. Disfrutenlo.


“Leí tu relato (CON EL NOVIO DE MI MAMÁ) y me sentí muy identificada al terminar de leerlo. Por lo que me gustaría compartir contigo este relato, a ver si puedes publicarlo ya que a mi me da un poco de pena hacerlo, además que no soy muy buena escribiendo, es por eso que te lo envío para ver si lo puedes corregir y publicar. De antemano gracias.”

Mi nombre es Andrea y tengo 25 años, esto que les narraré a continuación es completamente real y me sucedió 10 años atrás cuando cursaba el tercer grado de secundaria.

Cuando era niña era muy tímida e introvertida, me costaba mucho trabajo socializar con los demás niños incluyendo mis vecinos. Solo algunos fueron con los que me pude llevar durante mi infancia, por lo que nunca fui de muchos amigos. Conforme fui creciendo la inseguridad y la timidez se fueron agudizando, sobre todo en la adolescencia. Durante mis dos primeros años de secundaria lo único que veía era como las demás chicas de mi escuela hacían lo imposible por hacerse notar; fajaban con cualquier chico, se dejaban tocar, se les insinuaban, y las más atrevidas ya tenían relaciones sexuales con sus novios o con algún amigo. A mi me costaba mucho trabajo sobresalir, los chicos no me volteaban a ver, y si lo hacían; era solo para m*****arme. Fui la típica chica a la que todo mundo le hacia bullying. La gente desde muy chica me decía que era muy bonita. En una ocasión un maestro en la primaria me dijo que tenía una cara angelical. Me encantó que me haya dicho eso. Pero mi timidez quizá eclipsaba la belleza que algunos veían. Dentro de mi sentía un enorme deseo de poderme sentir segura como muchas de mis compañeras, deseaba poder tener amigos y poder convivir de manera natural con mis semejantes. Pero no lo lograba. Mis padres siempre fueron muy estrictos conmigo, lo que quizá contribuía a mi inseguridad ya que generalmente descalificaban lo que hacía o no era suficiente para ellos los logros que conseguía. Siempre fui una muy buena estudiante, obtenía calificaciones perfectas en la escuela. Pero mis padres argumentaban que era mi obligación y que no deberían felicitarme. Eso me dolía mucho.

Todas las mañanas desde que estudiaba en la primaria sacaba a mi perro a un parque cercano a mi casa para que hiciera su necesidades. Desde que recuerdo todas las mañanas me encontraba a un hombre joven que salía a correr y a hacer ejercicio en el parque. Tenía una mirada muy amable y siempre nos miraba a mi y a mi perro. En mis temores llegaba a pensar que quizá no le agradaba vernos y que le m*****aba que mi perro hiciera sus necesidades a pesar de que recogía con una bolsa los desechos de mi mascota. Muchas veces tomaba otro rumbo con la intención de no encontrarme con él, pero al final, el parque era el lugar ideal para que mi perro hiciera lo que tenía que hacer. En una ocasión pasó cerca de nosotros y se detuvo para decirme.

- Que bonito esta tu perro. Como se llama?

Tanto el comentario como la pregunta me cayeron de sorpresa, por lo que me quedé paralizada sin saber que contestar. Él lo notó por lo que no insistió y se fue corriendo no sin antes con una sonrisa desearme bonito día. Esta persona no era una belleza, pero su amabilidad lo hacía atractivo. Cada mañana que iba al parque ahí estaba haciendo ejercicio, cuando ocasionalmente nuestras miradas se encontraban el me regalaba una amable sonrisa, lo que con el paso del tiempo comenzó a agradarme. Tímidamente levantaba la mirada para observarlo, algunas veces estaba muy metido en lo suyo, pero otras tantas me estaba observando. En ocasiones cuando levantaba la mirada con el deseo de que me estuviera observando, y comprobaba que así era, rápidamente bajaba la mirada tratando de esconder el gusto que ello me generaba. El solo sonreía, lo que hacia que imaginara que él pensaría que yo era una niña estúpida e inmadura. Esos pensamientos me torturaban por que a decir verdad me agradaba mucho el hecho que alguien posara su mirada en mi. Y no es que fuera un horror de chica. Nunca fui una chica fea, ni poseía un cuerpo feo. En ese tiempo era delgada, cabello lacio un tanto largo, tez clara, nalguitas paradas, tetas pequeñas. Algo que me gustaba mucho de mi rostro era que se me hacían chapitas en las mejillas, así como un pequeño lunar que tenía en la parte superior derecha del labio. Con el pasó del tiempo me lo llegué a encontrar en la tienda. Cada que lo encontraba me saludaba amablemente con una sonrisa, y ocasionalmente me preguntaba por mi perro. Descubrí que vivía a media cuadra de mi casa en un edificio.

Fue en tercero de secundaria cuando tuve mi primer novio. Él era un chico que jamás escondió su deseo de cogerme, por que cada vez que me besaba me abrazaba y bajaba lentamente sus manos para ponerlas en mis nalgas, lo que no era de todo mi agrado, ya que lo hacía en la calle a la vista de todo mundo. Pero por otra parte el hecho de que pusiera sus manos en mis nalgas me erizaba la piel, me excitaba, pero al mismo tiempo me generaba cierta culpa. No me emocionaba mucho el chico, de hecho no sentía nada por él. Solo era tener novio para tratar de encajar con los demás, y la sensación que me generaba fajar con él.

En una ocasión, fueron los XV años de una compañera de mi salón, por lo que invitó a todo el salón a la fiesta. Le pedí permiso a mis padres y estos me lo dieron con la condición de que llegara a las 12 de la noche. Mi padre me advirtió que de no llegar a esa hora le pondrían seguro a la puerta y no me dejarían entrar para que aprendiera lo que era estar fuera de casa. Yo les aseguré que llegaría a la hora que ellos me dijeron. La fiesta, como la mayoría de las fiestas de XV años, estaba en su apogeo a las 12 de la noche, por lo que al darme cuenta de la hora, ya habían pasado media hora más de la que me habían dicho mis padres. Salí corriendo de la fiesta para tomar un taxi. Durante el trayecto se soltó la lluvia que parecía una tormenta. Al llegar a mi casa bajé corriendo empapándome toda para comprobar que mi padre había cumplido su palabra; le había colocado el seguro a la puerta, por lo que llena de miedo me quedé afuera bajo la lluvia tocando para que salieran a abrirme, pero nadie salió. Completamente mojada de pies a cabeza, caminé buscando donde poder resguardarme de la lluvia. Me coloqué bajo la entrada de una casa pensando que haría. Caminé en dirección al parque llena de angustia, cuando vi un edificio y me metí. Me senté en las escaleras muerta de frío y miedo, con una angustia terrible y con una soledad enorme. No puede evitar comenzar a llorar, me sentía completamente indefensa, con miedo a que me pasara algo. Sentía como mi cuerpo comenzaba a entumirse por el frío. No podía creer que mi padre me hubiera dejado fuera de casa. Había decidido pasar la noche en las escaleras de ese edificio cuando escuche pasos subiendo las escaleras. No quise levantar la mirada por miedo. La persona pasó y solo pude ver sus tenis mojados. Subió saludando:

- Buenas noches.

La voz se me hizo conocida y levanté la mirada. Era el hombre del parque, quien también venía empapado. Me miro con sorpresa y preguntó:

- Que haces aquí. Te puedo ayudar en algo?

Solo me solté a llorar. Él bajó y se sentó a mi lado.

- Dime, que tienes, que te pasa, te han hecho algo?

Solo moví la cabeza de manera negativa, no podía hablar por el llanto. Sin darme cuenta me recargue en él. Rodeándome con su brazo amablemente me cubrió para dejarme llorar. Sentí una protección que me dio la confianza para desahogarme. Cuando me calmé le expliqué lo que había sucedido.

- Y que piensas hacer? Me preguntó.
- No lo se. Había pensado pasar la noche aquí en la escaleras. Le contesté entre sollozos.
- No, como crees? Te vas a congelar aquí. Me dijo sorprendido.
- Es que no tengo a donde ir.
- Mira, no me lo tomes a mal. Yo vivo en el tercer piso, si gustas, te puedes quedar en mi casa y mañana temprano te vas a la tuya. Me dijo.

Yo estaba tan desesperada que inmediatamente le dije que si. Ambos nos levantamos y subimos a su departamento. Al entrar pude sentir un acogedor calor. Él sacó unas toallas para secarnos.

- Te sugiero que te metas a bañar con agua caliente por que de lo contrario te puedes enfermar. Me dijo amablemente.
- No, como crees. No tengo ropa seca. Le contesté.
- No te preocupes, te puedo prestar una playera para que te la pongas para dormir, estoy seguro que te quedara como camisón.

Él era alto, fornido, tez morena clara, no mal parecido. Pero como dije antes, era muy atractivo.

- Piénsalo en lo que yo me meto a bañar.

Se metió a la regadera mientras yo me quedé observando su departamento que era muy lindo. Bastante acogedor y decorado con muy buen gusto. La luz tenue de la lámpara de la sala la hacia mucho más cálida. Me metí a su habitación para quitarme la ropa mojada. Me senté en la enorme cama King Size. La habitación tenía un agradable aroma que invitaba a no salir de ahí. Me desnudé por completo y me cubrí con la toalla. Cuando él salió de la regadera me encontró en su cuarto.

- Báñate en lo que meto tu ropa a la secadora y preparo algo de cenar.

Su amabilidad, me agradaba muchísimo. Me sentía tomada en cuenta, respetada, me hacia sentir muy segura. Cuando salí de bañarme sequé mi cuerpo y me puse la playera que él me había prestado. Estaba completamente desnuda bajo la playera, eso me daba una sensación de libertad que me hacía sentir muy bien. Cuando salí del baño, él ya había preparado sincronizadas y té helado para cenar. Mientras cenábamos charlábamos de mil y un cosas. Hablamos de mi perro, de mi escuela, de mis padres, de su soltería, de su carrera (era medico), de cine. La charla era muy amena. Por primera vez me sentí con la suficiente seguridad para hablar con alguien. Con el tiempo me di cuenta que lo que me hizo sentir segura fue la manera en la que él me trató en ese momento; respetaba mi manera de ver las cosas, me escuchaba, ponía atención en lo que le decía, no me descalificaba. Un encanto de hombre. Serían como las 3 de la mad**gada cuando dijo:

- Bueno, vamos a dormirnos por que mañana nos tenemos que levantar temprano para que te vayas a tu casa.
- Ok.
- Tu duérmete en mi habitación y yo me duermo en el sillón. Sugirió.
- No, como crees? Le conteste.
- Prefieres dormirte tu en el sillón y yo en la cama? Preguntó.

Me quedé pensativa. La verdad es que sentía mucho miedo y me sentía muy sola. Deseaba que me dijera que ambos nos durmiéramos en la misma cama. Él parecía leer mis pensamientos por que inmediatamente me dijo:

- Si lo prefieres ambos podemos dormir en la misma cama, es muy grande.
- Si. Conteste inmediatamente.

Nos dirigimos al dormitorio donde la luz de las lámparas de los burós que estaban a los lados le daba un toque acogedor a la habitación. Nunca antes había estado con un hombre y mucho menos dormir con él. No sentía ningún tipo de nerviosismo, no me sentía incomoda, sino por el contrario sentía una ligera emoción en mi pecho por estar con alguien que me hacia sentir bien. Nos acostamos y apagamos la luz de las lámparas. Nos acostamos de lado uno frente al otro guardando una prudente distancia.

- Que tengas una buena noche y que descanses. Dijo en voz baja con su clásico tono amable.
- Gracias, igualmente. Conteste también en voz baja.

Me quedé acostada con los ojos abiertos. Cuando mis ojos se acostumbraron a la obscuridad, podía mirarlo con los ojos cerrados, escuchaba su tranquila respiración. Sentí en ese momento una gran emoción de estar frente a un hombre que no trataba en ningún momento de propasarse conmigo, pero al mismo tiempo un enorme deseo de que lo hiciera. Por lo que, rompiendo el silencio de la noche me atreví a hablarle.

- Oye.
- Dime.
- Muchas gracias por todo lo que has hecho por mi. Créeme que estoy muy agradecida por eso. Dije con la mayor sinceridad que me era posible.
- De nada. Solo hago lo que tu hubieras hecho por mi quizá si yo estuviera en una situación similar.
- En verdad crees que lo hubiera hecho? Pregunté.
- No lo se, imagino que si.
- Quizá no lo hubiera hecho. Dije apenada.
- Quizá antes de esto no lo hubieras hecho por que eres joven y un poco desconfiada. Pero creo que si ahora sucediera; si lo harías. Dijo con mucha seguridad.

No aguanté más y me acerque a abrazarlo. Él abrió los brazos y me abrazo con mucha ternura mientras yo lo abrazaba con todas mis fuerzas.


- Gracias, muchas gracias por ser así conmigo. Le dije entre lagrimas.
- De nada.
- Por favor no me sueltes, quiero quedarme así toda la noche contigo. No me sueltes por favor. Le supliqué.
- Ok, esta bien, esta bien, tranquila, no pasa nada. Decía susurrándome al oído.

Saqué mi cara de su hombro y sin darme cuenta puse mis labios sobre los suyos. Él se quedó sin hacer nada, quizá con miedo a que eso tuviera algún tipo de consecuencia legal por ser menor de edad.

- No te gusta? Pregunté.
- No, no es eso, si no que no se si sea buena idea. Contestó un poco nervioso.
- No te preocupes, nadie va a saberlo. Al igual que tu, no quiero que esto salga de aquí. Aseguré.

Ahora fue él quien tomándome de la nuca me acercó para darme un tierno beso que yo correspondí abriendo mi boca para dejar que su lengua entrara en mi. Con la misma ternura mordió suavemente mi labio inferior. Nadie me había besado de esa manera, me dejé llevar por sus besos. No seguimos besando jugando con nuestras lenguas mientras el me acariciaba las piernas suavemente de arriba hacia abajo con la yema de sus dedos. Lentamente comenzó a subir su mano hacia mis nalgas, Cuando su mano se posó en mis paradas nalgas adolescentes apretándolas ligeramente sentí como mi pepita comenzó a mojarse. Sentía como palpitaba abriéndose y cerrándose como deseando que algo calmara esa inquietud. Él giró para que yo quedara montado sobre él. Instintivamente comencé a mover mis caderas de atrás hacia delante frotando mi panochita sobre él quien vestía un short y playera de lana. Podía sentir como su pito ya estaba bien parado. Mientras me movía, él me subió la playera para quitármela y dejarme completamente desnuda ante él. Lo jalé para sentarlo y poderle quitar la playera. Cuando se la quité nos quedamos así; el sentado mientras yo lo montaba frotando mi conchita en su parado pito que parecía querer salir del short. Lo abrazaba con fuerza, quería sentir su piel tocando la mía, eso me excitó muchísimo, fue delicioso como mis pezones rozaban su marcado torso. Mientras nos besábamos él acariciaba mi espalda haciendo que me pusiera a mil de caliente. Me hizo para atrás para besar mi cuello e ir bajando lentamente para meter una de mis pequeñas bubis en su boca. Eso hizo que suspirara. Lo hacia despacio, mientras con su lengua hacia círculos en mi pezón que inmediatamente se puso duro, repitiendo la operación con mi otra teta. Estaba sumamente caliente, con la respiración agitada, a punto de enloquecer. En la misma posición comencé a querer bajarle el short lo cual era imposible por estar sentando y yo encima de él. Me pidió que me bajara para quitárselo. Completamente desnudo me volvió a montar sobre él en la misma posición. Rodee con mis brazos su cuello y lo besé desesperada metiendo mi lengua en su boca. Tomándome de las caderas me acercó hacia él quedando mi pepa pegada a su parado pito. Jamás olvidaré esa sensación. Tomando mis nalgas comenzó a frotarme contra su pito. Mis labios vaginales eran acariciados al igual que mi clítoris por ese duro palo lleno de venas que me hizo gemir mientras tenía el primer orgasmo de mi vida. Aún jadeando me acostó boca arriba para quedar acostada con las piernas abiertas mientras él se encimaba en mi.

- Quiero ser tuya, quiero que tu seas el primer hombre en mi vida. Le dije
- Nunca los has hecho? Pregunto.
- No, nunca, pero quiero hacerlo contigo. Le dije sumamente caliente.
- No mi amor, quizá no sea buena idea. Me dijo.
- Por que no? Ándale, por favor métemela, te quiero sentir dentro de mi. Le pedía.

Ahí estaba suplicándole a ese hombre que me cogiera, que me hiciera mujer. Estaba dispuesta a todo con él.

- Mejor vamos a seguir jugando un poco. Me dijo.

Separó nuevamente mis piernas para posar su parado pito sobre mi papayita, la cual jamás había afeitado y estaba llena de vellos lacios mismos que ya estaban empapados de mis jugos por lo caliente que estaba. Con todo su tronco comenzó frotarlo de arriba hacia abajo sobre mi panocha haciendo movimientos pélvico. Me tenía con todas las piernas abiertas masturbándome con su pito.

- Ahhhhh que rico mi amor. Por favor métela. Le suplicaba.
- Disfruta esto chiquita. Me decía entre jadeos.

Yo hacia movimientos pélvicos también de arriba hacia abajo para ver si en un descuido ensartaba su pito en mi. Mi respiración nuevamente comenzó a agitarse, regresando esa sensación de escalofrío en la espalda. Antes de estallar nuevamente, él se despego de mi cuerpo y me tomo por debajo de mis nalgas para levantarme y llevarse mi panocha a la boca. Que rica experiencia estaba viviendo. Me dio mi primera mamada de panocha mientras yo tenía mi primer orgasmos en la boca de alguien. Estire mis piernas al máximo mientras parecía que me vaciaba en su boca. Grite de placer, mientras el seguía atendiendo mi clítoris con su lengua hasta el punto en que pensé que perdería el conocimiento.

- Ya por favor, para, para por favor. Le pedí.

Me soltó y mi cuerpo cayo sin fuerza en la cama. Estaba sin poder dar crédito a lo que estaba pasando. Hasta hace un par de horas estaba en una fiesta de quince años bailando con chicos de mi edad, divirtiéndome como la adolescente que era. Y en ese momento estaba en el departamento de un hombre mayor disfrutando de algo que hasta ese momento desconocía y que me estaba encantando.

Nos recostamos en la cama. Él me abrazo amorosamente y me besó con la misma ternura. Tenía su verga bien parada, él no había terminado aún. Tome ese hermoso miembro que era como de unos 17 cm. Un poco grueso y si prepucio. Con una gorda cabeza que brillaba por la miel que salía de su rayita. Con mi mano comencé a masturbarlo mientras le decía:

- De verdad no quieres metérmela?

Imagino que él pensó que una oportunidad de ese tipo difícilmente se le volvería a presentar. Me comenzó a besar de nueva cuenta mientras acariciaba mis nalgas. Con su dedos empezó a acariciar la rayita entre mis nalgas, eso me encendió otra vez. Fue bajando con su dedo hasta tocar mi culito con él. La sensación me recordó cuando siendo una niña mi madre me introducía supositorios cuando en ocasiones enfermaba. Que sensación tan más deliciosa. Me coloco boca abajo y comenzó a echarme encima aceite para bebé. Con sus manos inicio un masaje en mis nalgas metiendo sus dedos entre ellas acariciando mi ano que al igual que mi panochita palpitaban pidiendo pito. Todas mis nalgas estaban llenas de aceite, por lo que metió su parada verga entre ellas y comenzó a hacerse una chaqueta en mis nalgas. Sentía como mi ano se dilataba por la fricción de ese palo. Las caricias en mi culito me calentaron nuevamente que insistí:

- Por favor, métemela.

Él parecía no querer meterse en problemas debido a mi edad. Pero créanme que jamás por mi cabeza pasó contarle a alguien lo que estaba sucediendo en esa habitación. Como él parecía no hacerme caso y seguía frotando su verga entre mis nalgas, estiré mi mano para tomar su pito y apuntarlo a la entrada de mi colita. Él quiso protestar pero le suplique:

- Por favor, solo un poco, te quiero sentir dentro de mi.
- No. Decía con voz entrecortada.
- Métemela por atrás si el problema es mi virginidad.

Tenía la punta de su verga recargada en mi ano. Levante lentamente mis nalgas para ensartarme en ese duro pito que me tenía ardiendo de caliente, pero el excesivo aceite hacia que se resbalara de mis manos haciendo imposible la maniobra.

- Déjame hacerlo a mi. Me pidió.


Me puso de lado y se colocó detrás mío en posición de cucharita, con una mano levanto mi pierna, mientras que con la otra apuntó su verga en la entrada de mi culo. Lentamente empujo y sentí como mi ano se estiró para dejar pasar ese duro pito dentro de mi intestino. Que sensación tan más deliciosa, no me dolió absolutamente nada. Fue quizá lo caliente que estaba que mi colita se había dilatado lo suficiente que sentía centímetro a centímetro como su verga iba invadiendo mi interior sin dolor alguno. Solo un cosquilleo en mi cuerpo hacia que la experiencia fuera placentera. Se quedo un momento sin moverse para dar paso a los movimientos de mete y saca que hacían que mi respiración se agitara. Podía escuchar el sonido cada vez que entraba y salía su verga de mi culo. El comenzó a acelerar sus movimientos, lo que me provocaba un inmenso placer.


- Te gusta mi vida? Me preguntó.
- Si mi amor, es muy rico, me gusta mucho. Contesté entre jadeos.
- Quieres que siga haciéndolo?
- Si mi vida, sigue así por favor. Le suplique entre pujidos.

Giró para quedar abajo y yo encima de él dándole la espalda sin siquiera sacarme su verga del culo. Juntó mis piernas y las rodeó con sus brazos para apoyarse y comenzar a bombearme fuertemente. Sentí nuevamente esa deliciosa sensación que anuncia un rico orgasmo. Me vine tan fuerte al mismo tiempo que sentía como su verga se inflamaba dentro de mi para dar paso a un calor que invadió mi recto. Se estaba viendo en mi culito. Era la primera venida que recibía en mi vida. Empujaba fuertemente como queriendo exprimir hasta la ultima gota de leche dentro de mi. Exhausto me soltó las piernas y quede tendida sobre él aun con su verga dentro. Ambos respirábamos agitadamente. Poco a poco su verga fue perdiendo su dureza y salió de mi ano lentamente. Sentí como su leche comenzó a escurrir de mi culo. Una vez repuestos el se levantó al baño para lavar su verga. Cuando regreso me preguntó:

- No quieres ir a limpiarte?

Me levante y fui al baño para sentarme en la taza y sacar toda la leche que me había aventado dentro. Era bastante. Me limpié y en el papel quedaron restos de leche con excremento. Probablemente lo había manchado. Eso me apeno un poco. Cuando regresé a la habitación ahí estaba acostado desnudo sobre la cama. Estiro su mano invitándome a acostarme a su lado. Sin pensarlo fui y me recosté en su pecho mientras el me acariciaba mi espalda de una manera muy tierna. Me sentí inmensamente feliz de que estuviéramos abrazados como si fuéramos viejos amantes. En ese momento no pensé en nada más que no fuera en él y en lo perfecto que era ese momento. Platicamos de muchas cosas abrazados bajos las sabanas. Por primera vez me sentí mujer. Sabía que algo había cambiado para siempre en mi vida, había abierto una nueva puerta que me llevaba a un mundo de placer. Quería quedarme ahí con él para siempre.

Comenzamos a besarnos de nueva cuenta. Con mucho mayor confianza jugaba con sus lengua dentro de mi boca. El besaba mi cuello lentamente lo que me calentó de inmediato. Me acostó boca arriba y comenzó a besar todo mi cuerpo. Abrió mis piernas para comenzar a darme nuevamente una rica mamada de panocha. Con sus dedos abría mis labios vaginales para acariciar con su lengua mi clítoris, caricia que hacia que me arqueara del placer. Encendió las luces de las lámparas del buró.

- Quiero ver tu himen. Me dijo.
- Dudas que sea virgen? Le pregunte.
- No, no es eso, solo es un deseo de mirarlo.

Abrió mis labios y se quedo viendo dentro de mi.

- Es hermoso. Me dijo.
- Es tuyo si así lo deseas. Le conteste con mucha seguridad.

Con su lengua acaricio mi himen que deseaba ser roto por ese hombre que con una simple sonrisa y su amabilidad había logrado lo que muchos chicos con insistencias y suplicas no habían logrado.

- Que hermosa panochita tienes. Es deliciosa. Me dijo amorosamente.
- Cómela toda, es solo tuya. Le dije.

Siguió mamando hasta que nuevamente me arranco un orgasmo tan intenso como los anteriores. Entre gritos y gemidos le dije que lo amaba. Una vez repuesta, ahora fui yo quien lo acostó boca arriba. Besé su fornido torso, pasando mi lengua por sus pezones, bajando lentamente por sus piernas hasta llegar a sus ingles. Nunca le había mamado la verga a alguien, pero en ese momento al ver nuevamente su pito bien parado me excite demasiado que no lo pensé tanto y me lo metí a la boca. Él suspiro mientras comenzaba a succionarlo de arriba hacia abajo.

- Ahhhhh… que rico mi amor, sigue así. Solo hazlo con tu lengua y labios. Me pedía.

Yo seguía las instrucciones que me iba dando. Sentía como su palo palpitaba dentro de mi boca. Un sabor salado pero agradable invadía mi boca.

- Ven, también quiero mamarte. Me pidió.

Me montó sobre su cara mientras yo quedé frente a su verga para hacer lo que después supe era un 69. Que delicia fue en ese momento mamar mientras era mamada. Una sensación indescriptible. Me encontraba completamente extasiada. Me separé de él y me di la vuelta para montarme sobre su pito. Nuevamente comencé a frotar mi conchita en el tronco de su verga haciendo movimientos pélvicos de atrás hacia delante.

- Por favor, no te muevas ni hagas nada. Le pedí.

Tome su verga y la apunte a la entrada de mi panocha que ya estaba nuevamente escurriendo de lo caliente que estaba.

- Estas segura que lo quieres hacer? Me preguntó.

Como respuesta me senté lentamente en su verga que rompió limpiamente lo que muchos llaman prueba de pureza. Sentí como su verga invadió por completo mi empapada panocha que no sintió dolor alguno como tantas veces había leído y escuchado. Me quedé quieta un instante sin moverme. Él me tomo de mis caderas y comenzó a subirme y a bajarme lentamente para que acariciara su verga con mis paredes vaginales, o lo que es lo mismo; para que él acariciara mis paredes vaginales con su verga. Nunca pensé que eso fuera coger. Siempre tuve el prejuicio de que era doloroso y desagradable. Por el contrario, era la sensación más placentera que había experimentado hasta ese momento. Comencé a darme de sentones en su verga cada vez más fuerte lo que provocó que me comenzara a venir nuevamente. Hasta ese momento ya había perdido la cuenta de las veces que me había venido durante la noche. Nos giramos quedando yo debajo de él, colocó mis piernas en sus hombros y comenzó a bombearme lentamente haciéndome vibrar a cada embestida que me daba. Sacó su verga y me volteo en posición de perrito. Acaricio mi pepita con su lengua para lubricarla más. Lentamente fue metiendo su pito hasta que lo sentí llegar al estomago. Tomando mis caderas comenzó a moverme de atrás hacia delante mientras yo gemía de placer.

- Ahhhhh… así, así, así, así… Repetía a cada metida. Mientras él acariciaba mi espalda.

Tomándome de los hombros me levantó para quedar los dos hincados, él detrás de mí bombeándome deliciosamente mientras acariciaba mis tetas con una mano, mientras con la otra masajeaba mi clítoris, lo que hizo que nuevamente me viniera entre gritos y palabras de amor de mi hacia él. Me jaló hacía la orilla de la cama para quedar solo acostada en mi espalda mientras mis nalgas quedaban volando y quedar sostenidas por mis piernas abiertas sobre la parte lateral de su brazos. Me dejo ir su verga nuevamente con movimientos de afuera hacia adentro. Por momentos se detenía para dejarme su verga dentro y hacer movimientos de cadera en circulo. Me sentía completamente llena en todos los aspectos. Me pidió que lo tomara de su cuello y así lo hice. Rodeé su cuellos con mis brazos y me levantó de la cama. Parado mientras yo quedaba con las piernas abiertas a merced de su verga que entraba y salía de mi, me tomó de las nalgas para subirme y bajarme de su chile provocándome otro orgasmo sensacional. Él comenzó a acelerar sus movimientos, su respiración y gemidos anunciaron que estaba punto de terminar. Y así fue, entre gritos de los dos aventó su semen dentro de mi haciéndome gritar de placer. Lentamente me acostó en la cama y ambos quedamos exhaustos tendidos en ella. Ya eran las 6 de la mañana, habíamos estado toda la noche cogiendo. Nos quedamos acostados abrazados viendo como el amanecer iluminaba la habitación. Fue verdaderamente hermoso para mi. Nos levantamos y nos metimos a bañar donde tiernamente me lavo mi cuerpo y yo el suyo.

Nos despedimos entre besos y palabras hermosas. Acordando repetir la noche en otra ocasión. Nos dimos nuestros celular y nuestro correo electrónico. Me fui a mi casa sin el menor miedo, me sentía muy segura de mi misma. Al llegar a casa, mi padre furioso arremetió contra mi a golpes. Créanme que no me importó en lo más mínimo, por que gracias a él esa noche me había convertido en mujer lo cual hasta el día de hoy le agradezco. Que paradójico que mi padre queriendo evitar algo fue quien me lanzo a descubrir lo que tanto miedo tenía él que descubriera.

Me castigaron un mes sin salir, solo por las mañanas salía a pasear a mi perro al parque. Ahora lo hacia con mucho más gusto por que existía un nuevo motivo por el cual iba al parque. Cada mañana iba a recibir el regalo de su sonrisa. Durante ese mes de castigo, solo nos comunicamos por celular y por correo electrónico. Cada mañana que lo veía quería correr a sus brazos y nunca separarme de él. Por primera vez experimente lo que era amar a alguien, y estar dispuesta a dar la vida por ese ser amado. Cuando me levantaron el castigo, le decía a mis padres que iba al cine o a la casa de una amiga y me iba a su departamento donde nos entregábamos a las más ricas sesiones de sexo. Él me enseñó todo lo que hasta el día de hoy sé sobre sexo. Me cogió como quiso y por donde quiso, obviamente con mi consentimiento. Siempre fue muy respetuoso conmigo, siempre me dio mi lugar. Ocasionalmente íbamos al cine, cada quien llegaba por su lado y dentro de la oscuridad de la sala nos sentábamos juntos tomados de la mano o abrazados. Una vez que terminaba la función nos separábamos y tomábamos rumbos diferentes. No podíamos mostrarnos en publico por que yo seguía siendo menor de edad. Mis padres jamás aceptarían si quiera que fuéramos amigos. Por lo que nuestra relación siempre fue a escondidas. Así pasaron dos años, donde tanto él como yo acordamos no tener ninguna relación con otras personas. Recuerdo que en nuestro primer aniversario, preparo una deliciosa cena y lleno su departamento de velas. Después de cenar me llevo cargando en sus brazos a la habitación y me hizo el amor como nunca mientras me repetía entre jadeos que me amaba. Fue una de las noches más hermosas de mi vida. Teníamos una relación maravillosa, la cual terminó cuando a él lo transfirieron a un hospital en otro estado lejos de donde yo vivía. No podía irme con él por que eso hubiera generado problemas legales. Nos despedimos con lagrimas en los ojos. Él me dijo que no me buscaría por que ambos debíamos seguir con nuestra vida, que yo debía de encontrar alguien de mi edad. Ocasionalmente le mandaba un e-mail suplicándole que regresara. No recibí respuesta alguna. Entré en una fuerte depresión. No quería comer, ni ir a la escuela. Mis padres se asustaron y me mandaron a terapia. Durante 5 años nos pude establecer relaciones de pareja con alguien, siempre estaba él en mi mente, nadie satisfacía mis necesidades como mi primer amante. Los chicos de mi edad se me hacia muy tontos e inmaduros. Con el tiempo y la terapia fui superando lo sucedido. Hoy tengo 25 años y tengo una relación con un chico de mi edad que al igual que mi primer amante es medico, tenemos una vida sexual plena, y estamos pensando en casarnos. Pero a pesar de haber encontrado una estabilidad emocional, ocasionalmente pienso en ese primer amante que mi hizo descubrir lo hermosa y lo dolorosa que puede ser la vida.
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Posted by HistoriasdeMujeres 3 months ago  |  Categories: Anal, First Time, Taboo  |  Views: 6800  |  
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El mejor amigo de mi papi

El mejor amigo de mi papi
He querido follarlo desde que cumplí diecisiete. O más bien, he querido que me folle desde que cumplí diecisiete.
Sin embargo, me interesé en él mucho antes, supongo… en realidad fue en el momento en que aprendí sobre sexo y todas las cosas estupendas que podía hacer con mi coño. Como tener una polla empujando en él. O dedos. O un consolador.
Siempre he encontrado maneras creativas de saciar mi curiosidad lasciva. Y ahora, a los dieciocho, todavía quiero hacer cosas indecentes con el Sr. Parker, mi necesidad volviéndose más fuerte cada vez que él se pasa por mi casa.
El Sr. Joseph Parker es el mejor amigo de mi padre y un compañero del ejército de hace mucho. Mi papá dimitió a su nombramiento hace años, pero el Sr. Parker había permanecido, haciendo toda la cosa de comando especial. Es todo un macho, como pintura de cara negra y andando a hurtadillas en medio de la noche para matar a tipos malos. Es capaz de sobrevivir únicamente a base de césped e insectos o algo así.
No es guapo para los estándares de hoy… no es un hombre larguirucho en vaqueros ajustados y toda esa cosa andrógina de ahora. Es varonil y simplemente hay algo en él que me hace humedecer cada vez que está a un brazo de distancia, causando que mi cuerpo tiemble con necesitad. Quizás es su cuerpo musculoso y tonificado, sus ojos fundidores-de-alma o su enorme polla (la que fácilmente puedo reconocer cuando viste su traje de deporte). De cualquier manera, quiero saltar sobre sus huesos. De verdad.
Por supuesto el Sr. Parker no está interesado en mí. O al menos pretende que no lo está.
Para él, solo soy la niñita de su mejor amigo. Aunque en los últimos cuatro años he crecido de una figura plana a una mujer joven plenamente desarrollada. Tengo un par de pechos firmes de copa D que adoro acariciar y toquetear cuando me masturbo y un culo bien formado que todas mis amigas envidian. Los chicos siempre quieren agarrar mi trasero, y los pervertidos más viejos no pueden quitar su mirada de él cuando camino cerca. No soy una zorra, pero me gusta tentar. De acuerdo, quizás eso me empuja más cerca a ser un poco zorra, pero soy muy selectiva sobre con quién duermo. No follo a perdedores y siempre he estado interesada en hombres mayores.
¿Qué puedo decir? Son más experimentados en la cama. Hay más en el sexo que sólo clavar tu polla en un agujero húmedo y empujarla adentro y afuera. Ellos saben cómo comer a una mujer apropiadamente, cómo hacer que una ronda de sexo dure hasta bien entrada la noche. A diferencia de algunos chicos que he follado. Unos cuantos empujones y se vienen sobre mí. Ugh. Y el Sr. Parker, el objeto de mi deseo, es el único que parece que no puedo atraer para jugar al trencito dentro de mis bragas.
Pero eso no me detiene de quererlo.
El Sr. Parker se divorció hace un par de años. El chisme es que su esposa lo dejó porque no podía soportar estar sola todo el tiempo. Lo que es pura mierda. El Sr. Parker con frecuencia se ha desplegado a diferentes países en el momento de notificación, pero nunca había dejado a su esposa por más que unos meses. Escuché rumores que Amanda lo engañaba todo el tiempo. La gente habla. Atrapé a mi mamá parloteando a sus amigas por teléfono sobre la manera en que Amanda follaría a cualquier cosa que tuviera una polla. Desde el chico del correo, hasta el sórdido dueño del bar en la Calle King y hasta una stripper con un arnés [1]. No podía entender qué clase de mujer podría querer divorciarse de un hombre como el Sr. Parker. Una perra estúpida, aparentemente.
Me había alegrado en secreto cuando escuché la noticia que Amanda había recibido al Sr. Parker con los papeles del divorcio. Eso me había dado el empujón que necesitaba para seducirlo. No sabía cómo ni cuándo, pero sabía que algún día él sería mío.
Por el último par de meses, le he enviado señales. Papá siempre lo invita a cenar cada domingo si está en el país, o cuando mi papá y sus amigos juegan póker. El Sr. Parker siempre hace lo mejor para ignorarme, pero el hombre está solo. Lo sé. Puedo verlo en sus ojos, carcomiéndolo. Sin embargo, su polla parece estar peleando con su cerebro siempre que dejo caer mis insinuaciones. Retorciéndose y llenándose cuando me inclino demasiado cerca.
Él tiene que pensar que soy intocable. Siento la hija de su amigo y todo eso.
Mi papá no aprueba que me vista como una puta (sus palabras, no las mías). Y no lo necesito. Puedo tener a cualquier hombre, incluso en mi mejor domingo y cubierta de la cabeza a los pies. Acabo de graduarme de una buena escuela Católica y solía vestir el uniforme a cuadros estándar, una falda corta y ajustada, y una blusa blanca. Cuando el Sr. Parker venía a casa durante el día, me cambiaba mi sostén blanco por uno negro y desapuntaba los tres primeros botones de mi camisa, así él podía ver la línea bronceada de mi escote. Siempre alejaba su mirada como si estuviera siendo castigado por una monja invisible.
O si venía en la noche, me cambiaba a un traje de deporte ajustado que perfilaba la forma de mi cuerpo. Especialmente mi culito firme. Me gusta menearlo sugestivamente siempre que miraba en mi dirección. Y él siempre se sonroja.
Pero lo que me gusta incluso más es ver a un hombre adulto gritar. Siempre que cabalgo la dura polla de un hombre y lo tengo bajo mi, sollozando de placer, eso me hace sentir fuerte y poderosa. Como una diosa.
Hace dos semanas, mis padres hablaron sobre enviarme a la Universidad de Brown. Con mis buenas notas y los créditos que había ganado, mi aceptación había sido un golpe letal. Mi mamá y papá asistieron a la escuela hace mucho cuando, conociéndose en primer año, y habían decidido que querían que siguiera sus pasos.
No me importaba. Pero tenía un pequeño asunto sin terminar.
El Sr. Joseph Parker. Quería tenerlo antes de que me fuera a la universidad.
Ya que el Sr. Parker siempre había ignorado mis insinuaciones, había decidido que soy la que iba a hacer el primer movimiento. Lo seduciría si tenía que hacerlo.
Esta tarde, tenía la casa toda para mí.
Mi papá y mamá estaban en un evento de caridad en el club. Termino con la limpieza de mi habitación y me refresco con una ducha, miro afuera de la ventana y reconozco el auto del Sr. Parker aparcado en frente de nuestro garaje. Para mi suerte, el hombre de mis fantasías lascivas está aquí para regresar el cortacésped de mi papá.
En segundos, me pongo un top rosa sobre mi cabeza, sin sostén, bragas blancas, y completo mi outfit con una minifalda a juego. Un rápido cepillado de mi cabello y luego bajo las escaleras, apenas capaz de contener mi excitación, la anticipación elevándose, mi coño poniéndose pesado y doloroso con cada paso.
El Sr. Parker lleva el cortacésped hacia el garaje cuando me ve salir de la puerta de la cocina, dándome una mirada antes de apartar sus ojos.
—Hola, Jessica. ¿Tu papá está en casa?
Me paseo sin prisa, poniendo un balanceo extra en mis caderas. —No. Papá y mamá fueron a Crown Point. No regresarán hasta más tarde.
—Oh, bien. Entonces solo pondré esto aquí. Dile a tu papá que lo limpié y cambié el aceite. Este cortacésped necesita mantenimiento.
—Seguro. Um, Sr. Parker —Hago un puchero, mordisqueo mi labio inferior y juego con el borde de mi falda—. Me pregunto si podría darme una mano.
Ahora me mira, esos ojos cafés oscuros parecen estar llenos de preocupación y un poco de algo más. —¿Cuál es el problema?
—Hice algo estúpido con el fregadero de mi baño. No drenaba, así que usé una percha de alambre para tratar de limpiarlo. La maldita cosa se rompió por la mitad y no puedo usar el fregadero en absoluto. Papá me dijo que lo dejara en paz así él podría arreglarlo mañana. Pero estaba impaciente e hice la cosita más lenta —Enredo mis dedos juntos en frente de mí, lo que solo hace crecer más mi escote para que el Sr. Parker se lo comiera con los ojos—. Ahora la tubería de abajo está goteando. Pensé, quizás, ¿podía arreglarlo? Papá va a tener un ataque cuando averigüe que lo he empeorado.
Su ceja se arquea una fracción. —Niños —murmura—. ¿Cuándo van a escuchar? —Asiente—. Solo agarraré una caja de herramientas de mi camioneta y veré qué puedo hacer.
—Gracias, Sr. Parker. Lo aprecio —Le doy mi sonrisa más grande y que parece inocente.
—Seguro. No hay problema.
Vuelvo a mi cuarto, con el Sr. Parker a remolque, y abro la puerta de mi habitación. Una rápida inclinación de mi cabeza y lo dirijo hacia mi guarida. —Mi baño está por aquí.
El Sr. Parker me pasa y deja su caja de herramientas sobre el piso de baldosas, así puede examinar el fregadero. Mientras está distraído, me inclino contra la puerta, y muy lentamente aprieto el pequeño botón en el pomo para cerrarla y luego me apresuro a unirme a él en el baño. Agachado, abre el gabinete y mira en la oscuridad, sus cejas se juntan.
—No veo nada goteando. —Su tono es acusador.
Me inclino contra el marco de la puerta. —¿Seguro? Deber ser la otra tubería.
Tomó menos de un segundo que él se dé cuenta que me había inventado todo. Agarra su caja de herramientas, su cara oscureciéndose mientras me mira. —Esto no es gracioso, Jess.
Bloqueo su camino, bajo mi voz a un ronroneo seductor. —No, no lo es —Me levanto sobre la punta de mis pies, me inclino hacia adelante y pongo mis labios sobre los suyos, mis brazos deslizándose alrededor de su cuello mientras oprimo mis caderas contra él… haciéndole saber cuánto lo quiero.
El Sr. Parker se aleja, sus manos rodeando mis antebrazos y alejándome más. —Jessie…
—No le diré a nadie. Será nuestro pequeño secreto —Lo beso otra vez, lamo sus labios, saboreando su sabor, el almizcle.
Su cuerpo se tensa en respuesta, su cara se oscurece. —Jess. Esto está mal.
—¿Por qué? ¿Por qué eres el mejor amigo de mi papá?
—Así es. Y eres demasiado joven.
Me acerco más mientras está distraído, empujándome contra su cuerpo. —Silencio. Tengo dieciocho. Simplemente piensa lo bueno que podría ser esto —Froto mis labios sobre los suyos otra vez, mordisqueo su labio inferior y lo trazo con la punta de mi lengua. Libero un brazo de su agarre y deslizo mi mano abajo hacia su entrepierna, el triunfo me llena cuando lo encuentro duro bajo sus vaqueros. Su polla salta contra mi mano al primer toque, y aprieto su erección. Me muero por tenerla golpeando en mi interior.
Deslizo mi lengua en su boca y le doy un beso ávido, dándole tanto como estoy tomando. Saboreo su sabor, canela y clavos con un poco de picante. Varonil.
El Sr. Parker ya no estaba resistiéndose. Me regresa el beso. Tímido al principio, aventurándose en mi boca, con indicios de lengua. Este es el hombre que conozco, tranquilo y de toque suave.
Pero luego el beso cambia. Profundo, fuerte y casi me hace caer sobre mis rodillas. Él es agresivo, demandante, sacando mi deseo mientras sus manos vagan, aprietan y pellizcan.
Joder.
El hombre sabe cómo besar. Empuja su lengua en mi boca mientras yo amaso su erección a través de la pesada tela, mi coño humedeciéndose con cada segundo que pasa. Joder, lo quiero, en mí, sobre mí, detrás de mí. Dios, ni siquiera me importa qué agujeros use.
Su respiración es laboriosa mientras murmura contra mi boca, diciéndome lo mucho que me quiere, su chica sucia, y su polla está tan dura contra mi palma que sé que está diciendo la verdad. Su voz retumba a través de mí, como el gruñido de un gran gato, encendiéndome cada vez más. La respuesta de mi cuerpo es desenfrenada, mis pezones duros, mi coño apretado y los jugos empapando mis bragas.
Gimo cuando él rompe nuestro beso, pero me calmo cuando veo que simplemente está dejando la caja de herramientas sobre el suelo, lo que me da la oportunidad de cerrar la puerta del baño detrás de mí. No hay manera de que vaya a dejarlo escapar ahora.
El Sr. Parker parpadea y se congela por un momento, una mirada de duda destella sobre sus rasgos, haciéndome saber que parecía tener segundos pensamientos. —Jessie…
Salto sobre él antes de que pueda decir otra palabra y envuelvo mis manos alrededor de sus hombros, susurrando contra sus labios. —Será nuestro pequeño secreto. Nadie necesita saberlo. Ahora bésame. Por favor.
Su mirada me perfora y se detiene otro momento antes de hacer lo que pido, darme el mismo beso duro y hambriento como antes. Sus manos vagan por mi espalda, luego agarra mi culo y lo recompenso machacando mi pelvis contra la suya. Su erección se establece fácilmente contra mi montículo, mi coño gritando por ser llenado. Estoy más allá de caliente, estoy jodidamente en llamas.
Quiero que me folle hasta sacarme los sesos. Dos veces.
Lo libero por un momento y lo empujo hasta que está sentado sobre el inodoro. Ahora que he hecho espacio para montar a horcajadas sus muslos, ruego por lo que quiero. —Tócame.
Necesito sus manos sobre mí más de lo que necesito respirar.
Su atención está fijada en mi pecho y no parece que se vaya a moverse pronto. Agarro sus manos, esas manos callosas por el trabajo, y las pongo sobre mis pechos, los pezones empujándolo. El Sr. Parker deja salir un gemido bajo, sus palmas cubriendo mi carne amplia agradablemente. Me aprieta. Gentil y duro, alternando, amasando y jugando. Dándome un poco, pero ni de cerca lo suficiente.
—Quítatelo. Quiero sentirte sobre mi piel —Su voz es profunda, casi gruñendo.
También lo quiero.
Antes de que pueda rogar, saca mi top sobre mi cabeza y su mirada parece quemar cuando me ve por primera vez en topless. Como un adicto que hubiera sido privado por mucho tiempo y de repente le ofrecieran una solución. Acuna mis pechos otra vez, sus dedos rodando y pellizcando mis pezones.
Gimo, el placer disparándose a través de mi cuerpo, estableciéndose alrededor de mi coño. Que se sentía tan malditamente bien y me aprieto contra su erección, el bulto ajustándose contra mi montículo. —Lámelos. Chúpalos. Por favor.
El Sr. Parker baja su cabeza y chupa un pezón en su boca, su lengua tentando, presionando y sus dientes mordisqueando. Tiro mi cabeza hacia atrás y grito. Joder. Su boca. Arqueo mi espalda, mi pecho empujando hacia adelante, mi cuerpo apretado mientras me chupa muy en serio. Está golpeando mi pezón adelante y atrás. Adoro lo que está haciendo, especialmente cuando rodea la punta de mi botón duro. Estoy mojando mis bragas, mi coño deseando. Nunca he estado así de deseosa por ningún otro chico. Solo con él, el Sr. Parker.
Libera uno pezón y se gira hacia el otro. Agarro su cabeza y araño su cuero cabelludo antes de bajar mi cabeza y presionar mi cara contra su cabello, inhalo una bocanada de su esencia. Dios, no puedo tener suficiente de él. Huele a sudor, tierra y su propio almizcle, justo como un hombre de verdad debería. Sus dientes ejercen presión sobre mi pecho, un indicio de dolor escabulléndose a través de mí, y me encojo.
—Sí —digo—. Más. —Mucho más.
Lo hace de nuevo. Más duro esta vez. Juro que casi me causa un orgasmo instantáneo. No creo que pudiera estar más húmeda, querer más, tan lista para follar. Adoro cuando los hombres muerden mis pezones. O marcan mis pechos con sus dientes. Se siente tan territorial. Como un macho alfa marcando a su puta perra. Me estremezco de la cabeza a los pies cuando chupa mi carne profundamente en su boca. Joder. Se siente como si mi columna fuera a derretirse en cualquier momento. Como cera sobre alquitrán caliente. Para el momento en que ha terminado, mis bragas están saturadas con mis jugos.
El Sr. Parker traga y sigo el camino de su manzana de Adán con mi mirada. —Eres tan bonita, Jessica. Una niñita bonita, ¿no? —Aprieta los globos de mi culo.
Me gusta su cumplido. Suena sincero y me estremezco ante el pensamiento de nuestra diferencia de edad, de ser llamada una niñita.
Pasa sus manos sobre mis muslos. Sus manos callosas y de soldado, perfeccionadas por la batalla se sienten ásperas contra mi piel. Continúa su viaje hacia arriba, los dedos tentando la coyuntura de mis muslos. —Dios. Estás mojada.
—Me quemo por ti —Exhalo.
—Hmm —Levanta mi minifalda y desliza sus manos debajo de la seda de mis bragas. Una maldición florece en sus labios—. Tan liso.
—Me gusta liso. Es más limpio, ¿sabes? Sé que a los hombres no les gusta tener pelos en sus bocas.
El Sr. Parker hace un sonido extraño en su garganta, sus ojos se amplían por un momento mientras toma un respiro profundo y ágil.
Rio y me levanto de su regazo antes de tirar de mis bragas por mis piernas. Un destello más tarde y pierdo mi falda también. Un chasquido de mi pie y la pateo de mi tobillo, dejándome desnuda ante el mejor amigo de mi papi. El Sr. Parker agarra mi culo, atrayéndome más cerca. Frota sus labios sobre mi vientre, sus dedos van a mi coño, tentando mis labios más bajos. Me oprimo contra él, volviendo su palma buena y húmeda con mi crema.
—Siéntate sobre el fregadero —Ordena.
Me alejo, más que lista para su boca sobre mí. No he tenido una buena ronda de sexo oral en un rato.
Caigo sobre la esquina del fregadero y abro mis piernas ampliamente. Gime otra vez ante la vista de mi coño. Como le había dicho, me rasuro hasta que queda liso. Separo los labios de mi sexo, exponiéndome hasta que el aire frío toca cada parte de mi lugar secreto, hasta que estuve segura que veía mi pequeño agujero rosa.
Dios. Un pensamiento repentino hace que mi corazón palpite. Si el Sr. Parker fuera tan grande como se sentía, ¿realmente encajaría en mi coño pequeño y apretado? Me gusta un polla grande. Sin mentiras. Me gusta la sensación de ser estirada y llenada. Tengo este enorme vibrador que llamé el Sr. Rosa. Es de 33 cm de largo y me ha hecho chorrear muchas veces si lo atasco y toco mi cerviz, masturbándome profunda y duramente. He tenido muchas horas divertidas con el Sr. Rosa cuando mis padres no estaban en casa. Incluso aunque el Sr. Rosa es divertido, nada vence a una polla real. Es dura, pero flexible al mismo tiempo. Además, adoro cuando los hombres me follan tan profundamente que puedo sentir sus bolas presionando contra mi clítoris. La manera en que su vello púbico pincha la contra piel desnuda y sensitiva que puede hacerme correr y correr.
El Sr. Parker hace un ruido en su garganta. —Rosada y linda —Me dice.
Mi corazón se hincha con orgullo. De acuerdo, mi coño también.
Frota los labios de mi sexo con sus dedos antes de bajar su cabeza y lamerme, su lengua viajando del agujero al clítoris. Dulce Jesús y María. Lo que hizo envía un alto octanaje de lujuria a través de mí. Maúllo como una gatita mientras me come como un profesional.
Sin prisas, realmente tomándose su dulce tiempo como si estuviera saboreando fruta prohibida y madura. Mordisquea, chupa, lame y magulla los labios de mi sexo con sus dientes. Tirando. Pellizcando. Probando. Saboreando y sacando más de mi jugo de mi coño. No me importa. Me gusta un poco de dolor. Su lengua está en todas partes. Sobre mi clítoris. Sobre mi apertura. En mi interior.
Dios.
Estoy delirante. El placer es increíble y enredo mis muslos alrededor de su cabeza mientras me aseguro en la esquina del fregadero con una mano. Me lleva incluso más lejos. No puedo creer que su lengua pueda llegar así de profundo, pero no voy a quejarme. Incrementa su ritmo, dándome todo lo que necesito y estoy elevándome más, el placer derramándose a través de mí. Y solo sigue subiendo, mi cuerpo estremeciéndose con cada respiro, el éxtasis llegando más. Incrementa su ritmo, la lengua trabajándome más duro y dándome más.
—Estoy cerca.
Tararea contra mi clítoris, las vibraciones viajan a través de mí y mis nervios se encienten, empujándome sobre el borde hasta que estoy corriéndome, gritando su nombre. No, no solo su nombre. Su primer nombre sale de mis labios. —¡Joe!
El Sr. Parker gruñe contra mi coño lamido continuando, follándome hasta que me corro una segunda vez, mi cuerpo estremeciéndose y temblando con placer. Lame mi coño, y mis jugos cubren su cara.
—Joe —Sollozo—. Oh, Joe.
Lanza su lengua contra la capucha de mi clítoris. —Te gusta. —Su voz es brusca, sexy y necesitada—. Pequeña zorra sucia.
—Joder sí —Estoy sin respiración, jadeando.
Se inclina hacia adelante, la boca abierta, pero lo detengo. —Quiero chuparte la polla.
El Sr. Parker se congela por un momento, luego se levanta, se desabotona su cinturón. Me deslizo del mostrador y hago sus manos a un lado para ayudar, tirando de sus vaqueros una vez abiertos. Mi boca se hace agua cuando veo que es un tipo de hombre comando [2], su polla balanceándose libre tan pronto sus pantalones están abajo.
Dios.
Es tan grande que imaginé que no puedo esperar a tener mis labios alrededor de su polla. Es gorda, gruesa y larga, la cabeza ligeramente más grande que una ciruela. La bolas del Sr. Parker son grandes, altas y parecen pesadas. Lamo mis labios, imaginando su sabor. Sin dejar pasar otro segundo, lo empujo hacia atrás hasta que está sentado en el inodoro otra vez.
Caigo sobre mis rodillas y no vacilo, tragándolo tanto como puedo, saboreando el primer indicio de almizcle, calor y dulzura salada que emana de su eje. Bajo mí, se sacude y tiembla cuando envuelvo mi mano alrededor de su polla, masajeando su barra caliente mientras chupo la cabeza de su polla como si mi vida dependiera de ello.
—Oh, Jess —Toma mi cabello, y un indicio de dolor punzante se funde a través de mí—. No sabía que eras tan buena. Chupa mi polla —Flexiona sus caderas, empujando su excitación más profundamente en mi boca.
Lo libero con un ruidoso pop. —He tenido mucha práctica.
Me da una mirada sorprendida, sus ojos ampliándose, su boca abriéndose. Quizás no creía que yo era sexualmente activa. Incluso aunque soy una zorra de corazón, he engañado a muchas personas con mi fachada fría y angelical.
Lo chupo otra vez, queriendo impresionarlo con mis habilidades duramente ganadas. Pronto está jadeando, ambas manos metidas en mi cabello. Su respiración jadeante se ha reducido a una cadena de cortas arcadas mientras muevo mi cabeza de arriba abajo. Amaso sus bolas mientras hundo mi boca hasta que la punta de su polla empuja la parte posterior de mi garganta. Estoy enojada porque no puedo tomarlo todo. Es tan largo y grueso que realmente tengo que estirarme para acomodar su alarmante circunferencia.
—Eso es, chupa mi polla gruesa —Sus dedos se entierran más profundo, como si me urgiera a tomarlo todo, darle más—. Tómala.
El pecho del Sr. Parker se levanta, la expresión en su cara se endurece como si estuviera tratando duramente de evitar su orgasmo. Y no quiero que se corra todavía. No antes de que haya tenido su polla en el interior de mi coño. Profundo. Duro. Una y otra vez.
Le doy una última chupada larga y saco la polla de mi boca y me levanto para montarlo a horcajadas. Debe haber adivinado qué va a pasar, el tiempo, la expresión de querer en su cara se vuelve preocupación.
Las dudas probablemente están arrastrándose de nuevo a su mente, así que lo calmo. —Te quiero. Te he querido por mucho tiempo. Profundo y duro en mi coño. No quiero irme de casa antes de que te tenga.
—¿Irte de casa? —Su voz es profunda y ronca, su polla todavía dura entre mis muslos.
—Voy a Brown este otoño —Giro mis caderas, lanzando un gemido desde el interior de su pecho, y mi coño se contrae, doliendo por tenerlo en mí.
Su expresión cambia de atormentada a compresión nueva ante por qué repentinamente estaba atrapándolo en mi baño. Una brizna de angustia destella sobre su cara, pero se recupera rápidamente, mordiendo su labio inferior cuando giro mis caderas.
Sin que otro momento pase, aplasto mi boca contra la suya, besándolo. —Te necesito. Fóllame, por favor —Arqueo mi espalda y me muevo hasta que puedo estrujar los labios de mi coño sobre sus bolas, luego lentamente avanzo poco a poco a lo largo de su eje duro y venoso hasta que alcanzo la punta, muevo mis caderas y baño la cabeza de su verga con mi crema. Vuelvo a bajar hasta sus bolas, poniéndolo húmedo y lustrado con mis jugos. Como un éclair [3]. Pero me gusta este más que cualquiera de una pastelería.
El Sr. Parker sisea en placer, su cabeza cayendo hacia atrás y sus ojos se cierran.
En la vida cotidiana es un hombre tranquilo. Calmado. Culturizado.
En el sexo, es exigente con un toque de suciedad. Y adoro las charlas lascivas. También me alaba, alternando entre decirme lo bien que lo hago sentir y lo sucia que debo ser por tentarlo. Saboreo cada palabra. Especialmente cuando agarro su eje y lo posiciono en mi entrada. Una mirada soñadora se filtra en sus ojos mientras bajo sobre él, tomándolo centímetro a centímetro grueso.
Mi coño se resiste primero, pero estoy determinada a tomarlo todo. La cabeza se su polla me abre, un dolor inicial se instala seguido por la sensación de estiramiento que podría llegar a ser aditiva. Jadeo cuando mi coño traga la punta. Inhalo una bocanada de aire, luego me hundo hasta que mi coño engulle su erección completa y rígida. Nuestros pubis se besan, sus bolas rozan mi perineo y me deleito con la sensación de ser llenada por él.
Duro. Caliente. Palpitante. Jodida polla gruesa en mi coño.
Le sonrío y lo beso, mis labios solo rozando los suyos. Lo tengo. Finalmente lo tengo después de todos estos años de deseo.
Me muevo arriba y abajo, follándolo con empujes lentos y superficiales. Mis tetas rebotan mientras me muevo, mi respiración jadeante acoplándose con la de él.
—Toma mi polla, Jessie. Tómala toda.
Me empujo hacia abajo y él gime mientras yo grito. Nos besamos mientras lo cabalgo como una vaquera. Y él es un semental muy bueno.
El Sr. Parker agarra mi culo y tira de mí hacia abajo con fuerza, forzándome a gritar. Gira sus caderas como si estuviera buscando una penetración más profunda, pero ya estoy tan llena, estirada y marcada más allá de mi imaginación. Oh, joder cuánto adoro esto. Mi clítoris se frota contra la piel por encima de su polla, su vello púbico tentando mis labios desnudos, su verga tocando todos los lugares secretos en mi coño.
El Sr. Parker jadea. —Necesitamos más espacio. Vamos a tu cama. Quiero follar este coño más duro.
Empujo hacia abajo una última vez, mi espalda arqueada y mis manos aseguradas sobre sus rodillas detrás de mí. No quiero dejarlo ir. Me levanto un poco y luego empujo hacia abajo de nuevo, girando mis caderas, sacando un poco de placer antes de que ceda. —Bien. Lo que sea que hagas, no pares. Te sientes tan jodidamente bien.
—Te sientes tan malditamente bien también, nena.
Nena. Me gusta la manera en que me llamó “nena”. Tan intimo como si fuera su amante verdadera. Disfruto las charlas lascivas, pero también me gusta esto. Él ya no piensa que solo soy una niñita. Enreda sus brazos alrededor de mi cintura y usa su otra mano para soportar mi peso, agarrando mi culo. Me levanta, abre la puerta del baño, y camina hacia la cama. Mi coño se aprieta alrededor de su polla con cada paso, aumentando mi placer. Mi espalda golpea el colchón y luego él está sobre mí, su polla todavía profunda dentro de mi coño. Aprieto mis músculos, presionando su barra dura.
Gime, apretando los dientes, seguido por un rugido profundo que puedo sentir de la cabeza a los pies. —Chica traviesa —Empuja más profundo, golpeando sus caderas y meciéndose, mis tetas se mueven.
—Azótame —Gimo, joder, se siente tan bien—. Soy una chica traviesa y merezco una azotaina —Lo quiero, lo anhelo, tomaré lo que sea que me dé.
El Sr. Parker palmea mi muslo exterior, el delicioso picor se desliza a través de mí y mi coño se pone incluso más húmedo alrededor de su polla dentro de un latido de corazón. Parece notar que su polla está bañada en mi crema.
—Dios. Te gusta ser azotada, ¿no? Zorra sucia.
—Sí. Me gusta una buena azotada. O dos —Aprieto mis piernas alrededor de él, su eje todavía duro en mi coño.
Balancea su brazo y su palma conecta con mi culo, una palmada dura y firme. Tiro mi cabeza hacia atrás, desnudando mi garganta, retorciéndome, mi cuerpo temblando de placer y dolor y no puedo contener mi sollozo. —Oh, Joe. Eso se siente tan bien. Fóllame, fóllame ahora.
Golpea su polla dentro de mí y me folla como un hombre demente, su verga golpeando mis terminaciones nerviosas sensitivas, mi punto G cantando y tentándome más cerca a correrme.
—Fóllamefóllamefóllame…. —No puedo dejar de rogar, de querer.
—Tómala —Palmada—. Toma mi jodida polla —Está empujándome, cada vez más y más rápido.
Adoro su polla gruesa y gorda. Y adoro ser follada por un hombre que sabe cómo usar su verga.
Agarro su cara y lo beso. Él envuelve mi cabello alrededor de su mano, halándolo mientras me besa con el mismo calor. Su lengua empuja entre mis labios, follando mi boca de la misma manera que está follando mi coño. Mi cuerpo se aprieta como un arco, mis manos vagando a sus hombros, mis dedos enterrándose en su piel mientras sus jodidos empellones me empujan a correrme, el placer levantándose duro y rápido. Ya no puedo controlar mi cuerpo, mi coño se aprieta alrededor de él como si rogara por que fuera más profundo, más duro.
Mi orgasmo me golpea en el interior, siguiendo su camino a través de mis venas y robándome la respiración. Me corro tan duro que chorreo, mis jugos bañando su verga y él nota otro de mis talentos de chica, jurando en asombro.
—Eres una de esas…
—Sólo si alguien me folla bien y duro —Entierro mis uñas en sus hombros, inclinando mis caderas para encontrar su próximo empuje—. Y tú me follas más que bien con esa polla gruesa.
—Nena —Golpea en mi interior—. Mi jodido coño. Tan mojado por mí —Me besa mientras empieza a machacar su polla en mí con empujes firmes.
—Oh —Maúllo otra vez. Acaba de hacerme correr, pero quiero hacerlo otra vez. Si sigue así, voy a tener que cambiar mis sábanas. Lamo sus labios, chupo su carne inferior—. Eres sorprendente. He soñado con esto por mucho tiempo. Tenerte así. Dentro de mí.
Sus ojos cafés se establecen en los míos, una expresión de incredulidad destellando sobre su cara. —¿De verdad?
—Joder sí. ¿Tú no?
—Yo… —Traga saliva con fuerza—. Pensé en ello. Pero no podía entretenerme con mi fantasía. Eres prohibida.
—¿Quién dice?
—Tu papá…
Lo detengo. No quiero escuchar sobre mi papá mientras estoy llena con su verga. —Todos tienen un secreto, y este será el nuestro —Engullo su polla con mi coño otra vez.
Él gime en respuesta. Parece que no puede ser objeto de burla. —Mierda. Nena. Joder.
Me meneo bajo él. —Haz que me corra. Me follas tan bien.
El Sr. Parker gruñe y me martillea con su polla, rápido y duro, hasta que estoy viendo mariposas pululando en mi visión. Dios. Es el cielo. Murmuro, urgiéndolo a que me tome más duro hasta que un violento clímax me acecha. Floto en una tierra de locura mientras él sigue ritmo, retirándose y avanzando, llenándome una y otra vez.
Cuando finalmente floto de vuelta a la realidad. Me doy cuenta que hace muecas, su cuello apretado, su cara tensada y puedo decir que está por correrse.
—Córrete en mi boca. O en mis tetas.
Se retira de mi coño y bombea su polla, apuntando la cabeza hacia mi pecho. Abro mi boca, la lengua afuera, esperando por la deliciosa crema que llena mi éclair favorito. Se acaricia una vez. Dos veces. Y chorrea, chorros de semen salpican mi boca, mi barbilla y gotean por mi cuello. Grita mientras se corre. Un hombre adulto gritando, la música más hermosa para mis oídos. Recojo el semen con mi dedo y lo deslizo entre mis labios, saboreando el sabor dulce salado, la textura cremosa. Adoro su esencia y me inclino hacia adelante para amamantar su polla hasta que no queda nada. Mientras se suaviza, lo libero.
Sostengo su mirada, mi lengua saliendo para capturar cualquier gota persistente de mi nuevo placer favorito.
—Gracias —susurro, mis labios frotando la piel sensible—. Por hacer mis sueños realidad.
Él no pareció esperar mi agradecimiento sentido. Acaricia mi cara, una caricia gentil, y sonríe antes de excusarse para ir a limpiarse en el baño.
Me muevo mientras está lavándose las manos en el fregadero y salto en la ducha, dejando que el calor me relaje mucho más.
Una vez terminada, abro la cortina y me doy cuenta que el Sr. Parker se ha ido.
Sin despedidas ni nada.
Pero no había esperado que se quedara aquí tampoco. Apuesto a que en el fondo estaba siendo sacudido por mis maquinaciones para meterlo en mi cama. Quizás lamenta caer por la tentación que presenté. Follar a la hija de su mejor amigo. Lo que lo hace un viejo lascivo.
Pero yo no lo lamento. Obtuve lo que había querido por tanto tiempo.
Soy una zorra astuta.

El tiempo se mueve y los días pasan sin indicio del Sr. Parker deteniéndose en casa.
Mamá lo invita para la usual cena de domingo, pero él declina, siempre diciendo que tiene diligencias.
No lo echo de menos. Sería lindo verlo una última vez antes de que empiece mi primer semestre en Brown.
La noche antes de que me vaya a la universidad, me despierto en medio de la noche y encuentro a alguien en mi cama. Una mano cubre mi boca antes de que pueda gritar. Abriendo los ojos, no puedo ver nada en la negrura que me rodea. Mi corazón palpita, no puedo escuchar nada más que el latido en mis oídos.
—Shhh. Soy yo —susurra él.
Mi corazón da un latido. ¡El Sr. Parker! ¡En mi cama!
Gracias, hada del sexo.
Me muevo a tientas en la oscuridad y agarro su cara, aplastando mis labios sobre los suyos, besándolo con un hambre que no sabía que poseía, tomando todo lo que me había perdido. Gracias, joder, porque él me besa de vuelta. Nuestras lenguas se enredan, probando, saboreando hasta que quiero derretirme como mantequilla. Nuestra respiración es acelerada cuando finalmente apartamos nuestros labios.
Acaricia mi mejilla. —Lo siento. No quería desaparecer de ti. Estaba confundido. Tu papá va a matarme si algunas averigua lo que sucedió... Pero no puedo sacarte de mi mente. Tenía que verte una vez más antes de que te fueras. Sentir tu coño alrededor de mi polla. Una vez, nena. Déjame tenerlo. —Su voz es tentadora, suave y seductora. Mi coño duele y se vuelve pesado con cada palabra susurrada.
Inhalo. —También estaba esperando verte antes de irme.
El Sr. Parker sonríe, frota sus labios sobre los míos, haciendo que mi corazón aletee como una mariposa.
Con los ojos ahora acostumbrados a la oscuridad, miro alrededor de mi habitación. Mi puerta todavía está cerrada desde el interior. ¿Cómo entró?
Debe haber leído mi confusión. Su voz es baja, probablemente así no despertará a mis padres durmiendo en la habitación principal al final del pasillo. —Tu ventana está abierta.
Lo olvidé. El Sr. Parker es un comando especial, un hombre que es un maestro en entrar a hurtadillas en lugares prohibidos y peligrosos sin ser detectado.
Besa mi cuello, sus manos vagando por un momentos antes que se dé cuenta que estoy desnuda bajo mi manta. Me había masturbado con el Sr. Rosa antes de quedarme dormida.
—Dios —Su voz en un susurro ronco.
No dudo en tentarlo. —Quítate la ropa y únete a mí. La puerta está cerrada y mis padres tomaron valium antes de que fueran a la cama. No nos escucharán, incluso si hay un terremoto. Pero es mejor que no hagamos mucho ruido. Solo por si acaso —Acaricio su cuello, mis dientes mordisqueando el lóbulo de su oreja.
El Sr. Parker se levanta y se desviste, tirando toda su ropa negra y dejándola caer en la alfombra. Realmente había estado listo para este ataque a hurtadillas. Pronto, se desliza en mi cama conmigo, su cuerpo cálido y desnudo contra el mío. Sin ropa, nada que evite que acaricie su piel lisa. Adoro acariciar sus bíceps tonificados, sus abdominales. La polla gruesa y gorda del Sr. Parker está dura y lista.
—¿Qué es esto? —Encontró al Sr. Rosa—. ¿Has sido una niñita mala?
No soy alguien que se avergüence por ser una zorra, pero siento que mis mejillas se sonrojan. —Estaba sola. Y caliente.
—Hmmm —Lleva al Sr. Rosa a su boca y lo lame—. Adoro el sabor de tu coño.
—¿Sí? —Me excito y me recuesto, abriendo mis piernas—. No me m*****arían unas lamidas.
El gruñido de felino que amo sale de él. —Más amplio. Dame lo que quiero.
Un segundo después, el Sr. Parker se establece entre mis piernas, su lengua dando golpecitos y tentando, comiendo mi coño, como si yo fuera el placer más sabroso que alguna vez ha tenido. Araño las sábanas, agarrándolas, retorciéndome de placer.
Ya he tenido dos orgasmos con el Sr. Rosa esta noche. Habían sido buenos. Normales y lo suficiente para liberar algo de mi tensión. Pero no habían sido el Sr. Parker. Él sabe cómo comer a una mujer hasta que estoy balanceándome al borde del éxtasis. Estoy allí, en la punta del orgasmo, alcanzando y estirándome por él como si fuera a morir si no me corro. Él gruñe contra mi coño, su lengua follándome, lamiendo, dando golpecitos y mordisqueando mi clítoris. Cuando toma algo de carne llena de nervios entre sus labios y chupa, me corro sobre él, mi cuerpo tensándose y relajándose en oleadas. Cada nervio está vivo y cantando.
Cuando finalmente vuelvo a ser yo, mi mirada choca con la suya, y él casi gime haciéndome pensar que está decepcionado porque no chorreara por él.
—Necesito una polla —le digo.
—Vamos a intentarlo con esto —Empuja al Sr. Rosa en mi coño y lo enciende. Sin preámbulos y directo a la parte buena.
Me sacudo, mi cuerpo tenso, el zumbido familiar de mi juguete aliviándome. Mi vibrador es uno de los caros. No hace ningún ruido que pudiera revelar que alguien secretamente está teniendo algo de diversión sucia. Pero revolotea en mi interior, entregándome la sensación pecaminosa que siempre anhelo. Me retuerzo mientras me folla con el Sr. Rosa.
Dios. Esto es bueno. El Sr. Rosa es un vibrador grande y no puedo tomarlo todo. Incluso cuando lo meto y la punta besa mi cerviz, es solo la mitad de su longitud.
El Sr. Parker trabaja con el vibrador hasta que estoy llena. Está jugando con el interruptor, causándome más vibraciones poderosas que se precipitan a través de mí. Lo frota y lo folla en mi interior de una manera que puedo sentir otro clímax retumbando hacia mí. Éste baila a lo largo de mi columna, rodeándome como si fuera un gato de selva listo para saltar. Cada musculo tenso, apretado y a punto de estallar mientras se construye, arrastrándose, corriendo y bailando hacia el final.
Es uno grande. Enorme. No puedo averiguar cómo voy a amortiguar mi grito. El Sr. Parker acaricia mi clítoris con su otra mano, estimulándome, mientras susurra, esa voz profunda barriendo a través de mí.
—Eso es, mi pequeña zorra. Tómalo. Toma esta enorme polla. Ruégame por la mía.
Levanto mis caderas. —Sr. Parker… —Es demasiado. Me corro al instante, sus palabras colgando en el aire. Prácticamente me doblo a la mitad mientras me corro. Duro. Chorreo mis jugos, probablemente cubriendo su mano con mi placer.
Desliza el vibrador de mi coño y jadea ante mis jugos cubriendo el juguete y su mano mientras lucho por mantener mi cordura.
—Mmm —ronronea el Sr. Parker—. Sabes tan bien.
Atrapo mi respiración y ruego. —Quiero tu polla en mi coño. Fóllame otra vez como la última vez.
—Jesús —Lucha con su posición y se establece detrás de mí, acunándome. Acaricia con su boca detrás de mi oreja mientras levanta mi pierna y la hace descansar sobre su cadera, dejándome abierta, y me empala con su verga. En un empujón, está dentro de mí, estirándome y llenándome como recuerdo.
Oh, joder. —Sí —gimo. Me encanta. Amo su polla. Amo la manera en que estira las paredes apretadas de mi coño. Él entra y sale, su verga temblando en mis profundidades. Giro mi cabeza, buscando su cara y capturo sus labios, follamos, pero no es como la última vez. Él parece querer ir lento, saborear el tiempo que tenemos.
Está bien para mí.
Incluso haciéndolo lento, tomándose su tiempo y tentándome, su mano acariciando mis pechos, estómago y pellizcándome el clítoris, se las arregla para hacerme correr dos veces más.
Estoy delirante. Adoro correrme muchas veces, pero eso también me pone soñolienta.
El Sr. Parker todavía no se ha corrido, su aguante me sorprende, su erección todavía dura como una roca.
Desliza su polla fuera de mi coño y la reemplaza con un par de dedos, acariciándome. Juega con mi coño, haciéndolo tan bien y profundo, seguido con una palmada juguetona sobre mi coño.
Libera sus dedos de mi calor, errantes, poniéndolos sobre mi culo. El Sr. Parker juega sobre mi agujero inferior, una astilla emocionante de lo prohibido corre a través de mí mientras gimo y levanto mis caderas hacia él. Urgiéndolo a seguir.
Adoro ser follada en el culo. Es sucio. Cachondo. Joder, lo necesito ahora que ha jugado conmigo.
Se detiene, sus labios revoloteando sobre mi oreja. —Dime, niñita, has…
—¿sido follada en el culo? —Río tranquilamente—. Me encanta.
—Oh —Mantiene la respiración—. Quiero tu culo.
—Por favor.
Posiciona la cabeza de su polla en mi agujero posterior. A diferencia de mi coño, el anillo de mi esfínter niega su entrada al principio. Bueno, el Sr. Rosa no encaja en mi culo, y nunca he tenido a un hombre con una polla tan grande follándome allí.
El Sr. Parker suspira, sus dedos recogiendo mis jugos y frotándolos sobre mi agujero fruncido. Es gentil, nada más que frotar por un rato, y me relajo, disfrutando su toque dulce. Un dedo se desliza en mi interior, abriéndome. Luego un segundo, estirándome un poco. Me agito bajo los sentimientos sucios y lascivos del placer que saca de mí. Como si siquiera existiera la palabra.
Lista ahora, presiona la punta de su verga contra mi culo, el anillo de mi agujero cede, dejándolo entrar. Oh, tan lentamente, se inclina hacia adelante, centímetro a centímetro, hasta que está enterrado en mí. Soy tomada y conquistada por él en cualquier manera ahora.
Oh, dulce Jesús. No puedo creer lo bueno que es. Cuando se mueve, follándome en empujes superficiales, mi coño se humedece, vacío y abandonado. Queriendo.
—¿Estás bien, nena? —Su tono es suave y dulce. Preocupado.
—Tan bien. Me encanta.
—Oh, nena —Me besa. Tierno en lugar de la loca pasión que teníamos antes.
—¿Puedes follas mi coño también? —Soy una zorra codiciosa. Lo admito.
—¿Dedos?
—Necesito algo más grande —Muy zorra. Esa soy yo.
Agarra al Sr. Rosa. —¿Este?
Asiento.
—Joder, eres una chica traviesa, Jessica.
—Pero te gusta follar a una chica traviesa. Tu pequeña zorra sucia.
—Me encanta.
Empuja al Sr. Rosa en mi coño y me folla lentamente mientras está follando mi culo. Muerdo mi labio otra vez así no grito. Adoro la doble penetración. Tener todos mis agujeros llenos. Una tercera polla encajaría en mi boca, dándome todo lo que podría querer. Se me hace agua la boca ante el pensamiento de una verga dura contra mi lengua.
—Jessica…
—¿Hmm?
Me besa con la boca abierta mientras ambos cabalgamos las endorfinas lentamente hacia la terminación. No es follar hasta sacarte los sesos esta vez. No queremos hacer demasiado ruido. Y parece que el Sr. Parker quiere hacerse durar tanto como sea posible. Me corro tres veces más antes de que él finalmente no pueda retenerlo más y se deje ir.
Abandona al Sr. Rosa, agarra mis caderas y empuja una docena de veces antes de que se rinda. Se corre en mi culo, llenando el pasaje de mi espalda con su semilla caliente. Su polla tiene más de siete espasmos antes de que finalmente se detenga. Aprieto su eje con mis músculos anales. Él jura, luego ríe tranquilamente.
El Sr. Parker se retira así puedo girarme para encararlo. Nos besamos, nuestros miembros enredados en un abrazo de amantes. Acaricio el lado de su mandíbula. Su barba de cinco en punto se siente áspera contra la piel lisa de mi palma. Me doy cuenta que nunca me ha importado demasiado ningún hombre como me importa él. Por supuesto no le diré eso. No quiero asustarlo.
El Sr. Parker siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. Es el primer hombre con el que alguna vez he fantaseado. Cuando me masturbé por primera vez, me lo imaginé tocándome. Cuando mi primer novio tomó mi virginidad, cerré mis ojos e imaginé al Sr. Parker tomándome.
Siempre ha sido el Sr. Joseph Parker. Mi hombre de fantasía.
Quiero decirle mil cosas sobre mis sentimientos. Mis emociones. Pero era mejor que no lo hiciera. No quiero arruinar el momento. Y el Sr. Parker parecer ser del tipo de hombre que no comunica sus sentimientos con palabras. Así que solo nos besamos. Y nos tocamos. Y nos besamos hasta que ambos caímos dormidos.
En la mañana despierto y veo que el Sr. Parker se ha ido. Como también el Sr. Rosa. Me imagino que lo ha tomado como recuerdo y no me importa. En realidad, parece un poco dulce.
Probablemente quería algo que le recordara nuestro encuentro.
Eso o quería usarlo en sí mismo.
Río. No. El Sr. Parker es demasiado macho para hacer algo como eso.
Más tarde, mis padres me llevaron a Rhode Island y soy dirigida al mundo real, viviéndolo por mi cuenta por primera vez.
Y no puedo esperar.

Cuando llego a la escuela me entero que tengo una compañera de cuarto que le encanta el sexo, adora la experiencia… y lo hacemos… juntas. No me toma mucho darme cuenta que la vida universitaria es divertida. Trabajo duro y juego duro.
No salgo en citas. Odio tener novios, porque siempre se ponen celosos y machos cuando coqueteo con otros hombres.
Soy una coqueta y no me disculpo por ello.
He follado a muchos chicos ahora, pero ninguno de ellos ha sido tan especial como el Sr. Parker.
Y no he escuchado nada de él desde esa noche especial. Honestamente, estoy un poco decepcionada. Imagino que al menos podría coger el teléfono y decir hola. Entonces otra vez, probablemente no quiere hacerlo y no debería esperar demasiado. Había sido una cosa física. Eso era. Aún así, me pregunto sobre él.
Llamo a mamá el fin de semana y le pregunto por el Sr. Parker.
—Oh, Joseph fue enviado a Irak no mucho después de que te fueras.
¿Qué? —¿Está bien, no ha sido asesinado ni nada de eso? —No podía evitar que un rastro de preocupación se filtrara en mi tono.
—Supongo que está bien. Sabes cómo son las personas de operaciones especiales. Sabríamos si ha salido herido o algo así. Estamos en la lista como su contacto de emergencia. ¿Por qué? —Mi mamá suena sospechosa y yo doy marcha atrás.
—Nada. Solo curiosidad. Leí que un montón de soldados murieron en Irak este mes. Sería horrible si fuera uno de ellos.
—Oh, sí, sé lo que quieres decir. No te preocupes, cariño. Él está bien.
Lamo mis labios, rezando porque ella tenga razón. —Eso espero.

Dos meses pasan y hago lo mejor que puedo para sacarlo de mi mente.
Pero más tarde finalmente escucho sobre el Sr. Parker.
En realidad, él simplemente apareció en el campus. Estoy hablando con mis amigos después de clases cuando levanto la mirada y veo a un hombre con camisa blanca y vaqueros descoloridos subido en un sedán genérico. Lo miro fijamente, mi corazón latiendo. Joseph Parker. En carne y hueso. Aquí.
No pienso, simplemente corro hacia él y salto hacia sus brazos, lo beso antes de que pueda decir algo. No me importa si alguien está viendo. O si él me dobla la edad. No se ve lo suficientemente viejo para ser mi papá… quizás es su entrenamiento militar que lo mantiene luciendo en forma y joven.
—Te extrañé —confieso—. Realmente lo hice.
—También te extrañé —Mira alrededor—. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar?
—¿Te estás quedando en un hotel?
—Holiday Inn
Lamo mis labios, doliendo por probarlo de nuevo. —Vamos allí.
Manejamos a su hotel y subimos a su habitación. Apenas cierra la puerta antes de que salte sobre él. ¿Qué puedo decir? Realmente lo extrañé. Nos desvestimos uno al otro, tirando la ropa. Estoy en la cama cuando me abandona para hurgar en su bolso, sacando algo y sosteniendo en alto en triunfo.
Es el Sr. Rosa envuelto en plástico.
—Robaste al Sr. Rosa —Río.
—Quería recordar tu olor. Tu sabor —Se sube a la cama a mi lado y se estira para acariciar mi cabello—. No sé si quieres escucharlo, pero he estado pensando en ti todo el tiempo.
—Infiernos, yo pienso en ti todo el tiempo —Sonrío.
—De ninguna manera.
—Honor de scout —Pongo dos dedos juntos y toco mi frente.
Su mirada permanece fija en mí. —Jessie, no quiero entrometerme en tu vida personal, pero me preguntaba si podíamos seguir viéndonos de vez en cuando.
Sonrío. Me gusta a donde va esto. —¿Cómo novio y novia?
—Tu papá me matará si…
Lo beso para callarlo. —Él no tiene que saberlo. Mi familia no tiene que saber lo que estamos haciendo. Somos adultos. Es nuestro propio asunto si nos estamos viendo. Sería nuestro pequeño secreto.
El Sr. Parker asiente y se une a mi sonrisa. —Sería nuestro pequeño secreto.

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Posted by predatorgapes 4 months ago  |  Categories: Anal, Fetish, Masturbation  |  Views: 1877  |  
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UNA MAESTRA DE LA ESCULA DE MI SOBRINA.

Saludos compañeros del foro esto me paso hace algún tiempo resulta que al ir a recoger calificaciones de mi sobrina política se y al estar en la parada esperando la ruta se sube una maestra de primaria de esa escuela tria un pantalón de vestir bien pegado y una camisa como morada con rayas blancas, nos subimos juntos a la ruta y me sente atrás de ella como siempre les pido de antemano antes de quejas de la calidad de los videos pero tuve que tener cuidado ya que la maestra me conocía de vista y no quice que se diera cuenta??? además de la luz no me ayudo mucho; continuando como verán cuando prendi la cámara para gravar esto yo ya tenia bien medio los dedos en el culo de esta maestra s.5 grave por el pasillo debido al asiento tan pequeño no me dejaba espacio pero si miran con detenimiento se ven mis dedos bien colocados en el culo de esta maestra muy coperadora desde el principio se dejo que le estuviera picando el culo un buen rato en el s.15 se aprecia mejor mis dedos bien introducidos en sus nalgas, ufff, tenia el culo bien redondo y suavecito con ese tipo de pantalón se siente riquísimo introducir los dedos sentía a la perfeccion el canalito de su rico culo, me estorbaba un poco el tuvo del asiento para gravar mejor pero en el s.20 se ven mis dedotes tocando ese par de nalgas, luego viene una parte oscura donde no me ayudo la luz a gravar el mete y saca que tenia yo en las ricas nalgas de ella metia el dedo y lo undia en su culo al fondo poco a poco y ya adentro lo doblaba para estimularla, solo pude gravar como se darán cuenta en el m.59 lo tranquila que venia esta maestra, pero en el m.1.04 se ven mis dedos bien metidos en sus nalgas, luego comencé a abrir la mano para abarcar media nalga como se darán cuenta en el m.1.35 la punta de mi dedo se ve y esque le estaba apretando todo el culo con toda la mano abierta lo mas que podía y aun asi no le abarcaba todo su culo, para que vean que si sintió algo en el m.2.07 SE VE MI MANO INTRODUCIR DE GOLPE EL DEDO ENTRE SUS NALGAS, PROVOCANDO QUE ELLA SINTIERA Y EN EL M.2.09 MUEVE SU MANO HACIA SUS NALGAS Y LA METE EN EL ASIENTO EN EL ORIFICIO SUPERARRIESGADO pero en el m.2.12 la quita y se hace mas para atrás, ufff, y como no sentir si le meti el dedo tan de golpe que le pique un orificio y sus nalgas se abrieron al paso de todo mi dedo en medio de su culo como se fuera un cuchillo partiendo queso, uff, que rico deje de gravar un momento para jalarme el pene aquí el primer video:



En este segundo video continuo metiéndole los dedos en su culo ya con mas confianza no se ve muy claro al principio pero lo bueno de este video es casi al final en el m.2.02 YA QUE ABRI TODA LA MANO Y METO LOS DEDOS SE VEN SALIENDO DEL ASIENTO PARA TOCARLE MEDIA NALGA A ESTA MAESTRA PRACTICAMENTE METI TODOS LOS DEDOS AHI PARA APRETAR Y CARGAR SUS NALGAS imagínense como estaba de bien sentada casi le carge todo su culo con la mano, ufff, era como agarrar un pedazo de carne bien redonda y muy suave, no se puede describir lo rico que sentí ese rico trasero apretado por mi con todos los dedos de mi mano, no se como le hice para que cupieran todos y ella ni en cuenta en el m.3.05 le deje de apretar el culo para seguirla masturbando por el culo y al final de este segundo video la tomo a ella para que vean lo tranquila que venia, aquí el segundo video:



En este tercer video ella ya estaba nerviosa debido al olorcito del ambiente y se acaricia el pelo mientras yo continuo acomando la mejor toma casi al final se ve algo oscuro como tenia mi mano en su culo acarisandolo, ella al final del video se bajo de la ruta en el walmart para hacer unas compras y yo también me baje ahí para ir con mi esposa, saludos y comenten:

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Posted by AXCED 11 months ago  |  Categories: Anal, Masturbation, Voyeur  |  Views: 650

La hermana de mi novia


Siempre su hermana hablaba que si mi hermana tiene un culo muy bonito, que si mi hermana tiene unas tetas perfectas, que si mi hermana está más buena. A mí no me lo parecía pero…. Y siempre decía que habría que verlo…..
Hablando un día con mi novia, tras la separación de su hermana de su marido, le dije que a su hermana le hacía falta un buen polvo, para quitarse las penas y las tonterías, mi novia se lo tomó bien y a cachondeo y me dice que tendría yo que pegarle un repaso, que seguro si ponía a su hermana tan cachonda como a ella no le importaría prestarme a su hermana. La idea nos calentó a los 2 y acabamos echando un polvo tremendo. Lo hablamos muchas veces después de ir de visita a la casa de su hermana, incluso alguna vez mi novia se lo soltó a su hermana en plan de coña que lo habíamos hablado, cosa que siempre acababa en risas y cachondeo por parte de los tres.
Mi novia y yo estábamos hablando de experimentar cosas nuevas en el tema del sexo, relaciones con chicas, chicos, parejas, transexuales, etc… A los 2 nos parecía bien, pero nunca tomamos la iniciativa que acabara en nada en concreto.
Un día llega ella a casa muy preocupada con su hermana, estaba mal, y acabamos hablando del tema de que su hermana necesitaba sexo, y dice mi novia muy seria que si de verdad creía que yo podría ayudar a su hermana follándola un par de veces. Yo sin saber muy bien que contestar le digo que lo que a ella le parezca bien, me dice que hablando sexualmente siempre la he sabido cómo poner cachonda y que ella se parecía mucho a su hermana y que por su hermana hacia lo que fuera necesario, me dijo que lo hablaría con su hermana………….. cosa que me lo tomé a coña….. Tras esa conversación la verdad es que las miradas de su hermana hacia mi persona cambiaron o eso creía yo. Siempre la veía mirando más allá, una mirada más picara y descarada, cosa que no le di más importancia. Se lo comenté a mi novia y ella me decía que me la follara que no le importaba y que su hermana lo necesitaba. No entendía nada.
Un día cercano al cumpleaños de su hermana, mi novia no sabía que regalarle a su hermana, y le digo yo sin pensar.
¡Regálele un polvo! Se ríe y me dice que si es lo que yo quiero. Le digo que no me importaría.
Pues nada llega el día de su cumpleaños, nos vamos a pasar el día a casa de su hermana, con la familia. Comemos, bebemos un poco más de la cuenta y después de la comida se marchan todos, solo nos quedamos 4 personas, su hermana, su hija, mi novia y yo. Estábamos todos muy contentos, mi novia y tenemos la costumbre después de comer echar un polvo, pero como estábamos en casa de su hermana estábamos como perros en celo, hasta que nos vamos al baño de la habitación de su hermana y allí lo hacemos, estaba follándome a mi novia a 4 patas cuando vemos que su hermana nos estaba mirando su hermana como estática…………nos pide perdón y cierra la puerta eso no pone más cachondos y acabamos como si nada.
Cuando nos estábamos lavando antes de salir, le pregunto a mi novia ¿qué había pasado y qué le diríamos a su hermana, que menuda vergüenza? Ella ni corta ni perezosa, me dice que no me preocupe y que me prepare por si su hermana se anima……… Me quedo perplejo a la vez que cachondo y me lo tomo a coña. Volvemos al salón y su hermana estaba echada en el sofá y se nos queda mirando con una cara de vicio tremenda. Estaba roja, como sofocada…. Su hermana le pregunta si estaba bien y si le pasaba algo…. En plan cachondeo le dice que como si no lo hubiera visto nunca, los 2 nos reímos, pero su hermana se queda seria. Mi novia pone el aire acondicionado pero su hermana dice que lo apague por la niña que luego se constipa.
Los 3 viendo la tele y un calor tremendo, mi novia en plan picando a la hermana y yo callado con cara de póquer, su hermana empezaba a entrar en juego, solo llevaba un vestido muy fino sin sujetador y con un tanguita. El vestido no era transparente pero al ser tan fino se notaba aparte de que su hermana estaba cachonda, se notaba por sus pezones, estaban duros, cada movimiento que hacia mi novia se reía de ella como su fuera a hacer algo. A todo esto mi novia saca el tema de la peluquería y la sección de depilación que se han hecho las 2, a todo eso me entero que su hermana también está depilado como mi novia, se me pone la polla como un tronco, mi novia lo nota y lo dice en voz alta, qué porque estaba cachondo, dice en voz alta a su hermana.
¡Mira Mari, cómo se ha puesto cuando ha sabido que lo tienes depiladito!
Su hermana se ríe y se fija, diciendo. ¡Será verdad, guarros! Mi novia se levanta y nos pone una copa a los 3, tomamos la copa y empezamos a hablar de la peli que estaban poniendo en la TV, pero todas las conversaciones derivaban a temas sexuales, mi novia estaba súper cachonda y yo lo mismo. Estábamos tonteando delante de su hermana, y ella cada vez más acalorada. Y en una de las paridas que suelta mi novia le dice a su hermana que le va a regalarme a su hermana para que disfrute como lo hace ella y como ella había visto hacia poco tiempo que lo hacía, sin esperar respuesta y menos esa, dice la hermana que a ver si es verdad mucho hablar pero poca caridad, que estaba como perra en celo y lo que haría una verdadera hermana era ayudar a su hermana. Yo y mi novia nos quedamos a cuadros, nos entro la risa floja……. A ver qué hacíamos………. Y sobre todo lo que contestaba mi novia, con tanta risa la niña se despierta mi novia coge mi novia y la lleva al baño para ducharla y me quedo con su hermana, no podía dejarla de mirar y ella a mí. La tensión se cortaba en el aire………. Sus pezones duros como garbanzos, mi polla dura como un tronco, tenía un dolor de huevos tremendo. Se levanta la hermana y se va a la cocina a preparar la merienda de la niña, me pregunta que si quería algo, y no se me ocurre otra cosa que decirle que a ella…………. Se gira me mira fijante mente y dice en voz alta a su hermana. ¡Mira lo que me dice tu novio! ¡Que me quiere a mí! Mi novia viene corriendo y le dice. ¡Fóllatelo, te lo regalo hasta que nos vayamos! Su hermana se ríe y se va.
Una vez que la niña acaba de merendar, nos dice mi novia que se va arreglar y se va con ella a dar una vuelta, con la niña para que hagamos lo que nos dé la gana, su hermana dice que también va y mi novia le dice que no, que solo ella y la niña que ella se queda conmigo, la hermana dice que vale y se ríe.
Yo me voy con mi novia a la habitación y le pregunto si va en serio, y me contesta que sí, que me la podía follar y que a ella no le importaba, más se quedaría muy contenta en saber que su hermana ha disfrutado como lo hacia ella. Nuevamente le pregunto si estaba de coña y me dice que no, le digo que me la voy a follar y ella me da un morreo tremendo me saca la polla me la chupa un poco y me dice dale caña cariño.
Recoge su bolso y se va al salón, coge a la niña y se marcha y le dice a su hermana sin mirar hacia atrás.
¡No seas mal agradecida y aprovecha mi regalo!
Nos quedamos 2 solos, una tensión tremenda, todo es morbo.
Se marcha a la cocina y se pone a fregar, me voy detrás de ella, me siento en una silla detrás de ella y empiezo a hablarle de tonterías, al final le pregunto de todo lo que hemos hablado y de su hermana, etc… Ella me reconoce que quizás necesite estar con alguien que hace mucho tiempo que no disfruta, bla, bla, bla……….
En un arrebato, cuando la veo de puntillas poniendo una olla en una estantería y asomando el borde de su culito, me levanto y la ayudo a poner la olla en su sitio, me pongo detrás suya, con el cuerpo pegado al suyo, iba empalmado, veo como su piel se pone de gallina, cojo su mano, y le aprieto contra mí para que ella note más mi polla. Ella me dice que donde voy con eso y así.
Le empiezo a tocar y a acariciar, ella me sigue, le meto mano por debajo del vestido y tiene el tanga totalmente empapado, me río y le pregunto que si pasa algo, ella me contesta que deje de hablar y le haga disfrutar, con la mano empapada en sus flujos, le toco sus pechos, duros y bien puestos. Le quito el vestido, le doy la vuelta y la beso, ella no se corta y me coge la polla, nos desnudamos por completo, la pongo en la encimera de la cocina y la abro de piernas, tenía muy buen coño más gordito que el de mi novia, totalmente depilado y rojito.
Le empiezo a comer, la tanteo su coño y su clítoris, ella empieza a jadear profundamente, a los 2 minutos noto como se contrae, me aprieta contra ella y jadea más fuerte.
La bajo de la encimera y nos vamos a la habitación. Tenía la polla que me estallaba, se tuba en la cama y me arrodillo delante suya como imponiendo mi polla, ella me la coge, me acaricia los huevos, me besa la polla y me empieza a comer muy despacio, como si se tratara de un helado. Yo la cojo de los pelos y me follo su boca, ella no pone freno a la situación me aprieta el culo como pidiendo más. Estoy así un buen rato, hasta que me paro y la beso, empiezo a comerle los pechos, mi lengua juega con su cuerpo, su piel se vuelve a poner de gallina, nos ponemos a hacer un 69, mis dedos empiezan a jugar con su ano. Se le notaba cada vez más cachonda, intento introducirle un dedo por el culo pero ella no me deja, sigo con juegos perianales, le doy la vuelta y la penetro si contemplación, ella no se lo esperaba y grita, eso me pone más cachondo, cada envestida era un grito más y más alto, cuanto más y más alto gritaba me ponía más cachondo, como estaba disfrutando al ver que ella también lo estaba haciendo. Cómo gritaba, y yo cada vez más cachondo me la follaba más rápido y la embestía más fuerte. ¡Qué gritos, qué gemidos!
Se vuelve a correr. ¡Y 2 veces seguidas!
Le pongo a 4 patas le como el coño por detrás, ella sigue jadeando como una perra, le pregunto si le ha gustado y si le está gustando y me contesta ¡SI, no pares! Con sus flujos le lubrico el culo, me dice ella que por el culo no, que nunca lo había hecho.
Le digo que no se preocupe que a su hermana le encanta y que a ella también le va a gustar, me dice que vale, que adelante.
Le introduzco un dedo, la masajeo muy despacio, ella se retuerce de placer, me dice que le está gustando demasiado, que eso no es bueno, le digo que se calle y disfrute como hasta ahora. Le introduzco dos, tres, dedos, en el mismo proceso, para la correcta dilatación. Y llegado el momento le meto la polla por el coño me la follo un rato a 4 patas y la saco llena de flujo, le meto el capullo muy despacio por el culo, ella da un grito impresionante, le pregunto si le he hecho daño ella me dice que no que siga que le encantaaaaaaaaa. Le voy metiendo poco a poco la polla y ella gritaba, y me decía que gusto. Una vez que llego al fondo me paro para que ella se adapte , me paro, pero ella se mueve y contonea poco a poco y a su ritmo, noto como nuevamente se corre, al los 5 minutos vuelve a moverse a si ritmo y cada vez más fuerte, se sienta y cabalga como una loca y como una loca, no aguanto más y me corro en su culo.
¡Qué polvo echamos!
Hablamos un rato y me reconoce que necesitaba un polvo, pero no esperaba eso y menos con el novio de su hermana.
Acabamos tan cansados que nos dormimos, nos despertó mi novia. Pero eso es otra historia.








FUENTE: http://www.parejas.net/?seccion=detalle_relato&ver=3945... Continue»
Posted by saryse 1 year ago  |  Categories: Masturbation  |  Views: 552  |  
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El amigo de mi novio

Mi nombre es Laura, y tengo 26 años. Vivo y trabajo en Barcelona con mi novio Álvaro, que trabaja en publicidad.

Me describiré. Soy de piel clara y cabello oscuro y liso. Mi estatura es normal, y tengo un cuerpo bonito, con unos pechos perfectos (ni grandes ni pequeños, pero firmes y tiernos) y un culito pequeño y respingón. Mis ojos son verdes, tengo una cara de niña buena que nunca ha roto un plato, y siempre que puedo muestro mi bonita sonrisa a los demás.

Mi novio siempre me dice que mi dulce cara de inocente es de las cosas que más le pone de mí. Llevamos juntos muchos años, y la gran confianza que nos tenemos hace que haya pocas cosas que no deje que me haga. Pero siempre hemos sido una pareja monógama y, por mucho que fantaseemos, no parecía que nunca fuéramos a romper esa barrera.

El fin de semana pasado un amigo de Álvaro vino a visitarlo a casa. Los dos se conocían desde la universidad, y aunque ahora vivían en ciudades distintas, aún mantenían el contacto y una buena amistad. Mario, que es como se llamaba su amigo, vivía desde hacía poco en Atenas, y había decidido pasar un fin de semana en Barcelona para visitar a su amigo y para hablar de los viejos tiempos.

La noche anterior a su llegada, Álvaro me sorprendió regalándome un precioso conjunto de lencería fina de color rosa. Me pidió que me lo probara, a lo accedí sonriendo sabiendo lo que vendría después. Cuando me estaba desnudando, y poniéndome cachonda a toda velocidad, Álvaro se acercó y se arrodilló frente a mí. Al parecer, no podía esperar a que me probara el conjunto. Debía estar muy cachondo, porque sin decir nada acercó su boca a mi coño y empezó a lamer. Me encanta que me lo coman, así que no hice preguntas. Cinco minutos después me estaba corriendo mientras su lengua me acariciaba el clítoris.

¿Qué te ha pasado para que estés tan cachondo? – le pregunté cuando recuperé el aliento.

Nada particular – me contestó. – Tú.

Mientras lo decía se llevó la mano a los pantalones y se desabrochó el cinturón. Enseguida se sacó la polla y empezó a menearla frente a mí. Al verla empecé a salivar. Pocas cosas me gustan más que meterme la polla de mi chico en la boca. Me arrodillé frente a él y mirándole a los ojos me la metí lentamente en la boca, mientras me acariciaba el coñito…

¡Qué bien la chupas, joder! – jadeó. – Me siento mal por acaparar tu boquita con ese don que tienes.

Cuando dijo esas palabras entendí que quería que fantaseáramos. Sé que a él le gusta imaginarme con otros hombres, y a mí cada vez me atraía más la imagen, así que le seguí el juego frotándome cada vez más rápido.

Mmmmmmh…. – me saqué la polla de la boca unos instantes - ¿Debería chupársela a más tíos? – pregunté. – No estaría mal… ¿A quién quieres que se la chupe?
Ahhhh…. – Álvaro gimió de placer al oírme hablar así - ¿Se la chuparías a quien yo te dijese?
Mmmmh… sí. A quien tú quieras. Y me encantaría chupársela mientras me miras.
¿Se la chuparías a Mario?

La pregunta me pilló por sorpresa. Mario llegaba a la noche siguiente, y la fantasía era demasiado realista. Sin embargo, su polla parecía a punto de estallar en mi boca, y yo estaba demasiado cachonda como para cortar el rollo.

Sí – le dije mientras le pajeaba – se la chuparía mientras me miras.
¿Y te gustaría? – dijo emocionado, a punto de correrse
Me encantaría. Me muero de ganas de tener otras pollas en la boca. Y de que se corran así: mmmmmmm – me la metí hasta el fondo y él se corrió de forma violenta en mi garganta. Tuve un orgasmo en ese mismo momento, sintiendo su semen bajar hasta mi estómago. Fue un momento espectacular, y segundos después nos abrazábamos en la cama hasta caer dormidos.

Al día siguiente, como siempre, el juego había acabado, y no volvimos a hablar del tema. Por la tarde llegó Mario, cansado del viaje. Me sorprendió verle cambiado. Estaba más… bueno que la última vez que le vi. Se le veía musculado, moreno y en general más guapetón que antes. Al parecer la estancia en Grecia le estaba sentando bien.

Cenamos juntos hablando de los viejos tiempos, y al acabar Mario nos confesó que estaba agotado y que preferiría retirarse a dormir pronto. Le preparamos el sofá cama que teníamos en el despacho y nos dimos las buenas noches.

Mientras Álvaro se lavaba los dientes, me puse rápidamente el conjunto de ropa interior que me había regalado la noche anterior. Cuando entró en la habitación sonrió al verme esperándole en la cama en una postura insinuante. Se tumbó frente a mí y empezó a acariciarme los pechos. Lentamente le fui quitando la ropa hasta que estuvo completamente desnudo frente a mí. Su polla estaba preparada, pero le apetecía hacerme un favor. Me besó en la boca, en el cuello, en los pechos, en el ombligo… hasta llegar a mi sexo. Yo me había humedecido rápidamente, así que no pude evitar soltar un pequeño gemido cuando me apartó las braguitas y me empezó a comer el coño.

-¿Sigues cachonda por lo de ayer? – me preguntó

-Sí – contesté suspirando, sin pensar en qué decía.

- ¿Te gustaría que te follara Mario?

Aquello era un poco demasiado explícito, teniendo en cuenta que él estaba durmiendo en la habitación de al lado, así que no contesté.

Seguro que te gustaría. Tiene una polla enorme, ¿sabes? Tendrías que hacer un esfuerzo para metértela en la boca
Mmmmmhhhh…. –gemí. El cabrón me estaba poniendo cachonda. Sabía lo que me ponían las pollas grandes.
Yo te follaría mientras le comes la polla –siguió mientras me lamía entera – y seguiría follándote cuando se corriera en tu boca.
¡Aaaaaaaahhhh!

Aquello hizo que me corriera con más intensidad de la esperada. No pude reprimir un grito de placer, sin preocuparme de la posibilidad de escandalizar a Mario. Me quedé un minuto tumbada, jadeando, intentando recuperarme del orgasmo. Cuando lo hize, Álvaro estaba de pie al borde de la cama acariciándose la polla. Me senté en la cama delante de él, rodeando sus piernas con las mías.

Seguro que te gustaría chupárnosla a los dos a la vez – insistió Álvaro.
Me encantaría - contesté pícara. Y en aquel momento me sobresalté. Juraría haber oído un ruido en el pasillo. La puerta de la habitación se había quedado ligeramente abierta, y me había parecido ver una sombra pasar. Me quedé observando la puerta, pero al otro lado estaba oscuro y no veía bien. ¿Sería posible…?
Seguro que te gustaría que le despertara para que se uniera a nosotros – siguió Álvaro mientras se pajeaba cada vez más rápido. Yo estaba nerviosa pensando en el ruido que había escuchado al otro lado de la puerta. La idea de que Mario nos estuviera observando me puso muy nerviosa, pero no me atrevía a hacer nada. Álvaro acercaba su polla a mi cara cada vez más, y yo no sabía qué hacer
¿Te gustaría que lo llamara ahora mismo, zorra? – Si de verdad Mario estaba observándonos, cosa que no sabía con seguridad, aquellas preguntas de la fantasía de Álvaro empeoraban las cosas, así que sintiendo un repentino calor entre las piernas ante la emocionante situación, dejé de intentar observar lo que había en el pasillo y por toda respuesta abrí la boca dejando que me la metiera hasta el fondo.
¿No te gustaría tener una polla en cada mano y alternarlas en tu boca?
Mhmmmm – afirmé con la boca llena. Álvaro me cogió la cabeza con las manos y empezó a follarse mi boca, mientras yo permanecía quieta. Me pareció oír de nuevo un ruido en el pasillo, justo al otro lado de la puerta, pero esta vez la excitación era superior a la preocupación. Decidida a dar un buen espectáculo si es que realmente había alguien al otro lado de la puerta, bajé mi mano hacia mis braguitas mientras Álvaro seguía follándome la boca. Empecé a frotarme rápidamente pensando en que me estaban observando.
Joder, qué puta eres – jadeó Álvaro. Rápidamente se sacó la polla de mi boca y me puso a cuatro patas, mirando a la puerta. Él se colocó detrás de mí mientras yo miraba a la oscuridad del pasillo, dispuesta a ser follada sin saber si había alguien allí.

Cuando Àlvaro me penetró gemí como si estuviéramos solos en el mundo. Su polla estaba a punto de explotar, y yo también. Comprendía que era imposible que Mario no oyera mis gritos, pero de alguna manera me daba igual. Me corrí enseguida sintiéndome observada. Álvaro paró unos instantes, mientras yo dejaba de temblar.

¿Estás cachonda? – me preguntó Álvaro sacando su polla, aún dura, de mi interior
Más que nunca – respondí escudriñando aún el pasillo. No se oía ni un alma, pero me daba la sensación de que mis ojos se estaban empezando a adaptar a la oscuridad tras la puerta
¿Te estabas imaginando a Mario, verdad? – en ese momento, aún a cuatro patas, noté como su dedo empezaba a acariciarme el ano. Me puse tensa y empezé a excitarme de nuevo.
Sí – suspiré –. Definitivamente cada vez veía mejor. Me quedé helada cuando empecé a vislumbrar una silueta tras la puerta.
Sería tan fácil, mi amor. Está aquí al lado, y seguro que le encantaría follarte. – Mientras me empezaba a acariciar el coñito, que ya estaba húmedo de nuevo, me metió suavemente un dedito en el culo. Gemí de placer observando el pasillo. Definitivamente había alguien allí, algo se movía. - Podrías tener dos pollas en la boca dentro de unos segundos. – insistía Álvaro.

En ese momento lo ví claro. La sombra de Mario se recortaba contra la puerta. Estaba espiándonos, y a la altura de su paquete su mano se movía rítmicamente. No contesté a Álvaro. No podía. Eso ya no era una fantasía. Mario estaba allí, masturbándose mientras me miraba. Yo estaba a cuatro patas mientras mi chico me iba abriendo el culito con un segundo dedo.

¿Ya no me dices nada? – paralizada por el nerviosismo, sólo acerté a emitir un leve gruñido cuando un tercer dedo se abrió camino en mi estrecho esfínter. Tuve un pequeño orgasmo al vislumbrar cada vez mejor a Mario. Estaba completamente desnudo, musculado y sudoroso. Me miraba extasiado mientras se acariciaba suavemente una polla sorprendentemente grande y extremadamente erecta No me atrevía a mirarle a los ojos, pero estaba a punto de ser enculada delante de él.
Mi amor, si no me dices nada entiendo que te encantaría que lo despertara – al parecer, Álvaro no se había dado cuenta aún de lo que estaba pasando. Yo no contesté, mi mirada fija en el pollón de Mario. Álvaro sacó los dedos de mi culito, y noté cómo apretaba suavemente su polla contra mi entrada trasera. - ¿Quieres que te la meta por el culo?

Mario aumentó el ritmo de su masturbación. Su mano acariciaba su enorme polla cada vez más rápido, a tan solo un par de metros de donde yo estaba, al parecer sin darse cuenta de que lo estaba viendo. No creo que nunca hubiera estado tan cachonda.

Métemela por el culo, mi amor. Ábremelo bien.
Aaaaaaah… gimió él mientras introducía la punta entre mis nalgas, despacio, con delicadeza. Yo notaba cómo se iba abriendo mi agujerito, y en esa mezcla de dolor y placer perdí el sentido de la vergüenza. Miré a Mario a los ojos y me cruzé con su mirada fija en los míos. Nos sonreímos mientras yo abría la boca para gemir de placer. Mi expresión facial cambió a medida que la polla de Álvaro penetraba en mi culito. Yo respiraba profundamente sin dejar de mirar a Mario como una auténtica puta. Él me observaba hipnotizado sin dejar de pajearse.
¡Aaah! Joder… qué gusto. Métemela hasta el fondo, cabrón. Me encanta. – hablaba como una auténtica zorra mirando a Mario, que parecía a punto de correrse. La sensación de estar a cuatro patas con una polla en mi culo, mirando fijamente al amigo de mi novio, era indescriptible. Cuando Álvaro empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas, Mario sonrió. Empezé a gemir cada vez más fuerte, abriendo exageradamente la boca para él. Su polla vibraba de pura excitación.

En ese momento Álvaro me follaba el culo cada vez más rápido. Mario pareció desviar su mirada de mi rostro y la dirigió hacia Álvaro. A cuatro patas cómo estaba no pude ver si él se daba cuenta, pero enseguida vi cómo Álvaro dirigía las manos hacia mi cara desde atrás. Me tapó los ojos con ellas, mientras presionaba mi cabeza hacia atrás para clavarme la polla profundamente en el culo. El dolor había desaparecido y sólo existía el placer.

¿Te gusta que te den por el culo?, me preguntó mientras me lo follaba como un salvaje.
¡Síííííííí! – grité sin poder ver nada.
Amor, si te pido una cosa… ¿la harás?
La haré…- dije jadeando, impulsándome a cuatro patas para ensartarme en su miembro.
Abre la boquita. Ahora.

¿Abre la boquita? ¿en ese momento? Álvaro no dejaba de follarme el culito, así que una emocionante perspectiva se dibujó en mi mente.

¿Así? – le dije mientras la abría al máximo – Álvaro contestó con un ronco gruñido de excitación pura. Mis ojos seguían tapados por sus fuertes manos.
Y saca bien la lengua- dijo mientras me la clavaba hasta el fondo. La tenía cómo una roca, y mi culito la recibía agradecido.
Aaaaaaahhhh… - Saqué la lengua al máximo, con los ojos tapados, jadeando de placer. Mis sentidos estaban atentos a cualquier señal. Me pareció oír una puerta que se abría y unos pasos que se acercaban.
Disfrútalo, mi amor – jadeó Álvaro. Noté cómo algo presionaba mi lengua, y mi coño empezó a chorrear. Sólo podría ser una cosa. Con cada embestida de Álvaro notaba más la presión. Lamí como una perrita y enseguida noté un glande grueso que me rozaba la lengua y los labios. Álvaro me destapó los ojos.

Allí estaba la polla de Mario, a escasos milímetros de mi cara. Él me miraba a los ojos mientras se la agarraba dirigiéndola a mi boquita. Me moría de ganas de metérmela en la boca, pero estaba nerviosa y no sabía muy bien qué hacer. Álvaro seguía enculándome, y lo único que se oía eran los gemidos, ahora suaves, de los tres. Me estiré para llegar a metérmela en la boca, pero Álvaro impidió que me acercara más agarrándome del pelo. Me quedé así, con la lengua fuera, rozando la polla de Mario, intentando metérmela en la boca pero con Álvaro impidiendo que acercara más la cabeza. Jamás había estado en una situación tan excitante.

Ahora, susurró Álvaro.- Mario dio un paso adelante. Cerré los ojos, y mis labios apretaron su glande. La textura y el sabor eran ligeramente diferentes a los de la polla de Álvaro. Me encantaba.
Aaaaaaah…. – suspiró Mario. Álvaro iba liberando mi pelo, y pude metérmela un poco más en la boca. La polla de Mario era realmente grande, y me encantó notar cómo tenía que abrir la boca al máximo para que me entrara bien. Aquello fue demasiado para ellos dos. Noté cómo la polla de Mario temblaba en mi boca.
Me corro – jadeó.
Córrete en su boca – le ordenó Álvaro, fuera de sí. Mario empezó a gritar

Noté cómo salía un chorro de semen de la polla de Mario. Casi no me cabía en la boca, pero lo pude retener. En ese mismo momento noté cómo otro chorro caliente surgía de la polla de Álvaro, alojada profundamente en mi culito.

Mmmmmmmmmbbbbbbb… - babeé con la boca llena. Los chicos me bombearon con su leche en la boca y en el culito. Tragué todo lo que pude, pero un poco se me escapó de entre los labios. Ambas pollas se corrían violentamente a la vez. Saboreé el semen de Mario, más dulce y líquido que el de mi chico, y poco a poco noté cómo ambas pollas se relajaban en mi interior.

Álvaro sacó su miembro de mi culito, y Mario empezó a retirar el suyo de mi boca, para desilusión mía. Noté cómo Álvaro se tumbaba en la cama, pero me pasé unos momentos más chupando la polla de Mario, cada vez más pequeña, saboreándola y limpiándola de su propia corrida. Cuando acabé, Mario se tumbó también.

Nadie dijo nada, pero yo estaba inquieta. No me había corrido aún, y no sabía si aquello se podría repetir alguna vez. No quería dejar pasar esta oportunidad. Mario y Álvaro sonreían mirándome, y yo les empujé levemente para que quedaran tumbados el uno junto al otro. Me deslicé hacia los pies de la cama, y me acerqué a sus pollas relajadas. Tal y como estaban tumbados, me quedaban muy cerca una de la otra. Me llevé la de Álvaro a la boca, y chupé. Su miembro no reaccionaba, pero yo disfrutaba igual pensando en lo que iba a hacer cuando se pusiera dura. Después de unos segundos, pasé a la polla de Mario. Sin pensar en nada más, me la metí en la boca. Aún encogida era de un tamaño considerable. Me dediqué a chuparla con cariño, con lentitud. Después de unos minutos, empecé a notar una reacción. Me la saqué de la boca y le sonreí, mirándole a los ojos. Álvaro me observaba. Empecé a pajear lentamente a Mario, mientras mi boca volvía a la polla de Álvaro. Ver cómo se la chupaba a su amigo había hecho efecto, pues ya la tenía más hinchada. Sin dejar de masturbar a Mario, seguí chupándosela a mi novio. Noté cómo crecía y se endurecía en mi boca.

Empecé a alternar las dos pollas. Mientras chupaba una, masturbaba la otra con la mano. En pocos minutos, tenía dos barras de acero calientes en las manos. Se levantaron y se pusieron de pie en el suelo. Me bajé de la cama y me arrodillé entre los dos. Cogí una polla en cada mano y las acerqué a mí. Ellos me miraban con expectación, excitados más allá de toda medida. Empecé a chuparles las pollas mirándoles a los ojos. Pasaba de una polla a otra cada pocos segundos, y los tres estábamos cada vez más cachondos. Los dos se acercaban cada vez más a mí, de manera que sus pollas prácticamente se tocaban. Me las acerqué a la boca a la vez, intentando metérmelas al mismo tiempo. Noté sus glandes entre mis labios. Los lamía a la vez, y me imaginé cómo sería que se corrieran a la vez en ese momento. Noté cómo se estremecía mi sexo.

Seguí así varios minutos. Me estaba poniendo las botas. Me encantaba chupar dos pollas a la vez, y disfrutaba con las diferencias entre ambas. Cuando me hube saciado, me levanté, sin dejar de cogerles las pollas a mis hombres. Me acerqué al oído de Álvaro y le susurré lo que quería. Sonrió y se tumbó en la cama.

Me separé ligeramente de Mario sin dejar de mirarlo. Álvaro se pajeaba tumbado en la cama boca arriba, observándonos a ambos. Le di la espalda a Mario y le cogí la mano. Extendí uno de sus dedos y lo guié hacia mis nalgas. Lo cogí firmemente y, mientras me inclinaba cobre la cama, lo presioné contra la entrada de mi culito. Él entendió el mensaje, y lo introdujo suavemente. Me incliné acercándome a la cara de Álvaro, que seguía masturbándose con la escena. Gemí de placer al empezar a acariciarme el clítoris mientras el dedo de Mario entraba y salía de mi culito. Álvaro y yo empezamos a besarnos apasionadamente.

Cuando sentí que estaba preparada, saqué el dedo de Mario de mi agujerito. Me subí a la cama y me dispuse a sentarme sobre Álvaro, pero dándole la espalda. Mario me miraba sin dejar de masturbarse. Me acuclillé sobre la polla de Álvaro, y él la acercó a la entrada de mi culito dilatado gracias a los cuidados de Mario. Lentamente, me dejé caer sobre ella. Su polla entró limpiamente en mi culo, haciendo que me estremeciera de placer. Álvaro me acariciaba la espalda, y Mario se pajeaba compulsivamente mientras yo empezaba a cabalgar a Álvaro lentamente. Empecé a gritar de placer, y me recosté sobre Álvaro. Dejando que mi espalda se apoyara en su pecho. Separé mis piernas.

Mario entendió el mensaje. Se subió a la cama y se acercó a mí. La polla de Álvaro estaba alojada en mi culito, y Mario se puso encima de mi y acercó la suya a la entrada de mi coño. Cuando me penetró con aquél enorme miembro, me corrí por primera vez. Mis gritos de placer parecieron animar a los chicos. Álvaro me empujaba hacia abajo para que su polla entrara bien en mi culito. Mario me follaba el coño cada vez más deprisa, mirándome a los ojos, besándome sin parar. Creo que perdí el sentido del placer que me estaban dando. Las embestidas de ambos se alternaban rítmicamente, y yo sentía dos pedazos de carne calientes en mi interior a la vez. Se turnaban para sobarme las tetas, y tras unos minutos tuve el mayor orgasmo de mi vida, rellena completamente y apretando mis agujeros con cada convulsión.

No soy muy consciente de lo que pasó después. Recuerdo que tras unos segundos, aún recuperándome de haberme corrido tan profundamente, los chicos se las habían arreglado para colocarme en otra postura. Estaba sentada sobre Álvaro, pero esta vez de cara a él y dándole la espalda a Mario. Mientras la polla de Álvaro me follaba el coño, Mario me empujó hacia adelante. Me besé con mi novio apasionadamente y noté como el enorme pollón de Mario me presionaba el culito. Jamás pensé que algo tan grande me cupiera por ahí, pero entró sin ningún problema. Ahora era Mario el que me daba por detrás, mientras Álvaro miraba fijamente mi expresión de placer descontrolado. Las dos pollas entraban y salían a toda velocidad, vibrando en mi interior y haciendo que me corriera una y otra vez.

Cuando finalmente las sacaron de mis agujeros, yo estaba completamente agotada por el placer y apenas era consciente de lo que pasaba. Noté cómo me tumbaban en la cama y acercaban sus pollas a mi cara. Abrí la boca complaciente, sin pensar, exhausta y derrotada. Mario se corrió primero, más suavemente que antes. Su semen goteó desde la punta de su polla hasta mi boca. Álvaro me tomó la cabeza y me la inclinó hacia un lado para que el chorro de Mario me cayera en la cara. No me resistí. Cuando Mario hubo acabado de correrse en mis mejillas, Álvaro me acarició la cara con su polla. Me encantaba sentir su roce húmedo. Poco después me la metió en la boca, empapada de los jugos derramados por Mario. Yo notaba el sabor la leche de Mario en la polla de Álvaro, y dejaba que me follara la boca a conciencia. Enseguida se corrió abundantemente, y me tragué hasta la última gota de la mezcla de sus corridas.

Nos quedamos dormidos inmediatamente, yo en medio de los tres. Había sido la mejor noche de mi vida. Mario se fue al día siguiente y no hemos vuelto a quedar con él. Pero cada vez que pienso en nuestro trío me entran ganas de llamarlo.

A Álvaro le pasa lo mismo.... Continue»
Posted by chatoo 2 months ago  |  Categories: Group Sex  |  Views: 1856  |  
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La profesora de ingles y mi suegra ( Parte II )

La Profesora de Ingles

La profesora de inglés


Yo tenía entonces 15 años y estudiaba por la mañana. Era un buen alumno y mis padres querían que yo profundizara el idioma inglés porque razonaban, y la vida les dio razón, que me iba a ser de utilidad para mi futuro. Decidieron mandarme a reforzar las clases del colegio con una profesora particular que vivía a dos cuadras de casa.

Yendo al colegio por la mañana, me quedaba la tarde libre, así que a las 15 horas iba donde la profesora. Esta era una señora de origen inglés aunque nacida en el país y hablaba muy bien el idioma sajón. A la hora de las lecciones tenía un solo alumno, yo.

Esta mujer, Mrs. Alice era casada y no había tenido hijos. Su marido trabajaba jornada completa y volvía a casa por la noche. Con las clases de inglés reforzaba el presupuesto familiar y matizaba su tiempo libre. Alice era una mujer alta, calculo un metro setenta y cinco, delgada y con unas tetas tamaño 100, que yo gustosamente miraba cuando ella se agachaba.

Debo decir que para esa época yo era virgen sexualmente. Todo el sexo que yo practicaba eran unas pajas que me hacía mirando mujeres desnudas o con ropa interior en algunas revistas que circulaban entre los muchachos de mi edad. Nunca había visto a una mujer desnuda, ni siquiera a mi madre. Esa era la razón de mis desvelos por mirarle las tetas a Mrs. Alice y no ponía cuidado en ello. Demás está decir que ella se daba cuenta y según supe entender con el tiempo, se calentaba tanto como yo. Así estábamos lecciones va y viene, cuando un día llego y me la encuentro con una camisa muy escotada que dejaba casi a la intemperie sus senos.

Como es de imaginar, yo no atendía la lección y estaba embobado mirando sus pechos. Obviamente la profesora se daba cuenta de mis miradas, pero eso parecía que le gustaba y mucho. Supongo que su libido fue creciendo hasta que no pudo más y me dijo con voz muy zalamera

- Te gustan mis pechos? Digo porque no haces más que mirarlos. Realmente te apetecen? –

Como te imaginaras, le decía a mi suegra, yo me quedé totalmente cortado sin saber que responder. Había sido pillado in fraganti. Respondí entrecortadamente

- Si señora me gustan y mucho, y disculpe usted pero es que son tan bellos que no me resistía a dejar de mirarlos. Sabe, nunca los había tenido tan cerca mío –

- Vaya muchacho y que dirías si te digo que a mí me gustan que me los miren, serías capaz de hacerlo y guardar el secreto entre nosotros dos. Me gustan que me los miren y que me los toquen y besen. Si me prometes que esto queda entre nosotros dos, te dejo verlos? –

- Si Mrs. Alice, dije entre asombrado y ansioso. Seré una tumba.-

Y uniendo la acción a la palabra, se desprendió la camisa y quedaron sus tetas al aire sujetadas por un corpiño que le iba ajustadísimo. Con la mirada me invitó a que le desabrochara la prenda y así quedaron totalmente expuestos a mi atónita mirada y mis deseos, un par de limones carnosos que yo devoraba con la mirada.

- Anda ven, tómalos entre tus manos y juega con ellos. Me gusta que me los expriman y me pellizquen este botoncito que está en la punta que se llama pezón. Anímate que no te voy a regañar. –

Antes que Alice repitiera el envite estaba yo con una teta en cada mano masajeando y pellizcando sus pezones mientras Alice echaba su cabeza hacia atrás y dejaba oír sus primeros suspiros. Instintivamente y sin recibir ninguna indicación, me lancé a tratar de metérmelos en la boca, cosa imposible por su tamaño, tal que solo me quedó la alternativa de chupar y chupar en medio de los jadeos de mi profesora. No recuerdo cuanto tiempo estuve en esa acción, solo recuerdo que Alice me dijo en algún momento de mi festín que éste había terminado y debíamos continuar con las clases, al tiempo que me recordó nuestro pacto de silencio. Recuerdo que su rostro estaba rojo y sus labios marcado por sus dientes. Calculo, que habría tenido un orgasmo por lo encendida que estaba.

Yo la miré sin saber que decir, pero como era ella la que mandaba la batuta, me retraje y traté con mucho esfuerzo continuar con mi clase. Recuerdo que me quedé con una erección brutal y me dolían los testículos.

Las clases se sucedieron sin que se repitiera aquella sesión de mamada y parecía que había sido cosa para olvidar. Desde ya que yo respeté mi pacto de silencio, pero esperaba novedades al respecto. Y estas llegaron para mi felicidad.

Terminada una de las clases Alice me dijo que les avisara a mis padres que la próxima iba a ser de dos horas largas porque debíamos repasar muchas lecciones. Recuerdo que fue un día jueves que llegué a su casa. Me abrió la puerta y me recibió con un vestido casi trasparente que dejaba ver que no tenia corpiño y solo llevaba un calzón. Mi corazón dio un vuelco y que quedé de una pieza.

- Entra muchacho no te hagas rogar que hoy vas a tener las mejores lecciones de tu corta vida. Creías que me había olvidado de aquella tarde que me diste tanto gusto sorbiéndome mis pechos? Pues no. Esta tarde no solo tendremos pechos para tu gusto sino otros manjares, porque yo también pretendo lo mío. –

- Usted dirá señora que debo hacer yo. - Dije tartamudeando.

- Pues ya te estás quitando la ropa y vienes para el dormitorio que voy a enseñarte a hacer el amor. Porque según me ha parecido nunca has debutado en las lides del sexo.-

Más pronto que corriendo me quité mis prendas, que no eran muchas y quedé como mi madre me trajo al mundo. Alice se desbrochó el vestido y lo dejó caer al suelo quedando solo con sus bragas. Me pidió que se las quitara lentamente y así fue que por primera vez en mi vida vi un coño. Qué espectáculo madre mía! Se me presentó pleno de vellos púbicos tal como yo había visto en fotos, solo que éste lo tenía frente a mí. Quedé fascinado mirándolo y sin saber que hacer hasta que Alice me llamó a la realidad invitándome a ir a la cama.

Lo que vino después fue algo que aún hoy guardo celosamente en mi memoria, no solo porque fue mi primera vez sino por la dulzura y esmero que puso esa mujer para iniciarme. Desde ya que ella también estaría gozando al desvirgar a un muchacho de 15 años, pero lo hizo de una manera magistral. Acostada al lado mío primero me pidió que repitiera mis juegos con sus pechos tal como la vez anterior. Alentado con la propuesta me di a la tarea besando, lamiendo, chupando y mordiendo cada una de esas tetas que para mí eran lo máximo. Me prendí de sus pezones chupándolos como un bebé con el eco de los gemidos de Alice. Hoy, después de tanto tiempo transcurrido, todavía me emociono con el recuerdo.

Así estuve largos rato chupando y lamiendo esas tetas deseadas, hasta que ella me detuvo y empezó a acariciar todo mi cuerpo. Comenzó dándome unos besos de lengua que me sorprendieron aunque respondí con lo mío. Luego siguió con besos y caricias por todo mi pecho lamiendo y mordiéndome las tetillas, para bajar lentamente a mi zona genital y tomar mi pene con su mano acariciándolo suavemente. Se deslizó hacia abajo y colocó mi verga dura como un garrote, próxima a su boca.

Puso toda su experiencia al servicio de mi causa. Descapulló mi pene muy despacio y posó su lengua sobre el glande, para luego lamerlo repetidas veces. Siguió su tarea sorbiendo y chupando mi aparato viril con una suavidad y delicadeza que aun hoy me asombra. Su lengua recorría toda la extensión de mi miembro repetidas veces como sorbiendo un helado. Luego introdujo el ariete en su boca para chupar y lamer una y otra vez hasta que como ya te imaginarás empecé a sentir las sensaciones previas a una corrida, de la cual avisé pero Alice parecía poseída y no cesaba con su servicio. Intenté contenerme pero el goce pudo más y en medio de violentas convulsiones descargué en su boca todo el semen que creía tener, y que Alice recibió encantada sorbiéndolo y tragándolo. Como no cesaba de chupar esa corrida resultó interminable y así quedé derretido en la cama, eso sí, con mi pene totalmente limpio porque la profesora se ocupó de no dejar ni una sola gota.

- Te gustó mi amor?- Me dijo con una voz tan tierna que aún hoy resuena en mis oídos.

- No sabe cuánto me hizo gozar. Es mi primera vez y eso estuvo fabuloso, la verdad es que no tenía la menor idea de lo mucho que se puede gozar con una mujer. –

- Ahora descansemos un poco que la lección aun no termina. Hay mucho más que tienes que aprender, porque me imagino que todavía quiere más, no? –

- Claro que quiero, si lo que viene es tan bueno como lo que hicimos, créame que lo voy a disfrutar mucho. –

Creo que el respiro no habrá durado ni diez minutos y ya me sentía otra vez en plenitud. Así lo demostraba mi picha que estaba enhiesta como hacía unos minutos. Alice se dio cuenta y tomando nuevamente el manejo de la situación me dijo.


- Ahora te toca a ti tomar el papel activo. Estás dispuesto? –

- Por supuesto, dígame qué debo hacer y lo hago de inmediato.-

- Vas a bajar hacia mi entrepierna y cuando yo abra las mismas, vas a jugar con mucha delicadeza con tus manos, dedos y boca con mi vagina, de acuerdo? Ese es un juego que a nosotras las mujeres nos da mucho placer –

No me hice repetir la instrucción. Me bajé a su zona pélvica, jugué unos minutos con su pelambre porque me llamaba mucho la atención ese cabello rubio, corto y enrulado. Luego abrí sus piernas con mis manos y comencé tímidamente a meter mis dedos en su cueva. Como me lo había indicado, lo hice muy despacio y en forma suave como acariciando esa cavidad que estaba húmeda y viscosa. Primero fue un dedo, y luego otros dos. Los metía y sacaba a un ritmo constante. Mis movimientos tenían como eco los gemidos de Mrs. Alice que me alentaba con frases amorosas. De repente y como dando respuesta a una orden natural me acerqué con mi boca dispuesto a degustar su vulva. En mi mente tengo el recuerdo de la fuerte sensación que le produje a Alice y a mí mimo. Imagínate, era la primera vez que tenía una concha frente a mis ojos y boca, y no salía de mi asombro. Sin embargo, encontré la serenidad para lanzarme con mi boca a degustar el sitio tantas veces soñado. Mi lengua inexperta buscó la cavidad que me estaba esperando y que me recibía con sus jugos que sorbí con gusto. Yo chupaba y lamía, metía mi lengua dentro de su sexo iniciándome en una experiencia inédita. Mi lengua, buscaba cada rincón de esa cueva en un incesante entra y sale que arrancaba suaves gritos de satisfacción de la profesora. De pronto, cuando estaba en esa tarea con todo mi empeño, la sentí vibrar y estremecerse en toda su humanidad dando profundos quejidos que acompañaron a una descarga de jugos que inundaron mi boca.

Debido a mi inexperiencia yo no estaba al tanto de las acabadas femeninas. Me asusté y detuve por un momento mí accionar hasta que una voz imperativa me ordenó

- No te detengas, sigue, sigue que me estoy derramando como hace tiempos no lo hacía. Sigue Daniel, por favor no te detengas. –
No me detuve. Seguí dándole lengua y chupadas hasta que ya casi exhausto, suavemente me apartó con sus manos y me pidió que me recostara junto a ella. Así lo hice y me recibió con un profundo beso de lengua con el que me agradecía el momento que le había hecho vivir.
Cuando recuperó el aliento, me explicó con lujo de detalles lo que había experimentado. Me habló primero de sus dudas respecto a mí y mi juventud, me dijo que mi audacia mirándole los senos le habían ido desatando sus prejuicios y su libido, liberando su deseo de tener sexo con un joven de mi edad. Me habló también de las sensaciones que acababa de experimentar y de la profundidad del orgasmo que había tenido, después de mucho tiempo, según recordaba, pues las relaciones con su marido además de infrecuentes, se habían transformado en algo tedioso. Esas fueron mis primeras lecciones prácticas de sexo, aunque todavía me esperaban otras.
Me sentía un hombre realizado recibiendo sus elogios por la manera que le había comido su chocha. Como recompensa Alice volvió a recuperar su iniciativa tomando mi verga en sus manos y comenzando a pajearme lenta y suavemente. Sentí que nuevamente estaba llegando al clímax y se lo manifesté. Interrumpió sus caricias y me pidió que me montara sobre ella para penetrarla.
Mi falta de experiencia y mis nervios me jugaron una mala pasada pues no atinaba a dar en la cavidad vaginal. Ella me tranquilizó y con una mano experta me guió al destino asignado que estaba esperando la llegada de mi verga que se deslizó con facilidad en su húmeda vagina. Que satisfacción cuando me sentí dentro de ella! Era mi primera vez! No lo podía creer, me parecía estar en el paraíso.
- Ahora que estás adentro tienes que moverte empujando y retirando tu miembro las veces que quieras. Cuanto más lo hagas más vamos a gozar ambos, anda Daniel que vas bien orientado. –
Con ese estímulo empecé mi mete y saca despacio primero y a medida que sentía que Alice gozaba, y yo también por supuesto, comencé a apurar el ritmo embistiendo con mi fuerza juvenil la apetecida cueva. Una y otra vez mi verga entraba y salía de su concha, sentí el deseo de decirle cosas y así lo hice.
- Como me gustas mamita, esto es formidable, siento un placer total. Dime que te gusta y que tú también estas gozando. Te quiero Alice, te quiero. Ya había perdido el respeto y la tuteaba –

- Claro que me gusta y estoy feliz gozando como me coges. Sigue así mi muchacho, sigue que pronto me voy a correr otra vez. –

Seguí con mi tarea. Estaba fuera de mí. Metía y sacaba, la tomé de sus caderas con ambas manos para tratar de penetrarla hasta el fondo. Quería demostrarle mi virilidad. Todo fue bien hasta que no pude más y le dije

- Yo también siento que voy a acabar dentro de ti, ya me viene, no lo puedo evitar, ah, ah, ah…-

- Qué bueno, un poco más y yo te acompaño mi amor, soy tuya, derrama toda tu leche en mi cueva. Me vengo, me vengo…-

La fortuna quiso que acabáramos ambos al mismo momento. Mientras seguía derramando todo el semen que me quedaba, la abracé fuerte y la colmé de besos que Alice me devolvió con una ternura casi maternal. Me tomo la cabeza entre sus manos y acariciándome me repetía una y otra vez.
- Daniel, mi amor, que feliz que me has hecho. Te amo mi muchacho, te amo. No quisiera que este momento termine nunca. Gracias, muchas gracias.

Siguió hablándome un largo rato. La verdad es que no me acuerdo de sus palabras porque estaba sumido en un profundo sopor y transportado a las nubes. No sabía ni como me llamaba.

Pasado unos minutos, Alice miró el reloj y me anunció que debíamos volver a la vida porque habían pasado más de dos horas desde que había llegado y era hora de irme. Antes me colmó de besos y caricias con la promesa de repetir ese encuentro.

Efectivamente ese encuentro fue el primero de una larga serie de sesiones de sexo que mantuvimos por casi más de dos años y que debimos terminar cuando acabé el colegio secundario y comencé la universidad.

Sin embargo el recuerdo de esos momentos vividos son permanentes. Llevo en mi retina la forma de sus pechos, en mi boca el sabor de su vulva y en mi nariz el aroma inconfundible de sus jugos vaginales.

( Continuará )

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Posted by pepitito 2 years ago  |  Categories: Mature  |  Views: 1182  |  
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Mi cita con el Capi me puso al rojo

Cuando acabo de abrir la puerta de donde vivo me dijo TERE te ves muy rica pasado mañana vengo y quiero que me pagues el favor tu dime si aquí en tu casa o te llevo a otro lugar paso a la 12:00 am y quiero que estés vestida así como veo que te gusta con ropita muy sexy y sobre todo bien limpia porque te voy a devorar el culo, yo solo atine a decir si señor así será se fue y me despedí de mi PAQUITO con otro beso muy rico y me dice ten cuidado con el CAPI es un depravado, pero no te olvides de mi nalgona porque lo de hoy lo repetiremos varias veces solo dime cuando vengo y hare todo lo posible por estar aquí, y se fue, yo entre despacito pues ya había luces encendidas de un cuarto entre al mío me di un baño y me quede dormida hasta las 2:00 de la tarde con mucha hambre y sed pues me sentía como cruda después de una borrachera
Pase el día pensando que ponerme para lucir bonita y sexy para el CAPI el es un hombrote de 1.85 muy fornido tirándole a gordo con aspecto rudo prieto y calvo, escogí para la ocasión un coordinado en color blanco tanga y brasier con olancitos rojos, una faldita de licra color amarilla fluorescente, top color blanco, liguero negro y medias con figuritas negras mis zapatillas de 15 cm, mi peluca color chocolate alborotada, pulsera y collar de perlas, me maquille lo mejor que pude con mis labios color rojo, puse en mi bolso lubricante, condones y toallitas húmedas, eran como las 11:30 cuando termine yo estaba súper nerviosa pero contenta pues nuevamente me iban a coger en la misma semana eso no avía pasado nunca espere asomándome por mi ventana no savia en que o como llegaría y así estuve hasta las 12:20 am que vi como bajaba de un auto neón azul metálico se bajo y le dije por la ventana que me esperara, me asome y todo estaba obscuro baje lentamente las escaleras para no hacer ruido con los tacones abrí lentamente la puerta fijándome que llevara las llaves, Salí y lo salude de mano el solo silbo diciendo que linda y puta te ves TERESITA nos vamos? Y le pregunto adonde me baz a llevar, no te preocupes estas con el CAPI me dijo, me abrió la puerta y como el auto es mas chaparrito y yo con zapatillas me tuve que agachar mucho y el aprovecho para meterme la mano en mis nalgas y dijo pero que banquete me voy a dar mamacita.
Arranco el auto y yo me sentía feliz, libre, protegida y con deseos de estar ya en alguna cama con este hombre anduvimos por algunas calles el solo me acariciaba las piernas y de vez en cuando metía la mano para agarrar mis chichitas las cuales acomodo en el sostén para que se vean más grandes, las apretaba y le daba pellizcos a mi pesoncito, llegamos a una jefatura de policía y me dice espera voy a ver quien esta, me puse muy nerviosa tanto que pensé me encerraría o algo así hasta me dolió el estomago, regreso rápido abrió la puerta y me dijo baja cariño te voy a presentar a unos amigos, sentí desmallarme nunca avía salido vestida de mi casa y ahora que lo hice me iban a ver más hombres, entramos a la jefatura y vi como 10 policías y les dice miren cabrones esta es mi vieja y cuando la vean por la calle me la respetan sino vengo y les rompo la madre todos contestaron si jefe lo que usted mande, apenas alcance a oír, que buenas nalgas tiene esta puta nos salimos y yo respire aliviada y me sentí tan feliz que le CAPI me llevara con sus compañeros y me presentara como su novia.
Tomo rumbo a la salida a Celaya y entro a un motel muy bonito entramos al reservado y ni le cobraron cerro la entrada, abrió mi puerta y me tomo de la mano para que yo saliera al abrir las pierna para bajar exclamo que ricas piernotas TERESA te las puedo besar? Por supuesto cariño son tuyas es mas toda yo te pertenezco esta noche, haz de mi lo que te plazca me abrí mas las piernas y entre las medias y la tanga me dio una serie de chupetones que me ardían pero que yo gozaba a lo lindo, baje del auto y me indico subiera la escalera pero me subió la faldita hasta media nalga el subió de tras de mí y me iba acariciando mi culito con un dedote que tiene pues sus manos son grandes de dedos gordos iba metiendo la puntita yo movía las nalgas de gusto, al entrar al cuarto vi que estaba muy lindo alfombrado con una camota y lo mejor en el baño avía un bidet que sirve para lavarse el culo lo cual me dio la idea de usarlo de inmediato así se lo dije y el con gusto me dijo te lo lavas bien hasta dentro, ya bien limpia me retoque los labios me acomode la peluca y Salí en busca del placer, ahí lo encontré recostado viendo una película porno solo traía puesta una bermuda su pecho lleno de vellos hasta su pansa, las pierna, los brazos gruesos como troncos me acorruque en su pecho y comencé a pasar mi cara por todos sus pelos eso me encanta me pone chinita, se levanta y me dice quiero que te recuestes en el taburete pon tu abdomen en ella con las manos toca el piso y abre las piernas, así lo hice y estando en esa posición bajo mi tanga un poco me abrió las nalgas diciendo que nalgotas tienes TERESITA ya las soñaba así y comienza a pasar la lengua por todo el canal de las nalgas picando con la lengua mi culito queriendo meter un poco esa legua rasposa y larga, me dice ábrete tu quiero disfrutar ese culito a mi antojo así lo hago abro las nalgas y siento su lengua entrando y moviéndola hacia los lados como queriendo abrir el esfínter con solo la lengua yo solo pujo pues es algo delicioso creo que ponía los ojos en blanco pues sentía venirme sin tocarme después de un rato así me levanta y me dice ahora te toca hacerme gozar mamita, si mi amor lo que quieras, le bajo la bermuda y veo una tripa colgada gruesa negra con una cabeza grande como un durazno, yo paso saliva de solo imaginar tamaño casota estando dormida, la tomo con manos temblorosas la ciento pesada mis dedos pulgar y medio no se tocan, me la llevo a la boca solo chupo la cabezota está muy grande hago un esfuerzo y entra un poco como diez centímetros, le doy varios chupetones como me gusta y se les gusta y comienza a cobrar vida se va parando con mis mamadas la tomo con dos manos y chupo y chupo esa verga pensando que me va a partir el culito le calculo unos 23 centimetros, me aparta y se sube a la cama y me dice hagamos un 69 nalgona dame tus nalgas mientras me mamas mas mi verga, así lo hago me monto en el por su gordura tengo que abrir mucho las piernas quedando encima de el con mi culito abierto cerca de su boca siento todos sus pelos en todo mi cuerpo me siento feliz de tener a ese osote solo para mi tomo su verga y la comienzo a mamar pasando la lengua por su tronco y sus huevotes negros, peludos, grandes me engolosino con todo eso en eso estaba cuando siento su boca pegada en mi culito dándome besos chupando por dentro siento que me arranca la vida por el culo, en eso me vine sobre su panzota, eso lo calentó más de lo que ya estaba y me dice ya amor quiero meterte la verga en ese culo, le respondo como quieres cogerme cariño, ponte otra vez en el taburete y ahí voy me pongo y siento como me unta lubricante con sus dedotes en mi culito estando ya bien lubricada se monta en mis nalgas y con su peso me la mete toda de un solo empujón yo suelto un grito de dolor o placer no se pero creo se oyó hasta la calle, el me dice aguanta mamita ya entro todo así me gusta hacerlo y me gusta que la chica que me este cogiendo grite pero que me pida mas, yo estaba privada no podía responderle solo movía la cabeza de un lado a otro pero comencé a sentir muy rico como entraba y salía solo un poco esa vergota de mi culito, creo que se canso porque me la saco y se fue a sentar en un sillón yo veía esa vergota bien parada con un condón can sabor a uva y me fui sobre de él lo quería en mi boca solo lo mame un poquito porque me ordeno móntate nalgona quiero ver cómo te tragas a mi bestia, así lo hago me monto, tomo su vergota con mi mano y me la acomodo en la entrada de mi culito y comienzo a bajar sintiendo como se va abriendo el esfínter de mi culito cuando lo suelto me tiemblan las piernas por la posición me voy bajando cuando me toma de las caderas y se levanta y nuevamente me la mete toda yo estaba flojita disfrutando su grosor pero ahora la tenía hasta el tope volví a gritar el me dice así mamita grita mas mi amor y comienzo con una ópera de gritos unos de dolor otros de placer otros por complacer a mi amor que me estaba dando una cogida de ensueño, se volvió a cansar y me pide que me ponga de a perrita sobre la cama pero que no levante mucho las nalgas para que me alcance, asi me pongo con las piernas abiertas y la cara sobre el colchon el se coloca detrás de mi me toma de las nalgas y me la mete despacito como con cuidado de no romperme es tan lento que siento su verga dura, tiesa, gruesa, con las venas hinchadas y comienza un mete y saca lento como besando por dentro mi conducto anal pero va acelerando el ritmo mas y mas rápido hasta que se torna como una máquina de coger ya no siento lo duro sino lo tupido que me da el sudor de él resbala por su cuerpo y bufa como toro, yo solo jalo aire por la boca es tanto placer que estoy privada no puedo hacer otra cosa que gritar que me siga cogiendo asi le pido más fuerte y en eso siento como me llena el culo de su leche, nunca me di cuenta que se quito el condón, sentí su leche muy caliente sentía como que me ardía por lo caliente y que se me sale otra venida sin siquiera estar parado mi clitoriz, y me dice alcánzame mi pantalón se lo doy y de él saca un plug de cristal, me saca lentamente su vergota y me dice no te muevas mi amor quiero que guardes mi leche por un rato cuando acabo de sacarlo ya flácido de inmediato me mete el plug si dejar salir nada de su semen, me pide me acomode la ropita y me ponga mi tanga y me pide que camine por el cuarto, asi lo hago de un lado a otro moviendo mis nalgas lo mas sexi posible para agradar a mi amor de esa noche, yo siento en mis entrañas como si tuviera diarrea y que se me quiere salir y me pide que haga esfuerzo para que no se me salga y hago movimientos internos como chupando la lechita en mi culo, me pide me acerque a él, me quita la tanga y despacito me saca el plug, de inmediato pone su cara para que lo bañe con el semen que salía con estruendo por mi ahora culote queda su cara llena de semen y me pide que se lo limpie con la lengua yo muy obediente lo hago y que rico me supo y a la vez que cachondo chupar toda su cara eso lo prende nuevamente, nos recostamos en la cama y de cucharita me comienza a coger, me besa por atrás del cuello, me chupa, me muerde las orejas, mete sus brasotes bajo mis hombros y me atrae asía el metiendo su verga hasta el fondo asi me tiene yo loca de placer empujo mis nalgas a su encuentro y me dice asi TERESITA entrégate a mí a tu macho quiero que seas mía solo mía coges divino no me cansaría de cogerte todos los días asi amor ya me voy asi amor mueve esas nalgotas apriétame las verga con tu culo sácame la leche mi amor cariño me vengoooooo y haaaaaaaaaaaaaaaa no fue mucha pero sentir su palpitar en mi culo me dejo exhausta que me quede dormida no se cuanto tiempo pero cuando abrí los ojos ya avía salido el sol, el aun dormía estábamos desnudos vi su verga dormida, indefensa, con una gotita de lechita en la punta se me antojo quitársela con la lengua, me acerque sin moverlo ni tocarlo pase mi lengua por la gotita y la recogí con la puntita me esta saboreando el sabor de la miel cuando me toma de la nuca y me dice mámala asi te cabe toda no lo pensé y me la metí toda sentí mi boca llena de carne flácida pero con el calor de mi boca se fue parando y solo me quedo chuparla por partes, cuando la tubo tiesa me pide me acueste boca abajo y golosa me puse como me lo pidió me puso una almohada en mi pansa quedando mis nalgas levantadas, tomo el lubricante que sentí frio me unto un poco más adentro y que se sube nuevamente sentí como me la dejo caer toda de un solo empujón con todo su peso no pude ni moverme y comenzó un mete y saca salvaje duro, rápido, me tomaba de los hombros para que se me fuera todo hasta lastimarme por dentro no se con que chocaba pero me lastimo y no se bajo hasta que deposito su miel dentro de mi culote ya no era culito con esa vergota, yo adolorida, cansada, con el culo bien abierto me metí al baño a darme un rico baño con agua caliente la sentí tan rica recorrer mi cuerpo que abrí mis nalgas con el fin de que calmara un poco el dolor asi estaba cuando lo sentí cerca de mí y me dice golosa eres insaciable vi su verga y estaba a medio parar me la acomodo y nuevamente fue tierno, dulce, cariñoso, me la metió despacito, hasta sentir su cuerpo pegado al mío me abraso y me beso los cachetes yo moví la cabeza y nuestras bocas se encontraron me beso con mucha pasión, metía su lengua en mi boca y yo se la chupaba me sentía enamorada, en ese momento era su mujer, su esclava, sería lo que él me pidiera solo me deje coger aventando las nalgas a su encuentro pero fue un tiempo que ni me acorde de cómo iba a llegar a mi casa vestida de puta, todo mundo se enteraría de lo que soy pero preferí olvidarme de eso y disfrutar esa cogida y esos besos ya no se pudo venir estaba seco, nos acabamos de bañar nos vestimos y le pregunte que íbamos a hacer, me contesto muy tranquilo no te preocupes ahorita lo arreglo llamo a la recepción y estuvimos platicando de cosas hasta que tocaron a la puerta el salió y entro con un pants blanco de dos piezas y me dice póntelo es tuyo de inmediato me vestí y lista salimos del motel a las 11:00 de la mañana, pero faltaba una cosa mis zapatillas no iba a entrar de pants con zapatillas a mi casa y se me ocurrió si hay alguien entro descalza y si no hay nadie entro con zapatillas, al llegar a mi casa vi que salía una vecina creo iba al mercado esperamos un momento a que se alejara y nos despedimos me abraso, me dio un beso y metió su mano dentro de mi pants agarrándome las nalgas yo le deje hacer y hasta metí un dedo en mi culito como despedida agarre mi bolsita de hule con mis cositas y me metí con zapatillas no avía nadie fuera solo vi que se movían unas cortinas quien me vio luego se los cuento.



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Posted by Mistyca 1 year ago  |  Categories: Anal, Masturbation, Shemales  |  Views: 179  |  
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Con el maduro de la tienda...

Había ido a hacer un recado a un barrio de Madrid que está algo alejado de mi casa. Cuando me encuentro en una zona donde sé que no me conoce nadie, que puedo hacer lo que quiera sabiendo que no me voy a topar de pronto con un colega o un vecino, me entra una vena morbosilla y me pongo a fantasear con cualquier cosa que esté a mi alrededor; me veo sobándole el culo a este universitario buenorro, tocándome en esa esquina cuando ya ha oscurecido, o fumándome un peta en aquel banco con aquel macarrilla mientras hablamos de guarradas varias.


Pero nunca me habría imaginado con qué me iba a encontrar, aquella misma tarde, en una aparentemente inocente tienda de cómics que me llamó la atención al pasar ante ella. Entré; era pronto, y me gusta echar un rato ojeando este tipo de tiendas. Era de esas grandes, especializadas, con muchos cómics de importación y figuritas caras para frikis sin remedio; como yo, jeje.

- Buenas –saludé levemente al vendedor cuando pasé por delante del mostrador.

- Qué hay –respondió sin levantar la vista (estaba leyendo un cómic), pero con una voz grave y cálida que me incitó a mí a levantarla y echarle un vistazo de reojo. Era un hombre de unos cuarenta y muchos, aunque su edad se reñía con un aspecto juvenil y despierto bien conseguido: cuando podría haber llevado camisa, en lugar de ello lucía una camiseta ceñida de las que casi no tienen manga, buena elección ya que no tenía mal cuerpo y le quedaba de puta madre (y yo, a mis 23 años, de camisa para disimular mi pequeña barriga cervecera... umm bueno, en todo caso más tarde agradecería mucho este detalle pues las camisas me favorecen bastante); estaba además sensualmente rapadete, pero lo mejor de todo era la postura, pues leía desde una silla alta, mirando hacia abajo con el tronco erguido, y una mano agarrándose espontáneamente la rodilla, en plan macho.

Pensaba en la sugerente imagen del vendedor mientras echaba un ojo distraído a los estantes de cómics, cuando al cabo de un rato me encontré, sin esperarlo, con la sección de cómics eróticos. De forma instintiva, busqué un apartado gay y sonreí al ver que efectivamente lo había. La tienda estaba vacía, y dioss, qué libertad poder abrirlos y dejar que se me pusiera dura sin preocuparme porque me viese alguien... Por supuesto, un poco más allá estaba el vendedor, pero él seguía con su cómic tranquilamente y además estaría acostumbrado a ver a chavales cayéndoseles la baba con aquellas morbosas portadas; los vendedores no suelen meterse en los asuntos de los clientes, aunque, jóder, éste sí que se metería a fondo antes de que acabase el día.

Miré el reloj, las 19:55, mierda, estaba a punto de cerrar; tendría que apuntar la dirección para venir en otra ocasión con más calma. Tras comprobar que ya no se notara bulto entre mis piernas, pillé dos cómics gays que me molaron y fui al mostrador. Al ir a mirar los precios vi que eran caros y quise optar por uno; como no me decidía, se me escapó decirle distraídamente al vendedor, sin mirarle:

- ¿Cuál me aconsejas?

De pronto me dio vergüenza al darme cuenta de que con esa pregunta estaba dando por hecho que al pavo le gustaba lo mismo que a mí, pero ya era demasiado tarde. La vergüenza se tornó en agradable sorpresa cuando le vi ponerse a examinarlos como quien no quiere la cosa y, con una amable sonrisa tranquila, tomó uno de ellos, buscó una página concreta y lo depositó sobre la mesa abierto de par en par.

- Tu verás –volví a oír su voz de madurote seguro de sí mismo–, pero dime si no te correrías con sólo recordar esta imagen.

Observé el dibujo con curiosidad, era una escena a doble página, un primer plano del pecho de un tío impresionante al que otro le lamía un pezón. Me encanta el porno que, sin necesidad de ser explícito, consigue ponerte más que ver una mamada en directo.

- Hostia, esta claro –dije, alucinando–, cóbrame este. Me he empalmao en cuanto lo he visto. – Ya me daba igual tomarme confianzas, el tío había ido directo a buscar esa página: el cabrón se lo había leído (entre comillas leído, claro).

Me lanzó una mirada de complicidad, acompañada de un discreto guiño que me hizo devolverle una sonrisa, y mientras me cobraba se me ocurrió preguntarle si no tenía más cómics de ese dibujante, pues me parecía la hostia y quería tenerlo fichado.

- Tengo en el almacén, pero cierro en cinco minutos; si no tienes prisa espérate y te los busco.

- Qué va, no tengo prisa.

- Pues mira, cierro la tienda y los buscamos con calma, ¿te parece?

- Putamadre tío. –Me encantaba hablarle como si fuese un colega de toda la vida, él mismo incitaba a hacerlo con sus gestos y su forma de hablar.


Vi cómo cerraba y apagaba las luces; aproveché para echar un ojo a lo que había estado leyendo: era un cómic en plan policiaco; "eres un puto salido", pensé de mí mismo al darme cuenta que me había decepcionado el hecho de que no fuera algo porno. Ya con todo cerrado y en penumbra, vino y me tocó en el hombro indicándome que le siguiera hacia el fondo de la tienda. Allí abrió una puerta y entramos a un almacén no muy grande pero bien aprovechado, con espacio para unas sillas y una mesa que, colocadas en el centro, me hacían pensar en la de horas que se pasaría el hijoputa "leyéndose" allí, tranquilamente, el material que le llegaba, antes de venderlo.

- Siéntate que igual tardo un rato...

Así hice y observé desde abajo su culo cuando se subió a una escalera para alcanzar los estantes más altos. Sus vaqueros ajustados sugerían un trasero redondito y duro; joder, no pude evitar rozarme la polla discretamente por encima del pantalón. Bajó portando en alto un pesado cajón, marcándosele los músculos del brazo por el esfuerzo, y lo dejó caer pesadamente sobre la mesa.

- Echa un ojeo a estos, hay algunos que son la polla.

- Jóder tío, se nota que sabes. – Me puse a mirarlos – Dioos me los llevaría todos. Pero son caros de cojones ¿eh?.

- En eso te doy la razón; pero haz como yo, móntate una tienda de cómics y los tomas "prestados". ¡Pa tres pajas no te hace falta comprarlos!

- ¡Jaja, quién pudiera, te lo has montado bien cabrón! –reímos; él ojeaba un cómic con una sonrisa pícara–; pero lo que más me gusta es que tienes este sitio donde te quedas solo y te las haces tranquilamente.

- Ya te digo chavalote –volvió a guiñarme un ojo y se acercó más a mí como si fuese a contarme un secreto–. Se corre uno aquí de puta madre. –Debió de captar mi calentón desesperado y añadió:– Oye me pareces un tío legal, si quieres me voy a hacer unas cosas en la tienda y así te dejo solo para que puedas sacudírtela a gusto.

- No jodas, –ahí sí que lo flipé– ¿me dejas?

Sonrió. - Mientras no me manches la mercancía... apunta donde quieras pero ojito con los cómics, que aún están para vender.

- Tranqui, sólo faltaba... ¿Me recomiendas alguno?

Rebuscó entre el montón y sacó uno.

- Este es la puta polla –dijo saboreando las palabras; me encanta oír a un macho pronunciar tacos de ese modo–, venga, córrete a mi salud chaval.

- Oye, gracias colega, te aviso cuando acabe.

Me apretó el hombro amistosamente, y salió, dejando entrecerrada la puerta del almacén. Oí cómo se ponía a hacer cosas, yendo de acá para allá.


¡Dios, dioooos! ¡Qué calentón llevaba en mi puta tranca! Y los cómics eran lo de menos, lo que me ponía de verdad eran otras cosas: esos brazos de adulto fuertote, ese apretón de colegueo en mi hombro, "apunta donde quieras", esa voz sensual y caliente, "córrete a mi salud chaval", "te dejo solo y te la sacudes a gusto"...

Me acomodé en la silla y me desabroché los vaqueros, sin llegar a bajármelos. Recorrí con dos dedos el bulto que formaba mi slip; el glande asomaba un poco por la rajilla de éste, y estaba ya un poco húmedo. Sin dejar de mirar una escena porno del cómic que me había aconsejado el vendedor (que por cierto, tenía razón: era la puta hostia), me saqué la verga del calzoncillo, con algo de trabajo pues mi miembro no está mal, no es muy largo pero sí voluminoso. Me agarré la polla y los huevos y empecé a sacudir, pero pese a lo cachondo que estaba reparé de pronto en que no había papel ni nada para limpiarse después de.

No quise abusar de su confianza dejándolo todo perdido, así que paré y di una voz.

- ¡Oye!

- ¡Dime! –contestó desde lejos. Me coloqué la polla en el slip (mierda, con lo que me había costado sacarla) y me abroché el botón del pantalón; entonces fui a la puerta y me asomé por la rendija.

- Tío, no hay nada para limpiarse.

Rió un poco y se acercó. Aunque yo creía que mi polla ya estaba a cien, se me puso aún más dura.

- Ya te he dicho que no te cortes, me da igual encontrarme tu lefa en el suelo, la silla o los estantes, siempre que no me estropees los cómics.

- Joder, ya, pero me da palo pajearme y dejarlo todo sucio mientras tú curras, te estoy quitando tu rato de "relajación" aquí...

- Tranqui chaval, que ya tendré luego yo "mi rato"; ¿te crees que soy de piedra?, me pone mazo saber que estás aquí meneándotela y luego pienso buscar tu corrida y pajearme con los huevos embadurnados en tu semen.

- ¡La hostia, estás más salido que yo, que ya es decir, jeje! Pues tío, atento porque no tardaré mucho, que me has puesto a mil y estoy que se me revienta.

- Tómate tu tiempo y disfruta, chico, no te preocupes por mí.

Con el calentón que llevaba ya se me había pasado toda la vergüenza, y le solté:

- Cómo no voy a preocuparme; me prestas un sitio guapo para que me pajee de puta madre, sin conocerme de nada, y te quedas al margen... ¡Deberías estar aquí disfrutando de tu momento y al menos presenciar mi corrida!

- Bueno, como quieras –se quedó ligeramente cortado, y noté cómo trataba de disimular su bulto en el pantalón; jejee esto me mola–. Yo era por respetar tu intimidad.

- Joder, es que no sabes cómo me pones tío...

Se acercó a la puerta; yo aún estaba detrás de la rendija, y abrí un poco más la puerta para dejarle sitio. Se apoyó en el marco de una forma que me volvió loco, con su brazo por encima de mi cabeza, y con la otra mano empujó levemente la hoja para abrirla aún más. Antes de que me diera tiempo a reaccionar, deslizó su mano hasta mi cintura y noté que sonreía un poco mientras acercaba a mí su rostro y me besaba suavemente. Entreabría un poco los labios, dejándome probar tan sólo la punta de su lengua; yo estaba tan flipado que ni siquiera acerté a moverme.

- Tú también me pones, cabroncete. –Me sonrió tranquilamente; tenía una serenidad que me excitaba de la hostia.


Nos morreamos de nuevo. Yo ya reaccioné y le cogí por la cintura, deslizando mis dedos por entre su camiseta y su pantalón para tocarle la piel. Él seguía apoyado en el marco de la puerta. En esto, me empujó muy suavemente acercándome a la silla, hasta que quedé sentado. Se sentó él también en la silla de al lado y tomó mi mano. Me moló cuando me desabrochó la manga de la camisa y me la fue remangando cuidadosamente, de forma muy sensual. El cabrón sabía que si iba a saco me correría en seguida; quería hacerme disfrutar.

- Así estás más sexy –me dijo cuando acabó de remangarme los dos brazos. Después metió su lengua en mi boca mientras rodeaba mis hombros con su brazo y me acariciaba el cuello. Yo adelanté una mano y le sobé la pierna, rozando su paquetón para ver cómo reaccionaba. Él mantenía su tronco erguido y sus movimientos eran siempre lentos y deliberados.

Tras este morreo nos miramos y yo solté un "¡Joder!" en un susurro de excitación. Él acercó su boca a mi oreja y susurró a su vez:

- Me encantan los chavales tranquilos y morbosetes como tú.

Comencé a subirle la camiseta, deslizando las manos abiertas por su abdomen para sentir todos los músculos de su torso. Estaba cachas el hijoputa, pero de una manera natural, sin exagerar. Tenía poco pelo, revuelto, de adulto. Siguió hablándome al oído entre pequeños lametones y besuqueos en la oreja y el cuello, mientras yo jadeaba de placer.

- Me encantan los machitos simpáticos pero peleones, como tú.

Le subí la camiseta hasta el cuello, sin quitársela, y le toqué un pezón con mi lengua. Me acordé de la imagen que le había molado en el cómic que me iba a llevar. Moví mi lengua con cuidado por su ya duro pezón, mientras me acariciaba la cara diciendo: - Mmmmh... me gusta.

Cuando hube humedecido del todo el pezón, le ataqué el otro pero esta vez dándole mordisquitos. Él jadeaba, mirando hacia arriba con los ojos cerrados, y sin dejar de sujetarme la cabeza con sus grandes y cálidas manos.

Nos morreamos de nuevo, y él llevó su mano a mi paquete, introduciéndola por la cremallera abierta del pantalón. Me agarró la polla por encima del slip, y entonces me apartó la cara diciendo:

- ¡Qué ganas tengo de comerme esa polla!

- Pues cómemela, cabronazo.

Bajó su cabeza y comenzó a lamerme el slip, que ya tenía una pequeña mancha oscura de pre-lefa (me gusta llamarlo así, je). Me impregnó todo el slip con su saliva; yo balbuceaba:

- ¡Mmmh sí! Qué de puta madre tío... –sin dejar de lamer, acercó una mano y con dos dedos empezó a acariciarme los cojones– Jodeer, ¡qué de puta madre hostia!.

Me dijo: - Quiero metérmela en la puta boca.

Me puse de pie; él siguió sentado y me desabrochó el pantalón. Yo me solté un par de botones de la camisa, dios, cómo sudaba. Tiró del pantalón bajándomelo hasta la rodilla; apartó el slip por detrás dejándome el culo al aire, y me lo magreó con ambas manos mientras se agachaba para agarrarme la polla con la boca aún por encima del slip, lateralmente. En un gesto rápido acabó de quitarme el slip y mi palpitante tranca quedó frente a su cara. Volvió a agacharse y me lamió los huevos mientras me alcanzaba con un dedo el ojete y se ponía a acariciármelo. Apartó la otra mano de mi culo y la introdujo entre mis piernas por delante para tocarme esa zona que está entre el ojete y los cojones, y cuando yo ya estaba viendo las estrellas me soltó un lametón en la polla.


Le encantaba mamarla con cuidado, deslizando toda su lengua por el tronco de mi nabo, sin dejar un trozo seco de saliva. Después susurró en voz alta: - Fóllame la boca. –Y agarrando su cabeza con cuidado se la metí y saqué de la boca repetidamente, con suavidad porque sabía que él no era de esos que le mola el sexo bestia (yo tampoco, dicho sea de paso); él me acariciaba los cojones y me metía la punta del dedo en el ojete.

- ¡Me voy a correr! –Grité, parándome.

- ¿Quieres hacerlo? –preguntó sacándosela de la boca– Me trago tu lefa.

- Aún no tío, quiero tu polla un rato.

- Eso está hecho machote –Se recostó en la silla– Sírvete tú mismo, ya me aprieta el pantalón y tengo ganas de que me la liberes.

Dicho y hecho, me puse de rodillas y le desabroché el pantalón; llevaba un boxer que, imitándole, me puse a lamer con gusto. Después le dije:

- Ponte de pie.

Así lo hizo y le bajé pantalones y boxer de una vez. Su polla tampoco estaba nada mal, de tamaño mediano pero forma perfecta, aunque lo que me perdió de verdad fue que estaba arqueadita hacia arriba. Sin mediar palabra la llené de saliva, agarrándosela con una mano y acariciándole los huevos con la otra; quería dejar el culo para después. Me la metí en la boca y él comenzó a bambolear su pelvis con un movimiento muy de macho, lento, serpenteante; desprendía masculinidad en todos sus movimientos. Con una mano posada muy abierta sobre mi cabeza ayudaba suavemente el vaivén de la misma, y con la otra se excitaba un pezón.

- Ahhh, cómo la comes, cabrón, qué bien lo haces chavalillo, ¡ummmmh!

- Gírate y apóyate en la silla.

Me obedeció y me encontré con su culo redondito y uniforme; tras magrearlo con las dos manos, le abrí un poco el ojete con los dedos y empecé a soltarle pequeños lametones cortos y rápidos. Por sus jadeos entendí que aquello le volvía loco.

- ¡Ummmmmmmh, sí, sigue, cómo me gusta, dios, quiero olerte el miembro tío, dame tu olor!

Me pasé una paso rápidamente por la polla y se la acerqué por un lado, mientras metía cada vez más la lengua en su puto culo. Quedó apoyado sólo en una mano y con la otra acercó la mía hasta su nariz, aspirando profundamente. Casi me corro en ese momento, pero conseguí aguantarme: aún quedaba que él me comiera el culo a mí.


Me lo pidió él mismo: - Quiero probar yo también tu culito. –Cambiamos de lugares y me lo lamió, mientras con una mano se pajeaba y con la otra me pajeaba a mí. Cuando me empezó a meter la lengua a saco en el ojete, le solté:

- ¡Quiero correrme en tu cara! ¡Ahora sí!

- Gírate, eso es, córrete en mi puta cara, quiero toda tu leche, ¡venga hostias! –diciendo esto me pajeaba con toda su puta mano– ¡Quiero ver lo que tienes dentro de esta gran polla machote!

- ¡Sí, ahhh, joder putaaa! –Me corrí en toda su cara, mientras él me comía la polla a bocados para agarrar el semen que iba saliendo a chorros. En cuanto salió el último, me dijo: - ¡Dónde quieres que me corra yo! –Aún excitado a mil, contesté que en mis cojones. Se puso en pie y me pasó un brazo por detrás de la espalda, dándome un morreo bestial mientras con la otra mano dirigía la punta de su polla hacia mis huevos; noté en ellos el líquido caliente de su corrida, un chorro, otro, su lengua dentro de mi boca, otro chorro, joder qué puto momento, ojalá hubiera durado horas, me cago en dios.


Acabamos, extenuados, de pie uno frente al otro, jadeando, su semen goteando desde mis huevos hasta el suelo. Nos miramos, él sacó su sonrisa característica que volvió a hacerme sonreir a mí. Me dio un pequeño beso sensual como el primero y me dijo en bajo:

- ¿Te ha gustado?

- Mucho tío, ya te digo...

- A mí también. –hizo una pausa– Me ayudarás a limpiar, ¿no?

Estallamos en una carcajada, limpiamos un poco el temita (los cómics habían sobrevivido, ¡bien!; mi camisa no, ¡de puuta madre!) y nos vestimos. Me despedí, y me abrió un poco la reja para que pudiera salir. Me detuve en la puerta al acordarme de una cosa:

- ¡Hey, el cómic! No te lo he pagado aún.

Lo cogió del mostrador y me lo dio.

- Regalo de la casa, pa que tengas buen recuerdo.

- Jeje, ya lo tengo tío.

Me dio un morreo de despedida. - ¡Vuelva cuando quiera! –nos reimos– Qué buen rollo, y qué polvazo tienes, me cago en la hostia.

- Y tú ni te cuento macho... Claro que volveré, me he dejado media tienda sin ver.

- ¿Sólo media tienda?

- ¡Jaja! No me provoques...

- Hoy más no, hasta la próxima chaval.

- Hasta otra tío.



No hace falta que os cuente la de pajas que me hice con el cómic que me regaló aquel peazo hombre que me hice en la tienda. De pensar en cómo le marcaba la camiseta, ya se me ponía dura. Me apetecía mazo volver, pero me daba no sé qué; con ese morbo que tenía el pavo seguro que se liaba a diario con chavales más atractivos que yo, lo cual no es difícil, que yo soy resultón pero no buenorro. Así que igual ni se acordaba de mí.

Pero bueno, el rollo de entrar en la tienda a ver cómics me valía como excusa para tantear el terreno sin comprometerme a nada. Qué cojones, me planto allí con un par de huevos y a ver qué pasa.


Elegí con cuidado lo que iba a ponerme; en cuestiones de calentón, para mí cuenta mucho la ropa. Probé con algo nuevo: camiseta negra algo ajustada (no mucho, que se me nota la panza) y una camisa blanca informal, que me puse tal cual, abrochándome sólo un par de botones por encima de la cintura. Mientras me ponía unos slips y los vaqueros me di cuenta de que el sólo hecho de estar preparándome para otro encuentro con el vendedor ya me la había puesto tiesa como un puto ladrillo. Completé la indumentaria con una cazadora, que en noviembre ya se nota la rasca madrileña.

Así iba yo, más contento que unas castañuelas y con un ligero estremecimiento por el morbo de la situación. No hago esto a menudo, y la chulería de probarlo ya me ponía. - Llego, me hago tres pajas con el machito y vuelvo a casa como dios…


Tras un viaje en metro que se me hizo eterno, salí a la calle y noté cómo el frío (u otra cosa) me endurecía los pezones. Caminé hacia la tienda de cómics y al llegar a la puerta sentí un hormigueo, pensando en cómo reaccionaría el vendedor al verme, o lo que es más, cuál sería mi propia reacción. Había ido pronto, a eso de las siete, para tener un margen de maniobra antes de que cerrara; así podría averiguar con calma si le apetecía rollete o no.

Traspasé la puerta desabrochándome la cazadora, y saludé; me contestó una voz que me bajó el calentón al momento: era una tía, de voz dulce y buen cuerpo, vale, pero en cualquier caso no era mi esperado vendedor. Forcé una sonrisa pensando: "Mierda", y caminé echando un ojo a la tienda. Tan sólo había un par de chavales, en torno a la sección manga. Observé con curiosidad la portada de uno de estos cómics japoneses, en la que dos tíos se daban un sentido morreo. Nunca me ha gustado mucho este tipo de porno gay a lo femenino: se sabe que son tíos porque no tienen tetas y poco más. Yo prefiero mil veces los machos curtidos a las delicaditas de rasgos estilizados. Como el vendedor, ése si que era todo un hombretón, dotado de la excitante suavidad del que está a punto de llegar a los cincuenta con la firme decisión de no abandonar jamás su atractivo de macho, aderezado de forma inigualable con la experiencia. Un jovencito afeminado tendrá otros encantos, pero jamás podrá aportarte ese morbazo de hombre maduro.

En fin. Sonreí para mis adentros, pensando en mi ingenuidad al esperar que el vendedor me recibiría con los brazos abiertos. Me di la vuelta, resuelto a seguir vagando por la tienda, y me encontré por sorpresa cara a cara con él.

- ¿Te puedo ayudar en algo? –me dijo con una sonrisa pícara. Joder, tanto prepararme y va y me pilla distraído. Y esa voz grave y espontánea… ahora recuerdo por qué me gustaba tanto.

- No digo que no –acerté a contestar; aún no sabía si se acordaba de mí–, ¿tienes algo nuevo en plan gay?

- De momento un cliente satisfecho, por lo que veo. –Me guiñó un ojo discretamente– En seguida estoy contigo.

Se fue a hablar con la dependienta. Yo me quedé en el sitio sin moverme. Me había sorprendido doblemente: tanto por su aparición como por su vestimenta. Le recordaba en camiseta, pero hoy iba en plan formalito, rollo gay discreto con buen gusto. Una corbata de color intenso resaltaba sobre una camisa negra que le quedaba como un puto guante, ceñida pero sin apretar, y pulcramente remangada. Completaban su atuendo unos zapatos negros y unos pantalones suficientemente claros para dar contraste. Qué hijoputa, sabía lo que podía lucir para que se les cayese la baba a chavalas y, por supuesto, chavales como yo, pues me ponen de la hostia los hombres trajeaos en plan buenorrete. Ya os he contado que para mí la ropa aporta mucho al calentón. Su rapado uniforme al dos (¿no lo tenía incluso más corto?) también contribuía a mantener mi miembro deseoso de adquirir volumen.

Le oí decirle a la chica que se podía marchar si quería, que ya había acabado en la trastienda y se quedaba él a cerrar. Ella se fue encantada, pues faltaba aún media hora larga para las ocho. El muy cabrón lo había vuelto a conseguir: en un segundo me encontré de nuevo a mil.


Disimulé unos segundos mirando algún que otro cómic para no llamar la atención de los chavales, que se fueron en seguida. Jóoder, allí estaba de nuevo a solas con el vendedor, he triunfao. Se acercó a mí con una tranquila sonrisa en los labios.

- ¡Bueno, qué sorpresa! –me saludó con un pico cariñoso, rozándome la cintura con una mano, un gesto condenadamente sutil que le salió natural y me volvió loco– Me alegro de encontrarte de nuevo por aquí, chaval.

- Ya ves, tenía ganas de volver, me gustó el trato al cliente que dan aquí.

Rió. - ¡A ver si piensas que trato igual a todos los clientes! Por cierto, vas muy guapo…

- ¡Me has quitado la palabra de la boca! –vaaya, así que piensa que voy guapo… pues no será por comparación con él, me cago en la puta, cómo me pone este hombre.

- Vente al mostrador y charlamos. Bueno, a menos que quieras ver algo más…

- Con verte a ti me basta. –Bueno, ya le solté el piropete, que nunca están de más, y además él me acaba de soltar también uno. Dioss, cómo me apetece que den las ocho.


Fue al mostrador y procuró situarse de forma que tuviese a la vista la puerta de entrada a la tienda; yo me puse a su lado. Sin darme tiempo a mediar palabra, llevó una mano a mi cintura y acercó sus labios a los míos. Fue un beso sensual y prometedor: sugería que ya habría tiempo para utilizar la lengua después con más calma. Se separó de mí suave pero rápidamente al ver que alguien abría la puerta. Me encantaba su sentido de la discreción y el respeto.

- ¡Qué pasa Mario! –Saludó jovial el cliente, un hombretón algo más joven que él, largándole un caluroso apretón de manos. Yo seguía tras el mostrador como si tal cosa.

- Aquí me ves, a punto de irme para casita.

- ¿Muy dura la jornada?

- Pues mira, hoy precisamente ha venido a ayudarme a cerrar mi amigo Jorge. –Dijo señalándome con un gesto de cabeza.

El tipo asintió con aprobación. - Así me gusta, un chico atento. Oye, pillo un par de cosas y me piro. –Añadió mientras se iba al fondo de la tienda.

- Sírvete tío.

Esperé a que no nos oyera el otro y dije:

- "Jorge"… Me gusta.

- No te importa, ¿verdad? –me respondió el vendedor– Me ha salido sólo; como no conozco tu nombre real, siempre que me acuerdo de ti pienso que te llamas Jorge.

- Me encanta tío, sobre todo sabiendo que me lo has puesto tú.

- Pues ya está, si te da igual te llamaré Jorge, que ya te he asociado con ese nombre y me mola para ti.

- Cojonudo. Por cierto –añadí extendiendo la mano–, encantado, Mario.

Nos reímos. - Igualmente –respondió mientras me la estrechaba; después se giró para atender a su amigo que venía a pagar. No sé cómo lo hizo para, con una mano, sobarme el culo sin que se diera cuenta su colega, mientras con la otra le cobraba como si nada. Yo no me quitaba de la cabeza lo que acababa de decir Mario: "cada vez que me acuerdo de ti"… Así que al parecer estaba tan encantado de verme como yo a él.


Miré la hora mientras se despedían, y en cuanto se hubo marchado el amigo, oí cómo el vendedor me decía en voz baja:

- No te preocupes, en unos minutos estaremos con la polla al aire y pasándolo de puta madre…–me soltón un lametón en la oreja–, disfrutando uno del otro.

- Cómo me pones cabrón –contesté en mitad de un jadeo.

- Pero aún queda un rato, quítate la cazadora que te vas a asar.

Todavía entró algún cliente en el cuarto de hora que quedaba. Charlamos Mario y yo de tonterías: el tiempo, el curro… Y cada vez que él cobraba a alguien, se las arreglaba para acariciarme el paquete o meterme mano de alguna otra forma sin que se viera desde el otro lado del mostrador. Aquello me daba un morbazo de la hostia. Y aproveché para, por mi parte, tocarle el culo más de una vez, y ver cómo se le iba marcando poco a poco un sugerente bulto bajo los pantalones.


A menos cinco, con la tienda vacía, declaró Mario:

- Bueno, se acabó. Hora de pasarlo bien.

Me guiñó un ojo y fue a cerrar; le seguí. Bajó la reja y sin esperar a haber terminado de girar la llave de la puerta me rodeó el cuello con el brazo libre y me dio un morreo a la vez dulce y salvaje. Me aferré a sus labios y a su cuerpo en un apasionado abrazo. Después me separé para decirle: - ¡Qué ganas tenía! –, pero mis palabras fueron interrumpidas por el sonido del móvil de Mario. Sin dejar de envolverme con el brazo en un gesto cariñosete y protector que me derretía, se sacó el móvil del bolsillo con la otra mano.

- Disculpa –me dio un pequeño beso en la cabeza, miró al móvil y descolgó–. Dime.

Escuchó un momento y puso cara de cansancio. Me lanzó una mirada significativa, a modo de "perdona tío, trataré de no alargarme", y me soltó para hablar con calma, ya que la conversación parecía tomar un cariz chungo. No se alejó; paseó de acá para allá delante de mí, con la mano libre libre apoyada en la cintura y mirando hacia abajo mientras hablaba. Al principio pensé que estaba nervioso, pero prontó noté que en realidad se encontraba al borde de un cabreo de tres pares de cojones. Le habría hecho una foto así, con su camisa y su corbata, su postura de ejecutivo con mala hostia y su semblante de macho que no se achanta, para recrearme con ella a solas en el baño o en la cama. Lejos de sentirme incómodo, me alegré la vista y el oído cuando empezó a hacer gestos de indignación y soltar tacos.

- Que no puedo ir hoy, hostia, que me voy ya para casa … ¡Me cago en la puta tío! Voy mañana a primera hora, ¿vale?... Joder pero qué más te da tronco…

Al rato se apaciguó, y pareció dar la razón a su interlocutor. Colgó y vino hacia mí con una cara de cabreo que habría colgado en la pared de mi habitación para correrme mirándola.

- Joder tío, se me había olvidado por completo que iba a ir hoy a esta hora al mayorista para organizar unos encargos… –Puso sus dos manos sobre mi cintura– El muy hijo de puta no sabe lo que me apetecía compartir este rato contigo. ¡Mierda, joder!

Le noté muy contrariado y traté de calmarle. No quería que por culpa mía tuviese que estar preocupado por asuntos del curro.

- Tranquilo hombre, puedo venir cualquier otro día. Al fin y al cabo, no sabías que iba a aparecer hoy de pronto; la próxima vez, si quieres, te aviso.

- Eres un cielo. –Se calmó un poco y me dio un tierno beso en los labios– Pero a la próxima tranquilo que seré todo tuyo. –Luego se quedó de pronto pensativo– De todos modos, puede que hoy tengamos aún alguna posibilidad…

¡Sí, una posibilidad! Ya me había hecho a la idea de que hoy no iba a ser el día; así que cualquier posibilidad me valía.

- ¿Cuál? –pregunté casi ansioso.

Me sonrió. - Si no tienes prisa, podrías acompañarme al mayorista; está cerca, así que podemos ir dando un paseo tranquilamente. Y después no te aseguro nada, pero quizás tengamos suerte…

- El paseo al menos está asegurado, ¿no? Venga, vamos p’allá.

Se le iluminó la cara. - Cojonudo, pilla la cazadora.

Así hice y mientras me la ponía fue él a por su chaqueta, a juego con los pantalones. No me sorprendió que le quedara como al mejor de los modelos de revistas gays, pero encima con un estilazo y una naturalidad que sólo un Hombre con mayúsculas como él podía poseer. No se la abrochó; en cambio cogió la cremallera de mi cazadora y la subió sensualmente hasta medio cuerpo. Me miró y soltó:

- Vas que te haría una foto para hacerme un póster. –Vaya, parece que hoy le ha dado por adivinarme el pensamiento.

- La verdad, no sé que me ves. Sobre todo al lado de alguien como tú…

Me interrumpió con un beso en la mejilla, tras lo cual me susurró al oído: - Para otros no sé, pero para mí tienes un atractivo que no es fácil de encontrar hoy en día.


Abrió la puerta. Estábamos ya saliendo por ella cuando, repentinamente, se detuvo y se quedó como expectante. Yo hice lo mismo. Unos momentos después me miró, sonrió y dijo señalando hacia su entrepierna con un gesto de cabeza:

- Es que con estos pantalones se nota mucho el empalme, y uno no puede salir así a la calle…

Me reí. Qué tío más majo. Y por cierto, agradecí llevar vaqueros de toda la vida: no me apetecía preocuparme por la gente mientras paseaba con aquel hombre que me ponía a cien con cada gesto que hacía.

Salimos y echamos a andar. Era ya de noche, y había muy poca gente por la calle. En seguida Mario me pasó un brazo por encima de los hombros, dejando colgada la mano con espontaneidad. Fuimos así caminando y al cabo de un rato se metió la otra mano en el bolsillo y me preguntó:

- ¿Te importa que me haga un peta? No sé si te molan.

Jóder si me molan; este hombre es una caja de sorpresas. - Claro tío –respondí–, me encanta gorronear un par de caladas de vez en cuando.

- De puta madre; este, pa ti y pa mí solos.

Se lo lió con maestría sin dejar de andar y delante de mis ojos, pues no apartó su brazo de mis hombros. Mi polla me dio un toque cuando vi cómo deslizaba su lengua por la pega para cerrarlo; era difícil hacerlo con mayor naturalidad y sin perder ese punto sensual y morboso, difícil combinación de la que Mario era un puto maestro.

- Vas a estrenarlo tú, Jorge –anunció. Me dispuse a recoger el porro y el mechero pero, para mi sorpresa, se lo encendió él aspìrando una profunda calada. Puso una sonrisa de travieso seguro de sí mismo, y en un rápido movimiento cambió de postura, colocándose delante de mí, sujetando con ambas manos mi cara e introduciéndome todo el humo en la boca. Aspiré su beso sin separar mis labios de los suyos, y luego me dejé llevar por el repentino mareíllo cerrando los ojos y echando fuera de golpe el humo. Mario aprovechó para lamerme el cuello con vehemencia. Qué puto amo.

- La hostia tío –le solté.

- Me alegro que te guste. –Sonrió de nuevo y seguimos caminando. No sé si fue que la fumada me alteró momentáneamente la percepción del tiempo o qué, pero me sorprendí al darme cuenta de que nos habíamos terminado el canuto tranquilamente sin haber recorrido una larga distancia. Miré el reloj: las ocho y cuarto (¡hostias, qué de puta madre!); Mario notó mi gesto mezcla de sorpresa y satisfacción, y me guiñó un ojo, tras lo cual echó un rápido vistazo a la calle.


- Es en la siguiente manzana –anunció–, pero como nos hemos dado prisa tenemos de premio un par de minutos.

Iba a preguntarle "¿para qué?", pero en seguida me di cuenta de que había que ser muy gilipollas para no captarlo. A dos pasos había un portal que formaba un pequeño entrante, y el comiquero me empujó suave pero firmemente hacia allí, dejándome de espaldas a la pared. Colocó sus manos en el muro, apoyándose de manera que todo su cuerpo quedaba inclinado sobre mí, casi cubriéndome, y comenzó a besarme. Sí, joder, sí, cómo me gusta esto, un macho fibrado vestido de traje acorrala mi pequeño cuerpo empapándome con su penetrante olor. Con movimiento firme pero sin brusquedad (característico de él), colocó diestramente sus labios entre los míos e hizo palanca con ellos para abrirme la boca al máximo, mientras empujaba levemente con su cabeza para asegurar su dominio y poder meterme la lengua hasta el fondo de la garganta. Aun teniendo la pared detrás no me sentía incómodo, pues su calor eclipsaba toda sensación de arrinconamiento.

Nuestro calentón se hizo patente para cualquier persona que pasara por allí; era un morreo casi obsceno, y entre bocado y bocado se nos escapaban frases como: "Estoy hasta los huevos de esperar, quiero tenerte ya", "Hazme tuyo tío, aquí mismo, en la puta calle", "¡Cómo me pones cabrón, y cómo me pone tu polla!"…

Quedó apoyado con sólo una mano, y llevó la otra a mi culo, mientras yo le magreaba el torso por debajo de la chaqueta. Deslizó la mano hacia arriba buscando el borde del pantalón, y noté cómo sus dedos calientes se introducían hábilmente entre mi slip y mi culo. Empujó hacía sí con esta mano obligándome a juntar mi cintura con la suya, mi polla con la suya, que sentí perfectamente dura a través de la fina tela de su pantalón. Le saqué la camisa por detrás para tocarle directamente la piel; tan sólo rozarla ya me excitaba, y me deleité deslizando mis manos a lo largo de su espalda mientras él me tanteaba el ojete con uno de sus dedos.

Dios, cada vez que pasaba alguien por delante el falo me palpitaba con más fuerza, al pensar en cómo se vería desde fuera la escena que ofrecíamos sin pudor a los viandantes. No era sólo el calentón lo que me hacía despreocuparme de lo que pensaran: era un barrio donde no me conocía nadie, y además Mario me inspiraba una gran seguridad, con su arte para llevar adelante la pasión de forma natural y casi inocente.

Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, aminoramos nuestro entusiasmo a la vez, y permanecimos quietos mirándonos unos segundos mientras se iba recuperando el ritmo normal de nuestra respiración. Captamos la excitación en nuestros ojos. Pero aún debíamos ser pacientes; una vez hubiésemos cumplido el recado, podríamos entregarnos el uno al otro sin pensar en nada más. Además, por mucho que nos apeteciese follar allí mismo, tampoco somos unos depravados.

Mario se apartó del muro y se metió la camisa con cuidado, mientras me dedicaba una sonrisa cómplice. Yo me recoloqué el pantalón y la cazadora, mirándole divertido. Un momento después llegábamos a la puerta del mayorista.


Entramos a una sala grande llena de estantes metálicos; se trataba de un almacén de publicaciones, de aspecto industrial y sin más adornos que los pósters colgados por los empleados para amenizar el duro trabajo de carga y descarga. Estaba en penumbra, lo que indicaba que la mayoría de trabajadores se habían marchado ya; tan sólo quedaba una zona de luz, donde se encontraba frente a una mesa el encargado en distraída actitud de espera. Mario le saludó y conversaron un rato; mientras tanto me fijé en la revista porno abierta sobre la mesa del encargado, que hacía juego con los pósters de tías en bolas colocados en ese lado de la pared. Si me ponía a pensarlo, aquel lugar amplio y cargado del deseo sexual de decenas de trabajadores sudorosos me daba un morbo curioso.

Cuando terminaron de hablar, el encargado le dio a Mario unas llaves, recogió sus cosas y se marchó por la puerta de la calle. Mientras ésta se cerraba, el comiquero me guiñó un ojo y me indicó que le siguiera.

- Vamos Jorge.

Cogió un radio-casette-cd de mano que había sobre la mesa y caminó hacia un lateral de la sala. Al pasar frente a la puerta de entrada utilizó una de las llaves que le había dado el encargado para cerrar del todo el pestillo. Luego siguió caminando con paso enérgico y me guió a través de un conjunto de pasillos y despachos, encendiendo las luces a medida que avanzábamos. Todo el lugar estaba repleto de libros y revistas, organizados en estantes y cajas o simplemente apilados en los rincones. La parte de los despachos estaba enmoquetada y olía a oficina.

- Le he comentado que me llevará un rato organizar los encargos –explicó Mario mientras recorríamos el almacén–, y como tenía prisa por marcharse me ha dejado las llaves para que lo haga con calma y cierre yo.

- Vaya, así que hay confianza ¿no?

- Llevo viniendo aquí varios años, me conocen bien.

- Pues te ayudo a organizar eso si quieres –de hecho ya estaba impaciente por volver a la carga, pero no quería dejar de ser amable, sobre todo teniendo en cuenta que él lo era mucho conmigo. Sonrió.

- No hará falta, le he mentido; en realidad el tema está prácticamente resuelto.

Até cabos. - Así que estamos solos y sin nada que hacer, ¿verdad?

- Hombre, algo que hacer sí tenemos… –Lo dijo en un tono de voz que me pareció bajar hasta mis pantalones y acariciarme la polla. La situación perfecta para descargar nuestros deseos, sí señor, Mario se estaba portando aquella tarde.

Llegamos al departamento de cómics y revistas, que me recordaba un poco a la trastienda del local de Mario por los estantes llenos de mercancía, pero esta habitación era algo más grande, enmoquetada, y con una iluminación cálida y plena. Se estaba a gusto en el silencio de aquella sala. Colgué mi cazadora en un perchero que había por allí mientras Mario enchufaba el radio-cd y lo dejaba colocado en un rincón. Me tendió su chaqueta, y en cuanto me volví para colgarla empezó a sonar una música cañera y agresiva.

- Este es el CD que se pone el encargado para follarse a las secretarias. Te va a encantar.

Aquello me hizo gracia. No había acabado de reírme cuando Mario se adelantó y, muy suavemente, me cogió de la barbilla con una mano y acercó mi boca a la suya. No se agachó: guió mi cabeza despacio manteniéndose erguido y mirando hacia abajo sólo con los ojos. Nuestros labios se acariciaron lentamente dejando entrever las lenguas. Sin soltarme la barbilla, Mario utilizó su otra mano para subir al máximo el volumen de la música, que llenó la habitación y nos hizo acelerar el ritmo del morreo.


No suelo escuchar rock duro y salvaje, pero en ese contexto resultaba perfecto. El calor aumentaba a medida que nos magreábamos todo el cuerpo, nos llenábamos de saliva la boca y el cuello, y nos palpábamos las pollas por encima del pantalón.

De improviso Mario se apartó y me hizo una seña para que le siguiese. Caminó unos pasos hacia un rincón de la sala y se colocó de espaldas a un póster donde se veía el dibujo de dos tíos haciéndose una paja mutua. Al parecer, al empleado de allí también le iban los nabos. Mario se desató la corbata con una sensualidad acojonante y se la dejó colgando del cuello, desabrochándose acto seguido dos botones de la camisa. Después se acercó a mí y me quitó la mía mientras yo me lanzaba a oler ese trocito de pecho que se adivinaba bajo su cuello. Me llegó un aroma de fresca colonia aderezada con un profundo olor a macho caliente.

Desabotoné del todo su camisa y la abrí por delante para restregar mi cara y mis manos contra su torso. Él me acariciaba la espalda amenazando con quitarme también la camiseta. Lo hizo mientras yo le desabrochaba los pantalones. Me agaché y se los bajé hasta los tobillos junto con el slip. De nuevo se encontraba ante mí su miembro, duro, carnoso, y arqueadito hacia arriba, eso es, me encanta, esto es la hostia, voy a lamérsela hasta que se corra de placer.

Mario jadeó con mi mamada hasta que me pidió que me levantara. Se agachó y me abrió la cremallera del pantalón, introduciendo una mano con la que hábilmente pasó mi rabo a través de la abertura del slip y de los vaqueros, dejándome al aire polla y cojones, listos para entrar en su boca y donde hiciera falta. Empezó a excitarme con la lengua; yo miraba el póster y sentía que estaba a punto de correrme, pero al bajar la mirada le vi sacarse algo del bolsillo de su pantalón, y le aparté la cabeza por si acaso: no quería eyacular hasta saber si tenía pensada alguna otra cosa. En efecto, así era.


Lo que se había sacado era la cartera, y de ella un condón. Lo abrió y me lo colocó con la boca, momento que disfruté como un cabrón. Entonces se puso en pie y se acercó a mi oído para que le oyese bien por encima de la música.

- Ahora vas a follarme, ¿de acuerdo? Quiero sentir tu polla dentro de mi puto culo.

Me dio la espalda y giró la cabeza para que viera cómo se mojaba un dedo con saliva, que se pasó por el ojete como señal de que haría falta que le lubricara antes de metérsela. Abrió las piernas, estiró los brazos hacia la pared y se apoyó en ella con ambas manos, sacando culo para que hiciese mi trabajo a gusto. Me excitaba el que no se hubiese quitado la camisa ni la corbata, que colgaban acentuando el arqueo de su cuerpo. Tampoco me había bajado a mí los pantalones; de modo que quería que le follaría así, en plan desenfadado y con música a lo bestia. Joder, cómo me molaba este hombre.


Me agaché y posé mis manos en su culo; se lo abrí con un par de dedos y escupí en el ojete, distribuyendo después la saliva con la lengua. Oí cómo se le escapaba un "¡Mmmmmh!" de gustillo. Comencé a meterle la lengua todo lo que podía; después un dedo, dos… Iba dilatando bien, se notaba que tenía ganas de que se la metiera.

Me puse de pie y pasé mi capullo por su ano.

- ¿Estás preparado, Mario?

- ¡Sí, tío! –gritó– ¡Métemela toda, tronco!

- ¡Pues toma, cabrón!

Le penetré, introduciendo sólo media polla por si acaso. Entró bien, y en cada embestida se la fui metiendo un poco más. Distinguí que sus gritos no eran de dolor.

- ¡Ohhh, sigue Jorge sigue! Ufff… ¡Sigue así chaval!

Me animé a metérsela toda.

- ¡Hasta los cojones! –grité– Te gusta ¿eh?

Sonaba a todo trapo la canción Killing in the name de Rage Against the Machine. Me puso a mil con su estribillo: "Fuck you, I won’t do what you tell me!!!". Me acoplé al ritmo de la canción; eso le moló a Mario, que bombeaba su cuerpo al mismo ritmo ayudando a que mi pene entrara bien en él. Giró la cabeza para mirarme y me hizo una seña; me detuve al contemplar su expresión intensa y ardiente. Seguro que estaba a punto, como yo. Se irguió rápidamente colocándose frente a mí y me dio un enérgico morreo mientras me quitaba el condón. Sin dejar de comerme la boca se puso a pajearme con una mano, apretándome una nalga con la otra; yo hice lo mismo, y al momento noté que íbamos a corrernos a la vez. Rugía el final de la canción cuando brotaron chorros de semen hacia nuestros cuerpos; algunos nos llegaron al cuello y la barbilla. No dejábamos de besarnos apasionadamente. Poco a poco bajamos el ritmo y con ondulantes movimientos nos restregamos los torsos empapados en lefa.


Había duchas, que por cierto nos vinieron muy bien. Mario arregló en dos minutos lo del encargo y nos dispusimos a marcharnos.

- Follas de la hostia, tío –me dijo Mario mientras recogía las cosas e iba apagando las luces.

- Es que me pones mazo. Joder, cómo he disfrutado.

- Yo también chaval, igual que la otra vez, aunque hoy te he hecho esperar un poco...

- No pasa nada colega, ¡ya ves si ha valido la pena! –llegamos a la puerta de salida, no se me ocurría qué más decir– Vamos mejorando, esta vez no hemos manchado nada…

Se rió con ganas. Terminó de abrir la puerta y antes de salir me dio un dulce beso en los labios. - Espero que no sea la última –dijo sonriendo con tranquilidad.

Me indicó un Metro que había por allí cerca. No era tarde, me dejaría en casa a buena hora.

Probé suerte:

- Si me das tu teléfono te avisaré de que vengo, para no interferir otra vez en tus planes.

Mario me cogió de la cintura y me miró fijamente:

- Me encanta que interfieras en mis planes… Pero vamos a hacer una cosa: en vez de mi teléfono te voy a dar mi dirección, y vas a venir cuando quieras, sin avisarme. Quiero encontrarte por sorpresa, como las demás veces.

Aquello me daba un morbo bestial. - ¿Directamente a tu casa?

- Nos vendría bien una cama para estas cosas, ¿no? Y yo tengo una en mi casa que está muy solita.

Jóder, no me lo podía creer, el mundo era mío.

- ¿Y cómo sé cuándo estás?

- Curro mucho y salgo poco; cualquier día que no sea sábado, a partir de las nueve de la noche me encontrarás en casa.

- Nos vemos entonces, un día a partir de las nueve.

- Hasta otra Jorge, cuídate.

- Lo mismo digo Mario, venga.

Me guiñó un ojo como despedida, y tras saludarle sonriente con una mano me dirigí a la entrada del Metro...
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Posted by renovatio111 3 months ago  |  Categories: Gay Male, Mature  |  Views: 712  |  
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Los compañeros de mi padre...

Tenía unos 11 años cuando empecé a tener algún interés por el sexo. Era hijo único y vivía con mis padres, los dos trabajaban, él en una fábrica y ella en una oficina. Mi escuela estaba cerca del trabajo de mi padre y algunos días él pasaba a recogerme a la salida.

En casa, no recuerdo haber visto desnudo a mi padre, algunas ocasiones había salido de su habitación en calzoncillos y en el baño siempre cerraba la puerta. Yo también era bastante pudoroso y no me gustaba que me vieran desnudo. En la escuela, en clase de gimnasia nos desnudábamos para tomar una ducha, pero casi siempre poníamos la toalla en la cintura antes de bajarnos el calzoncillo. En la ducha podía ver a los demás niños desnudos, pero casi siempre nos dábamos la espalda.

En ese periodo pasó algo muy simple, pero que marcó bastante mi futuro. Esperaba a mi padre, había ya pasado media hora y no llegaba, yo empecé a inquietarme, estaba en la puerta de la escuela y el conserje me vio inquieto, me preguntó qué pasaba y se ofreció a acompañarme hasta le fábrica para ver si mi padre se había olvidado. Llegamos ahí y preguntamos en una oficina de recepción, enseguida me tranquilizaron, dijeron que habían tenido un problema y que aquel día todos los obreros saldrían un poco tarde. El conserje de la escuela conocía a la mujer que nos atendió y ella dijo que si quería podía esperar en el vestuario, así mi padre me vería nada más acabar el trabajo y se ahorraría el nerviosismo de llegar tarde. Entré en el vestuario con mi acompañante, pero él se fue enseguida con la seguridad de que quedaba en buen recaudo. La habitación era bastante grande, llena de taquillas, unas banquetas de madera y un par de puertas al fondo que permanecían abiertas, en una podía ver unos urinarios y en la otra unas duchas.

La mujer me había dicho cuál era la taquilla de mi padre, de modo que lo podía esperar ahí sentado. Calculo que podía haber unas 300 taquillas, debían cambiarse allí todos los empleados. Cuando ingresé, había un par de hombres hablando, con el pantalón puesto, sin camisa, me miraron, pero no dijeron nada, acabaron de vestirse y se fueron. Me quedé solo, aunque en un par de minutos entraron tres hombres, de muy diferentes edades, calculé que el joven tendría unos 20, otro pasaría de los 40, más o menos la edad de mi padre, y el tercero andaría por los 60. El mayor me preguntó a quién esperaba, al decirle el nombre de mi padre, el de unos 40 me sonrió y me preguntó si era su hijo, parece que eran bastante amigos e incluso había estado en mi casa, pero yo no lo recordaba.

Entonces empezó todo, hablando y con algunas bromas entre ellos, se fueron desnudando hasta quedar completamente desnudos. El viejo, tenía una verga pequeña, rodeada de pelos blancos, los otros dos la tenían bastante grande, al menos larga porque no dejaba de bailar entre sus piernas. Cuando el primero se bajó el calzoncillo, me sonrojé y no sabía dónde mirar, pero ellos seguían a lo suyo. Estando sentado, llegué a tener sus vergas a escasos centímetros de mi cara, podía ver todo, la raja por donde sale el pis, algunas pequeñas venas,…. Mi erección fue inmediata, la disimulé con la cartera que llevaba del colegio encima de mis muslos. Y se fueron juntos a la ducha, mientras yo seguía sentado y sofocado. Llegaron otros trabajadores, pero se quedaron un poco más alejados y yo los miraba por el rabillo del ojo mientras se desnudaban. Alguno me miraba con curiosidad, pero nadie decía nada. Meses más tarde supe que no era raro que algunos niños esperaran ahí a sus padres.

Mi padre no salía, pero yo estaba bastante entretenido. El joven fue el primero en acabar la ducha y se acerco de nuevo a mí. Mientras con la toalla se iba secando, me preguntaba el nombre, edad,… con una mano se agarraba la verga y con la otra la toalla para secarla, creo que había crecido un poco; se agachaba al secarse las piernas y quedaba delante de mis ojos el ojete de su culo,…. Regresaron los otros dos y lo mismo, con el agua caliente, parece que les creció el palo, sobre todo el mayor no lo tenía tan encogido. Se fueron secando, vistiendo, con calma y sin esconder en ningún momento nada de su cuerpo. Estaban ya por salir, cuando entró mi padre, que se llevó una sorpresa al verme. Le conté que me había acompañado el conserje y se disculpó por el retraso, pero dijo que habían tenido unos problemas con unas máquinas y no había podido salir. También me dijo "ahora que ya sabes el camino, cualquier día que salgas antes, puedes acercarte hasta aquí y me esperas". Vaya si lo hice……

Papá no se duchó, dijo que iba con mucho retraso, mamá nos estaría esperando y era mejor ir enseguida. Salimos todos juntos, los cinco hasta el aparcamiento y allí se despidieron los compañeros de papá.

Tal vez mi padre no lo notó, pero si mamá, yo estaba muy nervioso, lo que había visto me parecía increíble, que los hombres se quedaran en cueros delante de otros no entraba en mi cabeza. Yo nunca había visto rabos adultos, excepto una vez que se lo ví a un profesor que estaba orinando cuando entré yo en el servicio, pero fue poco y no me enteré demasiado de cómo era. Además, lo que más me excitaba era el desparpajo con el que se mostraban, aquellos trozos de carne bailaban ante mis ojos y ante los de otros hombres que un poco más alejados también se cambiaban. Y todo en un primer plano, nunca había pensado que pudiera ver un agujero del culo tan de cerca. Mamá me preguntó qué me pasaba, yo dije que estaba cansado, el día había sido agotador y en el patio había estado corriendo mucho; no se si también notó que mi verga estaba bien firme durante todo el tiempo. Y así me levanté el día siguiente, aunque con el calzoncillo un poco húmedo, yo pensé que me había orinado.

Hasta ese día, mi sexualidad estaba completamente dormida. Alguna ocasión había escuchado a los mayores de la escuela o del barrio que hablaban de hacerse pajas, o machacarsela, o hacer una manola,… pero yo no tenía ni idea de qué era eso. Pensaba que sería alguna gamberrada y no tenía interés en saber más. Pero desde ese día, mi pensamiento cambió, cuando iba al vestuario después de la gimnasia, intentaba mirar lo que podía entre mis compañeros y alguno que no era tan pudoroso no le importaba mostrar la pollita, claro que su tamaño era tan reducido que mi pensar seguía en otro vestuario y no dejaba de estudiar cómo podría entrar ahí de nuevo.

Otro de mis pensamientos era mi padre, si antes no tenía interés en verlo desnudo, ahora sentía tremendas ansias de verle la verga. Un día lo intenté, era un sábado y él fue a dormir un poco después de comer, mientras mi madre limpiaba en la cocina y yo miraba el televisor. Me acordé de preguntarle a mi madre si me había comprado unos cuadernos que necesitaba para la escuela y ella me dijo "si, pero están en mi habitación, ya te los daré luego, que tu padre está durmiendo". Yo acepté, pero luego pensé que tal vez podría ver algo si entraba en la habitación y le dije a mi madre que podría ir a buscarlos sin hacer ruido, ella me dijo "bueno, pero que no se despierte tu padre que está muy cansado". La puerta estaba entornada y había una tenue luz que dejaba ver la figura de mi padre estirado en la cama, casi desnudo, solo con unos calzoncillos blancos que dejaban escapar algunos pelillos por los costados. Yo me quité los zapatos, mi corazón estaba acelerado, enseguida vi los cuadernos, pero me acerqué a mi padre con la esperanza de que algo se escapara… Lo blanco no lo era tanto, tenía algunas manchas amarillas, pensé que eran manchas de meados, acerqué la mano, no sabía dónde tocar, podía despertar con el contacto, así que me limité a mirar, parecía que el bulto crecía en algunos momentos. Ya no podía más con los nervios y en un momento se movió, creo que pegué un salto y volví a la realidad, tomé los cuadernos y salí. No sabía cuánto tiempo había estado ahí y mi madre al verme me preguntó si es que no los encontraba, no supe que contestar, luego me preguntó de nuevo, ¿no habrás despertado a papá?.

Tuvo que pasar algo más de un mes para volver a entrar en aquellos vestuarios que no podía quitarme de la cabeza. Recuerdo que era un lunes y un profesor no se presentó a las clases, como no avisó, no había nadie que lo pudiera sustituir y nos dijeron que podíamos estar en el patio hasta la hora de salir. Yo hablé con el conserje y le pregunté si podía dejarme salir, iría a la fábrica de mi padre y así él no tendría que esperarme. Le pareció bien y preguntó si quería que me acompañar, yo dije que no era necesario, estaba bastante cerca y podía ir solo. En la puerta había un hombre y me indicó que lo esperara ahí sentado, yo sentí una gran decepción. Pero pasó aquel hombre mayor que conocí el primer día, me vió y me llamó, le dijo al de la puerta quién era mi padre (yo se lo había dicho pero no debía fiarse) y entonces lo acompañé hasta el vestuario. Mi padre tardaría media hora larga en salir, podía sentarme y relajarme. Se repitió lo del primer día, aunque en esta ocasión me fijé más en otros hombres que se cambiaban, llegué a contar 16 rabos…. El hombre dijo llamarse Gilberto y cuando regresó de la ducha intentaba hablar conmigo, mientras se iba secando, su verga quedó completamente dura, muy cerca de mi cara, no pensaba que fuera con ninguna intención, pero él debía darse cuenta de que yo no paraba de mirarla y me pareció que de la pequeña rajita salía un poco de líquido.

Disimuladamente se estuvo masturbando un poco, yo no sabía lo que hacía, pero recuerdo que se la iba tocando y tapando un poco con la toalla para no llamar la atención de otros que andaban por ahí. Cuando Gilberto ya empezaba a ponerse los calzoncillos, entraron los otros dos conocidos, yo pregunté si podía ir al servicio pues tenía ganas de orinar y Gerardo, el de la edad de mi padre, me tomó de la mano y me llevó por aquella puerta del fondo, donde estaban los urinarios. Pensaba que se iría, pero en lugar de ello abrió su bragueta y sacó su verga, yo estaba mirando, no sabía cómo hacerlo porque seguro que delante de él no saldría nada, entonces me dijo: "¿no querías mear?, pues venga vente a mi lado que lo haremos juntos", parecía que no tenía alternativa. Podía ver el chorro de líquido amarillo que salía, mientras intentaba sacar mi verga, pero estaba dura y no resultaba fácil; cuando la tenía en la mano, de allí no salía nada, y él miraba sonriendo. Yo me sonrojaba y sentía mucha vergüenza, estaba mostrando mi diminuta verga y no dejaba de comparar, me sentía inquieto y cuando su chorro iba decreciendo me tomó de la cabeza y me dijo: "no te preocupes, ya saldrá, dale tiempo". Empezó a sacudir y descapullar la cabeza de su verga, al tiempo que iba ganando en tamaño, cuando ya no quedaban gotas, no la guardó, alargó su mano tomó la mía, la acarició un poco y dijo: "es pequeña, pero graciosa y parece que tiene ganas de juerga". Yo no sabía dónde ponerme, de nuevo mi corazón iba a una velocidad de vértigo, además, me di cuenta de que al ponerse de lado, su verga rozaba con mi mano. Sin intención, pero fue la primera vez que toqué algo que no era mío. Y entonces, entro un hombre también con la intención de mear. Iba completamente desnudo, saludó a Gerardo y este le dijo que yo era el hijo de Enrique, puede ver una sonrisa en sus labios, estoy seguro que vió perfectamente cómo me agarraba la pollita y también como la tenía totalmente tiesa. Se puso al lado de Gerardo, esté se entró la verga y se fue, dejándome con la mía fuera, dura y sin poder orinar. El otro no se cortó, su aparato estaba circuncidado, cosa que me llamó la atención y lanzó un buen chorro de orina, mientras me miraba y sonreía. Yo no podía más, metí lo mío en los pantalones y me fui sin haber descargado nada. Al regresar al lugar, Gerardo se quitaba la ropa, Gilberto ya se había ido y el otro estaba en la ducha.

Cuando me quedé solo sentí un poco de miedo, pensé que Gerardo podía decirle a mi padre lo que había visto, que me había tocado, que miraba su verga,…. Estaba en estos pensamientos cuando escuché que alguien llamaba a Enrique, entonces vi que mi padre acababa de entrar. Me saludó y me preguntó qué hacía ahí, en un primer momento pensé que estaba enfadado, pero luego me di cuenta de que no era así y me dijo "hoy si que voy a ducharme, no tenemos prisa". Y así fue cómo vi por primera vez la verga de mi padre, bueno, la verga , los huevos, el culo,…. Mientras se desnudaba yo me sentía inquieto, cuando solo conservaba los calzoncillos, pensé que no se los iba a quitar delante de mí, pero no acerté y con total naturalidad se los fue bajando,… no se si pudo descubrir algo mi cara,cómo me sentía en aquel momento. Vi una verga muy grande, la más grande que había visto hasta el momento y completamente descapullada, como la que había visto momentos antes por vez primera. Sus nalgas estaba cubiertas de pelos y yo sentía una imperiosa necesidad de tocarlas,…. Mientras se alejaba camino a la ducha, David, el chico más joven aparecía y se sentaba a mi lado, de nuevo el ritual de secarse, la polla un poco morcillona, bajando el tronco delante de mis narices y pudiendo contemplar el agujero de su culo. Al regreso, mi padre se secó rapidamente, se vistió y salimos.

A la tercera fue la vencida, la tercera vez que entré en aquel lugar, fue cuando tuve mi primer contacto verdaderamente sexual. Era el mes de mayo, muy cerca de mi aniversario; había pasado algo más de un mes desde lo anterior. Yo seguía buscando motivos para ir a esperar a mi padre, pero no era fácil encontrarlos. Creo que fue también la falta de un profesor que me facilitó la labor.

Entré sin problemas, los porteros parece que ya me conocían. En el vestuario habrían unos cinco hombres, y alguno en la ducha. Yo no reconocí a ninguno y me fui al urinario para mear, afortunadamente ya estaba en ello cuando entró un hombre, estaba desnudo y se colocó a mi lado. No me atreví a mirarle la cara, pero no dejaba de mirar su rabo, empezó a salir el flujo amarillento y entonces el me habló: "que descanso, ¿verdad?", lo miré timidamente y solo dije "si". En eso, él miraba mi pollita y dijo algo que no llegué a comprender, por ello dirigí la mirada a su cara como interrogando sobre sus palabras y descubrí que era el hombre de la verga circuncidada, aquel que pudo ver el otro día como Gerardo me tocaba. Había acabado mi flujo, pero no me había dado ni cuenta, mi verguita seguía a la vista y bastante endurecida, el acercó su brazo y me atrajo hacia su cuerpo, tomó mi mano y la acercó a su verga y me dijo: "sacúdela que salten las últimas gotitas", obedecí y seguí tocando hasta que llegó a quedar completamente parada. Entonces me preguntó: "¿te gustaría chuparla un poquito?". Yo sentía curiosidad, pero no entendía muy bien qué quería decir.

Me indicó que esperar y salió del lugar, pensaba que todo había finalizado y pasado un momento me disponía también a salir, pero entonces entró de nuevo, no iba solo, le acompañaba un chico bastante joven, tal vez menor que David. Iba desnudo y su verga estaba un poco parada. Me dijo el hombre "este es un amigo, estará en la puerta y nos avisará si viene alguien, mientras tu puedes chuparmela un poquito". Yo lo intenté, pero debía ser muy torpe porque pronto le indicó al jovencito que se la chupara un poco y me enseñara cómo hacerlo; esta enseñanza también incluyó unos lametones a mi verga. Aprendí rápido, porque cuando me la metí de nuevo en la boca, soltó sin avisar una gran cantidad de leche. Solo tenía una ligera intuición de qué era aquello y sentí un poco de asco al principio, pero el chico joven pegó su boca a la mía, me ordenó abrirla y compartir aquello. Claro que este, Rafael se llamaba, no estaba del todo satisfecho y me preguntó si quería chuparsela también, en principio dije que no porque tenía miedo de que alguien nos encontrara, asomé la cabeza y no vi a nadie en el vestuario, unicamente sentía que había alguien en la ducha. La tentación era grande y sin más me la metí en la boca, era el mayor el que vigilaba en la puerta, pero mientras yo chupaba, noté que alguien palpaba mis nalgas, metiendo la mano por dentro del pantalón, luego un dedo se introdujo en mi agujero, no hacía más que excitarme y cuando Rafael explotó su leche me pareció sabrosa.

Creo que estaba sediento de verga, en ese momento hubiera chupado cualquier polla que estuviera a mi alcance. Rafael se limpió un poco con los dedos y se dirigió al urinario donde empezó a mear, yo acerqué mi boca y con la lengua le recorrí la verga hasta llegar al líquido que soltaba y lo probé un poquito. Recuerdo que el otro hombre comentó: "vaya puta hemos encontrado, otro día le mearé en la boca".

Aquel día ya no pasó nada más destacado. Esperé a mi padre que ya no tardó, vi unas cuantas vergas, incluida la paterna, pero ya no las conté. A los otros amigos no los ví. Yo entré en un camino sin retorno, llegué a probar muchas de los trozos de carne que vi en aquel lugar y que en principio pensaba que solo eran para mear.

Después de aquella sesión con Pedro y Esteban, me sentía muy nervioso, no podía quitarme de la cabeza todo lo que había pasado y mi excitación era constante. Una palabra podría definir como me encontraba aquellos días, raro. Y esto lo notó mi madre, que empezó a hacerme preguntas y a hablar con mi padre. Se planteó llevarme al médico o al psicólogo, pero un día estuvo hablando con el director de mi escuela que era psicólogo y este le dijo que no se preocupara "estaba entrando en la edad del pavo". Me enteré luego por la noche cuando se lo contaba a mi padre y no sabía su significado, pero me hizo mucha gracia y por la noche mientras masajeaba mi verga en la cama iba imaginando un pavo que me iba picoteando la pollita y los pequeños huevos.

Por otra parte, las ganas de entrar de nuevo a la fábrica de mi padre se intensificaban, pero no sabía qué excusa buscar, además también tenía un poco de miedo por si papa se enteraba de algo. En la escuela, me sentía un poco más desinhibido y cuando me desnudaba delante de otros niños, ya no me ponía la toalla, sino que mostraba todo lo que podía. Un día entré en los servicios y había un chico un par de cursos más que yo orinando, me coloqué a su lado, mi mirada debió ser tan evidente que él se apartó un poco para que viera mejor la verga y me preguntó "¿te gusta?", yo asentí con la cabeza, tomó mi mano y la puso encima de su aparato, juntos le sacudimos un poco las última gotas y empecé a masajearla hasta que se puso bien dura. Él también estiró su mano para tocar la mía y así estuvimos unos minutos hasta que se abrió la puerta, entró José, el conserje, con una amplia sonrisa empezó a abrirse la bragueta con la intención de mear. No se si pudo ver lo que estábamos haciendo, pero nosotros con el susto nos metimos la verga dentro y nos marchamos. Luego me arrepentí, ni siquiera había orinado y pensé que podía haberme quedado, tal vez le habría podido ver la verga a José, pero ya era demasiado tarde.

Un sábado por la mañana yo estaba durmiendo y sonó el timbre. Creía que mis padres abrirían, pero el timbrazo se repitió dos o tres veces, entonces me levanté, pensé que tal vez habían salido a comprar y se habían olvidado las llaves. Antes de abrir miré por la mirilla y no eran ellos, era Gerardo. No supe que hacer, yo solo llevaba unos calzoncillos y dudé porque mis padres me tenían prohibido abrir cuando ellos no estaban, pero pensé que Gerardo era de confianza, además, no importaba que me encontrara en calzoncillos, yo a él lo recordaba a pelo. Me puse detrás de la puerta para que no pudieran verme los vecinos, abrí la puerta y le dije de entrar. Su saludo fue caliente, después de cerrar la puerta, mientras me daba un par de besos muy cerca de los labios, su mano se posaba en mi culo. Le dije que papa no estaba, seguramente abría ido con mi madre a comprar en algún centro comercial. Me dirigía hacia mi habitación con la intención de vestirme y pensé que él se quedaría en el salón, pero me siguió. Yo estaba tan nervioso que no sabía muy bien qué hacía, mi pollita también estaba inquieta y debía ser evidente la erección. Gerardo se sentó en mi cama y con una mano no dejaba de acariciarme, me decía cosas respecto a mi piel suave y a mi excitación. En un momento la mano entró dentro de mi calzoncillo y me agarró fuertemente las nalgas. Hacía como si no pasara nada, pero mi corazón quería estallar. En pocos segundos mi única prenda estaba en mis rodillas y Gerardo me preguntaba cosas como si me gustaban las vergas, si había disfrutado en los vestuarios, si me gastaría tocar la suya,…. Yo no decía nada, solo sonreía y me dejaba llevar por sus caricias, ya por todo el cuerpo y con un dedo queriendo entrar en mi agujerito trasero. Me preguntó si sabía cuando tardarían mis padres en regresar, yo lo ignoraba, pero podían hacerlo en cualquier momento, así que no debíamos arriesgarnos. Él solo se abrió la bragueta y sacó su verga, que ya conocía bien, me la puso en la boca, agarraba mi cabeza y la iba metiendo con fuerza, en algunos momentos llegaba hasta mis anginas; yo me ahogaba y tenía que sacarla unos segundos. Una vez que la tenía fuera, aprovechó para bajarse un poco los pantalones y calzoncillos, se dio media vuelta y agarrando sus nalgas, puso su ojete delante de mis narices, "lame un poco aquí" me dijo, y lo hice. Era el primer ano que lamía, sabía un poco amargo, pero me gustaba. Duró poco, porque enseguida se giró de nuevo y volví a chupar el palo, hasta que lanzó un fuerte gemido, noté que la verga se hinchaba un poco más y su leche inundó mi garganta. No podíamos perder tiempo, después de darme un beso en la boca hurgando ligeramente con la lengua, me preguntó dónde estaba el servició, me coloqué el calzoncillo y lo acompañé, allí se lavó la verga mientras yo orinaba, luego salió para esperarme en el salón mientras yo me duchaba.

Me vestí un poco y me senté a su lado en el sofá, mientras esperábamos a mis padres me contó que había venido porque el domingo querían hacer una comida en una finca de Gilberto con otros compañeros de la fábrica, pensaban invitar a mi padre, yo también podía ir, aunque no iban a invitar a las mujeres. En este tiempo, no dejaba de tocarme, al tiempo me decía que estaba muy guapo y que tenía una piel muy suave.

Al final llegaron mis padres, efectivamente estaban comprando y llegaron cargados de bolsas. Saludaron a Gerardo y este le contó a papá el motivo de su visita. Que yo también estaba invitado le sorprendió a mi padre y puso mala cara en un primer momento, pero mamá dijo que debía llevarme así me distraía un poco y se me pasaba la rareza que iba arrastrando en los últimas semanas. En el fondo ella también quería quedar libre porque así iba a pasar el día con unas primas a las que mi padre no tragaba.

La finca estaba a unos 40 km. de la ciudad por lo que fuimos en nuestro coche, pasamos a recoger a Gerardo a su casa y a otro compañero en su misma calle. Salimos a las 8 de la mañana de casa y llegamos hacia las 9. Fuimos los primeros, excepto Gilberto que estaba ahí desde el día anterior. Se trataba de una casita rodeada de campo y algunos árboles, situada en las afueras de un pueblo muy pequeño, parece que la compró para pasar los fines de semana con su mujer, pero quedó viudo al poco tiempo. Tenía dos hijos ya casados y algunos nietos, pero la relación no debía ser muy buena porque dijo que si no lo visitaban los amigos, siempre estaba solo. Nos recibió con un eslip y una camiseta, no hacía calor todavía a esa hora, pero él estaba dentro de la casa, seguramente se habría levantado hacía poco.

Al los pocos minutos llegaron otros dos coches, con siete hombres más y el hijo de uno de ellos, el chico tendría unos 15 años y se llamaba Francisco Alberto, Fran para los amigos. También en uno de estos coches llegó David. Todos llevábamos ropa ligera, pantalón corto y una camiseta, desayunamos un poco con café, leche y algunas pastas. Luego dijeron de ir a dar un paseo por el campo y salimos en manada andando por un camino hasta llegar a un pequeño río, alguno propuso darse un baño, entonces Gilberto nos hizo andar un poco más para llegar a un lugar que quedaba escondido detrás de los árboles, así el que quisiera se podía bañar desnudo. Por cierto, al llegar había unos niños completamente desnudos, cuando nos vieron empezaron a taparse, pero Gilberto que los conocía, les dijo que no hacía falta que se marcharan, "voy con unos amigos y todos somos hombres", los chicos, eran tres, sonrieron y quitaron las manos que tapaban sus vergas dejando ver unas cositas pequeñas, pero mirando al cielo. Parece que tenían confianza con Gilberto porque se desnudó e hicieron muchas bromas, en el agua se agarraban, se subían encima, etc. Algunos otros se quitaron la ropa también y se echaron al agua. Mi papá y otros dos se tumbaron sin desnudarse tomando un poco el sol. Yo no sabía qué hacer, pues el agua me daba un poco de miedo, pero tampoco quería permanecer sin hacer nada. Fran parece que no se decidía y su padre le dijo que si no iba a bañarse, que al menos jugara un poco conmigo. Uno de los niños que se estaban bañando propuso acompañarnos a descubrir no se bien qué. Por una parte me sentía bien contemplando vergas, pero tampoco me disgustaba la idea de hacer amistad con Fran, así que nos fuimos. El niño que nos acompañó dijo llamarse Pablo, se colocó unos calzoncillos bastante viejos, blancos pero sucios. Al andar se podía ver sus huevecitos saliendo por los costados. Fran era muy tímido, me preguntó algunas cosas, pero enseguida acabó nuestra conversación, en cambio Pablo era muy parlanchín, no dejaba de contarnos cosas sobre el pueblo, los otros chicos que eran sus primos, etc. En un momento Pabló se paró y nosotros lo miramos interrogando, entonces sacó su verga y se puso a orinar. No era ninguna novedad su verguita, pero tanto Fran como yo no dejábamos de mirarla y entonces nos dijo que ya que mirábamos su miembro, él también quería ver en nuestro. Yo no puse inconveniente, me bajé un poco el pantalón, saqué la verga y empecé a orinar. Fran hizo lo mismo y Pablo se la agarró, supongo que fue a la suya porque era más grande que la mía. En un momento estábamos los tres con la verga del otro en la mano y de la mano pasó a la boca. Nos acomodamos bajo un árbol y pasamos un buen rato chupando y lamiendo, Fran nos tocaba el culo y metía un dedo en nuestros agujeros. En un momento dijo que se la quería meter a alguien. En mi culo no había entrado todavía nada más que algún dedo, en cambio Pablo, pese a ser un año más joven, tenía bastante experiencia y se mostró encantado de ser enculado. La polla de Fran era grande comparada con las nuestras, pero mucho menos que las que había visto entre los amigos de mi padre. Ya los tres sin pantalones ni calzoncillos, Pablo se puso en cuatro patas y abriendo las nalgas mostrando bien su agujerito. Fran empezó a pasarle la lengua y a escupir, en un momento se retiró para preparar su aparato y entonces fui yo el que pasaba la lengua intentando entrar en aquel agujero rosadito. Fue la primera vez que vi una enculada, delante de mis narices, Fran se folló a Pablo, y cuando se corrió dejó por un momento el balanceo, se quedó quieto unos instantes, luego se retiró poco a poco, vi un gran agujero abierto donde la leche se salía. La verga de Fran estaba húmeda con una ligera capa de leche y alguna sustancia marronosa. Se la limpió primero con una hojas y luego con el calzoncillo de Pablo.

Satisfechos nos vestimos y emprendimos la marcha, supongo que de regreso donde se habían quedado los otros. El pequeño Pablo unicamente llevaba puesto el calzoncillo y era el encargado de guiarnos, no se si porque lo sabía o por pura casualidad, pasamos al lado de unos zarzales y escuchamos unos gemidos al otro costado. Ya imaginábamos lo que estaba pasando, pero nos sorprendieron los protagonistas. Nos acercamos en silencio buscando un agujero para mirar, y lo que vimos fue a Gilberto y al padre de Fran en plena penetración a los dos chavitos primos de Pablo. Esto nos excitó a todos y de nuevo sacamos nuestras vergas para masajearlas un poco. Fran ya sabía de las inclinaciones de su padre, pero nunca habían hablado de ello, era tabú tocarlo, pero había libertad de hacer lo que a cada uno le venía en gana. Veíamos a los hombres mayores en un movimiento de caderas enterrando completamente su palo en el culo de los niños, el goce de estos debía ser grande por los gemidos que pegaban. Y cuando acabaron, el grito de los mayores debió oírse a bastante distancia. Completamente desnudos desaparecieron, nosotros los seguimos en la misma dirección y sorprendentemente pasados unos matorrales nos encontrábamos ya junto a los demás, los que se bañaban en el río y los que tomaban el sol. Me di cuenta de que todo lo hicieron casi a la vista de todos, por lo tanto el sexo debía ser "normal" entre aquel grupo de amigos. Al llegar percibí que los protagonistas del acto anterior se estaban lavando en el río muy animadamente, unos frotaban a los otros y todas sus vergas estaban mirando al cielo. El resto de adultos, unos seguían estirados en unas rocas y otros se bañaban o jugaban en el agua; pero no vi a mi padre ni a David. No sabía si preguntar, pues pensaba que podían estar por ahí cerca dándose placer uno al otro. Sin embargo, al ver que pasaba el tiempo y no llegaban le pregunté a Gerardo. Este me contestó que se habían adelantado a la casa para preparar algo de comida.

Al mediodía, empezamos a recoger las cosas y nos marchamos de regreso a la casa dónde nos esperaría una sabrosa comida, al menos es lo que pensaba. De los tres chiquillos nos despedimos con un beso a cada uno, algunos de forma más efusiva.

Llegamos a la casa, Fran y yo nos habíamos adelantado unos metros y entramos sigilosamente porque yo pensaba sorprender a papá en la cocina. Pero allí no había nadie, ni rastro de comida preparada. Entonces escuché un ruido en el piso superior, subí y lo que ví fue a David completamente desnudo intentando orinar parado delante del wc, al mismo tiempo oí a mi padre que le decía desde una habitación"dúchate tu ahora, nosotros simplemente nos limpiamos un poco con la toalla porque esta gente está ya llegando y…." no escuché más porque temí ser descubierto y bajé las escaleras intentando no hacer ruido. Todos ya habían entrado por la puerta y cada uno se sentaba en el sofá o en alguna silla intentando descansar. Al poco rato, alguien bajaba las escaleras, era papá, pero no iba solo ni con David, sino que lo acompañaba otro hombre del grupo, pero al que yo no había encontrado en falta. Sin duda lo que hizo mi padre fue a tres banda, pues me acordé de lo que escuché minutos antes "dúchate tu ahora nosotros simplemente nos limpiaremos un poco….".

Entre el anfitrión y algunos más, se encargaron de hacer una barbacoa, comimos y aquel día no pasó nada más importante. De regreso, Gerardo se colocó detrás conmigo, creo que había bebido bastante vino y andaba un poco alegre, no paraba de tocarme la barriga y, en ocasiones, su mano se dejaba caer un poco más abajo. Antes de llegar, le dijo a mi padre que parara, que se estaba meando y antes de que el coche se detuviera, el ya se había sacado la verga del pantalón. Solo bajo él y después de una larga meada, reemprendimos el viaje. Tener aquella verga junto a mí, ya no esta tan excitante como lo hubiera sido unos meses atrás, ahora ya el aliciente no era ver rabos, sino degustarlos, y así me convertí en un extraordinario "chupapollas". Bueno, que me hice un adicto a la carne…. de macho...... Continue»
Posted by renovatio111 7 days ago  |  Categories: Gay Male, First Time  |  Views: 1861  |  
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Soy la puta de mi hijo y me encanta

A mis 40 años yo era una mujer normal, increiblemente decente y pudorosa, muy estricta tanto con mi marido como con mi hijo de 19 años Jorge, un joven que me habia salido increiblemente rebelde y malcriado y que incluso habia tenido algun encontronazo con la policia por robos en centros comerciales.

Como ya digo, uno de mis rasgos mas caracteristicos es mi indudable firmeza sobre todo en asuntos relacionados con el sexo, a mi hijo apenas le dejo salir de casa los fines de semana, tal vez eso sea en parte el motivo de la increíble rebeldia de mi hijo.

Los problemas mas graves y los que tienen que ver con lo que voy a contarles son los que pasaron hace ya mas de 2 meses, mi hijo me quitaba dinero a mi y a su padre y un dia buscando en nuestra habitación de matrimonio encontro algo que yo creia que ya no existia, unas fotos mias desnuda que mi marido me hizo hacia ya muchos años, en nuestro viaje de novios, primera y ultima vez que me deje llevar por los efectos del alcohol, el caso es que creia que mi marido las habia tirado como le dije, pero vi que no era asi cuando tras una bronca con mi hijo pq llevaba 3 dias sin ir a clase las tiro sobre la mesa cuando estabamos comiendo.

"Es curioso mama que siendo tan pudorosa y frigida con el sexo te hicieras unas fotos de este tipo"

Yo me senti muy avergonzada, trate de rependerle tanto yo como su padre pero Jorge estaba fuera de control y el muy sinverguenza queria aprobechar su buena suerte.

"Nada de peros, tengo copias de estas fotos y tambien las tengo guardadas en mi ordenador, de poco te servira que las rompas, a partir de ahora las cosas van a cambiar aquí, estoy harto de tus normas y tus gilipolleces mama, a partir de ahora yo mando en casa"

Entre en colera pero pudo conmigo cuando me amenazo con empapelar las calles con mis fotos desnuda, desde su colegio hasta mi lugar de trabajo, sabia que era mi hijo pero tambien sabia que era un malcriado capaz de eso y mas, mucho mas.

"Veras mama, como apenas me dejas salir de casa, solo he visto una mujer desnuda en mis 19 años y eso ya va siendo hora de que cambie, a partir de ahora iras todo el dia por casa en pelotas completamente, no eres una jovencita pero para tu edad estas bastante follable".

Las palabras de mi hijo me dejaron de piedra, menudo cerdo que habia criado, era mucho mas malo de lo que habia imaginado y me iba a hacer pagar mi rigidez con el con creces, sabia que no tenia mas remedio asi que alli mismo, delante de mi marido empece a desvestirme hasta quedar completamente desnuda, me sentia terriblemente humillada y avergonzada pero mi hijo disfrutaba de aquello como un loco.

"Venga mama, para que no te sientas avergonzada yo tambien ire todo el dia en bolas, papa puede hacer lo que quiera, me es igual"

Dicho esto el tambien se quito toda la ropa sin ninguna vergüenza y ante mi quedo libre su polla, una herramienta que hacia muchos años que yo no veia y que he de reconocer que me sorprendio no por su tamaño sino por su grosor, el doble que la de mi esposo.

Pasaron varios dias asi, me paseaba desnuda por la casa con el anhelo de encontrar las copias de mis fotos y poder terminar con todo aquello, pero para mi desgracia las humillaciones de mi hijo no habian echo mas que empezar.

Una noche de viernes, mi hijo se quedo en casa con nosotros viendo una película, al terminar comenzo una película porno que yo rapidamente quite, no permitia ese tipo de cosas en mi casa, ni siquiera películas en las que hubiera escenas de cama.

Mi hijo me llamo la atención y me dijo que desde ese momento el porno estaba permitido en casa, volvio a poner la película donde se veia a una joven rubia comerse hasta la empuñadura la polla de un hombre de color.

Para mi vergüenza pude comprobar como la polla de mi hijo empezaba a crecer, el muy guarro empezo a tocarse la polla suavemente con sus padres alli mismo, sin ningun pudor se empezo a hacer una paja de campeonato que culmino a los 5 minutos con una corrida en toda la mesita del salon.

El muy cerdo se rio y me dijo que la limpiara, que se iba a dormir.

Pasaron los dias, ya no se conformaba con que los dos andaramos desnudos, tambien se pajeaba cuando queria, delante mia o de su padre como si fuera el amo de la casa, una noche le recrimine su actuación y alli empezo lo peor.

"Cerdo, deja de meneartela, estas todo el dia igual"

Jorge se enfado mucho, me dijo que no le tocara los cojones sino queria que mis fotos desnuda llegaran a media ciudad, el muy cabron sabia que yo era mujer con una reputacion intachable y eso me importaba mucho.

Pero Jorge no se calmo y me insulto.

"Estoy hasta la polla de ti mama, no quieres que me toque la polla, pues seras tu quien me la toque, ven aquí y comeme la polla mama".

Se me helo la sangre, mi marido no aguanto mas y se lanzo a por Jorge, pero el era un chico fuerte y deportista, golpeo a su padre en el estomago y le tiro al suelo.

"Que pasa papa, no quieres ver como tu esposa me come la polla, pues vete a dormir o quedate a ver como me la chupa pero no m*****es o te doy de hostias capullo"

"Venga mama, ya se que eres una estrecha de mierda pero es muy facil, te pones aquí de rodillas, abres la boca y te comes mi polla como si se tratara de un polo de fresa de esos que tanto te gustan".

El cerdo de mi hijo no tenia limites, habia golpeado a su padre, estaba en sus manos y el lo sabia, si tomaba represalias contra el, me convertiria en la comidilla de el pueblo, no tenia otra opcion por mucho que me revolviera las tripas el hacerle una mamada a mi propio hijo, algo que nunca habia echo a ningun hombre.



Avance y me puse de rodillas delante de mi sonriente hijo, sin decir palabra, agarre la polla que éste me ofrecía y me la meti en la boca.

"AAhh, siiii, me gusta mama, lo haces muy bien", mi hijo gemia mientras le chupaba la polla con la mejor profesionalidad que pude demostrar.

Estaba absorta en mi labor de chupeteo cuando mi marido que aun estaba en el suelo tras el golpe que le dio mi hijo, se levanto y viendo que le mamaba la polla a mi hijo como nunca quise hacerlo con el, se fue a nuestro cuarto con lagrimas en los ojos, viendome alli con la polla de nuestro hijo enterrada en mi boca.

Supongo que para mi hijo fue uno de los mejores dias de su vida, tener alli a su madre, postrada ante el, comiendole la polla con gula como si de un delicioso manjar se tratara.

Alternaba las prolongadas chupadas con lametones, deslizando la lengua por toda la superficie de la erecta polla, sin olvidarme de los hinchados huevos de mi hijo.

Mi hijo no pudo más y estalló en un orgasmo violento y poderoso, llenando de esperma mi boca, me pillo de sorpresa y trate de apartarme, pero mi hijo me obligo a mantener mi boca con su polla dentro.

"Tragatelo todo mama, tu me diste tu leche de pequeño y ahora yo te doy la mia, traga todo como si fuera un biberón,jaja"

No tuve mas remedio y con mucho asco trague todo lo que pude, pero luego tuve que abrir la boca, dejando que el semen se derramara de entre mis rojos labios cayendo como torrentes viscosos hacia mi cuello y mis tetas.

Cuando mi hijo termino de correrse, tenia la cara llena de semen, mi hijo me ordeno que se la limpiara y yo volvi a meterme su polla aun palpitante en la boca, lamiendola hasta dejarla limpia y reluciente.

Comerme la polla de mi hijo habia sido demasiado pero algo me decia que no seria lo unico que me haria hacer.

Durante dos dias mas, se conformo con menearsela delante mia hasta que una noche que su padre y yo dormiamos entro en la habitación y nos desperto mientras me gritaba.

"Chupamela mama, comeme la polla, hazme una mamada o exploto"

Mi marido no sabia que hacer y yo tampoco, se subio en la cama y le empujo tirandole al suelo.

"Quedate en el suelo hasta que termine de follarme a tu mujer en tu propia cama, puto conudo, jajaja."

Mi marido totalmente vejado se quedo en el suelo mientras yo no tuve mas opcion que abrir la boca desmesuradamente y me meti la polla de mi hijo bien adentro ante los ojos de su padre

Luego, después de ensalivarla en abundancia, y de lamerla y saborearla a gusto, empeze a chuparla.

"Quiero que seas mi puta, que te comportes como tal, asi que mas vale que digas guarradas"

No tenia bastante con que me comiera su polla, pretendia que mostrara placer ante tamaña aberración, no me quedo otra que acceder

Con la polla de mi hijo en la boca, levante la vista, me saque el pene de mi niño de entre los labios y le dije

"Mmm…Me encanta tu polla cariño, sabe tan , tan bien…ahhh….no veo el momento de que te corras en mi boca" y continue chupando.

A decir verdad y por increíble que parezca me empezaba a gustar, el tacto suave de la polla de mi hijo en contacto con mi lengua, el sabor de su polla y de su semen, notar las venas de la polla de mi hijo entre mis labios era algo que no me desagradaba en exceso y eso me hacia sentir sucia y culpable

Mi boca succionó potentemente la polla de mi hijo , chupándola tan bien que pronto le tuve a mi merced, mi lengua se concentró en lamer la punta del glande de mi hijo, suavemente, pero sin descanso.

Mi hijo no tardo en correrse, lanzando un poderoso chorro de semen que fue a parar directamente al interior de mi abierta boca, que ya lo estaba esperando con ansia.

Me trague todo lo que pude y deje que el resto fluyera obscenamente por fuera de mi boca, mi hijo me llamaba puta con la polla en franca retirada, mientras contemplaba extasiado mi cara chorreante de semen, plena de colgajos de esperma que pendían lascivamente de mi mandíbula y de mis labios, orejas y nariz.

Primero, me limpie la cara como pude con las manos para luego sentir que mi hijo me esposaba al cabezero de la cama y se tumbaba sobre mi mientras mi hijo seguia sin hacer nada.

"Ahora seras mi putita sumisa mama"

Yo trate de resistirme al sentir como mi hijo apuntaba la punta de su polla hacia mi coño, le grite que eso estaba mal, que iba anti natura pero el solo rio y me dijo.

"Calla mama, hace 19 años me tuviste en tus entrañas, ahora me tendras nuevamente dentro y seguro que esta vez te gusta mas, te la voy a meter hasta dentro por puta"

Apreto con fuerza y me taladro, no pude resistir los embites de su polla contra mi coño, follaba como un toro de lidia, no se cansaba de follar y follar, sus embites eran cada vez mas fuertes y el estupido de mi marido no hacia nada para evitar que mi hijo me follara en sus narices.

El unico hombre que habia conocido era mi esposo y he de decir que haciamos el amor una vez a la semana, con la luz apagada y en la posición del misionero, en aquella misma posición era ahora mi hijo el que me follaba con un ímpetu propio de un joven como el y ya no tengo miedo en reconocer que follaba mejor que su padre, estaba mal, pero mi cuerpo no podia evitar sentir placer cada vez que la palpitante polla de mi hijo me llenaba por completo las entrañas

"Siii, me vas a partir en dos con ese tronco tuyo"

Tenía la polla de mi hijo hincada hasta el fondo en mi mojado coño de puta cachonda, estaba debajo, abierta de piernas por completo y mi hijo encima, jodiéndome bien jodida, metiéndome y sacándome la polla del conejo una y otra vez, follándome lo mejor que sabía, y sabía hacerlo muy bien.

"Siiii, follame, soy tu puta"

Gritaba como una puta barata, con los ojos casi cerrados y la lengua fuera, babeando de gusto, totalmente cachonda, con el coño en remojo y el pene de mi hijo entrando y saliendo de mi rajita con total facilidad.

Cuando se dio cuenta de que colaboraba me quito las esposas y el se puso debajo, sin que me dijera nada, me sente sobre su polla y me la meti hasta notar que sus cojones chocaban contra mi vulva, en esa postura comenze a cabalgar sobre mi hijo a horcajadas como una loca, mis tetas subian y bajaban al ritmo de las acometidas con el impotente de mi marido mirando desde el suelo como su propio hijo se follaba a su esposa.

Me agarre al cabecero y goze como una puta, luego me apollo contra la pared y alli me siguió follando como un loco, mis tetas chocaban contra la pared y yo gritaba como una perra sin importarme lo que pensarian los vecinos.

Estaba tan cachonda que no reconoci las palabras que salieron de mi boca y mucho menos el pobre de mi esposo.

"Por el culo hijo, ahora, metemela por el culo, quiero sentir esa gran polla tuya en todo el culo por favor"

"Muy bien, mama, como tú quieras ¡POR EL CULO!"

Nunca me habian dado por ahí, mi hijo me puso sobre la cama nuevamente a 4 patas y después de lamerme el culo con increíble pericia me metio la polla por el culo sin perder un segundo.

"Eso es cariño, dame tu polla, la quiero bien adentro, toda dentro, destrózame el culo"

Gritaba como una loca mientras la polla de mi hijo me perforaba el culo sin clemencia para con su madre.

"¿Quieres que te dé por el culo?"

"PUES VOY A DARTE POR EL CULO, PUTA DE MIERDA"-

Mi hijo me agarró por el pelo,tiró con fuerza hacia atrás e imprimió una intensidad bestial a mi penetración anal, la polla de mi hijo entraba y salía con violencia y rapidez descomunales de mi culo.

Pronto senti que me ardía el culo y que nadie podría apagarlo ya.

Y sin poder evitarlo tuve el primer orgasmo de mi vida con la polla de mi hijo clavada por completo en mi culo

Abriendo mucho los ojos y la boca y exhalando unos aullidos de placer tan brutales que hasta las paredes de mi casa temblaron asustadas. Mi niño, por su parte, sacó la polla del agujero mi culo y con increíble fiereza, me dio la vuelta de nuevo hasta ponerme de rodillas , aplastada, frente a él.

"Abre la boca, puta, que voy a darte de beber"

Yo obedeci sin rechistar y un segundo después, mi hijo me metió la polla en la boca , hasta el fondo.

Me trague aquel tronco hasta donde pude, entonces mi hijo empezó a follarme la boca, metiéndome y sacándome la polla de la boca una y otra vez.

No tarde en sentir como un imparable torrente de semen caliente inundó mi boca y mi garganta, como colofón, mi hijo golpeó con su polla mi cara tres o cuatro veces, sacudiéndose así las últimas gotas de semen.

Chorreante le mire con sorna, luego me relami abundantemente, tragándome todo el semen que pudo y después, me puse a limpiar la polla de mi hijo con la lengua hasta dejársela reluciente y limpia del todo sin que el me dijera nada.

Luego le bese, no como una madre besa a un hijo sino como se besa a un amante, como se besa a un amante que te ha dado la mejor follada de tu vida, mi esposo comprendio lo que habia pasado y salio de la habitación sin mirarnos a la cara, se fue de casa y a los 2 dias me llego la carta de su abogado pidiendo el divorcio, nos pillo a mi hijo y a mi en la cama, follando como locos, disfutando de la enculada de mi hijo, que me diera por el culo era lo que mas me gustaba, sentirme su puta, su esclava, mi culo era suyo para que lo follara cuando quisiera y queria muy a menudo.

Mi hijo ya no tuvo que amenazarme mas con las fotos, nos convertimos en amantes, era yo la que le pedia que me follara y me diera por el culo, me encantaba sentir la carga de sus pelotas deslizarse caliente por mi garganta antes de irme a trabajar.

Soy la puta de mi hijo y me encanta. ... Continue»
Posted by mamaverga 1 year ago  |  Categories: Mature, Taboo  |  Views: 4088  |  
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La Inquilina de mi Amiga-{ Parte 3}

Aquí está la tercera parte de mis historias,espero que les guste y que la califiquen bien.-
Resulta que Vilma había dejado de alquilar habitación en casa de mi amiga Blanca hacía como ocho meses cuando yo sentí el deseo repentino de saber qué había sido de ella y me propuse como un capricho,encontrarla.Sin darme cuenta que estaba tan lejos y tan cerca.-Tan lejos porque no sabía por donde comenzar a buscarla,sintiendo no tener más alternativa que preguntarle a Melba,mi novia por esos días y de la cual ya les he hablado-La Sirvienta de mi Amiga-,le dije que si la había visto porque mi amiga Blanca tenía un mensaje urgente para ella.-A todo esto,mi relación con Melba era ya casi historia y por casualidad la encontré ese sábado en la tarde,cuando convenimos en ir al cine,pero la realidad era que yo quería que me la mamara en una butaca oscura, y así fué.-
Cuando ibamos por el camino,Melba me dijo qué razón era,yo respondí que no sabía.-Claro está que no iba a delatarme yo solo con aquella mujer que solo me había dado placer de una y mil maneras,a la vez que pasábamos por una casa de esquina señalandome que ahí vivía la mamá,lo cual creí porque ahí se encontraba jugando en el patio el hijo menor de Ana Vilma.-Ya estuvo-dije y proponiendome un día llegar donde ella,con el pretexto que mi amiga le tenía una razón,me acerqué esa vez,a su casa,justo en el momento en que ella cerraba el portón y armándome de valor le dije-Niña Vilma,buenos días,ella,con cara de asombro y volteando a ver,me respondió de igual manera.-En ese momento se me vinieron a la cabeza uno y mil recuerdos de ella,cuando la veía en la casa de mi amiga enfundada en una blusa blanca ralita,en la cual se le marcaban sus pezones y una falda negra,también ralita,la cual a tras luz,también marcaba su tanga metida en sus nalgas,poniéndome mi verga más parada y mi mente a volar a mil por hora,pensando que talvez me había visto cuando yo ponía a mamar a Melba en la casa de mi amiga Blanca o si ella salía vestida así,con tal de provocarme.-Melba y yo nos sentábamos en unas sillas,en una parte de la cocina y después de degustar un café,ella me sacaba mi verga y se la colocaba en su boca haciéndome dar unas acabadas tremendas y,yo pensaba que Vilma me había visto en estas faenas y que por eso salía vestida así.-
Le pedí de favor que no dejara de ir a la casa de níña Blanca,quien me avisaría cuando ella estuviera ahí.-Y así fué.-
Niña Blanca me llamó cuando Vilma se encontraba donde ella,yo llegué y fué de mi agrado ver que había cumplido su palabra al decirme que llegaría donde ella y después de un buenas tardes,pasé a sentarme en el sillón en el cual me había pisado una y mil veces a Melba,esta vez a la par de Vilma.-Mi amiga,retirandose,no sin antes darme los pormenores del caso y lo que había platicado con ella,me hice cargo de la situacíon-Creo que ya todo se lo explicó niña Blanca-agregué y tomando la iniciativa,le dí un beso,y luego otro hasta entrar en calor.-Así como soy yo que me gusta ponerlas a mamarme ,saqué mi verga ya hinchada por la calentura que esa mujer había despertado en mí desde mucho más antes y con temor al rechazo de que no fuera mamona,le dije-Tome.-
Nooómbre,Vilma agarraba mi verga desde mis huevos hasta metérsela toda en su boca y cuando se la sacaba y me la soltaba dándole un besito bien sonado y yo le tocaba su cuca,sintiendo aquellos vellos razurados en forma de v,introducéndole mis dedos,ella solo abría y cerraba sus piernas con mi verga en su boca y pajeándomela depositaba su lengua en mi prepucio de una manera salvaje como esperando que yo acabara así,pero no,no esta vez por ser 1a. vez,aunado a la pena que le sentía.-Ya le había subido la falda dejándome ver sus piernas rellenas y blancas y su tanga delgada de color rojo,la cual aparté a un lado y metiéndome sus pechos en mi boca me le subí y me dijo-Primero yo- sentándome en el sillón,con mi pantalón abajo de mis rodillas,aquella mujer se subió en mí y dio rienda suelta a toda su pasión como si tenía días de no hacerlo,ya que mi verga entraba y salía en esa cuca que solo había visto por los reflejos del sol.-Y tomandole las nalgas,no sin antes tocarle aquel culito e introducirle mi dedo medio,la empujaba hacia mi verga con fuerza y brutalidad y Vilma se movía aún más´quizás porque me deseaba también.-Al cabo de un rato de estar así,la puse como empujando el sillón y se la metí por el culo,a la vez que estrujaba sus pezones que se habían puesto rosados,al igual que su cuca.Mi verga entraba y salía por aquel culo.Siempre me has gustado mamacita.-Pero ud andaba con Melba,me dijo,pero ya no,le dije,para que la situación no se me escapara de mis manos y nos hecháramos a perder aquel momento que estábamos viviendo.-Me limpió mi verga y colocándo una pierna arriba del sillón y la otra abajo,me dijo-Ahora así,y se puso mi verga en aquella cuca rica,diciéndome-Así mi amor,así,vamonos los dos juntos,aay,aay,agarréme las chiches,así,mi amor y los dos terminamos juntos.-Hoy en Febrero hace dos años pero siento como si fué ayer porque me gustó cómo me mamó la verga .-
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Posted by redphamton 2 years ago  |  Categories: Anal, Mature, Voyeur  |  Views: 708  |  
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Maros, el amigo de mi papa

Marcos es el mejor amigo de mi papa, y como de costumbre, se queda a dormir con nosotros cada vez que tiene una salida del ejército. Papá y Marcos habían sido los mejores compañeros desde sus días del ejército juntos, pero mi papá se retiro y siguió un estilo de vida civil. Marcos, en cambio, decidió seguir su vida en el ejército y siempre nos ha visitado en cuando tiene tiempo.

Este año no fue diferente, mi padre tenía pensado hacer una cena de bienvenida y para ello fue a comprar todo lo necesario, mientras en casa quedábamos nosotros dos. Como de costumbre charlamos de nuestras vidas, le conté como iba el colegio y el su vida como militar. Después de comer Papá y Mark se quedaron hablando y yo decidí salir con unos amigos. Me fui a mi dormitorio y me preparé y me despedí de mi padre y el tío Marcos. Justo cuando me iba me di cuenta que no tenía dinero con rapidez fui al dormitorio de mamá y papá a escondidas y tome un poco de dinero. Yo estaba a punto de salir cuando detecte que mi padre estaba en el pasillo yendo a la habitación donde me encontraba. Rápidamente me escondí en el armario y entreabrí la puerta para ver lo que sucedía en la habitación.

Mi corazón latía desaforado, no quería quedar atrapado, pero comenzó a correr aún más cuando se desarrollaron los hechos delante de mí. Antes de que pudiera recuperar el aliento mi padre empezó: "Te he echado de menos" y Mark empezó a besarlo. Lo comenzó a agarrar con su fuertes y grande manos curtidas por el ejercito sus manos, acariciándolo una y otra vez, mientras sus lenguas se unían en sus bocas.
No podía creer lo que veían mis ojos, pero no podía apartar la atención de la escena tampoco. Papá comenzó a desabrochar el cinturón de Marcos y a abrir, poco a poco lo pantalones vaqueros que tenia puestos, tan ajustados que era capaz de notar la dureza de su bulto bajo los jeans de Marcos. Por su parte Marcos comenzó a deshacer los botones de la camisa de mi papa, dejando al descubierto su pecho bien formado y peludo. Comenzó a frotarse las manos en todo su pecho, pasándole la lengua por sus pezones. La cabeza de mi papá echó hacia atrás y miró al techo mientras gemía de placer. Los pantalones de Mark cayeron al suelo. Enseguida pude ver sus piernas de soldado, firmes y musculosas. Y entre ellas una polla que colgaba, peluda y más gorda de lo que había visto jamás. Papá se desabrochó el cinturón y los pantalones vaqueros y se los quitó también. Pude verle su polla a través de sus calzoncillos. Con la punta de la polla húmeda de placer se traslucía por debajo de su bóxer blanco, tan ajustado que le marcaba su gran polla. Lo veía todo con extrema claridad, estaba a solo unos pasos de ellos.
Las manos de Mark serpenteaba hacia abajo el cuerpo de mi padre y comenzó a acariciar su polla de mi padre a través de sus calzoncillos. "¿Cómo está mi soldado grande por aquí", dijo, y papá repitió : "Extraño mucho a su mejor amigo", mientras que mi padre hacia con sus manos lo mismo a Marcos. Marcos bajos la ropa interior de mi padre, le costó sacarla con lo erecta que estaba la polla de mi padre y amos quedaron desnudos, abrazos, sudorosos de placer, con sus pollas bien erectas. Ambas peludas, pero la de mi padre era más flaca y larga en comparación con la de Marcos.

Comenzaron a besarse de nuevo, febrilmente, con la boca y la lengua. Se lamian nuevamente sus pezones, y comenzaron a lamerse y a oles sus axilas, los dos al mismo tiempo. Mientras tanto, sus pollas se movían de un lado para el otro con cada movimiento de ellos. Poco a como, esta imagen entro en mi cabe y sentí un bulto incómodo en mis propios pantalones. El pantalón y la ropa interior la presionaban y me daban cierto dolor, mi polla erecta quería salir. Poco a poco la fui sacando, tratando de no hacer ningún ruido que me delatara antes los dos hombres que allí estaban. Una vez libre, pude verla, dura como una roca, excitado por mi padre y su mejor amigo,

Mi Padre detuvo a Marcos, y comenzó el a actuar. Empezó a besar cada palmo de su torso desnudo, bajando poco a poco. Lo dio vuelta, y beso su espalda, mientras que con una mano agarraba la polla de Marcos. Mi papá enterró el rostro en su culo, chupaba e inhalaba con mucho placer. Mientras en su mano estaba empezando a brillar por el líquido preseminal que salía de la polla de Marcos.
Lo dio vuelta y comenzó a chupar la polla de Marcos, mientras este gemía de placer y le agarraba fuertemente la cabeza a mi Padre. Marcos estaba en éxtasis, mientras sostenía la cabeza de mi Padre; los músculos de las piernas se flexionan con cada chupada. Con cada movimiento de entrada y salida, me imaginaba a mi padre, arrodillado frente a mí, haciéndome lo mismo para mí. Yo estaba tan excitado que estaba empezando salir a líquido preseminal de mi polla.
Yo estaba perdido en mi fantasía por un segundo y cuando miré hacia atrás, mi padre se había levantado y Mark estaba al servicio de la polla de mi papá, chupandole la cabeza como si fuera un caramelo con palo delicioso que no se podía resistir. Mi papá se quejaba y Mark se pasó las manos por las piernas musculosas de mi papá y los muslos antes de deslizar uno detrás de él para frotarle su culo y el otro bajo sus bolas. Pensé que iba a explotar, así que deje de acariciarme y se humedecí un dedo y lo frote en mis labios y lo metí en mi culo de imitar lo que estaba sintiendo mi papá a sólo un metro de distancia.
La polla de Marcos se mantuvo firme y babeaba un poco de líquido preseminal, pero concentró todos sus esfuerzos en mi papá, casi podía tocarlo con la mano si yo hubiera querido. Mi papá se quejaba y sostenía la cabeza de Marcos y comenzó a empujar la pelvis. La escena era tan totalmente caliente, me lami la mano para lubricar mi polla un poco más para deslizar mi mano hacia arriba y abajo de mi propio eje revés con una rotación de sacacorchos en cada movimiento ascendente. La estimulación y la sensación no era como cualquier paja que había tenido antes, sentí como si estuviera involucrado en la escena delante de mí. Yo tenía un nuevo anhelo de estar cerca de mi papá y Marcos de la misma manera. Las sensaciones eran deliciosos y pensé que estaba en el cielo.
En un momento, mi Papá, tuvo una repentina explosión con una sacudida de su cuerpo y un gemido y suspiro, mientras los propios labios de Mark bloqueados en el pene de mi padre y una mano tiraba de sus testículos y los rotados otras ida y vuelta de la polla de mi papá. Marcos ordeñar hasta la última gota de su miembro, saboreando cada pedacito, lamiéndose los labios mientras él seguía. Luego se levantó y besó a mi papá en la boca, mientras que la mano de mi papá acariciaba la todavía abultada polla dura de Marcos de ida y vuelta contra su estómago antes de que Mark explotara con un gemido erótico con una gran expulsión de leche de su pene y el aterrizaje en el pecho de mi papá.
Estaba programado a la perfección ya que también entré en erupción como un pulso de lava al rojo vivo, mi polla escupió una leche blanca deliciosa, me golpeo en la cara, un poco cerca de mi boca, tanto que fui capaz de lamer. Después de cerca de 10 sacudidas del cuerpo de Marcos y la mía, mi padre soltó de la polla de Marcos y de nuevo abrazó fuertemente, con el semen de ambos corriendo en el pecho y el estómago entre ellos, y continuaron besándose a abrazándose con fuerza.

Después de un par de minutos de este abrazo húmedo y pegajoso, abrazo que era tan erótico que ya me había puesto duro de nuevo, se separaron y las manos de mi papá se fueron a las redondeadas nalgas de Marcos, les dio un apretón y le dijo "Será mejor que nos limpiemos un poco " y entraron en el cuarto de baño. Tan pronto como escuché la ducha pude hacer mi escape y me pregunto a mí mismo lo que estaba sucediendo en la ducha y lo que me estaba perdiendo. Yo ansiaba ver sobre todo a los ojos de agua que corre sobre cada uno de sus cuerpos duros. Yo ya estaba celoso y duro todavía!
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Posted by MartiJ 2 years ago  |  Categories: Gay Male, Mature  |  Views: 1240  |  
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CON LA MADRE DE MI CHICA

Nos fuimos a Madrid a una feria en Ifema y luego cenamos con mi cuñado en Foster . Nos acompaño una pareja que ella era compañera de universidad de mi novia, al final me quede a solas con mi suegra.

Gracias a todos por vuestros comentarios y por leer mis relatos. Os cuento una sesión especial que tuvimos mi suegra y yo, en Madrid, en el piso de mi cuñado, al quedarnos solos.

Era viernes, por la mañana tomamos el coche, mi suegra, mi novia y yo, destino IFEMA, una feria de su sector era el motivo de nuestro viaje a Madrid, estariamos tres dias y ademas mi suegra podria estar tranquila con su hijo que llevaba casi un mes sin verlo.

Sobre las cuatro de la tarde mi novia llamo a su hermano y a una amiga de carrera que vive en la capital, y aprovechabamos para cenar todos en un Foster, cerca del curro de mi cuñado, porque el saldria un poco tarde de la oficina.

A las nueve nos juntamos todos en Foster y despues de los saludos y besuqueos, no dieron una mesa con banco redondo en la esquina del establecimiento. Mi chica se puso a mi derecha, su madre a mi izquierda, mi cuñado y la pareja de amigos enfrente. Hicimos el pedido y al rato comenzaron a llegar las bebidas. Estabamos todos muy alegres y comentando la situacion de crisis que s notaba en todo , en especial en los expositores de la feria y nuestra amiga comento las dificultades de su empresa para los cobros, area de la que es responsable.

De vez en cuando mi pierna tocaba la pierna de mi suegra, me estaba calentando, pensaba en las dos hembras que me rodeaban, nunca os hable de mi novia pero con 31 años, es un monumento, espectacular, 170 de estatura, unas caderas de 100, una cintura estrecha y un pecho de 95 de copa grande. es muy guapa, se parece a su madre en el cuerpol y con unos ojos preciosos como su padre. De mi suegra deciros que esta buenisima, como os comente, pero ademas siempre elegantisimo, con sus tacones, falda de tubo y esas blusas vaporosas que dejan ver el canalillo de esas tetazas que tiene.

Cuando pedimos el postre, nuestros amigos comentaron que una chica conocida, actuaba en el pub de un amigo en el centro, y que le habian prometido verla, comenzaba a la una la actuación. Mi cuñado dijo que le apetecia escucharla y mi novia tambien, ambos la conocian, entonces su amiga insistió veniros todos y pasamos un rato agrabable.

Mi suegra dijo: Yo mañana mad**go porque quiero estar a las diez en la feria y antes dejar un poco limpio el piso, porque me imagino como está.

Mi cuñado, se comenzo a reir, y le dijo: No quiero que toques nada, deja todo como esta , no vas a venir a la feria y a limpiar, ya bastante tienes.

Entonces mi mente se disparó, pense, puedo follarme a estas dos hembras esta noche y las haré gozar de lo lindo. Comenté: Bueno, porque no os vais vosotros al concierto, y yo me llevo a vuestra madre para el piso, y si mañana os quedais durmiendo yo la llevo a la feria y vosotros descansais, lo dije mirando a mi chica y a su hermano.

La amiga se adelanto y no dió opción, dijo:perfecto asi, podemos hablar un poco de nuestras cosas.

Mi suegra pago la cuenta y le dijo hijos no tardeis en volver y tú dirigiendose a su hijo: No tomes muchas copas, que tienes que conducir y vas con tu hermana. Mi novia, afirmó: No habrá añcohol esta noche, mañana que haga lo que quiera.

Nos despedimos, fui a por el coche y mi suegra se subió en el asiento del acompañante, al rato acaricie su rodilla y le comenté que estaba guapisima, los tios la habian mirado todo el dia, la verdad que es un espectaculo de hembra, esta para mojar pan, sin un gramo de mas ni de menos, es una preciosidad y elegantisima.

Al rato, me dió una palmada en mi pierna y me dice: No me tientes, jajajaj.

No lo dudé, eche un poco mi cuerpo hacia atrás y saque la polla, estaba empalmadisimo. Le dije: Ves como me pones, esta tan buena.

Comenzó a reirse y me suelta: Tu te pones caliente con una escoba, no tienes arreglo, eres un salido.

La reté: ¿A que nunca comiste una polla mientras el tio conducia y menos por todo Madrid?

Dijo:Guarro, ni en Madrid ni en otra parte mi ex es un estrecho y saliendo del misionero lo demás era pecado.

Pues venga comeme la polla, me da mucho morbo y ademas nadie te va a ver...

Dios mio, eres un guarro, dijo, teniendo ya mi polla cogida con su mano. Aproveche para tirar de su cabeza y cuando me di cuenta ya note sus labios en mi rabo, que comenzo a humedecerse de lo lindo. Cruzar la Castellana con la polla en la boca de una hembraza,es un placer de escandalo, pero no mide 500 Km, con lo cual llegamos a Atocha en un rato no habia, mucho trafico y entré en el garaje de mi cuñado, siempre coloco el coche en la misma plaza de unos amigos suyos que estan en Santander por temas de trabajo.

Pense en seguir con la mamada en el garaje, pero ella dijo: Venga subimos que tenemos un rato y disfrutamos un buen polvo.

En el ascensor la besé y acaricié sus tetas, uffffffffff mi polla reventaba, estaba salido como un toro. Al entrar en el piso, ella tiene llaves de las casas de sus hijos, dejamos las maletas y después de maldecir al guarro de su hijo, nos fuimos al salón y comenzamos a morrear y a calentarnos más todavia.

Saque mi polla, y se puso de cuclilllas y comenzó a tragar , un espectáculo, dios mio , casi me corro.

No la deje seguir y la tumbe en el sofa levante su falda y baje su braga para comerle bien el coño, cosa que a ella le encanta, estuve un rato con la lengua disfrutando de la comida y cuando mire hacia su cara, se habia sacado sus tetas del sujetador y su blusa estaba abierta, que gozada, creedme, es increible el espectaculo de una hembra tan cachonda y salida, como goza.

La coloque a cuatro patas en el sofa y le meti la polla hasta el fondo, bombeando buen rato, es increible como goza una buena hembra con mi polla gorda y de 26 cmt bien dentro de su coño caliente, hasta que ella tocandose el clitoris me dice:

No pares ahora, no pares, sigue sigue, dame duro, ummmmmmmm, cabron como me follas, sigue, sigue, ajjjjjjjjjajjjjjjjjjjjjjjjajjjjjjjjjj, me corro, me corro.............uffffffffffff vaya corrida, termina tú.

Le dije: Me voy a ir dentro de tu coño, para llenartelo de leche bien caliente.....uffffffffffffff. No aguante y comence a correrme a golpes y empujando para que notase bien mis embestidas y mi corrida bien caliente. Estuvimos un rato de relax y nos duchamos juntos, le enjaboné el cuerpo , comiendole las tetas y ella a mi me comio la polla y nos besamos buen rato. Se que me adorá y yo la deseo, es perfecta nuestra relación.

Se fué a su habitación, hizo la cama y me ayudo a hacer la nuestra, y le cemente, que iba a la cocina a beber algo, me acompaño, charlamos un rato y me pregunta ¿si es la una estos no llegan a casa hasta las tres o cuatro, no crees?

Conteste afirmativamente y le dije: Te apetece otro buen polvo, tengo ganas de follarte bien el culo, mientras tu te tocas el coño..

Definitivamente eres un guarrO, no estás en paz nunca y yo con poco voy. Dijo.

En su cama, me coloque boca arriba y ella se echo encima, comenzamos a besarno y agarro mi polla con su mano la fue metiendo en el coño y comenzo en movimiento de sus caderas poco a poco hasta que despues de un buen rato en el que le comia sus enormes tetas comenzó a ponerse rigida y se volvió a correr como una loba, Deje que se recuperase un rato, y la coloque a cuatro patas, empece a acariciar su culo con mis dedos y poco a poco se fue dilatando y le metí la punta de mi capullo un poco, se que le hace daño, por lo tanto fui muy despacio hasta que entro bien, la verdad follarle el culo a esta hembraza es increible , me encanta y me cuesta un poco meterla pero despues, es la gloria bombear y que ella Se toque el clitoris, porque casi siempre nos corremos al mismo tiempo y yo le lleno su buen culo con mucha y calente leche de mi pollon.

Despues de un rato de comentarios, nos besamos nos despedimos y me fui a mi habitación. Me quede dormido hasta que sobre las cuatro y media me despero mi novia al llegar al dormitorio.........

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Posted by verdeintenso 1 year ago  |  Categories: Mature, Taboo  |  Views: 1551  |  
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